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El dulce amargo de los mangos en Cuba

El mango es la fruta no cítrica más abundante en el país.

Año tras año pueden encontrarse en la prensa nacional artículos que denuncian las pérdidas de producciones agropecuarias en los campos cubanos por dificultades organizativas y logísticas. Tal es el caso del mango, rubro de amplia aceptación por parte de la población cubana en sus diferentes formatos.
El mango es la fruta no cítrica más abundante en el país, cuya producción representa una tercera parte del total. Es una de las más procesadas industrialmente, obteniéndose una amplia gama de productos derivados. Desde hace varios años, contribuye a la sustitución de importaciones, ya que la mayor parte de la pulpa procesada se destina a la elaboración de las compotas para niños de 0 a 13 años que se distribuyen a través del consumo normado.
No resulta ocioso destacar que el mango tiene también propiedades medicinales, con lo cual puede ser empleado en la industria farmacéutica. De hecho, de la corteza de variedades seleccionadas de la especie mango tropicales de la familia Mangifera Indica L. se obtiene el Vimang, un antioxidante que se comercializa en tabletas, jarabe y cremas.
Cuba se encuentra entre los principales 25 productores de mango a nivel mundial (Faostat, 2021), pero casi el 100 por ciento de la producción se destina al consumo interno. Se cuenta con un potencial en la demanda del sector turístico y en la exportación. La premisa fundamental, desde la oferta, es crear las condiciones internas en la cadena de valor del mango que permitan el logro de las calidades que ambos destinos exigen.
Dificultades en la cadena
Un estudio realizado en el período 2013-2015 sobre la cadena de valor del mango en Santiago de Cuba, al cual se le ha dado seguimiento en años subsiguientes, arrojo la existencia de varios cuellos de botella, que en la actualidad persisten y que son comunes a otras regiones del país.
Entre los más significativos, pueden señalarse:
-la ausencia de un enfoque de cadena de valor, evidente en la no orientación de la producción a las demandas finales (ni doméstica ni foránea);
-dificultades para la obtención de semillas y yemas que garantice frutos de calidad;
-insuficiente personal con conocimientos técnicos para ejecutar los diferentes procesos;
-deficiente manejo de plantación, técnicas de cosecha y acopio que generan destrucción de valor a lo largo de la cadena;
-ausencia de procesos de beneficio por no existencia de instalaciones, medios y cultura de esta práctica;
-baja capacidad y existencia de condiciones no idóneas para el almacenamiento en las entidades de acopio y en las industrias;
-obsolescencia tecnológica y bajo aprovechamiento de la capacidad instalada en la industria;
-deficiente disciplina tecnológica y control de la calidad a lo largo de la cadena
-dificultades transversales a todos los eslabones, referidas al aseguramiento material (insumos, medios de protección, herramientas, entre otros), las comunicaciones y la transportación.
Las pérdidas del preciado fruto continúan siendo noticia.
Aunque brindar solución a todos estos problemas no resulta tarea simple, el estudio fundamenta una serie de premisas para articular la cadena de valor del mango que incluyen: dotar de mayor autonomía e igualar las “reglas del juego” a todos los participantes; crear mecanismos de coordinación interinstitucional; flexibilizar el mecanismo vigente de planificación; definir las áreas donde deben concentrarse los esfuerzos del Estado; y lograr un mejoramiento tecnológico, de infraestructura y de servicios de apoyo. Todas las premisas propuestas en el trabajo se encuentran contempladas de una u otra forma en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución (2011 y 2017). Sin embargo, transcurridos varios años los cuellos de botella antes enunciados persisten y las pérdidas del preciado fruto continúan siendo noticia.
En un artículo publicado en el agramontino periódico Adelante, el pasado 14 de junio, se revela la pérdida de más de “50 toneladas (…) entre las fincas y las naves en espera de que llegue Acopio” (la entidad comercializadora), en una UBPC de la ciudad de Camagüey. Como bien apunta la periodista Yurislenia Pardo, si esto ocurre en plena ciudad, cuántas toneladas no se estarán perdiendo en las entidades productivas más alejadas.
El sector agropecuario ha sido objeto de múltiples transformaciones en los últimos años, sin que se aprecien mejoras sustantivas en los resultados. Confío en que el impulso más reciente, resumido en las 63 medidas aprobadas para dinamizar la producción agropecuaria, logre con éxito su cometido y podamos, más temprano que tarde solucionar el dilema del dulce amargo de los mangos en Cuba. (2021).

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