De otro costal

Mylene Fernández Pintado: “soy una nostálgica incurable, una adicta a la melancolía”

Nació en Pinar del Río, pero vive entre La Habana y Lugano. Es abogada de formación, pero su única ocupación es la escritura. Es una lectora voraz de toda la vida, pero descubrió la vocación literaria a los 31 años, cuando obtuvo mención en un concurso de relatos. Duda de casi todo, pero no reniega de casi nada. Es Mylene Fernández Pintado, mujer sensible, de alegrías difusas, melómana y de inteligencia inquieta. Presencia constante, seis meses de cada año, en los muchos y muy buenos conciertos de jazz en La Habana. La Habana, 2020. Foto: Paolo Gebhard.Define en una frase el año y medio de encierro a que nos ha obligado la COVID-19La precariedad del alma y la buena salud de los peces.Sé que has escrito un relato sobre la pandemia. Muchos colegas lo han hecho; también crónicas, poemas… ¿Fue liberador enfrentarte al tema o te adicionó tristeza?Mi relato forma parte del libro A-Sintomática. Relatos del encierro, una antología iberoamericana que incluye ficción y testimonio, coordinada por los profesores Mabel Cuesta, de University of Houston, y Hugo García, de Western Washington University, y saldrá en estos días por la editorial Hypermedia.Escogí el testimonio porque me parecía que la realidad era tan irreal como cualquier ficción. Me alegra haberlo hecho; cuando esto pase, podré recordar detalles que  habría olvidado de no escribirlos.Fue en abril del año pasado, yo estaba en La Habana y en ese momento había muy pocos casos en Cuba. La situación era rara en todo el planeta y nosotros le dimos nuestro “toque local”, como otros países. Se cerraron los aeropuertos y se estableció la prohibición de salida a los ciudadanos cubanos residentes en Cuba, que abarcaba también a quienes teníamos una segunda ciudadanía. Nos enteramos de esto último cuando nos llamaron desde Berna, para comunicarnos el único “vuelo humanitario” que hizo Suiza, coordinado con Alemania, y que yo no podía abordar.No quería irme. Europa estaba en lockdown, las noticias eran tristísimas y las temperaturas, bajas. Me sentía bien en mi casa, vivo allí hace más de 50 años, y es un sitio entrañable. Apenas salía.PublicidadPero, una cosa es que no te quieres ir y  otra es que no puedes. Le dije a Paolo que se fuera, pero no logré convencerlo. Nuestros amigos se iban, la ciudad tenía algo de capítulo final y eso me entristecía porque de alguna manera intuía que cuando nos fuéramos, íbamos a tardar mucho en regresar.En ese momento no estaba escribiendo pero eso no me parecía importante. Sentía que formaba parte de un ánima colectiva y que, aislados, estábamos juntos, devorando las informaciones, llenos de preguntas, de expectativas.  Me mantenía en contacto con muchas personas fuera de Cuba. Nada era tranquilizador en ninguna parte.Me puse a dibujar mandalas. Pasaba mucho tiempo en mi balcón, mirando el mar. Leía; entre lecturas y relecturas debo haber devorado como cien libros. Aunque estaba serena, me preocupaba que si algo cambiaba en nuestra rutina sin fatigas (eso iba a suceder, era solo cuestión de tiempo) no podríamos irnos sin un proceso que suponía pedir mi permiso y esperar a ver si me lo daban. Y luego, hacer malabares para comprar los pasajes en una de las pocas líneas aéreas que aún volaban (algunas solo llevaban a sus ciudadanos) hasta un país europeo y desde allí,  planificar cómo llegar a Suiza, porque muchas fronteras estaban cerradas. Pese a todo esto, demoré en pedir el permiso y busqué pretextos para dilatarlo.La invitación al libro me “puso las pilas”. Yo trabajo bien bajo presión, creo que algunos de mis mejores relatos han sido escritos con fecha de entrega, tema y extensión preestablecidos. Padezco algo que llamo “síndrome de la niña que hace la tarea”. Escribí Los dedos en el guante, y después que lo envié retomé un proyecto que tenía abandonado. Pero fue ese texto el que rompió la inercia, y  lo agradezco a Mabel y Hugo.Ha pasado más de un año desde entonces. Como casi todos, he sufrido la pérdida de familiares  y  amigos.  He vivido la pandemia en La Habana y en Lugano. He visto arribar las vacunas y los no vax, ciencia y oscurantismo, altruismo y mezquindad. Abulia, depresión, ansia, soledad, desconfianza, egoísmo, miedo y violencia. Bondad, empatía, esperanza, serenidad, entrega, amistad, heroísmo y solidaridad. No creo que el “mundo post-COVID-19” será más acogedor pero espero que llegue pronto.Desde 1994, cuando se publica tu relato “Anhedonia” en La Gaceta de Cuba, a la fecha, han pasado 27 años. ¿Qué queda de las incertidumbres de la narradora que fuiste en los comienzos, qué ha variado sustancialmente?Ahora tengo más incertidumbres.La máxima es “volverse más viejo y más sabio”.  Al envejecer, me he vuelto más consciente de todo lo que ignoro y dudo, también en términos literarios, y ese dudar más y ocuparse más de lo que no se sabe, me parece una forma sutil de sabiduría. Ediciones Unión. La Habana, 2008.En estos días he estado revisando mi primera novela, Otras Plegarias atendidas, para una reedición que hará Ediciones Matanzas. Nunca leo mis libros después que se publican, creo que me da miedo descubrir que no están bien escritos cuando ya no hay remedio. Leyendo esa novela, me quedé sorprendida de la “seguridad” que emana de mis frases. Me sentía más confiada, arropada y eso tiene que ver con que tenía familia, aunque sea un hecho extraliterario. Uno es de alguna manera joven mientras es el hijo de alguien, y cuando mis padres murieron, me volví adulta de golpe, saturada de preguntas sin tener a quien dirigirlas, obligada a sopesar variantes y a tomar decisiones sin alguien que me aconsejara o enmendara mis desaguisados. Mi valentía, mis certezas, mi fe, mi despreocupación por el futuro o por las consecuencias de mis actos, desaparecieron junto a muchas otras cosas.En 1998, mi primer volumen de cuentos ganó el Premio David de la UNEAC y por primera vez una editorial me mandó las correcciones de un libro de mi autoría para que yo las considerara, eran todas relativas a la puntuación y no fui muy flexible. No me ha sucedido más. Hace unos días terminé la revisión de la prueba de planas de Otras Plegarias Atendidas. Norge Céspedes, el editor, me hizo sugerencias iluminadoras que acepté y agradecí, y trabajamos mucho.  Cuando me han traducido al inglés o al italiano, he podido leer las versiones y opinar, y tengo muy claro que la obra es mía pero el idioma es de ellos.Ha variado mi manera de narrar, por las razones por las que todo cambia: por los años, por lo que  en estos años he vivido, aprehendido, ganado y perdido, por lo que he leído y escrito.Ahora soy más concisa. Quizás se debe a que lo que más escribo son cuentos y ellos son mi “calistenia”  literaria. En el cuento, te las juegas todas en unas pocas cuartillas. La novela lleva otra arquitectura, otras reglas, pero también hay modos más o menos exuberantes de escribirla. Cuando Padura escribió su reseña para la edición norteamericana de mi novela La esquina del mundo dijo que la historia estaba contada“…in thoughtfully chosen words-just those need, and no more…” (…con las palabras cuidadosamente escogidas, solo las necesarias y ni una más…) Otras Plegarias Atendidas, es completamente diferente. El cambio en mi escritura se nota mucho en estas dos novelas.Entre las manías adquiridas con el paso del tiempo, está mi obsesión de que el lector no se salte párrafos o páginas (algo muy normal entre lectores) y que cada frase diga algo que le interese. No es un empeño fácil y seguramente no lo logro, pero trato, y sopeso más las palabras. Como dudo más, soy más crítica.Has obtenidos premios, traducciones, tus relatos se han dramatizado en la televisión y la radio; incluso hay planes cinematográficos por ahí. ¿Te consideras una autora de éxito? ¿Puedes vivir de tus royalties?NO y NO. Las dos, con mayúsculas.En los premios, traducciones, publicaciones y adaptaciones, hay mucho de azar, de buena fortuna, además del innegable esfuerzo por concebir una obra que los merezca. Pienso siempre en La Conjura de los necios, de Kennedy Toole. Casi nos quedamos sin leerlo y ahora no imaginamos un mundo sin él. ¿Cuántas necias conjuras nos están privando ahora mismo de libros maravillosos? ¿Cuántas veces el talento no encuentra mecenas o receptores?En el caso de los premios, algo que conozco bien porque soy jurado muy a menudo, un libro que gana un concurso significa, casi siempre, que es mejor que el resto de los que estaban en liza ese año. Puedes tener un libro magnífico que concursa en una edición llena de excelentes concurrentes y gana otro. Puedes tener una obra discreta que no encontró rivales de gran vuelo en otra edición y resultas ganador. Los jurados somos seres humanos y tenemos nuestras preferencias como personas y como lectores. No estoy hablando de favoritismos, sino de esa subjetividad inevitable que posee hasta el lector más imparcial.En el caso de las editoriales y las traducciones, a veces tienen que ver con estar en el lugar oportuno en el momento oportuno. No estoy negando la calidad de las obras exitosas, digo solo que hay muchas otras a las que les ha faltado solo una oportunidad. Si tuviera una editorial, publicaría ahora mismo dos manuscritos que leí el año pasado. No digo los títulos porque espero que sus autores los envíen a concursos y ganen.Mi camino editorial es como un déjà vu.  En estos momentos, hay editoriales interesadas en una nueva novela, incluso una me pidió una sinopsis y se la mandé, pero no seguí escribiendo el libro. O sea, que me va a pasar lo mismo de siempre: primero, aparece una editorial que espera una novela pero no la escribo porque estoy inmersa en otras cosas o mi autoestima literaria tiene la presión baja; el segundo paso es que la escribo años después por lo cual pierdo esa oportunidad. Hasta ahora ha habido una tercera parte: la he terminado, con mis tiempos y mis dudas, han aparecido otras editoriales interesadas y el libro ha llegado a buen puerto. Ojalá que este nuevo capítulo de la serie “la novela que no he escrito” tenga un final feliz.Escribes básicamente sobre cubanos de las dos orillas. ¿Tanto tiempo viviendo en Suiza no han desplazado el eje temático de tu narrativa hacia ámbitos más “universales”? ¿Qué es lo universal en la literatura?La pataleta de Ignatius 1 por la falta de teología, geometría, decencia y buen gusto del mundo, es universal. La tristeza mezclada con carcajadas que recorre La Conjura de los necios, se escapa de las callecitas de New Orleans, y sigue recorriendo el planeta y reclutando lectores.  Ignatius trasciende, anacrónico y desafiante, las barreras nacionales o lingüísticas. Y uno se pregunta: ¿qué tiene que ver con nosotros ese gordo estrafalario, desaliñado y grosero que va por la vida creando problemas y convencido de ser un genio? No tengo la respuesta. Quizás, el Ignatius que llevamos dentro, sin saberlo.Cuando tienes la sensación de que la historia está escrita para ti, pensando en ti, que las páginas encierran un mundo que no quieres abandonar y se vuelven tu otro hogar o el único que deseas; cuando quieres que el libro sea plástico para leer mientras te bañas y que se siga leyendo en tu cabeza mientras duermes, y esos sentimientos son compartidos por muchos lectores a través de los años y los siglos, y degustados en lugares y realidades distintas, lo que cuenta es universal. No importa que el ejemplar sea prestado o que nunca más lo volvamos a leer; está dentro de nosotros como si fuéramos la biblioteca o uno de los personajes de Farenheit 451.Junto a La Habana, Miami es el escenario más frecuente de mis textos. Allí se desarrollan la mitad de los cuentos de mi primer libro, y mi primera novela. Sus protagonistas siguen apareciendo en mis relatos, como si no pudiera abandonarlos.A veces, he ubicado personajes y tramas en otros países: una en España, una en Canadá, y hay tres en las que no digo el nombre pero se nota que son ciudades  europeas. También le dediqué un cuento a Suiza, se llama Sprungli, y es una historia de nostalgia y extrañamiento, narrada como una aventura de Alicia en el país del chocolate. Pero los protagonistas son siempre cubanos, aunque viven fuera de Cuba. En otras historias, que suceden en Cuba, coloco cubanos junto a personas de otros lugares; me interesa el modo en que cada uno ve las cosas, lo que los acerca y se vuelve zona de confort y lo que sigue siendo el coto amurallado de cada uno. Otro tema que abordo es el de los reencuentros: el de quien se fue y quien se quedó; también aquí se establecen zonas comunes y otras en las que el tiempo y la distancia han cambiado códigos y maneras de percibir la realidad.¿Cómo es vivir a caballo entre dos ciudades, dos culturas: La Habana y Lugano? ¿Tienes que despresurizarte cuando viajas de un mundo al otro? ¿Hay alguna estrategia para ello? ¿Qué extrañas de Lugano en La Habana? ¿Qué extrañas de La Habana en Lugano?Cualquiera podría considerarla una situación idílica, y a lo mejor tiene razón, aunque a mí me provoca un poco (a veces un mucho) de stress. Me parece que no paso suficiente tiempo en ninguna de las dos ciudades. Como tengo “una vida en cada una”, esa vida sigue aunque yo no esté ahí para vivirla, se acumula, espera que yo regrese para actualizarme y no lo hace de manera gentil. Cada vez que llego, tengo que hacer mucho más que adaptarme al nuevo huso horario, debo repasar el país que quedó atrás cuando me fui, ponerme en sintonía y aprenderme las últimas noticias de la nueva realidad. Son lugares tan distintos, que viajar de uno al otro es como caerse en el hueco del árbol o atravesar la niebla del espejo. De Génova a Tánger, 2019. Foto Paolo GebhardPor otro lado, esta dualidad me retroalimenta. Cuba es la fuente de mis desvelos, pero también me interesa mucho lo que acontece aquí. Suiza es un país que cuenta y sus decisiones tienen consecuencias a nivel global (ahora mismo, ha donado 4 millones de vacunas y 145 millones de francos al programa Co Vax).  Aquí tengo acceso a mucha información sobre este mundo al que pertenecemos pero del que no somos el centro y eso me ayuda a mirar y pensar esa realidad que sigue siendo foco de mis preocupaciones de cubana. A su vez, lo que vivo en Cuba me da coordenadas para evaluar lo que me rodea cuando estoy de este lado.En Lugano, extraño mi casa habanera, significa mucho para mí. Extraño el mar todo el tiempo; los bosques, los lagos y las montañas tienen mucho encanto, pero es una cuestión de gustos. Echo de menos la ciudad, que es linda pese a todo, la luz, el sonido, las personas, mi pasado en cada esquina y la sensación de pertenecer, de que me tocan cada acierto y cada metedura de pata, que lo que no sé lo puedo imaginar, deducir, intuir. Soy una nostálgica incurable, una adicta a la melancolía. Es verdad que cuando regreso y me enfrento a los problemas de todo tipo me desespero y me parece un empeño superior a mis fuerzas. Pero basta una mínima cosa buena para que la perdone, hasta el próximo capítulo kafkiano.En La Habana, echo de menos cosas tan simples como beber el agua de la pila o tomar café con leche usando la fórmula elemental de ir al supermercado; o la facilidad con la que se va de un país a otro.  Hay otras cosas más profundas, tienen que ver con la vida sin sobresaltos, con hacer planes, con saber que hay una vía para cada cosa, porque aquí “todo está pensado”. Pero ese mismo conglomerado de reglas que abarca desde la altura de los arbustos del jardín hasta los pormenores de un seguro que cubra los daños a la propiedad ajena, puede resultar agobiante. El modo de prever cada detalle, le escamotea al azar el más mínimo chance, y la cotidianidad conlleva montañas de papeles y normas, planificando todo, sellando cada grieta por la que pueda filtrarse la casualidad.  Este es un país pragmático y caro, de bancos y compañías de seguros. Como el personaje de El pequeño príncipe, Suiza se ocupa de cosas serias. Con Bruno Luvera, realizador del programa Billy, el vicio de leer. Rai 1, RomaEn otros aspectos, parece ciencia ficción. He visto agromercados sin vendedores; los clientes compran y nadie roba. Cuando paseo por el bosque, veo juguetes, gafas y chaquetas colgados en las ramas de los árboles o posados en los bancos, porque quien los encuentra los coloca allí para que su dueño los recupere. Hace poco, de un vagón de tren cayeron a las vías cientos de miles de francos, la gente se detuvo a recogerlos y se devolvió casi todo. Hay tanta disciplina como chocolate.Desde niña, he pasado largos períodos en el extranjero, he echado de menos La Habana y cada regreso es como “tocar base”. Quizás por eso, está en mis textos desde Anhedonia: rota, rumorosa, caótica, cálida, húmeda, perezosa y tenaz, ausente o presente, edulcorada y desenfocada por la distancia y el tiempo de quien ha emigrado, escenario de fatigas y esperanzas de quien la habita. La Habana, es mi hogar y el lugar donde escribo. City Lights, San Francisco, 2014.Te manejas con bastante fluidez en italiano. ¿Has intentado escribir narrativa en esa lengua? El italiano se ha convertido en mi segunda lengua. El hecho de manejarlo con cierta fluidez ayudó mucho a mi libro en Italia, porque los editores podían contar conmigo para la promoción, para establecer la relación con la prensa y para hacer la gira de presentaciones, sin necesidad de traductores. El idioma incentiva la relación con el lector, la hace más cercana  cuando puedes bromear en la presentación, cuando firmas los libros, cuando preguntan y les respondes en su idioma. A veces creo que he hablado tanto de La esquina del mundo en italiano que las palabras justas salen en ese idioma. Ediciones Unión. La Habana, 2012.Pero, no he escrito narrativa en italiano. Solo las respuestas a las entrevistas en la prensa escrita y un texto para la nota de contracubierta de un libro de cuentos de una escritora cubana radicada en Zurich.Cuando imparto conferencias en las universidades, redacto el texto en italiano. A veces los profesores me piden que hable en español, cuando son estudiantes de lenguas. Entonces, empiezo la conferencia en español y a los pocos minutos, cambio al italiano porque siento que mejora mi comunicación y los relaja, se establece el diálogo y todo se vuelve fácil. Marcos y Marcos Editores. Milán, 2017. Marco Tropea Ediciones, Milán, 2014.Colaboro con el Seminario di Traduzione Letteraria de la Universitá degli Studi di Milano, y ese trabajo me parece fascinante. Lo último que tradujimos al italiano fue Nuestra América, el ensayo de Martí, un texto muy complicado. Me gusta traducir. El año pasado, hice dos traducciones del inglés al español y lo disfruté mucho. Dick Cluster, traductor que ha llevado mis textos al inglés y a quien me une una gran amistad, me propuso un acuerdo magnífico que hemos siempre respetado: él me escribe en inglés y yo le contesto en español.El español es mi idioma y mi refugio, la lengua en la que mis emociones, sueños y pensamientos encuentran las frases que los evocan y describen. La casita que construyo para mis personajes y en la que vivo con ellos. Cuando estoy en La Habana, disfruto hablarlo y escucharlo. Cuando estoy aquí, es mi gran certeza, mi tesoro más egoísta.Entre todos tus libros, ¿hay alguno que prefieras particularmente incluso por motivos extraliterarios?Anhedonia y Otras Plegarias atendidas, pertenecen al tiempo en el que yo era joven y mis padres vivían; mi madre leía lo que yo escribía y lo pasaba a la computadora, mi hermana estaba en Cuba, Mauricio era pequeño y mi casa, un sitio alegre y lleno de amigos. A veces echo de menos la persona que escribió esos textos.La esquina del mundo me permitió poner en negro sobre blanco la pérdida de mi madre y un montón de tristezas acumuladas, y gracias a su buena acogida he conocido personas maravillosas, en vivo y a través de las redes, y ellos, desde la lectura, sus experiencias y opiniones, me siguen acompañando. Ediciones Unión. La Habana, 2003.4 Non Blondes, me recuerda algo muy divertido. Cuando lo escribí, me hallaba inmersa en varias “tareas de choque”. Estaba haciendo reposo por una caída, había contratado un carpintero (en realidad era un técnico de ultrasonidos que no ganaba lo suficiente) que me tenía trajinada pese a que yo era la empleadora, y Mauricio estaba en vísperas de las pruebas de ingreso y yo pagaba repasos privados cada tarde cuando regresaba de los repasos de la escuela. Mientras escribía el libro, intentaba que el carpintero trabajara y hacía reposo,  supe que Mauricio no iba a los repasos. Me dediqué a llamar a sus amigos y como sabían que no los iba a delatar, me contaron las idas y vueltas de Mauricio.  Pienso en 4 Non Blondes y me veo,  hablando con el carpintero sobre la madera, escribiendo en la computadora, y haciendo llamadas. Cuando tuve todo listo, esperé a Mauricio y nos sentamos a hablar mientras el carpintero probaba los paneles para los ciclones. Resultó que en la mochila no había libros sino la pelota y la ropa de fútbol y que el dinero destinado a los repasos, era para refrescarse y festejar los goles. El carpintero entró en la conversación y sermoneó a Mauricio, le contó cuánto me veía trabajar, lo preocupada que estaba, lo que sería su vida sin estudios.Tuvimos un final feliz. El carpintero hizo el trabajo, Mauricio aprobó, mi salud mejoró y terminé el libro. El carpintero fue a la presentación con su novia. 4 Non Blondes será publicado dentro de poco en México.Tu novela La esquina del mundo, con ediciones en Cuba, Italia y los Estados Unidos, ha tenido bastante resonancia de crítica y público. ¿Es tu mejor obra?Por lo menos, es mi libro más afortunado. El que ha tenido más difusión, más eco y más lectores. Las editoriales que lo publicaron son sólidas, prestigiosas y con gran poder de convocatoria. La prensa se interesó, se escribieron reseñas, artículos, me entrevistaron en la radio y la TV, se le hizo publicidad, me invitaron a Festivales importantes. Hicimos muchas presentaciones, lo incluyeron en los planes de estudio de algunas universidades. Una cosa ha llevado a la otra. Hemos tenido suerte.Escribo sobre todo cuentos. Sé que las novelas tienen más aceptación pero me gusta mucho escribir cuentos. Quizás tenga relatos mejores. Como lectora me pregunto: ¿puede un cuento competir con una novela? ¿”Un día magnífico para el pez plátano” puede compararse con El guardián en el centeno? Ediciones Unión. La Habana, 2008.La esquina del Mundo, nace de la tragedia de mi vida, la muerte de mi madre. Está escrita en un lenguaje simple, muy íntimo, con una ironía sutil que se alterna con una gran melancolía. La protagonista es una anti heroína, gris, sin empuje, éxito ni fortuna. Alguien en quien muchas personas pueden reconocerse. Habla de la tristeza, la desesperanza, la soledad, las dudas. De La Habana, su pasado y su presente. De querer irse, por muchas razones. De escoger quedarse, por muchas otras. De ser cubano, de ética y oportunismo. De amor, de amar y amarse. De perder y asumirlo.El próximo año saldrá en España. Además de la satisfacción porque tendrá una nueva plaza, esta publicación es importante porque en esa novela, La Habana es la esquina y España, el botón de muestra del resto del mundo.Un amigo común suele decir que es arduo ser cubano. ¿Compartes este sentimiento? Arduo nos describe muy bien. Me recuerda el film La Muerte de un burócrata, donde el personaje que representa Salvador Wood va de un lado a otro, de una mesa a otra, de una persona a otra para solicitar una orden de exhumación, un cuño, una firma, alguien que lo escuche, lo atienda, lo entienda. Hay una escena en su casa  en la que, exhausto y de pie junto al ataúd de su tío vanguardia aún sin enterrar, se dice a sí mismo: “todo se me hace demasiado difícil”.Me vienen a la mente palabras (como cuando el psicoanalista te dice una para que respondas con otras) apagón, bloqueo, cola, contingencia, escasez, improvisación, memes, paciencia, provisionalidad, sacrificio, sobresalto; y una cotidianidad signada por todo esto.Tenemos problemas externos, sobre los que no ejercemos ningún control. No son pocos, non son simples y la realidad de ahora mismo, marcada por una pandemia  que sigue cobrando vidas en el mundo entero, es terrible en todos los sentidos. Sufrimos un bloqueo reforzado, la economía ha colapsado y ni siquiera los países ricos han salido indemnes de esto. Los suizos dicen que esta pandemia es la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Si ellos dicen eso ¿qué vamos a dejar para nosotros?Tenemos problemas internos, que sí nos tocan, de organización, economía,  finanzas, centralización, deformaciones estructurales, legales, torpezas, inmovilidad. Ignorarlos, no los evapora. El primer paso para solucionar algo es reconocerlo.Hemos logrado muchas cosas en circunstancias difíciles. El ejemplo más reciente es la vacunación  contra el covid, significa un esfuerzo inmenso y sin recursos, de muchísimas personas  consagradas, que no están exentas de las fatigas de cada día.También hemos hecho que muchas cosas sean duras, complicadas, a nivel político y social. “Estamos ‘fuera de training’ en lo que concierne al debate respetuoso y la diversidad de criterios. No ser capaces de aceptar esa diversidad sin dinamitar o demonizar, es negar que de la contradicción, de los diferentes enfoques, de las opiniones contrarias, de las distintas observaciones y de la discusión, surge la verdad.Lo dijo Hegel, cuya visión de la realidad en su complejidad sentó las bases de toda la filosofía posterior, y lo dijo Ignacio Agramonte, patriota, jurista, humanista, al que estoy citando casi textualmente. La idea de una sociedad con pensamiento homogéneo es antinatural. A veces no escuchamos porque mientras la otra persona habla, estamos organizando nuestra defensa, convencidos de que su parlamento es una ofensiva. El diálogo es un ejercicio de democracia y en él tiene que haber lugar para todas las voces, es el único modo de construir un espacio donde quepamos todos. Necesitamos hablar y dejar hablar, escuchar y ser escuchado,  argumentar y refutar, exponer los problemas, proponer las soluciones. Sin guantes, espadas ni pistolas.Hace unos meses, un grupo de cubanos en EEUU (que no pertenecía a ninguna organización) se puso de acuerdo para enviar medicinas a Cuba. Los impulsores de esta donación, usaron las redes sociales, sumaron personas y pusieron en función de esto dinero, tiempo, energía, contactos. Las medicinas están llegando y se están distribuyendo, los centros que las reciben mandan fotos y testimonios de la distribución. Son cubanos haciendo todo lo que está a su alcance por los cubanos. El momento es tremendamente delicado, el país es de todos, y nadie se salva solo.¿Cómo vives a la distancia los sucesos de Cuba a partir del 11 de julio?Nunca estamos lejos de las personas ni del país que amamos. Y de amar intensamente desde la lejanía, por encima y a pesar de muchas cosas, los cubanos sabemos bastante. Me importa  todo lo que sucede en Cuba, como si estuviera allí. En estos días, que ya se vuelven semanas, he vivido sumida en una especie de aturdimiento angustioso, una avalancha de información que se mezcla con la orfandad de quien no lo está viviendo in situ.Cuando vas más allá de los “parapetos” que reducen los sucesos a mercenarios, oficialistas, vándalos y represores, las “sillas” se acaban y el camino de la búsqueda se alarga y ensancha, nos remite a una realidad muy difícil para muchas personas y a la imposibilidad de manifestar honestamente su inconformidad con un estado de cosas que no supone bienestar en sus vidas. Nada es en blanco y negro, ni las fotos ni las películas, porque en ellas hay muchos tonos de grises. En los sucesos del 11 de julio hay acumulación de problemas antiguos, deterioro de las condiciones materiales, empobrecimiento y frustraciones de diversa índole, catalizadores y detonadores, eventos endógenos y exógenos, y una gota que rebosa la copa. La realidad no es simple de explicar cuando uno tiene la pretensión de incluir todas las aristas que conoce. Son muchos los factores que se unen para que algo suceda  y no siempre es posible discernir cuál de ellos detenta el primado.Estudié Derecho y aunque hace veinte años que no ejerzo, miro además, desde la Constitución, las garantías jurídicas, la transparencia en los procedimientos, la independencia de las instituciones y su obediencia a la ley. A veces hay que luchar por dotar una sociedad  con leyes justas, a veces hay que luchar porque esas leyes justas se cumplan. La democracia es frágil y trabajosa, una eterna cuesta arriba que siempre vale la pena subir.He visto intolerancia, agresividad y descalificación de parte de los practicantes de la doctrina de “100 porciento como pienso yo”. Gente que se alimenta de verdades monolíticas y que no admite glosas, matices, puntos suspensivos ni signos de interrogación. He visto violencia y esa, que es siempre inaudita e injustificable, se agrava cuando quien la ejerce lo hace desde una posición de poder.En el sendero del encuentro real, razonado, sin dogmas, y en la búsqueda del acercamiento y el convite a resolver juntos, a movernos hacia un otro que también haga lo mismo, se me ocurre un ejemplo naif: lo que sucede cuando hablas con alguien en otro idioma. Te esmeras para comunicarte aunque tu fonética no sea buena o tu vocabulario no sea amplio, y con esas imperfecciones llegas hasta un punto en el medio del camino. Hasta ese punto arriba también el otro, supliendo las fallas de las frases y poniendo de su parte.  Tú te avecinas con tu voluntad de hablar su lengua y la otra persona, con la de entender. Hay algo que rompe las barreras: el deseo de dialogar. Intentando abarcar un escenario que no desestime nada de lo que conozco y he vivido, me he sentido como si al armar un rompecabezas, comenzara por componer unos ojos con las piezas del puzle, para luego darme cuenta de que la figura del rompecabezas es más que eso, que los ojos pertenecen a un rostro y al componer ese rostro, resulta que pertenece a una persona y que la persona está sentada en un banco que a su vez forma parte de un parque que pertenece a una ciudad y así, cada vez entran más piezas que agrandan la imagen, aportan nuevos pormenores y le dan una visión más amplia, en la que cada detalle cuenta. Busco información, artículos, conferencias, testimonios, y reflexiono sobre todo lo que leo, veo y escucho.  Hay mucho en juego: el futuro de un país, con jóvenes que quieran y exijan cambiar cosas en vez de pensar en irse porque “la vida está en otra parte”.En estos días, leyendo a Vito Mancuso, un teólogo italiano contemporáneo, encontré una cita de Simmaco sobre la búsqueda de la verdad,  que transcribo aquí (la traducción es mía):Contemplamos las mismas estrellas, vivimos bajo el mismo cielo, somos parte del mismo universo, cada uno busca la verdad de manera diferente. No se puede arribar por una sola vía a un misterio tan grande.Nota:1 Se refiere a Ignatius J. Reilly, personaje protagónico de La conjura de los necios.

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Israel Domínguez: “La poesía, un cosmos infinito donde transcurre la finitud de mi existencia”

Parece difícil, éticamente no aconsejable, hablar de poesía en momentos que Cuba se encuentra inmersa en la peor crisis de su historia. Aumento exponencial de los contagios por COVID-19, disturbios sociales, violencia, amenazas de intervención militar extranjera, apagones, escasez de medicinas y alimentos, suspensión de las conexiones de Internet, a grandes rasgos, dibujan el panorama.Si al final me decidí por incluir esta conversación con Israel Domínguez en De otro costal ha sido por las siguientes razones:En este instante no tengo elementos suficientes para opinar objetivamente sobre lo que está ocurriendo en mi entorno. Es demasiada la desinformación como para establecer un juicio, siquiera apriorístico. Igual, lo que pienso, digo y defiendo no ha variado: me opongo a cualquier pedido de injerencia extranjera en mi país, repudio la incitación al odio fratricida y no me presto para vejar ni maltratar a quien piensa diferente a mí.La poesía, como herramienta de aprehensión del mundo es, al mismo tiempo, un acto de reafirmación de lo mejor de la esencia humana. Y de esencia debemos hablar en estos tiempos confusos.Mi entrevistado es un hombre atemperado, juicioso, un buen ser humano y un poeta notable que los lectores y la crítica deberían atender en consonancia con la calidad de su trabajo.Le he participado mis dudas a Israel. Y ambos convinimos en que no se trata de aquello de “la ciudad se derrumba/ y yo cantando”, sino de hacer un alto momentáneo en las profundas preocupaciones que nos asolan para intercambiar sobre lo divino y lo humano. Él y yo queremos una Cuba mejor, y cada uno, desde su modesto centro vital, hace por ello.Israel Domínguez (Placetas, 1973) tiene una Licenciatura en Lengua Inglesa por la Universidad de La Habana; lo que le ha servido para ejercer como traductor literario, actividad que lleva a una con su oficio de poeta. Entre 1998 y 2017 ha publicado 12 libros de versos, por los que ha obtenido diversos premios importantes. De este nutrido catálogo cito, por su particular interés, Sobre un fondo de arena (Colección Sur, 2004), Después de acompañar a William Jones (Letras Cubanas, 2007) y Glorieta sin agua (E. Vigía, 2011).Esto le pregunté. Esto me dijo.¿Cuál es el primer hecho de significación poética en tu vida? Mirando hacia atrás, y considerando que te encuentras “nell mezzo del cammin”, ¿cuál el más trascendente hasta el momento?Escribir el primer poema. Me encontraba en La Habana, en casa de una tía abuela. Al día siguiente me becaría y tres días después, subiría por primera vez la escalinata de la Universidad de La Habana. Esa noche me sentía nostálgico: extrañaba mi casa, mi pueblo, la novia de entonces. De súbito me levanté de la cama y, como quien responde a una extraña pregunta, escribí un poema de amor. En aquel instante, aún sin saberlo, se había definido lo que es para mí la poesía: el sentido de mi vida. Desde ese momento, la poesía ha acontecido por un camino sinuoso de circunstancias diversas, incluso me ha llevado constantemente al pasado para entender que desde antes de mis primeros versos, ya yo estaba en comunión con ella. Es por eso que pienso que la poesía no es solo su escritura, sino el suceso poético cuya dimensión dota a las palabras de una sustancia especial. Por tanto (parafraseando a Barthes), un poema existe antes de ser escrito. Por supuesto, mientras más diestro el poeta, mejor será traducido el acontecimiento. Por esta misma razón, creo que los hechos de significación poética en mi vida, los cuales han sido muchos, son el resultado de una existencia en que se ha fusionado escritura y experiencia a medida que mi concepción del mundo ha ido enriqueciéndose.Ahora bien, si tuviera que elegir uno de estos momentos y calificarlo como el más trascendente, sin pensarlo mencionaría mi presencia en el Festival Internacional de Poesía de Medellín (2016), en el cual mis poemas fueron muy bien recibidos por una multitud sensible y conocedora, con manera profundamente espiritual de relacionarse con la poesía.PublicidadRelata cómo entraste en contacto con la poesía. ¿Cómo se dio el paso de lector a hacedor?En verdad no era un lector asiduo. Durante mi adolescencia, apenas leí algunos policíacos y novelas de espionaje. Por ejemplo, cuando estaba en noveno grado, disfruté Y sin muero mañana de Wichy Nogueras. En el preuniversitario, digerí por disciplina las obras que nos indicaban, y no niego que me gustaban, pero entonces otras eran mis motivaciones. Yo quería aprender inglés para entender aquellos locutores que nos hablaban de cantantes cuyas canciones tampoco entendía.De la mano de la música y el repentismo llegó la poesía. Mi padre y otros parientes eran repentistas. Aunque fui un niño y un adolescente a los que no les interesaban las canturías, sentía un raro orgullo al ver la gente de campo saludar a mi padre con admiración. Desde mis primeros versos, mi actitud cambió al comprender que en mis genes viajaban la improvisación y el laúd, y aun cuando no he practicado esa tradición, ni siquiera he escrito una décima, el repentismo está presente en mi capacidad de crear un poema sin recurrir a papel y pluma, en la virtud de memorizar casi todas mis estrofas, en el disfrute de los tropos y mi visión poética del entorno. Sin embargo, no solo fue el sonido de doce cuerdas la melodía que me llevó por los senderos de Polimnia. Como dije anteriormente, la música en inglés me fascinaba, y sobre todo me seducía el espíritu transgresor de “una nueva generación” que, a decir de Scott McKenzie y John Phillips, tenía una forma distinta de explicarse el mundo, y esto, asumido por Rimbaud, es el carácter antisocial de la poesía, que no tiene ver con lo delictivo, sino con la transgresión de los preceptos rígidos impuestos por la sociedad. Y de este modo, comencé a explorar varios universos sonoros hasta llegar a la Nueva Trova. En onceno grado descubrí a Silvio Rodríguez. Lo había oído desde niño, pero comencé a escucharlo en esa época. Luego llegaron Pablo Milanés, Carlos Varela, Mercedes Sosa y otros. Las letras de esos cantautores fueron mi primer patrón escritural. Mis primeros textos tomaban como referencia sus canciones. Luego empecé a buscar, leí mucha literatura y me sumergí en los ríos de la cultura que me ofrecía La Habana.Aunque debí realizar las lecturas propias de la infancia y la adolescencia para no tener que quemar etapas, creo no haber perdido el tiempo: escuchar bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath, Deep Purple, Metallica y Alice in Chains, me ha permitido comprender fenómenos culturales que no han sido aceptados por ciertos círculos de intelectuales.Omar Pérez tituló uno de sus poemarios Algo de lo sagrado. ¿Opera el poeta con una sustancia que “merece un respeto excepcional”La poesía es cualquier cosa, siempre y cuando alcance la dimensión necesaria para que trascienda en nuestras vidas. Desde luego, esa trascendencia ha de traducirse en belleza, sea cual sea el canon estético, pues bien sabemos que la verdad y la beldad del arte están sometidas a un alto nivel de subjetividad y relatividad. La poesía es expresión de cualquier motivo. El tema tratado en un poema puede ser sublime o trivial, espiritual o terrenal. Lo sagrado o especial de un poema no radica siquiera en su buen resultado, sino en la espiritualidad de quien lo escribe y la sensibilidad de quien lo recibe. Solo la poesía es sustancia extraordinaria si emisor y receptor están en verdadera comunión con ella.¿Es la poesía un género?La poesía es un género literario, pero es más que eso. Como ya sabemos, poiesis es creación. Todas las manifestaciones del arte son poesía. No obstante, es más que arte, o sea, es más que la destreza en pos de la belleza. Es ante todo una actitud que nos permite mirar la vida desde aristas que no están situadas en un plano físico, sino espiritual; es esa especie de clarividencia de la que hablaba Rimbaud, que nos posibilita ver realidades ocultas en la realidad inmediata y crear realidades que enaltecen el ama y la liberan del entorno pedestre que la subyuga.En tu caso, ¿es la poesía un prisma, una herramienta de exploración de la realidad, un destello de lo inefable?Es todo eso, y es más: un cosmos infinito donde transcurre la finitud de mi existencia.¿Qué buscas, qué encuentras en la poesía?La felicidad. Foto: cortesía de Israel Domínguez.Trabajas en la estela de una rica tradición literaria: la poesía cubana. Los románticos del siglo XIX, Martí… ¿Pesa ese venero?Pesa y a la vez resulta un desafío agradable, pues se trata, más que de romper con la tradición, formar parte de esta, no como elemento superfluo, sino como pieza valiosa que ayude a sostener esa enorme y regia estructura.Sugiere cinco poemas cubanos que los lectores de OnCuba no deberían dejar de leer.Les recomendaría más de cinco, incluso más de cien. Ahora me vienen a la mente cinco excelentes piezas: “Dos patrias”, de José Martí; “Testamento del pez”, de Gastón Baquero; “Un hombre y una mujer”, de Rafael Alcides; “Luz acuosa”, de Reina María Rodríguez, y el poema sin título de Caridad Atencio, que se encuentra en la página 53 de su poemario La sucesión. Hay un libro tuyo que tiene, para mí, un título enigmático: Collage mientras avanza mi carro de equipaje. ¿Puedes relatar las circunstancias que rodearon a ese poemario?Mi trabajo como mozo de equipaje de un hotel en Varadero. En este poemario aparecen algunas de mis observaciones sobre el entorno turístico, en el cual convergen diferentes imaginarios y constructos sociales. Aunque muestro específicamente la realidad cubana de estos ámbitos, que tiene sus peculiaridades debido a la situación económica y sociopolítica del país, trato de trascender lo nacional para ubicarme en las esencias del ser humano. Por otra parte, la palabra collage es clave, pues no solo del tema anterior versa el libro. Mientras el sujeto lírico empuja su carro de equipaje, se presentan otros instantes que no tienen que ver con la vida en el hotel, sino con la existencia fuera de este. Es, en este sentido, una estructura basada en un viaje constante del pasado al presente y viceversa. También resulta un homenaje a algunos maestros de la poesía norteamericana como T.S. Eliot, Edgar Lee Masters, Carl Sandburg y Ezra Pound, entre otros.Si te fuera dada la posibilidad de hacer sólo una pregunta a estos autores, ¿cuáles serían?Martí:Para muchos cubanos usted es un paradigma. Diferentes posiciones políticas lo han asumido como el apóstol de la independencia de Cuba. En su obra revolucionaria se aprecia una labor incansable por la unidad de los patriotas. Dada la situación actual, si usted resucitara y se convirtiera en nuestro presidente, ¿cómo haría para lograr la soñada idea de “con todos y para el bien de todos”?Heredia:Hace algunos años, la compañía Gaviota, para la que yo trabajaba, me prohibió arbitrariamente viajar a Canadá y, por consiguiente, no pude contemplar, como sí pudo usted, las maravillosas cataratas del Niágara. ¿Qué le resultaría más doloroso, el exilio o la desdicha de no ver el mundo?Zenea:Ni siquiera ser fusilado por sus verdaderos enemigos sirvió para valorar con equidad su incuestionable sacrificio por la patria. Hay artistas que no se han comprometido políticamente; no obstante, sus obras han sido reconocidas al punto de que izquierdas y derechas los aplauden y veneran. Teniendo en cuenta que sus esfuerzos no fueron justamente calibrados, ¿preferiría la gloria de estos artistas, o volvería a sacrificarse por Cuba?  Lezama:¿Es también una fiesta innombrable el sitio donde ahora está?Guillén:¿Cree usted que el legado africano ha sido tratado en nuestra poesía como  merece?Trasvasas poemas del idioma inglés al español. ¿Es traducible la poesía? Satisfacciones, insatisfacciones que te ha dejado la práctica de este oficio.La traducción tiene sus posibles y sus imposibles. Los mayores desafíos se presentan en la poesía, porque es el género que, por la complejidad de sus formas, muchas veces nos impide obtener una versión muy cercana al original. Sin embargo, cualquier traducción es un ejercicio intelectual que demanda cuidado y crea dificultades para lograr eficazmente el traslado de una información. Ahora bien, esos imposibles no han de ser el pretexto para abandonar un texto. Necesitamos la traducción. Quizás no podamos conocer a un autor en su verdadera estatura, pero al menos con un buen trabajo podemos acercarnos a su grandeza, su voz, su originalidad y las esencias de su obra.                                                                Mis peores experiencias con la traducción han sido algunos errores cometidos por la premura y la falta de un especialista que revise y corrija mi labor. No me refiero al editor de la lengua a la que ha sido vertida la información, sino a una persona que pueda detectar errores en la traslación. Casi nunca he tenido ese revisor, lo cual conlleva a un trabajo más lento y muy cuidadoso.Mis mejores experiencias han sido resolver imposibles que, aunque siguen siéndolo, no han impedido que al lector le llegue una situación equivalente en la que pueda recibir y disfrutar el mensaje del autor y el espíritu del texto.  Eres un hombre de fe ¿Para qué sirve la fe?La fe sirve para sostener nuestra existencia. Y cuando digo fe no solo me refiero a la fe religiosa, sino a la confianza y seguridad que cualquier individuo procura para llevar a cabo su proyecto de vida. Toda existencia humana es una construcción cuyos pilares fundamentales están constituidos por la creencia de su constructor. Cuando alguien deja de creer en sus anhelos, está en presencia de una crisis de fe, la cual puede conducirlo a la depresión, la falta de voluntad, la adicción, el envilecimiento o la muerte. La fe religiosa es un tema más complejo, ya que está asociada a la creencia en una o varias divinidades que deben apoyar al creyente en el camino, no siempre apacible, de la vida. En mi caso, soy practicante de la religión yorùbá. Con respeto a otros credos, y sin ningún ánimo de proselitismo, digo que mi fe en tal cosmogonía me ha ayudado a ser mejor persona, entender la naturaleza del ser humano y transitar con mayor firmeza por los senderos de mi destino. Sin embargo, para ello no basta con creer. Hay que creer de verdad, y para creer de verdad hay que saber por qué se cree y en qué se cree. Una fe que no esté sustentada en un conocimiento profundo no es verdadera, más bien es enajenación. Sea religiosa o no, si la fe no es verdadera, puede ser un bumerán muy peligroso y destructivo. Al respecto todos podemos equivocarnos, pero antes de cambiar de fe, sea religiosa o no, debemos realizar un análisis exhaustivo de quiénes somos y qué queremos ser. La falta de fe no es ofensa a Dios, la falta de fe es autodestrucción.¿Por cuáles caminos llegaste a la religión yoruba?Aun cuando me eduqué en un ambiente ateo, desde niño sentía una extraña atracción por los ambientes religiosos. En los años 90, al producirse una mayor apertura a las religiones, comencé a familiarizarme con diferentes credos. Surgió por entonces mi primera manifestación de fe: empecé a practicar empíricamente una especie de culto a San Lázaro, pagando con devoción las promesas que le hacía. Al llegar a Matanzas, en 1995, fui testigo de cómo se iban cumpliendo al pie de la letra las profecías de una espiritista de mi pueblo natal. Uno de los hechos anunciados fue la muerte de mi padre. Ello me hizo pedir ayuda a Adolfo Suárez, poeta, periodista y sacerdote de Ifá, a quien había conocido un tiempo antes y quien, por cierto, había acogido con júbilo mi poesía y me había enseñado algunos trucos de la escritura. Adolfo me acompañó a la casa de su padrino, Ernesto Acosta Sediez, y allí Orúnmìlá se refirió al terrible suceso que había profetizado la clarividente, amén de aconsejar mi consagración como sacerdote, la cual asumí sin pensarlo dos veces, porque tales coincidencias y la veracidad de la palabra de Òlódùmárè eran incuestionables.¿Encuentras nexos entre ser un sacerdote de Ifá y tu práctica poética? La palabra “vate” tiene dos acepciones que explican esta dualidad. “Vate” significa poeta y adivino. Cuando Agamenón necesitó saber el futuro de la guerra contra los troyanos, llamó a un vate. La Ilíada encierra una cosmogonía cuyos elementos primordiales son poesía y religión. No pocos versos han sido proféticos. Nostradamus, por ejemplo, escribió sus predicciones en cuartetas. El cuerpo literario de Ifá está compuesto por estrofas. Debido al deterioro de la lengua yorùbá en nuestro país, las historias nos han llegado en prosas, casi siempre mal escritas, pero en Nigeria aún se conservan en versos.Òlódùmárè (Dios) es poiesis (creación) y  destino que contiene todos los destinos. El destino es parte de la creación y viceversa. El destino se expresa en números binarios, los cuales conforman los 256 odù (figuras o signos) del oráculo. Cada odù es destino específico y a la vez, pieza del destino universal. Cada odù implica una información que se traduce en poemas. Cada poema narra un cuento o una fábula que sirve de enseñanza y advertencia a la persona que ha de vivir el augurio anunciado. Dios, entonces, es poesía que contiene todos los poemas del destino.Además de estas relaciones, la poesía y el sacerdocio se nutren de la contemplación y, por consiguiente, son vehículos para el cultivo de la sabiduría. Por otro lado, toda creación humana es inherente a la creación de la naturaleza y, por ende, a la creación divina. La poesía que concibe la humanidad se integra a la beldad del universo. Lo que ve un ser humano, Dios lo ve, porque un ser humano es Dios como particularidad entre sus infinitas particularidades. De ahí el alto compromiso que tenemos con el bien, que no es moralismo, y el cual hemos soslayado en innumerables ocasiones.  Nuestra historia se incluye dentro de la memoria cósmica, dentro de la escritura en que pasado, presente y futuro resultan un mismo tiempo llamado eternidad.   Desde hace unos meses ha resurgido, entre los practicantes de la Regla de Osha, la discusión sobre el derecho o no que tienen las mujeres para ordenarse como ìyáonifá, sacerdotisas del culto de Ifá, condición ancestralmente conferida a los hombres. Según algunos autores, en Cuba existen mujeres que ya han sido consagradas, no sin reticencias o francas oposiciones de ciertas dignidades masculinas. ¿Es este un problema de género? ¿Qué dice la tradición sobre las ìyáonifá? ¿De qué lado te sitúas tú en el debate?  Nos cuenta la máxima dirección de las ìyáonifá de nuestro país que hay aproximadamente 8000 en Cuba. Este tema, como bien dices, es muy controvertido. Hemos escuchado muchas opiniones al respecto, incluso entre prestigiosos sacerdotes existen discrepancias. La diferencia de criterios no solo se manifiesta entre los que están a favor y los que están contra, sino también entre los defensores de una misma posición. Vale aclarar que si se hizo en Cuba fue porque desde hace tiempo se tenía conocimiento de mujeres iniciadas en Nigeria, cuestión que se reafirmó con la presencia en nuestro país de sacerdotes nigerianos que consagraron a algunas de nuestras sacerdotisas.En mi modesta opinión, lo más importante ante un asunto como este es el respeto. Tengo amigos y hermanos que no creen en las ìyáonifá y, sin embargo, los abrazo y los beso. Me preocupan las actitudes fundamentalistas y violentas que en ocasiones han asumido ciertos practicantes. Se puede manifestar el desacuerdo, pero no imponer ningún criterio, y mucho menos tomar represalias, pues bien saben los sacerdotes lo que dice el odù Òfún Òşé: ¨Los únicos que saben son Òlódùmárè y Orúnmìlá¨. Entonces deberían ser las deidades las que determinen si se ha cometido sacrilegio.Personalmente estoy de acuerdo con el ordenamiento de la ìyáonifá, no por rebeldía ni por moda. Estoy de acuerdo porque, amén de observar, leer y escuchar distintos criterios, sustento mi actitud en la lógica de una igualdad plena. Si analizamos la historia, vemos a Sor Juana Inés de la Cruz exigir el derecho de la mujer a la educación, a Enriqueta Faber travestida para ejercer la medicina, a Emily Wilding Davison morir por el sufragio femenino. Vemos además el éxito de la mujer en diversas esferas de la vida, a Valentina Tereshkova volando al espacio exterior, a Fermina Gómez, Oşa Bi, presidiendo su comunidad religiosa, a muchas mujeres glorificando la historia de una sociedad que aún las juzga y trata de limitarlas. No creo que Dios sea misógino ni patriarcal, ya que de lo contrario hubiera creado seres que prescindieran de sus semejantes femeninos para procrear, ni mucho menos hubiera dotado a las féminas de un coeficiente de inteligencia que les permitiera ser lo que hoy son. Tampoco creo en la pareja basada en ningún tipo de hegemonía, es decir, creo en una pareja en la que ni el hombre ni la mujer llevan las riendas, en la que madre y padre desempeñan papeles igualmente valiosos en la familia que fundan. Tampoco creo en aquellas mujeres oportunistas que manipulan las verdaderas razones del feminismo para imponerse, ejercer su voluntad, empoderarse y lograr sus propósitos.He tenido y tengo prejuicios. Pienso que ningún ser humano está exento de tenerlos. Ya lo dice el odù Òsá Méjì: “El hombre es libre como el pájaro en la jaula”.  Aun así, soy de la opinión que debemos tratar de liberarnos de tantos prejuicios como sea posible. Gracias a la poesía, el arte, la educación y la cultura, he logrado liberarme de muchos preceptos rígidos y equivocados. Pero también agradezco a la religión, pues cuando uno profundiza en la mística de Ifá, advierte la subversión de algunos conceptos.Deberíamos abrir las puertas de nuestras mentes y corazones. Solo de esta manera, lograríamos la armonía que nunca hemos tenido.Estás al tanto de la crítica situación que se está viviendo en Matanzas con el crecimiento exponencial de los casos de Covid-19. ¿Algún mensaje de aliento para los matanceros? Mi mensaje para el pueblo matancero, que tanto quiero y al que debo mucho, es de amor, esperanza, paciencia, inteligencia y disciplina. Es cierto que en momentos tan tétricos, como los que hoy vivimos, es difícil asumir estos cinco aspectos al pie de la letra. Como ser humano, entiendo la desesperación ante una catástrofe; pero como sacerdote, advierto que la desesperación obnubila el tino necesario para procurar verdaderas soluciones. Este mensaje es también para Cuba y el mundo.Estos no son tiempos de crítica, son tiempos de unión; no son tiempos de diferencias doctrinales, son tiempos de unión; no son tiempos de arbitrariedades, son tiempos de unión; no son tiempos de odio, irrespeto y resentimiento, son tiempos de unión. Es ahora cuando el planeta debe izar una inmensa bandera blanca que cubra todos sus cielos en pos de la unidad para combatir un poderoso enemigo común llamado Covid-19. Pero antes debe derrotar a un adversario más nocivo: el egoísmo.Personalmente no tengo que consultar a Ifá para saber qué sucede en Matanzas y en el mundo, y cuáles son las soluciones a este grave problema. Pertenezco a una comunidad religiosa atenta a las predicciones del oráculo divino, cuyos consejos nos llegan en nuestros festivales, y por medio de “la letra del año” y del itádògún, ceremonia celebrada cada diecisiete días para conocer el futuro inmediato. Desde el año pasado, lo que nos ha aconsejado Orúnmìlá se resume en los anteriores aspectos, y en el proverbio del odù Ìká Òfún, signo que rige el presente año: “A veces lo que no nos gusta es lo que tenemos que hacer”.En mi modesta opinión, la regla de Ifá y la regla de Ocha pudieran contribuir mucho más a la solución de esta situación tan dolorosa; pero hay dos factores principales que entorpecen sus misiones: la falta de unidad y la dificultad de ayudar a los incrédulos. La desunión mundial incluye la desunión de nuestros practicantes. Deberíamos tener presente el refrán del odù Ògúndá Òsá: “En la unión está la fuerza”; no obstante, nos entretenemos en los proyectos personales y en la vanidad de imponer nuestros criterios. Por otra parte, para los yorùbá, Orí (la cabeza) es una divinidad. Si Orí no está armonizada con Ifá, no podrá lograr sus propósitos, o pasará mucho trabajo para ello. En raras ocasiones he servido satisfactoriamente a gente que no cree, pero muchas veces no ha resultado, ya que la fe de quien viene a resolver un problema es lo más importante. No soy proselitista y brindo mi servicio incondicionalmente. Sin embargo, me veo limitado cuando se trata de salvar a aquellos que han escogido otro camino. En este sentido, solo me queda orar para que cese la tormenta y el prójimo vuelva a sonreír.Tres poemas de Israel Domínguez:PARECIDO A UN TORNILLO DE BANCO                                                a Carlos Augusto AlfonsoBaquetas en movimiento.El redoblante es el último intervalo.Sentencia(palabra de hombre convertidaen palabra de Dios).Baquetas en movimiento,igual a decirhombre muerto caminando.Sentencia.Encierro.Lágrima.Plegaria.…algo parecido    a un tornillo de banco.Tornillo: cuchilla que cae.Cuchilla: lazo que aprietahasta el fin de la representación.Cuando el uniformado culmine su redoblela angustia será pájaro muertoen las manos de un niño.(Después de acompañar a William Jones, 2007)EL FUEGO SE EXTIENDEEntre los bordes que reducen intervalosel tedio se disipacomo la gota de agua en la sartén.El fuego se extiende. Cataliza el alcohol.La boca invisible que cantabaes la boca de los instantes compartidos.Los cuerpos se sumergen, se sumergen las almas.(Viaje de regreso, 2009)DOCE Y CUARTO                                                   a Derbys DomínguezSon las doce y cuarto de la tarde,pero pudieran ser, y sonlas siete de la noche.No hay diferencia.Nunca ha habido diferencia entre la noche y la mañana,pues siempre pasa un rostro,siempre el mismo rostro por los eternos laberintos.Dice mi madre que cambiarán la hora,que debo acostarme tempranopara que el gerente diga entre formalismos    y buenos modales:“Qué competente ese chaval,qué eficiencia para ordenar cenicerosy llevar los muertos a sus habitaciones”.Le respondo con furiacomo si acumulara en sus raídos huesosel tóxico que regresa de las callesy con la paciencia de una mujer fiel a sus instintostrata de calmarme.“No te enfurezcas, hijo.De todos modos cambiarán la horay siempre pasará un rostro.Siempre el mismo rostro…”Un amigo me invita recorrer Octubre.Viene de una ciudad que al igual que la míaes sacudida por el tedio.Insiste en que las aguas son tranquilas,“esta ciudad es distinta,hay que huir de las ciudades”.Pero no hay diferencia:Un puerto y otro puerto fueron siempreun puerto único.Y de qué vale insistir,apretar el puño y golpear una pared,si nos estamos repitiendo.Y siempre, siempre seránlas doce y cuarto de la tarde.(Hojas de cal, 2001)

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Rafael Villares: Un arte comprometido con sanar y proponer

Rafael Villares nació en La Habana veinticuatro días antes de la caída del Muro de Berlín, es decir: el 18 de octubre de 1989, inicio también —y consecuencia de lo anterior— del Período Especial, nombre florido que se le dio a la peor crisis económica que hayan vivido los cubanos hasta el presente. Cabría esperar que su aterrizaje en un contexto tan atribulado, incierto y de pronóstico difícil hubiera, si no decidido, al menos influido en la elección del camino que tomaría en la vida: electricista, plomero, albañil, negociante, político…, profesiones todas que proveen el sustento seguro en un mundo de carencias totales. Pero no. Al niño le dio por ser artista, que es como decir por soñar en voz alta, imaginar lo imposible e intentar doblarle el brazo a la realidad lata y mediocre del día a día. En pocas palabras: Rafa es un inconforme; no muestra las cosas como son, ni como deberían ser, sino como él se empeña en ver, en hacernos ver. Ergo, un artista es aquel ser “desajustado” que comparte su singular mirada. Como diría Retamar, se nace poeta como se nace jirafa: es una fatalidad, un destino inexorable.A Rafa lo he visto crecer, y no sólo en estatura física. Es uno de los artistas más sobresalientes de su generación, misma que ha dado nombres como Ernesto García Sánchez, José Mesías, Carlos Martiel, Rigoberto Díaz y Miguel Machado, por sólo citar algunos de sus amigos y colegas más cercanos.Voy al diálogo.Describe tu proceso de formación académica dentro de las artes visuales. Señala los momentos más trascendentes de esos 11 años de estudios. A finales del 2002, con 14 años, entro en el Centro Experimental de las Artes Visuales, o 23 y C, como todo el mundo lo conoce. Llevaba un par de años pasando por algunos talleres de pintura en varios lugares y quería encontrar algún sitio donde pudiera prepararme para San Alejandro con más rigurosidad. En esa época yo tenía un conocimiento bastante escaso de la Historia del Arte, y mi paradigma de artista estaba más ligado al oficio que a lo intelectual. Gracias a Mayrelis Peraza, Glauber Ballestero, Fernando López y Frency tuve las primeras conversaciones sobre arte conceptual, land art, environments o instalación. Un año después comencé también en el Taller de Manero, y alternaba los dos lugares. Allí estaban Figueroa y Cassay, con una metodología muy particular con la que aprendí mucho de autodisciplina.Pasar las pruebas de la Academia fue una alegría considerable. Recuerdo el estrés de mis padres porque me había quedado un año en la calle sin carrera cuando la mayor parte de mi aula en la secundaria había pasado a la Lenin. Estar ese año “de satélite” rindió frutos y tuve la suerte de quedar entre los primeros en el escalafón en las pruebas de ingreso. Esto me valió en primer año para participar, junto a varios amigos, en un intercambio entre estudiantes de la Cardinal Wiseman High School de Londres y San Alejandro. Fue un despertar para todos, no solo por el hecho de estar juntos y compartir la aventura del viaje, sino por la posibilidad de visitar las mayores colecciones de arte del mundo, incluso antes de que las diéramos en clase. Particularmente recuerdo el impacto que tuvo para mí el Museo de Historia Natural y el Museo Británico.San Alejandro en esa época estaba bien activo y tuvimos la suerte de contar con muy buenos profesores. Particularmente recuerdo el impacto que tuvieron para mí las clases de Inés Garrido, Rolando Vázquez, Jorge Luis Rodríguez Aguiar y Humberto Díaz.En el Instituto Superior de Arte (ISA) fueron 5 años intensos, que vinieron a poner orden y criterio a los intereses de mi trabajo anterior. La universidad no cambió mis motivaciones, más bien las amplió y dotó de lucidez al proceso, lo que me permitió llevar las obras a un nivel superior. Agradezco mucho el rigor teórico de algunas clases como las de Ramón Cabrera y Yolanda Wood y el impulso en la investigación que me dieron los talleres de especialidad de Ruslán Torres, Abel Barreto, Jorge Wellesley y Luis Gómez. Para que tengas una idea, de mi tiempo de estudiante en el ISA son: el primer Polaris (2010), que fue un ejercicio de clase de 1er año; la exhibición Dos instantes (2010), ganadora de la Beca Estudio 21 del Centro de Desarrollo; Reconciliación (2012) y Paisaje itinerante (2012), que salieron como bocetos de un taller opcional que impartía José Ángel Vincench; Tempestad cromática y Árbol de luz (Bienal de La Habana, 2015) fueron parte de mi tesis de licenciatura…Publicidad Trilunio. De la serie Polaris (2010 -). Intervención sobre espejo antiguo y caja de luz. 230cm x 10cm x 180cm. Colección Jorge M. Pérez, E.E.U.U.Recuerdo una frase que Ramón Cabrera nos dijo en clase: “la producción artística no puede ser acéfala”. Como nunca he sido un artista “intuitivo”, y debo confesarte que me cuesta mucho dar un brochazo expresivo per sé, este ha sido de alguna manera mi mantra.Tu primera exposición personal es del 2008, y fue consecuencia del premio obtenido en el 8vo Salón de Arte Digital de La Habana. La obra posterior a ese momento iniciático se centra en lo instalativo, que integra, además de otros recursos, la captura y procesamiento de imágenes digitales. Traza un itinerario crítico desde Donde la demasiada luz forma paredes con el polvo hasta Paradigma líquido.El premio de Arte Digital fue en el 2006, por la serie Finisterre (2005). Por entonces la fotografía se había colado en muchos de nosotros debido a un Taller de Fotografía Creativa que impartía Jorge Luis Rodríguez Aguiar en la Cátedra de Arte Digital. Hacíamos caminatas buscando imágenes, y lo pasábamos muy bien. Además, Jorge invitaba fotógrafos a que nos dieran charlas; entre otros, recuerdo con agrado los consejos del Chino Arcos y de Abascal.Con el hábito de tomar fotos, generalmente a objetos tirados en la calle, coincidió que andaba muy interesado en cuestiones de antropología, de cosmovisión y de culturas originarias. Precisamente las últimas fotos que tomé para la exhibición Donde la demasiada luz forma paredes con el polvo estaban motivadas por un carácter animista en la visión de la realidad. En esos años, en mi cabeza pululaban tres influencias fundamentales: la fascinación por los artistas de la generación de los 80, los libros de Carlos Castaneda y la iniciación, de la mano de mi madre, en prácticas espirituales relacionadas con el Yoga y la Meditación.Todo ese alboroto me hace dar el salto de la fotografía a la instalación. Y aparecen las primeras ideas que involucraban fundamentalmente el sonido para dar el “alma del objeto”: una pelota de béisbol con el sonido del estadio, una pepita de oro con sonido de espadas, un reloj de arena con el sonido del mar, un atrapasueños gigante que funcionaba como una grabadora… Estas primeras ideas, aunque muy básicas, me llevaron a realizar Aliento (2008), un bosque de cañabrava dentro de la galería de San Alejandro, con el sonido de ellas moviéndose; y De soledad humana (2009), una raíz de árbol que colgaba del techo de un aula, con 24 horas grabadas de sonidos del lugar donde la había encontrado, y que fue además la Tesis de Grado. En estas obras ayudó muchísimo el impulso que me diera Humbertico Díaz desde su Taller de Reparaciones. Vital fue también el empeño de mi familia y los amigos, que no dudaban cuando los llamaba en auxilio, daba igual que fuera para ahuecar una raíz y suspenderla en el aire que para bajar un camión de cañabrava. De soledad humana, 2009. Instalación. Raíz de árbol y equipo de sonido. Academia San Alejandro, La Habana.Luego viene el Isa, que, como te comentaba, fue una etapa muy prolífica de trabajo. Lo cual tienen mucha lógica, porque el camino se iba despejando un poco de hojarasca y la investigación en los temas que me interesaban se me daba más clara. Allí es donde comienzo a hacer las primeras colaboraciones con científicos e investigadores, que se pueden ver, tímidamente aún, en Dos instantes (Centro de Desarrollo, 2010), pero que se hacen más claras en la serie Paradigmas (2014), donde involucraba químicos, físicos y matemáticos para escribir sobre fotografías tomadas por mí; y en la serie Morfología del eco (2014), en la que empleo datos topográficos, anatómicos, atmosféricos y botánicos para encontrar similitudes morfológicas entre rayos, raíces, venas y ríos. Eco #0, 2015. (Río Mississippi- Venas oculares- Rayo en Rio de Janeiro, Brasil- Raíz común). De la serie Morfología del eco. Tinta sobre pared. Site Specific. Dimensiones variables.En esta etapa también, y sobre todo después de Paisaje itinerante, comienzo a empatar hilos entre las obras y a tejer una plataforma conceptual que terminaría siendo la tesis de licenciatura que titulé Sobre como redefinir el concepto de paisaje. En ella concretaría mis intereses fundamentales en torno a la construcción cultural del Paisaje y los paradigmas históricos que condicionan nuestra relación con la Naturaleza. La escritura de la tesis, que tuvo como tutora a Elvia Rosa Castro, y las consultas cardinales de Tomás Sánchez, arrojaron mucha luz en lo que estaba haciendo y hacia donde debía enfocarme en lo adelante.Cuatro años después, Divergencias: paradigma líquido (Factoría Habana, 2018) es quizás la exposición que visibiliza más toda la investigación recogida en Sobre como redefinir el concepto de paisaje. Cuando Concha Fontenla me propuso hacer este proyecto como una especie de obra en proceso, nos planteamos retomar un par de piezas anteriores con la condición necesaria de que se realizara todo nuevamente a la medida del espacio de la galería. Para ello Paradigma líquido tuvo una producción con una dinámica particular, la galería fue cerrada durante más de un mes para el montaje, por lo que el lugar se convirtió casi en mi estudio, y me permitió lograr que la mayoría de las obras, como las colaboraciones y los dibujos, se hicieran en el lugar.Fue una gran exposición, no sé si en importancia para la crítica, pero si en tamaño. Abarcó todo el espacio de Factoría con más de sesenta piezas desplegadas en los tres pisos del edificio. Saldé una deuda conmigo mismo; me dio la posibilidad de cerrar un ciclo y abrir nuevas series de trabajo.¿Tienes un statement de artista? Si de algo estoy seguro es de que me encuentro en un constante tanteo con la definición y representación del “paisaje”. Defino este concepto como una relación activa y cargada de sentido, construida por la Cultura, desde la cual se pueden estudiar los paradigmas históricos sobre los cuales el hombre ha dominado La Naturaleza para re-imaginar otras posibles realidades de convivencia sostenible hacia el futuro. En ese afán, sigo involucrado con proyectos que potencien la investigación y la colaboración transdisciplinar, así como las intervenciones en espacios públicos.Estoy particularmente interesado en los factores que median en nosotros al catalogar lo percibido: lo privado y lo público, lo personal y lo social, lo trascendente y lo intrascendente, lo humano y lo natural. Esta manera en que etiquetamos nuestro espacio de vida, basada fundamentalmente en opuestos, configura lo que somos y el paisaje que creamos.Escoge tres de tus obras y desentraña las motivaciones que condicionaron a cada una, y el procedimiento para su realización.Tengo que hablarte primero de Paisaje itinerante. Yo tenía 22 años y estaba en 2do año del ISA, por lo que no puedo negar que resultó una obra muy difícil de hacer; necesité la ayuda de mucha gente, entre instituciones, patrocinadores y amigos. La pieza fue patrocinada en su mayor parte por José Busto y su proyecto Avistamientos, a quien debo agradecer la osadía de confiar en mí en aquel momento. Paisaje itinerante, 2012. Maceta de ferro cemento, árbol de Laurel, césped, banco de parque, grúa. Instalación en espacio público. Dimensiones variables. X Bienal de La Habana.La idea era lograr una apariencia semejante a las macetas que abundan en patios, ventanas y balcones, y así establecer una relación entre lo privado de un objeto que a través de la escala se convertía en público y participativo. Su itinerancia daba la posibilidad de hablar sobre la multiplicidad de paisajes, volcándose uno dentro del otro y generando experiencias que lograban la idea de integración total al paisaje de la obra y sus espectadores.  Esto era posible desde el momento que un gesto de encuentro individual se tornaba colectivo, y aquellos participantes de la obra que apreciaban el panorama en el que este paisaje se había instalado, a la vez eran objeto de observación de los que habitaban el otro paisaje mayor donde este – de tránsito – se emplazaba. El micro espacio creado al interior de la maceta invitaba a una contemplación consciente y transformadora hacia el exterior cambiante en cada recorrido de la obra.Luego vino Árbol de luz, una pieza que disfruto hacer porque el proceso entraña cierta actitud ecuménica, pues personas de distintos países, probablemente de distintas creencias religiosas y políticas, donan lámparas de alumbrado público como parte de la obra. Al lugar donde se “planta” el árbol vienen a bañarse de esa luz reconciliatoria. Árbol de luz, 2015. Luminarias de 15 países: Argentina, Bolivia, Brasil, China, Colombia, Cuba, Ecuador, Estados Unidos de América, India, México, Polonia, Rusia, Ucrania, Venezuela, Vietnam. Instalación en espacio público. Detrás el Muro II, XI Bienal de La Habana.El proceso de lanzar la convocatoria en las redes sociales y el llamado de boca a boca para recolectar las lámparas es fundamental en esta obra. Su apariencia estética, el rizoma, la forma de árbol, es un resultado de esa interconexión entre quince o más personas, su colaboración y su voto de confianza en la obra. Incluso, a sabiendas de los referentes de artistas cubanos que utilizan la forma del árbol y la historia que éste tiene como símbolo, no me imaginaba esa pieza de otra manera. Tenía que ser un árbol de luz.El proyecto se concibió en el 2012 y su convocatoria fue lanzada con muy pocos recursos. En ese momento en La Habana la conexión a internet escaseaba y yo era aún estudiante, así que las primeras lámparas fueron conseguidas con el apoyo de muchos amigos y colegas que se brindaron a colaborar, resultando en la primera obra de la serie de luminarias, Reconciliación. No fue hasta 2015, como parte de la 12 Bienal de La Habana, en el proyecto Detrás del Muro, que la instalación pudo ser realizada físicamente en la esquina de las calles Prado y Malecón, en el Litoral Habanero. Para esa ocasión se incluyeron en una sola estructura, en forma de árbol, 15 de las lámparas recibidas de varios países.En la convocatoria del proyecto se puede leer: “Te invitamos a participar en la creación de una escultura. Se trata de una luminaria que combina lámparas de varios lugares del mundo, y que es también un gesto utópico por la reconciliación de todas las naciones, etnias, religiones, sistemas políticos, sociedades y culturas. (…) Tú lámpara se unirá a otras en la creación de un nuevo espacio común, revelando las múltiples aristas de afecto que integran nuestro Inconsciente Cultural.”Este año la obra ha sido seleccionada finalista del 8vo Premio Arte Laguna. La noticia me tiene contento ya que ha quedado entre las 120 obras, de 12 090 aplicaciones, que serán expuestas en el Arsenal de Venecia, en octubre de 2021.Por último, quisiera referirme a la serie Dibujos hidrónimos, que comencé en el 2016 y en la que aún trabajo. La palabra hidrónimo viene del griego hydor, (agua), y noma (nombre), es el nombre propio por el que se designa una masa de agua. Hidronimia es el estudio de los hidrónimos y de cómo las masas de agua reciben su nombre y éstos son transmitidos a lo largo de la historia. Me comencé a interesar en estos temas mientras asistía a la residencia internacional Vermont Studio Center, en Estados Unidos, influenciado sobre todo por la ubicación que tenía mi estudio a las márgenes de un río. Río Amazonas IV, 2020. (Brasil 77%, Colombia 6%, Perú 17%). De la serie Dibujos Hidrónimos. Pintura sumergida/ Cartulina Arches 350g, Ø120cm.En esta serie de pinturas los nombres de los ríos son una metáfora del fraccionamiento del mundo que hemos construido. Es sumamente reveladora la idea de que un solo curso de agua, sea asimilado culturalmente de diversa forma y que incluso en esa diversidad siempre exista un origen geográfico común.El proceso para hacer las piezas empieza con recolectar datos de la longitud de ríos que atraviesan varios países y estudiar la distribución de sus fronteras. Luego hago gráficas de pastel con esta información y las traslado a la cartulina o la madera para que me sirvan de base para las pinturas. Mezclo dos técnicas ancestrales de pintura sobre agua: la Suminaggashi, japonesa, y la Ebru, turca, que me permiten enfatizar el carácter libre e incontrolable de los cursos de agua.  Cada obra es única, ya que el patrón que se produce al sumergir el papel o la madera en el agua nunca se repite. El resultado depende de la forma en que los pigmentos hagan contacto con la superficie líquida y de los trazos producidos por mí al provocar ondas en ella. Como no utilizo las técnicas al pie de la letra y el resultado final es distante del método artesanal de marmoleado de papel, he optado por nombrar de forma distinta el procedimiento en esta serie. Para mí son “pinturas sumergidas”.La elaboración e instalación de tus obras es un proceso casi siempre arduo y costoso, que involucra a equipos interdisciplinarios. ¿Cómo lo logras viviendo en un país tan deprimido económicamente?He aprendido que a veces no es el dinero el factor que puede frenar la posibilidad de una instalación urbana, sino la burocracia. Con las obras que he realizado en Cuba he padecido por los materiales y el estrés de las carencias, y aunque en la mayoría de las ocasiones he logrado aunar la buena voluntad de patrocinadores tanto institucionales como privados he puesto a sufrir a mi familia monetariamente en más de una ocasión. Paradójicamente, en asuntos de gestión y emplazamiento, en la Isla existe mucho menos papeleo que internacionalmente.Últimamente he comenzado a cuestionarme mis intenciones con el espacio público y la producción de obras cuya espectacularidad sea demasiado costosa. Me apasiona trabajar con equipos interdisciplinarios y en ese sentido he tratado de mantenerlo en proyectos como Paradoja topográfica (2018- en proceso), donde trabajé con un programador, un impresor 3D y un topógrafo, o en la serie Inmersión (2018-en proceso) en la cual colaboro con un oceanógrafo que me suministra datos de fondos marinos para elaborar instalaciones y dibujos que pienso llevarlos, con la ayuda de un programador, a un software de realidad virtual.  Respirar, 2010. Instalación. En colaboración con el investigador Luis Balí (físico). Tierra craquelada, resina, caja de luz, equipo de sonido, sensor de fluctuación de voltaje, dimensiones variables.¿Hay una marca Rafael Villares?Tengo un dilema con esto porque no creo en el paradigma del artista fácilmente identificable. Creo en los cuerpos de trabajos y de como de los nichos de investigación que estos me propician van emanando las obras. Limitarse a una sola técnica o un único modo de hacer significa para mí la muerte como artista. Respeto las especializaciones, pero soy muy curioso, o quizás diletante, como para quedarme encasillado en un solo método. Eso no quita que con los años haya ido cerrando el diapasón y me he enfocado en tres medios fundamentalmente: la instalación, el dibujo y la fotografía.  A su vez, he encontrado en el libro de artista un medio al que acudir con sistematicidad; incluso pretendo que cada serie de trabajo tenga uno, fruto del proceso de investigación, pero como obra en sí mismo.Suelo organizar todo por series de trabajo que considero atemporales, nunca les doy cierre y me gusta retomarlas pasados los años. Esto puede significar un cambio total del aspecto formal de una misma idea. Por lo tanto, no creo en la marca estética o en el cuño bohemio de las Vanguardias. Como tampoco creo en el “todo vale” de la posmodernidad, no comparto la visión snob del artista como un sujeto extravagante que produce cosas que no se entienden, pero se aceptan solo por el hecho de ser tocadas por él y los que lo validan. Humildemente creo que los tiempos que corren ameritan otro tipo de paradigma de artista, menos hedonista, más claro en su función social y menos egocéntrico.Las personas tienen demasiados deseos de etiquetar las cosas. Mientras, por un lado, se espera del artista originalidad y autenticidad todo el tiempo, por el otro se ve mal que repitas un proyecto, incluso si los contextos son diferentes. A veces siento que se le exige al artista alcanzar la habilidad de un deportista de alto rendimiento más que la capacidad intelectual de un gestor de conocimiento y sensibilidad. De todas formas, mi apuesta va más por un arte comprometido con sanar y proponer. Confío en la capacidad que tiene el arte de formular la realidad como un espacio versátil y de activar los mecanismos de cambio en cada uno de nosotros.  Sin embargo, uno va cargando con sus manías a cuesta y encuentra motivos que se repiten con los cuales se pudiera designar lo que hago. Sé que hay gente que me encasilla dentro del paisaje, o en hacer obras con elementos naturales. Esto no me molesta, porque realmente es en la naturaleza donde he encontrado una fuente inagotable de conocimiento y una problemática contemporánea. Cauce Amazonas-Hamza, 2018. Instalación. Dibujo a pastel seco/paneles rectangulares. Vista de la exposición personal Divergencias: Paradigma líquido, Factoría Habana, 2018.¿Existe un coleccionismo nacional? La verdad es que no hay realidad cultural completa sin coleccionismos y esto es una pata de la que cojea el arte cubano. Para que el coleccionista cumpla su función social, la realidad cubana tendría que cambiar mucho económicamente y desarrollar un mercado interno que promueva y fortalezca el consumo del arte cubano por cubanos. En esto las ecuaciones no fallan: más dinero en el país, más bonanza, más coleccionismo que evita que las principales obras de los artistas nacionales estén regadas por el mundo.Aplaudo los esfuerzos institucionales, que son muy válidos, pero insuficientes, sobre todo porque es imposible que la institución, por mucho dinero que tenga, supla la figura del coleccionista privado. Deben desarrollarse y trabajar juntas, hacer alianzas por el bien común del patrimonio artístico del país.Si el milagro económico pasara, de todas formas habría que cambiar ciertos mecanismos y descentralizar otros. Habría que pensar incluso en propiciar créditos bancarios para compras de arte, dejar que esos nuevos coleccionistas y filántropos abrieran sus fundaciones y pequeños museos. Cualquier alternativa similar ayudaría a mantener el patrimonio de las artes visuales en la Isla, elevar su promoción y conservación.¿Qué sería de Renoir, Delacroix, Degas, Monet, Touluse-Lautrec, Matisse, Gauguin, Picasso si no hubiera existido Gertrude Stein? Que hay de Peggy Guggenheim, Isabella Gardner, Albert Barnes, Henry Clay y muchos otros, que convirtieron sus casas en museos o donaron sus colecciones a los principales museos del mundo.Igual, hay que nadar en el mar de estos tiempos. Actualizarse, puede que potenciar el coleccionismo nacional venga por las criptomonedas y los NFT. El criptoarte ha llegado para cambiar la historia en muchos sentidos.  III. El Fondo de la superficie, 2019. (Abismo de Challenger, Fosa de las Marianas –Monte Everest, Cordillera del Himalaya). De la serie Inmersión. Dibujo en estructura circular. ø2.75m (interior).¿Qué opinión tienes del estado actual de las artes visuales en Cuba?No conozco las cifras, pero la cantidad de artistas visuales que ha dado esta isla es tremenda. La pregunta es cuántos de los que se gradúan en carreras de arte siguen ese camino, y luego qué haces con tantos graduados. Sorprende la cantidad de gente talentosa que se gradúa cada año. Es como si nuestra condición geográfica y las circunstancias económicas propiciaran esa necesidad de comunicar y crear a toda costa.La creación artística tiene una gama muy amplia de intereses, tendencias y estilos que confluyen a la vez. Creo que eso hace precisamente que el mundo del arte en Cuba tenga un dinamismo que lo redibuja a prisa y con facilidad. Algo que aplaudo, y que considero fundamental a la hora de hacerle frente a los estereotipos de lo que se considera arte cubano en algunos circuitos, una especie de marca ligada a nuestro contexto sociopolítico amparada en paradigmas culturales muy superficiales. Habría que pensarse el grado de culpabilidad que tiene cada uno de nosotros en eso, al dar por sentado que cierta dosis de “exotismo tropical” nos beneficia, obviando totalmente como en las últimas décadas el auge internacional del interés por el arte cubano se corresponde con los acontecimientos históricos del país. Sin embargo, seguimos promoviendo el arte cubano en los mismos circuitos internacionales desde donde se construye la demanda de esa “singularidad tropical”.Pero lo anterior son los problemas de siempre. Hoy están en capilla ardiente otros dilemas, que pasan por el tamiz de la situación socio-económica del país, su política cultural y la relación de los artistas con sus instituciones.No hay mejor momento como este para reimaginar y fundar. Rafael Villares en su estudio; La Habana, 2021. Foto: CeCe Monteagudo.En Cuba Rafael Villares ha hecho estudios y carrera como artista visual. Consigno aquí sus últimas muestras personales:Encuentros en el paisaje: Miler Lagos-Rafael Villares, 2019; Montenegro Art Projects (MAP), Bogotá. Tierra incógnita, 2019; NG Art Gallery, Ciudad Panamá. Divergencias: Paradigma líquido, 2018; Factoría Habana, Cuba. Eco, 2015; Galería Artis 718, La Habana. Inventario, 2014; Fundación Ludwig de Cuba, La Habana. Paisaje Itinerante, 2012; instalación en espacio público, colateral XII Bienal de La Habana. Dos Instantes, 2010; Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, La Habana. De soledad humana, 2009; Salón de Conferencias, Academia San Alejandro, La Habana.Ha recibido premios, becas de creación y residencias artísticas en Cuba, Canadá, Panamá, Colombia y Estados Unidos de América. Algunas de sus obras forman parte de prestigiosas colecciones, como la del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, Cuba; Colección Minneapolis Art Institute, E.E.U.U; Colección Chazen Museum, E.E.U.U; Colección Museo Jorge Luis Cuevas, México; Colección Lewis & Clark College, Portland, E.E.U.U.; Colección Jorge M. Pérez, E.E.U.U; Colección Gilbert Bronwstone, Francia; Colección Nina Menocal, México; Colección Madeleine Plonsker, E.E.U.U; Colección Fundación Casa Cortés, Puerto Rico; Colección Eduardo Salazar, Colombia;  Colección Jorge Rais, Colombia; Colección Harry Woldenberg, México; Colección ArtOnCuba Magazine, E.E.U.U; Colección Cota Cohen, E.E.U.U, Colección Fundación Los Carbonell, Panamá-Cuba y Colección MAP, E.E.U.U.

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Ojo al visor: Lilien Trujillo

Lilien Trujillo es Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, promoción de 2015. Recibió, además, cursos de fotografía en la Academia “Cabrales del Valle”.En el ámbito profesional, se ha desempeñado como redactora de prensa, presentadora de televisión, gestora de redes sociales y gestora de marketing y comunicación. Pero su pasión es la fotografía, actividad en la cual se inició a los dieciocho años.Lilien tiene, entre sus ámbitos temáticos, los orígenes familiares, la vida cotidiana en Bahía Honda, pequeño pueblo de la costa norte de Artemisa. También fija la mirada en jóvenes cubanas, profesionales o no, que se empoderan en un medio social donde la educación patriarcal sigue primando. Sobre esa última línea, algo ha venido publicando en las redes sociales.Cuando invité a Lilien a participar en esta sección, se mostró sorprendida. Piensa que su camino como fotógrafa recién comienza. Y bueno, argumenté, este espacio es también para hacer lugar a las nuevas voces, las nuevas miradas, los nuevos gestos artísticos.Lilien Trujillo se presenta:La primera cámara que tuve en mis manos era de mi madre. Claro que, para cuando llegué a tener conciencia de lo que era aquel artefacto, ya no funcionaba. Mamá no es fotógrafa, pero todas las imágenes de infancia que atesoro fueron tomadas por ella con aquella cámara analógica soviética.De niña, solía pasar horas detallando la textura de las hojas, los tonos del agua fangosa de los diques de arroz de mi padre; la sangre chorreando de las nalgas de los toros cuando los pinchaban para que apuraran el paso, sus miradas iracundas; los pies de mi padre entrando y saliendo del fango, trabajosamente, en época de cosecha. Son imágenes que guardo intactas en mi cabeza (debo hasta haberlas encuadrado).A los dieciocho me regalaron una camarita compacta Casio (mi pinkasio), con la que empecé a ser la “impertinente” que fotografiaba todo y a todos, justo cuando menos se lo imaginaban. Empezando por mi padre, mi abuela, los vecinos nuestros, personas que fueron parte de mi niñez y mi entorno de vida; mis amigos o allegados.PublicidadCuando decidí comprarme una cámara (o cuando pude), sabía que estaba abriendo un camino largo y difícil que disfrutaría mucho y, sobre todo, que me haría feliz. ¡Hay tantas y tantas historias allá afuera, como dentro de uno mismo! Contar sucesos, sentimientos, develar lo que otros no ven a simple vista, y hacer que lo aparentemente insignificante o desapercibido cobre relevancia, es la intención que subyace en mis instantáneas.Mis fotos no muestran poses, sino almas; ya sea de una persona, lugar u objeto. Intentan plasmar lo auténtico, lo real; algo que va muy en paralelo con mi vocación/formación periodística: documentar, comunicar; buscar la verdad siempre.“Mi padre” Mi padre, de la serie “País en extinción”. Bahía Honda, 2020.En esta tierra nací yo hace 33 años. El de la foto es mi padre, y él, con 61, ha vivido siempre en esa finca (nuestra casa), ubicada en un pueblito de Bahía Honda. Desde que tengo uso de razón, lo he visto salir temprano a “fajarse” con la tierra, bajo los soles más duros, y bajo la lluvia.Papá andaba ese día, 25 de diciembre de 2020, cavando huecos para plantar postes.Esta foto, como casi todas las que forman parte de la serie, es un desahogo. Con ellas busco reflejar ese campo cubano a través de la gente que verdaderamente lo representa; no con los colores vivaces con que suele interpretarse el entorno rural, ni en blanco y negro; sino con el tono apagado, casi exangüe, de sus paisajes “interiores”.“La que nunca se rinde” La que nunca se rinde. Bahía Honda, Cuba, 2019.Julia Engracia Rivero García, hija de José (Canario) y Brígida (de Amarillas, Matanzas). Mi abuela, la mujer más brava que conozco; la más triste y la más luchadora. La que nunca se rinde, la que se levanta con el canto de los gallos y termina la jornada cuando estos vuelven a subirse a los gajos de las matas del patio.83 años le ha tomado dibujar esas arrugas en el rostro, y aquellas otras marcas en su libro de vida. En ellas lleva los sueños que se quedaron sueños, la alegría de crear, criar, producir, trabajar; el amor a la naturaleza, a los hijos de sus hijas y a ellas; a esa intensa rutina que le da sentido a sus jornadas, fuerza a sus músculos y fatiga a la vez; y orgullo.No le gusta que le hagan fotos. Pero si soy yo, la historia cambia. Ese día se pertrechó para ir a cortar un racimo de plátanos. Ella lo elige y lo corta —a machetín limpio—; pero no puede cargarlo hasta la casa, por restricciones médicas. Entones mi madre, mi padre o yo, cuando estoy de visita, la ayudamos a completar la faena. Le pedí que se sentara en el sillón de la terraza un minuto, y, bajo protesta, le hice esta foto que es para mí un símbolo.“Marian” Marian. Bahía Honda, 2020.En los niños encuentro siempre una vía de escape. No es que parezcan de otro mundo, “son otro mundo”. Ya sea porque me enloquecen (o me contagian) con su intranquilidad o sus preguntas asombrosas, aparentemente sin sentido; o bien porque me enajenan con su inocencia y sus fantasías.Marian es la hija de una vecina. Tanto a su madre, como a ella, las vi nacer allá, en Bahía Honda. Tiene ángel y no lo sabe. Es una niña carismática y muy determinada. Ese día del verano pasado, estábamos sentados en el portal su tía, sus primas y yo. Ella salió a recoger flores en el jardín de la casa, frente a nosotras, cuando me miró y me dijo: ¿me vas a hacer una foto aquí? Luego me pidió la cámara para verse, y remató diciéndome: ¡soy linda!“Jorgito” Jorgito. La Palma, 2020.Los pueblitos costeros son como cápsulas de espacio y tiempo: tienen su propia alma. La vida en la pequeña comunidad de La Mulata, en El municipio La Palma (Pinar del Río), transcurre con dinámicas que nada tienen que ver con la realidad de país que visualizan las noticias y las redes.La gente, aún en medio de una pandemia, mantiene sus rutinas de interacción con la naturaleza, con ellos mismos, con el universo; porque no siempre el desarrollo social es sinónimo de bienestar espiritual, ni todo lo que creemos indispensable para seguir vivos, a la larga lo es.Este niño en la foto es Jorgito. En el momento de la captura, llevaba su “kit de entretenimiento” hacia la playita, donde pasaría la tarde con sus amigos.Las carencias no necesariamente impiden la felicidad, lo que nos impide ser felices es la falta de creatividad e imaginación. Sin embargo, el hecho de nacer y vivir en este contexto se convierte en un estigma y limita muchísimo las posibilidades de desarrollo intelectual y profesional.“Rachel” Rachel. La Habana, 2021.Rachel Benítez es mi vecina de 18 años, una muchacha temerosa, sola.Hablé por primera vez con ella una tarde en que miraba el atardecer en la azotea y ella subió a tender ropa. Apenas cruzamos palabra. Era viernes, si la memoria no me falla. Su tranquila presencia casi ni alteró la soledad de mi sunset watching. Pero compitió con la puesta, sin embargo…Días después, tocó a mi puerta para que la dejara trenzarme el cabello; “estoy en un curso de peluquería —me dijo con una mezcla de pena y miedo—, necesito alguien con pelo largo para practicar la trenza china”. Hablamos como una hora y media mientras intentaba, sin mucho éxito, dominar la técnica.Tiempo más tarde, le propuse hacerle unos retratos. Este es uno de ellos y fue, a su vez, el inicio de la serie “Retratos de mujer”, con la cual busco mostrar, desde la sencillez de recursos y en blanco y negro, lo más íntimo de cada una. Revelar la belleza de lo auténtico, sea convencional o no.

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Espacios sucesivos

“Esquemas funcionales simples, formas depuradas, estudio de la luz y ventilación natural, incorporación protagónica de la vegetación, trabajo con materiales nobles, reinterpretación en clave contemporánea de los valores arquitectónicos tradicionales…”
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Ojo al visor: Raúl Cañibano

“El fotógrafo es como un constructor de fábulas que se van armando con la forma de un gran rompecabezas, y donde cada instantánea es un fragmento”.
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Kiki Álvarez: “Viajando por internet cada uno de nosotros se ha vuelto, peligrosamente, un Dios”

“En su esencia, el socialismo es un proyecto de emancipación que responde al ansia de modelar una sociedad donde todos compartan y sean responsables del bien de todos, del bien común; un experimento social de individuos pensantes, solidarios, con relaciones horizontales y libres de toda dominación y adoctrinamiento.”
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Severo Sarduy: “No perdura más que el goce y la textura”

Su vida y su obra estuvieron regidas por un gran apetito de mundo: si Cuba le quedaba estrecha como Isla, ahora podría regresar al goce, a la textura de un país que es, en definitiva y para todos, un estado del espíritu.
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Ojo al visor: Néstor Martí

“En mi práctica hay dos grandes metodologías de trabajo: por una parte está la fotografía directa, en la que el autor captura la realidad tal cual, sin más mediación que su cámara, el encuadre, la exposición y, por supuesto, la intención; en la segunda forma de trabajo todo parte de una idea que es expresada a través de la fotografía con sus particularidades como lenguaje…”
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