El Foro

Cinco visitas secretas de Bush a Cuba (+Video)

En Conversaciones con Michael E. Parmly el exjefe de la Sección de Intereses Norteamericanos de La Habana de 2005 a 2008, durante la administración de George W. Bush revela:

“Bush tampoco tenía un conocimiento real de Cuba. Me acuerdo que me hacía preguntas raras sobre la Isla. Entonces le dije: “Usted debe visitar Cuba”. Me miró con ojos grandes y le dije que se podía hacer de modo virtual, por internet. Le hice visitar la Isla cinco veces y le encantó. La opinión de George W. Bush respecto a Cuba evolucionó enormemente durante su presidencia. Soy testigo de ello. La única condición impuesta a esas visitas virtuales era que yo no podía mencionarlas públicamente, pues estábamos preocupados por la reacción de los cubanoamericanos. Era un motivo relativo a la política interior. Temíamos disgustar a los republicanos de Florida”

“Laura Bush, su esposa, había escuchado decir que los profesores y maestros en Cuba eran brillantes. Expresó entonces el deseo de intercambiar con ellos de modo virtual y le puedo afirmar que le encantó el encuentro”.

Según estas declaraciones del exdiplomático cuya abuela era prima de Antonio Guiteras, hasta las visitas no presenciales debieron hacerse de manera oculta por temor a disgustar a los que llamó cubanoamericanos.

La preocupación por la reacción de esas personas de origen cubano resulta lógica si se tiene en cuenta cómo han logrado penetrar en el mundo de la política de los Estados Unidos a través del Partido Republicano, cuyos candidatos presidenciales y presidentes quedan un tanto a su merced.

Resulta hasta algo simpático imaginar a Michael E. Parmly como guía turístico del mandatario, ambos ocultos para no ser vistos y, luego de concluir la visita a la Ila comunista de Cuba, tener que guardar silencio y solo compartir la transgresión con un familiar cercano que también pide participar en un grado superior.

No satisfecha con limitarse a la gira, la primera dama solicitó un encuentro con maestros y profesores que enseñan en un país donde gustan decir que impera un régimen dictatorial, pero resulta que desde los primeros meses de llegar al poder eliminó el analfabetismo.

Un diplomático de carrera como Parmly que tiene un cuarto de cubano, confiesa haber tratado de entender cómo un adversario tan poderoso como el gobierno de los Estados Unidos mantiene su diferendo con una pequeña nación como Cuba.

Textualmente dijo: “Yo intenté encontrar una respuesta a eso durante los tres años de mi estancia en Cuba y le debo confesar que todavía hoy esta cuestión me deja perplejo”.

Sería interesante conocer la opinión de Parmly sobre el hecho de que un diminuto país logre influir (hasta ahora a través de cubanos que están en contra del Socialismo en Cuba), en quién ha sido, es y será el presidente de esa gran nación, o al menos obligadamente tienen presente en su agenda el tema cubano cuando aspiran a llegar a la Casa Blanca y cuando gobiernan.

Tal vez algún día haga declaraciones al respecto pero, mientras tanto, podemos imaginarlo viendo virtualmente en secreto alguna filmación de la época, que quizás no debe diferir mucho de una actual como la siguiente:

Cuba: Visitas virtuales a museos, una opción para el verano

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Las apariencias ¿engañan?

¿Qué le sucedió a un mendigo que interrumpió una conversación para pedir dinero?

Conste que conozco a todos los participantes, pero por razones éticas solo diré que el pedigüeño pulcramente vestido, en plena pandemia, estaba en la mañana del jueves 22 de julio de este año, a 30 kilómetros de su lugar de residencia, y mostraba una cajita conteniendo la figura de un santo, así como billetes y monedas.

En vez de darle dinero, una de las personas a las que se dirigió le hizo varias preguntas:

¿Para qué quieres el dinero que pides?

¿No te bastó la casa que yo misma te di amueblada cuando planteaste tu situación?

¿No es suficiente la comida elaborada que recibes en el Sistema de Atención a la Familia?

¿Qué le estás haciendo a tu pensión como jubilado?

El “mendigo”, lejos de responder, preguntó en tono de persona muy interesada, por la familia del interlocutor, que lo interrumpió con una voz firme:

No me cambies la conversación: ¿De verdad tienes necesidad de mendigar?

El hecho ocurrió en una céntrica calle, a las puertas de una entidad en la cual había una cola, por lo que todos escucharon, y alguien, de los que estaban, dijo:

Ahora viene un contrarrevolucionario, le tira una foto, o lo filma y dice que la Revolución tiene a los viejitos abandonados.

Hubo sugerencias de que ejerciera mi profesión periodística, que denunciara, y en voz baja, en diferentes conversaciones, varios grupos comentaban que si era para beber, que si el supuesto mendigo tenía más dinero que cualquiera, que si era un descarado…

Y así hubo quien demostró un profundo conocimiento de las personas que en el lugar se dedicaban a tal práctica, y los describió y ofreció hasta nombres y apodos, lo cual este redactor avala porque también los ha visto.

Estos individuos existen, son escasos, pero están, y deben ser atendidos sin pretender medirlos a todos con la misma vara, pues cada uno tiene sus características, su vida y motivaciones para andar por las calles como si tuvieran necesidad de ser mendigos.

Sin dudas, mienten cuando en situaciones financieras quizás superiores a quienes piden una obra de caridad, solicitan un dinero que otros obtienen con el fruto de su trabajo honrado, y si lo brindan a un desconocido es por sus buenos sentimientos.

Por supuesto que nada tienen que ver con quienes mienten malintencionadamente, y en cada caso requieren un tratamiento específico.

Si en algo hay que proceder con la filosofía del “traje a la medida” es en estos casos, pues son miembros de la sociedad requeridos de apoyo y atención porque tales conductas pueden tener un denominador común, pero cada persona es un mundo, tienen el derecho a ser tenidos en cuenta y la sociedad, el deber de no abandonarlos a su suerte.

Mentir, como dice la siguiente melodía titulada “Canción mentirosa” diciendo que un auto tiene seis neumáticos cuadrados, es un defecto, y si alguien lo hace, sus causas debe tener, y tratamiento requiere.

Canción mentirosa

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Cuidar la verdad (+Videos)

Aunque costaban centavos, uno trataba de que los telegramas fueran breves porque se cobraba por palabras, por eso, al llegar a La Habana, lo primero que hacía era enviar un lacónico: “Llegué bien” que el telegrafista codificaba: .-.. .-.. . -.. . -… .. . -.

Resulta que en los preparativos para estudiar Periodismo y luego ejercer la profesión, además de Mecanografía y Taquigrafía, incursioné por varias lecciones de Telegrafía en clave de Morse en la oficina de Correos del puerto pesquero de Casilda, al Sur de Trinidad.

El aprendizaje de esa tecnología estaba motivado porque era el medio de comunicación usado por los corresponsales para transmitir a sus redacciones los materiales periodísticos en un telegrama clasificado como ACP (A Cobrar Prensa).

Por supuesto que también se usaba la telefonía, de lo cual me enteré bien porque durante las prácticas en el periódico El Mundo me asignaron el trabajo de mecanografiar lo que dictaban los periodistas desde las provincias al teléfono 6-6002.

No había avanzado mucho en dominar los signos formados por puntos y rayas o sonidos cortos para los primeros, y largos para los segundos, cuando llego a una oficina de correos para enviar el habitual telegrama con el escueto texto: Llegué bien, y encuentro un ruidoso aparato.

Era una nueva tecnología, el teletipo, que también había irrumpido en las redacciones de los medios de prensa, primero para recibir los despachos cablegráficos de las agencias de noticias, y poco después para desplazar la telegrafía y los teléfonos como receptores de los textos.

Estar varias horas atendiendo cinco o seis artefactos era agobiante porque cada golpe de tecla sonaba como un martillazo, y como que todo lo escribía en minúsculas y sin tildes, a los estudiantes nos asignaban “puntear cables” como se le llamaba a la faena de poner las mayúsculas, las tildes y otros signos.

No debieron ser pocas las ocasiones en que extrañamos la telegrafía y el teléfono, aunque el próximo y actual paso del correo electrónico mediante las computadoras restableció aquel viejo silencio solo roto por el teclear de las máquinas de escribir y el ajetreo de las redacciones.

Hace ya bastante tiempo que no hablaba de la telegrafía, de la clave de Morse, y prácticamente las había olvidado, hasta que el SOS … — … Cuba empezó a repetirse descomunalmente por las redes sociales y convertirse en disturbios, desórdenes, vandalismos y otros delitos en los precisos momentos en que la pandemia y el bloqueo alcanzan un pico.

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El telegrafista de Casilda que tenía como maestro, la primera clase que dio fue S son tres puntos o tres piticos cortos y la O son tres rayitas y se repite para pedir auxilio: SOS … — … pero al principio no eran estas las letras sino CQ y luego CQD.

Lo que quiere decir no es importante, decía el profesor, solo apréndete que tienes que repetir SOS, y recomendaba alternar con el CQD por si acaso, pues decía que si el receptor era una persona de edad, podía ser más efectivo el primero que se usó.

Luego indagué que SOS puede ser las siglas de Save Our Souls (salven nuestras almas), Save Our Ship (salven nuestro barco) o Send Out succour (envíen socorro).

En estos días, los medios de prensa cubanos están respondiendo al llamado SOSVerdad para salvar a la verdad y enviarle socorro, pues con tantas mentiras mal intencionadas, difundidas desde potentes emplazamientos emisores de alcance ilimitado, ya prácticamente hay que resucitarla.

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Elsa, tormenta atormentada

La televisión puede verse hasta a través de los teléfonos celulares, pero es una verdad de Perogrullo que no siempre fue así, y que antes de la actual profusión de marcas hubo años en que predominaba en Cuba el televisor Krim-218 y luego se le incorporó Caribe, ambos reproducían la imagen en blanco y negro.

Muchos guardan recuerdos de estos aparatos, y cada vez son menos los que tienen la oportunidad de conservar en su memoria los tiempos en que escaseaban quienes tuvieran los pesos necesarios para comprar uno. Todavía quedan septuagenarios y octogenarios que al ver los actuales artefactos pueden evocar que siendo niños y adolescentes hallaron otras actividades por no tener con qué ver un programa de televisión.

También quedan quienes tenían el único televisor del barrio o la cuadra, y lo compartían con los vecinos, no sin antes escuchar las advertencias de los mayores de que los muñequitos se quitaban si ponían un programa para adultos y había que estar en silencio.

Más abundantes eran quienes poseían radios. La situación era por el estilo, con la diferencia de que por no requerir imágenes, se podía escuchar desde las casas colindantes o del portal cuando se ponía a buen volumen y las puertas estaban abiertas.

Los televidentes y radioyentes comentaban y hacían debates sobre la calidad de lo que veían u oían, y nunca faltó algún aguafiestas que hacía la observación de que nada era real, y ponían ejemplos de exageraciones y escenas verdaderamente increíbles.

Por supuesto que las tiras del pellejo se las sacaban al acerado Superman. Tarzán tampoco escapaba de las críticas, y los ratones y gatos parlantes y voladores también eran señalados como mentiras.

Sin embargo, ni siquiera aquellos tan aparentemente apegados a lo real dejaban de disfrutar lo que llamaban falsedades y “paquetes”, como solían llamarse los cuentos que hacían quienes usaban todo tipo de fantasías para narrar supuestos hechos reales.

En el pobladito costero de Casilda, al sur de Sancti Spíritus, por aquella época, además de ser generalizada la carencia de televisores, había retraso escolar y analfabetismo, pero ya al entrar a la década de los 60 del siglo pasado, con la alfabetización y el nuevo sistema educacional, aumentaron los que pudimos enterarnos qué era la prosopopeya.

Se trata de una figura retórica de pensamiento que atribuye a los seres inanimados o abstractos características y cualidades propias de los seres animados; o a los seres irracionales actitudes propias de los racionales, como hacer hablar a personas muertas o ausentes.

También, en las recién terminadas teleclases se habló de la prosopopeya, y por el fácil acceso a la enseñanza escolar en Cuba, las mayorías comprenden perfectamente el comportamiento de la tormenta tropical Elsa cuando la meteoróloga Aylin Justiz dijo que ese fenómeno atmosférico estaba atormentado.

En un programa especial de la televisión, a propósito del meteoro, la especialista del Instituto de Meteorología explicó sin tecnicismos, con toda naturalidad, las características del escenario que impedían al ciclón tropical desarrollarse.

Fue difícil que alguien no entendiera cuando calificó a la tormenta de atormentada por su tendencia natural a organizarse y ganar en intensidad, sin poder lograrlo, durante todo su trayecto por las cercanías del archipiélago cubano.

Por si alguien desea ampliar más sobre la prosopopeya, puede hacerlo a través de este video:

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El bodeguero (+Video)

Cuando quienes rondamos los 60 años de edad escuchamos el chachachá El Bodeguero por la Orquesta Aragón, solemos recordar a esos que practicaban lo que quizás fuera el oficio de mayor popularidad en los barrios, sobre todo de pequeños pobladitos.

En una diminuta comunidad costera como Casilda, en el tramo de cuatro cuadras a lo largo de la central calle Real, había siete bodegas, mientras que en las restantes escasas vías se encontraban dos más para una población que por aquellos años no debió sobrepasar 15 000 habitantes.

Les llamaban tiendas de víveres y licores, donde también se vendían viandas y en las que el dueño trabajaba a la par que los empleados para despachar lo mismo un trago de ron, un refresco embotellado, que una libra de arroz, papa o ají, y dulces como los de coco, matahambre o guayaba…

Había pagos al contado, pero solía ser una práctica habitual la venta a crédito o fiado, como más se acostumbraba a decir, y cada uno saldaba su deuda cuando recibía sus ingresos, que en el caso de Casilda, al sur de la espirituana villa de Trinidad, era cuando los pescadores o portuarios cobraban su faena quincenal.

Era muy difícil, prácticamente imposible que alguien no saldara su deuda, pues si bien en los primeros momentos un cliente se trasladaba hacia otra bodega sin pagar, casi sin haberse puesto de acuerdo, los dueños de las tiendas, antes de recibirlo, indagaban si había pagado lo que debía en la anterior.

“Las cuentas claras y el chocolate a la española”, solía decirse en aquellos años, frase que quizás comenzó en los establecimientos propiedad de emigrantes de España, territorio europeo a donde llegó la receta de prepararlo espeso.

Por cierto, lo común era decirles gallegos, fueran o no de Galicia, y en el caso de los chinos, les decían “de Cantón” aunque ni siquiera los asiáticos hubieran estado ni de paso por esa área.

Y hasta los pocos dueños japoneses o coreanos que había también eran llamados chinos de Cantón, sin que tampoco valieran sus protestas, no por rivalidades, sino porque lejos de su patria, querían no perder su identidad.

También podía escucharse “Las cosas claras”, aunque tal vez en este caso no era para referirse a deudas financieras, sino a cualquier otro asunto.

¿Será este el origen de la frase que popularizó la melodía El Bodeguero que dice: Toma chocolate, paga lo que debes?

Si algún amable lector sabe sobre el tema, por favor, le agradecemos que lo comparta. Mientras tanto, lo invitamos a escuchar la melodía:

El Bodeguero

Siempre en su casa presente estáEl bodeguero y el cha, cha, chaVete a la esquina y lo verásY atento siempre te servirá

Anda enseguida, córrete alláQue con la plata lo encontrarásDel otro lado del mostradorMuy complaciente y servidor

Bodeguero, ¿qué sucede?Por qué tan contento estásYo creo que es consecuenciaDe lo que en moda está

El bodeguero bailando vaY en la bodega se baila asíEntre frijoles, papa y ajíEl nuevo ritmo del cha, cha, cha

Toma chocolatePaga lo que debesToma chocolatePaga lo que debes

Toma chocolatePaga lo que debesToma chocolatePaga lo que debes

Toma chocolatePaga lo que debesToma chocolate

En la bodega se baila asíEntre frijoles, papa y ajíEn la bodega se baila asíEntre frijoles, papa y ají…

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