Contrapesos

Importaciones para las formas de gestión no estatales: más allá de las cifras

El 18 de julio Cubadebate publicaba la noticia de que se habían realizado ya más de 3500 contratos de importación de las formas de gestión no estatales (FGNE) y que a la vez esas formas de gestión habían logrado exportar mediante esa vía unos 10 millones de dólares, fundamentalmente en carbón vegetal, productos agrícolas y otros. Si lo comparamos con los datos ofrecidos unos meses atrás constatamos que, sin dudas, el fenómeno viene creciendo: ya en mayo se informaba que existían 1470 contratos firmados de importación y 77 de exportación.Sin dudas la medida ha tenido éxito, ha llenado una necesidad.Lo más importante de esta información es la oportunidad que ofrece para examinar y corroborar características de nuestra economía; así como las tendencias, fallas y oportunidades que rebasan el estrecho margen de las formas de propiedad, las cifras frías de las operaciones e incluso los ingresos por exportaciones. En realidad 3500 operaciones en 10 meses alcanzan a 350 operaciones mensuales y si las dividimos por 40 empresas estatales de importación- exportación, entonces estamos hablando de poco menos de nueve operaciones mensuales por empresas. Claro que tampoco es para poner metas, importar y exportar es siempre un ejercicio complejo y por las razones de hacerlo desde Cuba lo es aun más, bloqueo incluido.Lamentablemente esos datos no nos dicen cuántas operaciones de comercio exterior se realizaron para exportar esos 10 millones de dólares. Una información anterior hablaba de 77 operaciones de exportación. También en algún momento se construyó una Cartera de Productos Potencialmente Exportables; creo que a nivel de provincia o de municipios. Sería un buen ejercicio saber hoy cuántas de esas potencialidades se han hecho realidad.No obstante, primero es lo primero. Lamentablemente los datos públicos no muestran el valor de lo importado, ni su estructura por tipos de bienes de acuerdo al clasificador general, o sea, ¿son bienes de capital, bienes intermedios o bienes de consumo, lo que las FGNE han importado?Esta pregunta no se hace por gusto ni por ganas de molestar. Tiene que ver en lo fundamental con saber hasta dónde esas importaciones favorecen a aquellos ejes estratégicos que están asociados a la estrategia cubana de desarrollo. Una información más completa permitiría tomar decisiones para “incentivar” aquellas importaciones que más se acerquen a esos propósitos. Por ejemplo, ¿debemos aplicar incentivos positivos específicos a la importación de implementos y suministros agropecuarios versus hebillas para cintos de cuero? Una información más completa permitiría, por ejemplo, estimular aquellas importaciones con mayor efecto sobre asuntos estratégicos y/o urgentes.Independientemente de lo anterior, esas importaciones —sean cuales sean—, contribuyen a incrementar la oferta, uno de los mayores dolores de cabeza que hoy padecemos. Por ahí ya ganamos algo.Lo segundo, aunque también primordial, es la evidente asimetría entre la importación y la exportación. Lamentablemente aquí tampoco la información es completa. Se habla de operaciones de importación (3500) y de valor de las exportaciones (10 millones de dólares).PublicidadUsemos algún recurso para establecer la comparación. Es posible presumir que las importaciones de las FGNE alcanzan varias decenas de millones si usamos como proxi una fracción de lo que los “fenicios del Caribe” cargaban en los aviones todos los días —que algunos estimaban en mas de 1000 millones anuales— digamos que, siendo muy conservadores, hoy podría aceptarse que esas formas no estatales importen, por el mecanismo establecido, cuando menos 50 millones anuales desde que les fuera permitido hacerlo, o sea, cinco veces más que lo que se ha exportado.También es cierto que puede existir una subvaloración de las exportaciones totales. Me explico: todavía hay FGNE que producen y venden sus productos a empresas estatales, las cuales exportan. Pasa con el carbón, por ejemplo: empresas agrícolas compran el carbón a productores privados o cooperativas y son ellas las que lo “exportan”, por ahí quizás se escapan algunos millones. También hay una cuantía de potencial exportador que no se contabiliza en el sector del software, porque lamentablemente nuestros arreglos institucionales estimulan a hacerlo “by the left” con lo cual no solo se pierde la contabilidad de esos ingresos por exportaciones, sino también la posibilidad de facilitar/estimular/promover ese tipo de negocios privados que, a pesar de todo, se hacen. Puede ocurrir con otros tipos de servicios todavía incluidos en ese listado negativo, desde las agencias privadas de turismo hasta los servicios de arquitectura. ¿Gana el país algo con ello? ¿Quién pierde? La respuesta es evidente, pierde Cuba, pierde el pueblo cubano y pierde ese propósito de alcanzar aquella visión que de alguna manera todos asumimos.Pero más allá de esa contabilidad no completa, la asimetría entre lo que se importa y lo que se exporta corrobora una característica casi genética de nuestra economía: su dependencia importadora, que a la vez obedece a causas más profundas, bien conocidas, asociadas a las profundas debilidades y falta de complementariedad de nuestro sistema productivo. ¿Cuánto de lo que las FGNE importan podría producirse en Cuba? ¿Cuántas oportunidades desaprovechadas para el sistema empresarial cubano —todo él, no sólo el estatal— descubriríamos? No es fácil. Lo cierto es que exportar es un fenómeno complejo; requiere de muchos poquitos y de un marco regulatorio que incentive esa actividad, que sea proactivo, muy proactivo. Durante mucho tiempo las empresas estatales no lo tuvieron y solo ahora se intenta construirlo. No es posible comparar, sin embargo, el esfuerzo que debe hacer una FGNE (algunas de ellas futuras PyMES) con el que tiene que hacer una empresa estatal.Insertarse en el comercio exterior es mucho más complejo que simplemente poner en marcha la estrategia de exportar. Se trata de un desafío y a la vez un riesgo, pues este proceso requiere continuidad de largo plazo pero implica oportunidades de crecimiento y lograr estructurar una empresa competitiva también en el mercado doméstico. Pensar en exportar es una alternativa que no es inmediata, demanda tiempo, conocimiento, planeamiento, inversiones (acceso a recursos), estructura y capacidades humanas especializadas para su realización. No se trata simplemente de captar ventajas emanadas de una crisis de demanda interna que venga acompañada por devaluación de la moneda doméstica.Crearles un ecosistema adecuado es importante, de la misma forma que los es lograr “un entramado de empresas e instituciones que interactúen virtuosamente”. Esta es una asignatura pendiente aun en nuestro país, para las PyMES y para las que no lo son.Acceso automático a crédito para la exportación contra presentación de contrato para exportar, seguro a la exportación por default y bonificaciones fiscales en dependencia del tipo de productos y del valor de las exportaciones es algo que aun no se logra, ni siquiera para las grandes empresas estatales. Es cierto que con el crédito a la exportación pasa lo mismo que con el anunciado Banco de Fomento Agropecuario: faltan recursos y capacidad financiera doméstica para poder concretarlo; sin embargo, es hora de innovar. Existen incluso en Cuba hoy, entidades financieras que han propuesto programas para el apoyo a las empresas exportadoras y que no se aprovechan plenamente, o por desconocimiento de las empresas o por regulaciones hace ya mucho tiempo arcaicas.Faltaría además —en especial para cuando las PyMES por fin vean la luz— un servicio de asesoría / consultoría que, a escala de sus territorios, las ayude a elaborar sus estrategias de exportaciones y a concretarlas, a vencer cada obstáculo, a saltar cada una de esas “piedras” con las que hemos chocado ya tantas veces. Creo que será más una tarea de los gobiernos locales armar esos equipos en forma de alianzas público-privadas.No obstante, lo que a mi juicio resulta relevante es que se ha abierto un camino. Se ha iniciado un proceso de aprendizaje que no debería durar mucho y que en algún momento debería encontrarse algún indicador para medir la eficiencia de la gestión de esas empresas estatales cuya razón de ser es facilitar y promover estas operaciones. Por ejemplo: el tiempo promedio que le demora a un empresario concretar sus importaciones desde que llena sus documentos hasta que recibe el producto.En resumen, en el ámbito de las FGNE se repiten características, fallas, trabas, piedras, obstáculos que ya se padecían en el sistema empresarial estatal:Estructura ampliamente favorable a las importaciones.Incentivos fiscales débiles y homogéneos.Ausencia de instrumentos tales como crédito a la exportación y seguro a la exportación, que reducirían el riesgo y la incertidumbre.Ausencia de competencias adecuadas y de personas competentes para conducirlas con éxito.Poco conocimiento de los mercados externos por tipo de productos o servicios.Alta segmentación del aparato productivo.Permanencia de prejuicios y trabas burocráticas.Débil cultura de riesgo.Débiles servicios de asesoría/consultoría.Ausencia de información pública adecuada y sistemática que permita tomar / anticipar medidas correctoras y promotoras que sean eficaces.Tratamiento indiscriminado a las operaciones import- export.Escasa propaganda/promoción/publicidad.Acortar esos aprendizajes, evitar los experimentos perpetuos, eliminar el corporativismo organizacional, reducir los tiempos. De eso se trata, porque el tiempo cuesta, la demora se paga y la oportunidad se pierde.

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Nuevas medidas para viejos problemas

En una Mesa Redonda especial el gobierno cubano anunció un grupo de nuevas medidas. Me referiré a aquellas que tienen que ver en lo fundamental con la estrategia económica aprobada. La misma estrategia que ha sido varias veces actualizada para atemperarla a las cambiantes circunstancias que han caracterizado al mundo y a la economía cubana desde su aprobación hace ya casi dos años.Sin dudas y por diversas razones el contexto es muy diferente al de hace apenas un mes. El crecimiento desproporcionado de las contagios por COVID-19 y sus fatales consecuencias en términos humanos, el sobregasto que ello ha significado, la utilización cínica de la administración Biden de la herencia Trump en materia de política contra Cuba, la creciente insatisfacción de la población, para nada subjetiva, el cerco mediático, los dolorosos hechos ocurridos este pasado fin de semana, el sórdido reclamo a la intervención foránea, todos ellos hacen que el contexto sea diferente y la urgencia alcance otra dimensión.Es en este contexto que el gobierno cubano anunció un grupo de medidas, algunas dirigidas a aliviar la escasez, otras a proveer de mejores condiciones de gestión a la Empresa Estatal, y a informar por donde anda el proceso de construcción del entorno regulatorio para las PyMES en general.“Autorizar excepcionalmente y con carácter temporal la importación vía pasajero con equipaje acompañante, alimento, aseo y medicamentos sin límite de valor de importación y libre de pago de aranceles hasta el 31 de diciembre de 2021. Los límites los pone la aerolínea”.La eliminación temporal de las restricciones para la importación de medicamentos, productos alimenticios y artículos de aseo puede aliviar el déficit de oferta, sin dudas. No dispongo de datos actualizados para poder hacer una estimación del impacto positivo de dicha medida sobre la oferta total, pero cualquiera sea este, será bienvenido.No obstante, es bueno entender que el número de vuelos internacionales se ha reducido sustancialmente desde que comenzara la pandemia. De volar a prácticamente todos los aeropuertos internacionales del país, de tener varias decenas de vuelos diarios, hoy sólo quedan tres líneas aéreas estadounidenses operando en el país, todas obligadas por la administración Trump a utilizar únicamente el aeropuerto de la Habana.  Hoy American Airlines, Jet Blue y Southwest sólo pueden utilizar este aeropuerto, y debido a las restricciones de la pandemia han visto reducido el número de vuelos a uno semanal. Es cierto que emigrantes cubanos hay en todos los países, pero también lo es que más del 85% de toda la emigración se concentra en Estados Unidos. De esta suerte, hay una restricción sobre la cual poco podemos hacer que limita el potencial beneficioso de la medida.También debería permitirse que aquellos negocios privados que venden artículos varios pudieran vender de forma abierta estos productos. De todas formas va a ocurrir, ya sea a través de la avanzada tecnología del susurro, a través de grupos de Whatsapp o usando palomas mensajeras. Es preferible que sea abierto y transparente a que ocurra de esa otra forma que genera ese otro mercado negro/gris/alegal que, entre otras cosas, permite la evasión impositiva y multiplica los precios. Una vez, creo que en esta misma columna defendí la existencia de las “quincallas”, siempre que fueran legales y hoy las vuelvo a defender. Legalizarlas no debe demorar tanto como otras regulaciones y así evitamos el asedio de los inspectores y la corrupción que le acompaña.Pero no todo esta perdido. Otro canal para incrementar la oferta por esta vía, sería extender esas excepciones temporales al envío de paquetería, incluso sería más barato para las familias cubanas y establecer un canal especial de pronta entrega para los envíos consistentes en medicinas, alimentos y artículos de aseo y limpieza. Estoy seguro que es posible hacerlo y la relación costo/beneficio será muy favorable, tanto en lo económico como en lo social.El bloqueo poco podrá contra esta medida, excepto que la Administración Trump, perdón, Biden, se empeñe en lo contrario de forma abierta y de haga más evidente aun su cinismo. Cierto que esta tampoco es LA MEDIDA que resolverá la RESTRICCIÓN DE OFERTA, pero ayudará a reducirla, sin lugar a dudas. Eso sí, hagámoslo como es y no a medias.PublicidadLa empresa estatal y su fondo de salarioNo es esta la primera vez que una idea así se maneja. No hacía falta la unificación cambiaria y monetaria para hacerla. Pero tampoco vale la pena deshacer el camino y preguntarse por qué no se hizo antes. Lo cierto es que debe proveer a los empresarios de mejores condiciones para manejar su empresa. Sin embargo, se debería fijar una tarifa mínima horaria; es algo que no debe quedar a la discreción de la administración de cada empresa. Incluso existe una regulación así sobre el salario para el sector cuentapropista. Pues bien, usemos esa y así vamos nivelando las reglas de juego. También los sindicatos deberán jugar un papel más activo, pues aparecerán contradicciones que tendrán que ser resueltas vía negociación.“(…) remover la empresa estatal socialista (…) un fondo de salario aprobado y tenga la autonomía de distribuir ese fondo en correspondencia con las diferentes plazas (…) Es una transformación audaz.Sin dudas será un proceso de aprendizaje, sin dudas habrá que preparar a los empresarios, sin dudas habrá que escoger empresas para empezar con éxito, pero no repitamos la fórmula del experimento perpetuo que tanto nos ha retrasado. Una parte de ese aprendizaje será por el método de aprender haciendo, porque no hay manera de reproducir en un seminario todas las complejidades que genera la conducción de una empresa en un ambiente de negocios tan poco estándar como el que tiene nuestro país. ¿Acaso cuántos se dieron para emprender el “ordenamiento”?Un viejo empresario, muy buen amigo, además, me dijo una vez hace varios años ¿Y cómo quieren que exporte si nunca me han dejado hacerlo?Las PyMEs estatalesSiempre han existido de facto pequeñas y medianas empresas estatales. ¿Qué es sino una UEB con 30 trabajadores? ¿O un “establecimiento” con cinco?Es verdad también que si fuéramos consecuentes y aplicáramos la definición de medios de producción fundamentales que aparece en la conceptualización, muchas de esas futuras PyMEs estatales no tendrían porque seguir siendo estatales, pero también es cierto que la resistencia no creativa puede mucho, incluso en contra de la eficiencia y de la productividad, que es como ir en contra del país.Lo relevante, la intención de separar la propiedad de la gestión es, sin dudas, el término medio. Aquí también habrá que aprender, pero igual que en el caso anterior, distribuyamos la carga de aprendizaje entre los cursos y la práctica del aprender haciendo. Ojalá llegue rápido el cambio, porque la demora cuesta.¿Quiénes serán los dueños? “(…) las unidades presupuestadas, empresas u Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial y también centros científicos y universidades que puedan actuar como socios o dueños de micro, pequeñas y medianas empresas estatales (…)” Hará falta un buen catalejo para hacer una muy buena selección y encontrar algunas que sean buenas representando al dueño, que es todo el pueblo de Cuba. Que se haya avanzado en el sistema de normas que regularán el funcionamiento de todas las PyMES es una muy buena noticia. Que resulta un trabajo arduo parece indudable:(…) seis decretos leyes, un decreto y 16 resoluciones de ocho organismos.Las PyMES deben renacer (existieron antes, allá por la década del 60) en un entorno muy difícil, el más difícil que haya existido en Cuba desde que fueran desaparecidas hace varias décadas. Ha sido este un parto con dolor y con fórceps, inexplicablemente demorado. Pudimos lograr dos candidatos vacunales en apenas la sexta parte del tiempo requerido y en franca lucha contra el bloqueo estadounidense, pero el parto PyMEs ha demorado más de 10 años desde que fuera anunciada la gestación.¿En esa consulta a todos los organismos, defenderán ellos los intereses del país o los propios? Que conste que no es una conjetura sin fundamento en hechos, la resistencia destructiva que se atrinchera en esos proceso iterativos de consulta ha cosechado mas de un éxito. Qué decir de lo que nos ha ocurrido en nuestra agricultura.Ese marco regulatorio debería responder positivamente al menos a estas tres preguntas:¿Permite el marco regulatorio un proceso ágil de creación que no demore mas de 30 días?¿Garantiza la reducción al mínimo de la incertidumbre?¿Facilita la relación con el resto de las actores económicos con el mínimo costo de transacción posible?Las respuestas no deberían ser ni tal vez, ni quizás, ni vamos a ver. En esta caso deben ser binarias, o lo facilita o lo entorpece y si lo entorpece entonces es mejor cambiarlo antes de que se apruebe y divulgue porque garantizar en todo lo posible un buen ambiente de negocios es crucial para que estas pequeñas y futuras recién nacidas criaturas crezcan saludables, y aporten lo que deben a nuestra economía. De este modo, los cubanos no tendrán que buscar fuera de Cuba lo que pueden alcanzar adentro gracias a su ingenio, a su voluntad y a la instrucción que la Revolución Cubana ha garantizado para todos por igual.

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Las quinientas y los dueños

Que existan 500 empresas en pérdidas no es para nada noticia; podría decirse que es parte del comportamiento “normal” de cualquier economía; algo que, además, acompaña al mundo empresarial prácticamente desde sus inicios. Junto a aquellas empresas que perduran están las que no lo logran.En economías “normales”, donde el tejido empresarial es abundante, complementario, complejo, nutrido; donde crear una empresa puede demorar apenas unos días o, incluso, unas horas, donde la variedad de empresas de acuerdo a sus propietarios recorre una amplía gama de dimensiones empresariales, donde todos los días nacen y mueren centenares de pequeñas y medianas empresas; en esas economías, que existan 500 empresas en pérdida para nada sería noticia. En las dinámicas de dichas economías, la manera en que el problema de la pérdida es resuelto puede ir desde la reducción de costo —que casi siempre empieza en la reducción de personal— hasta operaciones de venta de empresas, fusiones, adquisiciones, etc., pasando por créditos —que siempre serán onerosos—, hasta la quiebra definitiva de la empresa. Una parte de todo ese proceso corresponde a lo que el economista Joseph Schumpeter llamó destrucción creativa, proceso que en parte abre paso al surgimiento de otras nuevas empresas.No obstante, tener 500 empresas en pérdidas en un país como Cuba, cuyo tejido empresarial nada tiene que ver con el descrito antes, es, sin dudas, otro asunto, en especial cuando el mundo empresarial cubano formalmente está constituido solo por empresas 100% estatales, y algunas otras mixtas. Ni las cooperativas ni los trabajadores por cuenta propia califican hoy como empresas, aunque realmente funcionen como tal.En realidad, en la historia empresarial de Cuba de los últimos 60 años, la existencia de empresas con pérdidas ha sido un hecho común, cotidiano, lamentablemente consustancial al sistema empresarial estatal y a la forma en que este ha funcionado. De hecho, una parte del déficit fiscal del país durante mucho tiempo fue alimentado por las transferencias del presupuesto del Estado al sistema empresarial para cubrir esas pérdidas y permitir así la supervivencia de “empresas” que no eran capaces de producir riqueza y se alimentaban de la que otros producían, parasitando el desempeño económico global, perjudicando a aquellos que sí laboran eficientemente y generando incentivos muy negativos, tanto tangibles como intangibles.Faltó —y aun falta— en el funcionamiento del sistema empresarial estatal cubano el mecanismo de “depuración” que debería impedir de forma natural que la ineficiencia prolifere y viva a expensas de la eficiencia. Es cierto que ese mecanismo genera personas sin empleo y un costo social indeseado, pero también lo es que aquella otra práctica que las “salva” a todo costo, genera una economía sin sustento real. Vaya paradoja. Los árboles y el bosque; el bosque o los árboles.Se ha anunciado, sin embargo, que aquellas empresas que reiteradamente incurran en pérdidas, ya sea provocadas, o no, por la Tarea Ordenamiento serán extinguidas/diluidas; proceso que según conozco no se ha descrito públicamente aún.Parece que las cosas cambiarán y que ese universo empresarial se enriquecerá con la presencia de Pequeñas y Medianas empresas (MPyMEs), Trabajadores por Cuenta Propia (TCP) y Cooperativas en una cantidad difícil de estimar. Cualquier aproximación seguro quedaría lejos de la realidad —o por exceso o por defecto— en tanto la experiencia es inédita y mucho dependerá de la confianza que generen las normas que las acompañen, y de cuánto podrá la economía sobreponerse a la situación que enfrenta hoy. No obstante, podemos hacer una estimación simple, de esas “de bodeguero”, a pura aritmética y sin ningún supuesto, más allá de aquel que se corrobora todos los días, la estimación de la existencia de sujetos que, aun ante las peores condiciones, son capaces de identificar oportunidades.Usemos los siguientes números: en el año 2019 existían en Cuba 617.000 TCPs, según el Anuario Estadístico de Cuba.  Si se asume que el 5 % de todos esos TCP desean convertir su negocio en una MPyME entonces tendríamos unas 30.000 aspirantes a empresas; si de esos 30.000 solo el 10% lo consigue, entonces tendríamos en nuestro país 3000 nuevas empresas, con todos los derechos que una estructura de su tipo debe tener en Cuba; si de esos 3000 asumimos que el 10 % aspira o puede tener algún tipo de negocio con capital extranjero —algo que ya en la Mesa Redonda se ha planteado como posibilidad futura, pero que ya en la política y en la norma para los Proyectos de Desarrollo Local existe—, entonces tendríamos unas 300 empresas en algún tipo de Asociación Económica Internacional.PublicidadVolvamos a los números. En julio del 2020 existían en Cuba 1782 empresas estatales, 422 Cooperativas no Agropecuarias (CnA), 1519 Unidades Básicas de Producción (UBPC), 876 Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y 2464 Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), además de 2242 unidades presupuestadas. La existencia de esas nuevas 3000 empresas (son empresas, no Unidades Empresariales de Base) más que duplicarían la cantidad de empresas estatales existentes hoy en nuestro país, y esas otras 600 posibles empresas bajo alguna forma de Asociación Económica Internacional (AEI) resulta ser algún múltiplo de las empresas mixtas (no contratos de administración hotelera) que existen en Cuba hoy. No será así desde el inicio, es probable que la cantidad de MPyMEs sea de hecho menor, pero sin dudas estas modalidades llegarán a ser significativas.Si este panorama se realiza, podremos llegar a tener un universo empresarial más nutrido y diverso, como debería ser. Si se aspira a que todos los “actores económicos” funcionen bajo las mismas reglas de juego —y no debe ser de otra forma—, si resulta necesario incentivar la competencia entre todos los “actores”, entonces deberá esperarse que todos los años un número de empresas “abandone” el juego, que una parte de ellas acabe en ese proceso de “destrucción creativa” tan necesario para la economía y que las otras dejen de ser empresas, porque la salud del bosque depende de ello. Una ley de quiebras que facilite sanear el bosque sin destruir la semilla será muy necesaria. ¿La tendremos?Pero también será necesario y consustancial a ese eje estratégico primero de “Gobierno eficaz y socialista e integración social” que los “dueños” conozcamos cuáles son esas empresas que están en pérdidas, las que nos pertenecen a todos. De las otras, de las que no son del pueblo, que se ocupen sus gestores. No basta con decir que un número determinado de empresas es propiedad de todo el pueblo. Los dueños necesitamos saber, quizás cada seis meses, quizás cada un año, cuáles son —de todas sus empresas, de esas 1700 y tantas— las que no logran cumplir con el mandato más importante: producir riqueza para todo el pueblo.La norma de más alto rango debería estipular que el gobierno estuviera obligado a presentar ese listado; de la misma forma, para cumplir con el numeral 50 que aparece en el documento de los ejes estratégicos (pág. 19) y que declara: “Teniendo en cuenta la estructura económica heterogénea de la sociedad, se debe asegurar un marco institucional adecuado, claro y predecible que permita la mejor combinación de los intereses y acciones de los individuos, colectivos laborales y organizaciones empresariales con los intereses de la sociedad (…)”.Deberíamos, los “dueños”, tener también acceso a un reporte mínimo de nuestras empresas, de las que nos pertenecen, no un gran reporte, no el más complejo de todos los reportes, sino uno pequeño donde aparezcan los indicadores más significativos; cuánto produjo la empresa, cuánto ganó, cuánto perdió, cómo van sus principales inversiones, cuánto empleo generó, cuánto salarió pagó, cuánto dedicó a Investigación y Desarrollo (I+D) de sus utilidades, cuánto ganan sus directivos y las previsiones sobre el futuro de cada una de ellas. Hoy, momento en que prácticamente la mayoría de los cubanos tenemos acceso a internet, tener un sitio así, donde nosotros, los “dueños”, podamos fácilmente acceder a cómo se desempeñaron nuestras empresas, sería saludable para concretar ese eje estratégico, pues la participación de todos es fundamental y sin información adecuada no es posible hacerlo de forma efectiva.¿No es acaso parte de nuestros derechos como “dueños”?

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¡Bienvenido el dólar plástico!

Disponer de divisas es una necesidad en ascenso de la economía nacional, entre otras cosas, porque la debilidad de su sistema productivo la ha hecho crecientemente dependiente de las importaciones.
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