cuarentena

Visiones de la pandemia en suelo cubano (4)

Ulises Rodríguez Febles, escritor, dramaturgo, investigador, actor

Más de un año después de registrarse los primeros contagios de SARS-Cov2 en el archipiélago, los cubanos enfrentan ahora un alarmante rebrote de casos propiciado por diversas cepas del virus que recorre el mundo desde fines de 2019. Con muy pocas opciones de aislamiento total, la gran mayoría debe seguir saliendo a la calle a diario para resolver sus necesidades más elementales con el consiguiente peligro de infección ante el más mínimo descuido en una cola, en un transporte, en un mercado, o en cualquier otro sitio.
Pero el prolongado encierro entraña también otros peligros para la salud. Vivir en un permanente estado de sitio es en extremo asfixiante, dañino, perturbador. Para saber su parecer al respecto, nos acercamos a un grupo de profesionales de la literatura, las artes, el periodismo, la comunicación, las ciencias, y les preguntamos cómo han lidiado con el tiempo, cómo han transcurrido sus días, qué reflexión quieren compartir sobre esta realidad y cómo imaginan el futuro post pandemia.
ULISES RODRÍGUEZ FEBLES: DEFENDER EL PATRIMONIO CON PASIÓN Y RIGOR, PORQUE HAY OTROS VIRUS QUE PUEDEN DESTRUIRLO
El escritor, dramaturgo, investigador, actor, Ulises Rodríguez Febles (Cárdenas, 1968) dirige la Casa de la Memoria Escénica, en Matanzas, sitio de conservación y difusión del patrimonio escénico, y desarrolla, además, una labor prolífica, sostenida, multipremiada, como autor de obras para teatro, guiones y novelas.
José Antonio Michelena (JAM): Ulises, ¿cómo has lidiado con el encierro, las ocupaciones, y el tiempo, en esta época de pandemia; en qué has ocupado tus días y tus noches?
Ulises Rodríguez Febles (UGB): Defendiendo, primero que todo, el patrimonio que custodiamos en la Casa de la Memoria Escénica, que hay que cuidar cada día, con la misma pasión y rigor; porque hay otros virus, que no son el SARS Cov-2, que pueden destruirlo. En la pandemia, hemos intentado seguir dándole vida al acto de conservar el patrimonio, difundiendo, creando proyectos posibles, realizando hasta donde pudimos actividades “presenciales”, cumpliendo las medidas.
Inauguramos, por ejemplo, dos nuevas piezas para el Museo de Esculturas en Madera de la Dramaturgia Cubana, que a diferencia de muchas otras, se develaron con poco público y sin la presencia de los autores: Carlos Celdrán (Hierro) y Gerardo Fulleda León (Ruandi).
Especialmente, en la etapa más difícil, me dediqué a determinados proyectos inconclusos de textos teatrales; a revisar una novela en proceso; a culminar investigaciones atrasadas; a trabajar en las páginas de Escena Matancera y Matanzas Ciudad Literaria.
Cuando tuvimos ciertas “normalidades”, nos fuimos, como escénicos que somos, a los barrios, con espectáculos teatrales, danzarios, circenses, o abrimos ciertos teatros, los hicimos vivir y disfrutar la recepción del público, que es algo que necesita el teatro, para que lo sea.
Escribí, entre marzo y abril, una obra sobre el tema, que se titula Cuarentena, que obtuvo el premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, y va a presentarse como libro, si todo mejora en octubre del 2021.
Asistí a ensayos de Cuarentena con Vital Teatro, en esas “normalidades” en que se permiten los viajes a La Habana, y a una lectura camagüeyana con público, de Teatro El Viento, de mi obra Huevos. También fui a ver Biblioteca de Alejandría, con Teatro D´Sur, varias veces.
Casa de la Memoria Escénica, Matanzas
Pero nada se pudo concretar en el 2021, ni los estrenos en marzo que estaban previstos para el teatro Sauto, ni las presentaciones de algunos de mis libros, que salieron de imprenta, como el de Criaturas de Isla, por Tablas Alarcos.
Desde enero, empezó la etapa más compleja, al menos para Matanzas, que se agudizó en el mes de abril, y definitivamente, se cerraron los teatros, las pocas actividades de la Casa de la Memoria Escénica, y de nuevo a la casa.
Hasta ahora no hay ningún miembro de nuestro gremio que haya sido afectado por el virus. Pero esta es la etapa más letal, en la que los fallecidos empezaron a ser cercanos, gente que uno conoció, vecinos. Encerrado en la casa, vuelvo a escribir, a abrir cada día los espacios de la Casa de la Memoria; todo esto en la escasez perpetua, pero con un objetivo primero, no contagiarse, sobrevivir a la enfermedad, prepararse para cuando todo acabe, y sobre todas las cosas, que nada mate la felicidad de la creación y de vivir.
JAM: ¿Qué reflexión quisieras compartir sobre los efectos de esta plaga en las personas, sobre todo en los estados emocionales?
URF: Es difícil, es una mezcla rara de incertidumbre y vacío, pero en la que uno trabaja en la creación, para cuando haya al menos una normalidad, para cuando todo culmine ¿definitivamente?; soñando que eso va a ocurrir un día, sin que tengamos que enfrentar el peligro del contagio.
Son muchas las cosas, en lo personal y en lo creativo, que pudieron haber sucedido, y no se concretaron por la pandemia: becas, estrenos, filmaciones. Todo eso mezclado con unos escasez perenne, que lo hace todo más difícil para esta nación esencialmente agrícola, y reinventándose (o reseteándose, como una computadora) económicamente, algo que tiene una incertidumbre parecida a la del virus, para mucha gente.
Creo que esta pandemia nos ha demostrado lo frágiles que somos como especie, la necesidad que tenía la naturaleza de descansar de la actitud destructora de los seres humanos; que no debíamos estar en contienda constante, porque hay que guardar fuerzas e inteligencia para cosas más importantes: la sobrevivencia del planeta.
Ojalá hayamos sacado una lección sobre el valor de la vida, la significación de estar saludables, lo importante que es solidarizarse con el prójimo; pero creo, que en la realidad concreta, este escenario pandémico mostró lo mejor de algunos, aunque también lo peor de otros. Y eso es una dura lección.
JAM: ¿Crees que volveremos a una normalidad como la que teníamos antes de 2020?, ¿cómo piensas el futuro post pandemia?
URF: Hay que pensar que sí, que como mismo apareció va a desaparecer, como ha ocurrido con otras pandemias. Es lo que anhelo. Abrazar, acariciar, amar, comunicarnos, sin restricciones, olvidar el miedo al contacto con el otro.  Si todo permanece, definitivamente nos tenemos que replantear muchas cosas como sociedad, y como especie, aprender a vivir de otra manera, y prepararnos, teniendo en cuenta la experiencia de esta pandemia, para enfrentar otras situaciones tan terribles como la que vivimos, porque muchas cosas pueden ocurrir. Nadie lo sabe, todo es un enigma, en el que debemos sobrevivir, si aprendemos.
El futuro que deseo, es el que anhelamos todos, que podamos contar la historia: ¿Recuerdas lo que vivimos con el coronavirus? ¿Cuánto duró aquella pesadilla? ¿Dos, tres años? Y nos abracemos. Por ejemplo, ¿desde cuándo no te veo, José Antonio Michelena? (2021)

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