HAVANA CLIMA

Apocalipsis

El reloj del Apocalipsis

La Segunda Gran Guerra terminó con el acto terrorista más abominable –cometido por duplicado– registrado en la historia de la humanidad: las bombas atómicas lanzadas, por el Gobierno de  Estados Unidos, en agosto de 1945, sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. Al visitar Hiroshima, en mayo de 2016, el presidente Obama, quien desacertadamente recibió el premio Nobel de la Paz en 2009, no tuvo la dignidad de pedir perdón.
Poco después del genocidio contra las poblaciones civiles de las dos ciudades japonesas, un grupo de científicos y analistas políticos, entre los que se encuentra Noam Chomsky, comenzó a reunirse todos los años, en enero, para poner en hora el reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock). El minutero fue colocado siete minutos antes de la medianoche. La medianoche significa el trágico fin de la especie humana en el planeta Tierra.
En 1953, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética hicieron una demostración de fuerza al hacer estallar bombas termonucleares, el minutero avanzó cinco casillas y quedó ubicado en dos minutos para la medianoche.
Cada mes de enero, el minutero avanza o retrocede, en dependencia del equilibrio de las fuerzas bélicas en el mundo. Durante el Gobierno de Trump se detuvo un minuto antes de la medianoche, y el segundero empezó a moverse. Hoy marca cien segundos antes de la hora del Apocalipsis.
En los últimos años, otro factor comenzó a pesar en el movimiento del reloj: la devastación socioambiental. Los científicos que clasifican las eras geológicas llaman a la actual Antropoceno, palabra derivada de los vocablos griegos ánthropos (humano) y kainos (nuevo). O sea, la actividad humana altera el equilibrio ambiental del planeta y amenaza la vida en la Tierra. Sin embargo, prefiero llamar a nuestra era Capitaloceno, la era del capital, en la que la apropiación privada de riqueza en manos de pocos se considera un derecho. Y lo que es peor, en la que ese privilegio se ubica por encima de todos los derechos humanos.
El segundero fue adelantado también por un tercer factor: la infodemia, esa diseminación generalizada de fake news y ataques, incluso por parte de gobernantes, a la ciencia y la verdad. El odio se expande como una pandemia, divide naciones y familias, mina las bases de la democracia. La onu, los gobiernos y los partidos políticos pierden credibilidad y le abren paso a la imposición de la ley del más fuerte.
Ahora el reloj del Apocalipsis tiene sus agujas en el último segundo antes de la medianoche. Basta con que Rusia expanda la guerra contra Ucrania hacia uno de los países miembros de la OTAN, o con que uno de los miembros de esa organización –que debería haberse extinguido en 1991, tras la caída del Muro de Berlín– ataque a Rusia o aumente considerablemente el poder de fuego de Ucrania. Entonces las agujas del reloj marcarán la medianoche.
Hoy día, Estados Unidos no solo mantiene armas nucleares en su territorio, sino en todo el mundo, incluida Europa. Cerca de cien de sus ojivas nucleares se encuentran en Bélgica, Alemania, Italia, Holanda y Turquía, todos estados miembros de la OTAN.
Durante el gobierno de Trump, Estados Unidos se retiró unilateralmente del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF por su sigla en inglés) de 1987, un acuerdo de control de armas con Rusia, que inmediatamente se retiró también. El abandono de ese tratado significa que cada país puede ahora lanzar misiles con un alcance de hasta 5 500 kilómetros y, así, debilitar la seguridad dentro y alrededor de Europa.
Es innegable que la salida de Estados Unidos del INF llevó al Kremlin a la certeza de que la Casa Blanca busca instalar misiles cerca de sus fronteras para reducir el tiempo de ataque a las ciudades rusas. Además, Estados Unidos está construyendo un nuevo sistema de misiles, con un costo de 100 000 millones de dólares, que pueden viajar casi 10 000 kilómetros. Los misiles de ese sistema, llamado Ground Based Strategic Deterrent (Disuasión Estratégica Terrestre), son capaces de transportar armas nucleares y alcanzar cualquier lugar del planeta en pocos minutos. Si se usan, ningún oído humano escuchará sonar la alarma del reloj del Apocalipsis.

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Don’t Look Up: La vergüenza de mirarse al espejo (+ Video)

En papel es la producción perfecta: una sátira sobre la sociedad manejando importantes temas, desde la política central estadounidense, hasta la banalidad de las redes sociales.“El cielo se va a caer y el rey lo debe saber. ¡Vamos de prisa a darle la noticia!”. Salvando las distancias, así comienza Don´t Look Up (en español, No mires arriba), el nuevo filme de Netflix que está en boga por estos días: una aspirante a doctorado y su tutor descubren un cometa kilométrico cuya colisión con la Tierra es matemáticamente 100% certera, en poco más de seis meses. Así es como, al igual que Pollito Pito, busca alertar a todos del gran peligro que acecha. La respuesta del mundo: ¿Y…?
La comedia de humor negro estrenada el pasado 24 de diciembre, escrita y dirigida por Adam McKay, pretende elucubrar en torno a las posibles diferentes reacciones que una noticia como esta puede desatar en los tiempos que corren de globalización, hiperconexión y polarización extrema. En palabras del propio cineasta, su objetivo es demostrar la incapacidad política y social de escuchar verdades científicas, como es el caso en la vida real respecto al calentamiento global.
“McKay está enojado con el discurso de los medios, la forma en que las noticias se han reducido a infoentretenimiento de calorías huecas, se enfurece al notar cómo una catástrofe como una pandemia se politiza hasta llegar a la muerte (…) Odia las redes sociales, aunque en realidad, ¿quién podría culparlo? Le preocupa ver que el clickbait y la cultura de las celebridades lo han infectado todo. Detesta que el concepto de realidad en sí se haya convertido en una cuestión partidista”, comenta un artículo del diario argentino La Nación.
Con un elenco de lujo encabezado por Jennifer Lawrence y Leonardo DiCaprio, quienes interpretan a Kate Dibiasky y Randall Mindy, los descubridores del gran meteorito, y secundados por otras reconocidísimas figuras como Meryl Streep, Mark Rylance, Kate Blanchett, Jonah Hill, Timothée Chalamet, y la cantante Arianna Grande, el guion logra punzar en la superficialidad con que se tratan (y solapan con humor y risas) las “noticias duras”; la prensa rosa; las campañas en redes sociales y el poder, control e influencia de las Big Techs de Silicon Valley sobre los individuos y los Gobiernos.
Resulta casi imposible navegar por la web o las redes sociales sin encontrar una mención de este nuevo blockbuster hollywoodense. El filme ha contado con una buena acogida por parte de la comunidad científica y un abanico amplio de audiencia que se ve identificada en el rango de edades del reparto de actores que incluye a varias generaciones.
No obstante, a pesar del alto rating que ha tenido en streaming desde que fue lanzado, el largometraje cuenta con detractores; el principal, la crítica especializada. Por ejemplo, un artículo de la versión en español del diario The Independent señala:
“Streep es pésima, al igual que Rylance, cuya desastrosa y sutil actuación pareció rogar a sus amigos del mundo del teatro que organizaran una intervención. Y para una comedia, quizás su mayor ofensa es que casi no hay risas (…) Las aspiraciones cómicas de Don’t Look Up son claras: las bromas son continuas y no dan risa, como si fueran un montón de roedores en la cara de un acantilado”.
Escena del film ‘No mires arriba’.
El periodista peruano Rodrigo Escurra coincide que pese a que sí logra transmitir su mensaje de crítica a la esfera política estadounidense, “Don’t Look Up se siente como un sketch extendido y de gran presupuesto hecho para un programa nocturno de la TV americana como Saturday Night Live. Es sosa y agota su única herramienta de juicio tan rápido que, aunque no es del todo aburrida, hace que mires al reloj para saber cuánto falta para que termine”.
Por otro lado, la revista chilena Culturizarte enfatiza que “la película tiene una premisa interesante, pero la desperdicia sobreutilizando los recursos idiotas que repite hasta el cansancio, y que no funcionan. Además, la cantidad de subtramas es excesiva, lo que parece un desfile de rostros muy conocidos, que no aportan desde la actuación, sino que solo como gancho atractivo por contar con un elenco ostentoso”.
Más adelante, el texto hace hincapié en que “en una historia distópica, con el contexto apocalíptico, no se puede caer en estos sinsentidos repetitivos, trivializando temas serios, por lo que la cinta desperdicia una gran oportunidad de relucir lo que mejor tiene, pero lo que hace es hundir su capital”.
En respuestas a las críticas, las redes sociales, sobre todo Twitter, una vez más han devenido escenario de batalla por parte de los partidarios de la película, entre los que se incluye obviamente, sus creadores. El intríngulis de la discusión en torno a la defensa del audiovisual no es más que el reforzamiento de una de las premisas de la película, existe una polarización extrema de ideas, criterios, ideologías, por lo que no somos capaces de escuchar al otro sin sentirnos ofendidos.
En este caso particular, se ha confundido la valoración artística y estética de la obra con la subestimación de la justa causa que pretende defender el director junto con su equipo. Con precisión lo explica un artículo del diario The Independent:
“Hay películas completamente sensatas y dignas que podrían estar muy mal hechas, así como películas excelentes que a veces pueden contener elementos problemáticos. No es una situación de elegir una u otra. Tiburón fue una película que transmitió elocuentemente la locura de la obstinación del Gobierno ante una crisis de seguridad pública. Y también resultó ser tremendamente divertida de ver. No obstante, es insensible combinar el desagrado por los méritos creativos de una película con oponerse a su mensaje indiscutiblemente aceptable”.

Este filme contiene todos los componentes para ser éxito de taquilla: un elenco de estrellas, una visualidad atractiva que acude estéticamente al lenguaje audiovisual de las redes sociales, el cameo sorpresa de celebridades, el llamado al activismo, el apelo a los valores tradicionales vs. los intereses de las corporaciones, memes, etcétera.
Sin embargo, no podemos perder de vista que Don´t Look Up es hija de Hollywood y, por tanto, corre por sus venas la fórmula del mercado. El periodista español, Pascual Serrano lo explica detalladamente en su artículo “Condiciones para una exitosa película crítica con el capitalismo”:
“(…) Es importante que seamos capaces de observar las grietas en su discurso revolucionario que no lo es tanto, que nos fijemos en las trampas para hacernos creer que son más subversivas de lo que son, que no perdamos de vista los agujeros por los que cuelan patrones mentales reaccionarios o desmovilizadores sin que nos demos cuenta, y que no olvidemos que una película siempre termina siendo inocua para el sistema”.
Si hay algo en lo que todos coincidimos sobre la película Don´t Look Up es que no deja a nadie indiferente. Con más aciertos que errores, Adam McKay nos pone delante un espejo satírico al que da vergüenza asomarse porque devuelve sin miramientos el reflejo real y sin filtros de una sociedad global a la que le es más importante la ruptura de Riley Bina y Dj Chello que su propia desaparición.
Eso sí, todos nos quedamos con la misma duda: ¿por qué el general les cobró a los científicos las galleticas que eran gratis en la Casa Blanca?
En video, tráiler de la película
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(Tomado de Canal Caribe)

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Un entramado de fundaciones y empresas con sede en Washington mantiene viva la llama golpista de los años de Reagan

Petrolero Exxon en un desierto. Foto: PublicoNo mires arriba ha sido una de las revelaciones cinematográficas que han puesto el broche final a este 2021 y no es difícil explicar por qué. Bajo un manto distópico nos golpea en la cara con una realidad presente día tras día: el meteorito es el calentamiento global, la pandemia, la crisis financiera de 2009, el agotamiento de las materias primas… Nuestra presidenta Orlean son los Trump, Bolsonaro, Ayuso… Nuestro BASH son Cambridge Analytica, Palantir, Google, Facebook, CLS Strategies… Nuestra riqueza del meteorito son las criptomonedas, el petróleo, el gas, los minerales… Nuestro Daily RIP son los Fox News, las Ana Rosa Quintana y Susana Grisso…
Es curioso ver que negacionistas, simpatizantes de Vox, y políticos de derechas como Girauta hayan aplaudido la película sin darse cuenta de que los estaban retratando. Quizá para terminar de entender No Mires Arriba sea necesario ver la anterior obra de su director Adam Mckay, VICE, donde hace una radiografía histórica siguiendo la evolución de Dick Cheney como pieza clave del entramado de poder creado alrededor de la Casa Blanca.
Los avances en derechos de minorías y la lucha contra el calentamiento global provocaron que grandes fortunas como los Koch y los Coors, junto a grandes empresas petroleras y tabacaleras, crearan una red de fundaciones para poner presidentes que frenasen estos avances y aplicasen otras iniciativas, como reducir los impuestos a los ricos y las restricciones a grandes empresas.Todo este esfuerzo económico tuvo sus frutos consiguiendo que Ronald Reagan fuese elegido presidente e institucionalizara organizaciones y leyes que siguieran consolidando esta estrategia.
Durante su gobierno se crearon la Fundación para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) y la organización Atlas Network. También se derogó la doctrina de imparcialidad, que dio pie a la creación de medios que propagan fake news y mensajes de odio hacia la izquierda como Fox News, dirigida por Roger Ailes, principal asesor de comunicación de Reagan, Bush padre e hijo, y Trump, precisamente los presidentes que tuvieron miembros de Heritage Foundation en su gobierno.
El emporio de fundaciones, organismos públicos y empresas están concentradas en “los tres kilómetros del poder” en torno a la Casa Blanca, donde se toman las decisiones que mueven el mundo, las guerras y los golpes de Estado. Es en estas millas donde se diseñan las campañas, donde se escoge a los candidatos y donde se decide lo que se aprueba en congresos y parlamentos, no solo de los Estados Unidos, sino en gran parte de países del mundo.
Dicho así no dista mucho de una teoría de la conspiración, así que vayamos a los hechos.
Los tres kilómetros del poder
No hablamos de “nuevo orden mundial” ni de un “gobierno en la sombra dirigido por reptilianos”; es todo mucho más mundano, más sencillo y a la vista de todos; sólo hay que mirar arriba.
En la capital del país más poderoso del mundo se concentra un gran número de organismos públicos en apenas tres kilómetros: encontramos el Capitolio de los Estados Unidos, el Pentágono, la CIA y la NED, así como la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) o el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
Pero en esas mismos tres kilómetros también encontramos, regados entre alta institución pública y alta institución pública, a los principales y mayores conglomerados de lobbies: Atlantic Council, Atlas Network, Cato Institute, Heritage Foundation, Center for International Private Enterprise… Y también las principales empresas que salen beneficiadas de esta maquinaria engrasada y de proximidad como Carlyle Group –de la cual eran accionistas la familia Bin Laden y George H. Bush–, Halliburton –una de las empresas más beneficiadas de la guerra de Irak, dirigida por Dick Cheney, vicepresidente en el Gobierno de George W. Bush–, Exxon o Chevron.
Esto sería una anécdota si no fuera porque fundadores, consejeros, asesores o financiadores de estos conglomerados lobistas fluyen desde los cargos de poder del lobby a los cargos de poder del Estado; y desde los cargos de poder del Estado a los cargos de poder del lobby o las empresas que los financian.
De la CIA a la NED
Joseph Coors es uno de estos magnates empresariales que soñaba con mover los hilos del poder, y con ese sueño fundó junto a Paul Weyrich y Edwin Feulner la Heritage Foundation. Desde este lobby impulsó y promovió la figura de Ronald Reagan, convirtiéndose en la fundación que nutría ideológicamente a Reagan, saliendo directamente desde sus despachos muchas de las iniciativas legislativas del expresidente. Asimismo, desde sus cuentas los dólares que le ayudaron a llegar hasta la Casa Blanca. De hecho, Coors llegó a ser asesor de Reagan.
La alianza era tan fuerte que desde la cuenta del propio Coors salió una transferencia de 65 000 dólares a una cuenta de un banco suizo. Este pago, realizado por indicación del entonces director de la CIA William J. Casey y del ayudante de la Casa Blanca Oliver North, estaba destinado a comprar un pequeño avión carguero para las contras nicaragüenses. Según testificó el propio Coors ante el Congreso, Oliver North le llegó a enseñar una fotografía de lo que había comprado con sus 65 000 dólares.
Estos acontecimientos siempre despertaron recelos entre la opinión pública; era necesario cambiar de métodos, por lo que el gobierno de Reagan decidió crear la NED para “promover la democracia liberal en el mundo”. Ambas pasarían a hacer lo que hasta entonces hacía la CIA tal y como explicaba Allen Weinstein –cofundador de la NED–, “gran parte de lo que hacemos hoy fue hecho de forma encubierta por la CIA hace 25 años”. Incluso decía que “no deberíamos tener que hacer esto de manera encubierta” y enmendaba con una constatación de hechos: “Sería terrible que grupos democráticos de todo el mundo fueran vistos como subvencionados por la CIA”.
¿Y cómo promueven la “democracia liberal”? Entre otras cosas la NED se dedica a financiar organizaciones y medios de comunicación para desestabilizar gobiernos que no son del interés de los Estados Unidos. De esta manera, financian a raperos que hagan canciones contra el gobierno de Cuba, asociaciones ecologistas como Ríos en Pie –cuya principal acción sería atacar a Evo Morales– o incluso “candidatos alternativos de izquierda” como a Yaku Pérez en Ecuador para que el candidato correísta no consiga la mayoría.
También financian medios como la agencia FIDES en Bolivia o el portal Mil Hojas de Villavicencio en Ecuador, promotor de la denuncia a Rafael Correa que fue llevada a Fiscalía por Luis Verdesoto, exmiembro del Consejo Nacional Electoral, gracias a pertenecer a varias organizaciones financiadas por la NED –como la Plataforma en defensa de la democracia y DDHH que él mismo presidía–. Además, Verdesoto colaboró con Fundamedios, IRI, NDI…
También financian asociaciones de periodistas o medios como Fundamedios o la Fundación para la Prensa de Bolivia, que a su vez son los creadores de los factcheckers oficiales de Facebook como Ecuador Chequea y Bolivia Verifica y, que más allá de no ser neutrales, participaron activamente en el golpe de Bolivia y en la acción contra el correísmo en Ecuador.
Entre sus socios para “promover la democracia liberal” se encuentra nada más ni nada menos que la Fundación para el Progreso (FPP), editora de Un legado de libertad: Milton Friedman en Chile, escrita por el propio Friedman, dos ministros de Pinochet y el presidente de dicha fundación, Axel Kaiser, dónde se hace un enaltecimiento de la política económica del dictador Augusto Pinochet.
El dinero que compra las guerras
Cuando todo falla siempre queda la declaración de guerra. El casus belli puede construirse: “Hay armas de destrucción masiva en Irak”, “la guerra de Afganistán es una guerra contra el terrorismo”, aunque los terroristas fueran saudíes. En definitiva, si tienes una maquinaria de inteligencia y mediática para lanzar los mensajes adecuados que lobotomicen a la ciudadanía puedes crear una realidad paralela.
Ya vimos la pasada semana cómo varios de los principales financiadores del Atlantic Council –think tank vinculado a la OTAN– y de Atlas Network, eran precisamente grandes compañías petroleras como Exxon y Chevron. No es por lo tanto raro que quien fuera la asesora de Seguridad Nacional durante la invasión de Irak, Condoleeza Rice, trabajara para Chevron e incluso que un petrolero de la compañía llevara su nombre. Tampoco resulta entonces extraño que fuera precisamente Rice la cara pública de la campaña “Irak tiene armas de destrucción masiva” durante la construcción del casus belli.
Porque el control político que ejercen estos think tanks nunca ha sido por ideología, siempre ha sido dinero. El gas y el petróleo de Oriente Medio, el litio de Bolivia, las ricas minas chilenas… Cuanto más laxas son las regulaciones y más cerca estás de quien otorga las concesiones, a mayor velocidad fluyen los dólares a sus cuentas. Pero también lo hace la destrucción del planeta, la desigualdad y la pobreza.
Uno de los ejemplos que mejor muestra que todo es por el dinero lo encontramos en la fundación Americans for Tax Reform (Americanos por la reforma fiscal), creada en 1985 y autora de uno de los eslogans más salvajes de las últimas décadas que Fox News replicó hasta la saciedad para eliminar los impuestos a los ricos: el impuesto a la muerte.
La impunidad de las campañas de desinformación
Seguramente la creación de Fox News gracias a los cambios legislativos de Reagan fue necesaria para posibilitar la guerra de Irak con la gran mentira de “las armas de destrucción masiva”. Aznar fue premiado por la empresa de Murdoch por participar en este genocidio, y nadie nunca los juzgó por supuestos crímenes de guerra.
Otra prueba más de esto, es que Mark Feierstein, exfuncionario de la OEA y la USAID, fue sorprendido con las manos en la masa creando cientos de miles de cuentas falsas en redes desde CLS Strategies para apoyar el golpe en Bolivia y atacar a los gobiernos de México y Venezuela. Tras este escándalo fue elegido por el mandatario Joe Biden para ser el principal asesor de la USAID, todo ello sin tener que coger un taxi para moverse en todas estas organizaciones, entre las que podríamos incluir al CSIS, donde se planificaron acciones tales como la intervención militar a Venezuela.
El salto de las estrategias de desinformación mediática y digital desarrolladas en Estados Unidos se han trasladado al resto del mundo; el método Bannon y Ailes se replica en teles y redes de manera casi idéntica para crear una realidad paralela y generar distracciones de lo verdaderamente importante. No mires arriba, No mires quién nos roba, quién nos mintió con la guerra de Irak y con los atentados de Atocha, las puertas giratorias, los recortes que matan, los responsables de la crisis del 2008… No les hagas caso: mira arriba y descubre la realidad.
(Tomado de Público)
Vea además:
“Don’t Look Up”: Motivos para mirar

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“Don’t Look Up”: Motivos para mirar

En papel es la producción perfecta: una sátira sobre la sociedad manejando importantes temas, desde la política central estadounidense, hasta la banalidad de las redes sociales.Kate Diabiaski (Jennifer Lawrence) y el Dr. Randall Mindy (Leonardo DiCaprio) descubren que un cometa gigante destruirá la tierra al impactarla dentro de poco más de seis meses.
Tras superar la sorpresa del hallazgo, deciden revelarlo a la Casa Blanca, en donde una presidenta megalomaníaca (Meryl Streep) ignorará olímpicamente la gravedad del asunto. Entonces, si a la responsable de la primera potencia no le interesa que el mundo se acabará, ¿qué otros caminos tienen un par de científicos de poco renombre para hacerse escuchar?
Así podríamos resumir la idea inicial de “No mires arriba” (”Don’t Look Up”), la apuesta con la que Netflix espera cautivar la atención de sus millones de usuarios alrededor del mundo en la última semana del año 2021. En dicho propósito no han escatimado esfuerzos.
El primero, es el millonario cásting convocado. A los tres actores ya mencionados líneas arriba, esta cinta de Adam McKay incluye, entre otros, a Cate Blanchett (como una presentadora de TV), Jonah Hill (como el hijo y asesor presidencial, Jason Orlean), Mark Rylance (como un millonario emprendedor tecnológico), Timothée Chalamet e incluso a Ariana Grande en una particular aparición musical.
Tras el portazo presidencial, la dupla conformada por Kate y Randall busca otras alternativas para alertar a la población mundial sobre su oscuro panorama. La primera y previsible opción son los medios de comunicación. Los astrónomos (ella en un look a lo ‘Chica del Dragón tatuado’ y él con una apariencia de matemático venido a menos) serán invitados a un muy sintonizado programa matutino.
A partir de aquí, las referencias a la ‘realidad’ saltan en la pantalla muy rápidamente. Para los conductores (uno interpretado por Tyler Perry y otro por la ya mencionada Blanchett) todos los invitados importan lo mismo. En ese sentido, pese a que estos ‘profetas del fin de los tiempos’ quieren imponerle seriedad a la entrevista, resultan envueltos en un diálogo de sordos. Y es Kate –por su juventud e ímpetu—quien rápidamente pierde los papeles en TV.
Hay un detalle que recorre toda la cinta: su actualidad. Conforme Kate pierde los papeles al ver que a nadie le importa el ‘fin de todo’, las redes sociales hacen su aparición para convertirla velozmente en tendencia. Así pues, ni siquiera el hecho de estar a punto de convertirse en doctora la libra de ser solo “la mujer que dice que todos vamos a morir”. Algo casi parecido ocurre con Randall, un matemático que toma seis pastillas al día para controlar desde su hipertensión hasta su peso, pasando por una ‘ayudita’ sexual cuando esta es necesaria. Pues él termina siendo ‘el astrónomo más sexy del mundo’. Todo esto resulta campo fértil para el surgimiento de hashtags e irreverentes memes. Otra derrota para la seriedad del asunto en ciernes.
El plano político tampoco puede soslayarse al ver “No mires arriba”. Meryl Streep se muestra soberbia al encarnar a lo que muchos podrían considerar un Donald Trump femenino. Si primero lució totalmente desinteresada por la alerta de ‘fin del mundo’, su personaje rápidamente se transforma cuando la opinión pública empieza a preocuparse por el inminente impacto del cometa. Pero volviendo a su rol, Streep confirma (como si eso fuera necesario) su talento al mostrarnos a un político bueno para meter la pata y malo para tomar decisiones estratégicas. Aunque muchas de las decisiones de su personaje, vale decir, quedan en manos de su hijo y asesor Jason Orlean. Aquí vale decir que el papel de Jonah Hill – un joven estratega político que presume de su dinero y poder para menospreciar incluso a los más brillantes científicos—empieza bien, pero poco a poco termina reduciéndose a un elemento más en una familia presidencial fuera de sí.
En una sociedad capitalista como la actual, tanto o más importante que los bancos y las mineras son las empresas tecnológicas. Así pues, a “No mires arriba” no le podía faltar el clásico emprendedor tech. Aquí entra a tallar el papel del ganador del Oscar Mark Rylance, interpretando a Peter Isherwell, fundador y CEO de la compañía Bash. Detrás suyo usted es libre de imaginar a Tim Cook, Jeff Bezos, Elon Musk o inclusive al fallecido Steve Jobs. Lo importante será siempre que nuestro personaje tenga un pie en la conferencia donde anuncia su nuevo e innovador gadget y otro en la oficina de la presidenta de los Estados Unidos. Y es particularmente en este último lugar donde este influirá en decisiones claves no solo para su país sino para el mundo.
Volviendo a la trama, mientras Kate y Randall van tomando caminos ligeramente distintos en su afán por salvarnos de un cometa ‘mata planetas’, “No mires arriba” también nos mostrará desmoronamientos personales. A ella la deja el novio, y él sucumbe ante una exuberante presentadora de televisión que tiene una vida llena de lujos, pero vacía. Por detalles como esos, esta cinta no es solo una comedia tecnológica y/o de ciencia ficción, sino también un crudo recuento de la vida misma: decepciones, engaños y amores que terminan.
Adam McKay ha construido una película que cumple su propósito. Su versión del fin del mundo no es solo ‘científica’ (hay cálculos, telescopios y cohetes), sino también moral (políticos que engañan y gente dispuesta a morir por esas mentiras). Estamos entonces frente a una notable sátira de una sociedad híper-conectada, pero a la vez vacía. Una fantástica oportunidad para — entre hashtags, memes y absurdos challenges – vernos reflejados sin tener la presión extra de saber el tiempo exacto en el que realmente vendrá ‘un cometa’ y acabará con todo esto.
(Tomado de El Comercio)

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'Desaparece' el sol en algunas zonas de Siberia en medio de fuertes incendios forestales

Bomberos extinguen un incendio forestal en la república de Sajá (Rusia), el 17 de julio de 2021. Foto: Sputnik.Residentes de varios municipios de la república de Sajá (Yakutia), en el noreste de Rusia, han compartido imágenes en las que se aprecia cómo el sol ‘desapareció’ en pleno día en medio de los fuertes incendios forestales que siguen asolando la zona.

🇷🇺 Кобяйский улус в Якутии, 13:30 местного времени. От дыма темно, как ночью, сверху падают хлопья пепла. pic.twitter.com/NV1KmGYYnX
— Рустем Адагамов (@adagamov) August 2, 2021

Uno de los videos, grabado en el distrito de Kobiai, muestra cenizas cayendo del cielo y cubriendo una carretera. El humo y la ceniza tapan también el cielo, ocultando el sol como si fuera de noche, cuando en realidad son las 15:00 (hora local).
El mismo fenómeno fue registrado en el vecino distrito de Viliúisk. “Es como si fuera el apocalipsis. Estábamos asustados”, confesó una vecina en declaraciones a medios locales.

сегодня в Кобяйском районе(Якутия) днём исчезло солнце. Все в шоке, жуть! Апокалипсис начался ?!🔥😱🙄 pic.twitter.com/jJ9GSOuqLE
— MetaморфОзыСветА (@yarksergey1) August 2, 2021

«Как будто апокалипсис». Солнце пропало в Вилюйском улусе Якутии
Ранее об аномальном явлении стало известно в Кобяйском улусе.
Подробнее: https://t.co/WsIOltSOLu pic.twitter.com/YyOuPQPERZ
— News.Ykt.Ru (@NewsYktRu) August 2, 2021

El viceministro de Ecología, Manejo de la Naturaleza y Silvicultura de Sajá, Serguéi Sívtsev, confirmó que la ‘desaparición’ del sol en algunas zonas se debe a “varios incendios importantes” en dos distritos cercanos, de los que un viento del noreste trae “un humo espeso” que hace que el astro sea “prácticamente invisible” en el cielo.

(Tomado de RT en Español)

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