HAVANA CLIMA

Kiki Álvarez

Kiki Álvarez: La precariedad de mis películas es una elección

La carrera de Kiki Álvarez comenzó en Sed (1991) y a fines del presente año estrenará Bajo un sol poderoso.
Foto: Cortesía del entrevistado.

Enrique Kiki Álvarez (1961) ha logrado una obra sólida e identificable. La austeridad narrativa y expresiva que distingue a sus filmes, desde Sed (1991), considerada el reinicio del cine independiente y experimental en Cuba, hasta Bajo un sol poderoso, aún sin estrenar, tienen que ver —según él mismo asegura— con sus gustos culturales y existenciales.
En 1995 realizó La ola, su primer largometraje, definida por el crítico Joel del Río como “una de las manifestaciones más acabadas del cine vanguardista en Cuba”. Similares temas: la identidad, la cultura, el sujeto frente a la historia, las relaciones socio-afectivas, pueden rastrearse en Marina, Jirafas, Venecia, Sharing Stella y La caja negra, estrenada el pasado noviembre.
Su trabajo se ha enrumbado hacia la escritura de guiones, la actuación, la crítica, la televisión, la dirección teatral y además la enseñanza. Licenciado en Arte en la Universidad de La Habana, Álvarez es Jefe de Cátedra de Dirección en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (Eictv) de San Antonio de los Baños.
“En la práctica docente de la Eictv hay un principio horizontal e interactivo de enseñar aprendiendo, de compartir saberes, que da mucha energía y estimula la creación”, dice.
Su más reciente filme Bajo un sol poderoso fue beneficiado en 2020 en la categoría de Postproducción, por el Fondo de Fomento para el Cine Cubano, y debe estrenarse a finales de año.
Un abanderado por la Ley de Cine
Erian Peña Pupo (EPP): Usted pertenece al grupo que pidió con ahínco, en diversos diálogos, una Ley de Cine en Cuba. El Decreto Ley No. 373 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente, de 2019, es lo más cercano a esta Ley que se ha concretado. ¿En qué medida una Ley de Cine puede o debe superar este Decreto?
Kiki Álvarez (KA): Entre el 2013 y el 2015, trabajé junto a un grupo de creadores en la organización de las Asambleas Abiertas de Cineastas y en los análisis y formulaciones de las demandas que allí se pidieron para revitalizar y reordenar la creación y la producción de cine en Cuba, y las relaciones entre los cineastas y el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (Icaic).
El tema de La caja negra (2021) “no es la Revolución Cubana sino la lectura que cada uno hace de ella”.
No fue un proceso fácil. Hubo mucha resistencia institucional para reconocer el diseño de participación que creamos. El Decreto Ley y el Fondo son hijos del espíritu y las demandas de aquellas asambleas y de la disposición del Icaic y de un grupo de cineastas a trabajar juntos.
Ellos no suplen a una Ley de Cine, pero generan una praxis creativa y productiva que viabiliza su legislación. Se trata de naturalizar y legalizar la actividad creativa y económica que requiere el cine cubano para desarrollarse. La Ley debe completar la revitalización de las salas y los circuitos de distribución, y una protección para el cine nacional. Sin un ciclo de producción, distribución y consumo no se puede crecer.
EPP: Bajo un sol poderoso fue beneficiado por el Fondo de Fomento. ¿Cómo ha sido su experiencia con este y la Oficina de Atención a la Producción?
KA: El Fondo funciona para impulsar y viabilizar las relaciones creativas y productivas de los cineastas y los colectivos de producción independientes. Opera a través de convocatorias y concurso de proyectos, y ha logrado un clima de participación democrático y horizontal para los cineastas que concurren a él.
Es un trabajo arduo y supone la responsabilidad de materializar el fomento que el conjunto de la sociedad cubana hace al desarrollo de su cinematografía. Hasta hoy se financia con un aporte del presupuesto estatal; pero en su desarrollo y maduración deberá llegar a financiarse con otros aportes empresariales y con las ganancias que su actividad genere. Para lograr esto se necesita la revitalización de un entramado de empresas culturales que generen su propia sostenibilidad.
Bajo un sol poderoso está terminada y en este momento estamos buscando un estreno mundial que le permita iniciar un recorrido por festivales. En Cuba se proyectará hacia finales de año.
Según el propio cineasta, su cine “forma parte de un diálogo complejo con el país que fuimos, somos y queremos ser”.
Uno es uno y sus circunstancias 
EPP: Sus filmes parecen enarbolar la noción de Glauber Rocha de hacer cine con una “cámara en la mano y una idea en la cabeza”. Han rondado la precariedad, la elementalidad, la falta de una amplia producción para lograr una obra artística personal “sobre la marcha”. ¿Cuánto cree que esto ha condicionado su obra?
KA: Hice mi primera película en 1991, apenas comenzado el Período Especial. Estoy seguro de que las condiciones y el modelo de producción con los que rodé Sed, han sido determinantes para todo el cine que he hecho hasta hoy y haré. Uno es uno y sus circunstancias, pero creo que si la historia hubiera sido otra, igual habría hecho las mismas películas.
Mi cine se basa en los escritores que leo, las películas que veo, en mi propia manera de vivir: Rocha y “con una mujer y un hombre basta para contar una historia, una historia de las mías” (Samuel Beckett) y “todo lo que se necesita en un film es un arma y una mujer” (Jean-Luc Godard).
Soy un cineasta que trata de sobreponerse a los obstáculos y al fracaso, pero tratando de que ese fracaso sea personal, de bajo costo, y sin muchos daños colaterales. Nunca me ha gustado el derroche; la precariedad de mis películas es una elección.
EPP: Recientemente estrenó La caja negra. ¿De qué manera y con qué intenciones confluyen ficción, documental, testimonio y propaganda política en este filme?
KA: La caja negra es una película sobre una lectora que lee una versión de la historia en el diario íntimo que su abuela le ha legado. Elsita, su abuela y el diario son una ficción; las entradas del diario son un testimonio; y los titulares de prensa y el archivo cinematográfico son documentos montados en función de un relato dialéctico entre los hechos y su lectura.
Asistimos a la sucesión diaria de los acontecimientos, a la inocencia del devenir, de un día tras otro, de no saber qué va a pasar mañana. Hay una cronología de hechos ilustrados por los archivos, y hay un texto que los describe, los comenta, los registra, desde una experiencia personal, subjetiva, que nada tiene que ver con la escritura omnisciente del relato oficial.
Lo que sí no creo es que en mi película haya propaganda política. Está cargada de contenidos pero no los analiza; los registra y los muestra; y en esa elección formal no hay propaganda, sino la voluntad de compartir la vivencia de una persona concreta, la versión de un punto de vista determinado.
Su tema no es la Revolución Cubana sino su lectura, la que cada uno de nosotros hace hoy de ella.
Un diálogo con el país que fuimos, somos y queremos ser
EPP: ¿Podemos creer o suponer que el cineasta protagonista de ese “ensayo sobre la soledad, la ausencia, el desasosiego, y el peso de las circunstancias sociales sobre los individuos” que es Bajo un sol poderoso, es el propio Kiki Álvarez?
KA: Bajo un sol… es también un diario o, más bien, una bitácora regresiva de mis archivos y mi memoria. Soy yo y mis fantasmas, mis deseos, mis pérdidas, mis frustraciones. Un itinerario personal que es también el itinerario de una generación, de una época, y de los cambios que ha sufrido el país desde 1989 hasta hoy.
Su título nace de una frase que dice un personaje de L’amour, de Godard: “Una única pareja bajo un sol poderoso y con un único deseo, hundidos a los pies de su propia imagen. Una pareja infinita”.
Mi película es una carta a Godard, una carta desviada, aplazada, un lettre en soufrance, una flecha en vuelo que partió de su emisor pero no llega al destinatario. Y es un recorrido por tres de mis películas, protagonizadas por parejas que tratan de inventarse un espacio subjetivo en el que vivir juntos, hasta que uno de ellos (Ella) no puede más.
Junto a La caja… forma parte de un diálogo complejo con el país que fuimos, somos y queremos ser.
EPP: ¿Por qué sigue Kiki Álvarez apostando por el cine? ¿Cree aun necesaria la utopía?
KA: El cine es el reino de la fantasía. Es la iglesia de los que no creen, pero necesitan acudir a un sitio donde se proyectan relatos sobre la experiencia de vivir y morir por los deseos. Y sí, la utopía sirve para caminar hacia ella y, en ese viaje, encontrarle un sentido a la experiencia de vivir (2022).

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Una historia (¿de amor?) en una caja negra

El ser humano guarda cierta debilidad ante las historias de amor, no importa cómo se narren o cómo se vivan. Esas historias quedan grabadas en las personas, que incluso las asumen como si fuesen vivencias personales.En su más reciente filme La caja negra, Kiki Álvarez aprovecha ese ardid al contar dos historias paralelas: Elsita, al morir su abuela —a quien le debe el nombre— comienza a leer su diario y va descubriendo el amor vivido por su abuela con quien fuera su primer esposo, allá por el año 1959. Se va contando entonces la historia de Elsa, quien durante el primer año del triunfo de la Revolución va viviendo este nuevo proceso a la par de una intensa relación amorosa con Saúl, su prometido en ese entonces.Como casi toda historia de amor que se respete, esta inicia con un beso, justo el primero de enero de 1959 en medio de las fiestas de año nuevo, cuando se anuncia la victoria de los rebeldes en la Sierra Maestra y se confirma la salida del poder del entonces presidente Fulgencio Batista, todo un despertar de emociones para la entonces joven Elsa, quien comenzaba a vivir una nueva vida nublada por el entusiasmo de aquel primer beso, tan carnal como metafórico. Kiki se vale de recursos del cine documental para rememorar aquellos momentos desde enero de 1959 hasta el fatal incidente de la explosión del vapor La Coubre en marzo de 1960, momento clave en la historia nacional y, por supuesto, en la vida de la entonces joven Elsa.El guion, a cargo del propio Kiki y de Liana Domínguez permite, con pocos y eficientes recursos, trasladarnos a esa turbulenta realidad, contada desde la voz de Elsita, protagonizada por Anel Perdomo, quien, más que leer el diario revive cada momento con la misma incertidumbre que su abuela experimentó aquellos históricos sucesos.Anel Perdomo como Elsita en la película “La caja negra”. Fotograma de la película.Así es la historia, que nunca se nos presenta como una verdad absoluta porque como la sociedad, se encuentra en constante cambio y todo pasa según el visor desde el que se mire, sea el de Elsa, —una generación que vivió y cuenta lo sucedido en el momento—, o el de la nieta, otra generación que, claro está, comienza a entender un poco mejor lo sucedido desde una arista novedosa y de primera mano.Los recortes de la prensa y fragmentos de materiales fílmicos del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) ubican al espectador en contexto a través del relato lineal donde se suceden imágenes narradas por la joven protagonista, expectante en todo momento ante toda la avalancha de información que la invade mediante la lectura del diario de Elsa. El relato sobre esos primeros meses posteriores a marzo de 1960 resultan un resumen bien detallado de lo que se sucedería después: nacionalizaciones, reacciones del gobierno estadounidense, atentados terroristas, movilizaciones masivas del pueblo, rechazo a las medidas de la Revolución, apoyo popular incondicional, “Fidel, Fidel, Fidel…”Como pasa en parte de la cinematografía de Kiki, el filme no busca complacer con clichés desde la narrativa ni con un final benévolo, sino que trata de mantener en vilo la curiosidad del espectador hasta casi el último minuto, a pesar de que sepamos hacia qué punto se encaminan los sucesos relatados.PublicidadKiki Álvarez: “Viajando por internet cada uno de nosotros se ha vuelto, peligrosamente, un Dios”El experimentado realizador logra que entremos en la psiquis de la joven Elsita, que va conociendo más sobre su abuela, a través de las secuencias de imágenes de archivo, que son puestas en la narrativa como una suerte de imágenes mentales: el icónico retrato del Che Guevara en el sepelio de las víctimas de la explosión de La Coubre, las concentraciones populares del pueblo. La vida de la Cuba de 1959 es visible gracias al artilugio de la superposición de imágenes en espacios comunes del hogar donde vivió Elsa, la abuela.Anel Perdomo como Elsita en la película “La caja negra”. Fotograma de la película.El filme no busca emocionar al espectador con este repaso histórico, tampoco concientizar en bandos a favor o en contra, sino que permite analizar desde un punto de vista bastante objetivo lo ocurrido, con todos los múltiples matices que conlleva un suceso que constituye un parteaguas en la historia cubana. Kiki logra, por medio de un discurso basado en la objetividad y siempre desde la duda, acercarnos a esta etapa compleja de la historia nacional con esta sencilla y emotiva película, demostrando una vez más la riqueza del séptimo arte para involucrarse con la sociedad, más allá del simple entretenimiento visual, así como presentar una manera diferente de narrar sucesos de manera que pueda captar la atención de las generaciones jóvenes. 

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Una historia (¿de amor?) en una caja negra

El ser humano guarda cierta debilidad ante las historias de amor, no importa cómo se narren o cómo se vivan. Esas historias quedan grabadas en las personas, que incluso las asumen como si fuesen vivencias personales.En su más reciente filme La caja negra, Kiki Álvarez aprovecha ese ardid al contar dos historias paralelas: Elsita, al morir su abuela —a quien le debe el nombre— comienza a leer su diario y va descubriendo el amor vivido por su abuela con quien fuera su primer esposo, allá por el año 1959. Se va contando entonces la historia de Elsa, quien durante el primer año del triunfo de la Revolución va viviendo este nuevo proceso a la par de una intensa relación amorosa con Saúl, su prometido en ese entonces.Como casi toda historia de amor que se respete, esta inicia con un beso, justo el primero de enero de 1959 en medio de las fiestas de año nuevo, cuando se anuncia la victoria de los rebeldes en la Sierra Maestra y se confirma la salida del poder del entonces presidente Fulgencio Batista, todo un despertar de emociones para la entonces joven Elsa, quien comenzaba a vivir una nueva vida nublada por el entusiasmo de aquel primer beso, tan carnal como metafórico. Kiki se vale de recursos del cine documental para rememorar aquellos momentos desde enero de 1959 hasta el fatal incidente de la explosión del vapor La Coubre en marzo de 1960, momento clave en la historia nacional y, por supuesto, en la vida de la entonces joven Elsa.El guion, a cargo del propio Kiki y de Liana Domínguez permite, con pocos y eficientes recursos, trasladarnos a esa turbulenta realidad, contada desde la voz de Elsita, protagonizada por Anel Perdomo, quien, más que leer el diario revive cada momento con la misma incertidumbre que su abuela experimentó aquellos históricos sucesos.Anel Perdomo como Elsita en la película “La caja negra”. Fotograma de la película.Así es la historia, que nunca se nos presenta como una verdad absoluta porque como la sociedad, se encuentra en constante cambio y todo pasa según el visor desde el que se mire, sea el de Elsa, —una generación que vivió y cuenta lo sucedido en el momento—, o el de la nieta, otra generación que, claro está, comienza a entender un poco mejor lo sucedido desde una arista novedosa y de primera mano.Los recortes de la prensa y fragmentos de materiales fílmicos del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) ubican al espectador en contexto a través del relato lineal donde se suceden imágenes narradas por la joven protagonista, expectante en todo momento ante toda la avalancha de información que la invade mediante la lectura del diario de Elsa. El relato sobre esos primeros meses posteriores a marzo de 1960 resultan un resumen bien detallado de lo que se sucedería después: nacionalizaciones, reacciones del gobierno estadounidense, atentados terroristas, movilizaciones masivas del pueblo, rechazo a las medidas de la Revolución, apoyo popular incondicional, “Fidel, Fidel, Fidel…”Como pasa en parte de la cinematografía de Kiki, el filme no busca complacer con clichés desde la narrativa ni con un final benévolo, sino que trata de mantener en vilo la curiosidad del espectador hasta casi el último minuto, a pesar de que sepamos hacia qué punto se encaminan los sucesos relatados.PublicidadKiki Álvarez: “Viajando por internet cada uno de nosotros se ha vuelto, peligrosamente, un Dios”El experimentado realizador logra que entremos en la psiquis de la joven Elsita, que va conociendo más sobre su abuela, a través de las secuencias de imágenes de archivo, que son puestas en la narrativa como una suerte de imágenes mentales: el icónico retrato del Che Guevara en el sepelio de las víctimas de la explosión de La Coubre, las concentraciones populares del pueblo. La vida de la Cuba de 1959 es visible gracias al artilugio de la superposición de imágenes en espacios comunes del hogar donde vivió Elsa, la abuela.Anel Perdomo como Elsita en la película “La caja negra”. Fotograma de la película.El filme no busca emocionar al espectador con este repaso histórico, tampoco concientizar en bandos a favor o en contra, sino que permite analizar desde un punto de vista bastante objetivo lo ocurrido, con todos los múltiples matices que conlleva un suceso que constituye un parteaguas en la historia cubana. Kiki logra, por medio de un discurso basado en la objetividad y siempre desde la duda, acercarnos a esta etapa compleja de la historia nacional con esta sencilla y emotiva película, demostrando una vez más la riqueza del séptimo arte para involucrarse con la sociedad, más allá del simple entretenimiento visual, así como presentar una manera diferente de narrar sucesos de manera que pueda captar la atención de las generaciones jóvenes. 

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