Defensa

Del lado del pueblo

El pueblo de Camagüey denunció la intentona desestabilizadora a nombre de los que están ahora mismo enfrentando la COVID-19. Foto: Enrique Atiénzar Rivero.
Somos, esencialmente, pacíficos, aunque nos hierva en vena la sangre de nuestros indígenas, de nuestros mambises, de nuestros rebeldes, ante la injusticia. Pero esa sangre caliente —que no debe correr, por cierto— debería servir para solucionar, nunca para meterle ‘más presión a la caldera’.
No confundamos las cosas: nos faltan medicinas, alimentos…, le hemos cazado la pelea a la corriente eléctrica en casi todos los territorios, en medio de una pandemia que nos ha trastocado los tiempos, las alegrías, los proyectos y hasta las esperanzas, en no pocos hogares.
De más está decir que nos sobran las insatisfacciones, las dudas, las preocupaciones. Todo eso es legítimo, aquí y en cualquier lugar donde exista un ser humano. Y habrá que discutir sobre cada tema que preocupe, que moleste, que duela, a pecho abierto, con disposición de escuchar, de volver a explicar y de revisar las soluciones propuestas. Construir juntos se llama. Construir, nunca lo contrario.
Pero el horror, no. El horror, la ingobernabilidad, el miedo de acostarse un día sin saber lo que va a pasar al otro, la preocupación constante por el destino de quien sale a la calle, las amenazas de muerte…, ¿eso es lo que queremos los que nos batimos a diario tratando de sernos útiles los unos a los otros?
Mucha gente me escribe por interno, o insta públicamente a que todos nos pongamos de parte del pueblo, porque aquel artista y este otro ya lo hizo. ¿Y de qué lado podemos estar sino del único lugar al que pertenecemos, al lado del pueblo? Volverá al pueblo, si lo decide, quien haya salido de él, quien no se sienta parte ya, por alguna u otra razón.
El problema es que el Pueblo, así en mayúsculas, como debe asumirse la palabra, no se resume o se limita a este o aquel con tal o más cual pensamiento; el quid está en que el Pueblo es diverso, y es tanto el que fue desarmado a manifestar su descontento, como el que llevó una piedra o un palo con toda la mala intención de darle a su blanco, el que pidió intervención militar y el que salió a defender la institucionalidad.
El Pueblo fue el que vociferó en contra del Gobierno y Pueblo es el que no está de acuerdo ni con violencia ni con anexionismo. Pueblo es el que intenta dilucidar dónde está la verdad entre tanto fake y manipulación, y Pueblo es también el que pugna por confundir y descontextualizar en redes sociales. Pueblo es quien se mantiene firme, haciendo lo suyo como siempre, en cada puesto de trabajo.
¿Será difícil entonces que se entienda que somos Pueblo también quienes no concordamos ni con el horror ni con la entrega de la Patria a la debacle? Habrá que cuidarse mucho de que la definición vaya a doblegar la balanza hacia unos, dejando fuera a otros, haciéndonos parecer ajenos e indiferentes a lo que ha sucedido en Cuba.
Romper con todo parece ser la solución más fácil; asirse a un Gobierno extranjero que, seguramente, nos ha demostrado con cuánta delicadeza tratará a este país, de suceder una intervención. Es posible que a los defensores de tal salida les resulte obvio el respeto a sus reclamos, a sus hogares, a sus familias, a sus destinos. ¿Será?
Es posible que haya convencidos, que exista quien azuce de lejos y luego se siente a mirar para otro lugar, porque total, ya ellos cumplieron con ayudar a derrocar al socialismo. Todo, en este videojuego grotesco en el que parecemos metidos, es posible.
Yo sé que paz y amor, entendimiento y explicación, diálogo permanente, pueden resultar ahora retórica pasada de tiempo para algunos. Puede ser. Pero, ¿de qué otra manera lograr ponerle pausa a esta situación que ha herido la unidad de esa riqueza social para Cuba llamada Pueblo?
Mientras todo esto sucede, la mayor parte del Pueblo continúa trabajando, como siempre lo ha hecho, —no sin preocupación— y apostando por ponerle freno a la pandemia, en cada uno de los sitios vitales, donde también se necesita sangre hirviendo en las venas, porque esta es otra de nuestras peleas donde está en juego la vida actual y futura de la nación.
El pueblo cubano sigue fiel a su  Revolución. Foto: Adelante.
(Tomado de Juventud Rebelde)

Continue Reading

El derecho a defender lo mío

Formo parte de los cubanos que hemos transitado de la niñez hasta la adultez bajo las condiciones de lo que implica vivir en un país bloqueado.
Con el trascurso de los años, al mismo tiempo de ser testigo de atentados, invasiones y agresiones, he contemplado orgulloso la diferencia de la Cuba que se está construyendo con aquella otra, la dejada atrás para siempre en 1959.
Nuestros jóvenes no conocen del terror impuesto por el batistato, donde en cualquier esquina amanecía un revolucionario asesinado, ni tampoco saben del hambre y de la miseria galopante del campesinado y de los más humildes habitantes en las ciudades de la Isla, y mucho menos pueden creer que el acceso de la mayoría a la educación, al igual que a una atención médica gratuita, fueran solo un sueño.
Desde este bienestar compartido entre generaciones de cubanos, hemos tenido la oportunidad de observar cómo el Gobierno estadounidense aplica los llamados golpes blandos, con los que han logrado derrocar gobiernos progresistas en diferentes regiones del mundo.
En tal sentido, a quienes intentan subvertir nuestro orden social, a través de la guerra no convencional, les recordamos que, desde las guerras de independencia hasta este preciso instante, los cubanos siempre hemos sido «un hueso duro de roer» en la defensa de lo nuestro, y les advertimos: Mejor, ni lo intenten.

Continue Reading

Entre el oportunismo de unos y la ingenuidad de otros

Ilustración: Osval.
Las calles cubanas vivieron este domingo una jornada de contrastes: de un lado, un grupo de cubanos que, alimentados desde fuera o aquejados desde dentro, irrumpieron para herir a Cuba, justo cuando vive uno de sus momentos más difíciles; del otro, y por suerte en mayoría, quienes salieron a defender esta isla grande, instantes después de los intentos por tomarla y sojuzgarla.
Unos lo hicieron con los malsanos propósitos que hace rato vienen manejando de la mano de movimientos o grupos; otros, quizás, por las coyunturas a las que el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez hiciera referencia en su llamado al combate, cuando él mismo lo lideró, en plena calle, en San Antonio de los Baños.
Lo lamentable es el oportunismo de unos y lo inoportuno de otros, cuando Cuba vive sus días más tensos, en medio de penurias reales, que mencionó el propio Díaz-Canel, por un marcado desabastecimiento general, apagones prolongados, escasez de medicamentos y otras carencias.
Pero lo más inapropiado es que todo se haga cuando la nación padece una inusitada ola de contagios por la COVID-19 con el principal epicentro en la provincia de Matanzas.
Y es verdad que duelen las cifras y sobrecogen también, aunque sepamos que no somos la excepción en un planeta que hace casi dos años ya vive bajo los designios de un virus despiadado, mutante y mortal.
Duelen y cortan la respiración los muertos, aunque sepamos que nuestros porcientos están muy por debajo del mundo y de la propia región latinoamericana.
Alteran las horas sin luz y lo dice alguien que también ha padecido seis horas y más de apagón en un día porque eso trastoca la vida doméstica, nos sume en el estrés y hasta en el insomnio de la mano del calor.
Golpean los desabastecimientos que nos obligan a estirar de más el pedazo de pan y a inventar frente al fogón y golpea también no tener el analgésico o el antibiótico cuando la dolencia no entiende de escasez.
Sobrecoge que los enfermos superen las capacidades hospitalarias y muchos centros de aislamiento estén lejos de ser cómodos.
Mas, creo que ninguna de estas tensiones sea el resorte para avasallar la Patria y ultrajarla, mucho más cuando precisa de sus mejores hijos para sostenerse. Una cosa es disentir y hasta protestar cuando creamos que algo no anda bien; otra muy diferente es saquear comercios, atacar policías, romperlo todo o, incluso, secundar actos tan crueles.
Una cosa es cuestionar y hasta exigir —porque ese derecho nos lo da elpropio país—. Otra muy diferente es tratar de poner el pretexto o pedirintervenciones humanitarias cuando aquí casi todos saben, como ilustranvarias experiencias anteriores, que esta pudiera ser con cañones y balas,que no excluirá a quienes tomaron las calles, sean lacayos, confundidos,manipulados, irresponsables o inoportunos.
Ninguna ira momentánea, por cruentos que sean el apagón o una ración escasa, es comparable con el dolor y la desesperación de los miles y miles de cubanos que hoy están atacados por la COVID-19 o viven la incertidumbre de poder ingresar a la lista de sospechosos o contactos. Tampoco es similar a lo que viven familiares de estos, para no hablar de quienes, lamentablemente, se han marchado de manera irreparable.
Ninguna es comparable con el esfuerzo de quienes han luchado a brazo partido y a riesgo de sus propias vidas por casi dos años, alejados de sus familias y comodidades para enfrentar la pandemia, sean médicos, enfermeras, trabajadores de salud o de otros tantísimos sectores, incluidos los dirigentes, quienes tienen la difícil misión de gobernar en medio de una crisis sanitaria y económica, agudizada por el bloqueo norteamericano, aunque a veces algunos deslices internos, que también reconocemos, hagan lo suyo.
No merece esta Revolución, que siempre dio hasta lo que no tiene por cobijarnos a todos, tanto a quienes la queremos y a quienes no, ver en sus calles un encontronazo entre hijos, cuando los necesita unidos. Y porque ha costado la sangre de quienes ya no están y el sudor y el sacrificio de quienes la construimos desde sus bondades y sus imperfecciones, no puede deshacerse en un apagón o en un comercio saqueado.
No lo merece tampoco la Patria que precisa de lo mejor de sus cubanos estén donde estén. Por suerte, en un domingo de contrastes, muchos salimos a defenderla desde la razón, la pasión y el compromiso.
(Tomado de Escambray)

Continue Reading

Guinness de mentiras contra Cuba

Foto: Pastor Batista Valdés/ Invasor.
Aunque no hay que ser experto para saberlo, analistas internacionales han demostrado que los disturbios de los últimos días en varias ciudades cubanas son parte de una gran operación, meticulosamente preparada desde el exterior, como expresión de la guerra no convencional que mantiene el gobierno de Estados Unidos, en contubernio con la extrema derecha anticubana radicada allí, para desestabilizar y derrotar a la Revolución.
Al brutal bloqueo económico, comercial y financiero, agravado a lo largo de seis décadas, con presiones y sanciones extraterritoriales de todo tipo para quienes le faciliten un grano de arroz a Cuba o reciban de ella la cabeza de un alfiler, la actual administración estadounidense sigue sumado fondos para promover la subversión interna en la Mayor de las Antillas, en un contexto en el cual emplea cada vez más las redes y plataformas digitales para crear confusión, desaliento y caos en la población.
De métodos diversos, unos solapados y otros francamente burdos, la política del imperio ha pasado a formas de injerencia y agresiones mediáticas, a la vista de una comunidad internacional cuya opinión y aplastante rechazo parecen no contar en organismos como la Organización de Naciones Unidas, cuya cadena de condenas al mencionado bloqueo pudiera inscribirse entre los más célebres récords Guinness del universo.
Golpes blandos que fracturan vértebras y médula espinal de gobiernos con orientación no grata a la mirada del todopoderoso y arrogante imperio, revolución de colores (estrategia silenciosa para derrocar gobiernos), intervención humanitaria (pantalla para ocupar militarmente y usar la fuerza) forman parte de los procederes de moda.
Foto: Pastor Batista Valdés/ Invasor.
De lo que se trata, nadie se llame a engaño, es de barrer con todos los proyectos anticapitalistas del planeta, y en este caso, con lo que representa el de esta nación, sostenido contra viento y marea en el transcurso de más de seis décadas, a pesar de los millones de dólares que se han invertido para subvertirlo.
Para muchos desinformados resultan desconocidos los hilos que mueven a elementos marginales y delincuenciales y hasta actores confundidos, y el objetivo supremo, para nada vinculado a garantizar alimentos y salud para este país, y mucho menos paz.
Pero esos hilos son cada vez más develados dentro y fuera del archipiélago. Alguien sin los conocimientos básicos sobre tecnologías digitales puede de todos modos entender lo que significa preparar un golpe mediático desde el exterior (Argentina, España, Estados Unidos…), como lo ha demostrado con pelos y señales el reconocido analista español Julián Macías Tovar.
Lamentablemente, lo que para la mayoría del pueblo cubano resulta más claro que el agua, es revuelto por la cuchara de los pusilánimes que, aun ni creyendo hacia dentro lo que sus ojos ven, se empeñan en hacer creer, hacia fuera, lo que desde el exterior les dictan para que repitan como papagayos.
De ahí viene esa turba, predominantemente jóvenes sin vínculo laboral, ricos en antecedentes penales y con pésima conducta, que salen a vociferar groserías, a lanzar piedras, a agredir a agentes del Orden Interior (o sea: a agentes del pueblo), decididos a saquear salvajemente, a matar si es preciso, y sobre todo a destruir la misma Revolución que les ha garantizado todos los derechos desde que sus madres los trajeron a este mundo.
Esos —con la mezcla de compasión que puedan generar los en verdad confundidos— devienen colaboradores del futuro que la extrema derecha anticubana de Miami y la Casa Blanca quieren pintarnos y regalarnos envuelto en servilletas de color gris.
Lo que ocurrió el pasado domingo es la “tranquilidad ciudadana” que para Cuba entera reservan quienes nos odian a muerte. Eso es lo que nos espera en caso de arrodillarnos. Solo que esto último —y allá en el norte lo saben muy bien— nunca va a suceder.
Foto: Pastor Batista Valdés/ Invasor.
(Tomado de Invasor)

Continue Reading

Por la defensa de Cuba, con fuerza de León

Mayor General José Marcelino Maceo Grajales

Santiago de Cuba.–«Valiente hasta lo inverosímil, arrebatado, colérico, fiero y testarudo», cachorro llegado, al igual que su hermano Antonio, de «león y de leona». Tal como lo describiera el brigadier José Miró Argenter, podría recordarse al Mayor General José Marcelino Maceo Grajales, al cumplirse hoy 125 años de su muerte.
Del bien llamado León de Oriente, se cuenta que «peleaba diez pasos por delante de la vanguardia». Sus compañeros lo distinguieron por ese carácter y temperamento, y por la firmeza de sus ideas y la intransigencia, pero también por la bondad de su corazón y una profunda sensibilidad por la música.
Con 19 años de edad, partió hacia la manigua, como toda la familia de Mariana y Marcos, para conquistar, por derecho propio, extraordinarios méritos en las tres guerras independentistas.
Resuenan aún sus combates en Rejondón de Báguano, Las Guásimas, El Naranjo, Mojacasabe, Pinar Redondo, Tibisí y, sobre todo, Mangos de Mejía, para salvar la vida de su hermano Antonio, gravemente herido de siete balazos.
Solo de un hombre así podía escucharse decir al Apóstol José Martí: «Amigo, quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano».
Símbolo de las actuales y futuras generaciones, trasciende quien rechazó, al lado de Antonio, la indigna propuesta de paz sin independencia en Mangos de Baraguá; el guerrero que, derribado a balazos en Ti Arriba, dejara de respirar en Loma del Gato, cuyos restos reciben honores hoy y siempre, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de esta ciudad.

Continue Reading

Felicita Raúl al Ejército Occidental en su aniversario 60: “Un ejército con solidez profesional e ideológica”

Con motivo del aniversario 60 del Ejército Occidental, el General de Ejército Raúl Castro Ruz destaca en un mensaje de felicitación a los integrantes de ese mando el potencial defensivo alcanzado, el enfrentamiento a las agresiones y provocaciones del enemigo, el cumplimiento de misiones internacionalistas y el apoyo a la recuperación del país en situaciones adversas.

Continue Reading