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Omara Ruiz Urquiola: “Se estaba defendiendo la libertad de Cuba”

Periodismo de Barrio entrevista a Omara Ruiz Urquiola, académica y activista cubana. Esta entrevista forma parte de La Revolución de los aplausos, una serie de conversaciones con actores de la sociedad civil que se realizaron entre diciembre de 2020 y enero de 2021, a raíz del diálogo que tuvo lugar el 27 de noviembre de 2020 en el Ministerio de Cultura.

¿En algún momento creíste en la Revolución?

Sí, cuando yo era una niña. Hasta los…, yo tengo 47, hasta los 14 años, más o menos. Yo soy hija de un oficial de la Seguridad del Estado, el jefe del Departamento de Desarrollo, fundador y jefe del Departamento de Desarrollo, primero del MINFAR y después del MININT. O sea, mi papá era el jefe de la técnica, quien ponía las escuchas, incluso, en el despacho de Alfredo Guevara. Mi papá fue quien hizo la interferencia a Radio y Televisión Martí. Mi papá estuvo preso 17 años con ocho meses, una condena de 20 años que cumplió en su totalidad.

Entró a la cárcel cuando yo tenía 17 años. Y te digo que hasta los 14 años creí en la Revolución porque al entrar al preuniversitario fue un grupo ya menos homogéneo, en el que yo veía.

Siempre he vivido aquí en Playa, en un barrio donde viven, además, muchos militares, muchos oficiales vinculados a la FAR, que nos queda cerca, lo que era la antigua Columbia.

Y entonces, era muy homogéneo hasta la secundaria. Y, además, era una niña, pero en ese tránsito hacia el pre, entonces se diversifica el grupo. Y confluí con otras personas, incluso, otros estratos sociales dentro de Cuba también, y sobre todo, las diferenciaciones clasistas me chocaron mucho porque yo ante no las veía tanto. También era una niña, de un ámbito muy reducido. Me chocó mucho constatar la miseria dentro de la propia ciudad de La Habana, la cuidad capital, entre mis compañeros de estudio.

O sea, la no existencia de la igualdad. Eso fue lo primero que me impactó. O sea, privilegios de los que yo gozaba y mis amigos no. Así, a nivel de adolescente de 14 años eso fue, verdaderamente, lo que más me impactó. Y ahí empecé a no creer.

Luego, el quererme mover, el querer leer cualquier cosa. Ya después, no poder ni conseguir una revista Sputnik, ni una revista Novedades de Moscú, literatura prohibida, películas prohibidas, música prohibida, y hacerle preguntas, sobre todo a mi papá, y mi papá en un primer momento reaccionar con mucho escepticismo y tratar de darme curvas, pero siempre hablamos claro desde que yo era una niña. Y él estaba decepcionado, bueno, pocos años después fue a la cárcel. Entonces, yo supe, muy jovencita, que esto era mentira.

¿Pero entonces, no hubo un punto de ruptura, fue como un tránsito?

Mi desencanto fue progresivo. Y viene, primero, de ver, ya te digo, lo que pasan los otros hasta que de golpe me pasó a mí. Date cuenta que yo hago las pruebas de ingreso para la universidad y ya mi padre estaba bajo un proceso de instrucción totalmente ilegal que duró más de siete meses. Yo estuve muchos meses sin verlo.

Me acuerdo, que incluso, cuando lo pudimos ver mi hermano y yo, un oficial de la Contrainteligencia nos dijo que no fuésemos nunca a ver a personas de los Derechos Humanos porque eso iba a complicar a mi papá, y en definitiva era todo muy simple y eso se iba a solucionar.

Lógicamente, una niña de 17 años le creyó. Y, además, todo el tiempo ese tema de las personas de los Derechos Humanos era como una cosa ahí terrible, muy mal vista, bien descalificada, la campaña de descalificación que funcionó muy bien y yo era una adolescente. Y a mí eso nunca se me ha olvidado porque me dijo: “Si vas a lo de los Derechos Humanos la historia se puede complicar y no hay necesidad, esto se va a resolver muy simplemente”.

Y después yo acabé conociendo a Gustavo Arcos. Fui amiga de Gustavo Arcos, todavía soy amiga de su viuda, y fue una de las personas que en todos esos años más nos ayudó.

Fue mi amigo realmente y mi manera de pensar…, fíjate. Entro a la universidad con mi padre preso, que venía siendo lo que había sido, y entonces, ya a los pocos años yo me empiezo a vincular con personas, líderes históricos de la lucha por los Derechos Humanos en Cuba como Gustavo Arcos, como la familia de Elizardo Sánchez Santa Cruz, también. Conocí a personas que después se destaparon como espías de la Seguridad del Estado. Pienso en Odilia Collazo, por ejemplo. Pero siempre tuve una relación muy cercana con Gustavo y entonces mi manera de pensar en ese punto dio un giro total.

¿Se puede decir qué pasó con tu papá?

Sí, eso yo lo he contado en otras entrevistas. A ver, el proceso de desengaño de mi padre también fue paulatino, pero sobre todo incidió el tema…, la oficialidad de ese tiempo, incluso, antes de los sucesos con la Causa 1, los sucesos con el general Ochoa, la oficialidad de ese tiempo estaba bastante decepcionada.

Se habla poco de eso y siempre se parte de la caída del Campo Socialista, pero eso viene de antes. Eso viene de Angola, por ejemplo. En Angola se vieron muchos horrores. En Angola se cometieron crímenes en aras de una lucha donde esa oficialidad en la cual había personas éticas e inteligentes, no entendían  y no estaban de acuerdo y no podían explicárselo.

Pero eran militares formados como militares, obedecían órdenes. Muchos viraron locos. De esa oficialidad muchos viraron locos. De hecho, el sanatorio de “Los Cocos”, que después se destinó a los pacientes seropositivos, era un sanatorio para muchos de estos oficiales que venían de las misiones en África con trastornos psiquiátricos.

Mi papá sí estuvo en Angola. Estuvo en misiones de poco tiempo porque realmente a él no lo mandaban a misiones internacionalistas. Mi tío sí, su hermano, y vino loco. Entonces, esa oficialidad se fue desencantando. Hubo una reunión, por ejemplo, en el Salón Universal de la FAR, con la oficialidad de todo el país y mi papá en esa reunión. Había unos cuantos cientos de oficiales.

Mi papá planteó lo inexplicable de un período especial en tiempos de paz. Porque los militares lo supieron antes que la población civil. Era inexplicable y, además, públicamente se lo achacó a la falta de previsión de la máxima dirección del país, léase: los hermanos Castro. Y él lo hizo público, él no se escondió para decirlo. Lo planteó en las reuniones del núcleo del Partido, pidió un despacho con la jefatura del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas, porque estaba inconforme.

Además, dentro de la dirección del Grupo de Desarrollo se otorgaba…, acuérdate de los planes quinquenales, y había un presupuesto para desarrollo de tecnologías dentro del campo de lo militar. Y esos presupuestos muchas veces después de aprobado se desviaban y todas las investigaciones… Mi papá es científico. Todas las investigaciones en las que se había estado trabajando durante años, recursos que desaparecían y eran derivados hacia otras zonas.

O sea, que la misma corruptela, la misma falta de organización, de respeto al trabajo dentro de la población civil pasaba, o pasa, dentro de las Fuerzas Armadas. Y hubo una cantidad de militares de carrera, formados, que se decepcionaron.

No solamente fue mi papá. Muchos pidieron el retiro. Él lo pidió. Era joven, pero había ingresado prácticamente desde que era un niño a las Fuerzas Armadas. Le dicen que por supuesto, le van a dar el retiro, que espere la chequera y aquí, en el reparto Flores, donde radicaba la jefatura de tropas guarda fronteras. Ahí había, hay dársenas, acceso a lanchas y tal y lo acusan un buen día de actos preparatorios de salida ilegal del país. Y entonces, ya después viene todo un juicio amañado en el que yo no pude estar y le bajó la condena de 20 años. En un principio se manejó hasta la pena de muerte. O sea, todavía nosotros no sabemos por qué; no se le pudo probar nada.

Imagínate que en el registro a su casa se llevaron como prueba hasta un martillo que era del suegro. Martillo que todavía no ha aparecido. O sea, fue un robo a mansalva. Y así cumplió la totalidad de la condena. Yo tenía 17 años. Mi desengaño es viejo. Tengo 47, tenía 17.

Entonces, en ese período te tocó asumir a la vez tu desengaño, tu descontento y la cárcel de tu papá. ¿Cómo lo asumiste, cómo expresaste eso?

En silencio. En silencio porque yo tengo a mi madre, mi hermano más chiquito. Nos llevamos poco tiempo, pero mi hermano estaba en el Servicio Militar. Fue muy duro. Incluso, te digo que a los dos, tres años, es que yo empiezo a relacionarme con organizaciones de derechos humanos porque el caso de mi padre no avanzaba. La Iglesia Católica me ayudó, el Arzobispado, y cada vez que venía una visita papal entregaban en la lista a mi padre, pero jamás y nunca a él se le otorgó el beneficio. Se le violó la libertad condicional cuando le tocaba también. O sea, yo iba muchas veces del Arzobispado a la jefatura del Ejército Occidental en el Calvario y después a casa de Gustavo. O sea, así me movía y así, además, la universidad.

Lo asumí en silencio. Haciendo todo esto en silencio, con un costo importante para mi carácter. Yo soy una persona que me he tenido que volver paciente, callada, se meditar porque igual, siempre tuve un perfil más bien de bajo a medio, sin destacarme mucho. Yo tenía que terminar la universidad. La terminé, ya te digo, a duras penas. O sea, se me dio fácil, pero era muy difícil levantarme de la cama, fue muy duro, fue muy duro. Y así después tuve que hacer servicio social, y así después tuve que hacer todo mi currículo profesional, que es muy bueno, pero que ha sido callada, a la sombra, yo buscaba no destacarme. O sea, si otros han visto, me han destacado, ha sido por otro, pero jamás he pedido nada.

¿Me puedes hacer un paneo pequeño de tu currículo profesional?

A ver, lo que te puedo decir de mi vida profesional es que verdaderamente me sentía a gusto en la enseñanza. Yo empecé por el nivel medio de la enseñanza artística, recorrí todas las escuelas de la enseñanza artística de una u otra manera. A los cinco años entonces paso a ser contrato del ISA, pero yo me mantuve durante años hasta que me enfermé prácticamente, siendo profesora en la ENA y en el ISA.

¿Te graduaste de qué?

Historia del Arte. Yo soy historiadora del arte, graduada en el 96. Incluso, en la ENA fui reserva de cuadro de la dirección del Centro de Nacional de Enseñanza Artística. Eran cosas en las que me ponían pero que yo sabía que no iba a asumir nada de eso porque, además, eso lleva verificaciones y tal, y yo no quería arriesgarme a perder mi trabajo…, a nada. ¿Te das cuenta?

Entonces, así estuve en la enseñanza artística, creo que estuve 15 años y después, llegué a ser jefa de departamento de Diseño Escénico en la Facultad de Artes Escénicas del ISA. Cambió la dirección del ISA, se politizó en un momento, en el año 2009, yo había acabo de regresar de la beca de la Cátedra Martiana en la Universidad de Zaragoza, y entonces decidí irme del ISA porque me di cuenta de que ya me estaban pisando los talones.

Me quedé en la calle. Se fueron muchos profesores de mi departamento que eran profesores del ISDI, y por uno de ellos me voy, con todo ese currículo de 15 años a hacer contrato en el ISDI, a dar clases de Historia de los Medios de Comunicación, que afortunadamente yo había tenido que…, por cuestiones de diseño escénico había tenido cierta relación con la dirección de arte. De todo, desde el punto de vista teórico, que es lo que soy.

Entonces, me voy para el ISDI y a los dos años me dan la plantilla. Igual, mantuve un perfil bajo. O sea, esto que ves de la aprobación de mis alumnos, el nivel de repuesta de mis alumnos ha sido, básicamente, como una profesora y por la relación de ellos conmigo, pero no porque yo haya tenido allí ningún tipo de protagonismo a nivel de cargo. O sea, solamente a nivel docente, de investigación. Incluso trataron, a la hora de sacarme, de hacer parecer como que eso no existía. Y no es así. O sea, ahí están las publicaciones, mi participación en eventos…, en fin.

Pero pude hacer ese currículo, ya te digo, siendo eficiente en el estrato en el que yo decidí, donde yo era feliz y donde más útil podía ser, sin cuestionamientos. Por ejemplo, en el aula yo nunca permití que hubiese bajo nivel académico…, que mis ideas políticas estuvieran en el estrado y que pudiera influenciar a mis estudiantes. Ellos podrían saber cómo yo pensaba, pero yo entiendo que éticamente está mal hacer eso en el aula, con ningún tipo de ideología, con ningún tipo de religión. Y probablemente, por eso yo pude durante más de 20 años, 25 años prácticamente, seguir en la enseñanza sin tener grandes contratiempos,  desde el punto de vista de los cuestionamientos políticos.

En un ambiente tan artístico, qué hacías con todo ese silencio.

Mis amigos. Las salidas siempre han sido mis amigos. Y en las cosas que escribí, aunque sean de diseño, de arquitectura, las puedes buscar, se deja ver, mi posicionamiento se deja ver. Pero la investigación en el campo, sobre todo en el campo de la producción objetual, el diseño industrial, te permite, por ejemplo, si estás investigando, mi fuerte que son los años 50, si estás investigando te permite…; es tanta la información que está por develar, y tanto lo que desde el punto de vista estético hay por mostrar, que te permite hablar de lo que política o ideológicamente está, pero de una manera en que subyace. No prevalece. Y con eso tuve que jugar. O sea, manejar los silencios y manejar la expresión de las ideas, pero de una manera subyacente siempre, tácita.

¿Te acuerdas de la primera vez que saliste del país?

En el 2016 viajé por primera vez. Viajé porque fui a un workshop con un arquitecto en Alemania. Y era el evento, todo esto, lo que había de fondo era el Evento Internacional de Tortugas Marinas, que se hace todos los años y ese año era en Grecia. Ya yo estaba enferma. Y mi pronóstico siempre ha sido muy malo y mi hermano quería que antes de que me muriese pudiera ver algo de lo que yo había estudiado. Entonces, por eso es que yo voy a Grecia y nada más y nada menos que el evento era en Creta y entonces, mi hermano estaba en el evento, y yo me fui a recorrer Creta.

Ahí conocí el mundo libre: Creta, Atenas. Llevamos cajas de tabaco y botellas de ron, las vendió mi hermano y pagamos una gira por el Peloponeso de tres días. Mi hermano pudo correr en el estadio olímpico y ganó, y después estuve en Berlín con mi primo. Tengo dos primos que viven en Alemania hace muchos años. He ido varias veces a Alemania. Esa fue la primera vez que salí.

Alemania sí me impactó. O sea, el primer mundo, el desarrollo, Europa del primer mundo, para mí siempre es impactante. Y Alemania…, lo cosmopolita, las facilidades, el buen gusto alemán…, eso…, en otro lugar de Europa incluso yo no lo he visto. La discreción, la elegancia discreta de Alemania para mí fue cautivante.

¿Y por qué virar para acá?

¿A Cuba? Pues, siempre a los 15 días de estar fuera de Cuba yo empiezo a contar regresivamente cuánto me falta para regresar. A los 15 días exactos, eso no falla. Ya del día 14 para el 15, empiezo a contar cuánto falta para regresar.

Te digo, a mí me falta. Yo he logrado, básicamente, más de lo que yo me propuse en la vida, menos tener un hijo, todo lo demás lo he superado con creces. Desde lo profesional, he logrado mucho más de lo que me propuse, a nivel de familia, yo creo que soy bendecida con la familia que tengo. ¿Qué te puedo decir? Yo tengo mi casa, de mi propiedad, en una playa de la costa sur, mala, pero que me gusta mucho. Tengo mi casa aquí, en Playa, tengo una vida bastante discreta, tranquila. Aquí hay mucha paz, te podrás dar cuenta. Mis vecinos a veces ponen música el fin de semana, pero saben que a mí en un punto me molesta y nos llevamos muy bien y la quitan. Y la finca.

O sea, yo no voy a encontrar en ningún lugar el mundo…, Ismario ha estado en la finca, o sea, yo no voy a encontrar en ningún lugar del mundo lo que yo tengo en Cuba. Además, cuando estudias la cultura de este país, cuando conoces profundamente la historia de este país, y yo me ufano de ser una conocedora de mi país y de la cultura de mi país. Ya yo tengo lazos a otros niveles con este país, que me hacen…, ya te digo, extrañarlo, sentir la carencia y la necesidad de volver. Yo no me hayo viviendo en otro lugar.

Vamos atrás. ¿Cuándo te radicalizas y cuándo sale tu papá?

Yo siempre fui muy radical. Yo no me radicalicé después. Yo lo expresé después.

Anjá, lo que quiero decir es que cuándo te radicalizas a la hora de soltar ese silencio.

Por mi hermano. Yo no lo hubiera hecho nunca. En el año 2016, la primera huelga. A mi hermano empiezan a tratar de botarlo de la universidad desde fines del 2014. Y ya en el 2016, cuando él hace la huelga por la ausencia de uno de los dos anticuerpos monoclonales que yo necesito.

Mi hermano sí siempre ha sido expresivo, extrovertido. Y es por él que yo me expreso. De lo contrario, yo hubiera seguido en la misma tónica de una expresión de inconformidad tácita. De dentro de mi finca tratar de lograr, por ejemplo, que mis estudiantes tuvieran un conocimiento lo más profundo posible de lo que es la cultura de este país, la Historia de este país. Que se apertrechen para el futuro, la Cuba que va a venir, la Cuba del cambio, próspera, inclusiva, pero yo hubiera seguido ahí. La posición de mi hermano y el tener que salir a la palestra en su defensa es lo que me hace a mí expresarlo públicamente. De lo contrario, no creo que lo hubiera hecho.

¿Y por qué no lo hubieras hecho, de verdad que no lo entiendo?

Por mi carácter.

Es que yo te veo más extrovertida…

Yo no lo soy. O sea, no soy tímida, pero yo no soy extrovertida. ¿Cómo te lo explico? Yo mantengo amigos que vienen conmigo desde preescolar, por ejemplo. Yo tengo amigas con las que no hablo de política y siguen siendo mis amigas. Ya te digo, y te voy a decir, mi hermano y yo tenemos un mundo muy de nosotros, que es más bien un mundo reducido, alternamos socialmente de una forma eventual, pero siempre hemos estado muy imbuidos de lo que estamos haciendo y entonces es difícil destinar tiempo para otras cosas, sobre todo cuando la vida es tan precaria. Afortunadamente, tenemos a mi madre, que es la que nos ha posibilitado ser lo que profesionalmente nosotros somos. Y ahora mismo ella está solita en la finca, te podrás imaginar.

Entonces, yo hubiera seguido así. Te digo, te confieso, no busques la valentía que no hay. Eso ha sido por ver a mi hermano en peligro. Ya después, imagínate, viene la cárcel de mi hermano, todo eso. Entonces ya yo tengo que salir más públicamente por la defensa de su caso, pero si se tratara de lo mío, yo te garantizo que me hubiera muerto. De no ser por él me hubiera muerto.

¿Cómo es ser la hermana de Ariel?

La hermana de Ariel, eso es un privilegio. La mayor parte del tiempo es algo que no te deja tiempo para pensar porque el ritmo de Ariel es trepidante. Mi mamá y yo cuando estamos mucho tiempo cerca de él, que él se va después, nosotras caemos en un bajón. Incluso, nos pasamos como dos días sin hablar mucho entre nosotras porque mi hermano no cesa desde que era un niño. Entonces, todo el tiempo él demanda de nosotras y nosotras nos montanos en el tren de él y lo seguimos, las cosas que se le ocurren: la finca, los animales. Es inevitable.

Ser la hermana de Ariel es la mayor parte del tiempo una fiesta en la que tienes tiempo para reírte a veces, porque casi todo el tiempo tú estás al servicio de Ariel. Él demanda mucho. Entonces, tú estás trabajando en función de él, creas, fíjate, yo he creado, pero yo he creado porque el impulso lo pone Ariel, no porque lo pongo yo. Ariel es una fuerza de la naturaleza.

¿Cómo asumiste el cáncer porque de pronto te imagino tragando demasiadas cosas y se suma eso?

En el 2005 yo tenía mucha pérdida de peso, me hice mil pruebas y nada. Que si síndrome de mala absorción, tú sabes cómo es el sistema de salud este. Y en el año 2006, en julio, decidí hablar con mi hermano una noche, pero yo no tenía ninguna sospecha de cáncer porque un año antes, por un nódulo, yo había ido al oncológico con la que era la jefa nacional del grupo de cáncer de mama, la difunta doctora Bush. Mi hermano, incluso, fue conmigo a hacerme un BAAF y todo dio negativo. Pero aquello seguía creciendo y qué pensé yo, que era lo que ellas me habían dicho, que era una displasia. O sea, yo era absolutamente ignorante de cuestiones bilógicas y todo eso. Mi familia es una familia de ciencia, de biólogos, de ingenieros, pero yo no tengo nada que ver con eso.

Entonces, nada, una noche le comento a mi hermano porque ya yo sangraba. Y entonces, Ariel lo más chiquito que me dijo era estúpida. Pero, de hecho, yo no lo asociaba con el cáncer todavía porque él no mencionó la palabra. Él llamó a una gran amiga, la doctora Concepción Campa y ella fue la que nos introdujo en el hospital Cimeq y me hicieron una biopsia. Al otro día mismo yo estaba en el ISA cerrando el curso, cuestiones de papeles y eso, y me llamaron, que fuera para el Cimeq. Yo fui, me hicieron una biopsia. Regresé. Nadie me dijo que tenía cáncer, sino que virara al otro día a ponerme un suerito.

Yo vengo para la casa y le digo a Ariel: “No, Ariel, lo que me dijeron fue que vaya a ponerme un suerito”. Y Ariel me preguntaba: “Pero un suerito de qué”. Y yo: “Un suerito preventivo”. Entonces me dice: “No hay sueros preventivos, mija. Un suero de qué”. Ni me dijeron que fuera con un acompañante ni nada, yo hubiese ido sola. Y entonces Ariel fue conmigo. Y ya, entonces Ariel sí me dijo que era cáncer.

¿Qué cómo lo procesé? Imagínate tú. Mi hermano… Esa es otra historia. O sea, yo luché porque mi hermano se recostó a un marco de la puerta en el hospital Cimeq y me dijo: “Si tú estás dispuesta a luchar, yo lucho contigo, pero tú tienes que decirme si tú estás dispuesta”. Entonces, yo le dije que sí. Yo vi tanta seguridad en él que yo le dije que sí, que yo iba a luchar.

Y ahí empezó.

Ahí empezaron los cambios de médico. Bueno, mi hermano es mi médico. Me sacó de ahí, ahí me iban a matar. Me sacó de ahí y ha dirigido toda esta historia. De nueve meses que me pronosticaron en julio de 2006, tres meses que me pronosticaron en noviembre de 2006 cuando llegué al oncológico, también gracias a la doctora Concepción Campa, son 15 años ya. En julio hizo 15 años. O sea, que Ariel ha hecho las cosas bien.

¿Y eso no te limita a la hora de luchar?

¿De luchar políticamente? Bueno, imagínate tú. Cuando ahora el viernes 13 de noviembre yo llego al calabozo de Regla, que parece que es el que me tienen destinado, me dice el control: “Sí, pero tú vienes de una riña tumultuaria”. Le dije: “Yo no vengo de ninguna riña tumultuaria. A mí me agredió un policía”, y me dice: “Sí, pero mira la sangre en tu vestido. Y cuando yo me miré y me vi… O sea, yo me cuido, sobre todo a instancias de mi hermano, yo me cuido, pero hay un punto en que yo no puedo dejar de ser un ser un social.

Es insólito que venga un policía, un caballito de la policía motorizada para arriba de mí a quitarme el teléfono. Mi teléfono lo pagué yo, lo compré yo, la línea la pagué yo, la Internet la pago yo. Me pusieron la línea por un post de Facebook que yo puse ayer porque ni a mi mamá podía llamar ni a mi prima ni a nadie. ¿Entiendes? Entonces, yo no puedo pensar que yo no voy a ser un ser social porque mi enfermedad me lo va a impedir.

Si fuera por eso…, yo no he pedido un certificado. En tantos años de enfermedad, en 15 años, yo no he pedido un certificado. No hay un solo incumplimiento de mis padres de mis planes de trabajo asociado a mi enfermedad. Yo he ido a trabajar recién operada. Entonces, hay compañeras mías de cubículo, pacientes oncológicas que me dicen: “Pero aprovecha –cuando yo trabajaba– pide peritaje y dedícate a ver películas, a descansar”. Yo no estoy cansada.

O sea, qué voy a hacer. Imagínate, tú sabes qué edad yo tenía, yo tenía 32 años cuando me detectan el cáncer. ¿Tú te imaginas que en ese momento yo me dedique a descansar? No se puede.

¿Cómo fue la experiencia en el ISDI, de qué te sacaron?

Lo esperaba y me preparé. Me venían cazando hacía dos años, desde 2016. Y yo los vi venir. Yo vi, incluso, como supuestamente para favorecerme, yo era profesora principal de dos asignaturas, me quitaban carga docente. Pero beneficiaban a una viejita noble, que después me viró los cañones, que no tenía la preparación adecuada ni mucho menos; ella estaba jubilada y así ganaría un poquito más de dinero.

Pero yo sabía lo que ellos estaban haciendo. Pero, además, nunca me perdonó Sergio Peña, el que era rector y ahora es director, nunca me perdonó que yo apoyara a un profesor, que era jefe del departamento de diseño industrial, cuando ellos lo vejaron. Premio de diseño, Alejando Rosales Trinchet y yo lo ayudé cuando ellos lo agredieron homofóbicamente. Él, incluso, pidió la baja. Cuba perdió ahí a un gran diseñador. Está radicado en Suecia y hace diseño. Nunca me lo perdonaron.

Y ellos son personas que se han dedicado, eso es una finca particular, el ISDI, y se han dedicado a darle caza… Fíjate, ni siquiera por motivos políticos. A adversarios profesionales, a personas con mejor currículo, más inteligentes, más cultas, incluso, compañeros de generación de ellos. Yo he visto profesores fidelistas que han sido cazados y han tenido que pedir la baja e irse de ese lugar, por ellos dos. Eso funciona como una finca particular.

Yo me preparé. Yo me hice fotos, estaba todo mi currículo. De hecho, cuando él me dice: “No viniste al congreso FORMA”. Yo le dije: “Busque mi publicación”. Y lo grabé. Yo a esa reunión fui preparada y lo grabé. Porque, además, sabía que después iba a venir el cuestionamiento de que no había sido real y por eso yo lo grabé. Por eso yo grabé esa reunión, yo hice fotos en esa reunión, me hice las fotos del pasillo. Fui con un amigo periodista independiente. Yo sabía que en la oficina de al lado estaba la Seguridad de Estado. De hecho, él entra tarde a la reunión porque estaba recibiendo instrucciones. Presenta un supuesto plan de trabajo mío, cuando yo miro a la jefa de departamento y le dijo: “Dile la realidad”, ella baja la cabeza.

Yo me preparé y sabía que venía. Y me despedí. Yo pude despedirme de mis alumnos ese año. O sea, yo lo esperaba. Y fui a esa reunión sabiendo lo que iba a pasar. Entonces, llevaba dos años preparándome ante lo inevitable. Fíjate que ya habían botado a mi hermano, a Oscar Casanella, del INOR y de la universidad. Habían botado…, ahora me dedico a hacer la memoria histórica de todo lo que ha sido la censura académica en Cuba de 1959 a la fecha, con el Observatorio de Libertad Académica, que se fundó por el Programa Cuba a raíz de una conferencia que sobre el tema yo impartí en enero de este año en Bogotá.

Y mi historia es tibia al lado de las que han ocurrido. Hay gente que se ha suicidado. Ahora hay Internet. O sea, hay gente a la que se le retiró del trabajo y no tuvieron apoyo ni de la familia. Académicos que tuvieron que ir a vender cacharrería a la calle, ferretería. O sea, que los hijos renegaron de ellos, que la esposa los dejó, todo eso ha pasado. Estudiantes que se tiraron de un piso de la beca porque fueron expulsados por homosexuales. Entonces, mi historia, ya te digo, es tibia. Y yo tuve tiempo de prepararme porque los conocía, yo los vi venir.

¿Y ese era tu sustento económico, el ISDI?

Era mi sustento económico, pero yo ya trabajaba freelance asesorando equipos de diseño, por ejemplo, también trabajaba con la Oficina del Historiador, generando contenidos, para las salas, por ejemplo, dos salas del centro para la interpretación de relaciones culturales entre Cuba y Europa, el Palacio del Segundo Cabo. Y además de eso, con diseñadores amigos, alumnos, exalumnos que tiene sus propios equipos de diseño particular y necesitan, o generación de contenidos o asesorías desde el punto de vista histórico, para un proyecto determinado, y de esa manera yo percibía también dinero. Eso se cayó, por supuesto.

O sea, a mí nadie me llama. Yo he podido trabajar después con un equipo fuera de Cuba, pero ya a mí nadie me llama.

¿Y de qué vives ahora?

Ahora estoy en el proyecto del Observatorio de Libertad Académica, desde enero a la fecha. Durante un tiempo viví de la ayuda de mis amigos. Mi hermano, que tiene su contrato, cuando va y trabaja en Alemania con la Universidad Humboldt en Berlín y ese es el sustento de esta familia. Mi padre también me ha ayudado y ahora trabajo en el Observatorio. Y el Observatorio, por supuesto, recibe fondos, no son muchos, pero para una persona como yo, me bandeo bastante bien.

Pero eso es de enero para acá. Antes viví de la caridad pública y de mi hermano.

Te voy a hacer un comentario. A mí me gustó mucho un post que pusiste que decía: “Si yo soy mercenaria y Ariel es mercenario, ¿por qué me baño con un cubo y jarrito?”.

Bueno, ahí está el jarrito en el baño y el cubo. Llégate para que lo veas. Mira las paredes. Qué te puedo decir. Esa computadora es regalada. La grabadora nada más le funciona el radio y es regalada. El buró lo iban a botar en la oficina de una amiga mía, es regalado. Ismario fue a la finca. Te puede hablar de las condiciones de la finca. No tenemos ni baño. En fin.

Igual, regalado pueden decir que fue la CIA, jaja.  

Chico, yo estuve en el Departamento de Estado. Te puedo decir, en Washington. Y lo que me dieron fue agua y café. A mí me han regalado mis amigos, toda la vida me han regalado. Yo he ganado dinero. Cuando yo podía. Incluso, o sea, por eso tú me preguntabas de la enfermedad… No ha sido merma porque yo pensaba que lo iba a ser. Pero es como cuando me hablan de feminismo. Una mujer lo que necesita es dinero en el bolsillo. Y yo sé ganar dinero. Yo estoy preparada. Tengo el entrenamiento para el capitalismo, por ejemplo. Yo sé ganar dinero con lo que sea. Y eso se trunca ahora por esta situación.

O sea, nadie me va a llamar porque ya trabajar conmigo implica…, además, tú sabes cómo es todo el tema para trabajar aquí con los equipos de diseño. Tienen los ojos del DTI, de la Seguridad del Estado todo el tiempo encima de ellos, a mí nadie me va llamar.

Pero en condiciones normales yo sé ganar dinero. O sea, yo viví… y, de hecho, cuando yo empecé a trabajar, llegué a doblar muchos años en enseñanza artística entre la ENA y el ISA y ganaba cerca de mil pesos cubanos en ese momento. Trabajo nunca me ha faltado.

¿Los primeros hostigamientos con la Seguridad empezaron cuando lo de Ariel en la finca?

El hostigamiento…, ellos vienen y tal, pero recuerda que yo no hablo con ellos. Ellos están allá abajo, tú los viste, pero yo no hablo con esa gente. Yo conocí oficiales de la Seguridad del Estado. Esta gentuza, estos son delincuentes. Tú te das cuenta. Andan sucios. Yo nunca vi, en los años 80, un oficial de la Seguridad del Estado que visitara mi casa que estuviera sucio. Estas gentes andan sucios. Tú vas al edificio del Minfar, Atención a la Ciudadanía, y tú los ves que no respetan ni el uniforme.

O sea, esto es soldadesca. Estos son delincuentes. Esto es una fuerza paramilitar. Esto no dignifica el ejército de ningún país. Esto es lo que ha quedado. Nadie con medio dedo de frente, en este momento, lleva el uniforme del Ministerio del Interior. Honrosamente no se puede llevar, porque cuando tú ves detrás no hay un sustrato ideológico.

Qué le dijo a Ileana la Kenia esta, el personaje ese, “no, yo me alzo”. Porque ya ellos saben que van a perder, que están perdidos. ¿Y por qué lo saben? Porque sencillamente no tienen un asidero ideológico, conceptual. “Yo me alzo, yo voy a defender la Revolución y me alzo”. Ileana les contestó: “Pero por qué, vamos a dirimirlo en las urnas. Por qué tú tienes que pensar en sangre, por qué tú tienes que pensar en violencia todo el tiempo”. Hoy mismo, un acto de repudio a Ileana.

O sea, la respuesta de esta soldadesca solo puede ser la violencia. Ahí no hay inteligencia, ni coherencia conceptual para buscar otro tipo de relacionamiento con el adversario. Por eso es que to digo que no puedo creer en el diálogo.

¿Qué diálogo? Eso da pena ajena. A mí me da pena ajena. Porque, además, allí había muchachos muy jóvenes, muy bien intencionados, pero había gente que peina canas. Había gente que vivió como yo “la guerrita de los emails”.

Mira, en “la guerrita de los emails”, por ejemplo, hubo reuniones para los distintos acápites de la cultura. Hubo reunión con los cineastas, hubo una reunión con los literatos y hubo una reunión con la joven intelectualidad. Esa reunión ocurrió en el salón de actos del Instituto Superior de Arte. Yo te puedo enseñar mi credencial. Se seleccionaron a diez profesores jóvenes del ISA. Yo estuve entre los seleccionados. Se acabó de noche. No me dio tiempo a hablar porque todo el mundo tenía muchas cosas que decir.

Eso empezó por la tarde. Después de almuerzo. Ocho de la noche Abel Prieto lo dio por terminado. Una pila de gente nos quedamos con las manos levantadas. Y yo vi, clarito, cómo ellos usan esas válvulas de escape, donde la gente vaya a hacer catarsis en reuniones. Hubo alguien, incluso, que dijo: “Esto se está filmando, pero esto no tiene ningún tipo de validez porque los cubanos que hay allá fuera no lo van a ver y nunca van a saber lo que se está hablando aquí”.

Imagínate que eso abrió con Yoss, el escritor, diciendo que este era el país del miedo y que lo que prevalecía era el miedo. Y eso ocurrió en el 2007. O sea, estamos en el 2020. Tienen la valentía de acercarse más de 500 personas, casi todas jóvenes, a las puertas del Ministerio de Cultura y ellos, esta vez, lo hicieron incluso todavía más brutal que en ese momento. Porque en ese momento éramos un grupo seleccionado, en un salón cerrado en una institución, nos dejaron desbocarnos, y todo aquello se acalló. Ellos, sencillamente, tendieron un paño de silencio sobre todo aquello. No había Internet tampoco.

O sea, las instituciones, pero aquí nadie tenía ni teléfono celular. La mayoría de los que estábamos ahí no teníamos ni teléfono celular. Y entonces, ahora, no pudieron ocultarle al mundo una masa en la calle, visible, donde sencillamente ellos ganaron cuando ellos monopolizaron el tema. “Sí, los voy a recibir”. Mandan a un testaferro insignificante como Fernando Rojas, entra un pequeño grupo y por supuesto, que eso no iba a tener otra consecuencia que la burla.

Pero es que ellos tienen un entrenamiento. O sea, esto responde a un manual, a un manual de apaciguamiento de situaciones revolucionarias dentro de la intelectualidad cubana y eso ha estado ocurriendo desde 1959 con Lunes de Revolución hasta la fecha.

¿Hubieras ido ahí el 27 de noviembre si hubieras podido?

Si no hubiera tenido vigilancia hubiera ido. Hubiera ido. Yo creo que fue una cosa buena. De hecho, me avisaron amigos del Cardumen. Ellos estaban muy esperanzados. Yo hubiera ido, pero yo no hubiera ido esperanzada.

Primero, yo no tengo nada que hablar con Fernando Rojas. Pero yo no tengo nada que hablar con Alpidio Alonso. Alpidio Alonso es el responsable del aniquilamiento del verdadero movimiento de rap en Cuba desde la Asociación Hermanos Saíz. Él fue el gestor. Él me dijo a mí, personalmente, una noche, Facultad de Artes Escénicas, Festival Elsinor, él me dijo a mí que finalmente habían logrado quitarse a los raperos de encima con esta cosa del rap que hicieron, la Agencia Cubana del Rap. Como hicieron con los roqueros.

O sea, es toda una maquinaria y toda una urdimbre oscura para acallar las voces de la intelectualidad y los artistas confrontacionales. Es una estrategia desde el Ministerio de Cultura, orquestada por la Seguridad del Estado. Entonces, cuando me hablan de un diálogo con quienes han orquestado todo este avasallamiento de la verdadera cultura, de la vida, de la vida nacional, yo no puedo creer en eso. O sea, porque yo sé, yo vengo de la institución. Y ahí primó el desconocimiento, en algunos, los menos, yo creo que, incluso, la superficialidad, el ego, pero, sobre todo primó el desconocimiento. El desconocimiento de la historia, incluso, de la historia reciente. El desconocimiento de la historia de burla desde el Ministerio de Cultura hacia la intelectualidad cubana, o desde cualquier ministerio hacia los profesionales cubanos.

Hubiera ido, pero mi postura hubiera sido, vuelvo y te repito, yo no puedo aceptar un diálogo que no es real, que no existe. O sea, desde el irrespeto todo el tiempo y desde la búsqueda de las condiciones para la manipulación, que fue lo que ocurrió.

Te digo honestamente. Yo me hubiera quedado sentada en la acera. Ahí se hubiera generado una masa crítica. Tenían desde por la tarde listas guaguas con brigadas de respuesta rápida, no pudieron llegar porque ya aquello tenía una visibilidad ennorme, no pudieron llegar. Eso fue un 11M multiplicado por tres. Ahí nos hubiésemos sentado 500 y hubiésemos amanecido sin comer. Aquello no había cómo pararlo. Nosotros no estuvimos preparados para convertir el 27N en nuestro muro de Berlín.

El muro de Berlín empezó de diversas maneras. Ahora se cuentan muchas historias, pero había un piquete de muchachos roqueros, punk, en una esquinita, Alexanderplatz, en Berlín, oyendo música. Y ellos estaban ahí y la policía vino de forma descompuesta como mismo aquí con los jóvenes a pedirles identificación. Se los llevaron para el calabozo. Los padres fueron a verlos, los familiares, no se los dejaron ver y no los dejaron sacar. Aquello fue creciendo. Habían aumentado el precio del transporte recientemente. Existían marchas silenciosas hasta las iglesias en toda Alemania desde hacía unos años. Y un funcionario torpe…

O sea, aquí estaban todos los componentes, el funcionariado torpe, estúpido, que no sabe, que tienen que recibir orientaciones. Estaban todos. O una buena parte de ellos. Estaba la masa crítica en la calle, fíjate tú, diversa, de jóvenes. Estaba la situación comunicacional. El mundo estaba al tanto de lo que estaba ocurriendo. No pudieron caerles con todo. Un poco de gases lacrimógenos, pero no pudieron caerles con toda la embestida violenta.

¿Y qué ocurrió? Que esa inexperiencia no dejó que se aprovechara un momento precioso. Tuvieron, incluso, mejores condiciones que las que tuvieron los berlineses en 1989. Un funcionario torpe hizo una alocución ante la prensa, en Berlín, donde dijo algo como “más o menos que ya se podía pasar al otro lado”. Y no, era que se estaba analizando flexibilizar el pasar al otro lado a comprar con los 100 marcos que te daban una vez que pasabas al otro lado y regresabas. Y la gente fue en hondonada para el muro.

Esta situación con los muchachos detenidos, la situación de la reciente subida del precio del transporte, etcétera, etcétera, etcétera. Las mismas condiciones que aquí. Tiendas en dólares, donde la mayoría no puede comprar, o sea, una situación económica crítica, una masa pujante, una masa crítica en la calle que de veinte y pico de personas se convierte en cuestión de horas en más de 500 personas. Cae la noche. Un funcionariado absolutamente desprovisto de autoridad. Torpe. Con el que no puedes establecer un nivel de diálogo. Que, además, han sido los protagonistas, los que estaban ahí, de episodios de censura a la intelectualidad y a los artistas. O sea, ellos son caras visibles de la violencia de la institución contra sus supuestos representados. Estaban todos los componentes de una situación revolucionaria exitosa a favor del cambio en Cuba.

La inexperiencia. Creo que también estamos desprovistos, y el sistema ha trabajado muy bien en eso, todos los espacios donde se ha practicado el socialismo, es que desprovee al individuo de su condición como ente, valga la redundancia, individual, de su capacidad de decisión individual, y miramos mucho al grupo, a la masa buscando una situación de consenso que, realmente, muchas veces da al traste con la toma de decisiones correctas, que produzca un resultado concreto. Y eso fue lo que pasó. Se acallaron las voces más críticas, las más experimentadas, sólidas conocedoras, en virtud de otras voces más calmadas, mediadoras y al final la burla. O sea, se desaprovechó una situación revolucionaria que hubiera…, si ellos se sientan esa noche en la acera del Ministerio de Cultura, amanecen en Cuba libre. Eran 500. Ahí amanecen 5 000. Eso no lo para nadie.

¿Ya que eso no pasó, qué crees que toca hacer?

Hay que aprender en segundos. Olvídense de la planificación. Ahí hay un Estado con una experiencia de 61 años en planificar cómo callarte la boca, tú no vas a superarlo. Olvídate del plan, olvídate que para después que me voy a dormir esta noche para mi casa, y entonces me reúno con fulano y veo que voy a decir. No. Sé tú. No mires para el lado. Sé tú y para delante.

También yo creo que solo se fue para el lado de los artistas…

Ese es un problema. Les han hecho creer falsamente, lo que después cuando les ponen vigilancia y les dan dos galletas se dan cuenta de que no es así, les han hecho cree que ellos tienen un estatus diferente del tornero. Y es uno mismo. Aquí todo el mundo tiene que comprar leche en polvo a sobreprecio a la misma persona, el intelectual y el tornero. Entonces, esa falsa zona de confort es la que los desmoviliza y los hace así…

Esa noche del 27, lógicamente nosotros estábamos sitiados. Tú me preguntaste si yo hubiera ido, yo hubiera ido, lo que pasa que yo no hubiera ido a un diálogo. Yo me hubiera quedado ahí sentada, hubiese seguido llegando gente, llegaron… Eran veinte y pico. Había brigadas de respuesta rápida para caerles con todo, había fuerzas antimotines para caerles con todo. Se atrevieron con un poco de gases lacrimógenos y más nada, la gente se mantuvo. La gente siguió yendo y llegaron a más de 500 gente.

Ellos generaron una masa crítica. Yo me hubiera quedado sentada. Mira y te voy a hacer un paralelismo que ya le hice a Luisma.

¿O sea, tú hubieras dejado que los 30 entraran?

Yo no lo podía impedir. Y ahí hay un factor que es importante. Este tipo de sistema te genera un concepto de consenso con el que yo no estoy de acuerdo. Porque es inconsenso, y eso yo lo he hablado, incluso, con personas que fueron miembros de la clandestinidad, del Directorio Revolucionario. Y ellos te dicen que se logró llegar al poder, que la Revolución triunfa y que la Revolución se consolida por la unidad.

Esa unidad implico que ellos, los del Directorio, se anularan. Anularan sus demandas, anularan esa individualidad que hubiera enriquecido. Un proceso cambiante, un proceso que se estaba fraguando y que probablemente de existir esa diversidad no hubiera llegado al totalitarismo, a la dictadura. Fíjate que peligroso es el consenso cuando el término se emplea en el acallar esas otras maneras. Yo no hubiera entrado. El que quiera entrar que entre, pero yo me mantengo. Yo. Y yo no miro a nadie. Yo como ser individual. Y el que quiera mantenerse porque coincide con mi postura que lo haga. Y que se mantenga. Y esa diversidad hubiera sido buena.

Yo te digo, fíjate. Y pienso en Berlín. Fueron situaciones al unísono. Antes nos habían sacado a nosotros con la patada en la puerta de San Isidro. Hubo la manifestación en el Parque Central, las personas que llegaron, las personas…, distintos focos en toda Cuba. Hay una situación revolucionaria, es innegable, con la ventaja de una situación comunicacional favorable gracias al internet. El mundo está mirando. Fíjate, 1989 en Alexanderplatz en una esquina y unos muchachos, unos punks, oyendo rock. Viene la policía igualita que aquí, en su forma descompuesta, pide identificaciones. Bueno, ellos van a dar al calabozo. Los padres van para allá a llevarles comida, a sacarlos, no lo tienen permitido. Los padres que no creían, no estaban en nada. Esa masa va creciendo. En paralelo había subido el precio del transporte. Ya hacía años que había marchas silenciosas que iban hacia las iglesias y la gente venía en las iglesias una forma de manifestar tácitamente su inconformidad. Igualito que aquí. Y además de eso, un funcionario torpe que envalentonado traduce un lineamiento superior respecto a la flexibilización de los permisos para pasar al otro lado a comprar y él lo traduce en que se puede pasar para el otro lado ya. O sea, se envalentona. Y la gente va para el muro a pasar al otro lado a comprar.

Si tú miras Cuba, ahora están las tiendas MLC, la subida de los precios. Están los mismos componentes de la situación revolucionaria que hubo del otro lado. Los jóvenes inconformes, agredidos, las multas de 2 000 pesos por cualquier cosa. Incluso, una pandemia mal manejada. Está lo que pasó en San Isidro, o sea, hay un foco confrontacional, álgido, duro. Y se da entonces el funcionariado torpe del Ministerio de Cultura. Nada más y nada menos que encabezado por el más torpe de todos, que es Fernando Rojas, que es el personaje que ha compulsado a la lidia callejera a la confrontación en las redes sociales. O sea, un bufón.

Tienes todos esos componentes. Entonces tú frustras esa situación revolucionaria yendo a caer en el mecanismo que históricamente ha dominado ese supuesto controlador del diálogo, el poder. Tú vas a entregarte a las manos del poder. Eso se hizo, yo creo que por ingenuidad. Por desconocimiento histórico, y sobre todo, vuelvo al inicio, por ese falso concepto del consenso.

Vamos a olvidarnos de la unanimidad. ¿Tú quieres entrar? Yo no voy a entrar. Y yo me quedo aquí. Ahí había una masa crítica que puso a temblar a la dictadura. ¿Cómo si empiezan 20 en unas horas del mismo día van a llegar a ser más de 500? En ese momento no se estaban defendiendo solamente derechos culturales. Ahí se estaba defendiendo la libertad de Cuba. Y no fueron conscientes de eso la mayoría: por desconocimiento histórico, por esa inexperiencia tan bien acendrada en el hipotálamo de la gente que no es capaz de comprender en fracciones de segundo su valor como individuo, como protagonista de la historia, su posibilidad de decidir, y busca la masa, busca la sumatoria de las personas.

Me siento y de haberse sentado unos cuantos, sin ponerse de acuerdo, unos cuantos se hubieran quedados sentados, amanecen en Cuba Libre. Ahí se hubieran sentado 500 y ahí amanecen 5 000. Nosotros perdimos una gran oportunidad histórica ese día. El mundo vio lo que es capaz la dictadura. No hay posibilidades de diálogo, todo eso.

Señores, vamos a dejar de construir esos hitos históricos en la memoria del fracaso para de una vez cambiar esto. O sea, yo te decía, el mundo vio. Sí. Octubre 17, 1959. Boitel es el candidato a la presidencia de la FEU. Fidel Castro decide que es Cubela. Y Boitel, que era miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, tiene que ceder ante la candidatura de un miembro del Directorio Revolucionario para lograr un pacto político que le interesaba a Fidel con la masa crítica que era la Universidad de La Habana. Tenía que apaciguar al Directorio en la Universidad de la Habana. Incluso, la mayoría de las armas ya las había entregado el Directorio, pero tenía que acallar esa fuerza divergente que era el Directorio.

No vamos a seguir buscando el supuesto consenso. Ese consenso, ese falso concepto de la unidad, al final da al traste con la diversidad y nos lleva al mismo camino. Ellos se mantienen. Es un poder experto. Son más de seis décadas en acallar las voces individuales. O sea, no estamos lidiando con un adversario inteligente, pero sí con un adversario con experiencia. Y tienen lo que nosotros no tenemos. Ellos tienen la experiencia del ejercicio del poder y nosotros carecemos de la experiencia del ejercicio del individuo. Ellos nos han dicho que somos seres sociales para aplastarnos en una masa amorfa. Seres individuales es lo que no podemos hacer. Destacarnos es lo que ellos no permiten que nosotros hagamos.

Se van a dar otras oportunidades. Yo tengo realmente esperanzas de que este acervo del fracaso que nosotros tenemos nos lleve en otro tipo de situación. Porque nunca logramos nada. Fíjate, porque las libertades económicas, cuando el “obamismo”, fueron un espejismo para unos pocos. Y entonces, estaba Obama en el juego de pelota en Latino y afuera golpeaban a las Damas de Blanco.

O sea, si las dos cosas no van de la mano…, vamos a olvidarnos de una situación que pueda ser progresiva hacia la mejoría de la situación. No se va a dar. Si no hay libertades políticas, si no hay una liberación de la sociedad civil en Cuba en todas sus formas de expresión: animalistas, deportistas, científicos, oposición política. Si no ocurre esa liberación nosotros no vamos a llegar realmente a una situación progresiva de paso al Estado de derecho.

Y estas oportunidades… Ya te digo, no sé cuándo va a llegar la próxima. Pero se perdió una gran oportunidad. Al otro día cámaras cerca de Ministerio de Cultura, ya ellos están, ahora en este minuto, como a un paso delante de otra situación similar que se pueda gestar. No va a existir otro acuartelamiento como el que nosotros hicimos en San Isidro y vamos a ver en qué condiciones se puede dar un brote social. Vamos a ver porque ya ellos…, ya fallamos. Y el entrenamiento nuestro… Ellos van a tratar…

Fíjate como yo tengo vigilancia y como todo el mundo tiene vigilancia. Están tratando de que no nos reunamos ni para comernos un cake. No saben bien cómo ellos van a detenernos, pero sí tienen bien toda la posibilidad desde el poder de atomizarnos. Y eso mismo pasa con esas 500 personas del 27N.

O sea, otra reunión que se dé, que ellos vean en las redes sociales, inmediatamente les van a caer las fuerzas antimotines. O sea, estamos en una situación en este momento sin salida porque les entregamos las armas y ahora mismo y ellos tienen ventajas sobre nosotros.

¿Qué esperanza tú ves?

Que la situación revolucionaria exista. La situación económica existe. Es un país sin infraestructura. Es una economía de servicios, que se sostuvo, por ejemplo, en la exportación de servicios profesionales, pero gracias a una situación comunicacional favorable ya eso se sabe y cada vez es más difícil de sostener que sean intercambios solidarios. Ahí hay una suspensión de un flujo de entrada recursos económicos importantes.

Por otra parte, va siendo cada vez más difícil que la comunidad internacional, en términos de opinión, sea favorable a ellos. Por ejemplo, los círculos académicos, que siempre han sido muy conservadores a la hora de cambiar la matriz de opinión positiva respecto a la revolución cubana, en este momento, está en una posición muy difícil porque sostener ese patrón positivo recibe cuestionamientos éticos desde la derecha, pero también desde la izquierda.

Entonces, cómo tú vas ahora, por ejemplo, al Parlamento Europeo, que está dominado por la izquierda, no te quepa duda, cómo tú vas desde el Parlamento Europeo, que, además, tiene intereses económicos importante y que, además, usa a Cuba como punta de lanza importante en su diferendo solapado con los Estados Unidos. ¿Cómo vas a sostener eso con tantas caras visibles de la represión?

O sea, no es una cuestión ética. Es una cuestión de apariencia ética. Ya es más difícil de sostener. Y eso juega a nuestro favor. Te repito, la situación comunicacional juega a nuestro favor, la situación revolucionaria juega a nuestro favor, pero es una dictadura.

A la dictadura, cuando se acaba su capital simbólico, cuando se agota, y esta jugó bien ese capital simbólico, no le queda de otra que recurrir a la fuerza. No es por gusto que el fallecido ministro del Interior, Gandarilla, era un hombre de posibilidades intelectuales dudosas.

O sea, mi padre fue el encargado de dirigir una estrategia, a finales de los 80, para evaluar las reservas de cuadros en la escalada dentro del Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas. Ese examen, cuando Gandarilla lo aprobó, el resultado fue realmente que Gandarilla realmente tenía sexto grado. Gandarilla no pudo manejar San Isidro, se murió. Probablemente de un infarto. No se le enterró ni con honores. Él no pudo manejar esa situación. Llevan una escalada violenta contra la oposición que hizo que mi cuerpo sangrara el viernes 13 de noviembre. Así no lo van a lograr acallar.

¿Qué hicieron con el 27N?

Pararon los golpes, hay otro ministro del Interior. Los dejan entrar. Les ponen un fantoche, un funcionario torpe, y este funcionario torpe con las indicaciones adecuadas pudo acallar ese foco de rebelión. No fue por los palos, fue con la palabra. Y eso es peligroso.

Y eso es muy peligroso porque la situación revolucionaria esta, la situación comunicacional es buena también, pero si la represión torna a lograr, incluso, una confrontación entre nosotros de los que quieren el supuesto diálogo y los que estamos convencidos de que no produce absolutamente nada es más difícil todavía.

Ya te digo, a mí lo que me queda es apelar a la individualidad. A la formación que cada profesional y cada ciudadano de a pie, cualquiera, tiene esa experiencia de vida que tenemos los cubanos después de 61 años de dictadura y evolucionar mentalmente en cuestiones de fracciones de segundos ante una situación propicia. Y no pensar, y no posterga. No es: “No, nos vamos a reunir el jueves”. No es “nos vamos a reunir mañana”. No, es ahora. Y no es una reunión. Es una convocatoria al cambio, con las palabras que cada quien tenga, pero es una convocatoria el cambio.

O sea, si seguimos pidiendo: abre el Registro del Creador, elimina las tiendas en dólares, por ejemplo. Aquí ya se tienen que hablar, por ejemplo, de elecciones libres. Aquí se tiene que hablar del nombramiento de una asamblea electoral, una junta electoral diversa con todas las opciones políticas, con miembros diferentes de la sociedad civil para pedir elecciones libres. Y a partir de ahí empezar a caminar porque si seguimos con las reformas, ellos se mantienen en el poder y no va a ser un cambio efectivo y siempre va a ser una situación favorable reversible. Vamos a volver siempre a la situación de precariedad desde todos los puntos de vista: económico, social, de libertades sociales. Siempre vamos a volver atrás. Ellos tienen que salir del poder.

Necesitamos hacer un flashback, ¿cómo te vinculaste con el Movimiento San Isidro?

A ver, no estoy vinculada al Movimiento San Isidro. Mi vínculo es con Luis Manuel. Yo soy amiga de Luis Manuel, Luisma… Está la situación con este muchacho, con Denis Solís, ya había ocurrido la situación con Maykel Obsorbo, Maykel tuvo que cumplir. Cuando el 349 el que cumplió fue Maykel. Y ese momento no se hizo lo que ahora por Denis. O sea, no se manejó de esa manera y él cumplió.

Y yo creo, estoy segura, de que Luisma no iba a permitir eso de nuevo. Y por eso es que él hace la convocatoria. Y van Anamely y otros muchachos a Cuba y Chacón, una y otra vez, simbólicamente, porque Denis no estaba en Cuba y Chacón. Entonces, el viernes 13 ellos me escriben, algunos, y me dicen: “no, vamos para allá”. Y yo sentía que estaban…, no se atrevían, pero que me decían: “si tú estuvieras…”, y yo fui.

Y pasó lo que pasó. Recuerdo que el esbirro de la Seguridad del Estado, cuando llegó al calabozo en Regla, que me engañaron, me dijeron primero que me iban a sacar, me dijo: “Y no, vamos a subir la parada. Ahora cada vez más contigo vamos a subir la parada”. O sea, lenguaje de mafioso, y yo me di cuenta de que el ciclo de la violencia iba a escalar, escalar, escalar. Nada. Vieron la sangre, todo lo que se formó, me sueltan porque yo esa noche iba a dormir en el calabozo. Y entonces, Luisma me dice el lunes: “No, mira, nosotros vamos a salir para Cuba y Chacón. Nos van a esperar, nos van a golpear y tú filmas. Tú te quedas dentro de la casa, te vas para la azotea y filmas”.

Y entonces yo le digo: “Ah, OK, está bien”. Pero ya una vez que estábamos ahí, era lo mismo: salen, golpe. Y entonces yo le dije a Luisma: “Chico, y por qué no nos quedamos esta noche aquí –yo fui preparada con cepillo de diente– por qué no nos quedamos esta noche aquí y mañana ustedes salen. Vamos a leer poesía”. Y después todo se complicó.

¿Y tú sabes por qué se complicó? Por la escalada de ellos. Cada acción de ellos convocó una acción nuestra. Eso se pudo haber resuelto de una manera…, incluso, de una manera menos perjudicial para ellos y no lo pudieron manejar. Porque, incluso, hubo tantas violaciones en el debido proceso en el caso de Denis que con una revisión de caso, Denis sale para la calle con una medida, no sé, con una multa. Y no lo pudieron manejar.

¿Tú crees que manejaron mal el atrincheramiento de ustedes?

No están aptos para manejar algo que no sea sal a la calle y violenta a los manifestantes. Sus niveles de respuestas son esos. Con el Ministerio de Cultura no pudieron violentar. Tuvieron que parar y replegar la fuerza represiva. Por eso es que te digo que perdieron una gran oportunidad. Varios cientos de personas. La violencia no pudo ejecutarse. ¿Y que usaron ellos? El diálogo.

¿Si hubieran soltado a Denis qué ustedes hubieran hecho?

Nos hubiéramos ido. Si ellos sueltan a Denis en un primer momento todo acaba ahí. Y hubiésemos seguido haciendo acciones de desobediencia civil como siempre hemos hecho desde la no violencia, desde lo pacífico, pero nunca hubiera llegado a esa escalada.

Esa escalada respuesta nuestra tiene que ver con los detonantes de ellos. O sea, quienes nos iban haciendo escalar eran ellos. O sea, qué sentido tiene que impidas pasar la comida. Y ahí hay un detalle importante. Impiden pasar la comida. Bueno, los vecinos, yo que me mantuve comiendo, nunca dejé de comer por la solidaridad de los vecinos.

Este pueblo también…, cuando te hablo de situación revolucionaria no es solamente nosotros, las caras visibles, este es un pueblo ya cansado. Acuérdate que la válvula migratoria hacia los Estados Unidos cerró. O sea, nosotros estamos aquí adentro cocinando este descontento. Es cuestión de tiempo. Ahora, cuando llegue ese tiempo, cuando tengamos esas oportunidades, ¿vamos a saber manejarlas? O vamos a ir de nuevo a sus canales de diálogo donde ya tú ves que ellos hacen. O sea, yo no esperaba otra cosa.

Ahora, qué distinto sería, qué distinto sería un grupo de gente, de cubanos libres, sentados en un lugar dispuestos a quedarse sentados en ese lugar hasta que ocurra un cambio efectivo. Con demandas claras. Con una demanda: sale del poder.

Convoca a elecciones libres. Incluso, convoca a elecciones libres y tú formas parte. Vamos a ver si en el juego democrático tú ganas. Vamos a ver si sacas el ejercicio de la fuerza y con las reglas de la democracia tú puedes sostener el poder. Porque hasta ese riesgo existe. Pero en condiciones de confrontación violenta, ellos yo creo que incluso ya lo saben, lo único que van a obtener es que se afiance esa situación revolucionaria. Sin alimento económico esa situación revolucionaria permanece, perdura.

Ahora, ¿cómo puede eso desembocar verdaderamente en un cambio, en revertir esta precariedad? ¿Cómo eso puede ocurrir? ¿Cómo se puede democratizar Cuba a partir de la situación revolucionaria que existe, que ya está creada? Eso depende de la suspicacia y del buen uso de la experiencia política frustrada, de frustración que tenemos los cubanos. Entrar en los canales de diálogo con ellos es sencillamente caer en sus manos. Y no es posible. Ahí se manejan bien.

O sea, nunca van a tener… Fíjate que hacen después esa reunión con otras personas. La campaña difamatoria en los medios. O sea, ellos nunca van a responderle al pueblo desde el poder con la verdad. Ellos no están en esa condición. Nosotros no hemos sido capaces de ponerlos en esa condición. Por eso es que te digo que las oportunidades hay que saberlas aprovechar.

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