HAVANA CLIMA

Joe Biden

Biden nominará a jueza afroamericana para la Corte Suprema

El presidente Joe Biden está considerando al menos a tres juezas afroamericanas para una cubrir la vacante que dejaría la salida del juez Stephen Gerald Breyer de la  Corte Suprema.Las primeras discusiones sobre una posible candidata se centran en la juezas Ketanji Brown Jackson, J. Michelle Childs y Leondra Kruger.Brown Jackson y Krueger han sido vistas durante mucho tiempo como posibles candidatas. Desde que Biden asumió el cargo en enero de 2021, se ha centrado en nominar a un grupo diverso de jueces para el tribunal federal, instalando a cinco mujeres negras en los tribunales federales de apelaciones, con tres nominaciones más pendientes ante el Senado.Otras posibles candidatas para la Corte Suprema podrían provenir de ese grupo, especialmente porque casi todos los nominados recientes a la Corte Suprema han sido jueces federales de apelaciones.La jueza Leondra Kruger. Foto: South Pasadena News.«Tiene un grupo fuerte para seleccionar una candidata, además de otras fuentes. Esta es una oportunidad histórica para nombrar a alguien con un sólido historial en derechos civiles y humanos», dijo Derrick Johnson, presidente de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP).Brown Jackson, de 51 años, fue nominada por el presidente Barack Obama para jueza de un tribunal de distrito. Biden la elevó a la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia.Childs, una jueza federal en Carolina del Sur, ha sido nominada pero aún no confirmada para servir en el mismo tribunal de circuito. Es una de las favoritas entre algunos legisladores de alto perfil, incluido el representante James Clyburn, D-S.C. Kruger, graduado de la Facultad de dDrecho de Harvard y Yale y ex secretario de la Corte Suprema que ha defendido una docena de casos como abogado del Gobierno Federal.De acuerdo con trascendidos, el juez Breyer, de 83 años, se retirará a fines del verano. Pero el Senado puede confirmar a un sucesor antes de que haya una vacante formal, por lo que en la Casa Blanca se estaba poniendo manos a la obra. Se espera que pasen algunas semanas antes de que se formalice una nominación.PublicidadLa jueza J. Michelle Childs. Foto: Charles Dharapak/AP.Cuando Biden se postuló para la presidencia, dijo que si tuviera la oportunidad de nominar a alguien para la Corte Suprema, haría historia eligiendo a una mujer negra. Y ha reiterado esa promesa desde entonces. «Como presidente, sería un honor, un honor nombrar a la primera mujer afroamericana. Porque debería parecerse al país. Ya es hora», dijo en febrero de 2020.Una mujer negra en Suprema significaría tener cuatro juezas y dos jueces negros en una corte de nueve miembros. El juez Clarence Thomas es el único juez negro de la corte , el segundo después de Thurgood Marshall.Biden tendría la oportunidad de mostrar a los votantes negros, cada vez más frustrados con un presidente que ayudaron a elegir, que se toma en serio sus preocupaciones.El remplazo de Breyer por otro juez liberal no cambiaría la composición ideológica de la corte. Los conservadores superan en número a los liberales por 6-3. Los tres nominados de Donald Trump hicieron que una corte conservadora fuera aún más conservadora.

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Biden nominará a jueza afroamericana para la Corte Suprema

El presidente Joe Biden está considerando al menos a tres juezas afroamericanas para una cubrir la vacante que dejaría la salida del juez Stephen Gerald Breyer de la  Corte Suprema.Las primeras discusiones sobre una posible candidata se centran en la juezas Ketanji Brown Jackson, J. Michelle Childs y Leondra Kruger.Brown Jackson y Krueger han sido vistas durante mucho tiempo como posibles candidatas. Desde que Biden asumió el cargo en enero de 2021, se ha centrado en nominar a un grupo diverso de jueces para el tribunal federal, instalando a cinco mujeres negras en los tribunales federales de apelaciones, con tres nominaciones más pendientes ante el Senado.Otras posibles candidatas para la Corte Suprema podrían provenir de ese grupo, especialmente porque casi todos los nominados recientes a la Corte Suprema han sido jueces federales de apelaciones.La jueza Leondra Kruger. Foto: South Pasadena News.«Tiene un grupo fuerte para seleccionar una candidata, además de otras fuentes. Esta es una oportunidad histórica para nombrar a alguien con un sólido historial en derechos civiles y humanos», dijo Derrick Johnson, presidente de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP).Brown Jackson, de 51 años, fue nominada por el presidente Barack Obama para jueza de un tribunal de distrito. Biden la elevó a la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia.Childs, una jueza federal en Carolina del Sur, ha sido nominada pero aún no confirmada para servir en el mismo tribunal de circuito. Es una de las favoritas entre algunos legisladores de alto perfil, incluido el representante James Clyburn, D-S.C. Kruger, graduado de la Facultad de dDrecho de Harvard y Yale y ex secretario de la Corte Suprema que ha defendido una docena de casos como abogado del Gobierno Federal.De acuerdo con trascendidos, el juez Breyer, de 83 años, se retirará a fines del verano. Pero el Senado puede confirmar a un sucesor antes de que haya una vacante formal, por lo que en la Casa Blanca se estaba poniendo manos a la obra. Se espera que pasen algunas semanas antes de que se formalice una nominación.PublicidadLa jueza J. Michelle Childs. Foto: Charles Dharapak/AP.Cuando Biden se postuló para la presidencia, dijo que si tuviera la oportunidad de nominar a alguien para la Corte Suprema, haría historia eligiendo a una mujer negra. Y ha reiterado esa promesa desde entonces. «Como presidente, sería un honor, un honor nombrar a la primera mujer afroamericana. Porque debería parecerse al país. Ya es hora», dijo en febrero de 2020.Una mujer negra en Suprema significaría tener cuatro juezas y dos jueces negros en una corte de nueve miembros. El juez Clarence Thomas es el único juez negro de la corte , el segundo después de Thurgood Marshall.Biden tendría la oportunidad de mostrar a los votantes negros, cada vez más frustrados con un presidente que ayudaron a elegir, que se toma en serio sus preocupaciones.El remplazo de Breyer por otro juez liberal no cambiaría la composición ideológica de la corte. Los conservadores superan en número a los liberales por 6-3. Los tres nominados de Donald Trump hicieron que una corte conservadora fuera aún más conservadora.

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Joe Biden, primer balance

Se cumple hoy, 20 de enero, el primer año de la Administración Biden. Foto: Getty Images.Se cumple hoy, 20 de enero, el primer año de la Administración Biden. Es buen momento para aportar una radiografía sobre su gestión. Hay un consenso bastante generalizado de que, tal como lo sintetizara el columnista de New York Times Bret Stephens “la palabra más amable que se puede decir del primer año de Biden como presidente es ‘decepcionante'”. Ciertamente es la más amable, porque hay otros vocablos mucho más duros que aparecen entre analistas y comentaristas. “Fracaso”, “fiasco”, “palabrerío” y otros por el estilo son utilizados para calificar este primer año de Biden.
En realidad, era absurdo esperar mucho más. Diría, inclusive, que en algunos aspectos avanzó más de lo que se conjeturaba, pero por comparación a las monumentales tareas que debe realizar lo actuado es a todas luces insuficiente. Biden, no olvidar esto, es un hombre que ha vivido “de la política” y no sólo “para la política” casi toda su vida. Salvo una breve actividad en un estudio de abogados comenzó a participar en la vida pública en 1970, a nivel de concejal en New Castle, Delaware. En 1972 llegó al Senado derrotando sorpresivamente al republicano J. Caleb Boggs, que llevaba 12 años en el cargo. A partir de ese momento su carrera fue meteórica: uno de los senadores más jóvenes de la historia de Estados Unidos fue reelecto como tal en cinco elecciones consecutivas: 1978, 1984, 1990, 1996 y 2002.
Ya como presidente del poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado brindó su apoyo a las políticas del presidente George W. Bush y su misión -según él dictada personalmente por Dios- de recorrer el mundo para “sacar a los terroristas de sus escondrijos en más de sesenta países.” Impresionado por las celestiales voces escuchadas por Bush, Biden lo acompañó en todas sus aventuras imperiales, comenzando por Irak, siguiendo por Afganistán y luego, como vicepresidente de Barack Obama, en las agresiones que éste perpetrara en Libia, en Siria y acompañando la infame declaración presidencial de que Venezuela representaba un peligro excepcional e inminente a la seguridad y los intereses de Estados Unidos. No olvidar que desde su posición en el Senado apoyó fervientemente a Margaret Thatcher en la Guerra de las Malvinas. Y un detalle más: a diferencia de algunos de sus predecesores fue un mal alumno en la universidad. Sus biógrafos aseguran que en  la Universidad de Delaware en Newark Biden obtuvo su bachillerato en 1965 con una doble especialización en Historia y Ciencias Políticas. Su promedio fue un módico “C” (“suficiente”, la nota inmediatamente superior al reprobado) y ocupó el puesto 506 entre los 688 de su promoción. Posteriormente ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Siracusa, y ratificó que lo suyo no era el mundo de las ideas: egresó con el título de Juris Doctor, pese a ocupar el puesto 76 entre los 85 de su clase. Pero el hombre es voluntarioso y, contra viento y marea llegó a la Casa Blanca.
Estos antecedentes biográficos son relevantes para conocer al personaje y las raíces de su conducta. En términos prácticos su gestión se anota dos logros que no pueden menospreciarse: en marzo del 2021 logró la aprobación de un paquete de ayuda de 1.9 billones de dólares para llevar alivio a millones de familias afectadas por la pandemia. Biden obtuvo otra victoria a fin de año, al lograr el respaldo de los republicanos para un plan de infraestructura por poco más de un billón de dólares. En ambos casos las cifras fueron menores a las solicitadas pero aun así muy significativas.
Pero su gestión, precedida por los gravísimos disturbios que se produjeron en el Capitolio el 6 de enero, fue muy pobre en otras áreas. El combate a la pandemia estuvo lejos de ser tan eficaz como lo había prometido y muchos aseguran que se halla fuera de control; la inflación del 7 % anual es de una inusitada gravedad cuando se toman los registros históricos de Estados Unidos en este asunto. De hecho, es la mayor de los últimos 39 años, que se agrega a la profundización de la “grieta”, o la polarización política, evidenciada en los últimos años en Estados Unidos. Téngase presente que cerca de un 75 % de los Republicanos dudan, en una reciente encuesta, de la legitimidad del triunfo de Biden en las elecciones presidenciales. Y hablando de encuestas, el índice de aprobación de Biden se encuentra en un comparativamente muy bajo 41 % al final de su primer año de gestión, contra 54 % que lo desaprueba. Adicionalmente, la encuestadora Gallup comprobó que un 62 % de los estadounidenses opinan que “las cosas en Estados Unidos están yendo mal”; cerca de un 60 % opina que Biden no tiene las prioridades más adecuadas para combatir los crímenes violentos, la inflación y la cadena de suministros; sólo 46 % opina que Biden está haciendo las cosas bien en relación al covid-19 y 54 % reprobaba la forma en que Biden quería ayudar a las clases medias.
Y en la política exterior los elementos de continuidad entre Trump y Biden han sido resaltados aún por los más sobrios observadores del establishment académico y diplomático. En una nota publicada en la edición de fin de año de Foreign Affairs Richard Haas, uno de sus más encumbrados analistas internacionales, plantea que a pesar de algunas diferencias “hay mucha más continuidad entre la política exterior de Joe Biden y Donald Trump de la que es usualmente reconocida”. Lugar destacado en este terreno es la irresponsable política belicista desplegada en contra de China y Rusia, a lo que hay que agregar el mantenimiento de las políticas de sanciones y bloqueos en contra de Cuba, Nicaragua, Venezuela y, en Oriente Medio, Irán. El desastroso final luego de veinte años de guerra en Afganistán en donde las tropas estadounidenses prácticamente se dieron a la fuga en medio de un desorden descomunal y la permanente inestabilidad del “liberado” Irak han impactado profundamente en la opinión pública de Estados Unidos que se pregunta adónde fueron a parar los billones de dólares que costaron ambas guerras para ponerles un indigno punto final y regresar a casa con las manos vacías. Sentimiento que prevalece a la hora de juzgar el tironeo entre Washington y Moscú a propósito de la situación en Ucrania, y entre aquél y Beijing en torno a Taiwán.
La política hacia Latinoamérica y el Caribe de Biden está en línea con la diseñada bajo Trump, con su malvada intensificación del bloqueo en el marco de la pandemia. En el caso de Cuba Biden retrocede varios casilleros en relación a la normalización de las relaciones diplomáticas lograda por Obama durante el final de su presidencia, de la cual el hoy primer mandatario era su vice. Y nada indica que el Departamento de Estado y el Comando Sur hayan modificado en un ápice sus concepciones tradicionales: el “monroísmo” sigue siendo la brújula que orienta las políticas hacia esta parte del mundo, acicateadas en los últimos años por la creciente presencia de China y Rusia en la región, lo cual ha despertado una insalubre paranoia en Washington. En este punto Biden ha sido un fiasco mayúsculo, ejemplificado en su operación propagandística de fin de año convocando a una Cumbre por la Democracia, en donde nada menos que el corrupto y probado delincuente Juan Guaidó fue invitado a hablar en nombre de la República Bolivariana de Venezuela.
La complicidad del gobierno de Estados Unidos con el fraudulento préstamo otorgado por el FMI al gobierno de Mauricio Macri clama al cielo y descarta cualquier ilusión de una “ayuda” que algunos espíritus ingenuos de la Argentina esperan que llegue de Washington. Biden y sus colaboradores están más que nada preocupados que una nueva ola de izquierda moderada se apodere de la región. Los últimos resultados electorales del 2021 no son halagüeños para el imperio y para revertirlos están dispuestos a hacer cualquier cosa, apelando al “poder blando” pero también a las formas más criminales del “poder duro”. Estados Unidos es un león herido y como recordaba Violeta Parra “el león es sanguinario en toda generación.” Su indisimulable declinación como poder imperial, reconocida hoy hasta por sus más enfervorizados publicistas, sólo augura más violencia en las relaciones internacionales. Y la diplomacia de Washington será atraer a nuestros países para hacer nuestras las guerras que se están gestando en contra de Rusia y China. Por eso la unidad de Latinoamérica y el Caribe para neutralizar esas iniciativas y garantizar que Nuestra América siga siendo una Zona de Paz es más importante que nunca.
(Tomado de Página 12)

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Elecciones en Estados Unidos, más allá de las preguntas tradicionales

La bandera estadounidense ondea frente a la cúpula del Capitolio de los Estados Unidos el 10 de septiembre de 2021 en Washington, DC. Foto: Drew Angerer / GETTY IMAGESDesde el comienzo del 2022, como era previsible, se suceden análisis académicos y periodísticos sobre el probable resultado de las llamadas “elecciones de medio término” en Estados Unidos, el próximo mes de noviembre. Como se conoce, los ciclos de elecciones presidenciales en aquel país son cada cuatro años y cada dos van a comicios todos los miembros de la Cámara de Representantes y un tercio de los senadores.
La frase acuñada durante años sobre este tema reza que las elecciones que suceden en medio del mandato de cada presidente son un referente de la opinión del electorado sobre su gestión y que, como tendencia, el partido en el poder sufre un “voto de castigo” y ve limitada su presencia en el órgano legislativo federal.
Conociendo que la ventaja actual de los demócratas en la Cámara es mínima (9 asientos, con dos vacantes) y que en el Senado la mayoría la aporta el voto de la Vicepresidenta, entonces parecería una apuesta segura decir que Biden gobernará con mayoría republicana en el Congreso los últimos dos años de su período al frente del Ejecutivo. Es decir, le resultará mucho más difícil conciliar iniciativas con su “oposición” y tendría que recurrir con más frecuencias a órdenes ejecutivas para gobernar.
En las últimas semanas también ha aumentado la frecuencia de las apariciones públicas de Donald Trump, tanto en actos de campaña, como de movilización política a favor de candidatos republicanos que cuentan con su bendición personal, como quien prueba el terreno en función de una posible aspiración presidencial en el 2024.
Todos estas son menciones comunes en cuanto a titulares y comentarios por estos días. Lo interesante sería, como nos recordaría Martí, hurgar en lo que “no se ve”, en aquellos procesos que podrían traer en el corto o mediano plazo resultados que significarían la ruptura de algunas tendencias, o cambios fundamentales en los escenarios que aún están por suceder.
Poco tiempo y espacio se ha dedicado en la academia y la prensa a valorar si los que aún hoy se siguen denominando principales partidos electorales en Estados Unidos, merecen ser nombrados como tales, sin son simples coaliciones amorfas, o una suma de tribus, u hordas, en cada caso.
Donald Trump accedió a la nominación republicana en el 2016 sin contar con una “militancia” histórica, ni reconocida en esa formación, de hecho sus principales contribuciones monetarias a campañas de aspirantes a cualquier cargo electivo habían sido sistemáticamente a favor de políticos demócratas.
Trump se inclinó a presentarse como parte de las huestes republicanas por dos razones esenciales: porque consideró que tendría más opciones para derrotar al resto de los precandidatos de esa formación y porque en la base electoral de ese partido militaba la base resentida y enajenada fundamental (no la única), ante la que se podría presentar como líder y capitalizar sus frustraciones con propuestas y mensajes simples.
Desde su acceso al poder, Trump se dedicó de forma meticulosa a desmontar las estructuras principales de esa organización política, apartar a todos los líderes que no aceptaran su discurso extremo y a suplantar cualquier órgano grupal que sirviera como contrapeso, o ponderara las decisiones del nuevo caudillo.
Tuvo tanto éxito en destruir y descomponer lo que algunos llamaban el “republicanismo tradicional”, que se llegó a especular que su labor estaba realmente conectada con un plan demócrata para destruir a sus oponentes desde adentro.
Utilizando procedimientos poco ortodoxos en la política estadounidense, que recuerdan más los escenarios de contiendas en llamadas repúblicas bananeras, Trump ha ido sacando de circulación a cuanto republicano que no apoya sin reservas su visión, aunque el uso de este término en su caso sea un eufemismo.
De hecho, en el 2022 no intentarán reelegirse a nivel federal la mayoría de aquellos que votaron a favor del proceso de destitución legislativa (impeachment) impulsado por los demócratas durante su mandato, o los que han tenido diferencias públicas con sus proyecciones.
Se han apartado de la vida política un sin número de figuras republicanas relativamente jóvenes, que en condiciones de menor polarización pudieran haber tenido cierto protagonismo en probables éxitos republicanos presentes y futuros.
Más que liderar una formación política, hoy Trump encabeza un bloque de enfrentamiento, un grupo humano que expresa frustración por diversos motivos, sean raciales o económicos, una suma de intereses que está dispuesta a cuestionarse todo lo que sea tradicional, “socialmente aceptable”, normas pre establecidas, cánones.
Trump es el oportunista político que se sitúa en la cresta de la ola generada por una crisis (o suma de ellas): si no se puede ganar una elección, se cuestionan sus resultados, se ataca a las instituciones, tanto metafórica como físicamente. Trump representa un modo de hacer que hasta ahora Estados Unidos había utilizado solo en su política exterior, con el objetivo de asegurar sus posesiones, la estructura del mundo de posguerra y para enfrentar rivales más eficientes y productivos.
Detrás de Trump no hay nada (exceptuando su familia más cercana) y esta, que puede ser su gran fortaleza hoy, terminaría como una gran debilidad al privar a los republicanos de herencia y futuro.
Lo que sucede del lado demócrata no es similar, pero también tiene que ver con el desmontaje de esa organización política, en la forma en que se conoció durante años.
En las condiciones del 2008, cuando el clan Clinton aún dominaba ampliamente la estructura partidista, Barack Obama se presentó como una opción irrechazable para acceder al poder, a pesar de que en las aspiraciones más íntimas de los principales contribuyentes y accionistas demócratas correspondía el turno de Hillary Clinton, quien debió ver postergadas sus aspiraciones presidenciales ocho años más.
Al retornar como aspirante en el 2016 se habían producido tanto dentro de Estados Unidos, como entre los demócratas, cambios que ella ya no era capaz de capitalizar, ni liderar, ni representar. Cuando Trump repitió el estribillo de que iría a Washington a “secar el pantano”, en referencia a la corrupción política que siempre ha estado presente en esa capital, en la conciencia de muchos potenciales votantes flotó la imagen de la familia Clinton y sus allegados dominando los destinos del partido, más allá de los intereses de la base social del mismo.
Los inesperados resultados del 2016, que fueron posibles gracias entre otras cosas a la inmensa cantidad de votantes demócratas que no salieron a ejercer su derecho al sufragio, expresaron una triste realidad: la desconexión de la cúpula demócrata de sus bases y el desconocimiento respecto a la inmensa frustración del electorado.
Se suponía que los demócratas aprendieran de sus fracasos de cara al 2020, pero de nuevo, los intereses de las élites se impusieron a los de aquellos que dicen representar. Desde temprano en la puja por la nominación demócrata el nombre de Bernie Sanders saltó a los primeros planos y se convirtió en un riesgo real frente al candidato del apparatchik en ruso, o stablishment en inglés.
¿Qué quería decir esto? ¿Era una confrontación entre personalidades, estilos, o las ideas que representaban?
Por un lado, para los armadores políticos y para los votantes a los que dicen servir, Joe Biden aparentemente podría nuclear los restos del clan Clinton, más ciertos vestigios del gobierno de Obama y dar una imagen de “centrismo” en un país cada vez más polarizado, acudir a los “valores tradicionales”, apelar a modos de hacer y prácticas existentes solo de modo ficticio en el escenario político estadounidenses.
Su gran estrategia consistiría en tratar de sumar de forma ortodoxa grupos electorales que ya no tienen (ni tendrán) puntos de coincidencia entre sí.
Sanders durante años, a pesar de su avanzada edad, había venido siendo paradójicamente el portavoz del segmento más joven del partido, que aún se denomina demócrata, pero que se pone a sí mismo el apellido de progresista o socialista, dejando tierra de por medio con aquellos que están en las cúpulas de las agrupaciones que aún se reúnen bajo la misma asamblea (caucus).
Además de la llamada “izquierda demócrata”, Sanders atrajo la atención de cierto sector de la clase trabajadora, que tiene el mismo nivel de frustración que muchos de los que se sintieron representados por Trump, pero que no ven la solución de sus problemas en el odio, o la confrontación con el prójimo, sea por su filiación religiosa, nivel cultural, o por la zona geográfica de residencia.
El caso es que los directivos demócratas en lugar de dilucidar quién sería su candidato de la manera más demócrata (y aquí vale la cacofonía) posible, se complotaron para organizar un golpe palaciego. En menos de 24 horas, aquellos precandidatos que en el 2020 estaban en la puja por la nominación dijeron súbitamente que ya no les interesaba continuar y anunciaron su apoyo al “único candidato que podía llevarlos al poder”, Joe Biden.
De pronto se borraron de los libros de historia todos los antecedentes que descalificaron alguna vez a Biden, desde sus decisiones como senador contra los movimientos sociales, su retirada como precandidato demócrata en los años 80 acusado de plagio intelectual, hasta su intrascendente legado durante el gobierno de Obama.
Biden era simplemente el político que creían que encajaba mejor en la moldura de los “American values” y que asumiría sin pestañar el libreto previsto para mantener la leyenda de “USA as a beacon of liberty”.
Si bien puede considerarse que dicha decisión fue estratégicamente correcta, de cara a los resultados de noviembre del 2020, lo cierto es que en el más largo plazo ese paso podría significar la escisión definitiva del partido de un sector joven, muy importante para sus aspiraciones futuras, y que nunca más se incline en esa dirección un por ciento significativo de “independientes” para los cuales el “pantano demócrata” de hecho sigue existiendo y crece.
Con una mirada cada vez más de cortoplacista, los caciques demócratas llevaron al poder no sólo a un presidente con escasas posibilidades de reelegirse por sus cualidades personales (edad y salud entre otras), sino que le adosaron una compañera de fórmula incapaz de representar a todos los sectores del partido de cara al 2024 y mucho menos constituir una opción real ante la marea republicana ante todo el electorado, cada vez más fragmentado en cuanto a intereses y modelos de país (o de sobrevivencia).
Los demócratas están cumpliendo ya un año de gobierno sin poder mostrar claros signos de victoria en su agenda interna. Algunos de sus líderes proclaman que sí han cosechado tales éxitos, pero que no han sabido explicarlos a la población, lo cual quizás sea aún peor.
En el plano externo les resulta todavía más difícil intentar diferenciarse del legado nacionalista de Trump.
Si la incapacidad demócrata de presentarse como una alternativa real a nivel federal ha resultado evidente, el problema es peor en la medida que se observa qué sucede en los estados y grandes ciudades, donde grupos revanchistas de legisladores intentan (y muchas veces logran) todos los días limitar los derechos de los futuros votantes, o reacomodan los distritos electorales (gerrymandering) de manera que el “ejercicio democrático” resulte casi innecesario, porque los resultados estarán garantizados de antemano.
Hoy se preparan de nuevo legiones de abogados y se redactan cientos de borradores, con el único objetivo de cuestionar cuanto resultado electoral les resulte desfavorable a los republicanos tanto en el 2022, como en el 2024.
Si han sido significativos en términos históricos los hechos acaecidos en el edificio del Capitolio el 6 de enero del 2021, puede que aún más lo sea lo sucedido después: la incapacidad del aparato judicial estadounidense de juzgar de manera debida y oportuna a todos los culpables, la reiteración de un por ciento no despreciable de implicados de la idea de que las elecciones del 2020 fueron “robadas”, más el convencimiento de otros de que sus actuaciones de aquel día fueron adecuadas y no dudarían a repetirlas en el futuro.
Hay varios analistas estadounidenses que se refieren en estos momentos a la posible próxima ocurrencia de una Guerra Civil en Estados Unidos, mientras que otros vaticinan que ya ha comenzado. Bien vale recordar que aunque no se ha producido una conflagración militar clásica, ya se acerca a casi un millón la cantidad de fallecidos producto de la COVID19 y de la incapacidad de la (aún) primera potencia mundial de cohesionar a su población alrededor de un muy sencillo interés nacional: preservar la vida de todos.
Algo se puede vaticinar desde ahora de cara a los comicios del 2022 y del 2024, con independencia de quién o quiénes serán sus ganadores en cada caso: los partidos federales tradicionales estadounidenses ya no existen con la estructura y proyección que tuvieron en los últimos 70 años, se produce un drástico cuestionamiento de los métodos para acceder y ejercer el poder, ninguna agrupación política representa las aspiraciones de la mayoría de la población, la violencia extrema se establece como una alternativa “política” socialmente aceptada o consentida, ninguna fuerza es capaz de ofrecer hoy plataformas de gobierno que permitan resolver los problemas estructurales del país en el mediano y largo plazos.
Para otro análisis quedarán las consideraciones sobre qué impacto puede tener todo lo antes descrito en la política exterior estadounidense.

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EEUU: 400 millones de mascarillas N95 gratis, anuncio que hará Biden a un año de su mandato

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunciará este miércoles que su Gobierno pondrá a disposición de los ciudadanos, de forma gratuita, 400 millones de mascarillas del tipo N95 en varias localizaciones.Un funcionario de la Casa Blanca informó en un comunicado que esas mascarillas provienen de la reserva estratégica nacional y que estarán disponibles en decenas de miles de farmacias y centros de salud comunitarios, donde los estadounidenses pueden también vacunarse contra la COVID-19.In one year, the Biden-Harris Administration has gotten 74% of adults fully vaccinated. @POTUS’s COVID-19 response has saved and continues to save lives. pic.twitter.com/D7yqZv68C1— The White House (@WhiteHouse) January 18, 2022La Administración de Biden comenzará el envío de mascarillas a finales de esta semana para que el público pueda obtenerlos a finales de la siguiente. La Casa Blanca hizo este anuncio en víspera de que se cumpla el primer aniversario de Biden en el poder.Este martes, el Ejecutivo estadounidense abrió la página web para que los ciudadanos soliciten pruebas gratis de COVID-19 a domicilio un día antes de lo anunciado.Las autoridades habilitaron el portal COVIDTests.gov, donde por el momento los estadounidenses pueden solicitar el envío de un máximo de cuatro pruebas de antígenos gratuitas por hogar, pese a que la semana pasada habían anunciado que serían ocho tests rápidos al mes por persona.Se espera que Biden ofrezca hoy una rueda de prensa con motivo del primer aniversario de su toma de posesión, que se cumplirá el jueves 20 de enero.Está previsto que durante su discurso Biden defienda la gestión de su Gobierno contra la pandemia, pese a que las autoridades sanitarias han recibido críticas durante las últimas semanas por sus confusas recomendaciones sobre los días de aislamiento y el uso de mascarilla ante la variable Ómicron. PublicidadEfe/OnCuba.

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En marcha un golpe blando en Estados Unidos

Así lo considera el intelectual y lingüista estadounidense Noam Chomsky, quien advirtió sobre tal riesgo después del asalto al Capitolio en Washington
Noam Chomsky señaló que el asalto al Capitolio fue un intento por derrocar un gobierno electo. (Foto: PL)

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En Estados Unidos está en marcha un golpe de estado blando, denunció el filósofo Noam Chomsky quien asegura que Donald Trump posee una rabiosa base de seguidores, publica este domingo el diario mexicano La Jornada.

En el escrito, La Jornada señala que el intelectual y lingüista estadounidense advirtió en entrevista de prensa sobre el riesgo de un golpe de Estado blando en Estados Unidos después del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 perpetrado por partidarios del entonces presidente saliente Donald Trump.

A la pregunta sobre las consecuencias de tal irrupción, Chomsky señaló que “aquello fue un intento por derrocar un gobierno electo. Y fue muy explícito por parte de Trump: ‘Las elecciones han sido robadas, vamos al Capitolio’.

Un intento de derribar a un gobierno electo es un golpe de Estado. Fue un intento violento de golpe de Estado. Un grupo de republicanos rechazó formar parte y evitó que triunfase. Pero ese propósito ha sido seguido por un golpe blando, que está ocurriendo cada día ante nuestros ojos, agregó.

Aseguró que los republicanos planean de forma cuidadosa para que la próxima vez tenga éxito y están asegurándose de que la gente que gestiona las elecciones tenga poder para anular votos y están aprobando decenas de leyes para impedir el voto de la gente ‘equivocada’, de minorías y pobres.

Chomsky advirtió que el Partido Republicano ya no es un instituto político, es una fuerza neofascista. Estados Unidos es una sociedad avanzada tecnológicamente, y culturalmente, pero es premoderna en otros ámbitos, destacó el también filósofo.

Al opinar sobre si el magnate podría ganar las elecciones 2024, Chomsky concretó: “Es muy posible. Tiene una base rabiosa de devotos. A los líderes del Partido Republicano los tiene aterrorizados, todos corren a Mar-a-Lago a lustrarle los zapatos y obtener su bendición. Si triunfan con el actual golpe en marcha, el de controlar y modificar el sistema electoral, pueden ganar.

Explicó que Trump es un demagogo efectivo, ha sabido agitar los venenos que corren bajo la superficie de la sociedad estadounidense y los ha sacado a la superficie.

Ahora hay un grupo que lo venera como a un Duce II, (mote de Benito Mussolini) elegido por Dios, es la gente que asaltó el Capitolio. La democracia estadounidense corre un grave peligro, repitió.

Sobre la presidencia del demócrata Joe Biden, destacó que no espera mucho, francamente, pero los resultados de los programas nacionales han sido positivos. En buena medida fueron diseñados por Bernie Sanders, que representa al ala más progresista del Partido Demócrata. Pero han sido recortados por la oposición y no se ha conseguido casi nada.

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Las investigaciones del asalto al Capitolio estrechan el cerco sobre Donald Trump

Las pesquisas han demostrado que Trump y sus aliados hicieron un esfuerzo concertado para evitar que la sesión del Congreso presidida por Mike Pence certificara ese día a Biden como ganador de las elecciones
La Oficina del Fiscal Federal para el Distrito de Columbia ha presentado cargos contra más de 700 personas. (Foto: AFP)

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Un año después del violento asalto al Capitolio de Estados Unidos del seis de enero de 2021, centenares de procesos tanto judiciales como políticos siguen buscando a los culpables materiales e intelectuales de lo sucedido, estrechando cada vez más el cerco sobre el expresidente Donald Trump. Las investigaciones se dividen en dos grandes grupos: por un lado, la persecución policial y judicial a más de 700 personas que protagonizaron actos de vandalismo en esa jornada; y por otro, el proceso político abierto en la Cámara de Representantes contra personas de la órbita del exmandatario.

Las pesquisas han demostrado que Trump y sus aliados hicieron un esfuerzo concertado para evitar que la sesión del Congreso presidida por Mike Pence certificara ese día a Biden como ganador de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020. «Ni siquiera durante la Guerra Civil los insurgentes violaron nuestro Capitolio, la ciudadela de nuestra democracia», afirmó Biden en julio. «No fue disensión. Fue desorden. Provocó una crisis existencial y una prueba para saber si nuestra democracia podría sobrevivir», agregó en aquel momento.

Más de 700 acusados

Hasta la fecha, la Oficina del Fiscal Federal para el Distrito de Columbia ha presentado cargos contra más de 700 personas, residentes a lo largo y ancho de Estados Unidos, por delitos que van desde atacar físicamente a policías hasta impedir el ejercicio de sus funciones, pasando por destruir propiedad del gobierno y entrar en un edificio de acceso restringido.

La mayor condena emitida hasta la fecha, dada a conocer el pasado 17 de diciembre,  recayó sobre un hombre que atacó a agentes de policía con un extintor y que fue sentenciado a cinco años y tres meses de prisión. De los más de 700 detenidos, únicamente unos 150 han aceptado declararse culpables, según datos del Departamento de Justicia.

Uno de los que sí llegó a un acuerdo con la Fiscalía y se declaró culpable de haber obstruido un procedimiento oficial durante una sesión del Congreso fue la cara más visible del asalto al Capitolio, el hombre disfrazado de bisonte y autoproclamado «chamán de QAnon», Jacob Chansley, quien en noviembre fue condenado a 41 meses de prisión.

Los responsables intelectuales, al Congreso

Mientras el FBI y la justicia lidian con los ciudadanos que protagonizaron los incidentes, la Cámara de Representantes lleva a cabo una investigación paralela sobre lo ocurrido el seis de enero y los días precedentes en las más altas instancias del gobierno estadounidense. El comité está formado por nueve miembros, pero sólo dos de ellos pertenecen al partido republicano y su futuro está en duda si los conservadores consiguen el control de la Cámara Baja en las elecciones legislativas de noviembre.

A diferencia de los tribunales en que se llevan a cabo los procesos judiciales contra los atacantes, el Congreso no tiene capacidad de sancionar a nadie, por lo que la investigación es meramente informativa. Pero si alguna de las personas llamadas a testificar se niega a hacerlo, el comité las puede declarar en desacato y luego corresponde al Departamento de Justicia presentar cargos. Ese ha sido el caso de tres excolaboradores de Trump: su exasesor y exjefe de campaña Steve Bannon, su exjefe de gabinete Mark Meadows y el exayudante del fiscal general Jeffrey Clark, todos ellos declarados en desacato.

¿Qué puede pasar con Trump?

En el fondo del debate tras los casos de Bannon, Meadows y Clark está la figura del propio expresidente: ¿solicitará el comité al Departamento de Justicia que presente cargos criminales contra Trump en función de lo que encuentre? La posibilidad existe y la prensa estadounidense asegura que es algo que los demócratas tienen sobre la mesa, pero incluso entre las propias filas progresistas y los medios de comunicación de su órbita existen opiniones divididas.

Mientras algunas voces, como la del propio presidente del comité, Bennie Thompson, quieren llevar la investigación hasta sus últimas consecuencias, otros alertan del peligro de que una solicitud de este tipo politice todavía más la percepción que los estadounidenses tienen del comité e incluso ayude a Trump a presentarse como víctima de una persecución política. Además, la solicitud del comité en sí misma no tendría ninguna consecuencia legal, su validez sería únicamente informativa para que el gobierno decidiera si debe actuar o no.

Con motivo del primer aniversario del asalto, Trump, quien mantiene cierto control en el partido republicano, anunció una rueda de prensa en Florida para ese día, durante la cual es probable que repita que le robaron los comicios. Pese a que ninguna prueba lo demuestra, las encuestas muestran que alrededor de dos tercios de los votantes republicanos le creen.

Casi todos los congresistas republicanos, muy conscientes del poder político de Trump, parecen secundarlo. A una de las más radicalizadas, Marjorie Taylor Greene, le suspendieron definitivamente su cuenta de Twitter por difundir información falsa sobre la pandemia de coronavirus. Twitter había restringido previamente y de manera temporal la cuenta personal de Greene por compartir información falsa sobre las elecciones presidenciales de 2020. Al igual que su líder político, a quien también le cancelaron sus cuentas en redes sociales, Greene rechazó este domingo la medida diciendo que «las grandes tecnologías y los demócratas comunistas no pueden detener la verdad».

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Incendios forestales en Colorado dejan tres personas desaparecidas

Foto: Getty ImagesAl menos tres personas desaparecidas y casi 1 000 residencias destruidas en su totalidad es el saldo de los incendios forestales que asolaron varias zonas del estado de Colorado, informaron el sábado autoridades estadounidenses.
El sheriff del condado de Boulder, Joe Pelle, indicó en rueda de prensa que al menos tres personas fueron reportadas como desaparecidas, mientras que se estima que al menos 991 casas se quemaron debido a los incendios que comenzaron el jueves pasado.
“Somos muy afortunados de no tener una lista de 100 desaparecidos. Pero lamentablemente hemos confirmado tres casos”, apuntó Pelle.
El funcionario señaló que sigue abierta una investigación para determinar el origen del fuego, el cual comenzó de manera repentina en comunidades del estado de Colorado, en el centro del país, y rápidamente se extendió a varias zonas urbanas.
“Fue un desastre muy rápido (…) en el curso de solo medio día muchas familias tuvieron solo minutos para recoger lo que fuera, niños, mascotas, en su auto y huir”, dijo por su parte el gobernador de Colorado, Jared Polis.
Las autoridades mencionaron que alrededor de 35.000 personas debieron abandonar sus residencias, muchas de ellas solo con la ropa puesta y han sido evacuadas en Superior, suroeste del condado de Boulder y Louisville debido al incendio Marshall, dijo Michelle Kelly, del Equipo de Manejo de Incidentes de Boulder
El sheriff Pelle comentó que la nieve que ha caído en las últimas horas ha ayudado a apagar los incendios.
En Boulder, varios voluntarios trabajan con el objetivo de encontrar mascotas desaparecidas después de que el fuego hizo que los pobladores salieran de sus casas de forma intempestiva.
Hay aproximadamente 2.000 casas en el área quemada y los funcionarios
Foto: Getty Images
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Biden proclama situación de desastre en Colorado por incendios

(Con información de CNN y teleSUR)

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Biden proclama situación de desastre en Colorado por incendios

Es probable que más de 500 casas hayan sido destruidas por las llamas, cifra podría llegar mil, según las autoridades de Colorado. Foto: Prensa Latina.El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, proclamó el estado de desastre en Colorado y exigió que la ayuda federal se ponga a disposición de los afectados por los incendios forestales en el territorio.
De acuerdo con las autoridades, los siniestros han destruido hasta ahora más de 500 viviendas en los suburbios de Denver.
La ayuda puede incluir subvenciones federales para viviendas temporales y préstamos para reparar aquellas propiedades no aseguradas, según un comunicado de la Casa Blanca.
El mandatario demócrata también señaló que la financiación federal estará disponible para «medidas de mitigación de riesgos en todo el estado», junto con dinero para el gobierno local y organizaciones privadas sin fines de lucro que realizan trabajos de emergencia en el condado de Boulder.
La aprobación de la declaración de desastre se produce días después de que los incendios forestales arrasaran los suburbios del noroeste de Denver y obligaron a cientos de miles de personas a evacuar justo antes del año nuevo.
Las autoridades dijeron que siete personas han resultado heridas, pero o se ha informado de ninguna muerte, según medios de prensa locales.
La zona no recibió mucha nieve en lo que va de invierno y el otoño ha sido especialmente seco, ya que el condado de Boulder no ha recibido lluvias significativas desde mediados del verano.
Según el gobierno estatal, aún se están determinando las causas de varios incendios, que surgieron en una época inusual.
Es probable que más de 500 casas hayan sido destruidas por las llamas, cifra podría llegar mil, según las autoridades de Colorado.
El gobernador demócrata Jared Polis visitó las zonas afectadas el viernes y afirmó que los residentes están ante una tragedia sin precedentes en la última década.
(Con información de Prensa Latina)

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Casa Blanca: Pronósticos a bolina

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Saludó a los manifestantes con cara de cumpleaños. “Estoy aquí por una razón y una sola razón: libertad para Cuba”; he hizo una “L” con el pulgar y el dedo índice para remachar la palabra. Serían las 8 y 30 de la noche del 4 de agosto pasado, cuando Kevin McCarthy, jefe de la bancada republicana en la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, salió a las afueras del restaurante Versailles, en la Calle Ocho, de Miami.

La euforia que se respiraba en el parqueo recordaba la vivida allí luego del deceso de Fidel en el 2016 (a ese punto llegó la indecencia humana) y de la victoria de los Marlins de Florida en la Serie Mundial de 1997. Desde hacía casi un mes, celebraban las protestas acaecidas el 11 de julio en Cuba y, a garganta desgarrada, pedían que los portaviones zarparan de inmediato hacia la isla.

“No se trata de covid, se trata del comunismo”, remarcó, alto y claro, McCarthy, quien minutos antes se había reunido en el propio templo anticubano en la Florida con líderes políticos y una camada de influencers, que desmadra y vive —en términos monetarios— de pregonar diatribas contra la Revolución en las redes sociales.

Y actúa así no por instinto natural o filantropía. La política de subversión de Washington, enfilada a enrarecer el orden social en el país antillano y a mostrar la existencia de un clima de ingobernabilidad, reconoce en las plataformas sociales digitales una herramienta en extremo útil para tales fines.

La Casa Blanca ha encontrado la evidencia en las “revoluciones de colores” —invento de la Agencia Central de Inteligencia, explicitado en letra por Gene Sharp, el gurú del golpe blando—, aplicadas contra naciones donde los regímenes les han caído medio gorditos al gobierno de Estados Unidos, por no alinearse plenamente a sus intereses hegemónicos o estratégicos y desafiar el apotegma: Dios en el cielo y yo en la tierra.

Pero, como Cuba sigue sin acuñar esa filosofía ególatra imperial (le ha cantado las cuarenta en cada escenario posible, remember Girón), la administración estadounidense vino a por todas en el 2021 y catalizó sus programas subversivos para el anhelado “cambio de régimen”.

Este sería el “año cero”. Washington se lo creyó aún más viendo las astillas supuestamente encendidas por el llamado Movimiento San Isidro en el 2020, cuyo padrino más cercano fue el encargado de negocios de ese país en La Habana, Timothy Zúñiga-Brown, hasta el punto de servirle de taxista a los acantonados en la calle Damas 955, en La Habana Vieja.

Se envalentonó, además, con los acontecimientos del 27 de noviembre (27N) de ese propio año, cuando personas con disímiles reclamos —entre estas, creadores dignos y otros que deliran por que Cuba sea otra estrella de la bandera de la Unión— se agruparon ante el Ministerio de Cultura (Mincult), en La Habana.

Dos meses después, el 27 de enero del 2021, alrededor de una treintena de ciudadanos intentó protagonizar otro show mediático también en la sede del Mincult, indiscutible provocación contrarrevolucionaria, que apeló a los condicionamientos, al chantaje, y demostró que lejos estaba de sostener un diálogo transparente y constructivo con la institucionalidad.

Cada uno de estos episodios halló eco en las redes sociales, convertidas prácticamente en el ombligo de la vida pública, y en la maquinaria mediática anticubana, enorme y estructurado árbol genealógico, que oportunistamente aprovechó la complicadísima realidad nacional para atacar y asestar su golpe bajo. Nadie debiera pensar que lo hizo por iniciativa propia; una disección del discurso periodístico de estos medios dependientes confirmará su devoción y filiación imperial.

Sus mentores, que al fin y al cabo son quienes ponen los billetes, vieron el cielo a mediados de año: la pandemia escalaba desenfrenadamente, con cifras de espanto, sobre todo en Matanzas; los apagones eléctricos eran el pan nuestro de cada día; las ofertas de bienes y servicios tocaban fondo, entre estos alimentos y medicinas; el hostigamiento económico y financiero de Estados Unidos exhibía una salud de roble. La irritación crecía; el descontento, también.

Era el clima soñado por el que tanto había esperado el gobierno estadounidense, descrito por Lester D. Mallory, vice secretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, y sus asesores en un memorando secreto del Departamento de Estado, con fecha del 6 de abril de 1960, el súmmum de la política bestial de la nación norteña contra la isla.

Era el momento exacto para darle el golpe de gracia a la Revolución. El 15 de junio una empresa, con asiento en Miami, lanzó la etiqueta #SOSCuba, eje de una campaña subversiva para para desestabilizar el país, encaminada también a torpedear la votación de la Asamblea General de Naciones Unidas contra el bloqueo a Cuba.

Curiosamente —como denunció el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, el mismo día en que salió la susodicha etiqueta a la autopista virtual—, la División de Corporaciones del Departamento de Estado de la Florida le concedió la certificación a la compañía para que actuara oficialmente y recibiera fondos estaduales por la “canalita”.

Con ese precedente, vuelven por sus fueros y el 5 de julio, en un laboratorio mediático estadounidense, lanzan etiquetas que piden a gritos la intervención humanitaria. Al no tener el impacto previsto, cuatro días más tarde, los operadores políticos insisten con #SOSCuba, #SOSMatanzas y #CubaDuele.

Tanto fue el cántaro a Twitter, a Facebook… que el 11 de julio, en medio de la crisis sanitaria y de una realidad socioeconómica punzante, acaecieron disturbios en varias ciudades cubanas; pero no el deseado estallido social y una situación de ingobernabilidad.

Inconforme con ello, en septiembre pasado la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) otorgó 6 669 000 dólares en subvenciones para proyectos dirigidos a poner de rodillas a la Revolución. Analistas refieren que, en el último año, al menos 54 organizaciones han sido beneficiadas con los programas para Cuba del Departamento de Estado, la National Endowment for Democracy (NED) y la Usaid.

Bajo esa cobija de billetes verdes, nació en el 2021 el grupo Archipiélago, que convocó a una marcha para el 15 de noviembre, organizada en la tesitura de la guerra hibrida, no autorizada, finalmente, por los gobiernos locales al ir en contra de los preceptos constitucionales.

Como resultaba previsible, altos funcionarios de la Casa Blanca, encabezados por Joe Biden, y del Capitolio rumiaron de impotencia. Ante el fracaso de las protestas de julio, abortadas por el pueblo, habían apostado todas sus cartas a la marcha para el codiciado “cambio de régimen”. De nuevo, sus pronósticos se iban a bolina.

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Clima de distensión en diálogo Putin-Biden

La comunidad internacional aguardaba por una conversación telefónica entre los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y de Estados Unidos, Joe Biden, que pudiera significar la llegada de un aire no contaminado, cuando faltaban solo algunas horas para el advenimiento de un nuevo año.

Durante 50 minutos, ambos estadistas expusieron sus puntos de vista sobre un tema tan vital como la seguridad nacional y evitar una confrontación de impredecibles dimensiones.

Putin adelantó a su contraparte que «Rusia actuará para garantizar su seguridad del mismo modo que actuaría Estados Unidos para garantizar la suya».

Según el asesor del mandatario ruso, Yuri Ushakov, «el punto principal que transmitió la parte estadounidense fue que el presidente Biden declaró claramente que Estados Unidos no tiene intención de desplegar armas ofensivas en Ucrania».

«Es muy importante que el presidente Biden haya subrayado varias veces durante la conversación que no se puede iniciar una guerra nuclear, ni tampoco ganarla», precisó Ushakov.

Según el asesor presidencial, citado por Sputnik, durante la conversación telefónica, el mandatario estadounidense mencionó que los países occidentales reaccionarán ante  una mayor escalada en la frontera ucraniana con «sanciones masivas» contra Rusia, a lo que Putin respondió que, «en tal caso, las relaciones bilaterales entre Moscú y Occidente se verán muy seriamente dañadas».

Respecto al tema Ucrania, es importante citar las declaraciones del secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional de ese país, Alexéi Danílov, quien informó que «no considera probable que Rusia invada al país», y tachó de «ataque informativo» la campaña mediática acerca de la supuesta guerra.

En el ambiente de bajar las tensiones, el Ministerio de Defensa ruso anunció la retirada de 10 000 efectivos desplegados en regiones cercanas a la frontera con Ucrania.

No obstante, lo abordado por Putin y Biden será tema a debate en las próximas negociaciones, que se llevarán a cabo del 10 al 12 de enero en Ginebra.

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Califican de útil conversación entre Putin y Biden

El tema principal del intercambio de 50 minutos fue la implementación del acuerdo que ambos mandatarios establecieron durante la videoconferencia del 7 de diciembre
Putin señaló que el resultado del trabajo conjunto de Moscú, Washington y la OTAN debe ser el establecimiento de garantías firmes. (Foto: PL)

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La conversación telefónica entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos, Vladimir Putin y Joe Biden, respectivamente, resultó útil para ambas partes, según un comunicado emitido este 31 de diciembre por el servicio de prensa del Kremlin.

“En general, la conversación fue franca y profesional y, por supuesto, útil para ambas partes. Se acordó continuar los contactos regulares al más alto nivel”, señala el documento en referencia al diálogo sostenido anoche y concluido esta madrugada (hora local).

La nota explica que el tema principal del intercambio de 50 minutos fue la implementación del acuerdo que ambos mandatarios establecieron durante la videoconferencia del 7 de diciembre, para iniciar negociaciones sobre la provisión de garantías legales para la seguridad de Rusia.

Putin señaló que el resultado del trabajo conjunto de Moscú, Washington y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debe ser el establecimiento de garantías firmes.

Estas deben excluir la posibilidad de un mayor avance de la OTAN hacia el este y el despliegue de sistemas de armas en las inmediaciones de las fronteras de la nación euroasiática.

La de este viernes fue la segunda conversación entre ambos jefes de Estado este mes. En la primera, de dos horas, abordaron la situación en Ucrania, las relaciones bilaterales, la seguridad cibernética y el acuerdo nuclear iraní.

En esta ocasión, la iniciativa de diálogo partió del presidente ruso, con el propósito de continuar la discusión de los temas tratados antes y ajustar detalles sobre los contactos que los dos países mantendrán en enero.

Según lo previsto, delegaciones de Rusia y Estados Unidos negociarán el 10 de enero en la ciudad suiza de Ginebra sobre los compromisos de seguridad requeridos por Moscú.

El 12 de enero, tendrá lugar una reunión del Consejo Rusia-OTAN en Bruselas, Bélgica, y el 13 de enero se celebrarán conversaciones entre representantes de Rusia y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Viena, Austria.

La Cancillería difundió el 17 de diciembre el contenido de dos borradores con las propuestas de acuerdos sobre garantías legales de seguridad para ambas partes, los cuales entregó Moscú dos días antes a la subsecretaria de Estado estadounidense para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, Karen Donfried.

Tras la conversación de este viernes, el asesor del presidente ruso para Asuntos Internacionales, Yuri Ushakov, indicó que los mandatarios manifestaron su interés por continuar su diálogo después de Año Nuevo si el avance de las negociaciones lo requiere.

Comentó que además de las consultas de Ginebra, Putin y Biden “seguirán negociando por otras vías” y, según sea necesario se comunicarán entre sí y darán instrucciones a sus equipos negociadores.

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Putin y Biden sostendrán diálogo telefónico este jueves

El objetivo de la llamada es discutir una variedad de temas, incluidos los próximos compromisos diplomáticos bilaterales
El anuncio lo hizo este miércoles la Casa Blanca. (Foto: PL)

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El presidente estadounidense, Joe Biden, conversará este jueves por teléfono con su homólogo ruso, Vladímir Putin, en medio de tensiones por operaciones militares cerca de la frontera con Ucrania, anunció este 29 de diciembre la Casa Blanca.

El objetivo de la llamada es discutir una variedad de temas, incluidos los próximos compromisos diplomáticos bilaterales, precisó la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Emily Horne, en un comunicado.

De acuerdo con la nota, Washington mantiene el diálogo y las consultas con sus socios y aliados europeos para abordar con un enfoque común sobre lo que ellos consideran una “acumulación militar de Rusia en la frontera con Ucrania”, algo desmentido por Moscú.

El pasado 7 de diciembre tuvo lugar una cumbre virtual de más de dos horas entre Putin y Biden, quien amenazó al país euroasiático con “fuertes” sanciones económicas si las tropas rusas invadieran suelo ucraniano.

Las autoridades rusas rechazaron que sus fuerzas estén a punto de iniciar una acción de ese tipo y sostienen que sus tropas se mueven dentro su territorio con fines puramente defensivos.

La semana pasada, el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, explicó que, teniendo en cuenta las “muy poco amistosas acciones de sus oponentes de la OTAN, Estados Unidos y varios países europeos”, Rusia lleva a cabo medidas para trasladar y redesplegar sus Fuerzas Armadas dentro su territorio.

Funcionarios de las dos naciones tienen previsto un diálogo el 10 de enero sobre las demandas de seguridad que el Kremlin presentó a la Casa Blanca a inicios de este mes, documentos donde se recogen las aspiraciones de Moscú de ponerle fin a la confrontación y la posibilidad de alcanzar la estabilidad y la paz tan requerida.

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Biden pidió al Congreso eliminar restricciones para el traslado de los presos en Guantánamo

MADRID, España.- El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pidió este lunes ante el Congreso de su país eliminar las restricciones para el traslado de los presos en la base naval de Guantánamo, Cuba.
A través de un comunicado, manifestó su desacuerdo con algunas de las provisiones del presupuesto de defensa para el año 2022, contenido en la llamada Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, en inglés). 
El presupuesto, valorado en 768.000 millones dólares, incluye restricciones a la transferencia de presos de Guantánamo a otros países o a territorio estadounidense.
Según reseñó la agencia EFE, el mandatario instó al Congreso a eliminar esas restricciones tan pronto como sea posible.
“La ley sigue prohibiendo el uso de fondos para transferir a los detenidos de la Bahía de Guantánamo a la custodia o el control efectivo de ciertos países extranjeros y también prohíbe el uso de fondos para transferir a los detenidos de la Bahía de Guantánamo a los Estados Unidos a menos que se cumplan determinadas condiciones”, precisó Joe Biden. 
Además “restringe la flexibilidad del Poder Ejecutivo con respecto a su participación en delicadas negociaciones con países extranjeros”, agregó. .
El mandatario manifestó su desacuerdo tras firmar una legislación que incluye 24.000 millones de dólares más de los que había pedido para el Pentágono y representa un crecimiento del 5 % con respecto al 2020. 
La Ley de Autorización de Defensa Nacional fue aprobada el pasado 15 de diciembre en el Senado con 89 votos a favor y 10 en contra.
Aunque con una postura más discreta que el ex presidente Barack Obama, Joe Biden ha manifestado su interés de cerrar la cárcel de Guantánamo, abierta por Washington en 2002 para recluir a sospechosos de terrorismo y donde actualmente hay 39 prisioneros. 
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EEUU: Biden se replantea algunas de sus medidas anticovid ante el avance de Ómicron

Ante el avance de la variante Ómicron del coronavirus, el presidente de EE.UU., Joe Biden, se está replanteando algunas de sus medidas contra la pandemia, como el tiempo de aislamiento que deben cumplir los que están contagiados o si hay que mostrar prueba de vacunación en vuelos domésticos.Hasta ahora, el Gobierno de EE.UU. se había mostrado escéptico sobre esas medidas, pero este lunes hubo un cambio de tono y tanto Biden como el principal epidemiólogo del Gobierno de EE.UU., Anthony Fauci, abrieron la puerta a cambios debido a que Ómicron parece ser más contagiosa que otras cepa del SARS-CoV-2, aunque también menos grave.En declaraciones a la prensa en la Casa Blanca, Biden dijo que estaría abierto a reducir los tiempos de aislamiento si su equipo médico se lo recomienda.Unas horas antes, en una entrevista con la cadena MSNBC, Fauci adelantó que el Ejecutivo estadounidense estaba evaluando «seriamente» reducir el tiempo de aislamiento que deben cumplir aquellos que se han contagiado con el virus.Actualmente, el tiempo de aislamiento es de 10 días, aunque el pasado jueves los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) establecieron una excepción para parte del personal sanitario, que deberá estar en cuarentena durante cinco días.Preguntado sobre si EE.UU. reducirá esas normas de aislamiento en otros casos, Fauci explicó que se está considerando para otros trabajadores considerandos esenciales para el funcionamiento del país.«Hay tanta gente que se está infectando, incluyendo contagios en gente que está vacunada, que estamos estudiando la posibilidad de reducir el tiempo de aislamiento», indicó.Coronavirus: datos iniciales indican que inmunidad de vacunados es más baja ante ÓmicronPublicidadEn los últimos días, cientos de vuelos han sido cancelados en EE.UU. debido al aumento del número de contagios entre las tripulaciones, por lo que los consejeros delegados de las grandes aerolíneas, como Delta, United y American, han pedido a los CDC que reduzcan a cinco los días de aislamiento.Sin embargo, el sindicato de los auxiliares de vuelo, conocido como AFA, ha pedido que se mantengan los 10 días de cuarentena y ha considerado que cualquier cambio en los protocolos debe estar basado en la ciencia, no en los problemas de personal que están experimentado las aerolíneas.Vacunación en vuelos domésticosPor otro lado, Fauci argumentó que sería «razonable evaluar» la imposición de nuevos requisitos de vacunación en los vuelos domésticos.Hasta ahora, EE.UU. solo pide prueba de vacunación a los viajeros de vuelos internacionales que no sean ni ciudadanos ni residentes permanentes, aunque todos deben probar que han dado negativo en un test de coronavirus. En los vuelos domésticos, no existe ningún requisito para viajar, pero Fauci consideró que pedir una prueba de vacunación podría hacer que más estadounidenses accedan a ponerse la vacuna.Actualmente, Estados Unidos tiene una tasa de vacunación del 61 %, que es baja comparado con otros países como Portugal (88 %), Chile (87 %) o España (90 %).Coronavirus: variante Ómicron presente ya en 110 países y duplica sus casos cada 2-3 díasUn nivel de infección similar al del invierno anteriorEl debate dentro del Gobierno se produce en un momento en el que Estados Unidos ha superado los niveles de infección que se registraron en verano con la variante Delta y ha llegado a las cifras del pasado invierno, cuando la población aún no estaba vacunada.En concreto, en la última semana (del 19 al 26 de diciembre), se registró una media de 203.000 casos por día, un nivel que no se había visto desde el 19 de enero, de acuerdo con datos de The Washington Post.Asimismo, las autoridades sanitarias han advertido que EE.UU. pronto podría registrar más de un millón de nuevos casos por día, lejos del pico de 248.000 que se alcanzó el pasado invierno.Las infecciones se han disparado especialmente en algunos lugares como Puerto Rico con un incremento del 795 % de contagios en la última semana, Florida (326 %), el Distrito de Columbia (265 %) o Georgia (224 %), según los datos del Post.La tarea pendiente de los testMientras los casos se disparan, millones de estadounidenses tuvieron este fin de semana grandes dificultades para hacerse con un test, ya que en muchos estados era imposible conseguir cita y, además, las pruebas de antígenos caseras se habían agotado.Este lunes, Biden reconoció que «hay que hacer más» para que los estadounidenses accedan a test para la detección de la COVID-19 y prometió que trabajará con los gobernadores de EE.UU. sobre ese y otros asuntos.Alarma en Nueva York por expansión de ÓmicronEl mandatario se reunió este lunes con 25 de los 50 gobernadores del país, entre los que había demócratas y republicanos, para hablar sobre los siguientes pasos en la pandemia: una ampliación de los puntos de vacunación, refuerzo en el personal sanitario y más pruebas de diagnóstico.En concreto, a partir de enero, el Gobierno federal distribuirá a domicilio 500 test caseros de antígenos, que serán gratuitos.Estados Unidos sigue siendo uno de los países más golpeados por la pandemia de la COVID-19 con más de 816.000 fallecidos y 52,3 millones de contagios desde marzo de 2020, según el recuento de la Universidad Johns Hopkins. 

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¿Alguien vio venir a ómicron? Sí, de hecho, muchos

Foto: Prensa Latina.“Nadie veía venir esto. Nadie en todo el mundo. ¿Quién lo vio venir?”. El presidente Joe Biden utilizó estas palabras para referirse a la irrupción de la variante ómicron del Covid-19 en una entrevista concedida el miércoles a la cadena de noticias ABC. De hecho, mucha gente la vio venir.
Especialistas de la salud y activistas de todo el mundo han estado advirtiendo durante más de un año que mientras gran parte de la población mundial permanezca sin vacunarse, es seguro que variantes más agresivas del virus persistan y se desarrollen.
Mientras comenzamos a transitar el tercer año de la pandemia, ya se cuentan más de 277 millones de casos y 5,4 millones de muertes en todo el mundo. La variante ómicron se está propagando a una velocidad sin precedentes. Incluso las personas completamente vacunadas y con dosis de refuerzo se están contagiando. Aun así, la vacunación sigue siendo la mejor forma de evitar caer gravemente enfermos o morir a causa de la COVID-19. Sin embargo, las vacunas siguen fuera del alcance de gran parte de la población mundial. Muchas de las vacunas y tratamientos efectivos se desarrollaron gracias al dinero de los impuestos que pagan los contribuyentes, al trabajo de científicos de instituciones de salud pública y a otros recursos públicos. No obstante, las corporaciones farmacéuticas sacan un rédito exorbitante por la venta de estos productos fundamentales para salvar vidas y retienen las fórmulas de las vacunas mientras millones continúan enfermándose y muriendo. La codicia no debería determinar el curso de esta pandemia.
“Ninguna empresa, por muy poderosa que sea, debería poder dictar quién vive y quién muere, o ejercer una influencia tan grande que determine si la economía mundial prospera o se paraliza. Pero Moderna está haciendo precisamente eso”, afirmó Diana Kearney, asesora legal y de defensa de los accionistas de la organización Oxfam America. Kearney hizo estas afirmaciones en un comunicado que acompaña la demanda que presentó Oxfam esta semana ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, SEC, por sus siglas en inglés. El argumento central de la demanda presentada por Oxfam ante la SEC es una disputa que existe entre Moderna y los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos. En julio, Moderna presentó una solicitud de patente para la vacuna contra la Covid-19 que solo menciona a los científicos que trabajan para la empresa, pero los Institutos Nacionales de Salud alegan que tres de sus propios científicos —John Mascola, Barney Graham y Kizzmekia Corbett—, financiados con fondos públicos, desempeñaron un papel clave en el descubrimiento de la vacuna. Si el Gobierno de Estados Unidos logra demostrar que tiene derechos sobre la patente, Moderna perdería cierto control sobre cómo se fabrica y distribuye la vacuna.
Oxfam compró acciones de Moderna y, por lo tanto, tiene derechos de accionista. Como empresa que cotiza en bolsa, Moderna debe presentar documentos exhaustivos a la SEC e informar a sus inversores y a la población sobre las finanzas de la empresa, además de explicar los riesgos a los que se enfrenta. En su demanda, Oxfam alega que Moderna ha estado mintiendo sobre la gravedad del conflicto de patentes que tiene con los Institutos Nacionales de Salud y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, y está ocultando un proceso legal pendiente que podría causar una caída significativa en el precio de sus acciones.
El uso estratégico del derecho bursátil por parte de Oxfam es parte de una estrategia más amplia para lograr la equidad en el acceso a las vacunas. Se trata de la Alianza Vacunas para el Pueblo, una coalición mundial que reclama que el desarrollo de las vacunas contra la COVID-19 sea considerado como un bien común, y que estas sean distribuidas de manera justa a todos, en todas partes y de forma gratuita. Achal Prabhala, coordinador de AccessIBSA, una organización que promueve el acceso a medicamentos en India, Brasil y Sudáfrica, es uno de los referentes clave de la campaña.
En conversación con Democracy Now!, Prabhala expresó: “A menos que algo cambie drásticamente en el suministro de vacunas, estamos condenados a repetir estos terribles ciclos de olas, contagios e incertidumbre”. Prabhala es coautor de un reciente informe de AccessIBSA y Médicos sin Fronteras, donde se precisa que existen más de 120 fabricantes en Asia, África y América Latina con los requisitos técnicos y los estándares de calidad necesarios para fabricar una vacuna de ARNm.
Al respecto, Prabhala explicó: “Si la tecnología de ARNm que Pfizer, BioNTech y Moderna han desarrollado e implementado… se compartiera con cierto número de estas 120 empresas, podríamos vacunar al mundo en aproximadamente seis meses. No es teórico. De hecho, se basa en un modelo de asociación que empresas como Moderna tienen con fabricantes muy similares, excepto que están ubicados en España en lugar de Bangladesh, Senegal o Túnez”.
Según los datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud, más de dos tercios de las personas en países de altos ingresos han recibido al menos una dosis de la vacuna contra la COVID-19, mientras que en los países de bajos ingresos, menos de una décima parte de la población ha recibido una dosis. Todavía hay países, principalmente en África, donde la tasa de vacunación es igual o menor al uno por ciento.
Prabhala afirmó: “[El levantamiento de las restricciones de las patentes] reduce el dominio de Moderna, Pfizer y BioNTech sobre estas vacunas y socava las exorbitantes decenas de miles de millones de dólares de ganancias e ingresos que pueden obtener vendiéndoles las vacunas a los países pobres en los próximos años, una vez que hayan terminado con los países ricos”. Achal ofrece una solución: “El presidente Biden puede llevar a Moderna a la Casa Blanca, sentar a sus ejecutivos a la mesa, decirles que tenemos leyes que pueden obligarlos a hacer lo que les pedimos que hagan, pero que preferimos que simplemente lo hagan, encontrarle la vuelta al acuerdo y luego dar por cerrado el asunto y atribuirse el mérito de vacunar al mundo”.
Vacunar al mundo es la forma de salir de esta pandemia. Nadie estará a salvo hasta que todos estemos a salvo.
(Tomado de Rebelión)

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EEUU: líderes religiosos instan a Biden a aprobar una legislación que refuerce el derecho al voto

Unos 800 líderes religiosos enviaron una carta al presidente Joe Biden y a los demócratas del Senado de EE.UU. en la que instan a aprobar una legislación que refuerce el derecho al voto, lo que describieron como la “prioridad uno” para el inicio del año entrante.La preocupación parte del hecho de que una iniciativa previa en ese sentido se estancó en el Senado.“No podemos ser más claros: deben actuar ahora para proteger la libertad de voto de todos los estadounidenses sin interferencias y con la confianza de que su voto será contado y respetado”, dijeron los líderes religiosos, en cuya opinión “la aprobación de una legislación integral sobre el derecho al voto debe ser la prioridad número uno de la administración y el Congreso”.La carta, que inicialmente estaba dirigida solo al actual mandatario y a los demócratas del Senado, luego se amplió para convertirse en un llamamiento para toda la Cámara. La misma se produce cuando los líderes de derechos civiles y los miembros del Concilio Negro del Congreso están aumentando la presión sobre la administración Biden para que apruebe una legislación sobre el derecho al voto, después de que los republicanos bloquearon dos medidas lideradas por los demócratas.La presidenta del Concilio Negro del Congreso, la representante Joyce Beatty, demócrata por Ohio, regresó a Washington el miércoles para sostener una reunión de emergencia con otros miembros del concilio, dijo a la cadena CNN una fuente familiarizada con la planificación del encuentro.El impulso de los líderes religiosos se produce una semana después de que la familia de Martin Luther King Jr. pidiera un “no celebración” del Día de MLK, un feriado federal el tercer lunes de enero que conmemora el cumpleaños del ícono de los derechos civiles, tras no haberse aprobado aún una nueva legislación sobre el voto. También sigue a otro esfuerzo de un grupo de jóvenes estadounidenses que realizaron una huelga de hambre de 15 días para exigir acciones sobre el tema, que terminó a principios de esta semana.[embedded content]El esfuerzo surge tras la experiencia de las pasadas elecciones presidenciales, cuando la administración del expresidente Donald Trump fue acusada de dificultar el voto de las minorías ya fuera con el cambio de reglas de identificación del elector, que borrando listados de electores en barrios eminentemente negros o hispanos y con la contestación de las credenciales políticas de los postulantes.PublicidadMartin Luther King III y su esposa, Andrea Waters King, dieron cuerpo a la carta junto con varias organizaciones religiosas. La Coalición del Clero Cristiano Afroamericano, Bend the Arc, Acción Judía y Fe en la Vida Pública entre otros, se hallan entre sus promotores.Los líderes religiosos que firmaron la carta provienen de tradiciones musulmanas, cristianas y judías, incluido el reverendo canónigo Leonard L.Hamlin Sr., de la Catedral Nacional de Washington, el rabino Danya Ruttenberg, del Consejo Nacional de Mujeres Judías, y el rabino Charles Kroloff, expresidente de la Conferencia Central de Rabinos Americanos.“Deberíamos estar en una fase de expansión, protección y preservación del derecho al voto y es por eso que la reparación llegará al gobierno federal”, dijo Martin Luther King III a la CNN, y señaló que se han presentado más de 30 proyectos de ley que restringen la votación en las legislaturas estatales.Los líderes también instaron a la aprobación de la Ley de Promoción de los Derechos Electorales ‘John Lewis’ y la Ley de Libertad de Voto, los dos proyectos de ley que los republicanos del Senado han bloqueado, argumentando que “nada, incluido el obstruccionismo” debería interponerse en el camino de las medidas.“Creemos que el obstruccionismo debe ser abolido”, enfatizó King y agregó que se ha utilizado para bloquear medidas clave como la legislación contra los linchamientos y la legislación de derechos civiles.“Esta reliquia tiene que desaparecer. Es realmente lamentable que tengamos que tener esta discusión esta vez. Esto ya debería haberse hecho”, señaló.

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Estados Unidos congela ayuda no humanitaria y no comercial a varios países, incluido Cuba

La Casa Blanca anunció recientemente que no ofrecerá ayuda no humanitaria o no relacionada con el comercio durante el próximo año fiscal, al tiempo que se opondrá al otorgamiento de préstamos internacionales por esos conceptos, a varios países, incluido Cuba.Washington “no proporcionará asistencia no humanitaria, no relacionada con el comercio ni permitirá fondos para la participación en programas educativos y de intercambio cultural para funcionarios o empleados de los Gobiernos de Cuba, la República Popular Democrática de Corea, Eritrea, Nicaragua, Rusia y Siria” entre octubre de 2021 y septiembre de 2022, se lee en el memorando presidencial dirigido al secretario de Estado, Antony Blinken.
Según el comunicado del presidente estadounidense, las sanciones responden a que estos países no hacen “lo suficiente” para combatir el tráfico de personas y la medida se mantendrá en vigor “hasta que dichos Gobiernos cumplan con los estándares mínimos” de la Ley de Protección de Víctimas de Trata “o hagan esfuerzos significativos para cumplir con los estándares mínimos”.
Biden orientó a los representantes de los Estados Unidos en cada banco multilateral de desarrollo que “voten en contra y hagan todo lo posible para denegar cualquier préstamo u otra utilización de los fondos de la institución” que no estén dirigidos a lo que ellos consideren “ayuda humanitaria”, “ayuda comercial” o “ayuda para el desarrollo”.
Washington sanciona con esta directriz a Afganistán, Birmania, China, Cuba, la República Popular Democrática de Corea, Eritrea, Irán, Nicaragua, Rusia y Siria.
Por otra parte, el presidente de EE.UU. determinó que no se suministrará “asistencia no humanitaria y no relacionada con el comercio” a Afganistán, Birmania, China, Comoras, Guinea-Bissau, Irán y Sudán del Sur.
Agencias de información apuntan que quedaron excluidos de esas medidas, por “interés nacional”, Argelia, Malasia, Turkmenistán y Venezuela.
En el caso de Rusia y Eritrea, se concedió una “exención parcial” que permite la financiación de programas educativos y de intercambio cultural dirigidos a funcionarios o empleados de sus Gobiernos.
(Con información de agencias)

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Joe Biden congela fondos de ayuda no humanitaria y no comercial para Cuba

MADRID, España.- Estados Unidos no permitirá fondos para la participación en programas educativos y de intercambio cultural de funcionarios o empleados del gobierno de Cuba, anunció el presidente Joe Biden a través de un memorándum publicado este martes. 
De acuerdo a lo dispuesto en la sección 110 (d) (1) (A) (ii) de la Ley de protección de las víctimas de la trata, tampoco proporcionará asistencia no humanitaria y no relacionada con el comercio, precisa el documento. 
La determinación presidencial, tomada a partir de los esfuerzos de gobiernos extranjeros en relación con la trata de personas, también excluye de esta ayuda a la República Popular Democrática, Eritrea, Nicaragua, Rusia y Siria para el año fiscal 2022.
Además, Biden instruyó a directores ejecutivos de Estados Unidos que trabajan en Bancos de Desarrollo multilaterales, así como en el Fondo Monetario Internacional, que “voten en contra y hagan todo lo posible para denegar cualquier préstamo u otra utilización de los fondos de la institución” que no esté dirigido a asistencia humanitaria, relacionada con el comercio o ayuda para el desarrollo de dichos países.
La medida permanecerá en vigor hasta que los mencionados gobiernos cumplan con los estándares mínimos de la Ley o hagan esfuerzos significativos para cumplirlos, señaló Biden.
El reporte sobre tráfico de personas en 2021, presentado el pasado julio por la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado de Estados Unidos, señaló que el gobierno de Cuba no cumple plenamente con los estándares mínimos para la eliminación de la trata de personas.
El documento reflejó que “las preocupaciones sobre la trata de personas en Cuba se dividen en dos categorías amplias: trata sexual y trabajo forzoso, y programas de exportación de mano de obra patrocinados por el gobierno”.
En Cuba existe “una política gubernamental o un patrón de gobierno para beneficiarse de los programas de exportación de mano de obra con fuertes indicios de trabajo forzoso, particularmente su programa de misiones médicas en el extranjero”, denunció Estados Unidos.
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Las promesas rotas de Biden

Durante la campaña presidencial estadounidense de 2020, todos y cada uno de los candidatos demócratas prometieron un cambio de política hacia Cuba. Un año después de la victoria electoral de Joe Biden, la relación bilateral es aún peor y la retórica de los demócratas en el poder parece emular a las administraciones republicanas. Nuevamente los intereses electorales pesan más que los valores que presume la Casa Blanca en su relación con la Isla.
Millones de cubanos sufren una crisis económica y humanitaria comparable con las secuelas del derrumbe soviético a inicios de los noventa. A pesar del alto volumen de propaganda política, narrativas simplistas y desinformación, la evidencia apunta a una crisis creada por tres actores principales: la pandemia global, el gobierno cubano y las administraciones Trump-Biden.
Esta situación de responsabilidades compartidas pocas veces se analiza en su complejidad en la esfera pública cubana, cada día más partidista y polarizada. Mucho menos se reconoce así en la retórica de ambos gobiernos, siempre gustosos de culpar al otro de todos los males en la Isla.
Durante la primera mitad de este año, la Casa Blanca se sintió cómoda al seguir provocando miseria económica a los cubanos. Con esa actitud evadía enojar a los cubanoamericanos que apoyaron las políticas trumpistas y reinstauraba la dinámica de confrontación que el presidente Obama había condenado. Se utilizaron las consecuencias socioeconómicas de la pandemia en su política de cambio de régimen hacia la Isla y no hubo un ofrecimiento incondicional de ayuda humanitaria. Fue una oportunidad perdida y un fallo de empatía de enormes proporciones.
El estallido del 11 de julio fue el grito desesperado de los cubanos a una crisis nacional en la que la política de Estados Unidos también tiene responsabilidad. Las declaraciones posteriores del Departamento de Estado y las sanciones que han aplicado desde entonces dejan claro que sí hay tiempo para Cuba en su lista de prioridades, pero que prefieren regodearse en la retórica hostil y aplicar sanciones simbólicas que tienen cero efecto en los gobernantes cubanos, con tal de emocionar al electorado de la Florida. Es el mismo manual que escribió el trumpismo para Cuba, salvo que sus sanciones no solo eran simbólicas sino muy reales y hoy siguen vigentes con la complicidad demócrata.
Poner en pausa la revisión de las políticas del trumpismo, en la práctica significa contribuir a la miseria de este pueblo. Joe Biden puede priorizar los intereses de la comunidad radical de la Florida, siempre deseosa de sacrificar a sus coterráneos, o mostrar empatía con millones de cubanos en la Isla; pero no puede hacer ambas cosas a la vez.
Joseph Robinette Biden Jr., 46 presidente de Estados Unidos. (Imagen: Left Voice)
Si algo han demostrado los últimos siete años, es que hay un sector de emigrados que se acomodan a la política oficial de Estados Unidos hacia Cuba, más cuando perciben que esta provoca cambios en la inercia bilateral. Que la Casa Blanca renuncie a dictar los términos de su relación con la isla y la entregue al antojo de congresistas y senadores cubanoamericanos, indica falta de iniciativa propia.
Varias encuestas realizadas en Cuba develan consenso en la condena a las sanciones estadounidenses. Algunos medios y actores radicales intentan ocultar esta realidad a través de acciones de agitación política y propaganda que influyan en la Casa Blanca, al parecer con éxito.
La Joven Cuba dirigió una carta abierta al presidente Biden en febrero de este año que insiste en el carácter contraproducente de las sanciones. Entre los firmantes hay varios líderes opositores. En vísperas de las protestas anunciadas para el pasado 15 de noviembre, en entrevista con el líder del grupo Archipiélago Yunior García, este recalcó que las sanciones «afectan a la familia cubana, a los emprendedores y al pueblo en general». Las autoridades estadounidenses hicieron caso omiso a esas declaraciones, seleccionando los reclamos de su interés y silenciando los que son críticos con su política exterior.
Existe poca evidencia que sustente un compromiso real de Estados Unidos con la democracia en Cuba. En su lugar ha prevalecido el empoderamiento de sectores afines a los intereses de Washington en la Isla, los cubanos favoritos, como si el resto no lo fueran. Este comportamiento selectivo es similar al que aplica el gobierno cubano, siempre visibilizando los intereses de sus seguidores y silenciando al resto.
El respeto a la democracia, la voluntad de la mayoría y las decisiones por consenso, se ven constantemente socavados por ambos gobiernos y sus políticas poseen efecto polarizador en la sociedad insular. Cuba no necesita padrinazgos y el estadounidense es el menos apropiado después de una historia de intervenciones de todo tipo en nuestro país. Si buscáramos modelos democráticos tampoco sería el estadounidense, defectuoso como han demostrado los últimos años de su política doméstica. No necesitamos que guíen a nuestra sociedad civil, que cada día se organiza más para, en nuestros términos, lograr cambios democráticos. Lo que necesitamos es que dejen de convertir a nuestro pueblo en el daño colateral de una pelea entre gobiernos.
Esta administración demócrata ha escogido priorizar sus intereses por encima de sus valores; nuestro pueblo ya la juzga en consecuencia. No es tarde para emprender un nuevo camino, como hizo Obama. Hasta ahora nuestro diagnóstico del primer año de gobierno de Biden es sencillo: mucho oportunismo político, poco coraje moral y falta de empatía con millones de compatriotas en la Isla.

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EEUU: Biden da negativo a la COVID-19 tras viajar con un funcionario infectado

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dio negativo por COVID-19 este lunes, tras someterse a un test después de que un miembro de nivel medio de su Gobierno resultara positivo luego de haber viajado en el avión presidencial, informó la Casa Blanca.La secretaria de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló en un comunicado que el funcionario, completamente vacunado y con su refuerzo, había pasado aproximadamente 30 minutos cerca del gobernante en el Air Force One mientras viajaba de Orange (Carolina del Sur) hacia Filadelfia, en Pensilvania.Folks, Omicron cases are on the rise in the United States. I want to give you all a sense of where we are and what we know.— President Biden (@POTUS) December 21, 2021La portavoz afirmó que es “de interés para el público” saber si se considera que el presidente, su vicepresidenta, Kamala Harris, así como la primera dama y el segundo caballero “han estado en estrecho contacto con un funcionario de la Casa Blanca que posteriormente da positivo por COVID”.Psaki puntualizó que la persona –“que no tiene contacto habitual con el presidente”- dio negativo en la prueba exigida a todos los viajeros antes de subir a la aeronave presidencial y no fue hasta el domingo cuando empezó a experimentar los síntomas.Este lunes, el funcionario cuya identidad no fue revelada recibió un resultado positivo, agregó la nota.  La portavoz indicó que, como parte de las pruebas periódicas a las que somete el presidente, dio negativo el domingo en un test de antígenos.Pero, «después de ser notificado del resultado positivo» del miembro del personal, se sometió a una prueba PCR “y dio negativo”. “Se le volverá a hacer la prueba el miércoles”, añadió Psaki, quien apuntó que Biden continuará con su agenda diaria.Alarma en Nueva York por expansión de ÓmicronPublicidadSegún los datos publicados este lunes por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés), ómicron ya es la variante del coronavirus que más contagia en Estados Unidos, donde entre los pasados 12 y 18 de diciembre supuso el 73.2 % de los nuevos casos.Ante el aumento de los casos y las hospitalizaciones en las últimas semanas, algunas ciudades del país han anunciado nuevas restricciones, entre ellas el requisito de llevar mascarilla facial en lugares públicos cerrados.

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EE.UU. enfrenta nuevamente complejo escenario por la covid-19

Estados Unidos otra vez con complejo escenario sanitario por la covid-19. Foto: Prensa Latina.El Gobierno de Joe Biden vuelve a enfrentar un complejo escenario sanitario ante la expansión en Estados Unidos de la variante ómicron del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la covid-19, y problemas relacionados con la vacunación.
Anoche, una corte federal de apelaciones restableció el mandato de inmunización o pruebas de covid-19 para empresas con al menos 100 empleados, “medida que afecta a decenas de millones de trabajadores en toda la nación norteña”, reporta el diario The Hill.
La decisión se produce después de que la administración de Biden le pidiera a fines de noviembre a una corte con sede en Cincinnati que restableciera su mandato de vacunas en el lugar de trabajo, el cual había sido bloqueado por una orden judicial.
Poco después de que la Corte de Apelaciones para el Sexto Circuito restableciera ese mandato, los detractores de la medida aseguraron que acudirían a la Corte Suprema para suspenderlo nuevamente.
Biden enfrenta varias batallas judiciales para hacer cumplir mandatos federales de vacunación contra la covid-19, mientras “persisten tendencias conservadoras hostiles al enfoque de exigir inmunización en centros laborales”, señala la cadena televisiva CNN.
Ahora se espera que la Corte Suprema tenga la última palabra sobre la exigencia de vacunas en algunos sectores por parte del Gobierno federal.
En tanto, medios locales de prensa indican que el número de enfermos y hospitalizaciones se encuentra al alza en numerosas regiones de Estados Unidos.
Según alertó el doctor Anthony Fauci, asesor de la Casa Blanca para cuestiones epidemiológicas, la variante ómicron avanza de forma rápida y probablemente domine el país en pocas semanas.
Asimismo, el experto advirtió sobre la posibilidad de que los hospitales se vean sobrecargados nuevamente este invierno, aunque quienes están vacunados y con dosis de refuerzo se encuentran “relativamente bien protegidos, al menos contra enfermedades graves”.
La situación no solo se debe a la propagación de ómicron, precisó Fauci, sino a la presencia de la variante delta, responsable en estos momentos por 120 000 casos y alrededor de 1000 muertes por día en Estados Unidos.
(Con información de Prensa Latina)

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Joe Biden incumple promesa hacia Cuba, publican en México

La Jornada inserta una información de su corresponsal en Nueva York, David Brooks, quien describe que ante esa situación un número creciente de legisladores demócratas, instan a la Casa Blanca a renovar la normalización de las relaciones con La Habana
Biden incumplió su promesa de mejorar las relaciones con Cuba. (Foto: PL)

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Legisladores de Estados Unidos echaron en cara al presidente Joe Biden que incumplió su promesa de mejorar las relaciones con Cuba, informa este 17 de diciembre en un cintillo el diario mexicano La Jornada.

El periódico inserta una información de su corresponsal en Nueva York, David Brooks, quien describe que ante esa situación un número creciente de legisladores demócratas junto a exfuncionarios y expertos, instan a la Casa Blanca a renovar la normalización de las relaciones con La Habana.

Recuerdan que esta se promovió cuando él era vicepresidente con el entonces presidente Barack Obama.

Señala que 114 legisladores demócratas -más de la cuarta parte de la cámara baja- enviaron una carta a Biden este jueves en la que expresan: “apoyamos una política de compromiso diplomático con Cuba que permita avanzar hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”.

“Le instamos a que adopte medidas humanitarias inmediatas -como Naciones Unidas han instado en repetidas ocasiones- para suspender las regulaciones estadounidenses que impiden que alimentos, medicinas y otra ayuda humanitaria lleguen al pueblo cubano”, agregan.

Brooks señala que el grupo de legisladores encabezado por cuatro presidentes de influyentes comités o subcomités -James McGovern del Comité de Reglas, Gregory Meeks del comité de Asuntos Exteriores, Barbara Lee de un subcomité de Apropiaciones y Bobby Rush de un subcomité de Energía y Comercio- también pidieron la eliminación de una amplia gama de restricciones que afectan a Cuba.

Citan entre ellas las relacionadas con el envío de asistencia, medicina, el traslado de remesas, las que limitan viajes a Cuba y muchas otras impuestas o ajustadas por el anterior gobierno de Donald Trump.

También solicitan que Cuba sea removida de la lista de “Estados Patrocinadores del Terrorismo”, tal como lo hizo Obama en su momento. Subrayan, agrega Brooks, que una política de acercamiento con Cuba sirve a los intereses de Estados Unidos y del pueblo cubano.

Debería, sostiene, conducir a un esfuerzo más amplio hacia la normalización de las relaciones entre ambos países, incluyendo el restablecimiento de diálogo diplomático a niveles superiores, así como la reposición del personal de las respectivas embajadas.

Figuran entre los firmantes de la carta los mexicano-estadounidenses Raúl Grijalva, Jesús Chuy García, Verónica Escobar y Joaquín Castro.

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Un centenar de congresistas demócratas piden a Biden restablecer el diálogo con Cuba

Este jueves, un centenar de congresistas demócratas enviaron una carta al presidente Joe Biden en la que piden restablecer el diálogo con Cuba, abordar las necesidades humanitarias y avanzar en la normalización de las relaciones con La Habana, profundamente afectadas tras las medidas restrictivas del expresidente Donald Trump a la política de deshielo de Barack Obama.“La situación humanitaria actual en Cuba es cada vez más grave en cuanto a la escasez de bienes y alimentos así como la disminución al acceso a los suministros médicos en medio de la pandemia de COVID-19. Le instamos a que tome medidas humanitarias inmediatas –tal y como le ha instado Naciones Unidas en repetidas ocasiones– para suspender las regulaciones estadounidenses que impiden que los alimentos, las medicinas y otras ayudas humanitarias lleguen al pueblo cubano”, pidieron a Biden los congresistas, 114 en total.“También apoyamos un cambio más amplio que permita profundizar el compromiso con Cuba y avanzar hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”, añade el documento.NEWS: 114 Members of Congress, including 18 committee chairs—led by @RepGregoryMeeks @RepBarbaraLee @RepBobbyRush and me—are calling for @POTUS Biden to support the human rights and humanitarian needs of the Cuban people. Read our letter here: https://t.co/YroVgcxSSq— Rep. Jim McGovern (@RepMcGovern) December 16, 2021La misiva ha sido enviada en la víspera del séptimo aniversario de las declaraciones de los expresidentes, el cubano Raúl Castro y el estadounidense Barack Obama, con las que se inició el proceso de normalización de las relaciones bilaterales, el 17 de diciembre de 2014. A mediados del año siguiente se abrieron las embajadas en las dos capitales, en medio de varias rondas de diálogo y firmas de acuerdos y memorandos.“Instamos a su administración a eliminar las licencias específicas requeridas para enviar suministros médicos, como kits de prueba y dispositivos respiratorios, a Cuba. También pedimos que la administración levante todas las restricciones a las transacciones bancarias y financieras relacionadas con la ayuda humanitaria y suspenda la verificación del uso final”, sostienen los congresistas firmantes, más de la mitad de los demócratas de la Cámara de Representantes.“Si bien el embargo permite el envío de ayuda humanitaria, en la práctica, los requisitos de licencia, la verificación del uso final, las restricciones al sector bancario y el temor a infringir sin saberlo las leyes estadounidenses complican gravemente el envío de ayuda humanitaria a Cuba, desde otros países y de Estados Unidos”, afirma la carta.Y subraya: “Le pedimos que elimine todas las restricciones sobre las remesas familiares, permitiendo que los cubanoamericanos ayuden a sus familias y mejoren su nivel de vida, y las restricciones sobre las remesas no familiares (donadas), permitiendo que las organizaciones sin fines de lucro y los grupos religiosos brinden asistencia humanitaria y envíen capital para los empresarios cubanos y la sociedad civil”.Publicidad“Todavía estamos esperando acciones basadas en las recomendaciones del Grupo de Trabajo de Remesas que estableció a raíz de las protestas del 11 de julio, encargado de acelerar una revisión dentro de 30 días de cómo enviar remesas directamente al pueblo cubano”, recuerdan los representantes demócratas.[embedded content]“A pesar de las preocupaciones de que el gobierno de Cuba obtenga ingresos de las remesas, el gobierno capta menos ingresos de las remesas que en el pasado debido a los cambios iniciados en julio de 2020 y gran parte de los ingresos del gobierno de las remesas se canaliza a las importaciones de alimentos, combustibles y bienes esenciales para los cubanos que no tienen familia en el extranjero, muchos de ellos en comunidades marginadas”, continúa la misiva.“Además, el gobierno de Estados Unidos no restringe las remesas a la mayoría de los países objeto de las sanciones. Por ejemplo, su administración reinició el flujo de remesas a través de Western Union a Afganistán, y (desde) la semana pasada permite las remesas personales y familiares a través de instituciones financieras, lo que demuestra que es consciente de la importancia que tienen los canales de remesas para los países que enfrentan crisis humanitarias y económicas”, añade.La carta es firmada, entre otros, por los congresistas Bárbara Lee, James P. McGovern, Gregory Meeks y Bobby Rush. Esta iniciativa no ha sido correspondida hasta ahora en el Senado, mientras la Casa Blanca tampoco ha emitido comentarios al respecto.“La política de la administración Obama hacia Cuba fue muy popular, no sólo entre los estadounidenses en general, sino también dentro de la comunidad cubanoamericana”, señaló, por su parte, dijo Angelica Salazar de ACERE, la Alianza para el Compromiso y el Respeto a Cuba, un grupo de solidaridad que busca poner fin al bloqueo a Cuba.“Esta carta es un avance importante en el Capitolio y esperamos que estimule al presidente Biden a cumplir su promesa de campaña de normalizar las relaciones con Cuba”, consideró la activista.114 miembros del Congreso instan al Presidente Biden a abordar las necesidades humanitarias y a restablecer el diálogo constructivo con Cuba

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Más de 100 congresistas de EE.UU. piden a Biden una política diferente hacia Cuba

114 miembros del Congreso instan al Presidente Biden a abordar las necesidades humanitarias y a restablecer el diálogo constructivo con Cuba
Más de la mitad de los demócratas de la Cámara de Representantes exigieron la restauración del camino hacia la normalización y la anulación de las políticas y sanciones de Trump. (Foto: PL)

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Un total de 114 congresistas demócratas enviaron una carta al presidente estadounidense, Joe Biden, para exigir una política hacia Cuba diferente, que priorice el bienestar del pueblo cubano.

En la misiva, respaldada por los jefes de 18 comités de la Cámara Baja, solicitan al mandatario establecer su propia estrategia respecto a la isla y abandonar la línea del expresidente Donald Trump (2017-2021), quien reforzó el bloqueo con 243 medidas adicionales aún vigentes.

Los legisladores resaltan que es necesario un cambio urgente debido a la escasez de alimentos, suministros médicos y productos de primera necesidad en la nación antillana en medio de la pandemia de Covid-19.

Los parlamentarios también piden que la administración levante todas las restricciones a las transacciones bancarias y financieras, así como a las remesas familiares y de otro tipo con el fin de contribuir a mejorar el nivel de vida de los cubanos.

Si bien las regulaciones permiten el envío de ayuda humanitaria, en la práctica los requisitos de licencia, la verificación del uso final, las restricciones al sector bancario y el temor de infringir sin saberlo las leyes estadounidenses complican gravemente el envío de ayuda a la isla, afirma el texto.

Igualmente se refirieron a los obstáculos para que los estadounidenses viajen a la nación antillana, cuya flexibilización aumentaría el flujo de suministros humanitarios y la distribución de dinero y bienes enviados directamente a manos de los cubanos.

Los demócratas firmantes recordaron que Cuba fue eliminada de la lista de Estado Patrocinador del Terrorismo en 2015, sin embargo, la administración Trump no citó ningún hecho nuevo para justificar su decisión de reincorporar a la isla durante los últimos días de su mandato.

Por lo tanto, recomendaron al Departamento de Estado hacer una nueva revisión que permita sacar a La Habana de esa lista unilateral que dificulta tanto las relaciones bilaterales como la compra o recepción de bienes.

Además, los congresistas dejaron claro que más allá de eliminar sanciones apoyan un cambio más integral para avanzar hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Para eso llamaron a Biden a permitir la dotación de personal de las respectivas embajadas, que “no solo sería un gesto de buena fe”, sino que contribuiría a una migración segura y ordenada de los cubanos interesados en hacerlo, quienes ahora ponen en peligro sus vidas para llegar al país norteño.

De igual manera, instaron a reanudar la cooperación en áreas clave de interés mutuo, como migración, respuesta a desastres, medio ambiente, lucha contra el narcotráfico y el lavado de dinero, así como iniciar diálogos para enfrentar la Covid-19 y futuras pandemias también son esenciales.

Finalmente, los políticos subrayan que la protección de los derechos humanos en Cuba y los intereses estadounidenses se benefician con mejores relaciones en lugar de un aislamiento unilateral, que ha demostrado ser una “política fallida”.

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114 miembros del Congreso piden al presidente Biden abordar las necesidades humanitarias y restablecer el diálogo constructivo con Cuba

Foto: Getty Images114 miembros del Congreso, encabezados por los representantes Jim McGovern (MA), Barbara Lee (CA), Bobby Rush (IL) y el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Gregory Meeks (NY), enviaron una carta al presidente Biden en la que le piden que impulse una política estadounidense hacia Cuba que aborde las necesidades humanitarias, la crisis económica y el compromiso en áreas de interés mutuo.
En vísperas del 17 de diciembre – el séptimo aniversario del restablecimiento de relaciones entre EEUU y Cuba – más de la mitad de los demócratas de la Cámara de Representantes exigieron la restauración del camino hacia la normalización y la anulación de las políticas y sanciones de Trump.
“La situación humanitaria actual en Cuba es cada vez más grave en cuanto a la escasez de bienes y alimentos así como la disminución al acceso a los suministros médicos en medio de la pandemia de COVID-19. Le instamos a que tome medidas humanitarias inmediatas -tal y como le ha instado Naciones Unidas en repetidas ocasiones- para suspender las regulaciones estadounidenses que impiden que los alimentos, las medicinas y otras ayudas humanitarias lleguen al pueblo cubano. También apoyamos un cambio más amplio que permita profundizar el compromiso con Cuba y avanzar hacia la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba”, dice la carta.
Los representantes señalan que los complicados procesos para la obtención de licencias y verificación del uso final impiden la capacidad de enviar o vender suministros médicos a la nación isleña. Además, sigue vigente la política de la administración Trump de restringir las remesas familiares, lo cual impide a los cubanoamericanos ayudar a sus propias familias durante la pandemia.
“La ‘campaña de máxima presión’ de Trump sigue vigente, con restricciones en cuanto a las remesas y viajes, sanciones a las industrias bancarias y turísticas, y la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Es alentador que los demócratas en el Congreso estén presionando a la administración Biden para que corrija estos errores”, dijo la cofundadora de CODEPINK, Medea Benjamin.
Los representantes piden un compromiso bilateral en materia de migración, medio ambiente, seguridad y salud. También señalan que las comunicaciones y el acceso a Internet aumentaron como resultado directo de la política de compromiso bajo la administración Obama-Biden.
“La política de la administración Obama hacia Cuba fue muy popular, no sólo entre los estadounidenses en general, sino también dentro de la comunidad cubanoamericana. Esta carta es un avance importante en el Capitolio y esperamos que estimule al presidente Biden a cumplir su promesa de campaña de normalizar las relaciones con Cuba”, dijo Angelica Salazar de ACERE, la Alianza para el Compromiso y el Respeto a Cuba, un grupo de solidaridad que busca poner fin al bloqueo a Cuba.
A lo largo del país, organizaciones e individuos afiliadas a ACERE trabajaron incansablemente para llamar la atención de los Representantes a esta carta y alentarlos a firmar, incluyendo CODEPINK, Just Foreign Policy, Global Health Partners, Latin America Solidarity Committee, Building Relations with Cuban Labor, Solidarity Collective y Minnesota Cuba Committee.
(Tomado de Acere.org)
Vea además:
Personalidades del mundo firman carta a la comunidad internacional: Cesen el bloqueo y las acciones desestabilizadoras contra Cuba

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