dictadura

Orgullosos de ser “delincuentes”

LA HABANA, Cuba.- El régimen comunista no acepta que hubo y continuará habiendo protestas en Cuba. Las llaman “disturbios” y quieren imponer al mundo esa distorsión narrativa donde los cubanos que disienten, que se oponen y que reclaman libertades apenas son una cuadrilla de “delincuentes” y “confundidos”.
En lo personal, si no hubiera más opción que escoger entre ambas injurias, me ofende menos cuando el régimen nos califica como “delincuentes” que como “tontos”, porque, a fin de cuentas, eso es lo que dicen cuando insisten en llamar “confusión” al hartazgo.
Es tan irritante y ofensivo como lo de hacerle creer al mundo (tan a gusto con la “utopía revolucionaria” que admiran, aunque de lejos y con las barrigas llenas) que la crisis política en Cuba se superará con la entrega “gratis” de tres libras de arroz, más una lata de carne rusa ¡fabricada en 2017!
Pero aunque, en cuanto a “delincuente”, se trata de la cansina criminalización de aquel o aquello que se les opone, igual me remite con satisfacción a la etimología de la palabra.
“Delincuente” proviene del latín delinquentis, derivación del verbo delinquere, que significa “dejar de cumplir una norma por abandono”. Así, las decenas de miles que alguna vez tuvieron el coraje de echarse a la calle para reclamar libertades, más los millones que han decidido emigrar o que fueron obligados a exiliarse, incluso las multitudes que han optado por quedarse aquí y desobedecer en silencio son en efecto personas que han dejado de acatar una orden por abandono o por rebeldía.
Visto de ese modo, somos una nación con una “mayoría delincuencial”, y hasta se llega a sentir orgullo estar bajo un término que en boca de los comunistas cubanos intenta ser peyorativo. Pero no alcanza a serlo porque nos llega de donde no habría honor ni satisfacción en ser calificados de una manera “mejor”, y de donde cualquier palabra y gesto de elogio deberán ser entendidos como un aviso de que vamos torciendo el camino que nos lleva a convertirnos en hombres y mujeres más justos y dignos.
De modo que, en nuestro contexto peculiar, donde una dictadura intenta descalificar todo cuanto no comulgue con ella, el “delincuente” es el sujeto que se resiste o se rebela frente a los atropellos y, en consecuencia, es sinónimo de dignidad.
También, en nuestras circunstancias, el terminar marcados por el discurso oficialista ya no tanto como “delincuentes” sino apenas como “marginales” mueve a la satisfacción en tanto el poder, por su naturaleza contradictoria, reconoce como “renegada” a esa parte de la sociedad que se resiste a caer o quedar atrapada en el maligno y miserable sistema de prebendas y chantajes de los comunistas.
“Marginal” y “delincuente” son entonces para el régimen aquellos sujetos que no se integran a ese “pacto” mafioso donde “fidelidad” es directamente proporcional al miedo, la mediocridad, el oportunismo.
“Marginal” y “delincuente” son además, por sobre todas las cosas, quienes han descubierto a tiempo que el principal problema no radica en que el “sistema” no funcione y que las riendas del poder estén en manos de una pandilla de ineptos sino en algo mucho peor. Porque en realidad esta cosa rara, más parecida a una secta oscurantista que a un sistema político, jamás fue diseñada para integrarnos a todos en igualdad de condiciones sino apenas para hacernos “girar” (hasta marearnos, y confundirnos) en torno a una casta, esa misma que en la Constitución se autoproclama como ente superior de la sociedad cubana, inamovible e infalible.
No se pudiera ser más pretensioso y ridículo que los comunistas cubanos pero tampoco se puede cometer el error de subestimarlos. Muchos menos en sus habilidades para enquistarse en el poder y para sembrar en los grandes medios (también en las academias e instituciones norteamericanas y europeas, “secuestradas” por sus agentes de influencia) su propia y conveniente narrativa, con toda la “confusión” que provoca su “glosario” de términos y frases, en donde, por poner los ejemplos más inmediatos, “Cuba” se reduce a su “gobierno comunista”, y la “orden de combate” en boca del presidente se transforma descaradamente en un “llamado a la paz”.
De modo que, cuando escucho decir que “dejen a Cuba en paz” pienso en la sinverguencería que encierra la frase, y en el inmoral derecho a la violencia que tienen la “osadía” de reclamar como poder represivo ante el mundo democrático.
En ese sentido, tampoco tomo ni por ingenua ni por “iniciativa individual” la evidente desfachatez de quienes reclaman “puentes de amor” entre Cuba y los Estados Unidos. No cuando las piedras que pretenden usar en esa “obra de ingeniería” —más de trasfondo económico que “ecuménico”— son la desmemoria, el oportunismo, la represión y la criminalización de los contrarios, la marginación de los que piensan y se expresan desde las diferencias ideológica y política.
¿Puentes de “amor” para qué? ¿Para que por él transite mucho más cómodo el aventurero que ha hecho o pretende hacer su fortuna con nuestro infortunio comunista? ¿Puentes para mejor enseñarle a los “amigos del norte” (otrora enemigos y “gusanos”) la vieja lección sobre cómo el portarse bien, bajar la cabeza, acatar las reglas, se premia con el derecho (santificado como decreto en la Gaceta Oficial) a dejarte probar un trocito (solo un trocito) de ese gran pastel, relleno de estafas y estafadores, llamado “economía socialista”? ¿Puentes para que la futura prensa independiente sea la clonación de la “ejemplar” OnCuba News o para que todas las empresitas que lleguen del “norte revuelto y brutal” sigan la pauta de Fuego Interprises Inc?
Puentes, por supuesto, para que te dejen armar tu “paladar” donde puedas servir  tranquilamente tus langostas clandestinas; puentes para mantener libre de inspectores el Airbnb que rentas en La Habana pero administras desde Miami; puentes para traer tu pacotilla barata de los puestos de chinos y revenderla a tanto como te permita el “abuso oficial”; puentes para lucrar con el aumento del flujo de remesas y de los vuelos chárter; puentes para vender Cuba como el paraíso que no es, y para que la izquierda mundial, cada día más siniestra, venga a encamar a la jinetera que juró ser como el Che; para que el “yuma” fume puros habanos frente al pobre cubano que los produce. Ese campesino “confundido” y potencial “delincuente” que ni siquiera hoy puede comprar el peor de los cigarrillos porque no tiene dólares ni euros para hacerlo.
En ese “glosario”, pleno de torceduras semánticas, la palabra “puente” significa en realidad “espaldarazo”, “legitimación” y también “sepultura”, en tanto pretende enterrar definitivamente los deseos de cubanas y cubanos de un cambio radical para que los verdaderos puentes no tengan vías de un solo sentido, para que no debamos pagar altos precios por cruzarlos. Para transitarlos y beneficiarnos de ellos libremente sin que ello suponga un privilegio de casta ni la violación de nuestros derechos como seres humanos.
Un cambio definitivo para que ningún otro gobierno futuro vuelva a atreverse a llamar “delincuentes” o “confundidos” a quienes reclaman —cada cual en su legítima forma de hacerlo— el derecho a vivir en libertad.
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Miles de personas protestan en Miami contra dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua

MIAMI, Estados Unidos.- Miles de cubanos, venezolanos y nicaragüenses se concentraron este sábado en Miami para pedir libertad para sus países, así como solidaridad internacional con las personas que son reprimidas por oponerse a las dictaduras, informaron este domingo varias agencias de prensa.
Bajo el lema “Abajo las cadenas”, la concentración en el parque Bayfront, en el centro de la ciudad, estuvo organizada por la Alcaldía de Miami, y reunió a cubanos, venezolanos, nicaragüenses y otros latinoamericanos.
De acuerdo a una nota de la agencia de noticias AFP, entre las miles de personas que se dieron cita se pudieron observar carteles con eslóganes como “SOS Cuba”, “Patria y vida” y “Díaz-Canel, ríndete”.
Captura de pantalla
El acto, al que asistieron artistas, políticos y líderes de organizaciones de exiliados, tuvo como objetivo unir “en una sola voz” a las comunidades de Cuba, Venezuela y Nicaragua, para que su “grito” llegue a quienes luchan desde esos países por la libertad, y llegue también al Gobierno de Joe Biden, a quien pidieron ayuda para lograr esa libertad.
“En este momento, señor presidente, o se está de lado del pueblo de Cuba o del régimen”, dijo desde el escenario el representante republicano Mario Díaz-Balart, de origen cubano. Por su parte, Carlos Giménez, también miembro de la Cámara de Representantes, republicano y de origen cubano, recordó al mandatario estadounidense que debe ser “el líder de la libertad en el hemisferio”.
En su intervención, de acuerdo a una nota de Radio Televisión Martí, María Elvira Salazar dijo al presidente que los cubanos “no quieren comidas, vacunas o remesas, quieren libertad. Hay que darle al pueblo cubano la posibilidad de volver a las calles”, señaló.
Asimismo, con respecto a las recientes medidas tomadas por Washington contra la dictadura, Orlando Gutiérrez, líder de Directorio Democrático Cubano, indicó que si bien son “correctas”, “hay que hacer mucho más” para que Cuba alcance la libertad después de 62 años.
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Camila Cabello: “Durante 62 años el pueblo cubano ha estado viviendo bajo opresión”

MIAMI, Estados Unidos.- La cantante cubanoamericana Camila Cabello se dirigió este fin de semana a los más de 11 millones de seguidores que tiene en su red social de TikTok, para explicarles por qué apoya las protestas en Cuba del pasado 11 de julio, y cual es la situación real de los cubanos en la isla, donde todavía, contó, tiene familia.
“Como ustedes saben, soy cubana mexicana, bueno, no sé si ustedes lo saben, pero soy cubana mexicana. Mi mamá es cubana, yo viví y nací en Cuba y este movimiento es realmente importante para mí, porque todavía tengo familia en la isla y escucho a mis primos y a mi mamá hablar sobre lo que está pasando en la isla”, inició su mensaje.
La joven cantante explicó durante tres minutos la realidad de los cubanos en el país, aquejados por una crisis económica sin precedentes, impulsada por la pandemia del coronavirus. Sin embargo, la estrella advirtió que, a pesar de la escasez de alimentos y medicinas, las personas que salieron a las calles el 11 de julio exigían un cambio en el gobierno comunista.
“Lo he escuchado casi toda mi vida, pero se ha vuelto realmente malo. Mucha gente piensa que las protestas se deben a la falta de recursos y medicamentos de COVID-19, que en realidad es solo la última capa en una historia de 62 años de un régimen comunista y una dictadura”, dijo.
“Durante 62 años el pueblo cubano ha estado viviendo bajo opresión. Lo que comenzó como un ideal socialista de atención médica gratuita, educación gratuita y comida para todos se convirtió en el cubano de hoy en día. El pueblo cubano tiene que esperar horas en la fila de la tienda para entrar y encuentran que los alimentos básicos como los frijoles y el arroz son diez veces más de lo que el médico promedio en Cuba puede pagar”, agregó.
Cabello habló de la escasez y dijo que sus familiares le han dicho que su gente se ve obligada a vivir con una comida al día, además de que carecen de atención médica, ya que algunos de los profesionales de salud prominentes y suministros médicos son enviados a otros países.
“Durante 62 años no ha habido libertad de expresión. Cualquiera que se pronuncie contra el gobierno en Cuba es desaparecido y secuestrado, o encarcelado. El hecho de que los cubanos, durante las últimas décadas, hayan estado dispuestos a arriesgar sus vidas tratando de llegar a Florida haciendo balsas caseras, muchos de ellos ahogándose o siendo devoradas por tiburones realmente te dice mucho sobre el estado en el que se encuentra Cuba”, reflexionó Cabello.
“También es muy revelador lo harta que está la gente en Cuba cuando están arriesgando sus vidas en este momento para protestar contra el gobierno por segunda vez desde los últimos 62 años cuando comenzó la dictadura”, señaló.
Camila Cabello, que es una figura mediática en el mundo del espectáculo estadounidense, felicitó a los jóvenes activistas por dar un paso al frente y protestar por la situación y pedir a su gobierno que cambie y denunció la respuesta del gobierno cubano ante la situación.
“¿Qué ha hecho el gobierno en respuesta? Han puesto a los principales activistas del país tras las rejas, golpeando físicamente a los manifestantes y derribando el wifi de la isla para que los manifestantes no puedan organizarse más. Y no podemos ver qué está haciendo el gobierno allí”, lamentó.
Con el objetivo de promocionar su más reciente sencillo musical Don’t go yet, Camila Cabello fue invitada esta semana al show de Jimmy Fallon, uno de los programas del horario estelar de la televisión estadounidense, donde hizo un guiño a los cubanos cuando mencionó durante su presentación Patria y Vida, la canción que se inmortalizara como la nueva consigna de quienes luchan por una Cuba libre.
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La dictadura cambia de narrativa con respecto a la rebelión

MIAMI, Estados Unidos.- La dictadura ahora no es victimaria, sino víctima, acosada principalmente por las consecuencias del embargo de los Estados Unidos. Díaz-Canel le confesó a un grupo de admiradores callejeros, convocados al efecto, que esa circunstancia se manifiesta todos los días en las cuentas que debe elucubrar para la maltrecha economía nacional.
Sin embargo, “el imperio” tiene recursos para patrocinar la oposición que ya no son solamente artistas inconformes y “confundidos”, u organizaciones como la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), sino miles de “vándalos” espontáneos que se rebelaron el 11 de julio porque recibieron cheques individuales de 100 dólares para “asesinar policías, saquear tiendas y apedrear hospitales infantiles”.
La cineasta Marina Ochoa subió un post en Facebook donde ofreció su opinión sobre el alzamiento de los olvidados: “Esos marginales, supuestos delincuentes, son obra de las grandes deficiencias de la revolución. Son nuestros marginales, nuestros delincuentes que podrían no haber existido si el programa del Moncada se hubiera cumplido en su esencia. No merecen palos. Tienen derechos ciudadanos que ampara nuestra Constitución”.
Silvio Rodríguez fue convocado en supuesto diálogo nacional y prometió intervenir para que sea extendida una amnistía a los inocentes detenidos, nunca a los revoltosos que causaron daño, no sin antes enumerar a sus maestros revolucionarios, donde figuran numerosos censores culturales como Alfredo Guevara y Haydée Santamaría, personajes elitistas que, de estar vivos, se hubieran desmayado ante tanta vulgaridad marginal contrarrevolucionaria “de color” en las calles.
Tengo razones para no creer en las gestiones del trovador esencialmente castrista. En 1970 nos abandonó a nuestra suerte en el experimento hippie conocido como Campamento Venceremos, donde jóvenes con inquietudes culturales tratamos de hacer valer nuestros reclamos desde el escenario de la fracasada zafra homónima.
Rodríguez fue parte del proyecto y luego desapareció. Siempre pensamos que para informar a las autoridades cuando los reclamos se tornaron vehementes e intervinieron miembros de la juventud comunista, y la utopía fue clausurada con cierta violencia.
Tiene más vidas que un gato este personaje que no deja de ser siniestro. Ahora se atribuye la libertad de los presos de la Primavera Negra del 2003. Organiza giras patéticas por los barrios “marginales” y en prisiones cubanas, donde se prefiere el reguetón.
Le gusta jugar al libre pensador, aunque hace años que su rebeldía fue tramitada. Desde aquel día infausto que finalmente su héroe, el dictador Fidel Castro, en un acto de rara condescendencia con representantes de la cultura que le resultaban suspicaces lo recibió, junto a Pablo Milanés, quien entonces era su amigo, en salón de protocolo de la Casa de las Américas, como si fuera una ceremonia de redención pública.
Le deseo suerte a los muchachos que confían en su intervención y espero no sea parte de la nueva narrativa donde se comienza por aceptar a unos sublevadas por encima de otros y, de tal modo, se desactiva el ímpetu del hecho histórico.
En medio de la debacle, donde están a la orden del día los juicios sumarios en muchas ocasiones para simples espectadores del amotinamiento, la dictadura se vanagloria de un anuncio pagado aparecido en “The New York Times”, como si fuera editorialmente generado por el periódico, donde 400 personas fascinadas con el castrismo porque nunca lo han sufrido le envían una carta al presidente Biden para que “deje vivir a Cuba”.
“Le pedimos que termine con las medidas coercitivas de Trump y regrese a la apertura de Obama o, incluso mejor, comience el proceso para terminar el embargo para así normalizar totalmente las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, termina diciendo la misiva.
La carta fue patrocinada por la organización de extrema izquierda “The People’s Forum”, que se precia, paradójicamente, de tener la siguiente misión: “Somos una incubadora de movimientos para que la clase trabajadora y las comunidades marginales establezcan unidad sobre líneas de divisiones históricas en Estados Unidos y en el extranjero”.
Al parecer los marginales cubanos no se acomodan a la idea de igualdad y justicia que predica la mencionada organización. Tal vez la respuesta se encuentre en las numerosas referencias que hay a Marx, Lenin y Engels en su sitio web y al propio socialismo cubano, para el cual financian eventos que abogan por su salvación.
Es un operativo hipócrita de la izquierda acomodada americana pedir públicamente el fin del embargo desde el mismo periódico que ha reportado la reciente represión desatada en Cuba contra otra “canasta de deplorables”.
Entre los firmantes de la carta figuran celebridades de la exclusividad hollywoodense como: Jane Fonda, Danny Glover, Mark Ruffalo, Oliver Stone, Susan Sarandon y Marisa Tomei, entre otros.
Paradójicamente, el “dialoguero” Silvio Rodríguez se encuentra entre los firmantes cubanos, así como Nancy Morejón, Miguel Barnet, Israel Rojas, Osvaldo Doimeadiós, Orlando Valle “Maraca”, Eduardo (Choco) Roca Salazar y Lesbia Vent Dumois, entre otros.
La tiranía trata de rectificar el rumbo de sus fechorías en la arena internacional, para lo cual hace uso de sus “fellow travelers” de siempre y otros de nueva adquisición.
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Piden en España una condena del Estado contra el franquismo y el fin de la impunidad

Los Colectivos de Memoria Histórica y Víctimas del Franquismo durante la concentración bajo el lema “Por una Ley de Víctimas del Franquismo”, ante el Congreso de los Diputado. Foto: EFE.Miembro de los colectivos de Memoria Histórica y de Víctimas del Franquismo han reclamado este domingo, 18 de julio, una condena del Estado al golpe contra la Segunda República y la aprobación ya de una Ley de Memoria “que ponga fin a la impunidad del franquismo”.
Un centenar de familiares y simpatizantes de víctimas de la dictadura se han concentrado frente al Congreso de los Diputados tras la pancarta “Por una Ley de memoria que ponga fin a la impunidad del franquismo” y han coreado lemas como “sin Memoria no hay democracia” o “verdad, justicia y reparación”.
El portavoz de la Comisión Coordinadora de Colectivos de Memoria Histórica y de Victimas del Franquismo, Arturo Peinado, ha explicado a Efe que con “este acto de conmemoración y condena del golpe de estado de 18 de julio de 1936” se reclama que el proyecto de ley del Gobierno “vaya más lejos”.
Entre otras demandas, piden que se incluya “un reconocimiento jurídico de las víctimas del franquismo al nivel de otras reconocidas por el Estado español, como las del terrorismo”.
Para estos colectivos, la ley “se queda muy corta” y debe establecer “la anulación de las sentencias franquistas, incluyendo una declaración de ilegalidad de los tribunales represivos y de los consejos de guerra del franquismo, así como la judicialización de las fosas comunes del franquismo, que no sea con un sistema privatizado”.
“Echamos de menos una declaración de condena explícita por parte del Estado español y sus máximos representantes del franquismo, al mismo nivel que la italia fascista y la alemania nazi”, ha aseverado Peinado.
Según el portavoz de las familias y organizaciones, “existe una promesa del nuevo ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, de que se va a traer a las Cortes esta ley antes de agosto”.
“Esperamos que el proceso de tramitación, el Gobierno, en minoría parlamentaria, recabe el apoyo de otras fuerzas, menos de la derecha, y se incorporen las peticiones que hemos trasladados a los grupos con los que nos hemos reunido”, ha concluido.
El Gobierno tenía previsto aprobar el pasado 13 de julio el proyecto de ley de Memoria Democrática, pero se aplazó por el relevo en el Ejecutivo de Carmen Clavo, quien había impulsado esta iniciativa al frente del Ministerio de la Presidencia, y para que el nuevo titular, Félix Bolaños, pudiera conocer los detalles del texto legal.
(Con información de EFE)

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Dictadura 1957: la historia puede repetirse

Aunque las imágenes de los últimos días evoquen a la dictadura de 1957, la situación en Cuba no es justificación para una intervención militar como la clase política en Miami pide. Nunca he apoyado ni apoyaré la intervención política ni militar en los asuntos de los cubanos. Varios hemos trabajado mucho en Washington para lograr eso: que se levante el bloqueo, que en la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba prime el respeto a los derechos humanos y que la isla deje de ser demagogia para el consumo de la política doméstica en la Florida.
Hemos visto mucho de eso en estos días. En los últimos 100 años, la historia ha demostrado que una intervención extranjera, del país que sea, no es la varita mágica que muchos piensan o aspiran y la carne de cañón siempre serán civiles, inocentes y los pobres de esta tierra.

Dicho esto, ya hay un fallecido en las protestas. Lamentablemente, es posible que haya más. Ha sido una irresponsabilidad política y cobardía dar una orden de combate en televisión nacional cuando el pueblo clama ser escuchado. Ha sido una irresponsabilidad política y cobardía movilizar jóvenes del servicio militar con palos para acallar a un pueblo que pide ser escuchado. Ha sido una irresponsabilidad política y cobardía ignorar los muchos vídeos de agentes uniformados disparando en las calles para acallar a un pueblo que pide ser escuchado. Estoy seguro de que quien dio la orden de combate no tiene a su familia clamando ser escuchada.

.@DiazCanelB: “La orden de combate está dada: a la calle, los revolucionarios”
¿Combate? ¿Serio? pic.twitter.com/O0RjdNpPNx
— Monik (@m0n1kfs) July 11, 2021

Creo en el diálogo, es la mejor manera para solucionar los problemas, cualquiera que sea. Por muchos años se ha ignorado, se ha marginalizado, se ha manipulado y se han minimizado los múltiples clamores desde distintos sectores sociales por cambios. El más reciente fue el reclamo de los artistas el 27 de noviembre. Muchos intelectuales han señalado problemas y propuesto soluciones.
Los torquemadas de la doctrina ortodoxa han mandado a la hoguera ideológica a los que llamamos al diálogo y señalado un proyecto de país más amplio y diverso. Un país con todos y para el bien de todos, donde la Ley Primera de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. Hace muchos años que esto se ha olvidado imponiendo decisiones arbitrarias sin el consenso necesario.
Lo ocurrido el domingo ha sido la crónica de una protesta anunciada. En estos días, en medio de un apagón comunicacional se ha violentado impunemente la joven constitución. El Estado Socialista de Derecho no puede estar sancionado por desapariciones, aún cuando sean por unos días. En el 2019, cuando fue aprobada la Constitución, le desee mejor suerte que a la anterior.

La palabra centrismo se ha utilizado como sinónimo de traición a la Patria.
A mí, un panfletero oportunista con la aquiescencia del Departamento Ideológico del Comité Central públicamente me comparó con Luis Posada Carriles. Al escribir esto, lloro al recordar cómo mi profesora hizo deshacerse en lágrimas a un aula entera de quinceañeros hablando de sus otros alumnos asesinados por una bomba un 6 de octubre de 1976 en pleno vuelo. Fidel Castro días después dijo que cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla.

Hay que reconocer que el terrorismo usado contra Cuba ha sido real e inmoral. Hay que reconocer que lanzar desesperados al mar como instrumento de presión política al poderoso vecino del norte ha sido real e inmoral. También hay que reconocer que provocar la división física y emocional de las familias ha sido real e inmoral. En Cuba hemos visto por años a un pueblo llorar, en especial las madres. El domingo vimos a la injusticia temblar.

No olvidaré jamás que, de niño, vi a mi padre llorar cuando su hijo le pidió un jugo en una tienda en divisas. El niño en ese momento no entendía, y decía “papi, ¿por qué lloras si lo único que te pido es un jugo?” Cosas que uno sólo entiende de adulto. Luego tuvimos mejor posición económica. Privilegios que no estaban disponibles para el vecino de al frente o de al lado. Cuando era estudiante, tuve acceso a personas con tantos o más privilegios que yo.
Muchas veces, los privilegios venían como resultado de una posición política. Así, vi mucha soberbia, vi mucha doble moral, vi a gente con muchos privilegios producto de esas posiciones políticas olvidar que eran minoría, que esos privilegios no estaban disponibles para todos. Reconozco que también muchas veces lo olvidé.
Tener salud y educación no son privilegios, son derechos. Si esos derechos se sacan en cara ante cualquier reclamo, dejan de ser derechos para convertirse en material de cambio. Lo que ha ocurrido estos días son consecuencias de la soberbia y las ansias de poder, de olvidar que los privilegios de unos pocos no están al alcance de una mayoría. Una amiga me enseñó que si en una discusión defendemos el status quo entonces somos parte del problema. Dar una orden de combate contra el pueblo es ser parte del problema.

Es muy fácil decidir sin prisas cambios que son necesarios y reclamados urgentemente cuando se tienen esos privilegios.
Cuando no se pasa hambre ni se sufre ante la falta de oportunidades por un futuro mejor, sobre todo el futuro de los hijos y nietos. Cuando no hay necesidad de responder a un “¿cómo estás?” con un “ahí, luchando.” Eso es algo que los que hemos tenido privilegios a veces olvidamos.

La pasión nunca es buena consejera, y en política mucho menos. En la alocución del domingo, habló el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. Así era como lo anunciaba el cartel de presentación escogido que tenía impreso delante. El domingo quedó claro que habló solamente para los militantes del Partido, alrededor de 700.000. Ese día no habló el presidente de la República para los más de 11 millones de cubanos. Si alguien actúa primero como Primer Secretario de un partido político que como presidente, entonces no debe ser presidente de todos los cubanos.

Una señal positiva sería una disculpa inequívoca del presidente. Dijo Fidel Castro que Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos. Desde el lunes hemos visto en modo de control de daños y justificar con malabares ante el pueblo y la opinión pública internacional los actos de represión. Usar selectivamente el concepto de Revolución no es revolucionario. Tampoco lo es la ausencia de autocríticas ni escudarse en las desigualdades sociales de Europa ni Estados Unidos que también tienen bastante.
Tiene mucha razón el profesor Michael Bustamante cuando dice que “clasificar a los manifestantes como ‘vulgares’ no se trata solo de elección de epítetos o de la acción de unos pocos en voltear los carros de policía. Es un lenguaje codificado clasista y racista que, en este caso, canaliza una mentalidad burguesa bajo el manto de la moral socialista.” Hay mucho racismo y clasismo en nuestros gobernantes.

Classifying protestors as “vulgares” is not just about their choice of epithets or the choices of a few to flip over cop cars.
It’s coded classist, racist language that, in this case, channels a bourgeois mentality under the cover of socialist morality.
— Michael J Bustamante (@MJ_Busta) July 13, 2021

Las comparaciones entre 1957 y el 2021 pueden parecer lejanas, dolorosas y chocantes. Los asesinatos de tantos jóvenes valientes no pueden haber sido en vano. Sabemos que la dictadura anterior tenía voluntad represiva y represores sedientos de revancha. Sabemos que la dictadura anterior no dudaba en soltar jaurías de uniformados hambrientos con rabia para amilanar las ansias del pueblo de escoger un futuro más digno e inclusivo. Es lo que he visto el domingo.
Algunos hablan de una fractura social. Si el pueblo sigue reclamando sus derechos civiles y políticos en las calles, temo que la respuesta uniformada que veremos será peor. Si las noticias y vídeos de abuso policial, de detenciones arbitrarias, de violentar los hogares con pistolas desenfundadas, de disparos a mansalva ante una protesta de ciudadanos que quieren ser escuchados son ignorados por las propias autoridades que han dado “la orden de combate” en cadena nacional, entonces las comparaciones pueden ser no tan lejanas.

La historia no puede ser letra muerta ni repetir consignas y frases mecánicamente sin análisis.
La historia tiene que verse críticamente. Tiene que ponernos molestos, incómodos. Esto que escribo sale del raciocinio, aunque acepto un poco de ímpetu al ver tanto abuso. El camino a una dictadura comienza siempre con unos pocos muertos, espero este no sea el caso. Un esposo abusador comienza con el primer golpe. Luego pide perdón, dice que fue obligado por la víctima. Habla también que no ocurrirá nuevamente e intenta convencer a la familia y vecinos con su mejor sonrisa. Sin embargo, el abuso ocurre de nuevo mientras la impunidad no termina. Es lo que hemos visto este domingo.

Por mucho tiempo ha existido la versión romántica del sacrificio en favor de la Patria. ¿Qué es la Patria? Desde pequeños aprendimos que el cubano más grande le dijo a su madre que el amor a la Patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca. La Patria no es el Cabo de San Antonio ni la Punta de Maisí. La Patria es el ingeniero, el médico, pero también es el hambriento, el pobre, el desesperado.
La Patria son los “vulgares delincuentes” que han salido a protestar por un pan digno. Somos todos. Pedir sacrificios que no se sufren a la Patria, es oprimirla. Un líder que exige Patria o Muerte se confirma en la antítesis de sí mismo. No hay Patria con muerte, y la Patria bien vale la vida de un inocente. La Patria es de los comunistas y de los que no lo son. La Patria somos todos, indivisibles.

Las medidas excepcionales de ayer confirman la avaricia y arrogancia de nuestros gobernantes. El gobierno clama ante la opinión pública, con razón, que el bloqueo de los Estados Unidos hacia el pueblo de Cuba entorpece la compra de alimentos y medicinas. Bienes tan esenciales para la Patria no deberían estar sujeto a restricción alguna en nuestras fronteras. Cuando hace una semana en estas mismas páginas se propuso levantar las restricciones para la entrada de medicinas, protegidos del Departamento Ideológico del Comité Central calumniaron.
En un país sufrido y hambreado bajo la espada del memorándum de Lester Mallory y con la agricultura atrofiada, priorizar en una balanza el cobro de aranceles sobre un paquete de carne para tantas parejas de ancianos que dependen de sus hijas y nietos en el exterior, es opresión. Es doloroso ver cómo se lucra con las familias emigradas, aquellas que sudan en cualquier punto de este mundo para alimentar a los suyos, y de paso se les niega dignidad a quienes le esperan en el archipiélago.
Es doloroso ver a un burócrata obeso, que no necesita del sudor de sus emigrados, decidir quién puede abrazar en el caimán y cuantas libras de comida y medicinas entrar. Nos han dicho que todos somos iguales. Pero la realidad es que hay unos más iguales que otros.

He tenido oportunidad de dialogar distendidamente con diplomáticos norteamericanos participantes en el proceso de acercamiento con Cuba de la administración Obama. Algunos han regresado a la administración actual. Ellos, acostumbrados al ir y venir de inquilinos en la Casa Blanca, coinciden en lo insólito de ver la falta de celeridad de los funcionarios cubanos. Como si el tiempo no fuera un lujo.
Recuerdo en especial una anécdota de un alto funcionario estacionado en la embajada en La Habana y su diálogo con alguien que es hoy Viceprimer ministro de Cuba. El cubano se jactaba de que iba a restringir reuniones con empresarios estadounidenses ante la alta cantidad de solicitudes recibidas. El funcionario norteño le respondió que no olvidara que en menos de un año habría un nuevo presidente en ese momento desconocido en la Casa Blanca y que los capitalistas norteamericanos tienen un tiempo de atención demasiado corto. Memento mori.
En un país con tanta necesidad de inversión extranjera, donde ganar la atención del capital estadounidense es vital para nuestros intereses nacionales, la altanería es canallesca.

Para más inri, es doloroso ver cómo la semana pasada en la televisión guantanamera una funcionaria provincial admitió que, en plena pandemia, había sólo una ambulancia para toda la provincia. El domingo vimos más camiones listos para golpear que ambulancias listas para sanar. La falta de ambulancias no es exclusiva del último año y priorizar la compra de técnica antimotines sobre ambulancias y camillas, es también tiranizar.

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Cubanos libres protestaron contra la Embajada de la dictadura en Roma

ROMA, Italia.- Los cubanos residentes en Roma alzaron su voz de protesta en apoyo al pueblo que en la isla exige la salida del régimen. A las 3:00 de la tarde de este lunes, centenares de personas se reunieron a las afueras de la sede de la Embajada de Cuba en la capital italiana, ubicada en la calle Licinia 7, para exigir la caída de la dictadura comandada por Miguel Díaz-Canel.
“Aquí estamos un gran grupo de cubanos en Roma, para apoyar a nuestro pueblo, para apoyar a todos los cubanos que se han alzado para sacar del poder a la dictadura”, expresó Luis Ernesto Hernández a CubaNet, mientras se encontraba en medio de la manifestación que inició con una convocatoria espontánea a través de las redes sociales, y logró poner en jaque a la misión diplomática por más de cuatro horas.
“Hemos venido a representar a nuestro pueblo, a representar a nuestros hermanos, a representar a nuestra familia, para pedir un cambio de sistema, para pedir la libertad de nuestro pueblo que por más de 62 años ha sido oprimido por la misma dictadura”, expresó Luis Hernández, administrador de la página Facebook “La Cuba vera”, que desde el año pasado se ha convertido en un punto de referencia contra el comunismo castrista en Italia.
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“Asesinos”, “Viva Cuba Libre”, SOS Cuba”, fueron algunas de las consignas de los manifestantes, protegidos por funcionarios de la Policía de Roma y de la Guardia de Finanzas para evitar que fueran atacados por un grupo de comunistas italianos que intentó enfrentar la protesta que, a pesar de las provocaciones, siempre mantuvo un tono pacífico.
Hernández también informó que los cubanos en Roma no se detienen y este martes 13 de julio se reunirán en la plaza Montecitorio, a las puertas del Parlamento Italiano, en una concentración que estaba programada para recordar el crimen contra el remolcador 13 de marzo. Una ocasión propicia para denunciar una vez más la violación de derechos humanos en la Isla: “Invitamos a todos los cubanos que están dentro y fuera que salgan a la calle, como han salido muchos cubanos, para exigir libertad y ayuda humanitaria”, enfatizó.
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Dictaduras, libertad de expresión y censura

Hace 48 años, un 27 de junio, Juan María Bordaberry dio un autogolpe de Estado en Uruguay.
En los días que corren, en nuestra América −México incluido− hay muchas palabras devaluadas. Entre ellas, dictadura, militarización, libertad de expresión, censura. El uso de los conceptos no es para nada inocente. La memoria histórica sirve para desvirtuar las falsificaciones de la hora.
Al triunfo de la revolución cubana en 1959, los viejos militares gorilas al servicio de las oligarquías vernáculas fueron sustituidos por los gendarmes de la Doctrina de Seguridad Nacional made in USA. La Seguridad Nacional destruyó la política y la remplazó por un estado de guerra permanente, y de la mano de la tortura científica, las ejecuciones sumarias extrajudiciales, la desaparición forzada y el accionar de los escuadrones de la muerte, el terrorismo de Estado se enseñoreó en toda la región con la bendición de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Hace 48 años, un 27 de junio, Juan María Bordaberry dio un autogolpe de Estado en Uruguay. Pero el proceso de fascistización del Estado había comenzado antes. Desde 1968 y hasta el final de su mandato en 1972, su antecesor, Jorge Pacheco Areco, gobernó bajo “Medidas Prontas de Seguridad” (equivalente al estado de sitio previsto en la Constitución para situaciones extraordinarias). Con apoyo de la embajada de Estados Unidos en Montevideo, aplicó las “técnicas de persuasión colectiva” (como denunció el ex agente de la CIA Philip Agee, asignado a Uruguay en 1964, siguiendo los lineamientos de Mockingbird Operation, cada día se plantaban “dos o tres artículos de propaganda” en diarios derechistas como El País, La Mañana y El Día) para influir en las actitudes y emociones de toda la población, incluidas operaciones sicológicas diferenciadas para grupos opositores considerados “enemigos”.
En diciembre de 1967, a una semana de asumir la Presidencia, Pacheco clausuró el diario Época, fundado por Eduardo Galeano, y el semanario socialista El Sol. En 1968 militarizó los entes estatales y los bancos, prohibió toda información sobre paros y huelgas, y luego extendió esa prohibición a titulares, fotografías, noticias o comentarios relativos a “desórdenes, incidentes o intervención de la fuerza pública”. Después clausuró el diario Extra y, en julio de 1969, prohibió por decreto a la prensa oral, escrita o televisada todo tipo de mención que directa o indirectamente se refiriera a los llamados “grupos delictivos” (en alusión al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros), a lo que pronto se sumaron 12 palabras: “movimientos clandestinos”, “comandos”, “células”, “terroristas”, “delincuentes políticos”, “delincuentes ideológicos”, “extremistas”, “subversivos” y “tupamaros”.
En cambio, otras pasaron a ser de uso común en los campos de concentración: capucha, plantón, picana, submarino, caballete. Como dijera Galeano, “el lenguaje que habla la máquina de exterminio”. Uruguay se convirtió en una cámara de tortura; uno de cada 50 uruguayos pasó por las prisiones del régimen. En proporción a su población, el número de presos igualó al de la ­Alemania nazi con Hitler.
En octubre de 1969 estableció la censura previa: todos los diarios, emisoras radiales y canales de Tv debían someter toda información sobre la situación económica y otros temas a los censores de la policía. Durante 1970 y hasta marzo de 1972 fueron clausurados de manera intermitente los periódicos De Frente, El Popular (órgano del Partido Comunista), BP Color (del Partido Demócrata Cristiano), Ya, La Idea, el semanario Marcha y la revista Para Todos. También fue prohibida la actividad de la agencia cubana Prensa Latina.
El 1º de marzo de 1972 Bordaberry asumió la Presidencia y un mes después suspendió las garantías constitucionales y declaró el “Estado de Guerra Interna”, inexistente en la Constitución, que fue seguida de la Ley de Seguridad del Estado, que estableció la detención “preventiva” y la incomunicación indefinida del detenido, sin acusación ni proceso, en violación del recurso de habeas corpus.
El 27 de junio de 1973, apoyado por el alto mando militar dio un golpe de Estado, clausuró el Parlamento, ilegalizó la Central Nacional de Trabajadores (CNT) y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), intervino la Universidad de la República y decretó el cierre total de El Popular, Crónica, Ahora, El Oriental, Compañero, Última Hora, Respuesta y La Idea. En febrero de 1974 fueron detenidos el director de Marcha, Carlos Quijano, y el escritor Juan Carlos Onetti. En mayo se clausuró la revista Víspera, vocera de la Iglesia católica, considerada “nido de marxistas”.
El sistema consideró subversiva a la realidad y a la historia, y creó una “nueva normalidad” coercitiva; militarizó el sistema educativo y suprimió en la Biblioteca Nacional las obras de Onetti, Mario Benedetti, García Lorca, Nicolás Guillén, Neruda, Antonio Machado, Miguel Hernández, Bertolt Brecht, Freud; allanó librerías y quemó o convirtió en pulpa de papel millares de obras; prohibió actuar a artistas como Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti, Aníbal Sampayo, Braulio López y José Guerra (Los Olimareños), Joan Manuel Serrat, Concepción China Zorrilla, Atahualpa del Cioppo. También prohibió la adaptación de textos clásicos como Fuenteovejuna, de Lope de Vega, y Antígona, de Sófocles. Vamos, hasta prohibió grabaciones de Carlos Gardel, fallecido en 1935, porque sus letras aludían a la lucha de clases y la huelga.
Los que discrepaban estaban condenados a la cárcel, la fosa o el exilio. El régimen invitaba a delatar. El paisito se convirtió en una república del silencio. Finalmente, Uruguay sería pacificado y por 13 años reinaría la paz de los ­cementerios.
¿Dictadura? ¿Militarización? ¿Libertad de expresión? ¿Censura? No hay conceptos inocentes y sí muchas falsificaciones. De allí, que, en el marco de la guerra de clase desatada por la plutocracia (Warren Buffett dixit), rescatar la memoria histórica resulte imprescindible.
A Toño Helguera, in memoriam
(Tomado de La Jornada)

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La familia cubana: un instrumento en manos de la dictadura

LA HABANA, Cuba.- El pasado jueves 24 de junio Yanela Durán Noa llegó a la estación policial ubicada en Zanja y Lealtad, municipio Centro Habana, para tener lo que ella misma calificó como “su peor encuentro con la Seguridad del Estado”. El día antes le habían entregado una citación para que se personara en la unidad, donde supuestamente sería entrevistada por una oficial del Departamento de Menores.
Allí fue conducida por una mujer vestida de civil hasta la oficina donde la esperaba un sujeto canoso que no se identificó, pero afirmó ser el oficial de Menores a cargo del caso abierto desde 2019 contra ella y su esposo, el periodista independiente Augusto César San Martín Albistur, por utilizar a su hijo Alejandro, de 7 años, en presuntas actividades contrarrevolucionarias. Al individuo se sumaron dos oficiales de la Seguridad del Estado que Yanela jamás había visto, y entre los tres llevaron a cabo una sesión de hostigamiento en la cual ella fue amenazada con un proceso judicial que podría comprometer la custodia sobre su hijo y la libertad de su esposo, quien actualmente se encuentra fuera del país.
En los últimos años el matrimonio ha sido perseguido con saña por la policía política bajo falsas acusaciones de mercenarismo, conspiración y venta ilegal de langostas para obligar a Augusto César a renunciar al periodismo, o emigrar. En el año 2018 allanaron su vivienda y decomisaron sus equipos de trabajo. Han citado varias veces a su esposa y en una ocasión a su anciana madre cuando vino de visita a Cuba.
La Seguridad del Estado ha aplicado, sin éxito, la máxima presión sobre el reportero para que deje de colaborar con medios independientes. En la “entrevista” con el supuesto oficial de Menores, Yanela supo que la policía política se prepara para construir un vínculo forzado, inexistente, entre paseos familiares y el trabajo periodístico de Augusto César. Los esbirros insisten en que éste utilizó una visita casual con su hijo Alejandro a la Fundación “Antonio Núñez Jiménez” para apoyar un reportaje acerca de la vida de lujo que disfrutan las hijas del reconocido científico, uno de los hombres fuertes del fallecido dictador Fidel Castro.
Durante la visita de marras, que se produjo a inicios del presente año porque uno de los custodios invitó al fascinado Alejandro a pasar y conocer el lugar, nadie impidió a Augusto César que hiciera fotos o videos. No hubo transgresión, mucho menos premeditación. Es natural que un periodista documente aquello que le parezca interesante o novedoso; pero en este caso la Seguridad del Estado busca tergiversar los hechos y convertir la invitación del vigilante en solicitud expresa de Augusto César para acceder a la Fundación y capturar las imágenes que complementarían el reportaje, publicado varios meses más tarde.
El mensaje para la angustiada Yanela fue claro: “dile a tu esposo que disfrute este viaje, porque si regresa no saldrá en mucho tiempo (…) Tenemos un expediente contra él por utilizar al niño en actividades contrarrevolucionarias”. Yanela sabe que el argumento de la policía política carece de fuerza y es imposible de probar; pero también sabe que la guerra legal contra la dictadura es desgastante. La prepotencia de los esbirros se manifestó en el trato irrespetuoso hacia ella, la violencia psicológica a que fue sometida, y el sentimiento de absoluta indefensión que no la abandonó mientras duró el traumático encuentro.
La Seguridad del Estado es un órgano represivo de carácter supraconstitucional, que no tiene reparos en aprovecharse del amor filial para chantajear a los opositores. Lo hacen porque pueden, y así se lo hicieron saber a Yanela. El acoso, las “regulaciones” (prohibición arbitraria de salida del país), los arrestos prolongados sin derecho a dar fe de vida, son violaciones tácitas de la ley que la policía política comete con total impunidad.
El régimen cubano es firmante de la Convención sobre los Derechos del Niño y demás acuerdos promovidos por la UNICEF; pero en la práctica el Estado totalitario solo reconoce los derechos de quienes comulgan con su ideología. Los disidentes no son ciudadanos; sus esposas no merecen protección y sus hijos son instrumentos desechables que utilizan con fines políticos sin ponderar las consecuencias.
A su corta edad Alejandro ha despertado rodeado de agentes de la Seguridad del Estado. Ha sido sacado de la cama en piyama por su padre, para ver cómo gente desconocida, de aspecto huraño, revuelve los rincones de su casa. Ha visto cómo se llevan los equipos de trabajo de su papá y cómo finalmente éste tiene que acompañar a “los malos” mientras su madre le dice, con voz temblorosa, que todo estará bien.
Es cruel que un niño deba sufrir tales sobresaltos, y que la Seguridad del Estado culpe a sus padres por cada episodio de represión. Así funciona ese mecanismo perverso que tras casi dos horas de amenazas soltó a Yanela nerviosa hasta la náusea, temiendo por la seguridad de su hijo, la de su esposo y la suya propia. La Seguridad del Estado esperó a que Augusto César saliera de la Isla y fue tras su familia, porque sabe que es el recurso infalible para atormentarlo y minar su resistencia.
“Puedes poner la queja en Fiscalía si quieres, que nosotros haremos los que nos de la gana”, aseguró uno de los esbirros a Yanela, quien denunciará el proceder de la policía política ante la Fiscalía General de la República, aunque solo sea para demostrar una vez más que Cuba no es un estado de derecho. Nadie está a salvo de la dictadura, cuyos tentáculos se extienden allende los mares para recordarles a los opositores que sus familias están secuestradas, y que construir un delito sin pruebas suficientes, incluso sin ninguna prueba, es tarea fácil. Lo han hecho a lo largo de seis décadas, y nada indica que tan abominable práctica dejará de existir en un futuro cercano.
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