HAVANA CLIMA

Campaña mediática contra Cuba

Freedom Inc.

Un buen capitalista halla en todo un negocio rentable. Es la máxima del burgués exitoso: make profit. Con esa lógica liberal, no lo dudemos, la civilización humana avanzó considerablemente, aunque ese avance no haya sido homogéneo. No se puede cuestionar que dejar atrás la esclavitud o el vasallaje fueron mejoras sustanciales para la humanidad en su conjunto, aunque siguieran existiendo (lógicamente) oprimidos y opresores, personas que tenían muy poco y personas que tenían too much. Y personas que, aun teniendo too much, querían todavía más.
Los campeones del capitalismo nunca han cesado en su afán de acumular propiedades y riquezas, envueltos en una trama ideológica en la que se sienten dueños de tierras, recursos, bienes inmuebles, trabajo ajeno… Pero encontrando como límite no solo el desarrollo mismo de las fuerzas productivas, sino a la naturaleza y el mundo real en sí, buscaron hacer dinero a partir de símbolos. Lucrar a partir de imaginarios fue el nuevo horizonte del liberalismo mercantil.
Hoy, cuando personas en muchos países celebran la Navidad, no podemos pasar por alto que el 25 de diciembre se alega que es la fecha del nacimiento de Jesús, un hombre que murió crucificado por propugnar un ideal de hombre y sociedad distinto, basado en valores como la misericordia, la austeridad, el amor. Sin embargo, la fecha se ha vuelto ocasión para comprar regalos, gastar dinero en frivolidades y premiar el consumismo. Lo simbólico-religioso trastocado en simbólico-mercantil.
No sorprende entonces que los más acérrimos detractores del socialismo practiquen lo mismo, en tanto van promoviendo al sistema capitalista como non plus ultra del desarrollo social. Y hallando que hay demanda solvente para financiar su cruzada anticomunista, convirtieron en lucro lo que alguna vez, quizá, fue un compromiso honesto, aunque desacertado. Es difícil ser honrado cuando se rinde pleitesía a Don dinero.
Batallando por fondos federales o por sumas que se «lavan» a través de terceros, que pueden ser fundaciones u organizaciones de otro tipo, los adalides de la restauración capitalista en Cuba no escatiman esfuerzos en mostrarse como «la mejor apuesta». Han hecho del símbolo de la libertad su negocio más rentable.
Según discurra la corriente, van mutando su discurso, para mostrarse más duros o más pacíficos. El que paga, manda: ellos solo ofertan un servicio. Con canales en YouTube, donde se habla de freedom, justice and the american way, mientras te venden la mejor hamburguesa de Miami o el mejor salón de belleza en toda la Florida, o sitios que discursan sobre la emancipación nacional y la transparencia mientras reciben por PayPal dinero que viene del exterior, sin mecenas declarado; la contrarrevolución ha hecho que predicar contra el Gobierno cubano sea una opción muy atractiva desde el punto de vista financiero.
Los mismos que tanto critican las desigualdades que no hemos erradicado en nuestro país, o que viven publicando cualquier exceso o lujo que tenga un familiar de un dirigente cubano, se hacen de miles e incluso millones de dólares, con los que se compran apartamentos, casas, dan viajes por el mundo, son publicados en los sitios y medios más famosos, reciben premios y dádivas por el hecho de seguir respirando (antes, durante o después de sufrir la terrible dictadura castrocomunista)… Todo es posible si perteneces a esa corporación financiera y mediática que ha hallado en llevarle la contraria a la Revolución, una veta de oro inagotable.
Mientras, hay tontos útiles, que, envenenados por su discurso de odio, siguen aportando dinero, tiempo y esfuerzo a una causa estéril. Son los que fueron engañados por un personaje que decía que iba a venir a Cuba desde España, para liberarnos de la «tiranía» de Díaz-Canel, con la estrategia infalible de congelar los fondos de la «dictadura» en el exterior. O los que creyeron que cierto dramaturgo lucharía hasta las últimas consecuencias porque creía en aquello que predicaba, y que no era otro más de los que buscan facilitar una visa y una cómoda estancia en Europa o en EE. UU. Son los que aplauden, desmemoriados, cualquier iniciativa, por pueril e intrascendente que sea.
Importa más el gesto que cualquier otra cosa. Por eso no nos alarmamos al leer de la propuesta de crear una «República Libre de Cuba», nada más y nada menos que en la base naval en Guantánamo, un territorio ocupado ilegalmente por una potencia extranjera. Han mercantilizado tanto el símbolo de la libertad, que ya ni saben qué significa. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que, consciente o inconscientemente, esa contrarrevolución mercantilizada se ha convertido en un «pilar» más del socialismo en Cuba. Porque si se cae la Revolución… ¿de qué diablos van a vivir?

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Lo «humano» detrás del odio y la mentira incendiaria

Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional de EE. UU., advirtió este miércoles que los ciudadanos cubanos que intenten ingresar ilegalmente a esa nación serán devueltos, y quienes logren ser elegibles para recibir asilo, serán enviados a terceros países.
Las declaraciones ocurren en el contexto de los disturbios recientes en Cuba, instigados por una intensa campaña mediática, con protagonismo en las redes sociales, y dirigida desde Estados Unidos, como parte de la guerra no convencional contra la Isla, tal cual denunció el martes el miembro del Buró Político del Partido y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla.
Quien se asoma a los medios o navega en las redes sociales en estos días, se sumerge en una verdadera oleada de fake news, manipulación y guerra mediática organizada para fabricar la imagen de una nación en caos e ingobernable.
Los demonios del odio andan sueltos entre quienes apoyan cuanta acción se realiza contra la Revolución, sublimados por la desesperación que les provoca la resistencia y la dignidad de los cubanos ante cada nueva agresión, los embates de la pandemia y el recrude- cimiento del bloqueo.
Muestra de las fascistas pretensiones, el alcalde de Miami, Francis Suárez, instó al Gobierno de Estados Unidos a no descartar una intervención militar en Cuba, tras las «protestas» registradas en los últimos días en la Isla.
En entrevista con la presentadora de la cadena estadounidense Fox News, Martha MacCallum, Suárez fue muy explícito al sugerir las soluciones que en el pasado mandatarios estadounidenses aplicaron en países como Panamá, Pakistán y Kosovo.
En el canto de sus propuestas claramente anexionistas, el alcalde no es un solista entusiasmado, tiene el coro de una retrógrada comunidad anticubana que, desde Miami, ha desbordado los medios y las redes sociales exigiendo una «intervención humanitaria» de Estados Unidos en la Mayor de las Antillas.
Han sido muy explícitos: intervención con bombas incluidas.
La Carta de las Naciones Unidas no autoriza una «intervención humanitaria» en los asuntos internos de un Estado.
Por solo citar dos ejemplos de esta acción ilegal, en 1999 la OTAN lanzó una operación aérea contra Belgrado que «argumentó» con la letra de este engendro inventado por ellos mismos: intervención humanitaria.
Los bombardeos allí dejaron unas 2 500 personas muertas y más de 10 000 heridos, y el daño económico osciló entre 30 000 y 100 000 millones de dólares.
En 2003, la misma receta se cocinó y sirvió en territorio iraquí, cuyo pueblo pagó la «ayuda humanitaria» con al menos 500 000 vidas, el saqueo y la devastación de un país que aún sangra por las heridas abiertas de la invasión.

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Hagámosles frente a las campañas en lugar de servirlas

La campaña mediática que ahora sufre Cuba posiblemente tenga las horas contadas, pero algunas lecturas interesantes podemos hacer.Cuando sigues el comportamiento que han tenido las redes sociales en Cuba en los últimos tiempos y tomas en cuenta los mecanismos de influencia subjetiva que han estado utilizando en la guerra comunicacional contra nuestro país, el sos, el llamado a un corredor humanitario y la subida de tono con la viralización de un reclamo de intervención humanitaria, eran previsibles.Ante un escenario de desgaste sicológico condicionado por más de un año de pandemia, carencias materiales y el despunte del número de contagios y muertes, se presenta un clima idóneo que no iban a desaprovechar quienes gestionan la guerra comunicacional. Al contrario, lo están capitalizando.Tres pautas de comportamiento en redes pueden marcar la diferencia en cuanto a no seguirle el juego a la guerra mediática que se nos hace en estos momentos, pero que también podemos transferir a otras ocasiones, ya que lo realmente interesante es ir creando una cultura crítica para defender a Cuba en el territorio virtual:Lo primero es no replicar publicaciones o cadenas de mensajes que como sos, la solicitud de intervención humanitaria, entre otras, induzcan el estado de opinión de que el país está en una situación de crisis de ingobernabilidad y debe ser intervenido. En su lugar producir y/o compartir contenidos que comuniquen en sentido contrario, ahora, por ejemplo, reforzando la importancia de la solidaridad y del no a la intervención.También hay que evitar compartir expresiones de angustia, desespero, caos, proclives a generar contagios emocionales negativos. En su lugar, se debe promover pautas de enfrentamiento centradas en el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias y en brindar el apoyo que necesite nuestra población y nuestro Estado en la gestión que está haciendo del enfrentamiento a la pandemia. Por otra parte, mantenerse informados y compartir toda la información posible proveniente de nuestros medios, actores sociales conocidos y/o fuentes seguras para contrarrestar las fake news que seguramente estarán circulando.¿POR QUÉ NO A LA INTERVENCIÓN HUMANITARIA?La matriz de opinión que están induciendo ahora es la misma de todas las campañas anteriores que hemos visto, y la seguiremos viendo, variando su contenido temático, según el contexto: el Estado cubano colapsó, la gestión del Gobierno es ineficiente y el sistema no funciona. Argumentos en contra de esa tesis sobran. Paradójicamente, uno de los argumentos lógicos más evidentes lo aporta la propia política de bloqueo, ya que, si estuviesen tan seguros de que nuestro sistema no funciona, jamás hubiesen gastado ni un minuto de los últimos 60 años en bloquearnos.Cuba no necesita ser intervenida por tropas militares de instancias internacionales que, con alta probabilidad, estarían supeditadas al país que es responsable de gran parte de la crisis que estamos viviendo.Que en la campaña por el SOS, entre otras, participen personas pagadas o no, bien intencionadas o no, contrarrevolucionarias o no, es conveniente solo a la agenda intervencionista de Estados Unidos. Son sus términos, es su pauta. Preguntemos a los pueblos de los países que han intervenido humanitariamente en los últimos años cómo les ha ido con la «libertad» que les han llevado y con todo aquello de prosperidad y sueño americano.¿QUÉ HACER CON LA PREOCUPACIÓN Y EL DESEO DE AYUDAR?Las inquietudes, preocupaciones y deseos de contribuir que son tan legítimos, pueden encontrar otras vías para realizarse. Se puede solicitar y brindar ayuda a través de los mecanismos habilitados por nuestras instituciones, o al menos, sin menoscabar la estabilidad social que precisamos como país para salir adelante. Es momento de unirse, no de ser disruptivos buscando protagonismos individuales.En lugar de un sabotaje, nuestro Estado necesita apoyo, porque está librando una batalla fuerte por nuestras vidas. Se están batiendo con todo el personal de Salud, estudiantes de Medicina, médicos, científicos y científicas y están cansados.En plena e intensa fase de vacunación, con bloqueo encima y una crudísima carencia de recursos, nuestro país ha garantizado pruebas de PCR para todo el que lo ha necesitado, ha tenido una cama para, incluso, quienes han sido solo sospechosos de contagio. Y sostiene todo este esquema de afrontamiento al virus y protección a nuestra población por más de un año ya. ¿Sabemos en cuántos países del mundo ha estado garantizado eso? Me atrevo a asegurar que en muy pocos.¿POR QUÉ NO ALENTAR EL DESALIENTO?Duelen las cifras y cada persona que muere. No estamos acostumbrados a las imágenes de los pasillos con camas y pacientes. ¿Nos hemos preguntado por qué nos impacta tanto cuando ese ha sido, desde el comienzo, el día a día de los países, incluso del llamado primer mundo? Porque no lo habíamos visto en Cuba, a pesar de que llevamos más de un año manejando una situación epidemiológica tensa. Y eso habla a favor de nuestro sistema.Solo en noticias nos hemos enterado de que en otros lugares grupos de ancianos han muerto abandonados en instituciones de cuidado. O de los muertos literalmente tirados en las calles. O que han elegido entre salvar a un joven o a un adulto mayor. Hechos lamentables que en Cuba no se han dado.No estamos en las circunstancias que mediáticamente se fabrican. Es duro lo que vivimos, porque este virus lo ha sido para todos los países, para los ricos y para los empobrecidos, a cuyas poblaciones vulnerables les ha tocado la peor parte, pero es muy posible que estemos en uno de los lugares del mundo en donde la gestión del Gobierno ha puesto mayor empeño y ha logrado mayor eficacia en salvar vidas. Esa es la realidad objetiva, no hay otra.Basta mirar las cifras al alcance de todos y lo que ha estado pasando en los propios Estados Unidos y en el resto del mundo para darnos cuenta de que en lo que se está diciendo sobre la necesidad de intervenir Cuba, hay una gran dosis de manipulación.Las mismas cifras de nuestro país que nos asustan, paradójicamente ponen en evidencia que nuestra situación no es la más crítica, sino todo lo contrario, sin que podamos pecar de triunfalismo ni dejar de reconocer lo grave del momento.Que quiten el bloqueo si quieren ayudar. Asedio que recrudeció la pasada administración estadounidense y que la actual se está gastando deliberadamente todo el tiempo del mundo en «revisar», con calumnias mediante, en medio de una crisis sanitaria.Si no desean abandonar el doble rasero de la política exterior hacia nuestro país por conocidos intereses geopolíticos y económicos, a nosotros al menos nos asiste tomar la decisión de no bancarnos la desfachatada hipocresía. Lo sostengo pensando en la postura de nuestro Gobierno, que siempre ha sido clara al respecto, pensando en la postura nuestra como ciudadanas y ciudadanos, compelidos por las circunstancias a una participación cívica responsable en el escenario de debate político que estamos viviendo. A Estados Unidos lo que le corresponde hacer es eliminar el bloqueo, no hay más vueltas que dar al asunto. Y con esto no estamos pidiendo clemencia. Es a lo que tenemos derecho.Mientras, apostemos por los canales de solidaridad internacional que históricamente han estado acompañando a nuestro pueblo.Agradezcamos a cada persona, organización, movimiento social, gobierno o grupo de solidaridad que se nos una. Apoyemos con todo a quienes están dando lo mejor de sí en esta hora tan dura por ganarle la batalla a la pandemia. Una ruta para hacernos fuertes subjetiva y comunicacionalmente hablando.Veo utilidad en hacer frente a las campañas en lugar de servirlas, sin desgastarnos en trifulcas personales. La mejor estrategia está en deconstruir sus matrices de opinión y posicionar nuestros propios contenidos. Salir al frente a tanta desinformación y manipulación mediática. Viralizar las verdades sobre nuestra realidad para inundar el territorio virtual con ellas. Ya hay compañeros de la izquierda internacional creyéndose la historia de que aquí hay un caos por todas las fake news que les llegan.Estas campañas que no nos tomen por sorpresa. Seguirán produciéndose. Esta pasará en unas horas, no nos quede la menor duda. Vendrán otras. Necesitamos modelar escenarios mediáticos a futuro, cada vez, para impulsar agendas comunicacionales nuestras, proactivas, de contención y neutralización de los mecanismos de sujeción propios de la guerra comunicacional que se nos hace. Pero eso ya es tema de otro análisis.

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