comidas a domicilio

Comidas a domicilio en La Habana o sancocho hasta la puerta de tu casa

LA HABANA, Cuba. – Alrededor de las 10:00 de la mañana del domingo, Día de los Padres, Ileana realizó un pedido de comida a domicilio. Le habían asegurado que, por vivir en las cercanías del restaurante, el servicio de mensajería tardaría unos 20 minutos como máximo, pero aún a las 6:30 de la tarde ningún repartidor había llamado ni a su teléfono para ofrecer excusas por la tardanza, ni a la puerta de su casa para cumplir con la entrega. 
“Llamé y llamé como mil veces pero nadie cogió el teléfono”, comenta la señora en una reciente publicación en Facebook.
“Les escribí por WhatsApp y me dejaron en visto. Como a las 7:00 de la tarde vino un muchacho en bicicleta y hasta se puso pesado cuando le viré todo para atrás (…), la comida parecía comida para puercos, los envases donde venía eran pedazos de yaguas, daban asco de mojadas y sucias que estaban, las pizzas eran un socotroco de pan duro con dos manchitas de salsa de tomate y el queso no se veía por ningún lado (…), no pude celebrar nada y mi esposo y mi hijo por poco terminan enredados a piñazos con el mensajero que quería propina”, narra Ileana.
Las quejas llueven en internet (Captura de pantalla)
Por una experiencia negativa semejante a la anterior, Yilian, residente en Centro Habana, también hizo pública en redes sociales su insatisfacción con el servicio de comida a domicilio que eligió. Del apetitoso arroz frito con mariscos que promocionaban en cierta página web, a sus manos apenas llegó, según lo describe, un “revoltillo de arroz enfangado teñido con caramelo quemado” donde asomaban “dos trocitos de jamonada”.
“Un olor a podrido que revolvía el estómago”, escribe Yilian en su perfil, y además cuenta sobre el error de haber aceptado el servicio: “Lo probé y tuve que escupirlo, pero mi hermana y mi cuñado sí comieron (…), terminaron con diarrea. Un arroz frito especial que costó 180 pesos (la ración) más los 100 de mensajería y el envase (…). Enchumbado en grasa, rancio, con trozos de huevo hervido en vez de tortilla. Col en vez de frijolitos chinos. De los camarones ni la sombra. Dos cuadritos de jamonada pastosa. Ni salsa china tenía, eso era azúcar quemada, sabía muy amargo”.
Otra denuncia en redes sociales (Captura de pantalla)
Como consecuencia de nuestro “peculiar” entorno económico-político, quienes vivimos en la Isla podemos tropezarnos a diario, sin demasiado esfuerzo, con decenas de historias como las anteriores, incluso mucho más terroríficas. 
De sobra las hallaremos bien frescas, publicadas ahora mismo en internet, en conjunto dando cuenta de un mal que se generaliza. 
A falta del interés o a la incapacidad de las instituciones que debieran regular tales cuestiones, y sin suficientes publicaciones que con sistematicidad y seriedad aborden el asunto, algunas personas han creado por iniciativa propia espacios de interacción y discusión en redes sociales donde, a la par de las promociones, se cuentan experiencias y, entre lo más interesante, se lanzan alertas de gran utilidad para aquellos que, aún en las peores circunstancias, persistimos en hacer lo más placentero y digno posible el acto de comer, incluso hasta el más humilde de los alimentos. 
En varios grupos públicos y privados que pudimos revisar rápidamente en Facebook y WhatsApp —dos de las redes sociales más usadas por los cubanos en la Isla— abundan las críticas negativas y los debates acalorados al respecto de la pérdida de calidad de la gastronomía en Cuba, y los servicios asociados a ella. 
Los envases de este restaurante son hechos con yaguas y no son nada higiénicos (Foto: Facebook)
Al mismo tiempo se evidencia la notable reducción de las ofertas, y el consecuente alza de precios provocado, entre otras cosas, por una “unificación monetaria” que terminó siendo una brusca y desastrosa dolarización total de la economía.
Así, el deterioro de los servicios gastronómicos hoy es palpable lo mismo en establecimientos estatales —históricamente asociados al maltrato y la falta de higiene— como en negocios privados, incluyendo a muchos de estos que, años atrás, gozaban de cierto prestigio.
“Un negocio que funciona bien hoy, a los días ya no sirve por varias causas. En Cuba, con las trabas que existen (al sector privado), siempre el cuentapropista tiene las mil papeletas para perder y la mitad de una para salir a flote, ni siquiera para ganar”, dice Danilo, dueño de una de las más reconocidas paladares en La Habana Vieja, y de las pocas que, con más maña que suerte, han logrado evitar el cierre definitivo no tanto por causa de la pandemia sino del desabastecimiento que los afecta desde antes. También es de los emprendimientos excepcionales en cuanto a puntualidad de sus mensajeros.
Denuncia en Facebook (Captura de pantalla)
“La demora nunca tiene justificación. Cada cual debe recibir los pedidos que sea capaz de atender, teniendo presente lo que puede cocinar y también su personal. A veces tienen un único mensajero con una moto y quieren hacer diez mil entregas en un mismo viaje”, apunta Danilo, y agrega a continuación: 
“Es el defecto de muchos cubanos aunque no trabajen para el Estado. La ley del menor esfuerzo, el matar y salar, creer que están haciendo un favor y no dando un servicio. Es algo que nos ha metido el socialismo en la sangre. Hay que mimar al cliente. (…) La calidad de los alimentos es otra cosa y aquí (en el restaurante) lo estamos pasando mal en contra de nuestra voluntad. (…) Hay una semana que mejora, porque uno encuentra más o menos esto y aquello, pero después volvemos a caer (…), desaparecen cosas esenciales para funcionar bien, la harina, el huevo, la carne, el aceite, el queso, el arroz (…). A veces ni en las tiendas en MLC uno encuentra. Llevamos así desde antes del coronavirus. Lo que pasa es que cada vez estamos peor. (…) No es posible planificar el menú de un día para otro, se trabaja al día, adquiriendo cosas en dólares y cobrándolas (luego, a los clientes) en moneda nacional. La gente se queja, con razón, pero es difícil mantener el negocio a flote”, concluye Danilo. 
Arroz moro servido en yaguas a falta de envases adecuados (Foto: Facebook)
Sin embargo, existen aún los negocios de restauración que, frente la escasez, no están dispuestos a sacrificar la calidad de las elaboraciones, cediendo así el terreno ganado años atrás a una chapucería que tiende al endemismo. 
“Si no puedes hacer un arroz frito más o menos bueno, no lo hagas y ya. Pero no engañes al cliente. Conserva tu prestigio, cierra, y si las cosas cambian, vuelve a abrir, pero con el prestigio intacto”, es la opinión de Orlando, dueño de otro restaurante que se ha mantenido en servicio en La Habana Vieja, aunque en breve cerrará, quizás temporalmente, quizás de manera definitiva.
El desabastecimiento y la dolarización de la economía repercuten negativamente en la calidad de las ofertas (Foto: Facebook)
“Cuando los clientes se van, es difícil hacerlos regresar. Pero también cuando un cliente se va disgustado es como un virus, contagia a los demás. Y ahora con el internet una crítica negativa es un suicidio (…), si sabes que es sambumbia lo que tienes, no le hagas demasiado Photoshop para que se vea bonito porque las expectativas serán muy altas. (…) Esto que está pasando también lo da el hambre. Si tu cocinero tiene hambre, cualquier basura que haga le parecerá buena, y basta con que otro hambriento la compre para que no vea los defectos. El que es puerco no ve la puercada, el que está acostumbrado al maltrato no ve el maltrato, y el que come cualquier cosa que le tires en el plato, piensa que pedir la comida caliente, rica es ser demasiado exigente. La escasez permanente logró que el cubano se adaptara a comer mal. He visto quejas en Facebook y me doy cuenta que la chapucería ha vuelto a ganar el terreno que le quitamos los particulares. Y es que son muchos más los que se conforman con cualquier cosa. Los que comen por matar el hambre y no por disfrutar. Te digo más, en Cuba ser exigente es casi como ser un inadaptado social”, opina Orlando.
Pero, según otros profesionales de la cocina con los que pudimos conversar al respecto de nuestro tema, aunque coinciden en que la falta de exigencia por parte del cliente ha incidido en la relajación de las calidades tanto de la elaboración de alimentos como de los servicios de atención, insisten en señalar que la carencia de insumos jamás sería justificación suficiente para lo que está sucediendo.
“Un buen cocinero saca un gran plato de cualquier cosa que le pongas delante. Claro, hay cosas que son básicas”, apunta Maribel, cocinera de una paladar, y ofrece otros elementos para apoyar su punto de vista. 
Protesta de un cliente no satisfecho (Captura de pantalla)
“No hay justificación. El problema está en que hay muchos improvisados en esto (el negocio de la comida a domicilio), gente sin vocación y sin condiciones. No puedes sacar 100 o 200 raciones de moros con carne de puerco, bien hechos, con la cazuelita y el fogoncito de tu cocina. Te digo moros con carne de puerco porque es lo único que ellos creen que saben hacer (…). Compran el saco de arroz en 8 000 (pesos), el saco de frijoles en 6 000, la carne de puerco a 100 pesos la libra y entonces quieren sacar la ganancia multiplicando lo que invirtieron por 20, no por dos ni por tres, sino por 20. Es verdad que tienen que pagar al que les hace la cola en la tienda, al inspector, al policía, al que consigue a sobreprecio pero igual quieren empezar el negocio en la mañana y comprar una casa y un carro al mediodía (…). Mi vecina no sabe ni freír un huevo pero se le metió en la cabeza hacer comidas cuando abran las playas (…), y va a vender, sin dudas. El cubano se ha vuelto sancochero, y cuando está en la playa, en la borrachera y el relajo, se come cualquier cosa. Si hasta se comen el picadillo de soya, la croqueta de claria y hasta se pasan horas en una cola para comprarlos”.    
Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.

Continue Reading