Felton, Mayarí.–La risa de Saúl Cruz es puro desafío al cansancio. También deviene antesala de una confesión que combina seriedad y humor criollo: vive bajo doble control, dice.
«Sí, aquí en la termoeléctrica respondo por el trabajo de la cuadrilla que monta los conductos de gases a la chimenea. El ingeniero jefe –se refiere a Eduardo Maceo– está pendiente de todo. Y al regresar a mi casa, después de 12 o 13 horas de trabajo, mi esposa me pregunta sobre los avances que hemos tenido.
«¡Ah!, los vecinos de La Italiana, en Levisa, donde vivo, se interesan por lo mismo. Pero no me incomoda responder, porque creo que los alivio cuando les cuento cómo cumplimos los pasos programados».
Lo otro es que, a semejanza de quienes lo rodean en el barrio, sufre por el calor y los mosquitos que no pueden espantar los ventiladores por causa de la falta de electricidad. «Unas veces me duermo enseguida y otras no. Eso sí, no fallo a la hora de salir para el trabajo, ni cuando ejecuto las tareas del día».
Montar y desmontar los referidos conductos no es una operación nueva para este mecánico montador y los diez hombres que lo acompañan, mientras se ejecuta el mantenimiento de la Unidad 2 de la termoeléctrica Lidio Ramón Pérez.
«Once años atrás, con un grupo de compañeros, estuve entre quienes los ensambló y montó. Ahora lo más difícil ha sido desmontarlos, por el mal estado de algunas de sus partes. Eso es muy peligroso, al trabajar a varios metros del suelo, por lo que aplicamos muchas medidas para protegernos.
«No quiere decir que el montaje sea fácil. No siempre se ha contado con todos los materiales necesarios, razón por la que se han aprovechado todas las partes en buen estado de los conductos desmontados y se han conformado algunos elementos en la misma planta. Otros componentes se han hecho en un taller de Santiago de Cuba. Todo tiene que ser bien calculado, para evitar problemas al montarlos con la ayuda de grúas».
Saúl Cruz dirige una mirada de admiración hacia el sitio donde están en plena faena dos de esos equipos. Un rato antes, al exponer detalles de las acciones en marcha, el ingeniero Eduardo Maceo ha comentado a este reportero que los segmentos de conductos ya levantados, cada uno de 11 metros de longitud y 3 552 milímetros de diámetro, pesan unas 15 toneladas o más.
Aquí somos una familia unida, añade Saúl Cruz. «Se nota en las acciones que realizamos, debido a que consultamos todos los pasos que debemos dar. Sabemos que sobre nuestra termoeléctrica están puesto casi todos los ojos del país, porque cuando concluya el mantenimiento que hacemos, mejorará la generación de electricidad, lo que representa un beneficio para todos».
Asegura que seguirá trabajando, rodilla en tierra, hasta que se cumpla el objetivo de la ofensiva en la que están inmersos. Otra vez ríe y, seguidamente, confiesa que está loco por disfrutar de las vacaciones que debió aplazar ante el llamado a restablecer la capacidad de generación de la planta.