HAVANA CLIMA

Sabotaje del Avión en Barbados

Las 3 del día: ¿Por qué está prohibido olvidar el crimen de Barbados?, y las noticias del 6 de octubre

El 6 de octubre de 1976 ocurrió un atentado terrorista que afectó la vida de varias familias cubanas. Después de 45 años, continúa la conmoción.
El derribo del vuelo 455 que saldría desde Barbados a Cuba es un símbolo de lo más terrible que hemos sufrido en materia de terrorismo.
Ponte los audífonos o activa el máximo de volumen de tu altavoz y escucha el testimonio de Virgen Verdecia Sánchez, quien perdió a su esposo en aquella tragedia. De paso, entérate luego, de las principales noticias de la jornada.
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Crimen de Barbados: vidas cercenadas por la huella del terror

Padres de una de las víctimas del crimen de Barbados. Foto: Jorge Oller/ Granma.Muchos años después, cuando le preguntaron por su hija, -con la mirada y la voz casi apagadas por la vejez y el dolor que solo siente quien ha perdido un hijo-, José María Uranga, padre de la floretista Nancy Uranga Romagoza, apenas atinó decir:
“Hoy igual que el primer día, siempre la estoy recordando, yo, la mujer… ¿Pero qué vamos a hacer? Veintipico o treinta años de ponerle flores…”
Entonces se dejó caer hacia el espaldar del asiento como buscando descansar en el vacío del sufrimiento, si es que acaso este tiene fin. Porque hay dolores que no pasan, que se vuelven eternos y solo abandonan a la persona, tal vez, el día que parten de este mundo. Cómo entender que la miseria humana alcance para hacer explotar un avión en pleno vuelo, con 73 personas en su interior, entre ellos, 24 adolescentes y una niña.
Haymel Espinosa es una de los tantos hijos que quedaron huérfanos aquel 6 de octubre de 1976. Su padre, el copiloto del vuelo de Cubana, Miguel Espinosa Cabrera, Según cuenta en el documental Explosión a bordo, lo lloró más de niña, pero lo extrañó y lo necesitó mucho más de adulta que de pequeña.
“Tantas veces que lo necesité a mi lado y tantas veces que lo quise tener a mi lado. Lo quise tener a mi lado el día que me casé. Pienso que esa foto mía está inconclusa, que estoy al lado de mi madre, sin embargo me faltaba mi padre. Pensé que no había mejor momento que honrarlo poniéndole las flores de mi boda y se las puse en un lugar donde se encontraban las fotos de los mártires de Barbados. Y se las dediqué a ellos, especialmente a mi papá… Cuando se lo quitan tan de pronto así, a uno le queda aquello de que pudiera regresar. Que para mí es un sueño y es lo que siempre sueño con mi papá. Yo pienso a veces que voy a encontrarme con mi papá, que tal vez mi papá ha sido un náufrago”.
Familiares de las víctimas del sabotaje al avión de Cubana el 6 de octubre de 1976. Fotomontaje: Archivo.
Margarita Morales, hija de otra víctima del crimen de Barbados, Luis A Morales Viego (Villito), quien fuera integrante de la Comisión Técnica de Esgrima, comparte el sentir de Haymel; sabe bien lo que siente una hija que no se conforma con la idea de que su padre nunca más volverá. Ella también soñó que su progenitor pudiera ser un náufrago y pudiera llegar a casa en cualquier momento.
“Para nosotros era muy difícil acostumbrarnos a la idea de que mi papá no iba a venir nunca más, de que ya aquellos abrazos, aquellos besos que siempre nos daba ya no iban a volver. Eso fue muy difícil. Han pasado más de 30 años y yo nunca voy a olvidar aquello. Incluso durante mucho tiempo, yo pensaba que él iba a entrar; una vez se lo dije a mi mamá: Yo tengo la esperanza que él no haya venido en ese avión, que esté escondido en alguna Isla, algo. Una idea absurda, por supuesto, porque estaba más que demostrado, pero yo no lo podía creer… Yo me lo imagino esperando llegar a Cuba para ver a sus niñas”.
Soñar con la persona amada y que ya no está es una forma de encarar la muerte, considera Roseanne Neninger Persaud, hermana de Raymond Persaud, uno de los seis jóvenes guyaneses que venían a Cuba en el AC-455, con una beca para estudiar Medicina. “Estuve años y años soñando con Raymond y lo veía vivo, porque nunca lo vi muerto”.
Pero es un hecho que al despertar de ese sueño, la realidad te golpea; el ser amado no está y tus hijos son huérfanos de padre o madre. Así le sucedió a Martha Sandoval López, esposa del floretista Julio Herrera Aldama.
“Teníamos un varoncito de seis meses de nacido, ya estábamos pensando en la celebración de su primer añito… No fue hasta que Fidel despidió el duelo de las víctimas de aquel horrendo crimen que comprendí por entero que había perdido para siempre a Julio, al padre de mi hijo, al amor de mi vida. Nunca he podido olvidarme de él”.
El monumento que recuerda a las víctimas del atentado, en Barbados. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
También Iraida Malberti perdió, mejor dicho, le asesinaron a su compañero, su novio de 20 años, al padre de sus hijos. Y aunque enfrentó la vida valientemente y no se dejó carcomer por el odio, ella sintió mutilada su familia, “una familia totalmente feliz”, cuya alma era Carlos Cremata Trujillo (integrante de la tripulación de Cubana).
“Yo quise que Jose, que era el más chiquito —no había cumplido 11 años—, fuera a los funerales, que no se perdiera nada (…) Se portaron tan divinamente los tres, los dos mayores, ‘Tin’ (Carlos Alberto) y Juan Carlos estaban con su uniforme de los Camilitos.
Yo los fui a buscar, al único que no fui a buscar fue a Jose, porque una amiga de nosotros que era profesora de la escuela me dijo ‘yo voy para allá’, le dije ‘si hay algún problema me llamas por teléfono, de lo contrario no voy a buscarlo hoy, para que duerma una noche más con su papá’. Pero a los Camilito sí fui, porque allí si veían el noticiero y la noticia estaba en la calle. Al otro día tempranito fuimos a buscarlo, cuando llegamos nos miró y dijo: ‘¿Y esta delegación?’. No le dijimos nada, él no preguntó más nada se montó en el carro y fue llorando durante todo el trayecto. Dice que él lloraba hasta las 12 de la noche, a esa hora paraba, dormía, y después volvía otra vez. Ese es el cuento que él hace. Y así estuvimos por mucho tiempo, ellos por mí y yo por ellos, tratando de ser fuertes”.
Niños que esperaban el regreso de sus padres o madres, padres que esperaban a sus hijos. Esposas a sus esposos y viceversa. Un país que ansiaba festejar con sus campeones panamericanos de esgrima. Familias eufóricas por fundirse en abrazos y besos con los que llevaban días lejos de casa, matar un puerquito, tomarse un ron, celebrar un cumpleaños, ver las fotos de la boda que se realizó antes de viajar, colgarle otra medalla en el cuello a la viejuca y al viejo… La alegría de estar nuevamente en el regazo de los suyos. Pero nunca sucedió.
Cincuenta y cuatro minutos después de despegar del aeropuerto internacional Seawel de Barbados, justo a las 12 y 23 del mediodía, una explosión conmovió el DC-8 de la aerolínea de Cubana de Aviación, que realizaba el vuelo CU-455 rumbo a Cuba con escala en Jamaica. Tras la detonación de la bomba, el incendio, luego el estampido de un segundo explosivo y en “pocos” minutos la nave cayó al mar, cerca de la playa a la vista de bañistas y pescadores, algunos de los cuales pudieron apreciar el amasijo de sangre, carne y huesos que emergieron a la superficie.
Planificado y ejecutado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA), el atentando acabó con la vida de 73 personas. Foto: Jorge Oller/Granma.
No hubo sobrevivientes; 73 muertos, 57 cubanos, 11 guyaneses y 5 norcoreanos. Apenas 8 cadáveres se pudieron recuperar e identificar a partir de técnicas forenses porque estaban muy fragmentados. Solo el cuerpo de la niña guayanesa de nueve años “emergió casi completo, como un dedo acusador” del crimen, testificó en su momento el criminalista Enrique Herrera, quien participó en la investigación del acto terrorista y explicó además, el episodio horrendo que vivieron las víctimas.
“Desde que estalló la primera bomba hasta que impactó en el agua transcurrieron cuatro minutos y cincuenta segundos. Espacio de tiempo aparentemente corto, pero no para las personas que viajaban a bordo; aterrados, quemándose vivas, los más afortunados asfixiados por la combustión de un humo letal”.
¿Quién dijo que las penas compartidas tocan a menos? Esta vez, no, millones de cubanos y amigos de otros países sentían suyo el dolor, pero dolía igual y más. Aquel 15 de octubre de 1976, la plaza de la Revolución de La Habana quedó pequeña para la multitud que acompañó al acto de despedida del duelo de las víctimas del sabotaje.
Imágenes impactantes. Madres aferradas al retrato de su hijo porque ni siquiera un cuerpo que honrar. Padres con el rostro enterrado en las manos. Algunos varones supieron ese día que los hombres también lloraban y lo hicieron con sinceridad, “a todo pulmón”. Niños que comían sus uñas, otros que lloraban y abrazaban a la abuela, al tío, al que fuera. Y los que no teniendo edad para saber lo que sucedía, miraban asustados.
Fidel junto a Raúl durante el acto de masas y la velada solemne en honor a las víctimas del sabotaje. Foto: Fidel, Soldado de las Ideas.
Fidel tampoco ocultó el dolor y la indignación ante el horrendo crimen. Se le vio en traje de gala, algo no común en él que prefería el de campaña, el de Comandante de la Sierra, pero era una forma de honrar a las víctimas, como también aquellas enérgicas palabras:
“No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!
Nada sería igual en lo adelante. Ausencias eternas, preguntas sin respuestas, recuerdos recurrentes de la desgracia, vidas cercenadas por la huella del terror. Porque eso fue lo que hicieron los criminales terroristas al servicio de la CIA, Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Hernán Ricardo y Fredy Lugo; mutilar para siempre la felicidad de 73 familias. ¡Qué miseria humana!
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Diez momentos terribles del terrorismo contra Cuba (+ Videos)

En video, Crimen de Barbados. Terrorismo contra Cuba
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La culpabilidad de la CIA en el crimen del avión cubano en Barbados

Duelo de despedida a las víctimas del atentando al avión de Barbados. Foto: Archivo.Nunca dejaré de escribir sobre este horrendo suceso que nos invade aún de tristeza e indignación, ni de denunciar a la CIA como uno de sus principales causantes.
En medio de un profundo silencio de un millón de cubanos congregados en la histórica Plaza de la Revolución en la Habana el 15 de octubre de 1976, el Comandante en Jefe Fidel Castro despedía el duelo de las 73 víctimas del crimen de Barbados el 6 de octubre de ese año. En aquella jornada luctuosa Fidel daba a conocer al mundo el texto de un mensaje secreto de la CIA dirigido a uno de sus mercenarios en Cuba tres días después del atentado, en el que le preguntaba: “¿Cuál es la reacción oficial y particular sobre ataques de bombas contra oficinas cubanas en el extranjero? ¿Qué van a hacer para evitarlas y prevenirlas? ¿De quién se sospecha como responsables?”.
El propio Fidel se preguntaba ante tales interrogantes de la CIA: “¿Por qué deseaba la CIA conocer qué medidas se tomarían para evitar y prevenir los actos terroristas? Al principio teníamos dudas si la CIA había organizado directamente el sabotaje o lo elaboró cuidadosamente a través de sus organizaciones de cobertura integradas por contrarrevolucionarios cubanos; ahora nos inclinamos decididamente por la primera tesis. La CIA tuvo una participación directa en la destrucción del avión de Cubana en Barbados.”
Fidel no se equivocaba. El crimen encajaba con total precisión en la sucesión de acontecimientos que venían produciéndose en aquel año trágico cargado de agresiones y atentados terroristas contra Cuba en el extranjero por mercenarios a sueldo que actuaban por mandato de la CIA.
Años después, como resultado del trabajo de investigación histórica conocimos que en el mes de junio de 1976 las principales organizaciones terroristas anticubanas que operaban desde Estados Unidos fueron convocadas a la ciudad de Bonao, República Dominicana, para extender el terrorismo internacional contra Cuba. Una nueva agrupación denominada Coordinación de organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU) integró a los tradicionales grupos fascistas, algunos dirigidos por la propia CIA, entre los que se encontraban Acción Cubana, Brigada 2506, Frente Liberación Cubano, Alpha 66, Abdala y Movimiento Nacionalista Cubano. Al frente fue designado el terrorista Orlando Bosch Ávila. El CORU sería la cabeza visible. Se posee evidencias de la presencia del terrorista Luis Posada Carriles en Santo Domingo en aquellos momentos, estrechamente vinculado a los actos más violentos.
Orlando Bosch y Luis Posada Carriles celebran en Miami la publicación del libro de “memorias” de Bosch. Ambos son los autores intelectuales de la voladora de una avión civil cubano.
Los pormenores de esta reunión fueron conocidos en detalle por el FBI y la CIA cuyos agentes encubiertos estuvieron presentes. Allí supieron meses antes del crimen de Barbados las intenciones de estos grupos terroristas de hacer estallar un avión cubano en pleno vuelo.
Varios autores coinciden que aquella reunión fue una maniobra de la CIA para sacar de territorio norteamericano el accionar de aquellos grupos más agresivos que habían creado una seria inestabilidad por los actos terroristas y atentados personales que habían provocado también la muerte de ciudadanos norteamericanos y pérdidas materiales cuantiosas a ese país.
Un veterano oficial de la División antiterrorista de la Policía de Miami declaró años más tarde “… los cubanos llevaron a cabo la unión del CORU a solicitud de la CIA…los Estados Unidos apoyaron la reunión para tenerlos a todos en la misma dirección nuevamente, bajo el control de los Estados Unidos. La señal básica fue adelante y hagan lo que deseen, fuera del territorio norteamericano…”
Una visión más pormenorizada de aquel salvajismo lo brinda una investigación histórica realizada por nuestro Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado. En enero de 1975 una explosión había causado cuatro muertos y dos heridos en Puerto Rico. En febrero una bomba fue desactivada en las oficinas de la línea aérea colombiana en este último país. En marzo, dos artefactos detonaron en una oficina de turismo en Panamá que vendía pasajes a Cuba y en el consulado de Costa Rica en la ciudad de Los Ángeles, California. En mayo y julio dos bombas estallaron en las embajadas de Venezuela y Costa Rica, en la ciudad de Washington.
En julio fue saboteado un buque puertorriqueño en San Juan, Puerto Rico. En octubre otras dos bombas estallaron en Miami, mientras el 29 de diciembre detonaron otro artefacto en el salón de equipajes de la línea aérea dominicana del aeropuerto La Guardia, en Nueva York, que causó 13 muertos y 75 heridos, hecho terrorista sin precedente en los últimos años en ese país.
Después de la reunión de Bonao, el FBI y la CIA conocieron por boca de sus agentes los comentarios de Orlando Bosch en un encuentro celebrado con otros terroristas cubanos en las que expresó su disposición de hacer “algo más” contra Cuba cuando terminaran con- Orlando Letelier, ex -ministro de la Unidad Popular Chilena, que fue asesinado en plena calle el 26 de septiembre de 1976 en la ciudad de Washington, a manos de terroristas cubanos y agentes de la DINA chilena del dictador Augusto Pinochet.
Según documentos desclasificados, el terrorista y agente de la CIA Luis Posada Carriles comentó en otra ocasión que “tumbarían un avión cubano y que “Bosch tenia los detalles”. Esta conversación se produjo a escasos días del horrendo crimen sin que la CIA o el FBI aplicaran medida alguna para dar seguimiento a estos planes e impedir un hecho tan monstruoso.
Casi cuarenta años después, en junio de 2015, se conocerían nuevas evidencias de la complicidad de la CIA en estos hechos. El Departamento de Estado norteamericano había desclasificado documentos fechados en los meses de octubre y noviembre de 1976, donde el entonces secretario Henry Kissinger mostraba su preocupación por los vínculos de la CIA con grupos terroristas de origen cubano, y en particular con algunos de los involucrados en el derribo del avión de Cubana de Aviación, pero según estos informes la agencia negó cualquier participación.
Un nuevo memorando de inteligencia desclasificado del Departamento de Estado norteamericano del 19 de octubre de 1976 (solo trece días después del crimen) requería de la CIA nuevas respuestas y comentarios sobre el hecho. La primera de aquellas preguntas ponía el dedo en la llaga pues reflejaba claramente la preocupación de Henry Kissinger: ¿Ha tenido la CIA alguna relación con la agencia de investigaciones de Posada o con cualquier negocio que él pudo haber tenido?
Padres de una de las víctimas del crimen de Barbados. Foto: Jorge Oller.
Nuevas evidencias saldrían a la luz cuando el 16 de septiembre de 2015 la CIA desclasificó 2500 documentos (unas 19 mil páginas) sobre los partes diarios que ofrecía regularmente a sus presidentes de turno hasta 1977, conocidos como “The President¨s Daily Brief “.
Una búsqueda acuciosa del parte diario correspondiente al 7 de octubre de 1976, cuando habían transcurrido menos de 24 horas del crimen, la CIA informaba “que era probable que Cuba culpara a los exiliados cubanos militantes y posiblemente a Estados Unidos, por el accidente ayer del avión cubano”.
La CIA reconocía en aquel informe, en medio de las tachaduras de algunos párrafos como es usual en estos documentos, que “terroristas del exilio cubano” se habían involucrado en varios atentados contra instalaciones cubanas en el extranjero en los pasados meses, incluyendo intentos fallidos de hacer estallar una aeronave en vuelo.
Un día más tarde en el parte informativo secreto del 8 de octubre la CIA daba continuidad a la información bridada a su presidente, ampliando que desde el mes de junio de 1976  “organizaciones del exilio se habían hecho responsable de los ataques contra funcionarios cubanos, instalaciones y organizaciones “pro-Castro” en Barbados, Colombia, Costa Rica, Jamaica, Trinidad Tobago y Panamá y México.”
Pero aquellas opiniones brindadas por la CIA al Presidente Ford resultaban cínicas y mentirosas pues ocultaban la verdad de lo que venía ocurriendo en aquel período. La CIA era responsable de esta ofensiva criminal desatada en el continente no solo contra organizaciones pro-Castro como la denominaban con desprecio, sino contra embajadas cubanas y sus diplomáticos, así como empresas de Cubana de Aviación ejecutadas por su propio dispositivo terrorista paramilitar que funcionaba desde Venezuela.
Aquel mecanismo terrorista secreto operaba desde la ciudad de Caracas y una filial en Valencia, en el estado de Carabobo y estaba integrado por mercenarios cubanos y venezolanos, muchos de ellos ex miembros de la policía secreta de ese país, bajo la dirección de uno de los agentes principales de la CIA en la región suramericana, Luis Posada Carriles.
Aquella agencia privada de detectives denominada “Investigaciones Comerciales e Industriales, Compañía Anónima” (ICICA), era la tapadera de un peligroso centro subversivo contra Cuba para la región del Caribe y Sudamérica, sin dudas un poderoso “grupo de tarea” al servicio de la CIA, al que nos referiremos más adelante.
En los primeros días del mes de octubre de 1976 saldría de aquel lugar el comando paramilitar compuesto por los asesinos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, empleados de esa agencia y los explosivos plásticos C-4 de alto poder que hicieron estallar en pleno vuelo al avión cubano.
Familiares de las víctimas del sabotaje al avión de Cubana el 6 de octubre de 1976. Foto: Tomada de Internet..
No tenemos evidencias de que la CIA haya informado de estas circunstancias a su presidente en posteriores partes diarios.
En los momentos que Luis Posada Carriles era transferido por la CIA en 1967 a su nuevo oficio de represor en Venezuela, la contrarrevolución interna en Cuba había sido aplastada.
La estación de la CIA en Miami JM-Wave comenzó a limitar sus operaciones de guerra sucia contra el territorio cubano después de largos años de crímenes y agresiones. Eran desmontados los radares de comunicaciones o las ametralladoras pesadas y los cañones sin retroceso de 57 mm de decenas de embarcaciones piratas, las que eran rematadas a otros dueños. Lujosas mansiones en los cayos floridanos utilizadas por la CIA y sus mercenarios como casas secretas y puntos de embarque de lanchas artilladas eran vendidas.
Aunque aquella poderosa logística de guerra y su principal sede en Miami eran desarticuladas pero continuarían unos años más las acciones paramilitares contra embarcaciones de pesca u otras instalaciones costeras cubanas. Se iba produciendo un cambio estratégico en la política de terror contra Cuba pero dirigido especialmente contra sus intereses en el mundo. Los nuevos “blancos” serían nuestras embajadas, consulados y funcionarios diplomáticos y comerciales, representaciones de líneas aéreas o marítimas cubanas o de cualquier país que mantuviese algún vínculo con Cuba.
La CIA nunca abandonó a sus aventajados alumnos de Fort Benning que integraron sus destacamentos paramilitares en la JM WAVE en Miami que se convertiría muchos años después en modelo de los actuales centros “antiterroristas” de la CIA en el mundo.
Sus agentes principales de origen cubano fueron enviados en esta nueva etapa como “asesores” de contrainsurgencia a gobiernos pro-yanquis en América Latina, para reprimir todo atisbo de Revolución. Félix Rodríguez Mendigutía, el viejo amigo de Luis Posada había partido rumbo a Bolivia para participar como operativo de la CIA en las operaciones contra el guerrillero heroico, Ernesto Che Guevara. Más tarde sería enviado a Ecuador, Perú, Viet Nam, Nicaragua y El Salvador, lugar este último en el que participaría junto a Posada, en la guerra sucia en Centroamérica bajo las órdenes directas de la Casa Blanca.
En 1967 Posada Carriles fue “asignado” a Caracas, Venezuela como mercenario encubierto de la CIA, transitando por sus órganos de inteligencia hasta ocupar un importante cargo en la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) de entonces. Sus principales tareas se ajustaban a su oficio criminal como eliminar focos de “insurgentes” y apoyar el trabajo de espionaje de la CIA en el medio diplomático hostil a los Estados Unidos y en las altas esferas de la política local.
Esta designación de Posada no era casual, constituía un cargo de confianza en un país con grandes intereses económicos y geopolíticos para Estados Unidos en el área del Caribe y Suramérica, muy cercano a Cuba por profundos lazos históricos.
Años más tarde, según estudios de uno de los expertos del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, George Bush (padre) en su calidad de Director de la CIA en 1976, expresaba en privado al entonces Jefe de la DINA chilena, general Juan Manuel Contreras Sepúlveda durante una reunión en Washington, que la DISIP había sido reestructurada con la participación de agentes cubanos al servicio de la agencia, sugiriéndole que a su regreso a Chile pasara por Caracas y visitara este órganos policiaco. Según Contreras, durante su viaje a Venezuela se entrevistó con operativos cubanos en ese país. Uno de ellos era Luis Posada Carriles.
La “reestructuración” de los servicios represivos venezolanos incluía importantes recursos materiales y financieros dirigidos a potenciar aquel dispositivo policiaco. Posada Carriles se refería a este tema, aunque sin mencionar a la CIA: “…La policía había mejorado increíblemente. Cursos en el exterior, instructores bien pagados, más la adquisición de costosos pero altamente eficientes equipos para interceptar teléfonos, para “sonorizar” habitaciones con transmisores ocultos, la adquisición de patrullas, motos y, sobre todo suficientes recursos económicos para establecer redes de colaboradores en hoteles, restaurantes, vehículos de alquiler, etc., apoyaban nuestras operaciones, situando a determinado “cliente” en una habitación de hotel previamente “sonorizada” o dirigiéndolo a una mesa “trabajada” en el restaurante. El más costoso, pero también el más fructífero de los departamentos, era el de “control y manipulación de fuentes vivas” o informantes. Las áreas de interés del Cuerpo, eran los grupos subversivos de izquierda, los militares de tendencia golpista, grupos políticos y financieros, determinados personajes y cualquier sector de la población que resultara interesante para el gobierno, eran penetrados e infiltrados por nuestros agentes…”[2]
Posada Carriles no abandonó su accionar terrorista contra Cuba en esos años, sino que la recrudeció a partir del manto oficial que le ofrecía su nuevo cargo en la DISIP en la que fue nombrado como Comisario el 4 de octubre de 1971. Esta designación le brindó mayores posibilidades para continuar otras acciones de interés de la CIA que venía desempeñando desde años atrás.
En 1974, por desavenencias con el nuevo gobierno venezolano de Carlos Andrés Pérez, Posada Carriles se vio obligado a renunciar, creándose una difícil situación operativa para la CIA. Pero de la noche a la mañana, surgieron nuevos fondos monetarios y es creada una agencia privada de detectives en Caracas nombrada “Investigaciones Comerciales e Industriales, Compañía Anónima” (ICICA), dirigida por el propio Posada Carriles.
Luis Posada Carriles. Foto: Internet.
Su incorporación entre 1974 y 1976 como jefe de aquella agencia privada brindó una excelente cobertura para dirigir la actividad terrorista contra Cuba en el área del Caribe y Suramérica. Esta agencia desplegó su actividad desde los primeros meses de 1974 hasta octubre de 1976, considerados los años de mayor violencia terrorista contra Cuba en el exterior, en la que se colocaran más de 40 bombas en instalaciones e intereses cubanos en 14 países de la región que mantenían relaciones con Cuba.
La ICICA estaba ubicada inicialmente en la oficina número 78 en el centro profesional Majestic, en la avenida Libertador en Caracas. Pero en 1976 se trasladaron a un lugar más amplio y de discreta ubicación en la urbanización Las Palmas, avenida Valencia, Quinta María Nina, en esa misma ciudad. Este dispositivo llegó a contar poco después con una filial en la ciudad de Valencia, estado de Carabobo, cercana a Puerto Cabello, que por estar alejada de la capital facilitaba sus incursiones terroristas hacia otras regiones en el extranjero.
Documentos desclasificados de la época demuestran que una gran parte del equipamiento en armas y explosivos en poder de la nueva “agencia”, había sido sustraído de la DISIP. Otros medios técnicos de espionaje fueron presumiblemente entregados por la CIA.
La ICICA poseía una estructura paramilitar con amplias posibilidades para el trabajo de inteligencia. Colaboraba con las autoridades en operativos de persecución y torturas contra grupos de izquierda. Paralelamente participaba activamente junto a Orlando Bosch Ávila en tareas de la Operación Cóndor junto a la DINA fascista y algunos de sus miembros realizaban acciones encubiertas contra diplomáticos cubanos y de embajadas de países socialistas, organizaciones revolucionarias o de solidaridad acreditadas en Caracas.
Este centro terrorista contaba con 36 empleados permanentes y otros muchos que trabajaban por encargo. Entre estos había ex agentes de los servicios especiales venezolanos o terroristas de origen cubano vinculado a Posada, con viejas relaciones con la CIA, familiarizado con tareas clandestinas de seguimiento y control técnico de objetivos de interés, técnicas de escucha ilegal o interrogatorios y acciones violentas con armas y la aplicación de explosivos plásticos. Se conocía públicamente que algunos miembros de la ICICA, en particular el asesino Hernán Ricardo Lozano, mantenían relaciones estrechas con oficiales de la CIA dentro de la embajada yanqui. El segundo al mando y jefe de operaciones de esta “agencia” era Diego Arguello Lastre, ex policía de la tiranía batistiana.
Este nivel de agresividad era posible gracias a la tenencia de medios de intercepción telefónica, transmisores de radio miniatura para aplicaciones ocultas y micrófonos pequeños para empotrar en paredes, (algunos comerciales y otros de procedencia desconocida, presuntamente elaborados por un servicio profesional de espionaje) equipos de grabación profesional, estetoscopios para escucha a través de paredes, medios de cerrajería, fotografía profesional, equipos portátiles para el montaje de puntos móviles de grabación de conversaciones y líquidos radioactivos para el marcaje y seguimiento de objetivos, entre otros medios, incluido un detector de mentiras.
El alto nivel de este equipamiento permitía inferir que los blancos del trabajo ilegal de esta unidad encubierta eran personalidades políticas o gubernamentales, funcionarios diplomáticos o empresarios extranjeros, dirigentes revolucionarios de izquierda y hombres de negocio. Sin duda, muchos de estos “blancos” eran de interés para la CIA cuya estación local funcionaba en la embajada norteamericana en Caracas. Muchos de estos artefactos técnicos fueron requisados por las autoridades venezolanas al ser detenidos Luis Posada, Hernán Ricardo y Freddy Lugo a raíz del atentado en Barbados.
Con el decisivo apoyo operativo en muchos casos de Posada Carriles desde la ICICA, se ejecutaron actos de terror en las sedes cubanas en Perú, Colombia, Guyana, Canadá y Venezuela. Un grupo dirigido directamente por Posada, junto a Orlando Bosch planeó sabotear el vuelo 467 de Cubana de Aviación Panamá-Habana, acción que resultó infructuosa.
El 9 de julio de 1976, tres meses antes del crimen, estalló una bomba en un equipaje que era conducido a un avión cubano de pasajeros, en Kingston, Jamaica, cuya salida se había visto retrasada 40 minutos por causas operacionales, lo que conjuró una catástrofe terrible. El 10 de julio detonó otro artefacto en las oficinas de British West Indian Airlines, en Barbados, colocado presumiblemente por los asesinos Hernán Ricardo y Freddy Lugo.
El 11 de julio de 1976 detonó otra bomba en las oficinas de la Línea Aérea Air Panamá en Colombia y días más tarde se realizaron disparos contra la embajada cubana en ese país. Se presume que un comando terrorista al mando de Posada Carriles, entre los que se encontraba Hernán Ricardo, viajó a este país en estos días con el propósito de provocar un hecho terrorista de trascendencia publicitaria.
Días después, el 23 de Julio, fue asesinado el técnico cubano de la Flota Camaronera del Caribe Artaigñan Díaz Díaz, en Mérida, Yucatán, durante un intento de secuestro de un funcionario consular cubano por grupos terroristas. El 9 de agosto fueron secuestrados, torturados y asesinados Crescencio Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias, funcionarios de la embajada cubana en Argentina, por grupos paramilitares de la junta militar argentina. Algunas informaciones vinculan también a terroristas cubanos a estos hechos.
Días antes del atroz suceso el 6 de octubre de 1976, la embajada de EE.UU. en Caracas negó la visa de entrada a Puerto Rico al asesino Hernán Ricardo Lozano. Se conoce por fuentes históricas que la embajada norteamericana en Puerto España, Trinidad Tobago, conoció que Lozano se encontraba en dicho país en momentos en que el CORU se adjudicaba una bomba en el consulado de Guyana, el 1º de septiembre de 1976. La CIA temía entonces que su relación de larga data con Hernán Ricardo podía acarrearles problemas.
Después de la detención de los complotados por las autoridades venezolanas que los acusó por su responsabilidad en el sabotaje al avión cubano, el gobierno de los Estados Unidos maniobró para que Posada y Bosch no fueran juzgados y propuso que el primero fuera liberado y el segundo entregado a sus autoridades.
El gobierno de los Estados Unidos fue autor intelectual de aquel horrendo suceso. Los documentos desclasificados demuestran que sus servicios de inteligencia no eran ajenos a los intentos de hacer explotar un avión en el aire. Eran cómplices de la labor subversiva de la ICICA en la región de donde partieron los autores materiales y los explosivos utilizados en el sabotaje en Barbados.
La CIA y su gobierno facilitaron posteriormente la fuga de Posada de su prisión en Venezuela, ofreciéndole una importante misión en la guerra sucia en Centroamérica. Años después concedieron el asilo definitivo de Bosch en territorio norteamericano, como lo hicieron más tarde con Luis Posada Carriles, por sus amplios servicios a la causa del terrorismo.

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En cumpleaños y “no cumpleaños” de Fidel, la miel de un colmenero (+ Fotos y Video)

Cumpleaños 70 de Fidel Castro en el palacio Central de Pioneros “Ernesto Che Guevara”. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.Es 12 de agosto de 1996. Un pensamiento casi mágico se esparce entre los cubanos: “mañana es el cumpleaños de Fidel”, ¡¿qué hará Fidel en su cumple 70?!, preguntan otros. Sin embargo, un joven capitalino sí conoce absolutamente todos los detalles de la fiesta, incluso, que el Comandante y su hermano Raúl jugarán a De la Habana viene un barco cargado de… Una idea “locamente” cuerda que se le ha ocurrido y a la que el líder de la Revolución y el Ministro de las FAR han accedido sin reproches.
Este muchacho de alma, y mente y cuerpo inquieto apenas empieza a desarrollar su proyecto artístico. Hace seis años del nacimiento del grupo, pero tan solo dos de la primera puesta en escena. Aún no han cobrado el primer peso; trabajan por puro amor al arte de las tablas. Pasaran aún dos abriles para que logren tener una sede para su panal. En ese entonces, como el mismo dijera, son “un grupo de manigua”.
De pronto, lo que no era muy común, viene el 70 cumpleaños de Fidel. Y el líder que nunca ha celebrado en una dimensión pública nacional su onomástico, aprueba a hacerlo con los pioneros cubanos en el Palacio “Ernesto Guevara de la Serna”. La presidenta de la Organización de Pioneros José Martí, Enith Alerm Prieto pensó en Tin Cremata y su Colmenita; los ha visto en los improvisados escenarios del Período Especial derrochando consagración y talento.
Fidel y su hermano Raúl juegan junto a los niños de La Colmenita, a “De la Habana vino un barco cargado de…”. Foto: Cortesía del entrevistado.
De la manigua para las “grandes ligas”: el cumpleaños de Fidel
“Me llamó para que la ayudara a organizar artísticamente ese cumpleaños. Yo era muy joven cuando eso y se me ocurrieron cosas un poco osadas. De pronto le dije a Enith: ‘te propongo hacer con Fidel…’ En ese tiempo, nosotros hacíamos mucho la presentación de Meñique y dentro de la versión nuestra habíamos inventado que el gigante y Meñique competían a un juego del folclor del niño cubano, que se llama De la Habana vino un barco cargado de… Y le propuse que Fidel y Raúl jugaran.
No te puedes imaginar, eso fue lo más simpático de todo el cumpleaños porque ellos se prestaron como niños chiquitos a un juego infantil. Ahí descubrí una cosa que ya es una verdad de perogrullo, que Raúl sigue siendo el niño biyaya de Birán, -Raúl era candela, candela, dicho por to el mundo- y cuando le tocan esa cuerda, él que parece hermético, todo lo que hizo en ese juego fue bromear, chivar como decimos los cubanos.
Fidel reflexionaba mucho y decía palabras asociadas con la Revolución. “De la habana vino un barco cargado de… ¡P!”. Él pensaba un poquitico y decía: ‘¡Patriotas!’ Y Raúl decía: ‘¡Pirulí!’ Era la chivadera todo el tiempo, y la gente se moría de la risa. Y yo que me meto dentro del juego de tal forma, -a la hora del juego yo me transporto-, de pronto grité: ‘Fidel, pero no se puede hacer trampa’.
La gente me miró con una cara tremenda. Entonces el Comandante decía: ‘un momentico’. Cada pausa suya provocaba una risotada, porque todos sabían que eso no se podía hacer (si te demoras, pierdes, es una regla del juego). Y cada cosa que decía Raúl… Jugaban como niños chiquitos. Eso fue una cosa extraordinaria”, evoca el colmenero mayor: Carlos Alberto Cremata (Tin).
Con ese humor infantil que lo caracteriza, este “niño atrapado en el cuerpo de un adulto o un adulto atrapado en el alma de un niño”, como lo describiera una colega, dispara un pensamiento en ráfaga: “en términos de pelota, éramos un grupo de manigua. Y ahora estábamos en las grandes ligas: el cumpleaños de Fidel”.
“Uno dice: Caramba, que hayamos podido celebrar el 70 cumpleaños cuando Fidel estaba en plena capacidad vital, que sea tal vez el primero que haya celebrado de esa manera, y que nosotros hayamos organizado eso, es, se puede decir que la función de la Colmenita más meritoria, más premiada en nuestros corazones, más querida, más recordada, más entrañable. Mira que hemos hecho cosas que nosotros recordamos con un cariño especial, pero con el tiempo posiblemente sea insuperable el 70 cumpleaños”.
“¡Gracias, porque ustedes me han regalado el sudor de su juego, en colores, y me lo llevo en mi cara para mi casa!”, le dijo Fidel a los niños que protagonizaron la gala de clausura del Segundo Congreso Pioneril. Foto: Cortesía del entrevistado.
Un “no cumpleaños” muy especial con Fidel
El joven estaba más eufórico de lo normal, con “frenesí sanguíneo”, -como diría él-, apenas unos días antes, en la gala de clausura del Segundo Congreso Pioneril, -por primera vez-, había vivido muy de cerca a Fidel: el presidente de su país, una personalidad reconocida mundialmente, pero ante todo, alguien a quien su padre adoró, hasta que perdiera la vida en el criminal sabotaje a la avión de Cubana en Barbados.
El final de la función que había preparado Tin era muy fuerte: un coro gigante de más de 40 niños sordomudos que cantaban la canción de Rosa Campo que dice: Aunque el mundo cambie de color, yo estoy aquí, contigo. Y lo señalaban. La interpretación, en lenguajes de señas, pero como el Comandante estaba en la primera fila, se oían los sonidos guturales de aquellos pequeños.
“Su ayudante de entonces me confesó que vio a Fidel con los ojos humedecidos, muy tocado. Y esa yo creo que fue una de las razones por las que después cuando los niños bajan al final y lo besan, y le llenan la cara de manchas naranjas, azules, blancas, rojas (porque estaban muy maquillados-), y Vilma Espín le alcanza un pañuelo para que se limpiara el rostro, él replicó riendo:
‘¡Qué va, nadie me toca la cara hasta que llegue a mi casa y me vea en un espejo, porque quiero ver cómo me veo maquillado’, e inmediatamente le dijo a todos los niños: ‘¡Gracias, porque ustedes me han regalado el sudor de su juego, en colores, y me lo llevo en mi cara para mi casa! ’.
Me llamó al final y me dijo humilde y emocionado: ‘Muchachito, ¿cómo ustedes pueden hacer esas cosas?’ Me quedé un rato mudo y solo atiné a decir: ‘Comandante…es que yo nací en 1959’… Me miró fijo, hizo una pausa y sonrió.
Fidel abraza a Tin, luego de depositar juntos flores en el Memorial a las víctimas del sabotaje al avión de Cubana en Barbados. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
El día que Tin sintió a su padre en Fidel
Pero Fidel no solo despertaba en Tin los nervios; también las emociones, el recuerdo de su ser más querido a quien había perdido cuando apenas tenía 16 años. A tal punto, que en algún momento, luego de la muerte de su progenitor, el “siempreniño” lo asumió como “una especie de segundo papá”. Y cada vez que lo veía cerca, en una tribuna (por el regreso de Elián o la liberación de Los Cinco), vislumbraba a su padre.
“Porque mi papá adoró a Fidel, lo adoró. Entonces yo cuando lo veía, evocaba a mi padre hablándome de él e inevitablemente me echaba a llorar. Siempre que yo conversaba con Fidel, se me salían las lágrimas. La primera vez creo que fue en un acto en La Plaza, en un aniversario del atentado de Barbados, que recuerdo que detrás de mí, el último orador fue Silvio Rodríguez.
Al final, Fidel nos llamó, conversamos y me sucedió eso de echarme a llorar. Pero él se dio cuenta de la emoción y que tenía que ver con mi papá, entonces hizo desde ese momento y cada vez que nos encontramos después, lo mismo que hacía mi padre: elevar mi estado de ánimo con bromas, con formas de relacionarse conmigo.

Recuerdo que no podía evitar de llorar mirándolo y él me daba un golpe como a un muchacho y me decía: ‘Viste, viste lo que le dije a los americanos hoy. Vamos a ver cómo van a reaccionar’. Lo mismo hacía mi padre; se ponía a bromear, a elevarme el ánimo y a tratar de aislarme de esa sensación de tristeza y de llanto, sin preguntarme por qué yo lloraba. Mi papá era un maestro en eso y Fidel lo reencarnó.

Y por eso, en Barbados, cuando él me invita a poner las flores juntos, cuando él me abraza, por supuesto que me fundí en mi padre. Me fundí en mi padre y en la reencarnación de mi padre. El maestro que enseñó a mi papá a multiplicar el amor, no el odio. Y que me enseñó a mí por vasos comunicantes. Lo mismo que yo trato de hacer con La Colmenita: multiplicar el amor, no el odio que tengo en mi corazón desde que el propio odio me arrebató a mi ser más querido.
Esa vez en Barbados, yo me fundí en Fidel y sentí a mi papá. Si existe esa cosa espiritual que mucha gente cree y tiene hasta evidencias, yo en ese momento estuve dentro de mí papá, absolutamente. Y eso para mí…”
Fidel conversa con una niña de La Colmenita durante la celebración de su 90 cumpleaños. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
El último cumpleaños y la petición del cumpleañero
No le pregunté, no me lo contó, pero seguramente en alguno de esos encuentros con Fidel, -y ocurrente como es-, Cremata se pellizcó para comprobar que era cierto aquel sueño que estaba viviendo. Ya el Comandante es su amigo, lo trata con camaradería, hasta conspiran juntos contra el imperialismo, desde el serio juego de La Colmenita.
De pronto, Fidel ya tiene 90 años. De pronto, ya la compañía tiene una impronta en Cuba y en el mundo. Tan solo en Venezuela existen en ese tiempo treinta y tantas colmenitas. Nicolás Maduro es uno de los invitados al cumpleaños. Los ancianos y los niños se parecen mucho. O sea, que Tin y sus abejitas dirijan la celebración que nuevamente será pública, tiene una lógica hermosa. Así lo ha decidido la dirección de la Revolución liderada por su hermano Raúl.
Esta vez los hermanos no jugarán a De la Habana vino un barco cargado de… No, esta vez no podrá ser, pero el colmenero le ha puesto el corazón a la representación que sus niños harán de la vida del Comandante, y será una función muy emotiva.
“Lo preparé con la vida. Sabía perfectamente que era muy difícil, que al menos otro aniversario cerrado, el 100, fuera posible. Traté de estar a la altura del privilegio tan grande de poder hacerlo. Sabía también que era un premio muy grande para los niños. Muy pocos pequeños de esas edades pueden decir que tuvieron a Fidel tan cerquita, porque él llevaba tiempo sin contacto público.
Honestamente, lo viví muy tenso. Tenía mucho temor de que algo echara a perder la presentación. Muy tenso, y muy pendiente de la reacción de Fidel. Cuando nos iba celebrando, eso era lo que me aliviaba. ‘Lo más importante aquí es serle útil a la salud de él, que es además una persona tan entrañable’, pensaba yo. Entonces la palabra no es tensa, sino intensa, viví el cumpleaños con una intensidad suprema. Y cuando ya todo se acabó y Díaz-Canel nos trasmitió el saludo de Fidel y de Raúl, y luego de las palabras hermosas de Abel y Leal; me sentí feliz, muy feliz de haber sido útil. Fuimos muy felices todos de hacerle un bien martiano.
Una anécdota muy importante de ese cumpleaños, es que dos o tres días después, a mí me llamó por teléfono un colaborador muy cercano del Comandante y me dijo: ‘Fidel estuvo en estado total de euforia hasta bastante avanzada la noche. Pero te lo cuento porque eso podía haber sido contraproducente o favorable, y fue tremendamente favorable a su salud, muy favorable a su salud’.
Y ese colaborador es con quien Fidel nos manda la primera y única misión que él le dio a La Colmenita en la vida. Le dijo a su colaborador que nos pidiera humildemente que si podíamos hacer lo mismo, de esa forma infantil, linda, celebrarle el cumpleaños a un compañero suyo que al año siguiente cumplía 90 años: Abel Santamaría. Y que él consideraba que no era recordado igual que los otros. Por supuesto que al año siguiente, el 20 de octubre, nosotros en la natal Encrucijada de Abel, hicimos tremendo cumpleaños”.
Otoño del 2016. Esta estación será más melancólica de lo habitual para Cremata. Al recuerdo del criminal sabotaje que le arrebató a su superhéroe “real”, se suma el adiós de Fidel, justo una hora y media antes de su cumpleaños.
“Ay, Papi, y también pobrecito Tin, porque no va a tener más nunca un cumpleaños feliz”, le dice Amanda a su padre, con quien comparte la tristeza por la muerte de Fidel. Pero como tocada por un ángel de la guarda, -quizás el de Tin-, su hermanita jimagua (Andrea), con esa varita mágica que tienen los niños de La Colmenita para iluminar soluciones, dice: “¡Ya sé, vamos a proponerle a Tin, que, a partir de ahora, celebre sus cumpleaños el 13 de agosto!”
¡Por supuesto que aceptó! Desde hace 5 años Cremata cumple su onomástico el 26 de noviembre pero lo celebra el 13 de agosto, como el Comandante en Jefe. La vida, de algún modo, sigue premiándolo. Ahora tiene el compromiso y la oportunidad de no dejar morir la magia y la alegría que entraña para Cuba, cada cumpleaños de Fidel. De seguro no faltará a la fecha, la miel de este colmenero.
Carlos Alberto Cremata (Tin) muy feliz junto a las abejitas de su Colmena, en un desfile por el Día Internacional de los Trabajadores. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Tin acaricia en el Memorial a las víctimas del crimen de Barbados, el nombre de su padre (Carlos Cremata Trujillo). Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Chávez y Fidel reciben el cariño de niños de La Colmenita. Foto: Cortesía del entrevistado.
Fidel junto a su hermano Raúl, Nicolás Maduro y otros amigos y familiares en la gala de celebración de su 90 cumpleaños. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
En la gala de homenaje a Fidel por su 90 cumpleaños, Eusebio Leal cuenta anécdotas de la vida del Comandante a los niños de La Colmenita. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Vea además:
Fidel Castro asiste a gala cultural por su cumpleaños 90

En video, “La Colmenita” le canta felicidades a Fidel, en la gala por su 90 cumpleaños
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