HAVANA CLIMA

vivienda en Cuba

Casas y sueños rotos

Llevo algunos años relativamente pendiente del mercado inmobiliario de Cuba.Mi casa, que alguna vez fue la “de los muchos”, donde convivíamos sin demasiada apretazón abuelos, nietos, tíos y sobrinos, se fue vaciando de a poco y se le ha quedado demasiado grande y solitaria a mi madre. Por eso, desde que me encuentro fuera de Cuba, hemos valorado varias veces la posibilidad de venderla y buscar algo más pequeño para ella, y algún dinero restante que vendría muy bien también. Sin embargo, los intentos que he hecho hasta ahora no han sido demasiado persistentes.Creo que inconscientemente albergaba la esperanza de que mi lejanía fuera algo temporal, y que la casa algún día volviera a ser el hogar que un día fue, para mí, para mis hijos y hasta para mis futuros nietos. Pero hoy esa posibilidad la veo cada vez más distante. Por eso he comenzado a bucear nuevamente en sitios y grupos de compraventa de inmuebles. Y el panorama que he encontrado me resulta desolador.La Habana, 1 de julio 2022. Foto: Otmaro RodríguezTras un primer vistazo, tal pareciera que Cuba entera se vende. Y a pesar del grave problema de vivienda que azota al país desde hace décadas, de los muy atractivos anuncios y precios más que razonables —si los comparamos con los de cualquier otro lugar—, son pocos los que parecen con disposición o posibilidades de comprar.Se pueden encontrar desde mansiones, hasta modestos apartamentos de microbrigada. Desde lujosos penthouses, hasta tímidos cuartos con barbacoa. Las hay impecables, remodeladas en sus más pequeños detalles, y una mayoría en que se notan las costuras del tiempo y las escaseces.Una frase se repite y martilla, “se vende con todo dentro”. Hasta “con el pomo de aceite”, decía uno. Se venden muchas veces con los muebles y los electrodomésticos que tanto costó conseguir. Se venden hasta con los recuerdos, valiosos para cada uno, pero carentes de sentido para alguien más.Y en esa frase, “se vende con todo”, se resumen los motivos y la magnitud de la gran tragedia colectiva, que no es más que la suma y multiplicación de cientos de miles, quizás millones, de tragedias individuales. De personas que están dispuestas a dejarlo todo atrás por un futuro muchas veces incierto, pero futuro al fin.Sobre todo, sorprenden y duelen aquellos que no contaban con esa posibilidad en sus planes. Casas en las que se nota que en su momento invirtieron tiempo, recursos y amor. Casas remodeladas con más o menos posibilidades o gustos, casas donde aún se puede adivinar el bullicio de unos niños o la paz de algún abuelo colando café.La Habana, 1 de julio 2022. Foto: Otmaro RodríguezAlgunas hasta con negocios incluidos, que duermen su sueño irrentable ahora. Casas de renta, cafeterías o restaurantes que extrañan también tiempos mejores.Otras que van mostrando poco a poco señales de deterioro. Faltas de pintura, de un saco de cemento o arena…y hasta de esperanzas.Muchas son de personas que durante bastante tiempo prefirieron quedarse en Cuba, y se crearon con mil sacrificios determinadas condiciones de vida, y que ahora se sienten empujadas a la decisión de marcharse.Todavía quiero creer que es posible que algún día la casa familiar pueda volver a ser el hogar que fue. Aún me emociona recordar lo que dijo mi hijo más pequeño cuando supo que pensaba venderla. Que cuando él trabaje y tenga “mucho dinero”, la volvería a comprar. Es que ahí está su infancia, su vida, y también parte de la mía. Si cierro los ojos, puedo (podemos) ver a los niños correteando con nuestros perros Princesa y Chaplin. Ahí puedo ver a mi abuela regando los rosales, y a mí misma trepada en la mata de mango con 12 años. Puedo recordar amores y sufrimientos. Puedo ver las decenas, tal vez cientos de reuniones de amigos a lo largo de décadas, entre ellos algunos monstruos queridos de la música o las tablas que tuvieron alguna vez ese patio de escenario…Ojalá llegue el día, para todos, en que queramos y sobre todo podamos, volver a nuestra casa, nuestro hogar, nuestra isla. Mientras tanto, sigue colgando el cartel de “Se vende”.

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Casas y sueños rotos

Llevo algunos años relativamente pendiente del mercado inmobiliario de Cuba.Mi casa, que alguna vez fue la “de los muchos”, donde convivíamos sin demasiada apretazón abuelos, nietos, tíos y sobrinos, se fue vaciando de a poco y se le ha quedado demasiado grande y solitaria a mi madre. Por eso, desde que me encuentro fuera de Cuba, hemos valorado varias veces la posibilidad de venderla y buscar algo más pequeño para ella, y algún dinero restante que vendría muy bien también. Sin embargo, los intentos que he hecho hasta ahora no han sido demasiado persistentes.Creo que inconscientemente albergaba la esperanza de que mi lejanía fuera algo temporal, y que la casa algún día volviera a ser el hogar que un día fue, para mí, para mis hijos y hasta para mis futuros nietos. Pero hoy esa posibilidad la veo cada vez más distante. Por eso he comenzado a bucear nuevamente en sitios y grupos de compraventa de inmuebles. Y el panorama que he encontrado me resulta desolador.La Habana, 1 de julio 2022. Foto: Otmaro RodríguezTras un primer vistazo, tal pareciera que Cuba entera se vende. Y a pesar del grave problema de vivienda que azota al país desde hace décadas, de los muy atractivos anuncios y precios más que razonables —si los comparamos con los de cualquier otro lugar—, son pocos los que parecen con disposición o posibilidades de comprar.Se pueden encontrar desde mansiones, hasta modestos apartamentos de microbrigada. Desde lujosos penthouses, hasta tímidos cuartos con barbacoa. Las hay impecables, remodeladas en sus más pequeños detalles, y una mayoría en que se notan las costuras del tiempo y las escaseces.Una frase se repite y martilla, “se vende con todo dentro”. Hasta “con el pomo de aceite”, decía uno. Se venden muchas veces con los muebles y los electrodomésticos que tanto costó conseguir. Se venden hasta con los recuerdos, valiosos para cada uno, pero carentes de sentido para alguien más.Y en esa frase, “se vende con todo”, se resumen los motivos y la magnitud de la gran tragedia colectiva, que no es más que la suma y multiplicación de cientos de miles, quizás millones, de tragedias individuales. De personas que están dispuestas a dejarlo todo atrás por un futuro muchas veces incierto, pero futuro al fin.Sobre todo, sorprenden y duelen aquellos que no contaban con esa posibilidad en sus planes. Casas en las que se nota que en su momento invirtieron tiempo, recursos y amor. Casas remodeladas con más o menos posibilidades o gustos, casas donde aún se puede adivinar el bullicio de unos niños o la paz de algún abuelo colando café.La Habana, 1 de julio 2022. Foto: Otmaro RodríguezAlgunas hasta con negocios incluidos, que duermen su sueño irrentable ahora. Casas de renta, cafeterías o restaurantes que extrañan también tiempos mejores.Otras que van mostrando poco a poco señales de deterioro. Faltas de pintura, de un saco de cemento o arena…y hasta de esperanzas.Muchas son de personas que durante bastante tiempo prefirieron quedarse en Cuba, y se crearon con mil sacrificios determinadas condiciones de vida, y que ahora se sienten empujadas a la decisión de marcharse.Todavía quiero creer que es posible que algún día la casa familiar pueda volver a ser el hogar que fue. Aún me emociona recordar lo que dijo mi hijo más pequeño cuando supo que pensaba venderla. Que cuando él trabaje y tenga “mucho dinero”, la volvería a comprar. Es que ahí está su infancia, su vida, y también parte de la mía. Si cierro los ojos, puedo (podemos) ver a los niños correteando con nuestros perros Princesa y Chaplin. Ahí puedo ver a mi abuela regando los rosales, y a mí misma trepada en la mata de mango con 12 años. Puedo recordar amores y sufrimientos. Puedo ver las decenas, tal vez cientos de reuniones de amigos a lo largo de décadas, entre ellos algunos monstruos queridos de la música o las tablas que tuvieron alguna vez ese patio de escenario…Ojalá llegue el día, para todos, en que queramos y sobre todo podamos, volver a nuestra casa, nuestro hogar, nuestra isla. Mientras tanto, sigue colgando el cartel de “Se vende”.

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Madre soltera de cuatro hijos pide una vivienda al régimen: “No me han ayudado en nada”

MIAMI, Estados Unidos. — Mary Leydis Espinosa Sánchez, una madre soltera de cuatro niños que perdió su vivienda hace siete años por causa de un derrumbe, denunció la falta de atención por parte del régimen cubano, que no le facilita un lugar donde vivir.
Espinosa Sánchez reveló a CubaNet que, a raíz de la tragedia, tuvo que dormir varios días a la intemperie con sus hijos, una situación que la llevó a ocupar un local del Estado en desuso.
“Me decían que tenía que salir de aquí, que me iban a meter multas de 90 pesos diarios por estar metida en este local, sin chequera, con cuatro hijos y sin tener donde vivir”, explicó la mujer, de 33 años.
En todo ese tiempo, la madre, residente en localidad de La Yaya, provincia de Sancti Spíritus, dice no haber recibido ninguna ayuda de las autoridades del territorio, que una y otra vez le repiten que tiene que esperar.
Según Mary Leydis, ante la escasez de materiales para construir viviendas, el municipio de Jatibonico le otorgaría un presupuesto para comprar una casa. Sin embargo, el dinero todavía no ha llegado.
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La joven se encuentra inconforme con el tratamiento que le han dado a su caso. Asegura que durante años le han hecho muchas promesas, pero que su situación no acaba de mejorar.
El único ingreso fijo con que cuenta la madre es la manutención que recibe de los padres de los niños, una cifra que tampoco le alcanza para mantenerlos.
Espinosa Sánchez relata que una trabajadora social de la comunidad, conocida como “Disney”, le dijo que tenía que cuidar a un anciano para que el Estado valorase ofrecerle una ayuda para cuidar a sus hijos. No obstante, ella se negó por no sentirse en capacidad de alternar esa responsabilidad con la crianza de sus hijos.
La vivienda, un problema sin solución
Recientemente, el primer ministro del régimen cubano, Manuel Marrero Cruz, pidió “soluciones alternativas” para resolver problema de la vivienda en Cuba.
El dirigente indicó que se trabaja “en las infraestructuras y la recuperación de los servicios comunes, pero muy poco en el interior de las casas y en urgencias que darían más confort a las viviendas y tranquilidad a sus moradores”.
“No dejamos de reconocer las limitaciones, pero también falta iniciativa, soluciones alternativas”, expreso Marrero durante un pleno con funcionarios estatales.
Cifras oficiales indican que en 2021 se terminaron en Cuba 18 645 viviendas, el 58% de la planificación original para el año. La estadística incluye planes estatales, subsidios y “acciones por esfuerzo propio que posibilitaron se terminaran 7 481 casas de 16 579 previstas”.
Las autoridades señalan que entre las principales limitaciones estuvieron el déficit de cemento, acero, áridos, materias primas de importación para la carpintería metálica, muebles sanitarios, entre otros artículos.
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Madre soltera con cuatro hijos pide vivienda al régimen: “No me han ayudado en nada”

MIAMI, Estados Unidos. — Mary Leydis Espinosa Sánchez, una madre soltera de cuatro niños que perdió su vivienda hace siete años por causa de un derrumbe, denunció la falta de atención por parte del régimen cubano, que no le facilita un lugar donde vivir.
Espinosa Sánchez reveló a CubaNet que, a raíz de la tragedia, tuvo que dormir varios días a la intemperie con sus hijos, una situación que la llevó a ocupar un local del Estado en desuso.
“Me decían que tenía que salir de aquí, que me iban a meter multas de 90 pesos diarios por estar metida en este local, sin chequera, con cuatro hijos y sin tener donde vivir”, explicó la mujer, de 33 años.
En todo ese tiempo, la madre, residente en localidad de La Yaya, provincia de Sancti Spíritus, dice no haber recibido ninguna ayuda de las autoridades del territorio, que una y otra vez le repiten que tiene que esperar.
Según Mary Leydis, ante la escasez de materiales para construir viviendas, el municipio de Jatibonico le otorgaría un presupuesto para comprar una casa. Sin embargo, el dinero todavía no ha llegado.
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La joven se encuentra inconforme con el tratamiento que le han dado a su caso. Asegura que durante años le han hecho muchas promesas, pero que su situación no acaba de mejorar.
El único ingreso fijo con que cuenta la madre es la manutención que recibe de los padres de los niños, una cifra que tampoco le alcanza para mantenerlos.
Espinosa Sánchez relata que una trabajadora social de la comunidad, conocida como “Disney”, le dijo que tenía que cuidar a un anciano para que el Estado valorase ofrecerle una ayuda para cuidar a sus hijos. No obstante, ella se negó por no sentirse en capacidad de alternar esa responsabilidad con la crianza de sus hijos.
La vivienda, un problema sin solución
Recientemente, el primer ministro del régimen cubano, Manuel Marrero Cruz, pidió “soluciones alternativas” para resolver problema de la vivienda en Cuba.
El dirigente indicó que se trabaja “en las infraestructuras y la recuperación de los servicios comunes, pero muy poco en el interior de las casas y en urgencias que darían más confort a las viviendas y tranquilidad a sus moradores”.
“No dejamos de reconocer las limitaciones, pero también falta iniciativa, soluciones alternativas”, expreso Marrero durante un pleno con funcionarios estatales.
Cifras oficiales indican que en 2021 se terminaron en Cuba 18 645 viviendas, el 58% de la planificación original para el año. La estadística incluye planes estatales, subsidios y “acciones por esfuerzo propio que posibilitaron se terminaran 7 481 casas de 16 579 previstas”.
Las autoridades señalan que entre las principales limitaciones estuvieron el déficit de cemento, acero, áridos, materias primas de importación para la carpintería metálica, muebles sanitarios, entre otros artículos.
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Régimen pide “soluciones alternativas” para resolver problema de la vivienda en Cuba

MIAMI, Estados Unidos. — “No dejamos de reconocer las limitaciones, pero también falta iniciativa, soluciones alternativas”, aseguró hace algunos días el primer ministro del régimen cubano, Manuel Marrero Cruz, sobre el problema de la vivienda, una de las principales inquietudes de la población de la Isla.
El diario provincial Tribuna de La Habana llamó la atención sobre el tema este viernes, enumerando varios de los problemas vinculados a la construcción de viviendas a nivel nacional.
“Las reglas del ´juego´ están bien claras: basta de contemplaciones, de justificaciones, de burocracia y dilaciones de los procesos de ejecución, reparación y otros asociados a la vivienda, pues es hora de dar un cambio radical en este programa, para el que desde hace tres años existe una renovada política de Estado”, señaló el rotativo.
El medio oficialista se hizo eco en recientes declaraciones de Marrero con los gobernadores provinciales, donde señaló que la necesidad de construir más viviendas.
El funcionario indicó que se trabaja “en las infraestructuras y la recuperación de los servicios comunes, pero muy poco en el interior de las casas y en urgencias que darían más confort a las viviendas y tranquilidad a sus moradores”.
Señala Tribuna de La Habana que “la casi paralización de la economía cubana en 2021” por causa de la pandemia de COVID-19 incidió en los retrasos en los planes de viviendas. En ese sentido, el diario llamó a “no obviar” cuánto impacta en esas metas “el recrudecido bloqueo estadounidense”.
Según estadísticas oficiales, 2021 se terminaron en Cuba 18 645 viviendas, el 58% de la planificación original para el año. La cifra incluye planes estatales, subsidios y “acciones por esfuerzo propio que posibilitaron se terminaran 7 481 casas de 16 579 previstas”.
Las autoridades señalan que entre las principales limitaciones estuvieron el déficit de cemento, acero, áridos, materias primas de importación para la carpintería metálica, muebles sanitarios, entre otros artículos.
En 2019, el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel aseguró que el gobierno entregaría una casa diaria por municipio para paliar el déficit de vivienda en el país, algo que, a juzgar por las cifras oficiales, parece lejos de cumplirse.
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Cuba: organismos estatales sólo concluyeron el 42 % de las viviendas previstas en 2021

El Ministerio cubano de la Construcción (Micons) sólo completó el 42% de las viviendas que planeaba levantar en 2021 y el 41 % de las que se encontraban en rehabilitación, según el informe anual del ministerio dado a conocer este fin de semana.Medios oficiales informaron que el año pasado se terminaron 18 645 viviendas de los planes estatales, de las cerca de 44 400 previstas, y se rehabilitaron 14 245, cuando el plan apuntaba a unas 34 745.El primer ministro de Cuba, Manuel Marrero Cruz, que participó en la presentación del informe, habló de la “insatisfacción” de muchas familias por estos incumplimientos, incluidas madres solteras con tres o más hijos, según recoge la Agencia Cubana de Noticias (ACN).También insistió en darle la “máxima prioridad” al programa de la vivienda e instó al Micons a no admitir justificaciones e involucrarse para que los programas se cumplan.Varios directivos se refirieron a las inversiones en marcha para rescatar o mejorar fábricas cementeras así como al estancamiento en la producción local de materiales en varios territorios, no obstante disponer de recursos naturales como la arcilla y minindustrias con equipamiento subutilizado, refiere ACN.El problema del cemento y el programa de viviendas en CubaEl plan del Micons para este año prevé la construcción de 37 991 viviendas y la rehabilitación de 14 697.El sector de la construcción atraviesa serias dificultades en Cuba, con la falta de insumos como el acero y el cemento como uno de los principales obstáculos.Efe/OnCuba.

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Cuba: el desplome de una placa en construcción deja una veintena de heridos en Cárdenas

El desplome de una placa (cubierta de cemento fundido) en construcción sucedido en la tarde de este domingo dejó al menos 21 heridos en el municipio matancero de Cárdenas, informó TV Yumurí.
Según el reporte, cuatro de las personas que trabajaban en la obra sufrieron daños considerables y fueron trasladados al hospital territorial luego de que las fuerzas de rescate lograran sacarlos de entre los escombros y la estructura de acero.
En el perfil de Facebook del telecentro, el doctor Elías Junco advirtió que en realidad fueron diez los lesionados que recibieron atención en el hospital. También el periodista Alexei Abel McIntosh León notificó desde la red social que, según el Dr. Luis Enrique Bone Cobos, director del Hospital Julio Aristegui Villamir, los cuatro ciudadanos lesionados evolucionaban satisfactoriamente.
De los heridos, tres se reportaban de Cuidado, aunque sin complicaciones. Uno restante saldría de alta el mismo domingo. Eso fue informado por McIntosh León a las a las 8 p.m.

El accidente sucedió cerca de la una de la tarde en Genes 562, entre Calzada y Coronel Verdugo, dirección hasta donde llegaron las fuerzas de rescate y autoridades del territorio.
Aunque aún los peritos no habían dictaminado, el reporte apunta la causa a un fallo en las estructuras que debían sostener la loza en construcción.
En construcción…

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El problema del cemento y el programa de viviendas en Cuba

Hasta mediados de octubre, cuando dejó su puesto de albañil en las obras de la nueva fábrica de cemento de Nuevitas, Omar apenas había trabajado para cubrir sus gastos de alojamiento y acumular algunos cientos de pesos por mes. Entre la intermitencia en la entrada de materiales y los desajustes en las escalas de pago, desde hacía tiempo le resultaba difícil cuadrar sus cuentas. Así que un día decidió marcharse, al igual que otros muchos antes que él.Ahora espera por el comienzo de 2022 para incorporarse a una brigada constructora en Cárdenas, donde según le han asegurado, el trabajo no falta y el salario es varias veces superior al de sus últimas nóminas. “Aquella es una ‘inversión priorizada’ solo de nombre, a cada rato tenían que pedirnos que estiráramos los materiales para acabar un objeto de obra o retrasaban de nuevo la fecha de terminación. Son situaciones con las que uno no puede lidiar si su salario depende del pago por resultados. A un familiar que me preguntaba sobre la fábrica, se lo dije: ‘Si te vas a meter en alguna construcción, no esperes por el cemento de Nuevitas, que ese demora’”, cuenta.   Los primeros trabajos en el enclave camagüeyano se remontan a 2018, cuando el Grupo Empresarial del Cemento recibió luz verde para un programa de recuperación que esperaba sustituir la vieja planta “26 de Julio”, junto a las de Santiago de Cuba y Siguaney, por nuevas industrias. En un segundo momento, hasta 2025, las mejoras alcanzarían al resto de las cementeras de la Isla.En definitiva, la inversión no ha alcanzado a la industria espirituana, la cual se mantiene produciendo a ritmos que no pasan de la décima parte de las que alguna vez fueron sus capacidades de diseño.De acuerdo con estimaciones del ministro de la Construcción, René Mesa Villafaña, la industria cementera cubana cerrará 2021 con sus peores registros en más de seis décadas. Su plan, que era de 560 mil toneladas y ya suponía una caída de casi el 50 % respecto a la magra producción de 2020, será incumplido en al menos 83 mil toneladas, según reconoció el funcionario. Pero tan pronto como en el año entrante cabría esperar una dramática recuperación.Cuba registra una reducción interanual del 26% en viviendas terminadas durante el 2020Más de un millón 400 mil toneladas de cemento podrían salir de los hornos cubanos durante el calendario próximo, aprovechando la completa sincronización de la nueva planta santiaguera y las primeras entregas de la ubicada en Nuevitas (que se espera regularice su actividad en el primer trimestre de 2023). Fiel al espíritu de los tiempos, Mesa Villafaña aventuró que hasta 150 mil toneladas de cemento se comercializarían en moneda libremente convertible a personas naturales y nuevas formas de gestión no estatal, y que “después que cubramos todo el mercado interno, el país comenzaría a exportar”.Su confianza desentona con los continuos llamados del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez a emplear tecnologías que “economicen portadores energéticos”. En noviembre, durante una visita a la fábrica de cemento nuevitera, Valdés Menéndez convocó a “aprovechar la arcilla para una mayor fabricación de ladrillos antes que bloques [… y a] la utilización de bóvedas con ladrillos, que permiten avanzar en la construcción de viviendas que aún esperan por cerramento”.PublicidadLas estadísticas del cemento en Cuba se encontraban en números rojos desde antes de la pandemia. Entre 2015 y 2019 la Isla se mantuvo entre los tres países de América Latina con menor consumo per cápita de ese material constructivo (sus 132 kilogramos al año representaban menos de la mitad del promedio regional, que es de 272 kg por habitante). Los reportes de la Federación Interamericana del Cemento detallan también cómo la caída de las producciones no pudo compensarse con compras en el exterior, a diferencia de lo que hicieron Estados vecinos. Visto lo ocurrido durante los dos últimos años, parecieran más atendibles los llamados al ahorro de Ramiro Valdés, que el optimismo del Ministro de la Construcción. En pausaEn diciembre de 2018 Mesa Villafaña le aseguró a la Asamblea Nacional del Poder Popular que en una década sería posible solucionar el problema de la vivienda en Cuba. Lograrlo dependía de que se edificaran 527 mil 575 inmuebles y se rehabilitaran 402 mil 120.La nueva Política de la Vivienda en Cuba, presentada por el organismo a su cargo, detalla en 47 páginas hasta las tecnologías a emplear por cada territorio y las inversiones que deben realizarse en las industrias que tributan al sector.    Con un déficit habitacional que ronda las 930 mil casas, y con otro millón 490 mil en regular o mal estado (39 % del fondo habitacional), el Ministerio de la Construcción planteaba que el grueso de las acciones debería correr a cargo de la población, bajo la modalidad de esfuerzo propio. Solo en La Habana y Santiago de Cuba la “intervención estatal será mayor debido a las complejidades de estos territorios”, explicó en mayo de 2020 la directora general de la Vivienda, Vivian Rodríguez Salazar.El muro y el estruendoLos planes no se detendrían siquiera ante la contingencia sanitaria, aseguró la directiva. “Hasta el cierre del primer trimestre entregamos 9.558 viviendas […] Resultados así no los habíamos conseguido en los últimos cinco años”, comentó entonces.Durante 2020 la Política planificaba concluir 41 mil nuevas casas, y en 2021 la meta se elevaba hasta 43 mil 600. Eran los primeros pasos de un proceso que debía conducir hacia finales de la década a planes, cuando se superarían los 65 mil inmuebles anuales, siguiendo una tendencia que se perfilaba difícil de cumplir incluso en los escenarios más favorables.En definitiva, al cierre de 2020 la Isla pudo sumar apenas 32 mil 874 casas a su fondo habitacional. Respecto al actual año, aunque aún no se han publicado estadísticas, todas las perspectivas apuntan a resultados significativamente más discretos.  “Hay muchísimos albañiles parados por falta de materiales, no solo particulares sino también unos cuantos de los que trabajan con el Estado”, comenta Omar. La crisis alcanza todos los aspectos del sector. Un conocido suyo, dueño de un tractor y una carreta que dedicaba al transporte de materiales, decidió venderlos y marcharse a Rusia como mula; “y no ha sido el único”, agrega.  La contracción de la industria del cemento ha ido acompañada de decrecimientos similares o incluso más acusados en otras ramas. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información consigna cómo la producción de cabillas cayó un 48 % entre 2017 y 2020, la de ventanas y puertas de aluminio un 53 % a partir de 2016, y la de prefabricados de hormigón (los que se utilizan en levantar edificios) un 67 % desde su mejor registro del quinquenio, en 2018.Ofelia Rivero, una beneficiaria de subsidio residente en Camagüey no necesita de informes para saber cuán radical ha sido el desplome. Desde hace dos años espera por una parte del piso y las puertas y ventanas de su casa, ya casi terminada. “Y puedo darme con un canto en el pecho. Del grupo de subsidios que aprobaron con el mío, allá por 2017, hay varias personas que no han podido pasar de las cimentaciones o las primeras paredes. A una conocida le vendieron los ladrillos para su ‘célula básica’, pero sin cemento. ¿Cómo se levanta una casa solo con ladrillos?”.  Más de un millón 400 mil toneladas de cemento deberían destinarse el año entrante a la construcción de viviendas en Cuba. Así lo plantea la Política…, que al abordar el programa de recuperación de esa industria cifraba en 744 millones de dólares el monto de las inversiones a realizar por el Gobierno en las seis plantas del país. “La demanda de recursos requiere de un incremento y uso eficiente en las producciones actuales de la industria nacional, con la ampliación de capacidades productivas”, señalaba el texto.La coyuntura y la pandemia obligaron a repensar prioridades, retrasando muchas de aquellas proyecciones. Y aunque el discurso oficial sigue apostando por iniciativas más o menos posibles ante la falta de materiales, lo cierto es que no corren tiempos de grandes obras. Ni siquiera en las plantas de cemento, que habrían de sostener el programa de la vivienda y hoy apenas consiguen afrontar sus propias reconstrucciones.     

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Lores Lafita, un revolucionario que denuncia el desamparo del gobierno

MIAMI, Estados Unidos.- El cubano Rodolfo Lores Lafita, residente en Sabaneta, municipio Baracoa, en la provincia de Guantánamo, denunció ante las cámaras de Palenque Visión la situación en la que vive luego de que en 2016 su casa fuera afectada por el paso del Huracán Matthew.
La vivienda de Lores Lafita fue una de las 46 706 casas dañadas tras el paso del huracán por el oriente cubano, y desde entonces el hombre vive en las más precarias condiciones porque los materiales para repararla no aparecen.
“Era derrumbe total, pero ellos lo reportaron como parcial, y me dijeron que con seis tejas yo resolvía. No tengo condiciones, no tengo donde cocinar y no tengo ni siquiera equipos eléctricos”, lamenta.
Lores Lafita contó que las autoridades incluso le dijeron que como vivía solo podía reducir la casa a un cuarto y una salita.
Rodolfo cree que los materiales que debían entregarle para reparar su vivienda han sido desviados. Ha hablado incluso con el delegado, pero este le ha dicho “que yo no me quiero dejar ayudar, porque ellos me hacen una casita de un cuarto y una salita y resuelvo, pero es que mi casa era de dos cuartos”, señaló.
“Uno vive en una amargura, sufriendo”, dijo Rodolfo, a quien el delegado del gobierno le aseguró que según la información recibida “todos los casos de Baracoa estaban resueltos ya”, sin embargo, sigue esperando ayuda para reparar su casa.
A Lores Lafita no le alcanza su salario para arreglar la vivienda por esfuerzo propio, y lamenta que a pesar de ser un hombre revolucionario el gobierno lo haya abandonado. “Yo estoy cobrando un poco mas de 2 000 pesos, y de ahí tengo que sacar para los mandados, incluso al partido le pago 30 pesos mensuales”, sentenció.
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El confinamiento imposible de Benny

“Benny”, como lo llaman en el vecindario, vive en un pequeño apartamento de tres cuartos que le entregó el gobierno a su familia en los años setenta, tras la muerte de su tío en la guerra de Angola. Su timbre es uno de los ocho que hay en el piso 14 de un edificio de 18 niveles, que levantaron hace medio siglo algunos de sus vecinos. Al de Benny y a otro millar de edificios de La Habana se los conoce popularmente como “de microbrigada”, porque los construyeron sus propios habitantes, ladrillo por ladrillo, en uno de los planes habitacionales más ambiciosos puestos en marcha después del triunfo de la Revolución. Bajo las órdenes de arquitectos e ingenieros, y a partir de modelos exportados de los países socialistas, miles de brigadas de trabajadores se ofrecieron como mano de obra para lograr la propia casa y alivianar la crisis terminal de vivienda que arrastraba la isla.Ese apartamento donde Benny sigue viviendo quedó prácticamente congelado desde que él llegó. A lo largo de los años llevó a vivir a algunas mujeres, pero nunca se casó. El último amor marchó por la misma época en que llegó la enfermedad en la retina y perdió la visión. Hoy, a sus 55 años, duerme en una de las tres habitaciones con su sobrina y el esposo. Sus dos hermanas ocupan dos habitaciones más; una de ellas trabaja en la Aduana de la República y la otra, como tantos cubanos, sale a buscarse la vida vendiendo productos o en lo que “caiga” durante el día. Hasta hace tres años también vivía su madre, que murió por complicaciones del corazón, el asma y los riñones. La casa de Benny es incluso lugar de paso de una noche o varias semanas, cuando llegan familiares del interior.Aunque Benny y sus hermanas han aprendido a respetar la privacidad del otro, no hay espacio suficiente entre esas pocas paredes para cumplir con una de las premisas impuestas por la pandemia: quedarse en casa. Además, los alimentos que casi siempre dan justos para el día, obligan a la familia de Benny a seguir saliendo a buscar las raciones que entrega el gobierno a través de la “libreta de abastecimiento”, o pagando los altos precios de otros centros de distribución. Pese a todo, dice, es una suerte tener un apartamento donde vivir y la amistad del vecindario.—Sin ellos todo me sería mucho más difícil. Son como mi familia —dice moviendo sus manos negras que parecen esculpidas en ébano, tras unos cuantos años cargando los trastos de la célebre banda de metal Zeus, o pesadas balas (garrafas) de gas sobre sus espaldas para repartirlas en el edificio.Es una mañana como casi todas; Benny está sentado en el banco frente a su edificio. Habla animadamente con los jóvenes del barrio o con ancianos que oyen su afición por los conciertos de rock y sus anécdotas del underground cubano. A unos centímetros, está apoyado su blanco bastón de ciego.—He pasado por momentos muy difíciles desde que perdí la vista —dice inmediatamente—. No puedo ir a los conciertos ni ganarme la vida como hacía antes. De todos modos, no he perdido la fe en que otra operación me la devuelva.Hace varios años, Benny tuvo un desprendimiento de retina por el esfuerzo físico. Hoy su vida se despliega entre las cuatro paredes de su casa, el banco de la cuadra y la amistad con muchas de las familias que ocupan los 138 apartamentos que alberga esa mole de hormigón. A veces visita a sus vecinos más allegados para tomar una taza de café o conversar un rato. Marisela, una vecina cercana, se ocupa de prepararle almuerzo y lo ayuda con las cosas básicas. La edificación se encuentra al final de uno de los repartos (barrios) de la parte obrera de Nuevo Vedado, una barriada donde también se levantan oficinas gubernamentales, embajadas, casas majestuosas habitadas por militares, artistas y funcionarios o personas que las heredaron de familiares que fallecieron o emigraron a Estados Unidos después del triunfo de Fidel Castro. La diferencia salta a la vista con sólo desplazarse unos metros.El edificio de Benny está ubicado a pocos metros de la Plaza de la Revolución, en el municipio que, según las cifras oficiales, más ha envejecido en Cuba, y uno de los más afectados por el coronavirus.Publicidad Foto: Natalia Favre***Los primeros edificios de microbrigada se comenzaron a levantar a gran escala a partir del 17 de febrero de 1971 en Alamar, un reparto en la periferia habanera. El propósito era que los trabajadores participaran en la construcción de sus propios hogares bajo la supervisión de especialistas. Durante el tiempo de la obra, su centro de trabajo les pagaba el salario íntegro y les entregaba un permiso para que se dedicaran a sus nuevas funciones. De esa forma se levantaron edificios de 5 plantas (llamados Pastoritas), otros más grandes de 12 y hasta unos de 18. En las obras participaban frecuentemente técnicos rusos o de otros países socialistas. Los propietarios de la vivienda podían luego pagarla en cuotas mensuales de acuerdo con cada salario, o al contado. Pero ese monto era mucho más bajo de lo que invertía el Estado en la vivienda, y el plan dio grandes pérdidas para las arcas gubernamentales. El Estado se quedaba con un 20 por ciento de los apartamentos y el resto se los entregaba a los trabajadores en asambleas laborales. Ese tipo de prácticas se impuso después de que Fidel Castro eliminó en el año 1960 la lotería, cuyas ganancias iban a la construcción de viviendas.Según recoge en su libro el arquitecto Roberto Segre, ya en 1975 había más de 30.000 obreros trabajando en 1.150 microbrigadas. En 1983, ya habían edificado más de 100.000 viviendas en todo el país. Años después, tras el derrumbe del campo socialista, Cuba comenzó a sentir los estragos económicos de lo que se conoció como el “Periodo Especial”. Se detuvieron las construcciones de este tipo y los microbrigadistas volvieron a sus centros de trabajo o fueron reubicados en otros puestos. A partir de entonces, los edificios no recibieron la misma atención del gobierno y algunos han entrado en un estado de visible deterioro. Foto: Natalia Favre—Este edificio tiene salideros (pérdidas de agua), necesita reparaciones en las tuberías hidráulicas, tiene averías, tupiciones (obstrucciones). Hay una empresa del Estado que debería ocuparse de todos esos problemas, pero apenas lo hace porque dice que no tiene recursos. Entonces los vecinos deciden hacerlo por su cuenta» —dice Iván García, el encargado de cuidar los ascensores.Iván tiene tres hijos, ocho nietos, y es el único sobreviviente de las tres personas que se dedicaron a ese oficio en años anteriores. Conoce los rincones del edificio al detalle. Junto con un amigo, arreglan los problemas de cada apartamento y en los edificios cercanos: plomería, azulejado de cocinas, baños, algún trabajo de albañilería. Llega todos los días a las 8 de la mañana y se marcha en la tarde hacia su apartamento ubicado en uno de los barrios marginales de La Habana, El Cerro.A los 54 años, es un hombre delgado y ágil, con una mirada avispada y el cuerpo de un corredor de fondo. Estuvo casado durante ocho años con una de las hermanas de Benny.Los 552 habitantes del edificio tienen diferentes profesiones y provienen de distintos estratos sociales. Antes de trabajar en el mantenimiento, Iván era técnico de oxígeno del hospital pediátrico de El Cerro. Nunca pudo olvidar a aquella niña en terapia intensiva a quien vio morir. “Yo no me despegué de ella para suministrarle oxígeno. La vi morir y aquello fue muy duro para mí”, dice.En 1983, Iván ingresó en la sociedad secreta de Abakuá, una fraternidad religiosa extendida por toda Cuba que sólo pueden integrar hombres. Su religión, asegura, lo ha hecho mejor persona. “Los Abakuá son una hermandad, una unión, pero ahora los muchachos la han cogido para hacerse los guapos. Significa mucha ayuda entre los compañeros. Un Abakuá tiene que ser buen hijo, buen padre, buen hermano, buen amigo, buen esposo y mostrar mucho respeto”.La fe también lo ayudó a comprender la psicología de las personas, algo necesario en pequeñas comunidades consolidadas, como la del edificio. “Hay muchas personas de distinto carácter y clase social. He aprendido gracias a mi formación a relacionarme con todos. Hay vecinos autosuficientes, otros más unidos. La convivencia es bastante buena, dentro de lo que cabe”. Foto: Natalia Favre***Benny comenzó a visitar algunas tardes a la familia Hernández, que pronto le tomó cariño a ese hombre locuaz, de modos sencillos, que pasaba regularmente a dejar el gas licuado. Mientras lo invitaban a una taza de café negro, Benny rememoraba su amor por el rock y hablaba encendido de la vida de todos los días y del deporte, como todos en ese edificio, como todos en La Habana y todos en Cuba. Sabía que Miguel Hernández, el jefe de familia, era uno de los periodistas deportivos más reconocidos de Cuba.En los 35 años que trabajó como reportero del diario oficial Granma, hasta el año 2012, Miguel Hernández cubrió cinco Olimpiadas, y se prepara para asistir a los Juegos en Tokio, invitado por el Comité Olímpico internacional. Hoy vive en la ciudad de Atlanta, Estados Unidos. Su esposa Sonia Sánchez y su hijo Michel, que también son periodistas y también trabajaron en el Granma, todavía ocupan el mismo apartamento. Viven del dinero que deja el oficio y lo completan con las remesas que envía Miguel.Cuando tenía 27 años, Miguel dejó por varios años su puesto como cronista deportivo para ponerse el casco de obrero y levantar el nido familiar. Corría 1980, su esposa estaba embarazada y no tenían casa donde vivir. Se integró en una microbrigada que levantó un edificio a pocas cuadras del que aún habitan su hijo y su mujer.—No integraba yo en ese momento el club selecto de periodistas que sin ir de forma permanente a la microbrigada estaban predestinados a recibir un apartamento— recuerda al otro lado del teléfono, desde Atlanta—. Así que no tuve otra alternativa que despedirme de la máquina de escribir por cuatro años. Antes de alistarse para la construcción del edificio, Miguel compartía la casa con su esposa, sus suegros y su cuñada, en un pequeño apartamento en lo profundo del reparto San Agustín, más cercano al municipio Arroyo Arenas que a la Lisa, en la periferia de La Habana. El sacrificio valió la pena, dice, porque terminó ocupando un apartamento en el Nuevo Vedado “obrero”, con sus altos edificios de 14 y 18 plantas.–A partir de un buen día del 80, la vida cambió. Entre una cosa y otra me llevaba casi dos horas llegar desde casa al nuevo trabajo. Me despertaba a las cinco de la mañana, iba en busca de la Ruta 193 de muy contadas guaguas, un periplo que parecía interminable. Al terminar la jornada, sobre las seis de la tarde, volvía en el ‘trencito de Tulipán’, que si mal no recuerdo tenía destino final en Guanajay.Durante los años de la construcción, el reportero se dejó la barba y su piel blanca se curtió con el sol de la isla. “Por dejadez no me convertí en experto en ‘dar fino’ a las paredes, ni en colocar azulejos, en fin, sólo me ‘especialicé’ en ser ayudante de albañil, en cargar sacos de cementos, en ayudar a preparar la mezcla o los moldes de prefabricados en una planta de producción cercana para los balcones de lo que sería nuestro hogar. En 1984 tuvimos nuestra propia casa, bendecidos por nuestro propio esfuerzo”.Aquel esfuerzo bendito que Miguel hizo 37 años atrás, a miles de kilómetros de la ciudad de Atlanta, sigue cobijando hasta hoy a su esposa y a su hijo. Doce pisos debajo de Benny, una sala equipada con muebles modernos de cuatro piezas y una pantalla plana amurada a la pared y tres habitaciones modestas, una de ellas preparada para llevar a cabo las tareas periodísticas. Foto: Natalia Favre***El problema de la vivienda en Cuba no se ha podido solucionar a pesar de las primeras promesas de Fidel Castro. En los primeros años de la Revolución se ejecutaron importantes proyectos para enfrentar esta situación heredada de gobiernos anteriores, entre ellos el programa de construcción de los edificios de “microbrigada”, pero en las últimas décadas la crisis habitacional se profundizó.Una de las razones es la emigración hacia la capital de la isla desde todo el país, especialmente de la zona oriental, donde la situación económica y la falta de oportunidades se hicieron crónicas. El paso de huracanes y tornados también dejó sin casa a miles de habaneros y los obligó a vivir en albergues, a veces durante más de 20 años, en los que formaron incluso sus propias familias a la espera de un nuevo hogar.El movimiento de microbrigada tuvo dos momentos de esplendor. El primero fue la década del 70, cuando surgió. Hasta que empezó su declive, a inicios de los años 80, se llegaron a construir 100.000 viviendas en toda la Isla, explica el arquitecto Miguel Coyula en un reportaje del portal Periodismo de Barrio. El segundo fue en 1986, cuando Fidel Castro impulsó el Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas con la meta de enmendar conflictos, malas prácticas y problemas de la Revolución. Desde ese momento hasta la caída del Muro de Berlín —y el campo socialista— en 1989, se organizaron 35.000 microbrigadistas y construyeron más de 15.500 viviendas, 1.550 consultorios médicos, 111 círculos infantiles y 22 panaderías. También participaron en la construcción de las obras deportivas de los Juegos Panamericanos de 1991, escuelas, policlínicos y terminales de bus. Foto: Natalia Favre***El edificio de Benny, de Iván, de la familia Hernández, tiene una vida dentro de la que se viven muchas otras. Su ritmo habitual ha sufrido una gran pausa por la pandemia: sus ocupantes se han replegado a sus apartamentos lo más posible y observan el mundo desde sus balcones y ventanas. Ya no entran y salen los jóvenes durante la madrugada, ni se oyen los beats de reguetón que habitualmente rompen el silencio desde los pisos más bajos.Hoy, la mayoría de los gritos provienen del interior de los apartamentos: del encierro. Pero a veces, durante la noche, un grupo de adolescentes se reúnen en la planta baja a pesar del toque de queda de las nueve. Juegan con sus celulares; discuten sobre sus artistas de cabecera. Algunas parejas se besan en la penumbra de las escaleras, y buscan la privacidad que no disponen en el espacio reducido de sus casas, donde muchas veces comparten su habitación con otros miembros de la familia. Por la calle, alguna patrulla de policía vigila que se cumplan las normas dictadas por las autoridades. Es la vida que escapa del hormigón y se pierde en la noche de Nuevo Vedado hasta que amanece y el ritmo del edificio vuelve a empezar.Benny se asoma a la calle con su bastón de ciego, acaso Iván se prepara para arreglar unas tuberías de agua de un apartamento que comenzó a filtrar hacia el piso inferior. Miguel, quien ya recibió las dos vacunas de Pfizer, se comunica por teléfono con Sonia y su hijo Michel, que ya tiene 40 años, y les dice que espera volver pronto, cuando la pandemia en Cuba esté mejor.En la farmacia que hay a la entrada del edificio, muchos ancianos y ancianas han amanecido haciendo cola porque hoy abastecen los medicamentos. La mayoría no podrá adquirir hipertensivos o antibióticos porque escasean debido a la crisis que antes de la pandemia ya vivía el país. La situación es de aparente normalidad: las personas hablan de sus rutinas, un joven padre juega al béisbol con su pequeño hijo en el portal del edificio, los vendedores ambulantes siguen ofreciendo bolsas de pan, galletas de sal, yogurt de fresa o algún otro producto que escasea en la red de mercados en moneda nacional. La televisión sigue dando a las nueve en punto el parte habitual de las autoridades sanitarias, con el que se reporta el aumento de los casos de coronavirus y las muertes por la enfermedad.Una de esas noches, un taxi se detiene frente al edificio y bajan dos personas cubiertas por completo con trajes verdes. Son médicos. Hacen preguntas a un señor mayor y suben al elevador. La curiosidad asalta a los vecinos que merodean la planta baja. Unos minutos después los hombres salen acompañando a un muchacho que dio positivo de COVID-19. Lo suben al taxi de la flota que dispone el Ministerio de Salud Pública durante la pandemia y lo llevan al hospital. Sus padres quedan aislados en el inmueble. Todos miran la escena con preocupación. Nadie quiere ser el próximo. A pesar de que afuera el mundo sigue girando, las carencias han aumentado por la crisis económica y la mayoría de ellos necesita salir diariamente a trabajar.Hace pocos días, murió por coronavirus un joven que vivía a menos de una cuadra del edificio. Tenía 32 años y era profesor de educación física. Su muerte conmocionó al barrio. “Era muy buen muchacho”, recuerda uno de los vecinos a la espera de su turno para comprar antibióticos. “Es verdad que los contagios en Cuba no han estado tan altos como en otros países a pesar del nuevo rebrote, pero ya yo no puedo más con el encierro, con mis nietos sin salir de casa y sin poder salir a hacer mis ejercicios”, dice una señora de 70 años. Otra llama a la calma mientras y le dice que aguante, que queda poco. “Es preferible estar un tiempo más así que contagiarse y ser la próxima a la que vengan a buscar al edificio”. Algunos asienten con un movimiento de la cabeza.Todos saben que ese viaje en taxi o en ambulancia puede ser el último. Foto: Natalia Favre* Este artículo es parte de El último techo, un especial transnacional del Laboratorio de Periodismo Situado. Se publica con la autorización expresa de su autor.

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