HAVANA CLIMA

Competirán polistas cubanas en final de Liga del Danubio (+Fotos)

La Habana, 5 may (ACN) Las cubanas Mayelín Bernal y Aliannis Ramírez con el club titular de Eslovaquia, y Cecilia Díaz con el subcampeón de Serbia, concursarán de viernes a domingo en la fase final de la Liga del Danubio de Polo Acuático.

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Biden se dio cuenta de que no puede seguir ignorando a Cuba, finalmente

El presidente Joe Biden finalmente ha aprendido la lección, como cada uno de sus once predecesores tuvo que hacer a regañadientes a la hora de relacionarse con Cuba: algunos intereses de Estados Unidos solo pueden promoverse si existe un compromiso con La Habana. Luego de una revisión de política que duró quince meses, durante los que se mantuvieron las sanciones económicas draconianas del ex presidente Donald Trump, el Departamento de Estado anunció recientemente que flexibilizará las medidas que han tenido mayor impacto sobre el pueblo cubano.El cambio sobreviene en un momento en el que la migración irregular desde Cuba agrava la crisis en la frontera sur de Estados Unidos y los jefes de Estado latinoamericanos amenazan con boicotear la próxima Cumbre de las Américas si se excluye a Cuba.Las nuevas medidas de Biden no constituyen un regreso a la política de normalización del ex presidente Barack Obama. Representan una flexibilización limitada y unilateral de sanciones específicas que, en su conjunto, se parecen más a la política hacia Cuba del primer mandato de Obama que al avance histórico de restaurar las plenas relaciones diplomáticas, anunciado en diciembre de 2014. Pero tendrán un impacto enorme, mejorando el estándar de vida de millones de cubanos y reduciendo los detonantes de la migración irregular.Cuba-Estados Unidos: ¿el comienzo de un nuevo deshielo o más de lo mismo?Biden levantará las restricciones a las remesas en efectivo, que ascendían a unos 3 500 millones de dólares anuales antes de que Trump las bloqueara, y restaurará los viajes educativos de persona a persona, utilizados por más de 638 000 visitantes estadounidenses anuales hasta que Trump los suspendió. La nueva política también promete medidas financieras para facilitar el comercio entre las empresas estadounidenses y el creciente sector privado cubano, aunque el diablo estará en los detalles de las regulaciones finales.Las nuevas medidas de Biden parecen impulsadas por la confluencia de la crisis migratoria y la rebelión en América Latina ante la política estadounidense.A medida que la economía cubana se ha contraído bajo los golpes paralelos de las sanciones estadounidenses y la pandemia de la COVID-19, la migración se ha disparado. Pero desde que Trump redujo el personal de la Embajada Estados Unidos (2017), incluido el fin de los servicios consulares, la emisión de visas de inmigrantes se ha desplomado en un 90%. Con la migración segura y legal cerrada, decenas de miles de cubanos han cruzado el continente latinoamericano y se han movido hacia el norte, hasta la frontera de Estados Unidos: más de 35 000 solo en abril y 115 000 desde septiembre pasado. Eso ya es más gente de la que llegó durante la crisis migratoria de los balseros de 1994 y casi tantas como en el Mariel de 1980, y sin un final a la vista.En abril, Estados Unidos invitó a Cuba a reanudar las conversaciones sobre migración regular, según lo establecido por los acuerdos migratorios bilaterales surgidos de la crisis de 1994 —consultas que Trump había suspendido. Las nuevas medidas de Biden reafirman el compromiso previo de reponer gradualmente el personal de la sección consular de la Embajada de Estados Unidos y reanudar la emisión de visas de inmigrantes en el marco del Programa de Reunificación Familiar Cubano. Además, la restauración de las remesas y los viajes por parte de Biden aliviarán las dificultades económicas, la razón principal por la que los cubanos se van del país.La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (II)Otro factor clave de la nueva política de Biden son las objeciones de los jefes de Estado latinoamericanos a afirmaciones de altos funcionarios estadounidenses en el sentido de que Cuba, Venezuela y Nicaragua no serán invitados a la Novena Cumbre de las Américas, que Biden organizará el próximo mes en Los Ángeles. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, reprendió a la administración estadounidense y advirtió: “Si no los invitan a todos, no iré”. Otros asistentes dudosos incluyen a los mandatarios de Bolivia, Honduras y las veinte islas de la Comunidad del Caribe. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha insinuado que tampoco podría participar, aunque por razones ajenas a Cuba. Un boicot sería una gran vergüenza para Biden. Incluso en esta fecha tardía, las invitaciones no se han enviado, por lo que, después de todo, se le puede ofrecer a Cuba un asiento en la mesa.La migración y las políticas hemisféricas no son temas nuevos en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Otros tres presidentes enfrentaron antes crisis migratorias: Lyndon Johnson en 1965, Jimmy Carter en 1980, y Bill Clinton en 1994. Cada uno se comprometió con Cuba diplomáticamente porque esa era la única forma de resolver la crisis en cuestión. Además, en las tres ocasiones los costos políticos internos de las crisis que se convirtieron en noticias de primera plana fueron mucho mayores que el riesgo de ofender a los cubanoamericanos del sur de Florida comprometiéndose con el régimen de Castro.Dos de los predecesores de Biden enfrentaron desafíos similares en América Latina por sus políticas hacia Cuba. A principios de los años 70, los países latinoamericanos comenzaron a desertar de las sanciones económicas y diplomáticas impuestas por la Organización de Estados Americanos en 1964 a Cuba. El entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, se quejó de que el tema Cuba dominaba las reuniones con sus homólogos latinoamericanos. Sacar a Cuba de la agenda interamericana fue uno de los motivos de Kissinger para iniciar conversaciones secretas en 1975 a fin de normalizar las relaciones con La Habana, aunque no llegaron a nada.Presidente de Bolivia tampoco asistirá a Cumbre de las Américas si excluye a países de la regiónLa decisión de Obama de 2014 de normalizar las relaciones estuvo fuertemente influenciada por el regaño público que recibió de los jefes de estado latinoamericanos en la Sexta Cumbre de las Américas (2012). Incluso aliados cercanos de Estados Unidos advirtieron que a menos que Cuba fuera invitada a la cumbre de 2015, no asistirían. En palabras del asesor adjunto de seguridad nacional de Obama, Ben Rhodes, la política de perpetua hostilidad de Washington se había convertido en “un lastre en el cuello de Estados Unidos en el hemisferio y en todo el mundo”.Y así permanece. El extraño paralelismo entre la vergüenza que sufrió Obama en la Sexta Cumbre y el riesgo de una vergüenza aún mayor para Biden en la Novena, finalmente ha obligado a la Casa Blanca a abrazar una reapertura limitada a Cuba. Es un buen primer paso que beneficiará a muchas familias cubanas, pero las acciones unilaterales por sí solas no son suficientes.Durante sus últimos dos años la administración Obama firmó 22 acuerdos bilaterales con el gobierno cubano sobre una amplia gama de temas de interés mutuo, desde la protección del medio ambiente hasta la aplicación de la ley. El Departamento de Estado también abrió conversaciones con La Habana acerca de temas altamente controvertidos como los derechos humanos y la compensación por daños y perjuicios a la propiedad nacionalizada en Cuba. Al revertir la política de Obama, Trump congeló la implementación de esos acuerdos y rompió todo diálogo diplomático sustancial con Cuba.El próximo paso de Biden en el desarrollo de su propia política hacia Cuba debería ser retomarla en el punto donde Obama la dejó, construyendo una cooperación más estrecha con La Habana en temas de interés mutuo —no como un favor al gobierno cubano, sino porque la única forma en que Estados Unidos puede avanzar en los problemas transnacionales es cooperando con sus vecinos.La experiencia de otros presidentes demuestra que comprometerse diplomáticamente con el gobierno cubano en temas de interés mutuo, en primer lugar y ante todo la migración, ha constituido una manera efectiva de promover los intereses de Estados Unidos. El diplomático cubano Ricardo Alarcón, quien dirigió las negociaciones de Cuba con Washington durante dos décadas, resumió brevemente la lógica del compromiso: “Somos dos vecinos que han tenido relaciones abominables”, dijo, pero “a diferencia de las personas, nosotros no podemos mudarnos a otro lugar”.****Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el sitio WRP. Se publica su versión en español con la autorización explícita de su autor.

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Ricardo Alarcón y Juan Vela, presidentes presentes en el pase de lista del centenario de la FEU (I parte)

Dos de los presidentes de la FEU de mayor antigüedad, no podrán gritar ¡Presente!, en el pase de lista que hará la FEU en la conmemoración de su centenario, pero miles de estudiantes dirán Presente, cuando ellos sean mencionados.Por tres días de diferencia murieron Juan Vela Valdés (27 de abril) y Ricardo Alarcón de Quesada (30 de abril) dos presidentes históricos de la FEU, que devinieron en cubanos admirados y queridos por su pueblo, debido a su vida ejemplar y obra fecunda.
Con ambos tuve la dicha de conversar antes de su partida definitiva, como narraré en este artículo de homenaje, en que también compartiré mis sentimientos y convicciones sobre la FEU, en el año de su centenario..
No pretendo hacer una síntesis biográfica  de ambos compañeros, es una tarea que me rebasa, haré público aspectos esenciales de nuestras relaciones desde una coincidencia poderosa, los tres fuimos presidente de la FEU, en una misma década (1961-1971).
El artículo estará organizado en dos partes. En la primera enuncio una idea que he compartido con Randy Alonso, para colaborar en la divulgación del Centenario de la FEU; y haré mi homenaje al compañero Alarcón.  En la segunda parte le haré mi homenaje al compañero Vela y propondré los temas que abordaré por el centenario de la FEU, con la mejor disposición de que ustedes me sugieran nuevos temas y modificaciones para la selección definitiva.
Tengo la idea de publicar en Cubadebate desde julio hasta diciembre, tal vez con un receso en agosto,  artículos dedicados al centenario de la FEU, en que se combinen remembranzas con el análisis de asuntos actuales y de interés para el estudiantado universitario y su organización, la FEU. No es casual que esté comenzando en esta fecha, ya que el pasado 22 de mayo, se cumplió 51 años de la primera elección de un presidente y vicepresidente  nacional de la FEU y demás miembros del Secretariado Nacional. Presidente: Néstor del Prado Arza, estudiante de Matemática de la Universidad de la Habana. Vicepresidente Miguel Marcheco Consuegra, estudiante de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Oriente.
En cuanto al homenaje comienzo por el compañero Alarcón porque es el de mayor antigüedad en la FEU. Además el pasado 21 de mayo, estuviera cumpliendo 85 años de vida
Cuando en 1969 me eligieron miembro del Buró Universitario de la UJC-FEU, comencé a estudiar la historia de la FEU leyendo boletines archivados en la Universidad de la Habana, y conversando con algunos dirigentes de los primeros años del triunfo de la Revolución. Me llamó mucho la atención la sagacidad demostrada por Alarcón en algunos escritos y reportes periodísticos sobre su participación como presidente de la FEU y antes vicepresidente.
En una amplia reunión realizada en la Escuela del PCC, Ñico López, la compañera Melba Hernández hizo un comentario después de una intervención mía que jamás olvidaré por el orgullo que me causó. Este muchacho cuando habla, me recuerda a Ricardo Alarcón por la entonación que le imprime a sus palabras, y hasta se parece físicamente. Lo del parecido debe ser por la frente martiana de ambos, y la delgadez acentuada de entonces.
Ya Alarcón había desarrollado una intensa y fecunda carrera como diplomático.
Mi primer vínculo directo y significativo con Alarcón transcurrió algunos años después, en que yo era vicepresidente del Instituto Nacional de Sistemas Automatizados y Técnicas de Computación INSAC, y el viceministro de Relaciones Exteriores.
Un argentino llamado Fermín Bernasconi, era Director del IBI, Buró Intergubernamental de Informática de la UNESCO, y en una visita a Cuba se entrevistó con el compañero Isidoro Malmierca, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, para que una delegación cubana asistiera a la Fundación del Club de Cali, que se realizaría en dicha ciudad colombiana en 1984. Ya Malmierca conocía sobre lo del Club de Cali y había coordinado con Carlos Rafael Rodríguez, la participación cubana y por tanto en dicha reunión con el señor Bernasconi, ambos, Alarcón y yo estuvimos presentes, pues habíamos sido designados para participar en dicho evento. Malmierca dio una breve explicación sobre la decisión del Gobierno Cubano, y nos presenta a ambos con palabras elogiosas, sobre todo al compañero Alarcón que ya era una personalidad internacionalmente reconocida. Al terminar la reunión, Alarcón me echa el brazo por arriba y me dice: “oye, quiero decirte que yo no tengo las más p… idea de lo que hablaron ahí sobre el desarrollo de la informática, así que yo voy como ayudante tuyo. Lo miro fijo y le digo: “usted ayudante mío, si en esa actividad la política internacional jugará un papel importante, y en eso yo no le llego ni a las rodillas”.
El viaje a Colombia era vía Panamá, y resulta que un día antes del vuelo, yo no tenía aprobada visa para entrar en Colombia, pero Alarcón sí. Recuerdo que el embajador cubano en Panamá era Miguel Brugueras, y Alarcón le dijo, mira a ver lo que tú haces porque si a Néstor no le dan la visa, yo no voy. Él habló con el embajador colombiano en Panamá y le pidió colaboración. El embajador indagó y le dijo que mi nombre aparecía en los archivos como dirigente estudiantil revoltoso, y por eso no me daban la visa. Miguelito le explicó que yo había sido organizador del V CLAE en Santiago de Chile en 1973, y que seguramente ese era el motivo de la nota puesta en mi expediente, que entonces yo era presidente de la FEU de Cuba, pero que ahora era un viceministro de un Organismo Central del Estado Cubano, y que le pedía que esclareciera la situación. Afortunadamente y a menos de 4 horas de estar en el aeropuerto, me fue concedida la visa.
Nos alojaron en el Hotel Hilton de Cali, en habitaciones contiguas. Yo le leí a Alarcón mi intervención, ya que él me dijo que esa tarea era mía. Le expliqué algunos temas técnicos que el no dominaba, y a su vez me hizo algunas sugerencias en algunos de mis enfoques en la parte de proyección política internacional.
El día antes de la inauguración de la Reunión, el canciller colombiano dio una recepción a todos los participantes, y casi de inmediato Alarcón se convirtió en la persona más solicitada por los medios de prensa allí presentes. Recuerdo la entrevista para Radio Caracol, de un periodista muy insidioso, que le hizo preguntas complicadas sobre la Guerrilla colombiana, y las relaciones del Gobierno de Fidel Castro con el Gobierno del carismático Belisario Betancur, electo en 1982 presidente de Colombia. Cuando ya Alarcón estaba obstinado por tantas preguntas, les dijo, miren pregúntenle al licenciado del Prado, que es un experto en informática, un tema al que el presidente colombiano le ha dado gran prioridad nacional. Me hicieron un par de preguntas, pero ellos seguían atrás de Alarcón, hurgando más allá de la informática.
En la puerta de nuestras habitaciones teníamos a dos militares con fusiles. Yo que siempre he sido curioso, cosa de matemático, me percaté que ningún otro delegado tenía ese privilegio. Cuando llevábamos tres días en el Hotel, yo saludo a los militares custodios y les pregunto: “ustedes nos están cuidando a nosotros, o se están cuidando de nosotros”. El menos joven soltó una risa, y nos dijo: “ambas cosas”.
La reunión debatió temas de mucha importancia en cuanto al desarrollo informático de América Latina, pronto hicimos amistad con los participantes de Brasil, entre ellos Edson Fregni, brillante ingeniero creador de una minicomputadora brasileña y Servando Gómez, parlamentario y uno de los que escribió la primera Política de Soberanía Informática en Brasil.
Cuando explicaron que el método que se usaría para la redacción de la Declaración Final del Club de Cali, sería el Delphi, Alarcón me preguntó que qué rayo era eso. Yo le expliqué, ya que yo era un estudioso desde entonces de la Gestión del Conocimiento. Cuando él evidenció la utilidad de dicha técnica me dijo que al regresar a Cuba, quería que yo impartiera una conferencia en el MINREX sobre dicho método y otras técnicas de las que le hablé.

Resulta ser que se armó un grupo redactor del documento salido del método Delphi, para elaborar la propuesta final. A mí me eligieron para dicho Grupo, pero el representante de la CEPAL, el Señor Alegret, pidió que se hiciera una excepción de no más de una persona del mismo país y que se incorporara el viceministro cubano de Relaciones Exteriores por su probada experiencia en esas lides. La propuesta fue aprobada y la participación de Alarcón para alcanzar consenso fue muy valiosa.
Tengo otras anécdotas sobre aquella participación, pero la dejaré para otra ocasión.
Tuve la dicha de integrar paneles de presidentes de la FEU, por invitación del presidente de varias etapas, en que estuvo Alarcón. Él era siempre el primero en hablar por su antigüedad como presidente. Sus intervenciones le llegaban a los estudiantes, pues tenía los conocimientos y el arte de combinar razones y emociones, de convencer con sus razonamientos, sin estridencias ni abuso de consignas.
Yo creo que la última aparición pública de Alarcón es responsabilidad mía, y ahora me explico.
Dos queridos compañeros Fundadores de la UJC (Remigio Ruiz y Amalia Catalá) estaban intentando que llegara al Buró Nacional de la UJC la propuesta de que en ocasión del 60 Aniversario de la UJC, se realizara un encuentro con algunos fundadores de la UJC, ya que algunos estaban bastante viejos y enfermos, y tal vez no llegaran a otro aniversario cerrado.
Conociendo ellos mis relaciones activa en las Redes Sociales Digitales con la compañera Aylin Álvarez, primera secretaria nacional  de la UJC, me pidieron que intercediera, y así los hice. De inmediato tuve una respuesta afirmativa de Aylin, y me dijo que yo fuera el intermediario con la compañera Nislay, del Buró Nacional de la UJC. Como no soy fundador de la UJC, yo ingresé tres años después, no me sentí incómodo con la propuesta y puse manos y mente a la obra. Luego de acordar con Nislay el programa del Encuentro, nos quedaba un paso importante, proponer al fundador de la UJC que agradecería el reconocimiento del Buró Nacional. Como yo tenía la lista de 34 compañeros a ser homenajeado, no dudé ni un segundo en proponer que fuera el compañero Alarcón. La tarea de llamarlo y convencerlo me tocó a mí. Yo tenía su número de celular y lo llamé. Lo primero que me preguntó fue si no había otro compañero con más méritos  y antigüedad. Fui honesto y le dije que sabía de dos, pero que mi confianza en cuanto a que con tan poco tiempo el que hablara lo hiciera bien, era él. Me preguntó si yo iba a estar, que podía ser yo el que agradeciera. Le expliqué dos cosas: que yo no era fundador y que yo estaba ingresado junto a mi esposa que le habían hecho una delicada cirugía el pasado 27 de marzo. Con su sensibilidad humana característica, me dijo que lo sentía mucho y que deseaba que todo evolucionara bien. Recuerdo estas palabras de él en respuesta a mi solicitud: “cómo voy a decirte a ti que no acepto, si en tan dramáticas circunstancias familiares estás dedicando tiempo a una tarea de la UJC. ¡Cuenta conmigo!
Alarcón, ya bastante enfermo pero con lucidez extraordinaria pronunció sustanciosas y emotivas palabras, sentado en una silla como aparece en la foto.
Remigio, conocedor de mi situación familiar, me llamó ese mismo día para decirme que el encuentro había sido un éxito, y que las palabras de Alarcón y de Aylin habían sido fenomenales.  Me pidió que hablara con Alarcón para expresarle mi agradecimiento y sobre todo lo bien que fueron recibidas sus palabras por los allí presentes.  Así lo hice, pero antes que dijera algo me preguntó por la salud de mi esposa, y cuando le dije que hubo que llevarla nuevamente al salón de operaciones el 14 de abril, me dijo  de inmediato, que estaba a mis órdenes para hacer lo que fuera necesario para ayudarnos.
Alarcón murió el 30 de abril en horas de la noche, mi esposa al día siguiente en horas de la tarde. ¡Coincidencias amargas del destino!

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Ese país que llevamos dentro

Un grupo de personas se reúne alrededor de una hoguera. Contemplan las llamas en silencio. Pudiera ser el origen del mundo, pero estamos en el oriente cubano y transcurre el siglo XXI. Alguien comienza a contar una historia que habla de un pueblo que ya no existe. Ahora está bajo las aguas de una presa. No es visible para nosotros, pero allí todos saben dónde estaban el parque, la calle, el pequeño mercado. De forma inevitable se evocan los muertos. Nadie se asusta, han aprendido a convivir con ellos.
Al día siguiente dos ancianos emprenderán ese viaje. Ya no les queda nadie, mejor sería volver con los suyos. Han sobrevivido en un islote y quieren que sus cuerpos sean colocados, sumergidos, en la glorieta del parque donde se conocieron. Una misteriosa mujer llega con una jaula, cubierta con un trapo negro. Dentro, presumiblemente, está el pájaro de la muerte. Quien lo contemple, cerrará sus ojos para siempre.
Es la historia que nos cuenta El rodeo (Carlos Melián – 2021), una película independiente filmada en la Cuba profunda, con personajes reales que habitan en algún punto perdido de la Isla, donde el tiempo y las cosas existen bajo otra dimensión.

Un poco más al sur, en Santiago de Cuba, todos recuerdan a Mafifa, «la flaquita chiquitica, que tocaba la campana» en la conga de Los Hoyos. Hace cuarenta años murió, pero los que la conocieron le guardan respeto. «No es fácil caminar todo Santiago golpeando un pedazo de hierro», dice un vecino. Apenas hay fotos de ella, así que su retrato se va desvelando a través de recuerdos imprecisos. Un vestido, una actitud, un viejo recorte de prensa, un gesto. En un mundo dominado por hombres, ella supo cómo sobrevivir e imponerse. Se llamaba Gladys y su casa ahora está en ruinas.
La joven directora Daniela Muñoz Barroso trabaja sobre el vacío. Mientras reconstruye la vida de esta mujer (Mafifa – 2021), se va descubriendo a sí misma y, de paso, capta las dinámicas existenciales de una nación. La cámara recoge instantes de los carnavales, vemos gente anónima que bebe, que se busca la vida imitando un sinsonte, que observa en silencio la nada. Algunos bailan, transpiran, se agolpan en la multitud. Hoy están aquí, mañana volverán a sus rutinas. «¿Qué es la felicidad?», se pregunta Daniela.
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Miles de cubanos han atravesado la selva del Darién que divide Colombia y Panamá. Algunos han muerto o desaparecido. Todavía les espera un largo y peligroso camino en su sueño de llegar a Estados Unidos. Es solo el comienzo. Cada uno tiene una dura historia que contar y lo están haciendo utilizando sus celulares, sus voces, sus mensajes. En un campamento, bajo tiendas de campaña y tendederas de ropa, esperan para continuar la ruta. Ellos también anhelan la felicidad.
Hasta allí se desplazó el realizador Marcel Beltrán para filmar La opción cero (2020), documental que recoge los testimonios de estos seres en transición. No es solo lo que cuentan, sino también lo que han dejado atrás. Familias, estudios, casas, amigos, pertenencias; buena parte de lo que son, para quizás alcanzar lo que quieren ser. Los hechos ocurrieron en el 2016, un adelanto de lo que aún estaba por venir. Cinco o seis años después, la huida se ha multiplicado.
En algún momento el documental inserta imágenes de Cuba. En la Plaza de la Revolución se prepara un desfile, se monta un espectáculo con la réplica del yate Granma y unos pioneritos que simulan el mar. Todo es escenografía, «Parece una ciudad de cartón», como diría Sergio en Memorias del subdesarrollo (Tomás G. Alea-1968). En pocas horas miles de cubanos agitarán banderas y consignas. ¿Cuántos de ellos no estarán mañana cruzando esa selva o las peligrosas aguas del Río Bravo?
Hace seis décadas se hizo una revolución, que luego se declaró socialista. Prometió un mejor país para todos. ¿Cuántas cosas se han ganado y perdido en ese tiempo? Se produce una sensación de vacío. ¿Dónde está la verdad y termina la simulación?         
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En Los viejos heraldos (Luis A. Yero-2018), dos ancianos sostienen su humilde hogar. Es lo único que tienen luego de noventa años de vida. En la televisión, el canciller Bruno Rodríguez protesta por las nuevas medidas de Estados Unidos contra Cuba. El hombre, somnoliento, mastica un tabaco y ella, a su lado, se queja del calor. Siguen las palabras, las quejas. El anciano se levanta y cambia los canales, pero todos trasmiten lo mismo.
Hay también sonidos de una estática y voces imprecisas. Al siguiente día, el Parlamento se reúne y Díaz Canel es nombrado nuevo presidente del país. El televisor en blanco y negro, transmite la sesión de la Asamblea, pero la anciana lidia con las telarañas de la casa.
Se escuchan aplausos y el himno nacional. Nadie observa. Afuera, el anciano cuida una pira de carbón vegetal… la patria os contempla orgullosa, no temáis una muerte gloriosa… Los relatos marchan paralelos. Todo resulta aburrido, premeditado. Gestos que acompañan una rutina que cumple muchas décadas.  
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Cerca de allí, en Bahía Honda, al norte de Artemisa, existe un desguazadero de barcos. En un país que, siendo isla, apenas cuenta con alguno, las imágenes resultan sorprendentes. Entre el hierro, el óxido, los desechos, las llamas y las ruinas, se desplazan algunos hombres. Como sombras chinescas, los vemos sobredimensionados por las luces de sus linternas. Trabajan allí, pero apenas se hablan y cuando lo hacen, cuentan extrañas historias de superpoderes, muertes o reencarnaciones.
En un camarote aparece el plano del navío, la armazón de una litera, un salvavidas. Son vestigios del pasado. En un recoveco se esconde una paloma. Parece estar perdida. El símil con la vida de estos hombres no es casual. En ese universo post-apocalíptico y fantasmagórico se desarrolla Abisal (Alejandro Alonso-2021), un corto que, como otros, intenta explicar nuestra historia desde la subjetividad y la memoria íntima.
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Es lo que hace Carla Valdés cuando explora, para su documental Días de diciembre (2016), los recuerdos de varios veteranos de las guerras en África. No importa el gran relato, ni los argumentos oficiales que legitimaron la aventura. La épica se mide desde otra instancia, más personal o real, porque fueron acciones que impactaron en sus cuerpos, y la conciencia de todo aquello se enfrenta al paso del tiempo y la dureza de la vida. ¿Qué sentido tuvo ese sacrificio? ¿Quiénes son ellos ahora mismo?
Hace apenas un año la propia Carla filmaba a sus padres (Los puros – 2021), que recordaban sus años de estudio en la URSS. Las fotos y anécdotas funcionaban como piezas de un rompecabezas. Varios amigos intervenían en el proceso y, aunque hacía tiempo no se veían, los sentimientos y memorias compartidas mantenían la cercanía. Detrás de ese sencillo ejercicio autorreferencial, pervive una historia poco visibilizada que involucró a cientos de miles de cubanos durante varias décadas. ¿Dónde están y qué hacen ahora?
Los puros, de Carla Valdés (2021).
Buscando esa respuesta el realizador Carlos Quintela viajó a la localidad de Juraguá, muy cerca de Cienfuegos, en el centro sur de la Isla, para filmar La obra del siglo (2015). Allí se edificó, a mediados de los ochenta, una moderna ciudad donde vivirían los operarios e ingenieros de la primera planta nuclear del país. Ahora aquello parece una ciudad fantasma, un lugar como cualquier otro, tragado por la monotonía, el tedio, la fealdad. El domo, las torres e instalaciones son solo un esqueleto deformado que rodea los edificios de apartamentos.
Varios personajes mascullan sus dramas. Conforman diferentes generaciones en una misma familia. Apenas se hablan, más bien pelean, los rencores afloran, las frustraciones también. De pronto, aparece una brigada uniformada, son fumigadores contra el mosquito Aedes. El espacio se llena de humo, las imágenes se ralentizan, se tornan extrañas, inquietantes.
Un personaje, el jefe de la brigada, habla del cosmos, los cohetes, la Guerra Fría. Lo hace con añoranza y sabiduría: «Gagarin era un hombre lindo, con su escafandra y una sonrisa como la Luna. Él solo, ganó más seguidores que toda la propaganda del Kremlin en cuarenta y siete años».
Está en un balcón, junto al dueño del apartamento, observando la ciudad. No sabe que ese hombre fue uno de los mejores ingenieros del país, formado en la URSS para la central nuclear. Un alto edificio se levanta frente a ellos. «Luce abandonado, inconcluso. Parece un cohete», dice el fumigador. «A mí me gustaría haber viajado al cosmos. ¿A usted no?». 
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Son apenas pocos diálogos, pero que contienen toda una historia, una época, muchos deseos, un sueño. La película, siete años después de realizada, aún espera por su estreno en Cuba. Nos hace pensar, es incómoda, amarga. Es arte.              
Recuerdo a Borges, el escritor argentino: «(…) somos nuestra memoria, ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos». Es quizás la idea que mueve a los jóvenes realizadores del presente. Recuperar una memoria, explorando esa otra Cuba contenida en los recuerdos de nuestros padres, las palabras de un amigo, el dolor por las pérdidas, el exilio, las ausencias. Son las pequeñas cosas que conforman una nación.
No son sólo películas, sino reflexiones de una generación nacida en los noventa o el siglo XXI, que recibe un país fragmentado y a la deriva, un territorio que tiene que ser repensado, reconstruido. Jóvenes o artistas que necesitan expresarse en sus propios términos, no para negar una historia sino para empezar a edificar las suyas.  
Son las dos amigas separadas por el exilio que se intercambian cartas y mensajes en A media voz (Heidi Hassan y Patricia Pérez – 2019). Es el poeta incómodo que debe ser aislado, vigilado y repudiado en Santa y Andrés (Carlos Lechuga – 2016). Es Pablo Milanés (Juan Pin Vilar – 2016) recordando una ciudad que ya no existe, pero también su paso por las granjas de trabajo forzado (UMAP) a mediados de los sesenta. Son las últimas palabras que le escribe un joven de dieciocho años a su madre, antes de morir accidentalmente mientras pasa el servicio militar en Las muertes de Arístides (Lázaro Lemus – 2017).
Son los dos homosexuales que emigraron por el Mariel, rehaciendo sus vidas una y otra vez, en Sexilio (Lázaro González – 2021), o el testimonio del trovador Mike Porcel (Sueños al pairo, José Luis Aparicio y Fernando Fraguela – 2020) sobreponiéndose al desprecio de amigos mientras recuerda toda la vileza de los actos de repudio.        
Por eso entiendo perfectamente a Daniela, quien un día estuvo muy cerca de la muerte: «Cada viaje que hago es una puerta que se abre. Quiero salir de este viejo planeta que soy yo misma. Llegar a un sitio desconocido y convertirme en otra, en alguien nuevo que no olvide quien fue».   

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Inicia en Londres Foro Mundial de Educación con presencia de Cuba

En la apertura del evento, los ministros del sector coincidieron en que la enfermedad generó un declive en la curva de aprendizaje, por lo que abogaron por priorizar el bienestar de estudiantes y profesores, y trabajar de manera intensa en los contenidos y habilidades necesarios para el mercado laboral futuro.

La Covid-19 provocó la crisis más profunda que ha vivido la educación en un siglo, aseguró el director global la educación del Banco Mundial, Jaime Saavedra en la primera sesión plenaria.

El Foro, cuya edición de 2021 fue cancelada por la pandemia, es la mayor reunión anual de ministros de Educación y competencias del mundo, y cuenta con el apoyo del gobierno del Reino Unido y del British Council, una organización no gubernamental británica dedicada a la promoción de las relaciones culturales y las oportunidades educativas.

Cuba está representada por la ministra Ena Elsa Velázquez, quien expondrá los logros y desafíos actuales del sector en la isla caribeña, e intercambiará experiencias con sus homólogos de otros países de América Latina, África y Europa.

Velázquez, quien está acompañada por la metodóloga nacional de enseñanza del idioma inglés, Mayda Ramos, y la directora del British Council Cuba, Minerva Rodríguez, también tiene previsto reunirse con personalidades locales, miembros del Sindicato Nacional de Educación del Reino Unido, y representantes de la Campaña de Solidaridad con su país.

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