HAVANA CLIMA

Opinión

De conciertos y amenazas en La Habana

MIAMI, Estados Unidos.- He revisado, someramente, publicaciones electrónicas del régimen y llama la atención cómo se han dado a la tarea de rescatar la figura de Pablo Milanés, mediante crónicas eufemísticas y esquivas sobre su reciente concierto en La Habana.
Esa misma prensa lo ha silenciado cuando emite opiniones adversas a la dictadura.
Yo no crecí escuchando a Milanés. El llamado Movimiento de la Nueva Trova me pareció una trampa ideológica. Cómplices de nuestro diario malestar.
Si acaso, manifesté cierta simpatía por Silvio Rodríguez, porque alguna vez expresó su cercanía con la trova tradicional, los Beatles y Bob Dylan, lo cual ya resultaba una combinación desafiante en tiempos de total incertidumbre.
Una parte de mi generación también vio a Rodríguez como el rebelde solitario e incomprendido, con canciones metafóricas de protesta, no contra el imperialismo yanqui, como prefería la Casa de las Américas en sus convocatorias continentales, sino contra la represión y la intolerancia del castrismo.
Temprano se supo, sin embargo, que Silvio le había vendido su alma al diablo.
La cúpula de la llamada Nueva Trova fue minuciosamente tramitada. Los dos intérpretes se acomodaron a su nueva vida de prebendas, ganadas con talento, al amparo de la dictadura.
Rodríguez seguiría siendo el moderno, aunque ya no mencionaba a los Beatles ni a Dylan, y Milanés continuaría el camino tradicionalista, apegado al son y muchas de sus derivaciones.
Los ideólogos de la dictadura respiraron felices cuando pudieron salir ilesos del reciente concierto de Milanés, con el montaje más estrafalario de que se tenga noticia: el público separado de los músicos por una zona que generalmente acomoda los fanáticos de pie en cualquier otra presentación de esta índole.
Cierto temor no dejó de flotar en el ambiente, aunque la catarsis y el patrioterismo, alentado por el régimen, daría al traste con cualquier atisbo de infidencia.
El pasado mes de mayo, durante un concierto de Carlos Varela, hubo gritos de libertad, palabra que es paradójicamente anatema para la dictadura.
La respuesta de comisarios que se reclutan para estos menesteres no se hizo esperar y en uno de los sitios castristas abrieron fuego al trovador y de paso a la demonizada Miami. De tal modo le enseñaban los “instrumentos de tortura” para que no se volviera a equivocar.
“Varela pudo haber probado su valentía mil veces. En Miami siempre ha pedido “libertad” para Cuba, quizás porque él mismo nunca ha sido libre. En los muchos conciertos que ha dado allá nunca ha dicho más que lo que allí se aplaude. Varela ha sido un cobarde frente a la mafia que nos ataca. Varela ha sido un cobarde frente a los que nos cortan los árboles y nos joden el bosque. Varela no ha tenido el valor de decir allí lo que hasta él sabe. Y no lo hace porque su cobardía se empareja a las prebendas que recibe y a la nostalgia que siente por la Cuba prerrevolución”.
Ante tanta agresividad verbal y amenaza, Varela pudiera estar considerando ser parte del éxodo de figuras culturales acontecido luego de las sublevaciones protagonizadas por jóvenes artistas en diversas circunstancias que han sido cruelmente coartadas por el régimen.
Hay una foto en Facebook donde el ahora defenestrado Carlos Varela aparece junto a Pablo Milanés y otras personalidades de la cultura cubana, como dejándole saber al régimen que, sin embargo, sobrevive una componenda al margen de sus desafueros doctrinarios.
En la misma imagen está el director de cine Juan Pin Vilar, quien realizó un documental sobre Pablo Milanés, en el año 2017, donde habla de su paso por el campo de concentración de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), que todavía aguarda presentación en la televisión cubana.
Lo cierto es que ningún intelectual conocido parece haber sido autorizado para escribir sobre el presuntamente último concierto de Milanés en Cuba y el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), no se sacudió su ostentosa decadencia para dejar constancia de la presentación, como ocurriría con una figura de tal estirpe sentimental y estética en cualquier otro país donde realmente se respeten.
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El mal hábito de exigir sacrificios ajenos

LA HABANA, Cuba.- En estos días posteriores al concierto de Pablo Milanés en la Ciudad Deportiva, he tenido que leer disparates al por mayor, comentarios violentos y faltos de la más mínima racionalidad, acusaciones hirientes, ofensas, falsedades y, sobre todo, exigencias que ponen al pueblo de Cuba en medio de los rigores que impone la dictadura, y los que provienen de otras orillas. Ha sido tanto el odio desbordado, gratuito, que alguien debe estar sacando rédito de un estado de opinión dividido entre quienes perciben a Pablo Milanés como el gran cantautor que es, y quienes creen que era obligatorio que en su recital la gente gritara “Libertad”, “Patria y Vida” o cualquier otra frase en contra del régimen.
Resulta que en el ocaso de su vida, Pablo tiene que “merecer”, y su calidad humana, como la de su obra, están sujetas a lo que ciertos grupos, dentro y fuera, creen imprescindible para que un artista sea considerado como tal. Se trata de otra clase de parametración, que pasa medio inadvertida porque no proviene del origen habitual. Resulta que ahora una extensa y laureada trayectoria musical es desechable porque Pablo Milanés no pidió la libertad de los presos políticos desde el escenario, como si su reclamo pudiera hacer alguna diferencia en la realidad que vive este país, más triste desde el 11 de julio de 2021.
Desde las redes se han dado gusto comparando su concierto con el de Carlos Varela, donde el público (no Varela) gritó espontáneamente “Libertad”. Los castigadores deberían saber que el autor de “Como los peces” tampoco pidió la libertad de los presos políticos, ni hizo reclamo alguno. De seguro en su corazón acompañó cada grito; pero su boca no se abrió para nada más que agradecer, como lo hizo Pablo ante ese público que aplaudió cada guiño contenido en sus canciones sobre los dolores de esta Cuba, blanco de una intransigencia terrible desde todos los frentes.
Es cierto que el Coliseo estuvo lleno de agentes de la Seguridad del Estado; pero también de mucho pueblo que no fue allí a gritar nada ni a impedir que otros lo hicieran si así lo deseaban. Algunos se han sentido ofendidos porque Pablo cantó en presencia de la imagen del Che Guevara, como si el castrismo hubiera tenido la cortesía de retirarla durante el concierto de Carlos Varela. Esa detestable imagen siempre ha estado ahí, y a nadie le importa. Nadie repara en ella. No existe.
Es fácil tildar a Pablo de cobarde y agazaparse entre la multitud para empezar a gritar cuando alguien más lo haga. Pero en el Coliseo, paseándose a sus anchas, estaba Humberto López, la criatura más aborrecible que ha visto Cuba en décadas; un tipo que se ha burlado de los presos políticos y las madres cubanas, que ha difamado a opositores, periodistas y artistas. Allí estaba, y nadie tuvo siquiera el valor de encararlo.
Lo valiente, según quienes critican desde lejos, hubiera sido boicotearle el concierto a Pablo con gritos que no van a liberar a los presos políticos, ni tumbar al sistema. “Libertad” gritó Cuba el 11 de julio de 2021 y un año después Cuba sigue presa del miedo. No bien abrieron las fronteras se produjo un éxodo superior al del Mariel, y con esas decenas de miles se fue gran parte del ímpetu libertario que hizo posible aquel estallido nacional.
Un reclamo de más o de menos no hace diferencia. El mundo entero sabe que en Cuba hay presos políticos, y que la dictadura practica sistemáticamente la cárcel y el destierro contra los disidentes. Los que andan hechos una furia por lo que Pablo no dijo, deberían recordar que 24 horas después que la Asamblea Nacional aprobara un Código Penal que criminaliza todo amago de disenso, el presidente Joe Biden inició el segundo “deshielo”. Los opositores más visibles han denunciado la situación de los presos políticos en todas las tribunas, y la dictadura sigue amañando juicios, haciendo pasar excarcelación por libertad sin cargos, mintiendo, abusando; y no pasa nada.
Es deshonesto culpar a Pablo Milanés por un desastre del que todos somos responsables. Pablo creyó en Fidel Castro como lo hicieron nuestros padres y abuelos. Al igual que ellos se desencantó y se distanció del proceso. Se fue al exilio como tantos, y en reiteradas ocasiones se ha pronunciado en contra del régimen. Pero no está obligado a hacerlo en todo momento, mucho menos para complacer a quienes cultivan el mal hábito de exigir sacrificios ajenos.
Probablemente la mayoría de quienes le reprochan a Pablo su pasado fidelista, tendrían que hacer lo mismo a sus progenitores. ¿Serían capaces de atacarlos con semejante odio? ¿Acaso será mal visto cada músico importante que no exija la libertad de los presos políticos? ¿Acaso se le debería dar crédito a los que sí lo hacen para quedar bien, aunque realmente no les interese su suerte?
Hay que buscarle otros cauces a la ira y la frustración. A fin de cuentas, solo son canciones. En el colmo de la estupidez, algunos burlones han expresado que el recital de Pablo no llenó de comida las tiendas, ni terminó con los apagones. Tienen razón, obviamente; pero lo que ninguno de ellos parece notar, es que esa realidad seguiría inalterable aunque el trovador no hubiese cantado en el Coliseo de la Ciudad Deportiva.
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American curios: Resistencia

Activistas por el derecho al aborto se reunieron este domingo en el centro de Los Ángeles. La Suprema Corte de Estados Unidos anuló el derecho constitucional a la interrupción del embarazo que había estado vigente durante casi 50 años. Foto: AP.“Las nietas hoy no deberían tener que luchar las batallas que ya habían ganado sus abuelas”, declara una pancarta en las protestas de decenas de miles que estallaron alrededor del país ante el fallo de la Suprema Corte de Estados Unidos anulando el derecho constitucional al aborto, mientras en los desfiles anuales masivos de orgullo gay con pancartas señalando que “seguimos nosotros” con un amplio coro de representantes de las diversas fuerzas democratizadoras de este país advirtiendo que el fallo es solo una parte del ataque contra los derechos y libertades civiles de este país.
Algunos proclaman que esta ofensiva derechista no es nada menos que el avance del “cristo-fascismo”. El fallo sobre el aborto es solo uno de una serie de triunfos derechistas a nivel federal y estatal recientes, a pesar de la expulsión de Trump y que los demócratas controlan la Casa Blanca y el Congreso.
Esto incluye la imposición de prohibiciones contra libros que abordan temas gay o sobre el racismo e historia, reducción de restricciones sobre armas de fuego, suprimir el derecho al voto, reducción de libertades civiles de inmigrantes y de la comunidad gay en varios estados, entre otros avances ominosos. En parte, esta estrategia derechista ha prosperado porque los republicanos ahora controlan los congresos en 30 estados, los demócratas solo 17.
Algunos advierten que este fallo es un paso más hacia detonar una “guerra civil” que muchos en la ultraderecha han promovido durante años, incluyendo organizar fuerzas paramilitares para ese propósito, y cuyo primer ensayo fue el intento de golpe de Estado por fuerzas neofascistas hace año y medio.
Los demócratas, desde el presidente para abajo, de inmediato usaron esa decisión para propósitos electorales (y junto con diversas ONG, para recaudar fondos), esperando que pueda cambiar la dinámica de las elecciones legislativas federales de noviembre donde hasta ahora el pronóstico era que los republicanos retomarían el control del Congreso.
Pero el problema con ese mensaje, expresaron diversos activistas, es que la gente ya votó para que los demócratas retomaran el control de la Casa Blanca y el Congreso hace menos de dos años y aun así, esto sucedió.
Vale subrayar que entre 60 y 70% del país apoya el derecho al aborto, así como las mayorías respaldan una reforma migratoria, control de armas, acceso universal servicios de salud, derechos laborales, medidas para combatir el cambio climático y la desigualdad económica y más. Pero como se demostró de nuevo la semana pasada, la voluntad del pueblo no es lo que impera en este “faro de la democracia”.
Por cierto, con este fallo y otros fracasos democráticos continúa el deterioro de la legitimidad de las principales instituciones de la república. La confianza popular en la Suprema Corte se ha desplomado en 11 puntos desde el año pasado a su nivel más bajo con solo 25%, según la encuesta más reciente de Gallup. La tasa de aprobación del presidente ahora oscila en alrededor de 39%; la del Congreso está en solo 21% en el promedio de las principales encuestas más recientes.
Ante el avance de la derecha minoritaria, es cada vez más claro que solo votar o salir a marchar sobre el tema de cada quien no es suficiente. El desfile del orgullo gay de Nueva York este domingo fue encabezado por la organización nacional de servicios de salud para las mujeres Planned Parenthood que marchó con pancartas que declaraban “juntos, luchamos para todos”.
Rage Against the Machine, Olivia Rodrigo, Madonna y otros artistas denunciaron las últimas noticias y están recaudando fondos para apoyar de manera directa a organizaciones que ofrecen servicios de aborto en varios estados y para defender derechos civiles.
Organizaciones y movimientos de defensa de derechos y libertades civiles dicen que están buscando cómo responder de una manera conjunta contra la violencia legal, política, social y física de la ofensiva derechista contra las mujeres, los gay, las minorías, los inmigrantes, los periodistas, entre otros.
Algunos dicen que ahora inicia –o debería iniciar– un movimiento amplio de resistencia para el rescate democrático de Estados Unidos.
Vea, además
Decenas de ciudades de EEUU se suman a las protestas contra el fallo del Tribunal Supremo de revocar la constitucionalidad del aborto

(Tomado de La Jornada)

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Amigos

Los más jóvenes solemos negarnos a creer que hay elementos circunstanciales en una amistad. Un poco intoxicados por la propaganda hollywoodense, nos cuesta trabajo desprendernos de ese mito romántico que, como con el amor, vende la idea de eternidad. Los amigos son para siempre, pensamos, las amistades nunca mueren.
La vida real es muy diferente. Como todo en este mundo, la amistad nace y muere; y muchas veces somos amigos de alguien solo en determinado espacio, en determinado tiempo.
Están los amigos que tuvimos en la escuela y que, una vez graduados, nunca más volvimos a ver. Las redes digitales suelen darnos unos vistazos fugaces a su devenir: aquella que ya no vive en Cuba, aquel que tuvo par de hijos… Amigos de juventud, con los que compartíamos intereses y temas de conversación, que luego, con la inexorable madurez, se nos fueron convirtiendo en extraños. Gente que uno se encuentra por la calle, con la que uno solía conversar largo rato, y que ahora solo inspira silencios incómodos.
El diccionario conceptualiza a la amistad como una relación de afecto, simpatía y confianza que se establece entre personas que no son familia. Hay diferentes grados: amigos viejos, que no se ven a menudo, pero que se guardan cariño en la distancia; amigos con los que se comparte en una fiesta, pero que en el fondo sabemos no seguirán siendo amigos si la música para; amigos que, en cambio, solo aparecen cuando hacen falta, cuando es necesario su apoyo, sin pedir nada a cambio.
La vida adulta le impone al individuo ciertas decisiones. Solo los niños y los cretinos eluden la responsabilidad de tomar una postura, de defender un conjunto de ideas, de luchar por lo que se cree. La política, como campo de conflicto que es, marca entre las personas profundas diferencias.
Y se van dividiendo hombres y mujeres en distintos bandos, bajo distintas banderas. La idea romántica y hollywoodense insiste en la noción de que la amistad está por encima de cualquier credo político pero, una vez más, la realidad disiente. Se pierden amistades muchas veces cuando las diferencias políticas se tornan antagónica e irreconciliables.
Ciertamente hay amistades que sobreviven a esa discrepancia. Suelen existir amigos que han firmado una suerte de “pacto de no agresión” y declaran a la discusión política como zona vedada. La amistad se convierte en una suerte de burbuja frágil que trata de sobrevivir en medio de un intercambio que suele ser muy hostil.
Para que esa amistad en forma de tregua indeterminada no muera, tienen que darse dos elementos: la buena fe y la decencia. Es lógico que hay posturas que no son ni una cosa ni la otra y que, por mucho que lo intentemos, terminarán por provocar el fenecimiento de nuestros afectos personales.
Todos hemos perdido amigos. Van cayendo poco a poco en el olvido o se vician hasta convertirse en nuestros más enconados detractores. La honestidad es importante: hay amigos que no piensan igual que uno y así te lo hacen saber, sin odio o condescendencia, desde el respeto auténtico que solo puede nacer de la mutua admiración, de la verdadera empatía. Y los hay que insisten en llamarse amigos y hablan por detrás, o buscan hacer daño, o solo usan la historia en común como arma. Esos no son amigos, son ratas. Y abundan.
Sí, hay amistades que mueren, o que se trastocan con el tiempo. Pero si nocivo es idealizar a la amistad, también lo es convertirse en rehén del pesimismo. Hay amigos que sí son para toda la vida, generalmente aquellos cuyo vínculo se forjó en la lucha, aquellos que además de amigos, son aliados, compañeros: amigos que no solo se identifican con quiénes somos sino que comparten un mismo sistema de valores, que miran en nuestra misma dirección. Esas amistades solo se pierden cuando dejamos de ser fieles a nosotros mismos.
(Tomado de Granma)

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El dilema de Petro

MIAMI, Estados Unidos. – Todo fue muy civilizado. Muy colombiano. Muy educado. El presidente Iván Duque, a quien la historia lo absolverá porque no se ha echado un peso al bolsillo, lo llamó, lo felicitó y le ofreció reunirse con él. Álvaro Uribe dijo algo que lo honra. Fue su primera reacción ante el triunfo de Petro el domingo 19 de junio: “Para defender la democracia es menester acatarla. Gustavo Petro es el presidente”.
Gustavo Petro, en cambio, les dio las gracias a los “jóvenes” y a “las minorías oprimidas”. Con los primeros tiene razón. Su triunfo no se explica sin la juventud que le dio su primer voto a los 18 años, a los 19, 20 o 21, ayudados por la falta de memoria histórica, dado que la Toma del Palacio de Justicia ocurrió en los tiempos remotos, casi bíblicos, de 1985. En cuanto a las “minorías oprimidas”, no se sabe exactamente a quiénes se refiere. Tiene que explicarse. 
Como tiene que explicar el galimatías que ha armado al decir que va a inventar “el capitalismo y la democracia”. Con todas las deficiencias que existen en el engranaje económico de Colombia, sí hay empresas privadas y estas están regidas por el mercado, como es notorio que acontece en la nación: ahí hay capitalismo. Al mismo tiempo, ¿cómo llegó él al poder si no existiera el modelo democrático universalmente respetado?      
Daniel Raisbek es un pensador liberal de El Cato Institute. Y dijo que Petro forma parte del “establecimiento” político habitual, aunque con las incorporaciones de “académicos de izquierda, periodistas o influenciadores progresistas, carcamales del sector público y políticos de carrera, según la ideología que, gelatinosamente, une a estos subgrupos, la muy intervenida economía nacional, la cual ocupa el puesto 92 en el Índice de libertad económica del Instituto Frazier”.
Se sabe que los primeros 30 puestos son los sospechosos habituales de siempre. Los países mejor organizados, los más prósperos, los que siempre tienen un aluvión de inmigrantes llamando a sus puertas: los escandinavos (Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia), Inglaterra, Suiza, Luxemburgo, Estados Unidos, Canadá, Francia y Alemania, Holanda, Bélgica, Italia, España, Irlanda, Austria, Portugal y, últimamente, para demostrar que el agua siempre coge su nivel, la República Checa o Chequia. 
Los 30 siguientes, los que quedan de la Unión Europea, más los árabes ricos -Qatar, Los Emiratos, Arabia Saudita- y algunas islas del Caribe, como Bahamas, Barbados, República Dominicana. O como Martinica, Puerto Rico y Curazao, que son libres, pero no soberanos. A los que se agregan algunos rincones asiáticos (Singapur, Taiwán, Corea del Sur). Hay un vínculo clarísimo entre la libertad y la prosperidad. Eso está perfectamente transparente en el “Índice Frazier” o el de la “Heritage”. Vale la pena examinarlos a ambos.
En general, esos índices tienen en cuenta varias categorías: The Rule of Law (la existencia de derechos de propiedad, la respetabilidad de los tribunales y la decencia y honradez de los gobiernos). El tamaño del gobierno (medido por el porcentaje de los impuestos, la intensidad del gasto público y los hábitos fiscales). La eficacia reguladora (ña libertad para hacer negocios, la libertad para trabajar y la libertad cambiaria o para hacer con los beneficios lo que les plazca a los dueños). La verdadera apertura de los mercados (el comercio realmente libre, libertad para invertir y libertad financiera).
El problema que se le planteará a Petro, y a cualquiera que gobierne, es que si elige el mercado, el capitalismo y la democracia (como él se ha comprometido), no hay duda de que ha seleccionado la mejor opción de acuerdo a la naturaleza humana, pero eso tiene un costo en diferencia de ingresos, en desajustes sociales y en distinto modo de entender la vida.
Por la otra punta del fenómeno, si elige controlar la naturaleza de los seres humanos, estará sustituyendo la democracia por la autocracia y dará lugar a un mundo más chato y gris. (Créame, señor Petro: yo vengo de una sociedad en la que sacrificaron la libertad para lograr la igualdad). Al final solo lograron el cinismo y la miseria más abyecta. 
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Cuestión de tamaño

Ned Price, Vocero del Departamento de Estado.Es cuestión de tamaño, pero depende de la vara con que se mida. En conferencia de prensa en el Departamento de Estado la semana pasada, el vocero Ned Price se ha largado una gran perorata contra los grandes estados que intimidan a los pequeños y les impiden “ejercer su soberanía, elegir sus propias asociaciones, adoptar su propia política exterior (…) La dominación es el nombre de este juego”. El poder es un señor muy distraído. Price se refería a China, obviamente.
El periodista Matt Lee, de la agencia AP, sin dudas un señor muy atento, hizo la pregunta que se caía de la mata: “Hablemos de la administración Biden y de su política hacia Cuba, que todavía tiene el embargo, ¿cierto? ¿No es ese un caso de un Estado grande que intenta dominar a otro más pequeño?” A la sonrisa incómoda de Ned Price siguió lo de siempre, el gobierno de Estados Unidos no ve contradicción sino un mundo volátil y complejo donde es imposible formular una política rígida que sea aplicable en todas las situaciones. Y el puntillazo: “Este es un caso en el que Estados Unidos busca ayudar a promover las aspiraciones democráticas del pueblo de Cuba”, añadió el vocero, que a duras penas logró esconder que la nostalgia de la Guerra Fría está siempre revoloteando en la burbuja de expertos en política exterior de Washington.
“Puedes llegar lejos con una sonrisa. Puedes llegar mucho más lejos con una sonrisa y una pistola”, confesaba con aires glamorosos y vestido a rayas el mafioso Al Capone a la revista Real Detective Tales, en una entrevista hecha tras las rejas hace casi un siglo.  No ha habido hasta hoy mejor definición de la política estadounidense en el mundo. Sus efectos catastróficos para los estados pequeños están ahí, por más que la sombra alargada de la amnesia posea a los voceros del Departamento de Estado.
La política del bloqueo, desde John F. Kennedy hasta Joseph Biden, ha estado mal pensada, mal evaluada, mal juzgada, mal calculada. También es perfectamente ilegal y probablemente la que termine poniendo el último clavo en el féretro de la OEA, como se expresó en la IX Cumbre de las Américas, donde el país bloqueador y excluyente se quedó más solo que la una. Como se quedó Luis Almagro, mariscal de una diplomacia irresponsable, bélica y arrogante que provoca muecas de asco hasta en los conservadores latinoamericanos y que ya no puede ni caminar blindado por guardias de seguridad sin que le recuerden su complicidad con el golpe de Estado en Bolivia y sin que le griten que tiene las manos manchadas de sangre.
Esa mezcla de olvido selectivo y soberbia que mostró Ned Price en su rutinaria conferencia de prensa, es la de su gobierno. La megalomanía de la sonrisa y la pistola les impidió ver en Los Ángeles que América Latina no acepta la lógica torcida de un ámbito de integración con exclusiones y que los países de la región reclaman, cada vez con más fuerza, una asociación libre de toda influencia de los Estados Unidos. Esa es una de las poderosas razones para el regreso de la izquierda a los gobiernos del continente, con un hecho inédito y humillante para la Casa Blanca, la victoria de Gustavo Petro en Colombia que puede servir de puntapié para unir las energías aún dispersas del progresismo latinoamericano.
El gran fallo del panamericanismo hay que atribuirlo, como apuntaba Jorge Castañeda (el bueno) hace más de medio siglo, a la práctica de la intimidación de un estado grande y poderoso que jamás permitió la convivencia en igualdad de condiciones y al hecho de que Washington impuso sus políticas e intereses a los países del sur, impidiéndoles “ejercer su soberanía, elegir sus propias asociaciones, adoptar su propia política exterior”.
Es cuestión de tamaño, sí, y de sentido común. El sentido común es uno de los pocos recursos que existen para que los estados pequeños, la gente común y los periodistas decentes puedan defenderse de la historia oficial, escrita por los vencedores de ese juego llamado “dominación” y que Ned Price conoce muy bien, aunque se haga el tonto.
(Tomado de Cubaperiodistas)

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Lasso contra las cuerdas

El paro nacional en Ecuador entró en su décimo día con una demostración de extensión y fuerza en lo que es ya una movilización más poderosa y organizada que la de octubre de 2019, considerada extraordinaria en su momento.Es notable la cerrazón del gobierno del presidente Guillermo Lasso, que no da señal de tener una auténtica voluntad de diálogo con las numerosas organizaciones movilizadas. Al contrario, lo que se observa es una enorme contradicción entre lo que dice y lo que hace. Recién comenzado el paro, el Ejecutivo expresó su deseo de diálogo, pero horas después las fuerzas de seguridad no solo arrestaron arbitrariamente, con una desproporcionada movilización de fuerzas, a Leonidas Iza, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE), sino que lo mantuvieron ilegalmente desaparecido por casi 20 horas. Para agravar el caso, lo pusieron en libertad con medidas cautelares y sujeto a proceso, en una evidente provocación contra el movimiento indígena, que es el corazón de las protestas, a las que se han sumado estudiantes, obreros, campesinos, maestros médicos y otros sectores.
A ese acto de criminalización de la protesta se añade la declaración y extensión a más provincias, por el presidente, del estado de excepción y toque de queda, así como las feroces expresiones clasistas y racistas contra los indígenas de la totalidad de los medios oligárquicos y la amenazante y descocada declaración del ministro de defensa vinculando las manifestaciones con el crimen organizado. De esto es también expresión la mentira aducida por Lasso de que los inconformes se proponen “atacar Quito”, en referencia a la movilización hacia la capital de miles de indígenas y campesinos de numerosas provincias del país, que, como siempre ocurre en América Latina, realizan sus manifestaciones allí donde radican los poderes del gobierno y los centros de decisión política.
La entrada de las columnas de manifestantes en Quito tuvo un tinte por momentos festivo de los sectores populares, pero fue recibida, sin embargo, con violencia y una lluvia de gases lacrimógenos por las fuerzas de seguridad. Ya hay al menos un muerto y 55 heridos.
Pero para hacer aún más tenso el clima político y en un hecho sin precedentes, típico del fascismo puro y duro, los uniformados asaltaron nada menos que la Casa de la Cultura Ecuatoriana, venerable institución de enorme prestigio en el país y en nuestra región, tributaria del cariño de la gran mayoría de los artistas e intelectuales ecuatorianos. El ultraje ha sido condenado en términos enérgicos en Ecuador y en nuestra América pero pese a que la policía no encontró ni rastro de los supuestos pertrechos militares con los que intentó justificar la brutal acción, la instalación continúa ocupada. Encima, el lunes en la noche se veían civiles armados recorriendo la capital en otra provocación cuando menos tolerada, si no es que orquestada por el gobierno.
El multimillonario banquero y lavador de dinero Lasso no comprende el país en que vive ni es capaz de leer la gravedad de la coyuntura .¿Qué busca al responder con esta escalada represiva a las más que justificadas y legítimas 10 demandas del paro nacional, una movilización eminentemente pacífica?
Es conveniente subrayar que estas demandas continúan siendo aproximadamente las mismas que en 2019, solo varían porque los problemas son mucho más graves pues los gobiernos de Moreno y Lasso, pese a sus promesas, no tomaron en serio darles solución. No obstante, la CONAIE se reunió varias veces con el gobierno en el año que lleva Lasso en el palacio de Carondelet pero solo recibió promesas, largas y mentiras. Ante la burla, la inflación desbocada y la inacción oficial debió recurrir, junto a otras muchas organizaciones, al paro nacional, cansadas de no ser escuchadas.
Ahora las ciudades están bloqueadas, los gremios de camioneros se sumaron a las protestas, estas gozan de gran apoyo popular y Lasso no tiene muchas opciones. O se sienta a dialogar de verdad, o apela a la represión, que parece ser lo único en que cree pero que no va a funcionar y agravará aun más la crisis.
El movimiento popular ecuatoriano es muy experimentado y está mirando cómo al otro lado de la frontera la elección de Petro confirma el rechazo de los pueblos de nuestra región al neoliberalismo. Que se olvide Lasso de que podrá doblegarlo con represión y seguir aplicando su neoliberalismo recargado. Ocho de cada diez ecuatorianos no creen en él y 82 por ciento consideran “mala” o “muy mala” su gestión. El banquero carece de legitimidad y existen caminos constitucionales para relevarlo del cargo si no accede a las justas demandas populares. Pero, insisto, la meta final debería ser ir más allá, elegir, por la vía legal, un nuevo gobierno popular, lo que sería más rápido y seguro con la unidad de las fuerzas progresistas ecuatorianas, que hoy falta.
(Tomado de Rebelión)

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Vida y milagros de la OTAN

Concebida como amenaza, la OTAN no ha dejado de hacerse cada vez más amenazante. Foto: Archivo/Cubadebate.1
En medular y documentado trabajo, demuestra James A. Lucas  que, desde el fin de la II Guerra Mundial, Estados Unidos ha matado más de 20 millones de personas en 37 países víctimas. Ese genocidio ha sido cumplido en parte significativa a través de la North Atlantic Treaty Organization, (NATO, u Organización del Tratado del Atlántico Norte: OTAN para los  hispano parlantes). Al final de la conflagración mundial,  las fronteras políticas se confundieron con los límites de la ocupación militar de  las potencias vencedoras. En vano fue que los soviéticos invocaran en todos los tonos la paz y el pacifismo. El objetivo de Estados Unidos y sus satélites era crear una amenaza militar que forzara a sus antiguos aliados a gastar en armamentos los fondos que  pudieran invertir en reconstruir un país que sobrellevó la más pesada parte de la carga destructiva de dos contiendas mundiales. No hubo paz: el fin de la II Guerra Mundial fue el estallido de la Guerra Fría.
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Fuere cual fuere su temperatura, la  Guerra requiere ejércitos, y para formarlos es preferible que los propios países ocupados pongan el dinero y la carne de cañón. Hacia su decadencia, el Imperio Romano se mantuvo con legiones de mercenarios de los pueblos oprimidos. Inglaterra dominó la India con tropas de cipayos locales. Bajo la influencia de Estados Unidos, veintiún repúblicas americanas suscribieron en Río de Janeiro en septiembre de 1947 el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que las obligaba a  prestarse asistencia militar en el caso de agresión de una potencia extracontinental. Dicho modelo inspiró el Tratado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) suscrito en 1949  y el Tratado del Sureste del Asia (SEATO) suscrito en Manila en 1954. Es la primera piedra de tres alianzas militares que colocan de hecho bajo control estadounidense los ejércitos de América Latina y el Caribe, de  Europa Occidental y del Sureste del Asia.  La docena de países que en principio se unieron a ella no lo hicieron por una decisión soberana: estaban militarmente ocupados por ejércitos estadounidenses e ingleses y por tanto incapacitados para decidir libremente su propio destino.
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Concebida como amenaza, la OTAN no ha dejado de hacerse cada vez más amenazante. Arranca con una docena de miembros en 1949, y en la actualidad comprende 30, de los cuales 14 se incorporaron luego del fin de la Guerra Fría, cuando su supuesta finalidad –contener la Unión Soviética- había desaparecido. Durante la Guerra Fría, mantuvo cerca de medio millón de efectivos ocupando Europa. Para 2019, sus moderados gastos ascienden a US$1.036 trillones (un trillón es un millón de millones: la unidad seguida de doce ceros). Imaginémonos el Paraíso que sería el Viejo Mundo, de haber aplicado esos recursos a la paz, a la cultura, a la convivencia.
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Dice la voz popular que cuando en un gallinero hay dos gallos, uno está haciendo el papel de gallina. Preguntémonos qué rol desempeñan ejércitos y gobiernos nacionales en países ocupados por tropas de una confederación extranjera. A los altaneros europeos, que colonizaron el mundo, les toca probar el estatuto de colonias. El papel de la OTAN de fuerza de ocupación foránea del “Mundo Libre” cambió por un inaudito acontecimiento. La Unión Soviética, que desde 1917 había resistido victoriosamente el asedio de todos los imperios del mundo, sucumbió ante la traición interna. Fingiéndose socialista, el neoliberal Boris Yeltsin se hizo elegir Presidente de Rusia por el Poder Legislativo de la Duma, y decretó medidas de libre mercado que suscitaron el rechazo popular. Una muchedumbre protestataria se reunió ante el Parlamento; misteriosos francotiradores hicieron víctimas entre los manifestantes y las fuerzas del orden, y Yeltsin ordenó al ejército demoler a cañonazos la Duma, con los parlamentarios dentro. Gracias a este democrático procedimiento, perdió la Unión Soviética su condición  de Segunda Potencia Mundial y terminó disolviéndose en 1991.
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No hay más triste situación que la de un país reducido a botín. El gobierno de Yeltsin  inició un remate a precio vil de los bienes y servicios públicos creados durante 74  años por los obreros soviéticos. De esta rebatiña emergió una nueva oligarquía, no surgida del talento, del trabajo ni de la producción, sino del latrocinio del patrimonio de todo un pueblo. Una encuesta de 2018 reveló que  66% de los rusos deploraba la disolución de la URSS.
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Mientras existió la Unión Soviética, la amenazadora OTAN no emprendió ni una sola acción ofensiva. Disuelta aquella, el envalentonado ejército de ocupación de Europa se convirtió en violenta fiera dispuesta a imponer al resto del mundo la unipolaridad. En 1990 y 1991 ya despliega una “fuerza de rápida reacción” en el escenario de la invasión de Irak a Kuwait. Entre  1993 y 1995 fuerza la desintegración de Yugoeslavia, estableciendo una zona de “Exclusión Aérea” sobre ella, derribando sus aviones, bombardeando sus defensas y ocupando el país a ser fragmentado con 60.000 efectivos. En 1999 bombardea  la martirizada nación durante 78 días, y en 2001 ocupa Macedonia con el pretexto de desarmar milicias albanesas que operaban en la zona. El mismo año ya se cuadra con Estados Unidos en operativos para prevenir supuestos ataques terroristas en el Mediterráneo. En 2003 asume el comando de tropas de 42 países para controlar Kabul, la capital de Afganistán, donde permanecen hasta que los afganos los expulsan en 2021. A partir de  2004 entrena las fuerzas represoras en Irak. Desde 2009 despliega buques de guerra en el golfo de Adén, el Océano Índico y en Somalía. Para 2011, crea otra zona de “Exclusión Aérea” sobre Libia, embarga  la importación de armas y lanza 9.500 misiones de bombardeo para impedir que las fuerzas locales se defiendan de mercenarios invasores, lo que resulta en el asesinato del presidente Muammar Kadafi, la desintegración del país, el robo de los 250 000 millones de dólares de sus reservas internacionales y una guerra civil que dura todavía. Pero su objetivo fundamental es incorporar países en la frontera de Rusia, que sitúen sus proyectiles nucleares a cinco minutos de Moscú. En 1990 Gorbachov consintió la reunificación de Alemania bajo la promesa de que “la OTAN no se expandiría al Este ni una pulgada más”. Desde entonces, a la  Alianza Militar se  han unido 14 países de Europa del Este, y ya están inundando de armas y asesores a Ucrania, en la frontera de la Federación Rusa.
Bien decía el Ché Guevara: No, al Imperialismo no hay que creerle ni un tantito así.

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Humoristas, el otro éxodo

LA HABANA, Cuba. — La mayoría de los actores que compartieron roles en los dos programas de humor más populares de la televisión cubana en las últimas dos décadas (Deja que yo te cuente y Vivir del cuento) se encuentran en Estados Unidos.
Acogidos al exilio por diferentes razones, a todos los une el hartazgo común por la censura y el control político que rigen la cultura en Cuba.
Da igual si Andy Vázquez (Facundo, Aguaje, Bienvenido) se fue por haber sido expulsado de la televisión, si Nelson Gudín (El bacán, Urbinito, Flor de anís) hizo lo mismo porque lo condenaron al ostracismo, o si Omar Franco (Ruperto Marchatrás) se marchó desilusionado de la revolución. Todos ellos  han vivido y actuado bajo la humillante presión de sentirse coartados en su libertad creativa o interpretativa.
Aunque el humor, como otras manifestaciones del arte, no se puede pensar ni hacer en cautiverio, ya desde los primeros años del régimen revolucionario, humoristas de la talla de Guillermo Álvarez Guedes y el dúo Los Tadeos fueron expulsados de la televisión y obligados a irse del país por hacer reír al pueblo con sus sátiras de dirigentes.
Desde el año 2014, la Resolución 125 del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) impide —de manera “legal”— el derecho a ejercer críticas que los censores consideren denigrante y corrosiva.
Según advierte la susodicha normativa, “los trabajadores que ocupan cargos artísticos en el ICRT no pueden denigrar la integridad y dignidad  de personas y colectivos o instituciones cubanas o extranjeras”. De hacerlo, serían amonestados o separados de los medios.
El programa Deja Que yo te cuente fue uno de los pretextos para la creación de la Resolución 125, pues personajes como “Lindoro Incapaz” (Rewel Remedios), el profesor ¡Mente de pollo! (Carlos Gonzalvo), el inspector La Llave (Miguel Moreno) o Flor de Anís (Nelson Gudín) satirizaban y ridiculizaban a los funcionarios demagogos y corruptos.
¿Cuántos no asociaron la pose narcisista de Lindoro Incapaz frente al espejo, diciéndose “¡Mi mismo!”, con la de Raúl Castro en similar actitud antes del fusilamiento del general Arnaldo Ochoa? ¿Quiénes no sintieron en la voz de Lindoro la de Ulises Guilarte De Nacimiento, el secretario general de la CTC, y la de otros funcionarios  del régimen cuando decía frente a sus trabajadores de los talleres Bartolete Pérez y Roca Izquierda: “Donde uno de ustedes caiga herido, yo caigo muerto”?
Podemos comparar los galimatías y las respuestas alucinantes  del profesor Mente de Pollo dadas a la periodista Flor de Anís en Tele Pío con las explicaciones que da el ministro de Economía Alejandro Gil Fernández en la Mesa Redonda.
Resulta imposible no asociar al corrupto inspector La Llave con esos inspectores que esquilman a los emprendedores y a los cuentapropistas, y los sobornables miembros  de  las brigadas que se suponen combatan a los coleros y revendedores.
Que la mayoría de los humoristas que encarnaban a  personajes así estén hoy en el exilio, o condenados al ostracismo dentro de Cuba, se debe a la intolerancia represiva de un régimen que presume de moralista y rígido.
A la macabra Resolución 125 se debió la expulsión del actor Andy Vázquez de la televisión. Su pecado fue subir a las redes sociales un video donde uno de sus personajes, Facundo Correcto, narraba en tono de humor La batalla de Cuatro Caminos, o sea, el asalto al Mercado de Cuatro Caminos por varias decenas de hambreados pobladores de la capital
La periodista oficialista Paquita de Armas justificó la expulsión de Andy Vázquez en un  artículo de Cubadebate titulado Facundo, “Vivir del cuento”, la censura, Silva y sigue la polémica, donde atribuyó al actor  “la mala intención de desprestigiar a la revolución”.
La política cultural del régimen castrista, parodiando a Groucho Marx, es buscar problemas, encontrarlos y darle luego el remedio equivocado.
El humor en Cuba se encuentra en peligro de extinción. Al paso que vamos, con tanta censura e intolerancia, los cubanos, para hacer humor, tendrán que irse para Miami o Madrid.
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Los países del ALBA se aprestan a controlar aún más la información

LA HABANA, Cuba.- Se ha podido conocer que la Alianza Bolivariana para los Pueblos de las Américas (ALBA-TCP) ha decidido implementar un plan comunicacional denominado Alianza para la Vida o ALBA digital, con el objetivo de hacer llegar lo que consideran “un mensaje emancipador” a los grandes grupos poblacionales receptores.
Según los tanques de pensamiento que tributan a esta izquierda radical, es urgente llevar adelante una batalla de ideas, tanto a escala nacional como internacional, en aras de luchar por el dominio de la información. Es decir, que ya no se contentan con el monopolio informativo que ejercen -o se esfuerzan por ejercer- hacia el interior de sus países los gobernantes de las naciones adscriptas a esa organización, sino que además pretenden a su conveniencia coartar el libre flujo de las ideas en el plano internacional.
Como es lógico suponer, esta izquierda castro-chavista cuenta con una especie de justificación para enarbolar su beligerante plan comunicacional. El filósofo y ensayista mexicano Fernando Buen Abad, asiduo colaborador del periódico Granma en artículos de pensamiento, y marxista-leninista de corte radical, “ha abogado por la creación de un frente comunicacional de los pueblos que salga al paso, en las nuevas condiciones históricas, a la ofensiva antipopular y antinacional que recorre América Latina y el Caribe, al servicio de los intereses imperiales inalterables de Estados Unidos, arreciando el silenciamiento, la invisibilización y la satanización de todo lo que se oponga a sus dictados”.
O sea, que para el señor Buen Abad, el ambiente de libertad y pluralidad informativa que se aprecia en buena parte de los países de nuestra región constituye “una ofensiva antipopular y antinacional al servicio de Estados Unidos”.
Este amigo de Maduro y Díaz-Canel pasa por alto que en las sociedades capitalistas que él denigra, por lo general, los partidos de izquierda tienen sus periódicos que circulan libremente, o sus emisoras de radio que transmiten su mensaje ideológico sin que nadie las moleste. A lo anterior se añade el hecho de que esa “ofensiva antipopular y antinacional” que él esgrime no es óbice para que los candidatos de la oposición -en este caso de izquierda- acudan a la televisión para argumentar acerca de sus planes de gobierno en caso de ser elegidos a la presidencia. E incluso, que puedan acceder al gobierno, como acaba de suceder en Colombia con el triunfo electoral de Gustavo Petro.
Mas, con independencia de la prontitud con que el ALBA instrumente su plan comunicacional, los cubanos vamos a ser testigos en las próximas semanas de una nueva maniobra de la maquinaria del poder con vistas a manipular a la opinión pública nacional.
El texto del Código de las Familias será llevado el próximo mes de julio a la Asamblea Nacional del Poder Popular, para que esta instancia redacte la versión definitiva de este documento. Y después, en el mes de septiembre, el Código se someterá a referendo popular para su aprobación final.
Ya la jerarquía castrista se pronuncia por “explicar mejor” a la población el contenido del Código para que los ciudadanos voten por aprobar el documento. Claro, los representantes del régimen y sus acólitos serán los únicos que puedan ir a la televisión para exponer sus argumentos. Aquellos que se oponen a algunos aspectos del Código, y por tanto no están dispuestos a aprobarlo, no tendrán ningún canal de televisión o emisora de radio para exteriorizar sus criterios. Esos son los verdaderos silenciados e invisibilizados de que hablaba el señor Buen Abad.
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Cuba: el fracaso de la agroindustria azucarera visto desde el central Guiteras (II)

LA HABANA, Cuba. — Concerniente a que, según directivos de la agroindustria, “el primer problema” en la producción azucarera en la recién finalizada zafra fue la falta “de disciplina” en la cosecha, decíamos en el artículo anterior que, en contraposición con el corte, alza y tiro (transporte) mecanizados de hoy, antes de desarrollarse la cosechadora, hombres dotados con mochas y machetes cortaban la caña temprano en la mañana y con bueyes, tractores, carretas y camiones la llevaban a los transbordadores (grúas-básculas) haciéndola llegar fresca al central por vía del ferrocarril, “disciplinadamente”.
Incluso, sin camiones ni tractores, recién concluida la Guerra de Independencia —que destruyó la industria azucarer—, de forma manual, con machetes y mochas y con carretas tiradas por varias yuntas de bueyes, en el año 1900 en Cuba se produjeron 309 195 toneladas de azúcar, una cifra similar a la de la zafra que acaba de concluir (unas 482 830 toneladas).
Aunque ahora no es posible exportar azúcar y para los cubanos está estrictamente racionada, en 1900 fueron exportadas 291 460 toneladas, algo así como 6 840 galones de mieles.
Y, con esa misma técnica de corte y alza manual de la caña, aunque para su transportación hasta el transbordador del ferrocarril emplearon además de carretas tiradas por bueyes  camiones y tractores tirando de cinco o seis carretas, en 1952 los azucareros cubanos produjeron, sin mucho ruido, 7 298 023 toneladas métricas de azúcar, moliendo sólo 59 537 933 toneladas de caña. La otra cara de la moneda es la llamada Zafra de los diez millones, en la que se produjeron 8,5 millones de toneladas de azúcar, 1 201 977 toneladas más que en 1952, debiendo cortar 79,6 millones de toneladas de caña, y utilizando, además del corte manual, corte y alza mecanizada.
Central Delicias, actual Central Guiteras, en 1950 (Foto: Cortesía del autor)
Pero en la Zafra de los diez millones, que comenzó a prepararse desde el segundo lustro de la década del 60, todavía Cuba poseía líneas principales de ferrocarriles, enlazadas con ramales dotados de transbordadores en prácticamente todas las colonias que, luego de expropiadas, fueron agrupadas en las llamadas “granjas del pueblo”, “cooperativas cañeras”, “granjas administrativas”, y más tardes, “distritos cañeros”, eufemismos todos empleados para enmascarar la liquidación de la propiedad privada de la agroindustria azucarera, que pasó a manos del Estado.
Batey es voz indígena usada para designar el espacio que ocupan los centrales azucareros y sus poblados. Y si para nuestros aborígenes el batey fue el centro de la vida espiritual y cultural de la aldea, donde se divertían con el areito y esa suerte de voleibol que conocemos como juego de batos, para nuestros campesinos, hasta mediados de los años setenta del pasado siglo, el batey no fue menos.
El batey fue mucho más que lo mostrado por la televisión estatal en el programa Palmas y Cañas. Pese a la explotación innegable, prohibida constitucionalmente, como el pago con vales, que sufrieron nuestros hombres de campo por la avaricia de una parte importante del empresariado, el batey significó progreso. Estaban en el batey el pozo o el aljibe con agua potable, la tienda mixta con víveres, ropa, calzado, herramientas, ferretería y aunque no en todos, la escuela primaria pública, el barracón para los trabajadores temporales o los inmigrantes antillanos, el garaje para los tractores, el transbordador y la báscula romana para pesar los bultos de cañas.
Pero el ramal de ferrocarril que llegaba hasta los transbordadores (grúas se les llamaba), y eran núcleo de un batey, no sólo servían para hacer azúcar, sino también para ir a la ciudad en los primitivos, pero puntuales transportes ferroviarios de la época, haciendo que el hombre de campo y su familia, mancomunadamente con personas no precisamente rurales, hicieran producir la tierra.
Aunque habitantes del campo, no pueden considerarse a todos los residentes que tuvo el batey población intrínsecamente rural, valga decir campesina, porque establecidos en esos asentamientos con el único propósito de ganar dinero produciendo caña para fabricar azúcar, mayoritariamente, los pobladores del batey fueron gente de ciudad, mejor o peor situados, o inmigrantes, europeos, norteamericanos y caribeños. Ellos fueron obreros agrícolas, operadores de grúas, pesadores, tractoristas, camioneros, carreteros, tenderos, cocineros, mecánicos, administradores, capataces, contables, colonos, etc.
Pero la mayoría de las comunidades rurales nacidas con la grúa cañera y el ramal de ferrocarril que les dio vida, uniéndolas con el central azucarero y proporcionándole la materia prima fresca, cosechada en el día, desaparecieron con el batey y con él una civilización que ha hecho desaparecer la agroindustria azucarera en Cuba.
Antes colonias cañeras, luego distritos y ahora Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), que fueran grandes suministradores de caña del otrora central Delicias, luego llamado Guiteras, Guabineyón, Santa Isabel, Ortiz y tantos otros, fueron ramales de ferrocarril y asentamientos de población rural, pero hoy son sitios abandonados, despoblados, a donde deben transportarse obreros cada mañana para cultivar los cañaverales, pero que ya, a las tres de la tarde, van en camino de sus casas con no pocas vicisitudes.
Al pasar por esos poblados muertos, uno intenta rememorar las madrugadas en ellos, pero, por mucho que uno lo intenta, no lo consigue. Y es que no se escucha el canto de los gallos ni se percibe el aroma del café carretero ni el olor de la caña recién cortada. Y no es que falte “disciplina” en la cosecha, lo que falta es vida en los campos de caña y en las personas que los cultivan. Así no se produce azúcar. En el próximo artículo exploraremos por qué.
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Algunas verdades sobre las falsedades

Foto: Archivo.Contra el “novedosismo” profesado por algunos marsupios academicistas, hay que repetir que las fake news, y su placenta la “posverdad”, nada tienen de “nuevas” en la añeja historia de engañar a los pueblos con premeditación, alevosía y ventaja. Y hay que repetirlo mil veces, no sea que alguno ya acaricie la idea de recibir premios por “hallazgos científicos” equivalentes a cambiarle de nombre al mismo verdugo ideológico que habita en las entrañas el capitalismo. Aunque los sabihondos publiquen libros, papers o artículos muy laureados entre ellos mismos.
En nada se ha empeñado más la ideología dominante (falsa consciencia) que en esconder la lucha de clases; en hacer invisible el hurto del opresor sobre el producto del trabajo y sobre las riquezas naturales. Esconder, cueste lo que cueste, las miles de trampas, crímenes y torturas pergeñadas para que los trabajadores -y nuestra prole- jamás nos percatemos de la emboscada en que vivimos, generación tras generación. Y, todo eso, salseado con retahílas de valores “éticos” y “morales” (jueces, iglesias, preceptores y gurúes) para defender la “propiedad privada” de los amos y su “derecho supremo” a mantener, bajo sus botas, el pescuezo y el cerebro de los oprimidos. Con toda la tecnología imaginable en sus manos, con todo género de modelos narrativos de masas… desde el confesionario hasta el futbol. La verdadera historia de un sistema de explotación ocultada con falsedades.
En la historia de la prensa burguesa está claro el desarrollo minucioso del sistema de falacias que acompaña la acumulación del capital y el despojo de quien no cuenta más que con su fuerza de trabajo para alimentar a su prole. En esa prensa se nota la falsificación de la realidad detrás de los relatos que, para hacerse creíbles, se disfrazaban de “doctos”, “técnicos”, “profesorales”… y fueron capaces de ir tejiendo una red amplia de contención que, además de mentir, facultó la proliferación de falacias inmunizadas contra el rigor de la comprobación. Es decir, fabricaron la enfermedad de la “fe mediática” por encima de los hechos. Suprimieron el rigor de la evidencia para imponer el fanatismo de la calumnia con “prestigio”. Marx lo vivió muy de cerca.
Esa catarata de falacias que vemos hoy desplegarse como parte del paisaje ideológico dominante, es un modelo de distorsión alambicado y perfeccionado (también) por catervas de intelectuales, académicos y científicos serviles al modelo de engaño que la burguesía necesita, diariamente, para darse sobrevida. En los cenáculos de esos “notables” se porhijan vocabularios y tipologías para rastrear minuciosamente los efectos de las falacias que van feneciendo, para asesorar en la producción de “novedades” capaces de ratificar, profundizar o ensanchar engaños “exitosos”. Nada nuevo.
En el top ten de las falacias burguesas tenemos, por ejemplo (lista fabricada “al vuelo”): 1) USA ganó la Segunda Guerra Mundial. 2) Hay “Armas de Destrucción Masiva en Irak”. 3) El “Fin de la Historia” y el paraíso de la “economía de mercado”. 4) La portada del Diario el País de España sobre la muerte de Hugo Chávez. 5) La niña Frida-Sofía inventada por TELEVISA de México. 6) Todo el affaire contra Julián Assange. 7) El apoyo del Papa a Donald Trump. 8) Los médicos cubanos son espías según la prensa oligarca argentina. 9) China fabricó el coronavirus. 10) La economía colapsa por el COVID-19.
Detrás de cada falacia producida en las entrañas de la ideología dominante, están los intereses mercantiles más perversos en la historia de la humanidad. Eso también ha roto sus propios límites y se ha perfeccionado. El nivel de las mentiras también exige perfeccionar a sus mentirosos y por eso se los entrena en la producción y en la distribución de falacias. Algunos, mercenarios de la falsedad, están dispuestos a ir siempre más lejos y soy capaces de arreglar cualquier escena o texto para halagar a sus amos y sentirse “líderes de opinión farsante”. Anhelan liderar la agenda de las mentiras y hacer de eso un negocio suculento. Tal cual el grupo Clarín, BBC, CNN, TELEVISA, TV AZTECA… y toda la mafia del Plan Cóndor Mediático que opera en Latinoamérica y en el mundo entero. Donde hay bases miliares hay bases mediáticas. Son ocho los dueños del 90% de los mass media mundiales.
Convirtieron las falacias en artillería diaria contra la inteligencia popular y contra las luchas emancipadoras. Y por eso, esto no es un problema de “comunicación”, como se empeñan en hacernos creer algunos sicarios de la academia. Esto es un problema de economía y de Seguridad Nacional. Es una Guerra de Información (o desfiguración de la realidad) que tiene raíces y consecuencias terribles por las que estamos pagando “precios” excesivamente altos. No debemos enfrentar esta Guerra sólo con las “armas de la crítica”.
Es necesario desplegar un mapa de acciones que nos permita, al tiempo de desarmar el “campo minado” con fake news, caso por caso; desmontar las fabricas de producción, su lógica de producción y sus sistemas de distribución. Exhibir su base económica sistemáticamente. Y eso requiere de organización teórica y metodológica. Requiere formación política humanista dispuesta a impedir el predominio del capital sobre los seres humanos.
No permitamos el reduccionismo de los “expertos” que pretenden anestesiarnos con teorías semióticas contemplativas o con estadísticas de cuño burocrático, que es el único idioma del burocratismo y del reformismo. La lucha contra las falacias informativas, y contra toda falacia, es parte de la lucha por la emancipación de la clase oprimida ante las canalladas económicas e ideológicas de la clase opresora.
Urge impedir que la distorsión de la realidad, producida cotidianamente con las armas de guerra ideológica del capital, pero sólo podrá impedirse con las armas de la ciencia emancipada y emancipadora en manos de los pueblos. Y no hay tiempo que perder. Las próximas falacias ya están en el horno de los mass media y serán servidos temprano durante el desayuno. ¿Qué hacemos? La verdad es siempre revolucionaria.
Vea además:
El doble rasero y la manipulación mediática

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Pablo Milanés en La Habana: Comienzo y final de un reencuentro

Pablo Milanés realizó un concierto único en La Habana como parte de su gira Días de Luz. Foto: Ariel Cecilio Lemus.Pablo Milanés volvió a La Habana, a esa Habana pletórica de cromatismos y columnas, vitrales y mestizajes. Este concierto –insertado por Pablo dentro de su gira Días de Luz– llegó a nuestra capital con el formato de trío, una formación casi desconocida para nosotros, acostumbrados durante años al sonido de banda que nos hace acudir una y mil veces a la memoria afectiva cuando se habla de más de 40 años de canciones escritas por él.
Es importante recalcar el apoyo y colaboración de diversas instituciones cubanas para la realización de este concierto único en La Habana, entre ellas, el Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano de la Música, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación; además del equipo de trabajo de Pablo, con lo cual se logró una puesta en escena edificada a muchas manos, con el respeto y camaradería propias de un empeño como este. Todo ello también transitó por fértil vereda, en mi opinión, gracias al excelente diseño y concepción sonora de Mauricio Blanco, conocedor desde hace años del concepto musical de Pablo y su estrecho colaborador en estas lides. Vale resaltar el esfuerzo colosal de todas las instituciones para propiciar este encuentro en medio de una delicada situación energética para el país. El apoyo desde el primer momento a este proyecto de honda valía para la audiencia nacional demuestra la proyección de inclusividad y de defensa de nuestro arte y nuestra cultura, esencias que sigue amparando la institucionalidad cubana.
¿Qué novedades traía este encuentro con Pablo? El tiempo y la obligada ausencia del trovador de escenarios nacionales, marcado por la pandemia de COVID-19, en gran medida lograron –quizás– acrecentar las expectativas de su público insular.
“Para este concierto en la capital fueron escogidas unas 20 canciones de momentos varios y no solo de las etapas creativas más conocidas de Pablo”.
Cuando se habla con seriedad de su legado autoral, innegable por demás, también deberán adicionársele los diferentes momentos de dirección musical de sus variopintas etapas, y de figuras importantísimas en el entorno cubano y personal de Pablo. Si nos remontásemos a una llamada etapa inicial en cuanto a formato de pequeña banda para sesiones de grabación y, posteriormente, para presentaciones, hay que recordar a Emiliano Salvador (piano), Frank Bejerano (drums), Eduardo Ramos (bajo) y, más tarde, Jorge Aragón (piano y dirección musical), a quienes también se le sumaba la guitarra del cantautor dibujando algunos colores en no pocas canciones. Luego vendrían otros músicos a integrar dicho formato, aunque ya se les agregaban aditivos que se correspondían con necesidades expresivas de Pablo y, lógicamente, con la búsqueda y consolidación de nuevas estéticas compositivas. Osmani Sánchez (drums), Orlando Sánchez Cubajazz (sax tenor), Miguel Núñez (piano, teclados, dirección musical), Eugenio Arango (percusión cubana), Germán Velazco (flauta, sax soprano, teclados), Lázaro Dagoberto González (violín, teclados) también aportaron indudablemente.
Si nos centramos y analizamos someramente parte de su aventura discográfica, notaremos que Pablo fue evolucionando desde la concepción del trovador con guitarra hasta llegar a un universo colmado de atrevidas sonoridades, donde el concepto de “acompañar” ha tenido una importancia vital para su proyección. Recordemos en esa línea un proyecto en vivo que culminó en un disco de 1992, cantando boleros y canciones en Tropicana con un eje acompañante fundamental: el guitarrista Martín Rojas, tal vez en una suerte de canalizar intentos discográficos anteriores, cuando Pablo interactuaba también junto a Compay Segundo o Cotán, por ejemplo. Siendo morfológicamente coherentes, no puede sorprendernos entonces que Pablo retome un concepto concertante como el de esta gira, conformado por guitarra (él), piano y chelo.
Arduo y coherente trabajo el de Miguel Núñez en el piano y la dirección musical, así como el de la cellista, también cubana, Cary Rosa Varona. Foto: Ariel Cecilio Lemus
De esa manera nos sumergimos en el politonal mundo de viejas y nuevas canciones que adquieren un sabor diferente, revisitadas y con profundas miradas, incluso más exigentes de lo que podamos imaginar. Un trabajo arduo y coherente de Miguel Núñez en el piano y la dirección musical, así como la chelista, también cubana, Cary Rosa Varona, en una travesía exenta de simplismos y maniqueísmos. Para este novedoso trío, el peso recae no solo en la destreza de sus intérpretes, sino además en la sutileza y los matices de cada arreglo, a lo que debemos sumarle el aprovechamiento de las potencialidades de cada músico en escena.
Para este concierto en la capital cubana fueron escogidas unas 20 canciones, de momentos varios y no solo de las etapas creativas más conocidas de Pablo. Fruto también de colaboraciones y experimentaciones llegaron: “Cuando tú no estás” y “Flores del futuro” (Flores del futuro, 2016, con música de Miguel Núñez y textos de Pablo), así como “Los males del silencio” (Renacimiento, 2013). El resto fueron temas muy conocidos que comprendían casi toda una época de la canción cubana y latinoamericana que es imposible no admirar.
¿Pero, cómo mantener en vilo un encuentro así con tan solo dos instrumentos como protagonistas? Pienso que la combinación piano-chelo, así como el sentido de contra canto de este último con la voz y, obviamente, con el piano, más allá de traducirse en aversión sonora se convierte en un elemento concertante del más férreo rigor musical. Si ahondamos en la literatura de la música de cámara, encontraremos el conocido Trío de piano, conformado normalmente por un violín, encargado de la melodía principal, un chelo a cargo de los bajos y de responderle con melodías secundarias (contra canto) al violín, y un piano, que solía encargarse de la armonía, e incluso, a veces, de la melodía. Era uno de los grupos de cámara más utilizados en el siglo XVIII llegando incluso al XIX. Para nuestra comparación, solo tendríamos que eliminar el violín de este ejemplo y reemplazarlo con la voz, resultando increíblemente concordante el resultado sonoro. El mismo concepto cameral de ese formato europeo es el asumido hoy por Pablo y sus músicos, también enriquecido por los aportes vocales de Miguelito y Cary Rosa para contextualizar algunas canciones que, concebidas por Pablo, llevan obligatoriamente el uso de la segunda voz, como, por ejemplo: No ha sido fácil, Si ella me faltara alguna vez, Canción (conocida popularmente como De qué callada manera, poema de Nicolás Guillén) y otras escogidas para este encuentro.
Miguelito Núñez y Pablo. Foto: Ariel Cecilio Lemus.
La máxima exaltación y ejecutoria de cada uno de estos músicos para lograr una comunión perfecta es el soporte ideal de estos conciertos, concebidos con un aparente minimalismo de apenas un protagonista con dos acompañantes durante más de hora y media de programa. Ello va más allá de esa visible ecuación para replantearnos una atrevida sugerencia conceptual que, reitero, ha estado presente en la carrera de Pablo, a veces más o menos marcada, pero siempre latente.
Dentro de esas reminiscencias que deben concatenarse con la dramaturgia de cada tema y que rozan la incesante búsqueda de un arreglista como Miguelito Núñez, podríamos apuntar hacia la mencionada No ha sido fácil, al agregársele una hermosa y difícil introducción instrumental. A modo de leitmotiv, esa pieza ya tenía vida propia dentro de la banda sonora que le fue encargada a Pablo en 1985 para la serie televisiva Algo más que soñar; para este arreglo se le añade dicho pasaje al inicio de la canción. Así, evidentemente, se busca seducir a nuevas audiencias gracias al lirismo y fraseo enérgico del chelo o, en otro sentido, preparar auditivamente a quienes pertenecemos generacionalmente a esa fértil etapa musical de Pablo.
Pablo nos hace creer que siempre será el comienzo y final de una hermosa canción en esta, su Isla que siempre le aguarda con respeto y amor infinitos. Foto: Ariel Cecilio Lemus.
Para algunos, esta visita de Pablo y su gira a La Habana abre o cierra ciclos; para unos es reencuentro y para otros es primera vez, cuando los rumores alertan sobre un posible retiro del cantautor. Pero su voz aún robusta a pesar del tiempo y su salud, nos hace creer que siempre será comienzo y final de una hermosa canción en esta, su isla que siempre le aguarda con respeto y amor infinitos.
(Tomado de La Jiribilla)

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El petróleo cubano y la producción de energía eléctrica sin apagar el futuro

Termoeléctrica Antonio Maceo. Foto: ACN.La generación de electricidad con plantas termoeléctricas tradicionales se realiza en varios pasos: i) producir vapor de agua a presión, ii) usarlo para activar las turbinas, que son rotores con veletas que se mueven por impulso de chorros de fluidos a presión; iii) producir electricidad con esa rotación en forma de corriente alterna al mover campos eléctricos y magnéticos, unos con los otros.
Todos estos pasos en una industria requieren mantenimiento de sus componentes. Pero la parte más sometida a desgaste es la caldera donde se produce el calor para calentar el agua y evaporarla. Es un infierno donde se busca de alguna forma producir la mayor cantidad de calor posible y transferirlo eficientemente al agua. Hoy existen varios métodos comerciales para ello, incluyendo el aprovechamiento de la energía solar y de la fisión nuclear. Pero en Cuba usamos fundamentalmente todavía la tradicional de “quemar” algo, que puede ser petróleo, o una fracción procesada de este, o bagazo de caña y otros residuos agrícolas.
Es inevitable que nos venga a la mente lo bueno que sería usar los rayos de ese sol nuestro tan intenso para concentrarlos y evaporar el agua que moviera las turbinas. Existen fábricas que lo hacen. Están situadas en desiertos donde el uso del terreno no es costoso y las nubes son escasas. Se cubre un área de espejos que apuntan a un concentrador donde se calienta el agua hasta producir vapor para las turbinas.
Pero nosotros no podemos darnos el lujo de usar inmensas áreas para ello. Además de que solo funcionan de día, y preferiblemente sin nubes Tampoco tenemos reactores nucleares que podrían producir el calor. Por otra parte, nuestra biomasa principal renovable que podemos quemar, que es el bagazo de la caña de azúcar, no la hemos desarrollado suficientemente para este propósito y más bien está escaseando. Eso da para otro artículo.
El petróleo es esencialmente una mezcla de compuestos químicos donde predominan con mucho los de carbono (C) e hidrógeno (H). Cuando estos se queman producen calor, agua y CO2, todo en forma gaseosa. Pero las mezclas del petróleo natural varían de acuerdo con sus yacimientos y los cubanos no hemos tenido mucha suerte de que la naturaleza nos proveyera de grandes cantidades de petróleo, ni siquiera de uno que fuera razonablemente viscoso y “puro” de compuestos de H y C. Al menos hasta ahora.
Las refinerías de petróleo tienen instalados muchos procesos que permiten que del petróleo crudo se puedan sacar los componentes más “ligeros” o evaporables que predominan en la gasolina y en el gas de propano-butano, y los más pesados, que comienzan con el combustible de aviones y terminan con el llamado “fuel oil”, pasando por el diésel. Es el “fuel” el que se usa en las calderas para la producción de electricidad de este mundo. Se trata de lo que queda después de quitar las “fracciones” menos pesadas, pareciéndose cada vez más al asfalto, pero con cierto nivel de purificación, pues se han eliminado bastantes compuestos metálicos y de azufre que son indeseables para la combustión.
Nuestro petróleo es en general muy viscoso. Resulta muy difícil de refinar y de purificar por razones físicas que derivan en barreras tecnológicas. Para ello, se suele hacer más fluido mezclándolo con petróleos menos viscosos. Si se quema directamente, tal y como estamos haciendo actualmente en nuestras plantas termoeléctricas, lo que produce la mayor cantidad de calor es todo lo que se basa en carbono e hidrógeno.
Pero en ese infierno de las calderas las impurezas con otros elementos también se transforman produciendo sustancias que pueden incrustar con verdaderas piedras el recinto de combustión. Algunos de esos productos dan reacción ácida, otros alcalina, pero todos conspiran contra la caldera en ese caos de reacciones químicas que es el plasma ígneo. Otros productos indeseables son óxidos gaseosos de azufre que pasan a la atmósfera y cuando se mezclan con el agua de lluvia la acidifican, contaminando así la tierra. También se produce sulfuro de hidrógeno (SH2), muy venenoso y afortunadamente apestoso, por lo que los humanos lo detectamos muy fácilmente y así lo rechazamos si podemos y evitamos morir intoxicados.
¿Tenemos soluciones para seguir produciendo energía soberana sin dañar la industria? Tienen que existir. Una puede ser la de usar o desarrollar procesos que permitan desulfurizar y reducir metales en el petróleo viscoso. No somos los únicos que tenemos este problema. Existen tecnologías más o menos eficientes y también literatura que las explican. Desafortunadamente, no parece ser un problema resuelto totalmente. Otra es yendo al seguro, pero con efectos a mediano y largo plazo. Tenemos que cambiar radicalmente desde ya nuestra matriz de producción de energía con metas realmente ambiciosas, a la altura de los tiempos y como corresponde a un proceso revolucionario.
Pero ahora mismo y solo disponiendo de nuestro petróleo pesado es preciso hacer un importante esfuerzo de inteligencia y despliegue tecnológico. Puede ser logrando una refinación viable y tener el mejor “fuel” posible, aunque no sea óptimo. Puede ser rediseñando las calderas para que las incrustaciones y otros efectos indeseables se puedan enfrentar mejor. Puede ser que de las dos formas combinadamente. Puede ser con otras alternativas, siempre con un enfoque sistémico y no reduccionista. Pero hay que hacer algo porque es preciso producir la energía con las plantas que tenemos y no condenarlas a muerte. “Nunca es tarde si la dicha es buena” reza un viejo refrán. Queda mucho petróleo viscoso e impuro para usar.
El cambio total de nuestra matriz energética es de obligado enfrentamiento. La humanidad se ha dado cuenta del inmenso daño que le hemos hecho al entorno arrojando indiscriminadamente millones de toneladas de carbono en forma de CO2 y otros gases a la atmósfera en solo un siglo. Ya existen convenciones internacionales que penalizan el consumo de petróleo para la producción de energía y premian a las fuentes alternativas. Estas, por otra parte, son cada vez más variadas y eficientes, desde paneles que producen electricidad de la luz solar con excelentes prestaciones y cada vez más baratos hasta parques eólicos gigantes que usan el viento de los mares, el mismo que se desperdicia desde que la navegación a vela dejó de predominar.
Lo que si debemos aprender de una vez es que las soluciones son diversas como la vida misma. No se pueden basar solo en generación distribuida moderna y eficiente, ni solo en parques solares, ni solo en estaciones eólicas costeras, ni solo en techos domésticos que masivamente se autoabastezcan de energía y pongan la sobrante a disposición de la red, ni solo en las futuras plantas de fusión nuclear. Una combinación inteligente, como le toca a una sociedad que se precia de valorar los intereses de todos como prioridad, acelerada y a la altura de los tiempos seguramente que nos traerá bienestar y soberanía energética a los cubanos. Solo tenemos que seguir ideas e iniciativas que seguramente ya existen en las mentes de muchos de nuestros conocedores y promover innovaciones que seguramente aparecerán, si se gestionan bien.

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Tras la huella sí, pero no

Foto: Tras la Huella/Facebook/Archivo.En el centro de investigaciones del ICRT no tienen aún los resultados de los niveles de teleaudiencia y gusto de las últimas emisiones de Tras la huella, pero el 5 de junio hubo una teleaudiencia del 45.2% y el 12 de junio la cifra llegó al 48.2%, altos porcentajes, teniendo en cuenta que se trata de un domingo por la noche.
Supongo que en las dos últimas entregas ese índice haya bajado porque si normalmente el programa no presenta ni guion ni dirección merecedores de aplausos, esta última temporada es de lo peor transmitido.
El reconocido historiador y profesor universitario Fabio Fernández escribió en Facebook: “Si alguien está interesado en aprender cómo NO SE HACE UN POLICÍACO, no debería perderse, bajo ningún concepto, ese bodrio llamado Tras la huella. En sentido general, nunca me ha gustado demasiado el espacio -por soso, por plano, por sus personajes sin sal, por la ausencia en muchas oportunidades del misterio inherente al género- pero las dos últimas emisiones han sido espantosas. En fin…”.
A su vez, el también profesor Félix Julio Alfonso López comentaba: “Completamente de acuerdo. Es un programa agotado como propuesta televisiva desde hace mucho tiempo, con guiones de bajísimo nivel estético y parece hecho para personas con un coeficiente intelectual muy limitado”. Mientras el escritor y guionista Eduardo Vázquez dejó escrito: “Y como se resisten a ver lo obvio, a trabajar de espaldas a la larga historia del género policial. Un tempo narrativo y una dinámica visual no propios del policíaco contemporáneo”.
Luis Enrique Ramos decía: “Puro facilismo. Factura lineal, similar a la de un reportaje para el NTV”, y Javier Pérez razonaba: “Creo que los problemas de la serie son un reflejo de esa postura oficialista de plasmar la autoridad como perfecta. Los personajes de las fuerzas del orden apenas parecen humanos, inmaculados y los delincuentes son seres anómalos cuya maldad es especial”.
Por su parte, Luis Fidel Acosta Machado recordaba: “Y lo más triste del asunto es que se pueden hacer cosas buenas, ahí está UNO para demostrarlo, pero cuando el objetivo no es entretener sino transmitir un mensaje por demás manido, entonces ahí tienes Tras la huella y su espantosa factura”.
Y la directora de radio Caridad Martínez González afirmó: “Fabio, tienes toda la razón. Yo siempre he sido seguidora de todos los policíacos en TV. Los dirigí en Radio y en TV, no me perdía primero Sector 40 y Móvil 8, después DÍA Y NOCHE, EN SILENCIO HA TENIDO QUE SER, JULITO EL PESCADOR, UNO Y FINALMENTE TRAS…”.
A la par que la colega Caridad Miranda Martínez decía: “Lamentablemente, la calidad de estos programas deja mucho que desear”.
Los comentarios apuntan a diferentes asuntos y, por esos razonamientos, me pregunto si una serie que conquistó público y crítica, como Su propia guerra, ¿podría realizarse hoy?
Existe además un ejemplo cercano: Unidad Nacional Operativa, UNO, la cual mostró que se puede hacer un policiaco más cercano a la realidad, con oficiales en los que corre sangre por las venas no horchata, y que pueden cometer errores como buenos homo sapiens que son los policías.
Me parece que si la televisión cubana quiere salvar un género que tanto gusta a una buena parte de los televidentes, pueden escribir guiones basados en obras publicadas que han sido buenas y populares, porque si las historias “por estar basadas en hechos reales” dan pie a guiones lineales, insulsos, sin personajes caracterizados, entonces que la televisión le encomiende a uno, dos o tres guionistas trabajar el género a partir de piezas de ficción que ya han demostrado su eficacia.
Lo que si me parecería un desatino es renunciar a un género que ya tiene público asegurado o seguir televisando capítulos que son un mal precedente. Sin hablar de la cantidad de recursos que se gastan en esos programas.
(Tomado del Portal de la TVC)

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Eternamente, Pablo

Tras presentarse en escenarios de España y Estados Unidos, la gira “Días de Luz” hace una parada en La Habana para luego continuar en el país ibérico.

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Eternamente, Pablo

Tras presentarse en escenarios de España y Estados Unidos, la gira “Días de Luz” hace una parada en La Habana para luego continuar en el país ibérico.

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Cuba está firmemente comprometida con el desarme nuclear

Cuba está firmemente comprometida con el desarme nuclear.Intervención del ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en la Primera Reunión de Estados Parte del Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares
Señor presidente:
Lo felicito por su elección, así como a los demás miembros de la Mesa de esta histórica primera reunión de Estados Parte en el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), cuya entrada en vigor, el 22 de enero de 2021, marcó un hito. Por primera vez, quedó establecido en un instrumento internacional jurídicamente vinculante que las armas nucleares no son solo inhumanas, inmorales y éticamente indefendibles; sino también ilegales.
Nos reunimos en un contexto complejo, en el que nuestras naciones enfrentan serios desafíos de seguridad.
Se intensifican las guerras no convencionales, se incrementan y modernizan los armamentos, y se socavan impunemente la paz y seguridad internacionales. Se debilita el multilateralismo y se erosiona la maquinaria de desarme de las Naciones Unidas.
Vivimos el absurdo de un mundo que derrocha recursos exorbitantes en armamentos, incluyendo armas nucleares, mientras se incumplen los compromisos de ayuda para el desarrollo, aumenta de forma desproporcionada la polarización de la riqueza y millones de personas continúan siendo víctimas del hambre y la pobreza.
El gasto militar mundial, que ha venido creciendo de manera vertiginosa en los últimos 7 años, alcanza ya un récord histórico, y sobrepasa por primera vez la cifra de 2 millones de millones de dólares. Solo Estados Unidos dedicó en 2021 más de 800 mil millones de dólares a la industria de la guerra.
Los gastos millonarios en armas deberían destinarse a garantizar una vida digna para todos los seres humanos.
En vísperas del 77 aniversario de los criminales bombardeos atómicos que sembraron destrucción y muerte en Hiroshima y Nagasaki, nada justifica que la humanidad siga estando amenazada por la existencia de más de 13 mil armas nucleares, 3 mil 825 de las cuales están desplegadas, listas para su empleo inmediato.
La eliminación total de las armas nucleares, de forma transparente, verificable e irreversible, es y debe continuar siendo la máxima prioridad en la esfera del desarme. Es la única manera de garantizar que la humanidad no sufrirá nunca más su terrible impacto.
Señor presidente:
Cuba está firmemente comprometida con el desarme nuclear. El liderazgo de nuestro país en la elaboración y negociación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares fue otra demostración de ello.
Por iniciativa de Cuba, apoyada por el Movimiento de Países No Alineados, la Asamblea General de la ONU aprobó designar el 26 de septiembre como “Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares”.
En ocasión de la reciente presidencia cubana de la Conferencia de Desarme, una de nuestras prioridades fue la promoción del desarme nuclear.
Esa posición es consistente con los principios de política exterior refrendados en la Constitución de la República, entre los cuales se establece que Cuba rechaza la existencia, proliferación o uso de armas nucleares.
Nos enorgullece haber sido el quinto Estado en ratificar este Tratado y que nuestra región cuente con el mayor número de sus actuales Estados Parte.
Cuba pertenece, además, a la primera región del mundo en proclamarse como una Zona de Paz, en virtud de la cual América Latina y el Caribe ha identificado como prioridad la promoción del desarme nuclear.
Señor presidente:
El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares es la primera norma jurídica internacional que prohíbe categóricamente las armas nucleares en toda circunstancia y dispone su total eliminación.
Este importante instrumento, que califica explícitamente el uso de las armas nucleares como un acto contrario al Derecho Internacional y al Derecho Internacional Humanitario, complementa la arquitectura internacional de seguridad, desarme y no proliferación.
Tenemos la responsabilidad de adoptar, en esta primera reunión, importantes decisiones dirigidas a garantizar la efectiva implementación del Tratado y su universalización. La delegación cubana contribuirá en todo lo posible a ese propósito.
Señor presidente:
Lograr el desarme nuclear es una cuestión de supervivencia. El momento de pasar a la acción es ahora.
Como dijera el líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz, luchador incansable en favor de la paz y el desarme nuclear, y cito:
“El uso de las armas nucleares en una nueva guerra implicaría el fin de la humanidad (…) Cualquier gobierno del mundo está obligado a respetar el derecho a la vida de cualquier nación y del conjunto de todos los pueblos del planeta (…) Cuando la vida de su especie, de su pueblo y de sus seres más queridos corren semejante riesgo, nadie puede darse el lujo de ser indiferente, ni se puede perder un minuto en exigir el respeto a ese derecho; mañana sería demasiado tarde (…) En una guerra nuclear el daño colateral sería la vida de la humanidad”.  Fin de la cita.
Merecemos y necesitamos un mundo de paz duradera, justa y sostenible para todos. Un mundo libre de armas nucleares, por el bien de las presentes y futuras generaciones.
Muchas gracias
(Tomado de Granma)

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El canto de Barnet y el Código de las Familias                      

LA HABANA, Cuba. — Para Miguel Barnet, uno de los principales intelectuales orgánicos del régimen castrista, el proyecto del Código de las Familias es “un canto a los derechos humanos” y “un  texto donde cabe la vida de todos los cubanos”.
El escritor, poeta y etnólogo sabe que en la vida real —como se titula un libro suyo—, para ser incluido en el proyecto de marras, un cubano debe travestirse en el plano político-ideológico, como lo hace en el plano de la identidad de género el personaje de su relato Fátima o el Parque de la Fraternidad. 
El “respeto a las diversidades” que dicen preconizar los voceros del régimen con este Código de las Familias no incluye el derecho a pensar libremente.
Por experiencia propia, Barnet sabe que sin el derecho a pensar y opinar libremente, de nada sirve que sean incluidos y refrendados en el Código el resto de los derechos.
La ingenuidad mostrada por muchos cubanos que ven como un logro la inclusión en el Código de las Familias del matrimonio igualitario y otros derechos no la puede tener Barnet, un viejo camaján intelectual que sufrió las de Caín para no sucumbir bajo los escombros de Ediciones El Puente o en la cacería homofóbica y antiartística generada por la Parametración durante el Quinquenio Gris.
¿Acaso ha creído alguien que una familia cubana integrada por un musulmán disidente, una católica que ejerce el periodismo independiente y una pareja de hombres gais integrados a un grupo de la oposición será protegida en un Código de las Familias que no admite nada contrario a la revolución?
Miguel Barnet, que ha tenido que caminar sobre las resbaladizas alfombras rojas del poder, sabe bien que un régimen dictatorial que asegura de forma pública y prepotente que las calles y las universidades son solo para los revolucionarios, nunca aceptará el derecho a disentir. 
El autor de Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel y Gallego, miente descaradamente cuando califica como “inclusivo y emancipador” un Código que solo servirá para controlar aún más a las familias cubanas e inmiscuirse en la vida privada de las personas. 
Dan pena los intelectuales plegados al régimen como Barnet. Tanto presumir de tener un pensamiento avanzado en defensa de la humanidad y no son capaces de defender a sus compatriotas que son víctimas del engaño, el miedo y la represión.
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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El Código Penal aún inédito ya se aplica en los procesos de casación en Cuba

CIUDAD DE MÉXICO. – El nuevo Código Penal cubano fue aprobado por el Parlamento el 15 de mayo del presente año. Un mes después visitamos los sitios oficiales del Ministerio de Justicia y del Parlamento, pero la nueva ley no ha sido publicada. Esa falta de información vital para la población y la defensa de sus derechos es habitual e intencional desde hace 63 años, en una dictadura que a pesar de su institucionalización nunca ofrece reglas fijas de convivencia y de resolución de conflictos, sino que actúa de manera arbitraria y discrecional.
Sin embargo, las autoridades del Tribunal Supremo en su comunicado del 16 de junio pasado, ya utilizan los delitos del nuevo Código inédito para reprimir a los manifestantes del 11 de julio de 2021. Incluso, la fundamentación del Tribunal Supremo en los juicios de casación a favor de 23 manifestantes de La Güinera reza que los imputados, “obedeciendo” órdenes externas e internas, “intentaron subvertir el orden constitucional, de forma violenta”.
El delito de “atentar contra el orden constitucional” es un delito nuevo inventado e incorporado al nuevo Código Penal; un delito vago y muy mal definido que se aplica según los criterios de la Policía política. Como el otro delito penal inventado ―“el ejercicio arbitrario de los derechos constitucionales”― no existía en el momento del estallido popular nacional del 11 de julio.
Estamos así, frente a la flagrante violación del principio de retroactividad de la ley, que en la propia Constitución de 2019 figura como una garantía a favor de los procesados. Las propias autoridades violan los derechos y garantías de su propia Constitución.
Otro delito penal que se mantiene en el nuevo Código es el de “propaganda enemiga”, el cual no existe en ningún Estado democrático. Fue inventado por la legislación soviética estalinista para criminalizar a todo discrepante político. Prohíbe la libertad de expresión oral o escrita de quien disienta de la dictadura y de sus políticas públicas. Las penas por este delito se mantienen en el nuevo Código Penal con sanciones de hasta ocho años de privación de libertad. 
La suspensión de las garantías constitucionales en Cuba se produjo desde el 7 de febrero de 1959 con la “Ley Fundamental”, que suspendió la Constitución de 1940, una de las más avanzadas en ese momento en Latinoamérica. Allí se explicitaba la suspensión de los derechos de libre expresión, asociación, manifestación, libertad de los individuos, violación a la correspondencia, presunción de inocencia y la obligatoriedad de no ejercer violencia ni coacción contra los detenidos, entre otros. 
Todos esos derechos fueron suspendidos por el Ejecutivo del gobierno de manera discrecional y sin control público alguno. Si revisamos la Constitución de 1976, no aparecen garantías constitucionales; tampoco luego de la reforma de 1992. Las que aparecen en la Constitución de 2019 son violadas de facto por las autoridades desde su aprobación.
Es decir, la suspensión de las garantías constitucionales, rasgo central de cualquier dictadura, existe en Cuba desde 1959. 
En cuanto al “ejercicio arbitrario de derechos constitucionales” vimos que en la legislación mexicana, por ejemplo, se trata de un delito penal que se cancela con una multa. Ocurre cuando un individuo ha sido estafado o violado en sus derechos por una institución o por otro individuo privado y la respuesta de la víctima es tratar de hacer justicia personal al margen de los tribunales. 
En cambio, en el nuevo Código Penal cubano, “el ejercicio arbitrario de derechos constitucionales” se aplica a los manifestantes pacíficos, a los que publican en las redes sociales fotos y comentarios sobre la realidad nacional, a los que manifiestan su descontento ante las políticas gubernamentales, a los activistas, opositores, artistas, periodistas independientes e incluso a los que reparten octavillas con pensamientos de José Martí, a los que cantan “Patria y Vida” y exigen libertad, y aquellos que graben las imágenes de las manifestaciones populares. 
Es decir, el nuevo Código Penal criminaliza los derechos de libertad de expresión, manifestación pacífica, reunión, asociación, con penas de cuatro a diez años y los considera “atentados al orden constitucional”.
Por otra parte, el nuevo Código Penal criminaliza el financiamiento nacional o internacional para todos los individuos que trabajen al margen del Estado. El artículo 143 considera que cualquier actividad al margen del Estado se convierte de facto en actividad “contra” el Estado, por lo tanto penaliza y criminaliza toda actividad ciudadana que no dependa del Estado con penas de cuatro a diez años de prisión. 
Este rasgo de criminalizar la autonomía ciudadana de cualquier tipo, económica, social, cultural, civil, política, laboral y jurídica es lo que tipifica a la dictadura cubana como totalitaria. Por eso, los productores cubanos son rehenes de la dictadura, los juristas independientes no pueden trabajar, los artistas no pueden crear al margen del Estado, los profesionales no pueden trabajar de manera independiente y todos los ciudadanos son entendidos como “apéndices estatales”. Por eso, también los médicos y enfermeras, todos los trabajadores de la Salud, son considerados funcionarios estatales sin independencia para romper un contrato como cualquier ser humano en el resto del mundo. De hecho, el nuevo Código Penal condena a ocho años de prisión a los profesionales que quieran romper un contrato laboral con el Estado.    
Con un modelo institucional copiado del estalinismo soviético desde los inicios de los años 70 del siglo pasado, la legislación que le acompaña es cada vez más estalinista y totalitaria, al suspender todas las garantías constitucionales por ley y de facto, pero igualmente al criminalizar abiertamente toda autonomía ciudadana.
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Three Dog Night, mensajeros de la libertad

MIAMI, Estados Unidos.- Mi celebración del Día de los Padres concluyó con otros de esos exorcismos que debo a la cerrazón castrista. Luego de medio siglo pude disfrutar finalmente de un grupo que solía escuchar en el radio de baterías japonés traído de Hialeah, luego de la errónea repatriación a Cuba de mi familia en 1962.
Mi esposa sabe de la emoción que me embarga cuando tengo la satisfacción de afrontar en vivo la banda sonora personal de mis sueños.
Con la hora y tanto que nos dispensó el legendario grupo Three Dog Night me di cuenta, otra vez, por qué en medio de aquel desasosiego dictatorial a finales de los años sesenta, y casi toda la década de los setenta, estos músicos y cantantes de Los Ángeles, California, nos hicieron tan felices en la distancia, de modo insospechado, con sus armoniosos éxitos.
Durante el concierto uno de los intérpretes explicó como Three Dog Night escapa a la obsesión de encasillamiento que caracteriza a la industria de grabaciones musicales en los Estados Unidos.
Cuando argumentó sobre tal circunstancia, y volvía a preguntarse cómo clasificar a la agrupación, alguien del público grito que Three Dog Night pertenecía a la categoría “awesome”.
Aquel radio mítico y salvador de mi juventud, enfundado en cuero, funcionaba con baterías pequeñas, a la larga inexistentes en el desabastecimiento nacional crónico.
Mi padre siempre ingenioso ideó una manera de solucionar el asunto soldando seis baterías rusas del tipo D que creaban una suerte de prótesis pegada a la parte trasera del radio que lo despojaba de su sofisticado diseño.
Inolvidables aquellas jornadas nocturnas en la azotea del edificio 29 o en los bancos de parques aledaños de la Habana del Este, con amigos que sentían devoción por el rock y otros géneros populares de la música americana, escuchando la emisora WQAM, que se abría paso con bastante claridad en una densa atmósfera de coacciones.
Era lo más cerca que estaríamos de la añorada libertad. WQAM está entre las emisoras más antiguas del sur de la Florida, fundada en los años veinte del pasado siglo. A partir de los sesenta fue capital en la divulgación de la avalancha inglesa en los Estados Unidos encabezada por The Beatles. Luego incluyó el entrañable programa sindicalizado nacionalmente de Casey Kasem, con la lista de los 40 éxitos semanales de la preferencia del público americano, que siempre aguardamos con ansiedad.
Entre los años 1969 y 1975 Three Dog Night colocó 21 de sus éxitos en la exclusiva lista de los llamados “Top 40”. Tres de los cuales llegaron hasta la cima del número uno y muchos merecieron discos dorados por haber vendido el añorado millón de unidades.
La noche del concierto en Coral Springs, ciudad cercana a Miami, el grupo repasó su cancionero estelar. Cada interpretación identificada desde los primeros acordes por el público, que colmaba el teatro con particular entusiasmo participativo.
Ahora afortunadamente soy parte de esa generación gloriosa conocida como “Baby Boomers”, que está como de regreso disfrutando la nostalgia de una época musical sin parangón hasta el momento.
Las famosas interpretaciones de Three Dog Night manifiestan el libre albedrio que nos faltó a la juventud cubana de aquellos años contraculturales en el mundo, donde la sociedad sometida de la isla fue derrotada por un destino inevitable.
Joy to the World, Celebrate, Mama Told Me (Not to Come), entre otros éxitos, eran parte de mensajes luminosos que necesitábamos para sobrevivir.
Los veteranos del concierto, tanto en el escenario como en el lunetario, tuvieron la satisfacción de decidir el rumbo de sus vidas, sin interferencias doctrinarias.
Pudieron haber luchado en el movimiento de los derechos civiles o debieron aventurarse a guerras foráneas. Tal vez eligieron no participar, pero en el resumen, allí estaban, eufóricos, el domingo Día de los Padres, para cumplir una de las recomendaciones de Three Dog Night: “Celebra, celebra y baila al son de la música”.
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“Cerrar el dominó” con Pablo Milanés

LAS TUNAS, Cuba. — Lastimosas, chapuceras y repudiables por inmorales, pisoteando de forma pública y notoria derechos ciudadanos, como hicieron al monopolizar la capacidad de un teatro, son las combinaciones operativas que por estos días el régimen está realizando con un propósito único: aislar al celebérrimo Pablo Milanés de su público natural, el insumiso.
Para introducirle un auditorio dócil, amaestrado por la dictadura, ahora otra vez están desplegándose, cuales soldados en el campo de batalla, oficiales de la Seguridad del Estado, comisarios del Departamento Ideológico del PCC (Partido Comunista de Cuba), del Ministerio de Cultura y de cuantas entidades estatales o particulares sean necesarias, para evitar, al conjuro de la poesía y la música del cantautor rebelde, otra protesta social que todavía calienta los rescoldos de las ocurridas el 11 y 12 de julio de 2021 (11J).
Pablo Milanés debe estar sonriendo. Para él estas maniobras policiales no son nuevas. Ya ha lidiado con ellas. Personalmente recuerdo la ocurrida a finales de los años 80 en Las Tunas. También él debe recordar aquella noche de “canción protesta”. Y digo “protesta” no por el género de esas canciones muy en boga en los años 60 y 70, sino por la negativa del trovador, que se negó a cantar rodeado de policías. Por pura casualidad fui testigo excepcional de esa querella. De tal suerte, me encontraba esa noche en mi trabajo junto al coronel Alexis Pupo Mastrapa, en ese entonces segundo jefe del Ministerio del Interior en la provincia, cuando, urgentemente, a través de mi teléfono, el coronel fue localizado porque estaba sucediendo un “incidente en el concierto de Pablito”, diciéndome Alexis, “Alberto, vamos allá”.
Resulta que el auditorio de Pablo Milanés se encontraba virtualmente tomado por la policía, uniformados y vestidos de civil, no para prevenir conflictos de tipo político, como ahora, sino meramente por un exceso de celo de orden público, y muy disgustado, Pablo dijo que él no actuaría en un escenario rodeado por la policía, y no valieron ninguna de las explicaciones dadas por los organizadores para que iniciara el concierto.
Presente en el lugar, el coronel Alexis dijo a Pablo Milanés que, entre otras razones, aquellos policías estaban allí para cuidar de él mismo, pero Pablito ripostó que él no necesitaba policías para que lo cuidaran, y menos en Cuba, donde, precisamente, era el pueblo quien cuidaba de él, manteniendo así su posición: no hay concierto rodeado de policías.
Alguien allí, dijo, o insinuó, no recuerdo si un oficial de la unidad Ideológica de la C/I (Contra Inteligencia), o un oficial operativo de la unidad territorial de la Seguridad del Estado, que, el hecho de que Pablo Milanés se negara a actuar por la presencia de la policía cuidando del orden público, podía interpretarse como “diversionismo ideológico”, para radicar una señal “política”; afortunadamente, el coronel hizo un gesto de desaprobación al que así evaluaba aquella situación, y dirigiéndose a Pablo Milanés, procuró resolver la atmósfera ya tensa de forma honorable, para ambas partes, pues, en tono de broma, bien alejada de su carácter siendo un tipo parco, empleó una analogía de influencia psicológica blindada contra réplicas, diciendo: “Mira, Pablito… ¿Tú no dices que quien mejor cuida de ti es el pueblo…? Bueno, ellos (los policías) son parte del pueblo, y quieren oír tus canciones como mismo queremos oírte todos los que te admiramos aquí”.
En honor a la verdad, todos nos relajamos cuando, sin decir más, Pablo comenzó el concierto con sus antológicas canciones, por igual aplaudidas por civiles y militares, como si nada hubiera ocurrido. Mientras, ya en el automóvil y de regreso a la jefatura, en alusión a las graves consecuencias que pudieron ocurrir si Pablo Milanés hubiera persistido en su negativa de ofrecer el concierto por encontrarse rodeado de policías, el coronel sólo dijo: “Imagínate si este hombre cierra el dominó”.
Pero aquella “rebelión” del autor de Yolanda ocurrió allá por los años 80 del pasado siglo, y a estas alturas del juego, llevamos 22 años del siglo XXI, esta es otra partida; ahora el bardo no necesita rebelarse con palabras comunes, ni negarse a cantar, como ya lo hizo en Las Tunas.
Ahora muy bien Pablo Milanés puede “cerrar el dominó” de la dictadura con la ficha concluyente de la poesía; no importa que esté rodeado de policías ni su concierto infiltrado por soplones; interpretar el mensaje del artista y echar a volar la inspiración de la libertad es obra del público; aunque ya pretendieron negarle el derecho de ocupar una butaca en la sala de un teatro para disfrutar del arte de su ídolo, esa aprehensión, más que en talanquera, debe transformarse en acicate para decir cuando pretenden que callen.
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Sobreviviente de accidente aéreo en La Habana denuncia falta de medicamentos

MAYABEQUE, Cuba.- Mailen Díaz Almaguer, la única sobreviviente del accidente de Cubana de Aviación que tuvo lugar en mayo de 2018 en la Isla, denunció a través de Facebook la falta de medicamentos y pidió ayuda a sus seguidores.
“Yo nunca hago directas en redes sociales, pero he llegado a un punto en que me he sentido obligada a hacerlo, a denunciar las cosas que pasan por esta vía porque quizás por aquí encuentre ayuda. No todo es como parece ser. Yo también paso trabajo como pasa trabajo todo el mundo. Si hoy estoy haciendo esto es porque me he sentido muy apretada, demasiado, al extremo”, dijo.
La joven dejó saber al público que realiza llamadas todos los días al personal médico que la atiende debido a la necesidad que tiene de materiales como guantes, lubricantes y catetes de calibre 12 que usa para orinar con una sonda intermitente. 
“Me han dicho que no hay guantes ni lubricante en el país entero”, indicó Mailen Díaz Almaguer. 
La carencia de estos materiales puede desembocar en infecciones recurrentes, por lo que Almaguer debe tomar diariamente una tableta de Nitrofurantoina, un medicamento que actualmente está en falta en Cuba.    
“No es posible que se hayan hecho tantas cosas para salvarme en su momento como buscar medicamentos en cualquier parte del mundo, como me dijeron, y hoy que estoy viva y necesito unos guantes y lubricante no los hay”, agregó.
“Lo estoy denunciando porque ya me cansé. Yo tengo una lesión medular y tengo que hacer cinco horas diarias de fisioterapia y además tener la cabeza preocupada en que tengo que hacer llamadas para que te den un lubricante y guantes”, señaló además Almaguer.
Su esposo, Mario Jesús Rodríguez, que también participó en la transmisión, dijo que el gobernante de Cuba, Miguel Díaz-Canel, era un hipócrita por enviar postales los días de la mujer a su esposa y a su vez no contar con materiales básicos para su atención.
Rodríguez aseguró que han solicitado entrevista con el mandatario, pero se la han negado. 
“Yo no tengo que darle gracias a la salud cubana, sino a todo aquel que ha puesto su granito para que yo hoy me encuentre mejor y más fuerte. Gracias a esas personas que saben quiénes son”, dijo la sobreviviente.
Por último, la joven contó cómo los paramédicos le robaron sus pertenencias mientras la trasladaban el día del accidente hacia el hospital Calixto García de La Habana: “En la ambulancia que me trasladó al hospital me robaron todas mis pertenencias, entre ellas mi anillo de compromiso. Yo los denuncié. Cuando celebraron el juicio mi familia fue y ellos confesaron que se dieron cuenta de mis prendas en un momento en que me caí de la camilla producto de un frenazo de la ambulancia”.
“Me pagaron 36 mil pesos cubanos por ese delito. Cuando fui a cobrarlos me exigieron dejar por escrito en qué iba a gastar ese dinero, como si se tratara de mucha cantidad”, agregó.
Mailen Díaz Almaguer estuvo casi 12 meses en recuperación luego del accidente aéreo que le costó la vida al resto de los pasajeros (112 personas) que viajaba en la aeronave, accidentada minutos después de despegar del Aeropuerto José Martí de La Habana.
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ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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Apagones, conjuro y nostalgia

Un día, dentro de 25 o 30 años, los infantes de ahora contarán a sus hijos cómo fue vivir sin luz eléctrica durante buena parte de sus noches y sus días
Como a la inmensa mayoría de los cubanos, la ausencia de luz eléctrica me ha acompañado a lo largo de la vida.

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La luz que manaba de la mecha alumbraba tímidamente tres pares de ojos expectantes. Clavados en mi rostro, buscaban adivinar si el conjuro funcionaría en verdad.

“Sámbili-ji, Sámbili-ja, tráeme la lucecita ya”, dije aquella primera vez en que me aventuré a la experiencia y, como por arte de una magia real (no la que me acababa de inventar para espantar la penumbra) se hizo la luz. Mis hijas y yo estallamos en alegría. Los aplausos y las risas despabilaron la casa toda, y también la de los abuelos, que colindaba con la nuestra. 

Desde entonces se volvió rutina, por demás casi diaria, que en las noches, luego de comer, invocáramos al “más allá” para que nos enviara la electricidad que en aquellos días de Período Especial escaseaba tanto. 

Muchas veces estiraba la palabra final, dando tiempo a que la realidad y la magia coincidieran, pero incluso así mi “Sámbili-ji Sámbili-ja” seguía sin responderme. Pero otras, las suficientes para que mi poder mantuviera su crédito, funcionaba. Con eso lograba conseguir, al menos, un poco de esperanza en que la luz, por más que se ausentara, con un golpe de fe y muchos deseos convertidos en fuerza, terminaba por regresar. 

A menudo aprovechábamos el apagón en algo útil: contar cuentos o cantar canciones, lo mismo acostadas en la cama que sentadas sobre un sillón, en la acera, para respirar el aire que soplaba entonces. Las niñas más pequeñas se quedaban dormidas en mis brazos, por turno, mientras la primogénita, que apenas rebasaba los ocho años, espantaba el sueño sobre un sofá y escuchaba a los mayores.

Lo peor de todo era cuando la noche avanzaba y tanto el padre como yo intentábamos echarles fresco y alejar los mosquitos a base de movimientos de periódicos. Cuando se nos caían de las manos, ya rendidos por el cansancio, debíamos reanudar la misión de asegurarles el sueño y, por lo tanto, sacrificar el nuestro. 

Como a la inmensa mayoría de los cubanos, la ausencia de luz eléctrica me ha acompañado a lo largo de la vida. La música y algo de mística en tales momentos, también. 

De niñas, mis hermanas y yo nos sentábamos en el portal de la casa y comenzábamos a cantar a coro canciones de la Década Prodigiosa, justo cuando esa década transcurría. Había algo muy hermoso en aquellas noches oscuras, y cuando regresaba la luz la magia se rompía. 

Desde entonces la oscuridad nocturna, si es forzada, me revuelve las ganas de cantar, aunque he de confesar que en el Período Especial cruento de la década de los 90, cuando cada día parecía más difícil que el anterior, viví la oscuridad de forma diferente. Nunca será lo mismo la visión de los padres a la de los hijos, aun tratándose de la misma experiencia. 

No tener corriente eléctrica en aquellos años era apenas uno de los males, y no el más agobiante. Lo verdaderamente apabullante eran las carencias, ni remotamente parecidas a las de ahora, por más que se les intente igualar.  

En tiempos de crisis mundial tras una pandemia, todavía acechados por las maquinaciones malévolas de quienes quieren mal a los que decidimos vivir en Cuba, en medio de una coyuntura también difícil, la luz eléctrica vuelve a ausentarse de nuestros hogares. 

No dejo de evocar aquellas otras coyunturas que he vivido. Juntas componen una especie de deja vu que se repite y se repite, y me pregunto si se repetirá por los siglos de los siglos, amén. Parece que es el sino de una Cuba donde cuando se vence una dificultad surge otra a la que plantarle cara y vencer. 

Marcel Eduardo, mi nieto mayor, me ha contado de sus apagones en otro barrio de Sancti Spíritus. De hecho, es a veces quien me avisa de ellos, porque nuestros circuitos coinciden y sus padres trabajan en la Empresa Eléctrica. Días atrás me habló del “mosquetero” que le puso su madre la madrugada anterior, cuando durmieron en el balcón de atrás. La luna le dio, y hasta le provocó un resfriado. Ya está pasando. 

Mi nieto, que aún no ha cumplido los cinco años, recordará estos días, probablemente, con cierta dosis de romanticismo, quizás con un dejo de nostalgia similar al que marca el recuerdo de mis tres hijas al evocar las penumbras nocturnas de aquel cruel Periodo Especial. Ninguna madre cubana de entonces ha podido borrar de su recuerdo aquel segmento negro de sus vidas, por más que se lo haya propuesto. Este trozo de realidad de hoy también va a pasar, presumo que sin marcas tan hondas como aquellas. 

Un día, dentro de 25 o 30 años, los infantes de ahora contarán a sus hijos cómo fue vivir sin luz eléctrica durante buena parte de sus noches y sus días. Y acaso, marcados por ese sino eterno de un país destinado a crecerse cada vez ante algo, invocarán alguna fuerza superior para que se haga la luz.

Tal vez uno o más pares de ojos los miren, a la luz de una mecha mojada en keroseno, esperando que funcione el conjuro, al estilo de aquel que me inventé tres décadas atrás: “Sámbili-ji, Sambili-ja, tráeme la lucecita ya”.

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Entre apagones turísticos y eléctricos 

LA HABANA, Cuba. – “Esperamos poder tener la semana próxima buenas noticias”, dijo el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, al finalizar sus visitas a las plantas de electricidad paralizadas, del 17 al 19 de junio. 
Mientras se construían hoteles de lujo, en las décadas del 70 y el 80 del pasado siglo, ya algunas centrales termoeléctricas requerían mantenimiento desde hacía 10 años. El petróleo cubano utilizado es altamente corrosivo por lo que disminuye la vida útil de las plantas. Hoy se achaca su utilización al embargo de Estados Unidos, a los altos precios internacionales y la carencia de liquidez. 
En 2022, Cuba llegará a 84 906 habitaciones hoteleras, 5,7% más que en 2021. Entre enero y mayo de 2022 han arribado 564 847 visitantes a la Isla y el Gobierno aspira a alcanzar 2,5 millones antes de que acabe al año, una cifra muy por debajo de los 4,5 millones de visitantes recibidos en 2019. La competencia con República Dominicana y el resto del Caribe para atraer el turismo en recuperación mundial es muy difícil. 
Desde mediados de mayo colapsaron las termoeléctricas. Los cubanos alternan los apagones de hasta 12 horas diarias con las colas para comprar alimentos en las tiendas estatales, procurar hortalizas, viandas y otros productos esenciales a precios de inflación gracias a la Tarea Ordenamiento. El disgusto, la incredulidad y las ansias de emigrar abarcan todas las capas sociales.  
La ausencia de prioridades y proporcionalidad en las inversiones se agravó por el  descenso del suministro de crudo venezolano. Desde mediados de 2019 se recortaron sus asignaciones, lo que afecta a todos los sectores de la economía y las importaciones de insumos básicos para realizar producciones.
Las autoridades habían puesto todos los huevos en la canasta del volátil turismo, sin rendir cuentas a la Asamblea Nacional ni a la población. La catástrofe llegó con la pandemia de COVID-19, por el cierre total de las fronteras mundiales. Sin embargo, la caída del turismo pudo haber tenido muchas causas, como grandes inclemencias de la naturaleza en los países emisores o los frecuentes huracanes en la Isla. Así que la venta de los hoteles irrentables podría ocurrir en un futuro, teniendo en cuenta el pragmatismo de los gobernantes cubanos y sus vaivenes. 
Este año, en Cuba la tormenta perfecta aconteció con la rotura simultánea y las paradas por mantenimiento de las mayores termoeléctricas. Ante la crisis energética, Díaz-Canel realizó una comparecencia especial en la televisión el pasado 16 de junio. Los apagones no son incómodos ni inoportunos, sino desesperantes. La mayoría de los cubanos estaba saliendo de los traumas ocasionados por dos años de encierro en difíciles condiciones. Ahora más que nunca, ante el próximo aniversario de las protestas espontáneas del 11 y 12 de julio de 2021, el Gobierno procura restituir la electricidad en las zonas residenciales 
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La mortalidad y la natalidad de las empresas

En un programa televisivo reciente se discutía sobre las “empresas estatales con pérdidas”, de las que tenemos unas cuantas y se reclamaban acciones concretas para enfrentar esta realidad.Pues bien, la primera acción concreta es el análisis diferenciado de cada situación, pues ni todas las empresas son iguales, ni las causas que las ponen en pérdida son las mismas.
Asumiendo el riesgo de la simplificación (peligrosa pero imprescindible para no paralizar el pensamiento), se pueden identificar al menos tres situaciones:

Hay empresas que caen en pérdida por razones coyunturales (logística, roturas, pérdida transitoria de mercados, u otras), y en las que se puede esperar una recuperación cuando pase la coyuntura adversa.
Hay otras empresas que caen en pérdida por incompetencia, negligencia y mala administración, en cualquiera de sus variantes, y en las que se debe esperar una recuperación si se hacen los cambios necesarios en la dirección.
Pero hay otras empresas que están en pérdida durante cierto tiempo (es decir, no por una situación “coyuntural”) y en las que sin embargo no podemos identificar evidentes negligencias o errores de los directivos. En esas el modelo de negocios dejó de ser viable (si es que alguna vez lo fue), y habrá que cerrarlas. Con las debidas protecciones y consideraciones de casos especiales, pero en su mayoría, habría que cerrarlas.

Y hay que aceptar que ese tercer tipo de empresa, en pérdida “estructural”, siempre va a existir. No vamos a llevar “a cero” el porcentaje de empresas en pérdida, por mucho que hagamos. No lo logra ningún país.
Podemos conocer algo de esto quienes hayamos estudiado los sectores de alta tecnología en el mundo (biotecnología por ejemplo) en los que más de la mitad de las empresas que se fundan nunca llega a la rentabilidad por sus ventas (le dicen a esto “el valle de la muerte” de las empresas), y esa mortalidad empresarial hay que verla como normal, pues es inherente al riesgo que siempre tienen los negocios basados en productos novedosos. En esos sectores de alta tecnología y de riesgos técnicos, además de riesgos comerciales, la mortalidad empresarial es mayor, pero el fenómeno se da en cualquier sector.
Estudios publicados en los últimos años indican que la mortalidad empresarial en diferentes países (todos los sectores) anda alrededor de un 10%, unos más y otros menos, España un 10%, Francia un 12%, Reino Unido un 15%, Canadá un 8%, y así sucesivamente.
El sistema empresarial se mantiene estable (diríamos en equilibrio dinámico) porque simultáneamente se incorpora un número de “nacimientos” (empresas nuevas) cada año, aproximadamente igual.
Así, el sistema empresarial “evoluciona” por una dinámica de selección adaptativa, similar a la evolución de las especies en la biología, o a la evolución del repertorio de anticuerpos en la inmunología. Surgen nuevas especies en un proceso con importantes componentes de azar, y después progresan (se seleccionan) aquellas que son viables en un contexto concreto y desaparecen las otras. El proceso es esencialmente “selectivo”, no instructivo (al menos en la biología, nadie sabe a priori los cambios que van a funcionar).
Por supuesto que la política económica, que es algo más complejo que la biología, puede modificar el contexto siguiendo estrategias escogidas, pero siempre existirá ese componente de diversidad y selección adaptativa.
En Cuba tenemos un poco más de 1 700 empresas estatales, y entonces, si estuviésemos cerrando 170 empresas al año, no estaríamos presenciando ninguna tragedia, sino simplemente acercándonos al comportamiento medio mundial.
Y entonces tendríamos que cambiar la pregunta inicial de nuestro análisis: El problema no es ¿por qué hay determinadas empresas que se hacen inviables? El problema sería más bien ¿por qué no surgen nuevas empresas (estatales) a la dinámica suficiente para remplazarlas? Hay que ver también esta otra cara del problema.
Estamos hablando aquí de empresas “propiedad del Estado”, es decir, propiedad socialista de todo el pueblo. No estamos hablando necesariamente de empresas administradas por organismos del Estado; y este razonamiento nos lleva a otro tema igualmente complejo, que es el de la separación entre propiedad y gestión.
La trampa principal de las doctrinas neoliberales está en el intento de reducir (los más fundamentalistas dicen “eliminar”) el papel del Estado en la economía. Pero todas las experiencias conocidas de desarrollo económico partieron de una fuerte intervención estatal. Es una regularidad que se repite, en diferentes momentos históricos en Francia, Singapur, Japón, Corea, China, incluso en los Estados Unidos, principal defensor actual de la desregulación y la economía de mercado.
El Estado tiene diferentes mecanismos de intervención en la economía, al actuar como regulador, como físco, como cliente de determinadas empresas, como proveedor de educación y otros servicios sociales, pero también frecuentemente como dueño. Estas funciones se combinan en proporciones diferentes según el país y el momento histórico, pero la verdad de los hechos es que no hay desarrollo económico sin intervención estatal.
La diferencia entre un sistema social y otro está en a favor de quién interviene el Estado, si a favor de las clases dominantes o a favor de todo el pueblo, pero para el crecimiento de la economía, el Estado moderno interviene siempre
Las figuras empresariales que separan propiedad y gestión son una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, y son anteriores al Socialismo. La socialización de la producción comenzó desde el siglo XIX a requerir mayores y más complejos medios de producción y eso demandó en los países industrializados una transformación de las instituciones en las que se expresa la propiedad privada.
A partir de determinado tamaño, surgieron las sociedades anónimas “por acciones” en los que la propiedad de la empresa se comparte entre muchos “accionistas” que ponen en ella su dinero al comprar las acciones, pero que no participan de la administración cotidiana de la empresa, la cual se confía a un “administrador profesional”, un director ejecutivo (en el lenguaje actual un CEO, “Chief Excecutive Officer”). El director ejecutivo es esencialmente un asalariado.
Este tipo de estructura empresarial se desarrolló en los Estados Unidos y otros países a partir de la masiva construcción de ferrocarriles en la década de 1840, inversión que por su tamaño no podía ser asumida por ningún capital privado aisladamente. El esquema se repitió en la construcción de los sistemas de distribución de electricidad y en todas las industrias caracterizadas por alta demanda inicial de capital y altos costos fijos.
A partir del año 1900 las grandes empresas adoptaron mayoritariamente la forma de sociedades anónimas, lo que le confirió a la propiedad capitalista cierto carácter colectivo (por supuesto dentro de la clase propietaria) y consolidó la separación entre propiedad y gestión.
La propiedad es de los accionistas (cuando estos son muchos, son representados por una “junta de accionistas”), mientras que la gestión, la administración cotidiana de la empresa, es ejercida por un director ejecutivo contratado por la junta de accionistas.
La intervención del Estado, como dueño, comienza frecuentemente con la adquisición por éste de una fracción de las acciones. En general se considera que cuando un Estado adquiere más del 10% de las acciones de una empresa, adquiere “posición controladora”.
La empresa completamente estatal es la consecuencia natural de dos procesos: la socialización de la producción, y la separación entre propiedad y gestión. La propiedad socialista de todo el pueblo es una continuación lógica de estos procesos, ya sin las trabas derivadas de la propiedad privada. Es lo que Marx previó al intuir que las formas básicas de un sistema socioeconómico comienzan a gestarse dentro del sistema que le precede.
En Cuba nuestras empresas estatales pudieran considerarse como empresas con 11 millones de accionistas, y esos “accionistas” que son el Pueblo todo, son representados por el Estado, que es quien nombra o revoca a los directores ejecutivos.
Nuestro Socialismo reside en la propiedad, que es de todo el Pueblo, y en la defensa de la justicia social distributiva, lo cual es consecuencia de un proceso político que nos distingue del capitalismo. En la empresa estatal todos recibimos ingresos según nuestro trabajo, pero las rentas derivadas de la propiedad de la empresa pertenecen a los 11 millones de cubanos, a través del Estado.
Las formas concretas de gestión administrativa son otra cosa, y esas son un proceso esencialmente técnico. No podemos confundir propiedad con gestión, ni propiedad social con gestión centralizada, ni mucho menos intentar dinamizar la gestión mediante la privatización de la propiedad. Ya en otros países se cometió ese error, y sabemos las consecuencias.
La privatización de nuestros medios fundamentales de producción, si fuésemos suficientemente ingenuos para caer en esa trampa, nos empujaría hacia el subdesarrollo, no hacia el desarrollo.
Si bien el tamaño y la complejidad de las inversiones fueron los factores que llevaron a la separación entre propiedad y gestión en los siglos XIX y XX, ahora en el siglo XXI hay un segundo factor que impulsa en la misma dirección, y es que en los sectores de alta tecnología las decisiones empresariales dependen mucho de las características técnicas de productos y procesos muy diversos, que son dominadas por los trabajadores especializados, en organizaciones empresariales usualmente pequeñas.
Esos pequeños colectivos que se constituyen en pequeñas y medianas empresas, pero de alta tecnología, pueden convertirse en pocos años en algo tan estratégico para el desarrollo de nuestra economía como pueden ser hoy las empresas estatales socialistas grandes.
Estratégico no quiere decir “grande”. Y tampoco el pequeño tamaño puede hacerse equivalente a sector “no-estatal”. Los sectores estratégicos y las tecnologías habilitantes del futuro deben continuar siendo propiedad socialista de todo el pueblo, expresada como propiedad estatal, aunque eso no equivale a administración cotidiana directa por organismos del Estado.
Si ocurriese (y debe naturalmente ocurrir) en un cierto porcentaje una mortalidad de empresas estatales, y el remplazo por nuevas empresas proviniese del sector no-estatal, es fácil imaginar a qué situación llegaríamos dentro de algunos años.
Es por eso que necesitamos una dinámica superior a la que hoy tenemos en el surgimiento de mipymes estatales y en sectores de tecnología alta, vinculados más directamente con la ciencia.
Las complejidades y los desafíos son muchos, y no hay manuales escritos sobre cómo enfrentarlos. Habrá que explorar como se impulsa y como se protege el proceso de surgimiento de nuevas empresas estatales, especialmente aquellas relacionadas con las nuevas tecnologías.
Todo esto hay que saberlo muy bien (por todo el pueblo, no solamente por especialistas), para evitar que racionalidades aparentes en fenómenos locales y concretos, nos alejen de las grandes verdades que defendemos: el socialismo, la justicia social y la soberanía nacional.
José Martí escribió en 1884: “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y que son sin embargo la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria”.
Continuemos abrazando esas verdades para partir de ellas hacia el camino de creatividad social que nos exige el siglo XXI cubano.

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La mortalidad y la natalidad de las empresas

En un programa televisivo reciente se discutía sobre las “empresas estatales con pérdidas”, de las que tenemos unas cuantas y se reclamaban acciones concretas para enfrentar esta realidad.Pues bien, la primera acción concreta es el análisis diferenciado de cada situación, pues ni todas las empresas son iguales, ni las causas que las ponen en pérdida son las mismas.
Asumiendo el riesgo de la simplificación (peligrosa pero imprescindible para no paralizar el pensamiento), se pueden identificar al menos tres situaciones:

Hay empresas que caen en pérdida por razones coyunturales (logística, roturas, pérdida transitoria de mercados, u otras), y en las que se puede esperar una recuperación cuando pase la coyuntura adversa.
Hay otras empresas que caen en pérdida por incompetencia, negligencia y mala administración, en cualquiera de sus variantes, y en las que se debe esperar una recuperación si se hacen los cambios necesarios en la dirección.
Pero hay otras empresas que están en pérdida durante cierto tiempo (es decir, no por una situación “coyuntural”) y en las que sin embargo no podemos identificar evidentes negligencias o errores de los directivos. En esas el modelo de negocios dejó de ser viable (si es que alguna vez lo fue), y habrá que cerrarlas. Con las debidas protecciones y consideraciones de casos especiales, pero en su mayoría, habría que cerrarlas.

Y hay que aceptar que ese tercer tipo de empresa, en pérdida “estructural”, siempre va a existir. No vamos a llevar “a cero” el porcentaje de empresas en pérdida, por mucho que hagamos. No lo logra ningún país.
Podemos conocer algo de esto quienes hayamos estudiado los sectores de alta tecnología en el mundo (biotecnología por ejemplo) en los que más de la mitad de las empresas que se fundan nunca llega a la rentabilidad por sus ventas (le dicen a esto “el valle de la muerte” de las empresas), y esa mortalidad empresarial hay que verla como normal, pues es inherente al riesgo que siempre tienen los negocios basados en productos novedosos. En esos sectores de alta tecnología y de riesgos técnicos, además de riesgos comerciales, la mortalidad empresarial es mayor, pero el fenómeno se da en cualquier sector.
Estudios publicados en los últimos años indican que la mortalidad empresarial en diferentes países (todos los sectores) anda alrededor de un 10%, unos más y otros menos, España un 10%, Francia un 12%, Reino Unido un 15%, Canadá un 8%, y así sucesivamente.
El sistema empresarial se mantiene estable (diríamos en equilibrio dinámico) porque simultáneamente se incorpora un número de “nacimientos” (empresas nuevas) cada año, aproximadamente igual.
Así, el sistema empresarial “evoluciona” por una dinámica de selección adaptativa, similar a la evolución de las especies en la biología, o a la evolución del repertorio de anticuerpos en la inmunología. Surgen nuevas especies en un proceso con importantes componentes de azar, y después progresan (se seleccionan) aquellas que son viables en un contexto concreto y desaparecen las otras. El proceso es esencialmente “selectivo”, no instructivo (al menos en la biología, nadie sabe a priori los cambios que van a funcionar).
Por supuesto que la política económica, que es algo más complejo que la biología, puede modificar el contexto siguiendo estrategias escogidas, pero siempre existirá ese componente de diversidad y selección adaptativa.
En Cuba tenemos un poco más de 1 700 empresas estatales, y entonces, si estuviésemos cerrando 170 empresas al año, no estaríamos presenciando ninguna tragedia, sino simplemente acercándonos al comportamiento medio mundial.
Y entonces tendríamos que cambiar la pregunta inicial de nuestro análisis: El problema no es ¿por qué hay determinadas empresas que se hacen inviables? El problema sería más bien ¿por qué no surgen nuevas empresas (estatales) a la dinámica suficiente para remplazarlas? Hay que ver también esta otra cara del problema.
Estamos hablando aquí de empresas “propiedad del Estado”, es decir, propiedad socialista de todo el pueblo. No estamos hablando necesariamente de empresas administradas por organismos del Estado; y este razonamiento nos lleva a otro tema igualmente complejo, que es el de la separación entre propiedad y gestión.
La trampa principal de las doctrinas neoliberales está en el intento de reducir (los más fundamentalistas dicen “eliminar”) el papel del Estado en la economía. Pero todas las experiencias conocidas de desarrollo económico partieron de una fuerte intervención estatal. Es una regularidad que se repite, en diferentes momentos históricos en Francia, Singapur, Japón, Corea, China, incluso en los Estados Unidos, principal defensor actual de la desregulación y la economía de mercado.
El Estado tiene diferentes mecanismos de intervención en la economía, al actuar como regulador, como físco, como cliente de determinadas empresas, como proveedor de educación y otros servicios sociales, pero también frecuentemente como dueño. Estas funciones se combinan en proporciones diferentes según el país y el momento histórico, pero la verdad de los hechos es que no hay desarrollo económico sin intervención estatal.
La diferencia entre un sistema social y otro está en a favor de quién interviene el Estado, si a favor de las clases dominantes o a favor de todo el pueblo, pero para el crecimiento de la economía, el Estado moderno interviene siempre
Las figuras empresariales que separan propiedad y gestión son una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, y son anteriores al Socialismo. La socialización de la producción comenzó desde el siglo XIX a requerir mayores y más complejos medios de producción y eso demandó en los países industrializados una transformación de las instituciones en las que se expresa la propiedad privada.
A partir de determinado tamaño, surgieron las sociedades anónimas “por acciones” en los que la propiedad de la empresa se comparte entre muchos “accionistas” que ponen en ella su dinero al comprar las acciones, pero que no participan de la administración cotidiana de la empresa, la cual se confía a un “administrador profesional”, un director ejecutivo (en el lenguaje actual un CEO, “Chief Excecutive Officer”). El director ejecutivo es esencialmente un asalariado.
Este tipo de estructura empresarial se desarrolló en los Estados Unidos y otros países a partir de la masiva construcción de ferrocarriles en la década de 1840, inversión que por su tamaño no podía ser asumida por ningún capital privado aisladamente. El esquema se repitió en la construcción de los sistemas de distribución de electricidad y en todas las industrias caracterizadas por alta demanda inicial de capital y altos costos fijos.
A partir del año 1900 las grandes empresas adoptaron mayoritariamente la forma de sociedades anónimas, lo que le confirió a la propiedad capitalista cierto carácter colectivo (por supuesto dentro de la clase propietaria) y consolidó la separación entre propiedad y gestión.
La propiedad es de los accionistas (cuando estos son muchos, son representados por una “junta de accionistas”), mientras que la gestión, la administración cotidiana de la empresa, es ejercida por un director ejecutivo contratado por la junta de accionistas.
La intervención del Estado, como dueño, comienza frecuentemente con la adquisición por éste de una fracción de las acciones. En general se considera que cuando un Estado adquiere más del 10% de las acciones de una empresa, adquiere “posición controladora”.
La empresa completamente estatal es la consecuencia natural de dos procesos: la socialización de la producción, y la separación entre propiedad y gestión. La propiedad socialista de todo el pueblo es una continuación lógica de estos procesos, ya sin las trabas derivadas de la propiedad privada. Es lo que Marx previó al intuir que las formas básicas de un sistema socioeconómico comienzan a gestarse dentro del sistema que le precede.
En Cuba nuestras empresas estatales pudieran considerarse como empresas con 11 millones de accionistas, y esos “accionistas” que son el Pueblo todo, son representados por el Estado, que es quien nombra o revoca a los directores ejecutivos.
Nuestro Socialismo reside en la propiedad, que es de todo el Pueblo, y en la defensa de la justicia social distributiva, lo cual es consecuencia de un proceso político que nos distingue del capitalismo. En la empresa estatal todos recibimos ingresos según nuestro trabajo, pero las rentas derivadas de la propiedad de la empresa pertenecen a los 11 millones de cubanos, a través del Estado.
Las formas concretas de gestión administrativa son otra cosa, y esas son un proceso esencialmente técnico. No podemos confundir propiedad con gestión, ni propiedad social con gestión centralizada, ni mucho menos intentar dinamizar la gestión mediante la privatización de la propiedad. Ya en otros países se cometió ese error, y sabemos las consecuencias.
La privatización de nuestros medios fundamentales de producción, si fuésemos suficientemente ingenuos para caer en esa trampa, nos empujaría hacia el subdesarrollo, no hacia el desarrollo.
Si bien el tamaño y la complejidad de las inversiones fueron los factores que llevaron a la separación entre propiedad y gestión en los siglos XIX y XX, ahora en el siglo XXI hay un segundo factor que impulsa en la misma dirección, y es que en los sectores de alta tecnología las decisiones empresariales dependen mucho de las características técnicas de productos y procesos muy diversos, que son dominadas por los trabajadores especializados, en organizaciones empresariales usualmente pequeñas.
Esos pequeños colectivos que se constituyen en pequeñas y medianas empresas, pero de alta tecnología, pueden convertirse en pocos años en algo tan estratégico para el desarrollo de nuestra economía como pueden ser hoy las empresas estatales socialistas grandes.
Estratégico no quiere decir “grande”. Y tampoco el pequeño tamaño puede hacerse equivalente a sector “no-estatal”. Los sectores estratégicos y las tecnologías habilitantes del futuro deben continuar siendo propiedad socialista de todo el pueblo, expresada como propiedad estatal, aunque eso no equivale a administración cotidiana directa por organismos del Estado.
Si ocurriese (y debe naturalmente ocurrir) en un cierto porcentaje una mortalidad de empresas estatales, y el remplazo por nuevas empresas proviniese del sector no-estatal, es fácil imaginar a qué situación llegaríamos dentro de algunos años.
Es por eso que necesitamos una dinámica superior a la que hoy tenemos en el surgimiento de mipymes estatales y en sectores de tecnología alta, vinculados más directamente con la ciencia.
Las complejidades y los desafíos son muchos, y no hay manuales escritos sobre cómo enfrentarlos. Habrá que explorar como se impulsa y como se protege el proceso de surgimiento de nuevas empresas estatales, especialmente aquellas relacionadas con las nuevas tecnologías.
Todo esto hay que saberlo muy bien (por todo el pueblo, no solamente por especialistas), para evitar que racionalidades aparentes en fenómenos locales y concretos, nos alejen de las grandes verdades que defendemos: el socialismo, la justicia social y la soberanía nacional.
José Martí escribió en 1884: “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y que son sin embargo la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria”.
Continuemos abrazando esas verdades para partir de ellas hacia el camino de creatividad social que nos exige el siglo XXI cubano.

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Pablo Milanés y el coliseo de los represores

LA HABANA, Cuba. — Pablo Milanés, el artista que en los últimos años se ha desmarcado de la dictadura y que no ha tenido reparos a la hora de reclamar libertades y justicia sin importar las consecuencias, ofrecería un concierto en La Habana, en una sala con capacidad para más de 2 000 personas, pero menos de 100 lograron comprar los tickets de entrada.
La administración del teatro no solo había limitado la venta a cuatro boletos por comprador, sino que, además, se reservó unas 1 700 papeletas, las cuales distribuyó entre lo que denominó “organismos estatales” —aunque en ningún momento aclaró cuáles fueron estos o si se trató de una iniciativa propia de la institución cultural o el cumplimiento de una orden que recibieran de donde las decisiones, aunque ajenas, no llevan discusión, solo acatamiento—.
Pero, a falta de una nota donde se aclare el destino de los tickets “de regalía”, hay suficiente suspicacia y malas experiencias entre los cubanos para intuir lo que sucedió, más cuando hace apenas unos días el concierto de Carlos Varela concluyó bajo reclamos de libertad por parte de un público contra el cual la policía no pudo hacer nada, no solo porque era mayoría la que gritaba a todo pulmón y aquello hubiese sido una masacre, sino porque quizás el régimen no se lo esperaba, quizás confiado en el efecto “disuasorio” de las abusivas condenas contra los manifestantes pacíficos del 11 de julio de 2021.
Es evidente lo acontecido en este caso de Pablo Milanés. Ha bastado con averiguar en las calles para saber quiénes habrían de ser esos casi 2 000 “invitados”, que ahora en la Ciudad Deportiva —con capacidad para multiplicar esa cifra varias veces— pasarán a ser muchos más entre estudiantes de las escuelas militares, soldados, policías, todos vestidos de civil y debidamente instruidos sobre qué hacer cuando “la situación lo requiera”. Incluso, hasta les han pasado el guión sobre los carteles que deben alzar, las consignas que han de gritar y hasta las camisetas que deben vestir, todas con etiquetas oficialistas impresas, de modo que no queden dudas (a la prensa extranjera, porque a nadie más pueden engañar en Cuba) sobre la “popularidad” de un gobierno cada día más aborrecible, porque el término “impopular” hace décadas dejó de servirle.
Y no solo han buscado sustituir al público con una turba de represores, sino que han acuartelado desde hace días a cientos de uniformados de tropas especiales y, como consecuencia, han ocupado buena cantidad de recursos en virtud del temor a un concierto que ellos mismos han organizado, aunque no para que escuchemos a Pablito, sino para proyectar ellos —tan cavernícolas en cuestiones de democracia— una imagen de “buenas personas”, esa que odian, pero que igual necesitan ahora que tienen la soga mucho más enredada en el cuello y desde Washington comienzan a soplar, nuevamente, los aires de aquel malogrado deshielo.
No por casualidad han llegado en unas pocas semanas este concierto y el de Carlos Varela, así como el homenaje de la EGREM a Chucho Valdés, tres voces contestatarias que, sí, han sido más que claras al expresar lo que piensan, pero que tampoco son las de activistas y artistas con posicionamientos radicales de oposición y lucha frontal contra el régimen, y precisamente por eso han sido las elegidas para ellos, tan retrógrados, meterse chapuceramente en el papel de “aperturistas”, de “tolerantes”, de tipos que no guardan rencor, cuando, en realidad —conociéndolos como los conocemos—, lo que tienen es ganas de encerrarlos a los tres y tirar la llave al mar, o al menos censurarlos de por vida, como han hecho y continuarán haciendo con los artistas contestatarios, disidentes y opositores de menos visibilidad internacional.
Si en algo han sido “continuidad” estos tipejos barrigones de ahora es que continúan siendo igual de represores como de chapuceros y tramposos, tal como fueron sus amaestradores, perdón, quise decir “maestros”.
Lo que intentan hacer ahora con Pablo Milanés es lo mismo que han venido haciendo durante 60 años cada vez que, para congraciarse con la Casa Blanca, han querido fingirse “tolerantes”, aunque apenas para una opinión pública “externa” que se conforma con la noticia oficial pero, muy convenientemente, ignora su trasfondo.
De modo que, en unas horas, si finalmente se diera el concierto de la Ciudad Deportiva —porque hasta han pensado en “suspenderlo por lluvias” o por lo que sea, eso lo sabemos—, posiblemente Pablo Milanés termine rodeado no solo por el público que lo admira y que él espera para cantarles después de mucho tiempo, sino por miles de represores disfrazados de civiles, a la espera de otra “orden de combate”, quizás peor que la anterior.
Habrá que esperar para ver qué sucede, aunque lo cierto es que, por toda Cuba, de una punta a la otra, solo he visto en los últimos días gente ansiosa por saciar el hambre, por tener electricidad, por emigrar, por vivir una vida normal no allá lejos de aquí, sino en la patria que los vio nacer, y que es la que desean para morir, aunque con dignidad. Gente a la que, contrario a lo que dice la dictadura, no hay que pagar ni un centavo por gritar “Libertad”, por pedirla a gritos tantas veces hasta quedar sin voz, hasta que la palabra se torne realidad.
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Múltiples fallas en los Convenios Colectivos de Trabajo

LA HABANA, Cuba.- Aunque todos sabemos que la principal misión, y casi la única, de los sindicatos oficialistas en Cuba es organizar a los trabajadores para que cumplan las directivas emanadas de las altas instancias del poder, el discurso castrista sigue insistiendo en que esos gremios representan los intereses de la masa trabajadora.
Mas, para que esa supuesta defensa de los trabajadores tenga lugar, es imprescindible el buen funcionamiento de los Convenios Colectivos de Trabajo, tal y como lo establece el Código del Trabajo, el documento más importante en materia laboral en el país.
Durante una reciente reunión del Comité Provincial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en la provincia de Cienfuegos se reafirmó “la significación del Convenio Colectivo de Trabajo para alcanzar la requerida actuación sindical en representación y defensa de los trabajadores, la aplicación del sistema de justicia laboral, y el establecimiento de los reglamentos disciplinarios en las relaciones laborales”.
Un momento decisivo en la confección del Convenio Colectivo de Trabajo lo constituye la negociación colectiva, que debe realizarse entre la administración y el sindicato, para posteriormente ser presentado y aprobado en una asamblea de trabajadores.
Sin embargo, no es un secreto que en muchos colectivos laborales esta negociación colectiva no es más que una mera fachada. En estos casos los Convenios son elaborados por el empleador, el abogado de la empresa, y si acaso también con la presencia del jefe de Recursos Humanos de la entidad. Después les comunican el contenido del Convenio a los trabajadores, quienes lo “aprueban” casi de oficio. Por supuesto, no hay negociación colectiva de ningún tipo.
En la ya referida reunión sindical en la provincia de Cienfuegos trascendieron una serie de fallas en torno al funcionamiento de los Convenios Colectivos de Trabajo. Fallas que, por cierto, no son privativas de este territorio. Se dijo que hay cuadros y dirigentes sindicales que no están claros de sus funciones, ni del papel que les corresponde desempeñar en la elaboración y chequeo de los Convenios; se habló de poca preparación de los sindicalistas para afrontar el proceso de la negociación colectiva; se aprecia en ocasiones la utilización de la legislación ya derogada; así como existe desconocimiento de los lineamientos generales para el sector de que se trate.
Entonces, si tenemos en cuenta estas ineficiencias en el funcionamiento de los Convenios Colectivos de Trabajo, que por ley ofician como el marco propicio para que los sindicatos desplieguen su hipotética labor en defensa de los trabajadores, no es difícil llegar a la conclusión de que esa defensa, en la práctica, es pura ficción.
A propósito, está por ver si los Convenios Colectivos de Trabajo en las empresas que planifican al final del año distribuir utilidades entre sus trabajadores han contemplado la inviolabilidad de este proceso.
Lo anterior se trae a colación debido a varios planteamientos de especialistas y dirigentes empresariales en el sentido de la supuesta inconveniencia de realizar estos pagos.
En un taller organizado por la oficialista Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC), celebrado en el contexto de una Jornada Económico-Productiva desarrollada en días pasados, al hablarse acerca de la distribución de utilidades, se dijo que “la monetización de ese dinero como ingresos adicionales resulta estimulante para el colectivo laboral, pero también riesgoso en medio de un proceso inflacionario como el que vive la economía”.
De no tomar partido ahora los sindicatos oficialistas en favor de los trabajadores, en el sentido de que se viabilice el pago de las utilidades, se hundirían más estos gremios en el descrédito.
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La juventud y el capitalismo como actitud

MIAMI, Estados Unidos. — El capitalismo puede definirse, como hizo Karl Marx, por su sistema de trabajo, donde los trabajadores no poseen sus propios medios de producción. También puede definirse por el metafórico “mercado” donde se compra y se vende, o por la propiedad privada de los medios de producción predominando sobre la propiedad estatal. Pero mi interés aquí es describir el capitalismo como actitud. Es decir, como un estado mental conectando una persona a una proposición.
Consideremos: cuando un socialista ve una casa lujosa y cara, su reacción puede ser de disgusto: “A nadie se le debería permitir poder vivir así”. O tal vez de envidia: “Si yo no puedo vivir así, nadie debería vivir así”. En contraste, alguien con una actitud capitalista pensaría: “Todos deberían tener la oportunidad de trabajar para poder comprar una casa como esa”.
El capitalismo también supone una voluntad de tomar riesgos empresariales. Algo fundamental del capitalismo es la moderna corporación, que facilita, mediante la venta de acciones al público, la concentración de grandes sumas de capital para apoyar un proyecto emprendedor. Sin esta capacidad de concentrar capitales, las economías nacionales se limitan a negocios en pequeña escala, o dependen del gobierno para operaciones comerciales que requieren grandes sumas de capital.
Los críticos de las corporaciones señalan la dispersión de responsabilidad entre managers profesionales, directores y accionistas, como un defecto fatal de las corporaciones. Pero las alternativas serían ser una economía primitiva, o dejar al gobierno todas las actividades que requieren grandes capitales. Esto conllevaría mayor dispersión aun de responsabilidad, e ineficiencia. ¿Por qué entonces algunos, en particular jóvenes, parecen odiar tanto al capitalismo?
Encuestas de opinión sugieren que los jóvenes no piensan muy bien del capitalismo. Una encuesta en 2016 de Harvard University a jóvenes de 18 a 29 años encontró que 51% de los encuestados respondió no apoyar el capitalismo. Otra, de YouGov, encontró que el 44% de los millennials americanos expresó que preferiría vivir en un país socialista, comparado al 42% que preferiría vivir en un país capitalista. Esas  actitudes implican una pregunta: si los jóvenes rechazan tanto al gobierno, ¿por qué querrían más, en forma de un gobierno mayor o mayor control gubernamental de nuestras vidas y economías?
Una fácil conclusión sería repetir el criterio atribuido a Winston Churchill de que “si un hombre no es socialista a los 20 años, no tiene corazón. Si no es conservador a los 40, no tiene cerebro”.
Pero hay más en las actitudes de los jóvenes sobre el capitalismo, y los resultados de esas encuestas son difíciles de interpretar, porque capitalismo puede significar diferentes cosas a diferentes personas. Además, esta actitud negativa no es única de la juventud actual. Los jóvenes, durante generaciones, han mostrado típicamente menos apoyo a sus sistemas políticos y económicos que sus mayores. También está claro que terminan cambiando esos puntos de vista con el paso de los años. La mayoría de las objeciones juveniles parecen dirigidas al capitalismo de compinches donde los negocios prosperan no como resultado de arriesgarse, sino mediante contubernios entre los negociantes y los políticos; o situaciones donde el poder estatal se utiliza para suprimir la genuina competencia. Todos deberíamos compartir ese disgusto.
Interesantemente, en encuestas de seguimiento jóvenes participantes favorecen fuertemente ideas tales como compañías propiedad de empleados, y planes de reparto de beneficios, más que defender empresas de propiedad estatal. Estas son ideas capitalistas utilizadas por compañías modernas para incrementar rendimientos.
Los jóvenes actuales rechazan el capitalismo sin una idea clara de qué debería reemplazarlo. Cuando desempaquetamos las ideas de los jóvenes que protestan vemos que carecen de coherencia intelectual; realmente desean más capitalismo, no menos. Las preocupaciones de los millennials que protestan están mayormente relacionadas con justicia e imparcialidad y no con propiedad estatal de los medios de producción.
Los jóvenes son tercos en cuanto a tener control de sus actividades. No desean una pesada presencia del gobierno en sus asuntos personales. Y esas son actitudes capitalistas. Esos jóvenes que protestan son capitalistas: aunque todavía no lo saben.
Nota: El último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”
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