HAVANA CLIMA

Palabras Migrantes

“El timbre del diablo”: placer sexual de las personas con vulva

“Algunos médicos, como Philippe Tissié, advertían que la bicicleta podía provocar abortos y esterilidad, y otros colegas aseguraban que este indecente instrumento inducía a la depravación, porque daba placer a las mujeres que frotaban sus partes íntimas contra el asiento.”La cita anterior es un fragmento de Alarma: ¡Bicicletas! del escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien ironizaba en ese corto relato acerca de los tabúes machistas sobre la vulva. No solo apuntó la deformación de las ciencias hacia un entendimiento misógino y patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, sino que, además, reafirmaba sobre el único destino de nuestros órganos sexuales: procrear.Si bien el neuropsiquiatra francés desarrolló su labor entre finales del siglo XIX y principios del XX, la consideración de las mujeres como seres inferiores y con roles atribuidos “por naturaleza” (entre los que no se encontraban el deseo/placer sexual) le antecede, y por mucho.En la historia y culturas mayas, Xtab era la divinidad de la horca, la diosa de los ahorcados, de las personas suicidas. Con la colonización su significado cambió y dejó de ser una entidad protectora para convertirse en una especie de mujer-maleficio: Xtabay pasaba a ser una mujer bellísima que hechizaba a los hombres con sus poderes de seducción, los hacía caer rendidos a sus pies para luego llevarlos a la perdición. Se erigía así una mujer/deidad mala, por libidinosa y pecadora.Otra leyenda cuenta que el mito de la Xtabay surge como resultado de las diferencias entre dos hermanas. Una entregada a los placeres de la carne, y otra casta y pura. Historia que también fue manipulada por los sacerdotes de la colonización para imponer disciplina sobre los pueblos conquistados en el orden del “bien y el mal” y para promover el sometimiento como salvación mediante la propia simbología maya. Pero, sobre todo, fueron leyendas usadas para disciplinar a las mujeres, subordinándolas a la “virginidad” como virtud, y para reprimir los placeres sexuales mediante la vergüenza, la culpa y el castigo.En otro orden de tiempo y espacio, Aristóteles y Galeno afirmaban que los “órganos femeninos” eran una forma menor de los del hombre, por tanto, las mujeres eran también algo “menor” a los hombres 1.La colonialidad dicotómica del género, que incluye la negación de los placeres sexuales de las personas con vulva y, por tanto, la afirmación de su destino reproductivo, se instituyó categóricamente mediante las ciencias. A la par de que en el siglo XVIII las nuevas teorías del conocimiento respecto al cuerpo desarrollaron la idea de la “raza científica” (argumentación de que las diferencias biológicas se contraponen al principio de “igualdad natural”, por ejemplo, que los negros tenían los nervios más fuertes y toscos que los europeos porque tenían cerebros más pequeños, por tanto, eran inferiores), también desarrollaron la argumentación “científica” de que el útero predispone naturalmente a las mujeres a la vida hogareña 2.La matriz, que hasta el siglo XVIII había sido un “falo negativo”, pasó a tener nombre y a llamarse útero, “órgano cuyas fibras, nervios y vascularización proporcionaban explicación y justificación naturalista al estatus social de las mujeres” 3. De hecho, esa formulación totalizante de los dos sexos, y uno superior al otro, no respondía a intereses de avance científico sino a un contexto político de reafirmación de las jerarquías sociales (entre hombres, entre hombres y mujeres, entre existencias clasificadas como no-personas sea por su raza, etnia o identidad de género, por su clase o procedencia, etc.). Aunque partimos del entendimiento de que el interés político por el acceso al poder ha determinado toda una serie de estratificaciones de grupos humanos en (casi) todos los tiempos, lo cierto es que su reificación científica, moral y religiosa ocurre con mayor despliegue con la modernidad.Citando a Thomas Laqueur, a partir del siglo XVIII, los dos sexos fueron inventados como un nuevo fundamento para el género, y el cuerpo de las mujeres tuvo que cargar con un nuevo significado que pesa hasta la actualidad. El “orgasmo femenino” fue desplazado hacia la arena de la psicología como un significante vacío al cual habría que asignarle contenido. O las mujeres carecíamos de “pasión”, o bien teníamos una capacidad extraordinaria (y mayor que el hombre) de “controlar la furia bestial, irracional y potencialmente destructiva del placer sexual” 4. De ahí que el orgasmo también pasara a ser una de las fichas clave de las “nuevas” diferencias sexuales y de género.Tal ha sido el campo de batalla del placer para las personas con vulva, y su redefinición como parte de los imaginarios sociales que inferiorizan a las mujeres, que todavía se vincula o se niega (según el caso) la excitación antes del coito para lograr un embarazo. Incluso, hasta los años treinta del pasado siglo se “recetaba” que, si la pareja deseaba tener un varón, lo mejor era evitar el “orgasmo femenino” pues este aumentaba las probabilidades de concebir una niña 5. Es importante recordar que esta lectura debe acompañarse de la interpretación de que los hijos varones siguen siendo preferidos a las niñas.El propio Sigmund Freud, enmarcado en la psicología moderna y padre del psicoanálisis, alentó la construcción de una hembra psicológica determinada por su sexo biológico, aludiendo que “el humano corriente era un varón; la mujer era, según su definición, un ser humano anormal que no tenía pene y cuya estructura psicológica supuestamente se centraba en la lucha por compensar dicha deficiencia” 6. Incluso, llegó a refrendar que el clítoris era un pene inmaduro y que las mujeres solo alcanzábamos orgasmos por penetración.Estas tramas históricas y actuales, científicas, religiosas y morales, explican en gran medida el hecho de que hoy se siga practicando la ablación o la mutilación genital femenina (MGF). A pesar de que las Naciones Unidas ha señalado que la MGF no tiene ningún fundamento médico o científico sino patriarcal y que constituye una violación a los derechos humanos, el mal llamado “timbre del diablo” y su retórica pecaminosa todavía posa su fantasma sobre nuestras existencias.Aunque siempre se relaciona la MGF a las tradiciones actuales del continente africano, lo cierto es que de esa práctica se tiene registro desde el año 4 mil a.n.e. en Egipto, según hallazgos de infibulación (estrechamiento del orificio vaginal con un sello cobertor que se forma cortando y recolocando los labios menores o los labios mayores) en el cuerpo de mujeres momificadas. También en la antigua Roma se colocaba una fíbula (especie de broche) en los genitales de las esclavas para mantenerlos cerrados y controlar su sexualidad (de ahí el término infibulación).La MGF encuentra vestigios en mitos mexicas intervenidos por la colonización como una de las leyendas que cuenta la creación de las flores de cempasúchil o súchil, producto de la mordida de un murciélago a los genitales de la Diosa Xochiquetzal (símbolo de la mujer joven en plena potencia sexual, relacionada al amor, la sensualidad, el deseo sexual y los placeres) quien le arranca la vulva y al lavarla nacen las flores. También se han verificado en Australia relatos de ablación en el siglo XIX en la tribu Arunta; en Colombia, Perú y Brasil desde antes de la conquista; etc.Incluso en Europa y Estados Unidos, en el siglo XIX se realizaba la MGF para prevenir o curar epilepsias, catalepsias, la llamada “histeria” o la “degeneración” en las mujeres. Por ejemplo, el doctor inglés Isaac Brown realizaba ablaciones o clitoridectomías como parte protocolos de la medicina europea para tratar casos de histeria, migraña y epilepsia. Aunque ha sido su nombre el que ha trascendido, fueron varios los médicos y las clínicas que asumieron estas prácticas.No fue hasta 1998 que se supo cuál era la anatomía exacta del clítoris y cómo se ve. Gracias a los estudios publicados por la uróloga australiana Hellen O’Connell se supo que el clítoris es 10 veces más grande que su parte externa visible pues llega a medir entre 10 y 12 centímetros, y que tiene entre 2 y 3 veces más terminaciones nerviosas que el pene (aproximadamente 8 mil). Además, reveló que es el único órgano dedicado exclusivamente al placer y también que es el único que produce orgasmos, por lo que la teoría freudiana queda desechada. Incluso, el famoso punto G que es estimulado a través de la pared vaginal no es más que la parte posterior del clítoris.A pesar de los avances en la difusión de este tipo de información, no ha sido suficiente frente a las estructuras históricas y culturales del patriarcado. Destejer la telaraña de la inferiorización asignada, de la culpabilidad moral y la vergüenza ante el deseo sexual, del castigo religioso, de la compulsividad reproductiva, de la obediencia al apetito carnal masculino y del mandato anulante de nuestras propias demostraciones sexo-afectivas, es una tarea titánica. Mientras que, como mínimo, no tengamos programas integrales de educación sobre sexualidad y género, las mujeres (sobre todo cisgénero y heterosexuales) seguiremos teniendo brechas orgásmicas.Un estudio publicado en el Archives of Sexual Behavior demostró que, mientras el 95% de los hombres heterosexuales alcanzan orgasmos en sus encuentros sexuales, las mujeres de la misma condición lo hacen en un 65%. Además, existen tabúes respecto a la masturbación de la mujer, brechas científicas en los estudios acerca del placer de las mujeres, patologización, una cultura sexual centrada en el placer del hombre y subordinada a él, a pesar de que solamente una de cada cinco mujeres alcanzamos orgasmos por penetración. Ha sido muy polémico el origen del Día del orgasmo femenino. En primer lugar, porque el nombre no asimila identidades de género diversas como hombres trans con vulva. Y, en segundo lugar, porque habría sido iniciativa de un concejal brasileño atender este problema como un tema de salud pública el que las mujeres luchen por su placer sexual y que la sociedad en general comprenda esta asimetría. A pesar de estas discrepancias, lo cierto es que a las mujeres y personas con vulva se nos sigue negando el placer sexual, o se nos sigue estigmatizando socialmente cuando nos manifestamos de manera contraria a los tabúes y otros mandatos machistas en torno a la sexualidad plena.Salirnos un poco de los moldes patriarcales, conlleva el riesgo de que nos tilden de “locas”, “zorras”, “perras”, “golfas”, “putas”, “degenaradas” y “desvergonzadas”. Ya se ha dicho, persiste la ablación, la violación sexual entre parejas, la tortura sexual, etc. Persiste la idea de que somos las causantes de las tragedias de los hombres, seguramente por el poder “maldito” de nuestras vulvas. Por eso hay que eliminarlas, negarlas o reprimir el deseo nuestro. “Como Eva, como Pandora, Tlazoltéotl tenía la culpa de la perdición de los hombres; y las mujeres que nacían en su día vivían condenadas al placer”. Vuelve a ironizar Galeano en otro de sus relatos.No por gusto la “Liberación sexual” fue un ícono de las luchas feministas y por los derechos de las mujeres a partir de los años sesenta.Y, terminando este texto, recordé el primer poema que escribiera sobre el placer sexual de las mujeres y personas con vulva. Solo para recordar la potencia de la desobediencia y, también, el gusto por nosotras mismas:Ella se masturba sola frente al espejo. Ancho y alto le muestra toda su humanidad,y sus demonios.   Se mira gustosa de sí misma, gime, y se toca en círculos, se muerde el labio inferior, como muerde a los higos, y se vuelve a mirar espléndida y poseída.   Abre la garganta como loba, crujen las patas de la silla, y se estremece el mundo.   Los vecinos ya saben que alguien murió de felicidad.   Despojada ya, se viste a medias, cierra,  una vez más,  la puerta.   Tira las llaves a la basura, y sale, potentada y vívida, a conquistar la ciudad que la condena. ***Notas:1 Thomas Laqueur, La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud, 1990.2 Laqueur, 1990, pp. 267-2683 Laqueur, 1990, p. 2624 Laqueur, 1990, p. 2595 Laqueur, 1990, p.2606 Gerda Legner, El origen del Patriarcado

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“Lightyear”: la nueva película infantil de Pixar que desata debate entre adultos

El pasado 16 de junio se estrenó en cines mexicanos la película infantil Lightyear, una continuidad de la famosa saga Toy Story. En el largometraje de una hora y 45 minutos de duración una pareja de mujeres se besa en una escena de apenas 1 segundo. Aunque de manera muy fugaz, el beso fue suficiente para que madres y padres se escandalizaran, y para que algunos cines advirtieran en su promoción que el filme contenía “ideología de género”, aunque ningún niño o niña haya percibido diferencia alguna en aquella muestra de amor y afecto.Advertencia en cines.El filme ya ha sido censurado en 14 países. Solo el 56% de los usuarios de Google indicó que les gustó la cinta, un porcentaje bajo para los estándares de las producciones de Pixar.En las redes sociales se debatió acerca de la escena, llegando a la conclusión de que lo que realmente disparaba las preocupaciones era una evidente lesbofobia. Es cierto que se pueden tener dudas de cómo responderle a las infancias cuando hacen preguntas relacionadas a la sexualidad de manera general y esto ocurre porque seguimos reproduciendo una moralidad cristiana tabú en torno al tema, cada vez más distante de una educación sexual integral abierta y sana. No obstante, hay grandes diferencias cuando estas interrogantes se convierten en barreras y prohibiciones que esconden un verdadero rechazo a las personas con sexualidades no heteronormativas.Educación con enfoque de género: un derecho de las infanciasEl escándalo lesbofóbico a causa de un beso entre dos mujeres en un largometraje de dibujos animados me hizo recordar a Haymée, una amiga entrañable a través de la cual comprendí lo que era la discriminación por razones de orientación sexual.Conocí a Haymée en la secundaria. Generalmente permanecía apartada del grupo, siempre con una sonrisa tímida y enfocada más en el deporte o en las actividades de los pioneros exploradores que en el aula. En los recesos o en los matutinos, la mayoría se juntaba alrededor de las muchachas que siempre eran el centro, o de los varones que más se destacaban. Ella no. No era “como las demás”, pero tampoco yo, así que nos llevamos bien desde entonces.Después nos tocó el mismo albergue y el mismo cubículo en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Vladimir Ilich Lenin”. Y allí, todas las jóvenes nos hicimos una, a pesar de nuestras grandes diferencias. La convivencia, la intimidad y la solidaridad nos hizo afianzarnos unas con otras en las buenas, y en las malas.Y una mala, entre tantas que pasamos, le tocó a Haymée. Una mañana nos despertamos con el rumor burlesco e inescrupuloso de que la habían visto besándose con otra estudiante. El hecho constituyó un escándalo para quienes a los 15 años “nunca” habían escuchado hablar de relaciones homosexuales como algo normal y común. Comenzó un bullying homofóbico muy cruel contra ella, que también era blanco de expresiones de discriminación en las colas del comedor, en el baño o dentro del propio albergue, por estudiantes de la misma aula y hasta por los pasillos. De alguna manera terminaron tildándonos despectivamente de “lesbianas” a algunas de quienes convivíamos con ella.Entre nosotras hubo un juramento tácito que no necesitó palabras: no la íbamos a dejar sola. Nos trasladábamos juntas, acuerpadas, a cada lugar. El momento más crítico, después de reiteradas burlas, fue cuando tuvimos que defendernos físicamente luego de meses de agotamiento, a pesar del estatuto de la escuela, que establecía la expulsión a quien ejerciera violencia física.Nos graduamos; después de muchos años le pregunté a Haymée si recordaba esos episodios y ella me contestó que siempre los recuerda, porque marcaron su vida.Conversamos de aquella etapa y también de lo que vino después, si sintió algún tipo de discriminación o, incluso, alguna manifestación violenta debido a su orientación sexual. “En la universidad al principio fue complicado, pues siempre existían personas que no comprendían lo que era ser homosexual, pero lo más que pudieron hacer fue agredirme verbalmente. Lo que puedo decir es que, por suerte, siempre tuve amigos que me apoyaban y eso me ayudó mucho a salir adelante. En la calle también me han agredido verbalmente, diciéndome ‘tuerca’ o ‘qué desperdicio’. A pesar de que no expreso públicamente mi inclinación sexual, siempre he sido de respetar a los demás.”Si bien la discriminación sexual tiene lugar desde edades tempranas en las escuelas y por personas desconocidas en la calle, el hogar y la familia no dejan de ser medios de posibles hostilidades para personas consideradas disidentes sexuales, lo que en ocasiones provoca la expulsión de sus viviendas. Por tanto, comunicar que se es homosexual constituye todo un dilema. Haymée comenzó por su familia y por sus amigos más allegados, “en algunos casos no ha sido fácil, pero por suerte las personas cercanas a mí lo han aceptado e incluso me han apoyado para no sentirme fuera de lugar, para no tener que esconderme, ni dejar de ser yo por agradar a alguien”.En Cuba, la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género del año 2016 —y última publicada hasta el momento—, reveló que el 77% de la población encuestada considera que las personas homosexuales deben disfrutar de los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, sin embargo, solo poco menos de la mitad de las personas (49,1 % del total) manifestó estar de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo género.Haymée vive en Uruguay desde hace más de cuatro años; un país que desde el 2013 aprobó la Ley del Matrimonio Igualitario, desde el 2018 cuenta con una Ley Integral para Personas Trans, cuyo antecedente fue la Ley sobre el derecho a la identidad de género y al cambio de nombre y sexo en documentos identificatorios; y que además cuenta con varios programas estatales destinados a las personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ que fomenta iniciativas de inclusión como los cupos laborales en los ámbitos estatales y los privados; entre otros.Ante estas notables diferencias legales respecto a la Isla, mi amiga comparte que en Cuba “simplemente me adapté a dejar de lado los obstáculos y concentrarme en ser yo misma. Fuera de Cuba pude comprobar que son un poco más maduros respecto a este tema, (…) no he tenido ningún problema con mi orientación sexual, es un tema más que hablado en ese país (Uruguay). No existen diferencias entre personas heterosexuales y homosexuales, al contrario, en los centros de trabajo, por ejemplo, les gusta tener personas con distintas orientaciones sexuales.”Son ejemplos que alientan la actual encrucijada respecto al Código de las Familias en Cuba, a pesar de tener un precedente también alentador para el país con relación a los derechos de la población LGBTIQ+, a la necesidad de concientizar y sensibilizar en temas de diversidad sexual y de género, y a la obligación de (des)educar a la sociedad cubana respecto a la aceptación y abrigo de estas comunidades discriminadas. Un ejemplo de esto último lo fue la Resolución 16 de 2021 del Ministerio de Educación de Cuba, a partir de la cual se actualizó el Programa de Educación Integral de la Sexualidad; no obstante, fue suspendida hasta nuevo aviso y todavía no se le ha vuelto a dar “luz verde” para su desarrollo.El nudo político del referéndum como requisito para la aprobación del Código de las Familias ha puesto una vez más en una situación de desventaja a las personas LGBTIQ+, históricamente preteridas; sobre todo teniendo en cuenta los datos arrojados por la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género del 2016, y otros datos adicionales también desfavorables: solo el 31 % del total de la población está de acuerdo con la adopción de menores de edad por parejas formadas por dos hombres y el 34,6 % concuerda cuando la pareja se compone de dos mujeres. La adopción por familias homoparentales ha sido otra disputa en el proyecto de ley.Código de las familias, una guía para el debate (II)Todavía no sabemos cuál pudiera ser la reacción del público cubano al ver la película infantil que dio inicio a este texto, pues las dos mujeres que se muestran afecto mediante un beso también aparecen con un niño en brazos, lo que desató más rechazo aún. Para Haymée “hay puntos importantes en el Código de las Familias que pienso deberían aprobarse, pero en algo no estoy de acuerdo y es que no debería llevarse a votación (…) para mí debería ser una ley ya aprobada, pues no creo que las personas tengan el derecho a votar por esa decisión.”Polémica en redes sociales por la escena del beso lésbico en el largometraje de dibujos animados “Lightyear”Es importante recordar que, a pesar de no encontrarse regulado formalmente, el Estado cubano ha dado tímidos pasos judiciales y registrales concernientes al reconocimiento de parejas lesbianas respecto a la crianza. El primero fue el fallo emitido en el año 2017 por un Tribunal municipal que concedió la guarda y cuidado de dos niñas y un niño a su abuela Violeta Cardoso, quien convivía con Isabel, su “pareja de hecho”. Si bien la custodia fue reconocida a favor de la abuela, uno de los elementos que evalúan los tribunales cubanos para dicha concesión es la relación de pareja y convivencia. El segundo tuvo lugar en el 2020, cuando el Registro Civil admitió inscribir y el Ministerio de Justicia emitió la certificación de nacimiento de un niño con dos madres, Dachelys Valdés y Hope Bastian.Las avanzadas neoconservadoras y los fundamentalismos religiosos no solo socavan los derechos de las personas disidentes sexuales y de género. Las desigualdades reales son resultado también de nuestras sociedades, que mantienen prejuicios conservaduristas expresados en homofobia, lesbofobia y transfobia. Esa misma sociedad también compone a las instituciones, a los centros de trabajo estatales y privados, a los centros de enseñanza, está presente en la guagua, en la bodega, entre los vecinos y entre los propios familiares.Avanzar en el pleno reconocimiento de las poblaciones LGBTIQ+ constituye un compromiso de todas, todos y todes. De ahí que no se me borrarán las últimas palabras de Haymée cuando le pregunté cómo le hubiese gustado que hubiera respondido aquella escuela nuestra frente al beso de dos mujeres jóvenes. A eso, me respondió: “simplemente, (me hubiera gustado) que no me agredieran ni me molestaran”.

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“Lightyear”: la nueva película infantil de Pixar que desata debate entre adultos

El pasado 16 de junio se estrenó en cines mexicanos la película infantil Lightyear, una continuidad de la famosa saga Toy Story. En el largometraje de una hora y 45 minutos de duración una pareja de mujeres se besa en una escena de apenas 1 segundo. Aunque de manera muy fugaz, el beso fue suficiente para que madres y padres se escandalizaran, y para que algunos cines advirtieran en su promoción que el filme contenía “ideología de género”, aunque ningún niño o niña haya percibido diferencia alguna en aquella muestra de amor y afecto.Advertencia en cines.El filme ya ha sido censurado en 14 países. Solo el 56% de los usuarios de Google indicó que les gustó la cinta, un porcentaje bajo para los estándares de las producciones de Pixar.En las redes sociales se debatió acerca de la escena, llegando a la conclusión de que lo que realmente disparaba las preocupaciones era una evidente lesbofobia. Es cierto que se pueden tener dudas de cómo responderle a las infancias cuando hacen preguntas relacionadas a la sexualidad de manera general y esto ocurre porque seguimos reproduciendo una moralidad cristiana tabú en torno al tema, cada vez más distante de una educación sexual integral abierta y sana. No obstante, hay grandes diferencias cuando estas interrogantes se convierten en barreras y prohibiciones que esconden un verdadero rechazo a las personas con sexualidades no heteronormativas.Educación con enfoque de género: un derecho de las infanciasEl escándalo lesbofóbico a causa de un beso entre dos mujeres en un largometraje de dibujos animados me hizo recordar a Haymée, una amiga entrañable a través de la cual comprendí lo que era la discriminación por razones de orientación sexual.Conocí a Haymée en la secundaria. Generalmente permanecía apartada del grupo, siempre con una sonrisa tímida y enfocada más en el deporte o en las actividades de los pioneros exploradores que en el aula. En los recesos o en los matutinos, la mayoría se juntaba alrededor de las muchachas que siempre eran el centro, o de los varones que más se destacaban. Ella no. No era “como las demás”, pero tampoco yo, así que nos llevamos bien desde entonces.Después nos tocó el mismo albergue y el mismo cubículo en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas “Vladimir Ilich Lenin”. Y allí, todas las jóvenes nos hicimos una, a pesar de nuestras grandes diferencias. La convivencia, la intimidad y la solidaridad nos hizo afianzarnos unas con otras en las buenas, y en las malas.Y una mala, entre tantas que pasamos, le tocó a Haymée. Una mañana nos despertamos con el rumor burlesco e inescrupuloso de que la habían visto besándose con otra estudiante. El hecho constituyó un escándalo para quienes a los 15 años “nunca” habían escuchado hablar de relaciones homosexuales como algo normal y común. Comenzó un bullying homofóbico muy cruel contra ella, que también era blanco de expresiones de discriminación en las colas del comedor, en el baño o dentro del propio albergue, por estudiantes de la misma aula y hasta por los pasillos. De alguna manera terminaron tildándonos despectivamente de “lesbianas” a algunas de quienes convivíamos con ella.Entre nosotras hubo un juramento tácito que no necesitó palabras: no la íbamos a dejar sola. Nos trasladábamos juntas, acuerpadas, a cada lugar. El momento más crítico, después de reiteradas burlas, fue cuando tuvimos que defendernos físicamente luego de meses de agotamiento, a pesar del estatuto de la escuela, que establecía la expulsión a quien ejerciera violencia física.Nos graduamos; después de muchos años le pregunté a Haymée si recordaba esos episodios y ella me contestó que siempre los recuerda, porque marcaron su vida.Conversamos de aquella etapa y también de lo que vino después, si sintió algún tipo de discriminación o, incluso, alguna manifestación violenta debido a su orientación sexual. “En la universidad al principio fue complicado, pues siempre existían personas que no comprendían lo que era ser homosexual, pero lo más que pudieron hacer fue agredirme verbalmente. Lo que puedo decir es que, por suerte, siempre tuve amigos que me apoyaban y eso me ayudó mucho a salir adelante. En la calle también me han agredido verbalmente, diciéndome ‘tuerca’ o ‘qué desperdicio’. A pesar de que no expreso públicamente mi inclinación sexual, siempre he sido de respetar a los demás.”Si bien la discriminación sexual tiene lugar desde edades tempranas en las escuelas y por personas desconocidas en la calle, el hogar y la familia no dejan de ser medios de posibles hostilidades para personas consideradas disidentes sexuales, lo que en ocasiones provoca la expulsión de sus viviendas. Por tanto, comunicar que se es homosexual constituye todo un dilema. Haymée comenzó por su familia y por sus amigos más allegados, “en algunos casos no ha sido fácil, pero por suerte las personas cercanas a mí lo han aceptado e incluso me han apoyado para no sentirme fuera de lugar, para no tener que esconderme, ni dejar de ser yo por agradar a alguien”.En Cuba, la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género del año 2016 —y última publicada hasta el momento—, reveló que el 77% de la población encuestada considera que las personas homosexuales deben disfrutar de los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, sin embargo, solo poco menos de la mitad de las personas (49,1 % del total) manifestó estar de acuerdo con el matrimonio entre personas del mismo género.Haymée vive en Uruguay desde hace más de cuatro años; un país que desde el 2013 aprobó la Ley del Matrimonio Igualitario, desde el 2018 cuenta con una Ley Integral para Personas Trans, cuyo antecedente fue la Ley sobre el derecho a la identidad de género y al cambio de nombre y sexo en documentos identificatorios; y que además cuenta con varios programas estatales destinados a las personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ+ que fomenta iniciativas de inclusión como los cupos laborales en los ámbitos estatales y los privados; entre otros.Ante estas notables diferencias legales respecto a la Isla, mi amiga comparte que en Cuba “simplemente me adapté a dejar de lado los obstáculos y concentrarme en ser yo misma. Fuera de Cuba pude comprobar que son un poco más maduros respecto a este tema, (…) no he tenido ningún problema con mi orientación sexual, es un tema más que hablado en ese país (Uruguay). No existen diferencias entre personas heterosexuales y homosexuales, al contrario, en los centros de trabajo, por ejemplo, les gusta tener personas con distintas orientaciones sexuales.”Son ejemplos que alientan la actual encrucijada respecto al Código de las Familias en Cuba, a pesar de tener un precedente también alentador para el país con relación a los derechos de la población LGBTIQ+, a la necesidad de concientizar y sensibilizar en temas de diversidad sexual y de género, y a la obligación de (des)educar a la sociedad cubana respecto a la aceptación y abrigo de estas comunidades discriminadas. Un ejemplo de esto último lo fue la Resolución 16 de 2021 del Ministerio de Educación de Cuba, a partir de la cual se actualizó el Programa de Educación Integral de la Sexualidad; no obstante, fue suspendida hasta nuevo aviso y todavía no se le ha vuelto a dar “luz verde” para su desarrollo.El nudo político del referéndum como requisito para la aprobación del Código de las Familias ha puesto una vez más en una situación de desventaja a las personas LGBTIQ+, históricamente preteridas; sobre todo teniendo en cuenta los datos arrojados por la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género del 2016, y otros datos adicionales también desfavorables: solo el 31 % del total de la población está de acuerdo con la adopción de menores de edad por parejas formadas por dos hombres y el 34,6 % concuerda cuando la pareja se compone de dos mujeres. La adopción por familias homoparentales ha sido otra disputa en el proyecto de ley.Código de las familias, una guía para el debate (II)Todavía no sabemos cuál pudiera ser la reacción del público cubano al ver la película infantil que dio inicio a este texto, pues las dos mujeres que se muestran afecto mediante un beso también aparecen con un niño en brazos, lo que desató más rechazo aún. Para Haymée “hay puntos importantes en el Código de las Familias que pienso deberían aprobarse, pero en algo no estoy de acuerdo y es que no debería llevarse a votación (…) para mí debería ser una ley ya aprobada, pues no creo que las personas tengan el derecho a votar por esa decisión.”Polémica en redes sociales por la escena del beso lésbico en el largometraje de dibujos animados “Lightyear”Es importante recordar que, a pesar de no encontrarse regulado formalmente, el Estado cubano ha dado tímidos pasos judiciales y registrales concernientes al reconocimiento de parejas lesbianas respecto a la crianza. El primero fue el fallo emitido en el año 2017 por un Tribunal municipal que concedió la guarda y cuidado de dos niñas y un niño a su abuela Violeta Cardoso, quien convivía con Isabel, su “pareja de hecho”. Si bien la custodia fue reconocida a favor de la abuela, uno de los elementos que evalúan los tribunales cubanos para dicha concesión es la relación de pareja y convivencia. El segundo tuvo lugar en el 2020, cuando el Registro Civil admitió inscribir y el Ministerio de Justicia emitió la certificación de nacimiento de un niño con dos madres, Dachelys Valdés y Hope Bastian.Las avanzadas neoconservadoras y los fundamentalismos religiosos no solo socavan los derechos de las personas disidentes sexuales y de género. Las desigualdades reales son resultado también de nuestras sociedades, que mantienen prejuicios conservaduristas expresados en homofobia, lesbofobia y transfobia. Esa misma sociedad también compone a las instituciones, a los centros de trabajo estatales y privados, a los centros de enseñanza, está presente en la guagua, en la bodega, entre los vecinos y entre los propios familiares.Avanzar en el pleno reconocimiento de las poblaciones LGBTIQ+ constituye un compromiso de todas, todos y todes. De ahí que no se me borrarán las últimas palabras de Haymée cuando le pregunté cómo le hubiese gustado que hubiera respondido aquella escuela nuestra frente al beso de dos mujeres jóvenes. A eso, me respondió: “simplemente, (me hubiera gustado) que no me agredieran ni me molestaran”.

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Mujeres presas, las más olvidadas

Un estimado de 11,7 millones de personas se encontraban detenidas o privadas de libertad en todo el mundo al cierre de 2019 (casi la población habitante en Cuba). Aunque el 93% de ese total está compuesto por hombres, en los últimos veinte años han sido más las mujeres que han ido a parar a las cárceles (33% de aumento) en comparación con los hombres (25% de aumento).Sin embargo, el aumento de un 25% de la población penal a nivel mundial desde el año 2000, no ha sido nutrido por igual por todas las regiones geográficas del planeta. Han sido América Latina y el Caribe, junto a Australia/Nueva Zelanda, las que han tributado en mayor proporción a ese aumento, con un 68% en las últimas dos décadas. No obstante, la región de las Américas es la que mayor tasa de encarcelamiento posee a nivel mundial: América del Norte presenta una tasa de 577 personas privadas de libertad por cada 100 mil habitantes; y América Latina y el Caribe 267; ocupando el primer y segundo lugares respectivamente, mientras la tasa mundial es de 152 por cada 100 mil habitantes.Por otra parte, en nuestra región latinoamericana y caribeña, mientras 510 hombres son encarcelados por cada 100 mil habitantes hombres, las mujeres lo son en una proporción de 31 por cada 100 mil habitantes mujeres. Y, una vez más, esas tasas han ido en aumento en los últimos tiempos. El Salvador, por ejemplo, tenía en 2020 un número siete veces mayor de mujeres encarceladas que la cifra que presentaba en 2000; Guatemala tenía también en el 2020 seis veces el volumen de mujeres encarceladas que tuvo en 2001.Esta tendencia de aumento por género que, en particular, se observa en nuestra región se explica a partir del incremento de leyes punitivas carcelarias sobre drogas que afectan a las mujeres de forma desproporcionada. En números totales los hombres son más encarcelados por delitos de drogas, pero en términos de proporción, el porcentaje de mujeres encarceladas en América Latina y el Caribe es más alto que el correspondiente a los hombres. Por ejemplo, en países como Brasil, Chile, Costa Rica, Panamá y Perú, la proporción de mujeres encarceladas por delitos de drogas es un 30% más alta que en el caso de hombres privados de libertad por las mismas causas en esos países, según un informe del centro de estudios WOLA.En efecto, las mujeres cumplen roles de menor entidad en el mercado de la droga y el crimen organizado, siempre expuestas al encarcelamiento, fácilmente sustituibles y reclutables debido a la altísima feminización de la pobreza en nuestros territorios, por lo que estas leyes punitivas terminan siendo inoperantes para liquidar el tráfico de drogas, y muy funcionales para la reproducción de la criminalidad, la precarización y las ganancias de la industria carcelaria privatizada.No hay que perder de vista el contexto de profunda desigualdad de género y violencia que tiene lugar en nuestra región. Las mujeres que se involucran en el mercado de las drogas y que terminan siendo encarceladas, son impactadas por la extrema pobreza, por los bajos niveles de instrucción, por el desempleo y por la situación precaria de sus hogares y familiares en los que, en su mayoría, los varones ya se encuentran privados de libertad o inmiscuidos también en el crimen organizado. Además, los efectos de la discriminación territorial, étnica, racial, también definen el problema de las mujeres encarceladas.Varios estudios indican que, aunque no se han desagregado con exactitud las funciones para las que son destinadas las mujeres en el mercado de las drogas, por lo general cumplen actividades de apoyo en el comercio callejero, actuando como transportadoras o “mulas”, en el cultivo, como jornaleras, en el almacenamiento, abastecimiento, empaque, limpieza, y otras cuestiones menores. De ahí que es excepcional que cometan delitos violentos y que el 62% de ellas sea la primera vez que pisen una cárcel, es decir, que son primarias en términos penales. Finalmente, se ha demostrado que la participación de las mujeres se encuentra condicionada por la vulnerabilidad socioeconómica, la violencia, la trata de personas, incluso con fines sexuales, muchas veces coaccionadas por el miedo.En el 2018, de las 714 mil reclusas de todo el mundo, el 35 % lo fue por delitos de drogas; mientras que, de los 9,6 millones de reclusos, solo el 19 % lo era por las mismas razones. Esto apunta a una errada política penal en materia de drogas que no logra desarticular el crimen organizado y, sobre todo, una ausencia de otras políticas no punitivas que logren aliviar las cargas de pobreza y precarización en los territorios criminalizados y preteridos por los países de nuestra región.Cuba: mujeres y nuevas leyesLa Isla muestra una realidad radicalmente opuesta en cuanto a las causas directas del encarcelamiento de mujeres ya que el crimen organizado no se ve expresado ni en el tráfico de drogas ni en la trata de personas con estos fines, no obstante, encuentra analogías respecto a la situación regional.A pesar de que no existen datos publicados de manera reciente que transparenten la situación de las cárceles cubanas y las tendencias en su crecimiento o decrecimiento, la última vez que se abrieron los centros penitenciarios del país a la prensa internacional (2012), la agencia IPS y su corresponsalía en Cuba, publicaron algunas cifras que demostraron desigualdades de género entre la población penal.Al menos en el año 2012, el 63 % de las casi 4 mil cubanas privadas de libertad cumplían condenas por delitos de malversación, hurto, estafa y robo, y se encontraban distribuidas en dos penitenciarías de régimen cerrado para mujeres y 16 centros abiertos en todo el territorio nacional.Según la teniente coronel Sara Rubio, directora de la Prisión de Mujeres de La Habana y entrevistada por la agencia IPS, las campañas anticorrupción iniciadas en el año 2009 (y de corte punitivista carcelario) determinó que más personas terminaran encarceladas. Destacó que una parte importante de ese 63 % de reclusas está asociada a delitos económicos y de corrupción, un problema que “ha golpeado” al sistema penitenciario.Las mujeres encarceladas reincidentes representaban apenas un 15 % y el resto eran primarias, es decir, que delinquen por primera vez. Además, suelen hacerlo en edad madura, entre los 31 y 59 años. Las convictas jóvenes de entre 16 y 30 años solo representan un 2 % de la población carcelaria en Cuba.Teniendo en cuenta que, en su mayoría, no se encuentran asociadas a hechos violentos, sino a los vinculados a lo económico y los recursos, las desigualdades basadas en género constatadas en su profundización durante los últimos diez años pueden explicar, también, las causas estructurales de esa tendencia. Sería válido replantearse el encierro carcelario como una forma de “solucionar” motivos de precarización económica con las necesidades anticorruptivas para el país. Es posible que se repita un esquema punitivo solo contra aquellos sectores más vulnerables y reemplazables en las redes de corrupción y malversación del país, tal y como sucede con el tráfico de drogas donde rara vez se logran enjuiciar a las personas implicadas con mayor responsabilidad y envergadura.No es ocioso apuntar que, además, el país aliviaría la alta tasa de encarcelamiento de mujeres que presenta en comparación con otros países de América Latina y el Caribe que tienen similares datos de densidad de población. Por ejemplo, Cuba presenta una tasa de encarcelamiento de mujeres por cada 100 mil habitantes del total de la población nacional de 35,5 1; mientras que en República Dominicana es de un 2,8; Bolivia de 12,7 y Honduras de 13. No obstante, las tasas son comparables con cualquier país del mundo ya que se calcula por cada cien mil habitantes.Datos de World Prison Brief.Poco se sabe de los perfiles interseccionados de las reclusas cubanas. Me refiero a su procedencia socioeconómica, nivel de estudios, raza, origen territorial, identidad de género, orientación sexual, si tienen personas dependientes bajo su responsabilidad, etc. No obstante, teniendo en cuenta que la mayoría oscila entre los 31 y los 59 años, generalmente son mujeres que ya son madres, o tienen bajo su cuidado a personas adultas mayores o, incluso, se encuentran en la llamada “edad fértil”. Debido a los tradicionales roles de género, el impacto y el costo emocional, económico y comunitario de que una mujer vaya a prisión es socialmente muy elevado. La red de cuidados se rompe y la atención afectiva que deben proveer las visitas es débil para la interna ya que, generalmente, son las mujeres y madres de familia las que se encargan de proveer y visitar a los varones presos de una familia, pero, en estos casos, son ellas las convictas.La pandemia no discrimina, las desigualdades sí: mujeres amortiguando la crisisParalelamente, la teniente coronel Rubio hizo alusión a la falta de perspectiva de género cuando las internas cumplen condenas debido a hechos violentos acaecidos en el entramado de violencia familiar en el que ellas privaron de la vida a sus parejas por encontrarse viviendo episodios sistemáticos y recurrentes de violencia de género contra ellas o de abusos/agresiones sexuales contra sus hijas e hijos.Es imprescindible un tratamiento jurídico diferenciado. Acertadamente en el proyecto de Código Penal se contempló la violencia de género y familiar como una atenuante de la responsabilidad penal cuando la víctima del delito haya incurrido en ella de manera persistente y sistemática, sin embargo, se omite esta condicionante en la Legítima defensa como una eximente de la responsabilidad penal y no solamente como atenuante.También el proyecto de Ley de Ejecución Penal trae novedades en este sentido. Modifica los términos para conceder la libertad condicional que, para el caso de las mujeres primarias, se reduce a la tercera parte de la sanción impuesta. Se contemplaron adecuaciones más flexibles para el ingreso y permanencia de las mujeres en celdas disciplinarias y se reforzó la atención para aquellas gestantes o lactantes, aunque mantiene el término de solo un año de convivencia entre madre reclusa e hija/hijo.Ambos instrumentos jurídicos contemplan, de manera novedosa en su mayoría, cinco sanciones principales alternativas a la privación de libertad: trabajo correccional con internamiento, reclusión domiciliaria, trabajo correccional sin internamiento, limitación de libertad, servicio en beneficio de la comunidad y la amonestación (como alternativa a la multa). Todas son apropiadas para los casos de mujeres encarceladas. Excepto el trabajo con internamiento, el resto se cumplirían en libertad siempre y cuando la sanción sea menor a 5 años y menor de 3 para el caso específico del servicio en beneficio de la comunidad. Teniendo en cuenta las desigualdades estructurales de género; las afectaciones familiares y sociales descritas anteriormente; pero también los tipos delictivos concurrentes en su mayoría como no violentos, pero incluso siéndolo, el término menor a 5 años infiere poca peligrosidad social. Estas medidas son propicias para comenzar a desarrollar “salidas penales” que, aunque punitivas strictu sensu, evitan el encierro de aquellas personas en desventaja social y económica.Mujeres afrodescendientes en Cuba y la Tarea Ordenamiento (I)Si quienes se encargan de administrar el derecho penal y de ejecutar las sanciones comprenden, asimilan y cumplen estas perspectivas de género, entonces podrán darse estos beneficiosos primeros cambios. Entre ellos, está evitar las condenas de corta duración con medidas de encierro y ponderar las campañas anticorrupción (u otras donde la violencia no sea el centro) con otras sanciones. No obstante, a pesar de que las cifras de mujeres encarceladas se encuentran desactualizadas, es preciso revisar cuántas reclusas pueden ser puestas en libertad bajo el amparo de estas nuevas leyes a partir de lo que regulen sus reglamentos o disposiciones adjetivas.No basta con refugiarnos en los códigos que, en teoría, son de ultima ratio o de última opción. Se requieren programas sociales de atención a las familias con personas privadas de libertad y a las comunidades que poseen una significativa representación de su población tras las rejas. Políticas de rentas básicas, apoyo económico y programas de cuidado; más allá de la vital atención a las causas estructurales que conllevan a delinquir, entre ellas, la profunda precarización de la vida, el desempleo, el empleo informal, la necesidad de migrar en el interior del país, en donde la feminización de cada una de estas aristas no ceja las brechas de desigualdad.La política de evitar las prisiones y transformar las estructuras debe primar. Si bien los contextos de Cuba y del resto de la región difieren, en algunos puntos la situación de mujeres cubanas encarceladas presenta conexiones: la mayoría no incurre en delitos violentos; los programas que terminan llevándolas a las cárceles no solucionan el problema “de raíz”; se encuentran condicionadas por las desigualdades económicas; la gran mayoría son primarias; y se experimenta una mayor vulneración de los cuidados y las familias.Por su parte, la futura Ley de ejecución penal contemplará de forma novedosa el enfoque de género en la ubicación de las personas sentenciadas, así como en los tratamientos educativos, médicos y especializados diferenciados por razón de género, orientación sexual o afectaciones severas que dichas personas puedan presentar por violencia o actos discriminatorios. Sin embargo, la identidad de género es mencionada en solo 4 ocasiones en la Ley: para determinar la ubicación de la persona encarcelada, para recibir un trato diferenciado, en atención al principio de no discriminación en el empleo dentro del sistema penitenciario y para refrendar el principio de igualdad.Por ello, es perentorio que las normas jurídicas que desarrollen la aplicación de esta Ley sean más exhaustivas en su articulación ya que hasta el momento estos avances se encuentran como enunciados que pueden ser fácilmente vulnerados. La revista Tremenda Nota ha sistematizado casos de violación de los derechos de las personas trans y travestis recluidas en establecimientos penitenciarios de Cuba por lo que se espera, además de una reparación inmediata de los derechos quebrantados, otros instrumentos jurídicos que permitan la prevención, protección e impugnación contra las violaciones que, en particular, impactan a las comunidades históricamente marginalizadas, como las trans/travestis.Asimismo, se necesita mayor énfasis en la articulación de medidas que garanticen los productos de recolección menstrual (íntimas, toallas sanitarias, algodón, u otras tecnologías más modernas) en todos los establecimientos penitenciarios, desde una celda de detención hasta una prisión cerrada para todas las personas menstruantes. Estas son necesidades básicas que muchas veces son invisibilizadas por la preponderancia de hombres encarcelados y por la puesta en práctica de políticas neutras.***Nota:1 El dato ha sido calculado sobre la base de las cifras reflejadas en la tabla y por las fuentes citadas en el texto. Aunque el dato es de 2012, da pistas sobre la situación nacional.

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Mujeres presas, las más olvidadas

Un estimado de 11,7 millones de personas se encontraban detenidas o privadas de libertad en todo el mundo al cierre de 2019 (casi la población habitante en Cuba). Aunque el 93% de ese total está compuesto por hombres, en los últimos veinte años han sido más las mujeres que han ido a parar a las cárceles (33% de aumento) en comparación con los hombres (25% de aumento).Sin embargo, el aumento de un 25% de la población penal a nivel mundial desde el año 2000, no ha sido nutrido por igual por todas las regiones geográficas del planeta. Han sido América Latina y el Caribe, junto a Australia/Nueva Zelanda, las que han tributado en mayor proporción a ese aumento, con un 68% en las últimas dos décadas. No obstante, la región de las Américas es la que mayor tasa de encarcelamiento posee a nivel mundial: América del Norte presenta una tasa de 577 personas privadas de libertad por cada 100 mil habitantes; y América Latina y el Caribe 267; ocupando el primer y segundo lugares respectivamente, mientras la tasa mundial es de 152 por cada 100 mil habitantes.Por otra parte, en nuestra región latinoamericana y caribeña, mientras 510 hombres son encarcelados por cada 100 mil habitantes hombres, las mujeres lo son en una proporción de 31 por cada 100 mil habitantes mujeres. Y, una vez más, esas tasas han ido en aumento en los últimos tiempos. El Salvador, por ejemplo, tenía en 2020 un número siete veces mayor de mujeres encarceladas que la cifra que presentaba en 2000; Guatemala tenía también en el 2020 seis veces el volumen de mujeres encarceladas que tuvo en 2001.Esta tendencia de aumento por género que, en particular, se observa en nuestra región se explica a partir del incremento de leyes punitivas carcelarias sobre drogas que afectan a las mujeres de forma desproporcionada. En números totales los hombres son más encarcelados por delitos de drogas, pero en términos de proporción, el porcentaje de mujeres encarceladas en América Latina y el Caribe es más alto que el correspondiente a los hombres. Por ejemplo, en países como Brasil, Chile, Costa Rica, Panamá y Perú, la proporción de mujeres encarceladas por delitos de drogas es un 30% más alta que en el caso de hombres privados de libertad por las mismas causas en esos países, según un informe del centro de estudios WOLA.En efecto, las mujeres cumplen roles de menor entidad en el mercado de la droga y el crimen organizado, siempre expuestas al encarcelamiento, fácilmente sustituibles y reclutables debido a la altísima feminización de la pobreza en nuestros territorios, por lo que estas leyes punitivas terminan siendo inoperantes para liquidar el tráfico de drogas, y muy funcionales para la reproducción de la criminalidad, la precarización y las ganancias de la industria carcelaria privatizada.No hay que perder de vista el contexto de profunda desigualdad de género y violencia que tiene lugar en nuestra región. Las mujeres que se involucran en el mercado de las drogas y que terminan siendo encarceladas, son impactadas por la extrema pobreza, por los bajos niveles de instrucción, por el desempleo y por la situación precaria de sus hogares y familiares en los que, en su mayoría, los varones ya se encuentran privados de libertad o inmiscuidos también en el crimen organizado. Además, los efectos de la discriminación territorial, étnica, racial, también definen el problema de las mujeres encarceladas.Varios estudios indican que, aunque no se han desagregado con exactitud las funciones para las que son destinadas las mujeres en el mercado de las drogas, por lo general cumplen actividades de apoyo en el comercio callejero, actuando como transportadoras o “mulas”, en el cultivo, como jornaleras, en el almacenamiento, abastecimiento, empaque, limpieza, y otras cuestiones menores. De ahí que es excepcional que cometan delitos violentos y que el 62% de ellas sea la primera vez que pisen una cárcel, es decir, que son primarias en términos penales. Finalmente, se ha demostrado que la participación de las mujeres se encuentra condicionada por la vulnerabilidad socioeconómica, la violencia, la trata de personas, incluso con fines sexuales, muchas veces coaccionadas por el miedo.En el 2018, de las 714 mil reclusas de todo el mundo, el 35 % lo fue por delitos de drogas; mientras que, de los 9,6 millones de reclusos, solo el 19 % lo era por las mismas razones. Esto apunta a una errada política penal en materia de drogas que no logra desarticular el crimen organizado y, sobre todo, una ausencia de otras políticas no punitivas que logren aliviar las cargas de pobreza y precarización en los territorios criminalizados y preteridos por los países de nuestra región.Cuba: mujeres y nuevas leyesLa Isla muestra una realidad radicalmente opuesta en cuanto a las causas directas del encarcelamiento de mujeres ya que el crimen organizado no se ve expresado ni en el tráfico de drogas ni en la trata de personas con estos fines, no obstante, encuentra analogías respecto a la situación regional.A pesar de que no existen datos publicados de manera reciente que transparenten la situación de las cárceles cubanas y las tendencias en su crecimiento o decrecimiento, la última vez que se abrieron los centros penitenciarios del país a la prensa internacional (2012), la agencia IPS y su corresponsalía en Cuba, publicaron algunas cifras que demostraron desigualdades de género entre la población penal.Al menos en el año 2012, el 63 % de las casi 4 mil cubanas privadas de libertad cumplían condenas por delitos de malversación, hurto, estafa y robo, y se encontraban distribuidas en dos penitenciarías de régimen cerrado para mujeres y 16 centros abiertos en todo el territorio nacional.Según la teniente coronel Sara Rubio, directora de la Prisión de Mujeres de La Habana y entrevistada por la agencia IPS, las campañas anticorrupción iniciadas en el año 2009 (y de corte punitivista carcelario) determinó que más personas terminaran encarceladas. Destacó que una parte importante de ese 63 % de reclusas está asociada a delitos económicos y de corrupción, un problema que “ha golpeado” al sistema penitenciario.Las mujeres encarceladas reincidentes representaban apenas un 15 % y el resto eran primarias, es decir, que delinquen por primera vez. Además, suelen hacerlo en edad madura, entre los 31 y 59 años. Las convictas jóvenes de entre 16 y 30 años solo representan un 2 % de la población carcelaria en Cuba.Teniendo en cuenta que, en su mayoría, no se encuentran asociadas a hechos violentos, sino a los vinculados a lo económico y los recursos, las desigualdades basadas en género constatadas en su profundización durante los últimos diez años pueden explicar, también, las causas estructurales de esa tendencia. Sería válido replantearse el encierro carcelario como una forma de “solucionar” motivos de precarización económica con las necesidades anticorruptivas para el país. Es posible que se repita un esquema punitivo solo contra aquellos sectores más vulnerables y reemplazables en las redes de corrupción y malversación del país, tal y como sucede con el tráfico de drogas donde rara vez se logran enjuiciar a las personas implicadas con mayor responsabilidad y envergadura.No es ocioso apuntar que, además, el país aliviaría la alta tasa de encarcelamiento de mujeres que presenta en comparación con otros países de América Latina y el Caribe que tienen similares datos de densidad de población. Por ejemplo, Cuba presenta una tasa de encarcelamiento de mujeres por cada 100 mil habitantes del total de la población nacional de 35,5 1; mientras que en República Dominicana es de un 2,8; Bolivia de 12,7 y Honduras de 13. No obstante, las tasas son comparables con cualquier país del mundo ya que se calcula por cada cien mil habitantes.Datos de World Prison Brief.Poco se sabe de los perfiles interseccionados de las reclusas cubanas. Me refiero a su procedencia socioeconómica, nivel de estudios, raza, origen territorial, identidad de género, orientación sexual, si tienen personas dependientes bajo su responsabilidad, etc. No obstante, teniendo en cuenta que la mayoría oscila entre los 31 y los 59 años, generalmente son mujeres que ya son madres, o tienen bajo su cuidado a personas adultas mayores o, incluso, se encuentran en la llamada “edad fértil”. Debido a los tradicionales roles de género, el impacto y el costo emocional, económico y comunitario de que una mujer vaya a prisión es socialmente muy elevado. La red de cuidados se rompe y la atención afectiva que deben proveer las visitas es débil para la interna ya que, generalmente, son las mujeres y madres de familia las que se encargan de proveer y visitar a los varones presos de una familia, pero, en estos casos, son ellas las convictas.La pandemia no discrimina, las desigualdades sí: mujeres amortiguando la crisisParalelamente, la teniente coronel Rubio hizo alusión a la falta de perspectiva de género cuando las internas cumplen condenas debido a hechos violentos acaecidos en el entramado de violencia familiar en el que ellas privaron de la vida a sus parejas por encontrarse viviendo episodios sistemáticos y recurrentes de violencia de género contra ellas o de abusos/agresiones sexuales contra sus hijas e hijos.Es imprescindible un tratamiento jurídico diferenciado. Acertadamente en el proyecto de Código Penal se contempló la violencia de género y familiar como una atenuante de la responsabilidad penal cuando la víctima del delito haya incurrido en ella de manera persistente y sistemática, sin embargo, se omite esta condicionante en la Legítima defensa como una eximente de la responsabilidad penal y no solamente como atenuante.También el proyecto de Ley de Ejecución Penal trae novedades en este sentido. Modifica los términos para conceder la libertad condicional que, para el caso de las mujeres primarias, se reduce a la tercera parte de la sanción impuesta. Se contemplaron adecuaciones más flexibles para el ingreso y permanencia de las mujeres en celdas disciplinarias y se reforzó la atención para aquellas gestantes o lactantes, aunque mantiene el término de solo un año de convivencia entre madre reclusa e hija/hijo.Ambos instrumentos jurídicos contemplan, de manera novedosa en su mayoría, cinco sanciones principales alternativas a la privación de libertad: trabajo correccional con internamiento, reclusión domiciliaria, trabajo correccional sin internamiento, limitación de libertad, servicio en beneficio de la comunidad y la amonestación (como alternativa a la multa). Todas son apropiadas para los casos de mujeres encarceladas. Excepto el trabajo con internamiento, el resto se cumplirían en libertad siempre y cuando la sanción sea menor a 5 años y menor de 3 para el caso específico del servicio en beneficio de la comunidad. Teniendo en cuenta las desigualdades estructurales de género; las afectaciones familiares y sociales descritas anteriormente; pero también los tipos delictivos concurrentes en su mayoría como no violentos, pero incluso siéndolo, el término menor a 5 años infiere poca peligrosidad social. Estas medidas son propicias para comenzar a desarrollar “salidas penales” que, aunque punitivas strictu sensu, evitan el encierro de aquellas personas en desventaja social y económica.Mujeres afrodescendientes en Cuba y la Tarea Ordenamiento (I)Si quienes se encargan de administrar el derecho penal y de ejecutar las sanciones comprenden, asimilan y cumplen estas perspectivas de género, entonces podrán darse estos beneficiosos primeros cambios. Entre ellos, está evitar las condenas de corta duración con medidas de encierro y ponderar las campañas anticorrupción (u otras donde la violencia no sea el centro) con otras sanciones. No obstante, a pesar de que las cifras de mujeres encarceladas se encuentran desactualizadas, es preciso revisar cuántas reclusas pueden ser puestas en libertad bajo el amparo de estas nuevas leyes a partir de lo que regulen sus reglamentos o disposiciones adjetivas.No basta con refugiarnos en los códigos que, en teoría, son de ultima ratio o de última opción. Se requieren programas sociales de atención a las familias con personas privadas de libertad y a las comunidades que poseen una significativa representación de su población tras las rejas. Políticas de rentas básicas, apoyo económico y programas de cuidado; más allá de la vital atención a las causas estructurales que conllevan a delinquir, entre ellas, la profunda precarización de la vida, el desempleo, el empleo informal, la necesidad de migrar en el interior del país, en donde la feminización de cada una de estas aristas no ceja las brechas de desigualdad.La política de evitar las prisiones y transformar las estructuras debe primar. Si bien los contextos de Cuba y del resto de la región difieren, en algunos puntos la situación de mujeres cubanas encarceladas presenta conexiones: la mayoría no incurre en delitos violentos; los programas que terminan llevándolas a las cárceles no solucionan el problema “de raíz”; se encuentran condicionadas por las desigualdades económicas; la gran mayoría son primarias; y se experimenta una mayor vulneración de los cuidados y las familias.Por su parte, la futura Ley de ejecución penal contemplará de forma novedosa el enfoque de género en la ubicación de las personas sentenciadas, así como en los tratamientos educativos, médicos y especializados diferenciados por razón de género, orientación sexual o afectaciones severas que dichas personas puedan presentar por violencia o actos discriminatorios. Sin embargo, la identidad de género es mencionada en solo 4 ocasiones en la Ley: para determinar la ubicación de la persona encarcelada, para recibir un trato diferenciado, en atención al principio de no discriminación en el empleo dentro del sistema penitenciario y para refrendar el principio de igualdad.Por ello, es perentorio que las normas jurídicas que desarrollen la aplicación de esta Ley sean más exhaustivas en su articulación ya que hasta el momento estos avances se encuentran como enunciados que pueden ser fácilmente vulnerados. La revista Tremenda Nota ha sistematizado casos de violación de los derechos de las personas trans y travestis recluidas en establecimientos penitenciarios de Cuba por lo que se espera, además de una reparación inmediata de los derechos quebrantados, otros instrumentos jurídicos que permitan la prevención, protección e impugnación contra las violaciones que, en particular, impactan a las comunidades históricamente marginalizadas, como las trans/travestis.Asimismo, se necesita mayor énfasis en la articulación de medidas que garanticen los productos de recolección menstrual (íntimas, toallas sanitarias, algodón, u otras tecnologías más modernas) en todos los establecimientos penitenciarios, desde una celda de detención hasta una prisión cerrada para todas las personas menstruantes. Estas son necesidades básicas que muchas veces son invisibilizadas por la preponderancia de hombres encarcelados y por la puesta en práctica de políticas neutras.***Nota:1 El dato ha sido calculado sobre la base de las cifras reflejadas en la tabla y por las fuentes citadas en el texto. Aunque el dato es de 2012, da pistas sobre la situación nacional.

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Memorias de Egipto: cuando me quitaron el velo

Aterrizamos en las primeras horas de la mañana en tierras de Osiris. Después de una larga travesía, pisábamos al fin el país de las pirámides de Guiza, la única maravilla del mundo antiguo que perdura hasta nuestros días. La tierra de faraones, de desiertos, de Tutankamón y del Islam nos daba la bienvenida.Afuera del aeropuerto de El Cairo nos esperaba Ahmed. Antes del viaje habíamos estudiado, mi compañero y yo, que si no íbamos en un “paquete turístico”, lo mejor era conveniar con el lugar de hospedaje un taxista que nos trasladara hacia el alojamiento y también que sirviera de guía durante la estancia. Y así lo hicimos. Zarpamos de aquel recinto atestado de personas viajeras hacia nuestro hotel, localizado en la misma Guiza.Ciudad de El Cairo, en las márgenes del río Nilo. Foto: archivo personal de la autora.Autos viejos y modernos en la ciudad de El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.Mientras miraba el paisaje desértico, las casitas rústicas y algunos tanques militares que controlaban las calles principales, Ahmed nos hablaba acerca de la situación del país, los estragos que causaron las rebeliones de la primavera árabe, del aumento de la militarización, y acerca de las diferencias entre los gobernantes Mohamed Morsi (único presidente electo democráticamente en ese país y derrocado mediante golpe de Estado) y Al-Sisi. Este último recién había asumido el poder y, proviniendo de lo militar, se caracterizaba por el manodurismo que apoyaban, fundamentalmente, las clases pudientes. “Hubo muchos destrozos en la ciudad, al museo lo saquearon”, nos dijo. Y recordé que, en efecto, el robo de las piezas del Museo Egipcio de El Cairo había sido noticia mundial.Ciudad de El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.De momento, y a lo lejos, se comenzaban a divisar las puntas de las pirámides. Me estremecí por la magnificencia que se asomaba cada vez más. Poco a poco se fueron haciendo más grandes, y más, hasta sentirlas omnipresentes en todos los alrededores de la capital. Son inmensas, robustas, enormes tótems que agasajan la memoria de una de las civilizaciones más ricas y controvertidas en la historia de la Humanidad. Ellas son huellas reales, gigantes, suntuosas. Con razón tanto se especula acerca de la “ayuda extraterrestre” para construirla, pensé. Poquísimas veces obras humanas semejantes me habían devuelto una sensación de insignificancia como humana, de lo diminutos que somos cada vez que pensamos nuestra individualidad ante la propia historia. A las pirámides, durante toda mi estadía, no pude sacarles la mirada, ni el pensamiento.Camino a Guiza, las pirámides de fondo. Foto: archivo personal de la autora.La bienvenida del anfitrión fue inolvidable. Una ceremonia de té, explicación inmediata de algunos riesgos que podíamos atravesar de andar solos por la ciudad, principales atractivos turísticos, la historia del hotel, las personalidades famosas del mundo que se hospedaron allí, y un lamentable panorama de la caída turística a propósito de los dos largos años de revueltas populares. “Las pirámides están vacías, el hotel está vacío”, nos dijo Mr. Fayed en un inglés de acento árabe perfectamente compatible y entendible a mis oídos desentrenados y con mi rudimentaria anglofonía.Nuestro guía en las tumbas de Saqqara. Foto: archivo personal de la autora.En la ciudad se sentían las huellas de la crisis política y social. La precarización económica golpeaba duramente a los sectores populares, precisamente esos que nos acogieron durante toda la estancia. Nuestro hotel se encontraba enclavado en un barrio común a pesar de su tremenda ubicación, y no en la “zona hotelera” donde se mostraban los edificios lujosos. Su dueño era un señor de prestigio en la comunidad, que sobrevivía a la desolación dejada por la crisis económica, mientras que el corredor de hoteles internacionales (ubicados en zona contraria) pertenecía a las grandes corporaciones de la industria turística global. Eso marcó favorablemente nuestra visita, porque nos acercó a la vida cotidiana local y nos despojó lo suficiente del visor de turista torpe con cámaras indiscretas.Vista del pueblo de Giza y sus casas. Foto: archivo personal de la autora.Terraza del hotel en Guiza, con vista a las pirámides. Foto: archivo personal de la autora.Lobby del hotel en Guiza. Foto: archivo personal de la autora.Escasez de alimentos, escasez de agua, la gente tratando de sortear la crisis de maneras más o menos deshonestas, tal y como sucede en cualquier lugar turístico de los países pertenecientes a los sures globales, es decir, aquellos signados por el empobrecimiento del llamado “Tercer Mundo”, como mismo sucede en México, en Cuba y hasta en el mismísimo París con sus migrantes preteridos. Hombres que se avivan con el dinero extranjero y te embaucan con trucos impensables, otros que piden altas propinas, y otros que te regalan la historia de sus vidas y sus familias a cambio de que nunca les olvides.Hice amigas entrañables, las hijas del señor Fayed: Hader, Jasmine, Mai. Ellas cocinaban en el hotel, nos alimentaban con fuertes desayunos y abundantes cenas. Guisos locales tradicionales con papas, a veces pollo o carne, tomates asados y, para mi gratísima sorpresa: quimbombó. Ese ingrediente cubano que, ciertamente, es africano. A veces (muchas) me sentía en casa.Hader (sobre todo) y sus hermanas me hablaron de sus carreras universitarias, de sus aspiraciones como profesionales, o de sus sueños como esposas. Irradiaban bondad y sabiduría para mi curiosidad insaciable. Me explicaron la distancia entre las clases sociales, lo fácil que era para una mujer musulmana de clase alta adquirir su pasaporte, viajar, o trabajar, mientras que las más excluidas no soñaban siquiera con estudiar. Me hicieron entender que las maneras de practicar el islam no son uniformes y que dependen en gran medida de cada familia religiosa, etnia, región geográfica, clase social (otra vez), u otras cuestiones que determinan el rigor, en mayor o menor medida, de los preceptos que debían asumir sus practicantes.Fueron muchos los días de pláticas; preguntaba poco porque la convivencia me iba respondiendo las inquietudes que tenía sin necesidad de atropellar indiscreciones. A medida que nos compenetrábamos, fui sintiendo que la Alina recién llegada traía una severa “ceguera colonial”. Pude conocer que los hábitos más comunes de los habitantes de Guiza son idénticos a los nuestros. Lo litúrgico y otras reglas cotidianas no. Pero, en esencia, en esa esencia que conforma la rueda del día a día de una mujer en el sentido más básico, no hay diferencias que nos hagan pensar que somos tan diferentes unas de las otras. Hablamos de bailes, de fiestas, de amor y enamoramiento, de televisión y actrices, de ropa, de estética, de la playa, de cocina, de que los perfumes caros de marcas famosas han sido fruto del robo de sus esencias; nos reímos mucho y soñamos juntas un futuro diferente para el mundo.Pareciera innecesario contar cosas tan comunes, pero es tan poderosa la idea de la “otredad” como rareza, la presentan tan deformada (y peligrosa), y a las personas de “Occidente” nos hacen creer que somos tan universales, que a veces no somos capaces de imaginar estas nociones simples en la vida de quienes consideramos como “los otros”. Porque, además, son de ese tipo las preguntas que se pueden sacar de cualquier conversación sobre el tema. Porque, también, formé parte de ese tejido hegemónico colonial. No es por la ignorancia, es por la construcción tan deforme que hemos hecho de la “otredad”.Tanto que se habla (mal) del hiyab y fueron ellas, las que lo usaban, quienes me quitaron el velo a mí.Vitrina de tienda de ropa para mujeres en El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.Fue doloroso encarnar el racismo que hay en Egipto. No por mí misma, sino porque a partir de mi experiencia pude advertir lo que resulta ser obscuro de piel en la África árabe. Varias personas, entre guías de museos y acompañantes de travesías, me espetaron que no era cubana, que realmente era nubiana. Pregunté por Nubia y, en efecto, es una región ubicada al sur de Egipto y al norte de Sudán, con una vastísima historia y un caudaloso territorio en recursos cuya población es negra, alta y delgada en su mayoría. Así me describieron a los nubianos, “así como tú”, sentenciaron. Me sentí profundamente halagada y conectada con mis ancestras y ancestros, sin embargo, la penumbra de que son rechazados y discriminados en el norte del país por cuestiones raciales fundamentalmente (más allá de las pugnas históricas entre el Alto y Bajo Egipto) me llega hasta hoy. No caben dudas, los efectos de la colonización de los imperios y los poderosos de siempre han sido (y son) los más devastadores para nuestros territorios.Una noche me presentaron a un joven nubiano. Sin embargo, entre el cairota (de El Cairo) y el nubiano, me sentí más bien en Guanabacoa, o en Centro Habana, o en la Baracoa guantanamera. Somos plurales y diversos, y eso tiene que ser un festejo en cualquier rincón de este planeta.Muchas vivencias sucedieron de noche durante nuestra visita, porque las noches son “los días” en Guiza. El calor y el sol desplazan los horarios familiares y los paseos citadinos a las noches. Nos enredamos entre los lugares de hábitos populares, aquellos donde los habitantes de El Cairo van a bailar, o a tomar el té, o a divertirse.Y ese es El Cairo para mí: el café de los espejos, donde pasan vendedores de libros de uso en horas de la madrugada, donde te tomas un cafecito en familia, o donde vas a fumar en pipas que llaman shisha; las barcas para bailar en El Nilo, con sus luces de neón en colores, música árabe para soltar el alma y perder las caderas (ellas) mientras dan palmadas rítmicas (ellos) a la vez que embriaga ese olor único a torrente fresco, a peces o a algas; las carreras de caballo en el desierto, solo para hombres —fundamentalmente jóvenes— que rescatan la memoria de las batallas de sus antepasados; mis amigas, las hijas de Mr. Fayed; los aceites esenciales; el vidrio soplado; el arte de los pergaminos; las bocinas recitando El Corán y, claro está, los colosos de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino.Otra noche conocí a un joven hijo de empresarios de telares. Agradeció que estuviera cubierta con mi velo (la mayoría de las veces me enrollaba una manta o me cubría los hombros, nunca mostré las piernas) y nos habló de la belleza de las mujeres que no enseñan más de lo debido. También nos ofreció pasar una noche con sus amigos, en donde ocurría todo lo prohibido para todos y todas, y no trascendía a ningún castigo legal, ni divino.Es posible que, quien me lea, se cuestione por qué viajé con pañuelos y mantas para taparme si esa no es mi creencia ni mi cultura. Eso también me han preguntado personas cercanas. Creo que comprender el respeto y la aceptación desde una cosmovisión de multiculturalidad, debe ser un ejercicio fácil. Esperamos que en nuestros territorios se respeten nuestras tradiciones (siempre y cuando esas tradiciones y los visitantes, no afecten o denigren a las personas que cohabitamos el espacio en común). Entonces, cuando visitamos nuevos lugares, lo mínimo es que reciproquemos ese deseo de convivencia. En otra salida nocturna con una amiga catalana, quien llevaba puesto un vestido muy escotado y bien corto, al momento en que se levantó para bailar detuvieron la música porque consideraron irrespetuosa su vestimenta con las tradiciones locales. Podemos dedicar otro texto a debatir si eso es o no discriminación de género; lo que sí es una certeza son los aires coloniales con los que abordamos espacios culturalmente distintos, imponiendo simbólicamente la occidentalidad como valor/desvalor incuestionable y jerárquicamente superior, por tanto, guste o no, tiene que ser tolerado. Fue una lección de vida. Siempre que esté a nuestro alcance y no nos afecte, respetemos aquello a lo que no pertenecemos.También pasamos situaciones difíciles. Cuando no logras descifrar los códigos locales pueden presentarse situaciones violentas o peligrosas a las que reaccioné de manera defensiva y altisonante. Pero, interpretadas a la distancia, no era más que eso: mi incomprensión de lo que pasaba. También se mezclaba mi indignación con lo que sabía que transcurría detrás de ese caos que es la ciudad de El Cairo. De no ser por la expoliación que pesa sobre el continente africano, sería esa una ciudad donde sortear la precariedad no estaría a la orden del día. Es un país maravilla, que marcó, sin retorno, mi existencia.En aquellos años llevaba un diario de viaje, y en él reseñé las pulsiones de los contrastes más fuertes, y las razones por las que siempre, pero siempre, quiero volver:“(…) país tremendamente rico, pero saqueado… saqueado en su cultura, en su historia, en su propio mundo, saqueado por los imperios, por las religiones, por los recursos y las pirámides, la madre del mundo está siendo descaradamente saqueada, la paridora de este, nuestro mundo, es una dama en harapos pisoteada desde hace siglos, no se le mira ni para darle pan, solo para sacarle las tripas.El Cairo, caótica ciudad sin reglas, tierra de nadie, sino del más fuerte, es una bruma de arena y de polvo en verano, transpiración vaporosa que viene gratis (como tan poquísimas cosas), claxons, chasquidos de caballos, hacia el trote veloz del desenfreno.Puedes encontrar los ojos más hermosos y seductores del mundo entre un hiyab, descubrir la sonrisa más plena y más pura dibujada tras el velo, e inmediatamente la descomposición sin escrúpulos en plena vía pública de algún caballo que cayó al suelo, para morir, y allí quedó a merced de las moscas y los gusanos.(…) Hace falta el dinero y no hay trabajo, no hay turismo, la primavera árabe lo expulsó y la militarización no ha apagado los miedos. Son miles las maneras de estafar y engatusar (me miento si no digo que me hizo recordar a Cuba 1) porque hace falta comer y no hay comida, ni agua. Penosas miserias, dictaminadas por los poderosos de siempre.Aquí no hay gobiernos, ni políticas… El Cairo se quedó en el regazo del último rincón de la memoria del mundo, y ya la humanidad no quiere darse vuelta para mirarla, ni para admirarla; menos para ayudarla.Pero aquí hacen función diaria los atardeceres, los atardeceres más hermosos del mundo, los amaneceres más rojos del mundo!… Y ellos vuelven a la paz del sol y de la luna, a esa hora, la brisa no trae más que paz y una melancolía por la vida que te abre la sonrisa. Y miras al cielo y das las gracias por estar en este suelo. Y se hace el silencio en la ciudad, en el desierto, el sol se esconde a un ladito de Guiza, y ellos son hijos de este milagro, son dueños de este momento (invaluable, incalculable). Y es el minuto en que el amor se les desborda por su tierra, así como está, incomprendida para nosotros… Y eso también es gratis: la magia de estos largos minutos de paz y luz en El Cairo”.Guiza, 10 agosto 2014.***Nota:1 Me refiero a las artimañas de quienes viven de maneras poco decorosas del turismo

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Memorias de Egipto: cuando me quitaron el velo

Aterrizamos en las primeras horas de la mañana en tierras de Osiris. Después de una larga travesía, pisábamos al fin el país de las pirámides de Guiza, la única maravilla del mundo antiguo que perdura hasta nuestros días. La tierra de faraones, de desiertos, de Tutankamón y del Islam nos daba la bienvenida.Afuera del aeropuerto de El Cairo nos esperaba Ahmed. Antes del viaje habíamos estudiado, mi compañero y yo, que si no íbamos en un “paquete turístico”, lo mejor era conveniar con el lugar de hospedaje un taxista que nos trasladara hacia el alojamiento y también que sirviera de guía durante la estancia. Y así lo hicimos. Zarpamos de aquel recinto atestado de personas viajeras hacia nuestro hotel, localizado en la misma Guiza.Ciudad de El Cairo, en las márgenes del río Nilo. Foto: archivo personal de la autora.Autos viejos y modernos en la ciudad de El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.Mientras miraba el paisaje desértico, las casitas rústicas y algunos tanques militares que controlaban las calles principales, Ahmed nos hablaba acerca de la situación del país, los estragos que causaron las rebeliones de la primavera árabe, del aumento de la militarización, y acerca de las diferencias entre los gobernantes Mohamed Morsi (único presidente electo democráticamente en ese país y derrocado mediante golpe de Estado) y Al-Sisi. Este último recién había asumido el poder y, proviniendo de lo militar, se caracterizaba por el manodurismo que apoyaban, fundamentalmente, las clases pudientes. “Hubo muchos destrozos en la ciudad, al museo lo saquearon”, nos dijo. Y recordé que, en efecto, el robo de las piezas del Museo Egipcio de El Cairo había sido noticia mundial.Ciudad de El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.De momento, y a lo lejos, se comenzaban a divisar las puntas de las pirámides. Me estremecí por la magnificencia que se asomaba cada vez más. Poco a poco se fueron haciendo más grandes, y más, hasta sentirlas omnipresentes en todos los alrededores de la capital. Son inmensas, robustas, enormes tótems que agasajan la memoria de una de las civilizaciones más ricas y controvertidas en la historia de la Humanidad. Ellas son huellas reales, gigantes, suntuosas. Con razón tanto se especula acerca de la “ayuda extraterrestre” para construirla, pensé. Poquísimas veces obras humanas semejantes me habían devuelto una sensación de insignificancia como humana, de lo diminutos que somos cada vez que pensamos nuestra individualidad ante la propia historia. A las pirámides, durante toda mi estadía, no pude sacarles la mirada, ni el pensamiento.Camino a Guiza, las pirámides de fondo. Foto: archivo personal de la autora.La bienvenida del anfitrión fue inolvidable. Una ceremonia de té, explicación inmediata de algunos riesgos que podíamos atravesar de andar solos por la ciudad, principales atractivos turísticos, la historia del hotel, las personalidades famosas del mundo que se hospedaron allí, y un lamentable panorama de la caída turística a propósito de los dos largos años de revueltas populares. “Las pirámides están vacías, el hotel está vacío”, nos dijo Mr. Fayed en un inglés de acento árabe perfectamente compatible y entendible a mis oídos desentrenados y con mi rudimentaria anglofonía.Nuestro guía en las tumbas de Saqqara. Foto: archivo personal de la autora.En la ciudad se sentían las huellas de la crisis política y social. La precarización económica golpeaba duramente a los sectores populares, precisamente esos que nos acogieron durante toda la estancia. Nuestro hotel se encontraba enclavado en un barrio común a pesar de su tremenda ubicación, y no en la “zona hotelera” donde se mostraban los edificios lujosos. Su dueño era un señor de prestigio en la comunidad, que sobrevivía a la desolación dejada por la crisis económica, mientras que el corredor de hoteles internacionales (ubicados en zona contraria) pertenecía a las grandes corporaciones de la industria turística global. Eso marcó favorablemente nuestra visita, porque nos acercó a la vida cotidiana local y nos despojó lo suficiente del visor de turista torpe con cámaras indiscretas.Vista del pueblo de Giza y sus casas. Foto: archivo personal de la autora.Terraza del hotel en Guiza, con vista a las pirámides. Foto: archivo personal de la autora.Lobby del hotel en Guiza. Foto: archivo personal de la autora.Escasez de alimentos, escasez de agua, la gente tratando de sortear la crisis de maneras más o menos deshonestas, tal y como sucede en cualquier lugar turístico de los países pertenecientes a los sures globales, es decir, aquellos signados por el empobrecimiento del llamado “Tercer Mundo”, como mismo sucede en México, en Cuba y hasta en el mismísimo París con sus migrantes preteridos. Hombres que se avivan con el dinero extranjero y te embaucan con trucos impensables, otros que piden altas propinas, y otros que te regalan la historia de sus vidas y sus familias a cambio de que nunca les olvides.Hice amigas entrañables, las hijas del señor Fayed: Hader, Jasmine, Mai. Ellas cocinaban en el hotel, nos alimentaban con fuertes desayunos y abundantes cenas. Guisos locales tradicionales con papas, a veces pollo o carne, tomates asados y, para mi gratísima sorpresa: quimbombó. Ese ingrediente cubano que, ciertamente, es africano. A veces (muchas) me sentía en casa.Hader (sobre todo) y sus hermanas me hablaron de sus carreras universitarias, de sus aspiraciones como profesionales, o de sus sueños como esposas. Irradiaban bondad y sabiduría para mi curiosidad insaciable. Me explicaron la distancia entre las clases sociales, lo fácil que era para una mujer musulmana de clase alta adquirir su pasaporte, viajar, o trabajar, mientras que las más excluidas no soñaban siquiera con estudiar. Me hicieron entender que las maneras de practicar el islam no son uniformes y que dependen en gran medida de cada familia religiosa, etnia, región geográfica, clase social (otra vez), u otras cuestiones que determinan el rigor, en mayor o menor medida, de los preceptos que debían asumir sus practicantes.Fueron muchos los días de pláticas; preguntaba poco porque la convivencia me iba respondiendo las inquietudes que tenía sin necesidad de atropellar indiscreciones. A medida que nos compenetrábamos, fui sintiendo que la Alina recién llegada traía una severa “ceguera colonial”. Pude conocer que los hábitos más comunes de los habitantes de Guiza son idénticos a los nuestros. Lo litúrgico y otras reglas cotidianas no. Pero, en esencia, en esa esencia que conforma la rueda del día a día de una mujer en el sentido más básico, no hay diferencias que nos hagan pensar que somos tan diferentes unas de las otras. Hablamos de bailes, de fiestas, de amor y enamoramiento, de televisión y actrices, de ropa, de estética, de la playa, de cocina, de que los perfumes caros de marcas famosas han sido fruto del robo de sus esencias; nos reímos mucho y soñamos juntas un futuro diferente para el mundo.Pareciera innecesario contar cosas tan comunes, pero es tan poderosa la idea de la “otredad” como rareza, la presentan tan deformada (y peligrosa), y a las personas de “Occidente” nos hacen creer que somos tan universales, que a veces no somos capaces de imaginar estas nociones simples en la vida de quienes consideramos como “los otros”. Porque, además, son de ese tipo las preguntas que se pueden sacar de cualquier conversación sobre el tema. Porque, también, formé parte de ese tejido hegemónico colonial. No es por la ignorancia, es por la construcción tan deforme que hemos hecho de la “otredad”.Tanto que se habla (mal) del hiyab y fueron ellas, las que lo usaban, quienes me quitaron el velo a mí.Vitrina de tienda de ropa para mujeres en El Cairo. Foto: archivo personal de la autora.Fue doloroso encarnar el racismo que hay en Egipto. No por mí misma, sino porque a partir de mi experiencia pude advertir lo que resulta ser obscuro de piel en la África árabe. Varias personas, entre guías de museos y acompañantes de travesías, me espetaron que no era cubana, que realmente era nubiana. Pregunté por Nubia y, en efecto, es una región ubicada al sur de Egipto y al norte de Sudán, con una vastísima historia y un caudaloso territorio en recursos cuya población es negra, alta y delgada en su mayoría. Así me describieron a los nubianos, “así como tú”, sentenciaron. Me sentí profundamente halagada y conectada con mis ancestras y ancestros, sin embargo, la penumbra de que son rechazados y discriminados en el norte del país por cuestiones raciales fundamentalmente (más allá de las pugnas históricas entre el Alto y Bajo Egipto) me llega hasta hoy. No caben dudas, los efectos de la colonización de los imperios y los poderosos de siempre han sido (y son) los más devastadores para nuestros territorios.Una noche me presentaron a un joven nubiano. Sin embargo, entre el cairota (de El Cairo) y el nubiano, me sentí más bien en Guanabacoa, o en Centro Habana, o en la Baracoa guantanamera. Somos plurales y diversos, y eso tiene que ser un festejo en cualquier rincón de este planeta.Muchas vivencias sucedieron de noche durante nuestra visita, porque las noches son “los días” en Guiza. El calor y el sol desplazan los horarios familiares y los paseos citadinos a las noches. Nos enredamos entre los lugares de hábitos populares, aquellos donde los habitantes de El Cairo van a bailar, o a tomar el té, o a divertirse.Y ese es El Cairo para mí: el café de los espejos, donde pasan vendedores de libros de uso en horas de la madrugada, donde te tomas un cafecito en familia, o donde vas a fumar en pipas que llaman shisha; las barcas para bailar en El Nilo, con sus luces de neón en colores, música árabe para soltar el alma y perder las caderas (ellas) mientras dan palmadas rítmicas (ellos) a la vez que embriaga ese olor único a torrente fresco, a peces o a algas; las carreras de caballo en el desierto, solo para hombres —fundamentalmente jóvenes— que rescatan la memoria de las batallas de sus antepasados; mis amigas, las hijas de Mr. Fayed; los aceites esenciales; el vidrio soplado; el arte de los pergaminos; las bocinas recitando El Corán y, claro está, los colosos de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino.Otra noche conocí a un joven hijo de empresarios de telares. Agradeció que estuviera cubierta con mi velo (la mayoría de las veces me enrollaba una manta o me cubría los hombros, nunca mostré las piernas) y nos habló de la belleza de las mujeres que no enseñan más de lo debido. También nos ofreció pasar una noche con sus amigos, en donde ocurría todo lo prohibido para todos y todas, y no trascendía a ningún castigo legal, ni divino.Es posible que, quien me lea, se cuestione por qué viajé con pañuelos y mantas para taparme si esa no es mi creencia ni mi cultura. Eso también me han preguntado personas cercanas. Creo que comprender el respeto y la aceptación desde una cosmovisión de multiculturalidad, debe ser un ejercicio fácil. Esperamos que en nuestros territorios se respeten nuestras tradiciones (siempre y cuando esas tradiciones y los visitantes, no afecten o denigren a las personas que cohabitamos el espacio en común). Entonces, cuando visitamos nuevos lugares, lo mínimo es que reciproquemos ese deseo de convivencia. En otra salida nocturna con una amiga catalana, quien llevaba puesto un vestido muy escotado y bien corto, al momento en que se levantó para bailar detuvieron la música porque consideraron irrespetuosa su vestimenta con las tradiciones locales. Podemos dedicar otro texto a debatir si eso es o no discriminación de género; lo que sí es una certeza son los aires coloniales con los que abordamos espacios culturalmente distintos, imponiendo simbólicamente la occidentalidad como valor/desvalor incuestionable y jerárquicamente superior, por tanto, guste o no, tiene que ser tolerado. Fue una lección de vida. Siempre que esté a nuestro alcance y no nos afecte, respetemos aquello a lo que no pertenecemos.También pasamos situaciones difíciles. Cuando no logras descifrar los códigos locales pueden presentarse situaciones violentas o peligrosas a las que reaccioné de manera defensiva y altisonante. Pero, interpretadas a la distancia, no era más que eso: mi incomprensión de lo que pasaba. También se mezclaba mi indignación con lo que sabía que transcurría detrás de ese caos que es la ciudad de El Cairo. De no ser por la expoliación que pesa sobre el continente africano, sería esa una ciudad donde sortear la precariedad no estaría a la orden del día. Es un país maravilla, que marcó, sin retorno, mi existencia.En aquellos años llevaba un diario de viaje, y en él reseñé las pulsiones de los contrastes más fuertes, y las razones por las que siempre, pero siempre, quiero volver:“(…) país tremendamente rico, pero saqueado… saqueado en su cultura, en su historia, en su propio mundo, saqueado por los imperios, por las religiones, por los recursos y las pirámides, la madre del mundo está siendo descaradamente saqueada, la paridora de este, nuestro mundo, es una dama en harapos pisoteada desde hace siglos, no se le mira ni para darle pan, solo para sacarle las tripas.El Cairo, caótica ciudad sin reglas, tierra de nadie, sino del más fuerte, es una bruma de arena y de polvo en verano, transpiración vaporosa que viene gratis (como tan poquísimas cosas), claxons, chasquidos de caballos, hacia el trote veloz del desenfreno.Puedes encontrar los ojos más hermosos y seductores del mundo entre un hiyab, descubrir la sonrisa más plena y más pura dibujada tras el velo, e inmediatamente la descomposición sin escrúpulos en plena vía pública de algún caballo que cayó al suelo, para morir, y allí quedó a merced de las moscas y los gusanos.(…) Hace falta el dinero y no hay trabajo, no hay turismo, la primavera árabe lo expulsó y la militarización no ha apagado los miedos. Son miles las maneras de estafar y engatusar (me miento si no digo que me hizo recordar a Cuba 1) porque hace falta comer y no hay comida, ni agua. Penosas miserias, dictaminadas por los poderosos de siempre.Aquí no hay gobiernos, ni políticas… El Cairo se quedó en el regazo del último rincón de la memoria del mundo, y ya la humanidad no quiere darse vuelta para mirarla, ni para admirarla; menos para ayudarla.Pero aquí hacen función diaria los atardeceres, los atardeceres más hermosos del mundo, los amaneceres más rojos del mundo!… Y ellos vuelven a la paz del sol y de la luna, a esa hora, la brisa no trae más que paz y una melancolía por la vida que te abre la sonrisa. Y miras al cielo y das las gracias por estar en este suelo. Y se hace el silencio en la ciudad, en el desierto, el sol se esconde a un ladito de Guiza, y ellos son hijos de este milagro, son dueños de este momento (invaluable, incalculable). Y es el minuto en que el amor se les desborda por su tierra, así como está, incomprendida para nosotros… Y eso también es gratis: la magia de estos largos minutos de paz y luz en El Cairo”.Guiza, 10 agosto 2014.***Nota:1 Me refiero a las artimañas de quienes viven de maneras poco decorosas del turismo

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Las mujeres y las guerras

El conflicto ucraniano no ha comenzado con la invasión de Rusia y la serie de potencias bélicas que así lo propiciaron. Uno de sus complejos precedentes es la guerra del Donbass como consecuencia del derrocamiento del gobierno del presidente electo Víktor Yanukóvich en el 2014.Aunque la cobertura mediática sobre aquella guerra no fue extendida ni hubo un movimiento internacional que reclamara por la paz ni peticiones globales de corredores humanitarios; entre abril de 2014 a mayo de 2017 murieron en el Donbass más de 10 mil personas y casi 24 mil resultaron heridas; hasta el 2021 la cifra de fallecidos a causa de la guerra había ascendido a 14 mil.Sin embargo, el conteo de víctimas fatales en una guerra casi siempre omite el género y pocas veces se narran las violencias adyacentes que golpean más a las mujeres.En el Donbass, entre los años 2014 y 2017, la Misión de Vigilancia de los Derechos Humanos en Ucrania documentó violencia sexual relacionada con el conflicto tanto en hombres como en mujeres, aunque sin establecer proporciones entre uno y otro género. “Los golpes y la electrocución en los genitales, las violaciones, las amenazas de violación y la desnudez forzada se utilizaron como método de tortura para castigar, humillar o extraer confesiones. Los perpetradores amenazaron con detener, secuestrar, violar, herir o matar a los familiares de las víctimas, especialmente a sus hijos, para aumentar la presión”.Varias voces, incluidas las de periodistas feministas, denunciaron que en el contexto del Donbass se habían reportado violaciones y desapariciones de mujeres en los territorios en guerra, pero nadie, ni organizaciones internacionales ni la prensa, quiso asumir esa realidad de la poco o nada se sabía. También se denunció, por parte del gobierno de Donestk, el hallazgo de cadáveres de decenas de mujeres violadas y asesinadas por el ejército ucraniano, sin embargo, ni a la OSCE ni a la Human Rights Watch les interesó nunca confirmar la información. De la misma manera, varios periodistas internacionales reportaron sobre violaciones y torturas a mujeres cometidas por el Batallón Azov en sus prisiones (destacamento voluntario de extrema derecha dependiente del Gobierno de Kiev) y tampoco tuvo repercusión.Si bien antes de la guerra del Donbass, Ucrania era el tercer país de Europa con mayor tráfico de mujeres con fines de explotación y/o esclavitud sexual, el problema se agravó durante el conflicto, propiciado por el desplazamiento forzoso de más de dos millones de personas contabilizadas hasta el 2018, en su mayoría mujeres, niños y niñas. La pobreza extrema a la que son sometidos los territorios sumidos en guerra favorece también la trata de mujeres, los matrimonios forzosos, la venta de vientres, el tráfico de niños y niñas, la falta de salud menstrual y sexual, y la obligatoriedad de reproducir la vida bajo un escenario de muerte.El cuerpo de las mujeres también es un territorio de guerra. En él se inscribe la derrota o la victoria del adversario mediante su vejación, su violación, su destrucción o castigo. Se convierte en algo más que un botín, el rapiñaje de los cuerpos de las mujeres en conflictos bélicos es sinónimo de destrucción del tejido social, de la frontera de un país y de la comunidad del vencido.Por eso, en el conflicto ucraniano actual, los hechos y las amenazas se repiten.Aunque ahora la guerra contra Ucrania cuenta con corredores humanitarios, con el interés de las organizaciones internacionales y de derechos humanos, con el favor de la prensa occidental y con una movilización solidaria global (a diferencia del Donbass1), las mujeres seguirán enfrentando la contienda bélica de forma desigual. Incluso, ante la solicitud por parte de Ucrania de la intervención en ese país de las Fuerzas de Paz de la ONU (conocidas como “cascos azules”), es importante recordar que las violencias sexuales y en general contra las mujeres no solo se producen durante los desplazamientos irregulares, en las zonas de conflicto o en los centros de detención, también ocurren en los propios campos de refugiadas. La propia ONU ha registrado más de 1700 acusaciones de víctimas de agresión sexual a manos del personal civil y militar de las Fuerzas de Paz de Naciones Unidas en menos de dos décadas.Las “otras” mujeresTras los sucesos del 11 de septiembre, Estados Unidos invadió Afganistán bajo el pretexto de emprender una “guerra contra el terrorismo” basada, principalmente, en capturar a los artífices principales del atentado contra las torres gemelas y de esta manera frenar el avance talibán y, en segundo lugar, para “liberar” a las mujeres afganas del terror.Ciertamente desde que los talibanes2 tomaron el poder de ese país, en 1996, las violaciones de los derechos humanos contra las mujeres afganas se acentuaron, a pesar de que ha sido un país sumido en guerras históricas y en conflictos armados internos entre tribus y etnias, lo que ha mantenido al país en la pobreza y, con ella, las mujeres se han llevado la peor parte. Sin embargo, es indiscutible que, tras veinte años de “guerra contra el terrorismo” e invasiones, Afganistán es hoy un país más devastado aún.Se contaban más de 100 mil civiles asesinados y 2,2 millones de desplazados entre Irán y Pakistán hasta finales de 2020. Solamente en el primer semestre del 2021, del total de víctimas civiles casi la mitad correspondían a mujeres, niñas y niños. Los peligros y las violaciones contra las afganas se repiten, con la diferencia de que no eran europeas sino musulmanas a las que no les establecieron un corredor humanitario ni la ayuda humanitaria llegó en términos eficientes; al contrario, las mantuvieron en su grandísima mayoría en Oriente medio, las ONG y otras instituciones de ayuda internacional se enclavaron en el territorio afgano y allí desarrollaron sus programas de ayuda.A pesar de que esa “guerra contra el terrorismo” costó 2,2 billones de dólares, el talibán reocupó el poder en ese país y las ONG dedicadas a “liberar” a las afganas apenas lograron cambiar algunas dinámicas de discriminación; fundamentalmente en la capital y para escasos sectores de mujeres, ya que en el resto del país siquiera llegaron a tener repercusión los programas salvacionistas de Occidente.La opresión contra las mujeres afganas durante los veinte años de guerra solo cambió de perspectiva y de discurso, pues el paternalismo victimizante con el que Occidente las trató desde narrativas de barbarie, compasión y atraso no significó de ninguna manera una ruptura con la violencia, sobre todo proviniendo la “ayuda” de manos de su invasor en un contexto islamofóbico de muerte rapaz. La fetichización colonialista del velo de las mujeres afganas como el dispositivo de “liberación” no hizo más que confirmar que las “ayudas” no estaban allí para favorecer a las mujeres, sino para enriquecer a sus organizaciones a costa de ellas y para ratificar el paradigma europeo liberal de ser mujer.Las propias afganas alzaron su voz tras el regreso del talibán alertando sobre “la verdadera naturaleza de los 20 años de guerra entre Estados Unidos y la OTAN bajo los engañosos títulos de derechos de la mujer y guerra contra el terror. Después de desperdiciar millones de dólares y miles de vidas, los misóginos y criminales talibanes están de regreso, más poderosos que nunca.”​Por su parte, desde América Latina y el Caribe, sabemos bien de estas simulaciones. Citando a Raúl Zibechi: “Aunque los grandes medios occidentales se compadecen de las afganas, sabemos que les importan tan poco como las decenas de miles de mexicanas asesinadas, desaparecidas y secuestradas por el narco-Estado.”Las “otras” guerrasOccidente y sus potencias también reproducen su poderío mediante un extractivismo que tiene lugar sobre el cuerpo de las mujeres. Las mujeres afganas son un ejemplo, pero también lo son las latinoamericanas y caribeñas.El concepto de “guerra de baja intensidad”, tal y como se ha articulado en nuestra región, fue ideado en Francia a raíz de las luchas de liberación de Argelia3. Esta doctrina militar es una guerra que no busca combatir un ejército sino a su población civil en medio de la cual, supuestamente, se encuentran guerrilleros o grupos de personas alzadas contra el poder y generalmente relacionados a idearios revolucionarios. Su objetivo no se dirige a conquistar un territorio para otro Estado, sino infundir miedo y pánico mediante la tortura, el asesinato, la desaparición y el castigo entre la gente y la disolución de los vínculos sociales.  El ejército francés lo difundió vendiendo su doctrina a los Estados Unidos a través de las escuelas militares, especialmente a través de la Escuela de las Américas en Panamá, y posteriormente en los países de Centroamérica donde persistieran conflictos armados.El Salvador, Honduras y Guatemala conforman lo que se conoce como el Triángulo Norte Centroamericano (TNCA), uno de los territorios más peligrosos del mundo. Estos tres países se encuentran entre los 23 del mundo con mayores tasas de homicidio, además con niveles de violencia solo comparables a países que presentan o han presentado conflictos armados tradicionales, por ejemplo, el segundo país más violento del mundo lo ocupa Honduras (solo después de Siria). Asimismo, no es casual que las tasas de feminicidio de los países que conforman el TNCA sean a su vez las más altas de la región (El Salvador y Honduras en los dos primeros lugares, y Guatemala en el cuarto). No obstante, estas cifras deben ser leídas bajo el contexto de la “guerra de baja intensidad”, la delincuencia organizada y la agudización de la pobreza.Sin embargo, la “guerra de baja intensidad” ha ido cambiando de nombre y de intereses, ahora la conocemos como “guerra contra las drogas” a raíz del fortalecimiento de las redes del narcotráfico y del crimen organizado; fenómeno propiciado y alentado por la inicial “guerra de baja intensidad” en los mismos territorios. Cada vez son más crueles y expandidas sus dinámicas, y también cada día se hace más evidente que responden a los intereses de gobiernos neoliberales y de corporaciones trasnacionales extractivistas en nuestra región.En México, la sierra de Guerrero fue una de las bases experimentales de la “guerra de baja intensidad”, que usó como política de contrainsurgencia militarizada a las desapariciones forzadas y otras formas de represión (fue conocida también como la “Guerra Sucia”). A la par, se introdujo el cultivo de amapola en la zona, convirtiéndose en el primer cultivador en México y de los principales productores de goma de opio en el mundo. Hoy, el estado de Guerrero presenta una alta incidencia de feminicidios, de desapariciones de mujeres; las niñas se mercantilizan y se venden con fines de explotación sexual. Guerrero ocupa el segundo estado a nivel nacional con mayor porcentaje de matrimonios infantiles forzosos.  La antropóloga feminista Rita Segato en su libro La guerra contra las mujeres describe la situación de vulnerabilidad, desapariciones y asesinatos sistemáticos que impactaban a las mujeres de Ciudad Juárez en México. Mujeres que vivían en un estado fronterizo, empobrecidas, racializadas, vinculadas al trabajo precario de las maquiladoras en el contexto del ascenso del capitalismo neoliberal y trasnacional como consecuencia de la firma del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). El secuestro, la tortura, la violación tumultuaria, el estrangulamiento, la mutilación, la muerte y la impunidad conformaban el panorama de la violencia contra las mujeres en ese territorio. Muy diferente al feminicidio doméstico y vinculado al trabajo feminizado y precarizado en las maquilas.Si encaramos la situación de las mujeres negras y afrodescendientes en Colombia, específicamente en la zona del Pacífico, el distrito de Buenaventura da cuenta de cómo el asesinato sistemático contra las mujeres negras también forma parte de una estrategia de desplazamiento de la población negra para la ejecución de megaproyectos que responden a los intereses corporativos. Los planes de desarrollo vinieron acompañados de un despliegue de fuerzas paramilitares que protegían los intereses de los empresarios y también formaba parte de la llamada “guerra contra las drogas” denunciada infinidad de veces por la hoy candidata a la vicepresidencia de Colombia Francia Márquez.Y por último podemos hablar también de las “guerras híbridas”, en las que se inscribe el histórico conflicto político entre Cuba y los Estados Unidos y la estrategia del bloqueo y sanciones económicas de este país como método de asfixia contra la población civil, de manera tal que provoque el derrocamiento del gobierno cubano. En el informe Derecho a vivir sin bloqueo. Impactos de las sanciones de Estados Unidos en la población cubana y la vida de las mujeres, se demuestra cómo estas sanciones impiden el desarrollo de la nación cubana, cómo provoca la agudización de las desigualdades y la pobreza, de peor impacto para las mujeres.Si bien Cuba no se encuentra afectada por una invasión militar, ni por el narcotráfico, el crimen organizado o por fuerzas paramilitares de forma tal que se pueda verificar los efectos de la “guerra híbrida” mediante altas cifras de muertes, feminicidios y violaciones sexuales, los efectos de las hostilidades entre los dos países por más de 60 años refuerzan dinámicas internas en términos de plaza sitiada que conllevan, aún más, al detrimento de los derechos de la sociedad en general y de las mujeres en particular.Mujeres afrodescendientes en Cuba y la Tarea Ordenamiento (I)El 78 por ciento de las niñas y las mujeres que viven en Cuba nacieron con la imposición del bloqueo de los Estados Unidos. El informe realizado por Oxfam Cuba, resalta que “el embargo contra Cuba no ha logrado nada a lo largo de las décadas más allá de contribuir al sufrimiento humano, especialmente al sufrimiento de las mujeres en la isla”. En efecto, somos las mujeres las que llevamos a cuestas la reproducción y la sostenibilidad de la vida cotidiana a pesar de la severa escasez de alimentos, de medicamentos y de recursos en general. A su vez, la mujer cubana está protagonizando la migración hacia el exterior y ya se encontraba sobrerrepresentada en las estadísticas de migración interna, principalmente por mujeres racializadas, debilitándose así el tejido social, familiar e incluso, nacional.Además, esta estrategia de guerra a la par que aumenta las desigualdades de género reflejada en el desempleo, en las brechas del sector privado, en las condiciones habitacionales, en el acceso a la educación, a la alimentación y a la salud; exacerba también la violencia, en su forma doméstica y no doméstica.Las guerras, todas, las pagamos también las mujeres, con nuestras “resistencias” y nuestros cuerpos.***Notas: 1 Desde 2014, el presidente de Ucrania Petró Poroshenko solicitó reiteradamente el envío de un contingente pacificador internacional al Este, pero nunca encontró respuesta ni en la Unión Europea ni en la OSCE.2 Los talibanes surgen en consecuencia de una serie de eventos, entre ellos, las dinámicas de la guerra fría, la invasión de la URSS a Afganistán en 1979 y sus rivalidades intestinas. En ese contexto los muyahidines fueron financiados y armados por los Estados Unidos, la CIA y sus aliados para luchar contra sectores comunistas y las fuerzas invasoras y, una vez retiradas en 1989, varias facciones muyahidinistas siguieron enfrentándose internamente y en una segunda generación surgen los talibanes. Pensadoras feministas confirman que el talibán no es un producto del Islam sino un producto de la guerra donde el dominio sobre el cuerpo de las mujeres y su extremismo representaba una reafirmación con la yihad.3 Jules Falquet, Pax Neoliberalia.

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Madres y neurodivergencias: del amor y otros berriches

A partir de los dos años y medio aproximadamente, mi niño comenzó a cambiar su conducta. Parecía más distraído y con menos ganas de interactuar socialmente. De tan risueño, pasó a un mundo en el que le costaba regalar su risa desenfadada. Un mundo de aparente introspección. Mis alarmas internas se encendieron.Llamé a dos especialistas recomendadas y coincidieron en que era muy pequeño para evaluar algún diagnóstico. Debía darle chance a que siguiera desarrollándose y, con mayor madurez, entonces chequearlo. Sin embargo, comenzaron las quejas en su escuela. Las maestras decían, con desdén y hasta con enfado, que algo con el niño no iba bien, que no se quería integrar y que armaba unos berrinches (perretas) interminables. Sus compañeritos y compañeritas lo adoraban, pero ellas, como docentes, “no podían con él”.La misma escuela nos proporcionó la consulta (pagada) de una psicoanalista que nos podía ayudar como familia. La cita tuvo lugar en la propia escuela y, una vez allí, la entrevista comenzó a enrarecerse por las preguntas que nos hacía. No obstante, nos abrimos y contribuimos en todo lo necesario. Llegado su fin, la “especialista” sentenció que no debíamos “hablarle mal” al niño de los mexicanos. Ambos (su padre y yo) éramos extranjeros y, por tanto, el rechazo social de mi hijo se explicaba porque hacíamos referencias negativas hacia la sociedad mexicana. Esa fue su hipótesis. Además de salir abatidos y luego de haberla increpado, nos dimos cuenta de que nos encontrábamos severamente solos como migrantes. Una pareja interracial en una sociedad prejuiciosa y excluyente, que poco entendía acerca de las diferencias humanas.Visitamos tantas escuelas como pudimos. Todas coincidían, maestras y directoras que no eran especialistas, en que mi niño era autista. Ante los indicios de estigmatización social, la falta de profesionales, la ausencia de nuestras familias y la incomprensión e insensibilización de los grupos de personas allegadas, la vida se nos dio vuelta.Finalmente, poco antes de cumplir los cuatro años, y gracias a una amiga que nos abordó sin prejuicios y con harto amor, llegamos a evaluar a nuestro hijo con una excelente especialista. Tras varios días de exámenes, la doctora Citlali me miró a los ojos compasivamente y me dijo: “mamá, su hijo no tiene autismo”. Así rezaba en el informe médico y advertía que, en efecto, a pesar de su temprana edad, era probable que padeciera un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).El TDAHEl TDAH es un trastorno del desarrollo infantil que puede iniciar a partir de los 2 años y que se caracteriza por la manifestación de una serie de conductas de inatención, hiperactividad e impulsividad. En otras palabras, es un patrón persistente o continuo de una atención deficitaria, con una actividad excesiva y poco autocontrol. Estos patrones, que pueden darse combinados entre sí o no, impiden la fluidez de las actividades diarias.  Investigaciones recientes sugieren que este trastorno responde a un desequilibrio químico que afecta a los neurotransmisores en el cerebro, aunque la predisposición genética ocupa un lugar fundamental para explicar sus causas. Los distintos estudios familiares le asignan al TDAH una heredabilidad de casi 80 por ciento.Es un trastorno bastante frecuente a pesar de que se habla muy poco de ello, al punto de llegar a convertirse en un tema tabú o totalmente incomprendido. Puede aparecer a nivel global en el 3 % de los niños y niñas, con un predominio de 6 a 9 veces más en los varones. La prevalencia mundial estimada del TDAH hasta los 18 años es de 5,29 por ciento y representa entre un 20 y un 40 por ciento de las consultas en los servicios de psiquiatría infantiles y juveniles.Se ha demostrado también, en estudios de seguimiento a largo plazo, que entre el 60 y el 75 por ciento de quienes fueron diagnosticados con TDAH en edad infantil, continúan presentando los síntomas durante la edad adulta.Actualmente, se ha observado un crecimiento constante en su prevalencia. En Estados Unidos, por ejemplo, en un período de cinco años, las cifras de TDAH aumentaron un 22 por ciento. Eso indica que uno de cada diez niños y niñas (10%) se encuentra diagnosticado con TDAH (5,4 millones de menores entre 4 y 17 años). Por ello no deja de preocupar la posibilidad de sobrediagnósticos del trastorno y, en la misma medida, la necesidad de insistir en la preparación especializada no solo de profesionales de la salud mental, sino también de educadores, educadoras y de toda la sociedad con mínimos conocimientos y sensibilización respecto a este tipo de trastornos.Generalmente son los familiares (fundamentalmente madres y padres) y las cuidadoras, maestros y maestras quienes juzgan la frecuencia de dichas conductas y quienes determinan si esa frecuencia llega a ser “anormal”. De hecho, una posible explicación para la diferencia en recurrencia según el sexo/género está dada porque las niñas con TDAH manifiestan menos impulsividad que los varones, por tanto, llaman menos la atención dentro del aula a pesar de que se distraen con muchísima facilidad.Es común que, por los rasgos de impulsividad, falta de autocontrol, actitud inquieta y frecuente distracción, se les estigmatice como niños “distintos”, incontrolables, mal educados, problemáticos o malos estudiantes. También a las madres y a los padres, nos tildan de no haberlos educado bien o ser permisivos y malcriadores. Sin embargo, detrás de ese juzgamiento injusto que nunca es inocuo y que trae consecuencias en el entorno y personales casi siempre irreversibles, se obvia la posibilidad de que esas conductas se expliquen por un problema tan complejo como el TDAH.El mejor de los triángulos amorosos: especialistas, escuela y hogarComprender lo que sentía y pensaba mi niño, además de entender el porqué de su actuación, nos volvió a encauzar la vida hacia el sosiego y la certidumbre. Esto aparejado a (des)aprender una manera distinta de ser madre y padre, donde las reglas tradicionales de la crianza no tienen ninguna cabida. Todo lo que hemos imitado en nuestras familias termina en borrón y cuenta nueva para niñas y niños que tienen TDAH.La imposición, el decir “no”, la verticalidad y la confrontación ante lo aparentemente mal hecho por el niño no funciona. No hay una receta pero, en general, el amor con límites, la explicación, la estructura y, por sobre todas las cosas, la comprensión, la repetición y la persuasión son imprescindibles. Y sí, quien esté leyendo dirá que así es, o debe ser, con todas las infancias, pero lamentablemente no es la generalidad.¿Por qué la crianza respetuosa?Si sales a pasear y se antojan de algún juguete pero toca decir “no”, lo más probable es que su frustración se desborde en un berrinche tal, que ocupará la mirada y los comentarios de todas las personas alrededor. No tienes cómo ponerle frenos, no tienen tampoco autocontrol, el TDAH es sinónimo de impulsividad y para colmo de males, los susurros de quienes te rodean como “míralo qué malcriado”, “cría cuervos” y cosas por el estilo empeora la situación.Mientras en otros casos un “no” a secas y con firmeza resuelve la disyuntiva, en el nuestro tenemos que olvidarnos completamente del mundo hostil que nos juzga, debemos concentrarnos en que nuestro hijo es especial, explicarle, respirar, comprender y mil técnicas más según las circunstancias del momento aunque alrededor nuestro las miradas ajenas nos estén condenando.Mientras en otras familias se felicita la precocidad en el aprendizaje y los dibujos hermosos, en nuestro caso nos alegra sobremanera cualquier pasito pequeño de avance, cualquier garabato simpático y, sobre todo, cuando comenzamos a decirle “no se puede”, “después” o “hay que esperar” sin más consecuencias que recibir un “está bien”.Lograr estos avances implica a la escuela. Un claustro preparado, profesional y especializado en integración. Una comunicación continua entre las tres partes: médico-terapeutas, escuela y familia. Esa tríada tiene que ser infalible y armónica. Una vez que se logra, la marcha del tren fluye.Su doctor una vez me dijo: no es una carrera de velocidad, es una de resistencia. Una de sus terapeutas también me dio un consejo inolvidable: olvida todo lo aprendido, comienza por ponerte en su lugar. Como tutores de nuestro hijo asumimos la responsabilidad de que el resto de la familia sepa cómo convivir con él, desaprendiendo.Hay amistades que han sido cercanas y de grandísima ayuda, muy pocas, pero existen. Que nos han ayudado con su sabiduría y nos han apoyado con sus conocimientos. Otras que, en cambio, me han reprochado por la falta de comunicación con ellas, incluso, me han juzgado por no haberles contado o por haberme ausentado de sus vidas. Siguen sin entender la complejidad de nuestro desafío. También están las madres de los amiguitos y amiguitas de escuela, que fomentan la estigmatización, que crean rumores, que recelan de que nuestros hijos e hijas jueguen juntos y juntas “porque sus hijas no saben de juegos bruscos”, “son totalmente ingenuas”, etc. Seguramente intentaron ser buenas personas y doy fe que hacen cursos y terapias para demostrarlo, pero a la hora de la verdad, excluyen a los que “no somos normales”.Todos estos girones de la vida nos han llevado también a no pedir ayuda cuando lo hemos necesitado para evitarnos un mal rato, una respuesta dolorosa o inesperada. Es un hecho que también hay contradicciones de nuestra parte. Como cuando nos visitan y nos dicen “pero como ha avanzado, ¡es increíble!”. En el fondo me alegra que se den cuenta, pero a la vez me entristece que nos circunde una expectativa especial.Ser mamá de un niño con TDAH es todo esto y más. Confrontar con una sociedad prejuiciosa, que trae mucho discurso de la “inclusión” pero que estigmatiza y excluye; que hay profesionales y especialistas que dejan muchísimo que desear; que en las escuelas falta una preparación gigantesca en torno a las diversidades todas (incluida la neurodiversidad o neurodivergencias); que hay maestras y maestros insensibles; que los programas docentes pocas veces contemplan esta pluralidad; que el solo hecho de criar o maternar no te hace solidario por naturaleza y que muchas veces el bullying que practican nuestros hijos e hijas comienza por imitación al rechazo que expresan sus familias; que faltan programas sociales que presten atención a estos problemas, sobre todo para aquellos hogares empobrecidos.El gasto por terapias, consultas, medicamentos (quien los necesite), adecuación del programa de enseñanza escolar y más, es altísimo (al menos aquí en el capitalismo de nuestros países del sur global). Siempre pienso en aquellas familias que viven con una economía al día, precarizadas, marginalizadas.Ser mamá de un niño con TDAH es saber acumular una paciencia que pudiera definir como ancestral, cambiar radicalmente tu cerebro estructurado hacia el sentir-pensar de personitas pequeñas que ni entienden por qué se frustran tanto. Es darte cuenta del adultocentrismo, del daño de la competencia y el individualismo y que desde las primeras edades tenemos el deber de incentivar otros valores. Pero también es constatar que se potencia el amor por cosas diminutas que hacen que su existencia en este mundo sea algo perfecto. Mi niño proyecta una ternura inconmensurable, es bondadoso y solidario, risueño (otra vez) y muy travieso. Sus esencias llenan mis mañanas y construyen mis fuerzas en el día a día.Por eso le quiero dedicar estas líneas a las mamás, especialmente, que crían niños y niñas con TDAH, porque sé lo difícil que es atravesar los días en una sociedad que no comprende y que solo las virtudes más imperceptibles de nuestras hijas e hijos (y que solo nosotras vemos), nos pueden aliviar ese camino.Mayo sabe a hijoA partoHuele a nacimientoA tripa vivaSangre y llanto en la memoriaSudor y esfuerzo,El más intenso esfuerzo por vivir…MayoMes donde nos dimos (a) luzMes de MarcosDe Madre, de parida,De bebé meciéndose en mis brazosLeche en las tetasLluvia afuera que caeLlanto, llanto de hijoMes de mi sonrisa más iluminadaDe mis lágrimas más conscientes y severasDe amor grave, sempiterno,Que se agranda y se multiplicaMayo de partirme en dosLa de ayer y la de aquí en adelanteNo quiero ser más la de antesMe gusta(o) esta que soy ahoraMadre, madre, por todos los cielos de esta fuerzaDe este amor tan sano, omnipresenteMe inclino al universo a dar las graciasMe quedo con esta,Y con mi hijo…. Mayo…

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Madres y neurodivergencias: del amor y otros berrinches

A partir de los dos años y medio aproximadamente, mi niño comenzó a cambiar su conducta. Parecía más distraído y con menos ganas de interactuar socialmente. De tan risueño, pasó a un mundo en el que le costaba regalar su risa desenfadada. Un mundo de aparente introspección. Mis alarmas internas se encendieron.Llamé a dos especialistas recomendadas y coincidieron en que era muy pequeño para evaluar algún diagnóstico. Debía darle chance a que siguiera desarrollándose y, con mayor madurez, entonces chequearlo. Sin embargo, comenzaron las quejas en su escuela. Las maestras decían, con desdén y hasta con enfado, que algo con el niño no iba bien, que no se quería integrar y que armaba unos berrinches (perretas) interminables. Sus compañeritos y compañeritas lo adoraban, pero ellas, como docentes, “no podían con él”.La misma escuela nos proporcionó la consulta (pagada) de una psicoanalista que nos podía ayudar como familia. La cita tuvo lugar en la propia escuela y, una vez allí, la entrevista comenzó a enrarecerse por las preguntas que nos hacía. No obstante, nos abrimos y contribuimos en todo lo necesario. Llegado su fin, la “especialista” sentenció que no debíamos “hablarle mal” al niño de los mexicanos. Ambos (su padre y yo) éramos extranjeros y, por tanto, el rechazo social de mi hijo se explicaba porque hacíamos referencias negativas hacia la sociedad mexicana. Esa fue su hipótesis. Además de salir abatidos y luego de haberla increpado, nos dimos cuenta de que nos encontrábamos severamente solos como migrantes. Una pareja interracial en una sociedad prejuiciosa y excluyente, que poco entendía acerca de las diferencias humanas.Visitamos tantas escuelas como pudimos. Todas coincidían, maestras y directoras que no eran especialistas, en que mi niño era autista. Ante los indicios de estigmatización social, la falta de profesionales, la ausencia de nuestras familias y la incomprensión e insensibilización de los grupos de personas allegadas, la vida se nos dio vuelta.Finalmente, poco antes de cumplir los cuatro años, y gracias a una amiga que nos abordó sin prejuicios y con harto amor, llegamos a evaluar a nuestro hijo con una excelente especialista. Tras varios días de exámenes, la doctora Citlali me miró a los ojos compasivamente y me dijo: “mamá, su hijo no tiene autismo”. Así rezaba en el informe médico y advertía que, en efecto, a pesar de su temprana edad, era probable que padeciera un Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).El TDAHEl TDAH es un trastorno del desarrollo infantil que puede iniciar a partir de los 2 años y que se caracteriza por la manifestación de una serie de conductas de inatención, hiperactividad e impulsividad. En otras palabras, es un patrón persistente o continuo de una atención deficitaria, con una actividad excesiva y poco autocontrol. Estos patrones, que pueden darse combinados entre sí o no, impiden la fluidez de las actividades diarias.  Investigaciones recientes sugieren que este trastorno responde a un desequilibrio químico que afecta a los neurotransmisores en el cerebro, aunque la predisposición genética ocupa un lugar fundamental para explicar sus causas. Los distintos estudios familiares le asignan al TDAH una heredabilidad de casi 80 por ciento.Es un trastorno bastante frecuente a pesar de que se habla muy poco de ello, al punto de llegar a convertirse en un tema tabú o totalmente incomprendido. Puede aparecer a nivel global en el 3 % de los niños y niñas, con un predominio de 6 a 9 veces más en los varones. La prevalencia mundial estimada del TDAH hasta los 18 años es de 5,29 por ciento y representa entre un 20 y un 40 por ciento de las consultas en los servicios de psiquiatría infantiles y juveniles.Se ha demostrado también, en estudios de seguimiento a largo plazo, que entre el 60 y el 75 por ciento de quienes fueron diagnosticados con TDAH en edad infantil, continúan presentando los síntomas durante la edad adulta.Actualmente, se ha observado un crecimiento constante en su prevalencia. En Estados Unidos, por ejemplo, en un período de cinco años, las cifras de TDAH aumentaron un 22 por ciento. Eso indica que uno de cada diez niños y niñas (10%) se encuentra diagnosticado con TDAH (5,4 millones de menores entre 4 y 17 años). Por ello no deja de preocupar la posibilidad de sobrediagnósticos del trastorno y, en la misma medida, la necesidad de insistir en la preparación especializada no solo de profesionales de la salud mental, sino también de educadores, educadoras y de toda la sociedad con mínimos conocimientos y sensibilización respecto a este tipo de trastornos.Generalmente son los familiares (fundamentalmente madres y padres) y las cuidadoras, maestros y maestras quienes juzgan la frecuencia de dichas conductas y quienes determinan si esa frecuencia llega a ser “anormal”. De hecho, una posible explicación para la diferencia en recurrencia según el sexo/género está dada porque las niñas con TDAH manifiestan menos impulsividad que los varones, por tanto, llaman menos la atención dentro del aula a pesar de que se distraen con muchísima facilidad.Es común que, por los rasgos de impulsividad, falta de autocontrol, actitud inquieta y frecuente distracción, se les estigmatice como niños “distintos”, incontrolables, mal educados, problemáticos o malos estudiantes. También a las madres y a los padres, nos tildan de no haberlos educado bien o ser permisivos y malcriadores. Sin embargo, detrás de ese juzgamiento injusto que nunca es inocuo y que trae consecuencias en el entorno y personales casi siempre irreversibles, se obvia la posibilidad de que esas conductas se expliquen por un problema tan complejo como el TDAH.El mejor de los triángulos amorosos: especialistas, escuela y hogarComprender lo que sentía y pensaba mi niño, además de entender el porqué de su actuación, nos volvió a encauzar la vida hacia el sosiego y la certidumbre. Esto aparejado a (des)aprender una manera distinta de ser madre y padre, donde las reglas tradicionales de la crianza no tienen ninguna cabida. Todo lo que hemos imitado en nuestras familias termina en borrón y cuenta nueva para niñas y niños que tienen TDAH.La imposición, el decir “no”, la verticalidad y la confrontación ante lo aparentemente mal hecho por el niño no funciona. No hay una receta pero, en general, el amor con límites, la explicación, la estructura y, por sobre todas las cosas, la comprensión, la repetición y la persuasión son imprescindibles. Y sí, quien esté leyendo dirá que así es, o debe ser, con todas las infancias, pero lamentablemente no es la generalidad.¿Por qué la crianza respetuosa?Si sales a pasear y se antojan de algún juguete pero toca decir “no”, lo más probable es que su frustración se desborde en un berrinche tal, que ocupará la mirada y los comentarios de todas las personas alrededor. No tienes cómo ponerle frenos, no tienen tampoco autocontrol, el TDAH es sinónimo de impulsividad y para colmo de males, los susurros de quienes te rodean como “míralo qué malcriado”, “cría cuervos” y cosas por el estilo empeora la situación.Mientras en otros casos un “no” a secas y con firmeza resuelve la disyuntiva, en el nuestro tenemos que olvidarnos completamente del mundo hostil que nos juzga, debemos concentrarnos en que nuestro hijo es especial, explicarle, respirar, comprender y mil técnicas más según las circunstancias del momento aunque alrededor nuestro las miradas ajenas nos estén condenando.Mientras en otras familias se felicita la precocidad en el aprendizaje y los dibujos hermosos, en nuestro caso nos alegra sobremanera cualquier pasito pequeño de avance, cualquier garabato simpático y, sobre todo, cuando comenzamos a decirle “no se puede”, “después” o “hay que esperar” sin más consecuencias que recibir un “está bien”.Lograr estos avances implica a la escuela. Un claustro preparado, profesional y especializado en integración. Una comunicación continua entre las tres partes: médico-terapeutas, escuela y familia. Esa tríada tiene que ser infalible y armónica. Una vez que se logra, la marcha del tren fluye.Su doctor una vez me dijo: no es una carrera de velocidad, es una de resistencia. Una de sus terapeutas también me dio un consejo inolvidable: olvida todo lo aprendido, comienza por ponerte en su lugar. Como tutores de nuestro hijo asumimos la responsabilidad de que el resto de la familia sepa cómo convivir con él, desaprendiendo.Hay amistades que han sido cercanas y de grandísima ayuda, muy pocas, pero existen. Que nos han ayudado con su sabiduría y nos han apoyado con sus conocimientos. Otras que, en cambio, me han reprochado por la falta de comunicación con ellas, incluso, me han juzgado por no haberles contado o por haberme ausentado de sus vidas. Siguen sin entender la complejidad de nuestro desafío. También están las madres de los amiguitos y amiguitas de escuela, que fomentan la estigmatización, que crean rumores, que recelan de que nuestros hijos e hijas jueguen juntos y juntas “porque sus hijas no saben de juegos bruscos”, “son totalmente ingenuas”, etc. Seguramente intentaron ser buenas personas y doy fe que hacen cursos y terapias para demostrarlo, pero a la hora de la verdad, excluyen a los que “no somos normales”.Todos estos girones de la vida nos han llevado también a no pedir ayuda cuando lo hemos necesitado para evitarnos un mal rato, una respuesta dolorosa o inesperada. Es un hecho que también hay contradicciones de nuestra parte. Como cuando nos visitan y nos dicen “pero como ha avanzado, ¡es increíble!”. En el fondo me alegra que se den cuenta, pero a la vez me entristece que nos circunde una expectativa especial.Ser mamá de un niño con TDAH es todo esto y más. Confrontar con una sociedad prejuiciosa, que trae mucho discurso de la “inclusión” pero que estigmatiza y excluye; que hay profesionales y especialistas que dejan muchísimo que desear; que en las escuelas falta una preparación gigantesca en torno a las diversidades todas (incluida la neurodiversidad o neurodivergencias); que hay maestras y maestros insensibles; que los programas docentes pocas veces contemplan esta pluralidad; que el solo hecho de criar o maternar no te hace solidario por naturaleza y que muchas veces el bullying que practican nuestros hijos e hijas comienza por imitación al rechazo que expresan sus familias; que faltan programas sociales que presten atención a estos problemas, sobre todo para aquellos hogares empobrecidos.El gasto por terapias, consultas, medicamentos (quien los necesite), adecuación del programa de enseñanza escolar y más, es altísimo (al menos aquí en el capitalismo de nuestros países del sur global). Siempre pienso en aquellas familias que viven con una economía al día, precarizadas, marginalizadas.Ser mamá de un niño con TDAH es saber acumular una paciencia que pudiera definir como ancestral, cambiar radicalmente tu cerebro estructurado hacia el sentir-pensar de personitas pequeñas que ni entienden por qué se frustran tanto. Es darte cuenta del adultocentrismo, del daño de la competencia y el individualismo y que desde las primeras edades tenemos el deber de incentivar otros valores. Pero también es constatar que se potencia el amor por cosas diminutas que hacen que su existencia en este mundo sea algo perfecto. Mi niño proyecta una ternura inconmensurable, es bondadoso y solidario, risueño (otra vez) y muy travieso. Sus esencias llenan mis mañanas y construyen mis fuerzas en el día a día.Por eso le quiero dedicar estas líneas a las mamás, especialmente, que crían niños y niñas con TDAH, porque sé lo difícil que es atravesar los días en una sociedad que no comprende y que solo las virtudes más imperceptibles de nuestras hijas e hijos (y que solo nosotras vemos), nos pueden aliviar ese camino.Mayo sabe a hijoA partoHuele a nacimientoA tripa vivaSangre y llanto en la memoriaSudor y esfuerzo,El más intenso esfuerzo por vivir…MayoMes donde nos dimos (a) luzMes de MarcosDe Madre, de parida,De bebé meciéndose en mis brazosLeche en las tetasLluvia afuera que caeLlanto, llanto de hijoMes de mi sonrisa más iluminadaDe mis lágrimas más conscientes y severasDe amor grave, sempiterno,Que se agranda y se multiplicaMayo de partirme en dosLa de ayer y la de aquí en adelanteNo quiero ser más la de antesMe gusta(o) esta que soy ahoraMadre, madre, por todos los cielos de esta fuerzaDe este amor tan sano, omnipresenteMe inclino al universo a dar las graciasMe quedo con esta,Y con mi hijo…. 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A propósito de la muerte de El Tosco. Breves reflexiones feministas

El feminismo debe estar atento a las reacciones sociales cuando de injusticia por violencia de género se trata. La muerte de presuntos agresores es un marco propicio para recordar que la justicia en materia de género muchas veces no llega. Pero también, y sobre todo, debe proponerse caminos de transformación y reparación social que cada vez se puedan alejar más del punitivismo. Es un propósito lleno de contradicciones, sin recetas, que debemos transitar.El pasado 18 de abril falleció el reconocido músico cubano José Luis Cortés, “El Tosco”. Un hombre que en vida no escapó de la polémica, tampoco después de su muerte. Con un trascendental aporte a la música cubana, las letras de algunas de sus canciones levantaron encendidas discusiones por su lenguaje machista y el tratamiento hacia la mujer.En el año 2019 la cantante Dianelys Alfonso, conocida como “La Diosa de Cuba”, lo denunció públicamente por presuntos abusos verbales, físicos y sexuales. Hubo varias muestras de solidaridad hacia la cantante creándose, a raíz de las declaraciones, la plataforma Yo sí te creo en Cuba como un espacio de acompañamiento contra la violencia de género. Allí se publicó una carta en respaldo a Dianelys que alcanzó casi las 600 firmas (entre ellas, la mía).Este evento destapó otras presuntas agresiones cometidas por el músico, aunque no todas las afectadas revelaron su identidad.La noticia de su fallecimiento ha despertado diversas reacciones. Miles de personas han lamentado su pérdida recordando lo que significa también para la cultura cubana. Otras, aceptando la valía de su obra musical, no pasaron por alto su machismo y misoginia. Hubo voces que tomaron su muerte como equivalente de justicia, y por último quienes no reconocen en él o en su obra, ningún valor trascendental.“El Tosco”La violencia de género como un todo socialTodo acto, conducta o hechos definidos como violencia de género están inscritos en un todo social. No están desconectados de sus contextos ni de quienes participaron en los hechos. Las partes intervinientes en ese conflicto tampoco están desligadas de sus relaciones sociales ni de sus trayectorias de vida. Por tanto, la violencia de género debe ser entendida como un evento que no es estático, que no se puede medir por reglas rígidas; tampoco la manera “correcta” en que se reacciona contra ella puede establecerse fácilmente.Si bien se han definido las matrices que la causan, sus dinámicas frecuentes, sus tipologías y manifestaciones; la manera en que respondemos ante/contra la violencia de género no se encuentra reglamentada. Existen tendencias de reacción más frecuentes que otras, con mayor o menor crítica y asertividad (por ejemplo, las que impulsan los movimientos feministas); y existen también aquellas que se encuentran naturalizadas por imaginarios patriarcales (como justificar al agresor).En estas escalas de respuestas a la violencia de género se encuentran entre las más frecuentes la denuncia social (en redes sociales o espacios públicos), la denuncia penal y la cancelación (suspender eventos, negar derechos, invisibilizar), todas dentro de un marco punitivista, es decir, castigador.Sin embargo, en estos momentos no nos encontramos frente a un hecho de violencia de género, sino ante la muerte de un presunto maltratador con gran prestigio. Y, lo que sucede en estos casos, sobre todo cuando no se alcanzó la justicia deseada por las víctimas, es que el evento se convierte en un marco adicional para recordar que a este ser humano también lo compone un todo social, es decir, una serie de hechos y relaciones que marcaron la trayectoria de su vida y, entre ellas, se encuentra la violencia de género.Las víctimas y las respuestas de los feminismosLas víctimas por violencia de género cuando logran denunciar, sea públicamente o legalmente, pasan por largos procesos de revictimización. Se les cuestiona desde sus vidas privadas e interacciones sociales hasta la veracidad de sus declaraciones. Generalmente terminan ellas condenadas “por habérselo buscado” o sin prosperar la demanda (en México solo 5 de cada 100 denuncias por abuso sexual y violación terminaron en sentencia en un período de 5 años; y en España de 1,7 millones de denuncias por violencia de género solo el 23 por ciento terminó con sentencia).Por otra parte, a pesar del genuino interés por ayudar a mujeres impactadas por la violencia de género de organizaciones feministas y/o acompañantes, no siempre las respuestas están acorde a las necesidades de las víctimas. En muchas ocasiones se asume una actitud paternalista y se habla en nombre de ellas o se juzga la manera que tienen de asumir partes del proceso —la denuncia, el juicio, la condena o la muerte del maltratador.A las víctimas también las constituye un todo social, un entramado de relaciones y vínculos afectivos, entre los que se puede encontrar su victimario. Me ha tocado acompañar, precisamente, el duelo mortal de dos mujeres que, luego de décadas de maltratos y vejaciones por parte de sus exparejas, el día en que los sepultan, los lloran. Sienten vergüenza de su llanto porque saben que hay una expectativa social que las empuja a actuar de una determinada forma si encarnan la figura de la víctima que denuncia. Sienten vergüenza y piden disculpas porque no se espera que sientan tristeza ante la muerte de un agresor.Estas mujeres pueden tener hijos e hijas en común con sus victimarios. Pueden conocer de las estructuras de la violencia de género y, sin embargo, no saben cómo poner fin a una relación dañina, cómo pasar la página, cómo vivir la contradicción que le genera el fallecimiento de su exmaltratador. Ante esto, como activistas tenemos que estar preparadas para guardar silencio. Así también se acompaña.Otras se han alegrado de condenas privativas de libertad, de multas o indemnizaciones, de escarmientos públicos a pesar de ser hechos graves, y también de la muerte. Han sentido un alivio inconmensurable cuando su acosador y amenazador ha fallecido. Es totalmente legítimo que así lo sientan las víctimas. No hemos sido capaces de construir sociedades (pero tampoco militancias ni activismos) donde el castigo con crueldad no forme parte del imaginario de justicia. Y estamos muy lejos de ello.Durante la pandemia, una maestra mexicana fue golpeada por su pareja mientras impartía una clase virtual. A pesar de que en la grabación se escuchaban sus súplicas para que su agresor le dejara cortar la clase y apagar la cámara (por vergüenza), inmediatamente las organizaciones feministas viralizaron el video, pidieron justicia en nombre de la profesora, amenazaron al recinto educativo en caso de no ayudarla y más. Además de lo sufrido, la maestra pidió que detuvieran la ola de solidaridad de la manera en que lo estaban haciendo, que no compartieran más el video, porque se sentía cada vez más humillada.No hay un catálogo que defina cómo debe reaccionar la víctima o cómo los feminismos deben responder. Lo que es un hecho es que, cuando muere el presunto maltratador, siendo este una figura pública, y no hubo tramitación legal de los hechos que le imputaron, los fastuosos homenajes que omiten las cuentas que dejó pendientes, pueden ser revictimizantes. Serán inevitables las condolencias y la mediatización de la muerte, pero apelamos a que también coexista una ética social y en los medios comprometida a un futuro libre de violencias, y un activismo feminista que conduzca hacia una transformación social en base al género más pedagógica y menos punitiva.Los feminismos como parte de la sociedad. Un diálogo hacia el interiorDesde los feminismos apelamos a eliminar la violencia de género y, en ese afán, es preciso apuntar quiénes son generalmente los victimarios, las víctimas y por qué. Esta gama de objetivos, que no buscan más que una justicia social plena, incomoda.El caso que nos ocupa es una muestra de ello. Porque deseamos, y así se ha increpado en las redes sociales, que los medios, la prensa, no se limiten a mostrar una cara de la moneda. A pesar de todo el brillo de la obra de José Luis Cortés, su vida “privada”, en especial el trato hacia las mujeres, estuvo en entredicho. Sin embargo, este hecho ha sido ocultado dada su relevancia nacional e internacional, y también por una altísima incidencia de tolerancia social. Muchas voces lo han justificado o han proferido que a falta de pruebas y sentencia no es posible hacer referencia a estos hechos de maltrato, aún cuando han sido públicamente denunciados.Si bien no es posible, ni deseable, borrar su obra (y la de otras personalidades de fama nacional o internacional que murieron siendo presuntos agresores), tampoco se les puede soslayar los hechos repudiables que hayan cometido en vida. Los (presuntos) victimarios son, también, un todo social.Y cabe profundizar en estas interrogantes ¿interesa borrar sus obras? ¿constituye una forma, ya no solo de castigo, sino también de reparación el hecho de impedir que se siga teniendo acceso al legado que hayan construido? ¿impedir que se hable de ellos? Las respuestas no están dadas, sobre todo cuando la justicia en materia de género resulta tan inalcanzable. Aterran la cancelación y la censura como vías de solución, tanto como la impunidad. En esa disonancia de nuestras sociedades patriarcales nos es vital ponderar varios canales de un mismo fenómeno si pretendemos mejorar como humanidad: castigo-reparación-homenaje-memoria. No de solo una parte, sino del todo social de aquellos que lograron desarrollar grandes obras y, a la vez, fueron señalados como maltratadores.Negar un duelo (social, personal, familiar o colectivo) es deshumanizar. Es deshumanizar también a las personas dolientes. Apañar a un (presunto) agresor a partir de su éxito profesional nos deshumaniza, incluso, como sociedad toda.La sociedad y las instituciones forman parte también de la discusión. Ya contamos con algunas políticas que compelen a regular acerca de los medios de comunicación y la violencia de género, pues son de las herramientas más eficaces para sensibilizar y concientizar a gran escala sobre este fenómeno. Porque no solo sucederá con El Tosco. No estamos ante un dilema pasajero al que se le podrá dar vuelta de página fácilmente. Es inevitable que aparezcan más conflictos como este, y cada vez tendremos que generar más conciencia, pero también mejores respuestas.Y así como el feminismo interpela y demanda en pos de una agenda donde el género y sus problemáticas se visibilicen cada vez más; también lo hace por una transformación social más justa. Para ello es importante una revisión sistemática de las tendencias de actuación, que calibremos nuestras acciones e iniciativas de acuerdo con el porvenir que queremos construir en colectivo, sin olvidar las genealogías que han direccionado nuestras militancias.Me refiero a la noción de justicia, a la correlación de dinámicas sociales que componen las partes intervinientes en un conflicto de género. Si no aceptamos la pena de muerte, tampoco nos puede servir la muerte para instaurar sentidos de justicia o fechas memorables.Toda la justicia no está en la muerte porque hay víctimas que aun así siguen zozobrando en su dolor. Toda la justicia no está en la muerte porque hay familiares, dolientes, que no tienen relación con los hechos. Toda la memoria no está en la muerte ni en la fecha de la muerte del maltratador porque las víctimas también tienen derecho a sanar y a que se les recuerde no solo como víctimas sino también con la obra que ellas estén construyendo en sus vidas. Las fechas conmemorativas las ponemos nosotras, con nuestro tesón y nuestra lucha.

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Neoconservadurismos religiosos en Cuba

El pasado primero de abril asistieron al programa de la televisión nacional Palabra Precisa dos representantes de iglesias cristianas para que compartieran sus opiniones acerca del proyecto de Código de las Familias, actualmente en consulta popular.  La pastora Dora Arce Valentín, de la Iglesia Presbiteriana Reformada manifestó un apoyo al espíritu del texto en general; mientras que el pastor Bárbaro Abel Marrero Castellanos, de la Convención Bautista de Cuba Occidental, mostró preocupaciones y contrariedades respecto a varios aspectos del proyecto de Código, entre ellos, la figura de la Patria Potestad que se sustituye por la responsabilidad parental, exaltando la necesidad de proteger a la familia tradicional en su composición monogámica y heterosexual.El pastor, además, se refirió a favor de que se mantuviera el castigo físico/corporal moderado como un derecho de los padres sobre los hijos y las hijas (aspecto que elimina el proyecto) y, a través de su convocatoria para velar por la continuidad de la familia biológica heterocentrada, se opuso al reconocimiento de algunos derechos, entre ellos, los relacionados a las parejas del mismo género y a la identidad de género.Manifestó que la categoría de la responsabilidad parental “menoscaba el derecho de los padres sobre los hijos”, que “la iglesia debe tener un rol de conciencia sobre la sociedad” y “ser un estímulo favorable para que la sociedad no se corrompa”. Reconoció que, a pesar de que todas las personas tienen dignidad, “eso no significa que nosotros aprobemos toda conducta o pensamiento”. También hizo un llamado a la sociedad a arrepentirse y a “dejar prácticas nocivas”.Para mayor énfasis y claridad, el pastor apuntó que el proyecto de Código “afecta sustancialmente a la familia biológica (…) al tratar de elevar a la categoría de familia esas relaciones”. Con las frases “esas relaciones” o “tipo de relación”, que reiteró durante su alocución, se refería a las relaciones homosexuales o toda aquella que no sea heterosexual, añadiendo que estas no eran “lo más saludable para esas personas”. Subrayó que el matrimonio biológico tradicional “es el ambiente ideal para desarrollar ciudadanos de bien”.Pero ¿por qué la opinión de representantes de estas vertientes religiosas debe ser considerada de manera particular en materia de derechos y de leyes? ¿por qué en la televisión nacional?Algo más que un asunto religiosoLos movimientos feministas y LGBTIQ han impulsado y modelado las agendas de los países en materia de derechos en general, y de derechos sexuales y reproductivos en particular; considerados a su vez derechos humanos por las Naciones Unidas.1Las demandas de estos movimientos han estado fuertemente vinculadas en las últimas décadas al derecho al aborto, a la libre anticoncepción, a la identidad de género, al respeto hacia las orientaciones sexuales diversas, al matrimonio igualitario y, también, a la educación sexual en las escuelas, a la laicidad de los programas de estudio y a la separación del Estado y de la Iglesia. La vía para garantizar el reconocimiento y la articulación de estas demandas ha sido mediante el Derecho y los derechos.En reacción, varios sectores religiosos se han nucleado, e incluso aliado con otros no religiosos, conformando un activismo conservador para oponerse y contrarrestar el avance de estos movimientos “desestabilizadores” del orden tradicional de la sociedad y en defensa de la moral cristiana. La vía para exigir a los Estados el cumplimiento de las peticiones que buscan frenar la “amenaza” feminista y de las personas LGBTIQ, ha sido la politización de lo religioso y que tenga, también, connotaciones en los derechos y las leyes.A este tipo de activismo y a sus programas se les llama neoconservadores (por el desarrollo de nuevas estrategias en un contexto de ascenso neoliberal) y antiderechos (porque precisamente es una reacción que se opone al reconocimiento de derechos humanos basados en la pluralidad).¿Dónde se juega la política?En tanto, los movimientos neoconservadores se autodenominan pro-vida y pro-familia, enfocados a una visión reproductivista del matrimonio heteronormado, y cuya punta de lanza política ha sido el término “ideología de género”. La expresión es una deformación de la perspectiva de género enarbolada por los movimientos feministas y de la propia categoría de género que conforman los estudios de las ciencias sociales.Fue el Cardenal Ratzinger, primero como prefecto de la Fe y luego como Papa, quien tuvo un papel relevante en la adopción del término “ideología de género” como sustituto de la expresión “cultura de la muerte” empleada por Juan Pablo II para referirse al aborto, a la anticoncepción y a la eutanasia. 2En efecto, la Congregación para la Educación Católica elaborada por el Vaticano en el 2019 plantea que el género como categoría “determina, en primer lugar, una revolución cultural e ideológica (…) y, en segundo lugar, una revolución jurídica, porque estos casos promueven derechos individuales y sociales específicos.”En la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe celebrada en 2007, se planteó que la “ideología de género” era uno de los presupuestos que debilitan y menoscaban la vida familiar, debido a que cada cual podía escoger su orientación sexual y esto provocaba “modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familiar”.En América Latina y el Caribe también han sido medulares los sectores evangélicos conservadores para la expansión de estas corrientes en donde la “ideología de género” representa la depravación del orden social tradicional y de las leyes naturales. Esta masificación es resultado de las grandes bases populares que nutren las congregaciones religiosas de tipo evangélicas, además de las alianzas con otros sectores religiosos (como el católico) y no religiosos, pero conservadores.En Cuba, las acciones de estos grupos se hicieron visibles con más notoriedad a partir del año 2018, a raíz del debate popular concerniente al anteproyecto de la Constitución cubana donde se explicitaba que el matrimonio sería la unión formalizada entre dos personas (eliminando la distinción de hombre y mujer).Las demandas de estos grupos superan, entonces, el terreno de lo religioso. El Derecho, los derechos y la ley se vuelven una de las arenas fundamentales de disputa contra la pluralidad. La llamada “ideología de género” constituye el marco político para revertir el avance de las peticiones de los movimientos feministas y LGBTIQ. Y, para ello, es de suma relevancia introducirse en los programas y políticas del Estado, incluyendo la educación, la televisión y el orden jurídico.Tensiones entre derechosUna de las fórmulas mediante las cuales los grupos neoconservadores articulan sus intenciones políticas es enunciando los derechos a la libertad religiosa, de conciencia y de expresión basados en el principio de laicidad. Los tres fueron expuestos en el programa de la televisión cubana. Sin embargo, el ejercicio de estos derechos encuentra límites en los derechos de las demás personas y colectivos, y es aquí donde se entroncan las tensiones.Es poco probable que el ejercicio de la libertad de expresión y religiosa se manifiesten de manera inocua cuando de derechos de personas homosexuales, transgénero, travestis y demás se trata, sobre todo proviniendo de sectores que se les oponen. Generalmente las expresiones referentes a estas poblaciones vienen aparejadas de estigmatizaciones, prejuicios o frases discriminatorias que configuran violencias simbólicas respecto a la imagen y dignidad de esas personas. Refuerzan imaginarios de rechazo acompañados, en ocasiones, de sentidos de miedo o pánico moral ya que, justamente, consideran que la conquista de derechos por parte de esas comunidades representa una amenaza para el orden social y las leyes naturales en sentidos de degradación o depravación moral.En el programa de marras se pudo escuchar frases como “relaciones no saludables”, “prácticas nocivas”, o expresiones que lanzaban una noción de peligro como la posible corrupción de la sociedad o de no formar “ciudadanos de bien” si llegara a reconocerse el matrimonio igualitario y la diversidad de las familias.Estos son de los primeros límites. El daño a la imagen y dignidad de personas que han sido históricamente estigmatizadas y rechazadas. La lesión a estos derechos conlleva sistemáticamente a la discriminación y daños concretos respecto, por ejemplo, al empleo, la educación, la vivienda, la integridad física y los derechos sexuales y reproductivos. La interdependencia de los derechos humanos, como principio, se pone de manifiesto con estos ejemplos.La libertad de conciencia ejercida por personas que integran estas corrientes religiosas neoconservadoras ha sido usada como estrategia para obstaculizar o impedir el acceso a la salud sexual y reproductiva. En nuestra región, es frecuente el uso de la objeción de conciencia por parte de profesionales de la salud adscriptos a estas religiones para no practicar la interrupción voluntaria del embarazo de personas que así lo requieren. La otra cara de la moneda consiste en la asistencia de personas creyentes a las clínicas o centros destinados a la realización de abortos de manera legal con el propósito de que las mujeres desistan de interrumpir sus embarazos o de que el personal médico no efectúe la interrupción.En Cuba se ha documentado en fechas muy recientes prácticas de este tipo en instalaciones públicas de salud, específicamente en la provincia de Granma, poniéndose en juego uno de los principales derechos adquiridos en beneficio de las mujeres durante los primeros años de la revolución y transgrediendo el principio de laicidad en los espacios públicos y estatales. Tolerándose, incluso, las actividades de estos grupos antiderechos en centros de salud pública. Además, investigaciones periodísticas han develado la expansión de los neoconservadurismos religiosos en la provincia de Santiago de Cuba, entorpeciendo, disuadiendo o bloqueando el derecho al aborto como un derecho sexual y reproductivo. La permisividad sin obstáculos de estas prácticas es preocupante.También lo es el aplazamiento indefinido de la Resolución 16 de 2021 del Ministerio de Educación, a partir de la cual se actualiza el programa de educación integral de la sexualidad, incluyendo un enfoque de género y abordando derechos sexuales y reproductivos en el sistema nacional de educación. El programa promueve “la igualdad de género, los derechos sexuales y reproductivos, la autonomía, la salud sexual, el bienestar psicosexual y la expresión de una sexualidad plena, segura, placentera, libre y responsable en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes”. Hace referencia, con enfoque preventivo y transformador, al bullying escolar, al acoso escolar, a las discriminaciones expresadas como homofobia, transfobia y racismo, también a la prevención de los abusos sexuales, los embarazos adolescentes, relaciones sexuales precoces y a las violencias basadas en género.Son varias las razones que indican que el pulseo político para la implementación de la Resolución fue ganado por los grupos neoconservadores en Cuba, en detrimento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Es pertinente recordar que una de las inquietudes manifestadas por el pastor Bárbaro Abel fue, precisamente, la regulación en materia de derechos de los padres sobre las hijas y los hijos y en su formación educativa. También es oportuno rememorar que, las familias adscriptas a estos sectores religiosos amenazaron con no enviar a sus niños y niñas a las escuelas si se implementaba el programa.Es evidente que la politización de la moral religiosa de estas vertientes insiste en mantener sus privilegios y en hacerlos extensivos a toda la sociedad cubana en menoscabo de los derechos—humanos—de otros. También es notorio que, aunque sus discursos, proyecciones y dinámicas vayan en contra de las políticas oficiales del Estado, sus prácticas se toleran e incluso llegan a impactar la teleaudiencia nacional.No hay que olvidar que en el debate constitucional durante el 2018, el artículo que protagonizó la discusión democrática fue el 68 referente al matrimonio igualitario. En consecuencia, se sustituyó el vocablo “personas” por “cónyuges” y el único cuerpo legal que se llevó a referéndum, de las más de cien normas jurídicas que se aprobarían en el calendario legislativo, fue el Código de las Familias.Otras preocupacionesHa sorprendido la aparición en televisión nacional de los fundamentalismos religiosos en Cuba, sobre todo porque son manifiestamente opuestos a una política estatal como el Código de Familias, pero, en un marco más amplio, son opuestos también al avance de la agenda de las mujeres respaldado en otro programa estatal como lo es el Programa Nacional de Adelanto para las Mujeres. Preocupa, además, que el pastor Bárbaro Abel, durante la transmisión del programa anunció, de forma petitoria, que las congregaciones neoconservadoras que representa tendrían dos salidas yuxtapuestas si se aprobaba el Código de las Familias tal y como se proponía: una cláusula de excepción por motivo de conciencia y que los padres tengan otras opciones para educar a sus hijos.Al día siguiente del programa, enfatizó lo dicho a través de sus redes sociales: de aprobarse el Código y de implementarse la Resolución 16/21, teniendo en cuenta el “marcado enfoque de género” de ambos instrumentos jurídicos, será significativo para los maestros cristianos que se encuentren “compelidos” a transmitir estas enseñanzas, que el estado cubano diga qué sucederá con ellos (refiriéndose a la cláusula de excepción). Por lo mismo, comunicó la posibilidad de que las familias tradicionales se vieran conflictuadas de enviar a sus hijos e hijas a las escuelas (refiriéndose a la objeción de conciencia). Todo esto con basamentos en las mencionadas libertad religiosa y libertad de conciencia.En el mismo comunicado en redes sugirió que una manera de disipar estos conflictos entre Iglesia y Estado laico es otorgándole a las familias “la opción de instruir a sus hijos en escuelas privadas o en las casas”, haciendo alusión a los países donde se ha aprobado ya el matrimonio igualitario. No obstante, acotó que, en nuestro caso eso no sería posible porque “en Cuba toda la educación es pública”. Preocupa también porque, se sabe, un largo anhelo de algunas vertientes religiosas en el país ha sido la posibilidad de rectorar un sector de la enseñanza. Y en este “juego” de presiones, poco a poco han logrado expandir y visibilizar sus agendas y demandas.Sorprende el programa también porque lograron entrar a un espacio de teledifusión masiva justo en un contexto nacional de profundos cambios socio-económicos y de alta conflictividad social y política; en donde el Estado cubano se ha mostrado impermeable con otras demandas y reclamos desde la sociedad, sin embargo, ha respondido de manera más flexible con el sector religioso fundamentalista el que a su vez cuenta con más recursos económicos y de poder, con mayor articulación organizativa nacional y trasnacional, con financiamientos no solo locales y con intereses inclinados a las derechas neoliberales y anticomunistas.Preocupa el desarrollo de sus actividades antiabortivas en localidades fundamentalmente periféricas, rurales o en provincias del oriente del país;  frente a un derecho al aborto que no se blindó en el texto constitucional, que se encontraba protegido en el antiguo Plan Nacional de la Mujer de 1997 mediante la regulación de la “atención integral psicológica y social a la mujer en los servicios de aborto” (punto 75) y que fuera lamentablemente eliminado en el nuevo Programa de Adelanto para las Mujeres de 2021. Inquieta también esta situación si tenemos en cuenta la persistencia de las altas tasas de embarazo adolescente en el país con mayor relevancia precisamente en las zonas rurales, en las provincias orientales y entre las adolescentes racializadas; territorios y poblaciones que, si no son atendidas oportunamente por políticas del Estado, lo serán cada vez más por las congregaciones cristianas y sus programas neoconservadores.***Notas: 1 La Plataforma de Acción de Beijing de 1995 es una Resolución adoptada por la ONU que constituye la agenda mundial por la igualdad de género y por los derechos de las mujeres considerados derechos humanos. Los Principios de Yogyakarta establece que los derechos relacionados a la orientación sexual y a la identidad de género son derechos humanos, aunque no es un tratado vinculante en materia jurídica internacional, se redactó con la intención de establecer principio de interpretación y aplicación en materia de Derechos humanos.2 Vaggione, J.M. (2022). “El entramado neoconservador en América Latina. La instrumentalización de la ideología de género en las democracias contemporáneas”. Las Torres de Lucca. Revista internacional de filosofía política. https://doi.org/10.5209/ltdl.79437

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El proyecto de Código Penal y la violencia de género en Cuba (II y final)

Las ausenciasTres grandes omisiones presenta el proyecto relacionadas a la violencia de género: la violencia vicaria, la violencia digital y la violencia obstétrica.La primera se ejerce contra personas menores de edad o personas dependientes de manera instrumental para perjudicar y dañar a la víctima principal quien sostiene un vínculo estrecho y afectivo con aquellas. Es decir, la parte agresora usa a los descendientes, u otras personas dependientes de la víctima, para generarle daños a esta última. La violencia vicaria es un tipo de maltrato infantil y es empleada como mecanismo de coacción y control hacia la víctima principal. Esta violencia puede causar la muerte de las víctimas instrumentales, generalmente tipificadas como feminicidios vicarios, vinculados o colaterales1, de ahí que resulte significativo contemplarla en su singular dimensión.La segunda no es una novedad en nuestras realidades ni en nuestro ordenamiento jurídico. La Resolución 105/2021 del Ministerio de las Comunicaciones contempla como incidentes contra la dignidad y la individualidad a la pornografía, el ciberacoso y el engaño pederasta (conocido también como grooming). Una vez más es preciso esclarecer que las violencias de género pueden ser digitales y sería muy beneficioso describirlas y regularlas en el futuro Código Penal. Las mujeres cubanas muchas veces no saben qué hacer cuando se encuentran en situación de ciberacoso, de amenazas por medios digitales o cuando personas menores de edad se encuentran atrapadas en dinámicas de grooming, ya que, muchas veces, no son tomadas sus denuncias precisamente porque el soporte digital de las violencias no se explicita inequívocamente en la legislación penal.La violencia obstétrica es entendida como cualquier acción u omisión por parte del personal médico en general, que cause un daño físico, emocional o psicológico para la persona gestante o para la criatura nacida o por nacer. Estos daños pueden incluir abusos verbales o humillaciones, abusos lascivos, tocamientos indebidos, miradas lascivas o amenazantes, maltrato o agresiones físicas, intervenciones no consentidas o procedimientos autoritarios, violación a la privacidad o intimidad, desinformación o denegación de la atención necesaria. Es considerada una violación a los derechos humanos, en particular contra de los derechos a la salud reproductiva de mujeres y personas gestantes durante el parto, o en el marco de otros procedimientos ginecobstétricos (abortos, exámenes, citologías, exudados, etc.).Es un tipo particular de violencia en donde la persona afectada está en completa subordinación respecto al personal médico, en donde el pudor y la privacidad cobran un especial significado, y en donde la persona se encuentra muy expuesta y vulnerable. La relación médico-paciente se constituye en una fuerte relación de confianza y dependencia. No en vano el Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo se ha visto en la necesidad de pronunciarse mediante la Instrucción 110/83 en cuanto a ello. Sin embargo, son insuficientes e incluso contradictorias las regulaciones relacionadas al incumplimiento de obligaciones por parte del personal de la salud cuando trae como consecuencias lesiones o muertes. Entonces, ¿por qué el nuevo Código Penal no reconoce este tipo especial de violencia de género, que afecta a una amplia mayoría de mujeres2 y que se produce bajo circunstancias muy particulares? ¿Por qué no ampararnos contra una problemática que transcurre a diario? ¿Por qué el futuro cuerpo legal no termina por esclarecer los términos de estas conductas y tipicidades?Otras definiciones también son necesarias, por ejemplo, identidad de género. Ni siquiera la Estrategia Integral contra la violencia de género e intrafamiliar, ni el proyecto de Código de las Familias, la definen.El proyecto de Código Penal y la violencia de género en Cuba (I)El enfoque antipunitivistaLlegado a este punto del análisis resulta imprescindible destacar que, si bien se han examinado los aciertos y desaciertos del proyecto, así como los aspectos que omite, esto no es sinónimo de apelar a que las vías penales otorguen protección a todas las violencias basadas en género en sus más variadas tipologías y manifestaciones. No se pretende que, mediante la punición, se corrijan todas las conductas relacionadas a la violencia de género. Las feministas, a partir fundamentalmente de los años setenta, han acudido al derecho penal como una estrategia de denuncia y rechazo al problema y, en esa dirección, este análisis se inserta como una estrategia de visibilización y mejores procederes procesales de interpretación y aplicación, que de búsqueda de soluciones per se.Estas líneas apuestan porque el futuro Código penal tenga la menor cantidad de barreras posibles para aquellas personas que encuentren necesidad de salvar sus vidas y su integridad mediante el derecho penal. También con el ánimo de que sus operadores tengan menos espacio a la discrecionalidad y al uso inadecuado de la ley, y para que, en efecto, las ciencias penales sirvan para algo más que para castigar. De hecho, existen fuertes vertientes feministas en contra de la punición y del encarcelamiento como las vías privilegiadas por los Estados para atender las violencias basadas en género bajo la premisa de que el castigo y la cárcel no disminuyen las violencias, sino que las acentúan, otras estudiosas afirman que el incremento y expansión de la represión penal “tiene efectos sociales contraproducentes y perversos”. En otras palabras, esgrimen, con razón, que son los Estados los que deben cerrar las brechas de desigualdad y paliar el empobrecimiento generalizado para que disminuya la violencia basada en género, no la cárcel.Teniendo esto en cuenta, es meritorio que se haya eliminado la pena de sanción de muerte del delito llamado Agresión sexual, sin embargo, es lamentable que la connotación de la violencia de género en los marcos sancionadores sea agravante. Eso lo demuestra que casi la mitad de las veces que se menciona la frase “violencia de género” sea para indicar sanciones más severas.Ya lo decía en otros análisis, la intención de denominar los delitos penales por su nombre, de reconocerlos, de describir en qué consiste la violencia de género, no es castigar más ni con mayor rigor, no es directamente proporcional al escarmiento, sino propiciar la mejor atención posible a estos hechos e interconectar el derecho penal con otros campos toda vez que la violencia de género es un problema multidisciplinario y multidimensional.Por tanto, estos análisis no pueden desconectarse del innecesario mantenimiento de las penas de muerte y privación perpetua de libertad en el proyecto de Código Penal. Sobre todo, cuando la mayor quimera de las sanciones penales es la rehabilitación, la reeducación y la llamada reinserción social. Si bien es valiosísimo contar con nuevas penas alternativas como el servicio en beneficio de la comunidad y la reclusión domiciliaria, entonces debe ser coherente el futuro Código con el espíritu de atenuar y disminuir las respuestas punitivas individualizadas eliminando las penas de muerte y privación perpetua de libertad. Esto no le es indiferente a los movimientos feministas latinoamericanos cuando pretenden una transformación social radical y en ello se incluyen las maneras en que pensamos las sanciones, las cárceles, las personas comisoras de delitos, no como un asunto individual y particular de un caso, sino como un problema complejo, estructural y colectivo. Se sabe que son las poblaciones históricamente sumidas en la pobreza y la precarización las que pueblan las prisiones: personas racializadas, subalternas, mujeres empobrecidas, etc.Por ello, se hace necesario que la transversalización de género en el ordenamiento jurídico cubano se cumpla con celeridad, para que el derecho penal actúe verdaderamente como ultima ratio (como último recurso legal) y, a su vez, esté dotado de claridad en sus articulados. Para atemperar los efectos negativos de una criminalización indiscriminada por asuntos de género, se requiere la exigencia de un daño social relevante que no pueda ser adecuadamente atendido y reparado desde otras instancias jurídicas.A pesar de las resistencias estatales a reconocer la inminencia de una Ley Integral contra la violencia de género, está sucediendo lo que se advertía. No es casual que el proyecto de Código de las familias dé un concepto de violencia de género distinto al de la Estrategia integral (su rango legal es un Acuerdo del Consejo de Ministros), y el anteproyecto de Código penal también regule una definición diferente. Es cierto que son parecidas, pero realmente entre las tres es que se llega a una conceptualización robusta. De contar con una Ley Integral, no habría tantas dudas en el código penal respecto a términos como identidad de género, discriminación de género, etc., por ello también es importante entender que se necesita una Ley de identidad de género.La transversalización de la violencia de género de manera acéfala genera dispersión e inseguridad jurídica, aumenta las posibilidades de discrecionalidad en detrimento de las personas afectadas. Por eso, y más, se nos muestra imprescindible que exista una norma con jerarquía de Ley que dote de coherencia a nuestro ordenamiento jurídico. Incluso, en casos de vacíos o contradicciones normativas se sabría a qué Ley acudir. Ese sería un cuerpo legal que engarce y oriente al resto de los instrumentos jurídicos que tengan que ver con las relaciones de género y sus violencias. Y además interpelaría a implementar más y mejores políticas públicas orientadas al género; en ello, el derecho penal tiene que servir y subordinarse a la prevención de las violencias de género y a la reparación de las víctimas.Esperemos que las próximas leyes a aprobarse (como la ley de Salud Pública, la de Transparencia, la ley de Identidad) y las vigentes (Código de Trabajo) coadyuven a que el Código Penal sea la última instancia de aplicación frente a las violencias de género, para ello, sus regulaciones deben ser claras. En ese empeño ayuda muchísimo la mencionada y aprobada Estrategia Integral contra la violencia de género que es vinculante para todas las instituciones del estado. También se espera que una Ley integral dote de organicidad al sistema legal cubano en esta materia. Y, por último, considero un deber social y ciudadano enviar las consideraciones que tengamos sobre este Anteproyecto que se discutirá en abril, tal y como insta el sitio web del Tribunal Supremo Popular que, si bien no ha entrado en debate como ocurre con el proyecto de Código de las Familias, sí se ha abierto una vía para considerar las opiniones de la ciudadanía.El derecho penal no es un asunto lejano, aun cuando no nos sintamos proclives a cometer un delito, o cuando no nos pensemos como víctimas. La violencia de género tampoco lo es, al contrario, nos atraviesa a todas, todos y todes, desde acciones y sentidos apenas perceptibles, hasta la muerte misma.Notas:1 En el país se han reportado casos donde ha tenido lugar la violencia vicaria feminicida: un caso en Baracoa, otro en provincia Las Tunas, y otro de dos niñas que lograron sobrevivir en Artemisa.2 También en Cuba prolifera la violencia obstétrica en la mayoría de las mujeres, leer en Serrano, M.Y. (2028). “Mirar detrás de la cortina verde”. La experiencia de la violencia obstétrica en Contramaestre, Santiago de Cuba. Revista Cubana de Antropología Sociocultural Vol. 11 (No. 13). Universidad de Oriente. Las redes sociales también han mostrado testimonios sobre violencia obstétrica.

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El proyecto de Código Penal y la violencia de género en Cuba (I)

El ordenamiento jurídico cubano está siendo renovado y actualizado a raíz de la, aún reciente, Constitución de la República. También porque la realidad que vive la sociedad cubana actual a ello conduce inevitablemente. Y, entre los aspectos nuevos que está contemplando, se encuentra la violencia basada en género.Si revisamos la Carta Magna encontraremos que en su artículo 43 el Estado se obliga a proteger a las mujeres de la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones y a crear los mecanismos institucionales y legales para ello. Dos años después, el 8 de marzo de 2021, se publica el Programa Nacional de Adelanto para las Mujeres mediante un Decreto Presidencial. En él se convoca a “perfeccionar de manera integral las políticas y la legislación sustantiva y procesal en materia familiar, laboral, de seguridad social, administrativa y penal, para garantizar un tratamiento efectivo en el enfrentamiento a las diferentes manifestaciones de violencia de género e intrafamiliar” (Área 5, apartado 5).En consecuencia, los proyectos de Código de las Familias, Código Penal y Ley de ejecución penal, además del ya aprobado Código de los Procesos, contemplan disposiciones relacionadas a la violencia basada en género. En especial el Anteproyecto de Código penal que debe ser discutido en la Asamblea Nacional de Cuba, será objeto de reflexión de las siguientes líneas, pues merece una mirada más focalizada ya que las violencias casi siempre están relacionadas a conductas tipificadas como delitos.Aciertos y desaciertosLa expresión violencia de género es usada 33 veces en el Anteproyecto del Código Penal, de ellas 14 fueron empleadas para indicar una forma agravada de la conducta delictiva; fundamentalmente en los delitos contra la vida y la integridad física, en los delitos contra el honor, en los delitos contra los derechos individuales, y contra la libertad e indemnidad sexual.La incorporación de la violencia de género en el proyecto es de suma importancia porque asimila como un tipo particular de violencia aquellos comportamientos que transgreden los derechos de las personas por un motivo tan especial como la pertenencia a un género determinado. Lo que se explica no solo por las acciones violentas en sí, sino de estas como la expresión última de un entramado de desigualdades históricas que han sido construidas a partir de la predominancia y la dominación masculina cisheterosexista sobre las relaciones sociales. Es decir, que son expresiones de conductas patriarcales en formas violentas sobre cuerpos específicos como los de las mujeres y personas con distintas identidades de género y orientaciones sexuales. Asimismo, este reconocimiento obliga a los y las operadoras del derecho a tener en cuenta de manera específica dinámicas consideradas delictivas que atienden al género.Para mayor claridad en los conceptos, el anteproyecto refiere como violencia de género la siguiente definición:“tipo de violencia muy particular, que tiene como base la cultura patriarcal que se asienta en la desigualdad de poder entre el hombre y la mujer. Como parte de ese dominio masculino, se ejerce la violencia como un mecanismo de control; la misma se sustenta en estereotipos sexistas, generadores de prejuicios que derivan en expresiones de discriminación por razón del sexo, el género, la orientación sexual o la identidad de género; puede ser física, psicológica, sexual, moral, simbólica, económica o patrimonial, e impacta negativamente en el disfrute de los derechos, las libertades y en el bienestar integral de las personas; se presenta en ámbitos familiares, laborales, escolares, políticos, culturales y en cualquier otro de la sociedad; y su expresión más generalizada, frecuente y significativa es la que ocurre contra las mujeres.”Otra figura novedosa en el proyecto es el Acoso laboral. “Quien afecte los derechos laborales de una persona con la que mantiene una relación de trabajo o empleo, mediante su acoso directo o indirecto a través acciones de aislamiento, amenazas, exigencias o con cualquier otro acto o medio potencialmente capaz de producir dicho fin, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años o multa de doscientas a quinientas cuotas o ambas.”Ciertamente, las relaciones de trabajo o laborales, ya sean estatales o privadas, por contratos de prestación de servicios o por contratos laborales por tiempo indeterminado, son espacios en donde también se manifiestan violencias basadas en género; mediante el acoso sin y con connotación sexual. Precisamente esta es una omisión del artículo 327 en cuestión, el acoso puede implicar, y generalmente así sucede, requerimientos de tipos sexuales. Si bien el artículo menciona que este delito se impondrá siempre y cuando no se constituya otro de mayor gravedad, es muy necesario que se vele por incluir el carácter sexual de una parte importante de los hechos tipificados como Acoso laboral. Si bien no todas las feministas coincidimos en que el acoso laboral en todas sus dimensiones tenga consecuencias penales, es cierto que el acoso laboral puede provocar estrés, auténticas enfermedades psico-físicas, colapsos, y más; es decir, se debe concretar el nivel de daño social exigible para optar por la criminalización.Un acierto ha sido eliminar la diferenciación subjetiva entre hombre y mujer en los delitos de violación y pederastia con violencia, entre otros. Esto respondía a sesgos machistas en la formulación de los tipos penales mencionados. Sin embargo, los legisladores han optado por eliminar, también, la Violación en su denominación habitual y, en su lugar, la han titulado Agresión sexual. En España, en el año 1995, también se eliminó el título de Violación y se sustituyó por el de Agresión sexual, sin embargo, en 1999 volvió a titularse como violación para conservar una palabra técnica que coincidía con el lenguaje común.Los debates acerca de conservar el término de violación, o de distinguir entre abuso y agresión sexual, no están exentos de dilemas. Por un lado, persiste el estigma de “la mujer violada”, y por el otro el tabú moral y machista de que los hechos son más graves cuando son los varones quienes resultan violados; por ello ha nacido la tendencia de eliminar el título de violación. También hay posiciones en contra de diferenciar los abusos de las agresiones sexuales en términos de gravedad, ya que, desde una perspectiva de género y feminista, es tan grave un abuso sin penetración como una agresión con penetración. Hay especialistas que abogan por el reconocimiento de un solo delito que asimile todas estas variaciones delictivas y que se nombre “Atentado sexual”.Ciertamente no solo preocupa que la Violación, como término, se elimine del lenguaje penal en Cuba y se origine una discordancia entre los usos técnicos y el lenguaje común; sino que incluso el término de agresión sexual implique un eufemismo que encubra la moral machista en la violación contra los varones. Cualquier cuerpo legal mientras tenga mayor claridad y distinción en las definiciones, mayor será la certeza jurídica que provea para las personas encargadas de aplicarlo y también para aquellas que necesiten buscar protección en sus articulados; y esto no puede depender de las gradaciones en la gravedad de los delitos.En el Código (1987) aún vigente , por ejemplo, el acoso no encuentra denominación sino como un apartado del delito titulado Ultraje sexual. Esto derivó en una invisibilización de hechos y conductas que denominamos como acoso. De hecho, en el actual Anteproyecto se eligió cambiar su título por Acoso y Ultraje sexual. Por tanto, se sabe que es imprescindible llamar a las cosas por su nombre, y denominar los delitos en formas claras e inequívocas. Es esperable que antes de su aprobación, la Violación como tipo penal regrese a ser denominada como tal.Por otra parte, es importante tener en cuenta que la Violación tiene lugar no solo cuando se emplea fuerza, violencia o intimidación suficiente sobre la víctima. También ocurre la violación tras períodos o episodios de acoso; cuando le antecede requerimientos sexuales insistentes; dentro de las relaciones de pareja; aun cuando no sea demostrable la llamada intimidación suficiente. Los estudios de género han demostrado que, en muchas ocasiones, las víctimas acceden a tener relaciones sexuales con su victimario con la esperanza de poner fin a conductas de acoso o requerimientos sexuales que perturban su existencia y cotidianidad. No obstante, esa voluntad de “acceder” se encuentra viciada, es decir, no es un consentimiento legítimo y pleno, sino que está condicionado por conductas externas a su voluntad que la conducen a cambiar un “no” por un “sí”.Son varios los ejemplos que ilustran que el hecho de “acceder” o “permitir” no es consentimiento, (por ello tampoco podría sugerir que el consentimiento sea el elemento central en la configuración de los delitos sexuales en general), y que la violencia de género no tiene que estar supeditada a la intimidación o el uso de la fuerza, sino también a otros elementos como las condiciones en que ocurren los hechos, en cómo se producen y cómo se llega a los resultados. Finalmente, las violaciones, las agresiones y abusos sexuales son actos básicamente violentos y coercitivos ya que implica un desencadenamiento de acciones hostiles contra las víctimas. Teniendo en cuenta lo sexual como definitorio en estos delitos, es importante que nuestro derecho penal supere la noción de fuerza e intimidación y plantee la perspectiva de género como una perspectiva valorativa de la vejación humillante para la víctima y desde el daño social-colectivo que provoca la constatación de la pervivencia de esquemas de género de sometimiento-subordinación (Asúa, 1998)Para integrar estos delitos desde una mirada de género, en donde el uso de la fuerza o la intimidación no son determinantes, también es preciso tener en cuenta las características de la persona agresora (si cuenta con un capital social importante, si es una personalidad reconocida, tener influencias que le permitan evadir la justicia, contar con capital económico, ser una persona habitualmente extorsionadora o manipuladora, etc.), y también las características de la persona afectada (que se encuentre, por ejemplo, en una situación de vulnerabilidad no solo por la edad o la discapacidad, sino también por la vulnerabilidad económica, habitacional, territorial, social). Y en otro orden de cosas, lo que puede ser intimidación suficiente para una persona puede no serlo para otra, entonces ¿cómo los magistrados medirán la suficiencia?Los abusos sexuales, en el proyecto de Código, tienen una vaga redacción. Prácticamente se encuentra subordinado al delito llamado Agresión sexual (Violación) excepto que la persona abusadora no tenga intenciones de penetrar a la persona abusada. Además de que la penetración es el eje para distinguir uno y otro delito, la redacción subordinada a la intención trae no pocos problemas cuando la configuración se logra únicamente a partir de un elemento subjetivo. Todo depende de la prioridad que le quieran dar los legisladores a los delitos sexuales: si a la lesión de la libertad e integridad de la víctima por encima del concreto acto sexual realizado.Sería más clarificador si se describen los tocamientos, el abuso verbal con connotaciones sexuales que no tienen que ser necesariamente requerimientos ni amenazas, incluso los abusos sexuales pueden estar integrados por miradas lascivas (por ejemplo, en abusos grupales quienes se quedan observando).Todo esto se da en un contexto en donde las asimetrías de poder, dominio y subordinación están determinadas por el género; y estas, a su vez, moldean lo relacionado al uso de la fuerza, la intimidación, los vicios en el consentimiento. Estas consideraciones no esquemáticas necesitan ser reflejadas en el futuro cuerpo legal. No es suficiente con insertar en cada figura agravante la frase “violencia de género”. Si el proyecto de Código no esclarece estas dinámicas, si no se redactan claramente estas relaciones desiguales de género y sus condicionantes, continuarán los obstáculos para el acceso a la justicia cuando de violencia de género se trate.Otro ejemplo con una limitada visión de género se encuentra en el delito de Lesiones. Allí encontramos lesiones graves o lesiones que, aunque no generen secuelas, llevan tratamiento médico. Hay mujeres que son golpeadas, pellizcadas, apretadas, empujadas, humilladas mediante violencias físicas “no graves” y a las que no se les quiere admitir la denuncia, o expedir certificado médico de lesiones porque los golpes “no se ven” o “no son graves”1. Sin embargo, son episodios que pueden estar viviendo de manera sistemática y de los cuales no encuentran la salida. A ellas, el proyecto de Código Penal no las protege. Es importante que los delitos se adecúen a las dinámicas en que tienen lugar o se desarrollan las violencias basadas en género, es insuficiente que se asome el término “violencia de género” como una causa que provoca la aplicación de una sanción mayor.El feminicidio y delitos asociadosEl anteproyecto formuló el reconocimiento del feminicidio mediante un apartado del tipo penal Asesinato. La propuesta ha quedado como sigue:Artículo 344. Se sanciona con privación de libertad de veinte a treinta años, privación perpetua de libertad o muerte a quien mate a otra persona concurriendo cualquiera de las circunstancias siguientes:(…)d) cometer el delito por motivo de discriminación de género;(…)Artículo 345. 1. Incurre en las mismas sanciones previstas en el artículo anterior, aunque no concurra en el hecho alguna circunstancia de cualificación prevista en aquel, quien:a) de propósito, mate a un ascendiente o descendiente, o a la persona con la que mantiene o ha mantenido una relación conyugal o de pareja de hecho afectiva;b) dé muerte a una mujer como consecuencia de la violencia de género;c) se ejecute por odio contra la víctima por motivo de su raza, religión, género, identidad de género u orientación sexual.Este reconocimiento sin duda alguna es resultado de la lucha feminista en el país a pesar de que su asimilación no sea mediante la tipificación específica, sino que se encuentre subordinada al Asesinato. Además, contempla los asesinatos por razón de la identidad de género, es decir, los que se conoce como transfeminicidios y travesticidios. La formulación es parecida al caso de Argentina2, país que en el año 2012 reconoció en su ley penal los conceptos de femicidio, transfemicidio y travesticidio, aunque no fueron aprobados como tipos penales específicos e independientes del homicidio, sino como formas agravadas de este.Ante este tipo de formulaciones penales, en las que se reconoce el fenómeno, pero no se titula a pesar de enjundiosos estudios que revelan lo trascendental de una tipificación específica e independiente, las ventajas y desventajas se presentan en forma ambigua. Desde el punto de vista legal y simbólico, y luego de delitos enunciados tradicionalmente “a ciegas” respecto al género, las ventajas son incuestionables. Desde el punto de vista procesal, estratégico e interdisciplinario, las desventajas se traducen en dificultades para la caratulación de expedientes, incongruencias con el diseño de investigación y persecución del delito, inconsistencias con la investigación misma del hecho, afectación en los informes y estadísticas, obstáculos para elaborar políticas preventivas, etc.La discusión que le antecedió a esta propuesta estuvo inclinada a desconocer su tipificación específica bajo el argumento de que todos los asesinatos y homicidios podían ser atendidos y procesados conforme a la ley sin necesidad de llamarlos feminicidios. Sin embargo, es importante destacar que el derecho penal no cumple solamente la función de procesar y encarcelar a los culpables. Cumple, y eso es lo deseable, una misión también social y preventiva; debe constituir un vehículo más para la medición de impactos de determinados delitos en pos de su paulatina erradicación. La ciencia penal se encuentra en interacción con otras ciencias del derecho y sociales, por tanto, sus objetivos deben estar entrelazados también a las necesidades de las poblaciones que atienden esas ramas del conocimiento y que, casi siempre, son las más vulnerables.Un ejemplo de lo contraproducente de no contar con definiciones y categorías claras e inequívocas es la incongruencia entre el uso de tasa de femicidios en el país (0,99 por cada 100 mil mujeres de 15 años y más) dada en el informe voluntario que presentara Cuba ante la CEPAL en el 2019, y tasa de mortalidad femenina por agresiones (1,9 por cada 100 mil mujeres) dada en el informe voluntario ante la misma organización pero del año 2021. Con estas inconsistencias ¿cómo se puede medir la evolución de este fenómeno? Sin adecuadas titulaciones, denominaciones y categorizaciones ¿cómo se puede registrar el comportamiento del delito y cómo trazar estrategias para su disminución?Se espera que, como resultado de esta novedad en el proyecto de Código Penal, se apliquen protocolos para su correcto registro (incluyendo los transfeminicidios), transparencia y publicación, de manera desagregada por territorio, raza o color de la piel, lugar de los hechos, antecedentes de víctimas y victimarios y de su relación entre sí, edad, y más. También se espera que se llegue a nombrar lo que, en teoría penal, criminológica y en la propia realidad, tiene nombre, tipos y clasificaciones. Tal y como se ha hecho con el Acoso laboral y el Acoso en general.Nota:1 De redes: testimonio 1, testimonio 2. Un estudio de Cubadebate también reconoce el problema.

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¿Ser o no ser madre? Crianza, sexualidad, abandonos y otras culpas

Durante el mes de enero de este año el programa “De nuestra América” de la televisión cubana proyectó el filme No soy tu mami (2019). La cinta argentina, protagonizada por la conocida actriz Julieta Díaz, quien interpreta el papel de Paula, trata acerca de la maternidad1 e intenta derribar una serie de mitos románticos acerca de ser madre.Enmarcada en una comedia romántica, la película aborda con suspicacia y entre escenas que parecieran pasajeras, los conflictos de la crianza materna, entre ellos, la sobrecarga de tareas, lo demandante y agotador que significa atender las necesidades de niñas y niños, la falta de tiempo y la prisa constante, el poco espacio disponible para las actividades de ocio y la falta de descanso.Cuenta, de manera ligera, la otra cara de la moneda de la ilusión materna, la que no está presente en los relatos hegemónicos donde, casi siempre, la maternidad es una fuente interminable de buenas experiencias, de amor infinito y permanente, sin tensiones, sin cortapisas ni lados escabrosos.Por otro lado, la protagonista lucha para que le respeten su derecho a no ser mamá. Es invocada durante todo el largometraje a que lo sea, le dicen que “le llegó su hora” o que después se va a arrepentir. Y, por otro lado, en su ejercicio como periodista, se da cuenta de que, si bien todo el relato sobre la maternidad no es el sueño de hadas, tampoco es lo nefasto que le dictaban sus conocimientos irreverentes y, también parcializados.Paula nota que la crianza y la maternidad, como vínculo, se construyen, con todas las contradicciones implícitas en una relación en la que otro sujeto es dependiente y está en formación. Paula también percibe los duros enjuiciamientos que otras mujeres le lanzan a una madre que está ausente debido a una oferta de trabajo en el exterior. En efecto, estos juicios nunca pesarían con tanta impiedad sobre un padre que decidiera ausentarse por la misma causa. A ellos generalmente se les justifica.Y sobre abandonos o ausencias maternas trata también el filme La hija perdida o La hija oscura (2021) de la plataforma digital Netflix, esta vez el género cinematográfico elegido para hablar sobre maternidades es el drama psicológico y el personaje protagónico que lo hilvana se llama Leda.Contada mediante escenas perturbadoras, la cinta descarna lo difícil de ser mamá las 24 horas de los 365 días del año. Ese trabajo a tiempo completo, en el que muchas veces pierdes la autonomía sobre tu cuerpo y donde tu voluntad se desplaza en favor de esas personitas que son nuestros hijos, hijas, hijes. El filme nos provoca reiteradamente al emplazamiento del “instinto materno”, al “egoísmo de la madre”, entre otros tótems del mito de la maternidad.Los recursos del suspenso y de una narrativa atroz nos repiten de forma cuestionadora si las mujeres nacemos con el instinto biológico y natural de ser madres, acerca de ese destino predeterminado que pareciera indefectible en nuestras vidas. El largometraje logra incomodarnos como espectadores con esa madre que niega un beso a su hija, que rompe vidrios y azota puertas, que no encuentra condiciones para trabajar en casa, que se enfada, que es constantemente interrumpida y abordada, que desea y no puede saciar su apetito sexual, y logra también que la sometamos a un juicio de luchas entre lo moral y lo (no) humano desde una preconcepción de lo que es una buena o mala madre.Lo más inquietante de la historia es, sin lugar a dudas, el abandono y la ausencia materna, ya no por cuestiones de trabajo, sino por deseo, por querer ser feliz, por pasarla increíble2. Esto sentencia el filme, los hijos y las hijas no son sinónimos de felicidad automática, pensarlo así es, incluso, muy opresivo y demandante para esas personitas pequeñas que no pidieron que se les asignaran tamaña responsabilidad. No son cosas ni metas que nos tienen que reportar alegrías mecánicas.Y lo más recurrente, pero esta es solo mi lectura, es la culpa. Ese otro dispositivo de control sobre nuestras maternidades, una de las piezas claves en el juego de los celadores de las buenas madres. Si alguna se sale del papel de madre intachable, siempre habrá quien señale que está muy mal hacer tu propio guión de mamá, sembrándote la culpa. Otras veces una sola se siente culpable cuando grita, cuando da un pan con leche antes de dormir porque no da más, cuando cede ante un berrinche, cuando inventa una excusa para estar sola y después le dicen que fue extrañada con lágrimas en los ojos; ciertamente los moldes/modelos inflexibles en los que fuimos construidas no dan más opciones que el bien y el mal, como si los intersticios y caminos entre lo uno y lo otro no estuvieran llenísimos de matices, como si no pudiéramos librarnos de la culpa, como si no nos dejaran solas criando.En efecto, la protagonista, tras años de ausencia regresa con sus hijas. A la pregunta de por qué regresó, responde que extrañaba. A la pregunta de cómo es capaz de hacerle daño a una niña, responde que es una madre antinatural. En esas encrucijadas nos colocan los mitos y los mandatos. Leda amaba a sus hijas, pero la maternidad es una “responsabilidad aplastante” (dice ella misma en un pasaje). La dualidad entre amor y asfixia, amor y miedo, es infinita.El filme aborda también el mundo de deseos eróticos de las mujeres que somos madres, y hago énfasis en la frase porque, ciertamente, entre otros relatos falaces está el de la maternidad como fin de nuestra sexualidad e inicio de una nueva era sin libido. La mujer paridora que se queda en casa cuidando a las crías y al hogar es opuesta a la femme fatal de cama apasionada (y viceversa). Estas imágenes que intentan contraponerse están imbuidas incluso de la noción de lo pecaminoso, del pecado judeo-cristiano; las mujeres, cuando parimos, nos purificamos y alcanzamos nuestra realización natural convertidas en ternura y amor incondicional. Son mitos profundamente adheridos a los patrones culturales patriarcales, a la educación tradicional y a la formación de nuestras sociedades que reproducen estereotipos de género e impiden la emancipación de las mujeres.Maternidad, papeles de género y valores socialesExisten enjundiosos estudios feministas que explican las tensiones que pesan sobre la maternidad en su sentido tradicional, y las causas que provocan que se necesiten filmes como los comentados como productos contraculturales. Uno de los más icónicos de estos estudios es La creación del patriarcado de Gerda Lerner. En él, la autora hace un recorrido histórico mediante los distintos presupuestos que hicieron posible la dominación androcéntrica y masculina sobre las interpretaciones sociales y sobre la sociedad misma.En este sentido, las ideas religiosas han jugado un rol fundamental, han sostenido que las mujeres somos seres subordinados por mandato divino o por creación de Dios. A la asimetría sexual se le atribuyeron roles y tareas muy diferenciadas en las que la “capacidad” reproductiva de las mujeres y la maternidad son el principal objetivo en la vida de la mujer, de ahí que se cataloguen como “desviadas” a aquellas que no son madres.Luego, la ciencia también vino a apuntalar estas ideas, pero sobre postulados biológicos. La mayor fuerza física de los hombres y la capacidad de gestación de las mujeres reforzaron el esquema de la división sexual del trabajo basada en la superioridad natural del hombre y la inferioridad, también natural, de la mujer por su constitución biológica “frágil” destinada a parir, a ser madre y a reproducir la vida.Incluso, la psicología moderna construyó una hembra psicológica determinada por su sexo biológico. Las teorías de Sigmund Freud alentaron también esta explicación, aludiendo que “el humano corriente era un varón; la mujer era, según su definición, un ser humano anormal que no tenía pene y cuya estructura psicológica supuestamente se centraba en la lucha por compensar dicha deficiencia”.3Estas nociones históricas, concatenadas y entrelazadas, han cristalizado hoy la forma en que nos relacionamos con la maternidad: bajo el imperativo biológico de serlo, sobre la base del instinto materno, mediante el mandato social de ser buenas madres en la medida en que estemos siempre subordinadas a-los-otros y por-los-otros, nunca con nuestros propios parámetros y necesidades.Las madres adoptivas los son sin serlo biológicamente; las mujeres que deciden no maternar lo son aún sin parir; los hombres trans gestan y lactan y no se consideran mujeres; hay padres que crían en soledad y no son más ni menos hombres. Y en todas esas tramas de relaciones, los lazos afectivos que se construyen son totalmente genuinos y capaces de crear algún instinto, será de sobrevivencia, o de interdependencia, quizás de responsabilidades afectivas.No hay malas ni buenas madres, somos madres como podemos, esto, más allá de la responsabilidad que tenemos frente a las personas que dependen de nosotras, pero ahí también hay una corresponsabilidad social (no solo como celadores) y otra de carácter estatal, macro.Y menciono “como podemos” porque la crianza y los cuidados siempre se han visto como un asunto menor para la sociedad, perteneciente a lo que llamamos el ámbito privado, es decir, lo que le compete solamente a la familia y, en ella, específicamente a la madre. Nunca ha sido tarea obligada y constituida de los varones el hecho de criar y cuidar, aunque sea también su responsabilidad.Somos madres como podemos porque los cuidados no han sido priorizados como temas de interés público y colectivo ni con el carácter sistemático y central que ello conlleva, por tanto, hablamos hoy de cuidados feminizados, triple jornada laboral, sobrecarga mental y de trabajo para las mujeres, cadenas globales de cuidado, precarización del tiempo y más.Somos madres como podemos porque nuestro mundo adultocéntrico desplaza a las infancias, las desprecia incluso. Si un niño llora es culpa de su madre, molesta el llanto, si la madre lo calla enfadada o desesperada es una abusadora, si lo acompaña en su llanto es una malcriadora; nunca quedamos bien. Se les pide a las infancias que se comporten como adultos en los espacios públicos, y esas exigencias rebotan directamente sobre las madres. Esa incomodidad es resultado de la erradísima concepción excluyente de las infancias en los asuntos de adultos.Y los estereotipos no solo los reproducen los grupos sociales que traen arraigadas nociones tradicionales y machistas de la maternidad. Son varias las compañeras feministas que hacen conjeturas sobre la maternidad sin que guarde relación con la conversación. Es común que salten comentarios feminista-y-políticamente-correctos como “debe ser muy difícil ser mamá, yo no me lo puedo imaginar, por eso no soy madre, ni lo seré, ni me arrepentiré, aunque también debe ser muy bonito”. Ser feministas no nos quita lo juzgadoras. Si bien nos asiste rotundamente el derecho a no ser madres sin que nadie nos pregunte; también tenemos enfáticamente el derecho y la necesidad de que guarden silencio con sus comentarios cuestionadores subliminales respecto a nuestra elección y a cómo construimos nuestra maternidad. Para sostener esto no necesitamos recaer en lógicas cancelatorias. Se tiene el derecho porque lo elegimos y lo defendemos, pero no como proyección contraria a la elección de las otras. Mi maternidad no es tarima de razones para no ser madres.Dicho esto, hasta qué punto la maternidad es el problema per se. Ciertamente las dinámicas, por ejemplo, sexuales se complican según tiempos disponibles, horas de descanso y deseo; pero existe algo que se llama la brecha orgásmica, que nos puede dar pistas acerca del placer sexual en mujeres cisgénero heterosexuales. Un estudio publicado en el Archives of Sexual Behavior demostró que, mientras el 95% de los hombres heterosexuales alcanzan orgasmos en sus encuentros sexuales, las mujeres de la misma condición lo hacen en un 65%. Además, existen tabúes respecto a la masturbación de la mujer, brechas científicas en los estudios acerca del placer de las mujeres, patologización, una cultura sexual centrada en el placer del hombre, subordinada a él, falocéntrica, a pesar de que solamente una de cada cinco mujeres alcanza el orgasmo por penetración. La precarización del tiempo y la sobrecarga de tareas no son consecuencias exclusivas de la maternidad.  En todos los países de América Latina y el Caribe en donde se ha medido el uso del tiempo, las mujeres dedican bastante más del doble de horas semanales al trabajo no remunerado que los hombres. En Cuba, las mujeres ocupan 14 horas semanales más de tiempo que los hombres a las tareas domésticas y de cuidados. También se evidenció una diferencia de más de tres horas semanales a favor de los hombres para la realización de actividades de convivencia social y recreativa. Si bien para las madres es probable que estas diferencias se acentúen, lo mismo pudiera ocurrir con las personas que tienen bajo su responsabilidad el cuidado de personas adultas mayores, convalecientes, discapacitadas y cualquier otra situación de dependencia.No hay que olvidar que las cadenas globales de cuidado son aquellas que resultan de las transferencias trasnacionales de los cuidados, determinadas por la migración fundamentalmente, y estas por desigualdades sociales como el género, la clase, la raza, el origen territorial, etc. Es decir, entre unos hogares y otros, en diferentes países y territorios, se van transfiriendo o contratando las tareas de cuidado; las que son remuneradas emplean la mayor parte de esos ingresos para mantener a sus familias lejanas. Este fenómeno feminizado es producto de la globalización y de la profundización de las desigualdades de género en el sur global. En estas dinámicas también se incluye Cuba.De estos cruces de desigualdades no habla ninguno de los dos filmes porque, efectivamente, son narrados desde la perspectiva de mujeres blancas de ciudad, profesionales, de clases medias en occidente.Lo que está en crisis, son los cuidados y, también, los moldes patriarcales y clasistas de la maternidad. Por eso la responsabilidad se ha hecho “aplastante”. Las madres, en tiempos de crisis, no cargamos solas con las responsabilidades ni con las expectativas que de nosotras hacen. Hacen falta, a su vez, más productos audiovisuales que, con el mismo dramatismo visceral, relaten los abandonos paternos y los daños que causan. En definitiva, abundan más, y afectan de manera más sistemática a las infancias. La poca recurrencia de este tipo de argumentos cinematográficos no es casual, responde también a un filtro machista.Todas las cargas negativas que se han explicado en este texto respecto a la maternidad no niegan en un ápice el amor, la interdependencia, y esa especie de devoción por los hijos, hijas e hijes. Sin embargo, esa relación no puede ser impuesta porque está absolutamente determinada por las condiciones en que tuvo lugar la gestación, si fue deseada o no y por las condiciones de vida. De alguna manera, y quizás la mayoría de las veces, se vive en la eterna contradicción entre el agotamiento y la maravilla. No quiero edulcorar estas últimas líneas con mi experiencia, finalmente, cada madre puede contar su propia película.***Notas: 1 En el texto me referiré a la maternidad practicada por mujeres cis heterosexuales, sobre ellas tratan los dos filmes que refiero.2 Es una frase reiterada en la traducción al castellano del filme3 Cita de la autora del libro. Este señalamiento se hace al margen de otras teorías que aportaron a su vez a la teoría feminista.

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8 de marzo: ¿qué estamos celebrando?

Cuenta un mito “feminista” que la conmemoración de cada 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer tiene su origen en que, en esa fecha pero de 1857, unas 129 obreras textiles murieron quemadas a causa de una huelga por mejores condiciones de trabajo en una fábrica ubicada en Nueva York. Se ha divulgado que los patrones las dejaron encerradas e incendiaron el lugar con ellas dentro. Además, se le atribuye el color morado distintivo de las luchas feministas y por los derechos de las mujeres a que ese día, en esa trágica historia, las telas que trabajaban las obreras eran de color lila.Fue L´Humanité, el periódico del Partido Comunista Francés el que, en la víspera del 8 de marzo de 1955, hizo por primera vez alusión a esta huelga, aunque sin más añadiduras. Años más tarde, en 1966, el boletín de la Federación Internacional Democrática de las Mujeres de la extinta RDA vincula las celebraciones del 8 de marzo con la huelga de 1857, y es a partir de esta publicación donde se detalla la tragedia de las obreras neoyorkinas. Finalmente, el relato termina de cristalizarse en 1970 mediante el boletín Mujeres-Periódico de la Liberación en Estados Unidos, consolidándose el mito de las huelguistas quemadas de 1857.La historiadora canadiense Renée Côté1 comprobó la inexistencia de estos hechos mediante exhaustivas investigaciones durante el período aproximado de diez años, confirmando que la huelga nunca tuvo lugar un 8 de marzo, ni hubo 129 obreras quemadas vivas, ni siquiera en el año 1857 ese día había sido laborable puesto que era domingo. También las feministas italianas Tilde Capomazza y Marisa Ombra2 investigaron acerca de esta alegórica fecha llegando a la misma conclusión: la “novela” de la huelga de 1857 es ficticia.Sin embargo, la historieta no se convirtió en mito sin contener al menos una parte de realidad. Ciertamente, durante finales del siglo XIX e inicios del XX las mujeres trabajadoras en Europa y Estados Unidos laboraban en situación de altísima precariedad, proliferaron las fábricas de industria textil cuya mano de obra era altamente feminizada y las mujeres de clases empobrecidas, proletarias y obreras se organizaron para reclamar sus derechos.El origen proletario y socialista del 8 de marzo en Europa y Estados UnidosNo se puede pensar en el 8 de marzo como una fecha elegida al azar para “celebrar la existencia de las mujeres” sin analizar las causas y condiciones que llevaron a que las mujeres y, sobre todo, sus luchas tuvieran impacto internacional y político significativos lo suficiente como para que se les dedicara un día del almanaque.La celebración por las Naciones Unidas del Día Internacional de la Mujer (1975) y la proclamación de esta fecha desde 1977 tienen antecedentes en los movimientos de mujeres socialistas de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, vinculados también a los partidos socialistas, a las mujeres trabajadoras de las fábricas textiles y a los movimientos de mujeres sufragistas.La fecha, por tanto, es importante analizarla como una serie de eventos históricos, políticos y sociales, en donde la lucha de las mujeres por la satisfacción de sus demandas es su eje fundamental. Estas demandas no se circunscriben únicamente al derecho al voto, ni fue el movimiento sufragista el único que marcó pautas en las luchas de las mujeres organizadas. A continuación, compartiré los antecedentes más relevantes:En 1907 nace la Internacional Socialista de Mujeres que celebra la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en Stuttgart, Alemania. A ella asistieron las reconocidas militantes socialistas Clara Zetkin (secretaria general de la Internacional), Rosa Luxemburgo y Alexandra Kollontai. Algunas de las principales resoluciones tomadas fueron que todos los partidos socialistas debían luchar por el sufragio femenino; la elaboración de una estrategia política para articular o integrar a las mujeres obreras a los partidos socialistas; y continuar con las demandas por la reducción de la jornada laboral y por el derecho a la sindicalización.El 3 de mayo de 1908, la Federación de los Clubes de Mujeres de Chicago tomó la iniciativa, de manera independiente al Partido Socialista de América 3, de organizar un “Woman´s Day” (Día de la Mujer), en uno de los teatros de esa ciudad. Entre los temas principales abordados en el orden del día se encontraron: la educación de la clase trabajadora; y la relación entre las mujeres y el Partido Socialista de ese país.El 28 de febrero de 1909, el Partido Socialista Americano de Estados Unidos celebró el primer Día de la Mujer para las socialistas que integraban el Partido. Se realizaron manifestaciones y mítines en reclamo de las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras y obreras.En noviembre de 1909, se produce el llamado “Levantamiento de las 20 mil” o “Insurrección de las 20 mil”. Fue una de las mayores huelgas promovidas por mujeres en los Estados Unidos que duró más de diez semanas, y en la que participaron más de 20 mil personas 4, la inmensa mayoría mujeres, y de estas, la mayoría jóvenes migrantes de origen judío. Encabezada por miles de trabajadoras textileras de fábricas, talleres y de sus mismas casas, en la huelga se denunciaban sus terribles condiciones laborales, sus ínfimos sueldos (ellas cobraban entre 3 y 4 dólares a la semana mientras los hombres cobraban entre 7 y 12), jornadas de hasta 75 horas semanales, sin garantías de seguridad y salubridad, en su gran mayoría subcontratadas sin derechos laborales 5. La mujer que lideró la huelga fue Clara Lemlich.Los días 25 y 26 de agosto de 1910 se celebra en Copenhague, Dinamarca, la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. Fue Clara Zetkin (en representación del Partido Socialdemócrata de Alemania) quien propuso fijar un día de lucha por los derechos de la “Mujer Trabajadora” y desarrollarla en todos los países del mundo, en homenaje a las mujeres que dieron su vida o lucharon contra la explotación capitalista, por la transformación social y por el sufragio universal. Al Congreso asistieron más de 100 mujeres de 17 países. Allí se discutió acerca de la guerra y se convocó a luchar también contra el militarismo y el chauvinismo. Se tomaron acuerdos sobre el Programa Integral de Defensa de la trabajadora embarazada y madre, definido en el evento; se abogó por el reconocimiento de la maternidad y su valor social, sin importar el estado civil de las madres ni la forma familiar que esta asuma. Asimismo, se resolvió demandar la revisión del delito de infanticidio en las leyes penales, toda vez que eran las madres abandonadas la mayoría de las condenadas. Se declararon en contra de la influencia religiosa sobre la vida de las mujeres, y también contra las redes de explotación sexual. Zetkin se opuso con contundencia al voto calificado que proponían las sufragistas burguesas y denunció la colaboración de los socialistas ingleses hacia esta petición clasista. Planteó que la igualdad política mediante el sufragio tenía que comprender las reivindicaciones de la clase obrera, de ahí que el sufragio universal para todas las mayores de edad no podía subordinarse a la posesión de títulos de propiedad, ni a impuestos, ni a la educación o cualquier otro impedimento para la clase obrera, como así aspiraban los movimientos de mujeres burguesas. Subrayó que el movimiento socialista de la mujer no obtendrá de las mujeres burguesas una lucha en conjunto, sino con los partidos socialistas.El 19 de marzo de 1911, como resultado de los acuerdos de la Segunda Conferencia, se celebró el primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Dinamarca, Alemania, Austria y Suiza. En otros países de Europa se celebró en otras fechas, según los acuerdos tomados por cada partido. En Alemania, más de 30 mil mujeres se manifestaron a pesar de la represión. En ciudades más pequeñas, se realizaron mítines y debates. Alexandra Kollontai (comunista, feminista y revolucionaria rusa) afirmó que después de las celebraciones por cada Día de la Mujer Trabajadora en los diferentes países, muchas mujeres se unieron a los partidos socialistas y a los sindicatos; destacó también un aumento de la conciencia política.El 25 de marzo de 1911, en Nueva York, Estados Unidos, un incendio destruyó gran parte de la fábrica textil “Triangle”. Este taller de camisas, uno de los más importantes de la ciudad, se había rehusado a firmar el Acuerdo que alcanzaron las trabajadoras cuando ocurre “la sublevación de las 20 mil”. Al producirse el incendio, se detectó que no había salidas de emergencia y las puertas de acceso se encontraban bloqueadas por los patronos para impedir que las trabajadoras pudieran hacer descansos o paradas. Murieron 146 trabajadoras, la mayoría migrantes de origen judío e italianas. Estos hechos dieron lugar también al mito de las huelguistas quemadas de 1857.El 23 de febrero de 1913 (equivalente al 8 de marzo) 6 se organizó el primer Día Internacional de la Mujer en Rusia. En el marco de la asamblea se debatió acerca de la jornada laboral, salarios miserables, precarización del tiempo para la atención a la familia y al propio desarrollo personal, se denunció el acoso y los abusos sexuales de los capataces de las fábricas contra las mujeres y se apeló a los sindicatos para que protegieran a las trabajadoras y las defendieran de los administradores. Llamaron a la organización de las mujeres y familias proletarias y a marchar juntos en los espacios públicos. Las condiciones de las mujeres trabajadoras que antecedieron a la fecha eran similares a las de otros países de Occidente. La mayoría de la fuerza de trabajo industrial rusa (más del 60%) eran mujeres, aunque solo representaban el 6% en los sindicatos en 1912. La falta de organización era evidente y esto incidía en su tasa de explotación: las mujeres debían trabajar por la mitad o los dos tercios del salario de un hombre. Una de las consecuencias directas de este evento fue que el periódico del Partido Bolchevique Pravda comenzara a destinar una página a la lucha de la Mujer trabajadora y para 1914 sacaban el periódico Rabotnista destinado a las trabajadoras. En ese año, el lema “Por el voto a las mujeres que trabajan”, el partido y las mujeres ya alcanzaban mayor organización.También el 8 de marzo tiene vínculos con la Revolución rusa de 1917. En medio de la Primera Guerra Mundial y de la hambruna, las socialistas rusas continuaron organizando el Día de la mujer y, el 23 de febrero (8 de marzo en el calendario gregoriano) estalla la huelga de las tejedoras y modistas de Petrogrado, quienes exigían “pan y paz”.Foto: Tomada de National Geographic.Las obreras de algunas fábricas textiles se declararon en huelga y enviaron delegadas al sector metalúrgico para que respaldaran el movimiento, sorprendiendo tanto al régimen zarista como a las propias organizaciones socialistas que habían indicado su prohibición. Varios estudios indican que la huelga general de las mujeres proletarias rusas contra la guerra y contra la precarización de la vida indicó el comienzo de la Revolución rusa y la caída del Zar.“Descafeinar” el 8 de marzo, despolitizar las luchasLa conmemoración del 8 de marzo no ha sido el único suceso al que medios, grupos sociales y organizaciones internacionales hegemónicos le han borrado sus orígenes socialistas y la raigambre de las luchas radicales de las mujeres organizadas. Solo un dato sutil ha sido el propio nombre con el cual las Naciones Unidas determinaron la celebración de la fecha: Día Internacional de la Mujer, a secas (en singular, con carácter universal y a la vez individual, eliminando el acento sobre las trabajadoras, proletarias, empobrecidas, migrantes, y tachando su espíritu colectivo y de protesta).De manera similar ha sucedido con el Movimiento de Liberación de las Mujeres, iniciado fundamentalmente en Estados Unidos a partir de finales de los años sesenta, en medio de un contexto económico y político en el que se desataron luchas protagonizadas por personas negras, homosexuales, mujeres, migrantes latinas, indígenas o nativas, etc., contra múltiples formas de opresión, y también contra la guerra en Viet Nam y demás designios imperiales. El movimiento nace de la escisión de mujeres y feministas del “feminismo liberal” liderado por Betty Friedan y su organización NOW.Muchos estudios coinciden en que el “feminismo radical“ nace con el Movimiento de Liberación de la Mujer, inspirado y nutrido por la lucha por los derechos civiles de las personas negras, el movimiento estudiantil de Nueva Izquierda 7, organizaciones de mujeres socialistas y por la lucha de las personas LGBT. Su composición fue marcada por mayoría de mujeres negras, lesbianas, blancas empobrecidas, trabajadoras explotadas, militantes herederas de la lucha de clases y la izquierda, quienes cuestionaban el sexismo pero además el racismo, la homofobia y el capitalismo.Ley de Salud Pública y derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBIQ+Actualmente, cuando se habla de “liberación femenina”, nadie recuerda estas luchas colectivas radicales, más bien se enfatiza en la autonomía individual y sexual de las mujeres, desconectando la raíz estructural del patriarcado, del clasismo, del racismo, entre otras opresiones sociales que hacen posible las asimetrías de poder. La saturación de postales, flores y regalos enalteciendo la ternura de la mujer, tiene antecedentes en estas dinámicas de despolitización y de borramiento de la memoria histórica de las luchas de las mujeres, más allá de los contextos particulares de cada país. En los centros de trabajo (al menos en América Latina y el Caribe) se festeja el hecho de haber nacido mujeres (biológica y excluyentemente hablando). Después de las animadas felicitaciones, volvemos a nuestros rincones de desigualdad, discriminación y violencia… por ser mujeres (en el sentido más diverso).Leer las postales con flores, comernos el cake (pastel) y alegrarnos, por supuesto, del festejo. Después lavar los platos, organizar, limpiar la suciedad de la fiesta. Las desempleadas esperarán en sus casas dinámicas similares si hay dinero en el hogar como para un regalo. Y así, hasta el próximo 8 de marzo, en que se nos vuelva a “reconocer” nuestra existencia.Notas: 1 Coté,Renée. 1984. La Tournée Internationale des Femmes ou Les varaies des mystérieuses origenes du 8 mars. Jusqu’ici embroullées, truquées, oubliées. Les Editions de Rémue, Menage, Montreal. Citado en Sobre el 8 de Marzo, día internacional de la mujer trabajadora.2 Capomazza, Tilde. Ombra, Marisa. 1985. 8 de marzo. “Historia, mito, rito del Día Internacional de la Mujer”. Cooperativa Utopía, Italia. Citado en Sobre el 8 de Marzo, día internacional de la mujer trabajadora.3 De corte socialdemócrata, más tarde es conocido como Partido Socialista de Estados Unidos. En 1919, el ala más radical de izquierda se escinde y funda un nuevo partido, el Partido Comunista de América.4 Algunos estudios indican que sumaron un total de 40 mil personas, de ellas el 70% mujeres.5 La huelga se levantó en febrero de 1910, y fue considerada una victoria parcial pues se logró una jornada laboral de 52 horas (previo a la huelga oscilaba entre 65 y 75 horas), 4 días de vacaciones pagadas, sin discriminación para los trabajadores sindicalizados y con posibilidades de negociación colectiva de sus sueldos.6 En aquellos años había una divergencia entre el calendario juliano de la iglesia ortodoxa rusa (23 de febrero), entonces vigente en Rusia, y el calendario gregoriano (equivalía al 8 de marzo).7 Los movimientos estudiantiles asociados a la corriente de la Nueva Izquierda estadounidense en los años sesenta tuvieron como referentes clave a Charles Wright Mills y Herbert Marcuse, este último heredero del pensamiento crítico de la Escuela de Frankfurt. La Nueva Izquierda planteaba la necesidad de teorizaciones críticas, racionalistas, estructuralistas, pacifistas y utópicas acerca de la realidad de la época mediante la tríada teoría-práctica-crítica. La Nueva Izquierda no solo consideraba que los sectores proletarios y marginalizados fueran los únicos impulsores de un cambio social radical, sino además los estudiantes y los intelectuales, cuestionando así el sujeto político-histórico revolucionario, convirtiéndolo en plural. Fueron críticos de la derecha y de la llamada “vieja izquierda” entendida como el marxismo ortodoxo hegemónico.Fuentes consultadas:Alexandra Kollontai. Autobiografía de una mujer emancipadaEl origen socialista del 8 de marzoHistoria del 8 de marzo, Día de la Mujer TrabajadoraEl verdadero origen del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadoraEl origen colectivo del 8 de marzoHistoria: los orígenes del día internacional de la mujerEl Levantamiento de las 20.000Los orígenes socialistas del Día Internacional de la Mujer y el periódico RabotnitsaDía Internacional de la Mujer. Cuando la historia cambióHistoria del feminismo IV. Las mujeres socialistasInternacional socialista de MujeresMovimiento de Liberación de la Mujer en EEUU: “Ahora trabajamos para nosotras”Betty Friedan: el trabajo de las mujeres, el liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial y los orígenes de la liberación femenil en Estados UnidosLa liberación feminista en los años de la crisis, 1960-1969Feminismo liberal y radical: la década de 1960 en EE. UU.

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Ser mujer cubana y extranjera: un viaje al centro del miedo

Salí corriendo del edificio de la Torre II de la ciudad universitaria de la UNAM. Se me hacía tarde para llegar a casa, vencía el tiempo de cuidados de mi hijo y debía reemplazar a su padre, que cumpliría otras obligaciones laborales. Repasaba en mi mente los pasos que seguían: tomar un taxi, agarrar la guagua de las 2 pm, agarrar otro taxi, llegar y jugar un rato, hacer la comida, bañarlo, bañarme, etc. Durante ese recuento mental saqué la mano desesperada para detener a algún taxi. Todos pasaban de largo. Siento un claxon, me volteo y, en efecto, un alma caritativa detectó mi desesperación y se detuvo más adelante.
Corrí, abrí la puerta y me monté en el coche. Muy amable y sonriente el chofer me saludó preguntándome el destino: Terminal Taxqueña, por favor. Al fin salimos, suspiré. Pero el señor comenzó a platicar y a hacer preguntas incómodas sobre mí y sobre mi vida. Giraba su cara para mirarme a los ojos. Divagaba acerca de la sociedad y la moral, acerca de los mexicanos, las mexicanas y lo inmoral, de la obediencia, el servilismo y el poder (el del Estado, el del ejército, el del narco y el de los hombres). Pasados unos minutos, se volteaba ya no solo a mirarme a los ojos sino también a señalarme con el dedo, no entendía por qué ni para qué, o al menos no lo recuerdo, solo sé que el corazón se me salía por la boca. Estaba encerrada en un taxi, con un hombre sospechoso, en el sur descampado y laberíntico de la imponente ciudad de México, y sola. Sola siendo mujer, con un hombre desconocido e intimidante.
Compartí mi ubicación en tiempo real con varias personas, pregunté si realmente me dirigía a la terminal de ómnibus, simulé una llamada por teléfono pero el chofer no cesaba de mirarme, fuera directamente o a través del espejo retrovisor, que ya había acomodado para poderme observar completamente. Me respondieron que sí, que me dirigía a la terminal por un camino diferente al habitual. “Seguramente es por el tráfico” (me dijo un amigo, hombre); “sal de ahí” (me dijo una amiga, mujer). Al detectar que no le prestaba atención por una simulada llamada telefónica, el chofer subió el volumen de la radio a altos decibeles. Tomé plena conciencia en ese instante del acoso y del peligro, de que estaba desamparada y a merced de un tipo que podía hacer de mí lo que entendiera, en un lugar desconocido, caótico y hostil, y en un trayecto que tampoco dominaba. Había perdido toda autonomía, no lograba tomar una decisión, no podía abrir la puerta e irme, el auto en movimiento, un taxista lograba tener pleno dominio sobre mí, sobre mi vida.
En México, la percepción de inseguridad alcanzó un máximo en el 2018 de 79.4% para el total de la población, sin embargo, la percepción para las mujeres fue mayor que para los hombres: el 82,1 % de las mujeres contra el 79,4% de los hombres. Asimismo, para el 2021, el transporte público (incluidos los taxis) figuró como el tercer espacio físico más peligroso, nuevamente con una percepción mayor para las mujeres, pero esta vez superior en casi 10 puntos porcentuales, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2021 (ENVIPE).
El estudio incluyó un elemento descriptivo fundamental, y es en qué tipo de peligros están montadas esas percepciones de inseguridad. Para ello se estudiaron los delitos cometidos en el espacio público y las diferencias entre uno y otro género 1 fueron notorias. Mientras el 10,8% de los delitos sexuales (hostigamiento, manoseo, exhibicionismo, intento de violación y violación) se cometieron contra mujeres, el 0,8% fue contra los hombres. Respecto a los asaltos y robos con violencia, el comportamiento fue muy similar para ambos, un 20,7% contra mujeres y un 24,4% contra hombres. Es decir, las mujeres tenemos miedo en la calle porque nos pueden violar, y también asaltar.
Pero hay más. En México mueren aproximadamente 10 mujeres diariamente por violencia basada en género y, de acuerdo con los datos de la ENVIPE, un factor clave de diferenciación de los feminicidios es el lugar de ocurrencia, siendo el de mayor incidencia la vía pública (38,9% de los homicidios contra mujeres fue en la vía pública y el 23,2% en las viviendas).
Y si son 10 las muertas diarias son aproximadamente 6 las desaparecidas cada día. Todas las mañanas se asoma a mis redes sociales un anuncio de una mujer mexicana hallada sin vida y con signos de violencia, o desaparecida. La hipótesis dominante que explica este segundo fenómeno es la trata de personas con fines sexuales, cuyas víctimas principales son las menores de entre 12 y 17 años.
En efecto, los primeros consejos que me dieron varias mujeres al arribar a estas tierras fueron: nada de minifaldas, nada de pantalones ajustados, mucho menos leggins (lycras), evita el escote, no salgas sola después de las nueve de la noche, el metro es un foco de abusos lascivos y nunca te subas sola a un taxi de la calle 2. Poco a poco, el estado de alerta se volvió (casi) permanente en mi vida cotidiana y, lamentablemente, natural, pasando por muchos episodios de miedo.
Si bien con el tiempo aprendí que todas esas advertencias eran relativas (por ejemplo, las prendas de vestir no determinan la violencia feminicida ni la agresión sexual, y la mayoría de las adolescentes y niñas desaparecidas son secuestradas durante el día y en el trayecto de sus casas a la escuela o en su zona de residencia), escucharlas por primera vez me causó espanto y preocupación. Como extranjera, no lograba detectar bien los episodios agudos de peligro, y no solo por extranjera, sino por venir de un país como Cuba.
Foto: Kaloian.
Siempre lo cuento, hace poco más de diez años, en mi país, me quedaba dormida en taxis y guaguas. Caminaba con precaución; a veces, bajo determinadas circunstancias, con miedo; pero esas no eran las reglas de mi día a día, tampoco las de la mayoría de mis coterráneas: en Cuba, la vía pública no es un espacio potencial donde puedes desaparecer o donde te pueden secuestrar. También las medidas tomadas a favor de la autonomía del cuerpo de las mujeres (el aborto, la planificación familiar, etc.) han ayudado a la construcción de un sujeto mujer, de manera individual y colectivo, más independiente y autónomo.
También es innegable el impacto que ha tenido en nuestra formación la educación laica, la trascendencia del papel de las mujeres en la conformación de nuestra nación y en la historia más reciente de la revolución cubana, las acciones que desde el Estado se desarrollaron durante las primeras décadas después de 1959 sobre la base del poder popular de las mujeres y su integración a los espacios públicos. Más de una teórica feminista hace alusión al caso de Cuba y la paridad de género en los órganos representativos del Estado como un mérito a estudiar, ya que este logro no ha sido resultado de la puesta en vigor de una ley.
Solicitud de Ley Integral contra la violencia de género en Cuba

Se crea o no, y aún con los sesgos machistas que se han incrementado en las escuelas y en la sociedad cubana actual, a pesar de que falta mucho por reivindicar acerca de las mujeres en la historia de Cuba más allá de las guerras de independencia, y todavía sorteando el escabroso camino del sexismo y la discriminación en todas las esferas de la vida, esas dimensiones intangibles de la nación y que tenemos impregnadas en nuestra manera de manifestarnos y relacionarnos, pueden ser trascendentales en horas aciagas como las mías. En aquel taxi en la Ciudad de México, una fuerza inexplicable e incontenible se desbordó por mi voz al punto tal que, el taxista que no quería detenerse, se detuvo, bajándome del coche mientras le azotaba la puerta, desorientada, temblorosa, pero viva.
Y volviendo a Cuba, aunque contemos con una historia de país inigualable en muchos aspectos, la crisis que se vive actualmente ha disparado la percepción de inseguridad en la calle. La escasez y la precariedad en períodos de agudización de las desigualdades sociales provocan un aumento de las situaciones delictivas. Están siendo recurrentes las historias de asalto y robo, contadas por amistades muy cercanas, vecinos e incluso por familiares como víctimas directas. Cualquiera te hace un comentario de “cómo están asaltando en la calle”. Muchas personas han decidido no sacar el celular en los espacios públicos, no andar con joyas o prendas llamativas, asegurar carteras y mochilas, evitar la noche o los lugares oscuros. Eventos que contrastan con un pasado no muy lejano. Pero, ¿qué pasa con las mujeres? ¿cuál es el comportamiento de los delitos en la vía pública en donde las mujeres somos, en alto grado, más proclives a ser víctimas?

Todo es demasiado grotesco y triste aquí, el tipo del almendrón me dice: bájate si no la vas a chupar. Camino llorando de impotencia.
— Martha Luisa Hernández Cadenas (@martikminipunto) February 6, 2022

Lamentablemente en Cuba no se sistematiza esta información tan vital para la prevención o, al menos, no se publica. Todavía recurrimos a la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género del año 2016, donde se ha registrado la única tasa de femicidios que, además, no tiene en cuenta los cometidos fuera del ámbito de la pareja. No sabemos a ciencia cierta cuál ha sido el comportamiento de este delito ni de otros, ni cómo su diferenciación por género (no solamente entre hombres y mujeres, también contra aquellas personas con otras identidades de género no hegemónicas). Cuáles las zonas públicas de mayor recurrencia, los territorios más proclives, la forma en que se cometieron tales episodios, incluso la edad, procedencia, raza y más información de las víctimas. Tampoco se puede aseverar en qué grado ha aumentado la percepción de la inseguridad, por tanto, sería muy difícil trazar rutas efectivas hacia la prevención y la mitigación.
No obstante, teniendo en cuenta que en cualquier época las mujeres cubanas hemos tenido que habitar el espacio público en desigualdad de condiciones, es necesario articular respuestas inmediatas más allá de la concientización y el desmontaje cultural, también imprescindibles.
Ha habido iniciativas civiles que, aún sin concretarse, movilizaron el debate acerca de la violencia basada en género en los espacios públicos, como por ejemplo mapear los lugares del país donde las mujeres, y personas en general, han sufrido algún tipo de agresión sexual, desde exhibicionismo, acoso hasta la violación. También la prensa (estatal y no estatal) y otras plataformas digitales han abordado este tema3, aunque sin lograr mayor trascendencia.
Se han dado los primeros pasos formales contra la violencia de género en el país, por ejemplo, recientemente se aprobó, mediante Acuerdo del Consejo de Ministros, la Estrategia Integral contra la violencia de género e intrafamiliar, la que obliga a todos los organismos de la administración central del Estado a crear sus normativas referentes a la violencia basada en género. No existen precedentes similares en nuestra legislación, por tanto, el cuerpo legal tiene mucha relevancia jurídica y política.
Otro ejemplo se encuentra relacionado al Proyecto de Código de las Familias actualmente en fase de consulta popular. Allí se describe, por primera vez en nuestro ordenamiento jurídico, qué se entiende por violencia basada en género, sus tipos y manifestaciones. Paralelamente, el Anteproyecto de Código Penal contiene de manera novedosa el acoso laboral y lo que conocemos como feminicidio en uno de los apartados del tipo penal: el Asesinato.
 A la par, es importante destacar las posibles limitaciones de estas regulaciones. Las normativas que aprueben los organismos del Estado en base a la Estrategia Integral no pueden quedarse como meros articulados tramitadores de demandas; el Código de las Familias se aplicará al marco de la familia como lo indica su nombre; y el Código Penal sigue siendo de ultima ratio (o de aplicación para última instancia), con un enfoque muy punitivo y en escenarios que son casi siempre irreversibles. Desde la propia prensa estatal se ha argumentado que estos pasos necesitan mayor integralidad en las leyes “antes de que la situación tome un rumbo más peligroso”.
Para que esta serie de instrumentos jurídicos cumpla el objetivo de salvaguardar la integridad física, emocional y sexual de las mujeres, individualmente y como colectivo; y de coadyuvar al logro de vidas libres de violencia, son necesarios estudios, cifras y estadísticas de comportamiento de situaciones delictivas en base al género que permitan diseñar y trazar hojas de ruta encaminadas a su prevención, de manera integral e incluyendo los espacios públicos. También la operacionalización dinámica y multidisciplinaria de otras Ciencias sociales y de actores u organizaciones con experiencia en el problema propiciarán la eficacia de estas iniciativas. De lo contrario tendremos un ordenamiento jurídico que contemple la violencia de género, lo cual es imprescindible, pero sin potencia para su erradicación.
El encadenamiento entre estadísticas, políticas públicas, programas, leyes, instituciones y sociedad civil que permita dinamismo en los debates y en las acciones, será potencialmente transformador para las mujeres y la sociedad en general. Cuidar la herencia de las transformaciones sociales que han beneficiado a las mujeres cubanas no se reduce a una vigilia de lo conquistado, también significa poder gestionar eso legado.
Más que cinco mujeres y un agresor: el rompecabezas de la violencia de género en Cuba

La avanzada de los conservadurismos, los fundamentalismos, y las prácticas neoliberales capitalistas, que son algunas de las bases fundamentales del desate de la violencia de género en México, y no son una excepción en términos absolutos para el escenario cubano, a pesar de las grandes diferencias en sus magnitudes. Y frente a ello no son suficientes las instituciones por sí solas, son medulares también las mujeres organizadas en toda su pluralidad, los colectivos LGBT, los antirracistas y más. Una muestra de ese riesgo lo fue el debate del Artículo 68 del anteproyecto de la actual Constitución, en cuyo contexto las iglesias se enfrentaron a grupos LGBT, en desventaja organizacional.
El acompañamiento de las mujeres y personas afines al tema en estas fases de creación e implementación de leyes y programas con perspectiva de género es medular para el éxito de la voluntad política del Estado y para los propios colectivos. Ya vimos pasar la primera generación de leyes contra la violencia doméstica en los finales de los noventa; la segunda generación de leyes integrales, aunque estamos a tiempo, todavía no se asoma como certeza. Aunque se ha dicho que la Estrategia es el fruto del trabajo de feministas cubanas desde inicios de la década de 1990, un Acuerdo no se equipara a una Ley y menos en el 2022. Es hora de ver a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) con el lenguaje actualizado de la juventud cubana, que se vuelva multicolor, entre pelos verdes, afros y violetas, estética de piercing y tatuajes, cuerpos trans y no hegemónicos, de surco y de ciudad, de negritudes periféricas y obreras de provincia, de manos jóvenes y manos añosas. Es momento de empaparla de los problemas cotidianos y desbordarla de soluciones y propuestas colectivas, eso es también una manera portentosa de salvaguardar tanto conquistado, de cuidar el trabajo realizado, de alcanzar más que lo logrado, de interrumpir la desidia y el escepticismo y no dejar que se vuelvan naturalmente crónicos, de rescatar el sosiego de los paseos en la vía pública, y hasta del sueño en un taxi.
***
Notas:
1 La encuesta atiende al sistema binario de género (mujer u hombre cisgénero)
2 Los llamados taxis de la calle son aquellos que no tienen una central que les controle los viajes, en cambio, los taxis de sitio suelen proveer mayor seguridad porque cuentan con un monitoreo de sus viajes y choferes, estos últimos son más caros.
3 Otros ejemplos: Dailene Dovale en Juventud Rebelde.
Avianny Delgado Herrera en Adelante. 
Matria, 

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