HAVANA CLIMA

Ministerio de Economía

Futuro concentrado

El Ministerio de Economía ―en uso de las atribuciones que le han sido conferidas― y el Ministerio de Comercio Interior ―en uso de las distribuciones que ya quisiera le confirieran― han decidido, como paso superior del proceso que desde el último año y medio afianza el crecimiento sostenido de los índices económicos del país, aprovechar los Mercados Concentradores ya levantados en las afueras de la capital y construir otros en todas las cabeceras provinciales, en aras de sostener la creación en breve de las Zonas Especiales de Subdesarrollo, primer peldaño para recibir en el año 2030, de manos del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, la bandera «País Próspero y Sostenible», primer paso de la emulación «Un mundo mejor es posible».
La idea central de estas ZESD es que a ella podrán concurrir todos los actores económicos a vender lo que les venga en gana: desde centrales azucareros hasta pares de chancletas, sin presentación de comprobantes que avalen la compra y sin impuestos por las operaciones comerciales.
Las Mercados Concentradores serán una extensión del recién restituido mercado cambiario, y ayudarán a aliviar las largas colas que existen hoy en las treinta y siete Cadecas designadas al efecto. Cada día se informará a los concurrentes la fluctuante tasa de cambio de las divisas extranjeras. Para la apertura está prevista la de un dólar norteamericano por cada 2,2 libras de malanga. El cambio de esta última por los demás artículos dependerá de la oferta y la demanda, además de no tener límites, por lo que perfectamente podría darse el caso de que un central azucarero, al terminar la jornada ―y para lo que sirve― sea regalado a cualquiera que desee asumirlo.
Será delimitada una extensa franja de terreno de alrededor de cincuenta kilómetros cuadrados para el crecimiento de las Zonas Especiales de Subdesarrollo, dando prioridad a aquellos proyectos que sean paladines de la nueva forma de gobierno sustentada en ciencia e innovación y generen expresiones del presidente como «Hay que seguir y no parar», «Adelante con esto» o «Está lindísimo». Ejemplo de ello es la pyme Más con Menos, que se propone, en los predios del Mercado Concentrador aledaño a calle 100, generar cien megawatts de electricidad con solo un galón de combustible y sin tanta chumacera, helicópteros ni Bernardo Espinosa en directo desde el Ministerio de la Industria Básica.
A propósito de la contingencia energética, se ha sido enfático en asegurar que las ZESD deberán adecuarse a los horarios de afectaciones de cada municipio, espacio de tiempo que no constituirá barrera alguna para el funcionamiento del Mercado Concentrador.
De ahí que las organizaciones políticas y de masas, guiadas por el Partido de las victorias, de los reveses convertidos en victoria y de los reveses convertidos en reveses que algún día generarán nuevas victorias, hacen un llamado a leerse en el periódico Trabajadores: «El apagón puede verse como ¡el vaso medio lleno!», que le levanta el optimismo a cualquiera con expresiones como: «No faltan quienes toman como patrón la rotación de bloques y en vez de anotar los horarios de apagones ante un déficit de generación, anotan los momentos en los cuales tendrán el servicio, porque centran el interés en saber cuándo pueden hacer lo que se puede con electricidad», «Si algún balance positivo queremos ver en estos duros meses veraniegos es el incipiente comienzo a la generalización de una cultura de adecuar la vida a los momentos de apagón», o «Cuando el anunciado apagón incumple su presencia, ya algunos lo extrañan».
A diferencia de otras experiencias que han sido probadas con dispares resultados en las desvencijadas y antiguas tiendas para la venta en CUC, en las Zonas Especiales de Subdesarrollo será permitido el accionar de coleros y de los batallones de lucha contra coleros, fundidos en un todo para hacerle más llevadero el despertar a quienes acudan a adquirir calzoncillos, bujías, melones, dipirona, flotantes, personal flotante y cuanto sea vendible o intercambiable para resolver las crecientes necesidades de la población.
Quedan eliminadas las actuales restricciones para el ejercicio de actividades productivas. Los ciudadanos podrán contratarse doble, triple y por ahí para allá las veces que su capacidad lo permita. Como novedad de la resolución que norma el funcionamiento de los nuevos Mercados Concentradores, se permite a ministros, viceministros y jefes de departamentos gubernamentales la realización de visitas adicionales a las ZEDS, en las que podrán cobrar sus siempre medulares consejos según el grado de efectividad con que logren convencer a los comerciantes de que el país está como está con independencia de su culpa.
No valdrá lo mismo decir que hay que «laborar como en familia, sin distorsiones e imprecisiones, y con mirada diferente», que expresar con cara de yonofuí: «Muchos de los problemas que se están solucionando hoy, incluidos salideros, baches y establecimientos cerrados, llevan ya mucho tiempo, provocando molestias a las personas».
Esta última decisión es una de las más revolucionarias que se toman a partir de la fundación de las Zonas Especiales de Subdesarrollo. Tal es la voluntad por destrabar la liberación de las fuerzas productivas, que a los Mercados Concentradores podrán acudir, incluso, aquellos que son felices abriendo una trinchera.
¡El futuro espera por nosotros! ¡Ya estamos en el punto B! ¡Nuestra meta es el C!… ¡Y llegaremos al punto Z!

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El des-ordenamiento monetario y la culpa que no es del totí

En estos días circula un spot publicitario de la Presidencia y del Gobierno de Cuba en el que se incluyen varias frases del viceprimer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, dichas en la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular del pasado mes de diciembre. En el material propagandístico expresa: «No es verdad que la causa de la inflación en Cuba es el erróneo diseño del ordenamiento monetario y el momento inadecuado en que el gobierno decidió implementarlo. No es cierto. Todo esto estuviera presente con y sin ordenamiento monetario».
Y más adelante afirma:

«Sin ordenamiento monetario tuviéramos escasez, tuviéramos pérdida de la capacidad adquisitiva del salario, tuviéramos incremento de precios porque tenemos déficit productivo. Todos esos fenómenos que son la base de la inflación no tienen su causa en el ordenamiento monetario, con independencia de que el ordenamiento monetario, y somos nosotros los primeros en reconocerlo, tiene problemas de diseño y muchos problemas en su implementación (…)».

.@AlejandroGilF: Sin negar que en #Cuba hay inflación, y que tenemos problemas que enfrentar, no existe un incremento generalizado de precios. Hay un conjunto de bienes y servicios básicos para el pueblo en los cuales la inflación es igual a cero. 👇👇👇👇 pic.twitter.com/mzpl8xzstt
— Presidencia Cuba (@PresidenciaCuba) January 5, 2022

Los dirigentes cubanos persisten en defender a toda costa lo que han llamado «ordenamiento monetario» y que en realidad solo fue una devaluación del tipo de cambio oficial del peso cubano de 2.300%, para eliminar el sistema de cambios múltiples que existía anteriormente.
En verdad, el ordenamiento monetario requería la adopción de varias acciones, a saber: 1) eliminar la dualidad monetaria con el fin de establecer la soberanía plena del peso cubano en todas las transacciones dentro del territorio nacional; 2) definir un régimen cambiario relativamente flexible para contener por esa vía ciertos choques externos; 3) erradicar los tipos de cambio múltiples, unificándolos para todas las transacciones con una tasa económicamente fundamentada en las condiciones del mercado; 4) reajustar precios, salarios y pensiones.
Sin embargo, todas estas acciones hacen parte de la esfera de la circulación, por eso resultaba necesario que antes de proceder a esa determinación —que por como fue concebida implicaría una emisión considerable de papel moneda con afectaciones al equilibrio monetario—; se garantizaran las condiciones para un incremento de la producción de bienes y servicios a partir de una profunda reforma estructural en el sistema empresarial, en el régimen de propiedad y en la autorización de actividades económicas privadas con muy escasos límites.
Es decir, antes de promover cambios imprescindibles en el sistema monetario era preciso crear condiciones para el aumento generalizado de la producción, con independencia de si esto ocurría desde el sector estatal, el privado o el cooperativo. En política económica, el orden de los factores sí altera el resultado.
Ahora bien, al margen de los problemas de secuencia —sobre los cuáles varios economistas hemos insistido—, la unificación cambiaria adoptada está muy lejos de constituir un ordenamiento monetario. En realidad, presenciamos un nuevo des-ordenamiento, que afecta no solo al sistema monetario sino a toda la economía.
Se decidió adoptar un tipo de cambio fijo de 24 pesos cubanos (CUP) por un dólar estadounidense (USD), que no reflejaba las condiciones del mercado, afectado por una escasez gravísima de dólares derivada del derrumbe del turismo y la crisis crónica de las exportaciones de bienes. Mientras tanto, el mercado informal se adecuó rápidamente a la relación entre oferta y demanda y allí el dólar se cotizó a un valor entre 35 y 40 CUP desde fines de 2020 y principios de 2021. Un año después de asumida la medida, la divisa estadounidense supera los 70 CUP.
(Imagen: El Toque)
¿Cómo es posible realizar una reforma cambiaria sin que el sistema bancario o las casas de cambio oficiales estén en condiciones de vender la divisa extranjera? Lo que ciertamente se ha hecho es reemplazar un tipo de cambio sin fundamento económico por otro, menos separado de la realidad que el anterior, pero alejado también, lo cual no permite que cumpla con su función de puente entre la economía doméstica y la internacional, ni propicie el establecimiento de precios relativos adecuados.
En consecuencia, los precios relativos que se establecen al cambio de 24 por 1 no son reales y, por ende, se mantiene una distorsión que afecta tanto la determinación de los costos de producción, los precios domésticos de bienes que contienen insumos importados, como los precios de exportación e importación, y no permite la convertibilidad real de la moneda cubana. ¿Qué sentido tiene implantar precios ficticios en una economía? Ninguno. Pero cuando ese precio ficticio es el de las divisas, se está afectando seriamente la conexión entre la economía nacional y la economía mundial.
Además, como he explicado en otras oportunidades, al existir una brecha cada vez más grande entre el tipo de cambio oficial y el informal, siendo este último mayor que el primero, ello se traduce en una sobrevaloración artificial de la moneda nacional que afecta la competitividad de las exportaciones, encareciéndolas, y al mismo tiempo abarata, también artificialmente, las importaciones.
De forma adicional, lo que ha sido llamado «ordenamiento» por las autoridades cubanas se produjo al mismo tiempo que la adopción de una dolarización parcial de la economía, al crear un mercado que opera monedas libremente convertibles a través de depósitos bancarios, la mayor parte de los cuales provienen del exterior.
Aunque en los inicios ese mercado se reservaba para «bienes de alta gama», poco a poco se fueron incorporando alimentos y una creciente variedad de productos básicos para la vida de las familias. O sea, se volvió al expediente de los años noventa que creó la dualidad monetaria, la segmentación de los mercados y, a fin de cuentas, no solo el desorden monetario, sino que profundizó el desorden de la economía del país.
De modo que el «ordenamiento» no produjo la indispensable unificación monetaria que debería permitir que el peso cubano fuera la única moneda en circulación para realizar todas las transacciones domésticas y que, además, fuera una moneda convertible al interior del país, incluso para realizar transacciones económicas internacionales. Por el contrario, a fin de cuentas se mantuvo la presencia de monedas extranjeras en las transacciones domésticas, lo que genera incentivos perversos a los productores —inclusive a los estatales—, que prefieren dirigir su oferta hacia estos mercados, con la excusa de compensar sus costos en divisas.
Por otra parte, el reajuste de precios, salarios y pensiones a partir del «ordenamiento», se realizó sobre bases que han demostrado ser incorrectas. Nunca supimos cómo se construyó la famosa canasta básica de bienes y servicios, no sabemos cuáles bienes y servicios incluía y en qué ponderación determinan el costo de esa canasta básica.
Además de los errores técnicos evidentes, también se cometieron errores políticos, como el caso de las pensiones de jubilación establecidas por debajo del salario mínimo, sin que se tuviera en cuenta el aporte de esos jubilados a la economía nacional, las artes, la cultura, la educación, la ciencia, la producción, los servicios o a la defensa, durante el período en el que estaban en activo.
Los jubilados recibieron pensiones muy bajas que no fueron ajustadas con las sucesivas reformas del sistema pensional. (Foto: CubaCute)
Como resultado de las inmensas distorsiones de precios y salarios acumuladas desde los años sesenta, los jubilados recibieron pensiones muy bajas que no fueron ajustadas con las sucesivas reformas del sistema pensional. Esto, además de un error político, ha sido una injusticia con este grupo de personas que por su edad resultan altamente vulnerables.
En el artículo «La economía cubana: entre la confusión y el sin sentido», expliqué que era lógico que los precios subieran cuando en un mercado afectado por una severa escasez, se incrementa la oferta monetaria como resultado de aumentos nominales de salarios y de pensiones.
Es evidente que tal incremento de precios habría sido inferior en un contexto económico diferente a la pandemia, pero la parálisis del sector productivo cubano no es un problema coyuntural sino estructural, y se relaciona con la pretensión, claramente ineficaz, de que el Estado está en condiciones de proveer todos los bienes y servicios que necesita la sociedad. Ahora, presionados por las circunstancias, parecen reconocer que no son todos sino los fundamentales, y también en eso se equivocan.
En mi opinión, nunca se debió apelar a la dualidad monetaria en la economía cubana. No fue una decisión económica ni política adecuada. Sin embargo, una vez adoptada debió ser una medida temporal. La temporalidad fue solo la circulación del dólar, reemplazado luego por el llamado peso convertible (CUC) que generó aún mayor desorden en el sistema monetario cubano, con una moneda convertible que fue perdiendo esa condición en la medida en que el emisor aumentaba su oferta sin el debido respaldo en dólares con el que supuestamente nació.
La dolarización de los gastos, pero no de los ingresos, empobreció a la mayor parte de las familias cubanas que vivían de su trabajo. Ese proceso de empobrecimiento se fue acumulando por décadas y debió ser atendido con profundas reformas estructurales.
Resulta inadmisible que después de que la unificación monetaria y cambiaria se convirtiera en un «lineamiento de política económica y social» en el 6to Congreso del PCC, no se hubiera cumplido previo al 7mo y fuera ejecutada de forma tan apresurada y chapucera apenas tres meses antes del 8vo Congreso.
También resulta inadmisible que la dirección del partido y del gobierno continúen evadiendo sus responsabilidades. Si bien considero que nunca se debió producir la dualidad monetaria, en 2011 y años inmediatos las condiciones no eran tan graves como las que debió enfrentar el país a partir de 2020, cuando además de la pandemia, se habían recrudecido las sanciones económicas de la administración Trump.
Respecto a esto último, el gobierno cubano no solo desaprovechó las posibilidades de un mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos a partir del restablecimiento del vínculo diplomático entre ambos países al final de la administración Obama, sino que reaccionó negativamente al reto que significó su visita a Cuba y sobre todo a su discurso en el Gran Teatro de La Habana.
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La culpa no es del totí
En un país donde el gobierno tiene todas las palancas de la economía, si esta marcha bien sería su éxito, pero si marcha mal es su fracaso. Este es el caso.
La economía cubana marcha mal desde hace décadas. La apelación insistente a la responsabilidad de las sanciones económicas de Estados Unidos —que sin duda afectan a la economía nacional, y especialmente a las familias, pero que más allá de condenarlas no podemos evitar—; demuestra la altísima vulnerabilidad y dependencia externa del país, acrecentada tras la desaparición del denominado «campo socialista». 
En estas condiciones se ha profundizado el subdesarrollo, expresado por la incapacidad para desarrollarse. El sistema productivo ha colapsado. Las industrias tradicionales se han derrumbado y las no tradicionales no pueden despegar por dificultades de acceso a capitales, tecnología y materias primas. El país, que otrora se consideraba agrícola, no produce suficientes alimentos para la población.
Frente a esta realidad, no tiene sentido apelar a expedientes de política ni a mecanismos económicos que han demostrado ya su ineficacia. Solo resta hacerlo de una forma diferente y ello implica una audacia política de la que hasta ahora han carecido los gobernantes cubanos.
Aunque algunos dirigentes, comenzando por el presidente, han tratado de desviar su responsabilidad por los excesivos aumentos de precios atribuyéndosela a los trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios privados, e incluso a negligentes dirigentes empresariales estatales, y han pretendido que la solución sea la renuncia «voluntaria» de parte de las ganancias obtenidas, haciendo caso omiso una vez más a las leyes económicas; la realidad es muy diferente.
La inflación tiene razones objetivas relacionadas con el desorden económico que se arrastra desde hace décadas. La debacle productiva ha creado un shock de oferta que ya es estructural y, como afirma la teoría económica, ante la escasez de oferta la respuesta del mercado es el aumento de precios. Durante muchos años esta realidad fue enmascarada con precios fijos y mercados desabastecidos.
Si a eso añadimos un incremento de la emisión monetaria sin respaldo de oferta en los mercados, el resultado no puede ser otro que el crecimiento de los precios, es decir, una mayor inflación. A estos dos factores debemos sumar la persistencia de monopolios públicos en toda una serie de actividades productivas y de servicios, que permiten el establecimiento de precios de monopolio en mercados cautivos.
Por cierto, en la medida en que más bienes de consumo necesarios para la vida se comercialicen en las tiendas en MLC y las divisas que se obtienen en el mercado informal sean más caras, está aumentando la inflación para los consumidores cubanos. Como no se ha hecho pública la metodología de cálculo, no sabemos si estos incrementos están siendo considerados o no.
Al ministro de Economía y Planificación me gustaría decirle que el des-ordenamiento, la forma en que se produjo, el momento en que se adoptó y haberlo hecho sin una verdadera liberación de las fuerzas productivas —amarradas por el sistema de administración económica centralizada—, sí es responsable de la actual situación del país e influye decisivamente en la estampida de precios que sufre la población cubana. La culpa no es del totí, según reza el viejo proverbio.
Como he expresado en otros escritos y entrevistas a diversos medios, en el punto al que hemos llegado en Cuba no es posible realizar transformaciones económicas estructurales profundas sin producir cambios institucionales y políticos igual de profundos. Estos últimos deben orientarse hacia la democratización de la sociedad, de forma tal que esta se empodere de su destino. Dichos cambios podrían crear un ambiente adecuado para el desarrollo de la producción de bienes y servicios en mercados regulados y transparentes.

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Las estadísticas económicas en Cuba y el derecho a la información

La Constitución cubana de 2019 establece en su artículo 53 el derecho de los ciudadanos «a solicitar y recibir del Estado información veraz, objetiva y oportuna, y a acceder a la que se genere en los órganos del Estado y entidades, conforme a las regulaciones establecidas». Sin embargo, históricamente, la disponibilidad de la información estadística ha sido un problema para economistas, sociólogos, y demás científicos sociales, a quienes se les dificulta realizar análisis objetivos independientes y oportunos.
Aunque este texto se refiere a la estadística económica, la insuficiencia y falta de transparencia son características del sistema en general.
El sistema estadístico de Cuba
En los años subsiguientes al triunfo de la Revolución, la información estadística fue insuficiente y desorganizada. Después se reconstruyeron ciertas cifras para los Anuarios Estadísticos que se publicaron sucesivamente. En este sentido destaca el trabajo desarrollado por la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) en 1977, titulado Reconstrucción y Análisis de las Series Estadísticas de la Economía Cubana, 1960-1975, en el que se sistematizó información estadística sobre la economía a precios corrientes y a precios constantes[1] correspondientes a 1965. No obstante, ese trabajo se mantuvo clasificado como SECRETO durante años, hasta su ulterior desclasificación.
Entre 1975 y 1989, el Comité Estatal de Estadísticas de Cuba publicó sistemáticamente los respectivos Anuarios, sin embargo, tanto ellos como el referido documento de JUCEPLAN, se llevaron a cabo por el sistema del producto material (SPM),[2] típico de las economías centralmente dirigidas que integraban el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
El 11 de julio de 1972, Cuba ingresó al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). En la imagen, la XXXIX Reunión celebrada en La Habana.
En la etapa comprendida desde 1990 hasta 1998 —que coincidió con el período de mayor crisis económica en Cuba y su leve recuperación posterior—, se produjo el llamado «apagón estadístico», dada la ausencia de información económica sistematizada.
La desaparición del CAME dejó sin sentido el uso del SPM para medir el desempeño económico, por lo que el país debió adoptar el sistema de cuentas nacionales (SCN) de Naciones Unidas. Con ese fin recibió el apoyo de la CEPAL, y en 1997 fue publicada la primera edición de La economía cubana. Reformas estructurales y desempeño en los noventa, editado por esta organización. Se contaba por primera vez con información sistematizada sobre el tema.
En 1998, la ONEI produjo el Anuario Estadístico de Cuba de 1996, y en 1999 se publicaron los correspondientes a 1997 y 1998; en todos se utilizó la metodología del sistema de cuentas nacionales.
Los Anuarios Estadísticos de 1999 y 2000, mantuvieron a 1981 como año-base para los valores constantes de los agregados económicos, pero desde la publicación del Anuario Estadístico de 2001 la base cambió a 1997.
Teniendo en cuenta los notables cambios de precios tras la reciente unificación cambiaria y la reforma de precios, salarios y pensiones, debería establecerse un nuevo año-base para calcular las series estadísticas. Sin embargo, las condiciones económicas del 2021 son atípicas debido a los efectos de la pandemia, lo cual significaría que una nueva base para construir las series debería esperar quizás a considerar los precios de 2022 o 2023. 
La insuficiente información económica y los problemas de transparencia
En la actualidad existen serias dificultades en el sistema de estadísticas económicas del país. No son oportunas, no son suficientes y no son transparentes.
La estadística económica no solo permite conocer ex post el comportamiento de los indicadores, sino también, y de una forma muy importante, realizar estimaciones que propicien pronósticos sobre el desempeño económico. Por esas razones, las oficinas de estadísticas nacionales suelen ofrecer datos mensuales, trimestrales y anuales y corrigen la información sistemáticamente.
Para que la información estadística sea útil, no debe mostrar únicamente datos agregados sino también desagregados, de modo que se pueda analizar tanto la situación de la economía nacional como la de los territorios, y las diversas ramas de la producción de bienes y de servicios.

Solo en los últimos años la ONEI ha comenzado a ofrecer algunas cifras mensuales o semestrales en determinados indicadores concretos. En su mayor parte los datos son anuales y suelen publicarse con un retraso tal que solo es posible realizar análisis ex post. Por ejemplo, el Anuario Estadístico 2020 fue publicado el 14 de julio de 2021, mientras que el Anuario Demográfico 2020 se publicó el 3 de septiembre pasado.
En años anteriores, era usual que se publicara, al segundo o tercer mes del año siguiente, una información preliminar: el Panorama Económico y Social de Cuba, que recogía los indicadores más importantes. Dicho informe se ha dejado de publicar, y se ha hecho costumbre que los propios anuarios aparezcan en el segundo semestre del año posterior.
En la mayor parte de los países con sistemas estadísticos que brindan información oportuna y transparente, es habitual que se conozcan los datos mensuales de inflación, empleo, exportaciones o importaciones, o trimestralmente el producto interior bruto (PIB) y los agregados que lo conforman, el PIB sectorial, la inversión directa extranjera, la ejecución presupuestal, la situación de la deuda pública y de la deuda externa; entre otros indicadores.
Nada de esto ocurre en el caso de Cuba, que mantiene una considerable opacidad en su sistema estadístico. En el pasado se publicaban los textos íntegros de los informes de los ministros de Economía y Planificación y de Finanzas y Precios en las sesiones de la Asamblea Nacional, pero en la actualidad solo se ofrecen resúmenes de esas intervenciones con escasa información estadística.
El sector externo ha sido, tradicionalmente, uno de los que presenta menor transparencia. Por solo mencionar algunos ejemplos:

No se publican los datos completos de la Balanza de Pagos Internacionales, sino apenas una información agregada de la Cuenta Corriente con retraso de dos años, por lo que en el Anuario Estadístico de 2020 únicamente se publicó información de este registro hasta 2018.
Dentro de la Cuenta Corriente, no se desagregan la balanza de bienes y la de servicios, aunque los valores agregados de las exportaciones e importaciones de servicios pueden calcularse restando las de bienes.
No se desglosa la balanza de servicios, lo que hace imposible conocer su estructura y lleva a cálculos inexactos, aunque aproximados.
No se desagrega la balanza de rentas para saber los movimientos producidos en las rentas del capital, desglosadas en Repatriación de utilidades y Pago de intereses de la deuda externa.
Tampoco se informa la magnitud de las remesas recibidas.
No se publica información alguna de la Cuenta de Capital y Financiera de la Balanza de Pagos, que es la que refleja los movimientos de capitales.
No se ofrece información sobre el comportamiento de la inversión extranjera directa (IED), lo que impide analizar las tendencias de este importante indicador, cuáles son los principales países inversionistas, así como los sectores hacia los que se dirigen los capitales foráneos.
Los datos sobre la deuda externa tienen el mismo retraso que los de la balanza de pagos.
No se publican datos sobre el nivel de las reservas monetarias internacionales y su estructura.
Se ha vuelto una costumbre retrasar un año la información sobre importaciones de combustibles.
La información de los ingresos que produce el turismo internacional es solo un valor bruto, es decir, no se conocen los datos de los gastos en divisas del sector.
Tampoco se hacen públicos los datos de la Encuesta Nacional sobre la Situación de los Hogares, que resulta imprescindible para estudios relacionados con la distribución de los ingresos y la situación de pobreza en las familias cubanas.

No se hacen públicos los datos de la Encuesta Nacional sobre la Situación de los Hogares. (Foto: Freddy Pérez Cabrera)
La ausencia de tales datos no evita la difícil situación de las finanzas externas del país, ni la evidente pobreza en que vive una gran cantidad de familias cubanas. Solo impide que esos datos puedan ser usados por los analistas para argumentar propuestas de política económica y, por tanto, brindar soluciones alternativas a dichos problemas.
Si la nueva Constitución se elaboró para ser cumplida, el gobierno debería modificar su tradicional imprecisión en la información económica y brindar estadísticas completas, oportunas y pertinentes. Es un derecho del pueblo, el cual, en teoría, es el depositario de la soberanía nacional.
***
[1] Los precios corrientes son los valores nominales de los bienes y servicios correspondientes al momento en el que son considerados, mientras que los precios constantes indican los valores corregidos a un año base, para poder comparar el desempeño económico eliminando el factor distorsionador que producen los cambios de precios. 
[2] En el sistema del producto material (SPM) el indicador fundamental que medía el tamaño de una economía en términos de producción era el Producto Social Global (PSG); a diferencia del sistema de cuentas nacionales (SCN) de la ONU, cuyo indicador es el Producto Interior Bruto (PIB). En el SPM, servicios como: educación, salud, cultura, turismo, deportes, administración, entre otros, como no crean producción material conformaban la esfera no productiva, y no hacían parte del PSG, aunque sí de la distribución del Ingreso Nacional.

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Autoridades del MEP responderán preguntas de la población sobre desarrollo local

Autoridades del Ministerio de Economía y Planificación y otros expertos responderán este miércoles, en la Mesa Redonda, a opiniones y preguntas de la población sobre desarrollo local.
Cubavisión, Cubavisión Internacional y Radio Habana Cuba transmitirán este programa a las 7:00 p.m. El Canal Educativo la retransmitirá al cierre. Además estará disponible en las redes sociales Facebook y YouTube.

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