HAVANA CLIMA

doctor duran

Testimonio desde la Zona Roja. Segundo día

El pasado viernes publicamos la primera parte de este testimonio, cuyo autor —un médico intensivista en ejercicio— ha solicitado el anonimato por obvias razones. Compartimos la segunda entrega de esta serie.
***
Al terminar mi primera guardia supe que el resto podría ser mejor. Los médicos somos como los atletas de alto rendimiento, nos adecuamos a cada situación: si no podemos dormir y debemos trabajar toda la noche, pues trabajamos toda la noche; si tenemos que continuar sin parar siquiera a tomar agua o probar un bocado de comida, pues continuamos sin parar. Nos preocupa la situación de cada paciente, esa persona puede ser padre, esposo, hermano, hijo, amigo. Para nosotros, todas las vidas humanas son importantes.
6:30
Ayer solo dormí cuatro horas y ya estoy nuevamente en pie. Después de organizado el trabajo, entramos a la zona roja. Lamentamos la muerte de cuatro pacientes con Covid-19 y tres de post Covid. Informamos a los familiares, me entristeció particularmente la historia de un joven que perdió a su madre y su padre. No tendría más de 18 años. Era devastadora su imagen y no pude evitar pensar en cómo esta enfermedad ha arrasado familias enteras. Me estremece ponerme en su lugar.
En la sala solamente hay una cama disponible. Nos llaman temprano para decir que vienen en estado de extrema gravedad dos embarazadas, una de 34 semanas y otra puerperal. Nuestro compromiso con todos los pacientes es absoluto, pero con las embarazadas es mayor porque no son una sola persona, sino dos.
Nuestro compromiso con todos los pacientes es absoluto, pero con las embarazadas es mayor porque no son una sola persona, sino dos. (Foto: ACN)
Cuando ellas lleguen las llamadas serán constantes, también las amenazas —algunas más sutiles que otras—: «no se les pueden morir», «serán analizados todos». A algunos colegas los han sancionado e incluso han perdido sus títulos por estar en el momento y el lugar equivocados, no puede existir un error médico, ni siquiera una mala praxis.
Tenemos que trasladar un paciente pero aún no han llegado los exámenes complementarios, así que deberá irse para la sala que le toque sin ellos. Muchas veces, por el abrumador contenido de trabajo, los pacientes se van sin Rx de su evolución, solo con la clínica y la gasometría. Los directivos nos presionan para dar altas después de que el PCR resulta negativo, pero la enfermedad puede continuar su evolución hacia la gravedad y las personas necesitan otros cuidados. Todos saben eso, aun así se sigue haciendo.
8:00
Las embarazadas llegan en muy mal estado: ambas tienen fatiga, falta de aire, sudores, mala mecánica respiratoria. Tomamos la decisión de ventilarlas. Se activa el protocolo de maternas críticas y se hace una valoración integral, pero como siempre, demoran los análisis de sangre y los estudios imagenológicos. Hay un solo gasómetro, un solo equipo de Rx, un solo equipo de ultrasonido para Covid-19, un solo equipo para electrocardiogramas, eso para un hospital provincial Sin embargo, sí hay muchos jefes, todos preocupados por las embarazadas que pueden costar cargos y títulos.
En medio de esa situación, llega la noticia de que no habrá ni agua ni oxígeno. Este último será solo por botellones y para la salas de terapia y de Covid-19. Entonces pienso en los pacientes que llegan al cuerpo de guardia, en los politraumatismos, los que han sufrido un infarto del miocardio o un accidente vascular encefálico, los de la sala de medicina con EPOP, asma o con patologías respiratorias agudas no asociadas a la Covid-19.
Hay varias denuncias en las redes sociales por la falta de oxígeno. Tengo amigos de otros hospitales que me han hablado de pérdida del fluido eléctrico por sobrecarga de los grupos electrógenos. ¿Saben lo que significa para una persona que depende de un respirador artificial que se vaya el fluido eléctrico? La mayoría de los ventiladores, por sus años de explotación, han perdido la batería.
Si en Cuba hay una sola fábrica de gases para la medicina, ubicada en La Habana, ¿por qué no construyeron otra o no previeron que esa podía averiarse, si en todas las noticias de televisoras extranjeras se habla del déficit de oxígeno? ¡Dios mío!

Creamos Centro de Dirección para dar seguimiento las 24 horas del día a coberturas de oxígeno en todo el país y responder a tiempo las necesidades. En #Cuba se libra una batalla por la vida y en primera línea va nuestro querido ejército de batas blancas. https://t.co/AlStdzy8PI
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) August 16, 2021

Considero que cuando termine la pandemia el gobierno cubano tendrá que ser analizado a fondo para buscar las causas de estas negligencias. Sobre quien tenga la culpa que caiga todo el peso de la ley, porque estamos hablando de vidas humanas. Eso es un crimen.
Informan que la situación es en todo el país y que hay que ahorrar el oxígeno disponible. Me equivoqué al pensar que este segundo día iba a ser mejor, será frío y largo.
14:00
No puedo comerme el almuerzo, es incomible. Llevo 48 horas con solo dos mil calorías.
14:30
Nos llaman de urgencia porque hay pacientes graves. También avisan que de un centro de aislamiento traen a varias personas graves. Estamos colapsados. El médico de la consulta de cuerpo de guardia de atención a pacientes sospechosos de Covid-19 también llama. Cuando llegamos había un mar de personas, algunos sentados sin oxígeno, otros tirados en camillas a la intemperie; otros molestos por la situación, jóvenes demandando una rápida atención médica, pero hay solo dos médicos y una enfermera. Para colmo de males, no hay test rápidos, se acabaron. Conté más de setenta personas esperando, muchas al sol y otras con necesidad de atención.
Finalmente, solo tres pacientes necesitaban con urgencia terapia ventilatoria. Debimos ventilarlos en las salas donde se encontraban, con equipos de los años ochenta, y otros tan viejos que no necesitan corriente eléctrica. Con una enfermedad como esta hay que ser precisos con la ventilación, y la mayoría de los valores no se observan con esos equipos antiguos. Miramos la cara de los familiares sabiendo que su suerte está echada.
Con una enfermedad como esta hay que ser precisos con la ventilación, y la mayoría de los valores no se observan con esos equipos antiguos. (Foto: Sputnik)
20:00
La enfermera que trabaja con nosotros nos dice que su papá comenzó con mucha tos y fiebre, lo van a traer para hacerle Rx. He escuchado a varios de nuestros compañeros que en la zona roja o en aislamiento han perdido padres, madres, hermanos, amigos. ¿Si el padre de ella se pone grave qué hacemos? No tenemos cama para nadie, para nadie.
Me comunico con amigos en otras provincias y nos mantenemos informados de la situación. Un colega me cuenta que en la guardia de hoy ya van por doce fallecidos. Él está muy mal, no come hace 48 horas, se siente triste y quiere salir de la zona roja. Otro me dice que tenga cuidado con los balones de oxígeno, un paciente ventilado gasta uno de diez metros cúbicos cada seis horas. En su provincia le dijeron que no utilizará más de diez litros por minuto en pacientes ventilados, pero el mínimo es quince litros por minuto. Otros colegas han comenzado a realizar el edadismo[1].
Lo que más temía acaba de suceder: un miembro del personal de salud se ha contagiado, una persona que siempre ha trabajado con nosotros. Las lágrimas comienzan a brotar, se enfermó trabajando con los pacientes y está muy mal. Inventamos en la camilla para conectarlo con un tubo en forma de T a un ventilador que se encontraba en el pediátrico. Comenzamos a inducir la ventilación. Un amigo no pudo seguir, tuvo que salir llorando: «No puedo ventilarlo. Encárgate tú, yo voy a salir». «Tranquilo, yo me encargo de todo», le respondí.
1:00
Salgo al filo de la una de la madrugada porque las maternas requerían atención especial. Hoy no ha fallecido nadie en la sala y estamos muy orgullosos. Llamo para preguntar cómo están los pacientes que se ventilaron, los habíamos dejado a su suerte pues quienes trabajaban con ellos muchas veces son solo residentes de otras especialidades no afines, sin preparación ni cursos previos. «Coge el protocolo y léetelo, ahí está todo. Ya estás listo para el combate» —les dicen los directivos—, pero sabemos que no funciona así.
Nos dicen que dos pacientes habían fallecido y los familiares estaban muy molestos e iba a quejarse al Partido, como si el Partido fuera a resolver algo. Ellos nos pusieron en esta posición de dar la cara a la familia cuando quien tendría que darla es el ministro de Salud Pública y los de la Dirección Provincial.
Los electromédicos —a quienes hay que darles un aplauso por su entrega y trabajo sin descanso— informan que contamos para la noche con veinte balones de oxígeno, no tendremos más hasta mañana. Ni en el hospital ni en la provincia hay disponibles y, por los cálculos, lo que tenemos alcanza solamente para llegar a las 10:00 a.m. si no surge ninguna complicación; con complicaciones, hasta las 8:00. Me corresponde hacer el segundo turno y me voy a descansar.
4:00
Me toca mi turno. No hubo ninguna irregularidad, todo está tranquilo.
Nos hemos percatado de que cada vez que debemos hacer un cambio de balón, la saturación de los pacientes cae y se ponen inestables. Imagino que se deba a estar un minuto y medio sin el oxígeno apropiado.
Nos vuelven a llamar para valorar a los pacientes en la sala, tuvimos que repetirles a los familiares que no contamos con camas. Pronto tendremos cuatro altas, si resisten lo que les queda de madrugada, a primera hora los traslado. El hijo de uno de ellos me enfrenta: «¡Entonces hay que dejarlo que se muera sin hacerle nada!». Me hubiera gustado decirle mil cosas y mandarlo al Partido para que haga allí el mismo escándalo que me está haciendo, pero solamente me pongo en su lugar y le digo pido disculpas a él, al paciente, a la familia y a Cuba por dejarla así.
***
[1] Discriminación por razón de edad.

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Testimonio desde la Zona Roja

Este es el testimonio de un médico consagrado a su trabajo. Desde la terapia intensiva de un hospital de Cuba cuenta lo que ha vivido, sin exageraciones aunque con crudeza. Lo conocemos, pero nos pide que no revelemos su identidad por razones obvias, tampoco es necesario. Es uno más de los cientos de profesionales de la salud que todos los días intentan salvar vidas con poquísimos recursos. Él podría ser quien trató a la madre, al hijo o al amigo de cualquiera de nosotros; también podría ser quien nos trate a nosotros mismos cualquier día de estos.
***
6:30
Me levanto muy temprano. Tengo que cumplir con un deber, siempre lo dijo mi padre: «la medicina es un sacerdocio de sacrificio y entrega». Me despido de mi hijo pequeño acostado y de mi esposa. Voy caminando hasta el sitio de encuentro, la ciudad a esa hora está desierta y con un extraño olor a ceniza. En el trayecto me encuentro con compañeros con quienes he estado en otros países en diferentes misiones.
7:30
Nos reciben los directivos del hospital y nos llevan adentro. Se entonan las gloriosas notas de nuestro himno nacional, se hace un pequeño resumen de lo que estamos atravesando como país: la cantidad de casos infestados y los que se esperan. Un grupo de compañeros, a dos sillas de mí, dicen que «todo ha sido producto a las manifestaciones populares» y es cierto en parte, fue cuando más masivamente se rompió el protocolo, pero el gobierno no lo hizo mejor con los actos de reafirmación revolucionaria. Sin embargo, confiamos en que todo con trabajo y voluntad se resolverá.
Se levanta un hombre de unos 45 años, ha estado en esta batalla contra la Covid-19 en nueve ocasiones, trabajando en la zona roja. Enérgicamente reclama los medios de protección. Yo, que he estado en otros sitios con situaciones similares, como en la lucha contra el ébola, sé que en toda pandemia con alto índice de riesgo los medios de protección son indispensables para el personal que trabaja en la zona roja.
Me preocupo pero también pienso que la Dirección Provincial de Salud no nos dejará abandonados en tan importante labor, pienso también que el colega debe tener algunas secuelas del Síndrome de Burnout por desgaste profesional y me pregunto: ¿por qué él ha estado nueve veces en la zona roja si hay personal que no ha estado nunca –casi siempre los jefes– o solo ha estado una vez –los mismo jefes o sus amigos–? Pero con tantas ganas de entrar y hacer mi aporte se me olvidan con rapidez estos pensamientos.
Tan pronto entramos nos dijeron que seríamos los intensivistas de la zona roja. Me tocó a mí y a otros colegas que ya nos conocíamos. Intercambiamos sobre la importancia de la labor y las estrategias que adoptaremos según los protocolos y la nueva literatura.
«Está es mi última zona roja, no vengo más y estoy pensando devolver el título». ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí adentro?
8:00
Vamos camino a la sala de terapia intensiva para SARS-Cov-2 y noto como están saliendo personas desmotivadas, cansadas, agotadas; en algunas es incluso perceptible que han llorado, gente que se ve más delgada y sin brillo en los ojos. Escucho a unos jóvenes decir: «Está es mi última zona roja, no vengo más y estoy pensando devolver el título». ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí adentro?
Desde que entramos a la pequeña sala nos damos cuenta de que estamos en guerra. El médico que nos hace la entrega oficial de los casos refiere que la sala está sobresaturada, que tenemos diez pacientes en la terapia, todos ventilados, que además hay varios pacientes reportados de graves en diferentes locales del hospital –alrededor de siete que en total suman diecisiete–; que no tenemos ventiladores para todos pero que además, no contamos, desde la guardia anterior, con tubos oro-traqueales, algo que ya fue informado y para lo que debían traer cinco. Los tubos que teníamos ahora eran de 7.5 todos. «Úsalos bien», me dice.
Le pregunto por el funcionamiento de los ventiladores. «Algunos dan presión pero no volumen, unos tienen desperfectos en los sensores de flujo[1] y FiO2[2] rotos, otros son tan antiguos que no sabemos de qué año son. También algunas mangueras tienen fuga y para otras se esperan las soluciones con qué lavarlas».
Le pregunto sobre los medicamentos. «Antibióticos solo hay de un tipo». «¿Y los medicamentos que aparecen en el protocolo?». Se hecha a reír. «No hay pero deben llegar –me dice–, la eritropoyetina y la fraxiheparina son solo para los recuperables». «¿Y para la sedación y analgesia?». «Para eso hay muy poco, no hagas combinaciones porque siempre te faltará algo». También me informa que no hay relajante muscular. «¿Cómo hacen entonces para entubar a los pacientes?», pregunto. «Inventa», responde y me da un bulbo de succinilcolina.
«¿La dirección del hospital sabe esto?». «Esto lo saben todas las personas que trabajan en salud. Los pacientes lamentablemente por su evolución llegan muy graves, algunas veces se quedan en casa y no lo dicen, otras, no son atendidos y no se cumplen los protocolos, y otras no tenemos medicamentos. Anoche fue difícil, perdí seis pacientes, dos de ellos menores de cincuenta años. ¿Sabes cómo estoy, cómo me siento? Estoy muy deprimido, menos mal que terminé la zona roja». Yo pensaba mientras lo oía: «La secuelas que vas a tener son para toda la vida». Terminado el encuentro, respiré profundo y me dispuse a pasar visita.
8:30
El caos
Todo lo hablado en la entrega de guardia se duplica. Para entrar tuvimos que esperar a que aparecieran los trajes blancos (escafandras). Tan pronto entramos, nos cayó en parada cardíaca una paciente. A pesar de que hay en cantidad los medicamentos del carro de paro y de que tenemos voluntad infinita para trabajar, nos dimos cuenta de que la paciente estuvo mucho tiempo en su centro de aislamiento y cuando llegó se encontraba ya en agobio respiratorio. No pudimos hacer nada por ella, la perdimos.
Las otras salas llamaban porque un paciente, de los siete que estaban fuera, se encontraba en parada cardiorrespiratoria y tenían que trasladarlo sin antes retirar el cadáver, proceso que merece una atención protocolizada igual que el paciente. Nos estaban tocando a la puerta, hicimos el cambio rápido. Trabajamos con el paciente que se encontraba en la sala, pero lamentablemente falleció también. ¡Qué manera tan fatal de empezar, con dos pacientes fallecidos! En ese momento me imagino el dolor de los familiares y sé que la tarea no va a ser fácil para nadie, ni para nosotros ni para los pacientes.
Continuamos pasando visita. Ajustamos las dosis de medicamentos con lo poco que tenemos. A veces se piensa que lo poco es suficiente en la salud humana universal, pero no es así. Muchas personas fallecen porque no tienen medicamentos, como aquel señor con acidosis metabólica y no había bicarbonato, o aquella señora con un shock séptico y la bacteria era resistente al antibiótico que había, o personas para las que no hay un ventilador al que conectarlas, gente de todos los credos, razas, filiaciones políticas y edades (desconozco la situación de los niños, espero que no sea como esta).

13:00
‌Dejamos a un equipo dentro y salimos otros a realizar desinfección. Mientras tomaba una ducha, reflexioné que nunca creí que estuviéramos tan mal. De los monitores solo funcionan algunos, pero no tienen electrodos, otros no tienen oxímetro de pulso, sin contar línea arterial y capnografía, algo que creo que ninguno tiene, por lo menos los que me tocaron.
Me pregunto, más allá de cuestiones políticas, por qué nuestro gobierno no tomó acciones más drásticas a tiempo. ¿Acaso no había información para ello? Si fuimos uno de los países con menor cantidad de contagios en un momento, por qué no nos cerró. Si somos una isla, el coronavirus no tenía que haber llegado a nosotros. ¿Por qué le importó más el turismo? Sé que es el principal renglón de nuestra economía, pero tenemos cayos con complejos hoteleros, ¿por qué desde el principio no se escogieron esos lugares y se aisló el resto?
¿Por qué abrieron en diciembre? ¿Por qué permitieron este caos? ¿Acaso ellos no sabían en qué condiciones estaban nuestros hospitales? ¿Es que sus visitas son tan erráticas que no preguntan al verdadero trabajador? ¿O es que tenemos tanto miedo a exigir lo mínimo para el pueblo, para darle una salud decente, que nos callamos y no decimos lo que sabemos? ¿Por qué el Dr. Durán miente en sus reportes diarios? ¿Por qué los fallecidos por post Covid-19 no se cuentan en las estadísticas? ¿Por qué no activan la Brigada Henry Reeve para todas las provincias? ¿Por qué los jefes no entran a trabajar a la zona roja? ¿Por qué solo se preocupan cuando un lugar colapsa?
¿Por qué no nos unimos como hermanos para salir de esta maldita guerra? No son momentos de hacer política. Nos estamos muriendo. Creo que donde ha existido colapso deben renunciar desde el director provincial de salud y toda su comitiva, hasta los gobernadores y primeros secretarios del partido, por ineptos. Todos esos pensamientos vienen en un momento de baño y reflexión.
14:00
El almuerzo
No puedo pensar en comida. De eso ni hablar. No podría comer después de tener una mañana tan horrible.
15:00
Vuelvo a entrar, confecciono las historias y organizo el parte para los familiares.  En ese momento llama un directivo, dice «que nadie se puede morir», que tenemos que hacer un esfuerzo sobrehumano. Le explico, ya más calmado, las condiciones precarias que tenemos, a veces sin equipos de protección. «Así está todo el país» –me responde y pienso entonces que está mal todo el país. Algo estamos haciendo mal definitivamente.

#Cuba, desde la ciencia, ha sido capaz, de manera innovadora y altruista, de dar respuesta a los desafíos de la #COVID19, en las durísimas condiciones impuestas por el #Bloqueo de Estados Unidos. Contundente mensaje de nuestros científicos al mundo. https://t.co/oLkCsfpNB9
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) August 11, 2021

Le referí al directivo que lamentablemente tenemos más pacientes de los que podemos atender y que deberían montar un hospital de campaña como lo han tenido otros países. «No existen las condiciones», me respondió.
Después de la conversación, decido volver a entrar. Algunos pacientes aseguran haber mejorado, pero nos lo dijo un amigo: «La mejoría en la Covid-19 es traicionera». Continuamos y vamos a visitar las salas donde están los demás pacientes que teníamos pendientes a ingreso.
Lamentablemente supimos del fallecimiento de un señor mayor. Pregunté qué ritmo tenía cuando cayó en paro según el desfibrilador y me dijeron que donde único habían desfibriladores era en terapia intensiva, ahí ellos no tenían. Me fijé en el carro de paro, escasos medicamentos pero tenía los más importantes. Como siempre, les pregunté si los directivos conocían esta situación y respondieron que lo sabían, pero que no podían dar respuestas.
Coordinamos el traslado de dos pacientes de la sala para la terapia. Tan pronto llegamos nos informa la enfermera que a una paciente que se encontraba con tratamiento de ketamina se le estaba acabando, llamaron a la farmacia y lo único que había era midazolam. La ketamina se la habíamos administrado porque tenía tendencia a la hipotensión, también tuvimos que agregar otros medicamentos y drogas vasoactivas, no había de otra.
Parecía que el bloqueo nos estaba jugando una mala pasada, aunque ese mismo mediodía el noticiero anunciaba que se podía entrar cualquier tipo de medicamentos por el aeropuerto. Me quedé perplejo. Ahora no sabía cuál de los dos bloqueos, si el que conozco de toda la vida o el nuestro, actuando al unísono, habían provocado la situación de la señora.
21:00
Salimos para bañarnos y comer. En la ducha pensé en mis familiares. Si antes no dejaba salir a los viejos, ahora mucho menos. Si lo poquito que hay nos lo están dando para el enfrentamiento a la Covid-19, qué se harán los pacientes oncológicos, los renales crónicos con régimen dialítico, los que lleguen de repente a urgencias. ¡Dios mío!
Mientras como, observo las redes sociales. Campaña de odio de ambos lados, campaña de vacunación, campaña de recogida de alimentos y de medicamentos. Uno sabe siempre en las redes cuáles son las cosas que nos influencian y cuáles no. Está pandemia ha sacado lo peor de los cubanos. No tenemos liderazgo porque nuestros jefes están corruptos, no solo financieramente sino por el poder, que los vuelve ciegos a los deseos del pueblo.
22:00
Noche de guardia
Entramos de nuevo y nos dividirnos la noche. Volvemos a pasar visita: tocamos, auscultamos, y revisamos de forma precisa los parámetros hemodinámicos; vemos que todos los sueros estén goteando, sueros con medicamentos que necesitan bombas de infusión o jeringuillas perfusoras, pero no tenemos, así que debemos estar vigilando toda la madrugada.
Hago el primer turno y todo permanece tranquilo. Dentro de la escafandra me siento protegido y con todos los medios de seguridad, aunque los guantes son reutilizables. Me pongo unos nuevos quirúrgicos por abajo, dijeron que pronto vendría un donativo. No sé qué deseo más, si medios de protección o ventiladores con monitores y jeringas perfusoras, todo en grandes cantidades.
Donativo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a Cuba, para el enfrentamiento a la COVID-19. (Foto: @opscuba/Twitter)
Salgo de ahí y me vuelvo a bañar. Tan pronto me acuesto, un paciente cae nuevamente en parada cardíaca. Comenzamos a batallar y logramos que salga. Establecemos una mayor vigilancia con él y le ponemos el único monitor que sirve. Nos quedamos cuidándolo toda la noche. Se ve joven, tiene menos de cincuenta años según su historia clínica. ¡Dios mío, tiene mi edad!
Pienso en mi hijo, en lo difícil que es todo aquí, en que mi familia depende de mí. ¿Y si me pasa algo? Mejor alejo esos pensamientos. Vuelvo a revisar al dedillo todo. En la residencia teníamos un lema: «A mí no se me muere nadie».
A las 5:00 de la mañana nos llaman de la sala, tenían un paciente inestable pero les habíamos dicho que no contábamos con cama ni ventiladores. Esa es la parte que nadie cuenta, a veces la culpa no es de nosotros. Había leído que en países de Europa quitaban ventiladores a los viejos para ponérselos a los jóvenes, pero en Cuba es peor: no hay ventiladores para casi nadie y los dejamos a su suerte.
A un vecino le sucedió eso: lo mandaron para la casa y amaneció muerto. Fui cómplice, no protesté, no dije nada a pesar de que sabía que era incorrecto. ¿Adónde nos vamos a quejar? ¿En qué nos estaremos convirtiendo?
6:00
Termina mi primera guardia en la zona roja, pero no esta historia.
***
[1] Los flujos son la cantidad y presión con que llega oxígeno al pulmón. Para ilustrar con un ejemplo: cuando alguien sopla un globo sabe la cantidad de aire que entra de acuerdo al tamaño que este toma; pero si quien está soplando tiene los ojos tapados y no aguanta con las manos el globo, le resulta imposible saber la cantidad de aire que puede contener todavía y provoca una explosión. Si el globo fuera el pulmón y no existen sensores de flujo se produciría un barotrauma, es decir, se romperían los alveolos pulmonares y el paciente podría fallecer.
[2] La FiO2 es la fracción inspiratoria de oxígeno. Los humanos respiramos al 21%, según el nivel del mar, pero hay pacientes que precisan mayor cantidad de oxígeno porque no realizan correctamente la ventilación perfusión. Cuando no hay sensores Fio2 el paciente fallece porque el equipo está ventilando con la misma capacidad de oxígeno que traía naturalmente el enfermo.

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Tormenta tropical Elsa y Covid-19

Estimados lectores:
Pese a no ser un fenómeno climático de gran intensidad, el organismo tropical Elsa llega a algunas zonas del occidente y centro de nuestro país en un momento especialmente vulnerable.
A los efectos de las lluvias y los vientos que trae asociado y para los cuales estamos más o menos preparados, se une esta vez el alarmante rebrote de la Covid-19, que en sitios de la provincia de Matanzas, como Cárdenas y la ciudad capital, ha colocado al sistema de salud al borde del colapso.
Los reportes en los espacios informativos de la Televisión Cubana han pormenorizado la cantidad de evacuados en instituciones estatales o casas de familiares y vecinos que hay en cada territorio. Esas inevitables aglomeraciones -aun pese a los constantes llamados a cumplir los protocolos sanitarios- son fuentes de potenciales contagios.
Después de más de un año bajo el azote de esta enfermedad, que se niega a remitir y que ha cobrado la vida a un número considerable de cubanos, es normal que nos sintamos fatigados y vulnerables. Más cuando la crisis económica empeora cada día, lo que dificulta hasta extremos inusitados la vida de todos.
Sin embargo, no son momentos adecuados para relajar medidas y olvidar cuidados. Ningún sistema de salud podría soportar sin afectarse la gran cantidad de contagiados que cada día reporta el doctor Durán.
Es por ello que pedimos a nuestros lectores que extremen las medidas sanitarias y de seguridad. El esfuerzo por no ser uno de los números del parte de cada mañana no puede agotarnos. Con cuidados y vacunas, volverán los días en los que nos abracemos sin miedo.

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