HAVANA CLIMA

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Régimen expulsa de la Isla al sacerdote David Pantaleón

MADRID, España.- En horas recientes trascendió que el régimen cubano expulsó del país al sacerdote David Pantaleón, quien desde el boletín dominical Vida Cristiana exponía la realidad de Cuba. 
La noticia fue confirmada por la monja Sor Ariagna Brito Rodríguez, de las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha. 
“Lamentamos que el Gobierno cubano, en uso de sus facultades de poderío dictatorial, sin principios ni valores, le obliga a abandonar el país: temen a la verdad, temen al rostro del bien y deshacerse de lo que les molesta, es su único modo de proceder”, dijo Brito Rodríguez.

“Esto no debería pasar. Los que deben abandonar el país  son los que usan el poder para vivir como reyes, a costa de un pueblo esclavo, castigado, azotado y obligado a huir”, manifestó. 
Pantaleón, superior de los Jesuitas en Cuba y presidente de la Conferencia Cubana de Religiosas-os (CONCUR), estuvo entre los pastores que pidieron al régimen llevar asistencia a los activistas del Movimiento San Isidro (MSI).
Tras la negativa, David Pantaleón explicó a través de Facebook: “Una hermana religiosa intentó llegar, sin publicidad y sin cámaras, hasta el grupo de jóvenes de San Isidro que están hace varios días encerrados en su local. Ellos permanecen allí pidiendo la liberación de uno de sus compañeros que consideran apresado injustamente y condenado sin defensa. La monja solo quería dar un poco de asistencia religiosa ante la seria amenaza de muerte de los que llevan varios días en huelga de hambre y sed”. 
“No se trata de ideologías de izquierda o de derecha. Se trata de cosas tan simples como el derecho a vivir, a expresar lo que se piensa, a dialogar las diferencias sin `satanizar´ al contrario, a que se respete la dignidad de todos y todas”, agregó el sacerdote en sus declaraciones. 

Durante los últimos años han aumentado las denuncias al régimen de la Isla por su persecución a los religiosos, principalmente cuando manifiestan ideas contrarias a la gestión gubernamental. 
La Encuesta sobre Libertad Religiosa 2022 realizada en junio pasado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) reveló que el 67 % de los cubanos conoce a alguien que profesa una religión y ha sido acosado, reprimido, amenazado u obstaculizado en su vida diaria por motivos relacionados con su fe.
En enero de este año la ONG evangélica Open Doors incluyó a Cuba en su ranking anual de los 50 países con mayor persecución y discriminación hacia los cristianos. 
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Régimen cubano crea departamento para atender a los religiosos

MADRID, España.- El régimen cubano creó un Departamento de Atención a Instituciones Religiosas y Asociaciones Fraternales, como parte del fortalecimiento de la estructura del Gobierno, según informó el Partido Comunista de Cuba (PCC) a través de Twitter. 
De acuerdo a una nota de la Agencia Cubana de Noticias (ACN), tendrá como objetivo “conducir y ejecutar las tareas administrativas relacionadas con esas entidades”, aunque la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del PCC continuará “su labor, en la implementación de la política de la Revolución hacia la religión y los creyentes”.

Al frente del departamento estará la licenciada en Ciencias Sociales, Eloísa Valdés Pérez, quien durante años ha trabajado en la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central.
“La Constitución de la República declara que el Estado cubano es laico y reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa, así como que las instituciones religiosas y asociaciones fraternales están separadas del Estado y todas tienen los mismos derechos y deberes”, indica ACN.
Sin embargo, en enero pasado la ONG evangélica Open Doors incluyó a Cuba en su ranking anual de los 50 países con mayor persecución y discriminación hacia los cristianos.
Según explicó la organización, la crisis de la COVID-19 se ha utilizado en la Isla como pretexto para obstaculizar las actividades de la iglesia y la comunidad, monitorear a sus líderes, realizar arrestos arbitrarios, confiscar propiedades privadas e imponer tarifas de extorsión.
Además denunció que desde 1959 el Partido Comunista ha buscado controlar la iglesia de acuerdo con su ideología comunista y el gobierno ha reacciona con dureza contra las voces de la oposición y los manifestantes, por lo que cuando los activistas cristianos critican al régimen, enfrentan arrestos, el cierre de sus iglesias o negocios, penas de prisión y hostigamiento por parte del gobierno y sus simpatizantes.
Este mes el régimen cubano forzó al exilio al pastor Enrique de Jesús Fundora Pérez por su apoyo a más de cuarenta familias de presos políticos.
Fundora Pérez explicó a CubaNet que oficiales de la Seguridad del Estado lo amenazaron con condenarlo hasta 30 años de prisión bajo delitos como “sedición” e “instigación a delinquir”.
El líder religioso lideraba en su poblado de residencia, San José de las Lajas, unas diez iglesias vinculadas a la red del Movimiento Apostólico, red de iglesias evangélicas que el régimen se ha negado a reconocer y legalizar a través del Registro de Asociaciones.
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Itinerario mínimo para comprender las tensiones actuales entre la Iglesia Católica y el Estado Cubano

En 1961, hace seis décadas, fueron expulsados de Cuba 131 sacerdotes en el barco Covadonga. A decir del doctor en Historia por la Universidad de Georgestown, P. Manuel Maza Miquel S.J.: « (…) ese año la Iglesia católica fue despojada de su más importante instrumento de influencia social en la sociedad cubana: el sistema de colegios católicos. También perdió a las cuatro quintas partes de su personal eclesiástico y la posibilidad de dirigirse a la generalidad de la ciudadanía cubana de manera libre y directa usando los medios de comunicación».[1]
Sin dudas, ese fue uno de los momentos más álgidos en las relaciones Iglesia-Estado posterior a 1959. Sesenta años después, estamos en presencia de otra etapa donde el catolicismo cubano y el gobierno se ubican en medio de una visible tensión, reflejada en sucesos concretos dentro de la sociedad.
Desde hace un tiempo, los obispos cubanos evidencian la necesidad de una vía pacífica para integrar el disenso como parte de una sociedad más justa. Si nos remontamos a 1993, otro año de ostensible tirantez, podemos leer en el mensaje pastoral El Amor todo lo Espera: «rechazar el diálogo es perder el derecho a expresar la propia opinión y aceptar el diálogo es una posibilidad de contribuir a la comprensión entre todos los cubanos para construir un futuro digno y pacífico».[2]
Las instituciones católicas del país han sido también afectadas por la pandemia de Covid-19, que obligó a cerrar los templos como medida sanitaria durante gran parte del 2021. Sin embargo, el accionar caritativo de la Iglesia no ha dejado de esforzarse por ayudar a los sectores más vulnerables de la población.
Pese a que instituciones como Cáritas Cuba tienen un reconocimiento demostrable en sus miles de beneficiarios a lo largo del país, su empeño es invisible para los medios de comunicación oficial. ¿Quién gana con que se promueva con denuedo lo mínimo que haga alguna ONG reconocida como aliada del gobierno y, por el contrario, se anule del discurso mediático la contribución de otros actores que no reproducen la ideología estatal?

Para abordar las tensiones es necesario reconocer que el mundo católico es heterogéneo, y eso es una riqueza espiritual en pos de permitir un empoderamiento de la iglesia como uno de los mediadores válidos en la necesaria reconciliación nacional.
Es increíble que el fin de semana previo al lunes 15 de noviembre, hubiera católicos como organizadores de la sentada de los Pañuelos Rojos en el parque de la Fraternidad, y también muchos que abogaban por el derecho constitucional a una manifestación pacífica. En lo personal, soy amigo de uno de esos jóvenes católicos que es cuadro de la Unión de Jóvenes Comunistas en La Habana, y de otro que era moderador de Archipiélago. Sé que ambos suelen compartir espacios eclesiales y el criterio de «no exclusión».
Los católicos y las protestas sociales
Varios católicos ―laicos, sacerdotes, religiosas― salieron a las calles el 11 de julio como parte de su aprobación a los reclamos de los manifestantes. Algunos laicos están presos aún. Entre los recuerdos más tristes de ese día está el del joven historiador católico Leonardo Manuel Fernández Otaño, rezando arrodillado frente al ICRT mientras un grupo de personas, de más de sesenta años, lo insultaba verbalmente en un «espontáneo» acto de repudio.
La Conferencia Cubana de Religiosas y Religiosos (CONCUR), ha creado una comisión para acompañar a los detenidos y sus familiares tras las protestas del 11-J. De ese equipo han emanado llamadas de atención ante irregularidades que se están cometiendo con los presos, y propuestas y peticiones al gobierno para contribuir a la sanación del tejido social de la nación. Hasta la fecha, sus reclamos han sido totalmente ignorados.
El pasado 15 de noviembre, una turba de personas que evidentemente cumplía orientaciones, se dio cita frente al Arzobispado de Camagüey para realizar un acto de repudio contra algunos sacerdotes que habían mostrado el deseo de participar en la marcha cívica convocada para ese día.
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Una de las imágenes que quedará en la memoria virtual de los cubanos es la del Padre Alberto Reyes rezando en la azotea de la edificación por el alma de aquellos eufóricos manifestantes que le gritaban toda clase de improperios. Si algo nos remite a 1961, son estos sucesos macabros, de masas enajenadas que intentan descalificar la labor social de la iglesia.
Fui víctima de las acciones de intimidación de la Seguridad del Estado sobre laicos para que no participáramos en la marcha. Estos ejercicios de violencia sicológica aún deben ser evaluados, pues conozco por testimonios recogidos, que han llegado a romper, incluso de forma irreparable, lazos del ámbito afectivo de las personas afectadas.
El propio día 15, algunos de los católicos que pretendieron manifestarse ―incluyo aquí a sacerdotes, religiosas y laicos― estuvieron impedidos de abandonar sus casas por fuerzas policiales.
No obstante, de los sucesos del 15 de noviembre en que estuvieron involucrados religiosos católicos, quizás uno de los más lamentables sea el relatado por la hermana Nadieska Almeida, superiora de las Hijas de la Caridad en Cuba. Ella fue abordada ese día por un grupo de «civiles» y una representación del Partido Comunista para amenazarla por su intención de caminar fuera del convento.
Esta acción denota, de manera trasparente el débil componente que sustenta las relaciones Iglesia-Estado en Cuba, pues solo alguien con un desconocimiento enorme de la vocación y labor de servicios que las Hijas de la Caridad han prestado a los sectores más desprotegidos de la sociedad civil desde su llegada a la Isla, puede ser capaz de semejante infamia.
Sor Nadieska Almeida
Lo paradójico del asunto es que, pasados unos días de estas acciones de odio, uno de los participantes en las mismas recurrió apenado, a través de un familiar, a pedir medicinas para su madre enferma a uno de los sacerdotes repudiados, pues no las podía conseguir en la farmacia y las solicitaba ahí de forma regular.
La respuesta del sacerdote del pueblo fue esta: «Dile a tu hermano que él puede seguir viniendo a recoger las medicinas para su mamá en la parroquia, pues lo más hermoso de la iglesia es que incluso los que la atacan y denigran saben que siempre podrán acudir a ella como a una madre, y serán tratados como hijos. Y yo no lo repudio».
El Papa Francisco y Cuba
El Papa Francisco ha estado desde su nombramiento muy al pendiente de la situación del país. Lo denota el que hayamos sido visitados por él en dos ocasiones y sus referencias a Cuba en varios mensajes. En este último año, la imagen del sucesor de Pedro ha sido centro de innumerables debates en los ámbitos que articulan el pensamiento político de los cubanos, dentro y fuera de la Isla.
Hay instalada, incluso en algunos sectores del catolicismo cubano, una matriz de opinión que impele al Sumo Pontífice como un actor internacional favorable al régimen gobernante en el país. Tal criterio cobró mayor peso cuando el influencer cubano-americano Alexander Otaola planeó una especie de protesta mediática durante una oración vespertina en la plaza de San Pedro, pocos días antes del 15 de noviembre. Esa acción fue impedida, en algunos casos de forma desmedida, por la guardia suiza del recinto y avivó aún más en las redes la discusión acerca del supuesto apoyo del Papa a los sistemas comunistas.
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Es oportuno señalar que también se ha construido ese relato desde la oficialidad, pues los medios nacionales lo posicionan como un sujeto político alineado de forma inseparable con la izquierda mundial. Un joven laico de Cienfuegos, que figuraba entre los convencidos a marchar el 15N, relató en su perfil de Facebook que la Seguridad del Estado, en uno de los interrogatorios, le cuestionó que él se dijera católico cuando deseaba derrocar a un sistema comunista que tenía el visto bueno del Papa Francisco.
Este tipo de pulseo ideológico dista mucho del espíritu de amistad social que Francisco solicitó a los jóvenes cubanos para hacer carne dentro del tejido social de la nación. Creo que nadie en su sano juicio se atrevería a etiquetar como comunista al pontífice argentino, así como también es impensable que el Santo Padre viole el principio de subsidiariedad de la Iglesia emitiendo una declaración frontal contra el gobierno, y pasando así por encima de la Conferencia Episcopal cubana.
El sucesor de Pedro ha estado y estará siempre de parte de la justicia social, es evidente su opción preferencial por las causas que defienden los pobres como sujetos políticos. Los que hemos leído su pensamiento sabemos que para él la unidad verdadera no es uniformidad, sino unidad en la diferencia. Por eso recomendó a los católicos cuidarnos de no convertirnos en «custodios de la verdad», gente que escoge la parte, no el todo; el pertenecer a aquello o esto antes que a la iglesia.
Una clave para el catolicismo cubano de hoy es intentar no trocarnos en seguidores partidistas en vez de en hermanos y hermanas, en el mismo espíritu; no ser cristianos de derecha o de izquierda peleados entre sí, antes que discípulos de Jesús y su encarnación junto a los reprimidos por defender la justicia.
La Conferencia Episcopal cubana y la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido
El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez se ha reunido con diferentes sectores de la sociedad civil, sin embargo, hasta el día de hoy no ha tenido este intercambio con la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Ello de alguna forma evidencia la tensión en las relaciones Iglesia-Estado en la actualidad. Y de darse, pudiera ser visto como un paso positivo en pos de un futuro de mayor diálogo.
Con quien sí conversó el presidente el pasado mes de septiembre, fue con el cardenal estadounidense Sean Patrick O’Malley que, según relató en su crónica del viaje, pidió al mandatario que se reuniera con los obispos cubanos y por la libertad para los presos políticos tras las protestas del 11-J.

El Presidente de #Cuba Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recibió a su Eminencia el Cardenal Sean Patrick O’Malley, Arzobispo de la Arquidiócesis de #Boston , #EstadosUnidos lea más aquí en nota publicada en @Granma_Digital https://t.co/RbPnf394vD pic.twitter.com/3X4y4yBCEM
— Johana Tablada de la Torre (@JohanaTablada) September 9, 2021

El interlocutor inmediato entre la Iglesia y el Gobierno es la Oficina de Asuntos Religiosos, que ha sostenido intercambios con actores del ámbito católico nacional, pero con resultados insuficientes para la recuperación del necesario diálogo. Pues, por ejemplo, desde el sitio para-oficial Razones de Cuba se ha atacado con artículos hirientes la labor de actores de la iglesia, incluso a la Conferencia Episcopal, por su denuncia pública de la realidad nacional. Además, perfiles en redes sociales adscritos a la ideología del Partido han calumniado a sacerdotes y laicos.
La Conferencia Episcopal Cubana en su último mensaje, anterior al 15 de noviembre, exhortaba a las autoridades de la nación a buscar caminos que sirvieran para el entendimiento, la reconciliación y la paz. Y abogaban por la consecución de espacios donde se pudiera establecer un diálogo armónico y civilizado entre los diversos actores de la sociedad civil para encontrar mejores soluciones a los problemas que nos agobian.
Este mensaje cobró amplia repercusión mediática a través de las redes sociales y medios de comunicación independientes. Sin embargo, no parece haber tomado la misma fuerza dentro de los decisores de la nación, que incluso no han cedido ante la siguiente reflexión de los obispos cubanos: «¡Cuánto agradecerían tantas familias cubanas y la misma Iglesia, y cuánto disminuiría la tensión social, si hubiese un gesto de indulgencia para los que aún permanecen detenidos por los acontecimientos del pasado verano!».
Aunque, como se ha visto, son notables las tensiones entre la Iglesia y el Estado cubano durante el año 2021, considero que la decisión gubernamental de cambiar la sede de la Oficina de Asuntos Religiosos fuera del ámbito del Partido Comunista, podría abrir un nuevo escenario de cara a la mejoría de relaciones.
Pese a los lamentables sucesos descritos, existe actualmente un contexto distinto al del año 1961, por lo que considero que no estamos aún en presencia de una nueva etapa de confrontación radical entre Iglesia Católica y Estado, que es definida por algunos autores como el escenario para una Iglesia del Silencio.
Sería oportuno que se establecieran las condiciones para un intercambio entre la dirigencia de la nación y un sector representativo del catolicismo, al cual se debería invitar, además de a los obispos, a representantes de la Conferencia Cubana de Religiosas y Religiosos y a sacerdotes y laicos, que son, por su prestigio social, considerados interlocutores válidos por la población. Me sumo al pedido de la Iglesia de encomendar a la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, la resolución mediante el diálogo y la reconciliación de un futuro esperanzador para nuestra patria.
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[1] Esclavos, patriotas y poetas a la sombra de la cruz. Manuel P. Maza Miquel S.J.; Centro de Estudios Sociales Montalvo, Dominicana, p. 12.
[2] Ibídem. 1

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Cintio Vitier traicionó al catolicismo para ser aceptado por el castrismo

LA HABANA, Cuba.- Este 25 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento del poeta y ensayista cubano Cintio Vitier, integrante del famoso grupo literario Orígenes que fuera liderado por el también poeta y novelista José Lezama Lima.
Comoquiera que Vitier terminó sus días en total sintonía con la política cultural del castrismo, son  muchos los homenajes que la cultura oficialista anuncia por estos días para conmemorar el centenario de su natalicio. No obstante, valdría la pena rememorar el espinoso camino que hubo de transitar el poeta para ser finalmente aceptado por la cultura castrista. En especial, debido a su fe católica.
En 1958 vio la luz el libro Lo cubano en la poesía, un valioso texto de Cintio Vitier que recorría el itinerario de ese género literario en la isla. Ese ensayo, sin embargo, fue objetado por algunos críticos debido a que ignoraba por completo la situación política y social por la que atravesaba Cuba en ese momento. En defensa de su texto, Cintio argumentaba que “la Poesía nos cura de la Historia”
Doce años después, en 1970, se publicó una nueva edición de Lo cubano en la poesía, en la que el autor escribe un prólogo donde da a entender que ya no había tal contradicción entre la Poesía y la Historia. Evidentemente, ya por esta época Cintio intentaba penetrar en las filas de la cultura castrista.
Llegamos al año 1975 y con él la publicación en México del ensayo Ese sol del mundo moral, un texto de encendido fervor martiano y hasta fidelista, que analizaba la tendencia seguida por la eticidad cubana desde los albores de nuestra nacionalidad. Sin embargo, este nuevo libro de Vitier contemplaba la eticidad separada del acontecer económico, político y social del momento. Todo al margen del Materialismo Histórico de Carlos Marx, que signaba las ciencias sociales que se impartían en el país.  Además, la condición católica del autor se alejaba del ateísmo científico que por aquella época preconizaban los manuales soviéticos que abundaban en Cuba.
Como consecuencia de ello, el libro de Cintio Vitier fue ignorado por las editoriales cubanas. Y cada vez que le preguntaban a él acerca del porqué de la no publicación en la isla de su ensayo, su respuesta era que había muchas “incomprensiones”. En el fondo imaginamos el sufrimiento del poeta, que ya daba muestras de comulgar con el castrismo, y sin embargo ese mismo castrismo no acababa de admitirlo en sus filas.  ,
Así las cosas, llegó el período especial de los años 90. Y en 1993, cuando la situación económica y social de la isla parecía haber tocado fondo, apareció el mensaje pastoral “El amor todo lo espera”. Un documento en el que la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba denunciaba la política gubernamental que había, en buena medida, dado lugar a ese lamentable estado de cosas. Incluso, los obispos proponían que el gobierno dialogara con aquellas personas que pensaban de una manera diferente con vistas a destrabar la crisis que afrontaba la nación.
De inmediato la prensa oficialista la emprendió contra los obispos, calificados por algunos medios oficialistas como traidores a la patria.
Se podrá imaginar el dilema que enfrentaba el poeta Cintio Vitier. De un lado sus obispos católicos, pero del otro el oficialismo castrista del que aspiraba a formar parte.
A la postre, el desenlace sobrevino mediante el artículo de Cintio titulado “Observaciones al mensaje de los obispos”, aparecido en el periódico Granma, en su edición del 22 de septiembre de ese año 1993.
“Antes que aceptar el derecho a la diversidad, hay que defender el derecho del país a la supervivencia como nación independiente”, fue lo que escribió el poeta. De esa manera, Cintio le daba la espalda al mensaje pastoral y se alineaba junto al castrismo en aquel momento definitorio.
En recompensa, pronto el castrismo premió al poeta. En 1995, al fin, vio la luz la edición cubana de Ese sol del mundo moral, y ese propio año Cintio y su esposa Fina García-Marruz fueron las figuras centrales con que el gobierno conmemoró el centenario de la caída en combate de José Martí.
Cintio Vitier podía proclamar que, tras mucho bregar, la Historia entraba en el hogar de la Poesía. Pero, claro, no era una Historia cualquiera, sino la interpretada por el castrismo.
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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Los religiosos cubanos y su papel ante el régimen comunista (II)

LA HABANA, Cuba.- En el veinte aniversario de la visita a la Isla del Papa Juan Pablo II, en enero de 2018, tres sacerdotes católicos cubanos enviaron una carta al entonces presidente del país, Raúl Castro; en ella pedían “elecciones en libertad” y un país “donde se respete más la vida”.
“Los cubanos saben que no tienen libertad de expresión, se cuidan para decir lo que piensan y sienten, porque viven con miedo, muchas veces, incluso, de aquellos con quienes conviven cada día (…). Los cubanos necesitan vivir la alegría de ‘pensar y hablar sin hipocresía’ con distintos criterios políticos. Estamos cansados de esperar, cansados de huir, cansados de escondernos. Queremos vivir nuestra propia vida”, señalaron en la misiva los padres Castor José Álvarez de Devesa, José Conrado Rodríguez Alegre y Roque Nelvis Morales Fonseca.
Respecto a la libertad religiosa en el país refirieron: “La Iglesia es tolerada, pero no deja de ser vigilada y controlada. (…) Se reduce la plena libertad religiosa con una controlada libertad de permisos de culto. Los cristianos pueden reunirse a compartir su fe, pero no les es permitido construir un templo. La Iglesia puede hacer procesiones e incluso misas públicas, pero siempre a condición de un permiso expreso de las autoridades que, de no otorgarlo, no permite apelación ni da explicación”.
En los últimos años varios líderes cristianos han sufrido la represión de la dictadura; el pastor evangélico Alain Toledano ha sido detenido e interrogado por la Seguridad del Estado cubana en varias ocasiones por denunciar las violaciones a las libertades religiosas. El periodista independiente de fe evangélica, Yoe Suárez, también ha sido víctima de acoso por parte de los órganos represivos. En 2019 se conoció del caso de Ramón Rigal y su esposa Ayda Expósito, dos pastores de la Iglesia de Dios en Cuba, en Guantánamo, que fueron condenados a prisión por querer educar a sus hijos desde su casa.
“La Iglesia sí se tiene que meter en política”
Ante el monopolio estatal de los medios de comunicación, las redes sociales han posibilitado una mayor divulgación de la realidad nacional cubana. Gracias a internet y las redes sociales, en octubre de 2020 se conoció la valiente homilía del padre Jorge Luis Pérez Soto, párroco de San Francisco de Paula, en el municipio de Diez de Octubre, en La Habana. Mediante la lectura de pasajes de la Biblia cuestionaba el sistema imperante en la Isla.
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“Pa’ lo que sea. ¿Se acuerdan de esa consignita, ¿verdad?”, preguntó a sus fieles en alusión a la consigna que solían exclamar los adeptos a Fidel Castro en los mítines políticos. “¡Eso solamente se le puede decir a Dios!”, sentenció.
En cuanto a las posturas de la Iglesia, explicó: “A veces la gente dice: la Iglesia no se tiene que meter en política. Perdón, la Iglesia sí se tiene que meter en política. (…) Cuando la Iglesia ve cosas, actitudes, planteamientos, que son contrarios al Evangelio de dignidad de Jesucristo, la Iglesia tiene que decir esto no va bien, esto traiciona al ser humano. (…) El católico no puede ser apolítico, esa es una palabra mentirosa que de lo único que habla es de cobardía. El cristiano está invitado por Dios a darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Y añadió: “Cuando un gobernante no está dispuesto a dimitir, no está dispuesto a quitarse de enmedio por el bien común, por el bien de su pueblo, por el bien de su sociedad, ese César es un tirano”.
Poco después, en noviembre de 2020, el párroco Alberto Reyes, perteneciente en la Arquidiócesis de Camagüey, desde su perfil de Facebook refirió: “Cuba es una cárcel grande donde, si te portas mal, te meten en otra más pequeña. Y como cárcel al fin, nos sentimos controlados. Tenemos miedo a decir lo que pensamos, a decir lo que queremos. Tenemos miedo a que de un modo u otro nos bloqueen el estudio o el trabajo, que nos hagan la vida más difícil de lo que ya es (…). Siempre quise decir esto: el comunismo es una gran mentira”.
Ese mismo mes, la huelga de hambre y sed desarrollada por varios jóvenes en la sede del Movimiento San Isidro (MSI), en La Habana, como protesta a la represión desatada contra el grupo de artistas, y el posterior desalojo de la vivienda en donde se encontraban generó un gran movimiento de solidaridad en el que también se cuentan varios religiosos.
Mediante las redes sociales se divulgó una carta abierta firmada por más de 200 personas, entre los que se hallaban tanto laicos como sacerdotes y monjas. En ella manifestaban las ansias de vivir en un país donde se pudiera “pensar diferente y manifestarlo”, y solicitaban a las autoridades cubanas una solución pacífica para evitar la muerte de los huelguistas.
“Algunos tenemos posiciones políticas semejantes a las de los miembros del Movimiento, otros estamos en desacuerdo total o parcialmente con sus ideas o con sus modos de expresarlas; pero todos estamos convencidos de que el hostigamiento, sea coordinado o permitido por los agentes del orden, no es solución”.
Menos de seis meses más tarde, durante una segunda huelga de hambre y sed desarrollada por el líder del MSI, Luis Manuel Otero Alcántara, al menos dos sacerdotes y un diácono intentaron acercarse al lugar para asistir espiritualmente al artista; el cerco desplegado por la Seguridad del Estado lo impidió.
El mensaje navideño de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, culminando el 2020, sería convocando al diálogo y negociación como forma de disminuir las diferencias entre los cubanos. El comunicado se publicó justo a dos semanas de la masiva manifestación de artistas y ciudadanos -reunidos en la plataforma 27N- frente al Ministerio de Cultura, exigiendo al régimen diálogo y respeto a los derechos humanos.
“El pueblo no aguanta más”
En enero de 2021, otro sacerdote cubano sorprendería con las denuncias hechas en su homilía, también divulgada en redes sociales. Kenny Fernández Delgado, párroco de la Iglesia de Madruga, en la provincia de Mayabeque, instó a “romper la cadena de miedo, mentira, división y silencio cómplice que nos esclaviza. (…) Esa cadena la romperemos con la fuerza del amor, la verdad, la unidad, y protestando sin violencia, sin rencor”.
Y afirmó además que “si callamos ante la corrupción gubernamental, somos cómplices. Si callamos ante el maltrato, el hostigamiento, la tortura y el encarcelamiento de los que piensan y se expresan diferente al Gobierno: somos cómplices. Si apoyamos un acto de repudio a los que piensan o se expresan diferente al Gobierno, somos cómplices”.
Días más tarde, el 24 de enero, se hizo pública la carta “He visto la aflicción de mi pueblo”, respaldada por más de setecientas personas, entre laicos, monjas y curas. En ella se exponía la crisis nacional cubana: “Estamos viviendo el colapso de un modelo económico, político y social. (…) Necesitamos superar el autoritarismo, de manera que se evite ‘la tentación de apelar al derecho de la fuerza más que a la fuerza del derecho’ y todos los hijos de esta tierra podamos sentarnos, en igualdad de condiciones, en la mesa de un diálogo nacional, pues Cuba es de todos y para todos los cubanos. No es ético adjetivar la Patria y conceder carta de ciudadanía a unos pocos privilegiados miembros de un partido”.
Algunos de los firmantes religiosos de esta misiva fueron amenazados por la policía política.
En abril de 2021 se pronunciarían igualmente los integrantes de la Conferencia Cubana de Religiosas y Religiosos (CONCUR), en Camagüey, en carta dirigida a las autoridades locales: “Sentimos que el pueblo no aguanta más, es una situación insostenible”, los cubanos viven “con las manos atadas, sin oportunidades”, lo cual provoca “mucha angustia, sufrimiento y agotamiento”.
La organización -que agrupa a 18 órdenes católicas de la Isla- exigió, además, garantías para la libertad de expresión y el respeto a la integridad y dignidad humanas independientemente de las ideas.
Asimismo, en el mes de abril, durante la huelga de hambre de más de una veintena de activistas de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), en Santiago de Cuba, un grupo de sacerdotes y laicos les enviaron un mensaje de apoyo: “Porque ellos, como todos, son necesarios para Cuba; porque pensar diferente y actuar en conciencia no puede ser un delito; porque ayudar a los necesitados no puede ser un derecho solo del Estado; porque la intolerancia y la represión los destruye como país; porque la Cuba de la inclusión y el respeto a los derechos humanos ha nacido ya. No podemos seguir indolentes ante el sufrimiento; porque todos merecemos ser escuchados; porque Cuba tiene que ser para todos”.
Pocos días antes, y pese al cerco policial, el Arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Dionisio García, había visitado la sede de la UNPACU, en donde se hallaba José Daniel Ferrer y el resto de los activistas que desarrollaban la protesta pacífica.
Expresiones en el contexto del 11J
Luego de las masivas protestas contra la dictadura acaecidas el 11 de julio (11J) de 2021 -y en jornadas posteriores- la situación del país se tornó más polarizada. Incluso sectores que aún confiaban en el gobierno o se mantenían ajenos o inertes al contexto nacional se proyectaron en contra de la violencia policial desatada por las autoridades. El rechazo a estas acciones se ha generalizado.
Dos días más tarde, sacerdotes, pastores y laicos del exilio cubano divulgaron una carta abierta respaldando las acciones del pueblo cubano que había salido pacíficamente a exigir sus derechos; advirtieron que guardar silencio sobre la situación en el país no era una opción.
Durante las protestas del 11J también resultaron detenidos religiosos, entre ellos el padre Castor José Álvarez, de Camagüey. Su arresto, y el de miles de cubanos, fue denunciado por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba a través de un comunicado en el que, además, defendieron el derecho a la manifestación:
“(…) no podemos cerrar los ojos o entornar la mirada, como si nada estuviera sucediendo. (…). No se llegará a una solución favorable por imposiciones, ni haciendo un llamado a la confrontación, sino cuando se ejercite la escucha mutua, se busquen acuerdos comunes y se den pasos concretos y tangibles que contribuyan, con el aporte de todos los cubanos sin exclusión, a construir la Patria. (…) La violencia engendra violencia, la agresividad de hoy abre heridas y alimenta rencores para mañana que costará mucho trabajo superar, por eso invitamos a todos a no incentivar la situación de crisis, sino con serenidad de espíritu y buena voluntad, ejercitar la escucha, la comprensión y la actitud de tolerancia, que tenga en cuenta y respete al otro para juntos buscar caminos de una justa y adecuada solución”.

Posicionamientos como estos serían normales en cualquier país, no en Cuba, en donde el miedo se ha impuesto, y en donde la represión alcanza a todo aquel que muestre el más mínimo criterio divergente al sistema político.
La respuesta de las autoridades cubanas a pronunciamientos de este tipo, en este caso de los religiosos, ha sido tanto la intimidación como la difamación; pero criterios como estos evidencian que “la Cuba de la inclusión y el respeto a los derechos humanos ha nacido ya”, y que, entre los religiosos cubanos, definitivamente, no prevalecen criterios afines al régimen.
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Los religiosos cubanos y su papel ante el régimen comunista (I)

LA HABANA, Cuba.- El 24 de agosto de 2021 el gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, sostuvo una reunión con varios líderes de organizaciones fraternales y religiosas del país. El encuentro forma parte de una agenda implementada por el mandatario luego de las masivas manifestaciones del 11 de julio. Sin embargo, a la cita solo fueron invitados aquellos que, o “se portan bien”, o sostienen posiciones afines al régimen.
Por tales motivos, en las intervenciones de los participantes en esa reunión, que solo se conocieron por un resumen publicado en la televisión nacional, como suele suceder, no se escucharon cuestionamientos al gobierno. Tales criterios hacen suponer un clima favorable al régimen cubano entre los creyentes. Pero las redes sociales muestran todo lo contrario: líderes religiosos constantemente publican criterios o posicionamientos políticos críticos, que van desde cartas abiertas, homilías y mensajes pastorales, a declaraciones directas denunciando las violaciones de derechos humanos en el país.
Pero, para entender esta compleja realidad es necesario primero conocer lo que ha sucedido con las religiones en Cuba desde 1959.
Historia
Los primeros años del sistema impuesto por los hermanos Castro fue convulso para todas las instituciones del país. Las nacionalizaciones, incluso de centros de enseñanza, también afectaron. Muchos se opusieron abiertamente a la dictadura y fueron apresados, sancionados a cumplir largas condenas en prisión, fusilados u obligados al exilio. Esta situación fue reprobada por los obispos cubanos mediante una serie de pronunciamientos.
En la Constitución de 1976 se estableció y justificó el totalitarismo y sus atropellos, así mismo, se declaró implícitamente el Estado ateo, pues el comunismo prioriza e impone concepciones científico-materialistas.
Hacia la década de los 80’ se generaron amplios debates de inclusión social. Fidel Castro sostuvo varios intercambios con líderes religiosos y en 1985 Frei Betto, teólogo de la liberación brasileño, publicó el libro “Fidel y la Religión”, resultado de extensas entrevistas sostenidas con el cabecilla cubano. En este mismo año se crea la Ley No. 54, más conocida como Ley de Asociaciones, la que declara la libertad de asociación para la población cubana.
En 1985 también se fundó la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). Hasta ese momento, el Registro de Asociaciones, bajo la dirección de Luis Felipe Carneado, había sido el vehículo de mediación entre las instituciones religiosas o fraternales y el régimen cubano. Carneado se mantuvo al frente de la Oficina hasta su fallecimiento, en 1993. A partir de entonces, ha sido Caridad Diego la encargada de su regencia.
Este dato es sumamente importante porque, desde entonces, esta Oficina del PCC ha funcionado como órgano de instrucción de la Seguridad del Estado, llegando a inmiscuirse, manipular e intimidar a las organizaciones religiosas y fraternales de tal manera, que ha sido capaz de tomar decisiones por ellas o de presionar para que se desarrollen o proyecten de la manera más conveniente para el régimen. De estas “buenas relaciones” depende, por ejemplo, si se acepta la entrada de ayudas humanitarias enviadas al país por mediación de instituciones religiosas, o si les son permitidas labores sociales u otras actividades, o simplemente existir con amparo legal en el país. Hasta ese punto llega la coerción de la libertad religiosa o de asociación y reunión en la Isla.
En 1991, como parte de los acuerdos del IV Congreso del PCC, se efectuaron reajustes a la Constitución de 1976. Así, el Estado cubano pasó de ateo a laico, lo cual no se especifica, pero se infiere a partir del reconocimiento de la libertad religiosa. Asimismo, por ejemplo, se permitió el ingreso de miembros del PCC a instituciones fraternales y religiosas, y viceversa, lo cual estaba vedado antes de estos reajustes; incluso se impedía a los practicantes de alguna religión o asociación fraternal el acceso a determinados trabajos o estudios. Es en la Constitución de 2019, en su Artículo 15, que se declara explícitamente que el Estado cubano es laico.
Producto de más de seis décadas de intimidación y control, el miedo y el ostracismo se ha impuesto en las entidades religiosas. No obstante, fundamentalmente en las últimas décadas, muchos religiosos han denunciado el sistema dictatorial cubano. Aunque las instituciones religiosas han tenido varios pronunciamientos al respecto, han sido más abundantes y relevantes las posturas individuales.
Posiciones de religiosos ante la dictadura
Debido a la carencia de estudios actualizados al respecto, es imposible determinar la cantidad de denominaciones religiosas existentes en Cuba. Las religiones más influyentes son la católica, aunque con cierto grado de sincretismo; en el país predominan igualmente las creencias de origen africano y decenas de organizaciones cristianas, muchas de ellas sin reconocimiento oficial.
Hacer un recuento de las posturas institucionales o personales asumidas por los religiosos en Cuba en 62 años conllevaría un trabajo mucho más extenso. Por lo que solo mencionaremos algunas de las más trascendentales, en donde han prevalecido las expresiones de católicos y protestantes.
Las proyecciones de la Iglesia Católica, como Institución, han sido escasas; una de las que más repercusión tuvo ocurrió en 1993 con la Carta Pastoral conocida como “El amor todo lo espera”. En ella los obispos denunciaban la miseria y la falta de libertades políticas, así como las acciones represivas de la Seguridad del Estado. En respuesta, Fidel Castro convocó a marchas contra la Iglesia. Veinte años más tarde, los obispos volvieron a analizar y denunciar la cruda realidad nacional mediante un mensaje conocido como “La esperanza no defrauda”.
Otra de las expresiones del sentir de esta institución se dio a conocer el 24 de octubre de 2018, con un Mensaje Pastoral de los Obispos Católicos de Cuba, en ocasión del proceso de consulta popular del Proyecto de Constitución para la República de Cuba, en el que, entre otros, abogaron por el respeto a los derechos humanos.
Sin embargo, han sido las actitudes individuales de católicos y protestantes las que más han trascendido en los últimos años; muchos han apoyado activamente a grupos disidentes, así como han emitido pronunciamientos en los que exponen su desacuerdo con la realidad nacional y las dictaduras.
En 1998, durante la visita al país del Papa Juan Pablo II, el entonces obispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice, en presencia también de Fidel Castro, alegó: “este es un pueblo que sufre” y “necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos”; presentó a una nación que “a lo largo de su historia ha visto desarticulados o encallados los espacios de asociación y participación de la sociedad civil”, por lo que el Papa estaba ante el alma de “una nación que anhela reconstruir fraternidad a base de libertad y de solidaridad”. Indicó algunos daños provocados a la Iglesia producto de la confrontación con “el marxismo-leninismo estatalmente inducido”, y lamentó que muchos cubanos confundieran “la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”.
Pedro Meurice junto a Juan Pablo II. Foto Otra palabra
Entre la crítica y la complacencia
Uno de los firmantes de la Carta Pastoral “El amor todo lo espera”, en 1993, que generó grandes tensiones con el gobierno, fue el Arzobispo de la Arquidiócesis de La Habana, Jaime Ortega Alamino.
Las gestiones de Ortega Alamino, que se convirtió en Cardenal en 1994, fueron esenciales para lograr la primera visita de un Papa a Cuba en la historia de la Iglesia Católica. Pero esta sería la primera vez que sirviera de anfitrión en tres visitas papales a la Isla en menos de veinte años: Juan Pablo II (1998), Benedicto XVI (2012), y Francisco (2015); en 2016 también Francisco haría una breve escala en Cuba.
Ortega Alamino conoció y sufrió de las violaciones a la libertad religiosa, pues entre 1966 y 1967 estuvo varios meses en los campos de concentración conocidos como UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), en las que religiosos, homosexuales, disidentes y todos aquellos que no encajaban en el ideal de “hombre nuevo” fueron obligados a trabajos forzados como forma de reeducación.
Medió para que, entre 2010 y 2011, cerca de un centenar de disidentes y opositores cubanos fueran excarcelados y abandonaran el país hacia España, a través de acuerdos entre los gobiernos de Raúl Castro y José Luis Rodríguez Zapatero. Su intervención, por encargo del Papa Francisco, resultó clave en el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, en 2014.
No obstante, en 2016, poco antes de jubilarse, y en momentos en que organizaciones de derechos humanos en el país denunciaban unos sesenta presos políticos y varios detenidos por realizar protestas pacíficas, el Cardenal afirmó que en Cuba no habían presos por motivos políticos. También llegó a negar apoyo a las Damas de Blanco cuando estas decidieron continuar sus protestas pacíficas luego de la liberación de los opositores encarcelados durante la Primavera Negra de 2003.
Acciones como estas, incluso sus mediaciones con el régimen cubano para propiciar el llamado deshielo con Estados Unidos, le han valido críticas fundamentalmente de la oposición cubana y del exilio. Algunos consideran que, pese a conocer la represión y las violaciones de derechos humanos, se volvió demasiado complaciente con el régimen a cambio de cuotas de poder o de priorizar algunas prebendas a la Iglesia Católica cubana.
Luego de su fallecimiento, en julio de 2019, el Coordinador del grupo opositor Estado de Sats, Antonio Rodiles, alegó que, pese a su postura confrontacional con el gobierno cubano en determinados momentos, el Cardenal había actuado como su emisario para lavar la imagen de la dictadura ante la comunidad internacional.
“Creo que Ortega, en los últimos tiempos, fue un freno muy lamentable para la Iglesia Católica cubana. Su papel, no solo defendiendo al régimen, sino también a miembros de la familia Castro, desató innumerables críticas por parte de los cubanos libres”, lamentó Rodiles.
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