HAVANA CLIMA

socialismo en Cuba

Pasado presente (III)

En la secuencia inicial de Rashomón (1950), un campesino y un joven budista miran fijamente la lluvia que no cesa, mientras murmuran entre dientes que no entienden lo que han visto con sus propios ojos. Su noción de lo ocurrido es solo el fragmento de un rompecabezas, que tiene cuatro versiones, total o parcialmente contradictorias, escuchadas por ellos durante un juicio donde se dirimía un asesinato. Ambos están perplejos ante la idea de que la verdad pueda ser tan enrevesada y diversa.Completa la escena un forastero que llega a guarecerse de la lluvia en la antigua puerta de Rashomón, a la entrada de Kyoto, y se suma a la conversación. Sus preguntas curiosas no aclaran nada, más bien hacen que todo resulte más contradictorio y absurdo. Ni siquiera entiende lo que les pasa o sienten los otros, así que se sienta en un rincón a esperar que escampe.Agobiado por los malos augurios, el sacerdote afirma que el crimen es un signo de la época, como las guerras, las plagas, la hambruna, la desolación, y los seres humanos que se han perdido a sí mismos. Finalmente, el campesino cree haber hallado la clave del enigma, pero en eso descubre a un recién nacido abandonado en la arruinada puerta. «Tengo seis hijos. Este será uno más.» Su gesto hace que la historia deje de estar confinada al pasado, tras una pared de palabras, mientras él se encamina con el niño en los brazos fuera de la puerta, donde ya no llueve.Premiada por la Academia de Hollywood como Mejor película extranjera en 1950, para algunos espectadores cubanos de hoy resulta aburrida, extraña, intelectual, falta de interés y poco apropiada para la televisión de verano. En cambio, yo encuentro fascinante ese thriller del siglo XII, a la vez de acción, policiaco y ensayo sobre el entendimiento humano, que nos habla sobre cómo la imaginación y la indagación rompen esquemas mentales, pues la verdad no está en el fondo de un baúl, sino en visiones sucesivas que se van abriendo hacia adelante.En el texto anterior puse sobre la mesa un grupo de preguntas en torno al pasado presente de la izquierda en Cuba. Un lector amigo me decía que eran muy complejas, por su alcance político, y que para comentarlas había que «contar con tiempo.» Claro que es un tema complejo, le dije, e incluso para algunos puede que sensible; no tanto por las preguntas, más bien simples, sino porque no se acostumbra a analizar ni a debatir de manera ecuánime, a pesar de ser muy visible en los últimos tiempos.Pasado presente (II)Para empezar, algunos tienen la impresión de que la izquierda del pasado era bastante más uniforme que la actual. Veamos.  Las “izquierdas” Está claro que el liderazgo de Fidel Castro alineó desde el principio a ortodoxos y heterodoxos detrás de una raya común, unitaria, ligada a la defensa de la Revolución, y a la lealtad a sus principios. Sin embargo, si sumamos el grupo de viejos comunistas seguidores de Anibal Escalante, los antiguos militantes del Partido Ortodoxo y otros más adheridos posteriormente a la oposición, los que se fueron al exilio, o se convirtieron en disidentes, y que siguieron llamándose izquierda, fueran socialdemócratas o anarquistas o lo que sea, la izquierda antifidelista que sobrevivió a los años de la guerra civil (1960-65) no habría llenado el cine de Cabaiguán.Su déficit principal no fue tanto, sin embargo, su cuantía, sino su ineptitud para «instituirse eficazmente» como alianza opositora, porque, más allá de oponerse a Fidel Castro, ni siquiera tuvieron una base común que pudiera unirla detrás de un proyecto político concreto e independiente de la derecha.La pregunta que se desprende para la situación actual es la siguiente: si se reconociera hoy como izquierda a algunas corrientes opuestas al gobierno o al PCC, ¿tendrían algo en común con aquella anterior? ¿O serían completamente distintas? Para ponerlo de otra manera: a diferencia de aquella izquierda anticomunista, ¿las izquierdas de oposición actuales podrían reflejarse en el legado fidelista o guevarista? Digamos, ¿compartirían la visión sobre el papel atribuido al Estado y el Partido en cuanto a guiar el proceso político y económico, defendida por el Che Guevara?Claro que asumir el legado de Fidel o del Che no implica repetir enfoques suyos de hace medio siglo. Considerar algunos como inaplicables hoy tampoco equivale a negar ese legado. Por otro lado, tanto el Che como Fidel fueron portadores de ideas que podrían caracterizar a una oposición leal, es decir, dentro de las filas.Leer detenidamente «El socialismo y el hombre en Cuba» o «Notas sobre la ideología de la Revolución cubana,» del Che, o su carta de despedida a Fidel (no la leída por Fidel en 1965, sino la que se publicó hace muy poco sobre los males de la gestión gubernamental), permiten apreciar que la condición de dirigente político no excluye el cuestionamiento hacia «todo lo que debe ser cambiado,» incluido el propio rol de los dirigentes, su relación con los dirigidos y su obligación de hacer que las cosas funcionen y de responder por lo mal hecho.En cuanto al elemento de disenso en el legado de Fidel, me pregunto ¿qué fue la búsqueda de un modelo socialista propio, apartado del soviético o el chino, en los años 60, sino una herejía iconoclasta contra los patrones prevalecientes en el comunismo mundial? ¿En qué consistió la Rectificación de errores (1986-1991) sino en auspiciar desde el gobierno una oposición al modelo soviético que Cuba había adoptado como «el camino correcto» desde 1971, para lanzar un llamado a formular otro, frustrado en el intento, a consecuencia de la crisis? Sin embargo, por mucho que se invoquen ideas y acciones suyas que avalen, según la frase del joven Marx,  «la crítica implacable a todo lo existente,» sería muy difícil acoplar a Fidel o al Che con una economía de mercado y una democracia basada en múltiples partidos, y que abarcara realmente a toda «la Nación cubana.» Es decir, una izquierda cuya referencia fueran los escandinavos estaría haciendo un corte con Fidel y con el Che, así como con buena parte de la izquierda cubana actual. Por lo menos.Lo mismo pasaría con la izquierda intelectual de los 60 como pasado presente: ¿cómo esta es percibida hoy desde la cultura política de la izquierda actual, asumida en su más amplio espectro?Ortodoxos y heterodoxosUn punto paradójico donde se juntan hoy ortodoxos y heterodoxos resulta ser que probablemente la mayoría se identifica con las ideas, el pensamiento crítico y la proyección como intelectuales públicos de figuras de esa izquierda de los 60, a las que se refieren como sus maestros. Unos y otros admiran a los viejos heterodoxos —y por cierto, no se acuerdan de quienes los impugnaron entonces.En efecto, si se examina la visión de muchos ortodoxos de hoy sobre Fernando Martínez Heredia, Aurelio Alonso, Juan Valdés Paz, se comprobará que no prevalece una representación como «revisionistas,» «diversionistas,» socavadores inconscientes de la genuina y única ideología revolucionaria, «anti-leninistas,» ingenuos que le hacían «el juego a los enemigos,» según fueron calificados en su momento desde la dirección del PCC.  Por su parte, los heterodoxos de hoy no ven a los de la izquierda surgida en los 60 como «orgánicos y obedientes,» plegados a la disciplina del «centralismo democrático» propia del «leninismo,» ni sumisos ante el costo político de su herejía. Quizás alberguen esas críticas, pero al menos yo no he encontrado a ninguno que las afirme públicamente, ni siquiera en el confesionario de las redes. Aunque es obvio que algunas de esas corrientes no coinciden con el sentido de pertenencia y militancia en las organizaciones establecidas, ni con el criterio de cambiarlas desde adentro, preconizados en las conductas políticas de esos maestros.Para decirlo en pocas palabras, el legado de Fidel y el Che, así como con el de la izquierda intelectual que siguió pensando el socialismo y sus problemas hasta ahora, les plantea una paradoja de identidad a algunas corrientes de la izquierda de hoy: la de reconocerlos y negarlos al mismo tiempo, en sus ideas y en sus prácticas políticas.La última cuestión en este pasado presente alude a la legitimidad conferida a otras corrientes de izquierda. Ni quienes exaltan la unidad como un valor político central, ni quienes remarcan la pluralidad, la democracia y la libertad como ejes de un sistema nuevo, en su mayoría, reconocen realmente a los que no piensan como ellos.El duelo público entre algunas corrientes de izquierda en la actualidad no es «a primera sangre,» sino «a muerte.» No se trata solamente del tono y el lenguaje del debate intelectual y político, ni de la colocación de etiquetas que denuestan al otro, sino de la premisa asumida: los otros no son parte de ninguna izquierda, no pertenecen, más bien merecen el ostracismo, el destierro o cualquier otra mecánica equivalente a sacarlos del juego.En términos de pasado presente, esta conducta contrasta con la vieja izquierda y su legado. A pesar de que el sectarismo ha estado presente en más de una corriente política desde el alba de la Revolución, heterodoxos y ortodoxos de los 60 no se negaron mutuamente en el plano político hasta el punto de deslegitimarse.Quedan todavía algunas preguntas en el bombo.Una: ¿hasta qué punto las diversas izquierdas de hoy podrían instituirse con capacidad política para caminar con un proyecto socialista definido bajo el brazo? Otra: ¿en sus críticas al PCC está implícita la posibilidad de una reforma democrática interna, equivalente a facilitar la apertura al debate y a la interaccióń entre la dirección y las bases, la mayor representación de estas, etc.? ¿O más bien que se convierta en «partido de masas»? ¿O que se divida en partidos que representen corrientes en sus filas? ¿O que desaparezca?Por último: una izquierda más dedicada a criticar al gobierno que a la derecha antisocialista y a la política de EEUU, ¿se define más por su ideología de izquierda que por su rol de oposición? ¿O al revés?Me pregunto cómo responderían a estas preguntas el budista, el forastero y el campesino de Rashomón —si fueran cubanos. Podríamos imaginarlo.

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Pasado presente (II)

Cuando evoqué los debates de los 60 en torno a la enseñanza del marxismo, no sé si dejé claro que su objeto central y casi único, lo que estaba en el fondo y en la superficie de aquellas disquisiciones sobre cómo y qué se enseñaba, era la cuestión de una teoría del socialismo. Los ortodoxos pensaban que esa teoría ya era ciencia constituida, según la experiencia de la revolución rusa, sus predecesores y estrategas. Los heterodoxos defendían que esa ciencia europea había que injertarla aquí, según el curso de la experiencia revolucionaria cubana, y de su leal saber y entender, que como tal no desmerecía ni en lo práctico ni en lo ideológico de la de allá.Para estos últimos se trataba de pensar nuestra revolución en sus propios términos, y a partir de su camino de ruptura de dogmas sobre cómo, cuándo y dónde hacerla según «las condiciones objetivas y subjetivas,» como se decía entonces. La cuestión de qué y cuánto de esa ciencia revolucionaria se aplicaba a nuestra experiencia política conllevaba estudiar y dominar sus fuentes teóricas y prácticas, no solo declarar que, como éramos distintos y diferentes a los rusos, no había más que escuchar bien, leerse y aplicar a Fidel Castro, el Che Guevara y los demás líderes, con lo cual bastaría para desenredar los dilemas de destruir, y sobre todo, de construir un orden social de arriba abajo.En aquel contexto, esos intelectuales del marxismo estaban para contribuir con sus estudios a enriquecer la teoría del socialismo, de manera que sirviera a otros países como Cuba, y a sistematizar el pensamiento y la experiencia de la lucha y de la construcción de una nueva sociedad, para guiar la nuestra. Casi nada.Naturalmente, en qué medida eran capaces de hacerlo, no era lo que les daba su condición de izquierda intelectual, ni a ellos ni a los ortodoxos, sino el hecho de que trabajaban dentro de un proceso político real, con el cual se articulaban mediante lo que uno de ellos llamó «el ejercicio de pensar.» Se trataba de una acción política que adquiría siginificado en el contexto de los problemas y desafíos que el país enfrentaba, hacia adentro y hacia afuera. Sus santos y señas intelectuales, fuentes, corrientes, autores, no estaban confinados a los programas universitarios de filosofía, sino abarcaban a los intérpretes, pensadores y dirigentes de la revolución como fenómeno del mundo contemporáneo. Como decía uno de los principales intelectuales de entonces, la Revolución cubana se entroncaba con Marx donde este había pasado de la ciencia a la acción política, pues el «marxismo está presente en los acontecimientos de la Revolución cubana, independientemente de que sus líderes lo profesen o conozcan cabalmente, desde un punto de vista teórico.»1Volviendo sobre las preguntas que propuse al cierre del artículo anterior, diría que algunas diferencias separan a la izquierda intelectual de los 60 y a la actual.Pasado presente (I)Como subrayé, aquella era una izquierda politicamente involucrada. En muchos casos, habían sido militantes de las organizaciones revolucionarias precursoras, o lo eran del Partido o aspiraban a serlo. Pero la condición de militante iba mucho más allá de esa membresía. Para entender ese involucramiento hay que comprender la complejidad del proceso político llamado la Revolución.Hace unos días, un amigo notaba que Lezama y Mañach hacían de su simpatía espontánea por el M26 parte de su actitud como intelectuales públicos. Probablemente no se les hubiera ocurrido hacerlo por otro partido político, por más patriotico o íntegro que fuera. Y es que el sentido de ese gesto no puede leerse al margen de la causa cívica y moral que lo inspiraba. Identificarse con la emancipación y la justicia no equivalía a adherir a una organización, sino a asumir una actitud distinta ante una acción política distinta por su significado.De manera que escritores, artistas, profesores, periodistas, fueran o no de izquierda (ni Lezama ni Mañach lo eran), hacían de su posición hacia la revolución una actitud propia de su condición como intelectuales públicos. En un contexto donde, además, millones de cubanos lo hacían a su manera, reivindicando una condición ciudadana que no valía tanto por su mera connotación jurídica, sino por representar una experiencia de participación política desconocida para la mayoría.En medio de aquella Cuba en revolución, la izquierda intelectual no eran solo, por cierto, intelectuales como los mencionados arriba. También lo eran los médicos que se iban al servicio rural, los estudiantes que marchaban a alfabetizar, los teatristas que subían lomas en busca de otros espectadores, y hasta los universitarios que interrumpían sus carreras para incorporarse a las tropas coheteriles. Aunque la inmensa mayoría no era miembro de ninguna organización, su actitud era condición necesaria y suficiente de una izquierda militante.Claro que la condición de vanguardia en el campo de la cultura y el pensamiento no se ha derivado, ni entonces ni ahora, de pertenecer al PCC o de ocupar un cargo, sino del reconocimiento por sus méritos y autoridad en ese campo. Antes he explicado que, más que un registro de alineación o un título otorgado, pertenecer al Partido significaba entonces un reconocimiento que la gente se ganaba, o que luchaba por ganarse. Pero en cualquier caso, aquella izquierda desbordaba esa pertenencia orgánica, y se identificaba con un alineamiento respecto a la Revolución, que como reconoció una vez su máximo líder, era mucho «más grande» que el liderazgo o que el conjunto de los revolucionarios mismos. Para entender la dinámica política de esa izquierda intelectual también conviene advertir que los intelectuales estaban en todas partes, también dentro del poder. Los reflejos políticos de los que estaban dentro y los que estaban fuera no se diferenciaban mucho. De manera que los alineamientos ante alternativas, como las que entonces provocaron polémicas en el campo de la cultura o de la economía, los involucraban a ambos.¿Qué rasgos particulares distinguen a esa izquierda cubana y a sus intelectuales en la actualidad?Si el liderazgo de Fidel Castro alineaba a ortodoxos y heterodoxos detrás de una raya común, unitaria, ligada a «la defensa de la Revolución,» ¿con qué acción o proyecto político concreto se autoidentifica el abanico de la izquierda cubana actual?En otras palabras, si como dice Bourdieu, una izquierda política se define por orientarse hacia «una actitud crítica instituida eficazmente, » ¿cómo se instituye la cubana actual? ¿Qué manifestaciones y acciones la definen como tal, además de su autoidentificación? ¿Qué marca políticamente su condición como izquierda, más allá de su discurso ideológico? ¿Existe una marca de identidad en una determinada doctrina compartida? ¿Es su objeto contribuir a renovar una teoría del socialismo como lo fue para el pasado presente?Incluso si se redujera a la franja de la heterodoxia, las diferencias entre la izquierda de los 60 y la de ahora siguen siendo apreciables. Digamos, ¿lo que entonces se asumía como identificación política con la Revolución hoy sería visto como obediencia? ¿Donde aquellos heretodoxos de los 60 eran «orgánicos y disciplinados,» los de hoy son «independientes y libertarios»? ¿Donde aquellos «se plegaban,» estos «disienten»? ¿Qué creencias y convicciones los ligan, si es que comparten algunas?En efecto, si,  como hemos visto, la izquierda y el PCC no han sido idénticas punto por punto en el pasado, ¿con qué se alinean las corrientes en que se subdivide hoy la izquierda cubana? ¿Es la actitud hacia el liderazgo una marca de identidad o de diferenciación? Incluso si se admitiera que una izquierda que critica al gobierno y sus políticas es parte del legado de Fidel Castro, ¿podria decirse lo mismo de un segmento de esa izquierda que, salvo en el rechazo ante la política de EEUU, no se reconoce en el espejo del PCC?Si se registra como un hecho que dentro del nuevo paisaje creado por la transición aparece tanto una oposición al PCC desde la derecha («la contrarrevolución») como de un segmento de la izquierda, ¿existen puntos de tangencia entre ambas? ¿Cuáles son sus diferencias en el campo político concreto de fuerzas en pugna?  Antaño, la coincidencia básica con el liderazgo y sus políticas eran una premisa de su militancia de izquierda, aun al margen de su membresía en el PCC. Hoy, su actitud como izquierda, su independencia e identidad ideológica, ¿se definen en mayor medida por la crítica a la oposición antisocialista o por el cuestionamiento de las políticas oficiales? ¿Por las dos, en medida pareja; o más bien por una de las dos?  Finalmente, habría que dar un paso atrás para preguntarse si es izquierda todo lo que se manifiesta en la esfera pública, en términos ideológicos o de pensamiento crítico. ¿Hasta qué punto puede considerarse acción política lo que hacen los francotiradores que pululan en las redes de un lado o de otro? La pregunta de fondo sería si, más allá de lo que rechazan o abominan, ¿son asociables a un proyecto político determinado?.Releyendo esta ristra de preguntas se me ocurre que los aludidos podrían disponerse a contestarlas. Si se animan a colaborar con mi próximo texto, aquí los estoy esperando. Soy todo oídos.***Nota:1 Che Guevara, «Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana,» 8 de octubre de 1960. 

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La economía cubana y sus muchas guerras

En los últimos sesenta años, en esta pequeña isla hemos tenido que enfrentar muchas y muy variadas guerras en el ámbito tan difícil de aprehender desde una sola perspectiva que es el de la economía.Escribo estas líneas motivado por un reportaje del Noticiero Nacional de Televisión. Tres intervenciones en el Pleno de Comité Central del Partido son su contenido. Las tres estaban dirigidas a explicar /argumentar/ defender a las llamadas “formas de gestión no estatales” y su legitimidad en el socialismo. No es la primera vez —e imagino que no será la última— que desde la más alta dirección del gobierno y del Partido se defiende a estas nuevas formas de gestión.Es cierto que a veces el discurso político que las defiende va muy por delante de los instrumentos regulatorios que permiten su consolidación y, mucho más aún, de los prejuicios ideológicos que se empeñan en identificarla a priori como un mal necesario y a veces como un error estratégico. También es cierto que otras tantas veces esos prejuicios, muchos de los cuales nos acompañan casi desde el inicio, han permitido consolidar posiciones que han retrasado el proceso de cambio iniciado en los noventa e incluso, lo pusieron en reversa en más de una ocasión. El daño ocasionado por esos prejuicios es muy difícil de calcular, pero la debilidad de nuestra economía hoy, nuestra vulnerabilidad a las medidas de la administración estadounidense, y el tremendo esfuerzo que se hace para salir de esta pandemia puede servir de proxy para estimar ese daño, al menos en una buena parte.Sin dudas esas intervenciones también reflejan esa otra guerra que todos los días — desde hace ya mucho más de veinte años—, se libra en nuestro país contra la resistencia y contra los resistentes. Es probablemente las más difícil de todas las guerras, porque incluso es nuestra propia guerra, aquella que hay que librar todos los días contra nosotros mismos, contra lo que un día aprendimos, contra lo que nos pareció que debía ser para todos los tiempos, contra lo que en un tiempo estuvo sustentado en “principios”, que después cambiaron radicalmente, incluso contra valores dentro de los cuales crecimos y asimilamos como los valores de un socialismo, asumido como el socialismo, y definidos, a veces incluso en contra de los principios básicos del marxismo.En materia de economía nuestras guerras han sido muchas en estos sesenta años, desde aquellas primeras libradas contra las medidas iniciales del gobierno estadounidense y que nos llevaron a instituir una tarjeta para la compra de manteca, preludio de lo que después sería nuestra sempiterna libreta de abastecimiento.Luego la guerra contra el bloqueo en su versión inicial —que fuera muy amortiguado por la “ayuda fraternal y solidaria de la Unión Soviética (URSS)”—, después contra el bloqueo incrementado por las “Torricellis”, expandido luego hasta lo que parecía imposible por la Helms-Burton y más tarde llevado a expresiones casi inimaginables por Mr. Trump, herencia recibida por Mr. Biden con beneplácito. El bloqueo, sin dudas ha modelado parte de nuestra manera de ser, de pensar en soluciones, de asumir el presente y de imaginar el futuro.Otra guerra de más larga data ha sido la que nuestro país ha librado contra el subdesarrollo y la dependencia. Subdesarrollados antes y ahora, aún no dejamos de ser un enano de cabeza y tórax enorme y piernas y brazos pequeños y débiles, entendiendo por cabeza y tórax a esa burocracia que se resiste y por las piernas a nuestro aparato productivo que no es capaz de sostenernos. Dependiente de España, dependiente de Estados Unidos, dependiente de la URSS y cuasi dependientes de Venezuela en tiempo reciente. Subdesarrollo y dependencia van de la mano y también han condicionado nuestra manera de comportarnos, nuestra cultura empresarial, el enfoque y la adopción de soluciones a nuestros problemas, caracterizado por buscar “afuera” lo que se puede obtener “adentro”, por preferir a lo de “afuera y a los de afuera” antes que a los de “adentro”, al extremo de que logramos tener un cuerpo legal para la inversión extranjera mucho antes de tenerlo para las “actores nacionales”.La Inversión Extranjera Directa y el ordenamientoPublicidadY todo ello se ha conjugado todos estos años y ha creado ese pensamiento y esa forma de reaccionar ante las oportunidades y las amenazas, haciéndonos más reactivos que proactivos, condicionados por aquel aprendizaje que ha prevalecido hasta hoy y que consolidó la idea del Estado omnipresente, del presupuesto infinito, de los supuestos recursos ilimitados, de hacerlo todo a cualquier costo, de los falsos conceptos de que la educación y la salud porque son gratis, no cuestan. De la espera infinita por la respuesta a destiempo, de la incultura del servicio público, la del sacrificio de todos por la ineficiencia de algunos, —tan común en nuestro sistema empresarial estatal—, donde no hemos logrado ganar ninguna de las batallas, en esta, quizás una de las más largas guerras, que data de mediados de los setenta.Quizás la mayor virtud de estas llamadas formas de gestión no estatales —todavía demasiado pocas, aunque ya para algunos sean demasiadas— sea la de sacar de la “zona de confort” a casi todos, a los ministerios que deben finalmente entender que sus fronteras de acción van más allá de “lo estatal”  porque el país lo construimos todos; a los reguladores, para algunos de los cuales es más importante perseguir la riqueza que luchar de forma efectiva contra la pobreza; a las autoridades territoriales que aun desaprovechan la fuerza tremenda que estas formas de gestión tienen a nivel local y; a los empresarios del sector estatal que entienden la competencia más como un mal evitable y reclaman una “protección” que por su desempeño algunos no merecen, en vez de como una oportunidad de mejora para un sector —el de las empresas estatales— del cual depende fundamentalmente la dinámica de nuestra economía.Las tres intervenciones tocaron temas claves del proceso de reforma que Cuba está experimentado de forma mas intensa desde hace unos meses atrás. Las tres constatan que se libra una guerra en el campo de las ideas políticas, que se requiere un esfuerzo mayor en el orden político para que lo acordado hace ya varios años termine por vencer a aquellas otras ideas ancladas en condiciones pasadas, que parece que no volverán a repetirse en los años venideros.El tren de las reformas económicas en Cuba acelera (I)No es posible avanzar hacia la prosperidad sin producir riqueza. No es posible producir riqueza si los que la producen no logran disfrutarla plenamente, como tampoco es posible disfrutar plenamente de la riqueza si las desigualdades son extremas. Si queremos un país de mujeres y hombres buenos, tenemos que tener un país de hombres y mujeres prósperos, porque como afirmara una vez nuestro Apóstol, en lo común del comportamiento humano se necesita ser próspero para ser bueno.

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Las fotos de Juan

No tuve el honor de ser alumno del intelectual cubano Juan Valdés Paz (La Habana, 1938-2021). Tampoco tuve la dicha de estar cerca suyo y cobijarme en su personalidad sencilla, generosa y hasta reparadora. Mi consuelo es haberme nutrido de su pensamiento por medio de sus libros, y algunas charlas a las que tuve la oportunidad de asistir.Una vez pensé en mandarle a Juan un manojo de fotos que tomé en Cuba, en 2019, y confesarle que, aunque él no lo supiera, de alguna forma era coautor de aquellas instantáneas. O, mejor, agradecerle y devolverle estas, sus fotos. Y es que este politólogo y sociólogo había contribuido con su sabiduría a la manera en que disímiles escenas de nuestro país captaron mi atención.PublicidadEso de hacerle llegar las fotografías se me ocurrió mientras volaba en un avión, en un viaje de 10 horas entre La Habana y Buenos Aires y subrayaba párrafos y párrafos de uno de sus libros.El texto de Valdés Paz al que hago referencia es El espacio y el límite: estudios sobre el sistema político cubano, publicado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y Ruth Casa Editorial, en 2009. Es un estudio agudo, que toca con sentido crítico y sin temores varios hilos institucionales, políticos y democráticos en Cuba.Recuerdo con grata sorpresa la parte dedicada a la participación popular en Cuba después de 1959. Según mi percepción, este es un tema que dentro de la Isla se diluye entre los discursos y las consignas vacías. Pero Juan lo salva y nos lo presenta sin eufemismos. Es tan grande su análisis y lucidez, con tantos asideros teóricos, que este material bien podría ser de obligada consulta para quienes manejan la política cubana. Creo que en estos tiempos de dureza, estaríamos a mejor resguardo.Ahora busco ese libro en mi biblioteca, voy al apartado donde trata esos temas, ya en el capítulo final, y entre mis subrayados encuentro que, por ejemplo, el autor considera políticamente que “solo un mayor grado de implicación de la comunidad territorial en la formulación e implementación de estrategias de supervivencia y desarrollo puede ayudar a una solución de las dificultades presentes”.Y en tal sentido, en otro párrafo, resume: “la democracia participativa ha de concebirse no solo como una estrategia de la transición socialista, sino también como uno de sus objetivos finales, cuyo logro más o menos lejano determine desde ahora la orientación y el modo de la Revolución”.Y ahí voy a otras páginas, donde destaco una idea alrededor de la sociedad civil. Juan, en el epílogo del libro, apunta que la sociedad civil cubana está formada en su mayoría por organizaciones de masas que “forman parte a la vez del sistema político y del sistema civil, es decir, tienen un pie en la sociedad civil y otro en el sistema político”.Acto seguido alerta sobre una falla grave de estas instituciones en el quehacer diario de la sociedad cubana.“El famoso paradigma leninista plantea que estas organizaciones son correas de transmisión que suben las demandas de la sociedad y bajan las orientaciones de la dirección de la revolución; con el paso del tiempo y por razones no muy claras, estas correas bajan muchas directivas y suben pocas demandas. Entonces, un tema que se debate es el papel desvirtuado, deformado, de esta institucionalidad que son las organizaciones de masas”.Al desmenuzar sobre la participación Juan no elude ningún tema candente. Es más, sale a buscar “al toro” y “lo toma por los cuernos”. Tal es el caso cuando marca falencias “en el funcionamiento de los medios de comunicación de masas, es decir, del papel, el manejo, la eficiencia del sistema de comunicación, así como de su carácter verticalista, el cual —al igual que sucede en las organizaciones de masas— baja mucha información, propaganda y directivas, pero sube pocas demandas, críticas, evaluaciones, etcétera, desde la sociedad”.Sus reflexiones en torno a la participación popular y la descentralización del Estado no se agotan. Sobre esos temas volvió a explayarse y dejó definiciones claves una y otra vez y en diferentes tribunas. En una entrevista en 2016, publicada por el blog “Catalejo” de la revista Temas, dentro de la serie “¿Qué socialismo?”, Juan advierte sobre la necesidad de “empezar por terminar con la identidad de socialismo y Estado. La nuestra es una república socialista que tiene un Estado, pero la república no es el Estado. Por lo tanto, el primer problema que creo que enfrentamos es cómo desestatizar el socialismo cubano; ¿en favor de debilitarlo, de establecer dominios privados? No, en función de más autogobierno y más autogestión. Hay que desarrollar las formas autogestionarias de todo tipo —cooperativas, asociativas, comunalistas, etc.— y hay que desarrollar las formas de autogobierno, lo que sugiere una enorme descentralización del actual modelo de Estado y de Administración Pública que tenemos.”Acto seguido apunta a un gran problema y “es lo que voy a llamar de una manera poética, un mayor alcance —yo diría notable— de su desarrollo democrático. Tenemos enormes déficits en este sentido, que han sido legitimados como restricciones impuestas por la confrontación con Estados Unidos. Pero el socialismo no puede posponer indefinidamente la democracia que ha prometido”. Esa idea debería estar pintada en letras mayúsculas en las paredes públicas de toda Cuba.Un par de meses antes de mi viaje a la Isla, en abril de 2019, lo fui a ver a Juan a una charla en Argentina sobre el presente de Cuba y la recién entonces aprobada Constitución, que había entrado en vigor apenas unos días antes de ese conversatorio.En esa ocasión y luego de explicar la importancia de la nueva Carta magna cubana, volvió a insistir con la urgencia de engrasar y renovar los mecanismos de participación. Ante un auditorio en su mayoría compuesto por personas con un juicio romántico y épico hacia la Isla y su gobierno, el sociólogo cubano dijo que uno de los desafíos que presentaba el desarrollo democrático y la participación política en Cuba era la edificación de una cultura que lo acompañe y lo oriente, y que lo convierta en una norma de valor para toda la sociedad. Entre la reminiscencia de esa tertulia y la inmersión en su libro en pleno vuelo, aterricé en Cuba a mediados de 2019. Luego de varias semanas entre familia y amigos, y de zapatear varias ciudades emprendí el viaje de retorno al sur, cargado, como siempre, de muchas fotografías.Nunca le mandé las fotos a Juan. Quedó solo como pensamiento efímero en aquel vuelo de Cubana de Aviación donde pasé la mayoría del tiempo garabateando su libro. Cuando supe el pasado martes la triste noticia de su fallecimiento, sentí eso como una falta de mi parte, una deuda personal.Pero ahí está mi registro fotográfico de nuestra Cuba que, de cierta forma, son también las fotos de Juan. Volver una y otra vez a sus ideas y miradas es asistir a un proceso de interpelaciones y enfoques disímiles de las realidades que nos estallan a diario.También nos convida Juan a no esquivar nuestros problemas, contradicciones y hasta conflictos. Cuando eso suceda hay que recordar su discurso en el homenaje por el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, que le fue dado el 14 de febrero de 2015 durante la XXIV Feria Internacional del Libro de La Habana. Entonces, Juan Valdés Paz expresó que una de las lecciones que había aprendido en su vida era la de aferrarse “al principio ético que nos dejó Aristóteles acerca de que ‘la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero’.”

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Cuba: sincronía de una imagen (II)

La caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989) y la desintegración de la URSS (26 de diciembre de 1991) alimentaron una especie de in crescendo en la información pública sobre Cuba en Estados Unidos. En torno a esta plataforma se erigieron las expectativas sobre la posible evolución de los acontecimientos internos en un contexto de crisis económica y social de hondas repercusiones que se prolongan hasta hoy. ¿Socialismo en una sola isla?, ¿Por cuánto tiempo? ¿Podría sobrevivir Cuba a la desaparición del subsidio soviético? ¿Transición pacífica o violenta?Las anteriores fueron, básicamente, las grandes interrogantes plantadas en la política y los medios entonces. En sus respuestas resultaban usuales los pronósticos sobre la duración del régimen cubano que, si generosos, llegaron a concederle apenas posibilidades de 50-50 de sobrevivencia para el nuevo siglo. Entonces se reforzó una imagen fuertemente negativa sobre el sistema socialista, levantada sobre el consenso general en la política y los medios, lo cual otorgaba escasos espacios a puntos de vista alternativos dentro del mainstream. Ello conducía de vez en cuando a la idea de celebrar la nochebuena en La Habana o a predecir que Fidel Castro caería tres meses después de aprobada la Cuban Liberty and Democratic Solidarity (LIBERTAD) Act, más conocida como la Ley Helms-Burton, por el Congreso de Estados Unidos (1996).En ese contexto, se produjo una sobrestimación del papel de los contactos con Occidente en los sucesos de Europa del Este, toda vez que, de acuerdo con esas lógicas, lo que funcionó allí funcionaría en Cuba inexorablemente, una carta en la que se apostaba en informes, recomendaciones y medios de difusión. Ahí emergió el llamado “carril dos”, entendido como una manera de deshacerse del sistema imperante mediante la lógica de los contactos: en Cuba lo caracterizaron como “el abrazo (o el beso) de la muerte”. “Estamos tratando de abrir más canales de comunicación”, dijo un funcionario del Departamento de Estado de la administración Clinton. “Esperamos que lo visto en Europa del Este ayude a refrescar la sociedad de la Isla. Estamos tratando de ayudar al pueblo cubano para cuando ocurra la transición inevitable”. El Muro de Berlín. Foto: Archivo.Visto en retrospectiva, tal vez uno de los puntos más vulnerables de todo el proceso de reacomodo de la imagen fue presentar a la cubana como una cultura cerrada y sin interacciones con la dinámica externa, justamente en un contexto caracterizado por la relación multilateral con el mundo, no solo a partir del turismo y la inversión extranjera, que en 1993 se empezaron a abrir camino en Cuba como parte de un agónico proceso de ajuste y reforma, que ha mostrado hasta el día de hoy más resilencias que avances.Pero la idea del aislamiento tuvo una poderosa apoyatura en la construcción de la imagen: Buena Vista Social Club (1997). Capitaneados por el Beach Boy Ry Cooder y por el criollo Juan de Marcos, los productores del CD y el filme homónimo de Wim Wenders (1999) reciclaron un conjunto de músicos preteridos, ajenos a cualquier sentido de modernidad hasta en los instrumentos que tocaban, pie forzado ideal para apuntalar la imagen de un país donde ni los anuncios de McDonald’s ni de Coca-Cola forman parte del horizonte visual. En esa atipicidad radicaba su poder de convocatoria, es decir, en la idea de que la globalización, supuestamente, no se había asomado por tierras cubanas, incluso a nivel de los medios en los que sonaba esa música maravillosa, pero detenida en el tiempo, bien lejos de la electrónica y del sonido de los sintetizadores. Y junto con Buena Vista llegaron dos correlatos, el primero dolorosamente real: la imagen de una Habana gobernada por las ruinas y los carros viejos, convertidos desde ese momento en eso que los expertos en turismo llaman “una marca”. Pero, en todos los casos, una cosa quedaba clara: los cubanos eran un oscuro pueblo sonriente a la espera de un nuevo Rudyard Kipling del obturador.[embedded content]El caso de Elián González (1999) constituyó, como antes los de Lorena Babbitt, O. J. Simpson y Mónica Lewinsky, una suerte de obsesión nacional en Estados Unidos que puso en el orden del día la preeminencia de Cuba y los cubanos de ambas orillas en los espacios públicos, en las conversaciones cotidianas, los centros laborales y las cocinas de las casas. Se trataba de un asunto complejo, donde no solo estaba en juego el destino de un menor reclamado por su padre, sino también el problema de los valores y el derecho a la custodia, este último de lacerante importancia para la sociedad estadounidense, dadas sus altas tasas de divorcialidad y los litigios a asociados al problema de quién se queda con los hijos después de la ruptura.PublicidadLuego de los sucesos del 11 de septiembre (2001) y del paso del huracán Michelle (2001) por Estados Unidos, se produjo un suceso puntual, pero inédito desde la promulgación del bloqueo en 1962 que, sin embargo, no significaba el desmantelamiento del esquema vigente: el Congreso autorizó la venta de alimentos, medicinas y productos agrícolas a Cuba, lo cual otorgó a la Isla, de nuevo, planos importantes en los medios con el subsiguiente debate acerca de la racionalidad o no del framework aplicado en las relaciones.Cuba: sincronía de una imagenMás tarde, el traslado de prisioneros afganos y de otras nacionalidades a la Base Naval de Guantánamo, y las líneas de comunicación mantenidas al respecto entre militares cubanos y estadounidenses, ubicaron a la Isla en una inusual visibilidad pública, quizás como no la había tenido desde la época de Etiopía y Angola. Elián González en Miami. Foto: Archivo.Como era de esperarse, los opositores a cualquier acercamiento dejaron constancia de su postura poniendo la cruz no solo ante los acontecimientos anteriores, sino también después de que George W. Bush pospusiera por segunda vez, desde el inicio de su mandato, la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, por lo que —entre otras cosas— un sector del exilio había acusado de comunista al demócrata William Jefferson Clinton, un exgobernador de Arkansas que había derrotado a George Bush (padre) a pesar de los altos índices de popularidad obtenidos por este durante la Guerra del Golfo.Lo cierto es que a principios del nuevo siglo todo ese acumulado coyuntural condujo a lo que algunos llamaron entonces, con razón, “la moda cubana” en Estados Unidos. “Cuba is in. Things Cuban are fashionable and in vogue” —constataba el destacado historiador cubanoamericano Louis A. Pérez, Jr. — “Cuba is way too cool”, sentenció por su parte la cantante Bonnie Rait al cabo de una experiencia con músicos cubanos, reunidos en 1999 en el Hotel Nacional para descargar juntos en el evento Music Bridges, en el que participaron artistas de la talla de Burt Bacharach, Gladys Knight, James Taylor, Jimmy Buffet y Mick Fleetwood, entre otros.[embedded content]Por otro lado, la visita a Cuba del ex-presidente James Carter, en mayo de 2002, tuvo el efecto de reciclar las percepciones públicas sobre la Isla en los grandes medios de difusión y, sobre todo, en la TV. Desde este ángulo, lo distintivo fue la emergencia pública del debate existente entre sectores de la clase política estadounidense acerca de cómo lidiar con Cuba. Tanto dentro como fuera de los medios “palomas” y “halcones”, según lo usual, se difería en los métodos, pero había coincidencia en los fines: el presidente Fidel Castro llevaba ya demasiado tiempo en el poder y la política había fallado en deshacerse de él, algo que debía ser corregido al cabo de más de cuatro décadas. Thomas Shannon, subsecretario de Estado de la administración de George W. Bush predijo entonces (de nuevo) el inminente fin del régimen. “Los regímenes autoritarios son como los helicópteros. Si el rotor falla, te caes”, dijo. “Cuando un líder autoritario desaparece de un régimen autoritario, el régimen autoritario se tambalea…. Esto es lo que estamos viendo en este momento ”.En ese justo momento reemergió la imagen de Cuba como bête noire, esta vez con la idea de que tendría el potencial de producir armamento bioterrorista contra Estados Unidos, constructo formulado por el ex-subsecretario de Estado para Asuntos de Organizaciones Internacionales, John Bolton, en la Heritage Foundation, un think tank que había fungido como una de las bases ideopolíticas del reaganismo.Esa idea no prosperó demasiado, pero resultaba evidente que el sector “duro” estaba obturando sus mecanismos de opinión pública en aras de mantener el status quo, apelando al muy sensible tema del terrorismo después del 11 de septiembre.

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El Tren de las Reformas Económicas en Cuba acelera (II)

“El Estado se equivoca a veces. Cuando una de estas equivocaciones se produce, se nota una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a cantidades insignificantes; es el instante de rectificar”.Ernesto “Che” Guevara, El socialismo y el hombre en Cuba. 1965“La economía no se puede manejar con estertores ni con remilgos ideológicos. La economía, como ciencia que es, tiene sus leyes y no se puede estar inventando con ellas, ni resolviendo los problemas como en un rompecabezas”.Joaquín Benavides Rodríguez, Cuba y la Economía, Agosto 4, 2021.En artículo anterior resumimos y analizamos algunas de las más recientes medidas de reanimación económica que ha tomado el gobierno cubano en los últimos meses. De los seis Decretos-Leyes, un Decreto y más de 15 resoluciones ministeriales anunciadas el 6 de agosto, ninguno ha entrado en vigor, en tanto aún no se han publicado en la Gaceta Oficial, pero de algunos circulan versiones de trabajo que nos indican por dónde “van los tiros” y nos permiten vislumbrar algunos de los cambios esenciales que contienen. Tres de los Decretos-Leyes están orientados a impulsar las formas de gestión no estatal (FNGE), micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), cooperativas no agropecuarias (CNA) y trabajadores por cuenta propia (TCP). Por su parte, el Decreto trata sobre las Actividades a Realizar por las MIPYMES, las CNA y los TCP.Las preguntas del momento son: ¿qué más puede hacer nuestro país para aliviar la crisis sanitaria, económica y política que enfrenta? ¿Qué medidas concretas se pueden implementar para impulsar la economía, a partir de las que se han propuesto durante años? ¿Estaremos en condiciones de adoptar con urgencia otras decisiones, más difíciles y controvertidas, y ajustar los errores por el camino mientras labramos el consenso político que permita su implementación? No hay más tiempo que perder.Partimos de los enunciados gubernamentales y del consenso nacional de que son tres las prioridades: superar la crisis sanitaria provocada por la COVID-19; ingresar divisas “frescas” por medio de las exportaciones de bienes y servicios, inversiones y remesas; y desarrollar al máximo la producción nacional, particularmente de alimentos, a partir de recursos endógenos, el ahorro, el aumento de la productividad y la eficiencia. Revisemos a continuación en detalle cada una de estas prioridades.Controlar y rebasar la pandemia de la COVID-19El consenso internacional es que la pandemia de la COVID-19 no se puede eliminar —si es que el nuevo coronavirus se puede exterminar del todo— hasta que al menos 70 % de la población mundial esté vacunada, asumiendo que las vacunas existentes protejan contra las cepas actuales y las que puedan surgir. Hay países que no van a llegar a esa cifra en los próximos dos años, si es que llegan algún día.PublicidadAnte cada epidemia, se va calculando cuál es la necesidad de inmunidad colectiva o de rebaño. En el caso de la COVID-19, en los inicios de los contagios mundiales se estimó que la inmunidad colectiva requerida era de un 70%. Con la aparición de la variante “Delta” ese índice ha ido aumentando y hoy se habla incluso de 85%-90%. Cuba —aun cuando el 30% de su población ha completado el esquema de inmunización—, todavía está lejos de esta meta, aunque sus cifras de vacunación van creciendo día a día, a un ritmo que representa casi el doble de la media mundial.Cuba es un país de economía abierta —la suma de exportaciones e importaciones constituye el 27 % del PIB (2018)— y de gran flujo de viajeros nacionales y extranjeros (10 millones en 2018 con una población de 11,2 millones entonces). Esto quiere decir que como no podemos aislarnos del mundo y de la COVID-19, solo podremos aspirar a lograr la máxima inmunidad de nuestra población (la suma de los vacunados y los recuperados de la enfermedad) y mantener indefinidamente las medidas de control sanitario, sobre todo en puertos y aeropuertos.No podemos darnos el lujo de mantener el país cerrado al turismo —una de las tres principales fuentes de ingreso en divisas para la Isla— por lo que será necesario eventualmente abrir los aeropuertos, restablecer los vuelos y recuperar el turismo internacional, tan pronto las condiciones lo permitan. Habrá que mantener medidas como exigir PCR negativo o certificado de vacunación, como el de la Unión Europea, para todos los viajeros entrantes, y hasta para acceder a servicios y locales cerrados en el país. Y habrá que aprender a vivir con —y controlar— un nivel limitado de transmisión autóctona, de modo que no rebase la capacidad de detección y tratamiento del país.La decisión del país de apostar por la producción de vacunas fue sabia, a pesar de las críticas y cuestionamientos, no sólo porque la compra de vacunas en el exterior hubiese sido muy costosa en un momento de grave escasez de divisas, difícil además por la permanencia del bloqueo de Estados Unidos, sino que, apoyadas en el formidable desarrollo de la biotecnología, la farmacéutica y la salud en Cuba, las inversiones que se vienen realizando prometen rendir con creces, cuando se alcance la vacunación de toda la población antes de que termine 2021 y exista la posibilidad de significativas exportaciones de vacunas nacionales a partir de 2022. “Los excedentes que tengamos de vacunas durante el 2021 van a estar disponibles para la exportación y solo a partir de que al cierre del 2021 tengamos a toda la población cubana inmunizada. Todas las dosis de vacunas que seamos capaces de producir pudiéramos estarlas exportando a los países con los que se logren los correspondientes acuerdos”, refirió Mayda Mauri, vicepresidenta primera de BioCubaFarma.Aumentar los ingresos en divisas convertibles. Los obstáculos que perduranCuando en el siglo XX la economía cubana formaba parte de la división socialista del trabajo y contaba con condiciones de alta compensación externa, era lógico privilegiar la asignación central de recursos a partir de un control casi total sobre los medios de producción, incluyendo el monopolio sobre prácticamente todos los vínculos económicos de Cuba con el exterior: el comercio exterior, el mercado financiero, las comunicaciones, la inversión extranjera directa. A ello debe añadirse el dominio estatal sobre el mercado laboral, con más del 90% del empleo en ese sector, presupuestado y empresarial. “Todos los elementos de ese paradigma son inviables en las condiciones actuales”, dijo el economista Ricardo Torres. El esquema de planificación central como único mecanismo de asignación de recursos se ha agotado. 1Sobre el comercio exteriorEl punto de partida —la cruda realidad, como escribió el analista estadounidense William LeoGrande— es que “el gobierno cubano está quebrado. En los últimos dos años ha perdido todas sus principales fuentes de divisas extranjeras.” Evidentemente, aumentar el flujo de moneda libremente convertible (MLC), por cualquier medio posible, se convierte en objetivo estratégico para la sobrevivencia de la nación.La tardía pero loable decisión de autorizar el comercio exterior en MLC al sector privado, exportar sus producciones e importar insumos y equipamiento, los obliga a utilizar empresas estatales de comercio exterior autorizadas (Comex) como intermediarias. MINCEX dio a conocer que, hasta julio, las formas de gestión no estatales lograron exportar más de 10 millones de pesos (400 mil dólares) en rubros como carbón vegetal, productos agrícolas y servicios, y se habían firmado más de 3500 contratos de importación para producir en el país, a través de las Comex.El argumento de que a esas empresas especializadas les favorece la experiencia internacional, su infraestructura, vínculos con aduanas y entidades regulatorias del país y el extranjero, conocimiento de proveedores y mercados, es poderoso, pero ¿por qué constituye la única opción?En el mundo existen varias opciones para exportar e importar: por ejemplo, el productor mismo puede hacer su gestión comercial y contratar a un simple despachador de carga (“freight forwarder”)  —puede ser estatal— que recepciona la mercancía que el cliente quiere exportar, la despacha hasta el destino y cobra por el servicio. Un productor privado de frutas pudiera exportar, por ejemplo, a través del sitio web de un gigante de la distribución como la empresa china Alibaba. Un productor necesitado de adquirir equipos o insumos puede dirigirse a importadores en zona franca o representaciones extranjeras de fabricantes y proveedores, para comprar productos y servicios que luego importaría, ahorrándose la comisión comercial que cobra la Comex. ¿Por qué esto no es posible para los campesinos, TCP, cooperativas y futuras MIPYMES privadas? Parece ser un obstáculo más, aparentemente insuperable, y en este momento inapelable, para el “desarrollo de las fuerzas productivas”. ¿Se trata de una decisión económica o política?Según el economista cubano Oscar Fernández Estrada: “El control estatal absoluto sobre el comercio exterior está lejos de constituir un principio del socialismo, y mucho menos si funciona a través de una estructura monopólica. Lo único que produce eficientemente son obstáculos al desarrollo de las fuerzas productivas, así como un formidable instrumento de control y recaudación no tributaria. Promover la importación comercial privada tendría más costos que beneficios si se le sugiere únicamente ‘para establecer un sistema no estatal de comercio interior’. Pero, al mismo tiempo, para el desarrollo acelerado de producciones domésticas que deben ser acometidas por el sector privado y cooperativo sí resulta imprescindible.”Por otro lado, la diferenciación entre derechos de las personas naturales y las personas jurídicas en cuanto a importaciones resulta indefendible. La decisión de “Autorizar excepcionalmente y con carácter temporal la importación vía pasajero con equipaje acompañante, alimento, aseo y medicamentos” insiste en que debe ser sin carácter comercial. ¿No parece un sinsentido pensar que una persona natural cubana va a importar una maleta llena de desodorantes, champú y aspirinas solo para uso personal? ¿No sería más consecuente y transparente eliminar también —aunque sea con carácter temporal— la prohibición de importación con carácter comercial para personas naturales, y no sencillamente que las autoridades hagan después la vista gorda?Al respecto, Fernández Estrada añade en otro análisis: “El Estado podría —con la osadía que requiere el momento histórico— suspender el culto al monopolio sobre el comercio exterior, y articular asociaciones con esos actores privados que llevan años suministrando los mercados informales domésticos, evadiendo con creatividad las más variadas restricciones internas y externas. De ese modo, los encadenaría con las empresas estatales, les encomendaría misiones de compras, obstaculizadas por el bloqueo, apropiadas para su escala, y establecería así verdaderas alianzas que contribuyan a paliar la situación.”Es decir, reconocer abiertamente el espacio de personas naturales y privadas en la importación y suministro de productos escasos ayudaría a paliar las insuficiencias que el Estado no puede resolver: no solo los productos recientemente autorizados, sino muchos otros como piezas de vehículos de motor, artículos de ferretería, útiles del hogar, etc. También constituye una entrada de divisas en especie al país, sin la correspondiente erogación de recursos del Estado, y un impulso a la actividad económica y empleo en el sector privado.En 2017, The Havana Consulting Group estimó que el valor total de mercancía enviada a la Isla en 2015 fue de $3,5 mil millones (MM) de dólares. De ellos, $1,5 millones, o el 43%, fue enviada a través de las agencias especializadas en paquetería, mientras que $1,9 MM (57%) fue movida por estos pasajeros. Entre 2011 y 2015 el valor de la paquetería enviada creció 62%, estimando el valor total enviado en este período en $14,8 MM. 2 Comparemos esto con la cifra oficial de 11,7 MM de pesos total de importaciones de mercancías por el país (sector estatal) en 2015. 3Eliminar el monopolio del comercio exterior de modo tal que todos los actores que lo deseen puedan importar y exportar directamente o a través de las Comex, y dinamizar los sectores productores de bienes para el consumo nacional y la exportación, con énfasis en la producción de alimentos y enfoque de cadena de valor, es ganancia neta para la economía. El empleo de empresas y agencias del Estado especializadas en comercio exterior debe ser opcional y competitivo, no obligatorio.Pero aún las reformas anunciadas están tomando demasiado tiempo para su implementación y la economía en general continúa siendo demasiado regulada y burocrática, se quejó un inversionista extranjero a Reuters: “Necesitan hacer las cosas más rápido. Hay tantas reglas y las personas tienen miedo de quebrarlas,” dijo, y puso como ejemplo una granja porcina estatal a la que se le estaban muriendo los puercos porque no le legaba el permiso para importar el pienso.Sobre el comercio interiorPor otro lado, ¿por qué toda —o casi toda— la actividad de venta mayorista y minorista de bienes tiene que estar irremediablemente en manos del Estado? 4 En particular, las principales cadenas de tiendas de productos no subsidiados, tanto en moneda nacional como en MLC (Caribe (TRD), Panamericanas (Cimex) pertenecen al consorcio Grupo de Administración de Empresas (GAE, S.A.). Cuando comenzaron las tiendas recaudadoras de divisas algunos economistas recomendaron introducir las cadenas de tiendas extranjeras, con el argumento de que se obtendrían ventajas similares a las del sector turístico con las empresas mixtas, así como contratos de administración con cadenas de hoteles y operadores turísticos extranjeros. Esto último nos ha permitido “ganar-ganar” en el turismo: crecer sin perder el control y generar ingresos y empleos para el país, además de la transferencia tecnológica en administración de hoteles.¿Cuánto nos habríamos beneficiado si el gobierno hubiera hecho concesiones a cadenas extranjeras de venta minorista que se ocupan de gestionar el financiamiento, la compra, transportación, importación y comercialización de todo tipo de productos que el país requiere, y que ahora, más que nunca, están en falta? Cadenas como Carrefour (Francia), Aurrerá (México) o El Corte Inglés (España) 5 pudieran establecer presencia en la Isla y el Estado podría cobrar, por ejemplo, 30% del impuesto sobre las ventas, al tiempo que les harían sana competencia a las cubanas, para beneficio de los consumidores. Por otra parte, cadenas chinas de venta de piezas de auto y ferretería, de herrajes para la construcción, pudieran aliviar una parte de las actuales carencias y escaseces. ¿No tenemos la experiencia en el sector turístico?Hasta el intento de controlar los precios en los mercados de oferta y demanda estableciendo topes ha fracasado en gran medida. Como se pronosticó en su momento, eso condujo al acaparamiento y el mercado negro y, en última instancia, a mayor escasez. En julio el Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) dejó sin efecto el límite de crecimiento de precios minoristas (topes de precios) de los productos agropecuarios, vigente desde febrero de 2021. 6 Inmediatamente se vio el efecto en un incremento en el surtido y en los precios en los mercados de oferta y demanda. Es irónico que los mismos que defendieron los topes de precios en febrero, como mecanismo para controlar la inflación, aparecieran en julio defendiendo los precios de mercado para estimular la producción.Como apunta Joaquín Benavides Rodríguez: “La Resolución 320 firmada por la Ministra de Finanzas corrige un error que se cometió por la dirección de la economía, al imponerle topes administrativos a los precios de los productos agrícolas, ocasionando con ello un importante daño, no solo a la producción agrícola del país, sino al consumo de la población en una coyuntura complicada, agravada por la pandemia y también por el bloqueo financiero, en la que los déficits en la producción nacional de alimentos no se pueden sustituir por más importaciones. Se advirtió por muchos, con experiencia de años de ver cometer similar error, pero no solo la burocracia estatal, enemiga del funcionamiento del mercado en la producción agrícola, sino también, lamentablemente la política, impuso los topes en los precios y los resultados están a la vista. Los productores agrícolas producen lo mínimo, y por muchas exhortaciones que se les hacen no incrementan sus áreas. Y en la situación actual la insuficiente producción nacional de alimentos no se puede suplir con importaciones.” 7Sobre la inversión extranjera directa La inversión extranjera se ha manejado en los últimos años como un componente estratégico para el desarrollo del país. A pesar de los intentos de agilizar y ampliar los flujos de capital, el monopolio estatal y el afán de control, así como el favoritismo por proyectos grandes con empresas estatales y preferiblemente en zonas especiales, ha limitado las inversiones tanto como los obstáculos externos del bloqueo y sus secuelas.Según el economista José Luís Rodríguez: “En la práctica ha primado muchas veces el criterio de que las inversiones más rentables se las reserva el Estado cubano, que tiene entonces que cubrir todo el capital [contraparte] o una proporción mayoritaria de las acciones. Si esto no es posible, en múltiples casos no se ha realizado la inversión. Así, no se han aprobado inversiones extrahoteleras en el turismo para parques de diversiones, centros nocturnos, cabarets o servicios de salud (gimnasios). Tampoco inversiones bajo franquicia, ni los llamados proyectos BOT (la parte extranjera construye, opera y transfiere la inversión a la parte cubana cuando recupera la inversión más su ganancia). Solo se han promovido inversiones en hoteles fuera de las regiones prioritarias o inversiones extrahoteleras de alto costo para los extranjeros: marinas y campos de golf (hay dos aprobados, pero no consiguen el capital para la inversión de la parte cubana.)” 8De lo anterior se desprenden algunas dificultades que pueden enfrentar quienes desean invertir en Cuba, más allá del bloqueo comercial y financiero, el bajo crédito-país y otros obstáculos externos. Según las políticas sectoriales explicadas en la Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera del MINCEX (2020-2021):“Para presentar un proyecto al MINCEX el inversor debe hacerlo a través de un órgano, organismo o entidad nacional patrocinadora.” Significa que el interesado en invertir en Cuba no puede tomar la iniciativa de presentar un proyecto directamente: primero tiene que encontrar una empresa estatal que se interese. Las consultorías privadas de negocios, que pudieran asistirle en esa búsqueda, no están autorizadas a operar en el país, y las estatales no se inclinan a recibir clientes que disponen de pequeños capitales.“Se presentan los estudios de pre-factibilidad que deben formar parte de la propuesta y expediente del negocio.” Estos estudios deben contratarse en Cuba a las consultorías estatales aprobadas, y sus costos asumirlos el posible inversionista, aumentando el monto de su inversión inicial, a riesgo. No lo pueden hacer con consultores independientes, en el país o afuera.“Se potenciarán negocios de menor alcance y montos de inversión que tengan un marcado carácter exportador o se encadenen con producciones de bienes y servicios para la exportación, así como que tributen al desarrollo local.” La experiencia hasta ahora es que hay pocas —o ninguna— inversiones “de menor alcance”; es decir, por debajo de un millón de dólares, y la última Cartera de Oportunidades solo presenta dos proyectos por debajo de ese monto. El MINCEX anunció una octava edición de la Cartera de Oportunidades de la Inversión Extranjera en Cuba para 2021, que pretende incorporar, entre sus opciones, oportunidades de negocios más pequeños. Aun no se ha emitido.“En los negocios con inversión extranjera no habrá libre contratación de la fuerza de trabajo, salvo las excepciones previstas en la ley.” Para la generalidad de los inversionistas extranjeros, esta cláusula representa un desestímulo para invertir en Cuba, pues les resta autonomía y encarece y ralentiza el proceso de contratación de personal cubano.Las cooperativas agropecuarias en principio pueden asociarse a inversionistas extranjeros al amparo de la Ley 118 de Inversión Extranjera, sin embargo, no es casual que aún no haya un sólo negocio de una cooperativa con un inversor extranjero: los obstáculos y trabas son muchos y grandes, entre ellos se encuentra el aval que deben recibir los inversionistas de sus “patrocinadores” estatales, más interesados en que las posibles inversiones se realicen con sus empresas que con las cooperativas que “atienden”.Las personas naturales cubanas que residen permanentemente en el país y/o aquellos cubanos que salen temporalmente al exterior, ya sea a trabajar o de vacaciones, e ingresan capital por esa vía no están considerados entre los posibles inversionistas: tienen que ser extranjeros. Las inversiones de cubanos residentes permanentes en Cuba, con el capital que acumulan aquí, traen del exterior, o reciben en forma de remesas productivas, se regulan mediante las normas que el país tiene aprobadas para estas personas naturales. Sin embargo, los expertos saben que más capital recibe el país por vías informales de remesas e inversiones al sector privado que el monto total de Inversión Extranjera Directa (IED) al sector estatal. 9 Insistir en el pretendido monopolio es nocivo para la economía y el desarrollo del país.Sobre las prioridades de las inversionesNo solo el monopolio se manifiesta en el sector externo de la economía: las inversiones internas, sobre todo en el turismo, están dominadas por un gran conglomerado, el GAE S.A., que sigue comprometiendo una gran parte del escaso capital de inversión con el que cuenta el Estado cubano en la construcción de hoteles, mientras el sector turístico está desplomado y su recuperación es más que incierta. Mientras, las inversiones en la producción agrícola, la industria alimentaria y el sector energético —claves de la soberanía y sobrevivencia— languidecen. Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba (2020), el 46,9 % del total de inversiones en 2020 del sector estatal civil se destinaron a las actividades de “hoteles y restaurantes” + “servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler”, contra un 5,3 % para “agricultura, ganadería y silvicultura”. Se impone una restructuración de las inversiones con fondos del Estado a favor de los sectores ahora prioritarios.No podemos seguir ignorando en las cifras oficiales y en la mente de los funcionarios el aporte de la inversión privada que representan las importaciones en especie y las remesas productivas, cuyos montos, además de significativos, impactan positivamente en la economía social.“Dondequiera que haya divisas no utilizadas en prioridades reales estas deben ser reorientadas, pues ni la autonomía empresarial ni la organización sectorial son principios absolutos, menos aún en el marco de una crisis tan aguda, que amenaza incluso la seguridad nacional por su impacto sobre la población. Cada incremento de las sumas disponibles para necesidades perentorias, por muy pequeño que sea, puede hacerle un poco más llevadera la vida a miles de personas: no son cifras frías.”Reflexiones finalesEn entrevista publicada en “Catalejo”, Blog de la Revista Temas, el 15 de abril de 2016, el politólogo, investigador y profesor universitario cubano, Juan Valdés Paz, dijo:“Cuando se pretende la construcción de un socialismo adecuado a la historia y a la cultura nacional, se superponen entonces, más que un proyecto, dos: el de nación y el de sociedad. Para el proyecto de nación está claro cuáles son los desafíos, el enemigo principal, la situación geopolítica, etc. Verlo desde ahí, por separado, nos puede sugerir mayores o menores aperturas, cierres, exposición, cuidados, delimitación de nuestras relaciones y nivel de integración regional. De manera que habría que reflexionar sobre qué tipo de sociedad y qué discurso hegemónico necesitamos para garantizar el proyecto de nación, porque este necesita una sociedad que lo realice; y ahí aparece el proyecto de sociedad. Entonces mi manera de responder la pregunta es que tenemos que crear nuestra propuesta de socialismo nacional, que no la hemos desarrollado. Tenemos que considerar las exigencias del proyecto de nación como invariables, y las del proyecto de sociedad socialista, como variables. Es decir, podemos asumir una transición más acelerada, más lenta, más dura, más blanda, con más o con menos elementos de capitalismo; podemos flexibilizar el proyecto de sociedad en virtud de los desafíos internacionales a que estamos sometidos, por ser pequeños, porque el mundo es ‘ancho y ajeno’; podemos considerar ser más flexibles en el proyecto de sociedad y más duros en el proyecto de nación. Es en esa perspectiva que yo me coloco.”Colocados en esos términos, toca a la dirigencia del país, y a nosotros como pueblo, pensar en qué más debemos flexibilizar del proyecto de sociedad para asegurar la sobrevivencia del proyecto de nación. Quizás sea hora de aflojar el monopolio político y económico y promover más competitividad, complementariedad, diversidad, participación en la toma de decisiones; en fin, más democracia socialista.***Notas: 1 Ricardo Torres Pérez (2019) “La transformación productiva e inserción internacional: discusión de propuestas contenidas en el Plan 2030”. En: Colectivo de autores, MIRADAS A LA ECONOMÍA CUBANA, Ruth Casa Editorial, 2019. ISBN 978-9962-703-75-4. 2 THCG Business Report, www.thehavanaconsultinggroup.com, February 2017 No. 1. Pág. 23.3 Anuario Estadístico de Cuba 2020, Edición 2021, Capítulo 8. Sector Externo http://www.onei.gob.cu.4 Hay unas pocas, pero importantes excepciones, como son los mercados de productos agropecuarios y alimentarios; los “merolicos” que venden de manera ilegal pero casi siempre tolerada, productos importados por personas naturales que viajan al exterior a comprar; algunos productos culturales y artesanales, etc. y ahora las ventas de garaje.5 Ofertar en tiendas propias algunas líneas de productos de esas marcas, como en alguna ocasión hizo Cimex, cargando los precios de costo con el margen de 2.40, no fue para nada un experimento exitoso ni posible de escalar.6 MFP Resolución 320, publicada en la Gaceta Oficial No. 68 Extraordinaria, del 30 de julio de 2021.7 Joaquín Benavides Rodríguez. “Suprimir los topes de precios para los productos agropecuarios, rectificación de un error. Demora en la aprobación de las pymes privadas, reincidencia en un error.” Cuba y la Economía, Agosto 4, 2021. https://cubayeconomia.blogspot.com/.8 Entrevista del autor a J.L. Rodriguez, junio de 2021.9 Se ha estimado que alrededor del 50% de lo que se recibe vía remesas se destina a inversiones o capital de trabajo. (Rodríguez, febrero de 2019). Eso representaría en 2017 aproximadamente $1,750 MM USD de remesas invertidos en el sector privado, versus el estimado de inversión extranjera directa en el sector estatal ese año de 875 MM USD. (THCG Business Report, Anuario Estadístico de Cuba 2020). 

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Voces Cubanas: Del socialismo de Estado a la República socialista

El futuro de la sociedad cubana plantea diferentes hipótesis sobre el rumbo a seguir.El 11J plantea un antes y un después en muchos campos, pero algunos de sus orígenes y sus causas siguen vigentes hoy en medio de una creciente complejidad social.Si se tienen en cuenta variables, tendencias, visiones de conjunto, se pueden advertir posibles escenarios y diversas perspectivas de análisis. Entender las características de sociedad cubana actual, la esencia de su modelo político, cómo se comporta demográficamente, cómo es su producción simbólica, cuán diversa es en su realidad, cómo se disputa la ideología, así como comprender que existe una pelea por los propios conceptos y categorías que se utilizan en el lenguaje político, económico y filosófico para explicar el socialismo cubano, y el propio «socialismo», siguen siendo exigencias y urgencias de hoy.Las preguntas sobre el sistema político y el Estado cubanos son interrogantes que a la vez intentan rastrear las transformaciones que se han sucedido a lo largo de décadas en las relaciones entre este Estado y la sociedad civil, sobre el encogimiento o el alargamiento del aparato estatal en los contornos de la vida económica y política, y cuál es la mejor vía para canalizar y gestionar las demandas y necesidades de la sociedad cubana en general y de su gente en específico.La serie Voces Cubanas, con la idea de seguir aportando al debate presente de Cuba, conversa hoy con Juan Valdés Paz, sociólogo, integrante del consejo editorial de la revista Pensamiento Crítico y durante dos décadas miembro del Centro de Estudios sobre América. Por la obra de su vida, recibió el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre otros libros suyos, pueden consultarse La Transición Socialista en Cuba (1993), Procesos Agrarios en Cuba, 1959-1995 (1997), El proceso de organización agraria en Cuba. 1959-2007 (2009); El espacio y el límite. Ensayos sobre el sistema político cubano (2010) y La evolución del poder en la Revolución Cubana (2018), en dos tomos.Desde hace algún tiempo la sociedad cubana se transforma social y económicamente, y se visualizan demandas de diversa índole por varios sectores. ¿Está el Estado cubano en capacidad para absorber y gestionar esas demandas?Quisiera comenzar aclarando la pregunta, la cual más exactamente, en el caso cubano, debiera referirse al sistema político —integrados por conjuntos de instituciones políticas, estatales, y civiles— y a sus capacidades. De manera que me referiré al Estado, un subsistema de aquél, integrado a su vez por diversas instituciones a cargo de las funciones: a) legislativas; b) de producción, implementación y control de las políticas públicas; c) de administración pública de esas políticas; d) de la seguridad externa e interna de la sociedad nacional; e) de la impartición de justicia; etc.La interrogante sobre las capacidades del Estado se referiría a todas estas funciones, con respuestas diferentes.PublicidadPor otra parte, y como se observa, digamos que ningún Estado dispone de la capacidad para absorber y gestionar todas las demandas que le plantean sus respectivas sociedades, aunque sí sus necesidades básicas; y la capacidad de que dispone y el número de satisfacciones que puede dar es una variable temporal afectada por diversas condiciones, algunas de las cuales pueden controlar y otras no.Regresando al escenario cubano de la pregunta, diría que el Estado cubano ha logrado, con variaciones en el tiempo, particularmente en las primeras tres décadas del período revolucionario, satisfacer gradualmente, en cada esfera del Estado, gran parte de las demandas de la sociedad, así como satisfacer las necesidades básicas de las grandes mayorías, mediante una oferta de bienes públicos y una política social gratuita y universal.Como se sabe, las relaciones de intercambio con el campo socialista en general y la URSS en particular permitieron sostener esta oferta y aseguraron un cierto ritmo de desarrollo. El derrumbe del socialismo este europeo impactó al país severamente, dando lugar a un “periodo especial” del cual logró recuperarse solo en parte.Ello planteó la necesidad, presente hasta hoy, de iniciar un período de reformas orientadas a instaurar un nuevo modelo económico socialista; un Estado de Derecho; y una nueva etapa de su desarrollo democrático. La dilación de estas reformas, la resistencia de dirigentes y funcionarios de todas las esferas a implementarlas, así como el agravamiento del escenario interno causado por la ofensiva norteamericana de “cambio de régimen” y la pandemia del COVID-19, ha afectado las capacidades del Estado y del incipiente sector privado, para sostener su oferta de bienes públicos y culturales; de mayor desarrollo democrático; de seguridad ciudadana; y de un mayor nivel de vida de la población.Ciertamente, las capacidades del Estado cubano no solo se han visto restringidas por el escenario actual sino también por otras condiciones más estructurales, de las que quiero destacar al menos tres: a) el modelo de socialismo de Estado, que hace de esta institución un poder omnímodo en todos los sistemas sociales; b) un diseño del Estado, caracterizado por la centralización de las atribuciones y recursos, el verticalismo de la dirección, la  burocratización de sus funciones, las manifestaciones de corrupción; y c) el muy bajo control democrático sobre su desempeño.De lo anterior se deduce que el Estado cubano retiene un potencial de desarrollo de sus capacidades, mediante la superación de sus deficiencias de diseño y de gestión. Numerosas y transitorias campañas —antiburocratismo, contra la corrupción, de mayor representatividad, etc.— se han promovido sin efectos duraderos y sobre todo, sin influir en su diseño institucional.La implementación de la nueva Constitución de la República y de sus leyes complementarias, parecen ser una oportunidad extraordinaria para superar algunas de estas limitaciones. Al respecto, cobra una especial importancia las propuestas de territorialización o municipalización efectiva de las funciones del sistema político y del civil.¿Cuál es su opinión sobre la intensificación de las sanciones a Cuba que tuvieron lugar durante la administración Trump en medio de esta crisis agravada por la pandemia y sus consecuencias sobre el país?El bloqueo económico, comercial y financiero de EEUU sobre Cuba, concebido a partir de 1960, y formalizado en 1962, tiene su propia historia, caracterizada por su intensificación a lo largo del tiempo, como parte de estrategias políticas en las que se contienen sus intereses geopolíticos, más generales; y sus objetivos políticos inmediatos, tales como la subversión del régimen o su inviabilidad. Los impactos del bloqueo han marcado a la sociedad cubana en su evolución de más de seis décadas. La sociedad cubana ha tenido que absorber tales impactos, sobrevivir a ellos, compensarlos y sostener su desarrollo.Los especialistas han caracterizados al bloqueo de distintas maneras: como un elemento de presión sobre el comportamiento del Estado y el Gobierno cubano; como recurso de una guerra no convencional; y eventualmente, como arma de una guerra convencional.Pero el bloqueo adquiere un nuevo significado desde el segundo mandato de la Administración Obama, una vez que el Gobierno cubano declara y promueve, un programa de reformas económicas y políticas a su modelo socialista. Obama admite el fracaso de las estrategias desenvueltas hacia Cuba por todas las Administraciones anteriores y propone e inicia un ciclo de normalización de las relaciones con la Isla. En el fondo, de lo que se trata es de la percepción de que las reformas políticas creaban inusitadas condiciones para una mayor penetración e influencia de EEUU en la sociedad cubana, así como para saldar su obsesión por volver a ser un actor interno en ella. Pero no olvidemos que la normalización de Obama tenía como limite la permanencia del bloqueo, aunque sus medidas lo compensaran en parte.La Administración Trump, de motu proprio o bajo la influencia de los sectores de la derecha electoral floridana, rompió ese ciclo de normalización y reasumió la tradicional política de presiones, llevando el bloqueo a su forma extrema, bajo la percepción de que las reformas cubanas podrían hacer viable al régimen cubano y asegurar su continuidad en el largo plazo. La imprevisible y dilatada pandemia del COVID-19, reforzó los efectos de esa política, desatando una nueva crisis sobre el país.Las contrapuestas posiciones de ambas Administraciones —cambio de estrategia en la de Obama, radicalización del bloqueo en la de Trump— también se vinculaban a las respectivas estrategias de recuperación hegemónica en América Latina y el Caribe, así como al conflicto con Venezuela.Considero que sin el bloqueo o asumiéndolo como una invariante de la política de EEUU hacia Cuba, caso de la Administración Biden, la implementación de los programas de reformas al modelo económico cubano, ya aprobados y consensuados, permitiría, mediante un mayor crecimiento y desarrollo, disponer de la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de la población y parte de las demandas de sus diferentes estratos. Numerosos economistas cubanos han insistido en lo perentorio de estas reformas.La actual dinámica socioeconómica genera cambios en la composición clasista o de sectores de la sociedad cubana y sus dinámicas de desigualdad. ¿Cómo ve este problema y sus posibles soluciones?La sociedad cubana del 2021 es otra y diferente de la de los años ochenta, salvo en el discurso oficial. Los cambios acumulados en la estructura social condicionan las políticas públicas y éstas debieran tomar en cuenta tales cambios.Podríamos resumir estos cambios estructurales como de: a) una estructura demográfica congelada y envejecida; b) una estructura generacional de siete generaciones políticas convivientes, con las tres últimas vinculadas a experiencias de crisis socioeconómicas sucesivas; c) una estructura socio clasistas modificada por el ascenso de un sector campesino en la sociedad rural y de una burguesía mercantil, en la urbana; una estructura ocupacional que incluye un creciente sector cuentapropista; una estructura del estatus social modificada en favor de la autoridad, propiedad y del ingreso; un patrón de desigualdad que se ha duplicado y cuyo término inferior de la desigualdad incluye más pobres y marginados; etc. Es decir que, en la segunda década de los 2000, la sociedad cubana ha devenido más estratificada, más diferenciada y desigual.Solo una visión esquizofrénica no vería los cambios ocurridos en la sociedad cubana y no advertiría algunas de sus consecuencias económicas, sociales y políticas. Solo una visión de ese tipo no admitiría el carácter objetivo de un nuevo centro social —grupo etario entre 30 y 50 años—; unas capas medias conformadas por dirigentes, profesionales, oficiales, técnicos y empresarios; intelectuales, etc., para el cual hay que elaborar políticas públicas diferenciadas, ampliar las condiciones del consenso y reconstruir el discurso hegemónico. Igualmente, la necesidad de políticas de recuperación, focalizadas en los espacios y grupos de riesgo.Esta evolución de la estructura social no ha estado acompañada de un desarrollo sostenido o de un patrón igualitario sustentable, sino de la alternancia de situaciones de crisis y de recuperación económica. Ello ha implicado la necesidad de una nueva estrategia socialista, basada en la emergencia de un nuevo modelo de desarrollo económico y social “con mercado” y el paso a un patrón de mayor desigualdad, en parte compensado con políticas de equidad.Una cuestión central es que, a diferencias del modelo “socialista” anterior, éste que se promueve ahora conlleva un bloque social menos homogéneo, con intereses reales más contradictorios y con una diversidad ideológica mayor. El consenso requerido sobre el modelo de sociedad se sitúa, más que en las condiciones sociales y expectativas compartidas, aunque también, en la identidad con una comunidad política soberana, más incluyente, igualitaria y participativa, que esté protegida por un Estado de Derecho y acompañada por un desarrollo democrático ininterrumpido. Dicho de otra manera, por el paso de un socialismo de Estado a una República socialista.En un contexto político, económico y social tan complejo, ¿Cuál es el espacio que tiene hoy la crítica social, cuál el rol de las ciencias sociales y cuál el papel de los intelectuales?“En un contexto político, económico y social tan complejo”, como el cubano, de asedio y hostilidad permanente por parte de la superpotencia hemisférica, el espacio para la crítica social se hace restrictivo, dado que: esta crítica incluye a los más diversos actores y corrientes; una parte de esa crítica se muestra comprometida con la estrategia de subversión del régimen promovida por EEUU; y otra parte de ella es de oposición al socialismo, al gobierno o a las leyes. Pero el mayor problema consiste en que dichas restricciones, cuando sean necesarias, puedan no ser transparentes, públicas y consensuadas. Cabe decir, que la experiencia histórica es el de un uso discrecional de esas restricciones por instituciones y funcionarios.Obviamente, ese espacio restringido es en parte una variable de un contexto defensivo, pero ello no obsta para que tenga que haber un espacio libre de restricciones, demarcado y protegido por la Ley que es el espacio crítico de los ciudadanos. La crítica, como libertad de opinión, está amparada por la Constitución de la República y contra ella no caben más restricciones que las admitidas por la Ley. Paradójicamente, ese espacio ha estado acotado no solamente para las corrientes “anti socialistas” sino también para las voces y corrientes críticas que le pasan al régimen revolucionario por la izquierda, es decir que le reclaman no ser suficientemente revolucionario o socialista.La indefinición teórica y práctica de que sea una “esfera pública” socialista o una “sociedad civil” socialista, contribuye a la promoción de políticas restrictivas y a limitar la contribución ciudadana.Un caso particular en este panorama es el de las ciencias sociales, institucionalizadas de hecho, a las que en teoría se les asigna el papel de favorecer la construcción consciente de la “nueva sociedad”, mediante la producción de conocimientos, de técnicas y buenas prácticas.Todo lo anterior supone la existencia de políticas públicas orientadas al desarrollo de las ciencias sociales y a la implementación de sus resultados. En la experiencia socialista, foráneas y cubana, este papel de las ciencias sociales se ha visto estorbado por la falta de tales políticas, por la supeditación de éstas a ideologías de Estado, por el discurso hegemónico, el secretismo, el unanimismo, la inconveniencia política, etc.Toda la experiencia del socialismo real ha mostrado una alta suspicacia, sospecha y rechazo hacia la crítica expresa o implícita en los resultados de las ciencias sociales, atribuyéndoles intencionalidad política o un carácter subversivo. En esta perspectiva, las políticas hacia las ciencias sociales han tendido a ser medidas de contención. Cabe decir, que la actual postura de la dirección de nuestro país parece ser una superación de estas concepciones.El papel de los intelectuales ha sido objeto de discusión desde hace siglos; hasta convertirse en una especialidad de las ciencias sociales. Convencionalmente, se acepta que su función social es en general, producir por distintos medios, conocimientos, representaciones, normativas, imaginarios, identidades, testificar la época, etc.De los intelectuales, o mejor, de los trabajadores intelectuales cubanos, hay que decir que representan al sector social de los creadores, innovadores y críticos del orden establecido, pero sin poseer por ello ninguna naturaleza angelical. No son “las partes blandas de la sociedad” pero tampoco son los depositarios de su destino. Individual o colectivamente, son ciudadanos de una República en la cual tienen derechos y deberes compartidos, así como, lealtades y compromisos con el orden político y social elegido por las grandes mayorías y al servicio de ellas.Dicho de otra manera, el problema de los actores que cumplen estas funciones es el grado de compromiso individual y colectivo, con los proyectos de nación y de sociedad, refrendados por las grandes mayorías. Frente a estos proyectos se posicionan no solo como intelectuales sino como actores políticos.¿Cuáles cree que son los desafíos más complejos para el socialismo cubano en este momento?Lo que llamamos el “socialismo cubano” prefiero representármelo como la conjunción de dos proyectos diferentes: un proyecto nacional, invariante, de independencia, soberanía y autodeterminación del Estado nación cubano; y un proyecto de sociedad, variable, de inspiración socialista.El proyecto de nación, la prioridad absoluta, ha debido enfrentar la resistencia, mediación y hostilidad de los EEUU como potencia imperial e imperialista. Por su parte, el proyecto de sociedad ha estado influido fuertemente por el contexto, según haya sido este más o menos favorable al proyecto de nación, a la permanencia del poder revolucionario, a la seguridad nacional y a su desarrollo económico social, en el tiempo.En estas perspectivas, el socialismo cubano comparte hoy los mismos desafíos históricos de los últimos 60 años, pero en un contexto internacional más adverso e incierto. En estas condiciones, el proyecto de sociedad socialista imaginado se ve enfrentado a nuevas restricciones internas y constricciones externas que le imponen los cambios necesarios para que su poder constitutivo se reproduzca, su desarrollo económico político y social se haga viable y su legitimidad se sostenga.Dicho de otra manera, el proyecto socialista cubano tiene que ser, en el corto y mediano plazo, reformado; y en mediano y largo plazo, repensado y rediseñado.Pero en lo inmediato, en la coyuntura, el socialismo cubano tiene que: a) controlar la pandemia y remontar sus efectos más graves; b) promover las reformas económicas que le permitan superar la actual crisis de la sociedad cubana, así como a sus propias limitaciones de gestión, atendiendo, como decía el colega Aurelio Alonso en los noventa, a promover un nuevo modelo económico sin desocializar, es decir, realizar la reformas necesarias y a la vez socializar más cada esfera de la sociedad; y c) si bien la emergencia es económica y social, la superación del actual escenario es política, lo cual implica: implementar sin cortapisas el Estado de derecho declarado en la nueva Constitución de la República; instaurar con plenas garantías el orden constitucional prescrito en ella y en sus leyes complementarias; así como, reconstruir el consenso sociopolítico, mayoritario, acerca de un proyecto de sociedad más autóctono y viable.

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Humor y cultura en el socialismo

Entre los rasgos más comunes de la cultura del socialismo han estado sus innumerables chistes políticos.Uno de los años 80 decía: Erick, un perro que vive en Leipzig, visita a Gunther, su primo de Frankfurt. Este lo lleva a pasear, y comer salchichas. Pero a Erick le gustan más las de la RDA, que son más baratas. Pasan por delante del Instituto Tecnológico, y Erick comenta que la Universidad de Leipzig es más hermosa, y además, gratuita. Ven pasar a unos turcos y unos africanos que se quejan del precio de la renta; y Gunther dice que en la RDA todos son propietarios de sus casas. Gunther lo invita a oír un concierto de Bach, y Erick le responde que está cansado de oír a Johan Sebastian en la misma iglesia de Leipzig donde está enterrado. Al fin del día, Gunther le dice: «Pero primo Erick, ¿y qué te dio por venir a Frankfurt, aparte de verme a mí? El otro responde: «Que tenía muchas ganas de ladrar.»  En su ensayo sobre el chiste en Europa del Este y la URSS, Abel Prieto analiza algunos de sus tópicos y motivos. Al tomarlo como espejo de las contradicciones culturales de aquel socialismo, pone como ejemplo al osito Misha, símbolo de las Olimpiadas de Moscú en 1980, que califica como imitación vergonzante de un personaje de Disney, aspirante a representar la modernidad. Tanto era el culto que se rendía a la modernidad occidental en esos países, que casi el principal tema de aquellos chistes era “el atraso“ prevaleciente en el modo de vida socialista. El autor señala, no obstante, que una parte de esos cuentos populares también criticaba aquel socialismo desde la izquierda, y le imputaba el desgaste de los ideales y legados históricos.      En Cuba, como se sabe, el humor popular no solo ha tomado como objeto a burócratas o funcionarios del Partido (PCC), sino a intelectuales, guajiros, ancianos, inmigrantes canarios o gallegos, chinos, negros, gays, mujeres, pinareños, rusos, turistas, guantanameros, guapos, militares, artistas, curas, e incluso a Jesús, la Virgen María y al propio Dios.Ha sido posible escuchar esos cuentos populares, por cierto, en boca de algunos hijos de canarios, gallegos, rusos, así como de negros, gays, católicos, intelectuales y militantes de ese mismo Partido. Discutir en qué medida esos chistes nuestros proyectan prejuicios y estereotipos, diferenciar en ellos la irreverencia y el rechazo, atribuirles un efecto sacrílego o, por el contrario, verlos como un modo de exorcizar nuestras insuficiencias, daría pie a un debate. Este podría partir de impresiones y reacciones, como hace la crítica de costumbres, y del activismo antirracista y de género, pero también de los recursos de la investigación literaria, la antropología, la semiología, los estudios subalternos y la sociología del humor, que lo entiende como fenómeno cultural.Según ocurre con otras manifestaciones de la cultura, los chistes no equivalen a crónicas de la opinión pública ni a espejos de la sociedad en su conjunto. Podrían tomarse como representaciones que habitan en la psicología social de diversos grupos, y que sacan a flote todo tipo de valores, algunos considerados negativos. Puesto que la cultura no es un paradigma de civismo y justicia, los chistes contienen síntomas de actitudes sociales que de otra manera pensaríamos inexistentes o «superadas.» Naturalmente, limitarse a verlos así no agota su significado ni su funcionamiento en el proceso de una cultura política viva mucho más compleja.  Claro que en esa cultura política también es posible distinguir elementos asociados a prejuicios y posiciones ideológicas. De hecho, cuando el oído de cualquier cubano recoge un chiste, siempre ha podido distinguir entre los que les sacan la lengua a sus defectos para caricaturizarlos; y los que le enseñan los colmillos, con la marca de origen del anticomunismo. En estas notas solo me ocuparé de los primeros.PublicidadUn tópico de los chistes políticos cubanos ha sido, por ejemplo, la retórica de nuestras relaciones con el campo socialista:Un cura y un coronel del MININT, amigos de la infancia, se saludan en la Plaza de la Catedral. Enseguida se preguntan por qué el otro cogió ese camino, y terminan en una discusión filosófica sobre la materia y el espíritu. Deciden tomar de árbitro a un cubano que pasaba por allí, con algunos tragos. El cura le pregunta quién creó el mundo, y este le responde que ha sido el Señor. Pero en medio de la neblina del ron, descubre que el oficial del MININT escucha detrás del cura, y añade: «Pero lo hizo con la ayuda desinteresada y solidaria de la Unión Soviética».  Hace unos años, un cortometraje cubano se valía del absurdo como recurso artístico para contar cómo unos oficiales de la Seguridad del Estado pedían permiso a un ciudadano para instalarle micrófonos en su casa. Argumentaban que respondían al reclamo de transparencia, y además habían descubierto que las opiniones del ciudadano estaban siendo útiles al Partido. Sin abandonar el absurdo y la ironía, los personajes mostraban un tono de diálogo y entendimiento. Estigmatizar este humor político como subversivo porque coge de material a la Seguridad sería lo mismo que censurar, antes de detenerse a analizar la visión que propone, una instalación artística como las que he visto en la Bienal de La Habana, donde, por ejemplo, una réplica en miniatura de Villa Marista (sede de la Seguridad del Estado) aparece junto a las de Langley, Quantico, la KGB, el Mi5. [embedded content]Como se sabe, el arte del socialismo, desde Vladimir Maiakovski hasta Tomás G. Alea, ha puesto en solfa a la burocracia, ridiculizando sus mecanismos y burlándose de su estilo triunfalista. Los chistes políticos cubanos han hecho lo mismo: En un congreso mundial sobre los elefantes, se presentan ponencias. Los americanos exponen sobre los negocios y el mercado de los elefantes; los franceses, sobre su vida sexual; los alemanes, sobre prolegómenos a una fenomenología paquidérmica; los soviéticos sobre su lugar en la lucha por la paz. Cuando le toca al cubano, este explica que no ha tenido tiempo de escribir nada, pero quiere hacer una declaración: «¡En el año 1999, Cuba será el primer exportador mundial de elefantes!». Probablemente nada en la cultura política cubana ostenta un sello del socialismo real comparable a los medios de comunicación. Criticados en todas partes, congresos de los periodistas y del PCC incluidos, los medios se mantienen con esa marca de origen, y han sido un blanco de chistes políticos desde siempre:Reagan, Gorbachov y Fidel llegan al más allá, donde se encuentran con Napoleón. Este les habla de la batalla de Waterloo. Le dice a Reagan que si hubiera tenido su fuerza aérea, no la habría perdido (la batalla); y tampoco — le dice a Gorbachov— si hubiera dispuesto de la flota naval de la URSS. Entonces le dice a Fidel: «Si hubiera tenido el periódico Granma, habría perdido la batalla de Waterloo. Pero nadie se habría enterado».  En su esquema clásico, la dramaturgia de muchos cuentos cubanos incorpora a los presidentes de EEUU, la URSS y Cuba. Los primeros se revelan arrogantes, ineptos para descifrar los acertijos conservadores, lentos; mientras el cubano exhibe ingenio y sentido común, para terminar “llevándose el gato al agua”. En buena medida, el personaje de Fidel en esos chistes retrata las cualidades con las cuales los cubanos se autoidentifican.Los cuentos donde aparece como personaje el comandante Fidel se remontan al inicio mismo de la Revolución:Fidel muere, pero no se sabe si está en el purgatorio o el infierno. Preocupado, Raúl llama a los dos lugares y nadie sabe de él. Al cabo de un mes, se decide a llamar al cielo. Al contestar el teléfono, San Pedro dice: «Cooperativa celestial, Patria o Muerte, Venceremos, dígame».El Fidel de esos chistes alterna con personajes vivos y muertos, reales y legendarios, en un mismo nivel.  Los cubanos de visita en la URSS y Europa del Este se sorprendían al contrastar esta imagen con las de los líderes que poblaban los cuentos escuchados en Varsovia, Praga o Moscú. Aunque la agilidad mental e imaginación de que hace gala el personaje podrían catalogarse como rasgos cubanos; su voluntad, persistencia y poder de persuasión alcanzan dimensiones míticas.Un chiste de los años 80 narraba:Fidel muere y se aparece en la puerta del cielo, donde pide hablar con Jesucristo. San Pedro no lo deja, pero Fidel insiste, hasta que Jesús, curioso, accede. Aunque San Pedro le advierte que no puede hablar por más de 15 minutos, pasa el tiempo y, dos horas después, se decide a irrumpir, en el momento que Jesús se encuentra diciéndole a Fidel: «Estoy de acuerdo con todo. Lo que no entiendo es por qué yo tengo que ser el Segundo secretario».Aunque interpretar los chistes como una crónica social resulta excesivo, no cabe duda de que, como las obras de arte, estos recursos de humor hacen destellar ciertas aristas del mundo que nos rodea. Tomando en cuenta las imágenes sobre la Isla que circulan en estas últimas semanas, se puede apreciar que hay muchas Cubas —no solo dentro sino fuera—, que aparecen retratadas en los chistes políticos. Difícilmente esta idea se pueda ilustrar mejor que en un cuento de fines de los 90:La caravana de Fidel y el Papa recorre el Malecón, cuando un golpe de viento lanza al mar el gorrito del Pontífice. Fidel se baja, camina sobre las aguas, lo recoge y siguen su camino. Al día siguiente, L’Osservatore Romano reporta: «Miracolo all’Avana! Il Papa fa camminare sull’acqua Castro.» El Granma pone: «Fidel rescata el gorro del Papa. ¡Otra victoria del socialismo!» El Nuevo Herald proclama: «Ya Castro está en las últimas. ¡Ni siquiera puede nadar!». Referirse al humor en la cultura del socialismo cubano requiere, como todo lo demás, marcar tiempos. Hace 35 años, en medio de los 80, empezaron a crecer y multiplicarse los grupos humorísticos. De su trabajo y perseverancia se derivó un nuevo arte de la comedia, con personajes, talleres, grupos promotores y diálogos con la política sin los que serían inconcebibles programas cómicos que pudieron reírse luego de la libreta de abastecimiento, los jefes de empresas o los vigilantes de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Dilatar esas fronteras del humor podría fomentar una cultura política capaz de reírse de sus excesos, desencartonar la solemnidad, acercar no solo el oído, sino también la voz a la tierra.Si entre tantos sueños en competencia me pusieran a elegir uno, invitaría a algunos amigos humoristas para que contribuyeran a la formación de comunicadores, cuadros políticos, maestros y todo al que le tocara dirigir o interactuar con gente diferente. Que les enseñaran el arte y la técnica de encantar al auditorio, ejercer una conversación motivadora, encender la imaginación, provocar la inteligencia, hacer pensar con gracia, desde la cultura del buen reír que impregna la mejor literatura, el teatro, el cine, la música, y otras artes cubanas.Recuperar la herencia cultural del humor político cubano, e integrarlo a la vida, en oposición a la ciberchancleta y el vitriolo que hoy pasan por diálogo y reconciliación, sería una manera de pensarlo. 

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