HAVANA CLIMA

Salón de la Fama

Béisbol cubano: la línea dorada desde y hacia la inmortalidad

Las últimas jornadas han estado cargadas de simbolismo para el béisbol cubano. En un plazo de ocho días, los peloteros de la Isla han mostrado al mundo su reluciente rostro, desde las jóvenes promesas, los jugadores consagrados en Grandes Ligas y las figuras inmortales que ya tienen una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown desde este domingo 24 de julio.La cronología comenzó el pasado sábado 16 de julio en el Juego de Futuras Estrellas de MLB que se desarrolló en el Dodgers Stadium de Los Ángeles. Allí, el capitalino Miguel Antonio Vargas, el santiaguero Oscar Luis Colás y el villaclareño Yosver Zulueta salieron al diamante y dejaron pinceladas de su talento.Tres días más tarde, el 19 de julio, Néstor Cortés Jr. fue el único antillano que vio acción en el Juego de Estrellas de Grandes Ligas, un show de luminarias donde el zurdo se robó titulares por su espectacular guante con la bandera cubana y por su rendimiento estelar desde la lomita.  Para sellar una semana de lujo, este domingo 24 de julio fueron exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown dos auténticas leyendas: Orestes Miñoso y Tony Oliva. El primero llegó al templo de inmortales de manera póstuma, tras años y años de espera en vida, mientras Oliva sí ha tenido la oportunidad de pararse frente a su placa en el santuario del béisbol estadounidense.Todos estos hechos se conectan en una especie de ciclo infinito, en el cual no hay manera de determinar el principio y el fin.Tony Oliva: “Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí”Estrellas del futuroYosver Zulueta, Miguel Antonio Vargas y Oscar Luis Colás no desentonaron en su presentación durante el partido de Futuras Estrellas de MLB. El lanzador villaclareño retiró al único bateador que se enfrentó con un pitcheo, el infielder habanero negoció un boleto y anotó una carrera, mientras el versátil jugador santiaguero pegó un indiscutible.Al margen de su rendimiento, lo verdaderamente trascendente es que ellos pasaron a formar parte de un grupo de más de 30 peloteros cubanos que han estado en el Juego de Futuras Estrellas de MLB, surgido en 1999. En este lapso de más de 20 años, grandes promesas de la Isla fueron seleccionadas para el evento y después, en efecto, cumplieron las predicciones y también brillaron en el Big Show.Dannys Báez, Kendrys Morales, Yunieski “Riquimbili” Betancourt, Yunel Escobar, José Fernández, Jorge Soler, Yandy Díaz, Yordan Álvarez, Yoan Moncada, Randy Arozarena o Luis Robert son algunos de los nombres que en su momento se presentaron como talentos del béisbol antillano y luego ascendieron a lo más alto. Muchos de ellos nos dejaron carreras históricas y otros todavía están dando que hablar en las Mayores.Pese a no existir un flujo normalizado de peloteros cubanos rumbo a Estados Unidos, el talento de la Isla ocupa cada vez más espacios en el sistema profesional norteño. Vargas, Colás y Zulueta forman parte de la clase más brillante y avanzada que está cerca de escalar al máximo nivel, pero en realidad son solo la punta del iceberg en una nutrida representación de cientos de jugadores insertados y firmados con distintas organizaciones.Si en la primera década del presente siglo no llegamos a diez peloteros invitados al Juego de Futuras Estrellas, desde el 2011 hasta la fecha ya son más de 20 los que han sido seleccionados para el evento, prueba irrefutable de que estas nuevas generaciones marcarán el camino del béisbol cubano en Grandes Ligas a corto y mediano plazo.Y mientras estos chicos terminan de hornearse, otras estrellas ya establecidas se encargan de mantener en alto el prestigio del deporte nacional en MLB. Néstor Cortés y Yordan Álvarez son dos de esos jugadores excepcionales, ambos seleccionados para el All Star del 2022 luego de completar una primera mitad de temporada en extremo brillante.Por desgracia, una lesión impidió a Yordan mostrar su swing devastador frente a los fanáticos de Los Ángeles, pero sus números no dejan margen a las dudas: estamos frente a un bateador de época. El tunero lidera a todos los jugadores de las Mayores en slugging y OPS, y lleva ritmo para convertirse en el primer cubano de la historia con una temporada de 50 jonrones.Además, con solo 25 años, no es descabellado pensar que Álvarez podría estar castigando a sus rivales al menos por una década. Precisamente, este detalle invita a muchos fanáticos a defender la tesis de que, entre todos los hombres que hoy saltan a los diamantes de MLB, el cubano es uno de los pocos con opciones reales de aspirar a una placa en Salón de la Fama si sostiene su descomunal paso con el madero. Quizás pensar así sea demasiado pretencioso, pero no es algo que incordie al cubano, quien sigue jugando con mucha naturalidad.En el caso de Cortés, ha ido más por debajo del radar, sin el cartel de prospecto destacado. No obstante, la suya es una historia de superación, un rasgo identitario de muchos peloteros cubanos. En cuestión de dos años, el chico del Surgidero de Batabanó ha pasado de ser un lanzador común y corriente en la marea de MLB a convertirse en uno de los mejores abridores de los Yankees, con todo lo que implica estar bajo los focos de Nueva York.Néstor Cortés fue el único cubano que vio acción en el Juego de Estrellas del 2022 en Los Ángeles. Foto: Daniel Shirey/MLB Photos via Getty Images.No fue casualidad su selección al Juego de Estrellas, como tampoco lo ha sido el inning en blanco que logró en el clásico de verano. Con par de ponches resolvió el zurdo su presentación entre los mejores serpentineros de la Liga, algo que solo cinco cubanos habían logrado antes: Camilo Pascual (1961), Mike Cuéllar (1967 y 1971), Luis Tiant (1968), José Fernández (2013) y Aroldis Chapman (2015 y 2019).Por cierto, hay quien se empeña en ubicar a Cortés como estadounidense, porque toda su formación beisbolera se produjo en la Florida. Sin embargo, el tirador siente por Cuba, siente a Cuba bien cerca, como demostró al llevar la enseña nacional en su guante durante el All Star. Ahora que se habla tanto de convocatoria para el Clásico Mundial, habría que ver cuál argumento utilizará la Federación Cubana si a la postre no lo llama a sus filas.El punto de partidaEn la parte baja de la avenida Susquehanna, a una milla del Museo del Salón de la Fama, los cubanos Orestes Miñoso y Tony Oliva fueron exaltados como inmortales de las Grandes Ligas este domingo 24 de julio. Allí, en las afueras del Clark Sports Center, se vivió un momento histórico para el béisbol cubano, que sumó dos nuevas placas en Cooperstown tras las de los jugadores Martín Dihigo, Tany Pérez, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez, el ejecutivo Alex Pompez y el periodista Rafael «Felo» Ramírez.Miñoso, fallecido en el 2015, no estuvo físicamente, pero su legado nos garantiza su presencia eterna. “Fue un dios. Para nosotros, era un dios. El nombre de Minnie en Cuba es algo muy, muy grande. En lo particular, me siento bendecido por haberlo conocido y pasar tiempo con él, porque es un tremendo ser humano. Un dios”, dijo recientemente sobre Mr. White Sox el estelar José Abreu, uno de los más fieles continuadores de su gesta en Chicago.La tardía inmortalidad de Orestes MiñosoMiñoso construyó el camino para que cientos de peloteros latinos tuvieran la oportunidad de mostrar su talento y brillar en el mejor béisbol del mundo, algo impensado a mediados del siglo pasado. Quizás por eso, por conocer al pie de la letra la magnitud de su legado, es que cuesta tanto entender por qué demoraron tanto en abrirle un espacio en el Salón de la Fama de Cooperstown, templo al que pertenece y al que debió entrar en vida.“Miñoso tocó muchas vidas porque jugó en una era bien fuerte, de mucha exigencia. Yo no lo vi jugar en ese tiempo, pero recuerdo que escuchaba los partidos por la radio y tenía hasta una canción dedicada a él: «Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila cha cha chá». Ese coro no se me olvida. Era un ídolo para todos nosotros”, nos dijo Tony Oliva hace unos meses. «Tuve la oportunidad de conocerlo aquí en Estados Unidos y de compartir con él varias veces. Siempre pensé que iba a entrar antes en el Salón de la Fama por su calidad como pelotero y porque fue y es una inspiración. Rompió la barrera racial para los peloteros latinos y de qué manera, como un gran pelotero. Yo digo que, entre todas las estrellas de esa época, Miñoso merece el doble de reconocimiento, porque soportó las humillaciones a las que eran sometidos los negros y brilló en el terreno», abundó Oliva, quien ahora acompañará a uno de sus ídolos en Cooperstown.Si se quiere, la exaltación de Tony, leyenda de los Minnesota Reina, también ha demorado. El pinareño quedó a un voto de la elección en el 2015, cuando lo invadió un sentimiento de decepción. Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante“He tenido la oportunidad de estar aquí en Cooperstown muchas veces para las inducciones de Paul Molitor, Kirby Puckett, Rod Carew, Orlando Cepeda, muchos, muchos más. Pero la última vez que vine, dije que la única manera de volver a Cooperstown es si me elegían para el Salón de la Fama. De lo contrario, no volvería nunca más”, ha dicho recientemente Oliva, a quien afortunadamente le ha llegado su hora.  La exaltación de Oliva pudiéramos verla como el ascenso definitivo a la cumbre, el cierre que todos buscan tras una carrera gloriosa. Sin embargo, prefiero quedarme con la idea de que hechos de este tipo, en realidad, son un punto de partida, una inspiración.Una visión similar nos dió José Ariel Contreras cuando le preguntamos si se consideraba un precursor de la explosión de peloteros cubanos en MLB durante la última década. Ante esa interrogante, el otrora estelar serpentinero nos dijo que las glorias del pasado fueron quienes realmente abrieron el camino -tanto dentro como fuera del terreno- para todo lo que tenemos hoy.«Cuando hablo de esto siempre me refiero a Minnie Miñoso, a Luis Tiant, a Tony Oliva, a Barbarito Garbey y más para acá a René Arocha», nos comentó Contreras, agradecido por el legado de estas estrellas, que son patrimonio de la nación.Tony Oliva (al centro) con los inmortales Iván «Pudge» Rodríguez (izq.) y Mariano Rivera (der.). Foto: Jean Fruth/La Vida Baseball.

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Béisbol cubano: la línea dorada desde y hacia la inmortalidad

Las últimas jornadas han estado cargadas de simbolismo para el béisbol cubano. En un plazo de ocho días, los peloteros de la Isla han mostrado al mundo su reluciente rostro, desde las jóvenes promesas, los jugadores consagrados en Grandes Ligas y las figuras inmortales que ya tienen una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown desde este domingo 24 de julio.La cronología comenzó el pasado sábado 16 de julio en el Juego de Futuras Estrellas de MLB que se desarrolló en el Dodgers Stadium de Los Ángeles. Allí, el capitalino Miguel Antonio Vargas, el santiaguero Oscar Luis Colás y el villaclareño Yosver Zulueta salieron al diamante y dejaron pinceladas de su talento.Tres días más tarde, el 19 de julio, Néstor Cortés Jr. fue el único antillano que vio acción en el Juego de Estrellas de Grandes Ligas, un show de luminarias donde el zurdo se robó titulares por su espectacular guante con la bandera cubana y por su rendimiento estelar desde la lomita.  Para sellar una semana de lujo, este domingo 24 de julio fueron exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown dos auténticas leyendas: Orestes Miñoso y Tony Oliva. El primero llegó al templo de inmortales de manera póstuma, tras años y años de espera en vida, mientras Oliva sí ha tenido la oportunidad de pararse frente a su placa en el santuario del béisbol estadounidense.Todos estos hechos se conectan en una especie de ciclo infinito, en el cual no hay manera de determinar el principio y el fin.Tony Oliva: “Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí”Estrellas del futuroYosver Zulueta, Miguel Antonio Vargas y Oscar Luis Colás no desentonaron en su presentación durante el partido de Futuras Estrellas de MLB. El lanzador villaclareño retiró al único bateador que se enfrentó con un pitcheo, el infielder habanero negoció un boleto y anotó una carrera, mientras el versátil jugador santiaguero pegó un indiscutible.Al margen de su rendimiento, lo verdaderamente trascendente es que ellos pasaron a formar parte de un grupo de más de 30 peloteros cubanos que han estado en el Juego de Futuras Estrellas de MLB, surgido en 1999. En este lapso de más de 20 años, grandes promesas de la Isla fueron seleccionadas para el evento y después, en efecto, cumplieron las predicciones y también brillaron en el Big Show.Dannys Báez, Kendrys Morales, Yunieski “Riquimbili” Betancourt, Yunel Escobar, José Fernández, Jorge Soler, Yandy Díaz, Yordan Álvarez, Yoan Moncada, Randy Arozarena o Luis Robert son algunos de los nombres que en su momento se presentaron como talentos del béisbol antillano y luego ascendieron a lo más alto. Muchos de ellos nos dejaron carreras históricas y otros todavía están dando que hablar en las Mayores.Pese a no existir un flujo normalizado de peloteros cubanos rumbo a Estados Unidos, el talento de la Isla ocupa cada vez más espacios en el sistema profesional norteño. Vargas, Colás y Zulueta forman parte de la clase más brillante y avanzada que está cerca de escalar al máximo nivel, pero en realidad son solo la punta del iceberg en una nutrida representación de cientos de jugadores insertados y firmados con distintas organizaciones.Si en la primera década del presente siglo no llegamos a diez peloteros invitados al Juego de Futuras Estrellas, desde el 2011 hasta la fecha ya son más de 20 los que han sido seleccionados para el evento, prueba irrefutable de que estas nuevas generaciones marcarán el camino del béisbol cubano en Grandes Ligas a corto y mediano plazo.Y mientras estos chicos terminan de hornearse, otras estrellas ya establecidas se encargan de mantener en alto el prestigio del deporte nacional en MLB. Néstor Cortés y Yordan Álvarez son dos de esos jugadores excepcionales, ambos seleccionados para el All Star del 2022 luego de completar una primera mitad de temporada en extremo brillante.Por desgracia, una lesión impidió a Yordan mostrar su swing devastador frente a los fanáticos de Los Ángeles, pero sus números no dejan margen a las dudas: estamos frente a un bateador de época. El tunero lidera a todos los jugadores de las Mayores en slugging y OPS, y lleva ritmo para convertirse en el primer cubano de la historia con una temporada de 50 jonrones.Además, con solo 25 años, no es descabellado pensar que Álvarez podría estar castigando a sus rivales al menos por una década. Precisamente, este detalle invita a muchos fanáticos a defender la tesis de que, entre todos los hombres que hoy saltan a los diamantes de MLB, el cubano es uno de los pocos con opciones reales de aspirar a una placa en Salón de la Fama si sostiene su descomunal paso con el madero. Quizás pensar así sea demasiado pretencioso, pero no es algo que incordie al cubano, quien sigue jugando con mucha naturalidad.En el caso de Cortés, ha ido más por debajo del radar, sin el cartel de prospecto destacado. No obstante, la suya es una historia de superación, un rasgo identitario de muchos peloteros cubanos. En cuestión de dos años, el chico del Surgidero de Batabanó ha pasado de ser un lanzador común y corriente en la marea de MLB a convertirse en uno de los mejores abridores de los Yankees, con todo lo que implica estar bajo los focos de Nueva York.Néstor Cortés fue el único cubano que vio acción en el Juego de Estrellas del 2022 en Los Ángeles. Foto: Daniel Shirey/MLB Photos via Getty Images.No fue casualidad su selección al Juego de Estrellas, como tampoco lo ha sido el inning en blanco que logró en el clásico de verano. Con par de ponches resolvió el zurdo su presentación entre los mejores serpentineros de la Liga, algo que solo cinco cubanos habían logrado antes: Camilo Pascual (1961), Mike Cuéllar (1967 y 1971), Luis Tiant (1968), José Fernández (2013) y Aroldis Chapman (2015 y 2019).Por cierto, hay quien se empeña en ubicar a Cortés como estadounidense, porque toda su formación beisbolera se produjo en la Florida. Sin embargo, el tirador siente por Cuba, siente a Cuba bien cerca, como demostró al llevar la enseña nacional en su guante durante el All Star. Ahora que se habla tanto de convocatoria para el Clásico Mundial, habría que ver cuál argumento utilizará la Federación Cubana si a la postre no lo llama a sus filas.El punto de partidaEn la parte baja de la avenida Susquehanna, a una milla del Museo del Salón de la Fama, los cubanos Orestes Miñoso y Tony Oliva fueron exaltados como inmortales de las Grandes Ligas este domingo 24 de julio. Allí, en las afueras del Clark Sports Center, se vivió un momento histórico para el béisbol cubano, que sumó dos nuevas placas en Cooperstown tras las de los jugadores Martín Dihigo, Tany Pérez, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez, el ejecutivo Alex Pompez y el periodista Rafael «Felo» Ramírez.Miñoso, fallecido en el 2015, no estuvo físicamente, pero su legado nos garantiza su presencia eterna. “Fue un dios. Para nosotros, era un dios. El nombre de Minnie en Cuba es algo muy, muy grande. En lo particular, me siento bendecido por haberlo conocido y pasar tiempo con él, porque es un tremendo ser humano. Un dios”, dijo recientemente sobre Mr. White Sox el estelar José Abreu, uno de los más fieles continuadores de su gesta en Chicago.La tardía inmortalidad de Orestes MiñosoMiñoso construyó el camino para que cientos de peloteros latinos tuvieran la oportunidad de mostrar su talento y brillar en el mejor béisbol del mundo, algo impensado a mediados del siglo pasado. Quizás por eso, por conocer al pie de la letra la magnitud de su legado, es que cuesta tanto entender por qué demoraron tanto en abrirle un espacio en el Salón de la Fama de Cooperstown, templo al que pertenece y al que debió entrar en vida.“Miñoso tocó muchas vidas porque jugó en una era bien fuerte, de mucha exigencia. Yo no lo vi jugar en ese tiempo, pero recuerdo que escuchaba los partidos por la radio y tenía hasta una canción dedicada a él: «Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila cha cha chá». Ese coro no se me olvida. Era un ídolo para todos nosotros”, nos dijo Tony Oliva hace unos meses. «Tuve la oportunidad de conocerlo aquí en Estados Unidos y de compartir con él varias veces. Siempre pensé que iba a entrar antes en el Salón de la Fama por su calidad como pelotero y porque fue y es una inspiración. Rompió la barrera racial para los peloteros latinos y de qué manera, como un gran pelotero. Yo digo que, entre todas las estrellas de esa época, Miñoso merece el doble de reconocimiento, porque soportó las humillaciones a las que eran sometidos los negros y brilló en el terreno», abundó Oliva, quien ahora acompañará a uno de sus ídolos en Cooperstown.Si se quiere, la exaltación de Tony, leyenda de los Minnesota Reina, también ha demorado. El pinareño quedó a un voto de la elección en el 2015, cuando lo invadió un sentimiento de decepción. Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante“He tenido la oportunidad de estar aquí en Cooperstown muchas veces para las inducciones de Paul Molitor, Kirby Puckett, Rod Carew, Orlando Cepeda, muchos, muchos más. Pero la última vez que vine, dije que la única manera de volver a Cooperstown es si me elegían para el Salón de la Fama. De lo contrario, no volvería nunca más”, ha dicho recientemente Oliva, a quien afortunadamente le ha llegado su hora.  La exaltación de Oliva pudiéramos verla como el ascenso definitivo a la cumbre, el cierre que todos buscan tras una carrera gloriosa. Sin embargo, prefiero quedarme con la idea de que hechos de este tipo, en realidad, son un punto de partida, una inspiración.Una visión similar nos dió José Ariel Contreras cuando le preguntamos si se consideraba un precursor de la explosión de peloteros cubanos en MLB durante la última década. Ante esa interrogante, el otrora estelar serpentinero nos dijo que las glorias del pasado fueron quienes realmente abrieron el camino -tanto dentro como fuera del terreno- para todo lo que tenemos hoy.«Cuando hablo de esto siempre me refiero a Minnie Miñoso, a Luis Tiant, a Tony Oliva, a Barbarito Garbey y más para acá a René Arocha», nos comentó Contreras, agradecido por el legado de estas estrellas, que son patrimonio de la nación.Tony Oliva (al centro) con los inmortales Iván «Pudge» Rodríguez (izq.) y Mariano Rivera (der.). Foto: Jean Fruth/La Vida Baseball.

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Béisbol cubano: la línea dorada desde y hacia la inmortalidad

Las últimas jornadas han estado cargadas de simbolismo para el béisbol cubano. En un plazo de ocho días, los peloteros de la Isla han mostrado al mundo su reluciente rostro, desde las jóvenes promesas, los jugadores consagrados en Grandes Ligas y las figuras inmortales que ya tienen una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown desde este domingo 24 de julio.La cronología comenzó el pasado sábado 16 de julio en el Juego de Futuras Estrellas de MLB que se desarrolló en el Dodgers Stadium de Los Ángeles. Allí, el capitalino Miguel Antonio Vargas, el santiaguero Oscar Luis Colás y el villaclareño Yosver Zulueta salieron al diamante y dejaron pinceladas de su talento.Tres días más tarde, el 19 de julio, Néstor Cortés Jr. fue el único antillano que vio acción en el Juego de Estrellas de Grandes Ligas, un show de luminarias donde el zurdo se robó titulares por su espectacular guante con la bandera cubana y por su rendimiento estelar desde la lomita.  Para sellar una semana de lujo, este domingo 24 de julio fueron exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown dos auténticas leyendas: Orestes Miñoso y Tony Oliva. El primero llegó al templo de inmortales de manera póstuma, tras años y años de espera en vida, mientras Oliva sí ha tenido la oportunidad de pararse frente a su placa en el santuario del béisbol estadounidense.Todos estos hechos se conectan en una especie de ciclo infinito, en el cual no hay manera de determinar el principio y el fin.Tony Oliva: “Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí”Estrellas del futuroYosver Zulueta, Miguel Antonio Vargas y Oscar Luis Colás no desentonaron en su presentación durante el partido de Futuras Estrellas de MLB. El lanzador villaclareño retiró al único bateador que se enfrentó con un pitcheo, el infielder habanero negoció un boleto y anotó una carrera, mientras el versátil jugador santiaguero pegó un indiscutible.Al margen de su rendimiento, lo verdaderamente trascendente es que ellos pasaron a formar parte de un grupo de más de 30 peloteros cubanos que han estado en el Juego de Futuras Estrellas de MLB, surgido en 1999. En este lapso de más de 20 años, grandes promesas de la Isla fueron seleccionadas para el evento y después, en efecto, cumplieron las predicciones y también brillaron en el Big Show.Dannys Báez, Kendrys Morales, Yunieski “Riquimbili” Betancourt, Yunel Escobar, José Fernández, Jorge Soler, Yandy Díaz, Yordan Álvarez, Yoan Moncada, Randy Arozarena o Luis Robert son algunos de los nombres que en su momento se presentaron como talentos del béisbol antillano y luego ascendieron a lo más alto. Muchos de ellos nos dejaron carreras históricas y otros todavía están dando que hablar en las Mayores.Pese a no existir un flujo normalizado de peloteros cubanos rumbo a Estados Unidos, el talento de la Isla ocupa cada vez más espacios en el sistema profesional norteño. Vargas, Colás y Zulueta forman parte de la clase más brillante y avanzada que está cerca de escalar al máximo nivel, pero en realidad son solo la punta del iceberg en una nutrida representación de cientos de jugadores insertados y firmados con distintas organizaciones.Si en la primera década del presente siglo no llegamos a diez peloteros invitados al Juego de Futuras Estrellas, desde el 2011 hasta la fecha ya son más de 20 los que han sido seleccionados para el evento, prueba irrefutable de que estas nuevas generaciones marcarán el camino del béisbol cubano en Grandes Ligas a corto y mediano plazo.Y mientras estos chicos terminan de hornearse, otras estrellas ya establecidas se encargan de mantener en alto el prestigio del deporte nacional en MLB. Néstor Cortés y Yordan Álvarez son dos de esos jugadores excepcionales, ambos seleccionados para el All Star del 2022 luego de completar una primera mitad de temporada en extremo brillante.Por desgracia, una lesión impidió a Yordan mostrar su swing devastador frente a los fanáticos de Los Ángeles, pero sus números no dejan margen a las dudas: estamos frente a un bateador de época. El tunero lidera a todos los jugadores de las Mayores en slugging y OPS, y lleva ritmo para convertirse en el primer cubano de la historia con una temporada de 50 jonrones.Además, con solo 25 años, no es descabellado pensar que Álvarez podría estar castigando a sus rivales al menos por una década. Precisamente, este detalle invita a muchos fanáticos a defender la tesis de que, entre todos los hombres que hoy saltan a los diamantes de MLB, el cubano es uno de los pocos con opciones reales de aspirar a una placa en Salón de la Fama si sostiene su descomunal paso con el madero. Quizás pensar así sea demasiado pretencioso, pero no es algo que incordie al cubano, quien sigue jugando con mucha naturalidad.En el caso de Cortés, ha ido más por debajo del radar, sin el cartel de prospecto destacado. No obstante, la suya es una historia de superación, un rasgo identitario de muchos peloteros cubanos. En cuestión de dos años, el chico del Surgidero de Batabanó ha pasado de ser un lanzador común y corriente en la marea de MLB a convertirse en uno de los mejores abridores de los Yankees, con todo lo que implica estar bajo los focos de Nueva York.Néstor Cortés fue el único cubano que vio acción en el Juego de Estrellas del 2022 en Los Ángeles. Foto: Daniel Shirey/MLB Photos via Getty Images.No fue casualidad su selección al Juego de Estrellas, como tampoco lo ha sido el inning en blanco que logró en el clásico de verano. Con par de ponches resolvió el zurdo su presentación entre los mejores serpentineros de la Liga, algo que solo cinco cubanos habían logrado antes: Camilo Pascual (1961), Mike Cuéllar (1967 y 1971), Luis Tiant (1968), José Fernández (2013) y Aroldis Chapman (2015 y 2019).Por cierto, hay quien se empeña en ubicar a Cortés como estadounidense, porque toda su formación beisbolera se produjo en la Florida. Sin embargo, el tirador siente por Cuba, siente a Cuba bien cerca, como demostró al llevar la enseña nacional en su guante durante el All Star. Ahora que se habla tanto de convocatoria para el Clásico Mundial, habría que ver cuál argumento utilizará la Federación Cubana si a la postre no lo llama a sus filas.El punto de partidaEn la parte baja de la avenida Susquehanna, a una milla del Museo del Salón de la Fama, los cubanos Orestes Miñoso y Tony Oliva fueron exaltados como inmortales de las Grandes Ligas este domingo 24 de julio. Allí, en las afueras del Clark Sports Center, se vivió un momento histórico para el béisbol cubano, que sumó dos nuevas placas en Cooperstown tras las de los jugadores Martín Dihigo, Tany Pérez, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez, el ejecutivo Alex Pompez y el periodista Rafael «Felo» Ramírez.Miñoso, fallecido en el 2015, no estuvo físicamente, pero su legado nos garantiza su presencia eterna. “Fue un dios. Para nosotros, era un dios. El nombre de Minnie en Cuba es algo muy, muy grande. En lo particular, me siento bendecido por haberlo conocido y pasar tiempo con él, porque es un tremendo ser humano. Un dios”, dijo recientemente sobre Mr. White Sox el estelar José Abreu, uno de los más fieles continuadores de su gesta en Chicago.La tardía inmortalidad de Orestes MiñosoMiñoso construyó el camino para que cientos de peloteros latinos tuvieran la oportunidad de mostrar su talento y brillar en el mejor béisbol del mundo, algo impensado a mediados del siglo pasado. Quizás por eso, por conocer al pie de la letra la magnitud de su legado, es que cuesta tanto entender por qué demoraron tanto en abrirle un espacio en el Salón de la Fama de Cooperstown, templo al que pertenece y al que debió entrar en vida.“Miñoso tocó muchas vidas porque jugó en una era bien fuerte, de mucha exigencia. Yo no lo vi jugar en ese tiempo, pero recuerdo que escuchaba los partidos por la radio y tenía hasta una canción dedicada a él: «Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila cha cha chá». Ese coro no se me olvida. Era un ídolo para todos nosotros”, nos dijo Tony Oliva hace unos meses. «Tuve la oportunidad de conocerlo aquí en Estados Unidos y de compartir con él varias veces. Siempre pensé que iba a entrar antes en el Salón de la Fama por su calidad como pelotero y porque fue y es una inspiración. Rompió la barrera racial para los peloteros latinos y de qué manera, como un gran pelotero. Yo digo que, entre todas las estrellas de esa época, Miñoso merece el doble de reconocimiento, porque soportó las humillaciones a las que eran sometidos los negros y brilló en el terreno», abundó Oliva, quien ahora acompañará a uno de sus ídolos en Cooperstown.Si se quiere, la exaltación de Tony, leyenda de los Minnesota Reina, también ha demorado. El pinareño quedó a un voto de la elección en el 2015, cuando lo invadió un sentimiento de decepción. Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante“He tenido la oportunidad de estar aquí en Cooperstown muchas veces para las inducciones de Paul Molitor, Kirby Puckett, Rod Carew, Orlando Cepeda, muchos, muchos más. Pero la última vez que vine, dije que la única manera de volver a Cooperstown es si me elegían para el Salón de la Fama. De lo contrario, no volvería nunca más”, ha dicho recientemente Oliva, a quien afortunadamente le ha llegado su hora.  La exaltación de Oliva pudiéramos verla como el ascenso definitivo a la cumbre, el cierre que todos buscan tras una carrera gloriosa. Sin embargo, prefiero quedarme con la idea de que hechos de este tipo, en realidad, son un punto de partida, una inspiración.Una visión similar nos dió José Ariel Contreras cuando le preguntamos si se consideraba un precursor de la explosión de peloteros cubanos en MLB durante la última década. Ante esa interrogante, el otrora estelar serpentinero nos dijo que las glorias del pasado fueron quienes realmente abrieron el camino -tanto dentro como fuera del terreno- para todo lo que tenemos hoy.«Cuando hablo de esto siempre me refiero a Minnie Miñoso, a Luis Tiant, a Tony Oliva, a Barbarito Garbey y más para acá a René Arocha», nos comentó Contreras, agradecido por el legado de estas estrellas, que son patrimonio de la nación.Tony Oliva (al centro) con los inmortales Iván «Pudge» Rodríguez (izq.) y Mariano Rivera (der.). Foto: Jean Fruth/La Vida Baseball.

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Cubano Leonardo Cárdenas exaltado al Salón de la Fama del sóftbol mundial

El cubano Leonardo Cárdenas fue exaltado este lunes al Salón de la Fama del sóftbol durante el congreso de la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol (WBSC, por sus siglas en inglés) que se celebra por estos días en Taipéi de China.El actual director de la selección masculina cubana es toda una leyenda en el sóftbol y para muchos ha sido el mejor campo corto de este deporte en el país, refiere una nota publicada en el sitio digital Jit.Cárdenas, quien nació en la localidad villaclareña de Caibarién, integró durante más de dos décadas el equipo nacional de su deporte, del que fue capitán y con el que logró importantes resultados, entre ellos el cuarto lugar en el Campeonato Mundial de 1988, celebrado en Canadá.Se mantuvo activo hasta el año 2004 y desde el año 2017 tomó las riendas de la principal escuadra masculina en la Isla, a la que condujo a la clasificación al venidero Campeonato Mundial. Además, conquistó el tercer escaño en el certamen continental celebrado a finales del pasado mes de abril en la ciudad argentina de Paraná.Muchas felicidades para Cárdenas, quien ha dejado su impronta sobre los terrenos de Softbol. #CubaViveyVence https://t.co/iUidA0pvtv— Juan Reinaldo FCB (@JuanReinaldoPer) July 5, 2022Desde que comenzaron las exaltaciones al Salón de la Fama del sóftbol en 1983, varios cubanos han merecido ese reconocimiento en varias categorías. Como jugadores fueron incluidos Jesús Echarte y Luisa Medina en 2013, cuando también recibió el honor Armando Acosta, en el apartado de Administradores.Según el recuento del sitio web de la WBSC, en la categoría de entrenadores el mérito también lo ostentan Blas Armando Aguilar (2005) e Indalecio Alejandrez Mesa (2015). Entre las demás noticias que dejó el congreso de la WBSC en tierras asiáticas estuvo la reelección del italiano Ricardo Fraccari al frente del organismo por un período que concluirá en el año 2028. New WBSC Executive BoardPresident: Riccardo Fraccari (ITA)Secretary General: Beng Choo Low (MAS)Treasurer: Angelo Vicini (SMR)Members at Large ⚾️: Paul Seiler (USA), Ron Finlay (AUS)Members at Large 🥎: Taeko Utsugi (JPN), Gabriel Waage (CZE)https://t.co/zw6fhQfyc0— WBSC ⚾🥎 (@WBSC) July 5, 2022Fraccari superó con los 100 votos recibidos al también aspirante al cargo, el francés Didier Seminet, quien recibió 43. Los delegados votantes ascendieron a 144 y la mayoría requerida era de 73, de acuerdo con los reportes del evento.También fue confirmado como Secretario General el malayo Beng Choo Low, y el cargo de Tesorero lo desempeñará Angelo Vicini, de San Marino. 

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Cubano Leonardo Cárdenas exaltado al Salón de la Fama del sóftbol mundial

El cubano Leonardo Cárdenas fue exaltado este lunes al Salón de la Fama del sóftbol durante el congreso de la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol (WBSC, por sus siglas en inglés) que se celebra por estos días en Taipéi de China.El actual director de la selección masculina cubana es toda una leyenda en el sóftbol y para muchos ha sido el mejor campo corto de este deporte en el país, refiere una nota publicada en el sitio digital Jit.Cárdenas, quien nació en la localidad villaclareña de Caibarién, integró durante más de dos décadas el equipo nacional de su deporte, del que fue capitán y con el que logró importantes resultados, entre ellos el cuarto lugar en el Campeonato Mundial de 1988, celebrado en Canadá.Se mantuvo activo hasta el año 2004 y desde el año 2017 tomó las riendas de la principal escuadra masculina en la Isla, a la que condujo a la clasificación al venidero Campeonato Mundial. Además, conquistó el tercer escaño en el certamen continental celebrado a finales del pasado mes de abril en la ciudad argentina de Paraná.Muchas felicidades para Cárdenas, quien ha dejado su impronta sobre los terrenos de Softbol. #CubaViveyVence https://t.co/iUidA0pvtv— Juan Reinaldo FCB (@JuanReinaldoPer) July 5, 2022Desde que comenzaron las exaltaciones al Salón de la Fama del sóftbol en 1983, varios cubanos han merecido ese reconocimiento en varias categorías. Como jugadores fueron incluidos Jesús Echarte y Luisa Medina en 2013, cuando también recibió el honor Armando Acosta, en el apartado de Administradores.Según el recuento del sitio web de la WBSC, en la categoría de entrenadores el mérito también lo ostentan Blas Armando Aguilar (2005) e Indalecio Alejandrez Mesa (2015). Entre las demás noticias que dejó el congreso de la WBSC en tierras asiáticas estuvo la reelección del italiano Ricardo Fraccari al frente del organismo por un período que concluirá en el año 2028. New WBSC Executive BoardPresident: Riccardo Fraccari (ITA)Secretary General: Beng Choo Low (MAS)Treasurer: Angelo Vicini (SMR)Members at Large ⚾️: Paul Seiler (USA), Ron Finlay (AUS)Members at Large 🥎: Taeko Utsugi (JPN), Gabriel Waage (CZE)https://t.co/zw6fhQfyc0— WBSC ⚾🥎 (@WBSC) July 5, 2022Fraccari superó con los 100 votos recibidos al también aspirante al cargo, el francés Didier Seminet, quien recibió 43. Los delegados votantes ascendieron a 144 y la mayoría requerida era de 73, de acuerdo con los reportes del evento.También fue confirmado como Secretario General el malayo Beng Choo Low, y el cargo de Tesorero lo desempeñará Angelo Vicini, de San Marino. 

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Béisbol: Armando Capiró participa en su exaltación al Salón de la Fama en Matanzas

El ex destacado pelotero cubano Armando Capiró participó este jueves en su exaltación al Salón de la Fama Palmar de Junco, en la occidental provincia de Matanzas, según informan medios oficiales de la Isla.Capiró, de 74 años, había seleccionado junto a otros tres ex atletas para entrar en este Salón de Inmortales en el actual año, pero se vio imposibilitado de asistir a la ceremonia oficial, realizada el pasado 21 de febrero, escenificada en el propio histórico parque de béisbol, Monumento Nacional, de acuerdo con la Agencia Cubana de Noticias (ACN).Armando Capiró y Rogelio García entre los exaltados al Salón de la Fama del béisbol en Matanzas«Lo esencial lo conseguí durante mi trayectoria deportiva, creo haber logrado algunos de los resultados más importantes a los cuales un pelotero puede aspirar», declaró esta gloria del béisbol cubano al medio poco después de la ceremonia.El slugger, primero en la historia del béisbol invernal cubano que pegó más de 20 jonrones en una contienda y también en arribar a la cifra de 100, le dijo a la ACN «que vive horas felices, de mucho entusiasmo por acceder a un sitial de tan alto honor, reservado solo para unos pocos».Luego del breve pero emotivo acto, en el cual se revivieron grandes momentos de su vida y trayectoria, el ex jugador capitalino compartió anécdotas con otras figuras de renombre de este deporte como Félix Isasi, Evelio Hernández y Fernando Sánchez, entre otros, refiere la agencia.«Recuerdo al Palmar del Junco de la época en que integré la llamada Tanda del Terror capitalina, en los años 60, los enconados duelos con equipos locales y la característica del estadio, donde la bola caminaba más por la zona del right-center field», dijo Capiró citado por la ACN.En los últimos tiempos Capiró ha experimentado problemas de salud que han limitado su movilidad. Debido a sus incuestionables méritos fue incluido en la sexta exaltación del Salón de la Fama del béisbol matancero junto a otros destacados peloteros cubanos como Rogelio García, Mariano Álvarez y Andrés Antonio «El Haitiano» González.En la exaltación de estos jugadores también se sumaron Pedro José Rodríguez, Julio Germán Fernández, Zoilo Versalles y Roberto Barbón, elegidos en 2020, cuando no se pudo realizar la ceremonia debido a las limitaciones impuestas por la pandemia de la COVID-19 en el país.Recuerda la ACN que hasta la fecha, aparecen exaltados más de 60 glorias del béisbol en la mayor de las Antillas en el reciento ubicado en las instalaciones del estadio de béisbol más añejo en activo del mundo -según la literatura especializada-, entre ellos Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Orestes Miñoso.Antes del surgimiento del Salón de la Fama en el Palmar de Junco, existió en Cuba un recinto similar para el béisbol cubano, que fue establecido el 21 de octubre de 1939 y realizó exaltaciones hasta 1960. En 2014 se relanzó su refundación con la selección de 10 nuevos miembros, pero el proyecto fue congelado poco después por la Comisión Nacional de Béisbol (CNB).Otro swing al aire del béisbol cubanoYovani Aragón, por entonces al frente de la CNB, reconoció a OnCuba que el Salón de la Fama era «una asignatura pendiente» y dijo que debían perfeccionarse sus mecanismos «desde el punto de vista institucional, de modo que el Salón de la Fama no esté en el aire, sin un orden y sin respaldo jurídico».Sin embargo, hasta el momento los atletas, especialistas y aficionados del béisbol cubano continúan esperando que el Salón reabra sus puertas, mientras ni el Inder, la Federación Cubana de Béisbol o la CNB, se han vuelto a pronunciar al respecto. Ante este silencio, el del Palmar de Junco ha continuado haciendo justicia desde Matanzas a los inmortales del béisbol de ese territorio y de toda la nación.

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Cooperstown y el debate sobre los que no llegan

Desde hace algún tiempo una afirmación se vuelve viral en las redes sociales al inicio de cada año: “ni el rey del jit, ni el rey del jonrón, ni el lanzador que más veces ha ganado el premio Cy Young en la historia de las Grandes Ligas están en el Salón de la Fama de Cooperstown”.
No es casualidad que enero sea la fecha marcada en el calendario para recordar que Pete Rose, Barry Bonds y Roger Clemens, tres de los peloteros más influyentes en la historia del juego, no tienen espacio reservado en el templo de inmortales del deporte de las bolas y los strikes en Estados Unidos por errores graves que cometieron en distintos puntos de sus carreras.
Justamente, en esta época del año la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA por sus siglas en inglés) da a conocer los resultados de las votaciones emitidas por más de 400 especialistas encargados de seleccionar a los nuevos miembros del Salón de la Fama, listado en el que Bonds, Clemens y Rose brillan por su ausencia pese a sus monstruosos dividendos estadísticos cosechados en los diamantes.
Bonds, por ejemplo, ganó siete veces el premio de Jugador Más Valioso, ocho Guantes de Oro, 12 Bates de Plata, además de conquistar dos títulos de bateo e inscribir su nombre en 14 Juegos de Estrellas durante una carrera de 22 temporadas en las Mayores. El mítico dorsal 25 de los San Francisco Giants, por si fuera poco, es el líder histórico en jonrones (762) y boletos (2558).
Clemens, por su parte, brilló como un lanzador excepcional, con más de 300 victorias, siete premios Cy Young y 11 participaciones en el Juego de Estrellas. “The Rocket”, el mote que se ganó por su impresionante desempeño en la lomita, fue siete veces puntero en promedio de carreras limpias, cinco en ponches propinados y ganó en dos ocasiones la Triple Corona de pitcheo.
Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante

La misma línea se puede seguir con Sammy Sosa, Mark McGwire o los cubanos Rafael Palmeiro y José Canseco, así como otros jugadores que, a golpe de jonrones, arrastraron a millones de fanáticos a los estadios en un momento de crisis para el béisbol en la década del 90 del siglo pasado. Las cifras de estos peloteros se convirtieron en un show mediático de enorme alcance, pero Cooperstown es un santuario, no un simple almacén de números.
Quizás gracias a esa visión, ninguno de los mencionados superó el exigente escrutinio de los votantes de la BBWAA y quedaron lejos de obtener el 75 % del apoyo necesario para entrar en el Salón de la Fama. Tras diez años en las boletas de elección, ya no tendrán más opciones de ser exaltados al templo de inmortales del béisbol por la vía convencional, y deberán esperar por el favor de los Comités Especiales.
Quizás parezca un castigo excesivo, pero Bonds, Clemens, Sosa, McGwire, Palmeiro y un largo etcétera tuvieron vínculos marcados al consumo de sustancias para mejorar el rendimiento, particularmente en los últimos años de sus carreras, cuando se burlaron del paso del tiempo y lograron temporadas extraordinarias, con liderazgos y récords rutilantes que todavía hoy encandilan la vista de los fanáticos.
Su mayor coartada o defensa se basa en que ninguna ley les impedía el consumo de anabólicos, pues no existía ni siquiera una política antidoping en MLB, organización que, en medio de una crisis de credibilidad y popularidad, miró hacia otro lado y se benefició abiertamente del espectáculo que montaban esos peloteros. Nada se hizo en aquel momento, a pesar de que había suficientes sospechas y rumores para sentarse a investigar lo que sucedía tras las puertas de los camerinos.
Los medios y muchos de los escritores de la BBWAA que hoy condenan a Bonds y compañía, tampoco cuestionaron demasiado el fenómeno porque vender portadas y shows televisivos era una parte indispensable del negocio. Si nos ponemos exigentes, nadie escapa del bochorno y el escándalo.
La tardía inmortalidad de Orestes Miñoso

El único filtro para desmarcarse del marasmo y romper el guion de aquellos actos circenses era la moral y la conciencia de todos los actores involucrados, pero los ejecutivos, directivos y los medios estaban muy pendientes del negocio, y un grupo importante de peloteros pasaba por encima de los valores con tal de mantenerse en el campo a toda costa y a todo costo.
Algunos apostaron al consumo de esteroides conscientes de que necesitaban una inyección para resaltar porque no tenían un alto nivel, pero otros se fueron por el mismo camino pese a ser ya jugadores brillantes. Ese es el caso de Bonds, Clemens y compañía, quienes no se conformaron con ser estrellas, querían convertirse en leyendas a riesgo de que sus nombres se mancharan para siempre.
De nuevo, el ejemplo de Bonds es el más recurrente y también el más mediático por la magnitud de su rendimiento. Hablamos de un jugador total, con habilidades naturales para pegar jonrones, robar bases, discriminar pitcheos como nadie y fildear a la altura de los mejores en los jardines. Solo con esas herramientas, Bonds hubiera llegado al Salón de la Fama en su primera oportunidad.
Una evidencia sólida –aunque quizás algo conservadora– al respecto la aportó el sistema de proyección de Dan Szymborski (avalado por MLB), el cual predice el desempeño futuro de un jugador basado en su rendimiento en el pasado y las tendencias sobre cómo se degrada con la edad. ESPN utilizó esta herramienta para proyectar las estadísticas de Bonds a partir de 1999 –cuando se supone comenzó a utilizar esteroides– y los resultados fueron asombrosos.
De acuerdo con este estudio, el toletero zurdo hubiera jugado una temporada menos, pero su total de jonrones (551) hubiera superado el de Mike Schmidt –el antesalista de mejores números ofensivos en la historia–, y su WAR (Victorias sobre reemplazo) todavía lo ubicaría en el Top-10 de todos los tiempos, por encima de un monstruo como Stan Musial.
Entonces, ¿no era ya Bonds un pelotero con credenciales suficientes para entrar a Cooperstown sin discusiones? No hay dudas al respecto, jamás se podrá poner en entredicho su calidad como jugador, pero él escogió transgredir los límites y, por el camino de la trampa, intentar convertirse en una leyenda a la altura de Babe Ruth, Hank Aaron, Ted Williams o Willy Mays.
Un sector importante de la fanaticada y de los especialistas, muchos de los cuales lo veneraron cuando reinaba en el diamante, no le perdona la traición y considera como tal la actitud del resto de las grandes estrellas que apostaron por el uso de sustancias para mejorar el rendimiento.
Tony Oliva: “Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí”

Bonds, en particular, ha pagado un altísimo precio por sus errores. Sin ir muy lejos, justo después de su retiro en el 2007, afrontó acusaciones de perjurio y obstrucción de la justicia por mentir en el proceso de investigación federal contra los famosos Laboratorios BALCO (Cooperativa de Laboratorios del Área de la Bahía), los cuales supuestamente suministraban esteroides indetectables a un grupo de jugadores.
Como rostro representativo del escándalo, Bonds vio totalmente perjudicada su candidatura al Salón de la Fama, al punto que, desde su primera aparición en la boleta en el 2013 hasta la últimas en el 2022, nunca obtuvo más del 66 % de los votos. Lo mismo sucedió con Clemens, acusado por usar tratamientos con hormonas de crecimiento humano y otros esteroides.
Ellos, junto a otros que también consumieron anabólicos, siguen acaparando la atención y es absurdo pensar que sus nombres no saldrán una y otra vez en cualquier debate sobre Cooperstown, pero no podemos negar que resulta nocivo para el prestigio y el simbolismo del Salón de la Fama. No hay que borrarlos del mapa, pero hay que prestar mayor atención a los que sí son elegidos.
Precisamente, esa fue una de las ideas que hace poco defendió Curt Schilling, otro de los lanzadores legendarios de MLB que tampoco está en Cooperstown y que, como Clemens y compañía, consumió en el 2022 su décima y última oportunidad en la boleta de la BBWAA.
“Cada año, la conversación gira en torno a quién no entró. Como todas las estrellas que votan, quién fue engañado. Lo digo todos los años y especialmente este año, concéntrate en quién entró. ¡@davidortiz merecía una primera inducción a la boleta! Felicidades amigo te lo ganaste!”, escribía Schilling en Twitter después de conocer los resultados de las últimas votaciones, en las que el único electo fue el dominicano David Ortiz.
Lo peor es que esta tendencia de ocuparnos más de los que no entran que de los premiados se va a mantener. Bonds, Clemens y Sosa ya consumieron sus diez años en la boletas, pero Alex Rodríguez recién comenzó su viaje y todavía sigue con vida Manny Ramírez, ambos con vínculos reconocidos al consumo de esteroides, aunque en sus casos sí fueron detectados y sancionados bajo la política que MLB aplica desde el 2004.
Encontrar una solución se impone. Muchos apuestan por crear un espacio en el propio Salón de la Fama exclusivo para la era de los esteroides con un comité especial de selección, aunque honestamente me parece poco probable que algo así suceda a corto plazo.  

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Eminem y Lionel Richie, entre otros artistas, nominados al Salón de la Fama del Rock

El Salón de la Fama del Rock and Roll anunció a los artistas candidatos a ser incluidos en sus registros de 2022, entre los que figuran Eminem, Dolly Parton y Lionel Richie, informa Prensa Latina.
La web oficial de la institución publicó los nombres de las 17 bandas y artistas que aspiran a tan importante reconocimiento, lista en la que también se encuentran Rage Against The Machine, Judas Priest, Duran Duran, A Tribe Called Quest, Kate Bush, Devo y Dionne Warwick.
También aparecen nominados Beck, Pat Benatar, Carly Simon, Eurythmics, Fela Kuti, MC5, y New York Dolls.
Según el presidente de la Fundación del Salón de la Fama del Rock and Roll, John Sykes, «la boleta de este año reconoce a un grupo diverso de artistas increíbles; cada uno de ellos ha tenido un impacto profundo en el sonido de la cultura juvenil».
De acuerdo con Sykes «su música no solo conmovió a generaciones, sino que también influyó en el sonido de innumerables artistas que siguieron».
Los intérpretes y agrupaciones que entrarán al Salón de la Fama del Rock & Roll se darán a conocer en mayo próximo, y como es tradición, los seguidores del género podrán participar de la votación habilitada en la web oficial desde el 2 de febrero hasta el 29 de abril.
Desde 1986, la Fundación Rock and Roll Hall of Fame no ha dejado de incluir nuevos miembros al Salón de la Fama, junto a formaciones legendarias del género como AC/DC, Metallica, Led Zeppelin, Rolling Stones, Beatles, Guns n’Roses y Red Hot Chili Peppers.
Para ingresar, los artistas deben llevar en activo al menos 25 años desde la publicación de su primer trabajo.

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Rogelio García y Armando Capiró, nuevos miembros del Salón de la Fama del Palmar de Junco

Rogelio, llamado el “Ciclón de Ovas”, es uno de los mejores lanzadores que han pasado por nuestros campeonatos domésticos. Foto: Cortesía de Juan Antonio Martínez de Osaba.Este lunes 27 de diciembre, cuando se conmemoran 147 años del primer juego de béisbol en Cuba del cual se conserva un box score oficial, fueron exaltados al Salón de la Fama del Palmar de Junco cuatro ex peloteros, producto de la votación que el Grupo Elector viene haciendo desde el año 2017.
En esta ocasión las boletas de los nominados por su actuación en nuestras Series Nacionales favorecieron al pinareño Rogelio García y al habanero Armando Capiró, mientras que en la etapa antes de 1961 la mayoría de votos fueron para el jardinero Antonio “Haitiano” González, natural de Ciego de Ávila.
Rogelio, llamado el “Ciclón de Ovas”, es uno de los mejores lanzadores que han pasado por nuestros campeonatos domésticos al punto de lograr siete veces el liderato de ponches, cuenta con dos juegos sin hits ni carreras en su currículo y con varias medallas de oro en juegos regionales, campeonatos mundiales y copas intercontinentales con la franela del equipo Cuba.
Capiró fue un slugger temible que también vistió el uniforme del equipo nacional en varias ocasiones. Tiene el privilegio de ser el primer pelotero de nuestras series nacionales que conectó más de 20 cuadrangulares en una campaña y el primero que llegó a la marca de 100 bambinazos en su carrera.
En cuanto al “Haitiano” González fue un recio bateador que dejó buenos números en la Liga Profesional Cubana con los Elefantes de Cienfuegos y los Cubans Sugar Kings, donde obtuvo el título de campeón en la llamada Pequeña Serie Mundial de 1959, además de jugar 12 años en las Grandes Ligas donde conectó más de 100 cuadrangulares y promedió 286 de promedio de bateo.
El Comité de Veteranos por su parte, eligió al jugador de cuadro Mariano Álvarez, un atleta que se desempeñó en series nacionales y en la fuerte Liga de Pedro Betancourt con el Central España.
La ceremonia de exaltación será el venidero 6 de febrero en la mítica grama del legendario estadio, considerado el más antiguo del mundo que se mantiene activo.
Armando Capiró: fusil en el brazo, cañón en las muñecas…

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Tony Oliva: “Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí”

Desde abril del 2011, todos los fanáticos que han entrado al Target Field por la puerta #6, en el jardín izquierdo del templo beisbolero de Minnesota, se han topado con la figura de Tony Oliva (Corralito, 1938), esculpido en bronce, inmortalizado como una de las leyendas en la historia de los Twins.La estatua del pinareño batea, un swing compacto rumbo a la eternidad. No podía ser de otra forma, porque gran parte de su legado se cimentó por su exquisita técnica en el plato, desde donde intimidó, parado a la zurda, a cuanto lanzador se cruzó en su camino a partir de 1964. Justo ese año irrumpió como un huracán en los diamantes de las Grandes Ligas y se ganó el “Novato del Año”. Después vino un rosario de éxitos y premios, incluidos ocho llamados al Juego de Estrellas, tres títulos de bateo y cinco lideratos en jits, algo que, por cierto, solo lo han logrado tres auténticos monstruos como Stan Musial, Pete Rose y Tony Gwynn.  Por todo eso, Oliva es hijo adoptivo de Minnesota. Allí, como es de suponer, campea como un rey del diamante, aunque es también un referente para la comunidad, que no desconoce su labor social, su acercamiento y apoyo a discapacitados, a los pobres, a personas de la tercera edad y a los latinos.Tony Oliva, nuevo miembro del Salón de la Fama. Foto: National Baseball Hall of Fame/@baseballhallSi cabe, la figura de Tony Oliva es, desde el pasado 5 de diciembre, todavía más venerada en Minnesota y en todos los rincones donde dejó su huella, luego de ser exaltado por el Comité de Veteranos como nuevo miembro del Salón de la Fama de Cooperstown.“Ha sido una sorpresa muy grande. Desde hace mucho tiempo lo estaba esperando por mis números, pero los que votan se habían tomado su tiempo. Me siento muy feliz, muy orgulloso, muy contento, por mí y por toda la gente que me apoya”, dijo Oliva en exclusiva a OnCuba. A sus 83 años, el mítico jugador pinareño asegura tener la agenda más apretada que nunca. “Jamás mi teléfono había estado tan ocupado”, bromea en medio de una charla distendida, en la que sale a la luz una y otra vez su amor por “Cubita”, como él le llama a la tierra que lo vio nacer.Había estado otras veces en las boletas del Comité de Veteranos y había quedado cerca de ser elegido. ¿Veía muy lejana la posibilidad de ser electo ahora?PublicidadCreo que este año tenía más posibilidades que nunca. Había quedado muy cerca en la vez anterior del 2015, cuando me faltó solo uno voto; aquello fue increíble. Ahora conservaba la fe, pero si no entraba, ya olvídate, porque mis números son lo suficientemente buenos para seguir en la boleta, pero si fallas un año por un voto y en la siguiente oportunidad quedas con menos apoyo, ya difícilmente te tengan en cuenta para el futuro.Lo mejor de este proceso de espera ha sido el apoyo de los fanáticos, del club, de la familia, todos estaban muy positivos, pensando que podía llegar al Salón de la Fama este año.Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante¿Cuáles fueron las sensaciones cuando le comunicaron la noticia?Imagínate, no llevaba esperando ni uno ni dos años por esto, llevaba casi 45 años anhelando un momento así y no sucedía. Ahora cuando sonó el teléfono, era la presidenta de Cooperstown, y sentí una gran satisfacción, por mí, por mi familia, por la gente que estaba dentro y fuera de mi casa esperando la noticia, fuera buena o mala. Eso ha sido lo principal, sentir cómo tantas personas han estado pendientes y apoyando.Ya después que se confirmó la elección he vivido una especie de revolución bien grande. Donde quiera que voy la gente me felicita, el teléfono no para con llamadas de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, México, Venezuela. Ha sido una locura.¿Cómo recibieron la noticia la gente cercana y la familia en Pinar del Río?Creo que se enteraron antes que yo, porque mi hermano enseguida me llamó. Todos estaban muy contentos. Las muestras de cariño y reconocimiento desde Cuba son de gran valor para mi, porque mucha gente que me felicita desde allá ni siquiera me vieron jugar y algunos hasta hace un tiempo no sabían quién era Tony Oliva.Ha sido elegido junto a Orestes Miñoso, quien terminó su carrera de Grandes Ligas justo cuando la de usted comenzaba. ¿Cuánto valor tiene la figura y el legado de Miñoso para los peloteros cubanos y latinos?Miñoso tocó muchas vidas porque jugó en una era bien fuerte, de mucha exigencia. Yo no lo vi jugar en ese tiempo, pero recuerdo que escuchaba los partidos por la radio y tenía hasta una canción dedicada a él: «Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila cha cha chá». Ese coro no se me olvida. Era un ídolo para todos nosotros.Después tuve la oportunidad de conocerlo aquí en Estados Unidos y de compartir con él varias veces. Siempre pensé que iba a entrar antes en el Salón de la Fama por su calidad como pelotero y porque fue y es una inspiración. Rompió la barrera racial para los peloteros latinos y de qué manera, como un gran pelotero. Yo digo que, entre todas las estrellas de esa época, Miñoso merece el doble de reconocimiento, porque soportó las humillaciones a las que eran sometidos los negros y brilló en el terreno.La tardía inmortalidad de Orestes MiñosoAunque ya los tiempos habían cambiado un poco, cuando llegas a Estados Unidos todavía muchos negros estaban expuestos a la segregación. ¿Cómo viviste aquel fenómeno siendo ya una figura pública?No me afectó tanto porque yo sabía dónde me estaba metiendo, conocía las reglas y cómo funcionaban las cosas en Estados Unidos. También en Cubita había su poco de racismo en aquellos años, lugares donde no podían entrar los negros, por ejemplo, así que llegué preparado en ese sentido. De cualquier manera, el impacto se siente igual, porque a veces uno no tenía lugares dónde comer y tenías que vivir recluido en los barrios negros.  ¿En qué medida incidieron esas condiciones en su ascenso a Grandes Ligas?Bueno, de entrada yo sentí las consecuencias de la segregación nada más llegar a Estados Unidos; me dejaron fuera del equipo en los entrenamientos de primavera porque en los estados del sur los clubes tenían una capacidad limitada para incluir a jugadores negros. Yo había llegado tarde por problemas con el visado, entonces me tocó mirar todo desde las gradas.Por suerte, Rigoberto Mendoza, un cubano que estaba en la organización antes de que se mudara a Minnesota, me salvó. Recuerdo que habló con el gerente general y le insistió para que me dieran una oportunidad. También hizo fuerza Joe Cambria, un scout que había captado a cientos de peloteros de la Isla desde los años 30, quien me encontró un espacio en la Rookie League.Ya a partir de ahí me puse dichoso, porque superé ese nivel rapidísimo. Bateé por encima de .400, con más de 100 jits en sesenta y pico de juegos. En Clase A y AAA las cosas igual me fueron bien, dando jonrones, con promedios por arriba de .300 y más de 150 impulsadas. Eso me abrió las puertas de Grandes Ligas en un período de tiempo relativamente corto.Pero volviendo a tu pregunta, todo eso sucedió en un escenario algo complejo por el tema del racismo, la barrera del idioma, que no lo conocía muy bien, y por estar lejos de la familia, prácticamente sin opciones de regresar a Cuba, porque ya había mucha tensión entre los dos países. Afortunadamente, conté con el apoyo de Zoilo Versalles, Camilo Pascual, José Valdivieso, Julio Bécquer y otros cubanos que ya estaban en Grandes Ligas. Ellos eran como mis niñeros, me ayudaban con el idioma, a ordenar comida, me acompañaban y me guiaban para moverme hasta la casa o cualquier otro lugar. Se convirtieron en mis hermanos y todavía hoy estamos muy unidos.Tony Oliva en el lugar donde trasmite los juegos de pelota para la radio hispana de Minnesota. Foto: Marita Pérez Díaz.Hablando de béisbol, ¿qué fue lo más difícil en esos primeros años en Estados Unidos?La defensa, sin dudas. En mi primera temporada en la Rookie League cometí como 14 errores y mi promedio de fildeo fue un desastre. Imagínate, nunca había jugado pelota de manera organizada. Yo era un campesino, mi vida era ir a la escuela y después trabajar en la finca cosechando yuca, malanga, tabaco y todo lo que apareciera. En Pinar del Río, Roberto Fernández Tápanes, jugador de la Liga Profesional y de las Menores, me había visto y se dio cuenta que yo hacía todo bien excepto fildear.Y en efecto, cuando llegué a Estados Unidos mi problema era fildear la bola, no podía agarrar los rollings, los fly y me costaba jugar de noche, algo que nunca había hecho. Entonces empecé a fijarme en lo que hacían Al Kaline, Roberto Clemente o Willie Mays, se convirtieron en mis referentes. Trabajé fuerte, siempre atento a las orientaciones de los coaches, porque quería ser mejor, un pelotero integral. Al final eso me dio resultado y hasta gané un “Guante de Oro”.Tenía problemas defensivos, pero el talento con el madero venía de cuna…Mi bateo siempre ha sido bueno. Desde Cuba forjé esa confianza. Allá jugaba pelota muy poquito, pero practicaba al bate con mis hermanos, que de vez en cuando me tiraban chapitas, tusas o cualquier cosa para que yo mejorara mi swing y pudiera jugar los domingos.En Estados Unidos, cuando llegué y me dejaron fuera del equipo, recuerdo que me sentaba en las gradas, miraba los partidos, veía a todos los jugadores y sabía que podía batear ante cualquier rival. Yo tenía mucha confianza en mis habilidades como bateador. Después lo demostré en el terreno en una época durísima de pitcheo, enfrentando y conectado ante rivales como Sandy Koufax, Jim Palmer, Mel Stottlemyre, Mike Cuéllar, Rich Gossage, Luis Tiant o Catfish Hunter.¿Ha pensado alguna vez hasta dónde habría podido llegar Tony Oliva de no ser por las lesiones y las operaciones de la rodilla?Mira, yo me lesioné en Oakland intentando fildear un globito de Joe Rudi. Busqué capturar la pelota de cordón de zapato y, cuando caí, metí la rodilla en un huequito donde había un tubo de agua. Ahí se me rompieron los meniscos y lo demás es historia. Nunca pude regresar al outfield. Jugué con una sola pierna por el resto de mis días, como bateador designado, y así tuve tres temporadas con más de 120 jits y siempre con más de 100 carreras producidas.Entonces, imagínate, sin lesión mis números hubieran sido mucho mejores, porque salí del juego en uno de los momentos más estelares de mi carrera, pero no es algo que me atormente. Yo me siento muy contento con lo que logré antes y después de las operaciones.[embedded content]¿Le quedó la “espina” de no ganar una Serie Mundial?Hay que tener una suerte tremenda para ganar una Serie Mundial, porque los rivales también son campeones. A nosotros en Minnesota nos faltó el último empujón. En 1965 llegamos hasta el último juego contra los Dodgers y no pudimos. Ya en 1969 y 1970 ganamos nuestra división, pero perdimos con los Orioles por el título de la Liga Americana. De cualquier manera, pude sacarme esa “espina”, como dices, en 1987 y 1991, cuando gané con Minnesota la Serie Mundial como bateador instructor del equipo. Cualquier referencia a su carrera conduce inevitablemente a Minnesota. ¿Cuánto representa la ciudad para usted?Minnesota es mi segunda patria. “Cubita” es mi patria, donde nací, donde están mis raíces, donde di mis primeros pasos, y Minnesota ha sido mi segunda casa. Aquí hice mi familia, he vivido aquí durante más de 60 años. En la organización me han tratado muy bien, tanto cuando era jugador como después de retirado. No puedo quejarme, porque la comunidad también ha sido genial conmigo. Es una ciudad bella, muy tranquila, con gente muy amable…Sus padres y sus hermanos nunca lo vieron jugar en Grandes Ligas. ¿Cómo vivió aquellos tiempos de éxito en el terreno lejos de la familia?Fue muy duro. Muchas personas no saben lo que uno pasó, lo que significa estar solo. Aunque tengas todo el éxito del mundo, la familia hace mucha falta, sobre todo cuando terminas un partido y no tienes con quién compartir. Esa sensación de triunfo a veces se convierte en tristeza, porque quieres estar con tus padres, disfrutarlo con los seres cercanos.Pero el destino es así. Sé que mi familia me estaba apoyando en todos los momentos, desde la distancia, y nunca rompimos los vínculos. Y sé que vivieron con mucho orgullo todos mis logros y también los de mi hermano Juan Carlos, uno de los grandes lanzadores en la historia de Pinar del Río y de Cuba.Tony Oliva fue elegido el pasado 5 de diciembre al Salón de la Fama de Cooperstown. Foto: Tomada de Star Tribune.¿Quién saldría mejor parado en un duelo entre su hermano (Juan Carlos) y usted?Es una buena competencia porque él va a tratar de sacarme out, seguro, seguro, y yo voy a tratar de batearle. Si me saca out, se va a reír de mí, pero siempre vamos a salir ganando, porque la victoria queda en la familia.¿Le hubiera gustado jugar en Cuba?Sí, seguro. Me gustaría haber jugado en el Cienfuegos, de la Liga Profesional. Pedro Ramos, también pinareño, jugó ahí, y para mí era un referente. Estoy convencido de que hubiera sido una gran experiencia disfrutar de la afición cubana, jugar frente a esos que nunca me vieron y no saben qué clase de pelotero fui.Ser exaltado a Cooperstown es un reconocimiento a su carrera, pero en el corazón de muchos fanáticos ya usted era todo un inmortal. ¿Qué mensaje tiene para esa afición, siempre fiel, de Minnesota, de Pinar del Río, de Cuba?Mi mensaje es de gratitud, para mis fanáticos, para mi familia, para todas las personas que me llevan en el corazón. Me da mucha satisfacción que este premio se haya celebrado por igual en Minnesota y en Pinar del Río, dos puntos que están alejados a más de dos mil kilómetros. Es una muestra que, sin importar la distancia, podemos estar unidos por el béisbol. Llegar a Cooperstown no es un premio solo para mí, es para ustedes también.

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La tardía inmortalidad de Orestes Miñoso

Bob Kendrick (Crawfordville, 1962) nunca vio jugar a Orestes Miñoso en su etapa dorada de las Ligas Mayores. Solo dos años tenía aquel chico afroamericano cuando el “Cometa Cubano” colgó los spikes en 1964, después de haber superado la barrera de los 2000 jits, las 1200 anotadas y las 1000 impulsadas, además de ser el único latino en la historia con más de 600 extrabases y menos de 600 ponches.Las primeras memorias de Kendrick sobre Miñoso en el terreno están algo difusas. Recuerda que, siendo un adolescente, se armó algo de revuelo en Chicago por el regreso a los diamantes de un veterano que se convertiría en el segundo pelotero de la historia con participación en cinco décadas diferentes, pero aquel suceso terminó siendo algo testimonial.Sin embargo, el nombre de Miñoso quedó grabado en la mente de Kendrick, quien décadas después tuvo el privilegio único de sentarse al lado de la leyenda cubana y descubrir ahí, de primera mano, la verdadera significación de ser el primer latino negro en las Grandes Ligas y uno de los jugadores más influyentes en la historia de los Chicago White Sox.“Ni siquiera puedo contar la cantidad de veces que nos sentamos en la sala de conferencias, al lado de mi oficina, para hablar sobre el béisbol, la vida y las alegrías que sentía por este juego”, dijo Kendrick recientemente a The New York Times.Thrilled that my friend & @whitesox legend, Minnie Minoso, was finally selected for induction into the @baseballhall! Wish it had happened when he was still alive. Can you imagine the the energy and excitement that Buck O’Neil & Minnie would have brought to the ceremony? @MLB RT pic.twitter.com/DApma9pTKt— Bob Kendrick (@nlbmprez) December 10, 2021Casi con 60 años, el actual presidente del Museo de las Ligas Negras tiene ahora muy claro que Miñoso construyó el camino para que cientos de peloteros latinos tuvieran la oportunidad de mostrar su talento y brillar en el mejor béisbol del mundo, algo impensado a mediados del siglo pasado.Quizás por eso, por conocer al pie de la letra la magnitud del legado del gran Mr. White Sox, es que Kendrick no puede entender por qué demoraron tanto en abrirle un espacio en el Salón de la Fama de Cooperstown, templo al que pertenece y al que debió entrar en vida.“Debería haber sucedido cuando todavía estaba con nosotros, y sé lo mucho que significaba para él”, aseguró Kendrick, refrendando algo que el propio Miñoso había dicho hace algunos años en una entrevista con Christina Karl: “No me digan que seré elegido después que muera. No quiero que ocurra eso después que yo muera. Me gustaría que fuera en vida, quiero disfrutarlo.”PublicidadLamentablemente, eso no se cumplió, a pesar de que Miñoso, como dijera Kendrick, “fue uno de esos constructores de puentes, y quienes se convierten en constructores de puentes en nuestra sociedad tienen un lugar muy especial.”El legado de Miñoso se desvirtuó demasiado a raíz de su regreso a los diamantes de las Mayores en 1976 y 1980 para convertirse en el segundo pelotero con participación en cinco décadas diferentes, detalle pintoresco que nació en la mente del propietario de los White Sox, Bill Veeck —el mismo que lo había hecho debutar en Cleveland en 1949—, pero no determinante en la carrera de un deportista. El “Cometa Cubano” colgó los spikes en 1964, después de haber superado la barrera de los 2000 jits, las 1200 anotadas y las 1000 impulsadas, además de ser el único latino en la historia con más de 600 extrabases y menos de 600 ponches. Foto: Ron Vesely/MLB Photos, vía Getty Images.Esa excentricidad de Veeck le costó a Miñoso, quien no fue apreciado por los votantes de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA por sus siglas en inglés), al punto de que nunca le dieron ni un tercio del apoyo necesario para entrar en Cooperstown.Lo mismo sucedió después con el Comité Especial de las Ligas Negras o el Comité de Veteranos, que obviaron sus números y su impacto en el juego.Desde diversos sitios especializados argumentan que los electores “dejaron pasar” a Miñoso porque no lo vieron jugar o porque solo recuerdan sus últimas incursiones con más de 50 años en 1976 y 1980, las cuales, por supuesto, fueron nefastas más allá de la parafernalia mediática que provocaron. Esas, sin embargo, son excusas vacías y sin sentido…Los votantes cuentan con el material suficiente para estudiar las carreras de peloteros a los que no vieron directamente en el diamante. Es más, con toda la documentación disponible deberían ser capaces de valorar en la justa medida el rendimiento de los jugadores, incluso, de aquellos que no ganaron títulos ni grandes premios individuales.Miñoso es uno de esos casos: participó en 13 Juegos de Estrellas y se llevó tres Guantes de Oro, pero nunca estuvo en una Serie Mundial de MLB (participó y ganó la de 1947 en las Ligas Negras con los New York Cubans), ni ganó el Novato del Año o el MVP en sus 20 temporadas en las Mayores.Sin embargo, hay que observar al detalle las cosas y no quedarnos solo con la primera impresión de lo que nos muestran las hojas biográficas y los historiales estadísticos.Por ejemplo, en 1951 Miñoso terminó segundo en la carrera por el Novato del Año de la Liga Americana, premio que se llevó Gil McDougald, de los Yankees, pero si estudiamos a fondo el desempeño de ambos no nos costará darnos cuenta de la injusticia que se cometió. Los números dejan una evidencia muy clara:* Miñoso (bateó .326, con promedio de embasado de .422 y slugging de .500. Dio 173 imparables, anotó 112 carreras, empujó 76, se robó 31 bases, recibió 72 boletos y se ponchó 42 veces. Pegó 34 dobles, 14 triples y diez jonrones, para un total de 58 extrabases)* McDougald (bateó .306, con promedio de embasado de .396 y slugging de .488. Dio 123 imparables, anotó 72 carreras, empujó 63, se robó 14 bases, recibió 56 boletos y se ponchó 54 veces. Pegó 23 dobles, cuatro triples y 14 jonrones, para un total de 41 extrabases) Orestes Miñoso es oficialmente un inmortal del Salón de la Fama de Cooperstown. Foto: John Austad- Chicago Tribune.Algo parecido ocurrió en 1954 en la disputa del Jugador Más Valioso de la Liga Americana. Miñoso terminó cuarto en dicha carrera, por detrás de Yogi Berra (Yankees), Larry Doby (Cleveland) y el mexicano Bobby Ávila (Cleveland), aunque en varios departamentos fue superior a los tres.* Miñoso (bateó .320, con promedio de embasado de .411 y slugging de .535. Su OPS fue de .946. Dio 182 imparables, anotó 119 carreras, empujó 116, se robó 18 bases, recibió 77 boletos y se ponchó 46 veces. Pegó 29 dobles, 18 triples y 19 jonrones, para un total de 66 extrabases)* Berra (bateó .307, con promedio de embasado de .367 y slugging de .488. Su OPS fue de .855. Dio 179 imparables, anotó 88 carreras, empujó 125, no se robó ninguna base, recibió 56 boletos y se ponchó 29 veces. Pegó 28 dobles, seis triples y 22 jonrones, para un total de 56 extrabases)* Doby (bateó .272, con promedio de embasado de .364 y slugging de .484. Su OPS fue de .847. Dio 157 imparables, anotó 94 carreras, empujó 126, se robó tres bases, recibió 85 boletos y se ponchó 94 veces. Pegó 18 dobles, cuatro triples y 32 jonrones, para un total de 54 extrabases)* Ávila (bateó .341, con promedio de embasado de .402 y slugging de .477. Su OPS fue de .880. Dio 189 imparables, anotó 112 carreras, empujó 67, se robó nueve bases, recibió 59 boletos y se ponchó 31 veces. Pegó 27 dobles, dos triples y 15 jonrones, para un total de 44 extrabases) Miñoso fue una estrella en Cleveland y Chicago. Foto: Mark Rucker/Transcendental Graphics, vía Getty Images.Quizás estas no sean pruebas concluyentes, pero nos muestran con bastante claridad la superioridad de Miñoso, cuyo mayor pecado fue permanecer en sus años dorados como miembro de equipos segundones; además de ser negro y triunfar en un escenario teóricamente reservado para los blancos.Sí, porque nadie puede dudar que el cubano vivió en carne propia las consecuencias de la segregación, sobre todo siendo estrella en la ciudad de Chicago, una de los epicentros de la comunidad afroamericana en Estados Unidos.El propio Miñoso dijo que en 1951 un equipo siempre lo insultaba. “Usaron lenguaje soez y se refirieron a mi raza. Creo que intentaban darme miedo”, reseñó a The New York World-Telegram and Sun.Si sobreponerse a todo esto, brillar en el terreno a la par de las grandes luminarias de la época y contribuir después al desarrollo de futuras generaciones no eran argumentos suficientemente sólidos para abrirle las puertas del templo de inmortales en Cooperstown, entonces no sé qué más se necesitaba.A pesar de las decepciones con el Salón de la Fama, Miñoso nunca le dio la espalda a su deporte, ni a la comunidad de latinos que se rendía a sus pies, ni a Chicago, donde fue, es y siempre será Mr. White Sox, tal cual dijo tras su muerte el ex presidente estadounidense Barack Obama.Lejos de traicionar, Miñoso se empeñó en enseñar a todos sobre la necesidad de respetar el béisbol y a los fanáticos. “Enamórense del juego. Hagan todo lo hermoso por el juego, por la gente y por el país que representan. Eso es lo que quiero que todos hagan”, sentenció hace algunos años.Muchos han seguido ese mensaje al pie de la letra y han prometido proteger su legado hasta el fin de los días, como el estelar lanzador pinareño José Ariel Contreras, quien considera a Miñoso una leyenda, un ejemplo, una inspiración, “nuestro Jackie Robinson”.

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Cubanos en Cooperstown: seis estrellas del diamante

El béisbol cubano se despedirá del 2021 en la honorable posición de ser el país extranjero con más exponentes en el Salón de la Fama de Cooperstown. La reciente elección de Orestes Miñoso y Tony Oliva deja a la Isla con seis jugadores y ocho representantes de manera global en el templo de inmortales del deporte de las bolas y los strikes en Estados Unidos, por delante de las mayores potencias latinas del juego.Detrás de Cuba, el otro país extranjero con más peloteros exaltados a Cooperstown es Puerto Rico con cinco (Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Roberto Alomar, Iván Rodríguez y Edgar Martínez), seguido por República Dominicana con tres (Juan Marichal, Pedro Martínez y Vladimir Guerrero), Panamá con dos (Rod Carew y Mariano Rivera) y Venezuela con uno (Luis Aparicio).La cuenta cubana ha crecido ahora con Miñoso y Oliva, que se suman a Martín Dihigo, Tany Pérez, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez. Además, la historia antillana en el Salón de la Fama de Cooperstown no puede ser contada sin la obligada referencia al ejecutivo Alex Pompez y al periodista Rafael “Felo” Ramírez, quienes no brillaron directamente en el diamante, pero dejaron un extraordinario legado desde sus respectivos campos de trabajo.Pompez, exaltado en el 2006 por el Comité Especial de las Ligas Negras, estuvo a la vanguardia de la internacionalización de las Ligas Negras durante 35 años como propietario y ejecutivo en el período 1916-1950, en el cual se consagró como un excepcional descubridor de talentos. Bajo su mano llegaron a esos circuitos las primeras estrellas del Caribe, incluyendo a Dihigo, Alejandro Oms, Juan Tetelo Vargas o Miñoso.¿Pertenecen Orestes Miñoso y Tony Oliva al Salón de la Fama?Tras caer paulatinamente la barrera racial y comenzar el proceso de transición a la era integrada, Pompez siguió trabajando en Estados Unidos como scout internacional de los Giants en MLB.“Felo” Ramírez, por su parte, fue el narrador oficial de los Marlins desde 1993 hasta el 2017, aunque su carrera comenzó en la década del 40 del siglo pasado. Durante más de 70 años grabó su voz en los principales acontecimientos mundiales de boxeo y béisbol. El comentarista bayamés, entre otros grandes momentos, inmortalizó el jit 3000 de Roberto Clemente, el juego perfecto de Don Larsen en la Serie Mundial de 1956 o la definición de 31 finales de MLB.Por sus contribuciones y dedicación, “Felo” Ramírez ganó el premio Ford C. Frick que otorga el Salón de la Fama a los narradores, comentaristas o analistas más destacados en la cobertura del juego. En el 2001, fue exaltado como inmortal de Cooperstown y también resultó elegido como miembro del Salón de la Fama del Caribe.PublicidadComo habíamos comentado, Pompez y “Felo” Ramírez no son los únicos cubanos en Cooperstown. Otras seis leyendas antillanas ascendieron al templo de inmortales del béisbol norteño, de las cuales ofrecemos sus perfiles en OnCuba.Martín Dihigo, “El Maestro”Nombre completo: Martín Magdaleno Dihigo LlanosNació en Cidra, Matanzas, el 25 de mayo de 1905Murió en Cruces, Cienfuegos, el 20 de mayo de 1971Exaltado al Salón de la Fama el 8 de agosto de 1977 por el Comité Especial de las Ligas Negras Placa de Martin Dihigo en el Salón de la Fama de Cooperstown. Foto: National Baseball Hall of Fame.Dihigo fue el primer cubano con una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown. Su elección llegó como lanzador y miembro de los Cuban Stars, equipo de las Ligas Negras en el que debutó con 18 años en 1923. Allí estuvo cinco temporadas hasta 1927 y regresó después en 1930. Además, en Estados Unidos jugó con Homestead Grays, Hilldale Giants, Baltimore Black Sox y los New York Cubans, equipos de las Ligas Negras.Aunque ya mencionamos que fue exaltado al templo de inmortales del béisbol estadounidense como lanzador, Dihigo comenzó su carrera en la intermedia y luego decidió probar también en el campo corto, la tercera base y los jardines, aprovechando la fuerza de brazo, la velocidad de movimientos y un impresionante poderío físico y atlético.Intimidante con el madero, un diablo en los senderos y excepcional desde la lomita, pronto captó la atención de los fanáticos, maravillados ante su capacidad sobrenatural para brillar en cualquier espacio del diamante. Su ambición en los terrenos era insaciable, jugaba en el verano Estados Unidos y en el invierno se iba a México, Venezuela o Cuba, donde también cautivó por su destreza y versatilidad.Una de las muestras más elocuentes de su talento llegó en 1938, cuando lanzó un partido sin jits ni carreras, bateó por encima de .300 y fue líder en ponches del circuito mexicano. Esa fue la tónica de su carrera, que terminó con más de 200 victorias y alrededor de 130 cuadrangulares sumando su accionar en todas las ligas.“Yo digo que (Dihigo) fue el mejor jugador de todos los tiempos, blanco o negro. Podía hacerlo todo”, aseguraba Buck Leonard, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown y uno de los mejores bateadores de las Ligas Negras.Esa idea la han defendido durante décadas muchos de los que lo vieron jugar o trabajar como mentor luego de su retiro, y también sirvió de base para la exaltación de “El Maestro” a Cooperstown y al Salón de la Fama de Cuba, México, Venezuela y República Dominicana.Tany Pérez, “Big Dog”Nombre completo: Atanasio Pérez RigalNació en el Central Violeta, Ciego de Ávila, el 14 de mayo de 1942 (79 años)Exaltado al Salón de la Fama el 23 de julio del 2000 por la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA por sus siglas en inglés) Tany Pérez (al centro) en la ceremonia del Salón de la Fama del año 2000. Foto: National Baseball Hall of Fame.Segundo cubano con una placa en el Salón de la Fama de Cooperstown y primer elegido por el Comité Regular, Tany fue exaltado como inicialista y miembro de los Cincinnati Reds, equipo en el que brilló en la década del 70 del siglo pasado como parte de la temible “Big Red Machine”.“Big Dog” se ganó su apodo a golpe de producción de carreras, arte que llegó a dominar como un verdadero animal de caza. Para tener una idea, entre 1967 y 1980 nadie en Grandes Ligas se acercó a sus números de empujadas (1375), ni siquiera su estelar compañero de equipo en los Reds, Johnny Bench (1259), o el gran Reggie Jackson (1231), bautizado como Mr. October precisamente por su habilidad para facturar carreras en la postemporada.“Pete (Rose) conseguía sus 200 hits, (Johnny) Bench hacía lo suyo, y Tony era empujado a un segundo plano, impulsando sus 100 carreras cada año. Uno lo veía en las notas al final de las historias en el periódico: «Oh, por cierto, Pérez conectó un jonrón de tres carreras para ganar el juego»”, relataba el compañero de Tany en Cincinnati, Pat Corrales, quien vio a Tany impulsar más de 100 carreras en siete oportunidades (seis con los Reds y una con Boston).En total, el inicialista del Central Violeta remolcó 1652 anotaciones en su trayectoria por cuatro equipos en las Mayores, donde jugó por espacio de 23 años. “Con hombre en posición de anotar y el juego cerrado, Tany es el último tipo al que cualquier oponente quisiera ver”, decía uno de sus rivales divisionales, Willie Stargell (Pirates), quien muchas veces sufrió la sangre fría del antillano a la hora cero.Tany se retiró en 1986 con 44 años de edad, luego de participar en siete Juegos de Estrellas y conectar 379 jonrones, la tercera mayor cantidad para un pelotero cubano en MLB. Además, compitió en cinco Series Mundiales, conquistó dos anillos y se ganó el corazón de la comunidad en Cincinnati, donde su dorsal 24 es y será venerado como sello de identidad de un pelotero inmortal.Cristóbal Torriente, “Babe Ruth de Cuba”Nombre completo: Cristóbal TorrienteNació en Cienfuegos, el 16 de noviembre de 1893Murió en Nueva York, el 11 de abril de 1938Exaltado al Salón de la Fama el 30 de julio del 2006 por el Comité Especial de las Ligas Negras Placa del Salón de la Fama de Cooperstown de Cristóbal Torriente. Foto: Tomada de Fotos de La Habana.Torriente fue uno de los tres cubanos que recibieron su placa en el Salón de la Fama de Cooperstown en el 2006. Su elección llegó como jardinero central y miembro de los Chicago Americans Giants, equipo de las Ligas Negras con el que ganó tres títulos consecutivos entre 1920 y 1922. Allí estuvo seis temporadas hasta 1925, y después pasó por otros conjuntos como Kansas City Monarchs, Cleveland Cubs, Detroit Stars, Gilkerson’s Union Giants, Atlanta Black Crackers y Louisville Black Caps.Reconocido como un jugador total, lo que hoy llamaríamos un “cinco herramientas”, las historias de Torriente comienzan por su poder con el madero y terminan con su excelso nivel defensivo en las praderas, pasando por su capacidad de contacto en el cajón de bateo, su velocidad en las bases y la potencia de su brazo.Con esos atributos irrumpió en el Chicago Americans Giants en 1920, cuando encabezó la liga en dobles (21), average ofensivo (.411), promedio de embasado (.479) y slugging (.606). Su despliegue en aquellos años fue monumental, al punto de que comandó las Ligas Negras en impulsadas (81) en 1924, además de apuntarse otros dos lideratos en OBP.Su carrera, como era usual en aquellos tiempos, no se limitó a Estados Unidos. Torriente jugaba asiduamente en Cuba, donde bateó por encima de .300 en 11 temporadas, ganó dos coronas ofensivas y seis títulos con el Almendares.Una de sus historias más populares con la novena de los Alacranes se dio en 1920, cuando el plantel recibió en La Habana a los New York Giants del poderoso Babe Ruth para una serie de nueve partidos. “El Bambino” hizo lo que se esperaba desde el inicio, con un doble y un triple en sus primeros turnos, pero el show del duelo se lo robó Torriente.El patrullero del Almendares llegó a pegar tres jonrones en un mismo partido el 6 de noviembre de 1920. En esa jornada se enfrentó a Ruth, quien se encaramó en la lomita, y le conectó un doble para sellar un duelo memorable con seis impulsadas en las narices del mejor jugador de la época, sin jits aquella tarde.“Nunca le hemos dado a Torriente todo el crédito que merece. Él hacía todo bien, fildeaba de forma natural, tiraba perfecto, cubría mucho terreno, y en cuanto al bateo, dejó de ser bueno para convertirse en extraordinario”, dijo Martin Dihigo sobre el “Babe Ruth de Cuba”, exaltado en la primera clase del Salón de la Fama del béisbol cubano en 1939.José de la Caridad Méndez, “El Diamante Negro”Nombre completo: José de la Caridad Méndez BáezNació en Cárdenas, Matanzas, el 2 de enero de 1885Murió en La Habana, el 31 de octubre de 1928Exaltado al Salón de la Fama el 30 de julio del 2006 por el Comité Especial de las Ligas Negras Placa de José de la Caridad Méndez en el Salón de la Fama de Cooperstown. Foto: National Baseball Hall of Fame.Méndez fue uno de los tres cubanos que recibieron su placa en el Salón de la Fama de Cooperstown en el 2006. Su elección llegó como lanzador y miembro de los Kansas City Monarchs, equipo de las Ligas Negras con el que trabajó por siete años en el cierre de su carrera, después de jugar con el Chicago Americans Giants y el Detroit Stars.Lanzador de poderosa recta, imponente curva y una gran capacidad para dejar fuera de balance a los rivales con el contraste de velocidad, Méndez impresionaba en la lomita desde que comenzó con el Almendares a principios del siglo pasado. Brilló en Cuba y Estados Unidos, particularmente en los Monarchs, donde dejó registros de nivel. Treinta victorias, solo nueve derrotas, efectividad de 3.46 y un título en la Serie Mundial de las Ligas Negras en 1924 (obtuvo dos victorias, con promedio de carreras limpias de 1.42) son algunos de sus honores más relevantes.“El Diamante Negro” no dejaba a nadie indiferente. John McGraw, manager de los New York Giants en MLB, expresaba sin miedos que, para el béisbol, era un fracaso el hecho de no dejar a un lado cualquier ley no escrita o prejuicio que impedía fichar a un jugador sin importar su raza. De no ser por eso, Méndez probablemente hubiera tenido su oportunidad en las Mayores, porque calidad le sobraba.En marzo del 2013, Ira Thomas, receptor del Philadelphia Athletics que visitó La Habana en algunas ocasiones, dijo a Baseball Magazine que Méndez, si fuera un hombre blanco, podría obtener una buena posición en cualquier equipo del circuito MLB.“Méndez es un hombre extraordinario. Más de un jugador de Grandes Ligas se ha enfrentado a él y ha salido del plato con un sano respeto por la gran estrella cubana. No es solo mi opinión, sino la opinión de muchos otros que han visto a Méndez lanzar, se ubica entre los mejores del juego. No creo que sea igual a Walter Johnson, pero no se queda atrás. Tiene una velocidad tremenda, un gran control y un excelente juicio. Es un pelotero natural”, apuntaba Thomas en una definición muy ajustada del “Diamante Negro”.Orestes Miñoso, “El Cometa Cubano”Nombre completo: Saturnino Orestes Armas MiñosoNació en La Habana, el 29 de noviembre de 1925Murió en Chicago, el 1 de marzo del 2015Exaltado al Salón de la Fama el 5 de diciembre del 2021 por el Comité de Veteranos (Era de los Días Dorados)Miñoso es uno de los dos cubanos exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown en el 2021. Su elección llega como jardinero izquierdo y miembro de los Chicago White Sox, equipo en el que marcó una época en la década del 50 del siglo pasado. “Minnie” también dejó su huella en los Cleveland Indians, St. Louis Cardinals, Washington Senators y New York Cubans, este último conjunto en las Ligas Negras.El legado de Miñoso es inigualable. En 1949 se convirtió en el primer latino negro en las Grandes Ligas, derrumbando una barrera social y cultural, abriendo por fin un espacio para la enorme legión de peloteros de color nacidos en países caribeños.Minnie Miñoso es y siempre será “Mr. White Sox”“Minnie Miñoso es para los peloteros latinos lo que Jackie Robinson fue para los peloteros negros. Él es quien hizo posible el sueño de jugar en Grandes Ligas para nosotros los latinos. Él fue el primer latino es convertirse en una superestrella”, dijo el puertorriqueño Orlando Cepeda, exaltado a Cooperstown en 1999.Ciertamente, el impacto de Miñoso guarda ciertos paralelismos con la mágica historia de Robinson, no solo por romper barreras raciales y culturales, sino porque lo hicieron con un rendimiento fabuloso en el diamante. Sin ir muy lejos, “Minnie” ganó tres Guantes de Oro, estuvo en 13 Juegos de Estrellas y es el único pelotero que ha logrado los lideratos –en temporadas diferentes– de jits, dobles, triples, robos y bases recorridas en la era de la bola viva (de 1920 hasta el presente).El “Cometa Cubano” fue un bateador recio, con una línea ofensiva de .299/.387/.461. Además, integra junto a Joe DiMaggio y Goose Goslin –dos inmortales– un exclusivo grupo con los siguientes acumulados históricos: 2100+ jits, 360+ dobles, 90+ triples, 195+ jonrones, 1200+ anotadas, 1000+ impulsadas y menos de 600 ponches.Miñoso se retiró en 1964, pero regresó en 1976 y 1980 a consumir unos pocos turnos y convertirse en uno de los dos peloteros en la historia de Grandes Ligas que ha jugado en cinco décadas diferentes. Por si fuera poco, también apareció en la Northen League en 1993 y 2003 de manera testimonial y es el único pelotero profesional que participado en siete décadas diferentes.Tony OlivaNombre completo: Tony Pedro OlivaNació en Pinar del Río, el 20 de julio de 1938 (83 años)Exaltado al Salón de la Fama el 5 de diciembre del 2021 por el Comité de Veteranos (Era de los Días Dorados) Tony Oliva fue elegido el pasado 5 de diciembre al Salón de la Fama de Cooperstown. Foto: Tomada de Star Tribune.Oliva se convertirá en el segundo cubano –tras Tany Pérez– que reciba en vida su placa al Salón de la Fama de Cooperstown tras su reciente elección. El pinareño entrará al templo de inmortales como jardinero derecho y miembro de los Minnesota Twins, la única camiseta que defendió en Grandes Ligas durante 15 temporadas.Novato del Año en 1964, ganador de un Guante de Oro, ocho veces Todos Estrellas, campeón de bateo de la Liga Americana en tres oportunidades y rey del jit en el propio circuito en cinco ocasiones, Oliva fue un verdadero fenómeno ofensivo en sus primeras ocho temporadas completas en las Mayores.En ese lapso, dejó una línea ofensiva de .313/.360/.507, con 1455 jits, 278 dobles, 177 jonrones, 719 impulsadas, 711 anotadas y 84 bases robadas.“Hay muchos otros muchachos que preferiría ver en una situación clave, pero ante Tony Oliva no puedes hacer un mal lanzamiento”, dijo el miembro del Salón de la Fama, Whitey Herzog, sobre el estelar pinareño, quien disputó una Serie Mundial en 1965 con Minnesota, aunque no pudo llevarse el año tras caer contra los Dodgers.Por desgracia, la carrera de Oliva dio un giro al final de la temporada de 1971, cuando se lesionó una de sus rodillas fildeando un batazo en Oakland. Ese accidente condicionó por completo el futuro del patrullero de los Twins, quien tuvo que someterse a ocho intervenciones quirúrgicas en las últimas cinco campañas que disputó en las Mayores.Aunque vio limitado su tiempo de juego en Grandes Ligas, Oliva es uno de los pocos jugadores con tres títulos de bateo y cinco liderazgos de jits, algo que solo lograron antes tres verdaderos monstruos como Stan Musial, Pete Rose y Tony Gwynn.

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“´Minnie´ Miñoso y Tony Oliva debieron estar en Cooperstown desde hace mucho tiempo”

MIAMI, Estados Unidos. — Periodistas, fanáticos y seguidores del béisbol han reaccionado a la reciente exaltación de los expeloteros cubanos Orestes “Minnie” Miñoso y Tony Oliva al Salón de la Fama de Cooperstown.
Sin embargo, para muchos, el reconocimiento a ambas leyendas del béisbol cubano llega demasiado tarde. Así lo reconoce Francys Romero, escritor y periodista especializado en béisbol.
“´Minnie´ Miñoso y Tony Oliva son dos jugadores legendarios que debieron estar desde hace mucho tiempo en Cooperstown, pero que por diferentes razones, conceptos, problemas estadísticos, entre otras cuestiones, su ingreso se había demorado mucho”, declaró Romero a CubaNet.
Orestes “Minnie” Miñoso fue el primer pelotero latinoamericano de raza negra que jugó en las mayores, con los Medias Blancas de Chicago, mientras que Tony Oliva fue una leyenda de los Mellizos de Minnesota.  Ambos fueron exaltados al Salón de la Fama tras la votación de dos comités de veteranos.
“Representa muchísimo, porque nos habla de que Cuba fue la principal cantera de jugadores latinos en Grandes Ligas, durante los años cincuenta, sesenta y setenta”, dijo Romero.
El reportero aseguró además que las exaltaciones de Miñoso y Oliva “también vienen a desmontar todo el halo de desinformación de la prensa castrista respecto al vínculo entre el béisbol cubano y las Grandes Ligas”.
“Sabemos que en la Isla muchos de estos jugadores no son todo lo conocidos que debieran ser, por lo que sirve además para revisitar la historia”.
Orestes “Minnie” Miñoso y Tony Oliva se unieron a Martín Dihigo (1977), Tony Pérez (2000), Cristóbal Torriente (2006) y José Méndez (2006) para completar el grupo selecto grupo de seis cubanos que han sido exaltados a Cooperstown, una cifra que, según el propio Francys Romero, podría aumentar en los próximos años.
“Entre los más cercanos que veo al Salón de la Fama en los próximos años estaría Luis Tiant, que podría entrar en el 2024 por medio del Comité de Veteranos, y entre los jugadores activos podrían estar en un futuro Aroldis Chapman y José Abreu, aunque para eso todavía queda”.
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Dos grandes del béisbol cubano, Tony Oliva y Orestes Miñoso, en el Salón de la Fama de Nueva York

MADRID, España.- Dos leyendas del béisbol cubano, Orestes Miñoso y Tony Oliva, serán los nuevos integrantes del Salón de la Fama de Nueva York a partir del 24 de julio próximo, informó la organización profesional Grandes Ligas (MLB por sus siglas en inglés). 
Seleccionados por el Comité de la Era Dorada, “los dos cubanos formaron parte de las seis figuras que fueron elegidas el domingo para entrar al museo de Cooperstown”, indicó MLB. 
Acompañan a Oliva y Miñoso el primera base Buck O’Neil; el pitcher Jim Kaat, quien ganó 16 veces el Guante de Oro; Bud Fowler, reconocido como el primer jugador profesional de raza negra; y el ex director de los Mets, Gil Hodges. 
Para ingresar al Salón de la Fama, los nominados necesitan al menos el 75 % de los votos. Miñoso alcanzó el 87.5 % con 14 votos (de los 16) y Oliva el 75 %, con 12 votos. 
“Estaba esperando esta llamada desde hace mucho tiempo, pues estar en el Salón de la Fama en Cooperstown es el sueño más grande que puede tener un pelotero. (…) También estoy muy feliz por la elección de mi compatriota Orestes Miñoso, que fue un gran amigo y uno de mis héroes’’, expresó Oliva en teleconferencia publicada en Twitter por MLB Network. 
Minnie Miñoso, el cometa cubano
Saturnino Orestes Armas Miñoso (Matanzas, 1923-Chicago, 2015), conocido como Minnie Miñoso y apodado como el cometa cubano, se convirtió en el primer pelotero de raza negra que jugó en Grandes Ligas, al firmar con el equipo estadounidense Medias Blancas, en 1951.
Comenzó en el béisbol profesional en la Liga Invernal Cubana en 1946 con los Tigres de Marianao. Con este equipo impuso un récord de triples y estuvo hasta 1961. 
Jugó 20 temporadas en Grandes Ligas, 12 de ellas con los Medias Blancas. 
El número 9 de los Medias Blancas terminó su carrera en Grandes Ligas y Ligas Negras con promedio de .299, un total de 195 jonrones, 1 093 carreras impulsadas y 2 110 imparables.
Tony Oliva, novato del año 1964 en la Liga Americana
Pedro (Tony) Oliva (Pinar del Río, 1940), tras su reconocido paso por Ligas Menores, debutó en Ligas Mayores con los Mellizos de Minnesota, en 1962. 
En 1960 había sido fichado por el scout Joe Cambria, por lo que viaja a México, con el pasaporte de su hermano Antonio; de ahí que se le conozca como Tony Oliva. Tras unos días en México gestionando su documentación viajó a Florida, Estados Unidos, para ingresar al equipo Mellizos. 
En 1964 obtuvo el título de bateo con promedio de .323 y quedó Novato del Año. 
Durante sus 15 años de carrera fue reconocida su influencia positiva en el equipo.
Después de retirarse en 1976 se ha desempeñado como instructor de bateo, consejero y especialista en relaciones públicas.
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Tony Oliva y Orestes Miñoso, exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown

El 5 de diciembre del 2021 será recordado como uno de los días más grandes en la historia del béisbol cubano, luego de que Saturnino Orestes Miñoso y Tony Pedro Oliva fueran exaltados como inmortales de Cooperstown por el Comité de Veteranos del Salón de la Fama del béisbol de Estados Unidos.Tras muchísimos años de espera, finalmente el Comité de la Era de los Días Dorados (1950-1969) hizo justicia con estos dos estelares bateadores, que brillaron con luz propia en los diamantes de MLB hace medio siglo.Miñoso recibió el 87.5 % de las papeletas (14 de 16) de los especialistas involucrados en el proceso de votación, mientras Oliva, Jim Kaat y Gil Hodges terminaron en el límite, justamente con el 75 % de apoyo requerido para entrar al templo de inmortales. Como detalle curioso –y triste–, Dick Allen volvió a quedar a un voto de ser elegido. Tony Oliva, nuevo miembro del Salón de la Fama. Foto: National Baseball Hall of Fame/@baseballhallLas dos estrellas cubanas reunían méritos de sobra para estar en Cooperstown, pero nunca habían recibido el soporte necesario para inscribir su nombre con letras doradas en el santuario del béisbol norteño. Miñoso, por ejemplo, fue el primer latino negro en jugar en las Mayores, participó en 13 Juegos de Estrellas, ganó tres Guantes de Oro y la Serie Mundial de las Ligas Negras en 1947, como pilar indiscutible de los New York Cubans.Además, desde 1920 hasta la fecha, Miñoso es el único pelotero que ha logrado los lideratos –en temporadas diferentes– de jits, dobles, triples, robos y bases recorridas. Además, integra junto a Joe DiMaggio y Goose Goslin –dos inmortales– un exclusivo grupo con los siguientes acumulados históricos: 2100+ jits, 360+ dobles, 90+ triples, 195+ jonrones, 1200+ anotadas, 1000+ impulsadas y menos de 600 ponches.Desgraciadamente, Miñoso murió en el 2015 con 89 años, esperando por la llamada para abordar el vuelo a Cooperstown. No obstante, su viaje a la inmortalidad se había gestado desde mucho antes en el corazón de millones de jugadores y fanáticos que siempre defendieron –y defienden– su legado.¿Pertenecen Orestes Miñoso y Tony Oliva al Salón de la Fama?Tony Oliva, por su parte, es uno de los pocos jugadores con tres títulos de bateo y cinco liderazgos de jits en la Liga Americana, algo que solo lograron antes Stan Musial, Pete Rose y Tony Gwynn. Ahora ya podemos decir que tres hombres de esa lista (Musial, Gwynn y Oliva) están en Cooperstown, mientras Rose espera por la clemencia de MLB, que lo vetó hace más de 30 años por amaño de partidos cuando todavía trabajaba en la liga.PublicidadTomando como referencia lo ocurrido en los últimos 100 años, solo 18 jugadores han ganado la corona de bateo en tres o más oportunidades, de los cuales 12 (Gwynn, Musial, Rogers Hornsby, Rod Carew, Ted Williams, Wade Boggs, Roberto Clemente, Harry Heilmann, Larry Walker, Paul Waner, George Brett y Carl Yastrzemski) habían llegado a Cooperstown.Ahora Oliva se sube al tren con 83 años, exactamente desde una estación en Minnesota, donde es una verdadera leyenda tras sus espectaculares años con los Twins, la única camiseta que vistió en Grandes Ligas. Orestes Miñoso, nuevo miembro del Salón de la Fama. Foto: National Baseball Hall of Fame/@baseballhallCuba presume ahora de siete exponentes en el Salón de la Fama de Cooperstown, más que cualquier otra nación extranjera. Miñoso y Oliva se suman a los estelares Martín Dihigo (exaltado en 1977 por el Comité Especial de las Ligas Negras), Tany Pérez (2000 por el Comité Regular), José de la Caridad Méndez, Cristóbal Torriente y el ejecutivo Alex Pompez, estos tres últimos elegidos en el 2006, también por el Comité Especial de las Ligas Negras.Detrás de Cuba, el otro país extranjero con más exaltados a Cooperstown es Puerto Rico con cinco (Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Roberto Alomar, Iván Rodríguez y Edgar Martínez), seguido por República Dominicana con tres (Juan Marichal, Pedro Martínez y Vladimir Guerrero), Panamá con dos (Rod Carew y Mariano Rivera) y Venezuela con uno (Luis Aparicio).

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¿Pertenecen Orestes Miñoso y Tony Oliva al Salón de la Fama?

Saturnino Orestes Armas Miñoso y Tony Pedro Oliva, estrellas del béisbol cubano con una historia exquisita en los diamantes, podrían convertirse en inmortales este mismo fin de semana, cuando el Comité de la Era de los Días Dorados (1950-1969) revele el resultado de sus votaciones y los exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown.Muchos fanáticos y una cantidad nada despreciable de especialistas aseguran que este es un proceso meramente formal, porque las dos leyendas antillanas acumulan méritos de sobra para ser considerados inmortales del deporte de las bolas y los strikes.Miñoso fue el primer latino negro en MLB y uno de los peloteros más influyentes del Chicago White Sox en la década del 50 del siglo pasado. Oliva, por su parte, ganó el Novato del Año en 1964 y se convirtió —junto al inigualable boricua Roberto Clemente— en el primer latino con dos títulos de bateo consecutivos en las Mayores.Sin embargo, ellos no han sido tomados en cuenta por los votantes del Salón de la Fama. Minnie Miñoso estuvo entre los candidatos por primera vez en 1969 y solo consiguió seis papeletas (1.8 %), por lo que al año siguiente su nombre desapareció de la lista.Después, el “Cometa Cubano”, como le conocían, regresó del retiro para tomar algunos turnos en 1976 y 1980 y convertirse en el segundo pelotero con participación en cinco décadas diferentes (40′, 50′, 60′, 70′ y 80′), hazaña solo conseguida por Nick Altrock (1898, 00′, 10′, 20′ y 30′).Este detalle, sin embargo, lejos de aumentar sus posibilidades de ser exaltado lo que hizo fue perjudicarlo en su regreso a la boleta de 1986 a 1999, período en el que los votantes tenían más fresco el recuerdo de sus aventuras de veterano y no su verdadero impacto como pionero en los años 50. Como consecuencia, no consiguió más del 21 % de los votos en los 14 años que fue elegible hasta 1999.Minnie Miñoso es y siempre será “Mr. White Sox”PublicidadLa historia de Tony Oliva difiere, con por cientos mejores a los de Miñoso. El pinareño entró a la lista de candidatos en 1982, y desde 1986 siempre consiguió más del 30 % de los votos hasta su último año en 1996, pero nunca se acercó al 75 % requerido para ser exaltado a Cooperstown.Después, ambos tuvieron nuevas oportunidades por el Comité de Veteranos y tampoco corrieron con suerte. Miñoso recibió pocos votos en el 2003, 2005, 2007 y 2009, y para el 2014 quedó en el 50 %. Además, tampoco fue considerado por el Comité Especial de las Ligas Negras en el 2006. En tanto, Oliva ha quedado más cerca de la exaltación por esta vía, siempre superando el 50 % de los votos entre 2003 y 2012, con un pico del 68.8 % (11 de las 12 papeletas necesarias) en el 2014, a un paso de Cooperstown.Entre candidatos y méritosCuba tiene a cuatro jugadores en Cooperstown. Tany Pérez entró por la vía tradicional en el 2000, mientras Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente fueron exaltados por el Comité Especial de las Ligas Negras. Ahora hay posibilidades de que Miñoso y Oliva se sumen, pero por delante no tienen un camino de rosas.Ellos necesitan al menos el 75 % de los votos del Comité de la Era de los Días Dorados, compuesto por 16 especialistas que se reunirán en Orlando para marcar las boletas, que en este caso contarán con nueve jugadores y un manager (Danny Murtaugh, cuatro veces campeón en el Este de la Liga Nacional y dos veces titular de la Serie Mundial con los Pirates). Precisamente, la competencia entre estos peloteros es bien fuerte por el amplio historial de cada uno, como mostramos a continuación.Gil Hodges Primera base y jardinero/18 temporadas y 2071 juegos en MLB.Siete campañas con más de 100 impulsadas entre 1949 y 1955 hablan a las claras de su capacidad para producir con corredores en circulación. Fue un bateador consistente de buenos totales (370 jonrones y 1274 remolques), los cuales pudieron ser todavía mejores si no se hubiera perdido dos temporadas (1944-1945) por prestar servicio militar en la Segunda Guerra Mundial. Participó en ocho Juegos de Estrellas, ganó tres Guantes de Oro y fue dos veces campeón con los Dodgers. Además, llevó las riendas de los Mets como manager en la espectacular victoria de la franquicia neoyorkina en 1969. Esos galardones le valieron para estar en la mira de los votantes desde que entró en la boleta para Cooperstown en 1969, de hecho, es el jugador que más papeletas ha recibido para el Salón de la Fama sin ser finalmente elegido. En su último año (1983) como candidato, se quedó con el 63.4 % de los votos.Dick AllenPrimera base, tercera base y jardinero/15 temporadas y 1749 juegos en MLB.Novato del Año en 1964, MVP en 1972 y siete veces All Star. Esos son los principales premios de Allen, quien terminó su carrera con 351 jonrones, 1099 anotadas y 1119 impulsadas. Fue una verdadera máquina de bateo, con lideratos en promedio de embasado, slugging, anotadas, triples, cuadrangulares, total de bases o boletos. Sin embargo, no era muy bien visto por su personalidad terca y su firmes disputas contra el poder blanco y conservador. Allen estuvo por primera vez en una boleta del Salón de la Fama en 1983, y su paso durante 14 años fue testimonial, pues nunca obtuvo ni el 20 % de las papeletas. Sin embargo, recibió 11 de los 12 votos necesarios para entrar a Cooperstown por la vía del Comité de Veteranos en el 2015, muy cerca de la inmortalidad.Ken BoyerTercera base y jardinero/15 temporadas y 2034 juegos en MLB.Más de 1100 anotadas y empujadas, más de 2000 jits, cinco Guantes de Oro, 11 Juegos de Estrellas y el premio de MVP en 1964 sobresalen entre los trofeos más rutilantes que ocupan las vitrinas de Ken Boyer, uno de los referentes históricos de los Cardinals, con quienes ganó la Serie Mundial también en 1964. Sin embargo, después de ese curso comenzó un marcado declive que le pasó factura en sus aspiraciones de llegar a Cooperstown de manera directa, al punto de que nunca recibió más del 25 % de los votos. Posteriormente, el Comité de Veteranos tampoco ha sido benévolo con el antesalista, quien sí está en el Salón de la Fama de los Cardinals con su número 14 retirado.In just four days, the Golden Days Era Committee will convene to review the nine former big leaguers and one manager on this year’s ballot.Read up on the candidates: https://t.co/dr6N9Uybdv pic.twitter.com/ICGxtbp84l— National Baseball Hall of Fame and Museum ⚾ (@baseballhall) December 2, 2021Roger Maris Jardinero/12 temporadas y 1463 juegos en MLB.Fue a siete Juegos de Estrellas, ganó tres Series Mundial, un Guante de Oro y dos MVP consecutivos en 1960 y 1961. En este último año ofreció un rendimiento histórico, al romper el récord de más jonrones en una temporada (60), impuesto por Babe Ruth en 1927. Hasta 61 vuelacercas llegó el patrullero de los Yankees, quien anotó 132 carreras, remolcó 141 y se convirtió en un auténtico fenómeno popular por aquellas marcas, solo al alcance del “Bambino”. Después de Maris y Ruth, los únicos que lograron campañas de ese calibre fueron Sammy Sosa y Mark McGwire en sus cruzadas de finales de siglo. Sin embargo, la luz de Maris se apagó pronto por lesiones en las muñecas, al punto de que se retiró con solo 34 años y totales discretos. Esto tuvo mucho peso entre los votantes del Salón de la Fama, quienes nunca le dieron más de 43 % de las papeletas. Jim KaatLanzador/25 temporadas y 898 juegos en MLB.Un devorador de entradas nato, brazo consistente durante más de dos décadas, en las que ganó 283 partidos con efectividad 3.45. Participó en tres Juegos de Estrellas, lideró la Liga Americana con 25 victorias y 304 episodios de labor en 1966, y en 1982, ya con 42 años, se llevó una Serie Mundial con los Cardinals. Además, ganó 16 Guantes de Oro consecutivos, aunque algunos reportes de la época indican que fue muy sobrevalorado en este sentido, al punto que en 1969 se quedó con el premio pese a terminar con promedio de fildeo de .826, muy por debajo de la media. Aunque fue un serpentinero consistente, nunca terminó entre los tres finalistas del premio Cy Young, su tasa de ponches por cada nueve entradas fue inferior a 5.0 y perdió 237 duelos. Desde que entró la boleta rumbo a Cooperstown en 1989, no llegó al 30 % de los votos, y tampoco ha tenido suerte en tres oportunidades con el Comité de Veteranos.Billy Pierce Lanzador/18 temporadas y 585 juegos en MLB.Fue el único serpentinero que logró al menos una temporada con efectividad inferior a 2.00 en Grandes Ligas entre 1947 y 1962, etapa en la que indistintamente brillaron ases de la talla de Warren Spahn, Whitey Ford, Early Wynn, Hoyt Wilhelm y Sandy Koufax. Pierce, siete veces All Star, logró par de campañas de 20 victorias y 12 con doble digito de triunfos (211 en toda su carrera), la mayoría con los Chicago White Sox, que lo eligieron en su equipo del siglo. No obstante, solo estuvo cinco años en la boleta para el Salón de la Fama con una renta ínfima de votos (nunca llegó ni siquiera al 2 %).Maury Wills Torpedero y segunda base/14 temporadas y 1942 juegos en MLB.Fue el líder indiscutible de las bases robadas a principios de los años 60 y el primero que logró más de 100 estafas en una temporada desde el inicio de la era de la pelota viva (1920). Anotó más de 1000 carreras y superó los 2000 imparables, aunque no se distinguía por su poder y solo “pegó” 20 cuadrangulares en su carrera. Wills terminó como Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en la campaña de 1962, ganó dos Guantes de Oro, fue a siete Juegos de Estrellas y triunfó en tres Series Mundiales con los Dodgers. No recibió nunca más del 40 % de los votos para entrar a Cooperstown.Miñoso y Oliva tocando las puertas de CooperstownAl igual que todos los candidatos mostrados anteriormente, Orestes Miñoso y Tony Oliva cosecharon extraordinarios resultados que mantienen abiertas sus opciones de derrumbar las puertas de la inmortalidad en el Salón de la Fama.Por ejemplo, entre los siete jugadores de campo incluidos en la boleta de la Era de los Días Dorados, Miñoso es primero en anotadas (1225), dobles (365), triples (95), promedio de embasado (.387) y en Power Speed (205), la métrica desarrollada por Bill James tomando en consideración la producción de jonrones y bases robadas.Además, tiene la más baja tasas de ponches por cada boleto (0.69) y, como promedio, fue retirado por la vía de los strikes cada 11.3 turnos al bate. Por cierto, con esta frecuencia se ubica en el Top-10 de las Grandes Ligas entre 1946 y 1964, junto a Nellie Fox, Red Schoendiest, Yogi Berra, Stan Musial o Richie Ashburn, todos miembros del Salón de la Fama. «Miñoso fue nuestro Jackie Robinson», dijo José Ariel Contreras (izquierda en la imagen), estelar lanzador cubano que ganó la Serie Mundial con Chicago White Sox en el 2005. Foto: Twitter del Chicago White Sox.Estas últimas estadísticas demuestran la tremenda capacidad de contacto de Miñoso, uno de los bateadores más habilidosos de la historia a la hora de poner la pelota en juego. Sin ir muy lejos, en la “Era de la bola viva” (desde 1920 hasta la fecha) solo 25 hombres (16 de ellos exaltados a Cooperstown) han logrado quedar por debajo de los 585 ponches con más de 8200 comparecencias al plato.Por si esto fuera poco, entre los actuales candidatos de la Era de los Días Dorados, Miñoso es segundo en estafas (216) y OPS (.848), tercero en jits (2110) y boletos (850), cuarto en empujadas (1093).Otros aspectos resaltan en la carrera del “Cometa Cubano”. Por ejemplo, desde 1920 hasta la fecha, Miñoso es el único pelotero que ha logrado los lideratos —en temporadas diferentes— de jits, dobles, triples, robos y bases recorridas. Además, integra junto a Joe DiMaggio y Goose Goslin —dos inmortales— un exclusivo grupo con los siguientes acumulados históricos: 2100+ jits, 360+ dobles, 90+ triples, 195+ jonrones, 1200+ anotadas, 1000+ impulsadas y menos de 600 ponches.Los argumentos de Tony Oliva son diferentes, en gran medida porque los totales de su carrera están por debajo de la mayoría de los actuales candidatos de la Era de los Días Dorados, excepto Roger Maris y Maury Wills. Mucho tiene que ver en esto el tiempo de servicio del estelar zurdo pinareño, quien vivió una carrera corta en los terrenos de Estados Unidos.Si vamos a los libros, nos dicen que Tony Oliva jugó 15 años en las Mayores, pero en realidad tres de esas temporadas fueron totalmente testimoniales. En las dos primeras (1962-1963) estuvo mucho tiempo en las Menores y solo subió al primer equipo de los Twins en septiembre para consumir unos pocos turnos. Después, en 1972 tuvo problemas en las rodillas que limitaron su accionar a diez partidos, y para 1976, con 37 años, jugó poco más de un tercio de la campaña.No obstante, la envergadura de los resultados de Oliva representa un aval de peso para aspirar a Cooperstown. Por ejemplo, el patrullero de los Twins ganó tres títulos de bateo y conquistó cinco lideratos de jits en la Liga Americana, algo al alcance de muy pocos jugadores.Solo Stan Musial, Pete Rose y Tony Gwynn, tres de los más exquisitos bateadores en la historia del béisbol, son los únicos que han logrado al menos tres coronas ofensivas y cinco reinados en imparables en la Era de la pelota viva.Tony Oliva: «Mi sueño es Cubita»Precisamente, tomando como referencia lo ocurrido en los últimos 100 años, solo 18 jugadores han ganado la corona de bateo en tres o más oportunidades, de los cuales 12 llegaron a Cooperstown: Gwynn, Musial, Rogers Hornsby, Rod Carew, Ted Williams, Wade Boggs, Roberto Clemente, Harry Heilmann, Larry Walker, Paul Waner, George Brett y Carl Yastrzemski.De los otros seis, Pete Rose está vetado de por vida para Cooperstown por sus apuestas cuando todavía estaba activo en MLB como mentor, Joe Mauer se retiró hace tres años y no será elegible para el Salón de la Fama hasta el 2023, mientras Miguel Cabrera y José Altuve siguen activos, pero cuando cuelguen los spikes tendrán enormes opciones de llegar al templo de los inmortales.La excepción en esta lista son Bill Madlock (ganó cuatro coronas de bateo pero no dejó números globales tan significativos en una carrera de más de 1800 partidos) y Tony Oliva, quien aguarda en Minnesota por una nueva oportunidad.¿Veredicto?Las elecciones del Comité de Veteranos suelen ser impredecibles. Todos los jugadores de la Era de los Días Dorados han estado ya en boletas de este tipo y no han recibido el 75 % de los votos necesarios para cruzar la frontera rumbo a Cooperstown. Incluso, este camino ha quedado sin ganadores, como en el 2015, cuando ninguno de los diez candidatos fue elegido.Podríamos aventurarnos a decir que Miñoso y Oliva tienen opciones reales de dar el paso definitivo ahora, pero lo mismo sucede con Dick Allen o Ken Boyer, quizás los máximos favoritos para entrar en el Salón de la Fama. Teniendo esto en cuenta, les dejamos las consideraciones del analista Jay Jaffe en el prestigioso portal FanGraphs sobre las posibilidades de los dos cubanos.Orestes Miñoso: “Miñoso murió el 1 de marzo de 2015, lo que significa que, si fuera elegido, el Salón de la Fama tendrá que escribir otro capítulo en su cruel historia de otorgar tardíamente la inmortalidad a candidatos demasiado mortales. Dados no solo sus logros estadísticos, sino también su importancia cultural e histórica, su omisión se destaca como un pulgar dolorido. Pertenece a Cooperstown junto a Robinson, Doby, Clemente, Banks y los otros pioneros e íconos que cambiaron la faz del béisbol.”Tony Oliva: “Repitiendo un sentimiento que expresé hace siete años, no me sorprendería que Oliva fuera elegido en esta boleta, aunque considero que hay opciones más valiosas, comenzando con Miñoso y Allen. Aun así, el Salón de la Fama tiene su parte de jugadores de carrera corta y mala suerte que están consagrados, y entiendo su atractivo para los votantes. Ahora, si va a entrar, al menos deberíamos esperar que suceda mientras esté vivo para que pueda disfrutarlo.”

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