Miren esta afirmación de la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki. Es un no, pero a regañadientes un sí: «El equipo de Estados Unidos tiene el total apoyo de la administración, pero esta no contribuirá a la fanfarria de los Juegos». El ataque es contra China, no al movimiento deportivo estadounidense, porque se plantó firme en su justo derecho a competir.
A sus palabras sobre el boicot diplomático a los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing-2022, Psaki le puso un toque de incitación al odio y al pragmatismo estadounidense, para el que todo es un business, y, por tanto, «la representación diplomática de Estados Unidos trataría estos Juegos como si fueran negocios habituales… porque China no puede hacer las cosas como siempre», dijo, según la CNN.
¿Qué significa la frase como siempre? Seguramente, porque sabe del éxito, igual que en Beijing-2008, de esta cita. Ya en plena competencia, hay quienes no ven las hazañas de los atletas, sus éxitos y la solidaridad generada. En lugar de centrarse en la belleza de la cita, comentan que los Juegos se desarrollan en un ambiente circundante urbano, donde en la sede Big Air Shougang existe la torre de una antigua acería que dejó de funcionar hace 15 años, intentando sugerir una falla en el tema ambiental. Pero lo más denigrante es la atmósfera de odio que han insistido en crear en las redes sociales contra la nobleza y calidad del evento, la cual se ha tomado como punta de lanza para indisponer a los atletas.
Ha sido necesario censurar cuentas dedicadas a atacar a deportistas, posteando insultos, falsos rumores, mensajes denigrantes, y hasta videos oprobiosos, rechazados por Douyin, la versión local de Tik Tok, crítica de las conductas agresivas de los que pretenden empañar el disfrute de estos Juegos.
Los preocupados por molestar ¿tuvieron tiempo para ver el video de la patinadora rusa de 15 años, Kamila Valieva, y sus dos saltos cuádruples que, aún pasados unos días, halagan los amantes del deporte?, ¿lo comentan?