Crisis Económica

Camino a la sima

Un viejo adagio árabe reza: «Lo único que se construye de arriba hacia abajo es un pozo». Parece que ese es el problema de la Actualización del modelo cubano. La continuidad en la creencia de que un grupo de funcionarios y especialistas  del primer nivel —los que saben— son los que han de concebir, planificar y aplicar los cambios requeridos; mientras que el resto del pueblo/población debe sumarse a ellos, acatarlos y cumplirlos. Tal dogma hace agua por todas partes.
El proceso de Actualización inició entre 2008/2009 eliminando prohibiciones absurdas y convocando a un debate nacional sobre qué hacer para encauzar el obsoleto modelo económico y social cubano; siempre respetando los principios de soberanía nacional y régimen socialista. La mayoría del pueblo y especialistas lo acogió con entusiasmo renacido y desplegó su creatividad en millones de intervenciones y miles de propuestas.
De esa etapa preparatoria brotaron dos documentos que, aun con limitaciones e insatisfacciones, podrían guiar las reformas: Lineamientos (2011) y  Conceptualización (2016).  Sin embargo, cuando llegó la hora de los mameyes —con el positivista nombre de Tarea Ordenamiento— el círculo de verdaderos decisores que la concibieron y aplicaron, que incluía a varios de los que habían ocasionado el problema, ahora demostraban que no sabían cómo resolverlo.
Las variables causantes de la actual crisis cubana son tres: el recrudecido bloqueo; la pandemia de Covid-19, y la errática política de reformas internas; pero nuestra capacidad de actuar sobre ellas no es igual. El primero escapa a nuestra voluntad y radio de acción —a pesar de las promesas de campaña de Biden y de la reciente votación en la ONU, favorable a Cuba pero no vinculante.
Resultado de la votación en la ONU contra el bloque (Foto: Eskinder Debebe / UN)
La segunda será resuelta solo con la inmunidad del rebaño, que gracias a la intervención masiva con los logros vacunales de la ciencia cubana deberemos conseguir en un plazo más breve.
Solo la tercera puede ser superada a partir de la voluntad y capacidad de los cubanos y cubanas de la Isla y buena parte de la emigración. Es sobre esa que todos —gobierno y ciudadanía— debemos actuar con objetividad, prontitud y determinación; tres factores que han faltado desde el principio.
Objetividad, porque el peso de los mitos ideológicos provenientes del viejo modelo de socialismo estatizado, burocrático y militarizado, han pesado más en su concepción y puesta en práctica que las necesidades y posibilidades reales de la economía cubana.
Valgan dos ejemplos. Si la empresa estatal socialista es decretada como la protagonista de la economía cubana, entonces hasta las prometidas mpymes serán estatales, y la independencia y flexibilidad de este tipo de organización jamás podrá concretarse. Segundo, si a los emprendedores no estatales se les impide concentrar la riqueza, no mediante la política fiscal, sino limitándoles crecer administrativamente; ¿cómo podrán acumular capital, favorecer el empleo y contribuir a desarrollar la economía?
Prontitud es una palabra subversiva en la larga marcha del proceso de actualización, cuyo ritmo ha sido, como tendencia, lento y zigzagueante. Trece años después de iniciado, las tierras son menos explotadas que nunca; los indicadores de la producción agropecuaria e industrial se han derrumbado; cada vez se invierte menos en industria, agricultura, gastos sociales y ciencia, y más en la construcción inmobiliaria de hoteles que nunca se llenan, y en derivadoras de agua para, desafiando al relieve y los vientos alisios, convertir en fértiles tierras secas por naturaleza. Las estadísticas hablan de una década perdida para la economía cubana, 2010-2020.
Fue anunciada la construcción del hotel más alto de La Habana (Foto: Agencia Cubana de Noticias, ACN)
Determinación ha faltado porque influye más el temor a los riesgos del cambio, que la alarma ante un torbellino descendente de crisis que puede arrastrarnos inexorablemente a la sima.
Cuando Cuba vivió el extraordinario auge de servicios profesionales a países latinoamericanos (2004-2008): ¿por qué no se invirtió parte de ese enorme fondo en recapitalizar la industria y la agricultura de manera eficiente y sostenible? Durante el trienio del deshielo con Obama (2014-2016): ¿por qué no se efectuó la reunificación monetaria y cambiaria para restablecer al peso cubano en su trono?
Ahora la cuestión es más de supervivencia que de Actualización u Ordenamiento. Primero, por los estragos de la Covid-19; pero, al unísono, por el incremento de la oferta de bienes y servicios que permitan equilibrar la oferta y demanda y detener la espiral inflacionaria que hunde a nuestra divisa: el peso cubano, que pone a los que no tienen acceso a USD o euros, al borde del hambre.
La tarea de reordenar el Ordenamiento parece no estar dando resultado.  Campesinos, cooperativas y reconocidas empresas agrícolas se hallan al borde de la bancarrota por no poder costear los precios inflados de los servicios estatales de electricidad, agua, semillas, etc., que han crecido entre diez y veinte veces. La ruptura de la correspondencia entre la concepción y la puesta en práctica de la Tarea Ordenamiento, requiere un debate nacional urgente.
A esto se añade la redolarización plástica y la medida de no aceptar más el USD físico en momentos en que hay escasas opciones de hacerlos llegar mediante envíos. Son medidas que, más allá de ayudar a paliar los problemas de la banca cubana, empeñada en dar prioridad al uso de la moneda del enemigo, traspasan el problema al consumidor de a pie, que solo puede resolver ciertas necesidades mediante la compra de USD plásticos o euros, a precios astronómicos, en el mercado informal.

Las medidas que he propuesto en otros posts, recientes y antiguos, (El ocio de la tierra; El pecado de la carne; Ceres, por favor, ¡ven pronto!) no las repetiré por razones de espacio y respeto a los lectores. En estos días, varios prestigiosos economistas cubanos, tanto de la Isla como de la emigración, se han referido a la urgencia de adoptar medidas ya aprobadas y nunca aplicadas, de una vez y por todas. Otros intelectuales, empresarios entrevistados por la prensa nacional y gente del pueblo, se pronuncian en el mismo sentido.
La hoja de ruta de las reformas está planteada y es conocida, solo falta voluntad política para ponerla en práctica. Seguir esperando por las calendas griegas para liberar las fuerzas productivas de la nación solo nos conduce a la sima.
La continuidad en un camino equivocado ha de ser sobrepasada por la búsqueda de nuevos derroteros que permitan avizorar las cimas de prosperidad y desarrollo que exigimos los que ponemos al país por delante de los instintos egoístas y conservadores de un grupo de poder, pequeño pero soberbio y con facultades omnímodas.

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