HAVANA CLIMA

política de EEUU a Cuba

Club de Aviación de Cuba cancela vínculos con similar agrupación de EEUU

El Club de Aviación de Cuba (Cac) anunció a través de una declaración, citada este viernes por medios de prensa de la Isla, el cese de sus vínculos deportivos y de cualquier naturaleza con el Team Eagle, agrupación similar de los Estados Unidos.El texto, reseñado por la agencia Prensa Latina (PL), señala que la acción se acordó ante las reiteradas manifestaciones de esta agrupación, con la que mantenían convenios de intercambio, “en apoyo a la última escalada agresiva desde los Estados Unidos de América contra Cuba”, que comenzaron desde las masivas protestas de julio del año pasado.El Club de #Aviación de #Cuba anunció este jueves el cese de vínculos, deportivo y de cualquier naturaleza, con el Team Eagle, agrupación similar de #EstadosUnidos, debido al apoyo de este a la última escalada agresiva desde #EEUU contra esta isla.#CubaPorLaPaz@PrensaLatina_cu pic.twitter.com/o2IcngpPwn— CNC TV Granma (@CNCTVGranma) July 15, 2022La dirección del Cac informó el cese indefinido de cualquier relación deportiva en el espacio aéreo cubano con seis integrantes del Team Eagle, debido a su participación en las actividades de estímulo a los eventos ”contra la estabilidad y el orden de la sociedad cubana”, según agrega el medio.La junta directiva de esta asociación de deportes aéreos en Cuba realizó un llamado a todos los practicantes de esta actividad para que cesen el apoyo a lo que consideran ”una absurda aventura política del Team Eagle”.El Cac aclaró que esta disposición no constituye un intento de discriminar a los cubanos por su lugar de residencia o sus creencias políticas, ni se niega la posibilidad de que cubanos residentes en el exterior formen eventualmente parte de las representaciones deportivas, de acuerdo a las leyes del país.La nota expuso los ámbitos de cooperación que existieron entre ambas organizaciones hasta que comenzaron a deteriorarse las relaciones por lo que consideran una “actitud agresiva de miembros del Team Eagle desde las sucesos del 11 de julio del pasado año”, en ocasiones con llamados directos a la violencia en Cuba, apunta PL.Según su perfil de Facebook, Cac es una asociación que tiene como objetivo principal organizar, desarrollar y controlar en el territorio nacional las actividades deportivas, aeronáuticas y astronáuticas regidas por la Federación Aeronáutica Internacional FAI.

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Biden se dio cuenta de que no puede seguir ignorando a Cuba, finalmente

El presidente Joe Biden finalmente ha aprendido la lección, como cada uno de sus once predecesores tuvo que hacer a regañadientes a la hora de relacionarse con Cuba: algunos intereses de Estados Unidos solo pueden promoverse si existe un compromiso con La Habana. Luego de una revisión de política que duró quince meses, durante los que se mantuvieron las sanciones económicas draconianas del ex presidente Donald Trump, el Departamento de Estado anunció recientemente que flexibilizará las medidas que han tenido mayor impacto sobre el pueblo cubano.El cambio sobreviene en un momento en el que la migración irregular desde Cuba agrava la crisis en la frontera sur de Estados Unidos y los jefes de Estado latinoamericanos amenazan con boicotear la próxima Cumbre de las Américas si se excluye a Cuba.Las nuevas medidas de Biden no constituyen un regreso a la política de normalización del ex presidente Barack Obama. Representan una flexibilización limitada y unilateral de sanciones específicas que, en su conjunto, se parecen más a la política hacia Cuba del primer mandato de Obama que al avance histórico de restaurar las plenas relaciones diplomáticas, anunciado en diciembre de 2014. Pero tendrán un impacto enorme, mejorando el estándar de vida de millones de cubanos y reduciendo los detonantes de la migración irregular.Cuba-Estados Unidos: ¿el comienzo de un nuevo deshielo o más de lo mismo?Biden levantará las restricciones a las remesas en efectivo, que ascendían a unos 3 500 millones de dólares anuales antes de que Trump las bloqueara, y restaurará los viajes educativos de persona a persona, utilizados por más de 638 000 visitantes estadounidenses anuales hasta que Trump los suspendió. La nueva política también promete medidas financieras para facilitar el comercio entre las empresas estadounidenses y el creciente sector privado cubano, aunque el diablo estará en los detalles de las regulaciones finales.Las nuevas medidas de Biden parecen impulsadas por la confluencia de la crisis migratoria y la rebelión en América Latina ante la política estadounidense.A medida que la economía cubana se ha contraído bajo los golpes paralelos de las sanciones estadounidenses y la pandemia de la COVID-19, la migración se ha disparado. Pero desde que Trump redujo el personal de la Embajada Estados Unidos (2017), incluido el fin de los servicios consulares, la emisión de visas de inmigrantes se ha desplomado en un 90%. Con la migración segura y legal cerrada, decenas de miles de cubanos han cruzado el continente latinoamericano y se han movido hacia el norte, hasta la frontera de Estados Unidos: más de 35 000 solo en abril y 115 000 desde septiembre pasado. Eso ya es más gente de la que llegó durante la crisis migratoria de los balseros de 1994 y casi tantas como en el Mariel de 1980, y sin un final a la vista.En abril, Estados Unidos invitó a Cuba a reanudar las conversaciones sobre migración regular, según lo establecido por los acuerdos migratorios bilaterales surgidos de la crisis de 1994 —consultas que Trump había suspendido. Las nuevas medidas de Biden reafirman el compromiso previo de reponer gradualmente el personal de la sección consular de la Embajada de Estados Unidos y reanudar la emisión de visas de inmigrantes en el marco del Programa de Reunificación Familiar Cubano. Además, la restauración de las remesas y los viajes por parte de Biden aliviarán las dificultades económicas, la razón principal por la que los cubanos se van del país.La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (II)Otro factor clave de la nueva política de Biden son las objeciones de los jefes de Estado latinoamericanos a afirmaciones de altos funcionarios estadounidenses en el sentido de que Cuba, Venezuela y Nicaragua no serán invitados a la Novena Cumbre de las Américas, que Biden organizará el próximo mes en Los Ángeles. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, reprendió a la administración estadounidense y advirtió: “Si no los invitan a todos, no iré”. Otros asistentes dudosos incluyen a los mandatarios de Bolivia, Honduras y las veinte islas de la Comunidad del Caribe. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha insinuado que tampoco podría participar, aunque por razones ajenas a Cuba. Un boicot sería una gran vergüenza para Biden. Incluso en esta fecha tardía, las invitaciones no se han enviado, por lo que, después de todo, se le puede ofrecer a Cuba un asiento en la mesa.La migración y las políticas hemisféricas no son temas nuevos en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Otros tres presidentes enfrentaron antes crisis migratorias: Lyndon Johnson en 1965, Jimmy Carter en 1980, y Bill Clinton en 1994. Cada uno se comprometió con Cuba diplomáticamente porque esa era la única forma de resolver la crisis en cuestión. Además, en las tres ocasiones los costos políticos internos de las crisis que se convirtieron en noticias de primera plana fueron mucho mayores que el riesgo de ofender a los cubanoamericanos del sur de Florida comprometiéndose con el régimen de Castro.Dos de los predecesores de Biden enfrentaron desafíos similares en América Latina por sus políticas hacia Cuba. A principios de los años 70, los países latinoamericanos comenzaron a desertar de las sanciones económicas y diplomáticas impuestas por la Organización de Estados Americanos en 1964 a Cuba. El entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, se quejó de que el tema Cuba dominaba las reuniones con sus homólogos latinoamericanos. Sacar a Cuba de la agenda interamericana fue uno de los motivos de Kissinger para iniciar conversaciones secretas en 1975 a fin de normalizar las relaciones con La Habana, aunque no llegaron a nada.Presidente de Bolivia tampoco asistirá a Cumbre de las Américas si excluye a países de la regiónLa decisión de Obama de 2014 de normalizar las relaciones estuvo fuertemente influenciada por el regaño público que recibió de los jefes de estado latinoamericanos en la Sexta Cumbre de las Américas (2012). Incluso aliados cercanos de Estados Unidos advirtieron que a menos que Cuba fuera invitada a la cumbre de 2015, no asistirían. En palabras del asesor adjunto de seguridad nacional de Obama, Ben Rhodes, la política de perpetua hostilidad de Washington se había convertido en “un lastre en el cuello de Estados Unidos en el hemisferio y en todo el mundo”.Y así permanece. El extraño paralelismo entre la vergüenza que sufrió Obama en la Sexta Cumbre y el riesgo de una vergüenza aún mayor para Biden en la Novena, finalmente ha obligado a la Casa Blanca a abrazar una reapertura limitada a Cuba. Es un buen primer paso que beneficiará a muchas familias cubanas, pero las acciones unilaterales por sí solas no son suficientes.Durante sus últimos dos años la administración Obama firmó 22 acuerdos bilaterales con el gobierno cubano sobre una amplia gama de temas de interés mutuo, desde la protección del medio ambiente hasta la aplicación de la ley. El Departamento de Estado también abrió conversaciones con La Habana acerca de temas altamente controvertidos como los derechos humanos y la compensación por daños y perjuicios a la propiedad nacionalizada en Cuba. Al revertir la política de Obama, Trump congeló la implementación de esos acuerdos y rompió todo diálogo diplomático sustancial con Cuba.El próximo paso de Biden en el desarrollo de su propia política hacia Cuba debería ser retomarla en el punto donde Obama la dejó, construyendo una cooperación más estrecha con La Habana en temas de interés mutuo —no como un favor al gobierno cubano, sino porque la única forma en que Estados Unidos puede avanzar en los problemas transnacionales es cooperando con sus vecinos.La experiencia de otros presidentes demuestra que comprometerse diplomáticamente con el gobierno cubano en temas de interés mutuo, en primer lugar y ante todo la migración, ha constituido una manera efectiva de promover los intereses de Estados Unidos. El diplomático cubano Ricardo Alarcón, quien dirigió las negociaciones de Cuba con Washington durante dos décadas, resumió brevemente la lógica del compromiso: “Somos dos vecinos que han tenido relaciones abominables”, dijo, pero “a diferencia de las personas, nosotros no podemos mudarnos a otro lugar”.****Este artículo fue publicado originalmente en inglés en el sitio WRP. Se publica su versión en español con la autorización explícita de su autor.

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Cuba-Estados Unidos: ¿el comienzo de un nuevo deshielo o más de lo mismo?

El anuncio del Departamento de Estado el 16 de mayo bajo el rótulo de “Medidas de la administración Biden para apoyar al pueblo cubano” ha sorprendido favorablemente a la mayor parte de los observadores que siguen de cerca la política norteamericana hacia Cuba. Sin embargo, cuando se analiza el contexto y los antecedentes y se examinan los cuatro paquetes de disposiciones con más detenimiento, no resultan ser ni tan imprevisibles ni mucho menos tan significativas.Detalles más, detalles menos, constituyen esencialmente un primer paso, asaz restrictivo, encaminado a cumplir lo que el actual presidente se había comprometido a hacer durante la belicosa campaña electoral del 2020 en la que se había enfrentado a quien consideraba su enemigo político número uno, Donald Trump. Este último, recordémoslo, había arremetido con perversidad y saña, dirigida por igual contra la administración Obama-Biden y contra el pueblo y gobierno cubanos, para “cancelar” (según sus propias palabras) aquel trascendental logro diplomático conjunto que fue el inicio, en diciembre del 2014, de un proceso de normalización de relaciones entre los dos vecinos asimétricos.La Habana, un día después del anuncio de cambios en la política de la Administración Biden hacia CubaLo que debe sorprender y ser censurado es que durante 16 meses el demócrata se negara a cumplir lo que prometió en el 2020, aduciendo todo tipo de excusas cada una menos creíble que la otra: Cuba no es prioridad; y se está revisando la política.Esas frases ocultaban una realidad tan cruda como carente de ética política. Como se sabe en Washington y en Miami, el senador demócrata de origen cubano, Bob Menéndez, se oponía de plano a cualquier paso que significara el regreso a la política de Obama, hacia la cual siempre manifestó el mismo rechazo que su homólogo republicano, Marco Rubio. Y Menéndez tiene a su favor dos importantes bazas, es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado y su voto es imprescindible para Biden en una Cámara Alta dividida exactamente a la mitad. Usó esas palancas sin ningún recato y la administración se plegó, en un comportamiento que demostró escasa valentía y lucidez políticas.En resumen, dadas las peculiaridades del sistema político norteamericano, dos presidentes (Trump en el 2017-2021; Biden en el 2021-2022) delegaron la política exterior hacia un país vecino en un Senador (Rubio bajo Trump; Menéndez bajo Biden) y permitieron que la misma se hiciera en base a los intereses individuales de ambos políticos. Las preferencias de cientos de miles de ciudadanos norteamericanos y cubanoamericanos fueron así ignorados inescrupulosamente.Pero al grano. ¿Qué motivó esta movida que parece súbitamente preñada de realismo?La clave puede estar en la primera frase del “Fact Sheet” publicado por la Cancillería estadounidense en la que se dice: “Hoy, los Estados Unidos están tomando una serie de medidas para incrementar el apoyo al pueblo cubano en línea con nuestros intereses de seguridad nacional.” Junto a la hipócrita frase de que las medidas están encaminadas a “incrementar el apoyo al pueblo cubano” aparece ahora la expresión “en línea con nuestros intereses de seguridad nacional”.Como en ocasiones anteriores, una crisis migratoria ha planteado nuevamente a Washington la necesidad de intercambios diplomáticos del más alto nivel con La Habana y así sucedió el pasado 21 de abril, como escribí aquí hace poco más de dos semanas.Pero el entorno diplomático se ha complicado aún más para Estados Unidos con el conflicto surgido entre Biden y sus homólogos hemisféricos alrededor de las exclusiones de la Cumbre de las Américas a celebrarse en Los Ángeles a principios de junio. Como se sabe, la Casa Blanca se ha propuesto celebrar el cónclave sin la presencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela, a lo cual se oponen varios presidentes de la región, en primer lugar el de México, Andrés Manuel López Obrador, quien ha dicho que si no están todos no asistiría.Una vez más la pretensión norteamericana de aislar diplomáticamente a Cuba (y, en este caso, Nicaragua y Venezuela además) choca con la realpolitik. Una vez más la realidad destruye las ilusiones de que la política hacia Cuba pasa exclusivamente por los intereses de los políticos cubanoamericanos de Miami.No se puede decir que los temas que abarcan los cuatro paquetes de medidas sean insignificantes. Algunos van dirigidos a responder demandas que se originan sobre todo entre votantes cubano americanos como es el restablecimiento del programa de reunificación familiar y el de eliminar el límite de 1000 dólares trimestrales a las remesas de estos a sus familiares en Cuba.Pero hay dos que estimulan a sectores netamente cubanos: la autorización a los viajes de norteamericanos llamados de “pueblo a pueblo” (no turísticos) a Cuba, que en el 2014-2016 estimularon al sector de servicios de hospedaje, hotelero y gastronómico cubano; y facilidades para ciertas inversiones en el sector privado cubano, precisamente cuando las autoridades de la isla lo estimulan.El gobierno cubano, con razón, lo ha apreciado como un paso limitado, pero en la dirección correcta. Pero quizás quién lo ha calificado mejor es el Senador demócrata por Vermont, Patrick Leahy, quien lo ha tildado de tímido, pero bienvenido.Como siempre ha sucedido en el pasado, las medidas dejan muchas preguntas en el aire, como por ejemplo, cómo se va a resolver el envío de remesas si se tiene en cuenta el número de instituciones financieras cubanas que están en las famosas listas negras del Departamento de Estado; o para cuándo podrá regularizarse el normal funcionamiento de la Sección Consular de la Embajada en la Habana lo que permitiría a los cubanos hacer lo que ciudadanos de otros países hacen ordinariamente, aún con enormes obstáculos: solicitar la visa directamente en la representación norteamericana que le queda más cerca, la que está en su país.Estas disposiciones no modifican en lo esencial las medidas coercitivas unilaterales que pesan hace más de 60 años sobre la Isla. Por otra parte, ni siquiera se hace referencia a dos de las medidas más arbitrarias que tomó Donald Trump: volver a incluir a Cuba sin motivo alguno a la “lista de estados promotores del terrorismo”; y activar el título III de la Ley Helms Burton que todos los presidentes que lo precedieron se habían negado a hacer.Lo que sí es obvio, a juzgar por la frase final del “Fact Sheet” emitido por la Oficina del Vocero del Departamento de Estado, es que la administración quiere trabajar de forma “expedita” y que se aspira a que las nuevas regulaciones se elaboren en un corto período de tiempo. Dice así: “La administración está trabajando de forma expedita para ejecutar los cambios, que serán implementados a través de pasos y cambios regulatorios que los Departamentos y Agencias harán relevantes en un corto período de tiempo.”Esta formulación parece indicar que la administración no dará tiempo a los adversarios del cambio a que se muevan para impedirlos. Incluso el propio tono de una declaración que emitió la oficina del Senador Menéndez parece ser el de resignación.El hecho de que Biden, después de largos meses de procrastinar, haya decidido acometer finalmente estos cambios, aunque tímidos, 6 meses antes de las elecciones de noviembre, puede ser leído de muchas formas. Pero una que resulta evidente es que, aunque en definitiva pierdan sus respectivas carreras electorales, los candidatos demócratas en distritos con numerosos votantes cubanoamericanos en el sur de la Florida podrán ahora defender una política que no es la de Trump, sino la del presidente de su partido. Por lo pronto ya algunos “Cuban-Americans for Biden” están proclamando que el presidente acaba de recuperar sus votos.Otra consecuencia interesante es la que tiene que ver con dos medidas que favorecen el sector privado de la economía cubana. Esto es muy claro en la decisión de restablecer las visitas de pueblo-a-pueblo que han sido uno de los motores propulsores del sector de la hostelería. Pero también hay todo un párrafo que se propone facilitar pagos y movimientos financieros para cubanos emprendedores. Aunque no es muy evidente cómo esto se materializará dado el carácter abarcador de las medidas coercitivas específicamente en el terreno financiero.El restablecimiento de los viajes de grupos, aún dentro de las limitadas categorías existentes, estimulará a los operadores norteamericanos para hacer trabajo de lobby a favor de su expansión, por ejemplo en el área de los cruceros.Con este paso, los funcionarios que en el Departamento de Estado, de Comercio, y del Tesoro, apoyaron la política de Obama, tendrán una razón más para enfrentar y neutralizar no sólo a Menéndez, sino también a Rubio y a los congresistas republicanos cubanoamericanos del sur de la Florida, pues saben que la decisión de la Casa Blanca es retomar el camino que se abrió en el 2014-2016.Asimismo, el gran grupo de congresistas mayoritariamente demócratas pero también republicanos, que han firmado cartas apoyando el regreso a la política de Obama, tendrán motivos para reanimar sus iniciativas favorables al levantamiento de las sanciones.Los avatares de la irracional y vengativa política de Estados Unidos hacia Cuba han acostumbrado a los cubanos a esperar muy poco de Washington. Este paso no cambia esa percepción. Puede ser a la vez el tímido inicio de un eventual deshielo o más de lo mismo. Pero, reconozcámoslo, es lo que es y ahí está. Por ello, es más positivo verlo como una oportunidad, sin hacerse ilusiones.Los cubanos de aquí y de allá, partidarios o no del gobierno, nos haríamos un pobre favor si no aprovecháramos esta nueva oportunidad para que, sin cejar en nuestro reconocido espíritu de resiliencia, buscáramos la forma de que las cosas vuelvan a orientarse por el camino que iban hasta principios del 2017.

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Biden finalmente abre una puerta a Cuba

Quince meses después de iniciada su presidencia, Joe Biden finalmente ha dado algunos pequeños pasos para volver a acercarse a Cuba en el tema de la migración. ¿Son estas conversaciones un presagio del compromiso más amplio que Biden prometió durante la campaña de 2020 o un intento aislado de aliviar la presión política sobre la Casa Blanca por la crisis migratoria en la frontera sur?En marzo, el Departamento de Estado anunció que en mayo reabriría la sección consular de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, cerrada desde 2017, y reanudaría el procesamiento “limitado” de solicitudes de visa cubana. La semana pasada, Estados Unidos sostuvo conversaciones sobre migración con Cuba por primera vez desde julio de 2018, el primer diálogo diplomático sustantivo entre los dos países desde que Biden ingresó a la Casa Blanca. El negociador de Cuba, el viceministro Carlos Fernández de Cossío, calificó las conversaciones de “muy positivas”, “muy constructivas” y “un paso adelante muy importante”, y señaló que Cuba también está abierta a conversaciones sobre una amplia gama de temas de interés mutuo.El propósito de las conversaciones migratorias, según el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, era “explorar la posibilidad de reanudar” los acuerdos migratorios entre Estados Unidos y Cuba “que estaban interrumpidos”. Lo que no dijo es que Washington fue quien los interrumpió.Desde 2017, Estados Unidos ha estado violando el acuerdo migratorio de 1994 que la administración Clinton firmó con Cuba para detener la última crisis migratoria. En ese acuerdo, Estados Unidos se comprometió a proporcionar anualmente al menos 20.000 visas de inmigrantes a cubanos y a realizar reuniones migratorias periódicas, conversaciones que se llevaron a cabo semestralmente hasta 2018 cuando la administración Trump las cortó.Trump tampoco cumplió con la obligación estadounidense de admitir 20.000 inmigrantes cubanos anualmente. La sección consular de la Embajada de los EE.UU. se cerró en 2017 cuando el Departamento de Estado retiró a la mayor parte del personal de la embajada después de que dos docenas de empleados estadounidenses en La Habana experimentaran síntomas inexplicables que se denominaron “El Síndrome de La Habana”. A pesar de que posteriormente se detectaron incidentes anómalos de salud similares en media docena de otros países, incluido el propio Estados Unidos, la embajada en La Habana no fue repuesta y la sección consular permaneció cerrada. Para solicitar una visa para ingresar a los Estados Unidos, los cubanos debían viajar a una embajada estadounidense en un tercer país. La migración legal de cubanos a Estados Unidos cayó en un 90 por ciento.La migración irregular aumentó, como lo ha hecho antes cuando la economía cubana ha estado en crisis. El doble golpe de las sanciones económicas de EE.UU. —especialmente las restricciones a las remesas—, y la pandemia de COVID que diezmó la industria turística han paralizado la capacidad de Cuba para importar bienes básicos como alimentos, combustible y medicinas. A medida que el nivel de vida ha caído, el número de cubanos que intentan llegar a Estados Unidos ha aumentado rápidamente.Con los canales legales de emigración cerrados, los cubanos han estado viajando al continente latinoamericano y se han unido a los centroamericanos en la travesía hacia el norte hasta la frontera sur de Estados Unidos o arriesgando sus vidas tratando de cruzar el Estrecho de Florida en pequeñas embarcaciones y balsas. En el año fiscal 2020, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los EE.UU. contabilizó 14 018 cubanos que intentaban ingresar a los Estados Unidos ilegalmente. En 2021, el número saltó a 39.303. Solo en los primeros cinco meses de 2022, se ha duplicado a 79.835. A este ritmo, el número de migrantes cubanos irregulares este año superará las cifras tanto de la crisis migratoria del Mariel de 1980 como de la crisis de los balseros de 1994.Las crisis migratorias tienden a alterar el statu quo político que rige las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Normalmente, la política hacia Cuba es un tema político destacado solo para los cubanoamericanos, especialmente los que se concentran en el sur de Florida. En consecuencia, tienen una influencia política desproporcionada e históricamente la mayoría se ha opuesto al acercamiento entre ambos países. En 2020, los cubanoamericanos les propinaron a los demócratas una derrota política decisiva en Florida: más del 60 por ciento de ellos votaron por Donald Trump, y los demócratas perdieron dos escaños en la Cámara de Representantes del sur de Florida que creían seguros. El hecho de que el presidente Biden no cumpliera su promesa de campaña de reanudar la política de compromiso del presidente Obama con Cuba se debe a las ansiedades políticas de la Casa Blanca a raíz de esa paliza electoral.Pero la inmigración es un tema que moviliza a los votantes en todo el país, y los republicanos se han vuelto expertos en convertirlo en un arma. La política del presidente Trump de “máxima presión” sobre la economía cubana —una política mantenida por Biden— ha exacerbado el problema migratorio en la frontera sur, cuyos peligros políticos superan con creces el riesgo de enfadar a los cubanoamericanos en Miami. En febrero de 2022, las encuestas de Gallup encontraron que el 58 por ciento del público estaba insatisfecho con el nivel de inmigración y la propia firma de encuestas de Biden encontró que el 66 por ciento de los probables votantes de mediano plazo desaprueban su manejo del tema. Por lo tanto, el presidente Biden, al igual que el presidente Jimmy Carter y el presidente Bill Clinton antes que él, está dispuesto a hablar con Cuba sobre la migración con la esperanza de limitar el daño político causado por el aumento de llegadas irregulares.La reanudación de las conversaciones sobre migración es un acontecimiento positivo, el primero en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba desde que Barack Obama dejó el cargo. Pero puede que no sea un presagio de discusiones diplomáticas más amplias sobre toda la gama de temas (aplicación de la ley, trata de personas, cooperación con la Guardia Costera, protección del medio ambiente y más) que estaban en marcha antes de que Trump las cerrara todas. Si el pasado es un prólogo, Washington intentará avanzar en la migración, quitando algo de presión a la frontera sur, sin mejorar la relación bilateral en general. Una observación de 1998 de Brent Scowcroft, asesor de seguridad nacional de los presidentes Ford y H.W Bush, sigue vigente: “Cuba es un problema interno para Estados Unidos”, dijo. “No es un problema de política exterior”.La lección que Biden debería sacar es que la migración es solo un tema entre muchos que solo pueden ser abordados de manera efectiva mediante el diálogo y la cooperación entre Washington y La Habana.**** Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Responsible Statecraft, se publica una versión en español con la autorización expresa de su autor.

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Biden sigue revisando estatus de Cuba en lista de países patrocinadores del terrorismo, reitera funcionario

El presidente de EEUU, Joe Biden, continúa revisando la decisión de su antecesor, Donald Trump, cuya administración regresó a Cuba a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo después de que fuera retirada en 2015 durante la etapa de “deshielo” de la relación bilateral.“Lo que puedo decir es que la política sobre Cuba y esa designación sigue bajo revisión”, manifestó en una teleconferencia de prensa el coordinador en funciones del Departamento de Estado para terrorismo, John Godfrey.Ante las preguntas de la prensa, el funcionario rechazó ofrecer detalles sobre cuál será la fecha en la que pueda finalizar la revisión de la política hacia Cuba. “Es algo que está en curso. El presidente Biden ha dicho que sigue comprometido con aquellas políticas que avancen las aspiraciones democráticas del pueblo cubano”, se limitó a decir Godfrey.El Departamento de Estado de EEUU publicó este jueves su informe anual de terrorismo relativo a 2020 y que sirve de guía al Congreso estadounidense a la hora de determinar la ayuda exterior que se concede a cada país.En ese informe, aparece una lista de Estados que EEUU considera que ayudan a grupos terroristas y en la que están Corea del Norte, Siria e Irán, pero no Cuba ya que Trump decidió incluir a la isla en esa lista negra en 2021 y el informe se refiere solo a 2020.En concreto, Trump incluyó a Cuba en esa lista solo nueve días antes de dejar la Casa Blanca el 20 de enero de 2021.Un centenar de congresistas demócratas piden a Biden restablecer el diálogo con CubaCuando llegó a la Casa Blanca, Biden prometió revisar la política hacia La Habana; pero, tras la represión que siguió a las protestas antigubernamentales del pasado 11 de julio en la Isla, la Casa Blanca anunció sanciones contra funcionarios cubanos y miembros de la Policía.PublicidadCuba fue incluida por primera vez en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo en 1982. Salió en 2015 durante la etapa de acercamiento impulsada por el entonces gobernante estadounidense Barack Obama (2009-2017) y frenada por Trump, que durante su mandato redobló las sanciones sobre La Habana y frenó el llamado «deshielo».Efe/OnCuba

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Cuba es prioridad para Estados Unidos, dice ahora la Casa Blanca

“La Casa Blanca está siguiendo de cerca la situación en Cuba” porque “abordar el momento y la situación actual” en la Isla “es una prioridad absoluta” para la Administración de Joe Biden, según el sinopsis de un encuentro virtual entre representantes de la Casa Blanca y líderes cubanoamericanos publicado el pasado lunes 19.La nota refiere que la sesión, desarrollada de manera virtual, tuvo lugar entre el Asesor Principal y Director de la Oficina de Compromiso Público de la Casa Blanca, Cedric Richmond, y el Director Principal para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Juan González, con líderes cubanoamericanos que transmitieron sus recomendaciones y preocupaciones políticas luego de las manifestaciones masivas del pasado 11 de julio.A source described the call as productive telling @CBSMiami a number of suggestions were offered. Following the meeting the WH announced they were trying to find a way for Cuban Americans to send remittances to the island without it falling into the Cuban government’s hands. 4/4— Jim DeFede (@DeFede) July 20, 2021Entre los cubanoamericanos presentes se ha citado a Luis Lauredo; Eduardo Padrón, expresidente del Miami Dade College; los músicos Gloria y Emilio Estefan; el actor Andy García; Carlos Saladrigas y Rick Herrero, directivos del Cuba Study Group; el inversionista y empresario Mike Fernández; el empresario y mecenas de las artes Carlos de la Cruz, así como Manny Díaz, exalcalde de Miami y presidente del Partido Demócrata de Florida.También participaron el excongresista Joe García; María Carla Chicuén, directora ejecutiva de la Casa Cuba en la Universidad Internacional de Florida; y Felipe Gorordo, fundador de la organización Raíces de Esperanza.Según la nota de la Casa Blanca, en el encuentro los cubanoamericanos reiteraron las palabras del Presidente Biden, quien la semana pasada aseguró que las manifestaciones eran el resultado directo del fracaso del gobierno cubano, así como recordaron a los enviados de la Casa Blanca que el Presidente está firmemente con el pueblo de Cuba.Washington vuelve a acusar a La Habana de violar los derechos humanosLas partes interesadas compartieron lo que han hecho durante la última semana para ayudar a elevar las voces de los manifestantes en Cuba y proporcionaron sus recomendaciones sobre cómo el gobierno de Estados Unidos puede ayudar, según la nota.PublicidadSe trata del último acto conocido que impulsa la Casa Blanca en lo que puede ser un momento definitivo en la revisión de su política hacia Cuba, impulsada por las manifestaciones del pasado 11 de julio. Hasta el momento ha trascendido que la administración Biden evalúa puntos como el envío de remesas.

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Miedo a Florida: ¿por qué Biden no actúa en relación con Cuba? 

El voto de Estados Unidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas en contra de la resolución que pide a Estados Unidos que levante su embargo a Cuba es otro ejemplo de la renuencia del presidente Joe Biden a alejarse de la política hacia Cuba de Donald Trump. La primera señal fue la decisión de la administración de reafirmar, sin evidencia real, la determinación de Trump de que Cuba no está apoyando los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos.La razón por la que Biden no volvió a comprometerse con Cuba, a pesar de haber prometido que lo haría durante la campaña, es el miedo a Florida. Los demócratas siguen sufriendo un trastorno de estrés postraumático electoral desde que Al Gore perdió el Estado —y la presidencia— ante George W. Bush por 537 votos, una pérdida en la que Cuba fue tema central y los cubanoamericanos jugaron un papel fundamental.Gore ganó sólo el 20 por ciento del voto cubanoamericano en Florida en 2000, muy por debajo del 35 por ciento de Bill Clinton cuatro años antes. El motivo fue Elián González, el niño de cinco años que fue encontrado flotando en una cámara de aire después de que su madre y otros adultos cubanos se ahogaran al intentar cruzar el estrecho de Florida. Para indignación de la mayoría de los cubanoamericanos, en abril de 2000 el Departamento de Justicia de Clinton le arrebató a Elián a su tío en Miami y lo devolvió a su padre en Cuba. En noviembre, los cubanoamericanos emitieron un «voto castigo” contra Gore, quien era el vicepresidente de Clinton en ese momento.La estrategia de campaña de Biden en Florida en 2020 fue decir lo menos posible sobre Cuba porque nada de lo que pudiera decir le haría ganar votos, mientras cualquier cosa que dijera podría hacerle perder algunos. Esto dejó el campo de batalla electoral a los republicanos, cuyo discurso —cuidadosamente elaborado— dirigido a los cubanoamericanos (también a venezolanos y colombianos) tildaban a los demócratas de socialistas.El resultado fue una debacle demócrata. Biden ganó el condado de Miami-Dade por solo un 7 por ciento, en comparación con el margen del 30 por ciento de Hillary Clinton en 2016, una disminución que puso los votos electorales de Florida fuera de su alcance. Los demócratas también perdieron dos escaños en la Cámara que daban por seguros. Trump ganó más del 60 por ciento de los votos cubanoamericanos, la mayor cantidad desde Bush en 2000.Este nuevo trauma ha intensificado el miedo de los demócratas a Florida en un momento en el que el Estado ocupa un lugar preponderante en los cálculos para las elecciones de mitad de período de 2022. En una batalla cuesta arriba para mantener su mayoría en la Cámara, los demócratas intentarán recuperar esos dos escaños en Miami-Dade. La representante Val Demings (D-Fla.), quien integró la lista corta para ser la vicepresidenta de Biden, ha declarado su candidatura para desafiar al senador republicano Marco Rubio, y los demócratas también esperan destronar al gobernador Ron DeSantis (R).«El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado”, escribió William Faulkner, y lo mismo ocurre con los demócratas y las elecciones de 2000. Ron Klain, actual jefe de personal de Biden, fue también jefe de personal del entonces vicepresidente Gore y consejero general del Comité de Recuento de Gore en 2000. «No lo he superado», le dijo a The Atlantic el año pasado. «No creo que lo supere nunca».Manny Díaz, el nuevo presidente del Partido Demócrata de Florida, encargado de recuperar las pérdidas del partido entre las diásporas latinas del Estado, fue el abogado de los familiares de Elián González en Miami, un papel que lanzó su carrera política. Probablemente ni Klain ni Díaz son defensores de mejorar las relaciones con La Habana.PublicidadLa prolongada revisión de la política hacia Cuba de la administración Biden sugiere que la Casa Blanca no sabe cómo manejar los riesgos políticos del tema. En la campaña electoral, Biden se comprometió a revertir las sanciones de Trump que perjudican a las familias cubanas, restablecer los viajes a la Isla y comprometerse con el gobierno cubano en temas de interés mutuo. Esta modesta agenda recuerda más la política de Clinton alrededor de 1998 que la inauguración de Obama en 2014. Pero cuando se anuncie como política, si sucede, la tormenta de condenas republicanas no será menos virulenta.En las tres décadas durante las cuales los cubanoamericanos han sido una fuerza a tener en cuenta en la política presidencial, solo un candidato demócrata ha estado cerca de ganar la mayoría de su apoyo: Barack Obama. No lo hizo tratando de esquivar o restar importancia al problema de Cuba, sino asumiéndolo de frente y apelando a los cubanoamericanos moderados que favorecen un enfoque menos antagónico. En 2008, ganó el 35 por ciento del voto cubanoamericano, en ese momento, la marca más alta para los candidatos presidenciales demócratas. En 2012, ganó el 48 por ciento. En los dos años posteriores al anuncio de Obama de normalizar las relaciones con Cuba, el apoyo de los cubanoamericanos a su política aumentó del 51 al 56 por ciento.La lección del éxito de Obama es que el liderazgo importa. La mejor estrategia para defender una política exterior políticamente controvertida es hacer lo que tiene más sentido como política exterior y defenderla enérgicamente en la arena pública. En relación con Cuba, la otra alternativa es continuar con la fallida política de hostilidad de Trump, una política que no sirve a los intereses nacionales prácticos de Estados Unidos y sacrifica cínicamente el bienestar del pueblo cubano en el altar de la política de Florida.* Este artículo fue publicado originalmente en The Hill (28 de junio 2021) se reproduce con la autorización expresa de su autor. Traducción: OnCuba

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