HAVANA CLIMA

Migraciones

La historia de Daniela: la llegada a los Estados Unidos (II)

Esta es la historia migratoria de Daniela, contada por ella misma, una vez que arribó a tierra estadounidense:Cuando llegamos nos sentaron afuera, que es donde reciben a las personas y es donde están las computadoras; también hay un guardabolsos donde meten todas tus pertenencias y te dan un ticket. Había cien mil personas antes que nosotros, quiere decir que llegaron de madrugada o sobre las seis de la mañana.Allí un muchacho nos entregó un turno y nos iban llamando por nombre, nos tiraban una foto, y teníamos que firmar y poner la huella digital en un documento. Había una muchacha, una de esas policías de seguridad de origen mexicano que nos trató súper mal, ella sí nos trató mal; de ahí para allá muy pocos eran los que nos maltrataban, pero esa muchacha nos trató muy mal. Había un frío inmenso, pero un frío inmensísimo, y mandó que nos quitáramos el abrigo, incluso a los niños que habían venido en la “travesía”. No le interesó que fueran niños: mandó que se quitaran los abrigos.Allí entré el seis de marzo y salí el nueve en la madrugada. En el albergue estábamos muchas mujeres y yo me dije, “contra, no puedo creer que nos tengan a todas aquí”, pero así mismo fue, y todo el tiempo con la luz encendida. En el piso, había alrededor de cuatro colchoncitos, los colchones esos de judo, esos de deporte, muy duros. Y nos dieron unos paqueticos con unos “nylon” plateados que tu abres y los usas para taparte. También había una taza de baño con un murito donde tienes que hacer las “necesidades” así, delante de todo mundo, porque no hay puerta, no hay nada, poníamos el cesto delante para tener un poco de privacidad. Y eso era solo para hacer las necesidades: no había donde bañarse ni lavarse los dientes, solamente te daban unas toallitas húmedas. Para limpiarme la boca lo que hacía era enjuagarme la boca con bastante agua, pues la sentía amarga, “estrujá”, como quien ha masticado mamoncillos.Nos dieron de comer un sándwich de pollo, unas tableticas energizantes, una manzana, y unos juguitos pequeñitos calientes que no había quién se los tomara. A mediodía lo que dieron fue un taco frío, congelado, que sacaban del refrigerador. Unos tacos fríos de jamón que yo creo que eran lo mejorcito a pesar de lo fríos que estaban; y nuevamente la manzana, la tabletica energizante y el pozuelito de jugo de manzana. Y por la noche nos daban de nuevo una hamburguesa picante cantidad que no había quien se la comiera, y las mismas cosas que anteriormente te dije.Allí nos pegábamos a un cristal para ver hacia afuera porque todo era muy desesperante, las horas no pasaban. Y cuando tocábamos para que alguien viniera porque se acababa el papel sanitario o algo así, preguntábamos la hora. En general, casi no nos atendían. Había muchachitas que tocaban y decían “me duele la cabeza”, “me siento mal”. Incluso vi a una muchacha argentina, su nombre era Martina, de diecinueve añitos nada más, que llevaba días sin comer, no quería comer, y todo el mundo empezó a tocar, porque la muchacha estaba mal y empezamos a asustarnos. Llegó entonces un oficial, de apellido Martínez, que nos dijo: “no molesten”, y nos tiró la puerta de tal manera que casi le coge el dedo a una de las muchachas con esas puertas de metal, y se lo hubiese arrancado y nada…Le estábamos tratando de explicar que la muchacha argentina no estaba bien, pero él nos decía que no le habláramos, que no tenía nada. No nos abrió más hasta el momento en que, por suerte, era la hora de almuerzo y, cuando abrió, la muchacha ya no estaba desmayada, pero seguía tirada en el piso. Entonces nos dijo que saliéramos, que no la ayudáramos, que ella no tenía nada, pero cuando volvimos de la comida la muchacha no estaba ahí. Ya después por la tarde la volvimos a ver, y nos dijo que la dejaron un rato ahí y le dieron una pastilla, nada más.El fin de semana no pasó nada, pero el lunes en la tarde me preguntaron por el papelito que me habían dado para que yo pusiera el nombre de mi contacto en Estados Unidos, su dirección y el parentesco que teníamos; y el martes en la mañana me sacó del albergue una oficial rubia que me preguntó si tenía miedo de volver a Cuba, yo contesté que sí, y me pidió que firmara unos documentos en una pantallita con un bolígrafo electrónico, aunque nunca vi lo que estaba firmando. Y nada, cogí y y firmé, imagínate la incertidumbre por no saber lo que estaba firmando; no sabía inglés. Después, cuando me soltaron, supe que con esa planilla estábamos firmando una deportación, proceso que parece que se lo hacen a todos.Al otro día llegaron los compañeros del ICE (US Immigration and Control Enforcement), que te hacen firmar varios papeles, como el que dice que vas a salir bajo la condición de la I-220A 1, que fue la forma en la que yo salí. También te dan un teléfono y solicitan que te tomes varias fotos: de frente, por cada lado, arriba, abajo y al centro. Por último, te piden hacerte una foto de perfil estilo “selfie”, que es la última que se manda y es la que tienes que tomarte el día de la semana que te toca reportarte por teléfono, en mi caso, los días jueves a las diez de la mañana. A partir del día que el ICE me dio el teléfono, todas las notificaciones y controles han sido a través de ellos, incluso las fechas para ver al Juez de Inmigración.Y el mismo día que me hicieron el proceso me soltaron. Primero vuelven a entrarte, pero con el teléfono en su cajita. Cuando hacen eso ya tú sabes que te vas, porque ese mismo día nos llevaron en un camioncito de esos pero sentadas más cómodamente para un lugar que era como un motel, un hotel, ahí mismo en California, en San Diego, creo. Allí nos hicieron la prueba de la COVID-19 y, si das negativo, te ponen la vacuna (Pfizer) y te dan la tarjetica para la segunda dosis en el lugar donde vas a residir. Te hacen una serie de preguntas, anotan varias cosas, te hospedan en unas habitaciones con todo incluido, donde hasta la comida es gratis y, si quieres, te dan ropa, zapatos, lo que necesites para viajar en caso de que no tengas ropa. Después te dicen que tienes que avisarle a tu familia para que te saque el boleto de avión, que tienes alrededor de tres a cuatro días gratis para que tu familiar saque el boleto y ellos te llevan, gratis, hasta el aeropuerto de San Diego u otro más que hay ahí, que no lo recuerdo, que eran los dos más cercanos a ese lugar.Y esa es toda mi historia. Mi familiar, el hermano de mi esposo, me sacó el pasaje el día que llegué al hotel, me hicieron la prueba de la COVID-19, me pusieron la Pfizer, y al otro día en la mañana me fui, porque mi pasaje era a las once de la mañana. Tuve que hacer escala en Las Vegas, en Dallas, y de Dallas viajé al aeropuerto de Miami, y hasta la fecha estoy aquí.Comencé a trabajar en una joyería, trabajo de nueve a cinco de la tarde, de lunes a sábado. Y aunque me hicieron todo este proceso que te conté de ingreso a los Estados Unidos, hay que sacar cita con un abogado para que te gestione la residencia. Y como eso cuesta dinero, por eso estoy trabajando ahora pa´ poder pagarlo, ¿ves? Porque todo eso se paga, independientemente de la ayuda del gobierno, que te da cosas para que vivas, pero hay que sacar dinero para que un abogado te empiece a tramitar lo del asilo. En eso estoy ahora.Aunque ahora todavía no puedo hacerlo, una vez que tenga los papeles puedo ir a lugares para estudiar, para que vean que, aunque tienes estudios universitarios, tienes interés por superarte. Aquí está muy bien pagado el cuidado de niños, es super genial y es algo bonito, porque son niños que tienen un problema, y es lindo ver que ayudas a desarrollarse a un niño. Después, quién sabe, me gustaría explorar ser asistente de abogados.Ahora vivo con la familia de mi esposo, que es como mi familia, y doy gracias a Dios que di con esa joyería: la dueña depositó la confianza en mí, ya me dejan sola en el negocio, no tengo que madrugar, y quieren subirme el salario.Y mirando a la distancia la experiencia que viví, puedo decirte que el “contacto” que busqué para hacer el viaje todo te lo “pintaba color de rosa”, pero muy lejos de la realidad: los buses en los que nos movían eran públicos, nunca dijeron que teníamos que pagar en los retenes; en fin, nunca dicen como es todo. Dentro de los “guías” había “nicas”, venezolanos, mexicanos… Hubo seguridad en la “travesía” pero, a la vez, todo fue precario e incierto: alojamientos en muy mal estado; transportes abarrotados, con barandas casi sueltas y a velocidades imposibles por esas lomas del demonio; y con personas que nunca te dicen por dónde irás o cómo va a ser.Los migrantes con los que viajé no eran los mismos, ni tampoco los “guías”, que cambian en dependencia de las conexiones entre países. Pero con los cubanos por los países que anduve sí establecí muy buenas relaciones. Nos ayudábamos mucho, comprábamos cositas de comer, aseo, tú sabes, y las compartíamos…Con ellos fue con los que tuve más empatía. Todavía nos seguimos llamando, nos comunicamos en Estados Unidos, porque subir montañas y cruzar todo un desierto hermana a la gente. Y a pesar de todo lo que pasé, de los momentos difíciles y de agonía, sólo te puedo decir una cosa: ¡Yo para Cuba ni a paloooo!***Nota: 1 La forma I-220A es un permiso para estar en libertad en Estados Unidos, pero bajo supervisión de inmigración. Información disponible aquí. 

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La historia de Daniela: la llegada a los Estados Unidos (II)

Esta es la historia migratoria de Daniela, contada por ella misma, una vez que arribó a tierra estadounidense:Cuando llegamos nos sentaron afuera, que es donde reciben a las personas y es donde están las computadoras; también hay un guardabolsos donde meten todas tus pertenencias y te dan un ticket. Había cien mil personas antes que nosotros, quiere decir que llegaron de madrugada o sobre las seis de la mañana.Allí un muchacho nos entregó un turno y nos iban llamando por nombre, nos tiraban una foto, y teníamos que firmar y poner la huella digital en un documento. Había una muchacha, una de esas policías de seguridad de origen mexicano que nos trató súper mal, ella sí nos trató mal; de ahí para allá muy pocos eran los que nos maltrataban, pero esa muchacha nos trató muy mal. Había un frío inmenso, pero un frío inmensísimo, y mandó que nos quitáramos el abrigo, incluso a los niños que habían venido en la “travesía”. No le interesó que fueran niños: mandó que se quitaran los abrigos.Allí entré el seis de marzo y salí el nueve en la madrugada. En el albergue estábamos muchas mujeres y yo me dije, “contra, no puedo creer que nos tengan a todas aquí”, pero así mismo fue, y todo el tiempo con la luz encendida. En el piso, había alrededor de cuatro colchoncitos, los colchones esos de judo, esos de deporte, muy duros. Y nos dieron unos paqueticos con unos “nylon” plateados que tu abres y los usas para taparte. También había una taza de baño con un murito donde tienes que hacer las “necesidades” así, delante de todo mundo, porque no hay puerta, no hay nada, poníamos el cesto delante para tener un poco de privacidad. Y eso era solo para hacer las necesidades: no había donde bañarse ni lavarse los dientes, solamente te daban unas toallitas húmedas. Para limpiarme la boca lo que hacía era enjuagarme la boca con bastante agua, pues la sentía amarga, “estrujá”, como quien ha masticado mamoncillos.Nos dieron de comer un sándwich de pollo, unas tableticas energizantes, una manzana, y unos juguitos pequeñitos calientes que no había quién se los tomara. A mediodía lo que dieron fue un taco frío, congelado, que sacaban del refrigerador. Unos tacos fríos de jamón que yo creo que eran lo mejorcito a pesar de lo fríos que estaban; y nuevamente la manzana, la tabletica energizante y el pozuelito de jugo de manzana. Y por la noche nos daban de nuevo una hamburguesa picante cantidad que no había quien se la comiera, y las mismas cosas que anteriormente te dije.Allí nos pegábamos a un cristal para ver hacia afuera porque todo era muy desesperante, las horas no pasaban. Y cuando tocábamos para que alguien viniera porque se acababa el papel sanitario o algo así, preguntábamos la hora. En general, casi no nos atendían. Había muchachitas que tocaban y decían “me duele la cabeza”, “me siento mal”. Incluso vi a una muchacha argentina, su nombre era Martina, de diecinueve añitos nada más, que llevaba días sin comer, no quería comer, y todo el mundo empezó a tocar, porque la muchacha estaba mal y empezamos a asustarnos. Llegó entonces un oficial, de apellido Martínez, que nos dijo: “no molesten”, y nos tiró la puerta de tal manera que casi le coge el dedo a una de las muchachas con esas puertas de metal, y se lo hubiese arrancado y nada…Le estábamos tratando de explicar que la muchacha argentina no estaba bien, pero él nos decía que no le habláramos, que no tenía nada. No nos abrió más hasta el momento en que, por suerte, era la hora de almuerzo y, cuando abrió, la muchacha ya no estaba desmayada, pero seguía tirada en el piso. Entonces nos dijo que saliéramos, que no la ayudáramos, que ella no tenía nada, pero cuando volvimos de la comida la muchacha no estaba ahí. Ya después por la tarde la volvimos a ver, y nos dijo que la dejaron un rato ahí y le dieron una pastilla, nada más.El fin de semana no pasó nada, pero el lunes en la tarde me preguntaron por el papelito que me habían dado para que yo pusiera el nombre de mi contacto en Estados Unidos, su dirección y el parentesco que teníamos; y el martes en la mañana me sacó del albergue una oficial rubia que me preguntó si tenía miedo de volver a Cuba, yo contesté que sí, y me pidió que firmara unos documentos en una pantallita con un bolígrafo electrónico, aunque nunca vi lo que estaba firmando. Y nada, cogí y y firmé, imagínate la incertidumbre por no saber lo que estaba firmando; no sabía inglés. Después, cuando me soltaron, supe que con esa planilla estábamos firmando una deportación, proceso que parece que se lo hacen a todos.Al otro día llegaron los compañeros del ICE (US Immigration and Control Enforcement), que te hacen firmar varios papeles, como el que dice que vas a salir bajo la condición de la I-220A 1, que fue la forma en la que yo salí. También te dan un teléfono y solicitan que te tomes varias fotos: de frente, por cada lado, arriba, abajo y al centro. Por último, te piden hacerte una foto de perfil estilo “selfie”, que es la última que se manda y es la que tienes que tomarte el día de la semana que te toca reportarte por teléfono, en mi caso, los días jueves a las diez de la mañana. A partir del día que el ICE me dio el teléfono, todas las notificaciones y controles han sido a través de ellos, incluso las fechas para ver al Juez de Inmigración.Y el mismo día que me hicieron el proceso me soltaron. Primero vuelven a entrarte, pero con el teléfono en su cajita. Cuando hacen eso ya tú sabes que te vas, porque ese mismo día nos llevaron en un camioncito de esos pero sentadas más cómodamente para un lugar que era como un motel, un hotel, ahí mismo en California, en San Diego, creo. Allí nos hicieron la prueba de la COVID-19 y, si das negativo, te ponen la vacuna (Pfizer) y te dan la tarjetica para la segunda dosis en el lugar donde vas a residir. Te hacen una serie de preguntas, anotan varias cosas, te hospedan en unas habitaciones con todo incluido, donde hasta la comida es gratis y, si quieres, te dan ropa, zapatos, lo que necesites para viajar en caso de que no tengas ropa. Después te dicen que tienes que avisarle a tu familia para que te saque el boleto de avión, que tienes alrededor de tres a cuatro días gratis para que tu familiar saque el boleto y ellos te llevan, gratis, hasta el aeropuerto de San Diego u otro más que hay ahí, que no lo recuerdo, que eran los dos más cercanos a ese lugar.Y esa es toda mi historia. Mi familiar, el hermano de mi esposo, me sacó el pasaje el día que llegué al hotel, me hicieron la prueba de la COVID-19, me pusieron la Pfizer, y al otro día en la mañana me fui, porque mi pasaje era a las once de la mañana. Tuve que hacer escala en Las Vegas, en Dallas, y de Dallas viajé al aeropuerto de Miami, y hasta la fecha estoy aquí.Comencé a trabajar en una joyería, trabajo de nueve a cinco de la tarde, de lunes a sábado. Y aunque me hicieron todo este proceso que te conté de ingreso a los Estados Unidos, hay que sacar cita con un abogado para que te gestione la residencia. Y como eso cuesta dinero, por eso estoy trabajando ahora pa´ poder pagarlo, ¿ves? Porque todo eso se paga, independientemente de la ayuda del gobierno, que te da cosas para que vivas, pero hay que sacar dinero para que un abogado te empiece a tramitar lo del asilo. En eso estoy ahora.Aunque ahora todavía no puedo hacerlo, una vez que tenga los papeles puedo ir a lugares para estudiar, para que vean que, aunque tienes estudios universitarios, tienes interés por superarte. Aquí está muy bien pagado el cuidado de niños, es super genial y es algo bonito, porque son niños que tienen un problema, y es lindo ver que ayudas a desarrollarse a un niño. Después, quién sabe, me gustaría explorar ser asistente de abogados.Ahora vivo con la familia de mi esposo, que es como mi familia, y doy gracias a Dios que di con esa joyería: la dueña depositó la confianza en mí, ya me dejan sola en el negocio, no tengo que madrugar, y quieren subirme el salario.Y mirando a la distancia la experiencia que viví, puedo decirte que el “contacto” que busqué para hacer el viaje todo te lo “pintaba color de rosa”, pero muy lejos de la realidad: los buses en los que nos movían eran públicos, nunca dijeron que teníamos que pagar en los retenes; en fin, nunca dicen como es todo. Dentro de los “guías” había “nicas”, venezolanos, mexicanos… Hubo seguridad en la “travesía” pero, a la vez, todo fue precario e incierto: alojamientos en muy mal estado; transportes abarrotados, con barandas casi sueltas y a velocidades imposibles por esas lomas del demonio; y con personas que nunca te dicen por dónde irás o cómo va a ser.Los migrantes con los que viajé no eran los mismos, ni tampoco los “guías”, que cambian en dependencia de las conexiones entre países. Pero con los cubanos por los países que anduve sí establecí muy buenas relaciones. Nos ayudábamos mucho, comprábamos cositas de comer, aseo, tú sabes, y las compartíamos…Con ellos fue con los que tuve más empatía. Todavía nos seguimos llamando, nos comunicamos en Estados Unidos, porque subir montañas y cruzar todo un desierto hermana a la gente. Y a pesar de todo lo que pasé, de los momentos difíciles y de agonía, sólo te puedo decir una cosa: ¡Yo para Cuba ni a paloooo!***Nota: 1 La forma I-220A es un permiso para estar en libertad en Estados Unidos, pero bajo supervisión de inmigración. Información disponible aquí. 

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La historia de Daniela: la travesía hacia Estados Unidos (I)

Daniela Sánchez, una joven de 33 años nacida en Caimito, provincia Artemisa, abogada de profesión, casada recientemente y sin hijos, decidió emprender el camino hacia Estados Unidos el año pasado: “demasiada ‘obstinación’, demasiado sigilo, miedo a que te cojan en una ilegalidad cuando no se puede vivir de otra manera; en fin, pocas opciones para el futuro”. Y así fue como organizó y emprendió su travesía, vendiendo lo que se pudiera en Cuba y apoyada por la familia de Estados Unidos. Esta es la historia de su “travesía”:Me fui de Cuba el ocho de febrero de 2022 haciendo escala de siete horas en Panamá, siete horas en Costa Rica, una hora en El Salvador y de ahí a Nicaragua, todo por avión. Llegando a Nicaragua, estaba allí el “contacto” para el viaje, una persona que nos llevó en bus por Nicaragua hasta llegar muy cerca de Honduras. Allí nos quedamos en un lugar que tenía pésimas condiciones, prácticamente no podíamos ni acostarnos porque estábamos todos pegados en el piso, en un piso de tierra y en una casa sin ventanas donde no nos pudimos bañar ni podíamos ver para afuera. Eso sí, nos trajeron comida en “termopack” a pesar de las malas condiciones en que estábamos.La nueva oleada migratoria cubana hacia Estados UnidosDe allí salimos y nos montaron en buses por grupos. Llegaron alrededor de cinco o seis buses de esos grandes, de esos ómnibus grandes de capacidad como de cincuenta, sesenta personas, no recuerdo bien, que nos cruzaron la frontera y nos transportaron por todo Honduras. Allí nos paraba todo el tiempo la policía. Ellos nos decían que, si no les dábamos dinero, nos regresarían a Nicaragua o nos cogerían presos. Íbamos en grupos de ochenta, setenta personas, viajábamos en grupos grandes, y eran filas y filas de guaguas, caravanas de guaguas…En Honduras casi toda la travesía fue así, hasta que llegamos a una ciudad, no sé, yo confundo los lugares, imagínate, pero la travesía duró casi un día, allí prácticamente no se durmió, todo el tiempo fue en bus.Cruzamos la frontera con Guatemala en la noche y nos hospedaron en un hotel. Temprano, al otro día, nos llevaron a una estación de ómnibus y cogimos uno hasta el final de Guatemala y allí fue el mismo proceso: “dinero va, dinero viene” a la policía guatemalteca: veinte pesos, treinta pesos, cincuenta pesos, lo que ellos quisieran pedir con el chantaje de que, si no les dábamos, nos viraban o nos deportaban para Cuba. Aunque sabíamos que no había extradición porque esos países no pueden extraditar gente a Cuba, uno siempre tiene miedo de que te apresen, de que te regresen a Nicaragua, y por eso uno coge y les da el dinero que piden, porque el objetivo es llegar al destino final y no regresar a Cuba. Muchos exclamaban en el camino que preferían quedarse sin dinero, incluso quedarse trabajando en “algún país de esos”, antes que regresar a Cuba.En Guatemala, cerca de la frontera, nos hospedaron en un hotel pequeño. Allí estuvimos alrededor de dos días pues los guías nos dijeron que era un poco difícil pasar para México. Y, cuando lo logramos finalmente, la estadía fue de muchísimo más tiempo porque yo salí de Cuba el ocho o el nueve de febrero, ya estaba en México el 14 de febrero y recién me entregué en la frontera de Estados Unidos el seis de marzo…así que mi travesía más larga fue en México, 21 días más o menos.Estuvimos tres o cuatro días en Tapachula 1 en condiciones pésimas. Nos pusieron en una especie de bodega con edredones en el piso, porque no eran colchones, sino edredones que, por supuesto, antes habían sido utilizados por cien mil personas más, imagínate las condiciones en que estaban. Allí dormimos en el piso, aunque nos daban desayuno, almuerzo y comida. Me impactó que Tapachula no parecía una ciudad mexicana por tantos y tantos cubanos que había: estaba llena, llena de cubanos, era una oleada tan grande de cubanos que me parecía que estaba en un barrio marginal de Cuba de tantos cubanos que había, tanta cantidad de gente que, cuando llegaba la comida a una escuelita que funcionaba como comedor improvisado, había “colas” de miles y miles de personas, miles…Y cuando llegó el día para salir de la ciudad estaba todo parado porque, según “ellos” (los polleros), no les habían dado “luz verde” (las autoridades), y el día que finalmente nos montaron en los transportes, salimos unos cuantos grupos y no los miles de personas que había en la ciudad.Allí nos dividieron por bodegas y nos montaron en camiones, sentados uno al lado del otro. Todos estábamos bien apretaditos y las mochilas en el piso debajo de nosotros para que cupieran cincuenta personas por camión. Ese día vi alrededor de siete u ocho camiones, ya te podrás imaginar la cantidad de personas que éramos y, aun así, se quedó más de la mitad en Tapachula.Desde allí nos llevaron a otro lugar donde nos cuidaron porque éramos su “mercancía” —porque así yo me sentía, como una mercancía—, y allí estuvimos varios días, con muchísimos cubanos también. Nos fueron sacando en lanchas en un viaje de una hora o un poco más hasta llegar a las costas, creo, de Oaxaca. Cuando tocamos tierra, tuve que hacer un viaje muy pesado en una camioneta 4×4 que pensé que nos íbamos a matar. Yo me decía: “hasta aquí llegamos”, pues íbamos a una velocidad extrema y sentí que no iba a quedar nadie vivo… pero sobrevivimos y llegamos a la Ciudad de Oaxaca.Desde allí nos fuimos por avión hacia la frontera, a Mexicali, y llegamos a una carretera tipo “ocho vías” muy desolada. Me di cuenta de que ya estábamos en el desierto. Cruzamos una cerca y caminamos alrededor de cuatro horas. Era un lugar muy árido y el recorrido muy cansado. Las mujeres se sentaban agotadas, hubo una muchacha que se desmayó, a otra le dio asma que pensábamos que no iba a poder seguir, y así… Yo me “ataqué” cuando vi eso y empecé a llorar: una muchacha muchísimo más joven que yo, veinticuatro años, con aquel ataque de asma y no había forma de que se recuperara. Por suerte, una de las personas que nos estaba guiando tenía salbutamol y con eso se reanimó un poco.Cuando llegamos hasta un determinado lugar de la frontera, los “guías” nos dijeron que no nos podían acompañar más porque en esa zona no podían estar, así que seguimos caminando solos alrededor de una hora y, según las indicaciones que nos dieron, sabíamos que debíamos subir una loma y después bajarla para ver “el Muro 2”, y allí teníamos que empezar a bordearlo.En esa parte del trayecto tuvimos que caminar tanto y el cansancio era tan grande que yo pensé que nunca iba a llegar al lugar donde estaba ese “Muro”: era “camine que te camine, camine que te camine, camine, camine…”Y, cuando finalmente ya estaba pegada al “Muro”, había que bordearlo por una loma alta, alta, alta, y ahí fue cuando se me acabaron las fuerzas, tanto así que ya no quería caminar más.Creo que pude llegar gracias a los hombres que estaban en la “travesía”. Ellos me dieron ánimo y me cogieron por las manos y prácticamente me llevaron, porque yo dije que no podía más, ¡porque era una caminata!, imagínate, por el desierto, y donde nos hundíamos permanentemente en la arena, que era muy suave. Además, nos metíamos en huecos, nos caíamos, nos llenábamos de espinas por la cantidad de matas con espinas que hay, de cactus que hay en el desierto, no, no, no, que va, fue tremendo. Yo creo que fue una de las peores cosas, el final; para mí fue lo peor de la travesía.Allí los hombres tuvieron que ayudar a las mujeres, porque no era solamente yo la que no podía subir. Era una loma inmensa, inmensa, y la arena no te ayudaba porque era arena del desierto, esa con la que te hundes, te caes todo el tiempo…Yo lo único que hacía era aguantarme con una mano de las rejas del muro, mientras un hombre me empujaba un hombro con la mochila por atrás y otro me ayudaba con el otro brazo por delante. Entonces, cuando doblamos por el “Muro” nos dimos cuenta de que había que bajar la loma de nuevo y todos, incluso los hombres, nos sentamos como diciendo “ya no podemos más”…Pero ahí todo el mundo ¡ay! no te puedo explicar, fue uno de los sentimientos más hondos, un sentimiento profundísimo porque todo el mundo estaba llorando: llanto, y llanto y llanto…Porque nos dimos cuenta de que lo habíamos logrado, que no nos habían venido a buscar todavía pero ya estábamos en el “otro lado”, en tierra americana, y del tiro sacamos fuerzas de donde no teníamos y bajamos aquella loma como “un tiro”: todo el mundo llorando, todo el mundo rapidito, rápido, rápido, rápido, y acto seguido llegaron… llegaron ellos en los camioncitos esos ¿sabes?Me recuerdo como si fuera hoy: un muchacho gringo él, rubio americano; una rubiecita americana; y un muchacho alto, trigueño, muy agradable, cubano, por cierto, que dijo que había llegado allá desde niño y nos trató muy bien. Nos dijeron “Bienvenidos a la Tierra de la Libertad” … ¡Imagínate!, todos llorando: los hombres, las mujeres, todo el mundo llorando de la alegría…Nos dijeron que nos sentáramos, que nos quitáramos los cordones, los abrigos, las cosas que teníamos dobles, las “felpas”, los aretes en el caso de las mujeres… Entonces nos dieron unos “nylon”, unos plásticos para meter las mochilas, los cordones, cosas así. Montaron a las mujeres en un lado y a los hombres en el otro, y recorrimos cantidad de kilómetros y nos demoramos muchísimo en llegar, pues parece que se da una vuelta, no sé por qué, y no se veía nada para fuera, nada más por unos huequitos…Continuará…***Notas:1 Ciudad mexicana perteneciente al estado Chiapas y fronteriza con Guatemala donde existe un importante número de migrantes irregulares en tránsito desde hace algunos años, dentro de los cuales están los cubanos.2 Se refiere al muro fronterizo que divide México de Estados Unidos.

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La historia de Daniela: la travesía hacia Estados Unidos (I)

Daniela Sánchez, una joven de 33 años nacida en Caimito, provincia Artemisa, abogada de profesión, casada recientemente y sin hijos, decidió emprender el camino hacia Estados Unidos el año pasado: “demasiada ‘obstinación’, demasiado sigilo, miedo a que te cojan en una ilegalidad cuando no se puede vivir de otra manera; en fin, pocas opciones para el futuro”. Y así fue como organizó y emprendió su travesía, vendiendo lo que se pudiera en Cuba y apoyada por la familia de Estados Unidos. Esta es la historia de su “travesía”:Me fui de Cuba el ocho de febrero de 2022 haciendo escala de siete horas en Panamá, siete horas en Costa Rica, una hora en El Salvador y de ahí a Nicaragua, todo por avión. Llegando a Nicaragua, estaba allí el “contacto” para el viaje, una persona que nos llevó en bus por Nicaragua hasta llegar muy cerca de Honduras. Allí nos quedamos en un lugar que tenía pésimas condiciones, prácticamente no podíamos ni acostarnos porque estábamos todos pegados en el piso, en un piso de tierra y en una casa sin ventanas donde no nos pudimos bañar ni podíamos ver para afuera. Eso sí, nos trajeron comida en “termopack” a pesar de las malas condiciones en que estábamos.La nueva oleada migratoria cubana hacia Estados UnidosDe allí salimos y nos montaron en buses por grupos. Llegaron alrededor de cinco o seis buses de esos grandes, de esos ómnibus grandes de capacidad como de cincuenta, sesenta personas, no recuerdo bien, que nos cruzaron la frontera y nos transportaron por todo Honduras. Allí nos paraba todo el tiempo la policía. Ellos nos decían que, si no les dábamos dinero, nos regresarían a Nicaragua o nos cogerían presos. Íbamos en grupos de ochenta, setenta personas, viajábamos en grupos grandes, y eran filas y filas de guaguas, caravanas de guaguas…En Honduras casi toda la travesía fue así, hasta que llegamos a una ciudad, no sé, yo confundo los lugares, imagínate, pero la travesía duró casi un día, allí prácticamente no se durmió, todo el tiempo fue en bus.Cruzamos la frontera con Guatemala en la noche y nos hospedaron en un hotel. Temprano, al otro día, nos llevaron a una estación de ómnibus y cogimos uno hasta el final de Guatemala y allí fue el mismo proceso: “dinero va, dinero viene” a la policía guatemalteca: veinte pesos, treinta pesos, cincuenta pesos, lo que ellos quisieran pedir con el chantaje de que, si no les dábamos, nos viraban o nos deportaban para Cuba. Aunque sabíamos que no había extradición porque esos países no pueden extraditar gente a Cuba, uno siempre tiene miedo de que te apresen, de que te regresen a Nicaragua, y por eso uno coge y les da el dinero que piden, porque el objetivo es llegar al destino final y no regresar a Cuba. Muchos exclamaban en el camino que preferían quedarse sin dinero, incluso quedarse trabajando en “algún país de esos”, antes que regresar a Cuba.En Guatemala, cerca de la frontera, nos hospedaron en un hotel pequeño. Allí estuvimos alrededor de dos días pues los guías nos dijeron que era un poco difícil pasar para México. Y, cuando lo logramos finalmente, la estadía fue de muchísimo más tiempo porque yo salí de Cuba el ocho o el nueve de febrero, ya estaba en México el 14 de febrero y recién me entregué en la frontera de Estados Unidos el seis de marzo…así que mi travesía más larga fue en México, 21 días más o menos.Estuvimos tres o cuatro días en Tapachula 1 en condiciones pésimas. Nos pusieron en una especie de bodega con edredones en el piso, porque no eran colchones, sino edredones que, por supuesto, antes habían sido utilizados por cien mil personas más, imagínate las condiciones en que estaban. Allí dormimos en el piso, aunque nos daban desayuno, almuerzo y comida. Me impactó que Tapachula no parecía una ciudad mexicana por tantos y tantos cubanos que había: estaba llena, llena de cubanos, era una oleada tan grande de cubanos que me parecía que estaba en un barrio marginal de Cuba de tantos cubanos que había, tanta cantidad de gente que, cuando llegaba la comida a una escuelita que funcionaba como comedor improvisado, había “colas” de miles y miles de personas, miles…Y cuando llegó el día para salir de la ciudad estaba todo parado porque, según “ellos” (los polleros), no les habían dado “luz verde” (las autoridades), y el día que finalmente nos montaron en los transportes, salimos unos cuantos grupos y no los miles de personas que había en la ciudad.Allí nos dividieron por bodegas y nos montaron en camiones, sentados uno al lado del otro. Todos estábamos bien apretaditos y las mochilas en el piso debajo de nosotros para que cupieran cincuenta personas por camión. Ese día vi alrededor de siete u ocho camiones, ya te podrás imaginar la cantidad de personas que éramos y, aun así, se quedó más de la mitad en Tapachula.Desde allí nos llevaron a otro lugar donde nos cuidaron porque éramos su “mercancía” —porque así yo me sentía, como una mercancía—, y allí estuvimos varios días, con muchísimos cubanos también. Nos fueron sacando en lanchas en un viaje de una hora o un poco más hasta llegar a las costas, creo, de Oaxaca. Cuando tocamos tierra, tuve que hacer un viaje muy pesado en una camioneta 4×4 que pensé que nos íbamos a matar. Yo me decía: “hasta aquí llegamos”, pues íbamos a una velocidad extrema y sentí que no iba a quedar nadie vivo… pero sobrevivimos y llegamos a la Ciudad de Oaxaca.Desde allí nos fuimos por avión hacia la frontera, a Mexicali, y llegamos a una carretera tipo “ocho vías” muy desolada. Me di cuenta de que ya estábamos en el desierto. Cruzamos una cerca y caminamos alrededor de cuatro horas. Era un lugar muy árido y el recorrido muy cansado. Las mujeres se sentaban agotadas, hubo una muchacha que se desmayó, a otra le dio asma que pensábamos que no iba a poder seguir, y así… Yo me “ataqué” cuando vi eso y empecé a llorar: una muchacha muchísimo más joven que yo, veinticuatro años, con aquel ataque de asma y no había forma de que se recuperara. Por suerte, una de las personas que nos estaba guiando tenía salbutamol y con eso se reanimó un poco.Cuando llegamos hasta un determinado lugar de la frontera, los “guías” nos dijeron que no nos podían acompañar más porque en esa zona no podían estar, así que seguimos caminando solos alrededor de una hora y, según las indicaciones que nos dieron, sabíamos que debíamos subir una loma y después bajarla para ver “el Muro 2”, y allí teníamos que empezar a bordearlo.En esa parte del trayecto tuvimos que caminar tanto y el cansancio era tan grande que yo pensé que nunca iba a llegar al lugar donde estaba ese “Muro”: era “camine que te camine, camine que te camine, camine, camine…”Y, cuando finalmente ya estaba pegada al “Muro”, había que bordearlo por una loma alta, alta, alta, y ahí fue cuando se me acabaron las fuerzas, tanto así que ya no quería caminar más.Creo que pude llegar gracias a los hombres que estaban en la “travesía”. Ellos me dieron ánimo y me cogieron por las manos y prácticamente me llevaron, porque yo dije que no podía más, ¡porque era una caminata!, imagínate, por el desierto, y donde nos hundíamos permanentemente en la arena, que era muy suave. Además, nos metíamos en huecos, nos caíamos, nos llenábamos de espinas por la cantidad de matas con espinas que hay, de cactus que hay en el desierto, no, no, no, que va, fue tremendo. Yo creo que fue una de las peores cosas, el final; para mí fue lo peor de la travesía.Allí los hombres tuvieron que ayudar a las mujeres, porque no era solamente yo la que no podía subir. Era una loma inmensa, inmensa, y la arena no te ayudaba porque era arena del desierto, esa con la que te hundes, te caes todo el tiempo…Yo lo único que hacía era aguantarme con una mano de las rejas del muro, mientras un hombre me empujaba un hombro con la mochila por atrás y otro me ayudaba con el otro brazo por delante. Entonces, cuando doblamos por el “Muro” nos dimos cuenta de que había que bajar la loma de nuevo y todos, incluso los hombres, nos sentamos como diciendo “ya no podemos más”…Pero ahí todo el mundo ¡ay! no te puedo explicar, fue uno de los sentimientos más hondos, un sentimiento profundísimo porque todo el mundo estaba llorando: llanto, y llanto y llanto…Porque nos dimos cuenta de que lo habíamos logrado, que no nos habían venido a buscar todavía pero ya estábamos en el “otro lado”, en tierra americana, y del tiro sacamos fuerzas de donde no teníamos y bajamos aquella loma como “un tiro”: todo el mundo llorando, todo el mundo rapidito, rápido, rápido, rápido, y acto seguido llegaron… llegaron ellos en los camioncitos esos ¿sabes?Me recuerdo como si fuera hoy: un muchacho gringo él, rubio americano; una rubiecita americana; y un muchacho alto, trigueño, muy agradable, cubano, por cierto, que dijo que había llegado allá desde niño y nos trató muy bien. Nos dijeron “Bienvenidos a la Tierra de la Libertad” … ¡Imagínate!, todos llorando: los hombres, las mujeres, todo el mundo llorando de la alegría…Nos dijeron que nos sentáramos, que nos quitáramos los cordones, los abrigos, las cosas que teníamos dobles, las “felpas”, los aretes en el caso de las mujeres… Entonces nos dieron unos “nylon”, unos plásticos para meter las mochilas, los cordones, cosas así. Montaron a las mujeres en un lado y a los hombres en el otro, y recorrimos cantidad de kilómetros y nos demoramos muchísimo en llegar, pues parece que se da una vuelta, no sé por qué, y no se veía nada para fuera, nada más por unos huequitos…Continuará…***Notas:1 Ciudad mexicana perteneciente al estado Chiapas y fronteriza con Guatemala donde existe un importante número de migrantes irregulares en tránsito desde hace algunos años, dentro de los cuales están los cubanos.2 Se refiere al muro fronterizo que divide México de Estados Unidos.

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Cuba devuelve otro grupo de migrantes haitianos

Las autoridades cubanas repatriaron este miércoles a 178 migrantes haitianos que habían recalado en las costas al norte del municipio Caibarién, de la provincia central Villa Clara, informaron este miércoles medios estatales.La vicegobernadora de Villa Clara, Milaxy Sánchez, dijo que la operación de retorno de los migrantes se efectuó en virtud de los compromisos internacionales en materia de migración, de los que Cuba es parte, según la agencia Prensa Latina.#Cuba | Un total de 178 migrantes haitianos que recalaron hace unos días por las costas del municipio villaclareño de #Caibarién, ya regresaron a su país de origen, por vía aérea, desde el aeropuerto internacional Abel Santamaría, de #VillaClara. pic.twitter.com/MlZJvKtwdI— Portal del ciudadano Villa Clara (@portal_villa) July 6, 2022El grupo de haitianos, integrado por 31 niños, 46 mujeres y 101 hombres, viajaban a finales de junio pasado en una embarcación que zozobró frente al litoral de cayo Francés, y fueron rescatados y atendidos en un alojamiento temporal hasta ser devueltos a su país por vía aérea.El pasado 24 de mayo, otra embarcación con 842 personas procedentes de Haití y que tenía como objetivo llegar a territorio estadounidense recaló en las costas de Caibarién.Ese numeroso grupo de emigrantes fue devuelto a su país en seis vuelos con salida desde el aeropuerto internacional Abel Santamaría, de Villa Clara.Cuba: rescatan a nuevo grupo de migrantes haitianosSegún los datos oficiales citados por Efe, de 2001 a 2021, solo a la provincia cubana de Guantánamo -en el extremo oriental de Cuba- habían llegado un total de 76 embarcaciones en las que viajaban más de 4000 inmigrantes haitianos.Efe/OnCuba.

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Cuba devuelve otro grupo de migrantes haitianos

Las autoridades cubanas repatriaron este miércoles a 178 migrantes haitianos que habían recalado en las costas al norte del municipio Caibarién, de la provincia central Villa Clara, informaron este miércoles medios estatales.La vicegobernadora de Villa Clara, Milaxy Sánchez, dijo que la operación de retorno de los migrantes se efectuó en virtud de los compromisos internacionales en materia de migración, de los que Cuba es parte, según la agencia Prensa Latina.#Cuba | Un total de 178 migrantes haitianos que recalaron hace unos días por las costas del municipio villaclareño de #Caibarién, ya regresaron a su país de origen, por vía aérea, desde el aeropuerto internacional Abel Santamaría, de #VillaClara. pic.twitter.com/MlZJvKtwdI— Portal del ciudadano Villa Clara (@portal_villa) July 6, 2022El grupo de haitianos, integrado por 31 niños, 46 mujeres y 101 hombres, viajaban a finales de junio pasado en una embarcación que zozobró frente al litoral de cayo Francés, y fueron rescatados y atendidos en un alojamiento temporal hasta ser devueltos a su país por vía aérea.El pasado 24 de mayo, otra embarcación con 842 personas procedentes de Haití y que tenía como objetivo llegar a territorio estadounidense recaló en las costas de Caibarién.Ese numeroso grupo de emigrantes fue devuelto a su país en seis vuelos con salida desde el aeropuerto internacional Abel Santamaría, de Villa Clara.Cuba: rescatan a nuevo grupo de migrantes haitianosSegún los datos oficiales citados por Efe, de 2001 a 2021, solo a la provincia cubana de Guantánamo -en el extremo oriental de Cuba- habían llegado un total de 76 embarcaciones en las que viajaban más de 4000 inmigrantes haitianos.Efe/OnCuba.

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Se fractura caravana de inmigrantes que pretende llegar a la frontera sur de EEUU

La caravana con cerca de 5 000 migrantes que esta semana salió de Tapachula, en la frontera mexicana con Guatemala, se fracturó el jueves después de recorrer apenas unos 50 kilómetros. Un grupo sigue caminando hacia el norte. Otro, que integran sobre todo mujeres y niños rezagados, intenta conseguir algún documento temporal mexicano para moverse en el país sin peligro de ser detenidos.En declaraciones a la agencia AP, el venezolano Junior Ramírez y su familia de unas 15 personas optaron por pedir los documentos. Este jueves esperaban frente a un puesto del Instituto Nacional de Migración, en las afueras de Huixtla, donde la caravana pernoctó el martes y el miércoles antes de dividirse.“Hasta ahora no nos han dicho si nos los van a dar o no [los documentos], a otros compañeros ya se los dieron y ya se fueron. Lo único que queremos es seguir adelante”, dijo Ramírez, quien pasó la noche del miércoles frente a las instalaciones oficiales esperando su turno.Según explicó Luis García Villagrán, activista del Centro de Dignificación Humana, que acompaña la caravana, las autoridades están emitiendo documentos que les dan a las personas entre 30 y 180 días para salir del país por alguna de las fronteras o para iniciar los trámites de regularización pidiendo refugio.El activista agregó que quienes los consiguen suelen apartarse del grupo y seguir por su cuenta el camino hacia el norte ya que, en teoría, con ellos no deberían ser detenidos.[embedded content]Esta caravana, la más grande de este año, está integrada en su mayoría por venezolanos que provienen de Colombia, pero también por centroamericanos y caribeños. Salieron de Tapachula el lunes en protesta por la lentitud de los trámites para poder migrar de forma regular, pero también para llamar la atención de los líderes del continente que esta semana están reunidos en Los Ángeles en la Cumbre de las Américas para hablar, entre otros temas, de migración.Durante los últimos meses las autoridades mexicanas optaron por desactivar otras caravanas ofreciendo a los migrantes autobuses y la posibilidad de regularizar su situación en otros estados. Frente a las instalaciones de Migración, situadas en plena carretera, una pareja de venezolanos, Josué Mendoza Rojas y Josmar de Nazaret Cárdenas, intentaba decidir qué hacer: si esperar en la Aduana o alcanzar a la caravana en el siguiente poblado.“Está todo congestionado”, dijo Mendoza mostrando la confusión que se vivía y cómo los propios migrantes estaban intentando organizarse haciendo listados por su cuenta. “Hay muchas listas, tienen como 40 listas y algunas gentes se están yendo así sin el papel, dicen que van a seguir la marcha”, indicó. “Todavía no sabemos qué hacer».La pareja salió hace dos meses de Venezuela. En Tapachula, donde pasaron un mes, pidieron asilo, pero les dieron cita para agosto. Y ante la falta de recursos para esperar hasta esa fecha, decidieron sumarse a la caravana.El año pasado México batió récords al recibir más de 130 000 solicitudes de asilo, el triple que en 2020, cuando apenas superaron las 40 000, por lo que la oficina que las gestiona está desbordada. En lo que va de 2022, según cifras oficiales, ya se han recibido casi 50 000 solicitudes, un 20% más que durante el mismo periodo del año pasado.

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Se fractura caravana de inmigrantes que pretende llegar a la frontera sur de EEUU

La caravana con cerca de 5 000 migrantes que esta semana salió de Tapachula, en la frontera mexicana con Guatemala, se fracturó el jueves después de recorrer apenas unos 50 kilómetros. Un grupo sigue caminando hacia el norte. Otro, que integran sobre todo mujeres y niños rezagados, intenta conseguir algún documento temporal mexicano para moverse en el país sin peligro de ser detenidos.En declaraciones a la agencia AP, el venezolano Junior Ramírez y su familia de unas 15 personas optaron por pedir los documentos. Este jueves esperaban frente a un puesto del Instituto Nacional de Migración, en las afueras de Huixtla, donde la caravana pernoctó el martes y el miércoles antes de dividirse.“Hasta ahora no nos han dicho si nos los van a dar o no [los documentos], a otros compañeros ya se los dieron y ya se fueron. Lo único que queremos es seguir adelante”, dijo Ramírez, quien pasó la noche del miércoles frente a las instalaciones oficiales esperando su turno.Según explicó Luis García Villagrán, activista del Centro de Dignificación Humana, que acompaña la caravana, las autoridades están emitiendo documentos que les dan a las personas entre 30 y 180 días para salir del país por alguna de las fronteras o para iniciar los trámites de regularización pidiendo refugio.El activista agregó que quienes los consiguen suelen apartarse del grupo y seguir por su cuenta el camino hacia el norte ya que, en teoría, con ellos no deberían ser detenidos.[embedded content]Esta caravana, la más grande de este año, está integrada en su mayoría por venezolanos que provienen de Colombia, pero también por centroamericanos y caribeños. Salieron de Tapachula el lunes en protesta por la lentitud de los trámites para poder migrar de forma regular, pero también para llamar la atención de los líderes del continente que esta semana están reunidos en Los Ángeles en la Cumbre de las Américas para hablar, entre otros temas, de migración.Durante los últimos meses las autoridades mexicanas optaron por desactivar otras caravanas ofreciendo a los migrantes autobuses y la posibilidad de regularizar su situación en otros estados. Frente a las instalaciones de Migración, situadas en plena carretera, una pareja de venezolanos, Josué Mendoza Rojas y Josmar de Nazaret Cárdenas, intentaba decidir qué hacer: si esperar en la Aduana o alcanzar a la caravana en el siguiente poblado.“Está todo congestionado”, dijo Mendoza mostrando la confusión que se vivía y cómo los propios migrantes estaban intentando organizarse haciendo listados por su cuenta. “Hay muchas listas, tienen como 40 listas y algunas gentes se están yendo así sin el papel, dicen que van a seguir la marcha”, indicó. “Todavía no sabemos qué hacer».La pareja salió hace dos meses de Venezuela. En Tapachula, donde pasaron un mes, pidieron asilo, pero les dieron cita para agosto. Y ante la falta de recursos para esperar hasta esa fecha, decidieron sumarse a la caravana.El año pasado México batió récords al recibir más de 130 000 solicitudes de asilo, el triple que en 2020, cuando apenas superaron las 40 000, por lo que la oficina que las gestiona está desbordada. En lo que va de 2022, según cifras oficiales, ya se han recibido casi 50 000 solicitudes, un 20% más que durante el mismo periodo del año pasado.

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Su nombre es Manuel y está en el “Paso del Norte”

“—Me voy lejos, padre; por eso vengo a darle el aviso.—¿Y pa ónde te vas, si se puede saber?—Me voy pal Norte. —¿Y allá pos pa qué? ¿No tienes aquí tu negocio? ¿No estás metido en la merca de puercos? —Estaba. Ora ya no. No deja. La semana pasada no conseguimos pa comer y en la antepasada comimos puros quelites. Hay hambre, padre; usté ni se las huele porque vive bien.—¿Qué estás ahi diciendo?—Pos que hay hambre. Usté no lo siente. Usté vende sus cuetes y sus saltapericos y la pólvora y con eso la va pasando. Mientras haiga funciones, le lloverá el dinero; pero uno no, padre. Ya naide cría puercos en este tiempo. Y si los cría pos se los come. Y si los vende, los vende caros. Y no hay dinero pa mercarlos, demás de esto. Se acabó el negocio, padre.—¿Y qué diablos vas a hacer al Norte? —Pos a ganar dinero. Ya ve usté …” Juan Rulfo, “Paso del Norte” (1953).  Manuel Pérez Mendoza, cubano de 32 años, natural de la Isla de la Juventud, se encuentra en Ciudad Juárez desde el lunes 2 de mayo. Allí lo devolvió la Patrulla Fronteriza después de haberlo retenido una semana y unos cuantos días. A pesar de que le informaron que lo llevarían a una institución religiosa, supuestamente en territorio estadounidense, fue trasladado junto a otros migrantes al lado mexicano de la frontera, donde lo esperaba personal del Instituto Nacional de Migración (INM) y la Guardia Nacional.Allí le informaron que las políticas habían cambiado para los cubanos y, como el resto de los migrantes que arribaban de manera ilegal a la frontera, estaba siendo devuelto a México en virtud de la revitalización del “Título 42”1  o el Programa “Quédate en México”2, no especificaron más.De nada sirvieron los gritos, lágrimas y protestas. Manuel fue abandonado en la joroba del puente que entrelaza y divide idénticas geografías y mundos diferentes; un puente irónicamente nombrado “Paso del Norte” que se alza, ignorante y ajeno, sobre los sueños rotos que dejan los migrantes a su paso.La nueva oleada migratoria cubana hacia Estados UnidosNacido en 1990, en los inicios de la crisis más profunda que sufrió Cuba después de 1959, la niñez y juventud de Manuel estuvieron marcados por mejores y peores experiencias, con ilusiones de que las cosas podían mejorar y socavones que hacían caer en picada y tener que volver a empezar a quienes lo rodeaban.Hijo de unos jóvenes de las provincias orientales que fueron a estudiar a la Isla de la Juventud y allí hicieron sus vidas, ha vivido década tras década la acumulación de decepciones y sueños que se van al pairo en una isla pequeña dentro de un archipiélago mayor, donde las dificultades económicas se han ido incrementado, a la par que la reducción de su población vía la emigración a otras zonas de Cuba o al exterior del país.  En esa marea continua que arrebata sueños y gente algunos de sus familiares, incluido un hermano, arribó a Estados Unidos a través de Ecuador antes de que Barack Obama derogara la política “pies secos, pies mojados”, mientras él se iniciaba en el trabajo por cuenta propia (construyendo y rehabilitando viviendas) con las transformaciones socioeconómicas impulsadas en la “era raulista”.3Sin embargo, como tantos otros cubanos, decidió emprender el camino hacia “el Norte” porque “ya no aguantaba más, ya no podía aguantar más”. Con un niño pequeño, la pandemia de coronavirus, la falta de opciones económicas, los “apagones” y las dificultades siempre crecientes de la vida cotidiana, “irse” se ha convertido en la única opción posible según su opinión: “las colas para obtener cualquier cosa, sobre todo cuando hay niños chiquitos; suplicar a las personas para que te compren con sus tarjetas, porque tienes que tener tarjetas en dólares, si no, no te venden nada”; y porque “tú sabes que las cosas no van a mejorar, todo es para peor (…) Tú pensabas que con los cambios las cosas iban a mejorar pero nada, todo está cada vez más malo (…) Mi hermano se tuvo que ir y ahora me tocó a mí”.Con el dinero que lograron pedir prestado sus familiares en Miami, Manuel pudo pagarse el avión para llegar a La Habana y de ahí a Nicaragua, el país más utilizado para iniciar el camino hacia Estados Unidos porque no solicita visa a los cubanos actualmente. En Managua pagó a los “coyotes” para que lo cruzaran por distintas naciones y fronteras: El Salvador, Honduras, Guatemala hasta llegar a México. En ese último país lo conectaron con mexicanos en Tapachula que lo llevaron con otros migrantes a un lugar aislado y desértico entre Chihuahua y Texas, un trayecto para nada fácil, lleno de demoras, peligros y dificultades que terminó en un vehículo hacinado de personas cerca de “El Paso”, donde una patrulla fronteriza de Estados Unidos lo detuvo y lo llevó a un albergue.Ya consignado, Manuel esperaba que, como había sabido por los rumores que corrían entre sus amistades y los cubanos que conoció en el camino, le realizarían la entrevista de rigor, le tomarían las huellas dactilares y lo enviarían, más tarde o más temprano, con su familia en Florida para esperar la decisión del juez sobre su caso, o al consabido año y un día para acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.Cuba, crisis migratoria actual: características y testimonios (I)Pero las cosas no siguieron los cauces acostumbrados. A su grupo lo separaron por sexo, les dieron un uniforme, los ubicaron en un espacio aislado y, al cabo de varios días, devolvieron a los hombres a México sin muchas explicaciones y con información engañosa o poco clara según los relatos de los entrevistados.  Sin tener información certera pues las autoridades solamente les refirieron que los devolvían a México “por el Título 42”, algunas personas del grupo huyeron para volver a intentar cruzar, otros hicieron llamadas por teléfono, mientras que Manuel y otros migrantes deambularon por Ciudad Juárez buscando comida y un hotel para pasar la noche.Así supo que los “americanos” lo habían expulsado pues tenían muchos migrantes y no podían encargarse de todos. Aunque hicieron excepciones con los cubanos, nicaragüenses y venezolanos en meses anteriores, ahora parecía que solamente estaban aceptando solamente a algunos. Tal y como referían los paisanos residentes en la ciudad, no estaba claro qué estaba pasando: “las cosas están cambiando rápido, no se sabe qué irán a hacer mañana (las autoridades norteamericanas) o qué opciones tenemos aquí (en Ciudad Juárez). Mira, ahora mismo pueden dejarte en Estados Unidos y hacer tus trámites, o mandarte para México, no se sabe, y aquí nadie se hace cargo de ti …”.La sensación de incertidumbre y peligro por estar solo en un lugar extraño era una experiencia nueva para Manuel. Aunque salió de Cuba sin preocuparse mucho por el camino y sus posibles complicaciones, ahora llegaban a su mente, como un caótico remolino, todos los problemas y peligros a los que se había enfrentado y los que faltaban por vencer para ofrecer un futuro a su gente. Si lograba llegar allá, a Estados Unidos, podría enviar ayuda económica a los que se habían quedado en Cuba y, con el tiempo, reclamar a los que se pudiera: a su hijo, su mujer, sus padres…Lo que desconocía Manuel era que, desde el inicio de la pandemia de coronavirus, Donald Trump había puesto en marcha una oscura práctica conocida como “Título 42” que permite devolver de forma expedita a las personas que llegan a territorio estadounidense de manera irregular. En virtud de esa política, ya se habían expulsado 1,833,824 personas desde 2020 y sin preguntarles ni siquiera el nombre.Debido a la falta de acuerdos entre Estados Unidos y Cuba, no se habían podido devolver a los cubanos que llegaban por la frontera, pero ante el incremento de las llegadas de insulares y las crecientes dificultades para lidiar con su número, el presidente Biden acordó con México devolverlos a su territorio en el entendido de que ese país, por tener acuerdos migratorios y buenas relaciones diplomáticas con Cuba, estaría en mejores condiciones para bregar con el problema.Aunque ni siquiera es consciente de ello, a las tensiones y negociaciones entre el país de origen, tránsito y posible destino le debe Manuel su situación actual. En el complicado ajedrez geopolítico, un joven cubano desconocido que se llama Manuel se ha convertido en otra moneda de cambio, en un “otro” despreciado por estados propios y ajenos que intenta, a pesar de ello o quizá por esa razón, sobrevivir con todas sus fuerzas para llegar “al otro lado”.Pensativo, mirando desde lejos a las naciones que no lo ven ni les importa, bajo el sol abrazador de Juárez, Manuel piensa sobre cuánto le cobrará el “pollero” para volver a cruzar, por qué zona de la frontera lo llevará y cuán seguro puede estar en un lugar donde hasta los niños trabajan para los “narcos”. Se dice a sí mismo, con voz queda, que no importa, lo volverá a intentar una y otra vez hasta lograrlo, porque su familia lo espera en una pequeña isla dentro del archipiélago mayor, una ínsula que alguna vez fue el territorio de los jóvenes y de la esperanza pero ya no, ahora los sueños están depositados en los que parten… Ensimismado en sus pensamientos, Manuel empieza a caminar sin rumbo fijo hasta encontrarse con guardias fronterizos que le preguntan por su identidad y qué hace ahí. De manera clara y con los ojos fijos en sus interlocutores responde: “Mi nombre es Manuel, soy cubano, y estoy en El Paso del Norte”.***Notas:1 A inicios de 2020, y en el contexto de la pandemia de coronavirus, el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) emitió una orden de salud pública que otorgaba a dicha instancia la autoridad para determinar si una enfermedad contagiosa en el extranjero representaba un peligro para Estados Unidos. Bajo dicho argumento, se estipuló que todos los migrantes que llegaran a la frontera podían ser devueltos a su país de origen o al último de tránsito de manera expedita y sin darles la oportunidad de solicitar asilo. Esta medida, duramente criticada por atentar contra los derechos humanos de las personas, ha suscitado importantes controversias pero, hasta la actualidad, sigue vigente. Ver al respecto, Catherine E. Shoichet, ¿Qué es el Título 42? Una política fronteriza que permite la deportación rápida y que genera debate”, 26 abril de 2022, CNN en Español.  2 El 25 de enero de 2019 los presidentes de Estados Unidos (Donald Trump) y de México  (Andrés Manuel López Obrador), pusieron en marcha el programa “Quédate en México” o MPP (Protocolos de Protección a Migrantes). En virtud de este acuerdo, los oficiales fronterizos estadounidenses devuelven a México a las personas solicitantes de asilo para esperar por la decisión del juez sobre su caso. Este programa, con sus variaciones, se ha mantenido durante la administración Biden, lo cual sigue obligando a los migrantes a permanecer meses o años en las peligrosas ciudades de la frontera mexicana en condiciones de extrema vulnerabilidad. Ver al respecto Human Right Watch, “Quédate en México. Información y recursos”, 7 de febrero de 2022.3 Con posterioridad a la llegada de Raúl Castro al gobierno del país, en 2008, comenzó a desarrollarse el llamado proceso de “actualización”, un conjunto de iniciativas económicas y sociales para mejorar el desempeño económico sin renunciar al modelo socialista, tal y como se argumentó en el “Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social”. En ese contexto, y en el marco del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en 2011, se aprobaron una serie de medidas como la entrega de tierras ociosas en usufructo y se incentivó el cuentapropismo.

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Cuba, crisis migratoria actual: características y testimonios (I)

Como los vientos que vienen y van, así han sido los movimientos de personas que llegan y parten de Cuba: gente que arriban sin quererlo, obligadas por el contexto, o queriéndolo con todas sus fuerzas; otras que se han marchado en busca de nuevos horizontes, impulsadas por privaciones o forzadas por distintas circunstancias; y algunas más que se marchan y retornan para partir de nuevo…o quedarse.Cuba el archipiélago, la isla grande del mar Caribe, ha sido —y es— el epicentro de un continuo movimiento humano que viene y va. Ese ir/volver, irse/viniendo, también es parte consustancial de eso que llamamos “identidad cubana” con su complejidad de creencias, valores y prácticas que trascienden las fronteras para ser y expresarse más allá de “la circunstancia de tanta isla”.Los movimientos de personas desde Cuba hacia otros países, especialmente hacia Estados Unidos, ha sido un lugar común desde el siglo XIX y, con posterioridad a 1959, una tendencia impulsada y modelada por las transformaciones y circunstancias internas de la Isla, el devenir migratorio de los cubanos, y por las políticas y “momentos” de las relaciones Cuba-Estados Unidos especialmente. Su manifestación más intensa y extrema ha sido la emigración, por vías no convencionales, de un importante volumen de personas en períodos muy cortos de tiempo.Hoy por hoy, estamos viviendo una nueva oleada migratoria que, aunque puede tener tendencias muy parecidas a la observada en el contexto del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos (2015-2017), se realiza en un momento más complejo. Ya no sólo se trata de arribar por tierra y de manera irregular a Estados Unidos con todo lo que conlleva en términos de riesgo y vulnerabilidad, sino que la presencia del coronavirus, las políticas migratorias restrictivas por parte de EE.UU. a las salidas regulares de cubanos, el recrudecimiento de la crisis interna en el país, y las consecuencias del ajedrez geopolítico de ambas naciones donde el movimiento migratorio ha sido una pieza clave de las diferentes agendas gubernamentales1, ha generado un escenario difícil e inseguro para los migrantes cubanos.  Los migrantes cubanos que actualmente están arribando irregularmente a Estados Unidos provienen de la casi totalidad de las provincias cubanas, tienen diversos orígenes socioeconómicos y se caracterizan, en su inmensa mayoría, por tener relaciones y vínculos familiares en Estados Unidos que apoyan de manera decisiva la realización de un largo y extenuante trayecto movilizando recursos económicos, sociales, de información, y un largo etcétera. Aunque la trayectoria para arribar a la frontera estadounidense es muy diversa, la eliminación del visado por parte de Nicaragua desde finales de 2021 es uno de los elementos más relevantes que ha detonado esta profusa corriente migratoria la cual ha devenido una “válvula de escape” ante las presiones migratorias de Estados Unidos y la crisis interna.La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (I)Pero esta vez, a diferencia de lo sucedido en “Camarioca”, “El Mariel” o “la crisis de los balseros”, la inmensa mayoría de los migrantes no abandona Cuba por mar, aunque esa vía de salida también se ha incrementado en los últimos tiempos. Actualmente predominan los itinerarios por aire hacia el continente americano, especialmente a Nicaragua, pero también hacia otras naciones como Panamá, Ecuador, Brasil, etc., para realizar el camino por tierra atravesando una diversidad de países hasta llegar a la frontera entre México y Estados Unidos. Auxiliados por “polleros” o “coyotes”, los itinerarios de esta migración dentro de México no son unívocos, sino que se bifurcan, cambian, se trastocan para evadir a las autoridades que no han sido compradas o debido al aumento de los controles fronterizos y expulsiones de migrantes en ciertas zonas.Así, el recorrido desde la Frontera Sur a la Norte se realiza a través de rutas ilegales, inseguras, y por lugares inhóspitos controlados muchas veces por el “narco” y donde los migrantes están a merced de las personas que los transportan y guían. Si se tiene la suerte de llegar sin contratiempos a algún estado fronterizo de Estados Unidos después de este viaje estresante y agotador, la situación que pueden enfrentar los migrantes cubanos suele ser muy diversa, pues no los reciben “con bombos y platillos”, como me refirió un cubano que realizó la travesía.Aunque ahora es muy poco probable que sean recluidos en una cárcel de Estados Unidos como ocurrió en los años posteriores a la eliminación de la política “pies secos, pies mojados”, o su devolución a México vía la política MPP o “Quédate en México”2 para esperar la comparecencia con un juez, ello no significa que la frontera esté abierta, como advirtió el Secretario de Seguridad Nacional hace pocos días”3, por lo cual la expulsión a México o la devolución al país de origen seguirán siendo prácticas generalizadas de la política migratoria de esta administración norteamericana. Sin embargo, es necesario señalar que la gestión migratoria es muy dispar y depende de la región fronteriza en la que los migrantes se encuentren, la nacionalidad y el número de migrantes que se debe gestionar/atender, y si existen o no instalaciones y personal migratorio encargado. Todo ello, en la práctica, se traduce en una diversidad de modalidades de gestión y de “enforcement” de la migración en general y de la cubana en particular, que puede variar de la noche a la mañana.La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (II)A la luz de la coyuntura actual, la cubana sigue siendo una “nacionalidad priorizada”, como también sucede con la nicaragüense o la venezolana4, pero los migrantes insulares no están exentos de ser administrados de acuerdo a las urgencias y prioridades estadounidenses. Así, aunque lo más usual es que les otorguen parole o la forma I-220A5, sobre todo si llegan en “unidades familiares”, ello no sucede con todos los compatriotas que arriban a territorio estadounidense. En ciertos lugares, como en Texas, y cuando existe un alto número de migrantes que excede la capacidad de las instalaciones para albergarlos, se ha observado que las autoridades migratorias echan mano de todo el “repertorio” de instrumentos para la regulación migratoria, sobre todo el “Título 42”, y devuelven a las personas hacia el lado mexicano de la frontera sin importar su nacionalidad, aunque esta acción no impide que vuelvan a cruzar cuantas veces sea necesario para lograr su objetivo.6Con este breve relato del contexto y tendencias generales de la migración de los últimos meses iniciaremos una serie de trabajos sobre la oleada migratoria cubana de los años veinte del siglo XXI: los motivos para migrar hacia Estados Unidos, su itinerario y experiencias migratorias. Gracias a la extraordinaria gentileza y solidaridad de las personas que nos compartieron sus difíciles y extenuantes experiencias, podemos conocer y atesorar las vivencias, sueños y aspiraciones de estos migrantes que nacieron fundamentalmente durante el “período especial” y la crisis del noventa, aunque en este movimiento migratorio participan cubanos de distintas generaciones. A todos ellos, muchas gracias por ofrecernos su tiempo e historias.***Notas:1 Ya sea para controlar el flujo migratorio irregular proveniente de la Isla para el caso de la administración Biden, o en función de relajar las restricciones económicas y políticas hacia el gobierno cubano por parte de Estados Unidos.2 El 25 de enero de 2019 los presidentes de Estados Unidos (Donald Trump) y de México (Andrés Manuel López Obrador), pusieron en marcha el programa “Quédate en México” o MPP (Protocolo de Protección a Migrantes). En virtud de este acuerdo, los oficiales fronterizos estadounidenses devuelven a México a las personas solicitantes de asilo para esperar por la decisión del juez sobre su caso. Ver al respecto Human Right Watch, “Quédate en México. Información y recursos”, 7 de febrero de 2022.3 “Las fronteras de EE.UU. no están abiertas, advierte el secretario Mayorkas a inmigrantes”, en La Opinión, 25 de mayo de 2022.4 Imelda García, “Expulsión de migrantes bajo Título 42 depende de su nacionalidad”, en Al DiaDallas, 2 de mayo de 2022.5 La USCIS (United States Citizenship and Immigration Sevices) define en su página que el permiso de permanencia temporal ‘parole’ “le permite a una persona que de otra manera resulta inadmisible o inelegible para ser admitido a Estados Unidos, viajar y permanecer en Estados Unidos por un período de tiempo.  Asimismo, la forma I-220A es un permiso para estar en libertad en Estados Unidos pero bajo supervisión de inmigración. Información disponible en https://www.uscis.gov/es/forms/exploremyoptions/humanitarianparole.6 American Inmmigration Council, “A Guide to Title 42. Expulsions at the Border”, mayo de 2022.

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La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (II)

Llegando a la otra orilla del río, allí mismo estaban los militares estadounidenses, quienes nos vieron incluso antes de llegar. “Vamos a ponernos aquí, que esta gente ya está cruzando”, fue lo que interpretamos todos viéndolos desde el agua. Nos pillaron en el río y nos clavaron la vista. Pero nunca hicieron ni el menor gesto por delatarnos, nos dimos cuenta de eso. Solo estaban esperando a que llegáramos. “Si llegas, te recibo, si te lleva el río, bueno, pero yo no estoy aquí para delatarte, ese no es mi trabajo”. Así entendimos el mensaje que nos estaban enviando.La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (I)Cuando tocamos tierra, se empezaron a acercar a nosotros. “Vamos, vamos, pónganse ropa seca que ya viene Inmigración a recogerlos”. Nos cambiamos ahí mismo, vimos bultos de ropa, zapatos, mochilas que habían dejado quienes habían pasado por ahí antes. Nos cambiamos, pusimos dentro de una bolsa los documentos y el celular. En eso se nos acercó Inmigración. “Están en Estados Unidos, somos de Inmigración. Y van a ser procesados. Por favor, apaguen los celulares. Ya están secos, nos vamos”. Y te guían y te montan en un van. Nada de esposas, ni de grilletes. En ese trance logré tirar una foto y grabar un audio para avisarle a mi familia, tanto en Estados Unidos como en Cuba, que había llegado a Estados Unidos, que estaba a salvo y no me había ahogado en el río.Recorrido de nuestra testimoniante por diferentes centros de detención dentro de EEUU hasta llegar al aeropuerto donde tomaría el avión para reunirse con sus familiares.En las carpas de Eagle PassEl oficial que nos recibió era un mexicano. Yo empecé a llorar de alegría y me dijo: “Tranquila, ya estás aquí, eres cubana, no te preocupes que no te va a pasar nada. Te van a aceptar en este país. Yo sé que ustedes están aquí por Biden, pero por favor, cuando estén allá dentro voten por Trump”. Eso me llamó mucho la atención porque lo que menos queríamos nosotros a esa hora era hablar de política.Nos dieron una bolsa y nos dijeron que echáramos ahí todo lo que llevábamos, nos quitaron las ligas del pelo, los cordones de los zapatos, aretes, prendas, todo. Y nos dijeron: “van para un centro de detención donde serán procesados”. Llegamos a ese lugar en unos pocos minutos.Autoridad estadounidense llevando migrantes para un centro de detención en Texas. Foto: Al Día Dallas.El centro no era un edificio sino unas tiendas de lona. Unas naves grandísimas, enormes, en Eagle Pass, Texas. Al llegar nos revisaron. A mí me mandaron a subirme el abrigo que llevaba puesto para verme los brazos, y el pulóver para verme el torso. Ahí descubrí que tenía hematomas. Enseguida mostraron mucho interés en saber si yo era víctima, si me habían maltratado, golpeado o violado. Dije la verdad: que no, que eran moretones que me había hecho en el camino.Nos entregaron entonces una planilla: nombre de padre y madre, país de nacimiento, dirección, si tienes una dirección en Estados Unidos, adónde vas, número de teléfono de la persona que se va a hacer cargo de ti en Estados Unidos… Empiezan a quitarte todo lo que traes en la bolsa y a botarte las cosas que no son necesarias. Yo traía escondido el pasaporte porque venía con la idea de que lo podía perder, y me sugirieron entregarme con el carné de identidad. Lo cosí entonces entre dos nasobucos. Así fue como lo pude pasar.De ahí te llevan a un salón enorme, donde empieza la espera para que te llamen. Una espera larga, pero te invade una sensación de tranquilidad: “ya llegué”. Pero no es para una entrevista sino solo para registrarte en el sistema. Te toman fotos y huellas dactilares, luego te pasan para otro salón y tienes que esperar a que te llamen por tu nombre. Cuando te llaman, te ponen una manilla en la muñeca con la información del lugar por donde entraste y con tu nombre. De ahí te llevan para otro salón, en el que tienes que esperar a que te digan para dónde vas.Centro de detención de migrantes en Eagle Pass, Texas. Foto: San Antonio Express-News.Ahí dividieron a nuestro grupo. Pusieron a los hombres en un lado, a la mamá con la niña en otro y a las mujeres en otro. Son como cubículos.LaredoEntonces nos trasladaron para Laredo. Un viaje bastante corto. En la carpa de Eagle Pass había un poco más de libertad, te podías mover, podías salir… en Laredo, no. Fue una sensación como de estar presos, detenidos. Ahí estuvimos cuatro días y en esos cuatro días nos topamos con todo tipo de funcionarios. El que solo hablaba inglés y te decía que no hablaba español, pero en el fondo sabías que te entendía.En un momento determinado, por algo que hice sin darme cuenta, pero nada del otro mundo, uno me dijo: “señora, esta no es su casa, usted está detenida, usted es una criminal”. Yo me quedé callada porque temía que me afectaran el proceso y no me dieran los papeles. Pero al otro día nos topábamos con funcionarios de origen mexicano. Y era todo lo contrario. Nos daban comida e incluso atención diferenciada a una embarazada, y hasta nos pusieron una TV para ver películas.Pero a todos nos trataban igual, al margen de nuestras nacionalidades. La única diferencia era al preguntar lo que iba a pasar contigo porque te pasas horas y horas sin saberlo. Y allá dentro la gente especula y habla sin saber. Entonces cuando ibas a buscar información con ellos, el funcionario te preguntaba siempre: “¿de dónde eres? ¿cubana? No te preocupes, tranquila, a los cubanos no los deportan, los cubanos entran fácil a este país”. Fue la única diferencia. A las que respondían: ”yo soy venezolana, colombiana, brasileña”… les decían: “bueno, tienes que esperar, te van a hacer una entrevista, te va a ser difícil”, etc.  Pero las que más malas las tenían eran las mexicanas. Las deportaban a granel.Allá dentro los únicos colores que ves son el blanco y el gris. No sabes cuándo es de noche ni cuándo de día. Había gente de El Paso, Mexicali, Piedras Negras…  Mexicanas, colombianas, venezolanas, brasileñas… Una mexicana estaba traumatizada porque había sido secuestrada, pero ni con eso le dieron la entrada al país porque antes de que nos dieran a nosotros la respuesta de si íbamos a entrar o no, a ella le dieron la orden de deportación. Y eso lo hicieron con todas las mexicanas.Carpas para procesamiento de migrantes en Laredo, Texas. Foto: Laredo Morning News.Nosotros pensábamos que nos iban a entrevistar por lo del miedo creíble, pero no fue así. Nos llamaban por grupos de 15, 20 personas. Nos acomodaban en unas cabinas telefónicas, a mí me preguntaron lo mismo que ya estaba en la planilla. Y ya. Intenté hablar acerca de mi miedo creíble, pero el oficial me dijo: “no, no, no, no, eso usted se lo tiene que decir al juez cuando le toque la fecha de la Corte”.Me dieron la fecha: 12 de diciembre de 2023. Me puse nerviosa porque era mucho tiempo. Empecé a llorar, me pasaron muchas cosas por la cabeza y me dieron asistencia médica. Muy distinto a la carpa. Casi no había medicamentos, demasiada gente dentro. Me mandaron a tomar agua y a ponerme compresas de hielo en la frente.Pues bien, al otro día de aquella entrevista me llamaron. Me pusieron en un grupo con más de 40 personas. Entonces fue que nos dijeron cómo íbamos a salir del centro de detención de Laredo. Me habían dado una planilla I-220 A, pero nunca me explicaron qué carajo era. Fue ahí cuando lo hicieron: “estás firmando un documento que dice que el gobierno de Estados Unidos te permite permanecer en el país hasta que llegue la fecha de tu Corte y puedas demostrarle a un juez tu miedo creíble. Él va a determinar qué hacer contigo, si te quedas o te deportan. Mientras tanto, el gobierno te va a dar un teléfono para tenerte bajo su radar”.Y así fue: una vez a la semana tengo que mandarles una foto con mi ubicación de manera que sepan que estoy donde prometí que iba a estar. Solo tengo autorización para moverme 70 millas a la redonda del lugar donde estoy parando aquí en la Florida.De El Cenizo al Aeropuerto Internacional de San AntonioVolviendo a Laredo, te dan entonces todos tus artículos personales y te montan en una guagua después de decirte que van a llevarte para una iglesia o para una institución que se dedica a ayudar a los migrantes. En mi caso, me tocó una iglesia en un lugar llamado El Cenizo. Allí me contaron que había 35 instituciones de ese tipo en el pueblo. Pero no es del todo gratis, hay que pagar ciertas cosas.Después de estar un tiempo con ellos, eso depende de tus condiciones y apoyo familiar, te mueven hasta la terminal del pueblo para que cojas una guagua y llegues al aeropuerto de manera que puedas aterrizar en tu destino. Pero, de nuevo, tienes que pagar ese viaje, de la misma manera en que hay que pagar por el boleto de avión, que fue cubierto, naturalmente, por mis familiares en este país.El Cenizo, Texas. Foto: Laredo Morning Times.En fin, me dejaron en aquella terminal de Laredo para coger una guagua hasta la de San Antonio, Texas. Alrededor de tres horas de viaje. Una vez en la terminal, tienes que gestionarte tú misma cómo llegar al aeropuerto para montarte en el avión.Salí como atontada del centro de detención. Lo único que quería era llegar a mi destino y estar de una vez por todas con mi familia. Al salir de la terminal empiezo a ver los edificios, los rascacielos. Empiezo a ver Estados Unidos. “Estoy en Estados Unidos”, me dije a mí misma como si no fuera verdad. Salí de Cuba con la idea de que iba a disfrutar las cosas de este país, que iba a tener todo lo que no tenía en Cuba, que me iba a deslumbrar. Y no fue así.Cuando me bajé en el aeropuerto lo primero que me deslumbró fue el aire en la cara. Nunca lo había disfrutado tanto. No sé si por haberme pasado cinco días detenida, sin saber cuándo era día o noche. Y junto con ese aire en la cara, una sensación de libertad, no sé si por eso mismo o por lo ahogada que me sentía en Cuba. Caminar libremente, sin ningún miedo, fue una sensación maravillosa.Aeropuerto Internacional de San Antonio, Texas. Foto: Airport Limo.Yo tenía el boleto electrónico para el siguiente día, pero preferí irme antes, dormir en el aeropuerto y no quedarme en aquel albergue; tampoco quería correr el riesgo de perder el vuelo en caso de producirse alguna contrariedad en el tramo de Laredo a San Antonio.El aeropuerto cierra las cafeterías y restaurantes a una determinada hora, pero la policía de allí tiene un lugar donde le dan refrigerios a los migrantes, son tantos. Quise imprimir el boleto electrónico y me acerqué a un funcionario del aeropuerto. Aparte de imprimirlo, me puso un sticker en el celular que decía en inglés: “yo no sé hablar inglés, por favor ayúdeme a encontrar la puerta”. Te lo dan porque muchas personas tienen que hacer vuelos de conexión en diferentes aeropuertos para llegar a sus destinos y no saben ni papa del idioma.Yo no tuve ese problema porque lo machaco un poco. Hice escala en Houston y me monté en el otro avión que me llevó a mi destino. Jamás había visto un aeropuerto tan grande, ni un tráfico tan grande de aviones. Eso me llamó mucho la atención.Y aquí estoy, prácticamente acabada de llegar. Y con un mundo de cosas por delante.

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La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (I)

Acaba de llegar a Estados Unidos después de un recorrido de más de 3 000 kilómetros. Como otros cubanos, para lograrlo desde Nicaragua tuvo que atravesar cuatro fronteras e innumerables riesgos en estos tiempos de coronavirus, narcotráfico y cólera.En Cuba se graduó de ingeniería agrónoma, pero la vida la empujó a varios empleos, uno de ellos fundar una tienda de ropa. Locuaz, desenvuelta y desinhibida, esta mujer de 33 años decidió aceptar nuestra solicitud de rememorar las tres semanas de su recorrido. “Nadie está preparado para una aventura de este tipo”, me dijo, entre otras razones por ignorar los peligros que yacen en un camino donde inseguridad, miedo e incertidumbre son tres palabras claves.Recorrido de más de 3 000 kilómetros realizado por nuestra entrevistada.De Camagüey a Las TrojesDecidí irme de Cuba porque no aguantaba más ni las privaciones ni la falta de futuro para los jóvenes. Me fui por Nicaragua. No me arriesgué a comprar el pasaje en Cuba, sino que familiares y amistades me prestaron el dinero en Estados Unidos y me lo compraron desde allí porque en Cuba muchas veces están estafando a las personas.Salí por el aeropuerto de Camagüey, me tocó ver familias separándose, llorando, hijos con sus madres, hermanas con hermanos, de todo.El vuelo hasta Managua fue normal. Al llegar al aeropuerto establecí conexión con el coyote por celular. No fue a buscarme, mandó a otra persona. De ahí me trasladaron a lo que ellos llaman una casa de seguridad, no sin antes cobrarme 400 dólares por el taxi de Managua a Jalapa, pueblo nicaragüense no lejos de la frontera con Honduras.Ahí mismo nos subieron a un motorcito hasta Las Trojes, Honduras. Nos bajaron en un punto y una persona nos cobró 80 dólares solo por decirnos lo que debíamos hacer. Nos mandaron a la Oficina de Migración a solicitar un salvoconducto, que cuesta 200 dólares. Aquello era una locura, había gente de todas las nacionalidades pidiendo papeles, como trescientas personas al día.Entonces se produjo un primer incidente feo: de noche escuchamos un tiroteo, los mismos hondureños nos dijeron que era un enfrentamiento entre policías y narcos, un trauma para nosotros porque en Cuba no estamos acostumbrados a nada de eso. Éramos 7 en total: 6 adultos y una niña, la mamá de la niña se puso muy nerviosa, el papá se arrepintió y quería regresar a Cuba hasta que pudimos convencerlo de lo contrario. Fueron como 40 minutos de tiroteo.Señalado en el mapa el pueblo “Las Trojes” en Honduras.Al otro día llegamos a Tegucigalpa en una guagua. Contactamos entonces a Médicos sin Fronteras, que te ayudan de muchas maneras, te dan desde asistencia médica hasta alimentación y medicinas. Ellos mismos nos indicaron cómo comprar el pasaje para llegar a la frontera con Guatemala. Pero en el trayecto hubo un segundo incidente.Nos paró la policía, les mostramos los salvoconductos, pero nos dijeron que de todas maneras había que pagarles por dejarnos seguir. Les dijimos que estábamos legales y que no podían hacer eso, pero ellos, muy sinceros, nos dijeron: “es verdad, no los podemos detener ni meterlos presos, pero sí los podemos retener durante tres días y entonces van a perder los contactos con sus coyotes. Ustedes deciden”. Hubo entonces que pagarles 20 dólares por cada uno de nosotros. Así nos dejaron seguir. Y a partir de ahí los policías siguieron cobrando 20 dólares por cabeza en cada uno de los puntos de control hasta llegar a la frontera con Guatemala. Todo muy bien cuadrado. Es la plata la que habla.Entrando a GuatemalaAntes de llegar a la frontera con Guatemala, la policía nos dijo: “tienen que esperar aquí hasta que sus coyotes los vengan a buscar”, yo contacté al mío por el celular. Entonces montamos en una camioneta que nos llevó hasta un punto cercano, no muy lejos de donde estábamos. “Bájense, ahí está Migración de Guatemala y no podemos pasar por delante de ellos. Tenemos que bordear Migración”. “Bordear Migración” quería decir coger monte y subir lomas. Lo que más me impresionó fue que al llegar al lugar de destino nos recibió un señor mayor, ciego, que es quien contabiliza el cruce ilegal. Preguntó: “¿Quién pasa y cuántos son?”. Dimos el nombre del coyote nuestro y nos dejó pasar a los siete. Pero si no pagaste antes por ese cruce, ese mismo señor mayor ciego te echa a la policía encima.Migrantes cubanos en Guatemala. Foto: AFP.Ahí mismo nos montaron ¡en una guagua de la Aduana! hasta llegar a un punto donde había un taxi esperándonos para llevarnos a un hotel en Esquipulas, pueblo en Guatemala. Pero para llegar hubo antes que pasar por tres puestos de control. En el primero, nos pidieron la documentación. El chofer se bajó del taxi, le dio al policía el nombre del coyote y le dijo que éramos seis adultos y una menor. Ese mismo policía se encarga entonces de comunicarle a los otros dos que todo está en orden. Por eso no nos pararon ni en el segundo ni en el tercer punto de control.Señalado en el mapa “Esquipulas”, Guatemala.Llegamos entonces al hotel en Esquipulas, todo estaba muy bien coordinado, allí te prestan todos los servicios: comida, lavado de ropa, etc. Pero estuvimos dos noches porque, según nos dijeron, había en la zona un funcionario estadounidense y hasta que no se fuera no podíamos continuar. Allí nos dijeron que la policía de Guatemala estaba toda comprada, que la jefa de la red se reunía todas las semanas con el jefe de la policía y le pagaba por dejarnos pasar.De Guatemala a MéxicoTe cruzan por toda Guatemala en carros pequeños, no vas apretada, vas cómoda. Solo llegando a la frontera con Tapachula, México, tuvimos que coger monte. Todo lo demás fue por carretera. Y déjame decirte algo: no me sentí insegura en términos de violación, acoso sexual y cosas de ese tipo. Pero la inseguridad es otra. Que te coja la policía. Que no puedas llegar al fin de tu viaje. Muy tenso todo.Cubanos cruzan en balsas el Río Suchiate, frontera de Guatemala con México en 2019. Foto: Cuartoscuro.com.En el lado mexicano nos estaban esperando tres muchachos jóvenes: dos hombres y una mujer, los tres completamente drogados. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos que estar tranquilos, ni quejarnos siquiera. Nos llevaron para un cuarto en el que no cabíamos, todos estuvimos de pie ahí como 2 o 3 horas hasta que ellos mismos nos sacaron. Nos llevaron hasta un pueblo, nos montaron en una guagua que ellos pagan hasta un punto en que tienes que coger un taxi. Ese lo paga uno, fue el primer gasto que tuve en México. Y ahí entonces contactas al coyote que te va a llevar a Estados Unidos.Todo hay que pagarlo en dólares. Íbamos para una casa, 15 dólares por persona. En Tapachula hubo problemas, la guerra de sálvese quien pueda para coger un taxi. Una guerra del más fuerte. Tuve que ponerme dura para poder montarme en uno.Yo llegué a México sin dinero, a mí me tuvieron que prestar los 15 dólares para pagar ese taxi. Me tocó negociar con el coyote porque ellos te dicen que no tienes que pagar nada, pero yo no tenía dinero ni para comprar una línea y comunicarme con mi familia en Cuba. La tarifa de este trayecto es 2 000 dólares de Tapachula a Ciudad México y otros 2 000 dólares de Ciudad México a la frontera sur, hasta llegar a Piedras Negras. Pero siempre tienes que tener dinero adicional para taxis o para cualquier otra cosa que te haga falta.Nos movieron para otra casa en el mismo Tapachula que lo único que tenía era paredes y techo. Hubo que dormir en el piso y sin colchón.Señalado en el mapa Tapachula, México.Viajando a Ciudad MéxicoAl día siguiente nos montaron en un camión pequeño, no era grande, 115 personas, las mamás y los niños fueron delante, pero fue un viaje de pie, 7 horas, todos hacinados, en el trayecto se desmayaron personas, todos hombres, no sé por qué las mujeres no nos desmayamos. Ahí había de todo: hondureños, salvadoreños, cubanos, árabes…Entonces llegamos a otra casa en un lugar llamado El Paredón y de allí nos llevaron a coger una lancha rápida a San Francisco del Mar y nos metieron por un monte porque no era seguro estar a la orilla del río. Nos llevaron para un hotel (ellos le dicen hotel a cualquier cosa), éramos 17, había que acomodarse en dos habitaciones con dos camas cada una.Bueno, al llegar a un lugar vimos que había once carros con migrantes indocumentados. Empezaron a dividirlos por coyotes: los del coyote A, los del coyote B…y así sucesivamente. Nos montamos en uno. Entonces, llegados a un punto, hay que cruzar un río en balsa. En cada una caben 15 personas, en la mía íbamos 21 pero fue bastante cómodo, no tengo quejas mayores. La persona que te lleva en balsa está todo el tiempo dentro del agua. Es como para que no te mojes. Son balsas de esas de madera y de gomas de camión debajo.Salimos de Juchitán de Zaragoza para Oaxaca. Y en un lugar llamado San Dionisio nos descubrió la policía. Íbamos 15 cubanos en una camioneta con el chofer mexicano. Ellos tienen un sistema que llaman “banderas”. Cada carro está custodiado por otros dos, uno delante y uno detrás. El de alante va viendo si hay policías, y si los hay avisa y uno se tiene que esconder. De la policía que no está sobornada, claro.El hecho es que en esa “bandera” que nos tocó, los choferes del primer carro iban drogados. La Marina, la más peligrosa, porque es la que no se soborna, les pasó por al lado y ni la vieron. Entonces el jefe los llamó y les dijo: “esperen que les voy a dar mi radio”. Cuando le estaba dando el radio, el walkie-talkie, exactamente en ese mismo momento venía la Policía, que viró en U. El chofer se montó en el vehículo como un loco y se dio a la fuga con todos nosotros dentro. Por cada inmigrante ilegal que te cojan son 12 años de prisión como mínimo. Aquella fue la peor experiencia de este viaje. Te juro que llegó un momento en que llegué a desear que el chofer parara y entregarme a la policía.Un carro de la policía nos estaba cayendo atrás. Y nos salvamos porque el chofer tomó la decisión de pasarle a cinco carros en una curva. De un lado, la carretera. Del otro, un barranco. Horror. O muertos o salvados. La policía no se atrevió a hacer lo mismo. Y la maniobra dio chance para que la bandera que venía detrás se le metiera delante a la policía.Luego nos metimos en un monte. Todo el mundo estaba nervioso, tenso, y entonces el chofer nos dijo: “tranquilícense que están en tierras del narco, aquí la policía no entra”. ¡Candela!, dije para mis adentros. Estábamos en un lugar llamado San Dionisio, desde donde al otro día nos movieron para una casa segura en Puebla.Ya en Puebla empezaron a mejorar las condiciones. Nos ubicaron en una casa de seguridad, era de un hombre de dinero, tipo rancho. El grupo nuestro era de 17, pero cuando llegamos a ese rancho había allí otro grupo de 13 personas. Como a los 10 minutos de haber llegado, el dueño nos puso un bafle delante. “Si quieren pueden poner música cubana”, nos dijo. ¡Qué maravilla!, me dije, primera casa en que llego y me dejan moverme libremente, no tengo que estar encerrada en un cuarto, puedo ir a la cocina e incluso conversar.Hubo tres cubanos que decidieron abandonar la casa, pero cuando estaban saliendo, el dueño los cogió. La que se armó fue terrible. Los mexicanos entraron a la casa y nos dijeron que veríamos un escarmiento. Eran una mujer, un señor mayor y un muchacho joven. A la mujer no le hicieron nada, pero ahí mismo se orinó con ropa y todo. Al señor mayor no le dieron golpes, pero lo tiraron escalera abajo. Al joven empezaron a darle patadas y piñazos. Cuando decidieron dejar de golpearlo, no se le veían ni la cara ni los ojos, todos envueltos en sangre.Loa agredidos no se cansaron de pedirles disculpas a los mexicanos. Uno de ellos dijo: “es que es la segunda vez que nos lo hace, ese coyote no quiere pagar por ustedes y los manda a salir, pero al principio pensamos que ustedes se estaban escapando por su propia cuenta”. Después de que los tres cubanos pidieron disculpas; después de que todos prometiéramos que íbamos a obedecer y hacer caso absoluto, fue como si se apretara un interruptor: “bueno, vamos a poner música. ¿Quién quiere cerveza?”, dijeron los mexicanos. Cogieron un bafle, pusieron música cubana a todo meter. ”Bajen, bajen, que mi esposo esta allá abajo, tiene comida, confituras… ¿Qué quieren comprar?”. Yo me dije: “estamos tratando con locos”.Una muchacha y yo decidimos curar al cubano. Le cerramos las heridas de la cara con puntos de mariposa. Cuando bajó las escaleras nos pidió disculpas a todos los cubanos por habernos puesto en riesgo. Y empezó a llorar. Había dejado en Cuba a una niño de 6 años, y si él se moría y no llegaba a Estados Unidos, se le jodía el futuro a su hijo. Ahí todo el mundo empezó a llorar. No lo volví a ver más.Al otro día nos sacaron para Ciudad México, llegamos a un hotel, nadie nos estaba esperando, de manera que las coordinaciones las hicimos nosotros mismos. Allí sí no hubo ningún tipo de problemas. Yo salí, fui al banco a sacar dinero, a caminar, y a comprar comida.De Ciudad México a Piedras NegrasDel hotel entonces nos llevaron a una casa de seguridad. A partir de Ciudad México, los dueños del negocio son los venezolanos. Nuestros guías desde allí hasta la frontera todos fueron venezolanos.El viaje de Ciudad México a Monterrey fue de unas 13 horas. Al salir de la capital mexicana nos dijeron: hay tres rutas: la primera es la legal, pero es con papeles (ya dije que nosotros no teníamos), la segunda la del narco, y la tercera la más larga, la que nadie quería. Para coger la del narco había que pedir permiso y al momento de salir no habían podido contactarlos, de manera que tuvimos que optar por la ruta más larga. ¿Quiénes eran los choferes de los carros? Policías de Ciudad México… Decidí irme con el más viejo, me dijo que tenía 23 años de servicio en la policía, que tenía cuatro mujeres y tenía que mantenerlas, y que además tenía que hacerse una operación y que su salario como policía no le alcanzaba. Y que “esto” lo hacía extra.A ese chofer le dieron dinero para sobornar a cuatro puntos de control, pero nada más le cobraron uno (los demás nos dejaron pasar tranquilamente). Entonces me dijo: “Mire esto, un solo punto de control y nos cobraron todo el dinero”. Tremendo guayabero el mexicano. No sabemos por qué, pero lo cierto es que pasamos totalmente desapercibidos por todos esos puntos, menos en el que ya mencioné. Después nos enteramos de que a los carros que iban detrás los habían parado. Pasaron, pero se demoraron, ya se sabe por qué.Señalado en el mapa “Piedras negras”, México.En Monterrey nos dejaron en un centro comercial. Allí nos recogieron otros venezolanos que nos llevaron para un apartamento muy bueno, en un condominio, allí nos tuvieron una noche. Salimos entonces al otro día para Piedras Negras, donde íbamos a hacer el cruce por el río a Estados Unidos. Nos dijeron que podían pasar dos cosas: ir directo a pasar el río o meternos en una casa de seguridad.Piedras Negras dispone en la actualidad de tres puentes internacionales, el “ Charles Frisby ” para el transporte ferroviario que data de 1883, el “Puente Internacional I”, que inicialmente se llamó “Carlos Pacheco” y ahora es llamado “Piedras Negras – Eagle Pass”, que data desde ciudad Porfirio Díaz, rediseñado en 1927 y rehabilitado en 1968, y el “Puente Internacional II”, que en México se conoce como “Coahuila 2000” y en Estados Unidos como “Camino Real” y data de 1999. Todos cruzan el río Bravo (como se le conoce en México) o río Grande (como se le conoce en EEUU), frontera entre los dos países. Foto: La Vanguardia.Pero pasó lo primero: directo al río. Nos dejaron en un lugar donde nos prometieron que el agua daba por la cintura o los muslos, pero ese día abrieron las compuertas y el agua nos llegaba al pecho. Pero siempre dimos pie. Teníamos puestos chalecos salvavidas, todos íbamos amarrados con soga para que la presión no nos arrastrara.Los tres guías mexicanos entran al agua contigo hasta más o menos pasar un poco más de la mitad del río. A todas estas, las autoridades de ambos países, México y Estados Unidos, te están viendo todo el tiempo. Y al llegar al otro lado, ya te están esperando…**** En la segunda parte de este trabajo la testimoniante relata el proceso de detención en la frontera estadounidense y su entrada a los Estados Unidos. Algunos datos han sido cambiados para proteger la identidad de la testimoniante.

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La ruta migratoria centroamericana: testimonio de una migrante cubana (I)

Acaba de llegar a Estados Unidos después de un recorrido de más de 3 000 kilómetros. Como otros cubanos, para lograrlo desde Nicaragua tuvo que atravesar cuatro fronteras e innumerables riesgos en estos tiempos de coronavirus, narcotráfico y cólera.En Cuba se graduó de ingeniería agrónoma, pero la vida la empujó a varios empleos, uno de ellos fundar una tienda de ropa. Locuaz, desenvuelta y desinhibida, esta mujer de 33 años decidió aceptar nuestra solicitud de rememorar las tres semanas de su recorrido. “Nadie está preparado para una aventura de este tipo”, me dijo, entre otras razones por ignorar los peligros que yacen en un camino donde inseguridad, miedo e incertidumbre son tres palabras claves.Recorrido de más de 3 000 kilómetros realizado por nuestra entrevistada.De Camagüey a Las TrojesDecidí irme de Cuba porque no aguantaba más ni las privaciones ni la falta de futuro para los jóvenes. Me fui por Nicaragua. No me arriesgué a comprar el pasaje en Cuba, sino que familiares y amistades me prestaron el dinero en Estados Unidos y me lo compraron desde allí porque en Cuba muchas veces están estafando a las personas.Salí por el aeropuerto de Camagüey, me tocó ver familias separándose, llorando, hijos con sus madres, hermanas con hermanos, de todo.El vuelo hasta Managua fue normal. Al llegar al aeropuerto establecí conexión con el coyote por celular. No fue a buscarme, mandó a otra persona. De ahí me trasladaron a lo que ellos llaman una casa de seguridad, no sin antes cobrarme 400 dólares por el taxi de Managua a Jalapa, pueblo nicaragüense no lejos de la frontera con Honduras.Ahí mismo nos subieron a un motorcito hasta Las Trojes, Honduras. Nos bajaron en un punto y una persona nos cobró 80 dólares solo por decirnos lo que debíamos hacer. Nos mandaron a la Oficina de Migración a solicitar un salvoconducto, que cuesta 200 dólares. Aquello era una locura, había gente de todas las nacionalidades pidiendo papeles, como trescientas personas al día.Entonces se produjo un primer incidente feo: de noche escuchamos un tiroteo, los mismos hondureños nos dijeron que era un enfrentamiento entre policías y narcos, un trauma para nosotros porque en Cuba no estamos acostumbrados a nada de eso. Éramos 7 en total: 6 adultos y una niña, la mamá de la niña se puso muy nerviosa, el papá se arrepintió y quería regresar a Cuba hasta que pudimos convencerlo de lo contrario. Fueron como 40 minutos de tiroteo.Señalado en el mapa el pueblo “Las Trojes” en Honduras.Al otro día llegamos a Tegucigalpa en una guagua. Contactamos entonces a Médicos sin Fronteras, que te ayudan de muchas maneras, te dan desde asistencia médica hasta alimentación y medicinas. Ellos mismos nos indicaron cómo comprar el pasaje para llegar a la frontera con Guatemala. Pero en el trayecto hubo un segundo incidente.Nos paró la policía, les mostramos los salvoconductos, pero nos dijeron que de todas maneras había que pagarles por dejarnos seguir. Les dijimos que estábamos legales y que no podían hacer eso, pero ellos, muy sinceros, nos dijeron: “es verdad, no los podemos detener ni meterlos presos, pero sí los podemos retener durante tres días y entonces van a perder los contactos con sus coyotes. Ustedes deciden”. Hubo entonces que pagarles 20 dólares por cada uno de nosotros. Así nos dejaron seguir. Y a partir de ahí los policías siguieron cobrando 20 dólares por cabeza en cada uno de los puntos de control hasta llegar a la frontera con Guatemala. Todo muy bien cuadrado. Es la plata la que habla.Entrando a GuatemalaAntes de llegar a la frontera con Guatemala, la policía nos dijo: “tienen que esperar aquí hasta que sus coyotes los vengan a buscar”, yo contacté al mío por el celular. Entonces montamos en una camioneta que nos llevó hasta un punto cercano, no muy lejos de donde estábamos. “Bájense, ahí está Migración de Guatemala y no podemos pasar por delante de ellos. Tenemos que bordear Migración”. “Bordear Migración” quería decir coger monte y subir lomas. Lo que más me impresionó fue que al llegar al lugar de destino nos recibió un señor mayor, ciego, que es quien contabiliza el cruce ilegal. Preguntó: “¿Quién pasa y cuántos son?”. Dimos el nombre del coyote nuestro y nos dejó pasar a los siete. Pero si no pagaste antes por ese cruce, ese mismo señor mayor ciego te echa a la policía encima.Migrantes cubanos en Guatemala. Foto: AFP.Ahí mismo nos montaron ¡en una guagua de la Aduana! hasta llegar a un punto donde había un taxi esperándonos para llevarnos a un hotel en Esquipulas, pueblo en Guatemala. Pero para llegar hubo antes que pasar por tres puestos de control. En el primero, nos pidieron la documentación. El chofer se bajó del taxi, le dio al policía el nombre del coyote y le dijo que éramos seis adultos y una menor. Ese mismo policía se encarga entonces de comunicarle a los otros dos que todo está en orden. Por eso no nos pararon ni en el segundo ni en el tercer punto de control.Señalado en el mapa “Esquipulas”, Guatemala.Llegamos entonces al hotel en Esquipulas, todo estaba muy bien coordinado, allí te prestan todos los servicios: comida, lavado de ropa, etc. Pero estuvimos dos noches porque, según nos dijeron, había en la zona un funcionario estadounidense y hasta que no se fuera no podíamos continuar. Allí nos dijeron que la policía de Guatemala estaba toda comprada, que la jefa de la red se reunía todas las semanas con el jefe de la policía y le pagaba por dejarnos pasar.De Guatemala a MéxicoTe cruzan por toda Guatemala en carros pequeños, no vas apretada, vas cómoda. Solo llegando a la frontera con Tapachula, México, tuvimos que coger monte. Todo lo demás fue por carretera. Y déjame decirte algo: no me sentí insegura en términos de violación, acoso sexual y cosas de ese tipo. Pero la inseguridad es otra. Que te coja la policía. Que no puedas llegar al fin de tu viaje. Muy tenso todo.Cubanos cruzan en balsas el Río Suchiate, frontera de Guatemala con México en 2019. Foto: Cuartoscuro.com.En el lado mexicano nos estaban esperando tres muchachos jóvenes: dos hombres y una mujer, los tres completamente drogados. Ahí nos dimos cuenta de que teníamos que estar tranquilos, ni quejarnos siquiera. Nos llevaron para un cuarto en el que no cabíamos, todos estuvimos de pie ahí como 2 o 3 horas hasta que ellos mismos nos sacaron. Nos llevaron hasta un pueblo, nos montaron en una guagua que ellos pagan hasta un punto en que tienes que coger un taxi. Ese lo paga uno, fue el primer gasto que tuve en México. Y ahí entonces contactas al coyote que te va a llevar a Estados Unidos.Todo hay que pagarlo en dólares. Íbamos para una casa, 15 dólares por persona. En Tapachula hubo problemas, la guerra de sálvese quien pueda para coger un taxi. Una guerra del más fuerte. Tuve que ponerme dura para poder montarme en uno.Yo llegué a México sin dinero, a mí me tuvieron que prestar los 15 dólares para pagar ese taxi. Me tocó negociar con el coyote porque ellos te dicen que no tienes que pagar nada, pero yo no tenía dinero ni para comprar una línea y comunicarme con mi familia en Cuba. La tarifa de este trayecto es 2 000 dólares de Tapachula a Ciudad México y otros 2 000 dólares de Ciudad México a la frontera sur, hasta llegar a Piedras Negras. Pero siempre tienes que tener dinero adicional para taxis o para cualquier otra cosa que te haga falta.Nos movieron para otra casa en el mismo Tapachula que lo único que tenía era paredes y techo. Hubo que dormir en el piso y sin colchón.Señalado en el mapa Tapachula, México.Viajando a Ciudad MéxicoAl día siguiente nos montaron en un camión pequeño, no era grande, 115 personas, las mamás y los niños fueron delante, pero fue un viaje de pie, 7 horas, todos hacinados, en el trayecto se desmayaron personas, todos hombres, no sé por qué las mujeres no nos desmayamos. Ahí había de todo: hondureños, salvadoreños, cubanos, árabes…Entonces llegamos a otra casa en un lugar llamado El Paredón y de allí nos llevaron a coger una lancha rápida a San Francisco del Mar y nos metieron por un monte porque no era seguro estar a la orilla del río. Nos llevaron para un hotel (ellos le dicen hotel a cualquier cosa), éramos 17, había que acomodarse en dos habitaciones con dos camas cada una.Bueno, al llegar a un lugar vimos que había once carros con migrantes indocumentados. Empezaron a dividirlos por coyotes: los del coyote A, los del coyote B…y así sucesivamente. Nos montamos en uno. Entonces, llegados a un punto, hay que cruzar un río en balsa. En cada una caben 15 personas, en la mía íbamos 21 pero fue bastante cómodo, no tengo quejas mayores. La persona que te lleva en balsa está todo el tiempo dentro del agua. Es como para que no te mojes. Son balsas de esas de madera y de gomas de camión debajo.Salimos de Juchitán de Zaragoza para Oaxaca. Y en un lugar llamado San Dionisio nos descubrió la policía. Íbamos 15 cubanos en una camioneta con el chofer mexicano. Ellos tienen un sistema que llaman “banderas”. Cada carro está custodiado por otros dos, uno delante y uno detrás. El de alante va viendo si hay policías, y si los hay avisa y uno se tiene que esconder. De la policía que no está sobornada, claro.El hecho es que en esa “bandera” que nos tocó, los choferes del primer carro iban drogados. La Marina, la más peligrosa, porque es la que no se soborna, les pasó por al lado y ni la vieron. Entonces el jefe los llamó y les dijo: “esperen que les voy a dar mi radio”. Cuando le estaba dando el radio, el walkie-talkie, exactamente en ese mismo momento venía la Policía, que viró en U. El chofer se montó en el vehículo como un loco y se dio a la fuga con todos nosotros dentro. Por cada inmigrante ilegal que te cojan son 12 años de prisión como mínimo. Aquella fue la peor experiencia de este viaje. Te juro que llegó un momento en que llegué a desear que el chofer parara y entregarme a la policía.Un carro de la policía nos estaba cayendo atrás. Y nos salvamos porque el chofer tomó la decisión de pasarle a cinco carros en una curva. De un lado, la carretera. Del otro, un barranco. Horror. O muertos o salvados. La policía no se atrevió a hacer lo mismo. Y la maniobra dio chance para que la bandera que venía detrás se le metiera delante a la policía.Luego nos metimos en un monte. Todo el mundo estaba nervioso, tenso, y entonces el chofer nos dijo: “tranquilícense que están en tierras del narco, aquí la policía no entra”. ¡Candela!, dije para mis adentros. Estábamos en un lugar llamado San Dionisio, desde donde al otro día nos movieron para una casa segura en Puebla.Ya en Puebla empezaron a mejorar las condiciones. Nos ubicaron en una casa de seguridad, era de un hombre de dinero, tipo rancho. El grupo nuestro era de 17, pero cuando llegamos a ese rancho había allí otro grupo de 13 personas. Como a los 10 minutos de haber llegado, el dueño nos puso un bafle delante. “Si quieren pueden poner música cubana”, nos dijo. ¡Qué maravilla!, me dije, primera casa en que llego y me dejan moverme libremente, no tengo que estar encerrada en un cuarto, puedo ir a la cocina e incluso conversar.Hubo tres cubanos que decidieron abandonar la casa, pero cuando estaban saliendo, el dueño los cogió. La que se armó fue terrible. Los mexicanos entraron a la casa y nos dijeron que veríamos un escarmiento. Eran una mujer, un señor mayor y un muchacho joven. A la mujer no le hicieron nada, pero ahí mismo se orinó con ropa y todo. Al señor mayor no le dieron golpes, pero lo tiraron escalera abajo. Al joven empezaron a darle patadas y piñazos. Cuando decidieron dejar de golpearlo, no se le veían ni la cara ni los ojos, todos envueltos en sangre.Loa agredidos no se cansaron de pedirles disculpas a los mexicanos. Uno de ellos dijo: “es que es la segunda vez que nos lo hace, ese coyote no quiere pagar por ustedes y los manda a salir, pero al principio pensamos que ustedes se estaban escapando por su propia cuenta”. Después de que los tres cubanos pidieron disculpas; después de que todos prometiéramos que íbamos a obedecer y hacer caso absoluto, fue como si se apretara un interruptor: “bueno, vamos a poner música. ¿Quién quiere cerveza?”, dijeron los mexicanos. Cogieron un bafle, pusieron música cubana a todo meter. ”Bajen, bajen, que mi esposo esta allá abajo, tiene comida, confituras… ¿Qué quieren comprar?”. Yo me dije: “estamos tratando con locos”.Una muchacha y yo decidimos curar al cubano. Le cerramos las heridas de la cara con puntos de mariposa. Cuando bajó las escaleras nos pidió disculpas a todos los cubanos por habernos puesto en riesgo. Y empezó a llorar. Había dejado en Cuba a una niño de 6 años, y si él se moría y no llegaba a Estados Unidos, se le jodía el futuro a su hijo. Ahí todo el mundo empezó a llorar. No lo volví a ver más.Al otro día nos sacaron para Ciudad México, llegamos a un hotel, nadie nos estaba esperando, de manera que las coordinaciones las hicimos nosotros mismos. Allí sí no hubo ningún tipo de problemas. Yo salí, fui al banco a sacar dinero, a caminar, y a comprar comida.De Ciudad México a Piedras NegrasDel hotel entonces nos llevaron a una casa de seguridad. A partir de Ciudad México, los dueños del negocio son los venezolanos. Nuestros guías desde allí hasta la frontera todos fueron venezolanos.El viaje de Ciudad México a Monterrey fue de unas 13 horas. Al salir de la capital mexicana nos dijeron: hay tres rutas: la primera es la legal, pero es con papeles (ya dije que nosotros no teníamos), la segunda la del narco, y la tercera la más larga, la que nadie quería. Para coger la del narco había que pedir permiso y al momento de salir no habían podido contactarlos, de manera que tuvimos que optar por la ruta más larga. ¿Quiénes eran los choferes de los carros? Policías de Ciudad México… Decidí irme con el más viejo, me dijo que tenía 23 años de servicio en la policía, que tenía cuatro mujeres y tenía que mantenerlas, y que además tenía que hacerse una operación y que su salario como policía no le alcanzaba. Y que “esto” lo hacía extra.A ese chofer le dieron dinero para sobornar a cuatro puntos de control, pero nada más le cobraron uno (los demás nos dejaron pasar tranquilamente). Entonces me dijo: “Mire esto, un solo punto de control y nos cobraron todo el dinero”. Tremendo guayabero el mexicano. No sabemos por qué, pero lo cierto es que pasamos totalmente desapercibidos por todos esos puntos, menos en el que ya mencioné. Después nos enteramos de que a los carros que iban detrás los habían parado. Pasaron, pero se demoraron, ya se sabe por qué.Señalado en el mapa “Piedras negras”, México.En Monterrey nos dejaron en un centro comercial. Allí nos recogieron otros venezolanos que nos llevaron para un apartamento muy bueno, en un condominio, allí nos tuvieron una noche. Salimos entonces al otro día para Piedras Negras, donde íbamos a hacer el cruce por el río a Estados Unidos. Nos dijeron que podían pasar dos cosas: ir directo a pasar el río o meternos en una casa de seguridad.Piedras Negras dispone en la actualidad de tres puentes internacionales, el “ Charles Frisby ” para el transporte ferroviario que data de 1883, el “Puente Internacional I”, que inicialmente se llamó “Carlos Pacheco” y ahora es llamado “Piedras Negras – Eagle Pass”, que data desde ciudad Porfirio Díaz, rediseñado en 1927 y rehabilitado en 1968, y el “Puente Internacional II”, que en México se conoce como “Coahuila 2000” y en Estados Unidos como “Camino Real” y data de 1999. Todos cruzan el río Bravo (como se le conoce en México) o río Grande (como se le conoce en EEUU), frontera entre los dos países. Foto: La Vanguardia.Pero pasó lo primero: directo al río. Nos dejaron en un lugar donde nos prometieron que el agua daba por la cintura o los muslos, pero ese día abrieron las compuertas y el agua nos llegaba al pecho. Pero siempre dimos pie. Teníamos puestos chalecos salvavidas, todos íbamos amarrados con soga para que la presión no nos arrastrara.Los tres guías mexicanos entran al agua contigo hasta más o menos pasar un poco más de la mitad del río. A todas estas, las autoridades de ambos países, México y Estados Unidos, te están viendo todo el tiempo. Y al llegar al otro lado, ya te están esperando…**** En la segunda parte de este trabajo la testimoniante relata el proceso de detención en la frontera estadounidense y su entrada a los Estados Unidos. Algunos datos han sido cambiados para proteger la identidad de la testimoniante.

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Cubanos detenidos en Rusia: del sueño a la pesadilla

Lenay Enríquez no para de llorar desde hace casi dos meses, cuando supo que habían detenido a su hijo en Moscú. Desde Santa Clara cuenta que René, de 28 años, “es un buen muchacho, cuentapropista”, que llegó en noviembre a Rusia “para comprar mercancías para revender”. Una vez pasados los tres meses reglamentarios, decidió quedarse trabajando ilegalmente, “en lo que apareciera”, para llevar “un poco más de dinero” a casa. Hasta el 19 de febrero.“Me cuenta una persona que vivía en el mismo apartamento que la policía rusa entró a su renta a las cinco de la mañana y se lo llevaron para una estación junto con los demás. A todos los soltaron menos a él y a otro”.Según Lenay, la amiga fue unos días después “hasta la estación a ver cómo estaba, y para que le dieran información dijo que era su esposa. Solo pudo averiguar que había sido trasladado, pero no le dijeron a dónde ni por qué”.Desde entonces, el silencio. Ahí se pierde el rastro de René y hasta el momento, todas las gestiones han sido infructuosas.“He hecho todo lo que he podido desde aquí. Fui al MINREX en La Habana, le escribí al Consulado cubano en Moscú. Pero aún no sé nada. Me dijeron que esperara y no puedo hacer nada más. No tengo dinero para un abogado, menos para ir allá, pero este silencio es una tortura, me está matando”.René, cubano detenido en Moscú. Foto cortesía de su familia.René es uno de las decenas de cubanos que se encuentran actualmente en cárceles o centros de detención en Rusia. Según una fuente consultada, la cifra puede incluso superar el centenar. No hay datos públicos al respecto y las autoridades rusas no ofrecen números. Tampoco el Consulado de Cuba, que respondió a nuestra pregunta que no estaba “autorizado a divulgar los datos de los ciudadanos cubanos detenidos”.  Pero lo cierto es que son muchos los que por distintos motivos han visto su vida convertida en pesadilla tras las rejas.“Desaparecidos” en RusiaAunque de la mayoría de estos cubanos se conoce el paradero y la situación legal, no es raro encontrar reclamos en las redes de familiares desesperados ante la falta de noticias, situación que se agrava por la distancia y la barrera del idioma.“La última vez que hablamos con mi nieto fue el 30 de enero, no sé si se escribe así, pero creo que vivía en Kraskobo”, dice la abuela de Osvel, de 22 años.La madre de Alejandro también pide ayuda para intentar localizarlo. “Por favor les pido a todos los cubanos que se encuentran en Rusia que me ayuden para conocer dónde se encuentra mi hijo, que desde enero lo detuvo la policía de Rusia y no sabemos nada de él”.“Necesito ayuda, tengo un primo desaparecido desde el 17 de febrero, estaba en Moscú”; “Este es mi hermano, desde mediados de marzo no sabemos de él, estoy desesperada”; “Necesito saber de mis hijos”…Estas son solo algunas publicaciones de los últimos días en los distintos grupos de cubanos en Rusia en Facebook.Asistencia legal y consularAl bufete donde trabaja el abogado cubano radicado en Moscú Pedro Luis García, cada vez llegan más solicitudes de personas que requieren sus servicios, ya sea para localizar a familiares, o en caso necesario, para asumir su caso.“La mayoría están detenidos por intentar cruzar fronteras, violar los términos migratorios o trabajar sin permiso. Algunos se encuentran pendientes de deportación, pero es un proceso que se puede dilatar en muchos casos. Otros, más complicados se ven envueltos en delitos como robos o tráfico de drogas”, explica.“Hay familias que se han comunicado con nosotros y estamos llevando los casos”, dice el jurista, conocido por su canal de Youtube Moscowexpress, donde ofrece información legal y de otro tipo a los cubanos que viajan a Rusia.Por su parte, el Consulado de Cuba en Moscú “ofrece asistencia a todos los ciudadanos cubanos en el territorio de la Federación de Rusia”, asegura la cónsul general, Liana Hernández. “Los ciudadanos cubanos detenidos no son una excepción. Estamos en contacto directo con las autoridades de cada uno de los Centros de Detención donde hay ciudadanos cubanos para conocer el estado de salud de los mismos y el estado de los procesos de deportación.”El camino hacia el abismoEn los últimos años, y especialmente desde mediados de 2021, tras la primera etapa de la pandemia, una verdadera avalancha de cubanos llegó a Moscú. Unos venían buscando qué comprar para llevar a la isla, muchos otros no tenían pasaje de vuelta y pretendían continuar viaje hacia Europa o Estados Unidos, o quedarse en la capital rusa.Estos últimos muchas veces desconocían o no le daban importancia a la estricta ley rusa en materia de migración, que hace prácticamente nulas las posibilidades de asentarse de forma legal en el país a no ser con un contrato de trabajo previo (muy difícil de obtener para los cubanos, especialmente para los que no conocen el idioma) o a través del matrimonio con un ciudadano (a) del país.Muchos fueron los casos de compatriotas que “dieron la nota” con conductas impropias, indisciplinas o delitos, que fueron empañando la anterior fama del cubano en el país eslavo, como persona educada y decente.En los últimos tiempos, Rusia ha endurecido las leyes contra la migración ilegal y se ha visto una ofensiva en ese sentido.Desde enero de 2022 entraron en vigor nuevas y fuertes medidas para los migrantes regulares, y penas para los incumplidores, acompañadas de un recrudecimiento de los controles de las autoridades.De corrupción y otros demoniosNo son raros los casos de cubanos que se quejan de hostigamiento por parte de algunos policías y hasta de casos de corrupción abierta.“La vida de nosotros es muy dura aquí. Pasa con todos los cubanos”, dice Sarah, una villaclareña de 29 años que lleva varios meses en Moscú, trabajando “por la izquierda” en la limpieza de “magazines” (supermercados). “Cuando la policía te para, o das entre 5000 -10000 rublos (50-100 dólares aproximadamente al cambio actual) o eres detenido”, asegura.Si eso ocurre, “puedes quedar preso o salir con una orden de deportación, es decir no puedes regresar a este país en 5 años, pero no te mandan de regreso, solo dan la orden y te tienes que marchar”, dice.“Otros, al quedarse sin trabajo y dinero para la renta, se están entregando solos, para no morir de frío, puesto que se quieren ir y no tienen cómo hacerlo”, cuenta Sarah.Lo cierto es que en ocasiones Rusia sí devuelve a Cuba a las personas calificadas como deportadas, pero en la medida de las posibilidades, por lo que pueden pasar meses y hasta años en centros de migración. Esto se complica aún más ahora por la ausencia de vuelos directos.Conflicto en Ucrania y sus consecuencias para los cubanosLa actual crisis provocada por la incursión bélica de Rusia en Ucrania y las consecuentes sanciones occidentales, la casi eliminación de posibilidades de vuelo por este motivo, más los precios estratosféricos de las poquísimas rutas posibles, han contribuido a crear la tormenta perfecta para la vida del cubano ilegal. A los que ya estaban en esta situación desde antes, o por elección, se suman decenas que llegaron por poco tiempo y se han quedado varados tras la suspensión de vuelos directos.A pesar del estatus migratorio, muchos se ven obligados a seguir trabajando de forma ilegal para ganarse la vida, aunque implique exponerse a la presión y el acoso de las fuerzas del orden.Desde que se inició el conflicto en Ucrania, el consulado cubano empezó a dar una carta a las personas que la han pedido, en la que se solicita el apoyo de las autoridades rusas para extender la validez de los documentos migratorios. Pero no en todos los casos resulta efectiva, según refiere Pedro Luis García. “Hay muchos que se presentan con esta carta, pero que no hicieron el registro de inmigración en su momento (un trámite que debe hacerse en los primeros 7 días) y los han detenido. A otros les hacen un juicio y les dicen que tienen que salir del país en 15 días porque están ilegales, puesto que sí hay algunos vuelos para Cuba, aunque sean caros y con escalas.”Mientras tanto, Moscú no cree en las lágrimas de aquellos que, por malos pasos o simplemente mala pata, enfrentan la falta de libertad agravada por problemas de comunicación, lo que hace más complicado salir de una situación que pudo empezar como un paseo o el sueño de una mejor vida, para terminar como la peor de las pesadillas.

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Migrantes: entre éxitos y fracasos, el amor y la familia

Hace varios meses no sé nada de la vida de mi tío P en San Francisco, por más que intento contactarlo por messenger, no obtengo respuesta. Insistí especialmente en diciembre, mes de su cumpleaños, de Navidad, de Fin de Año. Insisto también cuando mi abuela me bombardea a preguntas sobre su hijo, como si yo viviese en su mismo barrio. A veces creo que a mi abuelita le alienta pensar, que por alguna razón esotérico-diaspórica, su nieto y su hijo están lejos de ella pero en algún lugar lo suficientemente cerca como para protegerse mutuamente, mientras ella, la matriarca de la familia, no pueda cuidarnos.Mi tío fue el primero de la familia que salió de Cuba, en rigor inicialmente no salió de Cuba, porque llegó a la base naval de Guantánamo en una maltrecha balsa y allí estuvo por varios meses. Luego supimos que estaba en una base militar en Panamá, hasta que siguió camino y un día mandó fotos ya en la Yuma. La familia recibió con tristeza y preocupación la noticia de que se había tirado al mar, al mismo tiempo sé que un hálito de esperanza nos animó el alma en aquel cálido verano de 1994.La primera vez que escuché hablar de la Yuma fue por mi tío A, que tenía delirios con vivir en La Habana y de allí con suerte dar el salto a Estados Unidos. Desde pequeño me inquietaba ese término de “yuma”, luego descubrí por las mismas historias de familia, que la inspiración llegaba de unos primos de Oriente que habían salido como “escorias” en los años 80.  Sabía de todo aquello porque pasaba buena parte de mis vacaciones acompañando a mis tíos a buscar aguacates, guayabas y anoncillos para vender en el barrio; haciendo cremita de leche en el patio de la casa de mi abuela, o cambiando desde un jabón palmolive hasta una batería de carro por arroz en Santi Spíritus.Mi abuela lloró mucho y desconsoladamente cuando supo que su hijo se había marchado, hasta hoy no lo supera, no importa cuántas veces le hicimos creer que era para el bien de la familia. Incluso cuando con dinero enviado por su hijo le compramos su primer televisor Panda, la tristeza y la decepción no la abandonaron, era como si hubiese perdido una parte de su propio cuerpo. Un día, nos dimos cita toda la familia en la casa de un vecino que tenía un video cassettera, algo raro en aquella época, y con alborozo vimos por primera vez una grabación de mi tío en su rutina diaria, en su nuevo hogar, en su nueva tierra, la tierra de los sueños. Feliz, sonriente, bien comido, bien vestido, y bailando eufórico “Ya viene llegando” de Willy Chirino, lo cual nos dio una inmensa tranquilidad, y al propio tiempo la sensación de que por fin alguien de la familia estaría en un estatus económico diferente al que varias generaciones ya reproducían.Rápidamente comenzó a llegar dinero, regalos, ayudas, que eran administrados rigurosamente por mi tío P, para que todos sus hermanos, hermanas, sobrinos, amigos, familiares se sintieran protegidos, amparados, en medio de las múltiples escaseces que se vivía en la Cuba del periodo especial. Mi tío A estaba especialmente feliz, de continuar teniendo éxito su hermano, vendría la residencia, quizás la ciudadanía americana y en poco tiempo podría reclamarlo. Yo tuve mi primer reloj de salir, y el primer perfume para hacerme sentir menos tímido al encarar una muchachita. Pero, como dice el refrán cubano, la felicidad en casa del pobre dura poco.Un año después de mi tío salir de Cuba, su hermano A de 26 años enfermó de cáncer, un linfoma de Hodgkin hizo trizas su juventud, sus sueños, y finalmente su vida. La relación entre ellos era profunda, y recuerdo que en medio de la enfermedad se hizo más presente, era como si quisieran acortar la distancia y el dolor de tener que renunciar quizás a la idea de no verse más. Mi tío en el Oncológico vestía sin prejuicios y con orgullo el juego deportivo con la bandera estadounidense, y en los horarios de visita escuchábamos juntos el cassette de Salsa en la Calle 8 en la grabadora Sony, ambas cosas presentes llegados de la Yuma, enviados con afecto por su querido hermano.Mi tío P casi desesperado intentó venir por vía humanitaria a ver a su hermano que se agravaba, comenzaron las pujas políticas entre gobiernos y todo se dilató. Mi tío A murió clamando en su agonía ver por última vez a su hermano…su hermano allá en la Yuma, creo que nunca más fue el mismo luego de aquella pérdida irreparable. Las distancias irreparables, los sueños cercenados como flor en tallo, la vida que continúa impetuosa, intensa, conflictiva y no atiende a excusas, ni a un alma en luto.Poco tiempo después comenzaron las sucesivas desapariciones de mi tío, comenzó a distanciarse de todo y de todos. Según las leyendas urbanas podía estar en una cárcel, en proceso de ser repatriado por alguna infracción grave o viviendo la dulce vida y tomando la Coca Cola del olvido. Han sido 27 años y mi tío no regresó a Cuba, tampoco logró convertirse en el Mesías salvador de la pobreza de la familia. La penúltima vez que no supimos nada de él fue por casi diez años, en los cuales se especulaban las más disímiles historias, para mi abuela es convicción que su hijo algún día va a aparecer y nos dará la sorpresa.PublicidadLa cruda verdad es que mi tío, por muchos motivos, no logró el sueño dorado americano. Durante largo tiempo estuvo preso, está impedido de obtener la ciudadanía estadounidense y salir del territorio, se ha tenido que rehabilitar varias veces por dependencia química y vive en las calles de San Francisco en una modesta carpa, aunque por etapas el servicio social lo apoya con alojamiento y comida. Un día que hablamos me dijo: ¡Niño, cuídate mucho, si vas a salir de Cuba, las cosas en ocasiones no son como uno se las imagina! Pensé mucho en él, y también comprendí mejor sus palabras, cuando asistí el conmovedor documental Lead me home, estrenado por la plataforma Netflix en noviembre del 2021.No me complace especialmente hablar de mi tío homelessness, tampoco me disgusta ni voy a evadir su realidad que también es la mía, la de nuestra familia y la de muchas otras familias en EE. UU, en Brasil, en Cuba, en el mundo. Cuando escribo estas líneas pienso en la impiedad, en las distancias, en los desafíos, en las pesadas cargas que son colocadas en las espaldas de las personas que emigran. Nadie espera el fracaso, y menos las propias personas emigrantes, todos esperamos el éxito, en especial el económico, como resultado tangible de que tu vida cambió y fuiste parte del cambio de otras y de otros.En este inicio del año 2022 cientos de miles de cubanas y cubanos estarán desafiando culturas, barreras idiomáticas, padecimientos, pandemias, tristezas, por intentar contribuir con el bienestar familiar de los que dejan atrás. Es un imperativo que tanto unos como otros, los de adentro y los de afuera, los que están en la Isla y los que están en las disímiles diásporas, no pierdan el amor, la compasión, el apoyo afectivo, la fe, y la lealtad al ser humano por encima de cualquier bien material posible y necesario.Estas líneas, que desdibujan múltiples y cotidianos dramas humanos, no son un llamado a tristezas, más bien a la comprensión, a la alteridad y la capacidad de ponernos en el lugar del otro, reflexionar acerca de las complejidades y los decursos que puede tomar la vida. Este texto es un mensaje de esperanza a la diáspora cubana y sus familias en este 2022, una vía para desear con todas las fuerzas de mi corazón que mi tío esté con salud, y que en cualquier lugar donde se encuentre, sienta que más allá de las ambiguas percepciones de éxitos o fracasos, estará siempre el amor infinito de su vieja, de sus hermanos, el mío…y ese amor lo estará acompañando por las frías calles de San Francisco o en el lujoso y cálido Hotel St. Regis de California.   

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Cuba deporta a otro grupo de migrantes haitianos

Cuba deportó ayer a cientos de haitianos en seis vuelos y un barco, la mitad de los cuales son mujeres y niños, según informó este domingo Unicef. El 80 % de los niños deportados tienen menos de cinco años de edad y varios de ellos están desnutridos o tienen enfermedades cutáneas, según afirmó el representante de Unicef en Haití, Bruno Maes, en Twitter.Los menores, que suelen viajar indocumentados, se exponen al riesgo de ser víctimas de tráfico, de explotación sexual o de abusos infantiles, agregó Maes.5/5 – Children among the migrants are often undocumented and at high risks of child trafficking and sexual exploitation and abuse. UNICEF is calling for more action to protect children and open access to their fundamental rights. @uniceflac @UNICEF pic.twitter.com/E2r5CLX1ID— Bruno Maes (@BrunoMaesUnicef) October 10, 2021La mayoría de los deportados proceden del suroeste de Haití, zona gravemente impactada por el terremoto del pasado 14 de agosto. Salieron de su país a principios de septiembre, en embarcaciones llamadas “kanntè” intentando llegar a Miami.Un portavoz de Unicef dijo a la agencia española que el organismo de la ONU todavía está realizando el recuento de los migrantes deportados y carece de una cifra exacta. También aseguró que los migrantes deportados probablemente regresarán al sur de Haití, donde la población vive en la pobreza y experimenta dificultades por los graves daños que causó el terremoto en miles de viviendas, infraestructuras, escuelas y centros de salud.«Unicef llama por más acción, más apoyo acelerado a los migrantes haitianos para reconstruir sus vidas después de haber sido expulsados y más apoyo a los niños para ayudarles a regresar a la escuela y tener acceso a los servicios de salud», dijo Maes.Desde el pasado 15 de septiembre, al menos 8200 haitianos han sido repatriados desde Estados Unidos y desde los países de la región del Caribe, según cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).PublicidadMigrantes haitianos reciben atención en campamento al norte de CamagüeyLa mayoría de ellos, unos 7500, fueron deportados desde Estados Unidos, después de que miles de haitianos hayan llegado en las últimas semanas a la frontera sur del país, tras viajar a pie desde Chile o Brasil, países en los que vivían en los últimos años.Las cifras de la OIM no incluyen las deportaciones que realiza República Dominicana a diario, que afectan a cientos de haitianos.Cuba comenzó el pasado jueves el proceso de repatriación de inmigrantes haitianos que desembarcaron en costas de Maisí, en la provincia de Guantánamo. Un funcionario del Gobierno municipal explicó que en ese primer viaje se trasladaron 350 de los 421 migrantes que permanecían en el territorio oriental.Otro grupo de 183, entre ellos mujeres y niños, eran atendidos en la provincia cubana de Camagüey luego de que la embarcación en que viajaban recalara al norte de ese territorio tras sufrir una avería, según medios oficiales.Efe/OnCuba

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Entre polvo rojo, “ala blanca” y Manuzinha: un cubano por el sertão brasileño

La construcción cultural e identitaria de nuestros países sin dudas tiene mucho de imaginarios, preconcepciones y narrativas en disputa. Cuando fui a encontrarme con Brasil primaba en mí una limitada visión turística del otro/a, en la cual Brasil era fútbol, samba, carnaval y Rio de Janeiro. Esa experiencia primeriza de conocer el país sin dudas era mediada por una perspectiva que estereotipa las múltiples realidades y sujetos que subyacen en los territorios de Nuestra América, comparable a aquella sesgada Cuba de playas, mulata, ron y Floridita en La Habana. Luego de unos años y amigos/as mediante, la mirada se ha trastornado descubriendo una diversidad cultural y de seres humanos que rebasa los resquicios de mi saber colonizado, mientras intento adentrarme en ese Brasil profundo, desconocido.Hace unos días un viaje a la ciudad de Piranga, volvió a desafiar mi “no/lugar” de ser humano migrante; uno que cada día fluye haciendo jogos de cintura1 para que la nostalgia no lo carcoma. Piranga es un municipio del estado de Minas Gerais, localizado a 169 km de la capital minera Belo Horizonte, con una población cercana a los 18 mil habitantes. El término piranga proviene del idioma aborigen tupí-guaraní y significa “barro rojo”, la historia de este territorio se remonta a mucho antes de la colonización portuguesa con una presencia originaria indígena que nombra y da vida hasta hoy. Así de potente se nota también la impronta negra/africana en este territorio donde desde 1721 fueron declarados en manumisión los integrantes del Quilombo de Santo Antônio do Guiné Piranga, quienes para celebrar y eternizar su libertad plantaron un majestuoso árbol de Jequitibá. La invitación a conocer el poblado de Coelho en Piranga llegó a través de Débora y su familia, Sil, mi compañera, es amiga entrañable y maestra de Emannuely, hija menor de Débora y Anderson. La pequeña Manu es un esencial motivo para que el amor centralice cada paso de estas personas; vivir es un desafío para Manu desde que nació con un síndrome de Joubert que le condiciona múltiples deficiencias.Para llegar al vilarejo (poblado) de Coelho debemos andar 10 km sertão2 adentro, en esta etapa de sequía intensa, el grueso polvo te cubre el rostro, y en algún momento te tienes que bajar del auto para limpiar el parabrisas. Vas atravesando caminos serpenteados, alturas, quebradas, te introduces en un valle con una naturaleza exuberante que, a pesar de estar castigada por la sequía y los fuegos constantes, impresiona por su mística poderosa. Por fin, encontramos el portón que da entrada al imponente caserón de Zito Ribeiro y Doña Nadir (padres de Débora). A la derecha está flanqueado por dos lagunas que se alimentan de alguna fuente acuífera que cruza las montañas y son un lugar de pesquería y estancia de patos, que nadan con indiferencia y tranquilidad absoluta. Camino que conecta los pueblecitos (villas) al interior de la ciudad de Pitanga. Casa de Zito y Nadir ubicada en el pueblecito (villa) de Coelho.El sitio3 es el territorio natural del viejo Zito y su familia. Zito es nacido y criado aquí en medio de la floresta y de sus animales. Ya en la juventud fue a trabajar a Belo Horizonte, allá hizo familia, estuvo más de 30 años en la “gran ciudad”, y decidió regresar a tomar cuenta de su quilombo y reencontrarse con sus raíces luego de jubilarse hace pocos años. Yo, un sujeto llegado de ultramar, fui recibido como un integrante más de la familia, ¡Sinta-se en casa, Maikol! Me dicen… ¿Se fala así?, me preguntan, y yo, riendo junto a ellos les digo: es Maikel…Ahhh como Michael Jackson? Siiii jajaja lo que en cubano… y allí, la universalidad del “rey del pop” es un puente que ahorra palabras.El día que arribamos era también el cumpleaños de Anderson, esposo de Débora, la semana anterior había sido el de ella. Por eso, se anuncia para el próximo día bolo 4 y brigadero 5, cerveja, cachaça 6 y churrasco, alegría simple, saludable, contagiante. Entonces llega Tamiro, amigo de la familia, albañil curtido, caipira indomable, hace dos meses perdió a su esposa Verônica e intenta lidiar con la falta del amor de su vida. En una esquina observan nuestra llegada Henrique y Arthur, los hermanos mayores de Manu, de 11 y 13 años, adolescentes inquietos, pícaros, muy inteligentes y educados, siempre al tanto de colaborar con el cuidado de su querida hermana.En la estancia de Zito y Nadir no hay lujos, nadie desea impresionar con bienes materiales, la casa es espaciosa porque solo tiene utensilios básicos. No faltan allí el fogón de leña, un área para churrasco, una pequeña huerta y los corrales de puercos, los gallos cantan y los cachorros ladran a los desconocidos. Por momentos estar en ese lugar me transporta a los campos cubanos, me recuerda la gentileza y hospitalidad del guajiro/a cubano, que te recibe tímido a veces, pero siempre de corazón abierto.PublicidadLa primera noche es viernes (sexta-feira). En el Brasil popular y cotidiano sextou es el inicio ideal de un fin de semana que permita olvidar a Bolsonaro y otras tantas pandemias que se sufren en el país. Se canta, se bebe hasta donde los ojos y el estómago aguantan, llueven las historias, Débora cuenta sus travesuras de niña con sus hermanos, Doña Nadir sonríe maternalmente, afirmando. Henrique y Arthur dicen que hay cobras, panteras (onça) y mis piernas tiemblan, pero no digo nada, Zito precisa que las cobras te atacan si invades su espacio y yo pienso, pues, que «el respeto entre vecinos consolida la unidad del barrio», y me tranquilizo.La noche se anima cuando Tamiro trae su sanfona, una especie de acordeón, base instrumental de populares ritmos del Nordeste brasilero como el forró y el baião. Ver una sanfona me deslumbra, viene a la memoria mi reciente encuentro con la música del pernambucano Luiz Gonzaga Rey del Baião, y mi portuñol es suficiente para decirle a Tamiro: ¡Por gentileza, toque para mi Asa Branca!  A veces no me entienden bien y yo tampoco a ellas/os, mi frase salvadora en esos casos es: ¿pode repetir?, pero mencionarle a Tamiro la canción Asa branca, considerada un himno que ha sido interpretado por Vinicius de Moares, Baden Powell, Majur y Caetano, definitivamente rebasó cualquier desconexión cultural e identitaria que pudiera existir entre nosotros. Termino pidiendo de favor la sanfona a Tamiro e intentando, con mis torpes dedos, sacar una nota de aquel instrumento secular y precioso. Con su sanfona, Tamiro toca Asa Branca, de Luiz Gonzaga, durante la despedida, acompañado por nuestras palmas y danzas. En la foto aparecen Zito, Débora, Anderson y el autor de este texto.Es sábado ya y los gallos te despiertan, hoy será el día del churrasco y del bolo. Anderson prepara la churrasquera, Zito y Arthur alimentan los puercos, Henrique y Sil intentan pescar. Débora, cerca de ellos, se sienta en el césped con Manu, que amaneció inquieta. Débora es una joven mujer negra, enfermera, estudia Ciencias Políticas y sueña con fundar una ONG para apoyar madres/padres con niñas/niños deficientes, tiene el apoyo de Anderson, su esposo, de sus hijos, de sus padres. La vida y el futuro es una construcción sucesiva de presentes, de cotidianidades, como diría Zemelman, han pasado profundas tristezas, la más reciente fue que Manu también debió superar un cáncer. Y aquí estamos hoy junto a ella, encantada con el aire puro, sus sentidos captando la belleza natural, el cantar de los pájaros, calmada y sonriendo feliz cuando su hermano Henrique imita los rugidos de dinosaurios que ella adora.  En la tarde salgo con Zito en su camioneta, vamos a la tienda/venda de Loló a hacer compras, en el camino hablamos de la vida, de las personas, del amor por la familia, de sus sueños de convertir su bello sitio en un lugar de hospedaje turístico. Percibo el amor de ese hombre rudo —y aparentemente huraño— por sus seres queridos, especialmente por su Débora y su Manu; los ojos le brillan cuando habla. Manu es dichosa y feliz, el cuidado para su familia es un acto de cotidianidad amorosa, de responsabilidad, ternura, y superación de obstáculos, donde cada sujeto se crece para entretejer una red familiar que garantiza protección a la niña, además de sentir y vivir como parte integrante, y no al margen.Llega la esperada celebración, está el bolo en la mesa, lo circundan brigaderos; Anderson, como buen churrasquero, no para de cortar y servir, entre anécdotas, risas, cerveza, cachaça. A la sanfona de Tamiro se une el acordeón de un vecino del vilarejo, la música de los instrumentos se alterna con samba, pagode, Zeca Pagodinho e Beth Carvalho. Cantamos el parabéns a Anderson y Débora, acompañados por la sanfona y el acordeón, luego comienza una música de forró y Débora, Anderson, Zito y Nadir bailan, intercambian parejas entre risas, aplausos, y terminan en un abrazo feliz. Celebración de cumpleaños de la familia y vecinos (ya vacunados contra la COVID-19), en la mesa el bolo (cake) y los brigadeiros (dulces).Amanece el domingo, antes de nuestro regreso a Belo Horizonte habrá excursión al río Piranga, rápido se desayuna y nos alistamos. Prefiero ir en la parte trasera de la camioneta de Zito, al aire —y el polvo— libre, también se embullan para ir allí Arthur, Henrique y Sil… comienza la travesía. Pendientes arriba, abajo, el polvo que nos cubre, las risas de los muchachos, me siento un niño otra vez —en el fondo nunca dejamos de serlo—, mientras disfruto sonriente, pienso en Roxi y Maikiel, en mi madre, mi abuela y mi hermana, deberían estar conmigo allí sonriendo.Llegamos al río Piranga, Zito, Tamiro, Henrique y Arthur entran rápido, el agua está fría, no obstante, a los pocos minutos, el guerrero sanfoneiro se está lanzando agua con los chicos y dejando arrastrarse por el torrente junto a ellos. Luego vienen Manu y los demás, la niña está inquieta, su padre Anderson la toma en sus brazos, lo observo con la delicadeza con la que la trata como solo el amor permite, toma sus piernas y comienza lentamente a introducir los piecitos de Manu en el agua que fluye. De a poco, Manu se extasía con el agua, patea suave la corriente que burbujea, su padre extasiado con ella, todos allí felices de verla disfrutar, contentos de verla ser parte armónica de la vida y no rendirse. El baño en el río Pitanga aparecen los adolescentes Henrique y Arthur, Tamiro y el autor de este texto. Manuzinha se moja los pies en el río de la mano de su papá Anderson.En el regreso al sitio más aventuras, la camioneta se detiene por el polvo llegando al fin de una pendiente. Nos lanzamos a empujar, Tamiro cae al piso, rueda por el polvo, reímos hasta “morir” al verlo rojo desde la cabeza a los pies, como si fuera una pieza de barro viviente. Nos bañamos con la manguera al llegar a la casa, jugamos una partida de fútbol, luego de más de 15 años olvido la deficiencia física de mis piernas y todavía no sé cómo persigo balones, cruzo con gambetas, ruedo por el césped y hasta le hago unos goles a Tamiro y Arthur.Llega el momento de la despedida y saco unos tabacos7 traídos de Cuba, los ofrezco de obsequios y aunque casi nadie fuma se sienten seducidos por ver un famoso tabaco cubano, es así como inmortalizamos nuestra amistad con unas fotos simulando fumar juntos. Toda separación es incómoda, lo sé porque vivo distante de muchas cosas que amo. No es diferente ahora después de estar junto a estas personas, pero no hay lugar para la nostalgia, la vida es una articulación de pequeños momentos felices.Como era de esperar, en el adiós le pido a Tamiro que toque Asa branca, cual himno que eterniza la amistad, bailamos baião —yo lo intento—, y sin dudas en aquel momento un cubano migrante en Brasil siente profundo en su corazón el misticismo del sertão y de la música de Gonzagão8. Partimos, voy silencioso, solo pienso en aquellos dos días de emociones, en cuán felices podemos ser con la simplicidad de ser nosotros mismos. Pienso en lo mucho que desconozco de un Brasil que rebasa, una vez más, mi imaginación, y me invita a ser ese sujeto diaspórico que descubre a territorios y personas que ya no serán invisibles, por suerte para él…y entonces me decido a escribir estas líneas, que son también un homenaje a los que la pandemia transportó a otra dimensión, es mi respeto y agradecimiento a aquellas/os que en este Brasil que canta y sufre me permiten un espacio, y ser parte de sus vidas. Foto de despedida, aparecen, de derecha a izquierda: Zito, Tamiro, el autor de este texto, Débora, Nadir, Sil y Anderson.***Notas: 1 Expresión coloquial usada en Brasil para referirse a tener flexibilidad para superar alguna cosa, salir de dificultades.2 Generalmente se refiere al interior de las regiones brasileñas, lo que en Cuba pudiera ser una zona de campo, alejada de las ciudades. Hay distintas zonas como el sertão minero y el nordestino con sus especificidades climáticas, de vegetación y población animal. El famoso autor brasileño Guimarães Rosa inmortaliza al sertão con su novela “Grande sertão veredas” y el ritmo musical conocido como “sertanejo” se origina a partir de la cultura y diversidad en estos territorios.3 En el campo brasileño se le conoce como sitio, fazendas a las casas que son parte central de un terreno mayor. También se le llama chácara a una casa en el campo pero que ocupa menos extensión de tierra.4 El pastel que en Cuba se conoce como cake de cumpleaños, pero con texturas diversas.5 Pequeños dulces artesanales de coco, maní, dulce de leche y diversos sabores, que se producen especialmente para fiestas y cumpleaños en Brasil. 6 Cachaça, pinga, cana o caninha es el aguardiente de caña de azúcar producido en Brasil, obtenido a través de la fermentación y destilación de la melaza. Es usada para preparar el popular trago conocido como “caipirinha”. 7 En Brasil se les conoce como “charutos”. 8 Apodo de Luiz Gonzaga, su hijo también es un maravilloso cantante brasileño al que se le llama “Gonzaguinha”.

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