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Pescado y módulos gratuitos: el régimen le pone pan al circo

LA HABANA, Cuba.- En los últimos días varias pescaderías en diversos municipios de la capital cubana fueron surtidas con productos que llevaban meses desaparecidos. Masa de langosta, camarones y pescados de mar hicieron una parada en la tabla de ofertas que de ordinario solo exhibía croquetas criollas, pues hasta el abastecimiento de especies de agua dulce se ha visto dramáticamente afectado por la improductividad congénita de la empresa estatal socialista.
A pesar de los altos precios la mercancía se agotó en cuestión de horas. Los cubanos entienden, por experiencia, que tales oportunidades deben ser aprovechadas, pues nunca se sabe cuándo se repetirán. Sin embargo, y a fuerza de repetir las mismas tretas para calmar el descontento popular, esta vez la dictadura no ha cosechado el éxito esperado; en primer lugar porque no es posible engañar a un pueblo entero todo el tiempo, y en segundo lugar porque el surtido no alcanzó ni remotamente a satisfacer la demanda.
El milagro de que las pescaderías habaneras estuvieran vendiendo aquello para lo que fueron creadas huele a manipulación tras las protestas del 11 de julio y una jornada alicaída por el 26 de julio, en la cual lejos de manifestaciones de apoyo revolucionario y entusiasmo popular, predominaron las caras largas, el hastío y una fatiga que nadie recuerda ya cómo ni cuándo se instaló en las vértebras de la sociedad cubana, hasta hacerle imposible cargar con su propio peso.
Un vecino limpiando pescaditos en la puerta de su casa. Foto cortesía de la autora
Una vez más el castrismo intenta utilizar a su favor el hambre de la gente, haciendo aparecer ruedas de pargo sobre mostradores familiarizados únicamente con los codos del vendedor; o repartiendo módulos gratuitos en las bodegas, como si Cuba fuera un inmenso campo de refugiados y no una nación con el potencial de desarrollarse en un contexto de verdadera libertad.
No hay vergüenza en quienes detentan el poder y se las dan de pródigos con los mismos bienes que por décadas han destinado al turismo y la exportación, mientras el pueblo no tiene acceso a una alimentación decente. Pescado y mariscos llegan para pespuntear la ilusión de que se ha roto la monotonía del pollo, el picadillo mixto y los “perritos”, aunque los precios sean un puñetazo en la cara, y ni siquiera se trate de productos frescos.
Ya a principios de año la gente se sorprendió con la venta de trozos congelados de Emperador y Aguja en la red de pescaderías MERCOMAR, nada menos que a 341 pesos el kilogramo. Esa inesperada y cara “bondad” fue la manera que halló el régimen de sacarle dinero a los alimentos que llevaban meses en las neveras de los hoteles, añejándose por la falta de turistas.
Foto cortesía del autor
Pero los cubanos ya no pecan de ingenuos, ni creen en limosnas disfrazadas. Un día después que regresara la tímida muestra de productos del mar a las pescaderías, el periódico oficialista Granma se hizo eco de que la Empresa Pesquera Industrial de Cienfuegos (EPICEN) ha iniciado la venta online en divisas de “productos naturales” procedentes del mar. La noticia estuvo antecedida por el parche de rigor, donde se culpaba al bloqueo por tener que vender el patrimonio pesquero nacional en monedas extranjeras, otro de tantos negocios excluyentes que benefician a la cúpula y automáticamente descartan a los cubanos que no poseen divisas.
Foto cortesía del autor
Según el artículo de marras, “personas naturales o extranjeras pueden acceder a una variada oferta que incluye ruedas, filetes y pescado entero…” en las direcciones electrónicas www.compraspacuba.com y www.bazar.ca , donde ya se han registrado empresas pesqueras de otras provincias. Además de las delicias de la plataforma insular cubana, en ambos sitios se comercializan los logros de la producción acuícola -entiéndase clarias, tencas y tilapias- en diverso formato. La presencia de estos pescados cuyo sabor es poco agradable pese al efecto de las sazones, evidencia la profundidad de la quiebra financiera que ha obligado al castrismo a vender en dólares y a precio de manjar hasta los productos de baja calidad, que antes llegaban a las pescaderías estatales para paliar el apetito de un pueblo que los recibía esperanzado y con largas filas.
Foto cortesía del autor
Ni pargo ni tilapia consumen los habitantes de la Isla cautiva por un régimen que además prefiere importar, para la venta en moneda libremente convertible (MLC), pescados como el panga, de muy bajo valor nutricional y criado en estanques vietnamitas o en el río Mekong, uno de los más contaminados del mundo. Es incomprensible que habiendo opciones exquisitas y saludables en la plataforma insular cubana, haya que buscar pescado de pobre calidad en el otro lado del mundo.
Foto cortesía del autor
Mientras la dictadura maquilla las ofertas de algunos establecimientos de MERCOMAR, en el mercado negro 2kg de buen pescado cuestan 400 pesos (17 USD al cambio oficial), y uno de camarones 550 pesos (23 USD aproximadamente). Las improvisadas “benevolencias” de estos días buscan resetear a los cubanos y darles razón a los ladinos de izquierda, que no admiten el verdadero motivo del estallido social del 11 de julio. Dondequiera que se paran insisten en que los manifestantes pedían comida y medicinas; pero el mundo sabe que Cuba toda se lanzó a las calles exigiendo lo único que puede terminar con sus penurias: libertad; un reclamo que ninguna migaja podrá debilitar.
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