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racismos

Yesenia Selier: “Entender lo cubano en movimiento” (I)

Según se describe en su blog personal Yesenia Selier es una artista e investigadora nacida en Cuba. Durante más de 25 años ha estado estudiando, enseñando y realizando danza afrocubana, desde un estilo de enseñanza cálido y dinámico, dirigiendo talleres en los Estados Unidos, Europa y América Latina. Como intérprete de géneros tradicionales, su presencia en el escenario es emocionante, ferozmente hermosa; transmite una autenticidad amorosa. Yesenia ha trabajado junto a artistas como Teresita Fernández, Coco Fusco, Septeto Nacional de Cuba, Jane Bunnett, Wynton Marsalis, Chucho Valdés, Pedrito Martínez, Román Díaz.Escribió y produjo la obra de teatro “Women Orishas” para el Museo Cubano de Miami (2013); el espectáculo “Cuba en Clave” para el Centro Cultural Cubano de Nueva York (2014); el performance-procesión “Día de Reyes” en el Madison Square Park (2015); el performance “Oshun-Inform” en el Washington Square Park (2016); “Love Vibration”, en el Queens Museum (2017); “Nigra Suns” en el Kennedy Center for the Performing Arts (2018); y “Cachita”, APAP (2019).Su trabajo sobre la cultura afrocubana, que abarca la danza, la música y la identidad racial, ha sido publicado en Cuba, Estados Unidos, Colombia y Brasil. Yesenia Selier es Máster en Artes y Estudios Latinoamericanos y Caribeños por la Universidad de New York (NYU) y candidata a doctorado en el Departamento de Medios, Cultura y Comunicación de NYU. Actualmente se desempeña como Manager en Religiones Afro-Globales en el Smithsonian National Museum of African Art.  Con ella conversamos…¿Cómo ha sido vivir fuera de Cuba y también con tu corazón, tu mente y tu cuerpo dentro de Cuba?Bueno, es interesante que muchas personas cuando viven fuera de su territorio se apegan más a su cultura, a sus costumbres; en lo personal nunca he dejado a un lado mi cubanía. Además, he colocado siempre mi atención, mi interés, mi seguimiento y compromiso como investigadora y artista en representar a Cuba con el objetivo no sólo de compartir la cultura cubana, sino de expandir nuestra audiencia y ampliar el entendimiento que existe sobre lo cubano. Creo que una de las cosas más poderosas que me ha dado también estar fuera de Cuba ha sido entender lo cubano en movimiento, yo creo que eso es parte del trabajo que he estado haciendo.  Por una parte, está mi práctica como bailarina, como maestra de baile centrada en el performance conceptual en torno a los bailes afrocubanos, entonces por ahí definitivamente hay una conversación que siempre va ampliándose en torno a lo que es el movimiento del cuerpo cubano, los archivos que existen en torno a la africanía, al legado cultural africano. También creo que, desde el punto de vista investigativo, me ha interesado muchísimo entender la dinámica de los afrocubanos fuera de Cuba, ha sido el eje central de mi trabajo en los Estados Unidos, lo fue además durante la investigación de una maestría en estudios latinoamericanos que desarrollé en New York University (NYU).¿En qué año saliste de Cuba? Salí de Cuba en el año 2004, precisamente a través de un intercambio académico con Hunter College, ese programa para estudiosos del Caribe fue la razón que me trajo acá a los Estados Unidos. Tenía en ese momento una relación sentimental con una persona cubanoamericana, pues nos casamos y durante un tiempo considerable estuve trabajando como artista, como maestra de danza y ejecutiva de las artes en diferentes organizaciones en New Jersey y en New York.¿Y cómo accedes a los estudios de maestría que mencionas, qué tema investigaste?Apliqué a una beca en NYU, afortunadamente la recibí y pude dedicarme a realizar mi maestría. Para mí fue un momento transformador muy importante porque hasta entonces mi trabajo de investigación en Cuba se puede decir que estaba ubicado en el área de la piscología social, mirando a las interacciones de raza, con prácticas culturales de tipo religiosas, y musicales, como el hip hop.Resulta que cuando comencé mi maestría (2010) ya llevaba seis años en Estados Unidos, estaba enseñando y de alguna manera experimentaba una cierta saturación en torno a los estudios cubanos sobre raza. En mi apreciación en esos estudios se hacía mucho énfasis en el aspecto cuantitativo, en la dimensión política, por lo cual necesité pensar en una búsqueda diferente respecto a lo racial dentro de nuestra historia cultural, sin abandonar la mirada a la dimensión política, que es central en mi trabajo.Fue ahí que me decidí a incorporar parte de mi práctica artística, me cuestionaba por qué no utilizar esa experiencia e interacciones con una amplia comunidad de estudiantes y de artistas en los Estados Unidos, para desarrollar otro tipo de intervenciones. En lo que creo que, también, era una búsqueda de mi propia identidad académica, me decidí a investigar cómo el baile cubano se convirtió en un fenómeno transnacional. Me interesaba conocer cómo el baile cubano se reveló en algo reconocible internacionalmente, y además cómo empezó a participar de las industrias culturales fuera de Cuba. Fue un trabajo en cierto modo anticanónico, pero me ayudó de alguna manera a identificar mi especialidad, hoy me satisface decir que soy una etnógrafa del baile.El estudio me ayudó a desarrollar mi propia metodología observando el momento de bailar, tan común pero tan íntimo, como un texto que nos informa sobre la historia, la identidad, la política y las transformaciones sociales.Performance Oyá, con bailarines de Egungun, (Brooklyn, NY, Sept. 2017).¿Esa nueva perspectiva de la Yesenia investigadora, tenía más que ver con Yesenia la mujer negra, activista y preocupada por la problemática racial en Cuba?¡Totalmente! Aunque valoro que esas facetas que describes siempre han estado arraigadas a mi identidad, de alguna forma encontraron un espacio en ideas que derivaron en investigaciones concretas, publicaciones, que para mi alegría sirven aún de referencia para muchas personas […]¿Por ahí también va tu tesis de doctorado? ¿En qué universidad y programa la desarrollas?Fui aceptada en el programa de doctorado Media, Culture and Communication de la misma NYU. La tesis doctoral viene a responder preguntas que quedaron de esa primera investigación. Específicamente intento entender cómo se desarrolla el lenguaje comercial que empieza a convenir qué cosa es lo negro pero sin ser lo negro; de dónde sale este lenguaje, esta serie de convenciones a nivel de performance…¿Que no necesariamente salen de personas negras?¡Exactamente! Lo curioso de esto es que no son los productores culturales negros quienes crean este lenguaje en medios de comunicación como el cine, ellos están en diálogo con las comunidades culturales endógenas. Entonces se manifiesta esta otra producción, esta especie de falsificación de lo negro que se presenta y que a veces se convierte en más verdadero que lo verdadero. Y esto no solo ocurre en Estados Unidos y en Cuba, sino en otros países de América Latina como México, donde se produjo la industria cinematográfica más importante del mundo hispano. En este país se creó toda una metodología que les permitió servir a los mercados locales importando artistas. A partir de la conexión entre los mercados locales y las industrias del entretenimiento se obtenía información de los trends, lo que permitía identificar los artistas más populares que eran llevados a México para producir los filmes ajustados al gusto del mercado interno…¿Cómo es que una especialista en danza, una teatrista, una pedagoga del baile y la música afrocubana logra que su cuerpo se enfoque para comenzar ese proceso creativo en el ámbito académico formal? ¿Cómo has logrado, entre tantos desafíos, que la Yesenia en movimiento, que ya danzó Yemayá en el Lincoln Center con Chucho Valdés al piano y Wynton Marsalis en la dirección orquestal, logre salir de ese performance y lidiar además con el rigor de la investigación? Cuéntanos un poco de tus estrategias.Lo más importante y que no dijiste es que también soy madre de trillizos (risas), eso es lo más importante. Sobre lo que me preguntas lo primero que se me ocurre compartirte es la anécdota de algo que me dijo mi amigo Arsenio Castillo, que ya no está entre nosotros, justo los primeros días que los trillizos nacieron, en el año 2000. En ese momento yo estaba en una agonía, estaba en pánico, en una conversación yo le decía a mi amigo Arsenio: ¡Si me convierto solamente en la mamá de los trillizos, que era el imperativo que me colocaba la vida, y dejo de hacer las cosas que quiero hacer, las cosas que son importantes para mí, no voy a ser una buena madre porque no seré una persona feliz, sino amargada! ¡Es que no hay un manual, no hay un manual de cómo voy a hacer esto!  Y él me dijo muy tranquilo, fumándose un cigarro: ¡Lo que tienes que hacer es tirar el manual, tú no necesitas manual y si hubiera uno lo que tienes que hacer es tirarlo! Y eso me acompaña todavía hoy.Sí, creo que lo que he hecho ha sido establecer mis prioridades día a día, a veces apagando el fuego que hay que apagar, dejando para mañana lo que se puede dejar. Pero mi realización profesional y artística ha sido siempre un regalo, no solo para mí, sino también para mis hijos. Es algo que no veo separado de ellos, le doy gracias a Olofin y a todos los Orishas porque tengo tres hijos saludables, que son extraordinariamente creativos, son gente asentada que saben lo que quieren, siempre lo han sabido. O sea, creo que valió la pena seguir adelante, seguir intentando, hacerlos parte también, en la medida de lo posible, de todos estos procesos.Pero hay una cosa muy interesante en eso que me preguntas porque siempre es difícil lograr ese balance entre el arte, la danza y ser una académica, entonces mi estrategia ha sido que el día del cuerpo es el día del cuerpo y ya, al otro día lo dedico a los libros, a la escritura, a las ideas. Pero yo diría que mucho de mi crecimiento intelectual, de mi entendimiento de las filosofías y las epistemologías africanas, se ha profundizado a través de mi pedagogía del baile. Y esta interrelación es la que singulariza mi labor de enseñanza artística, pues me permite brindar aproximaciones desde la historia, la cultura, la filosofía, y eso a las personas que participan en mis talleres artísticos les resulta una experiencia particularmente interesante. Por ello considero que no existe un divorcio entre mi práctica artística y mi práctica académica. Rumbatacon Dance Weekend, Thessaloniki, Greece (March 2019).Inclusive cuando realizo intervenciones más completas, como una pieza teatral, trato de ser vocera y también popularizar lo investigativo a través del arte que ofrezco a un público que no es el académico. Como mujer negra, rural, —soy pinareña—, para mí es muy importante mantener esas vías de comunicación con ese público no académico, que además sé que es mayoría, me interesa una tesis doctoral que pueda conveniar una información accesible a ese público popular.¿Has tenido barreras raciales en Cuba o en Estados Unidos? ¿Te has llegado a sentir diferente por ser negra o te han querido hacer sentir diferente? ¿Ser una cubana negra marca la diferencia para moverte en determinados espacios?En el proceso de venir de Cuba para Estados Unidos, creo que necesité varios años para restaurar mi mente desde el punto de vista racial, en cuanto a las experiencias concretas que tuve aquí y las expectativas que traía del Caribe. No es lo mismo ver las cosas en la distancia que experimentarlas en carne propia.Por ejemplo, una de las primeras y más poderosas experiencias que tuve llegando acá fue la de notar miedo hacia mí como persona negra, o sea, caminando por la calle, sin hacer nada raro, he podido notar que mi presencia era percibida a veces como una amenaza. Yo tenía mi cabello con dreadlocks largos, que los tuve como nueve años, y esas percepciones nunca las experimenté en Cuba, realmente. También está el fenómeno del colorismo, en Cuba no soy la persona más oscura de piel y quizás eso me protege de otras experiencias, además de que hay una diferencia cuando estás en tu entorno cultural y hay maneras de que algunas personas puedan leerte más allá de lo racial.¿Eres más negra en EE. UU que en Cuba?Yo no creo que esa distinción aplica, pero para mí esa experiencia de notar que algunas personas tienen miedo del cuerpo negro es algo que descubro acá en los Estados Unidos. Pienso, por otro lado, que venir de Cuba es una de las cosas que me ha permitido moverme dentro de los espacios académicos, es que nosotros en Cuba, aun con todos los problemas que tenemos desde el punto de vista racial, no tenemos una sociedad totalmente segregada, que en el caso de los Estados Unidos yo sí diría que está, que se vive en una sociedad segregada. O sea, hay barrios exclusivamente latinos, barrios más negros, barrios de clase alta; existe toda una serie de mecanismos políticos que facilitan esos aislamientos.Además, creo que estar en el mundo académico, en la educación posgraduada, es un espacio un poco solitario para cualquier persona de color. Y yo si utilizo el término de color, aunque no lo utilizaba en Cuba, porque aquí tenemos comunidades, somos más que negros las personas que experimentan racismo, entonces me parece que “de color” se convierte en una categoría inclusiva para entornos multiculturales, multirraciales y multiétnicos. Entonces para la gente que no es blanca estar en espacios como NYU es un poquito aterrador. Es aterrador moverse dentro de esa Universidad de élite mundial, sumamente cara, donde yo y otros muchos estudiantes negros o no blancos simplemente llegamos por becas, no porque estamos pagando la Universidad. De esa manera mi experiencia, como cubana, de haber crecido en un entorno racista pero no plenamente segregado, —porque crecí teniendo casi tantos amigos negros como blancos toda mi vida—, me ha facilitado moverme dentro de esos espacios que pueden ser muy agónicos, muy difíciles, y negociar esas diferencias.Pero para mí no es una respuesta sencilla, no es una respuesta de una cosa o la otra, también intento hacer mi trabajo, académico y artístico, con una visión inclusiva, no solamente para los cubanos, los cubanos negros. Mi experiencia acá me permite también reconocer la similaridad en nuestras luchas como afrolatinos. Tenemos un problema grave con la invisibilidad de los afrolatinos en los diversos entornos nacionales, eso es algo que emerge conversando con otros activistas. En ese horizonte mi trabajo, aunque tiene un punto de partida en mis orígenes y repertorios culturales, no es solamente para nosotros, es para mucha otra gente. Es también para las personas blancas que yo pienso que sí, que tenemos que sentar en la mesa de nuestras agonías y de nuestras ansiedades, de nuestras esperanzas, porque yo pienso que son ellos los que tienen que hacer el mayor trabajo.Creo que ha sido el camino de muchos inmigrantes negros llegados a los Estados Unidos. Por ahí hay un trabajo fabuloso de Nancy Mirabal que, entre otras cosas, muestra cómo los clubes afrocubanos en la ciudad de Nueva York se van convirtiendo en transnacionales. Porque realmente es muy difícil entender nuestras historias y avanzar nuestras agendas en solitario, por eso es el gran sentido y la verdad, el gran valor y la belleza también de la vida fuera, no estamos y no existimos en solitario […]

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Viajes dentro del túnel (V): San Salvador de Bahía

Llevo siempre el mismo color sobre la piel; su oscuridad apenas variando más o menos de intensidad, de verano a invierno, de una latitud a otra. Siempre negra, aunque nunca la misma mujer negra. No se lee igual mi piel en La Habana y New York, en París y Reikiavik y Berlín y Miami, en Dakar o en Bahía. La experiencia negra no es la misma en todas partes.En Salvador de Bahía, capital entre 1549 y 1763 del Brasil colonial, bautizada “La Roma negra” y considerada hoy como una suerte de Mecca para los afrodescendientes, aterricé expectante pero también cansada y hambrienta después de intensos, largos viajes. Así es que lo primero que hice, en cuanto solté el leve equipaje, no fue partir en peregrinación a la iglesia de Nosso Senhor do Bonfim a procurarme fitinhas milagrosas, ni visitar la casa Olodum, o hacerme invitar a un terreiro, sino ir a comer moqueca de camarão en un pequeño restaurante del Pelourinho. Sustancioso, delicioso, pero también opulento cocido, tras una buena moqueca se impone la siesta o caminar. Convenimos en lo segundo: la cuestión era decidir hacia dónde ir. Mi amiga prefería visitar la iglesia de São Francisco, maravilla barroca que marcan las guías como punto de partida del perfecto recorrido turístico de la ciudad. Sin embargo, algo tiraba de mi cuerpo en dirección contraria: quería caminar sobre el empedrado del Largo do Pelourinho, entrar en la Iglesia de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos, seguir hasta el largo do Carmo y en otra iglesia, la de los terciarios do Carmo, detenerme ante las creaciones ultrabarrocas del escultor mestizo Francisco Xavier das Chagas (O Cabra —“Media casta”, en español), también conocido como El Aleijadinho baiano. Además de concebir la impresionante imagen de un Cristo yaciente cuyas llagas recreó utilizando 2000 fragmentos de piedras de rubí, se cuenta que el artista, antes esclavizado, modeló la imagen de la Virgen del Carmen a partir del cuerpo y el rostro de su presunta amante, la hija de un rico hacendado de la región. El bebé en brazos de la Virgen, se rumorea, llevaba rasgos negroides. ¿El fruto imaginado o no de los amores prohibidos? Bahía de todos los santos… y todos los pecados también —suele decirse.Pero, volviendo a nuestra primera tarde en la ciudad: no consigo todavía explicarme cómo fue que, sin argüir razones prácticas, logré que siguiéramos ese itinerario.Largo do Pelourinho (Foto de la autora).No es del todo fácil andar sobre las piedras del muy empinado Largo de Pelô, gran explanada sobre la que hoy se abren todo tipo de pequeños negocios relacionados con el candomblé, la capoeira, o souvenirs de la ciudad. Desde lo alto, domina la colina la Fundación Casa de Jorge Amado. Espaciosa, señorial, destaca por lo bien pintada y preservada entre el resto de las edificaciones en variable proceso de ruina. Mas no fue la casa del autor de Bahía de todos los santos, Doña Flor y sus dos maridos y Tieta do Agreste, lo que me impresionó entonces, sino el repentino descubrimiento de dos figuras sentadas ante una mesita, casi en mitad de la explanada: un hombre que supongo que fuese el equivalente en el candomblé a un babalao en la santería cubana, leía con autoridad el destino a una bellísima trans. Llevaba turbante y túnica verdes, muy maquillada, largos pendientes y deslumbrante pero serena escuchaba los vaticinios del sacerdote; toda una reina negra sobre la imponente explanada que podríamos tomar por un anfiteatro.Pelourinho en español significa picota —donde solía administrarse castigo a los criminales y exponerse las cabezas de los ajusticiados—; en el Largo de Pelourinho, en efecto, para escarmiento público eran mostrados los esclavos castigados. Y allí y ahora es donde, consciente de su impactante belleza, aquella trans exhibía con tranquilo garbo el resultado de las propias, libres elecciones sobre su cuerpo. Tropezarme con ella, dejarme cautivar por su actitud, devino uno de los primeros indicios de que, en San Salvador de Bahía, era tal vez posible experimentar lo que comúnmente es considerado “diferente” de otra manera a como lo vivimos en Occidente.Las paredes del barrio de Pelô están profusamente cubiertas con pintadas y murales exaltando el orgullo de las personas negras, no sexualmente conformes y marginalizadas por cualquier razón. Detrás de aquellos muros funcionan instituciones que durante años —siglos en algunos casos— han trabajado y continúan trabajando por el mejoramiento de la vida de grupos marginalizados. Marginalizados, no minoritarios. Ser negro en Salvador no equivale a pertenecer a una minoría, pues el 80% de la población se reconoce negra. La demografía actual nos recuerda que Bahía fue el mayor puerto de esclavizados de toda América.Mas experimentar de una manera distinta ser negro no significa que una diferente percepción de uno mismo sea tan radical que logre borrar los problemas fundamentales que acompañan el racismo estructural, tan presente en Bahía como en cualquier otra región del continente. En Salvador yo seguía siendo tan negra como en Philadelphia o La Habana; seguía siendo vista a través de un entramado de prejuicios raciales que, si no me hacía delatar por mi poca destreza en el manejo del portugués, me ubicaban en lo más bajo de la escala social. Mi supuesto sitio, decían las miradas de los empleados y la clientela en restaurantes y tiendas en zonas más exclusivas —en Vitoria, por ejemplo—, no estaba entre ellos sino en los barrios pobres, o vendiendo frituras en la calle, limpiando sus casas o cuidando de sus hijos, prostituyéndome o limosneando. El racismo es esencialmente el mismo en todo rincón de las Américas, no me canso de repetirlo. Mas, en Salvador existe al menos la posibilidad de que el orgullo de saberse negro emane con mayor fuerza y expansión. No es arte de magia, no es debido solamente al esfuerzo individual. Los negros baianos cuentan con tradiciones de resistencia y organización comunitaria sostenidas desde la esclavitud hasta el presente. Recoge la historia significativas rebeliones cimarronas, como la Revolta dos Malês (africanos de origen musulmán) de 1835; en el presente, es notoria la acción comunitaria de los afrodescendientes a través de los terreiros (equivalente en el candomblé de las casas de santo) y los blocos, como el mundialmente conocido Olodum. Debe ser muy distinto crecer como negro en una sociedad donde, aun cuando el poder no está efectivamente en manos de la mayoría poblacional, los negros, y su condición se ha mantenido estructuralmente marginalizada, perduran instituciones y prácticas que de algún modo se las han ingeniado para alcanzar cierto nivel oficial, siendo respetadas socialmente.Las desigualdades raciales y socioeconómicas dominan indiscutiblemente la vida en Salvador: doblar por una esquina o cruzar una avenida puede representar darse de bruces con una favela. Fue lo que nos ocurrió cuando, buscando el famoso RéRestaurante Suzana, nos vimos sin previo aviso bajando la serpentina pendiente, favela abajo. La decisión de entrar fue tomada demasiado rápido: un hombre se ofreció a guiarnos por el dédalo de escaleras, desde la carretera hasta el borde del agua, donde estaba el restaurante.Con mi amiga y Dona Suzana, en su restaurante. (Foto cortesía de la autora).Rápido comprendimos que en realidad nos adentrábamos en un espacio extraordinario: la Comunidade Solar de Unhao, donde el emprendimiento colectivo ha posibilitado un proyecto eficiente, de óptima infraestructura. Del vecino que nos condujo al restaurante de Dona Suzana a la señora que, dos puertas más allá, preparaba las caipirinhas —las mejores que bebí en todo mi viaje—, a los artistas que han embellecido las paredes del barrio, se trata claramente de una empresa colectiva, donde todos ganan al apoyarse mutuamente. El trabajo de esta comunidad es un ejemplo exitoso de empoderamiento empresarial afrodescendiente, constituye una forma de cimarronaje contemporáneo. Y no es la única iniciativa que puede incluirse en esta forma de resistencia y agencia afrodescendientes. Otros establecimientos pertenecientes y gestionados por personas negras han alcanzado similar prestigio: los restaurantes y bares Malembe y Roma Negra, en el centro histórico de la ciudad, y el sensacional Dona Mariquita, en Rio Vermelho.Del Restaurante Roma Negra (Foto de la autora).Para estos emprendedores negros —con una fuerte y tal vez mayoritaria presencia de mujeres entre ellos— hay además una tradición baiana que respalda su trabajo, una ancestralidad potente y cercana a la vez.Entremos en la iglesia de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos, a la que conseguí llevar a mi amiga al principio de nuestro viaje, y que fue erigida a partir de 1704 por los negros, como espacio propio de apoyo comunitario. Tardaron un siglo en terminar la iglesia pues la construían en sus ratos libres —¿y cuánto tiempo libre quedaba disponible a aquellos hombres y mujeres tras ser obligados a construir y mantener el mundo de los blancos? Pero la iglesia, su iglesia, fue terminada. Aún está ahí. Me arrastró hasta su puerta como atrae cada día a la gente de la ciudad. Al fondo, en el patio, hay un pequeño santuario a Anastácia, la esclavizada rebelde que renuente a ser poseída por sus amos, fue amordazada de por vida. Sus inesperados ojos azules nos recuerdan la violación de su madre bantú; la belleza del rostro, el continuo asedio sexual del que fuera objeto. Resistió el acoso, soportó el martirio del bozal que le impedía recibir alimentos sin llegar a privarla de aire, y aceptó la muerte lenta; esclavizado había sido su cuerpo, pero libre era su espíritu. Hoy, ante su altar de cimarrona santificada por las negras y negros de San Salvador de Bahía, nos detenemos repitiendo la oración a ella dedicada: “Vemos en tu semblante suave, tu rostro suave, tranquilo, la paz que los sufrimientos no consiguieron perturbar. Eso quiere decir: eras pura, superior (…) Anastácia, te pedimos que ruegues por nosotros, que nos protejas, envuélvenos con tu manto de gracia y con tu mirar bondadoso, firme, penetrante, aparta de nosotros los males y la maledicencia del mundo. (…) Todas las mañanas, antes de salir para el trabajo, mire a ANASTÁCIA, pídale SU GRACIA, que todo le irá bien.”Altar de Anastácia, en la Iglesia de Nossa Senhora do Rosário dos Pretos (Fotos de la autora).Cargo con el mismo color siempre en mi piel, recibo el mismo salitre del Atlántico bañando una y otra orilla, aquí y allá.En Dakar soy aquella cuyo negro cuerpo deja de serlo pues se confunde entre los otros, cuerpos africanos porque negros sólo son cuando salen de África y se les identifica como tales. Soy aquella cuya carne se siente en su justo lugar a la sombra del baobab, mientras mi mente se encabrita azuzada por las preguntas y la sospecha. Me pierdo en la multitud con la que comparto un mismo color, recordando en todo momento que, si ellos están allí, si ellos son lo que yo no soy, si ellos son africanos, es porque sus ancestros no fueron esclavizados; y que si yo soy la extranjera entre ellos, es porque los míos sí fueron secuestrados y enviados al otro lado del océano, forzados a abandonar la condición humana y bestializados, convertidos en instrumentos de trabajo.En esta orilla del Atlántico, ante las playas de San Salvador de Bahía, comparto con los demás la condición de descendiente de esclavizados: soy negra entre negros, no negra entre africanos. Nos une la experiencia fundadora, pero, también, nos separa la experiencia cotidiana. Hay, a pesar de la opresión que persiste sobre ellos, una palpable, inescapable sensación de orgullo de sí mismos y de posibilidad en los negros baianos. Algo que en el caso de tantos otros negros a quienes nuestra sociedad nos ha cercenado la conexión orgánica con instituciones de resistencia que responden a nuestra historia, a nuestros problemas y deseos —cabildos, organizaciones religiosas y sociales, clubes de ayuda mutua y recreo, etc— ha debido y debe ser reconstruido, aun con no poca dificultad.

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Basquetbolista a tiempo parcial, historiador a tiempo completo. Superando dogmas

Ofrecemos la segunda parte de la entrevista a Maikel Colón Pichardo, hijo de Malena y nieto de Zaida, cubano negro nacido en Guantánamo y criado en La Habana. Maikel es Licenciado en Historia por la Universidad de la Habana (2008), Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Autónoma de Barcelona (2013) y también Doctor en Filología (2021) por esta universidad catalana. Es autor del libro ¿Es fácil ser hombre y difícil ser negro? Masculinidad y estereotipos raciales en Cuba (1898-1912), por el que recibió en el 2014 el Premio “Calendario”, de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Ha sido autor de sistemáticas publicaciones en revistas científicas y blogs. Amante de los deportes, del barrio y su gente, y de sus amigos, tengo el placer de acercarme a su historia de vida.  Ennegrecer la diáspora: (otras) visiones cubanasSiendo un investigador cubano negro ¿Cómo fue el proceso de insertarte profesional y académicamente fuera de la Isla, cuál era tu percepción del asunto? Yo en Cuba tenía varios referentes, como Roberto Zurbano, Alberto Abreu, Daysi Rubiera, Georgina Herrera por ponerte algunos ejemplos. Pero claro los conocí ya en un momento de su carrera donde se habían logrado establecer, no durante el proceso por el que tuvieron que pasar para llegar al punto en el que estaban en el momento en que llegaron a mi vida (…) Pero siendo sincero, dentro de mi círculo de amigos del mundo académico así como el de la infancia (…) ese tipo de proyecciones no la veían a su alcance. Uno de mis grandes amigos, que lo conocí en el servicio militar (…) siempre me decía: ¡los negros no solemos pensar o proyectarse como tú te estás proyectando!¿Es decir que podrían existir intereses de salir de Cuba, de experimentar en otros contextos pero no predominaba la idea de que fuera por la vía profesional, académica?¡Para nada! la mayoría de mis amigos del barrio, o de algunos en la universidad, la alternativa era encontrar la yuma o el yuma de su vida que lo sacara del país. Y aunque era una opción, yo tenía otro proyecto. Alguno que otro me veía como un loco: ¿pero tú crees que puedas salir de esa manera?Cuándo me hablas de tus amigos/as ¿te refieres en personas negras, mestizas?Sí, hablo de personas negras y mestizas.Entonces, en la percepción o el imaginario no se veía como posibilidad lograr eso a partir del estudio. Probablemente sí. Casi ninguno lo veía a su alcance, incluso estando dentro de ámbito universitario. Los imaginarios condicionan, y ello trae consigo la sugestión de saber que tienes méritos, para trazar tu propio proyecto. Y quizás muchos de ellas, de ellos tienen méritos… Si, el potencial ya te digo yo que lo tienen, pero era algo que no tenían interiorizado.¿Notaste esa diferencia para asumir un proyecto migratorio entre personas negras o mestizas y blancas?Sí, totalmente (…)  en cierto modo algunos sí es verdad que por condiciones familiares o por redes familiares ya tenían como que el camino allanado, ya sabían que se iban a ir porque lo iban a reclamar etc., etc.  Pero otros se proyectaron también a partir de sus propios proyectos, también a partir de trabajar con instituciones cubanas en este caso cuando estaban en la universidad, hay generalmente gente que se va a trabajar en el servicio diplomático que se proyecta en ese sentido, (…) hay una diferencia sustancial (…).¿Cómo fue la experiencia de llegar a España y ser un hombre negro cubano estudiando en una de las mejores universidades de España y dentro del ranking de las mejores universidades de Europa?“(…) yo estando en un evento en México en el 2011 me entero de que me habían aceptado en esta beca para venir a España, al mismo tiempo logro aprobar para una maestría en Flacso-Ecuador. Tuve que decidir entre venir a estudiar a España o ir a Ecuador, que realmente tiene un programa académico muy bueno, incluso mejor que el del máster de aquí en España. Ahora, las condiciones económicas de las becas eran muy diferentes, (…) en cuanto a pago de la matrícula, billete de avión, etc., y buscando ese equilibrio me decanté por la beca para estudiar en Barcelona.¿En Cuba, no tenías algún dinero ahorrado, tu familia no pudo apoyarte económicamente? La cuantía económica de la beca cubría casi todo, pero había trámites que tenía que pagar en Cuba, así como pagarme el vuelo y cuando llegara a España el programa de la beca (MAEC-AECID) me lo reembolsaba. Yo realmente hice un crowdfunding (…) envié un email a los amigos más cercanos que tenía, explicando que tenía la posibilidad de salir, activé una cuenta que se podía crear en Cuba, para girar dinero del exterior, y ahí cada uno aportó lo que pudo. Entre el dinero que me llegó por esa vía, y el que aportaron algunos amigos dentro de Cuba, y la venta de una computadora que me habían regalado, así como parte de mi ropa, obtuve de a poco el dinero para los trámites de visado y certificación de títulos en Cuba, además de comprar el billete de vuelo para ir a Barcelona.Maikel, en el tránsito por ese camino estudiantil, profesional ¿tu familia te ha apoyado, tu familia no es de las que te dicen que: ¡eso no es para ti, ese no es tu lugar! ¿cuál ha sido el papel de la familia en todos estos años?No tengo una familia muy grande porque la mayoría de mis vínculos sanguíneos están en Guantánamo, también soy de padre ausente. Pero mi abuela y mi madre fueron un pilar importante en ese proceso.¿Qué hace tu mamá?Mi mamá es licenciada en educación preescolar.¿Todavía trabaja?Sí, trabaja en un círculo infantil. Toda su vida profesional ha trabajado como maestra de educación preescolar.Entonces en la familia la idea ha sido: ¡Inténtalo, sigue adelante! Mi madre y mi abuela siempre abogaron porque yo entrara a estudiar en la universidad. Nunca estuvieron muy a favor de que me dedicara al deporte, mi madre siempre decía que tenía potencialidades para hacer otra cosa que no fuera jugar baloncesto. Yo le respondía que parecía algo simple pero que para jugar baloncesto y ser un deportista profesional había que tener potencialidades, inteligencia, estrategias. Ellas no fueron muy proactivas mientras estuve en el mundo del deporte, lo fueron más ya cuando entré a la universidad. Pero tanto en el deporte como en la universidad siempre tuve apoyo de ambas. Mi tía también jugó un papel importante.¿Cómo ha sido tu vida en España? ¿Cuáles fueron los desafíos que se te plantearon cuando llegaste?Enriquecedor en todas las cuestiones, pero el desafío más grande fue intentar insertarme dentro del mundo académico. Es cierto que el handicap de ser negro está presente, yo he visto muy pocos profesores negros en las universidades de España que he visitado.Entrevistado en el Centro Comercial La Roca Village, Ciudad de Barcelona, Cataluña, España.¿Menos que en las universidades cubanas?Sí, mucho menos que en las universidades cubanas. En los años que yo hice el Máster vi solo uno, es verdad que sí hay profesores latinoamericanos, profesores chilenos, profesores argentinos, pero claro son profesores que los reconocen como blancos, ellos se reconocen como blanco, salvo excepciones, pero se identifican como blancos. Yo creo que ese ha sido el reto.Mis dos primeros años aquí en Barcelona fueron con beca de estudio, solo me dedicaba a estudiar y a aprovechar ese momento para nutrirme de la bibliografía que no teníamos en Cuba. Conocer la ciudad, viajar dentro de Europa, fue como una etapa más light. Cuando ya se acabó el máster, fue otra etapa en la que perdí mi residencia de estudiante, ¿cómo iba a cambiar ese estatus para poder trabajar?, entonces fue como el segundo reto, cambiar el estatus migratorio.En esta etapa todo lo relacionado con el mundo académico pasa a ser una especie de hobby. Yo tuve que trabajar en muchas otras cosas que eran las que me pagaban la factura. Trabajé muchos años en el aeropuerto de Barcelona.  La vida como investigador en esos 3 años entre que culminé la Maestría y comencé el Doctorado, se mantuvo activa a través de las redes de contacto que hice cuando estudiaba el máster, entonces siempre había como una ventana a un congreso, a una publicación. Además, mantuve mi vínculo académico y profesional investigadores en Cuba, con Julio César González Pagés, con Tomás Fernández Robaina, ambos forman parte de mi familia, entre muchos otros. Yo nunca renuncié, para nada, incluso salieron publicaciones, proyectos, charlas, alguna que otra clase junto a alguna amiga en la universidad que le interesaba que hablara sobre un tema de Cuba.Después comenzaste el doctorado, que duró cinco años… Sí efectivamente y gracias a varios apoyos, fundamentalmente el soporte de mi pareja Franchesca, pude salir adelante. Y dada la situación, mantuve el doctorado, pero tenía que trabajar al unísono, en media jornada de trabajo. Fue un doble reto, porque además mi tutora era profesora del departamento de filología española de la Universidad de Barcelona, la profesora Beatriz Ferrús, a la cual le estoy muy agradecido. Y ese fue otro reto, asumir el tener que desarrollar el doctorado en filología.¿Tuviste que moverte del área de historia hacia la filología?Exacto, pero afortunadamente gracias a Beatriz, y a una de mis grandes amigas Fernanda Bustamante, también profesora en el ámbito de la filología, ese tránsito fue mucho más fácil. Fue un proceso de mucho aprendizaje. Yo creo que en todo lo que me cuentas hay una pedagogía del cómo hacer y de cómo ser un hombre negro que asume su identidad, que se esfuerza en seguir adelante, mantener sus proyectos, para luchar y resistir en diferentes contextos. ¿Qué crees que necesita una persona negra cubana que se desenvuelve en el mundo académico para insertarse en ese mundo fuera de Cuba?Probablemente es un conjunto de cosas, pero es muy importante mantener el interés por el trabajo y seguir aprendiendo de eso. Por supuesto, también cuenta el apoyo de mucha gente, que he conocido en esta etapa de mi vida. Seguir interactuando, generando conocimiento, compartiendo conocimientos sobre esa temática. Luego por otro lado también vas madurando, y vas asumiendo más tu identidad como negro. Porque aquí en España casi siempre te asumen como cubano, y sí, soy cubano, pero hay otras dinámicas dentro del mundo cubano que te indican que eres cubano y también eres negro. Lo que pasa es que la experiencia en ese sentido en España siempre tiene sus matices porque los españoles, al menos los del entorno donde he interactuado, identifican como negros a los/las africanos/as. Yo soy cubano, ciertamente soy negro, pero soy cubano, y eso lo notas cuando vas a hacer un trámite administrativo, puedo parecer un africano, según mi físico, o quizás un dominicano, luego cuando dices que eres cubano como que el chip cambia…¿Cambia el chip favorablemente?Sí, favorablemente, en el contexto europeo una vez que eres negro, pero identifican que no eres africano, el chip cambia favorablemente. Desafortunadamente, es una realidad que he percibido.¿Para ti ha sido importante mantener tu perspectiva racial, tu identificación racial?Sí, en todo este proceso que te he contado tan rápidamente, justamente esa perspectiva fue la que me ayudó realmente a empoderarme, a auto reafirmarme cada vez más. Un proceso que ya venía viviendo y reafirmando desde Cuba.¿Pero si puede resultar negativo en España que te reconozcan como persona de origen africano porque tú mantienes la idea de auto afirmarte como negro?Yo creo que eso también tiene que ver con esa validación de tu identidad, el hecho de que de una manera u otra en diferentes circunstancias la gente solo te asume como cubano, yo siempre digo: ¡Bueno eso es un problema tuyo, yo soy cubano y soy negro, y no tengo ningún problema con eso!¿Al reconocerte como negro entre cubanos blancos en España eso causa algún tipo de molestia, algún tipo de incomodidad?Tampoco es que en mi entorno haya muchos cubanos, y los pocos cubanos que hay en mi entorno son negros igual que yo….¿Pero hay consenso entre esos cubanos de asumirse como negros?En algunos casos sí, digamos que entre los amigos más cercanos que he hecho aquí en la emigración. En otros no, en otros casos nos identificamos por el hecho de que somos cubanos, etc.  Sin embargo, he conocido cubanos que cuando conocen mi faceta como estudioso de estos temas me han confesado que en Cuba nunca se asumieron ni como negros, ni como mestizos porque a simple vista se asumían como blancos.¿Cuáles son tus proyectos, a corto y mediano plazo?Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto web, como editor, que no está directamente relacionado con el mundo académico, pero paga las facturas, y es un trabajo del que aprendes pues la función de editor es bastante compleja. Trabajo también en mi segundo libro, que forma parte de mi tesis doctoral, es el proyecto académico más inmediato que tengo ahora. Estoy también vinculado a dos proyectos de publicación con la editorial Hypermedia, las dos propuestas están vinculadas con los resultados de mi tesis doctoral.Yo tomé como base de mi investigación la obra del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez, trabajé también el tema de las masculinidades y hago hincapié en esa diferenciación a la hora de pensar un hombre negro y un hombre mulato, cuáles son las diferencias y los matices que se dan dentro de la dinámica de la sociedad cubana.¿Es importante estudiar para una persona negra, es importante no dejar de persistir en esos caminos profesionales, académicos?Yo pienso que sí, siempre y cuando te interese, debes tener interés en ello, más allá de capacidades y el tema de si puedes o no puedes, si te interesa y tú sientes que puedes, por supuesto que tienes que hacerlo, no debes tener ninguna limitación al respecto. Pero yo creo también que si tú como negro, más allá del estereotipo, quieres ser deportista, pelotero, y es algo que te gusta pues sé pelotero. Tú tienes que ser lo que tú quieras hacer y no tiene que existir ni por parte de la sociedad ni por parte de personas en concreto que tengan que condicionarte en que seas una cosa u otra, debes luchar por hacer lo que te motive.Creo que eres un ejemplo, no solo para las personas que nos identificamos como negras en Cuba, sino para cualquier cubano o cubana de esos guerreros/as cotidianos que tenemos en nuestros barrios, en nuestras calles. Deseo agradecerte que nos hayas contado un poco de tu historia de vida. Gracias por pensar en mí Maikel, por la invitación y ojalá mi experiencia de vida les sirva a muchos otros jóvenes cubanos negros que están en Cuba, viviendo situaciones probablemente más complejas de las que yo viví. Que les sirva para plantearse un proyecto bien como académico, como pelotero, como contador, en lo que sientan que tienes deseos, voluntades y tienen la capacidad para hacerlo, pues que lo lleven adelante.

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