HAVANA CLIMA

Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez

Entregan bandera Proeza Laboral al colectivo del SIUM nacional por su respuesta ante accidente del Saratoga

Durante la explosión del hotel Saratoga los servicios de emergencias se mantuvieron en el lugar para atender y trasladar a las víctimas del siniestro sin importar las extensas jornadas de trabajo. Foto: Minsap.El Sistema Integrado de Urgencias y Emergencias Médicas (SIUM) Nacional recibió este viernes la bandera Proeza Laboral como reconocimiento a la entrañable labor brindada por ese colectivo ante la explosión del hotel Saratoga, el pasado 6 de mayo.
Noiman Nápoles, secretario provincial del Sindicato de Trabajadores de la Salud, destacó los valores altruistas, humanistas y solidarios de los trabajadores que sin dudarlo estuvieron pendientes a las necesidades de la población ante el lamentable accidente, que dejó un saldo de 47 fallecidos.
La rapidez y disposición en la respuesta, teniendo como única meta salvar vidas sin importar los sacrificios, así como el conocimiento demostrado en situaciones de desastre, permitió al personal mantenerse activo prestando primeros auxilios y apoyo psicológico a víctimas y familiares durante varios días, declaró.
Foto: Ricardo López Hevia/Granma.
Una de las homenajeadas, quien recibió en nombre del SIUM Nacional la bandera Proeza Laboral, fue Maira Borret, fundadora de la institución y jubilada después de más de 25 años de labor ininterrumpida, pero que también contribuyó con su experiencia durante los días del fatídico suceso.
Borret dijo que esos momentos difíciles le recordaron cuando estuvo como evacuadora durante la guerra de Angola y que al igual que ahora los emergencistas se mantienen con un gran sentido humanitario, dejando de ser ellos mismos para deberse a quienes los necesitan.
La doctora Tania Torres, directora de la base nacional de Emergencias Médicas, resaltó la entrega y el corazón de ese personal de la salud, que se compromete a ser mejores cada día, en aras de que el pueblo pueda contar siempre con su atención.
Durante la explosión del hotel Saratoga los servicios de emergencias se mantuvieron en el lugar para atender y trasladar a las víctimas del siniestro sin importar las extensas jornadas de trabajo, salvar vidas es la principal condición para estos hombres y mujeres que demuestran su abnegación y altruismo con un alto valor humano y de sensibilidad en condiciones difíciles.
Foto: Maikel Espinosa/Juventud Rebelde.
(Con información del Minsap)
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SIUM: Cuando suenan las sirenas de emergencia, actuar en el momento preciso es salvar una vida

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La tragedia del hotel Saratoga y el rostro solidario de los jóvenes

Labores en el Saratoga. Foto: Dinella García/ Cubadebate.No fueron los únicos ni estuvieron solos. Porque, a decir verdad, el manojo de manos que se lanzó a arrancarle espacio a la tragedia no tuvo edad, color ni sexo, aun en medio de la confusión inicial, del dolor, a veces del peligro…  Tuvo, eso sí, el clamor unánime de quien deposita en la esperanza todas las fuerzas, la plegaria de una ciudad, de un país que se detuvo con la fe puesta en ver salir vivos a sus hijos de entre los escombros.
Entre esos rostros que no abandonaron ni un instante el Saratoga, que no esperaron llamados oficiales para acudir a ayudar adonde eran más útiles, que solo pensaron en buscar, curar, salvar, ayudar, acompañar, estaba el rostro de la juventud de Cuba.
Llegada de lesionados al hospital Calixto García. Foto: Cubadebate.
Cuando Guillermo Díaz Mederos, uno de los trabajadores lesionados, abrió los ojos por segunda vez luego de la explosión, ya estaba en el cuerpo de guardia del hospital Calixto García. Su recuerdo claro de ese instante es la avalancha de médicos y profesionales de la enfermería jóvenes, que llegaban sin parar a atender a los pacientes luego de saber la noticia.
Fue quizá el mismo impulso que movió a William Reyes Domínguez, paramédico integral de la base nacional del SIUM, a correr hacia su unidad ese viernes 6 de mayo, sin pensar en el cansancio ni en que nueve viajes entre el lugar del siniestro y varios hospitales, y 24 horas después, estaría aún allí para ayudar.
Mientras William, de 33 años, trasladaba heridos junto a los equipos del Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) de toda La Habana, los bancos de sangre se llenaban de personas, jóvenes en su mayoría, y fue necesario abrir nuevos puestos para recibirles, porque sobrepasaron las capacidades de los centros de salud.
Para cuando los estudiantes del Instituto Superior de Arte, los jóvenes de los centros científicos, los deportistas, los universitarios, los trabajadores ponían el brazo en los bancos de sangre, ya Claudia Brizuela Galindo, bombera de 21 años y jefa del carro 714 del Comando 1, había dado cientos de órdenes en la trágica escena. Su comando había sido el primero en llegar al Saratoga.
Otras jóvenes rescatistas como Laurent Balart y Yisel Garrido, de la Cruz Roja, o Yadelis Esquivel, psicóloga de apoyo en desastres, corrían de un punto a otro en el área del Saratoga. Y mientras ellas hacían lo que mejor saben hacer, enfocarse en salvar vidas, un joven neurocirujano y un equipo multidisciplinario en el que hay también otros jóvenes, entraban al quirófano con un niño de dos años en sus manos y la misma convicción de salvar.
A media tarde, cuando acababa la intervención quirúrgica, probablemente nadie esperaba que en solo 24 horas se superarían las 1 500 donaciones de sangre y que al día siguiente la cifra sobrepasaría las 2 000.
Mientras el equipo liderado por Dr C. Marlon Ortiz Machín, junto al resto de los neurocirujanos, enfermeros, anestesiólogos, técnicos e intensivistas pediátricos que se movilizaron hacia el hospital Hermanos Ameijeiras, retiraba la astilla de madera impregnada en el cráneo del pequeño, la joven residente de cirugía maxilofacial Lisset Rodríguez, de 27 años, participaba por primera vez en la atención de casos como los llegados al Calixto García.
Equipo de enfermeros intensivistas de la unidad de cuidados intensivos del hospital pediátrico Juan Manuel Márquez. Jóvenes en su mayoría que no sobrepasan los 25 años. Han estado sin medir tiempo ni esfuerzo en su servicio, prestos a trabajar en lo que aman: cuidar la vida de los niños. Foto: Lisandra Fariñas/Cubadebate
A esa misma hora, Luisito, enfermero intensivista, alistaba al equipo de enfermería que lidera en la sala de cuidados intensivos del hospital Juan Manuel Márquez, que no sobrepasa los 25 años de edad promedio, para la llegada de menores de edad heridos en el fatal accidente.
A sus 22 años, Luis Orlando Brito, Luisito, defiende la enfermería como arma estratégica para la recuperación de sus pequeños pacientes. Ellos –dice–, son quienes velan con un estricto monitoreo por los pequeños que más lo necesitan, aquellos en estado de gravedad.
Estaba de guardia el viernes 6 de mayo, cuando ocurrió el siniestro en el Saratoga, y cuenta que el equipo entero se movilizó. “Todos trabajamos unidos. Nada es más gratificante que ver la sonrisa de un niño cuando ya se siente bien, es lo más grande del mundo”.
Para que haya más de esas sonrisas, él y sus colegas siguen todavía en pie. “Hasta que se recupere el último niño”, afirma.
Para la noche del mismo viernes, ya cientos de jóvenes articulaban en las redes sociales donaciones para los damnificados, convocaban vigilias para transmitir fuerza a las familias, se ofrecían como voluntarios para las tareas de salvamento.
Otros estaban allí, guiando los pasos de los héroes de cuatro patas de la brigada canina, retirando escombros, metiéndose al amasijo retorcido de piedras y hierro, gritándole a la cara que no iban a dejarse arrebatar tan fácil la esperanza.
La esperanza es la propia vida aferrándose. Cuando se va, cuando la realidad rompe el hilo fino que la sostiene y la separa de la más absoluta tristeza, no hay modo de que el dolor de perderla no lacere. Porque cuando la esperanza se declara vencida, esa derrota es, de algún modo, para siempre. Y si existe un alivio, es el de saber que toda una ciudad, y lo mejor de su gente, estuvo allí hasta el último minuto para sostenerla.
Claudia Brizuela Galindo, jefa de carro del Comando 1 Bomberos. Foto: Cubadebate.
Los ejemplares de la brigada canina en momentos de descanso. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Pueblo de la capital realiza donativos tras la explosión del hotel Saratoga. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Pueblo de la capital realiza donación de sangre tras la explosión del hotel Saratoga. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Brigada canina se alista para entrar al edificio. Foto: Ismael Francisco.
Los equipos de salvamento y rescate durante la búsqueda entre los escombros . Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Labores de limpieza y salvamento y rescate en el Hotel Saratoga, tras trágico accidente. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Durante las labores de limpieza y salvamento y rescate en el Hotel Saratoga, tras trágico accidente. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Uno de los miembros de los equipos de salvamento y rescate que trabajan en el hotel Saratoga de La Habana. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

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Reportan tres lesionados por explosión ocasionada por presunta negligencia en vivienda de La Habana Vieja (+ Video)

El coronel Luis Carlos Guzmán, jefe del Cuerpo de Bomberos de Cuba, informó en la Revista Informativa Buenos Días, que en horas de la madrugada se produjo una explosión ocasionada por salidero de gas en La Habana Vieja. Este hecho provocó tres lesionados.Según publica el periodista Lázaro Manuel Alonso en la red social Facebook, el intendente de La Habana Vieja explicó que la explosión se debió a una presunta negligencia. El titular de la vivienda dejó la llave del gas manufacturado abierta, encendieron la luz y eso causó la explosión. Cuando los bomberos entraron tuvieron que cerrar la llave.
“Como consecuencia de la explosión en San Nicolás No. 954, esquina Corrales, tres personas resultaron lesionadas. Una de ellas ya está de alta, un niño se encuentra hospitalizado en el hospital Juan Manuel Márquez y su padre en el Calixto García”.
Yamila Velázquez Fernández, delegada de la circunscripción 48 del Consejo Popular Jesús María, dijo a la ACN que los dos lesionados hospitalizados se encuentran con pronóstico reservado:

Adulto de más de 50 años con 90% de quemaduras y peligro para la vida.
Niño de 11 años con 75% de quemaduras en su cuerpo.

El hecho ocurrió alrededor de las 5:00 a.m. y se reportan pérdidas materiales en al menos tres apartamentos.
Entrevista con el intendente

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SIUM: Cuando suenan las sirenas de emergencia, actuar en el momento preciso es salvar una vida

Equipos que 48 horas después siguen prestos a activar las sirenas, con la fe puesta en la esperanza. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.Cuando amaneció este 6 de mayo, la licenciada Annia Figueredo tenía los planes de un día cualquiera de descanso, merecido por el ajetreo de la jornada anterior. “No era su turno de trabajo, no le correspondía estar a media mañana sobre una ambulancia en una ciudad repleta de sirenas y dolor. Pero el hotel Saratoga, en el corazón de La Habana Vieja se había desplomado producto de una fuerte explosión, y cualquier cosa que ella pensase al abrir los ojos de ese día, ya no sería.
“Imagina, como no voy a estar allí con mis colegas, la situación ameritaba dar lo mejor de nosotros”, dice a Cubadebate.
Annia lleva 10 años trabajando en la emergencia, como parte del Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM), y como varios de sus compañeros, la gran mayoría, no pensó dos veces para presentarse a la base e incorporarse a los primeros auxilios y el traslado de víctimas y lesionados hacia las instituciones de salud. Ahora, cuando conversamos con ella, está lista en la base de nacional de urgencias médicas para salir a dónde hiciera falta, esta vez cumpliendo su turno establecido.
Si se piensa bien, Annia no ha dormido apenas, pero eso ahora sabemos que no es importante.
Estuvimos hasta que nos necesitaron, no nos importó hora, no nos importó nada, siempre estuvimos ahí al frente. Foto: Ricardo López Hevia/Granma.
“Sinceramente esto me impactó mucho y a pesar de que tengo varias anécdotas para contar de situaciones parecidas, esto no se iguala. Pero bueno… nunca nos aturdimos, ni perdimos el enfoque en lo que estaba sucediendo. Unidos, los compañeros de emergencia nacional y el SIUM provincial, todos los colegas que iban llegando de Salud y se sumaban, fuimos sacando a las víctimas a los diferentes hospitales”, rememora.
“Estuvimos hasta que nos necesitaron, no nos importó hora, no nos importó nada, siempre estuvimos ahí al frente. Con nosotros, la emergencia nacional, al igual que con todo el personal de salud de este país, pueden contar para lo que sea, con todo el amor del mundo responderemos siempre”, sostiene Annia, y la mirada se le pierde en alguna imagen de las últimas horas que prefiere olvidar.
A su lado está William Reyes Domínguez, paramédico integral de la base nacional del SIUM. “Arribamos apenas se nos convocó y desde el primer momento participamos en el traslado de las víctimas que fueron apareciendo, muy acoplados con el resto de los colegas. Apenas dejábamos a un paciente retornábamos nuevamente a la escena para seguir trasladando personal”, dice.
William lleva más de dos años trabajando en la emergencia nacional. El 6 de mayo debió ser el día de mayor tensión. Nueve viajes recuerda que dio en su móvil entre las inmediaciones del hotel y los diferentes centros de salud. “Una labor muy fuerte, una escena tétrica, de desesperación, pero estábamos concentrados en salvar las vidas humanas, ayudar a los que lo necesitaban y nos enfocamos en el traslado correcto de esos pacientes, muchos muy maltratados por los golpes, el derrumbe, la explosión”.
“Por supuesto, dispuestos a estar en pie mientras haga falta”, agrega el joven de 33 años.
El SIUM activado en el lugar de los hechos. Foto: Lissett Izquierdo Ferrer/ Cubadebate.
Para Fernando Isel Viltres, aunque es un momento conmovedor y triste, lo que les tocaba, dice, era sobreponerse “porque tenemos que hacer la función de rescate y actuar en el momento preciso. Estábamos pendientes de que los rescatistas hicieran su trabajo para continuar con el nuestro”, apunta este paramédico.
Con él coincide Annia, quien insiste en que “no es nada fácil para un paramédico llegar a una escena como esta”.
“Lo primero es la clasificación del paciente, ver en qué estados se encuentra y cuál es el próximo paso a seguir, porque depende de esa clasificación lo que se hará después”, explica.
“Nosotros llegamos a la escena, los rescatistas sacando a los pacientes, nosotros clasificando, y los que eran una urgencia inmediata haciéndole todos los procederes en el lugar y tratando de ayudar para que cuando llegaran al hospital estuvieran en mejores condiciones. Una hidratación que pongas en el lugar es un avance de vida para este paciente”, insiste.
“Es impactante y aunque uno sea del sector de la Salud, supuestamente acostumbrado a lidiar con emergencias, tenemos sangre en las venas. Ver lo que les ha pasado a estas personas, sobre todo a los niños…No puedo decirte qué sentí cuando llegué a la escena y vi esta situación, faltan palabras”, dice.
Lázaro Aguilar Álvarez es mecánico hace años en la base nacional de urgencias médicas pero el 6 de mayo vivió su primera experiencia como paramédico. Él, que se ocupa de mantener con mayor vitalidad los equipos móviles, esta vez luchó también por la vida poniendo sus manos para trasladar lesionados.
Los paramédicos y personal del SIUM permanecen en el lugar en las labores de salvamento y rescate. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
“Fue impactante lo que vi en el lugar, en el nombre del SIUM nacional les damos nuestras condolencias a los familiares y amigos de los fallecidos. No descansaremos mientras se nos necesite allí”, comentó.
Hasta las 10 de la noche, estuvo Osmel Góngora, paramédico integral con más de 8 años de experiencia trabajando sin descanso, para volverse a incorporar luego a su turno. “Es una escena dolorosa, en medio de la cual fue reconfortante el trabajo conjunto que se hizo. La base regional, centro, oeste, fuimos uno solo”, comenta este guantanamero quien insiste en cómo lo conmovió, además, la cantidad de personas que se acercaban para ofrecerse a donar sangre.
De todos ellos habla con orgullo Tania Torres Peña, directora de la base nacional del SIUM. “La respuesta nuestra fue inmediata, demoramos tres minutos en llegar al lugar. Las ambulancias que se encontraban en nuestra base en ese minuto de demanda eran alrededor de tres, después las ambulancias que se encontraban en plena faena moviendo pacientes entre los hospitales se fueron sumando a la escena”, explica.
“Somos una base regionalizada en Centro Habana, que nos dedicamos a la atención terciaria, es decir a la evacuación de los pacientes de los institutos, pero en la mañana de ayer, cuando sucedió el hecho en La Habana Vieja, recibimos una llamada inicialmente por nuestro centro coordinador, y posteriormente la coordinadora nos activó”, añade.
“Llegamos a la escena, que era bastante tétrica y desoladora, no nos habíamos encontrado una escena similar a esta. Tomamos todas las precauciones, nos mantuvimos unos cuantos metros alejados pues no sabíamos cuál era la situación y si podría existir otra explosión, pues fue al unísono que estábamos llegando todos los rescatistas, bomberos, y hasta que le escena no fuese segura nosotros no podíamos entrar al lugar, exponer a los compañeros nuestros y que se sumaran más víctimas”, detalla la entrevistada.
En pocos minutos, dice, el SIUM provincial se sumó. “Fuimos un solo equipo a partir de ese momento, con una sola voz de mando a cargo del licenciado Gerardo, que es el director del SIUM provincial. Nosotros fuimos clasificando y traslado a los hospitales y posteriormente cuando se comenzaron a extraer las primeras víctimas con vida, fuimos evacuándolos a los diferentes hospitales que ya teníamos coordinados: Calixto García, Freire de Andrade, Miguel Enríquez, el Clínico de 26 y el Hospital Manuel Farjardo. También el hospital pediátrico de Centro Habana y el Juan Manuel Márquez para los pacientes de pediatría”, apunta.
Luis Kiel Ferrera, trabaja en el SIUM desde hace 8 años. Desde la 1:00 am del 7 de mayo está en la escena esperando poder asistir a los que están atrapados en el sótano. Entró a relevar al turno que estaba trabajando desde por la mañana. Foto: Lissett Izquierdo Ferrer/ Cubadebate.
“Quiero resaltar la actitud de todos nuestros trabajadores que se encontraban de descanso en sus casas y que se fueron sumando a la emergencia allí. Fue algo espontáneo. Y también personal de la salud de Centro Habana y de La Habana Vieja. Hasta estudiantes de medicina estuvieron en el lugar, que formaron equipo con nosotros. También, los paramédicos y ambulancias de la clínica Cira García y del Hospital Frank País llegaron al lugar, y con los nuestros que estaban allí de voluntarios, que no estaban en el turno, formamos equipos”, señala Tania.
Equipos que 48 horas después siguen prestos a activar las sirenas, con la fe puesta en la esperanza.
De izquierda a derecha Osmel Góngora, Annia Figueredo, Fernando Isel Viltres y William Reyes Domínguez. Foto: Lisandra Fariñas Acosta/ Cubadebate.
El SIUM trabajando sin descanso. Foto: Maikel Espinosa/Juventud Rebelde.
La prioridad era el traslado de los lesionados a las instalaciones de salud. Foto: Cubadebate.
La escena es desgarradora. Foto: Cubadeabte.

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La doctora Lissette, una pediatra frente a la pandemia (+ Podcast)

No sé bien cuantos casos anunció ese día en edad pediátrica, en medio de una pandemia que disparó de un año a otro, y en proporciones alarmantes, los contagios en los más pequeños de casa. Pero pudieron ser cientos e incluso miles, aunque un solo niño o niña enfermo de covid-19, hubiese sido para ella igual de escalofriante.
El recuerdo que ahora narra la doctora Lissette del Rosario López González y la ha marcado, ubica a Kevin en una sala de cuidados intensivos, hacia la que llegó en una de esas tantas jornadas aciagas. “Es un adolescente que en esos momentos se encontraba muy crítico pero consciente. Por supuesto, él tenía miedo, miedo a morir. Recuerdo que cuando estamos examinándolo me apretó tanto el alma verlo así…Mientras lo auscultaba acaricié un poco su espalda y le dije ʹyo te prometo que no vas a morir, no te va a pasar nada, confía. Fue muy duro. Es muy difícil decir eso cuando estábamos en un pico, donde teníamos muchos casos graves, críticos y muchos pacientes que no lo lograban. Fueron días de muchísima tensión”, rememora.
Kevin venció esa batalla. “Cuando ya estaba para irse de alta nos retratamos. Yo lo miraba hacia arriba porque es que es mucho más alto que yo. Ese día no dormí de satisfacción pensando en él sonriendo, en su madre tan feliz igual”, dice.
Es una de las tantas anécdotas que casi dos años después asaltan a esta mujer que— desde el mando del Grupo nacional de Pediatría del Ministerio de Salud Pública (Minsap) — capitaneó la atención médica a niñas, niños y adolescentes en medio de la pandemia.
Nacida y criada en la barriada de Luyanó, la especialista desborda pasión por la medicina intensiva pediátrica, por la profesión que eligió y que reverencia.
Conversar con la mujer y la pediatra que la habitan es una suerte de privilegio, una brújula para contar desde su historia lo que ha sido este tiempo. En sus palabras, su fe, alegrías, cansancios y certezas están reflejadas las de miles de profesionales de la salud que no cejaron ante el virus, que han defendido su vocación desde siempre. Sirva esta entrevista como el más justo homenaje en el Día de la Medicina Latinoamericana.
La doctora Lissette del Rosario López González. Foto: Cortesía de la entrevistada.
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— ¿De dónde viene la inclinación hacia la medicina?
“Creo que puedo considerarme como un caso pionero dentro de la familia, ʹorigen congénitoʹ por llamarle de algún modo; porque mis padres fueron geniales, insustituibles, pero no fueron médicos, no es de cuna que me viene la vocación.
“Sí tengo historias familiares relacionadas con las ciencias de la enfermería, pero específicamente con la medicina no. Desde muy pequeña me contaron mis tías, en especial una que era enfermera, que yo jugaba mucho a curar a las muñecas. De hecho guarda recuerdos de métodos y recetas, indicaciones que yo hacía de ʹnovatropinʹ para la barriga y ʹduralginaʹ para la fiebre con poca edad, pero ya con escritura. Desde el mismo momento en que empecé a tomar conciencia, definir mi personalidad, tuve clarísimo que lo que quería en la vida era ser médico.
“A lo largo de la secundaria y del preuniversitario se fue arraigando en mí mucho más la vocación. Recuerdo que en 12 grado cuando se realizan las actividades de puertas abiertas de la universidad, yo escuchaba disciplinadamente, pero ya sabía que lo mío era la medicina. El momento de llenar las boletas fue muy difícil porque solamente tenía claro qué iba a poner en la primera de las diez opciones. Escribí medicina en la primera casilla y como segunda derecho. Nada más. Tenía buenas calificaciones y estaba convencida de que lo lograría.
“Las vacaciones antes de ingresar en la carrera fueron muy peculiares porque me la pasaba imaginando cómo serían las primeras clases. Estaba sola, mis compañeros de aula del pre eligieron otras carreras, es decir, ni siquiera estudiaría junto a ellos. Por eso decía que fue una vocación muy propia”.
—¿Por qué pediatría?
La doctora Lissette en un círculo de interés en una escuela primaria para enseñar reanimación y seguridad vial.Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Cuando eliges ser médico, una de las cosas más difíciles es elegir la especialidad porque la medicina es una ciencia riquísima en saberes. Yo siempre tuve una inclinación muy especial por los niños, el arte de interactuar con ellos creo que es único. Esa afinidad creció muchísimo cuando tuve mis prácticas de rotación de pediatría por el hospital de San Miguel del Padrón conocido como La Balear.
“Es un hospital que se creció y ha escrito páginas históricas en el enfrentamiento a la covid-19 que han sido brillantes. Para mí la satisfacción es enorme, porque el hospital donde entré a hacer la rotación de pediatría en cuarto año de la carrera, el hospital donde entré en sexto año a hacer el internado de pediatría, es el hospital donde he entrado en estos meses muchas veces, es una institución que he tenido la dicha de ver crecer de un hospital periférico hasta convertirse en un coloso de la pediatría. Ver tantos años después a mis profesores en primera línea del combate, a las nuevas generaciones, al hospital que me vio crecer cumpliendo una misión tan importante en el país, ha sido extraordinario.
“La pediatría en específico es una especialidad que enamora. Dentro de la pediatría mi especialidad y escenario de actuación es la medicina intensiva pediátrica, muy temida por muchos pero afortunadamente muy amada por todos.
“Cuando decimos terapia intensiva pediátrica, sin duda nuestra mente vuela a pasos agigantados hacia paredes verdes, hacia los trajes verdes y hacia el dolor. No estamos lejos de la realidad, realmente son paredes verdes o de otras tonalidades pero son paredes cerradas, son uniformes distintos donde el personal no luce unas esplendorosas batas blancas, sino que nos acompañan unos blindados trajes verdes. Pero es una especialidad que a uno le enseña el verdadero sentido de la vida. Es una especialidad que en niños cobra especial significación, aunque todas las edades son importantes y todas las unidades de terapia intensiva mueven el piso de los sentimientos.
—Hacer medicina intensiva en medio de la covid…
La doctora Lissette junto a Kevin, ya recuperado. Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Muchas veces en la sala de cuidados intensivos, viendo los casos o en horas avanzadas de la madrugada, cuando el agotamiento intenta apoderarse de ti, he mirado a través de los cristales y me he preguntado: ʹ ¿sabrán las personas que están caminando por las aceras, sabrán las personas que viven del lado de allá de los cristales lo que estamos viviendo o lo que está en juego del lado de acá? ʹ. Cuando una se hace esa pregunta se imagina que la especialidad de la terapia intensiva es una especialidad sublime, que nos hace crecer, nos entrena, enseña y nos pone en situaciones de un enfrentamiento, a veces muy desigual, con la muerte y donde sacamos lo mejor.
“Ante un niño grave te puedo confesar que no hay nada más importante para un médico, para un enfermero, para el personal de salud, en ese minuto, que salvar a ese niño. En ese momento por muchas dificultades que se tengan en el orden personal, todo pasa a un segundo plano, porque el profesional de la salud se concentra en lo que tiene que hacer. No hay cansancio, no hay frío, no hay hambre, lo que hay es que salvar una vida y quizás pueda sentirse un poco poético pero es la realidad.
“Los cuidados intensivos es el lugar donde se define algo tan irreversible como el límite entre la vida o la muerte. Las historias—aún las que tienen finales muy felices que afortunadamente son el mayor por ciento— a veces los recuerdos que dejan son tan tristes que no se mira atrás. Pero es una especialidad que si tuviera que volver a nacer, escogería de nuevo.
“Hemos aprendido a ser personas muy conscientes de la realidad; a mí en lo personal la especialidad me ha enseñado que no hay un bien más preciado que la salud, que no hay nada más importante en la vida que vivir. La pediatría en sentido general es una especialidad que te hace un ser viviente, dichoso.
“Los que ejercemos la profesión de cuidar y de sanar a los niños tenemos un regalo. La sonrisa de un niño borra cualquier desasosiego. El hecho de que un niño pueda irse de alta y te diga adiós, los más grandecitos te den las gracias o los más inocentes te compartan un sorbeto, una galleta o un cariño es que eso es difícil de narrar lo es difícil describirlo es extremadamente gratificante vivirlo”.
— Un día en la vida de Lissette
“Mis días normales son ʹanormalesʹ,  muy complejos todos. Ahora que vienen tiempos de de regalos, de fin de año y que todos pedimos muchos deseos, quizá  pudiera pedir que el día tuviera 48 horas, para ver si me es posible hacer casi todo lo que debo en un día y no puedo.
“Un día normal en mi vida es un día de profesional, de ama de casa, de madre, de esposa, de hermana y de todas las obligaciones que tiene una mujer cubana; viviendo las mismas complejas situaciones, pero con la satisfacción de tener salud para hacerlas y una familia que me apoya para lograr conjugar todo aquello a lo cual la profesión le resta tiempo.
“Mis padres fallecieron, mi madre hace once años, mi padre hace pocos meses y han sido golpes importantes en mi vida que han marcado mis días; porque además de amar ser médico, de amar ser madre, de amar ser esposa, de amar ser hermana, de amar ser familia; por sobre todas las cosas amaba mucho ser hija. He tenido que incorporar seguir siendo hija en la espiritualidad y eso es algo que duele pero qué acompaña cada día”.
Lissette junto a su esposo. Tengo una familia que me apoya para lograr conjugar todo aquello a lo cual la profesión le resta tiempo, dijo.Foto: Cortesía de la entrevistada.
— ¿Qué desafíos impuso la pandemia para la pediatría?
“La covid-19 sin duda alguna representó un reto para este país. Para la pediatría el desafío fue enorme porque, aunque cuando se empezaron a diagnosticar los primeros casos en Wuhan el mundo científico reportaba que no debía constituir un gran problema para los niños las niñas y los adolescentes, nuestro país, el Ministerio de Salud Pública, tuvo a bien, con el acompañamiento de las políticas de Estado, prepararnos en todos los sentidos.
 “Siempre tuvimos la previsión de que teníamos que armarnos de conocimientos, de herramientas, para estar preparados, porque no podíamos esperar a ver cómo se movían alrededor del mundo los contagios.
“Desde la hora cero los servicios pediátricos se prepararon, se entrenaron desde el punto de vista teórico y empezamos a organizarlos para realmente estar listos en el enfrentamiento de la de la pandemia y la vida nos dio la razón.
“El lema de la de la sociedad cubana de pediatría es que no hay nada más importante que un niño. Nuestra misión es la de proteger la infancia y la adolescencia. La pandemia venía azotando de una manera e brutal y se imponía tener mucha precaución, preocuparnos pero ocuparnos de cómo íbamos a enfrentar este problema.
“En lo personal, desde este presente, si miro atrás puedo contarte que sentiría miedo. Sentiría miedo porque nos preguntamos y decimos cómo pudimos, en lo individual y como país.
Lissette junto a su hija. Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Mi casa era vulnerable. Yo tenía que entrar constantemente a zona roja. Mi hija que este 30 de noviembre se licenció en derecho, estando yo en pleno enfrentamiento a la covid fue a un centro de aislamiento como joven estudiante voluntaria. Teníamos la premisa que no nos podíamos enfermar y teníamos que tener en extremo todas las medidas de bioseguridad. No enfermamos”.
Hace unos días el presidente hablaba de todo lo que el pueblo ha hecho en medio de condiciones tan difíciles. La salud, la ciencia, la asistencia se mezclaron como hijo y madre en un claustro materno y nos permitió avanzar.
“Desde que fuimos convocados para empezar a organizar las ideas fue difícil, porque se trataba de organizar estrategias de trabajo sobre las experiencias que iban teniendo los países que reportaban casos. Pero nuestro sistema de salud que tiene fortalezas: es un  sistema robusto, lejos de ser perfecto pero un sistema con un mando inteligente, sobre todo humano y donde el paciente no es un cliente.
“La pandemia nos enseñó a ser médicos en situaciones complejas. Para un pediatra no apachurrar, apapachar a un niño es impensable y tuvimos que aprender a amar con los ojos, tuvimos que aprender a examinar con extrema precaución”.
Dra. Lissette López González, Jefa del Grupo Nacional de Pediatría del Ministerio de Salud Pública. Foto: Estudios Revolución.
—Usted elaboró junto al equipo de expertos clínicos científicos los acápites de pediatría en las siete versiones del protocolo cubano para la atención a la covid.
“Recuerdo las muchas madrugadas en que estuvimos estudiando, organizando, haciendo algoritmos…el protocolo uno nació así, de muchas horas de análisis e intercambios. Este es un protocolo robusto, que tiene la virtud de ser nacional y abarcar cada una de las aristas del enfrentamiento a la covid-19.
“Es un protocolo que nace en la atención primaria de salud donde el pesquizaje y la detección temprana jugaron y siguen desempeñando un rol importante, ante ómicron, la nueva variante del SARS-CoV-2 que nos asecha. Luego va hacia la esfera puramente hospitalaria, escenario donde se llevaba a cabo dodo el protocolo de actuación en los primeros momentos y regresa después a la atención primaria de salud hacia la esfera de la rehabilitación y seguimiento de los convalecientes.
“Pediatría no escapó de insertarse en este protocolo nacional y con un acápite de todas sus particularidades hemos acompañado cada una de sus versiones. Ha sido además muy dialéctico, pues es un protocolo que ha avanzado con solidez sobre nuestras propias lecciones aprendidas, y que ha sido además expresión de intersectorialidad y de lo importante que es los multidisciplinariedad en la salud.
“Es un protocolo donde el hombre se ve como ser humano, donde pensamos en cómo adelantarnos a los tiempos como clave del éxito, donde la prevención primaria, es decir no enfermar, era lo más saludable, pero que contempla incluso el cómo minimizar las secuelas o las complicaciones a partir de la prevención secundaria. Es un protocolo donde cada nivel de atención tenía clarísimo qué es lo que debía hacer y el cual no se consideró como una herramienta infalible; prueba de ellos son las versiones que tuvo en el tiempo cada uno tomando lo mejor del anterior para optimizar el tratamiento.
“Este protocolo se coronó con la llegada de las vacunas, una hazaña trascendental de todos los científicos y profesionales de la salud que llevaron a cabo una campaña masiva de inmunización exitosa; sin dejar de mencionar el apoyo de la población,  de las madres y los padres de las familias cubanas y de nuestras niñas, niños y adolescentes. Mención especial para los miles de docentes que hicieron posible convertir las aulas en vacunatorios. Pienso que fue como una segunda campaña de alfabetización porque al virus lo vencimos con el saber.
“Han sido horas difíciles, y fue hermoso ver que niños que lloran por un pinchazo de penicilina iban felices a ponerse su vacuna”.
—¿Cómo impactó la pandemia en Lissette?
“En lo personal, la pandemia me ha impactado mucho.  Hace pocos meses enfrenté la pérdida de mi padre y pienso que ni tiempo tuve para el luto. Mi padre me acompañó hasta los últimos momentos, apoyándome con sus ideas, con su presencia, con su espíritu, con su ejemplo en esta batalla. Lo perdí en el mes de abril y fue muy duro. No tuve tiempo ni espacio para guardar un luto porque realmente estábamos en un momento muy crucial y pensando en él fue que me dije, hay que seguir con más fuerza.
“De lo que sí estábamos convencidos es que nosotros teníamos que vencer la covid, porque los niños tenían que volver a la calle, los niños tenían que volver a la escuela, este país tenía que volver a sonreír…Aún cuando muchos pudieron tener temores, dudas, puedo asegurar que el comité de innovación conducido por la doctora Ileana Morales, que el Ministerio de Salud Pública bajo la conducción magistral de nuestro ministro José Angel Portal, con todo el apoyo del Estado y el Gobierno, tuvimos la certeza de que lo íbamos a lograr. Todo el esfuerzo tenía una meta y era devolverle a este país la salud, integrarnos en la nueva normalidad con sus nuevos códigos.
“No sé si logre llegar a contabilizar las horas de sueño perdidas, lo que le debo a mi cuerpo y a mi mente de descanso, pero lo que sí puedo decirte es que lo que les resté de descanso a mí cuerpo y lo que le sumé en preocupaciones a mi alma, se los regalé también en satisfacción”.
“Como profesional y persona he crecido mucho, porque el amor que le tenía a la vida en estos momentos es exponencial y porque he tenido la oportunidad de conocer en primer plano la valía científica, la valía de salud que tiene nuestro país. He conocido de primera mano que estamos viviendo en un país con una situación complejísima desde el punto de vista económico, pero con un cerebro y un corazón puesto enteramente en función de darle solución a los problemas. El mejor ejemplo de esto es la pandemia que vivimos.
“Cuando pasen los años muchos de nosotros contarán a sus descendientes lo que hemos vivido y muchos de nosotros se preguntarán cómo pudimos enfrentarlo”.
—¿Asideros?
“Me sostiene ante todo mi eterna vocación. Yo amo ser médico, amo atender a los niños, amo mi país. La pandemia me ha regalado formar parte de un comité de innovación que ha tenido a su cargo el enfrentamiento desde el punto de vista científico de la covid y dentro del cual me he sentido en casa. Las largas horas de trabajo, madrugadas se reducían de solo pensar que estamos haciendo algo por este terruño. Ese compromiso me sostiene cada día.
“Me sostiene el haber aprendido entre tantos colegas espectaculares que a la asistencia hay que unirla indisolublemente con el pensamiento científico”.
La pediatra durante una de sus comparecencias en la revista especial de salud.Foto: Cortesía de la entrevistada.
—  Cada viernes la pediatra entraba a nuestros hogares. ¿Qué significó la responsabilidad de no solo dirigir la organización de los servicios asistenciales, sino comunicar el riesgo de enfermar para los pequeños?
“Como viernes de pediatría los bautizó la periodista Gisela García Rivero, que conducía este espacio junto a un equipo maravilloso. Surgieron ante la necesidad de comunicarnos directamente con la familia cubana por el incremento sostenido y exponencial que tenían los contagios pediátricos.
“Tuvimos picos pandémicos importantes en pediatría: días de tener más de 1 500 casos, o sobrepasar los 2 000 niños diagnosticados en 24 horas; llegamos a tener cientos de niños menores de un año positivos por día y superar la cifra de 3000 activos en una jornada. Se imponía un diálogo directo con la familia cubana.
“La cámara y yo no éramos ni conocidas pero tuvimos que asumir ese reto de intentar cada viernes llegar a la familia cubana y mostrarle cómo debíamos interpretar las cifras que nos daban y tratar de aprender juntos qué representaba lo que se informaba diariamente.
“Que las madres supiesen que esos 100 niños que se diagnosticaban hoy quizás para ellas no tenían una significación porque no estaba incluido su niño, pero que para las madres de esos 100 menores era la totalidad de los pacientes diagnosticados. Por lo tanto, no era un problema de la acera de enfrente sino de todos.
“Con ese empeño estuvimos también en las mesas redondas. En la primera, el 20 de abril de 2020 pensé que me moría en vivo frente a las cámaras, pero fue una grata experiencia. Ya sé que si me jubilo de médico pues el campo de la comunicación es muy apasionante”.
“Los viernes de pediatría fue una experiencia enriquecedora. Salía de uno e intentaba empezarme a preparar para el próximo, lo cual nunca logré del todo porque las semanas no alcanzaban, pero conté con un equipo de trabajo especial, el de la videoconferencia del profe Durán. Llegué a sentirme en casa, llegaba siempre corriendo y desde el que nos subía en el elevador, la maquillista que tanto extraño y a la que siempre le decía que cuando único he tenido cejas era los viernes… todos eran maravillosos. Para mí fue muy gratificante poder conversar y transmitir la necesidad de cuidarnos.
“Fue muy difícil hablar sobre los niños graves, los críticos, sobre los niños que fallecieron. Fue el lado más gris de esta pandemia. Nosotros mostramos una supervivencia que sobrepasa el 99.9% y eso es algo que nos llena de regocijo, pero esa meta que no alcanzamos, esas vidas que no logramos salvar dolieron mucho, duelen mucho. Pienso que dolerán muchísimo eternamente en la historia de la pandemia en el país y su enfrentamiento en la edad pediátrica.
—¿El magisterio?
Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Soy profesora auxiliar de pediatría de la facultad Finlay en el hospital Juan Manuel Márquez. Me apasiona estar frente a un aula, y los viernes de pediatría fueron una especie de escenario docente. Le hablaba a la cámara como si estuviera hablando a los estudiantes. Disfruto mucho dar clases. Pienso que es una continuidad y es un deber, porque nosotros fuimos educados y así mismo tenemos que transmitir lo que aprendimos.
 “Los profesionales que estamos formando el día mañana enseñarán a otros. Esa es la razón de la vida”.
“Soy muy espiritual, sentimental. Amo a la vida, al prójimo, a mi carrera, amo mi familia y soy una persona extremadamente dichosa por ello. Para mí no hay nada más importante que colaborar, ayudar poder hacer feliz un poco a quienes me rodean. Es lo que me enseñaron mis padres, es lo que le he enseñado a mi hija, es lo que trato de hacer cada uno de de mis días”.
—¿Orgullosa de la pediatría cubana?
“Una de las experiencias profesionales más importantes que me ha dado la covid es representar cada martes, en la reunión de los científicos y expertos, a todos los sanitarios que han tenido a su cargo la asistencia pediátrica. Explicarle al presidente cada una de nuestras labores, las tareas que hemos tenido que realizar.
“Ha sido para mí un compromiso con todos los pediatras, enfermeros, paramédicos en cada rincón de Cuba. Cuando he hablado por los pediatras del país, lo he hecho con la mayor de las satisfacciones, convicción y con un orgullo tremendo.
“Disfruto mucho lo que ha hecho la pediatría cubana en un momento tan difícil. Esos médicos. Enfermeras, laboratoristas, técnicos, que han entrado a los hospitales pediátricos y a las extensiones hospitalarias pediátricas, son mujeres y hombres que viven en Cuba en las situaciones complejas por las que atraviesa la nación en estos momentos y todos dieron el paso al frente. Entregaron lo mejor de sí. Cada uno de los escenarios en que me ha tocado intercambiar sobre esta labor, lo he hecho desde el respeto inmenso a cada uno de mis colegas”.
Dra. Lissette del Rosario López González, jefa del Grupo Nacional de Pediatría del MINSAP. Foto: Captura de pantalla de la Mesa Redonda.
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Suministradas todas las primeras dosis de Fase I en el ensayo clínico Soberana Pediatría

En la jornada de este lunes recibieron sus primeras dosis de Soberana 02 los 25 niños de 3-11 años que se alistaron como voluntarios de la Fase 1 de Soberana Pediatría, que junto a los 25 ya vacunados de 12-18 años completan la muestra de 50 para esta etapa.
Los pequeños recibieron el aliento y el cariño de sus padres, del personal de salud y de los payasos terapéuticos de La Colmenita.
El ensayo clínico en esta primera fase se desarrolla en el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez de La Habana.
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook
Ensayo Pediátrico Fase I niños de 3 a 11 años. Foto: Tomada de Facebook

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