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Tiendas en MLC: entre acaparadores, coleros y reventas (+video)

Durante los primeros cinco meses de este año un informe de la PNR reveló que en ese lapso se identificaron 136 personas que proponían la venta de productos en las redes sociales. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) se han convertido, a la corta, en un negocio. No precisamente para quienes de vez en vez y con el mayor de los esfuerzos destinan parte del salario para “recargar” su tarjeta magnética y poder adquirir, luego, productos de primera necesidad, por ejemplo, o para muchos de los que reciben asiduamente remesas desde el exterior. Las tiendas en MLC en muchísimos lugares han sido una puerta abierta y, al parecer, sin cerradura por donde se han colado impunemente los coleros, los acaparadores y los revendedores, astillas todos del mismo palo.

Porque no hay que sacar tantas cuentas para advertir que dichos establecimientos son hoy los proveedores de un mercado informal que se ha ido afianzando casi formalmente a ojos vistas y de ganancias que engrosan las arcas de unos pocos a costa de los bolsillos de muchos.

Y sobran los ejemplos o los trapicheos, que no es lo mismo, pero en este caso es igual: listas y más listas durante semanas y hasta meses para intentar adquirir un split o una lavadora; números que se cotizan a 60 USD para poder comprar un refrigerador o pueden costar 2 500 pesos y más si se trata de una nevera; artículos que demoran menos en los anaqueles de las tiendas que en las estanterías virtuales de las distintas redes sociales donde se revenden.

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¿Acaso esas colas tienen inmunidad? ¿Venta regulada o contrabando sin medida? ¿Autoridades de los establecimientos atados de brazos? ¿Se rompe la cadena dependiente-revendedor-mercado negro o se benefician todos los eslabones?

Y no hay que tener doctorado alguno para atar los cabos: lo que se vende a sobreprecio hoy, antes se compró, generalmente, en dichas tiendas. En primer lugar, porque ante las tensiones económicas que ha supuesto para esta isla la pandemia de la COVID-19 —reforzadas, claro está por el bloqueo estadounidense— y dado el desabastecimiento crónico que padecemos, los pocos surtidos que hay van a parar esas unidades.

En segundo lugar, porque se sabe que, aun cuando fueron concebidas únicamente para equipos de alta gama, allí se expende ahora —más por necesidad que por pretensión estatal— desde los fideos hasta la pasta dental. A ello se añade que, pese a que en noviembre pasado directivos de Tiendas Caribe y de la Sucursal Cimex en la provincia aseguraban a Escambray que solo 21 unidades de las tiendas recaudadoras de divisas, de las 180 existentes entre puntos y tiendas, se incorporarían a este tipo de comercio, realmente hoy casi todas las otrora shoppings que quedaban mutaron a esta modalidad de ventas.

Entonces, si son los únicos lugares donde se comercializa lo que no se controla por la Libreta de Abastecimiento —léase pollo, detergente y aceite—; si la mayoría de los establecimientos se dedican a vender en MLC, ¿por dónde le entra el agua al negocio de la reventa y acaparamiento de los productos de primera necesidad? Ojos que no ven…

Quizás por eso, en parte, casi al mismo tiempo los productos pasan del mostrador de los comercios en MLC a los de los distintos grupos de Facebook, WhatsApp o Telegram donde se expenden sin recato alguno: sopas instantáneas a 50 pesos; potes de gel de pelo a 250 pesos; espaguetis a 150 pesos; un pomo de pasta para bocaditos a 270 pesos; estuche de gelatina de un kilogramo a 500 pesos; chupa chupas a 40 pesos; jabones de baño a 65 pesos; paquetes de galletas rellenas de chocolate a 100 pesos; escurridores de platos a 500 pesos… Y todos los productos, por lo menos, se cotizan tres veces por encima de lo que realmente cuesta en la tienda. Pero es la ley del lo compras a sobreprecio o pagas el costo de perder el tiempo y la salud en una cola.

Porque quienes lucran hoy con estos artículos, al menos, son conscientes de par de cosas: no tienen establecimiento alguno que les haga competencia, como tampoco dichas ilegalidades tienen el freno que debieran siempre.

Mas, cierto es que no puede absolutizarse. Los órganos de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en Sancti Spíritus han actuado en varias ocasiones contra quienes incurren en tales conductas delictivas. Durante los primeros cinco meses de este año un informe de la PNR al cual Escambray pudo tener acceso reveló que en ese lapso se identificaron 136 personas que proponían la venta de productos en las redes sociales. “Se actuó contra 118 —explicita el documento—, 83 fueron acusados en denuncias, 28 han sido advertidos y se realizaron siete profilaxis; el resto, 18 casos, no se han podido identificar por la utilización de perfiles falsos”.

Ni todos los cogidos in fraganti son los que se dedican a este contrabandeo ni a todos los coleros y revendedores se les aplica lo que está establecido —por más que se identifiquen de cola en cola—; pero la impunidad, como se ve, también tiene piernas cortas.

Y deberían apretarse todas las clavijas más ahora que la suspensión de los depósitos en efectivo en dólares en las tarjetas magnéticas ha provocado una suerte de cachumbambé: por un lado, la caída estrepitosa en el mercado informal de los billetes verdes contantes y sonantes y, por otro, la subida de los que se compran por transferencia, como mismo ha impulsado la cotización de los euros y otras monedas.

Las tiendas en MLC han sido desde cierta perspectiva un mal necesario para este país: un modo de catalizar nuestra maltrecha economía —como han dicho autoridades y expertos—, una vía para recaudar todo tipo de divisas, una forma de frenar las importaciones de artículos electrodomésticos de alta gama, una válvula de escape… Y seguirán expandiéndose, a lo mejor, pero lo que no puede suceder es que continúe minándonos esa especie de karma: compro, luego revendo.

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