HAVANA CLIMA

latifundio

Cuba 1952-2022: del latifundio al minifundio usufructuario (II)

 LAS TUNAS, Cuba. — “Si usted va a pedir tierras en usufructo, a usted le van a preguntar, `¿tienes bueyes, tractor, arado, dinero para invertir en la tierra que está solicitando?´, y si usted dice que no, que no tiene ni bueyes ni tractor ni arado ni dinero, ¡olvídese de pedir tierra!, que cuando se muera el Estado le va a prestar la tierra del cementerio por dos años y un día, hasta que saquen sus huesos para que otro muerto ocupe su lugar, así funciona la entrega de tierras ociosas en Cuba”, dijo un campesino a otro, interesado en cultivar tierras que el Estado mantiene improductivas.
Los decretos “de la tierra” del general Raúl Castro se propusieron, infructuosamente, abastecer el país con productos agropecuarios nacionales poniendo en movimiento, mediante concesiones en usufructo, miles de hectáreas de terrenos que permanecían ociosas, expropiadas mediante las leyes de “reforma agraria” de Fidel Castro, que entre 1959 y 1963 desposeyeron a sus propietarios de más siete millones de hectáreas, el 71% de toda la superficie agropecuaria de Cuba.
El 17 de mayo de 1959 fue promulgada la llamada “Primera Ley de Reforma Agraria”, que, según su tercer enunciado, estaba dirigida a conseguir dos metas principales: “a) Facilitar el surgimiento y extensión de nuevos cultivos que provean a la industria nacional de materias primas y que satisfagan las necesidades del consumo alimenticio, consoliden y amplíen los renglones de producción agrícola con destino a la exportación, fuente de divisas para las necesarias importaciones; y, b) elevar a la vez la capacidad de consumo de la población mediante el aumento progresivo del nivel de vida de los habitantes de las zonas rurales, lo que contribuirá, al extender el mercado interior, a la creación de industrias que resultan poco rentables en un mercado reducido y a consolidar otros renglones productivos, restringidos por la misma causa”.
A 63 años de promulgarse la llamada “Primera Ley de Reforma Agraria”, todavía sus dos “metas principales” todavía están por cumplirse. Expropiado el latifundio particular y el empresarial para convertirlo en latifundio estatal, en Cuba, después de 1959 y hasta el día de hoy, no han existido producciones que “satisfagan las necesidades del consumo alimenticio” de los cubanos (como es el caso de la leche, la carne y los granos), mucho menos que “consoliden y amplíen los renglones de producción agrícola con destino a la exportación” como fuente de divisas para las importaciones.
Tengamos en cuenta que Cuba pasó de ser el primer productor y exportador de azúcar de caña ha convertirse en importador de azúcar. Respecto a “elevar la capacidad de consumo” de la población mediante el “aumento progresivo del nivel de vida de los habitantes de las zonas rurales” habría que decir que si en 1958 la población rural cubana ascendía al 58% —según fuentes oficiales—, ya en 1990 los habitantes del campo habían disminuido al 25%, cifra que hoy debe ser menor, atendiendo a que en muchos asentamientos rurales sus pobladores carecen hasta de agua potable para tomar y deben bañarse en charcas insalubres.
Pero si en 1959 la legislación agraria dijo sustentarse en intereses socioeconómicos y todavía fue lícito poseer hasta 30 caballerías (402,6 hectáreas) de tierra, y como excepción hasta 100 caballerías (1 342 hectáreas), en el caso de propiedades dedicadas a cañaverales con rendimientos superiores en 50% sobre el promedio nacional, fincas ganaderas atendiendo a la raza, natalidad, sistemas de alimentación y productividad del rebaño, arroceras con promedio superior al 50% del promedio nacional y tierras de cultivos varios, la llamada “Segunda Ley de Reforma Agraria” del 3 de octubre de 1963 fue concebida, estrictamente, con un fin político: expropiar las tierras de las personas opositoras del régimen castrocomunista.
En su primer Por Cuanto, la Segunda Ley de Reforma Agraria expresó: “Existen fincas mayores de sesenta y siete hectáreas y diez áreas (cinco caballerías) que propietarios o poseedores burgueses retienen en sus manos en detrimento de los intereses del pueblo trabajador, bien obstruccionando la producción de alimentos para la población, especulando con los productos o utilizando con fines antisociales y contrarrevolucionarios los elevados ingresos que obtienen de la explotación del trabajo”. La ley también afirmaba: “La existencia de esa burguesía rural es incompatible con los intereses y fines de la Revolución Socialista”. Basada en esos preceptos la ley decretó en su artículo 1: “Se dispone la nacionalización, y por consiguiente la adjudicación al Estado Cubano de todas las fincas rústicas con una extensión superior a sesenta y siete hectáreas y diez áreas (cinco caballerías) de tierra”.
De esa forma, con dos firmas, una en mayo de 1959 y otra en octubre de 1963, teniendo a Fidel Castro como presidente del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), primer ministro y jefe del único partido político permitido (el comunista), el “Estado Cubano” se convirtió en el mayor latifundista que jamás tuviera América.
Justo es decir que mientras fue subsidiado o disfrutó de precios preferenciales pagados por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los países comunistas de Europa Oriental, el latifundio del “Estado Cubano” produjo aceptablemente bien. En 1966 tuvo un rebaño de seis millones 774 mil cabezas de ganado vacuno. Aunque en ese momento Cuba ya no exhibía las 0,92 cabezas de ganado por habitante, como en 1958, sí llegó a 0,84 por cubano. En 1970, aunque el esfuerzo colosal que movilizó a toda la nación no consiguió la meta de diez millones de toneladas de azúcar, sí produjo poco más de ocho millones de toneladas.
Pero desaparecidos los subsidios y los pagos preferenciales junto con la extinta URSS y los países comunistas de Europa Oriental, el latifundio del “Estado Cubano” dejó de producir aceptablemente bien para apenas producir algunos bienes agropecuarios a precios incosteables. Así fueron desmantelados los centrales azucareros, así los cañaverales se transformaron en maniguas espinosas y los potreros en sotos sin ganado. El inmenso latifundio del “Estado Cubano” se transformó en minifundio usufructuario de quienes tienen bueyes, tractores, arados o dinero para invertir en la tierra que no es de ellos, sino del Estado, y en la que no pueden vender el ganado, la leche, el tabaco o el café por sí mismos, sino a través del Estado. Esa falta de libertad civil y empresarial hace que el productor no se sienta dueño, sino esclavo en el latifundio que sigue siendo Cuba.
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Cuba 1952-2022: del latifundio al minifundio usufructuario (I)

LAS TUNAS, Cuba. — “Cañaverales de la compañía (The Cuban American Sugar Mills) era todo esto por aquí. La vista se perdía en los cañaverales que pasaron a ser granjas del pueblo, después pasó a ser un distrito cañero, pero allá por el año ochenta y pico lo hicieron cultivos varios, plátano fruta con riego microjet había aquí, oiga, esto era un jardín, hasta Raúl Castro estuvo aquí, pero con el período especial (crisis de los años 90) se jorobó todo. Y mire esto, un latifundio partido en pedacitos que la gente por mucho que quiera no logra enderezar, no porque no quieran, sino porque no pueden”, me dijo un anciano, en otro tiempo agricultor, señalando, no lejos de la ciudad de Puerto Padre, cientos de hectáreas de tierra ociosas o deficientemente cultivadas a las que llamó un “latifundio partido en pedacitos”.
“Latifundio, (del latín latifundium) gran finca territorial de la Italia antigua. Pl. latifundia. Nombre que suele darse a las inmensas fincas rústicas que poseen algunos propietarios”, conceptúa el diccionario Larousse respecto a la palabra latifundio, no pocas veces estigmatizada, al extremo del vocablo latifundista tener connotación criminal, siendo este el caso de Cuba, donde, ciertamente, ocurrieron delitos en el contexto de la posesión y explotación de las “inmensas fincas”, lo que llevó a legisladores cubanos, ya en los años 40 del siglo pasado, a pronunciarse respecto a la legitimidad del tamaño de la propiedad rural.
Pero como en modo alguno toda la gran propiedad rural puede generalizarse hasta el punto de asociarla con el delito, la ociosidad o la improductividad agropecuaria, es propósito de estos artículos mostrar como durante 70 años, en Cuba (de 1952 a 2022), el latifundio privado o empresarial capitalista transitó al latifundio estatal socialista, y, de este, al minifundio usufructuario particular o cooperativo, que es hoy, con base en la llamada “propiedad socialista de todo el pueblo”, la forma de posesión de la tierra en Cuba y que por mandato constitucional “no puede tramitarse en propiedad a personas naturales o jurídicas”.
La conquista de Cuba fue llevada a cabo por Diego Velázquez entre 1511 y 1514 con la fundación de las primeras villas y el reparto de tierras llamadas mercedes. Es precisamente en el testamento del gobernador Velázquez, fallecido el 12 de junio de 1524 y redactado pocos días antes, donde aparece un escrito de dominio de lo que hoy consideramos un latifundio. Velázquez declaró que poseía en Cuba 19 estancias, hatos y conucos con más de 200 000 montones de yuca, considerables cantidades de maíz y boniato, más de 1 000 reses, 3 000 cerdos, centenares de cabezas de ganado lanar, caballar y aves domésticas, así como el gasto de 40 000 pesos oro vinculado con la expedición para la conquista de México.
Si ya para 1550 la ganadería se había convertido en la principal riqueza de Cuba, no es hasta 1595 que en las márgenes del río La Chorrera (hoy Almendares) se produce el nacimiento de la industria azucarera. La caña de azúcar había sido introducida en la Isla en 1516, pero, según datos de 1952, en Cuba los latifundios ganaderos y cañeros poseían respectivamente 4,0 y 2,8 millones de hectáreas. Respecto al latifundio, el artículo 90 de la Constitución de 1940, vigente en Cuba hasta febrero de 1959, cuando fue reformada llamándola “Ley fundamental”, expresa: “Se proscribe el latifundio y a los efectos de su desaparición, la ley señalará el máximo de extensión de la propiedad que cada persona o entidad pueda poseer para cada tipo de explotación a que se dedique la tierra, tomando en cuenta las respectivas peculiaridades”.
El enunciado del citado artículo 90 concluía expresando: “La ley limitará restrictivamente la adquisición y posesión de la tierra por personas y compañías extranjeras y adoptará medidas que tiendan a revertir la tierra al cubano”.
Respecto al postulado constitucional de limitar la posesión de la tierra y concerniente al ganado vacuno, coligiendo los datos de las Memorias del Censo Ganadero de 1952, de ser limitada la propiedad pecuaria, digamos a 500 hectáreas con una carga de 250 reses (dos cabezas por hectárea), sólo el 2,5% de los propietarios, que eran 2 515, hubieran sido afectados al poseer haciendas de más de 500 hectáreas (37,25 caballerías). El 97, 5% de las fincas ganaderas, que eran 98 450, poseían desde una y hasta 500 hectáreas, y, en esa época, en Cuba el rebaño de ganado vacuno ascendía a seis millones de cabezas (una res por habitante).
El 5 de marzo de 1902, mediante la Orden no. 62, el gobierno interventor de Estados Unidos dispuso el deslinde de hatos y corrales, formas de propiedad que databan de los inicios de la colonización de Cuba por España en 1511; el deslinde de hatos y corrales propició la inversión extranjera, fundamentalmente estadounidense en la economía agropecuaria cubana.
Pero si por el empobrecimiento de los cubanos luego de 30 años de guerra (1868-1898), el capital extranjero a partir de 1902 había alcanzado supremacía, haciendo que la Constitución de 1940 postulara: “La ley limitará restrictivamente la adquisición y posesión de la tierra por personas y compañías extranjeras y adoptará medidas que tiendan a revertir la tierra al cubano”, ya en 1952 la propiedad rural comenzó a equipararse. Si tomamos como ejemplo el cultivo de la caña de azúcar, que fuera nuestra producción agroindustrial insigne, vemos que, de los 2,4 millones de hectáreas dedicadas a cañaverales, 1,2 millones estaban en manos de capital cubano, que poseía 88 empresas y 125 centrales azucareros, mientras los estadounidenses tenían 13 empresas y 36 centrales azucareros en producción.
En el próximo artículo veremos como si encontrándose en desarrollo el precepto del artículo 90 de la Constitución de 1940, Cuba fue el primer productor de azúcar de caña en el mundo y se autoabasteció de leche y carne vacuna, hoy, esos productos son inaccesibles para los cubanos, y cómo por raíz política, el latifundio privado o empresarial, tanto el estadounidense como el cubano, fue expropiado para convertirse en latifundio de Estado y en minifundio cuasi feudal.
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