HAVANA CLIMA

activismo antirracista

Racismo y discriminación racial en la agenda de Cuba

Hoy es posible observar una multirracialidad ampliada con creces.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Finalmente en noviembre de 2019, seis décadas después de revolución en el poder, ha sido creado el Programa Gubernamental para la Eliminación del racismo y la discriminación racial.

Coincidiendo con un momento de enormes dificultades −unas derivadas de la covid-19 y otras también graves de tipo financiero, debido a la intensificación de nuevas restricciones aplicadas por Estados Unidos−, en un contexto donde, de modo abrupto, salieron a flote desigualdades acumuladas y también otras actuales.
Se trata de un período difícil que ha puesto a prueba, una vez más, la capacidad de resistencia de la sociedad cubana, en la cual aparecen también retos emergentes de las generaciones más jóvenes.
En este escenario, reflexionar acerca del racismo se convierte en una interpretación compleja porque su invisibilidad conceptual ha creado confusiones. Sentada en un banco del bulevar habanero de San Rafael, un día feriado, mirando a las familias pasearse cogidas de la mano, es posible observar una multirracialidad ampliada con creces, un fenómeno consecuencia de las propuestas realizadas después de 1959.
Durante mis investigaciones acerca de la racialidad cubana en La Habana y Miami, a partir de 1990 constaté las diferencias y analogías de dos modelos identitarios opuestos en su ideología, pero culturalmente cercanos en cuanto a esta problemática. En Cuba se produjo un avance significativo de personas de descendencia africana, en particular en la década de los sesenta, con un impulso inclusivo que fue disminuyendo a medida que pasaron los años de la utopía.
Me refiero a la campaña de alfabetización, maestros voluntarios, milicias revolucionarias, jóvenes rebeldes, proyectos de masas que movilizaron a la sociedad en su conjunto y mediante los cuales las personas de descendencia africana tuvieron un protagonismo y generaron cambios significativos, tanto de orden social como personal.
Esos acontecimientos contribuyeron al surgimiento de un nuevo tipo de racialidad, pese a que no pudo ser completada la propuesta a la que aspiraba Fidel Castro (1926-2016) para la eliminación de la discriminación racial, realizada en comparecencia televisada el 25 de marzo de 1959, a pesar de que ese vacío de la sociedad cubana de hoy es más multirracial.
En el orden familiar, el incremento de matrimonios interraciales dio paso a una sociedad mucho más multirracial. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En el orden familiar, el incremento de matrimonios interraciales dio paso a una sociedad mucho más multirracial. Una transformación social y al mismo tiempo individual, que creó la ilusión de que el racismo y la discriminación habían desaparecido. Tan fuerte fue esa percepción que en 1962 se declaró la desaparición del racismo y la discriminación racial, con lo cual el conflicto quedó escondido debajo de la alfombra, al minimizarse un asunto histórico de gran magnitud, que no desaparece de manera espontánea.
Mientras, a 90 millas, en Estados Unidos, se asentaba la emigración primigenia que había abandonado Cuba de modo rápido, ante la pérdida de sus privilegios y también del pánico de compartir sus vidas con personas afrodescendientes, aunque con la esperanza de regresar “lo antes posible”.
Esas personas tuvieron la oportunidad de construir emporios económicos que progresaron vertiginosamente, cumpliendo el sueño de José Antonio Saco (1797-1879) de alcanzar un estatus de poder exclusivamente desde una identidad cubana blanqueada, aunque en esa ocasión obtenida fuera de la nación caribeña.
En Miami responsabilizaban a la población de origen africano por su apoyo a la Revolución. Al mismo tiempo en Cuba, con mucha discreción, algunas familias blancas afirmaban a investigadores extranjeros que la causa de los problemas existentes, que impedía la realización de mejores logros, era debido a la participación de personas de ascendencia africana en diferentes estamentos de la sociedad.
La paradoja estaba en que, en ambos contextos, repetían un mismo leitmotiv, negando siempre la existencia de racismo en Cuba. En la Florida llegaron a decir que el racismo había sido un “invento” de la propia Revolución, idea completada con una narrativa que he denominado el ABC del racista cubano y que comienza con la afirmación que dice:
“…en mi familia siempre hemos tenido un amiguito negro…que se sentaba a la mesa a comer con nosotros en algunos momentos… dormía la siesta conmigo… incluso tuve una noviecita negra…”

La negación del racismo
El mestizaje es uno de los pretextos clásicos utilizados para negar el racismo. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En Cuba, al declararse políticamente que el racismo había desparecido, en 1962 se reabrió una brecha a la negación del racismo, lo que significó que, poco a poco, la discriminación racial fuera ganando espacios nuevamente, aunque recubierta de pretextos, entre ellos la teoría cultural del mestizaje como política, que niega la existencia de racismo.
Un método utilizado en la región como argumentación histórica; una realidad que excluye, de manera directa o solapada, a quienes poseen más melanina.
El racismo funge con una doble función, como concepto ideológico que influye sobre la vida política y, a su vez, como praxis social a través de su corolario: la discriminación racial. Su presencia geopolítica penetra en las mentalidades como fenómeno global, desde su componente estructural.
Es un proceso aprehendido desde la familia, la escuela y el medio socio-cultural, donde su capacidad alienígena le permite colocarse en espacios individuales o públicos, sobre todo en su variable de racismo oculto. Como aproximación al racismo oculto hay que decir que se trata de un racismo aplicado en particular contra poblaciones originarias y afrodescendientes, con el propósito de rechazar las desigualdades raciales.
Como característica específica de América Latina, tiene el propósito de ocultar la existencia del racismo y sus orígenes forman parte del modelo de la Hispanidad, bajo el pretexto del mestizaje cultural.
Su mayor peligro está en que cuenta, generalmente, con rango gubernamental, lo que lo convierte en política de Estado. Ya que desde el discurso cultural “todos somos mestizos”, resulta difícil contrarrestar una ideología que legitima e invisibiliza las injusticias sociales heredadas de la colonización y la esclavitud africana, instrumentada en la epistemología de la negación del racismo.
La discriminación racial es un proceso aprehendido desde la familia, la escuela y el medio socio-cultural, donde su capacidad alienígena le permite colocarse en espacios individuales o públicos, sobre todo en su variable de racismo oculto. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
El investigador Ariel Dulitsky plantea al respecto: “En nuestra región existe cierta presunción de superioridad moral frente a Estados Unidos. Con pomposidad resaltamos como nosotros vivimos […] en un completo “mestizaje” […] La idea de que todos somos mestizos impide el desarrollo de la identificación de grupos raciales específicos […] La ideología del mestizaje transforma la diversidad en invisible, niega el derecho al disenso y permite al mismo tiempo la exclusión, […] dificulta una lucha política y social contra la discriminación racial […] esta ideología raramente está dispuesta a explicar las disparidades sociales presentes en términos de inequidades raciales”.
Tomaré como punto de referencia la revista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), en su número dedicado al “Enfoque integral afirmativo en políticas públicas. Desafíos y propuestas para la superación de brechas de equidad racializadas en Cuba”, que ofrece aportes significativos a este conflicto sometido al silencio histórico, lo cual contribuyó a prolongar aquellas diferencias sociales relativas a la racialidad, un asunto que involucra la justicia social, agravado con la pandemia de covid-19, en 2020.
Al tratar de exponer algunas ideas relacionadas con la trayectoria del racismo, un factor decisivo es su carácter estructural. Es decir, que los escenarios en que se desarrolla cuentan con una aplicabilidad legitimadora, porque tiene lugar en espacios públicos o privados de tipo institucionalizado.
Laís Abramo, experta del Consejo Económico para América Latina y el Caribe (Cepal), comenta: “En América Latina, la desigualdad es un fenómeno estructural y un obstáculo central para el ejercicio de derechos y desarrollo”. En un powerpoint plantea que pensamientos teóricos como el racismo y la discriminación racial forman parte de la cultura del privilegio, donde las matrices de desigualdad cuentan con ejes estructurales que ella denomina “raza y etnia”.
Añade: “Como rasgos constitutivos de la formación histórica como herencia del pasado colonial y esclavista, que siguen reproduciéndose a partir de la negación del otro como sujeto social donde la discriminación está naturalizada a partir de jerarquías sociales y enormes asimetrías”.

El racismo como ideología
Dado que en el racismo converge una gama de conceptos, requiere de un análisis de tipo multidisciplinar e interdisciplinar al unísono. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Podemos coincidir entonces en que, por su complejidad, el racismo promueve confusiones, como cuando la discriminación racial es considerada sinónimo de prejuicios, utilizada a veces para disminuir la carga política que alberga la palabra “discriminación”, ya que “el prejuicio”, como un preconcepto, es elaborado desde una evidencia inadecuada o imaginaria.
De ahí que corresponda, sobre todo, a una actitud individual: una persona tiene prejuicios hacia los deportes, no le gusta, pero no puede suprimir la práctica deportiva, ni cerrar los estadios.
Mientras que la discriminación racial corresponde a prácticas sociales establecidas desde estamentos sociales estructurales que tienen como epicentro la ideología racista. Dado que en el racismo converge una gama de conceptos, resulta fundamental aplicar las Ciencias Sociales y las Humanidades como método de trabajo, porque una mirada parcial impide una comprensión plena; de ahí que requiera un análisis de tipo multidisciplinar e interdisciplinar al unísono.
No es suficiente el enfoque historiográfico, si no incluye otras disciplinas como la sociología, la psicología, la filosofía, la cultura y también la mirada económica, porque es parte inseparable de la realidad económica, vinculada desde sus orígenes el racismo, como parte del capitalismo.
Desde mi perspectiva, coloco al Moderno Sistema Mundo desde la visión del sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein (1930-2019). Como su creador más notable, con una amplia literatura –incluidos varios tomos de El moderno sistema-mundo (The modern world-system) en tres volúmenes en 1974, 1980 y 1989−, ha aportado a la ciencia histórica un nuevo modelo teórico-interpretativo.
Wallerstein comenta al respecto: “A finales del siglo XV y principios del XVI, nació una economía-mundo europea. No era un imperio, pero no obstante era espaciosa como un gran imperio […] Era un tipo de sistema social que el mundo en realidad no había conocido anteriormente. Es una entidad económica pero no política […] Es un sistema ‘mundial’, no porque incluya la totalidad del mundo, sino porque es mayor que cualquier unidad política jurídicamente definida. Y es una ‘economía-mundo’ debido a que el vínculo básico entre las partes del sistema es económico”.
Al estudiar la ideología del racismo, ubicado entre los conflictos de larga duración, ocupa un lugar también la interseccionalidad, un concepto que coloca el enlace de esas alianzas comprometidas con el racismo.
Para un mejor acercamiento, está el ejemplo de quienes discriminan por razones de identidad racial, generalmente rechazan el protagonismo de las mujeres y de las personas gay y lesbianas, porque siguen anclados en el modelo antropocéntrico que promueve al hombre heterosexual como la única figura protagónica y absoluta dotada de poder.

Teorías que han contribuido a legitimar el racismo
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En cuanto a sus orígenes, ya aparece en el racismo bíblico como parte de una división tripartita del mundo o esfera terrestre, de acuerdo al concepto del Libro Genésis (9:18-27). En el texto se relata que Noé entregó el planeta a cada uno de sus hijos: a Sem le otorgó el territorio correspondiente a judíos y árabes, es decir Asia y Medio Oriente; a Jafetle dio Europa y a Cam, el hijo castigado por el padre, le entregó el continente africano, el cual quedó a priori maldecido y preseleccionado para la esclavitud.
Más tarde, el racismo tuvo implicaciones en la pseudociencia, que promovió un  pensamiento según el cual la población de origen africano carece de la inteligencia de quienes tienen antecedentes europeos.
Luego el darwinismo social contribuyó a decretar la inferiorización per se para las personas de descendencia africana. Una trayectoria en la cual los Códigos Negros, considerados uno de los textos jurídicos más horrorosos de la era moderna, han sido decisivos para legitimar la esclavitud africana, con la aprobación explícita de la cristianidad. A ello habría que agregar la repercusión que tuvo un movimiento como la Ilustración, que pese a mostrar una nueva visión cosmogónica, a su vez expuso argumentos negativos importantes, entre ellos la filosofía de Immanuel Kant.
Al decir del filósofo estadounidense Emmanuel Chukwudi Eze, al analizar los postulados de Kant en su ensayo “La idea de ‘raza’ en la antropología de Kant”: “…los indios americanos, los africanos, los hindúes aparecen como incapaces de madurez moral porque carecen de ‘talento’, que es un ‘don’ de la naturaleza […] la única ‘raza’ que Kant reconoce, no solo como educable, sino también capaz de progreso en el proceso educacional de las artes y las ciencias es la ‘blanca’ europea.
Kant declara: ‘La raza blanca’ posee en sí misma todas las fuerzas motivadoras y talento, por tanto debemos examinarla un poco más de cerca”.
Solo en el umbral del siglo XXI aparece la teoría inspirada en el Grupo Modernidad-Colonialidad, gestado por investigadores latinoamericanos que exploraron otras epistemologías, la mayoría de ellos ubicados en universidades estadounidenses. Los nuevos registros conceptuales reconocen el aporte precursor del filósofo y escritor de origen martiniqués Frantz Fanon, particularmente en su obra Condenados de la Tierra.
La llamada teoría de modernidad-colonialidad aporta nuevas epistemologías, como la colonialidad de ser, a partir de análisis esclarecedores como la diferencia entre colonialismo como ocupación territorial y su secuela ideológica, heredada de ese modelo civilizatorio que no desaparece al finalizar el colonialismo, porque su impacto permanece en la memoria colectiva, como es el caso del racismo que exige de una deconstrucción específica.

Balance de la Revolución cubana
En la crisis de los año 90 del pasado siglo las desigualdades sociales racializadas mostraron el rostro de una pobreza en la que el color de la piel marcaba las diferencias. Las personas negras y mestizas están sobrerrepresentadas en los tipos de viviendas y barrios de mayor precariedad en su estado constructivo. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La puesta en marcha de propuestas políticas universalistas, a partir de 1959, propició el acceso al trabajo para la población cubana en su conjunto, lo que hizo posible el surgimiento de espacios laborales inclusivos y facilitó nuevas formas de participación laboral para algunos segmentos excluidos, entre ellos la población afrodescendiente.
La entrega de viviendas en edificaciones que eran solo para personas blancas cambió escenarios de la geografía barrial en determinadas zonas del país, que se hicieron más inclusivas racialmente.
Aunque el programa de “iguales oportunidades” fue una propuesta de tipo inclusiva, tenía debilidades políticas, porque no reconocía las brechas e impedimentos históricos derivados de la esclavitud africana. Fueron políticas de un avance relativo, que a largo plazo se convirtieron en serios tropiezos para la inclusión de personas de descendencia africana, pues los grupos blancos o cuasi blancos lograron un mayor protagonismo y movilidad ascendente.
Años después, el presidente Fidel Castro comentaría en entrevista al periodista y catedrático español Ignacio Ramonet, recogida en el libro Cien horas con Fidel, publicado en 2006:
“Nosotros, después de la victoria, éramos bastante ignorantes acerca de la discriminación racial, porque creíamos que bastaba con establecer una igualdad ante la ley, y eso se aplicaría sin discusión. […] Cuando hablé por primera vez de eso, se produjo un estado de opinión tremendo, volví a hablar, tres veces hablé, de qué significaba la lucha contra la discriminación, que no significaba obligar a nadie a unirse con nadie, sino que se acabara la discriminación aquella, las injusticias, las desigualdades en el trabajo, en la recreación, en la educación. Entonces éramos suficientemente ingenuos como para creer que establecer la igualdad total y absoluta ante la ley ponía fin a la discriminación. […]¡Ah!, después de eso hemos aprendido mucho. […] Porque estamos recogiendo la cosecha de que a los niveles universitarios accedía una proporción menor de jóvenes negros y mestizos.
La ausencia de una agenda para eliminar la discriminación racial tuvo, a largo plazo, consecuencias dañinas, debido al crecimiento de las desigualdades raciales, que fueron abriéndose paso subrepticiamente, lo que pudo ser observado con claridad durante el llamado Período Especial, como se conoce la severa crisis económica iniciada en 1990, momento en el cual las desigualdades sociales racializadas mostraron el rostro de una pobreza en la que el color de la piel marcaba las diferencias para quienes no pudieron acceder a un mejoramiento social. Esa situación influyó en la falta de confianza de ese sector poblacional para alcanzar las mismas oportunidades.
Cabe recordar que en la década anterior, entre abril y octubre de 1980, se produjo por primera vez una emigración numerosa de personas no blancas desde el puerto de Mariel, en la región occidental de Cuba. Se estima que unas 125 000 personas emigraron a Estados Unidos por esa vía.

Aumentan las brechas de desigualdad
En la nación caribeña crecieron las desigualdades marcadas por la racialida al interior de las familias de descendencia africana. Una investigación del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana evidenció el predominio de las personas mestizas y negras entre la población afectada por la pandemia en municipios de la capital durante 2020. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En la nación caribeña crecieron las desigualdades, marcadas por la racialidad, al interior de las familias de descendencia africana, mostrando un sesgo notable en el acceso a estudios superiores, en los cuales prevaleció el blanqueamiento universitario. Mientras, en las cárceles era más numeroso el segmento social afrodescendiente y crecieron comunidades pobres, también con fuerte influencia de las migraciones internas, que fueron bautizadas como “palestinas”, una categorización que expresó un sesgo racista.
La presencia de un Programa Gubernamental para la Eliminación del racismo y la discriminación racial, como política de país, busca crear nuevos contextos participativos. La revista publicada por Flacso con el título “Estudio de Desarrollo Social. Cuba y América Latina”, dedicada al Programa Gubernamental en “Desafíos y propuestas para la superación de brechas de equidad racializadas en Cuba”, comenta:
“Este tipo de enfoque –universalista sectorial y de mecanismos correctores, centrado en el manejo de problemas de ámbitos específicos– es necesario y legítimo, pero presenta desafíos para potenciar la capacidad de modificación de las condiciones de partida que están en la base de la reproducción de desventajas que afectan a grupos específicos. […] Al considerar los hallazgos de las ciencias sociales que han estudiado el tema en Cuba, las inequidades asociadas a la racialidad se reproducen y expresan simultáneamente en múltiples planos y ámbitos, los cuales, a su vez, influyen unos sobre otros y con un fuerte peso de desventajas estructurales –por ejemplo, de ubicación en la estructura socioclasista nacional, acceso a bienestar, movilidad  social ascendente– para los grupos negros y mulatos”.
La incorporación de especialistas de las ciencias sociales desde la representación institucional permite observar una visión más completa para la sociedad actual, que recorre los diferentes estamentos sociales, aunque tiene como hándicap la falta de información que el tema exige para transformar el consenso nacional.
Como urgencia, sería imprescindible informar, pero también dialogar con las comunidades que padecen las desigualdades raciales, donde sobrevive ese dolor ancestral exacerbado −de modo consciente o no− que la discriminación racial no permite que desaparezca. La intelectualidad cubana, por su desempeño humanístico, también debe ser convocada para garantizar la inclusión de quienes sufren la discriminación racial, como escritores y artistas involucrados en este tema o no, quienes podrían dar su aporte cultural.
De acuerdo con la revista citada, el Programa Gubernamental cuenta con un hilo conductor que reconoce la magnitud del conflicto y explica:
“En el contexto cubano actual, donde se expresa un incremento sostenido de las desigualdades sociales […] aquellas relacionadas con el color de la piel, se hace necesario incorporar al proceso de modernización de las políticas públicas enfocadas en la disminución de las brechas de equidad racial […] que pueden aplicarse en el diseño y la ejecución de una política pública para la superación de desventajas racializadas en Cuba. Esta tiene en cuenta el enfoque universal integral sensible […] lo que supone políticas universales, combinadas con aquellas de acción afirmativa diferencias”.
Han transcurrido seis décadas desde la llegada del proyecto revolucionario, en el cual la racialidad mantuvo una invisibilidad sostenida; incluso, en diversos momentos, abordar este asunto fue considerado como una actitud contraria al sistema político; una situación de remembranzas de tipo colonialistas, que convirtió el tema en un mito y redujo la producción de conocimiento que luego ha sido utilizada por verdaderos enemigos de la Revolución.
Ahora el Programa Gubernamental, según la publicación mencionada, señala tres brechas:

Persistencia, hasta la actualidad, de condiciones de reproducción generacional e intergeneracional de desventajas asociadas al color de la piel.
Presencia y articulación de reforzamiento mutuo de factores y expresiones estructurales y subjetivo-culturales en la reproducción actual del racismo y la discriminación racial en Cuba.
Permanencia de mecanismos actuales que posibilitan la reproducción de brechas de equidad, a pesar de las potentes políticas sociales universales de igualdad e integración social implementadas por el socialismo cubano y de sus evidentes resultados en términos de equiparación de todos los grupos sociales en cuanto a acceso a derechos.

La publicación de referencia incorpora la necesidad de incrementar dispositivos de vigilancia y monitoreo más eficaces de las prácticas discriminatorias en instituciones de servicios públicos, así como denuncias y procesamientos de actos que discriminan, acompañadas de un aumento de rigor en la aplicación de medidas punitivas. La revista plantea que en las políticas de desarrollo territorial será posible la aplicación de cuotas, particularmente en las estrategias de desarrollo municipal.

Añade que la situación socioeconómica de los grupos poblacionales negros y mulatos se considera clave en el desarrollo de acciones afirmativas para programas sectoriales y otros dirigidos a grupos poblacionales específicos, con propuestas derivadas de líneas estratégicas con potencialidades.
El texto concluye con la siguiente idea:
“El incremento de las desigualdades sociales en la Cuba actual –entre las cuales las racializadas poseen alta relevancia– y el proceso de modernización de los mecanismos que garanticen equidad social para toda la población, justifican la importancia de fundamentar propuestas de políticas públicas que contribuyan a la eliminación de las condiciones que generan brechas de equidad y discriminación racial”.

Epílogo
El reto apunta a construir una conciencia racial inclusiva que permita avanzar hacia la eliminación del racismo y la discriminación racial. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En el aniversario 63 de la Revolución cubana, este primero de enero, quisiera recordar una vez más las palabras de Fidel, de un llamamiento que en marzo de 2022 cumplirá también 63 años. A pesar del tiempo transcurrido, su enfoque mantiene una vigencia que contribuye a una mayor comprensión de la propuesta que no pudo aplicarse en ese momento por falta de consenso. Dijo Fidel:
“El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar. […] Quizás el más difícil de todos los problemas que tenemos delante, quizás la más difícil de todas las injusticias de las que han existido en nuestro medio ambiente […]  Hay problemas de orden mental que para una revolución constituyen valladares tan difíciles como los que pueden constituir los más poderosos intereses creados. Nosotros no tenemos que luchar solamente contra una serie de intereses y de privilegios que han estado gravitando sobre la nación y sobre el pueblo; tenemos que luchar contra nosotros mismos.
[…] Hay gente muy humilde que también discrimina, hay obreros que también padecen de los mismos prejuicios de que pueda padecer cualquier señorito adinerado. Y eso es lo que resulta todavía más triste.[…] Porque si aquí los que hubieran protestado de que yo abordara el problema de la discriminación, hubiesen sido los mismos que tienen latifundios, que tienen rentas, aquellos a quienes las leyes de la Revolución hubiesen perjudicado, tendría una lógica; pero lo absurdo, lo que debe obligar al pueblo a meditar, es que haya levantado ronchas entre gente que ni tiene latifundios, ni tiene rentas, ni tiene nada, que no tiene más que prejuicios en la cabeza. Y eso es realmente lo doloroso”.
En julio de 2021, a raíz de protestas callejeras en unas 40 ciudades de la isla, el gobierno de Estados Unidos anticipaba un canto de victoria, al suponer el fin de la Revolución cubana. Washington confiaba al parecer en que la presencia en Cuba de un liderazgo de probeta con el acompañamiento de personas afrodescendientes, junto a un cúmulo de problemas internos −algunos de larga data−, desestabilizarían al país y conducirían a un cambio radical acorde a sus deseos.
Si bien tales intenciones fracasaron, colocaron a la nación, en un momento de máximo riesgo, que pudo ser superado por la voluntad del pueblo cubano, en su vocación emancipatoria.
La existencia de un nuevo liderazgo político en los espacios de poder, con la incorporación de figuras jóvenes y de personas de descendencia africana, ofrece una imagen institucional de mayor inclusión racial, por sexo y procedencia no habanera.
En mi opinión, pese al impacto de la pandemia y la crisis multifactorial, prevaleció una vez más el sentimiento de resistencia, en medio del cual el Programa para la Eliminación del racismo y la discriminación racial −no exento de desafíos− ha continuado trabajando desde su creación, incluso en medio de la pandemia.
Políticas públicas mucho más abarcadoras, con el asesoramiento de grupos de personas expertas −entre ellas las autoras de la citada publicación de Flacso: Mayra Espina, María del Carmen Zabala, Geydi Fundora e Ileana Nuñez−, han incorporado por primera vez temas indispensables.
La llegada de una crisis multisectorial, mostró la capacidad de la sociedad para sobreponerse a necesidades indispensables, como falta de alimentos, de medicinas, y deficiencias en transporte. Al mismo tiempo la producción de vacunas cubanas hizo posible compensar la incertidumbre creada para enfrentar la covid 19, como un logro que ha expresado la solidez de una fortaleza científica acumulada en el país.
Aunque el Programa Gubernamental no ha ofrecido todavía la información pública necesaria, el conflicto de la racialidad parece adquirir una comprensión más cercana a la realidad histórico-social. Queda ahora el gran reto de construir una conciencia racial inclusiva, que garantice un consenso político capaz de participar en propuestas para la eliminación del racismo y la discriminación racial. Porque una vez más ha quedado claro que la falta de equidad racial significa la existencia de un conflicto que debilita y hace más frágil a la nación, que exige de nuevos modos de inclusión social frente a las agresiones actuales, algunas ampliadas a través de las redes sociales y otras a veces más sofisticadas, pero igualmente dañinas. (2022)

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