Ha transcurrido poco más de un año de aquella sonada confrontación entre cineastas de la isla y representantes del gobierno y del Partido Comunista de Cuba. Una joven realizadora que estuvo en esa reunión del 19 de junio de 2023 envió hace poco al cineasta Jorge Fuentes, también participante en dicha cita, un mensaje por Facebook diciéndole algo así: “Aún sigo esperando que ocurra ese abrazo que, según usted dijo ese día, necesitábamos todos”. En opinión de Fuentes, aquel encuentro quiso ser un diálogo.
Los cineastas se habían reunido antes, el 15 de junio, en el cine 23 y 12 de la capital cubana, a raíz de un caso de censura de un documental y de otras polémicas y demandas acumuladas por años sobre la libertad de creación, la producción o la distribución, por ejemplo, la necesidad de una ley de cine para Cuba. En buena medida el encuentro era continuidad de otros similares que ocurrieron entre 2013 y 2016 también entre cineastas de diversas generaciones que llegó a reconocerse con el nombre de G-20.
“Hay que aguardar. Quizás el final ideal que yo esperaba no se produzca”, así se expresó hace un año en Facebook. ¿Cuál es ese final ideal? ¿Es posible dar continuidad al diálogo? ¿Podrán producirse resultados útiles para todas las partes?
Yo creo que la Asamblea, que es muy diversa y donde hay muchas corrientes, debe cuidarse de mantener un fuerte vínculo con la Constitución y la ley, como hasta ahora, y defender la fórmula de la unidad en la diversidad. He pasado muy buenos momentos con los jóvenes cineastas y el mensaje de la muchacha realmente me conmovió porque tal abrazo sería una manifestación de libertad que, como también he dicho, no es para nosotros sino para los que piensan diferente, un buen comienzo para el debate.
Es una lástima que las autoridades no hayan impulsado el diálogo, pienso que no quieren hacerlo y que están colmados por la idea de que lo que hay que mostrar es fuerza. No quiero inculpar ni justificar a nadie, pero estoy convencido de que los socialistas tenemos poca experiencia de diálogo y mucha experiencia en la compulsión y el discurso de poder. Tampoco la Asamblea ha estado muy dispuesta y ha querido imponer sus puntos de vista sin poner en práctica aquello que pudiéramos llamar la preparación constructiva del diálogo y la creación de condiciones para un encuentro útil. Pienso que nadie quiere ponerse de acuerdo, o no saben, o no pueden. Ha faltado, quizás, la altura intelectual a la que el hecho obliga y se ha perdido una oportunidad de dilucidar viejos problemas: quitarnos de encima el lastre de la censura, que no es sólo política y cuando lo es, se esconde en la sombra del desconocimiento, la incultura y la costumbre rectoral. Al mismo tiempo, saltar obstáculos financieros e industriales son mucho más difíciles en la actual situación.
Es posible que aprendamos más a partir de esta experiencia, porque la Asamblea existirá mientras existan los problemas que la originaron y mientras no escuchemos criterios, ni propuestas de soluciones, ni incorporemos las inteligencias que en ella se reúnen al trabajo cotidiano y a la creación cinematográfica. Tomará esta forma o la otra, pero ahí estará, hasta que sepamos separar lo que es menor y lo que es asunto. Ojalá pueda verlo.
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Jorge Fuentes se acerca a los 80 años. Nació en 1945 en La Habana. Ha dedicado su vida al cine, aunque también ha sido periodista, poeta, escritor y combatiente internacionalista. Su primera pieza audiovisual es de 1971, Cuantro poemas a Abel, y la produjo con los Estudios Fímicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), donde trabajó 20 años.
En ese corto de 7 minutos, un jovensísimo Pablo Milanés pasea en un quitrín y se detiene en calles y lugares públicos de La Habana mientras canta poemas de Pablo Armando Fernández, tomados de su Libro de los héroes y musicalizados por el trovador. “No sabía que estaba haciendo un videoclip. Pude realizar esa y otras películas de contenidos no estrictamente militares, gracias al surgimiento de la Asociación Patriótica Militar que propició la ampliación de los temas en la Fílmica de las FAR”.
Más conocido por las series de TV La Gran Rebelión (1982) y Cabinda(1988), Fuentes ha desarrollado además una larga carrera como profesor en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual, el Instituto Superior de Arte, y en varias universidades y escuelas de cine de EE.UU., Europa y América Latina y el Caribe, particularmente en Bolivia, país al que considera su “segunda patria”.
Probablemente esa mezcla de cineasta, poeta y educador hicieron de su intervención durante el encuentro en el cine Chaplin en 2023 uno de los momentos de mayor lucidez. “Fueron fuertes y honestas sus palabras”, me contó horas después de la cita una editora de 30 años. Y ahora, en una de estas lluviosas tardes entre junio y julio de 2024 Fuentes me convoca a releer su propia versión de aquellas reflexiones, posteadas de inmediato por él mismo en Facebook:
“(…) dije en la memorable asamblea del cine Chaplin que a mí lo que realmente me preocupaba era el socialismo. Porque creo que la gran prueba del socialismo, desde que se convirtió en algo concreto en 1917 y aún antes, cuando todavía era un embrión teórico, es el asunto de la democracia, convertirse en un régimen de derecho. No cederle al capitalismo lo que le pertenece. No me canso de repetir que el socialismo está más necesitado de la democracia que el capitalismo y que este último, incluso, puede prescindir de ella y lo ha hecho incontables veces. Si el socialismo no asume las libertades democráticas como principio inviolable y se convierte en una sociedad de derecho, inalienable e indiscutible, apoyada en el consenso y no en la compulsión, sea esta moral o no, será cada vez menos sostenible (…) Dije también que en un país donde es difícil el desayuno, el almuerzo, la comida y una aspirina en la farmacia, es complicado hablar de libertades. Los países que más se han acercado a la libertad plena, se apoyan en la abundancia. Pero tengo la certeza de que nuestro país no puede esperar por la abundancia, para alcanzar toda la libertad, incluso aquella que llaman formal. Nadie debe olvidar que esta revolución se hizo por la libertad y ello nos obliga a luchar contra todo lo que se le oponga. Los revolucionarios podemos sentirnos libres, pero la libertad no es para nosotros, sino para los que piensan diferente (…)”.
Uno que pensaba diferente en su época fue Justo Fuentes Clavel, el padre de Jorge. En abril de 1949, a la salida de la emisora COCO donde dirigía el programa La voz de la FEU, lo acribillaron a balazos por órdenes del político y gánster Rolando Masferrer, quien llegó a ser uno de los sicarios de Batista. Justo Fuentes murió dos días después. Hay una foto del joven de 26 años mortalmente herido arropado por su amigo Fidel Castro, ya en el hospital. Era el vicepresidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, estaba a punto de graduarse de Estomatología y ya se le consideraba como uno de los fundadores del movimiento musical conocido como feeling.
Pero no es de su padre la guitarra que ocupa un espacio significativo en la pequeña sala del cineasta. Tampoco es Jorge quien la toca. El instrumento viajó desde Nueva York a La Habana en 2013 y es uno de los pocos objetos que conserva de su madre, quien emigró a esa ciudad en 1953. Rosalba Cruz cantaba boleros, pero no vivió de la música, sino de la costura en factorías neoyorkinas. Después de 1959 Jorge Fuentes y su madre también pensaban diferente en temas políticos, pero nunca faltó el abrazo entre ellos.
“La familia de mi madre pasó mucha hambre en La Habana, vivían 15 o 16 en un cuarto, dormían encima de las tablas de planchar y ella se quedó huérfana desde niña. Se fue a Nueva York a buscar trabajo, y me dejó al cuidado de mi abuela paterna. Venía todos los años, estaba un mes y se iba. Para ella no tenía sentido incluirme en esa aventura, pues aquí yo estaba bien con mi abuela que tenía un taller de costura y me garantizaba una buena educación. Mi madre apenas podía enviar dinero desde EE.UU. En 1959 vino y pensó quedarse, pero tampoco encontró trabajo.