HAVANA CLIMA

política internacional

Los progresismos en su laberinto: el caso de las elecciones parlamentarias en Francia a la luz de Colombia

Este artículo va a ser un intento heterodoxo de juntar en un solo escrito una fenomenología contextual de los progresismos, desde diferentes lugares de observación, pero centrándome en el caso francés para poder invitarnos a vaivenes entre los lugares que habitan mi experiencia política.Todo empieza con una cronología solapada. Hace pocos días se estrenaba el libro del cual participé como coordinadora y autora, con otros dos colegas, Pavel López y Salvador Schavelzon1, libro que tomamos más de cuatro años en sacar. Geografías complejas, polarización política, precarizaciones, son algunos de los elementos que explican esta demora. Se presentaba el libro, mientras casi simultáneamente se daban la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, un paro nacional con movilizaciones populares en Ecuador y el allanamiento de la Casa de la Cultura en Quito por fuerzas policiales.Durante la presentación del libro, sugerí que desprovincializáramos2 Latinoamérica al poder mirar los progresismos que surgieron (y siguen surgiendo) allá a la luz del progresismo francés. Consideraba esta propuesta por la continuidad que presencié entre el momento en que estuve en Latinoamérica durante el auge y declive de los progresismos latinoamericanos, y mi regreso a Francia en pleno surgimiento de una expresión plebeya de la política, los Chalecos amarillos, y la instalación de la Macronía, es decir un “progresismo” programático que devino en un autoritarismo neoliberal. La comparación entre estos dos momentos y geografías, no es el solo resultado fortuito de una historia personal, sino que conlleva en sí un real desenvolvimiento y concatenación de factores.Después de la derrota histórica, y la desacreditación de la opción socialista en Francia (en las últimas elecciones presidenciales de abril la candidata alcanzó a tener 1,7% de los votos), una fuerza política apareció desde el 2012 como una opción electoral válida para la izquierda francesa, al lado de los eternos comunistas y trotskistas, y una nueva franja social-liberal de ecologista. La Francia Insumisa (LFI) liderada por Jean-Luc Mélenchon fue insertándose poco a poco en el paisaje político, no solamente en las citas electorales, sino también acompañando algunas luchas sociales.Jean-Luc Mélenchon (Reuters / Robert Pratta)Jean-Luc Mélenchon estuvo cercano a los mandatarios de los progresismos latinoamericanos, y se hizo también famoso mediante sus planteamientos (polémicos) sobre, entre otros, Venezuela. En las recientes elecciones parlamentarias quedó asentada la Nueva Unión Popular, Ecológica y Social (NUPES)3 como segunda fuerza política en Francia. LFI obtuvo 131 puestos contra 245 por La República en Marcha (LREM) de Macron, a pesar de una diferencia menor en el número de votos (respectivamente 31,6 % y 38,6%).La bancada presidencial perdió la mayoría absoluta que le permitía gobernar sin presión. Sin embargo, la sorpresa, y no menor, de estas elecciones es la avanzada muy preocupante del Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen, el partido de extrema derecha que estuvo también en segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Habría muchas cosas que decir sobre esta remontada trágica (mas no sorprendente) en lo cual no voy a poder ahondar. Solo dejar asentado que la crisis de representación que azota a Francia desde hace más de diez años ha ido favoreciendo a la extrema derecha, en particular desde la crisis de los Chalecos amarillos.Es de recordar que Mélenchon no es ni un novicio ni un outsider en la política, fue miembro del partido socialista hasta el 2008, aunque su trayectoria desde esta fecha demuestra una coherencia que lo aleja de su antigua guarida política. En todo caso, LFI después de tres intentos fallidos de llegar al mandato supremo no ha bajado la guardia, y ha sabido organizar alianzas con la coalición de izquierda (NUPES) que lo han acercado al partido de la mayoría presidencial.Otra vez, sin poder extenderme, es importante destacar que han hecho un trabajo de agregación importante, al proponer candidatos que provienen de la sociedad movilizada, como es el caso emblemático de Rachel Kéké, exmucama de una franquicia de hoteles 4, y mujer negra, nacida en Costa de Marfil, con un marcado acento. Es la primera vez que una mucama llega a representar una circunscripción en la Asamblea Nacional. Es la primera vez que una mujer negra con un nivel escolar de primaria logra vencer a una exministra de gobierno. Algo está pasando pues… Y este algo me hace pensar que los linderos de la representación política se están moviendo tenuemente, pero con un valor que apreciaremos pronto.La candidata de la coalición de izquierda «NUPES» («Nouvelle Union Populaire Ecologique et sociale») en la 7.ª circunscripción del departamento de Val-de-Marne para las elecciones parlamentarias de junio de 2022, Rachel Keke, posa en París, el 18 de mayo de 2022 (Foto por JOEL SAGET / AFP)Esta mañana no he podido deslindar la imagen de Rachel Kéké con la de Francia Márquez. Solté lágrimas de felicidad al tener la noticia de la victoria de Petro en Colombia, con el primer sorbo de mi café —colombiano— mañanero. Dos mujeres negras, que son símbolos de luchas sociales territoriales y racializadas, dos destinos unidos por una trayectoria similar. Un nombre no puede ser solo un adorno retórico… En la presentación del libro, afirmé que lo revolucionario de la candidatura de Petro era la presencia de Francia a su lado. Al igual que Mélenchon (obviando las proporciones evidentemente), supo ampliar el campo de representación, y sabía que, para mover a las clases populares, hay que dar más que discursos. Este símbolo que sea encarnado por dos mujeres negras, no es tampoco la ilusión mítica de un feminismo interseccional trasnochado. Nos alerta sobre el vigor de un post-progresismo que, de ahora en adelante, será feminista, postcolonial o no será.  Francia Márquez, vicepresidenta electa de Colombia. Foto: DW.Pero volvamos a Ecuador y a las semejanzas que me surgen con el caso francés. Se ha allanado a la Casa de la Cultura, que fue el epicentro de la revuelta de noviembre del 2019. Con marcadas intenciones de erradicar por la fuerza cualquier ola de reivindicación, el gobierno de Lasso está demostrando un claro giro autoritario, tal como pasó con Macron y los Chalecos Amarillos. Mientras tanto, en Francia, un electorado popular y periurbano no encuentra como otra opción política que la del RN, augurando una necesidad para la izquierda de volver a encarar una política de representación más acorde a las necesidades de la gente.En una época de desamparo frente a la insoportable desigualdad social y económica, la perceptible crisis ambiental y climática, y la inseguridad alimentaria, una parte de la sociedad encuentra en la extrema-derecha un cobijo por sus miedos y su desconfianza hacia la política. Le toca entonces a la izquierda y al post-progresismo reencantar la vida, el amor y los territorios. Toca mirarnos aquí y allá. Unir fuerzas e inventar narrativas feministas, ecológicas que puedan representar a todas y todos.***Notas: 1 Derivas y dilemas de los progresismos sudamericanos. Miradas desde la investigación. Buenos Aires, Red Editorial, 2022.2 Chakrabarty, Dipesh. ([2000] 2008). “Introducción: la idea de provincializar a Europa” En: Al margen de Europa. Pensamiento poscolonial y diferencia histórica.3 Coalición creada tras las elecciones presidenciales, bajo el impulso de LFI, para formar un bloque de izquierda para las legislativas, con candidatxs ecologistas, socialistas, trotskistas, comunistas e insumisxs.4 Estuvo liderando una huelga de 22 meses para exigir mejoras salariales en el hotel donde trabajaba.

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Los progresismos en su laberinto: el caso de las elecciones parlamentarias en Francia a la luz de Colombia

Este artículo va a ser un intento heterodoxo de juntar en un solo escrito una fenomenología contextual de los progresismos, desde diferentes lugares de observación, pero centrándome en el caso francés para poder invitarnos a vaivenes entre los lugares que habitan mi experiencia política.Todo empieza con una cronología solapada. Hace pocos días se estrenaba el libro del cual participé como coordinadora y autora, con otros dos colegas, Pavel López y Salvador Schavelzon1, libro que tomamos más de cuatro años en sacar. Geografías complejas, polarización política, precarizaciones, son algunos de los elementos que explican esta demora. Se presentaba el libro, mientras casi simultáneamente se daban la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, un paro nacional con movilizaciones populares en Ecuador y el allanamiento de la Casa de la Cultura en Quito por fuerzas policiales.Durante la presentación del libro, sugerí que desprovincializáramos2 Latinoamérica al poder mirar los progresismos que surgieron (y siguen surgiendo) allá a la luz del progresismo francés. Consideraba esta propuesta por la continuidad que presencié entre el momento en que estuve en Latinoamérica durante el auge y declive de los progresismos latinoamericanos, y mi regreso a Francia en pleno surgimiento de una expresión plebeya de la política, los Chalecos amarillos, y la instalación de la Macronía, es decir un “progresismo” programático que devino en un autoritarismo neoliberal. La comparación entre estos dos momentos y geografías, no es el solo resultado fortuito de una historia personal, sino que conlleva en sí un real desenvolvimiento y concatenación de factores.Después de la derrota histórica, y la desacreditación de la opción socialista en Francia (en las últimas elecciones presidenciales de abril la candidata alcanzó a tener 1,7% de los votos), una fuerza política apareció desde el 2012 como una opción electoral válida para la izquierda francesa, al lado de los eternos comunistas y trotskistas, y una nueva franja social-liberal de ecologista. La Francia Insumisa (LFI) liderada por Jean-Luc Mélenchon fue insertándose poco a poco en el paisaje político, no solamente en las citas electorales, sino también acompañando algunas luchas sociales.Jean-Luc Mélenchon (Reuters / Robert Pratta)Jean-Luc Mélenchon estuvo cercano a los mandatarios de los progresismos latinoamericanos, y se hizo también famoso mediante sus planteamientos (polémicos) sobre, entre otros, Venezuela. En las recientes elecciones parlamentarias quedó asentada la Nueva Unión Popular, Ecológica y Social (NUPES)3 como segunda fuerza política en Francia. LFI obtuvo 131 puestos contra 245 por La República en Marcha (LREM) de Macron, a pesar de una diferencia menor en el número de votos (respectivamente 31,6 % y 38,6%).La bancada presidencial perdió la mayoría absoluta que le permitía gobernar sin presión. Sin embargo, la sorpresa, y no menor, de estas elecciones es la avanzada muy preocupante del Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen, el partido de extrema derecha que estuvo también en segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Habría muchas cosas que decir sobre esta remontada trágica (mas no sorprendente) en lo cual no voy a poder ahondar. Solo dejar asentado que la crisis de representación que azota a Francia desde hace más de diez años ha ido favoreciendo a la extrema derecha, en particular desde la crisis de los Chalecos amarillos.Es de recordar que Mélenchon no es ni un novicio ni un outsider en la política, fue miembro del partido socialista hasta el 2008, aunque su trayectoria desde esta fecha demuestra una coherencia que lo aleja de su antigua guarida política. En todo caso, LFI después de tres intentos fallidos de llegar al mandato supremo no ha bajado la guardia, y ha sabido organizar alianzas con la coalición de izquierda (NUPES) que lo han acercado al partido de la mayoría presidencial.Otra vez, sin poder extenderme, es importante destacar que han hecho un trabajo de agregación importante, al proponer candidatos que provienen de la sociedad movilizada, como es el caso emblemático de Rachel Kéké, exmucama de una franquicia de hoteles 4, y mujer negra, nacida en Costa de Marfil, con un marcado acento. Es la primera vez que una mucama llega a representar una circunscripción en la Asamblea Nacional. Es la primera vez que una mujer negra con un nivel escolar de primaria logra vencer a una exministra de gobierno. Algo está pasando pues… Y este algo me hace pensar que los linderos de la representación política se están moviendo tenuemente, pero con un valor que apreciaremos pronto.La candidata de la coalición de izquierda «NUPES» («Nouvelle Union Populaire Ecologique et sociale») en la 7.ª circunscripción del departamento de Val-de-Marne para las elecciones parlamentarias de junio de 2022, Rachel Keke, posa en París, el 18 de mayo de 2022 (Foto por JOEL SAGET / AFP)Esta mañana no he podido deslindar la imagen de Rachel Kéké con la de Francia Márquez. Solté lágrimas de felicidad al tener la noticia de la victoria de Petro en Colombia, con el primer sorbo de mi café —colombiano— mañanero. Dos mujeres negras, que son símbolos de luchas sociales territoriales y racializadas, dos destinos unidos por una trayectoria similar. Un nombre no puede ser solo un adorno retórico… En la presentación del libro, afirmé que lo revolucionario de la candidatura de Petro era la presencia de Francia a su lado. Al igual que Mélenchon (obviando las proporciones evidentemente), supo ampliar el campo de representación, y sabía que, para mover a las clases populares, hay que dar más que discursos. Este símbolo que sea encarnado por dos mujeres negras, no es tampoco la ilusión mítica de un feminismo interseccional trasnochado. Nos alerta sobre el vigor de un post-progresismo que, de ahora en adelante, será feminista, postcolonial o no será.  Francia Márquez, vicepresidenta electa de Colombia. Foto: DW.Pero volvamos a Ecuador y a las semejanzas que me surgen con el caso francés. Se ha allanado a la Casa de la Cultura, que fue el epicentro de la revuelta de noviembre del 2019. Con marcadas intenciones de erradicar por la fuerza cualquier ola de reivindicación, el gobierno de Lasso está demostrando un claro giro autoritario, tal como pasó con Macron y los Chalecos Amarillos. Mientras tanto, en Francia, un electorado popular y periurbano no encuentra como otra opción política que la del RN, augurando una necesidad para la izquierda de volver a encarar una política de representación más acorde a las necesidades de la gente.En una época de desamparo frente a la insoportable desigualdad social y económica, la perceptible crisis ambiental y climática, y la inseguridad alimentaria, una parte de la sociedad encuentra en la extrema-derecha un cobijo por sus miedos y su desconfianza hacia la política. Le toca entonces a la izquierda y al post-progresismo reencantar la vida, el amor y los territorios. Toca mirarnos aquí y allá. Unir fuerzas e inventar narrativas feministas, ecológicas que puedan representar a todas y todos.***Notas: 1 Derivas y dilemas de los progresismos sudamericanos. Miradas desde la investigación. Buenos Aires, Red Editorial, 2022.2 Chakrabarty, Dipesh. ([2000] 2008). “Introducción: la idea de provincializar a Europa” En: Al margen de Europa. Pensamiento poscolonial y diferencia histórica.3 Coalición creada tras las elecciones presidenciales, bajo el impulso de LFI, para formar un bloque de izquierda para las legislativas, con candidatxs ecologistas, socialistas, trotskistas, comunistas e insumisxs.4 Estuvo liderando una huelga de 22 meses para exigir mejoras salariales en el hotel donde trabajaba.

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Rusia ante la “nueva normalidad bélica”

El 24 de febrero pasado el mundo despertó con una noticia que parecía sacada de un guion de Hollywood. El ataque de Rusia a Ucrania tomó por sorpresa por igual a analistas y rusos de a pie. Muy pocos calcularon el acontecimiento que cambiaría drásticamente la geopolítica y la situación mundial.Lo ocurrido desde entonces sigue provocando estupor, no solo por el horror de cualquier guerra, sino por la oleada de medidas restrictivas derivadas del conflicto, en algunos casos de manifiesta hipocresía. Pero ni siquiera las sanciones más fuertes implementadas jamás contra país alguno (aunque esta dista mucho de ser la única agresión de su tipo en la historia reciente) han conseguido su objetivo declarado: obligar a Rusia a frenar el conflicto bélico y replegarse.Al contrario, a pesar de la presión y el desgaste económico que presuponen para el país, los tambores de guerra siguen resonando con fuerza y no parecen dispuestos a callar. La retórica belicista se ha adueñado del discurso más que nunca y mucha gente empieza a incorporarla a su cotidianidad como algo inevitable.Mientras en Ucrania aumentan los muertos y desplazados, en Donbás (justificación rusa para iniciar este desmadre) tampoco están mejor desde entonces. Las víctimas lo son a uno y otro lado de cualquier línea de fuego. Y también más allá, la gente de a pie que sufre las consecuencias de las decisiones de otros.Las mujeres y las guerrasLas sanciones ya empiezan a notarse no solo en la falta de esta u otra marca, sino en las cadenas productivas de los propios artículos rusos, que muchas veces no reciben los componentes necesarios para su fabricación, hablemos lo mismo de un automóvil, un teléfono inteligente, un medicamento o una simple golosina. Y los expertos auguran que irá a peor.Rusia: ¿Sanciones vs. diálogo?Todo se complica además por las dificultades de los bancos, sancionados o no, para obtener o cambiar divisas, así como para realizar transferencias desde y a Rusia, sobre todo tras la desconexión del sistema SWIFT. Esto afecta al gran oligarca, y al simple mortal, que ve complicado manejar y disponer de sus ahorros.Peor se lleva la subida de los precios, disparados a veces al 300 %, a pesar de que el rublo ha logrado “estabilizarse” a los niveles anteriores a esta crisis.Con la nueva normalidad llega un “nuevo Mc Donalds” que, bajo el nombre comercial de “cambia el nombre, el amor se mantiene”, ofrece alimentos similares en la misma red de establecimientos ocupados anteriormente por la cadena de comida rápida estadounidense. Como mismo ocurrió al arribo de la emblemática firma en 1991, su sucesora rusa abrió con largas filas de curiosos dispuestos a probar y comparar.Nueva cadena de venta de comida rápida en Rusia sustituye a la red Mc Donalds en el país. Foto: archivo personal de la autora.La vida y los planes se tuercen con el inaudito bloqueo a las aerolíneas rusas y la  prohibición de vuelos a Europa y otras zonas del mundo, lo que convierte en misión casi imposible la salida o entrada a Rusia, salvo a través de Turquía o Asia.Le sumamos a esto decisiones de la parte rusa, como la de salir del Espacio Educativo europeo (que implica la complicación futura para el reconocimiento de estudios para los graduados universitarios, por ejemplo); o el bloqueo por “incumplir las leyes” a Facebook y otras redes sociales o servicios de internet; medidas que acrecientan la sensación de “claustrofobia” en parte de la población, que algunas veces optan por viajar fuera del país sin pasaje de regreso.Con un giro brusco del timón del totalitarismo, Putin parece haber afianzado su poder, mientras las voces críticas se escuchan cada vez más apagadas o lejanas, literalmente.Y aunque son muchos los que tienen familia, amigos, en Ucrania y a los que les duele lo que está ocurriendo, esa no suele ser la parte del cuento que sale en los medios. Son tantos o más los que se sienten identificados con Donbás. Con las historias también trágicas del sufrimiento que llevan años padeciendo, que ahora no ha hecho más que acrecentarse y que tampoco se ha visto mucho en las pantallas occidentales. A eso se suma el dolor por las bajas de estos 4 meses, en su mayoría de jóvenes que hasta hace muy poco no habían escuchado nunca un tiro ni pensaban estar jamás en tal situación.Pero la gran masa se va acostumbrando a las nuevas condiciones y a eufemismos como “operación militar especial”, que vislumbran como algo que era inevitable. Por otro lado, la propaganda y las propias sanciones han trabajado juntas en conseguir que muchos se sientan atacados por “Occidente”.Tal vez esto se explique también en parte con la historia y la mentalidad rusa, la de un país forjado en mil guerras, que hace a algunos preferir que el mundo le tema a Rusia antes de que la comprenda. Y cuando se siente acosada, quiere demostrar valor a toda costa, como fiera herida. Por eso, mientras más presiones externas, menos posibilidades hay de que las cosas vuelvan a su cauce pacífico.Los mayores están acostumbrados a los vaivenes de la posguerra, el socialismo, y lo toman como “es lo que hay”. Los jóvenes llevan la peor parte en esta suerte de desconexión del mundo, algo impensable en el siglo XXI y más para los que nacieron sin tantos muros ni fronteras rígidas. Son también los más afectados en sus aspiraciones vitales y económicas.Todos coinciden en que nada volverá a ser como antes. Y mientras la geopolítica sigue haciendo de las suyas, muchos rusos comunes, y otros que vivimos por acá, intentamos cada día sobrevivir en esta “nueva normalidad”, peor que la de la propia pandemia.

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Rusia ante la “nueva normalidad bélica”

El 24 de febrero pasado el mundo despertó con una noticia que parecía sacada de un guion de Hollywood. El ataque de Rusia a Ucrania tomó por sorpresa por igual a analistas y rusos de a pie. Muy pocos calcularon el acontecimiento que cambiaría drásticamente la geopolítica y la situación mundial.Lo ocurrido desde entonces sigue provocando estupor, no solo por el horror de cualquier guerra, sino por la oleada de medidas restrictivas derivadas del conflicto, en algunos casos de manifiesta hipocresía. Pero ni siquiera las sanciones más fuertes implementadas jamás contra país alguno (aunque esta dista mucho de ser la única agresión de su tipo en la historia reciente) han conseguido su objetivo declarado: obligar a Rusia a frenar el conflicto bélico y replegarse.Al contrario, a pesar de la presión y el desgaste económico que presuponen para el país, los tambores de guerra siguen resonando con fuerza y no parecen dispuestos a callar. La retórica belicista se ha adueñado del discurso más que nunca y mucha gente empieza a incorporarla a su cotidianidad como algo inevitable.Mientras en Ucrania aumentan los muertos y desplazados, en Donbás (justificación rusa para iniciar este desmadre) tampoco están mejor desde entonces. Las víctimas lo son a uno y otro lado de cualquier línea de fuego. Y también más allá, la gente de a pie que sufre las consecuencias de las decisiones de otros.Las mujeres y las guerrasLas sanciones ya empiezan a notarse no solo en la falta de esta u otra marca, sino en las cadenas productivas de los propios artículos rusos, que muchas veces no reciben los componentes necesarios para su fabricación, hablemos lo mismo de un automóvil, un teléfono inteligente, un medicamento o una simple golosina. Y los expertos auguran que irá a peor.Rusia: ¿Sanciones vs. diálogo?Todo se complica además por las dificultades de los bancos, sancionados o no, para obtener o cambiar divisas, así como para realizar transferencias desde y a Rusia, sobre todo tras la desconexión del sistema SWIFT. Esto afecta al gran oligarca, y al simple mortal, que ve complicado manejar y disponer de sus ahorros.Peor se lleva la subida de los precios, disparados a veces al 300 %, a pesar de que el rublo ha logrado “estabilizarse” a los niveles anteriores a esta crisis.Con la nueva normalidad llega un “nuevo Mc Donalds” que, bajo el nombre comercial de “cambia el nombre, el amor se mantiene”, ofrece alimentos similares en la misma red de establecimientos ocupados anteriormente por la cadena de comida rápida estadounidense. Como mismo ocurrió al arribo de la emblemática firma en 1991, su sucesora rusa abrió con largas filas de curiosos dispuestos a probar y comparar.Nueva cadena de venta de comida rápida en Rusia sustituye a la red Mc Donalds en el país. Foto: archivo personal de la autora.La vida y los planes se tuercen con el inaudito bloqueo a las aerolíneas rusas y la  prohibición de vuelos a Europa y otras zonas del mundo, lo que convierte en misión casi imposible la salida o entrada a Rusia, salvo a través de Turquía o Asia.Le sumamos a esto decisiones de la parte rusa, como la de salir del Espacio Educativo europeo (que implica la complicación futura para el reconocimiento de estudios para los graduados universitarios, por ejemplo); o el bloqueo por “incumplir las leyes” a Facebook y otras redes sociales o servicios de internet; medidas que acrecientan la sensación de “claustrofobia” en parte de la población, que algunas veces optan por viajar fuera del país sin pasaje de regreso.Con un giro brusco del timón del totalitarismo, Putin parece haber afianzado su poder, mientras las voces críticas se escuchan cada vez más apagadas o lejanas, literalmente.Y aunque son muchos los que tienen familia, amigos, en Ucrania y a los que les duele lo que está ocurriendo, esa no suele ser la parte del cuento que sale en los medios. Son tantos o más los que se sienten identificados con Donbás. Con las historias también trágicas del sufrimiento que llevan años padeciendo, que ahora no ha hecho más que acrecentarse y que tampoco se ha visto mucho en las pantallas occidentales. A eso se suma el dolor por las bajas de estos 4 meses, en su mayoría de jóvenes que hasta hace muy poco no habían escuchado nunca un tiro ni pensaban estar jamás en tal situación.Pero la gran masa se va acostumbrando a las nuevas condiciones y a eufemismos como “operación militar especial”, que vislumbran como algo que era inevitable. Por otro lado, la propaganda y las propias sanciones han trabajado juntas en conseguir que muchos se sientan atacados por “Occidente”.Tal vez esto se explique también en parte con la historia y la mentalidad rusa, la de un país forjado en mil guerras, que hace a algunos preferir que el mundo le tema a Rusia antes de que la comprenda. Y cuando se siente acosada, quiere demostrar valor a toda costa, como fiera herida. Por eso, mientras más presiones externas, menos posibilidades hay de que las cosas vuelvan a su cauce pacífico.Los mayores están acostumbrados a los vaivenes de la posguerra, el socialismo, y lo toman como “es lo que hay”. Los jóvenes llevan la peor parte en esta suerte de desconexión del mundo, algo impensable en el siglo XXI y más para los que nacieron sin tantos muros ni fronteras rígidas. Son también los más afectados en sus aspiraciones vitales y económicas.Todos coinciden en que nada volverá a ser como antes. Y mientras la geopolítica sigue haciendo de las suyas, muchos rusos comunes, y otros que vivimos por acá, intentamos cada día sobrevivir en esta “nueva normalidad”, peor que la de la propia pandemia.

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Canciller chilena alega que en América es fundamental una agenda común

El presidente de Chile, Gabriel Boric, “representa un nuevo liderazgo de izquierdas en la región” y quiere impulsar una agenda común “más allá de las diferencias ideológicas entre los gobernantes”, según refirió en una entrevista con Efe la canciller del país, Antonia Urrejola.El ex líder estudiantil que asumió en marzo entre grandes expectativas, aunque en las últimas semanas ha descendido su aprobación ciudadana por la situación económica y la violencia según destaca la agencia española, viaja esta semana a Los Ángeles para participar en la Cumbre de las Américas, su primer gran foro internacional.📻 | En entrevista con #RadioAnálisis de @uchileradio, la Canciller @UrrejolaRREE se refirió a la imagen del liderazgo del Presidente @gabrielboric y cómo es observado en la región.Escucha la entrevista completa aquí 👉 https://t.co/RTEXF3Y3zy pic.twitter.com/9AvwVcnBuK— Cancillería Chile 🇨🇱 (@Minrel_Chile) June 3, 2022Feminismo, ecologismo y derechos humanos son las piedras angulares de una política exterior que el joven mandatario, de 36 años, tratará de trasladar en una cumbre marcada por la polémica, con varios mandatarios regionales amenazando con no asistir debido a la exclusión de Venezuela, Nicaragua y Cuba.Ante la interrogante de la agencia respecto al mensaje con el que acude el presidente Boric a la cumbre, Urrejola (Santiago de Chile, 1968) ha dicho que lo primero es el liderazgo, ya que ejerce “un liderazgo nuevo en la región, joven, de izquierda, pero de izquierda democrática. Además, le ha puesto un sello muy importante a los temas de derechos humanos, a la agenda feminista y también a la crisis climática”.“Más allá de las diferencias ideológicas que puedan tener los distintos gobernantes de la región, es fundamental tener una agenda común para aquellos problemas que tenemos que enfrentar de manera conjunta”, dijo.Efe también quiso saber la posición de Chile ante el boicot liderado por el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, quien hace semanas anunció que no estaría personalmente en la Cumbre si se concretaba la intención anunciada desde varios círculos de la administración Biden de dejar fuera a países de la región por su cariz político.Al respecto, respondió Urrejola: “Desde Chile hemos planteado también nuestro interés de que fuera una cumbre sin exclusiones. Si estamos hablando de la necesidad de diálogo, más allá de las distintas ideologías, nos parecía fundamental poder tener un diálogo amplio e inclusivo, pero nosotros no condicionamos nuestra participación a que ello sucediera. Yo lamento que la agenda de la cumbre haya sido copada por este tema, por qué países van y que países no van”.“Un eje fundamental de su política exterior es que América Latina tenga una sola voz y es un esfuerzo que estamos empezando a trabajar. La crisis venezolana obviamente es parte de la agenda de la cumbre y estamos convencidos de que no se puede resolver sin Venezuela”, apuntó.América encara su cumbre apenas sin presidentas y con una brecha crecienteE interrogada respecto a la posición asumida por el gobierno de Boric ante figuras como Juan Guaidó, a quien Estados Unidos ha seguido reconociendo como presidente de Venezuela, dijo: “Chile le hizo un reconocimiento a Juan Guaidó cuando era presidente de la Asamblea, ya no lo es. Entendemos que el presidente de Venezuela es Nicolás Maduro, más allá de las distintas condenas de los órganos internacionales en materia de derechos humanos y de la alta comisionada, que el propio presidente ha dicho que comparte”.Además de México y Bolivia, otros países de la región han puesto en duda su participación en la Cumbre de las Américas, como Honduras y Guatemala; mientras que varios más han expresado su desacuerdo, como Argentina, cuyo presidente Alberto Fernández confirmó esta semana sin embargo su presencia en la Cumbre.

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Macron propone constituir una “comunidad política europea” para países como Ucrania

El presidente francés, Emmanuel Macron, propuso este lunes constituir una “comunidad política europea” en la que se puedan incorporar países como Ucrania, que comparten los valores de la Unión Europea (UE) pero que no pueden esperar una rápida adhesión, pues obstaculizaría la integración según refiere la agencia Efe.“La UE, teniendo en cuenta su nivel de integración, no puede ser a corto plazo el único modo de estructurar el continente europeo”, subrayó Macron en un discurso ante el Parlamento Europeo, durante un acto que marca el fin del trabajo de la Convención para el Futuro de Europa que comenzó hace un año a su propia iniciativa.L’Ukraine, nous la soutenons. Et nous continuerons. En Européens. pic.twitter.com/2VFYgd9NoF— Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) May 9, 2022Según la agencia española, el mandatario explicó que Ucrania “por su lucha y su coraje es ya miembro de corazón de nuestra Europa, de nuestra familia”, pero hay que ser realistas y “todos sabemos que el proceso de adhesión (a la UE) tardará varios años, y en realidad varios decenios”.El presidente francés había conmemorado este domingo el armisticio de la Segunda Guerra Mundial con la derrota de la Alemania nazi en 1945, en un contexto marcado por el choque frontal con Vladímir Putin por la invasión rusa de Ucrania. Putin, poer cierto, encabezó este lunes un desfile con motivo del Día de la Victoria en la Plaza Roja, refiere Europa Press.La ceremonia en Francia, según Efe, comenzó poco después de las 11.00 locales (9.00 GMT) a mitad de la avenida de los Campos Elíseos, donde una estatua del general Charles de Gaulle, el héroe de la resistencia francesa al nazismo y, además, creador del régimen presidencial de la V República que sigue en vigor actualmente.Francia: Macron derrota a Le Pen en segunda vuelta y es reelegido presidenteMacron depositó una corona de flores a los pies de la estatua y después subió en coche oficial la avenida hasta el Arco de Triunfo, escoltado por motoristas de la Gendarmería y por miembros a caballo de la Guardia Republicana, relató Efe.El presidente francés, reelegido en la segunda vuelta de las presidenciales el pasado 24 de abril con un 58,5 % de los votos en su duelo frente a la candidata ultraderechista Marine Le Pen, fue investido el sábado para un segundo mandato de cinco años. Este lunes retomó su agenda internacional.Con información de Efe.

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Las guerras de Ucrania y el pacifismo crítico

Una de las mayores dificultades en torno al conflicto ruso-ucraniano radica en su simplificación. Es cierto, este es el momento de la condena, de la oposición a la guerra, y del apoyo a las víctimas. La invasión ordenada por Vladimir Putin a Ucrania fue la otra línea roja que nunca debió cruzarse.No obstante, la resolución del conflicto pasa inevitablemente por el diálogo, y como premisa de este, por un entendimiento más complejo de lo que está sucediendo.Resolver este punto no solo radica en acortar distancias geográficas, o en solventar lagunas históricas. También es importante entender las distintas dimensiones y fuerzas que se articulan por debajo de la retórica mediática maniquea.En este sentido, el pacifismo crítico al contrario del acrítico debe tratar de entender todas las fuerzas que hoy se ponen en juego. La instauración de la paz y la justicia no es el resultado de la mera casualidad, sino de la comprensión de la naturaleza de la guerra y su violencia.Negociaciones, diálogos y desencuentrosTras varias semanas de invasión, viene siendo necesario cierto distanciamiento para entender las interrogantes más importantes: cuándo y cómo terminará la guerra.Lamentablemente, en muchos de los análisis, se usan premisas ideológicas para reforzar solamente la lógica belicista. Y si bien ello pudiera ser entendible en cierto contexto, es muy poco objetivo dadas las circunstancias político-sociales de Ucrania y Rusia, su historia, el intervencionismo de la OTAN, el rol dependiente — casi ausente — de Europa, el oportunismo chino, y la conveniencia del sector empresarial.Hasta el día de hoy las opciones reales de resolución se mantienen en un horizonte lejano. Después de tres mesas de diálogo, tanto el asesor presidencial del Kremlin, Vladimir Medinsky, como el asesor de la oficina presidencial de Ucrania, Mikhail Podolyak, han calificado los encuentros con cautela.Tanto la OTAN como la UE a través de sus diversos representantes han venido insistiendo en que, a pesar de las hostilidades, mantienen la vía del diálogo abierta a condición de la retirada de Rusia. Sin embargo, acto seguido y con tono más severo —donde se reconoce cierta hipocresía— se hace hincapié en el artículo 5 de la OTAN al mismo tiempo que se reafirma la voluntad de continuar los envíos de armas a Ucrania.Ello sin responder a lo que muchos ya preguntan: ¿A dónde van a parar esas armas? ¿Cuáles son los mecanismos de control sobre su entrega? ¿Qué puede hacer el ejército ucraniano junto a fuerzas civiles contra un ejército profesional como el ruso? ¿No se corre el riesgo de que esas armas caigan paradójicamente en otras manos? Sea cual sea el escenario de posguerra, el país tendrá además que lidiar con esa coyuntura, junto a otra incontable lista de problemáticas sociales que ya eran visibles antes del inicio de la invasión.Además de lo anterior, el envío de armas tampoco parece alterar la correlación de fuerzas. Como piensa Iglesias, esto servirá solamente para aletargar el conflicto, aunque suene muy humano para algunos. Pero es muy fácil incentivar la guerra desde la comodidad de un sillón y a mil millas de distancia.Un conflicto que a nadie le conviene escalarA pesar del pesimismo que se desprende de lo ocurrido hasta ahora, si se observan los acontecimientos con detenimiento, se verá que no hay otra salida. El diálogo y la negociación deben primar en tanto la situación entre la OTAN y Rusia ha llegado a un punto no visto en décadas.Baste recordar lo que diversos analistas han estado enfatizando en las últimas semanas: la línea roja que Putin reclama explícitamente, pero que los aliados y occidente solo reconocen de forma tácita.Un dato interesante que no debe olvidarse, es que, a pesar de haber reducido considerablemente sus arsenales desde el final de la Guerra Fría, Rusia y Estados Unidos siguen poseyendo alrededor del 90% de todas las cabezas nucleares del mundo. El gigante europeo tiene alrededor de 1588 ojivas desplegadas y 2889 almacenadas (según Bulletin of the Atomic Scientists, 2022); mientras que EE.UU. posee cerca de 1800 desplegadas y 2000 en reserva.Esto hace que un enfrentamiento entre ambas potencias sea, como mínimo, inimaginable.El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se enfrentó a esa realidad cuando culpó recientemente a sus aliados por no haber establecido una zona de exclusión aérea. Una zona de exclusión aérea —recordamos acá— que provocaría el estallido de una tercera guerra mundial.“Trece días en los que sólo oímos promesas. Trece días en los que nos dicen que va a haber ayuda en el cielo, que habrá aviones, que nos los entregarán”, dijo Zelensky en un mensaje de vídeo. “La responsabilidad de esto es también de aquellos que no han sido capaces de tomar una decisión durante trece días, en algún lugar de Occidente (…) una decisión obviamente necesaria”.Para que no se piense que todo es una exageración, basta con revisar las opiniones del propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “La OTAN no es parte del conflicto. La OTAN es una Alianza defensiva. No buscamos la guerra o el conflicto con Rusia”. A lo que se sumó el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al negar que su país vaya a entrar en un conflicto armado directamente con Rusia y que pudiera escalar hasta niveles nucleares.En una rueda de prensa en el Kremlin con el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, Putin ya había advertido los peligros de un enfrentamiento con la OTAN: «Imaginemos que Ucrania, como país de la OTAN, inicia esa operación militar (por el control de Crimea). ¿Qué hacemos? ¿Combatimos con la OTAN? ¿Acaso alguien ha pensado en eso? Parece que no».Pero acá conviene repetir que las advertencias se venían haciendo desde hacía años, y todas, como ya muchos analistas han indicado, se ignoraron.En lugar de negociar, la alianza consumó su expansión desde finales del siglo XX, con las sucesivas ampliaciones de 1999 (República Checa, Hungría, Polonia), 2004 (Bulgaria, Rumanía, Letonia, Eslovenia, Estonia, Lituania y Eslovaquia), 2009 (Albania y Croacia), 2017 (Montenegro) y 2020 (Macedonia del Norte).Todo lo anterior no ha sido sino, un muy buen ejemplo de cómo EE.UU. y la OTAN hicieron todo lo posible por no evitar que el conflicto llegara a este punto. A lo que Putin respondió haciendo justamente lo que se le pedía y lo que mejor sabía hacer, les dio la guerra necesaria.Ahora bien, según el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, Rusia estaría dispuesta a detener las hostilidades “inmediatamente” si Kiev cumple con una lista de condiciones que garanticen la seguridad del país. Estas son, el cese de las acciones militares, cambiar la constitución para consagrar la neutralidad de Ucrania, reconocer a Crimea como territorio ruso y reconocer a las repúblicas de Donetsk y Lugansk como estados independientes.Sin embargo, como es lógico pensar, Ucrania seguirá defiendo su integridad territorial, en lo que Europa mantiene su seguridad anclada a la OTAN, al punto de arriesgar su propia seguridad energética. Y esta última, y más específicamente EE.UU., tratará de sostener una guerra que por el momento le parece conveniente desde la distancia.De todo lo anterior se concluye que la opción óptima y necesaria es la del diálogo. No solo porque es la más correcta éticamente, sino además porque es la única que conlleva a una resolución efectiva de un conflicto que a nadie le conviene escalar.Acá vale la pena aclarar algo esencial a la audiencia general: no estamos en presencia de una guerra, sino de un grupo de ellas, de varios frentes y dimensiones de un mismo problema. Un proceso que atañe a un cambio de paradigma en las relaciones políticas contemporáneas.Ahí es donde muchas matrices de interpretación han fracasado, tratando de entender el asunto desde los esquemas de la Guerra Fría, o los ejes izquierda-derecha. En cualquier caso, lo que ocurre hoy en y con Ucrania, trasciende partidismos anticuados y consecuentemente requerirá de un esfuerzo mucho mayor para su resolución.De la guerra a las guerrasLo anterior, hace difícil pensar en una solución, sobre todo si continuamos anclados a paradigmas políticos de antaño.Decía Clausewitz que “la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”, de lo cual se desprendía el carácter violento que la política en esencia tiene.1Sin embargo, no puedo evitar recordar al filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard cuando alegaba que la guerra del Golfo no había existido. Muy al contrario de Clausewitz, Baudrillard definió ese conflicto como un “un parpadeo abstracto sobre la pantalla del ordenador” donde todo el drama había sido “cubierto” por la información.Recurro a él simplemente para señalar esas otras guerras que han emergido en los medios y que narran un conflicto casi siempre conveniente a los poderes que lo han provocado. Aun más, para identificar una verdad de Perogrullo pero que se nos escapa en medio de tantas noticias que consumimos. La guerra hoy no solo se libra como “un duelo” o como un ejercicio de voluntades políticas contrapuestas, sino como una miríada de esferas que van construyendo la imagen que tenemos de ella. Eso, diría un amigo mío, es pura ideología.Sin ánimo de detallar algo que ya se ha venido identificando, acá hay cabida para la rusofobia, las sanciones, la cultura de la cancelación y los boicots, la performance política de líderes y audiencia, los efectos financieros “colaterales”, el anti-globalismo, la re-emergencia de los nacionalismos, entre otros fenómenos que bien merecerían mayor atención.Pero más allá de esto, hay también otros espacios donde se libran batallas, quizás tan importantes como la real. Acá hay que hacer referencia al espacio informático, a la dimensión económica del conflicto y a la tecnológica.El uso del concepto de “guerra híbrida” como lo popularizó Frank Hoffman es fundamental para entender lo anterior. Sobre esto último, Ortega menciona en un artículo lo siguiente:“Si para Clausewitz la guerra era la continuación de la política por otros medios, esos medios se han transformado. El orden digital –de momento (pues hay otras dimensiones tecnológicas)– impone otras lógicas, o gramáticas, término que prefería usar el pensador militar prusiano. Hay a la vez mucho de nuevo, pero también mucho de viejo o de sempiterno.”A pesar de que hay una disputa histórica con consecuencias políticas, lo que está en juego en Ucrania aventaja por mucho lo anterior y afecta a las esferas que antes se han mencionado. Transformaciones y repercusiones que solo pueden ser visibles desde un pensamiento crítico de la guerra.Efectos de la guerra, sanciones y petróleoTras la invasión, países de todo el mundo comenzaron a imponer sanciones contra Rusia. Grosso modo, la UE, EE.UU., el Reino Unido y Canadá acordaron impedir que el Banco Central Ruso despliegue sus €640.000 millones de reservas internacionales. Además, la UE y EE.UU. han prohibido todas las transacciones con esa institución.Se han excluido una serie de bancos rusos del sistema de pagos internacionales Swift. A lo que se suman las restricciones a las 10 principales instituciones financieras rusas que representan alrededor del 80% del sector bancario del país, e incluso se ha impedido que Sberbank, que representa alrededor del 30% de la banca rusa, realice transacciones a través del sistema estadounidense.También se han visto afectados los activos de otros bancos como el VTB, el Bank Rossiya y el Promsvyazbank.A ellos se suma el cierre del espacio aéreo a compañías y aeronaves privadas, y la prohibición de exportaciones de aviones y piezas de aviación a ese país.A la extensa lista de sanciones, que resumimos por no ocupar espacio, también se suma la suspensión de los clubes y equipos nacionales de todas las competiciones de la FIFA y la UEFA. La suspensión por parte de la UE de la cooperación científica; la restricción por parte de la Federación Internacional Felina de los gatos criados en Rusia; y la cancelación de cursos temáticos sobre ese país.Algunas de las compañías que abandonaron Rusia son Ford, Toyota, Volkswagen, Boeing, Airbus, Apple, Facebook, Twitter, Spotify, Microsoft, IBM, Amazon; pero esto es solo una lista representativa, la cantidad es mucho mayor y sigue aumentando por día.Esto es solo una muestra, pero basta con echar un vistazo a los medios para descubrir ejemplos de lo que parece, no una guerra contra el ejército ruso o contra Putin, sino contra toda la historia y la cultura rusa.En ese sentido, es válido recalcar que la lógica de las sanciones, lejos de cumplir su acometido afectan no solo a civiles —algunos de ellos opositores de Putin, por cierto— sino que además refuerzan la matriz nacionalista del conflicto. Un nacionalismo visible no solo en Europa del Este, sino también en occidente.Aquí es donde la llamada guerra híbrida enfrenta el efecto boomerang de las sanciones. Efectos, no solo en el orden comercial, sino también tecnológico y hasta político a más largo plazo.Es difícil predecir en qué medida y cómo se producirá ese proceso. Hasta el momento solo existen indicios aislados. Pero como algunos analistas han sugerido, si bien las sanciones de manera general han tenido un impacto claro en occidente, tampoco ha sido catastrófico.Por ejemplo, tras el anuncio de Biden de que cancelaría las importaciones de gas y petróleo de Rusia, los precios del petróleo subieron un 4%, pero ya hoy los precios vuelven a caer tras conocerse que EE.UU. ha entrado en contacto con el gobierno de Nicolás Maduro. Al parecer buscando una solución al problema del petróleo.Además, más temprano el Instituto Americano del Petróleo (API, por sus siglas en inglés) había informado que los inventarios de crudo en el país subieron en 2,8 millones de barriles en la semana que terminó el 4 de marzo.Por tanto, más allá de la especulación y el sentimiento del mercado aún queda mucho por andar para saber los efectos que las sanciones tendrán sobre el sector energético.La cuestión como es lógico, no se detiene acá. Si las implicaciones del conflicto entre Rusia y Ucrania siguen extendiéndose, habrá un impacto más profundo en la economía global, las alianzas geopolíticas y los flujos de energía y alimentos. Y es aquí donde las naciones más desfavorecidas tienen las de perder.Incluso con Rusia y China en una alianza más fuerte por la hegemonía global, las cadenas de suministro occidentales también se reconfigurarían.La paz, siempre la pazTodo este panorama llega justo después de una pandemia y en un momento crucial para la humanidad desde el punto de vista medioambiental, político y social.Por ello, nada de lo que suceda en Ucrania nos debe ser ajeno. Debemos mantener la mirada fija en ella, porque muchas cosas pueden cambiar. Y lo peor es que no nos demos cuenta.Lejos de una guerra hay que comenzar a plantear la resolución de todas las guerras que se libran hoy en ese país, por nuestra seguridad, por la vida.La exigencia de la paz, no debe ser un impulso vacío o una moda pasajera. Por desgracia, este conflicto tiene una historia profunda y un futuro incierto. Y es precisamente por eso que la paz debe ser asumida desde una postura evidentemente antimperialista, crítica y compleja. Evaluando todas las premisas y las posibles consecuencias que se asomen a nuestro futuro inmediato.***Nota:1 CLAUSEWITZ, Karl Von: ‘De la Guerra’. Ed. Labor. Barcelona, 1994.

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Las guerras de Ucrania y el pacifismo crítico

Una de las mayores dificultades en torno al conflicto ruso-ucraniano radica en su simplificación. Es cierto, este es el momento de la condena, de la oposición a la guerra, y del apoyo a las víctimas. La invasión ordenada por Vladimir Putin a Ucrania fue la otra línea roja que nunca debió cruzarse.No obstante, la resolución del conflicto pasa inevitablemente por el diálogo, y como premisa de este, por un entendimiento más complejo de lo que está sucediendo.Resolver este punto no solo radica en acortar distancias geográficas, o en solventar lagunas históricas. También es importante entender las distintas dimensiones y fuerzas que se articulan por debajo de la retórica mediática maniquea.En este sentido, el pacifismo crítico al contrario del acrítico debe tratar de entender todas las fuerzas que hoy se ponen en juego. La instauración de la paz y la justicia no es el resultado de la mera casualidad, sino de la comprensión de la naturaleza de la guerra y su violencia.Negociaciones, diálogos y desencuentrosTras varias semanas de invasión, viene siendo necesario cierto distanciamiento para entender las interrogantes más importantes: cuándo y cómo terminará la guerra.Lamentablemente, en muchos de los análisis, se usan premisas ideológicas para reforzar solamente la lógica belicista. Y si bien ello pudiera ser entendible en cierto contexto, es muy poco objetivo dadas las circunstancias político-sociales de Ucrania y Rusia, su historia, el intervencionismo de la OTAN, el rol dependiente — casi ausente — de Europa, el oportunismo chino, y la conveniencia del sector empresarial.Hasta el día de hoy las opciones reales de resolución se mantienen en un horizonte lejano. Después de tres mesas de diálogo, tanto el asesor presidencial del Kremlin, Vladimir Medinsky, como el asesor de la oficina presidencial de Ucrania, Mikhail Podolyak, han calificado los encuentros con cautela.Tanto la OTAN como la UE a través de sus diversos representantes han venido insistiendo en que, a pesar de las hostilidades, mantienen la vía del diálogo abierta a condición de la retirada de Rusia. Sin embargo, acto seguido y con tono más severo —donde se reconoce cierta hipocresía— se hace hincapié en el artículo 5 de la OTAN al mismo tiempo que se reafirma la voluntad de continuar los envíos de armas a Ucrania.Ello sin responder a lo que muchos ya preguntan: ¿A dónde van a parar esas armas? ¿Cuáles son los mecanismos de control sobre su entrega? ¿Qué puede hacer el ejército ucraniano junto a fuerzas civiles contra un ejército profesional como el ruso? ¿No se corre el riesgo de que esas armas caigan paradójicamente en otras manos? Sea cual sea el escenario de posguerra, el país tendrá además que lidiar con esa coyuntura, junto a otra incontable lista de problemáticas sociales que ya eran visibles antes del inicio de la invasión.Además de lo anterior, el envío de armas tampoco parece alterar la correlación de fuerzas. Como piensa Iglesias, esto servirá solamente para aletargar el conflicto, aunque suene muy humano para algunos. Pero es muy fácil incentivar la guerra desde la comodidad de un sillón y a mil millas de distancia.Un conflicto que a nadie le conviene escalarA pesar del pesimismo que se desprende de lo ocurrido hasta ahora, si se observan los acontecimientos con detenimiento, se verá que no hay otra salida. El diálogo y la negociación deben primar en tanto la situación entre la OTAN y Rusia ha llegado a un punto no visto en décadas.Baste recordar lo que diversos analistas han estado enfatizando en las últimas semanas: la línea roja que Putin reclama explícitamente, pero que los aliados y occidente solo reconocen de forma tácita.Un dato interesante que no debe olvidarse, es que, a pesar de haber reducido considerablemente sus arsenales desde el final de la Guerra Fría, Rusia y Estados Unidos siguen poseyendo alrededor del 90% de todas las cabezas nucleares del mundo. El gigante europeo tiene alrededor de 1588 ojivas desplegadas y 2889 almacenadas (según Bulletin of the Atomic Scientists, 2022); mientras que EE.UU. posee cerca de 1800 desplegadas y 2000 en reserva.Esto hace que un enfrentamiento entre ambas potencias sea, como mínimo, inimaginable.El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se enfrentó a esa realidad cuando culpó recientemente a sus aliados por no haber establecido una zona de exclusión aérea. Una zona de exclusión aérea —recordamos acá— que provocaría el estallido de una tercera guerra mundial.“Trece días en los que sólo oímos promesas. Trece días en los que nos dicen que va a haber ayuda en el cielo, que habrá aviones, que nos los entregarán”, dijo Zelensky en un mensaje de vídeo. “La responsabilidad de esto es también de aquellos que no han sido capaces de tomar una decisión durante trece días, en algún lugar de Occidente (…) una decisión obviamente necesaria”.Para que no se piense que todo es una exageración, basta con revisar las opiniones del propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “La OTAN no es parte del conflicto. La OTAN es una Alianza defensiva. No buscamos la guerra o el conflicto con Rusia”. A lo que se sumó el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al negar que su país vaya a entrar en un conflicto armado directamente con Rusia y que pudiera escalar hasta niveles nucleares.En una rueda de prensa en el Kremlin con el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, Putin ya había advertido los peligros de un enfrentamiento con la OTAN: «Imaginemos que Ucrania, como país de la OTAN, inicia esa operación militar (por el control de Crimea). ¿Qué hacemos? ¿Combatimos con la OTAN? ¿Acaso alguien ha pensado en eso? Parece que no».Pero acá conviene repetir que las advertencias se venían haciendo desde hacía años, y todas, como ya muchos analistas han indicado, se ignoraron.En lugar de negociar, la alianza consumó su expansión desde finales del siglo XX, con las sucesivas ampliaciones de 1999 (República Checa, Hungría, Polonia), 2004 (Bulgaria, Rumanía, Letonia, Eslovenia, Estonia, Lituania y Eslovaquia), 2009 (Albania y Croacia), 2017 (Montenegro) y 2020 (Macedonia del Norte).Todo lo anterior no ha sido sino, un muy buen ejemplo de cómo EE.UU. y la OTAN hicieron todo lo posible por no evitar que el conflicto llegara a este punto. A lo que Putin respondió haciendo justamente lo que se le pedía y lo que mejor sabía hacer, les dio la guerra necesaria.Ahora bien, según el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, Rusia estaría dispuesta a detener las hostilidades “inmediatamente” si Kiev cumple con una lista de condiciones que garanticen la seguridad del país. Estas son, el cese de las acciones militares, cambiar la constitución para consagrar la neutralidad de Ucrania, reconocer a Crimea como territorio ruso y reconocer a las repúblicas de Donetsk y Lugansk como estados independientes.Sin embargo, como es lógico pensar, Ucrania seguirá defiendo su integridad territorial, en lo que Europa mantiene su seguridad anclada a la OTAN, al punto de arriesgar su propia seguridad energética. Y esta última, y más específicamente EE.UU., tratará de sostener una guerra que por el momento le parece conveniente desde la distancia.De todo lo anterior se concluye que la opción óptima y necesaria es la del diálogo. No solo porque es la más correcta éticamente, sino además porque es la única que conlleva a una resolución efectiva de un conflicto que a nadie le conviene escalar.Acá vale la pena aclarar algo esencial a la audiencia general: no estamos en presencia de una guerra, sino de un grupo de ellas, de varios frentes y dimensiones de un mismo problema. Un proceso que atañe a un cambio de paradigma en las relaciones políticas contemporáneas.Ahí es donde muchas matrices de interpretación han fracasado, tratando de entender el asunto desde los esquemas de la Guerra Fría, o los ejes izquierda-derecha. En cualquier caso, lo que ocurre hoy en y con Ucrania, trasciende partidismos anticuados y consecuentemente requerirá de un esfuerzo mucho mayor para su resolución.De la guerra a las guerrasLo anterior, hace difícil pensar en una solución, sobre todo si continuamos anclados a paradigmas políticos de antaño.Decía Clausewitz que “la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”, de lo cual se desprendía el carácter violento que la política en esencia tiene.1Sin embargo, no puedo evitar recordar al filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard cuando alegaba que la guerra del Golfo no había existido. Muy al contrario de Clausewitz, Baudrillard definió ese conflicto como un “un parpadeo abstracto sobre la pantalla del ordenador” donde todo el drama había sido “cubierto” por la información.Recurro a él simplemente para señalar esas otras guerras que han emergido en los medios y que narran un conflicto casi siempre conveniente a los poderes que lo han provocado. Aun más, para identificar una verdad de Perogrullo pero que se nos escapa en medio de tantas noticias que consumimos. La guerra hoy no solo se libra como “un duelo” o como un ejercicio de voluntades políticas contrapuestas, sino como una miríada de esferas que van construyendo la imagen que tenemos de ella. Eso, diría un amigo mío, es pura ideología.Sin ánimo de detallar algo que ya se ha venido identificando, acá hay cabida para la rusofobia, las sanciones, la cultura de la cancelación y los boicots, la performance política de líderes y audiencia, los efectos financieros “colaterales”, el anti-globalismo, la re-emergencia de los nacionalismos, entre otros fenómenos que bien merecerían mayor atención.Pero más allá de esto, hay también otros espacios donde se libran batallas, quizás tan importantes como la real. Acá hay que hacer referencia al espacio informático, a la dimensión económica del conflicto y a la tecnológica.El uso del concepto de “guerra híbrida” como lo popularizó Frank Hoffman es fundamental para entender lo anterior. Sobre esto último, Ortega menciona en un artículo lo siguiente:“Si para Clausewitz la guerra era la continuación de la política por otros medios, esos medios se han transformado. El orden digital –de momento (pues hay otras dimensiones tecnológicas)– impone otras lógicas, o gramáticas, término que prefería usar el pensador militar prusiano. Hay a la vez mucho de nuevo, pero también mucho de viejo o de sempiterno.”A pesar de que hay una disputa histórica con consecuencias políticas, lo que está en juego en Ucrania aventaja por mucho lo anterior y afecta a las esferas que antes se han mencionado. Transformaciones y repercusiones que solo pueden ser visibles desde un pensamiento crítico de la guerra.Efectos de la guerra, sanciones y petróleoTras la invasión, países de todo el mundo comenzaron a imponer sanciones contra Rusia. Grosso modo, la UE, EE.UU., el Reino Unido y Canadá acordaron impedir que el Banco Central Ruso despliegue sus €640.000 millones de reservas internacionales. Además, la UE y EE.UU. han prohibido todas las transacciones con esa institución.Se han excluido una serie de bancos rusos del sistema de pagos internacionales Swift. A lo que se suman las restricciones a las 10 principales instituciones financieras rusas que representan alrededor del 80% del sector bancario del país, e incluso se ha impedido que Sberbank, que representa alrededor del 30% de la banca rusa, realice transacciones a través del sistema estadounidense.También se han visto afectados los activos de otros bancos como el VTB, el Bank Rossiya y el Promsvyazbank.A ellos se suma el cierre del espacio aéreo a compañías y aeronaves privadas, y la prohibición de exportaciones de aviones y piezas de aviación a ese país.A la extensa lista de sanciones, que resumimos por no ocupar espacio, también se suma la suspensión de los clubes y equipos nacionales de todas las competiciones de la FIFA y la UEFA. La suspensión por parte de la UE de la cooperación científica; la restricción por parte de la Federación Internacional Felina de los gatos criados en Rusia; y la cancelación de cursos temáticos sobre ese país.Algunas de las compañías que abandonaron Rusia son Ford, Toyota, Volkswagen, Boeing, Airbus, Apple, Facebook, Twitter, Spotify, Microsoft, IBM, Amazon; pero esto es solo una lista representativa, la cantidad es mucho mayor y sigue aumentando por día.Esto es solo una muestra, pero basta con echar un vistazo a los medios para descubrir ejemplos de lo que parece, no una guerra contra el ejército ruso o contra Putin, sino contra toda la historia y la cultura rusa.En ese sentido, es válido recalcar que la lógica de las sanciones, lejos de cumplir su acometido afectan no solo a civiles —algunos de ellos opositores de Putin, por cierto— sino que además refuerzan la matriz nacionalista del conflicto. Un nacionalismo visible no solo en Europa del Este, sino también en occidente.Aquí es donde la llamada guerra híbrida enfrenta el efecto boomerang de las sanciones. Efectos, no solo en el orden comercial, sino también tecnológico y hasta político a más largo plazo.Es difícil predecir en qué medida y cómo se producirá ese proceso. Hasta el momento solo existen indicios aislados. Pero como algunos analistas han sugerido, si bien las sanciones de manera general han tenido un impacto claro en occidente, tampoco ha sido catastrófico.Por ejemplo, tras el anuncio de Biden de que cancelaría las importaciones de gas y petróleo de Rusia, los precios del petróleo subieron un 4%, pero ya hoy los precios vuelven a caer tras conocerse que EE.UU. ha entrado en contacto con el gobierno de Nicolás Maduro. Al parecer buscando una solución al problema del petróleo.Además, más temprano el Instituto Americano del Petróleo (API, por sus siglas en inglés) había informado que los inventarios de crudo en el país subieron en 2,8 millones de barriles en la semana que terminó el 4 de marzo.Por tanto, más allá de la especulación y el sentimiento del mercado aún queda mucho por andar para saber los efectos que las sanciones tendrán sobre el sector energético.La cuestión como es lógico, no se detiene acá. Si las implicaciones del conflicto entre Rusia y Ucrania siguen extendiéndose, habrá un impacto más profundo en la economía global, las alianzas geopolíticas y los flujos de energía y alimentos. Y es aquí donde las naciones más desfavorecidas tienen las de perder.Incluso con Rusia y China en una alianza más fuerte por la hegemonía global, las cadenas de suministro occidentales también se reconfigurarían.La paz, siempre la pazTodo este panorama llega justo después de una pandemia y en un momento crucial para la humanidad desde el punto de vista medioambiental, político y social.Por ello, nada de lo que suceda en Ucrania nos debe ser ajeno. Debemos mantener la mirada fija en ella, porque muchas cosas pueden cambiar. Y lo peor es que no nos demos cuenta.Lejos de una guerra hay que comenzar a plantear la resolución de todas las guerras que se libran hoy en ese país, por nuestra seguridad, por la vida.La exigencia de la paz, no debe ser un impulso vacío o una moda pasajera. Por desgracia, este conflicto tiene una historia profunda y un futuro incierto. Y es precisamente por eso que la paz debe ser asumida desde una postura evidentemente antimperialista, crítica y compleja. Evaluando todas las premisas y las posibles consecuencias que se asomen a nuestro futuro inmediato.***Nota:1 CLAUSEWITZ, Karl Von: ‘De la Guerra’. Ed. Labor. Barcelona, 1994.

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Las guerras de Ucrania y el pacifismo crítico

Una de las mayores dificultades en torno al conflicto ruso-ucraniano radica en su simplificación. Es cierto, este es el momento de la condena, de la oposición a la guerra, y del apoyo a las víctimas. La invasión ordenada por Vladimir Putin a Ucrania fue la otra línea roja que nunca debió cruzarse.No obstante, la resolución del conflicto pasa inevitablemente por el diálogo, y como premisa de este, por un entendimiento más complejo de lo que está sucediendo.Resolver este punto no solo radica en acortar distancias geográficas, o en solventar lagunas históricas. También es importante entender las distintas dimensiones y fuerzas que se articulan por debajo de la retórica mediática maniquea.En este sentido, el pacifismo crítico al contrario del acrítico debe tratar de entender todas las fuerzas que hoy se ponen en juego. La instauración de la paz y la justicia no es el resultado de la mera casualidad, sino de la comprensión de la naturaleza de la guerra y su violencia.Negociaciones, diálogos y desencuentrosTras varias semanas de invasión, viene siendo necesario cierto distanciamiento para entender las interrogantes más importantes: cuándo y cómo terminará la guerra.Lamentablemente, en muchos de los análisis, se usan premisas ideológicas para reforzar solamente la lógica belicista. Y si bien ello pudiera ser entendible en cierto contexto, es muy poco objetivo dadas las circunstancias político-sociales de Ucrania y Rusia, su historia, el intervencionismo de la OTAN, el rol dependiente — casi ausente — de Europa, el oportunismo chino, y la conveniencia del sector empresarial.Hasta el día de hoy las opciones reales de resolución se mantienen en un horizonte lejano. Después de tres mesas de diálogo, tanto el asesor presidencial del Kremlin, Vladimir Medinsky, como el asesor de la oficina presidencial de Ucrania, Mikhail Podolyak, han calificado los encuentros con cautela.Tanto la OTAN como la UE a través de sus diversos representantes han venido insistiendo en que, a pesar de las hostilidades, mantienen la vía del diálogo abierta a condición de la retirada de Rusia. Sin embargo, acto seguido y con tono más severo —donde se reconoce cierta hipocresía— se hace hincapié en el artículo 5 de la OTAN al mismo tiempo que se reafirma la voluntad de continuar los envíos de armas a Ucrania.Ello sin responder a lo que muchos ya preguntan: ¿A dónde van a parar esas armas? ¿Cuáles son los mecanismos de control sobre su entrega? ¿Qué puede hacer el ejército ucraniano junto a fuerzas civiles contra un ejército profesional como el ruso? ¿No se corre el riesgo de que esas armas caigan paradójicamente en otras manos? Sea cual sea el escenario de posguerra, el país tendrá además que lidiar con esa coyuntura, junto a otra incontable lista de problemáticas sociales que ya eran visibles antes del inicio de la invasión.Además de lo anterior, el envío de armas tampoco parece alterar la correlación de fuerzas. Como piensa Iglesias, esto servirá solamente para aletargar el conflicto, aunque suene muy humano para algunos. Pero es muy fácil incentivar la guerra desde la comodidad de un sillón y a mil millas de distancia.Un conflicto que a nadie le conviene escalarA pesar del pesimismo que se desprende de lo ocurrido hasta ahora, si se observan los acontecimientos con detenimiento, se verá que no hay otra salida. El diálogo y la negociación deben primar en tanto la situación entre la OTAN y Rusia ha llegado a un punto no visto en décadas.Baste recordar lo que diversos analistas han estado enfatizando en las últimas semanas: la línea roja que Putin reclama explícitamente, pero que los aliados y occidente solo reconocen de forma tácita.Un dato interesante que no debe olvidarse, es que, a pesar de haber reducido considerablemente sus arsenales desde el final de la Guerra Fría, Rusia y Estados Unidos siguen poseyendo alrededor del 90% de todas las cabezas nucleares del mundo. El gigante europeo tiene alrededor de 1588 ojivas desplegadas y 2889 almacenadas (según Bulletin of the Atomic Scientists, 2022); mientras que EE.UU. posee cerca de 1800 desplegadas y 2000 en reserva.Esto hace que un enfrentamiento entre ambas potencias sea, como mínimo, inimaginable.El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se enfrentó a esa realidad cuando culpó recientemente a sus aliados por no haber establecido una zona de exclusión aérea. Una zona de exclusión aérea —recordamos acá— que provocaría el estallido de una tercera guerra mundial.“Trece días en los que sólo oímos promesas. Trece días en los que nos dicen que va a haber ayuda en el cielo, que habrá aviones, que nos los entregarán”, dijo Zelensky en un mensaje de vídeo. “La responsabilidad de esto es también de aquellos que no han sido capaces de tomar una decisión durante trece días, en algún lugar de Occidente (…) una decisión obviamente necesaria”.Para que no se piense que todo es una exageración, basta con revisar las opiniones del propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “La OTAN no es parte del conflicto. La OTAN es una Alianza defensiva. No buscamos la guerra o el conflicto con Rusia”. A lo que se sumó el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al negar que su país vaya a entrar en un conflicto armado directamente con Rusia y que pudiera escalar hasta niveles nucleares.En una rueda de prensa en el Kremlin con el primer ministro de Hungría, Víktor Orbán, Putin ya había advertido los peligros de un enfrentamiento con la OTAN: «Imaginemos que Ucrania, como país de la OTAN, inicia esa operación militar (por el control de Crimea). ¿Qué hacemos? ¿Combatimos con la OTAN? ¿Acaso alguien ha pensado en eso? Parece que no».Pero acá conviene repetir que las advertencias se venían haciendo desde hacía años, y todas, como ya muchos analistas han indicado, se ignoraron.En lugar de negociar, la alianza consumó su expansión desde finales del siglo XX, con las sucesivas ampliaciones de 1999 (República Checa, Hungría, Polonia), 2004 (Bulgaria, Rumanía, Letonia, Eslovenia, Estonia, Lituania y Eslovaquia), 2009 (Albania y Croacia), 2017 (Montenegro) y 2020 (Macedonia del Norte).Todo lo anterior no ha sido sino, un muy buen ejemplo de cómo EE.UU. y la OTAN hicieron todo lo posible por no evitar que el conflicto llegara a este punto. A lo que Putin respondió haciendo justamente lo que se le pedía y lo que mejor sabía hacer, les dio la guerra necesaria.Ahora bien, según el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, Rusia estaría dispuesta a detener las hostilidades “inmediatamente” si Kiev cumple con una lista de condiciones que garanticen la seguridad del país. Estas son, el cese de las acciones militares, cambiar la constitución para consagrar la neutralidad de Ucrania, reconocer a Crimea como territorio ruso y reconocer a las repúblicas de Donetsk y Lugansk como estados independientes.Sin embargo, como es lógico pensar, Ucrania seguirá defiendo su integridad territorial, en lo que Europa mantiene su seguridad anclada a la OTAN, al punto de arriesgar su propia seguridad energética. Y esta última, y más específicamente EE.UU., tratará de sostener una guerra que por el momento le parece conveniente desde la distancia.De todo lo anterior se concluye que la opción óptima y necesaria es la del diálogo. No solo porque es la más correcta éticamente, sino además porque es la única que conlleva a una resolución efectiva de un conflicto que a nadie le conviene escalar.Acá vale la pena aclarar algo esencial a la audiencia general: no estamos en presencia de una guerra, sino de un grupo de ellas, de varios frentes y dimensiones de un mismo problema. Un proceso que atañe a un cambio de paradigma en las relaciones políticas contemporáneas.Ahí es donde muchas matrices de interpretación han fracasado, tratando de entender el asunto desde los esquemas de la Guerra Fría, o los ejes izquierda-derecha. En cualquier caso, lo que ocurre hoy en y con Ucrania, trasciende partidismos anticuados y consecuentemente requerirá de un esfuerzo mucho mayor para su resolución.De la guerra a las guerrasLo anterior, hace difícil pensar en una solución, sobre todo si continuamos anclados a paradigmas políticos de antaño.Decía Clausewitz que “la guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversario”, de lo cual se desprendía el carácter violento que la política en esencia tiene.1Sin embargo, no puedo evitar recordar al filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard cuando alegaba que la guerra del Golfo no había existido. Muy al contrario de Clausewitz, Baudrillard definió ese conflicto como un “un parpadeo abstracto sobre la pantalla del ordenador” donde todo el drama había sido “cubierto” por la información.Recurro a él simplemente para señalar esas otras guerras que han emergido en los medios y que narran un conflicto casi siempre conveniente a los poderes que lo han provocado. Aun más, para identificar una verdad de Perogrullo pero que se nos escapa en medio de tantas noticias que consumimos. La guerra hoy no solo se libra como “un duelo” o como un ejercicio de voluntades políticas contrapuestas, sino como una miríada de esferas que van construyendo la imagen que tenemos de ella. Eso, diría un amigo mío, es pura ideología.Sin ánimo de detallar algo que ya se ha venido identificando, acá hay cabida para la rusofobia, las sanciones, la cultura de la cancelación y los boicots, la performance política de líderes y audiencia, los efectos financieros “colaterales”, el anti-globalismo, la re-emergencia de los nacionalismos, entre otros fenómenos que bien merecerían mayor atención.Pero más allá de esto, hay también otros espacios donde se libran batallas, quizás tan importantes como la real. Acá hay que hacer referencia al espacio informático, a la dimensión económica del conflicto y a la tecnológica.El uso del concepto de “guerra híbrida” como lo popularizó Frank Hoffman es fundamental para entender lo anterior. Sobre esto último, Ortega menciona en un artículo lo siguiente:“Si para Clausewitz la guerra era la continuación de la política por otros medios, esos medios se han transformado. El orden digital –de momento (pues hay otras dimensiones tecnológicas)– impone otras lógicas, o gramáticas, término que prefería usar el pensador militar prusiano. Hay a la vez mucho de nuevo, pero también mucho de viejo o de sempiterno.”A pesar de que hay una disputa histórica con consecuencias políticas, lo que está en juego en Ucrania aventaja por mucho lo anterior y afecta a las esferas que antes se han mencionado. Transformaciones y repercusiones que solo pueden ser visibles desde un pensamiento crítico de la guerra.Efectos de la guerra, sanciones y petróleoTras la invasión, países de todo el mundo comenzaron a imponer sanciones contra Rusia. Grosso modo, la UE, EE.UU., el Reino Unido y Canadá acordaron impedir que el Banco Central Ruso despliegue sus €640.000 millones de reservas internacionales. Además, la UE y EE.UU. han prohibido todas las transacciones con esa institución.Se han excluido una serie de bancos rusos del sistema de pagos internacionales Swift. A lo que se suman las restricciones a las 10 principales instituciones financieras rusas que representan alrededor del 80% del sector bancario del país, e incluso se ha impedido que Sberbank, que representa alrededor del 30% de la banca rusa, realice transacciones a través del sistema estadounidense.También se han visto afectados los activos de otros bancos como el VTB, el Bank Rossiya y el Promsvyazbank.A ellos se suma el cierre del espacio aéreo a compañías y aeronaves privadas, y la prohibición de exportaciones de aviones y piezas de aviación a ese país.A la extensa lista de sanciones, que resumimos por no ocupar espacio, también se suma la suspensión de los clubes y equipos nacionales de todas las competiciones de la FIFA y la UEFA. La suspensión por parte de la UE de la cooperación científica; la restricción por parte de la Federación Internacional Felina de los gatos criados en Rusia; y la cancelación de cursos temáticos sobre ese país.Algunas de las compañías que abandonaron Rusia son Ford, Toyota, Volkswagen, Boeing, Airbus, Apple, Facebook, Twitter, Spotify, Microsoft, IBM, Amazon; pero esto es solo una lista representativa, la cantidad es mucho mayor y sigue aumentando por día.Esto es solo una muestra, pero basta con echar un vistazo a los medios para descubrir ejemplos de lo que parece, no una guerra contra el ejército ruso o contra Putin, sino contra toda la historia y la cultura rusa.En ese sentido, es válido recalcar que la lógica de las sanciones, lejos de cumplir su acometido afectan no solo a civiles —algunos de ellos opositores de Putin, por cierto— sino que además refuerzan la matriz nacionalista del conflicto. Un nacionalismo visible no solo en Europa del Este, sino también en occidente.Aquí es donde la llamada guerra híbrida enfrenta el efecto boomerang de las sanciones. Efectos, no solo en el orden comercial, sino también tecnológico y hasta político a más largo plazo.Es difícil predecir en qué medida y cómo se producirá ese proceso. Hasta el momento solo existen indicios aislados. Pero como algunos analistas han sugerido, si bien las sanciones de manera general han tenido un impacto claro en occidente, tampoco ha sido catastrófico.Por ejemplo, tras el anuncio de Biden de que cancelaría las importaciones de gas y petróleo de Rusia, los precios del petróleo subieron un 4%, pero ya hoy los precios vuelven a caer tras conocerse que EE.UU. ha entrado en contacto con el gobierno de Nicolás Maduro. Al parecer buscando una solución al problema del petróleo.Además, más temprano el Instituto Americano del Petróleo (API, por sus siglas en inglés) había informado que los inventarios de crudo en el país subieron en 2,8 millones de barriles en la semana que terminó el 4 de marzo.Por tanto, más allá de la especulación y el sentimiento del mercado aún queda mucho por andar para saber los efectos que las sanciones tendrán sobre el sector energético.La cuestión como es lógico, no se detiene acá. Si las implicaciones del conflicto entre Rusia y Ucrania siguen extendiéndose, habrá un impacto más profundo en la economía global, las alianzas geopolíticas y los flujos de energía y alimentos. Y es aquí donde las naciones más desfavorecidas tienen las de perder.Incluso con Rusia y China en una alianza más fuerte por la hegemonía global, las cadenas de suministro occidentales también se reconfigurarían.La paz, siempre la pazTodo este panorama llega justo después de una pandemia y en un momento crucial para la humanidad desde el punto de vista medioambiental, político y social.Por ello, nada de lo que suceda en Ucrania nos debe ser ajeno. Debemos mantener la mirada fija en ella, porque muchas cosas pueden cambiar. Y lo peor es que no nos demos cuenta.Lejos de una guerra hay que comenzar a plantear la resolución de todas las guerras que se libran hoy en ese país, por nuestra seguridad, por la vida.La exigencia de la paz, no debe ser un impulso vacío o una moda pasajera. Por desgracia, este conflicto tiene una historia profunda y un futuro incierto. Y es precisamente por eso que la paz debe ser asumida desde una postura evidentemente antimperialista, crítica y compleja. Evaluando todas las premisas y las posibles consecuencias que se asomen a nuestro futuro inmediato.***Nota:1 CLAUSEWITZ, Karl Von: ‘De la Guerra’. Ed. Labor. Barcelona, 1994.

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60 años no es nada (IV)

En una reunión del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), a fines de enero de 1968, Fidel Castro explicaría las presiones soviéticas sobre Cuba, utilizando el suministro de petróleo para conseguir su alineamiento con Moscú. Remontándose a los antecedentes de aquella situación, compartiría con el Comité Central (CC), por primera vez, los secretos de la “Crisis de Octubre”.60 años no es nada (I)Las relaciones con la URSS habían dejado una huella en el difícil proceso de la unidad política cubana. Antes de los misiles, la corriente prosoviética oriunda del Partido Socialista Popular (PSP) había provocado la crisis de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), a escasos meses de su constitución en el verano de 1961. La corriente política llamada sectarismo de 1962 volvería a emerger en 1967, con el nombre de microfracción. Esta vez, lo haría con una connotación de seguridad nacional: su vínculo directo con la embajada soviética y con otras del campo socialista en La Habana.En la misma reunión del CC, Raúl Castro leería el detallado informe sobre “la Micro”, como los cubanos la nombraron desde entonces. Según Aníbal Escalante y su grupo, el gobierno estaba tomado por “una fuerte corriente antisoviética” que representaba a “la pequeña burguesía” empeñada en “desplazar el comercio hacia las áreas capitalistas” y en hacer “retroceder a Cuba al sistema que se había barrido en enero de 1959”. Y postulaba “que la URSS es el país que debía llevar la hegemonía” en el movimiento socialista mundial.Además de una “corriente de oposición ideológica a la línea del Partido”, andaban en “actividades conspirativas”, consistentes en “acercamiento a funcionarios y ciudadanos soviéticos, alemanes y checoslovacos”, “representantes del gobierno”, “periodistas cercanos al CC del PCUS”, “asesores del MININT”, “con el fin de hacer llegar sus puntos de vista y crear un estado de opinión en la dirección de estos partidos”, para promover “una presión política y económica por parte de la Unión Soviética que obligase a la revolución a acercarse a ese país”. En sus reuniones con “la Micro” en el Ministerio del Interior, Rudolf Petrovich Ajliapnikov, Jefe de los asesores de la KGB, había afirmado que “en Cuba estaban creadas las condiciones para que se produjese otra Hungría”. Y que “hasta en la Seguridad del Estado, se encontraba la pequeña burguesía”. Como datos curiosos, los pequeñoburgueses de referencia eran, además del Che Guevara, Haydée Santamaría, Raúl Roa, Alfredo Guevara, Celia Sánchez, Armando Hart, Faure Chomón. Por otro lado, entre los 43 encartados en el proceso de “la Micro”, estaban Ricardo Bofill, y otros oriundos de la Juventud Socialista y el maoísmo criollo, que luego se convertirían en militantes de la disidencia. Como reconocería Aníbal en su mea culpa ante la dirección del PCC: “La clave de la mayoría de los ‘disgustos’ del grupo se halla en la ‘cuestión internacional’”. Concretamente: en el papel de la URSS y el papel de Cuba. Esa dicotomía se había hecho muy evidente apenas dos años antes de que estallara “la Micro”, cuando se celebró la Conferencia Tricontinental en La Habana.La iconografía de la Tricontinental se diferenciaba de la que presidía los eventos del PCC.Según los archivos desclasificados de la OSPAAAL, la delegación cubana consideraba que la URSS y China habían convertido el movimento en “arena de confrontación.” 1 Por ejemplo, la República Árabe Unida (Egipto) bajo Nasser, se alineaba con la URSS, de la misma manera que Guinea; mientras, Pakistán, Corea del Norte e Indonesia lo hacían con China. Aunque los gobiernos de la URSS y China no integraban la organización de solidaridad de Asia y África, sus “organizaciones no gubernamentales” sí, de manera que eran las dos delegaciones mayores, y las que contaban con medios de sus gobiernos para atraer adeptos.Tricontinental, enero 1966. Foto: Archivo OSPAAAL.Tricontinental, enero 1966. Foto: Archivo OSPAAAL.Entre los Estados y movimientos de liberación opuestos al hegemonismo soviético y chino, estaban, además de Cuba, Vietnam, Laos, Argelia, los frentes de Vietnam del Sur, Yemén del Sur, Palestina, Mozambique, Guatemala, Sudáfrica, que estaban combatiendo en ese momento. Asimismo, las delegaciones latioamericanas y caribeñas que no preconizaban la lucha armada, como las presididas por los socialistas Salvador Allende (Chile), Heberto Castillo (México), John William Cooke (Argentina), Cheddi Jagan (Guayana), y las de Uruguay, Costa Rica, Honduras o Haití.Algunos pro-soviéticos veían la postura cubana frente a la URSS como un factor de división. Según documentos desclasificados de los archivos de la Statsi alemana oriental, los cubanos “adoptaron una actitud de superioridad hacia los otros delegados y llegaron hasta discrepar con la URSS, y a intrigas contra los representantes de los partidos comunistas de América Latina, así como a soslayar la presencia de la URSS en los discursos y la redacción de documentos”. 2 Esta relación cubano-soviética estaba atravesada por elementos que la complejizaban, especialmente la cooperación militar. En el mismo Informe de Raúl sobre “la Micro”, este reconocía que “asesores, especialistas y técnicos de todo tipo han trabajado con nosotros en las fuerzas armadas, miles de oficiales soviéticos y no hay realmente una sola queja que dar de ellos.”Raúl Castro y General de Ejército Issa Pliyev, jefe de las tropas soviéticas en Cuba, 1962.Esa cooperación también tenía un significado estratégico para la URSS. Apenas dos años después de la Crisis, se había establecido en Cuba la estación soviética de monitoreo radioelectrónico, donde ahora se encuentra la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Expertos en inteligencia han estimado que esta estación podía recoger tres cuartas partes de la información que recopilaba la inteligencia soviética cada año. Cuba se beneficiaba de esa información estratégica, expuesta como estaba a la hostilidad de EEUU. Sin la necesidad de esa cooperación tampoco se entiende la reacción cubana ante la invasión a Checoslovaquia, el 23 de agosto de 1968. Entre los discursos de Fidel Castro más citados y menos leídos está el dedicado a ese acontecimiento. Muchos recuerdan la parte en que justifica la intervención por una razón de realpolitik: la preservación de la integridad del campo socialista. Olvidan, sin embargo, las críticas que caracterizan el resto del discurso, tanto dirigidas a Moscú como a Praga.La primera de esas críticas es que la intervención solo se puede explicar desde el punto de vista político, no legal. “Visos de legalidad no tiene ninguno”. Ha habido “una violación flagrante de la soberanía del estado checoslovaco”. Solo le reconoce a los países del Pacto de Varsovia “el derecho a impedir que un país socialista se desgaje y caiga en brazos del imperialismo”. En ninguna parte la califica de expresión del internacionalismo ni nada parecido.La segunda reúne un conjunto de objeciones políticas de fondo a las “democracias populares” de Europa Oriental. Dice que “la juventud en Europa del Este no se educa en los ideales del comunismo y el internacionalismo”; que padecen una condición de “ignorancia sobre los problemas del mundo subdesarrollado”; así como de “dogmatismo”, “burocratismo”, y de no ser “verdaderamente revolucionarios”. Finalmente, califica su relación con Moscú como “incondicionalidad”, “satelismo”,  “lacayismo”. La más dura de todas las críticas se dirige a la inconsecuencia de la URSS ante la agresión de EEUU contra Vietnam y Cuba: “¿Serán enviadas también las divisiones del Pacto de Varsovia a Vietnam si los imperialistas yanquis acrecientan su agresión contra ese país y el pueblo de Vietnam solicita esa ayuda? ¿Se enviarán las divisiones del Pacto de Varsovia a Cuba si los imperialistas yanquis atacan a nuestro país, o incluso, ante la amenaza de ataque de los imperialistas yanquis a nuestro país, si nuestro país lo solicita?” 3Cuando las tropas del Pacto de Varsovia entraron en Praga, faltaban tres meses para un cambio de gobierno en EEUU, y era probable que un halcón como Nixon ganara las próximas elecciones. Si un ex-miembro de la administración que engendró Playa Girón llegaba a la Casa Blanca, ¿no se le ocurrirá devolverle a Moscú la intervención en Checoslovaquia con un golpe a su aliado en el Caribe? En el clímax de la agresión estadounidense a Vietnam, el suministro militar de la URSS a Cuba resultaba crucial.Por otro lado, Moscú también se preocupaba por mantener el acceso a la “colina cubana” en la misma frontera sur de EEUU. Según documentos soviéticos desclasificados, el propio Brezhnev apeló a Fidel para discutir sus diferencias, siguiendo las “normas de las relaciones entre partidos socialistas y partidos comunistas” (abril, 1967). La URSS llegó a temer que el aumento en las relaciones cubanas con Occidente, en particular con Francia, pudiera alejar a Cuba, y hacerla buscar otro socio. De esta manera, le ofreció nuevos créditos y le concedió no cumplir el compromiso de entrega de azúcar en 1968.Estas no son precisamente reciprocidades por haber justificado la invasión a Checoslovaquia, pues según señala el profesor y ex-diplomático Juan Sánchez, “una parte de la dirigencia soviética [criticaba la posición cubana] por desconocer el derecho de la URSS a mantener lo conquistado en la II Guerra mundial”. 4Un cuarto de siglo después el fin de la URSS y el corte abrupto de las relaciones económicas y militares, —incluyendo el retiro de la estación radioelectrónica—, contribuyeron a la crisis denominada “Periodo Especial”. Desde entonces, las diferencias entre las relaciones con la URSS y con Rusia son tantas que no vale la pena listarlas. Sin embargo, todo lo anterior sigue inscrito como referente fundamental en la política exterior cubana.Quienes encuentran “ironías” en la actual posición cubana sobre el conflicto ruso-ucraniano podrían hacerse cargo de esta historia. Quienes afirman que somos continuidad, también. Si esa política tiene principios no es porque la atan a una doctrina, a un conjunto de apotegmas, sino a prácticas dictadas por una situación histórica y geopolítica concreta: integrar una comunidad de naciones que rechazaron alinearse con grandes potencias, sean capitalistas o socialistas, y que al mismo tiempo, requieren alianzas que compensen la fatalidad del espacio que les tocó, frente a la hostilidad de su vecino principal. Por ejemplo, Vietnam.En esta serie, he tratado de demostrar que, para Cuba, la Crisis de octubre no es un simple episodio de la Guerra Fría, sino una clave en la arquitectura de su política exterior. Haber rechazado la inspección de su territorio cuando se retiraron los misiles, luego de una negociación en que no participó, así como la continuidad de los vuelos rasantes sobre su territorio, no fueron gestos retóricos o arrebatos de orgullo herido, sino prácticas de soberanía, que hicieron más por la aplicación del derecho internacional y la paz estable que la mayoría de los tratados.Esta historia no solo demuestra que estar en el espacio geopolítico de una potencia, en su “esfera de influencia”, no entraña asumir el sometimiento a sus dictados. También documenta que Cuba no buscó hacerle la guerra a EEUU, ni integró nunca un bloque militar enemigo, ni se alineó a favor de la proliferación nuclear en la región. La historia de la “Crisis de los misiles” evidencia bajo qué condiciones excepcionales de amenaza inminente el país aceptó la colocación de los cohetes.Dando clases, he comprobado que mis estudiantes de EEUU, —incluidos cubanoamericanos—, han aprendido que el conflicto geopolítico data del castrismo (y el anticastrismo), más que de los fundadores de la independencia. También han adquirido la noción de que Cuba fue una aliada incondicional de la URSS y se alineó con el Pacto de Varsovia. Interpretaciones como estas juzgan de “ambigua” una política que caracteriza la actual intervención rusa en Ucrania como “uso de la fuerza y no observancia de principios legales y normas internacionales que Cuba suscribe”, y que reafirma su oposición “al uso o amenaza de la fuerza contra cualquier Estado”. Según esas interpretaciones sobre lo que debería ser la política cubana,  una posición “clara” consistiría en defender el derecho de Ucrania a aliarse militarmente a la OTAN, y a su gobierno de extrema derecha. No hacerlo, equivale a renegar del concepto de autodeterminación que le atribuyen a Cuba.Desde esa interpretación achatada sobre la historia de las relaciones con la URSS-Rusia-Ucrania-etc., emergen metáforas, como que “Ucrania desafía a Rusia con el mismo espíritu que Cuba a EEUU”. O que “la invasión de Rusia será como la de EEUU a Vietnam e Irak”. Semejantes comparaciones asumen que no adherirse al bloque antirruso equivale al aislamiento, como si China, India, Vietnam, Irán, Sudáfrica, no hubieran hecho lo mismo, y no apreciaran la autodeterminación. Y da por hecho que esa postura cubana repercutirá en las relaciones con sus principales interlocutores y aliados en Africa y Asia, América Latina y el Caribe. Por último, argumenta que esa postura va a dar pie a la continuidad del bloqueo; o incluso a una intervención de EEUU en la Isla.  La historia muestra, sin embargo, que el fin de la URSS y del despliegue de tropas cubanas en África, hace más de treinta años, no movieron un milímetro las relaciones del “Norte” con la Isla. También registra que cuando el Che, tres meses después de Girón, le propuso a Richard Goodwin, asesor de JFK, un diálogo en torno a “las relaciones exteriores de Cuba” (con la URSS), la respuesta fue apretarle las clavijas a la Revolución. En cambio, los progresos en las relaciones bilaterales, bajo Carter y Obama, han ocurrido precisamente cuando la Isla ha estado menos sola o distanciada de aliados como la URSS o Rusia o China.Al cabo, la política de EEUU ha contribuido a que sus dos principales rivales de la Guerra Fría se hayan unido; y ha facilitado que Cuba estreche sus relaciones con ambos a la vez como nunca antes en 60 años. Veremos cuánto cambia este paisaje, cuando se disipe el humo de la guerra.Notas:OSPAAAL. Archivo histórico. Análisis general de la Conferencia Tricontinental. Enero 1966. Gaveta No. 1, File 1. Archivos RDA. Carpeta: SAPMO-BArch DY30/J IV 2/2/1045 Protokoll Nr. 6/66 (Einschätzung Politbüros ZK SED Drei-Kontinente Konferenz 310 Enero 1966.Fidel Castro, Análisis de los acontecimientos de Checoslovaquia, La Habana, Ediciones COR, No. 16, 23 de agosto de 1968.Juan Sánchez, Las relaciones cubano-sovieticas en 1968 vistas desde Cuba, revista Temas,  95-96, 2018. 

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