HAVANA CLIMA

La diplomacia revolucionaria es continuadora del ejemplo del Canciller de la Dignidad (+ Video)

En ocasión del aniversario 115 del natalicio de Raúl Roa García, uno de los más grandes hijos de nuestro pueblo, se celebró, este lunes, un acto de homenaje en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), sitio que lleva con orgullo su nombre.

En el acto estuvo presente el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, quien, desde su cuenta en Twitter, apuntó que «nuestra diplomacia revolucionaria es heredera y fiel continuadora del ejemplo del Canciller de...

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Remesas: cuando el dólar regresa a la economía

Las remesas son reconocidas como la segunda fuente de divisas fuertes más importante del país. Las remesas juegan un rol vital en la economía cubana y en los ingresos familiares, sobre todo en el actual contexto de crisis económica y ampliación sostenida de la dolarización parcial de la economía.El proceso de dolarización parcial comenzó en Cuba en octubre de 2019. Ante la mirada escéptica de unos y crítica de otros, se dispuso la venta de equipos electrodomésticos, ferretería y mobiliario, en un número reducido de tiendas de la red minorista.La finalidad declarada fue captar los “dólares que escapaban del país” en manos de quienes viajaban a otros países para comprar mercancías y luego revenderlas en el mercado informal. Se definió también como una medida “transitoria” en respuesta a la escasez de divisas para la adquisición de insumos, bienes y servicios.Crónica de una dolarizaciónSin embargo, aun cuando el discurso oficial ofreció garantías sobre el control de la dolarización —Alejandro Gil, ministro de Economía y Planificación, afirmó públicamente que no se ampliaría la venta en dólares—, tres años después, en Cuba la mayoría de los bienes de consumo y varios servicios se venden en moneda extranjera.Según reconoció Raúl Castro en su Informe Central al VIII Congreso del PCC “se ampliaron las ventas en moneda libremente convertible (MLC) hacia otros productos, incluyendo los alimentos, con el objetivo de incentivar las remesas que los ciudadanos cubanos en el exterior realizan a sus familiares en el territorio nacional”.De tal forma, queda el Estado liberado de su responsabilidad de garantizar la venta de divisas a sus ciudadanos al cambio oficial de 1USD=24CUP, mientras todos los ingresos por concepto salarial son en moneda nacional. Por su parte, quedan las familias a merced del dinero que llega desde el exterior. En el tablero de la dolarización, las remesas son la pieza esencial.Crece la dependencia, no la disponibilidadCon el proceso de dolarización, la vía formal que se definió para la entrada de remesas al país fueron los depósitos en las tarjetas en MLC. Cuentas bancarias referenciadas en dólares que reciben todas las transferencias formales a residentes dentro de la Isla; pero que, además, fueron impuestas como la única vía para pagar lo que se compra en la red de tiendas en divisas.Como lo ha explicado el investigador y catedrático Francisco López Segrera1, las principales fuentes de divisas de la economía cubana son: las remesas; la exportación de servicios profesionales, en especial en el área de la salud; el turismo; y la exportación de productos varios, tales como los propios de la industria farmacéutica, la biotecnología, el níquel, el azúcar y el tabaco, entre otros.La Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba (ONEI) no ofrece información pública sobre este tipo de ingresos. Sin embargo, cifras aportadas por organismos foráneos permiten formar una idea de su peso en la economía doméstica.En 2015, estimaciones del Departamento de Estado norteamericano publicadas por la NBCNews situaron entre 1.400 y 2.000 millones de dólares las remesas anuales que recibía el país.Según cálculos de Inter-American Dialogue —un “think tank” en el campo de las relaciones internacionales con sede en Washington— informados por CNN, Cuba recibió en 2019 remesas por un valor de más de USD$ 2.055 millones, equivalentes a un 2 % del PIB nacional.Sin embargo, esta cifra se vio reducida al mínimo en solo dos años. De acuerdo con el Havana Consulting Group, durante el difícil 2021, Cuba recibió la menor cantidad de ingresos por esta vía. Entraron a la Isla solo 1.084.01 millones de dólares por este concepto.La notable reducción de las ayudas financieras coincidió con la crisis económica más profunda de las últimas dos décadas, la cual se ha intentado sortear, aún sin éxito visible, con la alternativa de la dolarización parcial.Las causas principales de la caída fueron las restricciones impuestas por el gobierno de Donald Trump que incluyeron la sanción en 2020 a FINCIMEX, entidad Financiera de Cimex S.A. encargada de las operaciones de remesas de Western Union.Políticas restrictivas de Estados Unidos sobre las remesas cubanas: efectos sobre las familias y el emergente sector privadoLa comunidad de cubanos en Estados Unidos —que reúne el mayor número de nacionales en el exterior con más de 2,3 millones de emigrados—, es la proveedora fundamental de estas contribuciones. Las sanciones gubernamentales no solo prohibieron las transacciones de la entidad estatal cubana, sino que limitaron a solo 1000 dólares trimestrales la cantidad que podía enviar cada emigrado cubano desde EE.UU.De modo adicional, la limitación y casi anulación de los viajes internacionales derivada de la pandemia de COVID-19 en el mundo, redujo la entrada de dinero por vía informal, es decir, el que traen consigo para sus familias o amigos que visitan la Isla.También como resultado de las limitaciones financieras derivadas del bloqueo, en el propio 2021 —el año del inicio del ordenamiento monetario y cambiario que eliminó el CUC pero dejó en circulación la MLC—, se suspendió de modo también “temporal” el depósito bancario de dólares americanos en efectivo.La medida restringió solo a transferencias bancarias las opciones de movimiento de la moneda. Ello, a pesar de que entra al país un número importante de USD en efectivo como remesa informal.El resultado de la disposición bancaria ha sido la circulación por vías no legales del billete que llega con los viajeros internacionales: se intercambian por MLC, en tasas no equivalentes y que desfavorecen la moneda en mano, o se comercializan en CUP para su empleo, en lo fundamental, en viajes al exterior.Familias y remesas: tener o no tenerSe desconocen cifras confiables sobre cuántas familias no reciben ingresos desde el exterior en Cuba, aun cuando estas resultan las más afectadas en el contexto de la dolarización. Para ellas, la única alternativa de acceso a las divisas es comprarlas al costo del mercado informal.En un escenario de inflación galopante y precios determinados por la insuficiente demanda, la escasez de monedas convertibles es también un reflejo de los vaivenes económicos. El MLC se cotiza en el mercado informal desde hace meses por encima de los 110 CUP, mientras el dólar estadounidense al cash supera los 100 pesos.Pero, en Cuba la pensión mínima es de apenas 1528 pesos y el salario básico es de 2100 CUP. Los cálculos más sencillos evidencian que sin recibir una ayuda desde el exterior apenas se pueden solventar las necesidades fundamentales, aún teniendo en cuenta la canasta básica subsidiada.Tras la implementación del Ordenamiento económico, el valor real del salario se ha reducido de forma drástica. La demanda que excede a la oferta reduce la capacidad de compra y dispara el precio de los productos —que ha registrado también un aumento en las tiendas en divisas— e incrementa el valor de las monedas convertibles.En pocas palabras, el aumento de salarios y pensiones que acompañó al proceso de Ordenamiento quedó anulado en la práctica.La peor parte la llevan las familias de menores ingresos. Aunque a algunas golpea la crisis con más rigor. Según el sociólogo e investigador Julio César Guanche, “por cada dólar de remesa que recibe una persona con color de piel negro, una de color blanco puede recibir hasta tres dólares, debido a la estructura histórica de la migración cubana”.Mujeres afrodescendientes en Cuba y la Tarea Ordenamiento (I)Al interior de la sociedad cubana la dolarización parcial tiene un costo social alto. Ha profundizado las diferencias entre quienes tienen acceso a las divisas extranjeras y quienes no, de forma tal que parecen cada vez más irreversibles. Las remesas contribuyen de forma esencial a las estrategias de supervivencia de las familias cubanas. Y así, aquellas que las reciben pueden comprar productos de primera necesidad como aseo, alimentos y otros, que prácticamente solo se hallan en las tiendas en divisas. Para el resto, las opciones son: pagarlos a precios de reventa de hasta 10 veces el costo original o intentar sobrevivir sin ellos.El economista Óscar Fernández ha alertado que la dolarización potencia “brechas reales de desigualdad”; y que “mientras el Estado no intervenga en el mercado cambiario para ofrecer alguna vía legal de acceso a las MLC a cambio de pesos cubanos, la política estatal estará excluyendo del consumo de esas tiendas a grandes masas de personas”.Hacia el exterior, las medidas económicas descargan sobre nuestros emigrados los crecientes costos de la vida en el país; convirtiendo la alternativa del envío de ayudas a sus familiares en una obligación.Ojalá no abandonemos en la persecución de las remesas la idea de una sociedad más justa. El camino de regreso del dólar a Cuba no ha tenido un feliz comienzo. Habrá que ver el final.***Nota:1 Francisco López Segrera: “Antecedentes y causas de las protestas del 11J” en Cuba 11J Protestas, Respuestas, Desafíos. 1º Edición, Buenos Aires: Escuela de Estudios Latinoamericanos y Globales, ELAG / Página 12, 2021.

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El deterioro generalizado de las ciudades cubanas: reflexiones sobre sus causas

Hace unas semanas visité la azotea mirador del hotel Paseo del Prado y me extasié ante tanta belleza durante las horas del atardecer. Al frente, la entrada de la bahía y el Castillo de los Tres Reyes del Morro; rotando a la izquierda, la silueta del Malecón; girando hacia la derecha, el Paseo del Prado, con el Capitolio inmenso rematando la perspectiva. Pocas ciudades en el mundo poseen tanta belleza arquitectónica y paisajística, tanta historia y monumentalidad.
Vista panorámica desde mirador del Hotel Paseo del Prado en Prado y Malecón, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
Sin embargo, al mirar hacia atrás, lo que percibí no era para enorgullecerse. A pesar de que mantenía cierta belleza, era una vista triste y gris: la gran masa descolorida y deteriorada de toda la ciudad detrás de esas fachadas de Prado y Malecón.
No es mi intención describir en detalle ni proveer cifras sobre el estado alarmante en que se encuentran La Habana y demás ciudades cubanas, porque resulta obvio ante la mirada y experiencia de todos. No obstante, se debe enfatizar que el deterioro abarca todas las esferas: física, económica, ambiental, sanitaria, estética, moral y espiritual.
Bodega en calle 21 con persona durmiendo en el portal, Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
En las ciudades de la Isla y en especial en la capital, se produce una combinación fatídica de deterioro progresivo y acelerado de todo el fondo arquitectónico y de la producción de una nueva arquitectura de poco valor estético-ambiental. Nunca se había construido en Cuba, —ni por medios propios, ni por parte del Estado—, con tan baja calidad estética, tan pocas consideraciones ambientales y tan pobre calidad constructiva, y nunca antes el deterioro del fondo construido había sido tan generalizado y dramático.
La visión de una Ciudad Maravilla que celebró hace dos años su 500 aniversario, se desmorona ante nuestros ojos a diario. Desde los hechos más lamentables que causan muertes, como la caída de un balcón sobre la acera, techos que se desploman y fachadas que se derrumban enteras; hasta la imposibilidad de que cualquier propietario de una vivienda pueda arreglar sus ventanas, un simple problema de plomería o adquirir pintura para sus paredes. Es un desastre, no natural ni producto de un bombardeo, el que heredan las nuevas generaciones, y al menos deberíamos hacer un esfuerzo por reconocer las causas.
Casa en Ruinas adyacente a palacete Ecléctico convertido en ciudadela en Calle 17, Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
A pesar de los esfuerzos de entidades como la Oficina del Historiador en La Habana, y sus similares en provincias, que han hecho una labor heroica durante décadas, y de los recientes esfuerzos en barrios precarios; a diario vemos cambios que, casi a cuentagotas, van ocurriendo en la ciudad y la han transmutado, de maravillosa, con enorme patrimonio, buen gusto, limpia, avanzada y vibrante, en una urbe que no sabe mantenerse, se va desluciendo, ensuciando, retrasando, empobreciendo, apagando y entristeciendo.
La era Trump, con el aumento de las sanciones, barrió con la ola esperanzadora de los últimos años de Obama y, sumado a los dos de pandemia con bajísimas tasas de turismo; incidieron en que los ingresos, a nivel estatal y privado, se redujeran drásticamente, lo que ha repercutido en la disminución de inversiones constructivas. Pero el problema de la degradación generalizada de las ciudades cubanas es de más larga data y no está solamente relacionado con el capital disponible, por lo que se pueden identificar siete —o más— causas, que son a su vez consecuencia de otras, fundamentales y sistémicas:

La imposibilidad, por parte de privados y entidades estatales, de realizar mantenimientos frecuentes y obras de rehabilitación en edificios con deterioro medio y avanzado, debido a la descapitalización de la sociedad y la inexistencia de mecanismos compensatorios para una mayor asequibilidad de recursos materiales a todas las escalas.
La participación reducida de arquitectos como proyectistas en los procesos de renovación o construcción de nuevas viviendas u otros tipos de edificios, tanto por parte de sectores con bajo nivel adquisitivo, como en los de altos ingresos, siendo estos últimos los de mayor impacto en la transformación del entorno urbano.
La forma de contratación de arquitectos y empresas de proyectos —estatales cubanas o privadas extranjeras— no incluye un proceso de licitación o concurso, y posteriormente de evaluación/aprobación, eficaces sobre la calidad estético-ambiental de las nuevas edificaciones.  
El papel relegado conferido a la arquitectura como parte de la cultura de la nación cubana y, junto al urbanismo, el no reconocimiento del impacto de sus valores en la transformación de la sociedad.
El deterioro general de los sistemas de valores y referencias culturales, que combinan el gusto importado de los «nuevos ricos» de países vecinos y la poca formación estético cultural de amplios sectores populares que, si bien se beneficiaron de las políticas educativas del proceso revolucionario, fueron más efectivos en diseminar sus valores estéticos y costumbres que en asimilar los de la parte de la población más educada, rechazados por burgueses.
Falta de sentido de pertenencia, sea entre residentes en un edificio multifamiliar o directivos de una entidad estatal, decisores y servidores públicos a todos los niveles.
Incumplimiento continuado de las regulaciones urbanas por parte de entidades estatales y privados, ineficaz control de las entidades regulatorias y ausencia de mecanismos que, antes de sancionar, instruyan y prevengan las contravenciones urbanas.

Paisajes urbanos degradados, típicos de cualquier ciudad en Cuba. A: Barrio al noreste del río Yumurí, Matanzas. (Foto: Abel Tablada)Calle del Municipio Cerro, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
La degeneración de la calidad estético-ambiental de La Habana y otras ciudades a partir de estas causas, se refleja en lo que podríamos llamar categorías de la actividad constructiva o modificadora del ambiente urbano actual:
– Una categoría podría denominarse «precaria o de llega y pon». Son las intervenciones que aumentan como un cáncer por toda la ciudad y combinan la carencia de recursos y la pobre ejecución y diseño. Es la arquitectura característica de la favela o barrios insalubres, hoy llamados vulnerables en Cuba. Constituye un paisaje urbano común en Latinoamérica y otros países de bajos ingresos en África y Asia, y fue eliminado en gran medida en la Isla a inicios de la Revolución.
Sin embargo, por motivo del empobrecimiento de la población y la migración interna, se fue extendiendo nuevamente, no solo en barrios precarios de la periferia, sin servicios e infraestructuras básicas, sino también en repartos considerados de alto valor urbano arquitectónico, como el Vedado o la Víbora, donde proliferan cercas metálicas, carposhes o ampliaciones constructivas supuestamente temporales.
La proliferación de este tipo de intervenciones, junto a fenómenos como la presencia de basura, calles y aceras rotas y una imagen de precariedad general extendida en el tiempo; contribuye a que la gente vaya tolerando y aceptando este estado como parte de su entorno diario y no haga nada por mejorarlo. Ello es nocivo para una sociedad, pues causa un daño antropológico difícil de desterrar.
Intervenciones constructivas pertenecientes a la categoría «precaria» en Calle 25, El Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada)Intervenciones constructivas pertenecientes a la categoría «precaria» alrededor de ruinas de palacete neoclásico del Siglo XIX en el Cerro, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
– En la segunda categoría, que podríamos llamar «de “nuevo rico” o kitsch», se ubican las soluciones arquitectónicas con mayores recursos y más duraderas, pero sin el asesoramiento de arquitectos o diseñadores. Son realizadas principalmente por privados, pero también en inmuebles estatales.
El resultado es un diseño que no toma en cuenta el contexto y cuyos valores arquitectónicos son considerados pobres, pues incumplen leyes compositivas básicas como la armonía y la proporción y, en muchos casos, se ejecutan con muy baja calidad. En esta categoría se encuentran las ampliaciones o modificaciones de edificios y viviendas con uso de materiales que pueden ser costosos pero que desentonan, o simplemente no cumplen con las regulaciones urbanas de la zona donde se emplazan.
Ejemplo de categoría «nuevo rico o kitsch» en El Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
– Una tercera categoría sería la de «nuevas micros», es decir, la construcción de viviendas por instituciones con recursos, pero sin un diseño adecuado y correspondiente con las necesidades y tendencias arquitectónicas actuales. Una vez pasada la etapa del edificio de micro-brigada, repetitivo y poco integrado al entorno, los nuevos han retomado formas y soluciones de la arquitectura inmediata anterior al período revolucionario. Se toma como referencia al edificio mediano de viviendas de la década del cincuenta, pero sin la calidad constructiva ni compositiva del movimiento moderno de esa etapa.
Son generalmente muy pesados, se distinguen por amplias zonas opacas y ventanas reducidas, con tecnologías constructivas muy artesanales o prefabricadas sin el debido control de calidad. Esto hace que sea una práctica extendida que no se logre una línea recta en una arista y que un muro terminado no consiga una superficie verdaderamente lisa y pulida.
Un balcón con grandes y pesadas vigas para su sostenimiento es otra prueba casi infalible de este tipo de edificación, algo resuelto con mucha elegancia más de medio siglo atrás. Por otra parte, cuando se construyen conjuntos de edificios en varias manzanas, las soluciones urbanas tampoco cumplen con las expectativas contemporáneas en cuanto a un urbanismo inclusivo, diverso, vibrante y sostenible.
Ejemplo de categoría de «nuevas micros». a: Edificio de viviendas en Nuevo Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada) b: Entrada principal y caja de escalera de edificio de viviendas en el Vedado, La Habana. (Foto: Abel Tablada)
– En la cuarta categoría, que se podría nombrar «Edificios GAESA», se incluyen las edificaciones que requieren mayores presupuestos. Estos son los nuevos hoteles, inmuebles residenciales de alto estándar y edificios institucionales derivados de acuerdos con corporaciones extranjeras o con entidades nacionales de grandes recursos.
Aquí el problema, más grave aún, es que los proyectos no se licitan y se contrata por parte del conglomerado GAESA a una sola empresa de proyecto extranjera o a un número reducido de empresas de proyecto estatales. Y, para colmo de males, los proyectos con presupuestos aprobados, o no pasan por el tamiz de una comisión de patrimonio y urbanismo o pasan sin ser aprobados, pero se ejecutan de todas formas, justo lo que se criticaba fuertemente a los gobiernos republicanos. Al no haber transparencia en los procesos, ni un periodismo que dé seguimiento, se crea el caldo de cultivo para especulaciones sobre la posible corrupción que pueda existir entre las partes implicadas.
El resultado es la utilización de lotes en entornos de alto valor histórico, arquitectónico o paisajístico para la incorporación de grandes edificios que no solo no le añaden valor, sino que, de acuerdo a la opinión de muchos arquitectos, causan daño a la ciudad por no cumplir regulaciones urbanas, criterios de respeto al entorno construido, normas ambientales y principios bioclimáticos para un bajo consumo energético. En consecuencia, se desaprovecha la oportunidad de constituir una pieza que, adyacente a edificaciones más anónimas, se convierta en un nuevo hito urbano de alta calidad, representativa de la contemporaneidad e identidad citadina y de los caminos a seguir para un futuro sostenible.  
Construcción del Hotel K23, que será el edificio más alto de Cuba, en Calle 23 y K, ejemplo de categoría «Edificios GAESA». El hotel 5 estrellas tendrá 42 niveles y 154 metros de altura y es financiado por la Empresa inmobiliaria Almest perteneciente a GAESA. La empresa constructora y de proyecto es la francesa Bouygues Batiment International junto a UCM y DCH. (Foto: Abel Tablada)
Tampoco existe la consulta popular para este tipo de edificaciones con gran impacto urbano. La ciudadanía no tiene voz ni voto y se entera, en medio del período más difícil de la nación, del inicio de la construcción del hotel y edificio más alto de Cuba a cien metros del Habana Libre, o de otros hoteles en puntos neurálgicos de la capital, como Paseo del Prado, o el Gran Aston, a lo largo del Malecón, nuestra más emblemática avenida costera.
En esta categoría se incluyen asimismo renovaciones de edificios importantes, como la Terminal tres del Aeropuerto «José Martí» de La Habana, cuyo espacio principal fue decorado con elementos neocoloniales, que muestran un malogrado uso de proporciones, color y materiales. Pero el mayor daño es de concepto, pues la primera o última imagen que tendrán los visitantes será la de un país que recurre a un pasado pastiche porque no está capacitado para proyectar un presente atractivo y un futuro esperanzador.
Resulta una paradoja lo difícil que es obtener financiamiento para proyectos bellos, con beneficios comunitarios y ambientales como las inconclusas Escuelas Nacionales de Arte, y lo fácil que se consigue para ejecutar obras de pésima o mediocre calidad.
Muchos pensadores han fundamentado el estrecho vínculo entre la política y su expresión en la arquitectura y el urbanismo. Las ciudades son el reflejo de la historia de las sociedades que las han ido moldeando. Los problemas que se aprecian en las mega-ciudades de países capitalistas emergentes, donde el patrimonio edificado ha sido seriamente dañado, las desigualdades llegan a extremos alarmantes y la contribución al cambio climático es sustancial, especialmente en las ciudades latinoamericanas y asiáticas; es consecuencia directa e indirecta de las políticas económicas, la ideología imperante y la forma de gobernar.
Lo ocurrido en las ciudades cubanas durante el período republicano y revolucionario, también es consecuencia parcial de la política y la ideología. Se reconoce, por una parte, que gracias a la ausencia de una inversión capitalista descontrolada en el período post 1959, se salvó y se mantuvo en pie gran parte de nuestro patrimonio constructivo, a la par que se construyeron edificaciones con carácter social que compensaban las grandes desigualdades territoriales.
Por otra parte, sin embargo, existe un cúmulo complejo de causas, más esenciales y sistémicas que las expuestas en este trabajo, que deberían analizarse por arquitectos y otros especialistas para comprender, primero, el desequilibrio en las prioridades que dio el gobierno a un área de desarrollo a expensas de otras —como la arquitectura y el urbanismo—, y segundo, por qué, cuando la arquitectura ha tenido oportunidad de manifestarse de forma esporádica en décadas recientes, no dio frutos tan deseados como en los primeros años de Revolución y anteriores a esta.
Escuela de Danza Moderna, Ricardo Porro, 1965. (Foto: Abel Tablada)
Ello se plantea sin demeritar ejemplos siempre remarcables, tanto en nuevas edificaciones como en la restauración y renovación urbanas de los centros históricos en nuestras ciudades.
Entre las conjeturas que se pudieran analizar, debatir y/o demostrar, están los impactos que, durante el período revolucionario, produjeron en la arquitectura y el urbanismo cubanos ciertas decisiones, tendencias y formas de gobernar.
Como ejemplos, podríamos enumerar los impactos, previstos o no, que tuvieron:

la centralización y estatización de toda la sociedad, que eliminó la rica y diversa tradición de saberes y haceres, siempre en evolución, de pequeños, medianos y grandes negocios y empresas; así como de la sociedad civil cubana, a la que pertenecía el Colegio de Arquitectos; todos parte fundamental de la cultura nacional,
la aspiración de distribuir una riqueza creada durante el período Republicano en forma de inmuebles, tierras cultivables, servicios públicos e industrias, con la aplicación de medidas de corte popular como la Reforma Urbana y la desmonetización parcial de las relaciones económicas, pero sin crear bases e incentivos para su regeneración, a pesar de invertir en el desarrollo educacional de toda la población,
las respuestas a las agresiones constantes por parte del gobierno de los EE.UU., de la clase burguesa afectada por el proceso revolucionario y de parte de la emigración posterior, por la necesidad de supervivencia del estado socialista, lo que, junto a otras razones, redujo considerablemente parte de las libertades y derechos por los que lucharon los cubanos,
establecer en la política de cuadros a todos los niveles, la posición ideológica en tanto prioridad por sobre otras cualidades humanas, a saber: la inteligencia, la preparación, la experiencia y la idoneidad; y hasta por encima de principios como la honestidad,
la personalidad excepcional de Fidel, su forma de gobernar, sus prioridades con el paso del tiempo, y el impacto de esto en la actuación de subordinados y organismos decisores intermedios,
el cambio de mentalidad de gran parte de la población bajo los empujes liberadores de la Revolución, al pasar de ser servidoresde una clase pudiente y dominante a ser iguales, despojándose de la sumisión y rechazando ciertos valores por burgueses; pero, contradictoriamente, no ganando poder de decisión ante el nuevo Estado y, de cierta forma, también perdiendo el respeto o reconocimiento hacia el conciudadano, hacia la contraparte, con la instauración a todos los niveles del « ¿y quién tú eres para…?»,
y quizás la más importante, el impacto que tuvo no haber hecho cambios sistémicos cuando, además de saber que el capitalismo neoliberal no era factible para todos los seres humanos y constituía una amenaza para la supervivencia del planeta; la ciencia, las experiencias y evidencias de otros países también demostraron que el sistema socialista de corte estatista, centralizado y excluyente en varios factores tampoco funcionaba en Cuba ni para los más vulnerables, sobre todo bajo el enorme impacto del bloqueo impuesto por el gobierno de los EE.UU.

En la recién concluida asamblea de la Sociedad de Arquitectura de La Habana se plantearon importantes reclamos y posibles acciones para el gremio de arquitectos y para la ciudad. Ellos pueden ser pasos que contribuyan a detener el proceso de deterioro de las urbes cubanas en las cuatro categorías mencionadas.
El más trascendental fue el llamado a recuperar la posición de la arquitectura dentro de la cultura cubana con el fin de elevar el reconocimiento e importancia que tienen ella y el urbanismo para transformar y mejorar la vida de la sociedad.
El segundo es la pertinencia de admitir el trabajo profesional independiente y no estatal de los arquitectos e ingenieros como una de las formas de trabajo dignas y necesarias para contrarrestar las condiciones descritas en este artículo, además de que sería un potencial freno a la emigración, ya casi masiva, de jóvenes universitarios.
Y una tercera demanda, quizás generalizada en la sociedad, fue la más rápida aplicación de medidas que materialicen los discursos referidos a la liberación de las fuerzas productivas y a los vínculos entre la ciencia y los resultados productivos palpables.
Otros colegas (1, 2, 3) ya se han pronunciado al resumir tales reclamos y propuestas, y se podrían escribir nuevos artículos que abordaran también la necesidad de formación, preparación y superación constante de arquitectos y decisores urbanos.   
La ciudad, como la vieron Eusebio Leal y Mario Coyula, y como la valoramos muchos colegas, es una fuente de riqueza y no solo una carga a la que haya que ir apagando fuegos y tapando baches, como la juzgan quizás algunos directivos municipales con poco poder de decisión y presupuesto asignado.
Ejemplos de rehabilitación urbana como método más efectivo para elevar el valor estético, cultural, ambiental y económico a las ciudades cubanas. a: Paseo Cultural Narváez a la orilla del río San Juan, proyecto llevado a cabo por la Oficina del Conservador de Matanzas. (Foto: Abel Tablada) b: Calle Obispo y Mercaderes, de las primeras áreas restauradas y conservadas por la Oficina del Historiador de La Habana. (Foto: Abel Tablada)
El suelo, las edificaciones, los viales, la vegetación, son bienes a cuidar y aprovechar. Pero son igualmente una fuente de riquezas que hay que saber gestionar, aplicando conceptos de ciclos de vida sostenibles desde el punto de vista económico, social y ambiental para que perduren por generaciones. Y esos gestores deben poseer un mínimo bagaje cultural para apreciar el valor de la ciudad y percatarse de que invertir en rescatar dichos valores y modernizar su infraestructura decadente, es más provechoso a largo plazo que sembrarla de grandes hoteles anodinos y consumidores de recursos.
Las ciudades que aspiramos algunos para Cuba las debemos pensar y construir entre todos, basados en indicadores multifactoriales pero con la participación activa y con el liderazgo de los profesionales, que, además de ser el recurso más valioso de la nación, son el ejército más efectivo contra el bloqueo externo.
Y a este recurso, sensible y en franco declive, no se le debe ignorar y no se le puede maltratar por parte de las autoridades con una pregunta que es la antípoda de la emancipación que ha buscado el pueblo cubano desde los tiempos del Padre Varela: ¿Y quiénes son ustedes para criticar, para proponer, para reclamar cambios o derechos?
Pues somos cubanos y con eso basta.
***
(1) Eduardo L Rodríguez: «Arquitectura: Modo de Empleo», Artcronica, no.18, 2021, p.10.
(2) Humberto Ramírez y Universo García: «Panorama actual de la Arquitectura Cubana», Artcronica, no.19, 2021, p. 38.
(3) Universo García, Universo. Post publicado en Facebook. 

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Crónica de una operación que no fue

LA HABANA, Cuba. — Hace tres años, cuando fui a la consulta del Médico de la Familia por una hernia aparecida en mi región inguinal izquierda, me remitieron al cirujano de guardia en el Hospital Comandante Manuel Fajardo, donde fui atendido con prontitud. El especialista me ordenó los análisis y la radiografía correspondiente, para después pasar al anestesista a confirmar la operación. Ahí comenzó la odisea que aun hoy no ha terminado.
La primera dificultad encontrada en el policlínico de mi zona para hacerme las pruebas necesarias fue que no existían los reactivos para los análisis correspondientes.
Contacté con un amigo médico para que en su hospital me hicieran estos exámenes y este solicitó el permiso del director de la institución para hacerme dichas pruebas. Vencido este trámite, logré también, con cierto trabajo, hacerme la radiografía. Ya con todo resuelto, volví a ver al médico que me atendió.
Llegué a su turno de guardia para que me remitiese al anestesista. Me dijo que no podía operarme en esos días, pues había faltante de sueros fisiológicos y solamente se intervenían casos de urgencia. Su recomendación, entonces, fue que pasara a verlo dentro de 15 o 20 días para tratar de hacerme la operación.
Regresé a verlo, según su recomendación, en la fecha fijada. Sus palabras entonces fueron más que desconsoladoras: el hospital estaba cerrado por la atención a pacientes con la COVID-19.
Al abrir las consultas nuevamente en los hospitales hace  unos meses, contacté con el cirujano y este me entregó las órdenes necesarias para reactivar el proceso interrumpido. Hubo, de nuevo, dificultades con los análisis, pues me dijeron que no había jeringuillas en el laboratorio y tenía que llevar una que consiguiese por mi cuenta.
Para hacerme la radiografía,  por no existir la placa de celuloide, había que fotografiarla con la cámara del teléfono. El lugar donde se hacían las radiografías era el policlínico de 15 y 18, en El Vedado, a más de cuatro kilómetros de mi domicilio. Fui enviado al hospital a ver al anestesista. Este encontró mal hecho el electrocardiograma y la radiografía, las cuales tuve que repetir.
Finalizado todos los pasos, regresé a la consulta del especialista, quien me envió al hospital  para anotarme en la lista de casos pendientes de operación. Una vez más, volví a la consulta y el propio doctor tomó mis datos personales y número telefónico para avisarme.
Al ver que se demoraba en llamarme, fui a verlo y me dijo: “Por ahora es imposible, tengo varios casos igual al suyo, pero en estos instantes no existen los insumos en el hospital”.
Ya en estos momentos, la hernia ha crecido y bajó a los escrotos, lo cual, aparte de la molestia y algunos dolores, la hace más peligrosa por un posible estrangulamiento.
No creo necesario más explicaciones para dar a entender mi estado de ánimo. Me pregunto: ¿si algo tan simple como una operación de hernia no se puede realizar, qué pueden esperar aquellas personas con situaciones más graves?
Me viene a la mente el caso de Mailén Díaz Almaguer, la única sobreviviente del accidente aéreo de mayo de 2018, quien necesita sondas, guantes y lubricantes para poder orinar, pues quedó afectada su médula. Ante la respuesta que recibió de las autoridades de salud —que fue “no hay”—, tuvo que clamar a través de las redes sociales por la ayuda humanitaria de personas que viven en el exterior, aunque voceros del régimen, que se jactan afirmando que “Cuba es una potencia médica”, la llamen “malagradecida”.
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En marcha mantenimiento ligero en Termoeléctrica Antonio Guiteras

Desde este 27 de junio arrancó un mantenimiento ligero en la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, emplazada en la provincia de Matanzas.
Los trabajos forman parte de una parada prevista de 72 horas y permitirán ganar confiabilidad y, al propio tiempo, elevar la potencia por encima de 200 megawatts.
Román Pérez Castañeda, especialista principal del grupo de importaciones en la planta, explicó a la Agencia Cubana de Noticias (ACN) que existe incertidumbre respecto a la magnitud de los problemas que pudieran encontrar, los cuales dictarían definitivamente la profundidad de las acciones correctivas y el tiempo de duración.
El director general de la industria, Misbel Palmero Aguilar, anunció que la salida del sistema electroenergético nacional se produjo a las 2:24 de la madrugada última, cuando el bloque generaba 170 MW, cifra muy por debajo de la capacidad instalada y la real.
Con más de tres décadas de fundada, la CTE Guiteras sobresale entre sus iguales por encontrarse en la zona occidental de la Isla, donde se concentran las mayores cargas, y consumir crudo nacional por oleoducto, sin necesidad de gastos por concepto de transportación, entre otras ventajas.
En el mantenimiento ligero en curso participan más de 300 efectivos de la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE), además del personal de la propia unidad.

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