Dictadura Militar

El negocio de la muerte contra la voluntad progresista de los pueblos

El estallido de la noticia sobre pertrechos bélicos, incluyendo municiones y gases lacrimógenos, vendidos a Bolivia para sentenciar el golpe de Estado de noviembre de 2019 contra el presidente Evo Morales, demuestra las perversas alianzas que se tejen para impedir la voluntad soberana de los pueblos.Ecuador y Colombia, según ha trascendido en los medios, proporcionaron material antidisturbio por el valor de 5,6 millones de dólares con un sobreprecio de 2,3 millones, dinero utilizado para reprimir al pueblo boliviano en las masacres de Sacaba y Senkata, que provocaron la muerte de 37 personas.La Agencia Boliviana de Información marcó al exministro de Gobierno, Arturo Murillo, y al de Defensa, Luis Fernando López, en la adquisición de 5 500 granadas de mano GL-302, 500 granadas de sonido y destello para exteriores, 2 389 proyectiles de largo alcance calibre 37 mm, y 560 proyectiles de corto alcance, y Colombia envió 19 000 bombas lacrimógenas.De todo ese arsenal para matar se supo, por las investigaciones realizadas a la exmandataria golpista Jeanine Áñez. Ella promovió decretos presidenciales desde el 29 de noviembre de 2019 hasta el 27 de febrero de 2020, apartando a la Asamblea Legislativa, para que el Ministerio de Economía autorizara al Banco Central a realizar los desembolsos, que sirvieron para el lavado de dinero, y justificar la compra de esos insumos que asesinaron a su propio pueblo. La adquisición de tanta metralla se hizo a través de la empresa Cóndor, mediante la intermediaria Bravo Tactical Solutions LLC, y el dinero sobregirado se empleó en la construcción de inmobiliarias en La Paz, incluido el World Trade Center, una edificación de dos torres de oficinas de 30 pisos, en Oruro, en el departamento de Santa Cruz.En el sucio negocio se involucran los banqueros estadounidenses Luis Berkman, su hijo Bryan Berkman y el empresario Philip Lichtenfeld, residente en Argentina, quien gestionó una compañía de pago de Brasil para asegurar la entrega de las mercancías a los golpistas.La receta empleada fue la misma de las antiguas dictaduras militares, porque hubo una gran actividad de inteligencia en aras de mantener a discreción el deshonesto asunto que promovió el enriquecimiento ilícito de los gobernantes bolivianos con el uso de la represión en pos de perpetuar en el poder político a las corrientes fascistas y oligárquicas, bajo la protección del imperialismo yanqui.Bolivia es un claro ejemplo del resurgir de esa oscura práctica en la región, (recuérdese el negocio de Estados Unidos con la venta de armas para financiar la guerra contra los sandinistas en Nicaragua), para negar la justicia social y mantener colonizados a los pueblos.

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