Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA)

Apagón digital en Cuba

“Buenas, ¿internet por aquí?”, pregunté ayer en el grupo de Whatsapp de mi familia. Y hoy, cuando me levanté, repetí la pregunta. El silencio que le siguió a mi interlocución en esa mini-casa de Whatsapp donde mi familia se “reúne” diariamente fue quebrado por una llamada de mi hermano más chiquito, que vive en Miami. “Papá está con COVID-19”, me dijo no más atendí.La noticia que he estado temiendo desde hace un año y unos meses, cuando esta pesadilla pandémica empezó, se hizo realidad. Y en el peor momento posible, porque además de estar viviendo su peor pico de contagios por el nuevo coronavirus desde marzo de 2020, Cuba, mi país, se encuentra pasando por un momento de tensión política del que ningún cubano del mundo está ajeno a estas alturas, donde llueven las narrativas mesiánicas peligrosísimas de una intervención militar estadounidense, pero también ante las cuales el gobierno se ha mostrado tozudo y confrontativo.Frustraciones similares a las mías no han faltado en las 72h de desconexión consecutivas que lleva Cuba; a un colega se le hacía imposible comprarle malanga a su bebé porque los únicos agros abastecidos eran los virtuales, en los que suele comprar por Whatsapp, que, como sabemos, a pocas horas de comenzar las manifestaciones ya se había convertido en un ícono inservible en las pantallas de los celulares en la Isla, salvado únicamente por flashazos de VPN y queseyo qué artimañas oscuras que los “hackers por necesidad” han inventado en los últimos días.Las protestas a las que me refiero empezaron el domingo 11/07, el mismo día se impuso el apagón digital. Ese apagón nos desconectó de los cubanos queridos a los que nuestra Isla-caimán sigue sirviendo de casa. Así no más, como se desconecta un refrigerador de la corriente cuando está tronando, el Estado cubano nos quitó el cable que ha trazado el puente transnacional imaginario entre cubanos de muchas orillas en un año y tanto de pandemia.Las respuestas oficiales que he podido ver al respecto, además de escasas, cuando aparecen atribuyen al apagón digital el objetivo de “cortar los discursos de odio” que han estado moviéndose por las redes en las últimas jornadas. Y así, donde el Estado emerge paternal —protector— la voluntad y el derecho de la gente a la información se desvanece más fácil que una pelusa de algodón de azúcar en la boca. Donde estas condiciones se dan, además, esa misma gente es infantilizada y la capacidad crítica les es negada, incluso antes de que cualquier tipo de exposición a la web ocurra.La narrativa oficial cubana enfatiza en la polarización política por la exposición prolongada a las redes y la denuncia a que las protestas tienen su génesis en campañas organizadas desde fuera de Cuba justamente a través de esta plataforma de los bits. No sería la primera vez que esto ocurre, de hecho; ha pasado en otros países del mundo, y sé que estos espacios se han mostrado de sobra caldos de cultivo propicios para que las campañas de desinformación y las fake news hagan la fiesta. No obstante, ante estos peligros latentes, que en Cuba crecen también como era de esperarse, cabría al Estado preocuparse por formar a sus ciudadanos para que sean alfabetizados digitalmente y no cortarles los canales de comunicación cuando así lo consideran pertinente, alegando “roturas” y “problemas técnicos” que tontean con la inteligencia de su población y, más que una justificación, suenan a burla tosca.En el contexto del desenchufe inducido que se ha dado, cabría esperar desde la prensa cubana, desde los medios que pertenecen en su totalidad al Estado, información oportuna, no sesgada, que contrarreste lo que pueda ser manipulación y mentira desde la intención opuesta que la oficialidad condena en su retórica. Producir una contranarrativa honesta ante las alegadas campañas de desinformación, además de un deber del Estado cubano, sería una seña de inteligencia política, en un momento de crisis. En contrapartida, negar cualquier legitimidad a las protestas y desenchufar en paralelo el tomacorriente internético a la población anula cualquier posibilidad de que la opinión internacional se exponga a los relatos internos que deberían dar luz a la realidad. En Cuba, el incentivo al uso masivo de las tecnologías de la información y la comunicación responde a un entendimiento de dichos espacios como una “fuerza política, científica y económica”, según lo establece el Decreto-Ley No. 370 “Sobre la informatización de la sociedad en cuba”. Internet adquiere por primera vez un carácter público en Cuba en el año 2015, cuando la apertura de las llamadas “zonas WiFi” por toda la Isla empieza a promover usos individualizados de la red de redes que, a pesar de que en un primer momento de dicho proceso ocurrían en espacios públicos como plazas y parques, por primera vez las personas naturales tuvieron la oportunidad de consumir y navegar por internet sin que para ello necesitasen de otra cosa que no fuera capacidad de compra de la tarjeta de una hora de conexión (no que esto representase poca cosa).PublicidadEn 2017 y 2019, la entrada de la 3G y la 4G, respectivamente, dinamizó aún más ese proceso de apropiación de las tecnologías y pluralizó los usos de las redes a nivel social. Dinámicas espontáneas como los grupos temáticos en Whatsapp, la articulación de redes comerciales informales, entre otras, a pesar de no ser inéditas en el contexto cubano, se dieron por primera vez en un escenario mínimamente ordenado en la virtualidad. Y florecieron, como era de esperar, en un país que esperó años para conectarse sin la mediación exclusiva de los info-centros estatales. La entrada de la conexión por datos móviles y su creciente uso hizo que, enero de 2021, Cuba reportara nada menos que 7.70 millones de usuarios de internet, más de la mitad de su población.Más allá de las redes y prácticas comerciales incentivadas por la individualización y masificación progresiva de internet, la acción política ciudadana también se perfila como una novedad interesante en el contexto social cubano. En Twitter, donde las autoridades cubanas vienen ensayando una forma de gobernabilidad y rendición de cuentas pública, aunque limitada, inédita en la historia del país, sobran los ejemplos de activismo político transnacional y doméstico. La etiqueta #bajenlospreciosdeinternet tuvo su auge en 2019 y articuló una campaña social que buscaba justamente llamar la atención de la proveedora ETECSA sobre la desproporcional relación entre las tarifas de acceso y la calidad del servicio. La presión ciudadana digital se ha manifestado en otras esferas también, activando pautas animalistas, de género y migratorias ante las cuales el Estado y sus entidades han sido llamadas a rendir cuentas ante la sociedad civil, en un proceso de interpelación que ensaya nuevos caminos ante las desgastadas estructuras del poder popular y la participación colectiva tradicional en Cuba.Sabemos de los cortes recientes de internet atando cabos a partir de experiencias anteriores en las que este tipo de apagones se han dado, por flashazos y deslices, o incluso evasiones, en el discurso oficial cubano, como el del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla en la conferencia de prensa del martes 13/07 ante los cuestionamientos realizados por la prensa internacional. Estas posturas, por condescendientes, paternalistas y negacionistas, no le hacen ningún favor al debate público genuino y ni a la transparencia oficial que tienen que darse en la esfera pública cubana de hoy y son inaplazables. Sabemos de ellos, además, a partir de monitoreos realizados por observatorios mediáticos verificados internacionalmente que también se han hecho eco de esta acción que la retórica intenta nublar con pretextos que no tienen cabida. Así las cosas, mi colega todavía no ha conseguido malangas para su niño porque el agro virtual estará descontinuado hasta no se sabe cuándo. Yo logré comunicarme con mi padre a través del servicio de llamadas internacionales de Skype, plataforma que he debido desempolvar de los íconos de mi escritorio y que no usaba desde, qué se yo, 2017 o 2018, cuando me malacostumbré a recibir el “buen día hija” de mis padres en Cuba por Facebook, primero, y luego por Whatsapp.Mi padre está bien, “un poco aburrido”, me dice, porque en la televisión “no hay nada que ver” y “no tengo internet” para hacer scrolling el día entero. Mi papá no sabe la mitad de las cosas que están pasando a raíz de las protestas porque, sin internet, la realidad que ven sus ojos, no se parece para nada a la mía.

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Cuba: pérdidas por 7 millones de dólares al mes en comunicaciones por el embargo

Cuba cifró este miércoles en más de 7 millones de dólares al mes las pérdidas económicas que el embargo financiero y comercial de Estados Unidos provoca solo en el ámbito de la informática y las comunicaciones. Los daños a este sector entre abril y diciembre del año pasado ascendieron a 65.4 millones de dólares, según […]
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