Desarrollo

Primer avión eléctrico ruso realiza vuelo de ensayo durante el salón aeroespacial MAKS 2021

Instagram / ciam_officialEl primer avión eléctrico creado por Rusia efectuó este sábado su vuelo inicial de ensayo, en ocasión de celebrarse en la ciudad de Zhukovski (Moscú) el salón aeroespacial MAKS 2021.
La aeronave fue fabricada sobre la base de un laboratorio volador aplicado a un Yak-40. Sobre este particular, la oficina de prensa de la Fundación para la Investigación Avanzada informó: “El Yak-40, equipado con un sistema de propulsión híbrido —basado en un motor de turbina de gas y un motor eléctrico superconductor—, acaba de realizar un vuelo de demostración en el salón aéreo MAKS-2021. Durante el vuelo, el avión encendió el sistema de propulsión eléctrica”.
El motor superconductor es parte de un sistema híbrido. Este último incluye motores auxiliares: uno eléctrico y otro de turbina de gas, complementado por dos turborreactores usados en el modelo original de la aeronave soviética. Baterías, un motor turbohélice y un generador eléctrico también lo integran.
La empresa tecnológica rusa SuperOx y especialistas del Instituto Central Baránov de Desarrollo de Motores de Aviación y de la Universidad Técnica de Aviación de la ciudad de Ufá, son los creadores del sofisticado motor eléctrico en cuestión, el cual posee una capacidad de 500 kW (679 HP).
La hélice ubicada en la nariz del avión se activa mediante el propulsor eléctrico —incorporado al sistema híbrido de motores—, donde los expertos implementaron la tecnología de alta superconductividad y enfriamiento criogénico. Ello permite que el propulsor eléctrico, aún en fase prueba, resulte entre un 5 y un 20 % más económico.
(Con información de RIA Novosti y RT en Español)

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Armando Flores Barbán puede «hacer florecer las piedras»

La santiaguera Iris Expósito considera que su padre, el campesino Armando Flores Barbán, es capaz de «hacer florecer las piedras». Nos cuenta la joven que desde hace más o menos un lustro, su papá es usufructuario de tierras en Los Negros, un Consejo Popular de poco más de seis mil habitantes ubicado en un fértil valle del municipio de Contramaestre.
Con su trabajo ayuda a mantener a su comunidad abastecida de productos del agro a precios módicos, ha realizado donaciones a centros sociales, como el círculo infantil y el policlínico, y aporta lo que corresponde al Estado en el tiempo y la forma establecidos.
Armando Flores es usufructuario de tierras en Los Negros, Contramaestre
Sin embargo, asegura que más de una vez le ha sucedido que en el momento de entregar al Estado –léase la Empresa de Acopio, encargada de estos menesteres– no han venido a buscar la producción. Por esa causa, recientemente se le pudrieron más de siete cajas de tomate y una cantidad considerable de pepino.
«Entonces perdió él por no venderlo al pueblo y tampoco el Estado se lo pagó», se lamenta Iris. De hecho, asegura que en este momento Armando acaba de perder una parte de su cosecha de pepino, pues tampoco fueron a recogerla y ya ha comenzado a descomponerse la fruta. El hombre ha optado entonces por regalar lo que aún sirve a sus vecinos y cargar una vez más con su pérdida.
Dado su éxito productivo en una pequeña parcela, Armando ha solicitado desde hace varios años una turbina para mejorar sus cultivos. Según le informaron, ya habían mandado un proyecto para eso, por lo que pronto llegaría el equipo solicitado, pero aún lo espera.

El campesino ha insistido para que le vendan una turbina, dado que no se la asignan. Tampoco ha obtenido respuesta. El año pasado, durante un fórum de dos días en Contramaestre, le notificaron que le iban a autorizar un proyecto de riego. Pero aún el agua no llega a sus tierras. Asegura que siente pena al plantear lo mismo en las reuniones, dado que nada se resuelve. «Si tuviera turbina, facilidad con el agua, las producciones fueran mejores», dice Iris.
Pese a tantos contratiempos y pérdidas, Armando Flores Barbán asegura que «Disposición se sobra, lo que faltan son recursos. Voy por más». Es incomprensible que cosas como esta sucedan en un país tan necesitado de producir alimentos, pero desgraciadamente pasan con cierta frecuencia. Las autoridades de Contramaestre tienen la palabra.
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Cartas a La Joven Cuba es una sección de correspondencia cuya intención es visibilizar quejas y solicitudes de nuestros lectores, así como recepcionar las respuestas de las instituciones involucradas en darle seguimiento y solución a los problemas aquí planteados, si las hubiese.
A diferencia de otras secciones de igual índole existentes en la prensa cubana, no tramitamos las situaciones aquí expuestas con las instancias pertinentes, solo ofreceremos el espacio para hacerlas públicas.
Para comunicarse con la sección, nuestros lectores pueden escribir al correo electrónico: cartasalajovencuba@gmail.com
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Si desea suscribir nuestra petición al gobierno para que flexibilice la entrada de medicamentos a Cuba, deje un comentario con su nombre en el post o escriba a nuestro correo electrónico (jovencuba@gmail.com)

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La actualización de la Conceptualización

El camino hacia la conceptualización del modelo cubano fue largo. Entre el 16 y el 19 de abril del 2011 se efectuó el VI Congreso del PCC, llamado de la Actualización. Tras catorce años sin convocarse —por razones nunca explicadas y que no parecieron importar mucho a militantes ni a pueblo en general— aquel cónclave analizó el ya iniciado proceso de reformas denominado Actualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista.
A pesar de que Raúl Castro afirmara en el Informe Central de aquella cita: «No me cansaré de repetir que en esta Revolución todo está dicho», en la ocasión señaló cuestiones novedosas para el discurso político cubano tradicional, como esta:
«El incremento del sector no estatal de la economía, lejos de significar una supuesta privatización de la propiedad social, como afirman algunos teóricos, está llamado a convertirse en un factor facilitador para la construcción del socialismo en Cuba, ya que permitirá al Estado concentrarse en la elevación de la eficiencia de los medios fundamentales de producción, propiedad de todo el pueblo y desprenderse de la administración de actividades no estratégicas para el país».
El enfoque más pragmático de su liderazgo se revolvía contra los anónimos «teóricos» dogmáticos y exigía una nueva fundamentación (conceptualización), más acorde con lo que postulaba desde el verano de 2009: la necesidad de remodelar la sociedad socialista cubana para hacerla sustentable.
En agosto de 2009 notificaba la decisión de: «definir con la más amplia participación popular la sociedad socialista que aspiramos y podemos construir en las condiciones actuales y futuras de Cuba, el modelo económico que regirá la vida de la nación en beneficio de nuestros compatriotas y asegurar la irreversibilidad del régimen sociopolítico del país».
En 2010 repetiría estas ideas de manera aún más acuciante. Sin embargo, cuando en 2011 se celebró el referido VI Congreso —en plena Primavera Árabe e inicios de la guerra civil y agresión yihadista internacional contra Siria—, otro sería el tono de los discursos y el carácter de las decisiones asumidas.
En lugar de debatir el marco teórico del modelo que se adoptaría, a partir de las diferentes propuestas que se venían haciendo desde inicios de los noventa, la asamblea tomó una decisión antinatural, aunque más viable para el grupo de poder hegemónico: empezar a aplicar el nuevo modelo por su dimensión práctica, los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución.
La elaboración de los mismos fue fruto del trabajo de una comisión ad hoc de especialistas y funcionarios anónimos, y complementado con el debate posterior. De ahí que en el VI congreso no solo fueran aprobados los Lineamientos, sino que se creara una «Comisión Permanente para su implementación y desarrollo», que conduciría —como supraorganismo estatal/partidista/gubernamental—, el proceso de actualización bosquejado en ellos en forma de ideales, tareas por hacer y representaciones de cómo debían ocurrir las cosas.
En el lapsus comprendido entre los congresos VI y VII —2011-2016—, se  creó otra comisión del mismo tipo para elaborar la Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista, la cual, tras un período de debates partidistas y en núcleos obreros importantes, fue aprobada en el VII Congreso. Según se declarara, ella incluía: «los principios y las bases teóricas que han de regir el proceso de construcción del socialismo en las actuales condiciones de Cuba».
Realmente su contenido es altamente idealista y apologético, cifrado en el deber ser y no en las contradicciones de la realidad cubana. Su valor teórico estaba muerto antes de nacer. En lugar de constituir una Conceptualización de la Actualización, que sirviera para iluminar el camino con nuevas definiciones, principios, leyes y enfoques diferentes; se limitaba a servir de respaldo teórico a los Lineamientos antes aprobados.
Desde que se diera a conocer, se proyectó que la Conceptualización debía ser actualizada en cada cónclave posterior, algo inconcebible en un producto teórico. Las teorías no se actualizan, se sustituyen por otras en el devenir de las ciencias, sean naturales, técnicas o socio-humanísticas.
La ruptura/superación de los paradigmas teóricos anteriores es condición sine qua non en el desarrollo del pensamiento humano. Por eso Einstein inició su libro sobre la teoría de la relatividad con el famoso adagio: «Newton, perdóname por rebatir tus concepciones».
Lo ocurrido durante el trabajo previo con los documentos del VII Congreso, y su discusión posterior en el evento, superó con creces lo que sucedió en el VIII, que fue prácticamente irrelevante. En los debates de la Comisión 1 del VII Congreso del Partido —«El modelo de país que queremos»—, dedicada a la Conceptualización y presidida por Díaz-Canel, se incorporó el 88% de las 841 opiniones aportadas por los participantes. Las 104 propuestas no aceptadas fueron canalizadas hacia otras comisiones.
Como resultado de estos intercambios, se modificó las dos terceras partes del documento, en temas como: preservación y desarrollo de las conquistas sociales;  calidad de los servicios a la población; la emigración, su impacto negativo y relación con las condiciones de trabajo y salario; participación de los trabajadores y toda la población en la toma de decisiones; papel del mercado y necesidad de que sea reconocido y regulado; reconocimiento de la propiedad privada, en especial de cubanos; factores que conforman la prosperidad en nuestro socialismo y papel protagónico de la juventud.
Por el contrario, llama la atención que en el recién concluido VIII Congreso no haya existido reportaje alguno sobre debates o intervenciones referidos a la Conceptualización. Las escasas transformaciones hechas al documento indican que pocos delegados tuvieron algo que aportar, argüir o proponer.
En su versión actualizada se subraya que: «A partir del concepto de Revolución, los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución aprobados por el 6to y 7mo congresos del Partido Comunista de Cuba, han constituido la base fundamental para elaborar la Conceptualización del Modelo. Han sido consideradas también las políticas definidas como parte de su implementación».
Esta tesis desconoce que el modelo teórico —Conceptualización— es primario respecto a los Lineamientos y las políticas. Debe ser fruto de la labor de tanques pensantes,  instituciones o destacados intelectuales que produzcan teoría. Por supuesto que puede ser enriquecida por la praxis posterior, pero nunca servir de bastón a políticas adoptadas a priori.
Tras contraponer la versión de la Conceptualización aprobada en 2017 con la actualizada en 2021 —publicada hace pocos días—, se constata que el nuevo documento tiene exiguos cambios y ninguno significativo. La principal dificultad es su carácter limitado, abstracto y no totalizador, pues, como reconoce: «El Modelo abarca las esferas de la producción, distribución, cambio y consumo».  Por tanto, su campo de acción se limita a la esfera socioeconómica; en tanto la vida política y toda la superestructura de la sociedad quedan excluidas.
Esto significa que temas tan debatidos y urgidos de transformación en Cuba, como estos: empoderamiento de los trabajadores, la ciudadanía y las localidades;  democracia y participación política efectiva; y ejercicio de los derechos humanos en su totalidad; no forman parte de la Conceptualización ni de la Actualización.
En vísperas del VIII Congreso, el Buró Político analizó un «Estudio del clima sociopolítico de la sociedad cubana», que seguramente reflejó los cambios ocurridos en ese ámbito entre uno y otro cónclave.
A pesar de que fue este un período de incremento notable de la participación ciudadana en la actividad política, tanto en el escenario real como en el espacio virtual de las redes sociales; de ese documento no se publicó nada ni parece haberse tenido en cuenta a la hora de actualizar la Conceptualización. Al parecer, los que saben han olvidado, o no quieren reconocer, que «La política es la expresión concentrada de la economía».

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CIGB, uno de los proyectos descomunales de Fidel

Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Que en 1976, en California, Estados Unidos, se creara la primera empresa biotecnológica en el mundo, la Genetic Engineering Tech, Inc. (Genentech, Inc.), seguramente no sorprendió. Pero que en 1981, Cuba emprendiera el desarrollo de la industria de la biotecnología, cuando no había similares en la región, ni siquiera en Europa, sí fue noticia.
En su capacidad visionaria, Fidel sabía que el futuro de Cuba tenía que ser, necesariamente, de hombres de ciencia. Lo expresó en 1960, cuando un 25 por ciento de la población cubana era analfabeta y otro tanto de personas funcionaban como tal, aunque sabían leer y escribir. Vino entonces la Campaña de Alfabetización, la construcción de escuelas y centros asistenciales de salud, la preparación de los científicos.
Un acontecimiento importante en la historia de la biotecnología cubana fue la creación el 1ro de julio de 1965 del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), conocido como el padre de las ciencias en la Mayor de las Antillas. Le sucederían otros igual de respetables, entre ellos, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).
El Comandante en Jefe, Fidel Castro, en una de sus habituales visitas al CNIC. A su lado, el doctor Wilfredo Torres Yríbar, quien dirigió la institución durante diez años. Foto: Granma
En la gesta del CIGB: estadounidenses, finlandeses y mucho Fidel
George Thomas Leland, un congresista norteamericano de Texas, venía a Cuba con cierta frecuencia, dada su vocación social. En una ocasión Fidel le habla de su preocupación con el tema del cáncer. George le comenta sobre el uso del interferón en instituciones médicas ubicadas en su estado y más adelante trae a la Isla, a Randolph Lee Clark, uno de los oncólogos más destacados de la época y estudioso de la novedosa terapia.
En noviembre de 1980, Fidel conoce personalmente a Clark.
En el acto de inauguración del CIGB, el primero de julio de 1986, Fidel rememoró el encuentro.
“(…) fue la primera vez que él me habló de las investigaciones que estaban haciendo con el interferón. Pidió que le enviáramos un médico, para que conociera las investigaciones que se hacían. Yo por precaución envié dos, porque en el Derecho, lo que abunda no daña. Y allí los recibió el doctor Clark y les explicó todas las investigaciones que estaban haciendo. Los compañeros regresaron muy entusiasmados.
Gracias a la visita hicieron contacto con el centro que estaba produciendo interferón en Finlandia. Gracias a esa visita se hizo contacto con otra persona, que fue el doctor  Kary Cantell, de Finlandia (…) le dijimos que queríamos conocer las técnicas de producción del interferón, y también invitó que enviáramos dos investigadores. Y siguiendo el mismo principio, le enviamos seis (RISAS).
Los recibió a los seis, estaba encantado porque vio que los compañeros fueron con mucho interés. En menos de dos semanas, le enseñaron los principios esenciales de la técnica”.
Encuentro de Fidel con el doctor estadounidense Randolph Lee Clark, en noviembre de 1980. Foto: Cortesía del CIGB.
A menos de seis meses de aquel encuentro, en una casa de apenas unos 180 metros cuadrados, exactamente en la número 149, del reparto Atabey, en La Habana; los científicos que habían recibido entrenamiento en Texas (Manuel Limonta y Victoria Ramírez) y en Helsinki (Manuel Limonta, Victoria Ramírez, Ángel Aguilera, Eduardo Pentón, Silvio Barcelona y Pedro López), junto a una colaboradora de Cantell; produjeron un interferón a partir de glóbulos blancos en menos de 45 días, el primero que se desarrolló en el país, el 28 de mayo de 1981.
Un mes después ocurre un brote de dengue hemorrágico en la Isla, y precisamente los primeros lotes del novedoso medicamento se destinaron a los pacientes contagiados con dengue. En jornadas posteriores el interferón se utilizaría como terapia para combatir una epidemia de conjuntivitis, también hemorrágica. En ambos casos los resultados fueron muy favorables.
Con la finalidad principal de producir el interferón, -que abría nuevas perspectivas en el tratamiento de diversas enfermedades, incluido algunos tipos de cáncer-, el 20 de enero de 1982, Fidel funda el primer centro biotecnológico en el país, el Centro de Investigaciones Biológicas, germen del actual CIGB, pues en él se formó gran parte de los primeros profesionales que trabajarían en el gran complejo investigativo-productivo.
“Y después, más a adelante, a consecuencia de todo este proceso, surge la idea de este Centro. Tampoco fue absolutamente casual, estimulado por los resultados obtenidos en el Centro de investigaciones Biológicas, surgió la idea de hacer un esfuerzo mayor. Y en esto contribuyó mucho una idea de la ONUDI, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Ellos tenían el proyecto de hacer un Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.
A nosotros llegó la noticia de la idea de hacer este Centro. Naturalmente, aspirábamos de ser posible que nos asignaran ese Centro. En vista de aquella situación y de la diversidad de aspiraciones, y para no entrar en conflicto con nadie, es que decidimos renunciar a aquel Centro y desarrollar el Centro por nuestra cuenta, cuando apenas han pasado cinco años y medio de la conversación con el doctor Clark, que hayamos podido inaugurar este Centro…”
Fidel junto a Frei Betto y un grupo de científicos cubanos en la Inauguración del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana, en 1986. Foto: Cortesía del CIGB
El CIGB y el despunte impetuoso de la ciencia cubana
Pese al bloqueo económico con el que desde 1961 Estados Unidos hostigaba a Cuba y los indicios de un posible desplome del campo socialista, el gobierno revolucionario invirtió numerosos recursos materiales y humanos para la creación del CIGB. En el  acto de apertura de la nueva institución, dijo Fidel: “El centro es grande, pero yo espero que sean grandes también los resultados científicos que se obtengan”.
Desde el principio, el Comandante apostó por la ciencia y cuando llegó el duro período, el Especial, mantuvo el criterio de que la supervivencia de la Revolución y el socialismo, y la preservación de la independencia, dependían fundamentalmente de la ciencia y la técnica.
Cuando los enemigos y escépticos de la Cuba socialista en el nuevo mundo capitalista, celebraban de antemano la asfixia del pueblo cubano, Fidel hizo lo que nadie imaginó: crear más centros científicos, entre ellos, los centros biotecnológicos de Camagüey (1989) y Sancti Spíritus (1990), y el Centro de Inmunología Molecular (1994).
Probablemente, muchos lo dieron por loco, pero por “esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas”, afirmó en 1993 con absoluta convicción:
“La ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional, que partiendo de los escasos recursos, sobre todo de los recursos energéticos que tenemos en nuestro país, tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro (…)”.
Igualmente, al inaugurar el Centro de Inmunología Mo­lecular el 5 de diciembre de 1994, el líder enfatizó:
“Es un orgullo en pleno Periodo Especial inaugurar este Centro que no es un lujo, es una promesa de salud para nuestro pueblo y es una promesa de ingresos para nuestra economía”.
Confiaba en la ciencia y en los científicos cubanos. En su apretada agenda de trabajo, hacía un tiempo para ocuparse de este sector y sus hacedores. Seguía los avances relacionados con dicha especialidad en el mundo, intercambiaba con los investigadores, preguntaba hasta el más mínimo detalle de cualquier estudio, les sugería ideas, los desafiaba a desarrollar proyectos colosales.
La población cubana recibe las dosis del candidato vacunal Abdala, producto logrado por el CIGB. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate
Bendita “locura”
Quienes pensaron que Fidel se había vuelto “loco”, al apostar por la industria médico-biotecnológica en momentos en que esta última disciplina apenas comenzaba a surgir en los países más industrializados, recibieron la primera bofetada de realidad el 28 de mayo de 1981, con la producción del primer interferón en Cuba.
A ese logro, la comunidad científica de la Isla sumaría muchos otros que contribuirían al mejoramiento de la salud de las personas, al fomento de planes agropecuarios, de la veterinaria y del medio ambiente. Numerosas alegrías regalarían los investigadores del CIGB al Comandante, al pueblo de Cuba y también al mundo.
Entre las creaciones prominentes del Centro está el Heberprot-P, promotor de la cicatrización de las úlceras del pie diabético, de eficacia no vista antes y con el cual se han beneficiado más de 250 mil pacientes en diversas latitudes, según datos publicados recientemente por la Agencia Cubana de Noticias.
También fármacos como la estreptoquinasa recombinante cubana, que contribuye a restablecer el flujo sanguíneo en pacientes con infarto del miocardio y previene la necrosis isquémica del corazón. Su uso se generalizó en 1993 y salva de 200 a 400 vidas cada año.
De igual modo, la vacuna contra la infección por el virus de la hepatitis B, capaz de reducir la evolución de dicha patología a los estados agudos y crónicos, la cirrosis hepática y el hepatocarcinoma primario. Gracias a su aplicación masiva, desde 1999, nuestro país no reporta casos de he­patitis B aguda en niños por debajo de cinco años; condición que a partir del 2006 también se extendió a los menores de 15.
Porque está destinado a la salud de nuestros infantes, no puede faltar la referencia a la vacuna pen­tavalente líquida (Heberpenta), contra la difteria, el tétano, la tosferina, la he­patitis B y la Haemophilus influenzae tipo B. Desde el 2009, parte del programa de vacunación infantil del Ministerio de Salud Pública de Cuba.
El equipo de científicos del CIGB destaca además por proyectos como el CIGB-500, medicamento con un significativo efecto cardioprotector; el CIGB-300, péptido antitumoral con buenos resultados a nivel de laboratorio y clínicos; y el Heber­ferón, una combinación del interferón-alfa 2b y gamma recombinante, para tratar enfermedades oncológicas, además de constituir una terapia alternativa de procederes quirúrgicos o no; actualmente incluido en el protocolo de tratamiento de la Covid-19.
Los inmunizantes contra la meningitis B y C, y los métodos para el diagnóstico de VIH, Síndrome de Down, dengue, embarazo, cáncer y defectos del tubo neural resultan otras conquistas de este colectivo. Del mismo modo, el producto ecológico HerberNem, destinado al control de plagas en varios cultivos, y el Acuabio 1, estimulador del crecimiento y el sistema inmune en organismos marinos.
Hoy 1ro de julio, el CIGB llega a su aniversario 35, exhibiendo una de sus creaciones más promisoria: Abdala, candidato vacunal contra la Covid-19, que se prevé sea validado como vacuna, pues posee una eficacia del 92,28 por ciento, de acuerdo con exámenes del ente avalador de la calidad y seguridad del producto.
“Es un regalo que le debíamos al Comandante en Jefe Fidel Castro, dijo ante la prensa nacional la directora de la institución, Marta Ayala, al evocar en primera instancia la figura del fundador del CIGB, un visionario y soñador que desde fines de los 70 y con más fuerza en los años 80 impulsó la formación científica y el trabajo investigativo de la pujante rama por vía de la creación de interferones, hasta ese momento solo al alcance de países desarrollados”.
Y es que con la creación del CIGB, sumaba el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, otro plan descomunal a su hoja de vida. Un proyecto colosal como él mismo, con el que se ha beneficiado, no solo el pueblo cubano, sino millones y millones de personas en todo el orbe. Beneficios por los que debemos eterno agradecimiento a los profesionales del Centro y al Comandante, principal artífice del gran complejo investigativo-productivo.
Quizás el Gabo tuvo en cuenta este detalle de Fidel, cuando de él dijo: “No hay un proyecto colosal o milimétrico, en el que no se empeñe con una pasión encarnizada (…) Esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas (…) Este es el Fidel Castro que creo conocer: un hombre de ilusiones insaciable, incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal (…) Sueña con que sus científicos encuentren la medicina final contra el cáncer”.
Proceso productivo en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Foto: Granma.
Proceso productivo en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Foto: Granma.
Proceso productivo en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Foto: Granma.
Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Camagüey creado en 1989. Foto: Rodolfo Blanco Cué/ ACN.
En vídeo, Fidel durante la fundación del Centro de Ingeniería y Biotecnología (CIGB)
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Sostener a los que innovan con ciencia y tecnología para Cuba y los cubanos

Científicos cubanos diseñan diversas estrategias para enfrentar la pandemia de la COVID-19. Foto: CIM / Twitter.
En la literatura especializada acerca de políticas para la ciencia y la innovación se suele identificar el concepto de “potencial científico” con la disponibilidad de recursos humanos, materiales e informativos para realizar tareas en el avance de la ciencia y la tecnología. Ese potencial se puede referir al de un país, y también al de cualquier agrupación de trabajo para la innovación en diversas instancias.
Muchos consideran que la principal riqueza de Cuba en cuanto al potencial científico es su componente humano. Décadas de sostenimiento de la ciencia en condiciones de precariedad en relación con nuestros pares globales han debilitado considerablemente nuestro potencial de innovación en lo que se refiere a recursos materiales y de infraestructura. En contraste, nuestro sistema educativo de alto nivel, equitativo, universal y gratuito, y una educación universitaria marcada por la ciencia desde su reforma revolucionaria de 1962 han conducido a que el personal que se dedica en Cuba a desarrollar la innovación a través de la ciencia y la tecnología tenga cualidades muy singulares. Estas cualidades hacen que nuestro potencial científico humano sea verdaderamente extraordinario y muy competitivo en el escenario mundial actual. El reciente fenómeno de la maravillosa respuesta a la COVID-19 con tratamientos y vacunas muy efectivos, que han salvado miles de vidas aún en medio de agresiones externas que para muchos serían insalvables, es una prueba irrefutable.
En nuestro entorno universitario asistimos diariamente al despliegue de numerosos y brillantes talentos creativos. Es un criterio que se ha generalizado la afirmación de que si pudiéramos aprovecharlo a plenitud gozaríamos de un progreso espiritual y económico que determinaría un bienestar remarcable para todos los cubanos. Lamentablemente, esta meta ansiada por la Revolución Cubana desde que comenzó el fomento del saber cómo algo imprescindible en 1961 no se ha logrado plenamente. No es un secreto que desde hace muchos años y en la situación socioeconómica actual priman las disfuncionalidades derivadas de seis décadas de bloqueo por la potencia económica más importante del mundo, y las consiguientes desventajas internacionales para una economía esencialmente abierta. También cargamos con la herencia de dogmas estructurales provenientes de un socialismo naufragado que el propio líder de la Revolución Cubana reconoció que no se supo construir, y que este había sido “nuestro mayor error”.
El resultado es claro pues muchos de nuestros mejores talentos jóvenes no logran ver hoy su plan de vida dentro de nuestro país, aun mostrando un sincero y bien formado amor a su Patria y a sus logros. Un indicio numérico es bien claro: la edad promedio de defensa de un doctorado en Cuba es superior a los 40 años, cuando los estándares mundiales rondan los 30. Muchos jóvenes interesados en ello marchan a otras fronteras para lograrlo. Un doctor es un científico formado y despliega una parte importante de su talento justamente en el proceso de obtención de su doctorado, que idealmente debe ocurrir antes de los 30 años. Esa condición también facilita que ese nuevo joven doctor pueda desplegar sus conocimientos en la innovación de un país durante una larga vida.
Nuestra Academia de Ciencias advertía en un informe trascendental de 2012 que aparte de las penurias económicas para desempeñar el trabajo de innovación por las causas antes señaladas, la ausencia de una política de acción expresa y directa para cuidar y preservar el potencial humano innovador han marcado las últimas décadas de nuestro devenir.
Son muchas las acciones que pueden emprenderse para revertir tendencias, recuperar lo perdido y, ¿por qué no?, también avanzar mucho más. En este sentido el 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba celebrado recientemente acordó lineamientos específicos de la actividad y en particular el número 77 apuntando a una de las formas de resolver esta situación, estableciendo que se debe:
“Implantar el Sistema Nacional de Investigadores y Tecnólogos, como mecanismo de atención al potencial humano del país, fomentando la superación y aplicación de incentivos materiales y morales a la producción científica y la innovación.”
¿De qué se trata? Este tipo de acciones es practicado de una forma u otra por varios países. Un antecedente de “Sistema Nacional de Investigadores” existe en México. Ese país hermano afrontaba una grave situación de pérdida de potencial científico humano durante una devaluación brutal de su moneda que ocurrió en la penúltima década del pasado siglo. Una respuesta para paliar la situación fue la creación de un fondo federal que subvenciona a los científicos según sus resultados y puede más que duplicar los salarios que ganan en sus respectivos puestos de trabajo. Tal estímulo se destina todavía hoy a todos los doctores en ciencias, trabajen donde trabajen, que estén inscritos para ello en la organización federal dedicada a estos menesteres. Para recibir el plus salarial deben demostrar inequívocamente lo que han logrado en cuanto a creación de conocimientos de acuerdo con una categorización de tres niveles, proporcionales a su ejecutoria, que se realiza o renueva por períodos dependientes de la categoría. No siendo un sistema perfecto, ha logrado su cometido de forma sustancial.
La actual situación que afrontamos para el sostenimiento de nuestro potencial científico es la que motiva el lineamiento arriba citado. Nos toca crear un sistema blindado contra cualquier tipo de fraude y subjetivismo que premie inequívocamente al que lo merece y proporcionalmente a sus logros. Esto implica que la clasificación de las ejecutorias que se convierten en dinero sean realizadas justamente. Para esto se deben certificar por evaluaciones de pares anónimos independientes y sin conflictos de intereses, a partir de documentación incontrovertible. Esto se simplifica cuando las ejecutorias están respaldadas por publicaciones en órganos científicos independientes, debidamente arbitrados y reconocidos y también por patentes de invención concedidas, entre otras formas.
El reto mayor está en lograr una evaluación objetiva equivalente de muchos logros que tienen trascendencia económica y que no suelen contar con este tipo de producción escrita certificable. Nuevas fórmulas deben hallarse que seguramente dependerán de los beneficiarios de las innovaciones que lo merezcan. Es probable que para ello sea necesario que el fondo que se destine a estos estímulos esté asociado de alguna manera con los logros que se desea estimular.
De cualquier forma, la sabia instrumentación del lineamiento citado puede ser un paso trascendental para el sostenimiento y progreso de la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestra Patria al premiar al que debe ser premiado y en correspondencia con la cantidad y calidad de su trabajo. Este es un sueño socialista que si podemos lograr.

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Camino a la sima

Un viejo adagio árabe reza: «Lo único que se construye de arriba hacia abajo es un pozo». Parece que ese es el problema de la Actualización del modelo cubano. La continuidad en la creencia de que un grupo de funcionarios y especialistas  del primer nivel —los que saben— son los que han de concebir, planificar y aplicar los cambios requeridos; mientras que el resto del pueblo/población debe sumarse a ellos, acatarlos y cumplirlos. Tal dogma hace agua por todas partes.
El proceso de Actualización inició entre 2008/2009 eliminando prohibiciones absurdas y convocando a un debate nacional sobre qué hacer para encauzar el obsoleto modelo económico y social cubano; siempre respetando los principios de soberanía nacional y régimen socialista. La mayoría del pueblo y especialistas lo acogió con entusiasmo renacido y desplegó su creatividad en millones de intervenciones y miles de propuestas.
De esa etapa preparatoria brotaron dos documentos que, aun con limitaciones e insatisfacciones, podrían guiar las reformas: Lineamientos (2011) y  Conceptualización (2016).  Sin embargo, cuando llegó la hora de los mameyes —con el positivista nombre de Tarea Ordenamiento— el círculo de verdaderos decisores que la concibieron y aplicaron, que incluía a varios de los que habían ocasionado el problema, ahora demostraban que no sabían cómo resolverlo.
Las variables causantes de la actual crisis cubana son tres: el recrudecido bloqueo; la pandemia de Covid-19, y la errática política de reformas internas; pero nuestra capacidad de actuar sobre ellas no es igual. El primero escapa a nuestra voluntad y radio de acción —a pesar de las promesas de campaña de Biden y de la reciente votación en la ONU, favorable a Cuba pero no vinculante.
Resultado de la votación en la ONU contra el bloque (Foto: Eskinder Debebe / UN)
La segunda será resuelta solo con la inmunidad del rebaño, que gracias a la intervención masiva con los logros vacunales de la ciencia cubana deberemos conseguir en un plazo más breve.
Solo la tercera puede ser superada a partir de la voluntad y capacidad de los cubanos y cubanas de la Isla y buena parte de la emigración. Es sobre esa que todos —gobierno y ciudadanía— debemos actuar con objetividad, prontitud y determinación; tres factores que han faltado desde el principio.
Objetividad, porque el peso de los mitos ideológicos provenientes del viejo modelo de socialismo estatizado, burocrático y militarizado, han pesado más en su concepción y puesta en práctica que las necesidades y posibilidades reales de la economía cubana.
Valgan dos ejemplos. Si la empresa estatal socialista es decretada como la protagonista de la economía cubana, entonces hasta las prometidas mpymes serán estatales, y la independencia y flexibilidad de este tipo de organización jamás podrá concretarse. Segundo, si a los emprendedores no estatales se les impide concentrar la riqueza, no mediante la política fiscal, sino limitándoles crecer administrativamente; ¿cómo podrán acumular capital, favorecer el empleo y contribuir a desarrollar la economía?
Prontitud es una palabra subversiva en la larga marcha del proceso de actualización, cuyo ritmo ha sido, como tendencia, lento y zigzagueante. Trece años después de iniciado, las tierras son menos explotadas que nunca; los indicadores de la producción agropecuaria e industrial se han derrumbado; cada vez se invierte menos en industria, agricultura, gastos sociales y ciencia, y más en la construcción inmobiliaria de hoteles que nunca se llenan, y en derivadoras de agua para, desafiando al relieve y los vientos alisios, convertir en fértiles tierras secas por naturaleza. Las estadísticas hablan de una década perdida para la economía cubana, 2010-2020.
Fue anunciada la construcción del hotel más alto de La Habana (Foto: Agencia Cubana de Noticias, ACN)
Determinación ha faltado porque influye más el temor a los riesgos del cambio, que la alarma ante un torbellino descendente de crisis que puede arrastrarnos inexorablemente a la sima.
Cuando Cuba vivió el extraordinario auge de servicios profesionales a países latinoamericanos (2004-2008): ¿por qué no se invirtió parte de ese enorme fondo en recapitalizar la industria y la agricultura de manera eficiente y sostenible? Durante el trienio del deshielo con Obama (2014-2016): ¿por qué no se efectuó la reunificación monetaria y cambiaria para restablecer al peso cubano en su trono?
Ahora la cuestión es más de supervivencia que de Actualización u Ordenamiento. Primero, por los estragos de la Covid-19; pero, al unísono, por el incremento de la oferta de bienes y servicios que permitan equilibrar la oferta y demanda y detener la espiral inflacionaria que hunde a nuestra divisa: el peso cubano, que pone a los que no tienen acceso a USD o euros, al borde del hambre.
La tarea de reordenar el Ordenamiento parece no estar dando resultado.  Campesinos, cooperativas y reconocidas empresas agrícolas se hallan al borde de la bancarrota por no poder costear los precios inflados de los servicios estatales de electricidad, agua, semillas, etc., que han crecido entre diez y veinte veces. La ruptura de la correspondencia entre la concepción y la puesta en práctica de la Tarea Ordenamiento, requiere un debate nacional urgente.
A esto se añade la redolarización plástica y la medida de no aceptar más el USD físico en momentos en que hay escasas opciones de hacerlos llegar mediante envíos. Son medidas que, más allá de ayudar a paliar los problemas de la banca cubana, empeñada en dar prioridad al uso de la moneda del enemigo, traspasan el problema al consumidor de a pie, que solo puede resolver ciertas necesidades mediante la compra de USD plásticos o euros, a precios astronómicos, en el mercado informal.

Las medidas que he propuesto en otros posts, recientes y antiguos, (El ocio de la tierra; El pecado de la carne; Ceres, por favor, ¡ven pronto!) no las repetiré por razones de espacio y respeto a los lectores. En estos días, varios prestigiosos economistas cubanos, tanto de la Isla como de la emigración, se han referido a la urgencia de adoptar medidas ya aprobadas y nunca aplicadas, de una vez y por todas. Otros intelectuales, empresarios entrevistados por la prensa nacional y gente del pueblo, se pronuncian en el mismo sentido.
La hoja de ruta de las reformas está planteada y es conocida, solo falta voluntad política para ponerla en práctica. Seguir esperando por las calendas griegas para liberar las fuerzas productivas de la nación solo nos conduce a la sima.
La continuidad en un camino equivocado ha de ser sobrepasada por la búsqueda de nuevos derroteros que permitan avizorar las cimas de prosperidad y desarrollo que exigimos los que ponemos al país por delante de los instintos egoístas y conservadores de un grupo de poder, pequeño pero soberbio y con facultades omnímodas.

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Que los saberes se integren y se conviertan en bienestar

El «Manejo de los suelos en el marco de la soberanía alimentaria y educación nutricional», fue punto de partida del intercambio entre científicos y expertos con la dirección del país, encabezada por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

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Biocen, la estratégica etapa final en la fabricación de vacunas y otros productos de la biotecnología cubana (+ Fotos)

Creada en 1992, Biocen es una empresa de alta tecnología del grupo BioCubaFarma. Es la salida productiva de un número importante de productos de la biotecnología cubana, que en 2021 asumió las etapas de formulación y llenado de las vacunas Soberana. Cubadebate se acercó al desarrollo de estos procesos, y a una importante inversión y actualización tecnológica en su planta de ingredientes farmacéuticos activos.

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La Opinión Gráfica: “Crecimiento”, ¿de la carne?

La desaparición de la carne de cerdo en la comercialización agropecuaria es uno de los motivos que más preocupa en la mesa del cubano por estos días. Lo que parece aumentar cada vez más no es la masa cárnica, sino los precios astronómicos en que se suele expender en ocasiones el demandado producto por algunos que lucran con el bolsillo familiar.

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