HAVANA CLIMA

Yunior Smith

Ni Yunior es tan malo ni Marina tan buena

LA HABANA, Cuba. — Hoy he tenido que recordar a amigos de orígenes, culturas y edades diferentes. Todos son excelentes personas y mantienen una postura dignísima ante los regímenes dictatoriales que padecen en sus respectivas patrias. Uno es el ruso Alexander Podrabinek; los otros dos los cubanos Reinaldo Escobar y Yoani Sánchez, integrantes del matrimonio que fundó y conduce el diario digital 14yMedio.
Aunque todos coinciden en ese punto esencial de sus respectivas trayectorias vitales, se diferencian también —como es lógico— en muchos otros aspectos. Los miembros de la pareja hicieron un trayecto opuesto al que aspira a realizar la generalidad de los cubanos: Ellos, que se encontraban radicados y viviendo en Europa, optaron por retornar a su Patria para fundar el primer diario digital independiente hecho en Cuba.
Ambos, aunque han sufrido represión, no han sido huéspedes del inhóspito “Archipiélago DGP” (Dirección General de Prisiones del Ministerio del Interior cubano). Me alegro por ellos. Podrabinek, por el contrario, sí estuvo albergado en islotes del “Archipiélago GULAG” (Dirección General de Campos) del que nos hablara el gran Solzhenitsyn (Puntualizo que los “Campos” del acrónimo son, claro, los de Concentración).
Mi amigo Alexander narra anécdotas sobre su estancia en parajes tan “acogedores” como esos islotes ubicados en Yakutia (donde radica el Polo del Frío del Hemisferio Norte). Recuerdo la broma macabra que hacían los presos rusos sobre una característica canallesca de las celdas de castigo bolcheviques: había días alternos “con y sin vuelo”. Durante los primeros, era como si los cautivos estuvieran volando y la comida permaneciese en tierra. Simplemente, ¡los carceleros no los alimentaban!
La ocasión para el recuerdo la han brindado los sucesos de días recientes, vinculados a la defección de un connotado vocero del castrismo: el señor Yunior Smith. Se trata de un personaje que, si por algo se caracterizaba, era por la virulencia extrema con la que arremetía contra Estados Unidos y todo lo que oliera a anticomunismo. Hoy, sin embargo, aspira a ser acogido en el gran país del Norte como un ciudadano más que se opone al régimen de La Habana.
En una texto publicado en 14yMedio, la colega Yoani Sánchez compara el caso de ese señor con el de la rusa Marina Ovsiánnikova. Esta última —como se sabe— alcanzó instantánea popularidad mundial al desplegar, en plena transmisión de la televisora oficialista de Rusia, un cartel en contra de la artera invasión orquestada por el dictador Vladímir Putin contra Ucrania.
La eminente bloguera cubana no escatima elogios para dicha mujer. Considera que su nombre es hoy “sinónimo de audacia” (en lo cual creo que lleva razón), pero también de “entereza profesional” (algo que para mí no está tan claro). Según Yoani, la rusa famosa “nos lanzó contra el espejo de nuestras pequeñeces” (¡Y que esto lo diga la Directora de 14yMedio, el diario que tanto hace desde la misma Cuba para desenmascarar las arbitrariedades del castrismo!).
La colega Sánchez nos exhorta a la solidaridad “para que esta mujer no termine con sus huesos en la cárcel, envenenada por una sustancia misteriosa o empujada al exilio”. Aquí, a las posibilidades que apunta con acierto la colega Yoani, yo sólo quisiera añadir otra que no debemos olvidar: que la señora Ovsiánnikova sea declarada loca y encerrada en un manicomio.
Se trata de una experiencia macabra de la que existen amplios antecedentes en la vieja Rusia. Precisamente, en los “buenos tiempos” de Leonid Brézhnev, era ese el medio predilecto para lidiar con los disidentes. De esto pudiera hablarnos extensamente mi amigo Podrabinek. Su salto al escenario público se produjo precisamente al publicar su libro Psiquiatría forense, en el cual desenmascaró las canalladas de ese tipo que perpetraban los camaradas asentados en el sobrecogedor Kremlin de Moscú.
Volviendo a la  señora del letrero contestatario, confieso que me quedo con el mesurado comentario hecho por mi amigo ruso. Escribe él: “Marina Ovsiánnikova realizó un bello gesto que merece respeto. Pero yo no la incluiría entre las heroínas de Rusia”. Y continúa: “Ella tuvo la posibilidad de actuar así gracias a que durante muchos años mintió y fingió en la Televisión Rusa”.
Y, refiriéndose a los valientes de uno y otro sexo que salen a las calles y plazas del gran país euroasiático a protestar valientemente por el brutal zarpazo putinesco, agrega: “Esos millares de personas (…), sin pensar ni un segundo, con gusto desplegarían sus letreros no en las plazas de las ciudades, sino en directo en la TV. Pero no pueden hacerlo, porque no se arrodillaron ante el poder. En mi opinión, son ellos los héroes de Rusia”.
En resumidas cuentas: creo que sería justo afirmar que ni nuestro compatriota Yunior es tan malo ni doña Marina es tan buena. Lo que sí resulta evidente e innegable es una cosa: la pertenencia al aparato de agitación y propaganda de un régimen dictatorial (como el de Putin en Rusia o el de Castro y Díaz-Canel en Cuba) hace descender a sus colaboradores a insondables furnias de envilecimiento y abyección.
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No puede haber olvido ni perdón

LA HABANA, Cuba. – Gran revuelo en las redes han causado las más recientes fugas de varios voceros de los medios de propaganda del régimen, entre ellas la de Yunior Smith Rodríguez, uno de los más entusiastas y furibundos cuando se trataba de lanzar difamaciones y condenar a opositores y periodistas independientes. 
Precisamente por esa “feliz complicidad”, no puedo creer en la sinceridad de su “arrepentimiento”, ni dejo de sospechar ocultas y malas intenciones en su cambio repentino, ni alcanzo a comprender a esos que claman por el perdón. 
Por más que me expliquen sus razones no puedo acompañarlos en esa rara “compasión”, en ese estúpido “borrón y cuenta nueva” que tanto daño nos está haciendo de este lado de acá donde tanto valiente de verdad es olvidado en las oscuridades de una celda, en un calabozo, en una sala de interrogatorio, incluso en las soledades de su propia casa donde es acosado por la policía política y condenado a vivir como un apestado solo por pensar diferente y atreverse a decirlo en voz alta, a pesar de los miedos y peligros. 
A menos de una semana de haber aparecido en la televisión arengando contra los medios de prensa no oficialistas y reclamando condenas severas contra los detenidos durante las protestas del 11J, denostando contra el Movimiento San Isidro, la UNPACU, las Damas de Blanco y sus líderes, Yunior Smith se aparece con la vieja cantaleta del “cansancio”, de la “pérdida del miedo”, de la “desobediencia” y la “rebeldía” pero no aquí inmerso “en la caliente”, tras los barrotes de la Isla cárcel, sino al resguardo de estar a solo unos metros de la frontera de los Estados Unidos, echando mano a la treta oportunista que han usado por estos días otros “arrepentidos” para lograr ese “sueño americano” que se torna más intenso, húmedo y deseable sobre las almohadas y lechos de los comunistas y sus cómplices.
Todos ellos, como las ratas que son, se van a hurtadillas imaginando que con el simple acto de fuga, y con un par de declaraciones públicas y llorosas para endulzar los oídos y corazones de algunos ingenuos, se libran de una culpa más inmensa que sus hipocresías. 
Pero por más que intenten la redención, cargarán ese pasado miserable sobre los hombros más allá de la muerte porque sirvieron con su mal oficio de comunicadores a una dictadura que no ha tenido compasión con los cubanos y cubanas verdaderamente dignos, esos que pasarán los mejores años de sus vidas en una cárcel, en el exilio, en la incertidumbre de ser usados como moneda de cambio en negociaciones como aquellas “secretas” de Raúl-Obama, en el destierro, silenciados, distantes de sus familias, sufriendo vejaciones solo por reclamar el derecho a vivir en libertad pero no allá en Miami o Europa sino aquí donde nacieron y de donde ninguna fuerza por poderosa que se piense logrará sacarlos porque nada, absolutamente nada horrendo se puede obrar contra la belleza y majestad que habita en la terquedad de los valientes.
Todos, absolutamente todos los que alguna vez prestaron sus voces y rostros para proyectar una “buena imagen” de los represores, todos los que han contribuido con el engaño a un pueblo que sufre, todos los que pudiendo marcar la diferencia desde esa pequeña cuota de poder que significa ser una figura pública y optaron por el contubernio con las fuerzas represoras, la confabulación o el silencio —este último tan criminal como la connivencia en tiempos de terror— son igual de responsables de los castigos a los manifestantes del 11J; son tan culpables como quienes han dictado las abusivas sentencias contra jóvenes casi niños, como los que retienen ilegalmente y torturan física y psicológicamente a artistas como Maykel Osorbo y Luis Manuel Otero Alcántara.
No se puede causar daño en tal proporción, de manera consciente, y luego esperar el perdón bajo la forma de un “permiso de residencia” o la condición de “refugiado político”, más cuando se tuvo la opción de al menos negarse, aquí y ahora, a ser parte de una maquinaria represiva que no está formada exclusivamente por militares y policías —uniformados y encubiertos— sino, además, por un aparato ideológico y propagandístico estrictamente controlado por el Partido Comunista y al cual eufemísticamente llaman “prensa” y “medios de comunicación” pero del que sabemos su único y miserable en esta como en cualquier dictadura que controla los medios de comunicación y determina sus contenidos.
No se puede huir en busca de libertades para sí cuando el que lo hace ha dejado atrás, con sus bajezas, una larga y ancha estela de presos y desterrados cuyos delitos son precisamente la búsqueda de la libertad, pero no la personal sino la de todo un pueblo. 
No puede haber derechos ni compasiones para quienes los han negado a otros. No pudiera haber jamás olvidos ni indiferencias en estos asuntos en los que les van la vida y la libertad a quienes luchan a diario y sin máscaras por ella. 
No nos corresponde a los cubanos decidir quién entra o no a Estados Unidos, eso es facultad exclusiva de su gobierno, pero quedar callados e indiferentes mientras se les permite la entrada o la permanencia en ese país —que como ningún otro ha acompañado al pueblo cubano en sus luchas por un cambio hacia la democracia— no solo es ofensivo y desalentador para quienes aún permanecemos en Cuba bajo los peligros que implica el exigir nuestros derechos a expresarnos libremente sino que, además, al aceptar como legítimos sus arrepentimientos hipócritas, contribuye a que la doble moral, los oportunismos y el colaboracionismo con la dictadura se arraiguen, se naturalicen como práctica cotidiana y generalizada de supervivencia, consolidando el inmovilismo, la apatía, la indiferencia política que dañan a la sociedad cubana.
El temor a perder el empleo, el miedo a ser excluidos de la sociedad, estigmatizados, criminalizados, censurados no pueden justificar nuestra personal contribución a que otros sufran por eso mismo de lo cual nos resguardamos desde la cobardía, la conveniencia o la comodidad. 
No se puede sembrar la idea de que cualquier exceso, por grave que sea, puede ser perdonado y olvidado incluso cuando aún los sucesos del 11J continúan generando víctimas de la represión, cuando la “orden de combate” sigue en pie y apoyada sin excepción por todos quienes tenían y aún tienen el “permiso” de ponerse frente a una cámara de televisión o de hablar ante un micrófono de la radio nacional. 
Es sumamente letal para el futuro de la nación cubana incentivar tales complicidades aceptando como válidos los arrepentimientos, vengan de donde vengan, cuando lo que se necesita es que los cubanos despierten y reaccionen aquí y ahora si de verdad tanto ansían la libertad en su sentido más amplio, humanista, y no un sucedáneo de esta en un país ajeno.
Porque, dejémonos de tonterías y medias tintas, ninguno de estos cobardes que prestan-venden sus voces y rostros a los represores huyen por arrepentimiento sino porque irremediablemente el barco del castrismo hace aguas y son conscientes de cuánto han contribuido con sus cinismos a hacer más prolongado, trágico y devastador el hundimiento. Sus conceptos de libertad se restringen a continuar llenando las barrigas donde puedan y como puedan hacerlo, al estilo de esa escoria llamada Edmundo García.
Así cuando mañana, si por una “casualidad” de esas que abundan en la política mundial, los vientos del Norte llegaran a soplar nuevamente a favor de los represores, los voceros “renegados” no dudarían en “arrepentirse” nuevamente, aunque en sentido contrario, así como lo hizo tanto “repatriado” cuando Obama puso pie en La Habana.
Llovieron los repatriados con la misma intensidad con que se destaparon negocios de testaferros del régimen en el mismo corazón de Miami, una ciudad que no tardó en llenarse de delincuentes y dementes pero además de espías y “colaboradores”, “simpatizantes” del castrismo, cuando durante los éxodos masivos de los años 80 y 90 “casualmente” se “escaparon” hacia allá varios “notables arrepentidos” que hoy lucran con los negocios de envíos a Cuba, con los hospedajes Airbnb, con los vuelos chárter, con las remesas, con el único medio de prensa “alternativo” con acreditación oficial en Cuba y, probablemente, hasta con los “puentes de amor”.   
De nada nos sirve como nación que los mismos que reprimen o que se suman con sus oficios y talentos al juego de la represión se arrepientan ya en la distancia, cuando eso apenas les beneficia en lo personal porque tiene el valor de una visa o residencia express, de un perdón, o ya porque estratégicamente, siguiendo una nueva ordenanza de sus verdaderos jefes en las sombras, les ayuda a colarse y colocarse en donde más daño puedan hacer a las fuerzas opositoras. 
Nadie puede tener derecho a ser libre ni a reclamar libertades para sí cuando le ha negado a otros millones de compatriotas la posibilidad de obtener la libertad plena en su propia tierra.
Tanto Yunior Smith como los demás voceros del castrismo que han huido por estos días posteriores al 11J, absolutamente todos, sin importar el grado de compromiso mayor o menor que asumieron con la dictadura, deberían ser rechazados, expulsados, en todo país que se defina como democrático. De igual modo, en un futuro de libertad deberán ser juzgados y castigados en proporción justa por sus responsabilidades bien directas en la estrategia de desinformación que ha ido conformando el escenario de terror e indiferencia en que se han desarrollado los juicios a los manifestantes de los más recientes estallidos populares.
Debemos estar claros en que esta gentuza no huye por hartazgo ideológico, pues este nos acompaña a casi todos los cubanos desde mucho antes del 11J y de la pandemia, incluso antes de los desabastecimientos y la ruina provocados desde hace años por las ambiciones y egoísmos de los militares, ansiosos por incrementar sus fortunas personales, previendo la inminente caída del régimen castrista. 
Huyen porque pretenden huir de su pasado. Buscan desesperadamente librarse del peso que han tenido sus opiniones en la estrategia desinformativa del régimen y de la posibilidad de que el mal causado a tanta gente noble, digna, auténticos patriotas que han fundido sus destinos personales a los de un pueblo que sufre, les retorne de un momento a otro cual bumerán.
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Martí, el periódico Patria y los voceros arrepentidos

HARRISONBURG. — Hoy se cumplen 130 años de la publicación del primer ejemplar del periódico Patria, que salió a la luz el 14 de marzo de 1892. Ese primer número fue icónico, no solo por corresponder a la fecha fundacional del medio de prensa que se convertiría en el aglutinador y defensor de las ideas más importantes de la emigración cubana y puertorriqueña en Estados Unidos, sino también porque en él fueron publicadas las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y expuestas las ideas de los independentistas.
La genialidad de Martí estuvo en crear esa fuerza política para organizar la “guerra necesaria” y en exponer sucintamente principios medulares del pensamiento que habría de ser tenido en cuenta una vez terminada la guerra, lo que se advierte en este primer número de Patria.
Manipulando nuevamente nuestra historia, el departamento ideológico del Partido Comunista de Cuba (PCC) ha convertido esta fecha en el Día de la Prensa Cubana — léase la prensa oficialista que se le subordina—  tratando de vincular la figura del Apóstol con su degenerado modelo de dominación, que hoy ejecuta medidas represivas idénticas a las empleadas por la metrópoli española contra los patriotas cubanos, con la diferencia y el agravante de que ahora es un grupo de cubanos aupados en la élite del poder el que discrimina, hostiga, reprime, mata, encarcela o destierra a otros hermanos, solo por el hecho de no comulgar con las ideas comunistas.
En Cuba ha ocurrido lo que con tanta clarividencia advirtió Martí en ese primer número de Patria, en el artículo 4to de las bases del PRC: “El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que reales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud”.
Desgraciadamente para nuestro pueblo eso es lo que ha ocurrido después del 1ro de enero de 1959, con otro agravante imperdonable: que los comunistas han tratado de identificar a Martí con su ideología a pesar de que esta fue objeto de contundentes críticas por el Maestro en varios de sus textos.
Solo personas carentes del más mínimo respeto hacia nuestra historia pueden relacionar esta fecha con la prensa oficialista. Porque en su visión de la futura república cubana, quien  afirmó que: “La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía”, no podría estar de acuerdo con el acoso, la prisión y el destierro que por más de seis décadas han ejercido los comunistas cubanos contra quienes se les enfrentan, entre ellos los periodistas independientes.
Estoy absolutamente convencido de que quien escribió: “La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia”, jamás estaría de acuerdo con que un partido, sin haber sido elegido por el pueblo cubano para ocupar esa posición, se erija en fuerza superior de la nación y, afincado en el poder absoluto de ese pretendido mesianismo político haya convertido en rehén de sus intereses y fracasos a toda la sociedad.
Si el descrédito de la dictadura se midiera únicamente por las imparables deserciones de quienes han formado parte de su estructura, no haría falta más análisis para demostrar su incapacidad. Solamente en los últimos días, de este mismo sector de la prensa oficialista, Yailén Insúa Alarcón y Yunior Smith han abandonado el país. Hasta hace muy poco fueron enconados defensores del régimen.
Yailén Insúa Alarcón, quien fue diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y ocupó importantes cargos en el sistema informativo de la televisión cubana, pidió asilo político en Colombia el pasado mes de febrero alegando ser “una perseguida política”.
Yunior Smith, uno de los periodistas más odiados por los cubanos por sus expresiones en el noticiero nacional de la televisión, por estos días avanza hacia los EE.UU., si es que ya no ha logrado entrar. Este individuo ha tenido la desvergüenza de hablar en contra de la dictadura una vez fuera de Cuba y, sin ningún pudor, ha dicho que expresa eso para que nadie diga después que lo hizo una vez dentro de este país, como si se tratara de un acto valiente, porque así de dañada está la decencia en estas nuevas generaciones de cubanos.
Seguramente ahora comenzarán a armar su leyenda “anticastrista”, como también lo harán quienes también andan en esa estampida y pronto llegarán aquí.
Esos periodistas que hoy se muestran arrepentidos jamás escribieron una sola línea o dijeron una sola palabra en defensa de sus colegas de la prensa independiente, cotidianamente acosados, detenidos, encarcelados o desprovistos de sus equipos de trabajo.
A estos nuevos arrepentidos les viene como anillo al dedo esta otra frase de Martí: “Quien esconde por miedo su opinión, y como un crimen la oculta en el fondo del pecho, y con su ocultación favorece a los tiranos, es tan cobarde como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo”.
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Yunior Smith: “Decidí escapar de la mentira y la desesperanza”

MADRID, España.- El periodista y presentador del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Yunior Smith, abandonó Cuba y, según sus declaraciones en Facebook, se encuentra camino a la frontera de Estados Unidos. 
“Escribo esto sin haber llegado aún a Estados Unidos, y con la posibilidad de la deportación, del regreso y las consecuencias que me traería estar en Cuba después de hablar. Asumo el riesgo. Para que nadie diga que me llené de valor después de cruzar la frontera”, precisó.  
Este jueves, Smith manifestó haberse cansado, como otros miles de cubanos, “de arar en la arena” y decidió “escapar de tanta mierda putrefacta, de la mentira, de la desesperanza”.
Conocido por sus críticas al gobierno de Estados Unidos, dijo reconocer que había sido “un romántico enamorado del sistema, con conceptos adquiridos de niño”. 

“Tanta mierda atragantada en el pecho por años puede llegar a convencer (…). Quería demostrar que es posible vivir en Cuba dignamente. Pero es imposible, y bien lo sé ahora”, agregó.
Sobre su labor como vocero del oficialismo, dijo haber realizado “reportajes siguiendo fielmente las continuas líneas de mensajes enviadas desde arriba”.
“Fui varias veces a la oficina del jefe a preguntar, `¿qué quieres que diga?´, cuando no encontraba explicaciones ni formas de defender lo indefendible, cuando yo mismo estaba de acuerdo con lo que me hacían denunciar”, explicó.
“Todos vieron en pantalla al Yunior Smith que criticaba a otros gobiernos. Nadie jamás supo las veces que dije `No´. Cuando me pidieron justificar los palos a los manifestantes del 11 de julio con la prisión del rapero español y me negué a semejante locura, porque la censura y la persecución está mal en España y también en Cuba. Nadie vio el comentario que me pidieron hacer sobre Yunior García después del 15 de noviembre, porque lo censuraron (…). Nadie supo que dije `No´ cuando me pidieron hacer un reportaje sobre la inflación en América Latina, cuando el dólar estaba a casi 100 pesos en Cuba”, agregó Smith.
Además se refirió a la prensa oficialista cubana como “un monigote y marioneta, para sostener en el poder a los que viven del poder. Víctimas en mayoría de un sistema asqueroso que nos usa y ni siquiera nos paga bien. Porque muchos creen que todos tenemos altos salarios, y carros y jabas de comida, y solo unos pocos venden su alma a niveles tales que les otorgue tales beneficios”.
Según Yunior Smith, comenzó a decepcionarse de “los ministros con cuellos ausentes y barrigas desbordadas que esbozan explicaciones que ni ellos mismos entienden (ni creen)”, a comprender que el embargo “no es culpable de todas las políticas fallidas que una y otra vez se inician como soluciones redentoras de una economía muerta, que no llegan a ninguna parte”.
Y denunció, sin indicar nombres, a jefes de la televisión cubana “que pagan con favores y privilegios a cambio de sexo; por el acoso sexual desde el poder, secreto a voces que nadie denuncia por miedo”.
El periodista aseguró haber estado en contra de las represiones del 11 de julio y con el llamado del gobernante Miguel Díaz-Canel a “enfrentarse cubanos contra cubanos, con palos, como perros”, y de las tiendas en MLC, y “las mentiras con que adornaron la decisión”. 
En sus declaraciones expresó sentir “resentimiento hacia el gobierno endemoniado que provoca divisiones de familias, sueños truncados, vidas jodidas para siempre por una política mezquina, cargada de orgullo, de rencor, y la jodida mentira que lo hace todo turbio, oscuro, incierto”.
“Pude esperar a terminar el proceso de reunificación familiar, iniciado el año pasado…, pero me cansé. Preferí partir a lo desconocido, al riesgo, al peligro de muerte… Preferí escapar por mí, por mi hija, por los míos”, dijo Smith.
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