Empleos

Mujeres y empleo, ¿dónde están las brechas?

Mujeres. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.Alicia está casada con el padre de su hija. Cuando la pequeña nació, decidieron que ella se quedaría en casa cuidándola y él se ocuparía de mantenerlas. Carmen trabajó como maestra hasta que su madre enfermó y tuvo que encargarse de sus cuidados. Sus hermanos prometieron ayudarla económicamente para que dejara el empleo. Elizabeth dirigía el departamento de contabilidad en la empresa donde la ubicaron al graduarse. Tras regresar de la licencia de maternidad, tuvo que rechazar la plaza como directiva con su salario más alto. No alcanzaba el tiempo para tantas reuniones.
Las historias de estas tres cubanas, reales, no son únicas en nuestro país: mamá que se queda en casa, papá que sale a trabajar; mujer cuidadora, hombre proveedor; madre que insiste en trabajar, con agotadoras dobles jornadas, limitada en el ámbito profesional. Son escenas cotidianas en una sociedad que todavía arrastra más de un prejuicio machista. A pesar de las tantas políticas diseñadas para incorporar a las mujeres en equidad a los diferentes sectores, aún queda mucho por hacer en materia de trabajo y empleo. Los roles de género aprendidos durante décadas no se borran de un plumazo.
No por gusto las diez especialistas entrevistadas por esta sección a principios de año consideraron “la responsabilidad de las tareas de cuidado, con sobrecarga para las mujeres”, como uno de los “retos acuciantes” en materia de género para el 2021, aún más en tiempos de pandemia y confinamientos. Sobre todo, explicaron, porque profundiza las diferencias en la distribución del tiempo entre unas y otros, de las que se derivan desigualdades en términos de oportunidades, acceso a recursos y beneficios que limitan su desarrollo personal y profesional.
Estudios y estadísticas presentados recientemente en la Isla confirman las urgencias tras estos desafíos. Según el nuevo informe voluntario de Cuba sobre la implementación de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) -al que esta columna dedica un par de entregas-, la sobrecarga de trabajo de las mujeres, especialmente en el trabajo no remunerado y de cuidados, constituye un obstáculo para su participación igualitaria en el trabajo remunerado y para su autonomía económica.
Nadie duda que las cubanas tienen muchas batallas ganadas en términos de participación social, política y también económica. Ellas son, por solo poner un par de ejemplos, el 51,5 % de los dirigentes en el Estado y el Gobierno, el 53,2 % de los parlamentarios y el 53,3 % de los gobernadores y vicegobernadores.
Además, representan más del 60 % de quienes se matriculan y gradúan de la educación superior en Cuba, son mayoría en la fuerza técnica empleada (66,2 %), constituyen el 60 % del total de ocupados en la economía con nivel superior y más de la mitad de los ocupados en las ramas de Intermediación Financiera, Educación, Salud Pública y Asistencia Social.
Tras estos números existen políticas claras para fomentar un mayor liderazgo femenino en todos los ámbitos de la vida del país. Sin embargo, este proceso está limitado por la aún alta carga de trabajo no remunerado doméstico y de cuidados que ellas enfrentan.
De hecho, al informar sobre el estado de cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5, referido a la igualdad de género, el informe señala que “a pesar de los avances alcanzados, el envejecimiento demográfico (20,8 % de la población total con 60 años o más en 2019), la reducción del tamaño medio de las familias, el aumento en la esperanza de vida y el efecto de la emigración internacional, inciden en la disminución de las personas que puedan ocuparse del cuidado y en el aumento del número de mujeres solas al frente de los hogares”.
El documento rescata datos ofrecidos por la Encuesta Nacional de Género de 2016 y advierte que las cubanas dedican más tiempo (14 horas más como promedio en una semana) que los hombres a las tareas domésticas en el hogar. Esta división se intensifica en la población no ocupada: las desocupadas destinan alrededor de 18 horas semanales más a este tipo de trabajo que los hombres en igual situación.
Imagen: “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”.
En ese contexto, reconoce que, aunque la tasa de desocupación femenina en Cuba (1,2 %) es una de las más bajas en América Latina y el Caribe, continúa siendo un desafío la elevación de la tasa de actividad económica femenina, que ha tenido una tendencia decreciente en los últimos años.
Otro estudio, el más reciente informe sobre desarrollo humano en el país, coincide con esta alerta. Titulado “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”, en uno de sus acápites propone un análisis con matices de género del comportamiento de los indicadores laborales en el período 2007 – 2016.
Señala que, a pesar de los grandes esfuerzos para incrementar la participación laboral de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres, existe una brecha de género que tiende a aumentar en la mayoría de los indicadores analizados. Esta responde, entre otros aspectos, a un fuerte componente cultural, que a ellas les asigna ocupaciones “típicamente femeninas”, en sectores menos productivos, pues deben combinar el tiempo con labores de cuidado y administración del hogar.
En paralelo, aunque las cubanas reciben igual salario que los hombres por trabajo de igual valor, ellas siguen concentrándose en aquellas actividades con menor salario medio. Por solo poner un ejemplo, ellas son mayoría en la fuerza técnica del país, pero en la categoría directivos constituyen el 38,4 %. En la práctica lidian con desventajas porque el trabajo en el hogar sigue siendo una pesada carga sobre ellas. Como le sucedió a Elizabeth.
Imagen: “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”.
Otros indicadores laborales ofrecen pistas necesarias. Al analizar por sexos el comportamiento de la tasa de actividad económica (TAE) -la relación existente entre la población económicamente activa y la población en edad laboral expresada en por ciento-, el informe confirma que las mujeres presentan menores tasas y que la brecha favorable a los hombres ha tendido a ampliarse ligeramente en los últimos cinco años.
“Se observa cómo se mantiene la brecha entre mujeres y hombres, siendo este indicador como promedio más de veinte puntos porcentuales menor en el caso femenino”.
En 2016, la brecha de género se mantenía alrededor de los 27 puntos porcentuales, cuando se compara la diferencia entre la TAE masculina (78,2%) en relación con la TAE femenina (50,9%). Es decir, proporcionalmente hablando, son más las cubanas en edad laboral que no poseen vínculo de trabajo activo. Ellas se encuentran menos representadas dentro de la actividad económica del país.
Luego, en 2019, la TAE femenina mostró una leve recuperación (53,3 %), aunque las diferencias con respecto a los hombres siguen siendo marcadas. Del total de ocupados en la economía, el 39 % eran mujeres. Ellas representan también el 45,7 % de los que laboran en el sector estatal (45,3 % en 2016), el 29,1 % del sector privado (20 % en 2016) y el 35,5 % de los trabajadores por cuenta propia (32,3 % en 2016).
Sin embargo, tras año y medio de pandemia y confinamiento, en que han sido ellas quienes más se han quedado en casa a cargo de hijos y ancianos, estos números podrían volver a moverse.
Imagen: “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”.
En otro momento del reporte de derechos humanos, un análisis comparativo de la población no económicamente activa (PNEA) declarada en los últimos dos censos realizados en Cuba (2002 – 2012) reafirma los desafíos en torno a la distribución de los trabajos domésticos.
En ambos años las mujeres son mayoría dentro de la PNEA, representando alrededor de un 66 %. “Esta feminización de la inactividad en el país guarda estrecha relación con las actividades más representativas dentro de la estructura de la PNEA”.
Predominan las personas que se declaran inactivas por los quehaceres del hogar y los jubilados o pensionados, pero esta clasificación está claramente diferenciada por sexos. Es decir, ellas son las que más se dedican a los quehaceres del hogar y ellos los que más se encuentran entre los jubilados o pensionados, los estudiantes y los que no realizan ninguna actividad.
Imagen: Informe voluntario de Cuba sobre la implementación de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Con esos y otros datos como evidencias, el informe puntualiza que “la estructura productiva, la persistencia de estereotipos, los roles de género y la configuración de las familias, continúan naturalizando las actividades domésticas y de cuidado para las mujeres, como un deber y una responsabilidad gratuita. No se entiende todo esto como un trabajo sin remuneración, que garantiza la reproducción y desarrollo de las fuerzas productivas”.
Los documentos presentados dibujan un panorama de logros y avances, pero también de muchos desafíos en torno a la incorporación plena y equitativa de las cubanas al trabajo. Por tanto, en un contexto de actualización del modelo económico y social, las políticas diseñadas necesitan también ser sensibles al género. Por suerte, algunos pasos ya están dados.
Los retos en torno al empleo femenino son urgencias explícitamente reconocidas en el Programa Nacional para el Adelanto de la Mujer (PAM) aprobado este año. “Se trabajará con los Organismos de la Organización Central del Estado (OACE) para atenderlo, también en aquellos casos de compañeras que presentan obstáculos derivados del ejercicio del cuidado de otras personas, tanto de adultos mayores como menores”, precisó la secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Teresa Amarelle Boué, a esta columna hace un par de meses.
Pero hay que ir más allá. Mirar el desarrollo humano con equidad de género, resume la investigación sobre este tema, pasa por democratizar las relaciones de género al interior de los hogares; por dinamitar los estereotipos naturalizados desde la división sexual del trabajo y también por diseñar políticas que logren un adecuado equilibrio entre las diferentes actividades asumidas por mujeres y hombres.
Ya lo decía la economista Teresa Lara: no se puede hablar de desarrollo en general sin hablar de la mujer como sujeto activo, beneficiario y participativo de ese desarrollo.

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