HAVANA CLIMA

Norberto Codina

Norberto Codina: “Sueños y deseos no me faltan”

“…hay pocos autores cuya sinceridad sea tan desbordante como la de Norberto”.                                                                                  Zaida Capote CruzConocer personalmente a Norberto Codina Boeras en el tradicional Sábado del Libro (dedicado en la ocasión a los 50 años de la Editorial Oriente), fue una grata sorpresa. 1 Ya tenía referencia sobre él por Rafael Acosta de Arriba, amigo en común de este reconocido poeta, editor y escritor cubano. Subrayo con toda intención lo de cubano, pues, si bien Codina nació en Venezuela, por sus venas corre la sangre cubana —aunque de padre gallego-venezolano—; sus antepasados maternos por cuatro generaciones son naturales de la Isla, en particular de Manzanillo, ancestros que reconoce con orgullo. Unido a esta referencia de origen, está su prolongado trabajo como editor en La Gaceta de Cuba, una de las revistas culturales más importantes del país y, en los últimos tiempos, la recepción del Premio Nacional de Edición (2021), que ha proyectado a Codina a los primeros planos de las noticias nacionales.Obviamente, estamos en presencia de un escritor al que no le faltan entrevistas o reseñas valorativas sobre su destacado accionar profesional. En 2020, por ejemplo, en la prestigiosa revista La Letra del Escriba, aparecen varios textos que fueron presentados durante el Taller Crítico realizado sobre su obra en el Centro “Dulce María Loynaz”. A esos y a otros encomiables textos sobre su vida intelectual intentaremos poner de relieve la voz más íntima de este conocido y laureado poeta y revistero cubano.Desde la infancia fue la lectura una gran aliada en la vida de Norberto Codina. ¿Qué libros recuerda con especial interés y por qué?Esta pregunta me la han hecho, y me la he contestado, más de una vez, y siempre la agradezco. Por eso, citando a un clásico, prefiero repetirme a la hora de recapitular lo que fueron algunas de mis lecturas formativas, que invariablemente me acompañan. Al cumplir once años (¡santo cielo!, al mencionar esa edad siento que estoy aplicando la prueba del Carbono 14), mi madre me regaló un paquete que ponía ante mis ojos La Isla del tesoro, Moby Dick, Huckleberry Finn y El llamado de la selva. Un dato curioso, el libro de Mark Twain imaginado por su autor para adolescentes, fue suprimido en 1885 por la censura de su país, lo que corrobora su condición canónica. Reto a cualquier librero, y editor, a brindar una propuesta mejor. A esta “primera biblioteca” que cabía literalmente en una caja de tabaco, se sumaron las imprescindibles lecturas escolares —sobre todo los textos de historia— que, al decir de ese poeta y humorista venezolano de mi preferencia que es Aquiles Nazoa, fue el elefante donde nos subimos a conocer el mundo; ese mundo encantado de la infancia. Son libros que no me cansé de leer. La Isla del tesoro es el que más he trajinado, y me complace mucho compartir esa preferencia con mi admirado Eliseo Diego, con el que más de una vez hablamos sobre Jim Hawkins y “el marinero de una sola pierna”; y cuando se retomaron los derechos de autor para los escritores a finales de los setenta, bromeamos con el loro del capitán Flint y su reclamo de “¡piezas de a ocho!”…. Como escribí en un poema de larga data,… mis novelas, Pavel /Korchaguin, Tom Sawyer, Jim Hawkins, /tres camaradas /que con seudónimos de estudiantes de primaria /jugaban a las cuatro esquinas.Un privilegio que siempre agradeceré fue poder disponer en esos tempranos tiempos de primaria y secundaria de una bien provista biblioteca, propiedad de mi mejor amigo durante más de sesenta años: Rafael Acosta de Arriba —imprescindible en mi cofradía infantil de lecturas y beisbol—, estantería donde campeaban Salgari y Verne, y la nutrida colección juvenil argentina Robin Hood. El Premio “David” de poesía en 1974 lo hizo visible como poeta dentro del escenario intelectual cubano. ¿Qué les aportaron —consciente o inconscientemente— a su obra las relaciones de amistad establecidas con figuras cardinales de nuestra cultura como Nicolás Guillén, Eliseo Diego, Félix Pita Rodríguez, Roberto Fernández Retamar y Fayad Jamís?En la época que obtuve el premio era con mucho el más importante para los autores que rompían sus primeras lanzas. Basta citar algunos nombres que me antecedieron, o sucedieron. Pienso en Lina, Wichy, El Chino, Rivero, Lorente, Escobar, y un largo etcétera.Con Nicolás no tuve amistad ni una relación determinada, salvo la que brinda ser un lector y admirador declarado de su obra y que consiste en haberle dedicado, al cabo de los años algunas cuartillas, y durante las últimas tres décadas haber estado vinculado estrechamente a la fundación que lleva su nombre —ya sea como colaborador o en la actualidad como miembro de su Consejo de dirección—, amén de mi amistad con su familia, en especial con su nieto menor, mi carnal Nicolás Hernández Guillén. Pero atesoro la anécdota de cuando, con mis escuálidos y desarrapados —literalmente— diecisiete años, aceptó recibirnos en su oficina —junto a Filiberto, condiscípulo del Instituto—, y debatir con el desenfado propio de nuestros años y de los suyos, sobre poesía y sobre cómo asumir y dinamitar la preceptiva.Con Eliseo, Félix, Roberto y Fayad comparto más de una anécdota. Y, claro está, la importancia de su lectura, de la relación personal, y lo mucho que significaron para mí desde mis inicios como aprendiz de poeta; lo he comentado en algún que otro escrito. Acabo de terminar un libro donde, una vez más, los cinco se dan cita en una galería de amigos y nombres ilustres con los que, también, tuve la oportunidad de coincidir.Foto: Kaloian.¿Cuáles son sus poetas preferidos?Son muchos. Y cada uno ha tenido su importancia en una época determinada de mi bregar como lector y principiante de la poesía. Vallejo, Neruda o Darío lo fueron en mis primeros años, junto a Antonio Machado y la generación del 27. En estos días se le hará un homenaje 2 a Miguel Hernández por los ochenta de su fallecimiento en una cárcel franquista, y saqué del baúl de los recuerdos unos versos que le dediqué hace medio siglo, y que más nunca volví a leer o a publicar, pero los retomo como testimonio de esas lecturas seminales.Darío fue una experiencia singular. Primero, como tantos otros de mi generación, lo ignoré olímpicamente. Después, gracias a ese poeta y maestro por naturaleza que fue Gonzalo Rojas, lo retomé, y aprendí a leerlo y a admirarlo. Por cierto, esa experiencia fue parecida a la de otros coetáneos, pues, por ejemplo, fue la misma que asumió en el Medellín de su juventud el gran poeta y amigo Juan Manuel Roca. Juan Manuel, junto al venezolano Gustavo Pereira o al argentino Jorge Boccanera, forman parte, para mí, de ese canon poético latinoamericano donde sobresalen Gelman, Dalton, entre tantos otros que Casa de las Américas, su premio, su editorial y su revista, contribuyeron a divulgar entre nosotros. A esos sumaría los cubanos Fina, Eliseo, Retamar, Fayad, Hernández Novás, Escobar, Rodríguez Tosca…para mencionar solo unas pocas preferencias en una lírica tan rica como la nuestra.¿Se siente satisfecho con lo realizado hasta el momento en La Gaceta de Cuba? Por estas fechas, a tenor de los sesenta que cumple la publicación el 15 de abril; el Premio Nacional de Edición; y mi flamante “chequera” de jubilado; La Gaceta ha sido otro tema sobre el que he tenido que cavilar en alta voz.Estuve treinta y cuatro años en La Gaceta…más de la mitad de la existencia de la publicación, y dos tercios de mi vida laboral, que arriba al medio siglo. Más allá de mis poemarios, libros de prosa varia, y otros títulos, ya sean compilaciones o antologías, es sin duda la experiencia más significativa de mi trayectoria profesional, y donde tal vez se resuma mi mínima, pero apasionada contribución, a nuestro panorama cultural…aunque suene inmodesto.Siempre seré un “revistero”, y ahora traspasadas las puertas de la jubilación, pero no del retiro —porque en nuestra profesión solo nos retira la naturaleza—, seguiré sintiéndome parte de La Gaceta, como de otras aventuras revisteriles.Ante la escasez de papel que afronta el país y, en consecuencia, la imposibilidad de ver impresa La Gaceta…, ¿podría pensarse la revista en formato digital?Me reconozco, de manera visceral, como alguien de “la era Gutenberg”, y no me veo, pese a mi condición de revistero nato, editando más allá de las fronteras del papel. Soy un convencido de que, con la proliferación legítima de los espacios digitales debe recuperarse como una prioridad un grupo de revistas, de importancia significativa y con sus perfiles bien definidos, en soporte papel; algo a lo que nunca debemos renunciar, aunque sus tiradas y periodización respondan a nuevos ajustes, acordes con las posibilidades de la realidad.Cada publicación tiene sus características y valores propios. Y como he apuntado en otras ocasiones, lo limitado de la gran mayoría de nuestros servidores y autopistas virtuales no permite la visibilidad más adecuada. Y una revista digital tiene sus normas y dinámica, que no son las de una revista en pdf.Hace unos pocos meses, en un panel dedicado a Amnios, hice un llamado para que un grupo de nuestras principales revistas retomen el soporte de papel. Ya sea con tiradas más modestas, impresiones más económicas, privilegiando el perfil y la trayectoria de la publicación —el “igualitarismo” suele ser la peor de las desigualdades, y a estas alturas no se trata de que “florezcan cien revistas”—,  y que, como he repetido donde me quieran oír, por lo menos esos pocos ejemplares físicos lleguen a un grupo de manos y espacios puntuales, cerrando el ciclo clásico edición-impresión-lector, y las presentaciones de cada número de una publicación determinada sigan siendo motivo de encuentro, como una fiesta de la cultura.Foto: Kaloian.Hablar de Codina es referirse también al béisbol y a su relación con la cultura cubana. ¿Qué razones le daría a una persona a la que no le gusta la pelota, para hacerlo reflexionar al respecto?Me gusta hablar del beisbol, sin acento, como se dice en buen cubano, y reconoce el diccionario de la RAE y el Léxico Mayor de Cuba, de Rodríguez Herrera. Y por la importancia de tu pregunta, traigo a colación algo de lo que escribí al respecto.Roberto Fernández Retamar, contestando una misiva en la cual se criticaba duramente el libro de un poeta —Domingo Alfonso, amigo común y autor que era de la preferencia de Retamar—, daba, entre otros, los siguientes argumentos: “Los gustos son millonarios. No sé, por otra parte, si son ustedes o no lectores habituales de poesía. El arte como el deporte, requiere entrenamiento. Nadie puede jugar ajedrez o apreciar debidamente la pelota sin un entrenamiento más bien largo. No es extraño que lo mismo le ocurra a la pintura o a la poesía”. Una seguidora de este deporte (del beisbol), como la escritora de origen estadounidense Marianne Moore, en su arte poética se refiere a ese desafío de desentrañar las claves del juego: “No admiramos lo que no podemos entender […] /el crítico impasible que se crispa como un caballo /al sentir una pulga, el estadígrafo /el fanático del beisbol- / tampoco es válido / excluir ‘documentos comerciales y textos escolares’, /todos estos fenómenos son importantes…”.Para alguien que no sabe o que no tiene interés en la pelota, esos hombres parados, rascándose con saña cualquier parte de su anatomía, que de pronto rompen a gritar y a correr, esos tipos locos y obscenos, no le dicen nada. “El beisbol es primordialmente vida síquica. La tensión del bateador con tres en base perdiendo 4-1 en el noveno inning en un juego decisivo, es como para enloquecer a una estatua”, como comentaría el periodista venezolano Roberto Hernández Montoya. O como diría Lisa, la sabia niña de la serie animada Los Simpson: “…amar el beisbol, no como un conjunto de números, sino como un juego impredecible y apasionado…”. Con mucho de metáfora. Y tal vez todo lo antes dicho, por constituir una improvisación contra toda lógica, sea una sinrazón.                               Roberto Fernández Retamar lo definió a usted como “El poeta deportivo y tenaz director de La Gaceta de Cuba”, una frase que resume y elogia un tanto su vida personal y profesional, a lo que se añade ahora el más reciente Premio recibido. ¿Luego de tantos años inmerso en el mundo de la edición, y con reconocidos resultados, qué sentimiento le produce ese galardón?Ante todo, una alegría. Alegría compartida con amigos, colegas, y otros revisteros, pues hasta donde sé, es la primera vez que se le concede el Premio a un editor de revistas, por esa condición. Por eso me quedo con lo que dice el acta del jurado, pues lo recibo como parte de un proyecto revisteril, en una suma de nombres y de años —y entre los primeros quiero destacar con justicia a Arturo Arango, con el que formamos una combinación de short y segunda durante más de un cuarto de siglo—, acta que argumenta a favor del liderazgo “de La Gaceta de Cuba, una de las publicaciones periódicas más importantes de las últimas tres décadas, que ha conseguido delinear un mapa de la mejor literatura (y agregaría ‘y cultura’)  actual”, pues apostamos por ser una revista de arte y literatura en su sentido más amplio, más ecuménico.Gisela y Jimena ¿qué le han aportado al hombre que es hoy en día?En el magma afectivo que nos es imprescindible, propio del amnios desde el claustro materno, ellas constituyen el núcleo que da sentido a todo lo que haya hecho, esté haciendo, o pueda hacer…y como en un mal chiste… “y así sucesivamente”. Integran mi cauce natural, y a su vez los afluentes necesarios para alguien que —dentro de su condición un poco de ermitaño propia del oficio, el carácter, la miopía, único hijo con única hija—, encuentra en sus protagonismos respectivos los puntos de ese arco voltaico que, al cerrarse, brota del alma como una chispa eléctrica, y completa el ser humano que soy.En un poema llamado “Personal” y dedicado a Gisela, intento resumir lo que sería esa noble influencia de ellas dos: Por ahora traduces /el código de mis ruidos nocturnos /hasta que la memoria de la hija /defienda /el último dibujo de los dos.Arribado a los 71 años de edad, gozando de plena salud y con deseos de seguir escribiendo, es decir, como intelectual activo que es, asumo que tiene algunos proyectos por materializar. En ese caso, coménteme cuáles son.No sé cuándo saldrá esta entrevista, pero los que me conocen saben que, hasta el 9 de octubre de 2022, tendré setenta años. A mí no se aplica esa costumbre del campo cubano, propia de mi difunto suegro o de mi mujer, de ir sumando el año que transcurre. Es una pequeña “licencia vanidosa” que me tomo.Ahora bien, en mis setenta y medio, suscribo el resto de tu enunciado. Y aunque soy ateo convencido, como buen hijo de la mixtura caribeña soy supersticioso, así que toco madera y cruzo los dedos, para seguir gozando de plena salud —ahora recuerdo la genial respuesta de Raúl Roa en la clásica entrevista que le hiciera Pocho Fornet—; con deseos de escribir, luchando contra mi sempiterna capacidad de dispersión —que puede justificar desde una película, una conversación o un juego de pelota—; y que por gozosa suerte, esos realengos en la escritura no mellan para nada mi capacidad de generar proyectos, propios o ajenos.En la era digital, en que estamos enfrascados, tengo varios libros entregados. Ya en arte final, por Ediciones ICAIC, una versión significativamente ampliada —más de quinientas páginas— de Cuando el beisbol se parece al cine; y por Colección Sur Editores, Lugares comunes y otros poemas, una antología poética; cuya publicación en papel aguarda hace un tiempo en la Editorial Extramuros. Ambos títulos se deben presentar en la próxima feria del libro.Fue aprobado para el plan venidero de Cubaliteraria, siempre en soporte digital, un generoso volumen de prosa varia, el Pabellón de los amigos, donde aparecen algunos de los autores aquí citados. Igual está en mano de editores mexicanos una amplia compilación de textos aparecidos en la revista, cuyo título se explica —y mucho me ilusiona—, México en La Gaceta de Cuba. Y ahora mismo, junto al equipo de La Gaceta y la Asociación de Escritores de la UNEAC, estamos organizando el evento por los sesenta de la revista y, para predicar con el ejemplo, entregamos un número especial que tenemos la legítima ilusión de presentar en ese aniversario. Amén de todos los compromisos habituales: mis colaboraciones periódicas, sobre todo en La Jiribilla; jurados y lecturas; la venidera feria del libro, o mi vínculo con la Fundación Guillén, entre otros proyectos. Como verás, sueños y deseos no me faltan…a mis setenta y medio…***La Habana, 27 de marzo de 2022Notas:1 Fue el 19 de febrero de 2021 en el lobby del Instituto Cubano del Libro (ICL).2 El 28 de marzo de 2022 en la Biblioteca Nacional José Martí.

Leer más »

Norberto Codina: «La Gaceta me ha regalado motivaciones para soñar»

A Norberto Codina lo hemos leído desde sus versos y también desde sus matices «curatoriales» advertidos en las páginas de La Gaceta de Cuba, publicación de la que es editor hace más de 30 años.  Por esta labor que embellece sus haberes en el mundo de las letras, acaba de merecer el Premio Nacional de Edición 2022.
–Norberto Codina: ¿poeta y editor o editor y poeta?
–Poeta y editor, que es el orden que siempre pongo en mis fichas de autor. Aunque durante mis primeros años en La Gaceta de Cuba antepuse la condición de editor, y escribí pocos poemas. En cuanto al porqué de esa cabal dedicación, la revista lo necesitaba, yo lo necesitaba, pero sin dudas se convirtió en un mal pretexto para cierta pereza creativa, aunque la profesión del editor, en su sentido más integral, es totalmente creativa. Y pienso en lo mucho que le deben piezas de la poesía universal como La tierra baldía, de T.S. Eliot, a la lectura de Ezra Pound; o La elegía a Jesús Menéndez, de Nicolás Guillén, a la de Mirta Aguirre.
Y en cuanto a esa aparente dicotomía, reconozco que más allá de mis poemarios, libros de prosa varia y otros títulos, ya sean compilaciones o antologías, La Gaceta de Cuba es la experiencia más significativa de mi trayectoria profesional, y donde tal vez se resuma mi mínima, pero apasionada contribución a nuestro panorama cultural… aunque suene inmodesto.
–¿Habrá poesía al editar? ¿Puede realmente editarse un poema sin que suceda lo que al mal poeta enamorado de Wichy?
Un poema puede o no editarse, idea con la Wichy nos divirtió más de una vez en las claves lúdicas de su arte poética, como cuando escribió este es un poema carcomido de envidia por Neruda/ un poema sin título ni editor ni ganas. Pero siempre su creador volverá sobre él una y otra vez. El secreto está en saber cuándo detenerse. Y hay otros poemas que se escriben de un golpe –«que brota del alma como una chispa eléctrica», diría Bécquer-, y como en la cita del clásico,…es la rosa/ no la toques más. Y en cuanto a posibles poetas-lectores-editores, hay ejemplos ilustres, como los antes mencionados.
–¿Cómo se explica el placer profesional de la edición de textos? ¿Cuál es el goce que marca al editor, un autor anónimo del que no sabrá jamás el lector?
–Creo en el editor en su sentido más amplio y creativo, algo que estimo escasea hoy por hoy en nuestros medios, y no es suficientemente valorado. Ese editor que inventa colecciones, sueña proyectos editoriales, pide a los autores libros y textos puntuales, el que, desde el anonimato, como mencionas, se implica de forma orgánica en la arquitectura de una publicación determinada.
Mi experiencia es la de las revistas culturales. Y sí existe ese placer profesional cuando se enhebran los hilos de la dramaturgia de un dosier o un número, buscando balances, representatividad, provocaciones, darles visibilidad a los márgenes, y contribuir a eliminar las zonas de silencio, como una lanzadera cuyo resultado final será el que lector sepa apreciar.
«Algunos de nuestros escritores son los primeros en no valorar el trabajo indispensable del editor y, sospechosamente, en su mayoría son autores mediocres. Por suerte existen otros creadores, significativamente con nombre y oficio reconocidos, que no padecen esa tonta soberbia, y son los primeros en entender y agradecer todo lo que sea para bien de un texto que, al fin y al cabo, firmarán ellos. Estoy pensando, para poner un ejemplo ilustre, en el vínculo que tuvo con nosotros ese profesional de la palabra que siempre recordaremos, Orlando Castellanos, quien se sometía gustoso a nuestra lectura implacable, tomaba o rechazaba las sugerencias, hacía bromas sobre ellas, y aún las más desatinadas, las agradecía. Padura y Arturo lo recordarán».
–La Gaceta de Cuba, es obviamente un proyecto colectivo, pero hay un mentor. ¿Qué significa llevar ya por más de 30 años la voz cantante en una publicación como esta, firmada por prominentes autores?
–El acta del jurado –integrado por un grupo de colegas a los que agradezco francamente el afecto que cada uno me expresó–,  al reconocerme como líder «de La Gaceta de Cuba, una de las publicaciones periódicas más importantes de las últimas tres décadas, que ha conseguido delinear un mapa de la mejor literatura actual», se correspondía con algo que sentí, y te dije  cuando me llamaste apenas unos minutos después de conocerse la noticia: «Se trata del reconocimiento a un proyecto, por lo cual lo considero colectivo, a la par que significó la singularidad de que se distinga la edición de revistas». Eso puede sonar a demagogia, retórica o frases hechas al uso, pero durante estos años logramos, y lo menciono con orgullo, un trabajo tan colegiado, que hay una anécdota que siempre disfrutamos, y fue cuando un día en medio de un debate acalorado, que implicaba a todo el equipo, incluyendo la secretaria, la correctora y el diseñador, yo pedí enfáticamente, que me dejaran ser «por cinco minutos el director». Y estoy hablando de un colectivo que tuvo como jefes de redacción a figuras de la talla de Leonardo Padura –por seis años–, y Arturo Arango –por un cuarto de siglo–, para no hablar de un grupo de editores y diseñadores de primera, y sobre todo, con gran sentido de pertenencia. No los nombro en aras de la síntesis, pero todos y cada uno fueron importantes. Tal vez los quiera recordar en la persona del que ya no está, el inefable criollo que fue José Gómez Fresquet, Frémez, un hombre de la cultura, y de las revistas, a tiempo completo.
–¿Cómo calificaría el proceso de creación de un nuevo número y su final publicación?
–El proceso de curaduría de cada número, no importa los años que uno lleve en el oficio, debe generar siempre el encanto y el nerviosismo que padecemos la primera vez, y reconocernos con esa adrenalina es el mejor cumplido a nuestra profesión. Cuando aún no lo hemos terminado, ya debemos estar rumiando, con una natural zozobra, el próximo, o los próximos. Esa agonía que genera el acto de creación debe ser consustancial a todo gestor de revistas culturales. Ir redescubriéndola todos los días, y levantarse pensando en el número presente, y acostarse soñado el número futuro.
–En una declaración al saber del premio me habló de la importancia de que se hubiera desviado la mirada a la edición de revistas…¿Cuál es el misterio que permite que las revistas tengan siempre lectores?
–Durante años aspiramos a que La Gaceta respondiera a aquello que Pedro Henríquez Ureña llamó «un grupo en alta tensión intelectual», por eso también te hablé de que percibía que era un reconocimiento a la revista en mi persona, y esto sin simulada modestia, pues por la alegría y el orgullo de recibirlo, el premio encontró un lugar amable en mi «egoteca». En cuanto a «la importancia de que se hubiera desviado la mirada a la edición de revistas», es hacer justicia en el presente a la larga tradición cubana de revistas y suplementos culturales, desde sus inicios en el xix, como dan fe, entre otros, los acuciosos estudios de Bachiller y Morales y Ambrosio Fornet. Las seis décadas que cumplirá La Gaceta de Cuba este año, incluyendo más de un lamentable paréntesis, como lo padeció en el llamado período especial, o como el que afronta en las circunstancias actuales, asociado en su soporte papel con la sensible contracción de nuestra industria poligráfica, crea nuevos desafíos, como el de retomar lo mejor de su legado, aquel del que nos sentimos orgullosos. Pocho Fornet, editor, crítico, hombre de la literatura y de cine, muy cercano a  esta publicación por varios caminos y razones, tal vez resumió esa particularidad y ese misterio –nunca tan bien dicho– a que te refieres, cuando apuntó: «Te confieso que abro cada Gaceta a ver por dónde viene, si es por la vía de la literatura, si es por la vía de la música, si es por la vía de una colaboración especial, si es por la vía de una crítica o una reseña crítica que realmente resulte sorprendente pero nunca cae en la rutina ni en la expresión simplemente tradicional, predecible del tema que está tratando». En el examen de sus lectores potenciales, y ambiciosamente ideales, siempre nos reconoceremos.
—Si habláramos de entregas, refiérase a la suya como editor de la Gaceta.  ¿Qué le quita? ¿qué le propicia?
Me ha quitado, como apunté antes, –y es legítimo para cualquier actividad humana a la que uno se entregue– horas de sueño y horas de otras actividades más individuales, como la familia, los amigos, o la escritura de un poema. Pero en una noble paradoja, me ha regalado otras motivaciones para soñar, y alcanzar una mayor plenitud afectiva y creativa, algo de que sentirse orgulloso.
–¿Lo invade algún temor ante esta profesión?
–La revista siempre tiene que tener, o por lo menos esa debe ser la voluntad de los editores, un perfil editorial definido; y pensar cuál es su lector natural, porque como en todo circuito de promoción, distribución del arte y la literatura, o incluso de productos de carácter comercial, existen diferentes públicos, diferentes receptores y circuitos. No es lo mismo un libro que una revista artístico-literaria. Hemos tratado: uno, de tener un perfil; y dos, de pensar en un lector llamado «interesado». Fracasar en el intento, lo que es algo latente a la vuelta de cada número, es un temor que siempre me ha acompañado.
–¿De qué ángeles tutelares de la literatura se siente muy cerca –si así fuera– en su condición de editor?
–Nunca lo he pensado antes. Pero uno sería Roberto Fernández Retamar. Arturo nos trajo, de los varios años de provechoso aprendizaje al trabajar a su lado, su impronta a la revista, de la que él mismo fue un lector y colaborador hasta el final. O esa interlocutora de lujo, que por cierto en estos días cumplió noventa lúcidos años, que es la doctora Graziella Pogolotti —«nuestra madrina cartesiana», como me gusta llamarla–. Alguna vez escribió sobre ese lector para el que trabajamos y sobre la utilidad misma de la revista: «identificados con ella (con La Gaceta), sus destinatarios se agrupan en círculos concéntricos de profesionales de la cultura, de intelectuales en el más amplio sentido del término y de estudiantes en constante relevo generacional. Ha sembrado inquietudes y atravesado pequeños huracanes. Ha removido prejuicios y tabúes, por eso ha participado activamente en la modelación del presente y habrá de constituir, sin dudas, fuente documental indispensable para el investigador del futuro».

Leer más »
 

Contáctenos

 

Si desea contactar NoticiasCubanas.com, el portal de todas

las noticias cubanas, por favor contáctanos.

¡Estaremos felices de escucharlo!

 

Con gusto le informáremos acerca de nuestra oferta de publicidad

o algún otro requerimiento.

 

contacto@noticiascubanas.com

 

Oferta


Si deseas saber como tu sitio de noticias puede formar parte de nuestro sitio NoticiasCubanas.com, o si deseas publicidad con nosotros.

 

Por favor, póngase en contacto para mas detalles.

Estaremos felices de responder a todas tus dudas y preguntas sobre NoticiasCubanas.com. ¡La casa de todas las noticias cubanas!

contacto@noticiascubanas.com


Sobre nosotros

NoticiasCubanas.com es la casa de todas las noticias cubanas, somos un sitio conglomerado de noticias en Cuba. Nuestro objetivo es darle importantes, interesante, actuales noticias sobre Cuba, organizadas en categorías.

Nosotros no escribimos noticias, solo recolectamos noticias de varios sitios cubanos. Nosotros no somos parte, solo proveemos noticias de todas las fuentes de Cuba, y de otras partes del mundo.

Nosotros tenemos un objetivo simple, deseamos brindarle al usuario el mayor monto de noticias con calidad sobre Cuba, y la visión que tiene el mundo sobre Cuba. Nosotros no evaluamos las noticias que aparecen en nuestro sitio, tampoco no es nuestra tarea juzgar las noticias, o los sitios de las noticias.

Deseamos servir a los usuarios de internet en Cuba con un servicio de calidad. Este servicio es gratuito para todos los cubanos y todos aquellos que estén interesados en las noticias cubanas y noticias internacionales sobre Cuba.

 

Términos de uso

NoticiasCubanas.com es gratis para todas las personas, nosotros no cobramos ningún cargo por el uso del sitio de ninguna manera. Leer los artículos es completamente gratis, no existe ningún costo oculto en nuestro sitio.


Proveemos una colección de noticias cubanas, noticias internacionales sobre Cuba para cualquier persona interesada. Nuestros usuarios utilizan NoticiasCubanas.com bajo el acto de libre elección y bajo su propia Responsabilidad.

Nosotros no recolectamos ningún tipo de información de nuestros usuarios, no solicitamos ninguna dirección electrónica, número telefónico, o ningún otro tipo de dato personal.

 

Medimos el monto de tráfico que noticiasCubanas.com recibe, pero no esperamos compartir esta información con alguien, excepto nuestros socios de publicidad. Nos regimos bajo las normas Cubanas en cada cuestión legal, cualquier aspecto no clarificado aquí debe ser considerado sujeto bajo el sistema Legal de Cuba.