HAVANA CLIMA

literatura contemporánea

Rey Andújar: pequeñas editoriales, una luz de esperanza en América Latina

El escritor dominicano radicado en Estados Unidos Rey Andújar define su novela Los gestos inútiles, que se publica ahora por primera vez fuera de Cuba y su país, como la antítesis de la estampa ideal del “Caribe All Inclusive”, el “todo incluido” para turistas.“Es la otra cara del selfie”, la “trastienda del reportaje”, señala este miércoles en una entrevista telefónica con Efe desde Chicago, el lugar donde este firmante del “Manifiesto Caribe Pop” reside y donde ejerce la docencia en la Governors State University.Andújar, que tiene 45 años y lleva 22 viviendo fuera de su país, ha encontrado en la editorial estadounidense La Pereza la vía para rescatar del limbo de los libros una novela policial que, asegura, no ha perdido vigencia pese a llevar más de siete años publicada.Es más, dice, ha cobrado peso con “todo lo que ha pasado” en el Caribe y en América Latina desde 2015, el año en el que Los gestos inútiles ganó el Premio Latinoamericano de Novela ALBA Narrativa.“ALL INCLUSIVE” DE VIOLENCIA Y CORRUPCIÓNLa historia gira en torno a un caso de asesinato relacionado con cierta esfera de poder militar y del regreso al país del hijo de la víctima, quien, además de encargarse del entierro, debe concluir ciertas cosas que su padre dejó a medias y a la vez bregar con sus propias asignaturas pendientes. Todo ello en el marco de las transiciones de poder desde el balaguerismo hasta el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).“La imagen ‘ideal’, ‘armónica’ y ‘feliz’ de República Dominicana será desdibujada por la ironía de Andújar, y cederá paso a un retrato invadido por la corrupción”, dice en la web de La Pereza Adriana Rodríguez Alfonso, de la Universidad de Salamanca.Andújar presentó Los gestos inútiles al concurso literario, instituido por la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y el Centro Cultural Dulce María Loynaz de La Habana, debido que no prosperaron las negociaciones que mantenía con editoriales para publicarla.El libro premiado se publicó en Cuba “en una edición muy cuidada” que no traspasó fronteras y Andújar, a pesar del reconocimiento internacional, encontró dificultades para que su novela viera la luz de la imprenta.“Algunas editoriales me dijeron que no estaban interesadas en libros premiados”, dice este escritor, que a fines de año sacará su nueva novela, El germen de lo fatal, con Elefanta, una editorial independiente mexicana.El escritor, siempre vinculado al mundo cinematográfico y más desde que Candela, una novela anterior a Los gestos inútiles, fue llevada recientemente al cine, ve la “efervescencia” de las pequeñas editoriales como una luz de esperanza frente a la “precariedad” de la situación editorial en América Latina.UN MUNDO EDITORIAL PRECARIOAdemás de la estadounidense La Pereza y la mexicana Elefanta, menciona sellos como la argentina Corregidor y la chilena Banda Propia. De igual forma asegura que hay un nicho de mercado para sus contenidos “selectos” y posibilidades de crear una “minicadena” de distribución latinoamericana y caribeña.La falta de distribución, la bajada del índice de lectura por el alza del coste de vida y la desaparición de las librerías que, “han tenido menos oportunidades de reinventarse” ante el cambio de modelo de negocio y del tipo de lector, son los problemas más acuciantes.Como asesor cultural del actual Gobierno dominicano, lo que se apresura a señalar que no impide que ejerza su “ojo crítico”, opina que después de la Ley del Cine en su país, que “revolucionó” el sector y generó empleo y riqueza, ahora le debe tocar el turno a lo que tiene que ver con los libros y la literatura.La Ley de Mecenazgo, ya aprobada pero todavía por desarrollar, puede ser el marco para establecer alianzas público-privadas que propicien un impulso del sector, señala.Andújar extraña los tiempos en que había intercambios de catálogos entre las oficinas de las editoriales españolas en los distintos países latinoamericanos y un libro escrito por un dominicano podía llegar a los lectores puertorriqueños o colombianos, cuando la distancia no era mayor a la geográfica.Ahmel Echevarría: “Lo usual es el olvido, la derrota”Cuando se le pregunta si hay relevo en la literatura dominicana y concretamente si alguien puede ocupar el lugar de Junot Díaz, afirma que, aunque es un “meteoro brillante”, no hay que olvidar a Julia Álvarez ni a escritoras más jóvenes como Elizabeth Acevedo o Angie Cruz, que han triunfado en EEUU.Andújar es uno de los artistas firmantes del llamado Manifiesto Caribe Pop en que se proclama que “la ricura, el todo incluido, (es) lo atroz”. “Caribe es ser y estar. Es la catástrofe y la calamidad, el insostenible azar, soportar la realidad y gozarla hasta su molécula última”, señalan estos artistas.Ana Mengotti/Efe/OnCuba.

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“Soltar la lengua”, un retrato humano de José Lezama Lima

Más que una obra erudita, el documental “Soltar la lengua”, del realizador cubano Ernesto Fundora, es un retrato humano que destruye con pinceladas de picardía la imagen hermética del poeta José Lezama Lima.“Llegué a Lezama por el mito, pero en el camino encontré a un tipo con sentido del humor, divertido, un cuerista, como dicen en Cuba. Cuando descubrí eso, vi un camino para crear un puente con el espectador común”, aseguró este sábado al periodista Gustavo Borges, de Efe, el cineasta, al referirse al filme presentado este mes en la capital mexicana.Aunque repasa la obra de Lezama, el documental se desmarca del mito y muestra al escritor en poses mundanas del otro lado de su escritura, jugador de béisbol, chistoso y asombrado cuando una turba de reinas de belleza entró a su casa de la calle Trocadero.El realizador cubano Ernesto Fundora, habla durante una entrevista con Efe, el 25 de agosto de 2022, en Ciudad de México (México). Foto: Mario Guzmán/Efe.Poeta y narrador, Ernesto Fundora (La Habana 1967) trabajó desde 2009 hasta 2019 en una pieza con afán de totalidad, que reunió en torno a Lezama a personalidades como los escritores Eliseo Alberto Diego, Miguel Barnet, Gonzalo Celorio, Antón Arrufat, Fina García Marruz, José Prats Sariol y Froilán Escobar, el trovador Silvio Rodríguez y la editora Neus Espresate, entre otros.“Yo tenía una idea de guión, pero cuando me senté con esas eminencias, dejé de ser rígido; sustituí la entrevista periodística por la conversación y eso enriqueció el proyecto”, confiesa Fundora.UN DIOS DENTRO DE UN CARACOLLezama Lima es como un Dios dentro de un caracol, dice el novelista Miguel Barnet, uno de los muchos que diserta acerca de la trayectoria de uno de los cubanos más brillantes del siglo XX, cuya voz empezó a gritar en 1937 con el poema “Muerte de Narciso” y no hizo silencio hasta su muerte.“El documental es una obra de servicio y uno va experimentando una devoción, una admiración, un respeto, un cariño como pocas veces lo has tenido por alguien. Ahí se juntan muchos factores porque Lezama es un patriarca de la nación”, confiesa Fundora.La película reúne testimonios del Lezama bibliotecario en la prisión “El príncipe”, caminante por las calles de su barrio pobre de Centro Habana, y se detiene en la tragedia vivida por el luminoso intelectual, al que el Gobierno de Cuba rodeó de una imagen de hermético para poderlo condenar.Sensible, aunque honesto consigo mismo, Lezama se bajó de la carroza de la Revolución cubana. Eso le costó ser interrogado, vetado y aislado, lo cual le provocó una tristeza que conllevó a su muerte, la madrugada del 9 de agosto de 1976, a causa de un infarto tras una infección pulmonar.“Fue una operación bien montada para que su muerte pareciera natural, pero su muerte fue por anulación, por ninguneo, sometimiento y silencio. Lo convirtieron en un fantasma, lo abandonaron y quedó como un gordo solitario”, explica el realizador.Lezama, los negros y el autorretrato de la Cuba “letrada”. Unos apuntes.Gordo solitario es la expresión del premio Alfaguara “Lichi” Diego, al referirse a los meses finales del poeta, ante quien se inclina con una frase lapidaria: “Con él comienza y termina un enorme misterio que se llama José Lezama Lima”.LECTURA CON ANTENASEstudioso de la obra de Lezama, el cronista Fundora, residente en México, retó a un duelo de palabras a eruditos de la obra del poeta. Uno de ellos, el mexicano Gonzalo Celorio, le regaló una de las reflexiones más lúcidas acerca de Paradiso, la novela que revolucionó el idioma español.“Paradiso se tiene que leer con las antenas con las que se lee la poesía porque es una obra poética, es una gran arquitectura verbal, en la que el tiempo, materia prima de cualquier discurso narrativo, queda abolido por una magna imagen poética”, señaló Celorio, con sangre cubana por la vía materna.Después de decenas de horas de grabación, de una edición cuidadosa y de meses de postproducción, Soltar la lengua dejó claro que los estudios sobre Lezama están en pañales, pero sobre todo, que en el mundo de habla hispana hay una gran deuda con el maestro.El enojo del poetaA pedido de Efe, Fundora se refiere a la imagen de hombre vencido que algunos despistados asocian a Lezama Lima. Enciende un puro con un gesto que recuerda al maestro y sus palabras son como un abrazo que explica la devoción de muchos por el Dios dentro del caracol:“Decía Jorge Luis Borges que hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar. Lezama participaba de esa dignidad que es la de José Martí, la de Cristo, la del Quijote, la de Franz Kafka y la de los hombres que defienden un ideal a expensas de su propia vida”.Gustavo Borges/Efe/OnCuba.

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“Soltar la lengua”, un retrato humano de José Lezama Lima

Más que una obra erudita, el documental “Soltar la lengua”, del realizador cubano Ernesto Fundora, es un retrato humano que destruye con pinceladas de picardía la imagen hermética del poeta José Lezama Lima.“Llegué a Lezama por el mito, pero en el camino encontré a un tipo con sentido del humor, divertido, un cuerista, como dicen en Cuba. Cuando descubrí eso, vi un camino para crear un puente con el espectador común”, aseguró este sábado al periodista Gustavo Borges, de Efe, el cineasta, al referirse al filme presentado este mes en la capital mexicana.Aunque repasa la obra de Lezama, el documental se desmarca del mito y muestra al escritor en poses mundanas del otro lado de su escritura, jugador de béisbol, chistoso y asombrado cuando una turba de reinas de belleza entró a su casa de la calle Trocadero.El realizador cubano Ernesto Fundora, habla durante una entrevista con Efe, el 25 de agosto de 2022, en Ciudad de México (México). Foto: Mario Guzmán/Efe.Poeta y narrador, Ernesto Fundora (La Habana 1967) trabajó desde 2009 hasta 2019 en una pieza con afán de totalidad, que reunió en torno a Lezama a personalidades como los escritores Eliseo Alberto Diego, Miguel Barnet, Gonzalo Celorio, Antón Arrufat, Fina García Marruz, José Prats Sariol y Froilán Escobar, el trovador Silvio Rodríguez y la editora Neus Espresate, entre otros.“Yo tenía una idea de guión, pero cuando me senté con esas eminencias, dejé de ser rígido; sustituí la entrevista periodística por la conversación y eso enriqueció el proyecto”, confiesa Fundora.UN DIOS DENTRO DE UN CARACOLLezama Lima es como un Dios dentro de un caracol, dice el novelista Miguel Barnet, uno de los muchos que diserta acerca de la trayectoria de uno de los cubanos más brillantes del siglo XX, cuya voz empezó a gritar en 1937 con el poema “Muerte de Narciso” y no hizo silencio hasta su muerte.“El documental es una obra de servicio y uno va experimentando una devoción, una admiración, un respeto, un cariño como pocas veces lo has tenido por alguien. Ahí se juntan muchos factores porque Lezama es un patriarca de la nación”, confiesa Fundora.La película reúne testimonios del Lezama bibliotecario en la prisión “El príncipe”, caminante por las calles de su barrio pobre de Centro Habana, y se detiene en la tragedia vivida por el luminoso intelectual, al que el Gobierno de Cuba rodeó de una imagen de hermético para poderlo condenar.Sensible, aunque honesto consigo mismo, Lezama se bajó de la carroza de la Revolución cubana. Eso le costó ser interrogado, vetado y aislado, lo cual le provocó una tristeza que conllevó a su muerte, la madrugada del 9 de agosto de 1976, a causa de un infarto tras una infección pulmonar.“Fue una operación bien montada para que su muerte pareciera natural, pero su muerte fue por anulación, por ninguneo, sometimiento y silencio. Lo convirtieron en un fantasma, lo abandonaron y quedó como un gordo solitario”, explica el realizador.Lezama, los negros y el autorretrato de la Cuba “letrada”. Unos apuntes.Gordo solitario es la expresión del premio Alfaguara “Lichi” Diego, al referirse a los meses finales del poeta, ante quien se inclina con una frase lapidaria: “Con él comienza y termina un enorme misterio que se llama José Lezama Lima”.LECTURA CON ANTENASEstudioso de la obra de Lezama, el cronista Fundora, residente en México, retó a un duelo de palabras a eruditos de la obra del poeta. Uno de ellos, el mexicano Gonzalo Celorio, le regaló una de las reflexiones más lúcidas acerca de Paradiso, la novela que revolucionó el idioma español.“Paradiso se tiene que leer con las antenas con las que se lee la poesía porque es una obra poética, es una gran arquitectura verbal, en la que el tiempo, materia prima de cualquier discurso narrativo, queda abolido por una magna imagen poética”, señaló Celorio, con sangre cubana por la vía materna.Después de decenas de horas de grabación, de una edición cuidadosa y de meses de postproducción, Soltar la lengua dejó claro que los estudios sobre Lezama están en pañales, pero sobre todo, que en el mundo de habla hispana hay una gran deuda con el maestro.El enojo del poetaA pedido de Efe, Fundora se refiere a la imagen de hombre vencido que algunos despistados asocian a Lezama Lima. Enciende un puro con un gesto que recuerda al maestro y sus palabras son como un abrazo que explica la devoción de muchos por el Dios dentro del caracol:“Decía Jorge Luis Borges que hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar. Lezama participaba de esa dignidad que es la de José Martí, la de Cristo, la del Quijote, la de Franz Kafka y la de los hombres que defienden un ideal a expensas de su propia vida”.Gustavo Borges/Efe/OnCuba.

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Dos novelas con asesinos muy peculiares

La novela negra, ese género que tiene muchos adeptos y otros tantos que ni se le acercan, todavía goza de bastante éxito en el mundo editorial y —como casi todo— se ha diversificado, sin perder esa característica principal que acuñara Raymond Chandler en su ensayo El arte de matar: “(…) es la novela del mundo profesional del crimen”.Las dos propuestas que traigo mezclan lo noir con la comedia y otros elementos de corte más filosófico, histórico, político y artístico, pero son, al cabo, fieles al género, si bien lo anuncian desde sus títulos: El asesino inconformista de Carlos Bardem y El asesino hipocondriaco de Juan Jacinto Muñoz Rengel, ambos autores españoles.Traigo a estos dos asesinos en el mismo paquete pues, tanto Fortunato como el Señor Y, son bastante peculiares y se quedarán sujetos a la memoria del lector que los encuentre.Sin más vueltas, para no marear, vamos al lío:El asesino inconformista de Carlos BardemEl último párrafo del primer capítulo dice así: “(…) La vida, vista con distancia, en su totalidad (…) es un acto trágico. Una historia de muerte que empieza con el nacimiento. Pero la vida en la distancia corta, en lo cotidiano —la lucha siempre frustrante, las ambiciones nunca cumplidas, la torpeza inevitable en el trato con los otros, los amores errados, la entrega irracional a las sensaciones— se convierte en un acto cómico, en un sainete ridículo, muchas veces hilarante. (…) En cuanto desaparece la muerte de la ecuación todo queda en una broma insípida o de mal gusto.Por eso, Fortunato es un asesino”. Ya con esto, alguien como yo —cuyo lema de vida es búrlate de la vida pues ella es una cínica que se burla de ti, entra en hype lector pues empieza a darse cuenta del tipo de novela que tiene entre las manos. Cubierta del libro. Foto: tomada de internet.Queda claro que estamos ante una novela noir, que a su favor carga con el Premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón, pero no es la típica historia llena de fórmulas habituales del género, si bien contiene sus premisas esenciales, claro.Ahora te ofrezco mis ampliadas razones para que entiendas la clase de “Librazo” que me ha dado Carlos Bardem. Con constantes aluciones al mundo del cine, y un sentido del humor refinado, buen equilibrio entre la prosa culta y la sencilla, juegos con el lenguaje y momentos de aguda introspección en el que Fortunato, el protagonista, nos invita a cuestionarnos desde a nosotros mismos hasta nuestro entorno, Carlos Bardem nos ofrece la historia de un asesino contada en primera y tercera persona, con mucho flujo de pensamiento y contrastes interesantísimos, como todos los personajes aquí presentes; se sienten totalmente reales.Se apoya de saltos y mudas para llevarnos al pasado de Fortunato y conocer su vida, las raíces de sus sentimientos, de su ideología y de sus pasos, pero también para ver algunas acciones desde diferentes puntos de vista. Al asesino le gusta escribir, y lleva un poemario y una obra de teatro de forma discreta, pero no tanto como su profesión, de la cual ni su mujer sabe. Esta afición dará un giro inesperado en la trama, y es comprensible teniendo en cuenta los códigos morales y éticos que vamos conociendo de este curioso personaje: “(…) Su asesino siempre modificaba e influía en su escritor…”. Claudita, su mujer, que es actriz, adquiere más importancia en la trama a medida que se avanza en la lectura: “(…) del mal solo te salva amar, siquiera a una persona entre toda la humanidad, y ser amado por esta…”. El lirismo que alcanza en la prosa eleva muchísimo a la novela, que resulta también un estudio de la España de hoy, del estado en que se encuentra la naturaleza humana en la modernidad: “(…) Cualquiera que llegue a puestos de poder, en la empresa o la política, es por fuerza alguien con rasgos psicopáticos. La falta de empatía es indispensable cuando tu vida es imponerte a otros, pisarles y pasarles por encima. Nos lo venden como sana ambición y competitividad (…), pero es simple psicopatía…”.Es una novela que combina muy bien elementos de la literatura filosófica, humorística, noir y existencialista: “(…) la soledad escogida es una actividad solo al alcance de los espíritus más refinados…”.Fortunato, por fortuna —je, je— para los lectores, nos da acceso a su caudal de experiencia y escepticismo para sentenciar varias verdades que muchas veces sabemos y no logramos, o no sabemos, o no queremos poner en palabras; llené el libro de marcas y subrayados, de citas y frases para reflexionar. “(…) ¿Acaso no es esa la gran tarea de cada ser humano? ¿Darnos un relato con sentido para, al final, morir menos asustados y perplejos? ¿Se puede explicar el mundo sin mitos, sin personajes?”: Este es el alegato de un hombre maduro cuya sabiduría ha vuelto misántropo, medio fatalista y muy aterrizado, de ahí su inconformidad con el mundo que le rodea, con las realidades que nos imponen las redes sociales y las máscaras de las personas, los sistemas y las leyes: “(…) Odia su tiempo, pero no es tonto, sabe que pertenece a él inexorablemente, así que opta por vivirlo desde la singularidad…”. Se trata de un justiciero psicópata, liberado de las cadenas sociales más mainstream de estos tiempos, un antihéroe anacrónico y cínico a fuerza de exceso de lucidez: “(…) Los psicópatas tienen problemas para sentir, no para razonar (…), yo solo ayudo a que malas personas eliminen a malas personas”.Fortunato es uno de esos personajes de moral cuestionable y particular sentido de la justicia que se te quedan en la memoria por lo mucho que te cuentan; uno de esos antihéroes a los que se les coge cariño o al menos se le presta real atención, como el Tom Ripley de Patricia Highsmith o el Patrick Bateman de Bret Easton Ellis en su American Psycho. Fortunato se rebela contra ese Catolicismo cuasi medieval que aún existe en muchas regiones de España y que sobrevive en la memoria histórica, en la obra y el pensamiento de mucha gente, contra el establishment moderno, contra la tiranía esclavista de las redes sociales y el exceso de tecnología en nuestras vidas. Arremete también contra el sistema corrupto, la demagogia y el descaro político, ¿recuerdan que hace un tiempo les comentaba mi opinión de que la política es el verdadero malo de todos los cuentos? Aquí confirmo y reitero. Lo mejor de Nino Bravo es el disco que protagoniza la banda sonora de la historia, ya que Fernández, que a veces se llama González, le da los encargos de asesinatos a Fortunato en medios susurros bajo el sonido del Long Play del tenor dramático. Creo que El asesino inconformista es una gran novela filosófica, política, psicológica y realista con un título comercial y un argumento de novela negra salpicada de humor. Una lectura acertada en todos los sentidos.Lo que en verdad asesina Carlos Bardem, o Fortunato aquí a su nombre, es a la banalidad, pues durante y tras su lectura tu conciencia se verá sacudida ante los eventos cotidianos más simples de hoy, como la inmersión en el teléfono y el cumplimiento de las ene reglas “sociales” de este tiempo. Después de leer este libro me siento —siguiendo el juego de palabras de Fernández-González— ilumingradecido, que viene a ser iluminado y agradecido. Carlos Bardem.El final, que coquetea con el suspenso y la redondez, hace que el lector regrese al título de la novela y sonría ante la jugarreta del autor en esta obra tan profunda y entretenida, que te deja la inquietud del inconformismo con todo lo que se nos impone hoy en día como cierto, falso, correcto, incorrecto, moral… En fin, que no te conformes con nada de esto que te digo, vete a leer esta novela que entre intriga, asesinato, sexo, drogas, teatro, música, corrupción, conspiraciones y suspensos, te mantendrá como decía mi difunto tío — casualmente llamado Carlos también— con los radares engrasaitos engrasaitos. Repito: un gran acierto e ideal para leer, no solo en verano y no solo en este tiempo. Carlos Bardem ha sabido dejarnos una novela que contiene los elementos necesarios para mantenerse actual por muchísimos años, pues como él mismo dice entre estas páginas: “(…) las historias más interesantes son siempre las de las personas rotas, perdidas y malditas…”, y si a eso le añades los grandes y clásicos temas de la literatura que también se abarcan aquí; dígase amor, vida, muerte, el paso del tiempo, el viaje interno del hombre dentro de su tiempo y a eso le añades la alta carga filosófica, la acción y lo entretenida que la novela logra ser, pues, ¿necesitas más elementos para convencerte de por qué hablo de este “Librazo”? El asesino hipocondriaco de Juan Jacinto Muñoz RengelQuienes ya conocen esta columna semanal saben que solo hablo de esos libros que me han impactado, de ahí que se llame A Librazos. Con esta novela ha sido tan fuerte el impacto que la devoré en una tarde, refugio de las malas noticias que rodean a mi país ahora mismo y consuelo para el apagón que sufría mi barrio: ¡Qué manera de reírme! Cubierta del libro. Foto: tomada de internet.El asesino hipocondriaco es una comedia absurda con toques de novela negra, divertida, ingeniosa, entretenida, culta, interesante y muy, muy, muy bien escrita. Se trata de la primera novela del autor, que fue celebrada por grandes como José Saramago y Rosa Montero, y ahora por pequeños como yo. Narrada en primera persona, por el señor Y, un asesino a sueldo, la historia inicia con la persecución y espionaje que hace el protagonista a Eduardo Blastein, a quien debe matar. A medida que uno avanza el señor Blastein se convierte en una especie de Corre Caminos esquivo, o más bien el asesino se nos antoja muy a lo Coyote Loco, que lo mismo falla, cae en sus propias trampas o es atrapado en el acto. Imaginen a un asesino que dice que hoy es su último día de vida y aún así se empeña en matar al hombre que le han indicado, solo porque le pagaron por adelantado, pero lo principal que tiene en su contra para lograr su objetivo es su mente, su hipocondriasis y su estricto código moral, basado en la ideología de Immanuel Kant que propuso “(…) que se obrase solo de forma que se pudiera desear que todo el mundo actuase de ese mismo modo”. Resulta divertido ver cómo en cada capítulo descubrimos un nuevo padecimiento, anomalía y/o infortunio del señor Y, de hecho, Muñoz Rengel logra que el lector se envicie, por ponerlo de algún modo, con este mal ajeno, al punto de esperar a ver de qué forma nos sorprenderá tan singular tipo, tan raro asesino que no solo es estrábico, sino que también sufre el mal de Ondina, por lo que se queda dormido en las situaciones más absurdas e hilarantes; es alérgico al plátano, al kiwi, al aguacate y al látex; padece dermatitis atópica; tiene un curiosísimo apéndice en el cuello —no haré spoiler—;Síndrome de Ménière o enfermedad del vértigo; Síndrome del Acento Extranjero; Síndrome de Proteus,  más cosas y si escucha de otra enfermedad o virus igual se le pega. Tengo una tía hipocondriaca que todos los años se está muriendo de cáncer, o de diarrrrrrreas, como dice ella, creo que ya es inmune a las radiaciones de los rayos X, de tantos que se hace, y sabrá Dios si a algún otro medicamento también, lo cierto es que, aunque uno lo cuente con cierta comicidad, es un asunto serio, y en esta novela, entre risas, uno comprende la severidad de tan increíble padecimiento. Yo, hijo de madre con un máster en Anatomía Patológica, me imagino a Juan Jacinto documentándose muy bien para crear a este curioso personaje del cual uno se pregunta jocosamente; hijo, ¿cómo sigues vivo?, ¿quién confía en tu trabajo como para contratarte, con todos esos handicaps? Menudo asesino tú, y por otro lado también logra que el lector desconfíe de todas esas patologías coexistiendo en un solo cuerpo, ¡vamos! Pero bueno, como mismo dice el Señor Y: “(…) Los designios del señor Infortunio son inescrutables…”; hablando en plata cubana, este asesino es un perfecto Malvino Fortuna, al que todo lo malo le pasa. Juan Jacinto Muñoz Rengel.¿Quién quiere ver muerto a un hombre tan simple como Eduardo Blastein? ¿Por qué? Te estarás preguntando hasta el final, y hay otra pregunta que me viene a la mente al pensar en la novela y en sus personajes: ¿qué tanto nos condiciona lo que nos sucede, ya sea mental o físicamente? ¿Somos lo que padecemos o son nuestras reacciones las que definen nuestras vidas? “(…) Siempre así, impasible (…) Eso es lo que a mí me gustaría, que las cosas no me afectaran. Poder vivir con verdadera independiente de las circunstancias, de los accidentes (…) Por encima del bien y del mal. Pero soy humano, demasiado humano”.La novela discursa también por detrás de las apariencias y se divierte ella sola jugando con la inteligencia del lector, a quien el autor no subestima en ningún momento. Es magnífico el sentido del humor de Muñoz Rengel, muy a la inglesa —estoy pensando en Roal Dhal y en Tom Sharpe, por ejemplo — sin desdeñar la influencia de la chanza española y la jarana norte y latinoamericana —dígase Eduardo Mendoza, Woody Allen y otros—, ¡ojo! Estos autores los uso a modo de referencia, en plan estas promociones que se llevan ahora en las que te dicen “si te gustó esto, te gustará aquello”. Muñoz Rengel también hace gala de una exquisita ironía, y sus juegos eruditos son totalmente accesibles incluso para los que no han leído las obras de los autores referidos en los pasajes que narra sobre Kant, Proust, Tolstói, Lord Byron, Voltaire, Descartes, Poe, Jonathan Swift, Molière, entre otros, que conforman los referentes culturales, en esos pasajes biográficos que aporta en capítulos salteados para ilustrarnos sobre otros grandes hipocondriacos de la historia y la literatura, como un recurso que ayuda al Señor Y, nuestro simpático asesino protagonista, a sentirse menos solo en sus padecimientos, o al menos a encontrar cierto consuelo en esas mini biografías “paralelas” a la suya: “(…) Mi historia forma parte de otra mayor, más grande y elevada en todos los sentidos, la historia que una y otra vez escribimos con nuestras vidas todos los malditos por el estigma de la desdicha”.Tiene varios giros inesperados, pero se trata de una novela redonda que de no ser por el ingenio del autor hubiera sido una simple comedia negra, pero no, se monta en el gran tema de la vida, la muerte, las apariencias, la obsesión y el amor por la literatura para desde el humor y el absurdo reflexionar sobre los pilares en los que montamos nuestra existencia, hasta donde es sano un código moral y/o estado mental, pero ante todo, nos invita a burlarnos de la vida, que como ya dije antes, se vive burlando de nosotros. Reí leyéndola y reí al hablar de ella. Muy, muy, recomendable. Espero que se animen a leer estas dos novelas y que como a mí, les den el “Librazo”. Hasta la próxima semana, que advierto, vengo erótico y controversial. Ahí lo dejo.

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Françoise Sagan en tren especial de Oriente a La Habana

Caminaba esta semana por la calle Corrientes cuando, husmeando en una librería muy cercana a la 9 de Julio, encontré un libro cuya edición de 1955 me pareció de absoluta belleza. 191 páginas impresas en los talleres gráficos Lumen que ya no existen en Tucumán 2926. Es la novela Bonjour tristesse por la cual Françoise Sagan (1935-2004) mereció el premio de los Críticos franceses con 18 años. La traducción corresponde a Noel Clarasó y el libro fue editado por José Janés un año después de su publicación en Paris, dando prueba de la potencia de la industria editorial argentina en aquel entonces. Por ese motivo y el recuerdo de una vieja anécdota, lo compré.La anécdota la había leído hace mucho tiempo y lógicamente debí repasarla en su fuente original para componer esta crónica. En realidad, tuve que rastrear todas las fuentes para recuperar el hecho. Sucedió en 1960 y comenzó en Yara, entonces provincia Oriente, de Cuba.Resulta que un periodista cubano acababa de desmontarse de un camión de volteo atestado de gente. Cincuenta personas de pie. Un buen sol calentando sus cráneos. Caminos de sube y baja en la Sierra Maestra. El grupo había viajado desde Las Mercedes a Yara y debía seguir viaje a La Habana en un tren especial a bordo del cual habían hecho el recorrido inverso medio centenar de periodistas internacionales después de haber sido trasladados a la estación habanera a bordo de 20 Cadillacs en fila.Todavía animado por la conversación en la volqueta, más entusiasmado que exhausto por el trayecto, el periodista cubano se encuentra al fin en las cercanías de la estación donde divisa a una chica que le parece Françoise Sagan. Es rubia, viste pantalones amarillos y camisa beige. Tiene los ojos color avellana. “Se parece mucho a Françoise Sagan”, piensa, ajusta sus espejuelos y luego, más que seguro, se dice: “es que es Françoise Sagan”. Escribirá pronto una crónica titulada “Peregrinaje hacia la Revolución” en la que explica su desorden mental del momento: “había olvidado que ella había venido a Cuba enviada por el diario L’Express, a reseñar los festejos del 26 de julio”.Françoise Sagan en el tren especial, Cuba, 1960. Detalle de una foto de Jochen Blume.“No te puedes imaginar lo que significa un millón de personas en una carretera de 10 kilómetros, ¡es increíble! Tardamos dos horas en abrirnos paso en un camión desvencijado, adelantado por peatones, jinetes y coches americanos. Nuestras instrucciones eran no separarnos. Algunos periodistas nos dejaron de todos modos, desmayándose al sol. Empezábamos a tener hambre, y también sed, libertad.” Porque, en efecto, era Françoise Sagan.“En resumen, a las 5 de la tarde, nos encontramos en una plataforma, a 20 metros de los altavoces, y en medio de un mar de sombreros de paja. (…) De repente, un rugido: Castro se acercaba. Es alto, fuerte, sonriente, cansado. Gracias al teleobjetivo de un amable fotógrafo, pude contemplarlo por un momento. Se ve muy bien y muy cansado. La multitud gritaba su nombre: «¡Fidel!». Los miró con una mezcla de preocupación y ternura”.Poco después ese impresionante acto había pasado y ella, como todos, había atestiguado a una multitud seducida por su héroe, mimándolo, malcriándolo, escuchándolo.“Un millón de personas habían venido en diez días, pero un millón de personas querían irse en la misma media hora. Fue un espectáculo infernal. Había caído la noche y nuestro camión se había desplazado 10 metros en tres horas. Agotados por el sol, el hambre y la sed, los cubanos y los periodistas se desplomaron a un lado de la carretera. A lo largo de 10 kilómetros, 20 000 coches, con los faros encendidos, tocaron el claxon y avanzaron a toda velocidad, levantando torrentes de polvo”, escribe.Françoise Sagan, en Cuba, 1960. Detalle de una foto de Jochen Blume.Pero, en estos momentos, en el minuto exacto en el cual el periodista cubano la ha descubierto, aquella chica de 25 años sólo intenta retener los sentimientos, la atmosfera que vive para escribir eso que sus compatriotas leerán después. “Estoy escribiendo este artículo a las 4 de la tarde. El tren no se ha movido. Acaban de llegar algunos periodistas; se ven divertidos y la conversación es débil”.El entonces director de L’Express, Philippe Grumbach, le había hecho la encomienda. Bonjour tristesse transformó a Sagan en una chica justificadamente famosa. Su talento prematuro era consistente, su mirada aguda, su madurez le había permitido superar buena cantidad de incidentes desagradables: un suspenso en “La Sorbona”, un accidente automovilístico en su Aston Martin. Brillaba como cronista y estaba en Cuba debido a ese brillo. Incluso ya tiene apuntado lo siguiente: “Es el viaje más increíble que he hecho y espero que haga en mi vida”.Al periodista cubano le llamó la atención el grupo en torno suyo, todos franceses. “No hacen más que dormir, jugar cartas, lamentarse de que están muy lejos del balneario Saint Tropez, jugar a las cartas, dormir.” Sagan, en tanto, emborrona el cuaderno y ha sumado otra idea: “Un reportero de Match me dice que en diez años nunca ha estado en una expedición como ésta. Si salimos, intentaré ver a Castro y hablar un poco más de Cuba. En cualquier caso, el 26 de julio de 1961 lo pasaré en casa”.El grupo de franceses en cuestión estaba compuesto por ese otro periodista de París Match a quien el cubano recordaría por su apellido, Ferren. Y al tal Ferren le acompañaban su esposa y un fotógrafo de apellido Vital. También está allí un hermano de Sagan, pero no recuerda su nombre. Cuando suben al tren especial y este se pone en camino a La Habana, al periodista cubano le llama la atención que los franceses quieren que Cuba defina su política antes de que termine el trayecto: “Con Moscú o con Washington. ¡Escoja, señor, que no estamos para perder nuestro tiempo!”“Le explico lo más amablemente posible que Sartre estuvo un mes en Cuba peguntando, tomando notas, poniendo todo su equipo dialéctico en juego y todavía se iba sin una idea precisa, fija, acerca de la Revolución”, dice el periodista cubano: “No entienden. No quieren entender”. “Cuba no es tan sencilla. Personalmente, me fui con las ideas más románticas y entusiastas y volví con algunas reservas. Debo decir de entrada que pasé allí un total de nueve días, que no hablé con Castro, que estaba enfermo, y que vi más a la gente de la calle que al gobierno”, escribe Sagan.En Camagüey el tren especial tuvo que hacer una parada para recoger provisiones y el grupo de franceses, además de dormir, jugar cartas y lamentarse por la lejanía del balneario Saint Tropez insistió en bajarse para conocer la ciudad. Un miliciano con una ametralladora en la espalda y dos Colt en los costados les hizo saber que no podía dejarlos. Como no ofreció posibilidades uno de los franceses gritó: “¡Yo soy un hombre libre!”, ante lo que alguien soltó: “Ustedes vienen de una dictadura militar”. Uno de los franceses que ha persistido, riposta: “Yo no tengo miedo. De Gaulle ha sido electo, además, por catorce millones de votos. “Cómo decirles que Hitler obtuvo la misma cantidad”, apunta el periodista cubano que observa cómo el mismo miliciano que les ha negado la posibilidad de bajar vuelve para ofrecer a los franceses algunos pasteles secos.“Parecen ignorar por completo (hablo del cubano medio) que están a una hora de Estados Unidos, que han pedido ayuda a los rusos y que eso puede ser motivo de interés para la prensa mundial. Finalmente, están convencidos de que, aparte de Rusia, todos los pueblos viven bajo una horrible tiranía y que los franceses estamos echando una mano a un verdugo sanguinario llamado De Gaulle. Las conversaciones de este tipo, si continúan, te llevan al borde de la apoplejía. En cuanto a 1789, 1848, etc., no saben, somos atrasados y cobardes. Sé que este tipo de molestia parecerá infantil, pero hay que haber pasado nueve días con los cubanos”.Los reportajes escritos por Sagan sobre aquella Cuba revolucionaria no resultan demasiado alentadores para algunos coterráneos suyos de izquierda que jamás habían pisado la Isla. Mucho tiempo después, y según otro artículo de L’Express, contó que había encontrado “demasiados soldados, demasiados policías en todas partes”.  “Lo que también me llamó la atención fue que este país estaba dirigido por niños. ¡Niños barbudos, pero niños al fin y al cabo!”. Y apuntaba sonriente: “Estaba un poco loca en ese momento. Pensaba sobre todo en bailar, nadar, en fin, ¡fiesta!”.Guillermo Cabrera Infante. Foto: Ida Kar, 1964, National Portrait Gallery, LondonLo cierto es que cuando el tren especial, montado sobre rieles especiales, que cabeceaba de derecha a izquierda como un barco viejo (y evidentemente, como todo en la Isla, especial), llegaba a La Habana, Françoise Sagan era lo suficientemente inteligente como para haber hecho una serie de anotaciones que forman hoy parte hoy de su histórico viaje: “Los cubanos han conservado el sentido de la propaganda de los norteamericanos, y en todas partes solo hay panfletos, consignas, discursos, una histeria de carteles, profesiones de fe y, por supuesto, barbaridades. Todo el mundo anda con pistolas a los lados, panfletos en los bolsillos y una fórmula en la boca, lo que, además, queda muy mal en el pueblo cubano, que es la gente más amable, simpática y servicial de la tierra”.El periodista cubano que viajó también en aquel tren especial era Guillermo Cabrera Infante. El reportaje de Sagan para L’Express tiene por título: “Une promenade au soleil par Françoise Sagan”. Las fotos que encontré de ese momento, y de las cuales ofrezco apenas detalles, corresponden al alemán Jochen Blume. Antes de esta visita, un magazine que dirigía el periodista cubano protagonista también en este texto había publicado estas declaraciones de Sagan sobre esa obsesión de aquellos días llamada “compromiso del escritor”: “El “compromiso” del escritor se expresa a través de una serie de actitudes prácticas, como rehusar escribir en tal o cual publicación. La política es para mí algo puramente utilitario: se trata de cambiar el mundo. Pero ello no tiene nada que ver con lo que escribo, y no creo que importe mucho al lector ser aleccionado, por ejemplo, sobre la situación social de mis personajes”.

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Literatura de humor para el calor

Como anuncié la semana pasada, estaré trayendo propuestas literarias menos densas en este verano, que lo único denso que nos hace falta ahora mismo es la textura del proyecto solar y el apiñado de los hielos en el cóctel o en el frapuchino.Vamos al lío:Y a mi sobrino Albert… De David Forest:Hace algún tiempo escribí: La política es el verdadero malo de todos los cuentos, y en esta novela, alocada parodia de corte pacifista, mi frase cobra sentido —modestia, ¡apártate! Cubierta del libro.Empezemos hablando del título, uno de los más largos que he visto: Y a mi sobrino Albert le dejo la isla que le gané a Fatty Hagan en una partida de póquer, que se conoce como Y a mi sobrino Albert…, porque ese título es casi del tamaño del nombre completo de Pablo Picasso —por cierto, si no lo sabías, el fundador del cubismo se llamaba Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, en fin… Vayamos a la novela que nos ocupa: Albert hereda una isla inútil en medio de la nada, que como bien versa el larguísimo título de la novela, le fue dejada por su tío Alf, quien se la ganó en una partida de póquer. Al llegar a tomar posesión, se encuentra a algunos pájaros costeros y a una joven desnuda que toma el sol cerca de su lancha privada. Ella se llama Victoria, y desde ese momento empiezan a moverse los mecanismos de esta parodia. Victoria como la reina inglesa, y Albert, como el esposo de la misma; de ahí que jueguen a ser monarcas entre ellos dentro del contexto Foul Rock, que es como se llama la islita. “—Nunca te había visto antes y hace años que vengo aquí a tomar el sol.  (…)  —Es mi primera visita. Acabo de heredarla, así que supongo que eso me convierte en rey.  —Perdonadme, majestad. Sed bienvenido. Solo la utilizo para tomar el sol.  —Típico colonialismo. Toman todo lo que quieren del país y luego, cuando los echan, quieren hacer creer que lo que cogían no tenía ningún valor.  —Supongo que eres rico; un socialista con una cuenta bancaria de derechas…”A partir de esta charla ambos inician un romance que el autor compone con algunas situaciones y diálogos llenos de chanza, lo que en buen cubano conocemos como jaranero o jodedor. Su suegro, un abogado con peluquín, es un personaje que cobrará cierta influencia más adelante. A partir del segundo capítulo nos presentan a Vorolokov, un espía ruso que va en un barco pesquero, el Dimitri Kirov, con la misión de seguir los movimientos de los barcos de guerra de la OTAN. Aquí las descripciones físicas de los rusos van a tono con el criterio que de ellos tienen en Inglaterra, políticamente hablando; todos son repugnantes. Ojo, no lo digo yo, es como están descritos en el libro. Boris el cocinero repelente, la tripulación que son todos familia o parientes, a quienes los de arriba llaman los camisas blancas. La única que se salva de ser descrita como fea es Tanya, una joven que escucha música occidental ( ya sabemos cómo son los comunistas con esto del diversionismo ideológico).“(…) Su rumbo era una serie de zizags en las cartas de los científicos. Verolokov se sentía molesto y frustrado (…) No sabía nada acerca de las armas que llevaban, únicamente que estaban a bordo y que eran importantes y eficaces (…) Vorolokov sabía que era un títere…”.La historia, que sabemos va a unir los destinos de estos distantes protagonistas, da un giro inesperado, y de pronto el Dimitri Kirov por alguna razón encaya sorpresivamente en la dichosa isla en la que Albert y Victoria hacían el amor —y no andaban en asuntos de guerra, como los Soviéticos, vaya ironía la del autor. Lo que sucede a continuación es una locura total. Los rusos deciden comprar la mitad de la isla, el suegro de Albert se mete en medio como abogado —e inglés, claro—, los norteamericanos se enteran y se aparecen para comprar la otra mitad de la inútil isla, que solo era refugio para los dos amantes, y de pronto se arma un conflicto casi bélico que moja a Francia y a Inglaterra también. Todos los retratos de los personajes son caricaturescos, las situaciones rocambolescas, algunos diálogos bastante hilarantes, y la crítica político-social y hasta religiosa está presente en todo momento. Y para qué mencionar el retrato de los presidentes y primeros ministros, burla total.Como fue escrito y publicado en una época previa a estos tiempos de “cancelación” que a veces se va de las manos, también hay chistes, comentarios y descripciones que hoy pudieran erizar los pelos de la patrulla global de los agentes de lo políticamente correcto; pero hay que señalar un detalle, todo esto acontece en pensamientos y comentarios de los personajes, y estamos hablando de hombres militares, rudos, bastante incultos algunos de ellos, y lo principal, como ya dije, fue escrito en otro tiempo. No podemos leer hoy sin contextualizar.De pronto los militares Soviéticos y los norteamericanos, más los civiles ingleses dueños de la isla, se ven obligados a convivir en tan pequeño espacio, y poco a poco se irán acercando, aunque es en verdad el perro Rasputín el que más goza de todo, pues se beneficia de los favores de todos los habitantes sin distinción por gentilicio. El alcohol llega para limar asperezas, el amor también hace acto de presencia, mientras los mandamases siembran cizaña —aquí el primer ministro es más bien aficionado al cultivo del cactus. Es una novela plagada de símbolos, como buena parodia que es. Ante estas disputas territoriales, la isla y la naturaleza sorprenderán con sus propios planes, o más bien, con espontaneidad.David Forrest es el pseudónimo utilizado por los escritores ingleses Robert Forrest-Webb y David Eliades, quienes aparte de la novela que nos ocupa hoy escribieron otras como El robo del gran dinosaurio y El diluvio que viene. Pura anarquía de Woody Allen:Es una colección de 18 cuentos de humor —magistral—. La forma cínica y burlona de la narración de Woody es una delicia, no hay párrafo que se le escape, desde las descripciones hasta las acciones, en todo momento está burlándose de lo que le rodea y de lo que es, ahí radica la anarquía que engloba a estas historias, pues él se convence y termina ajeno a leyes de ¿la moral, la decencia, lo mainstream? En fin, un no seguidor de las leyes formales y no formales de una sociedad plástica en extremo.Cubierta del libro.Hay también un poco de anacronismo en su persona o en sus personajes que no saben formar parte del mundo moderno, snob, lleno de artificios y artimañas para demostrar y ganar más que para ser.Sobresalen sus alusiones al mundo del cine, a la literatura, así como a otras esferas del espectáculo y a la cultura en general; Woody es un erudito, ¡vamos!, y como buen erudito elige el hedonismo y la diversión.Los apellidos que se inventa para criticar o burlarse son imperdibles, he aquí un par de ejemplos que amé: Diverticulinsky y Sensualle.Nos honra con el detalle de revelar, en algunos casos, sus fuentes de inspiración para los cuentos, dígase artículos del New York Times o una hoja parroquial, que cita en fragmentos que comparte antes de la historia en cuestión.Con situaciones disparatadas y diálogos hirientes como un tiroteo, te hace columpear entre lo ridículo y lo sublime sin tiempo para otra cosa porque hay que huir, saltar, sobrevivir, quedarse estupefacto o cerrar un trato incómodo con los hombros encogidos, con un beso o una comida. Estas fórmulas son típicas de las películas de Woody, y quienes lo disfrutamos las agradecemos mucho.Está tan conciente de su acidez que en uno de sus cuentos dice: “(…) Pepinillo y mostaza: esa materia de la que están hechos los sueños” —que en contexto, esa frase contradice las ridiculeces culinarias de los millonarios—. La correspondencia ofensiva en el cuento Calistenia, urticaria y montaje final son para desternillarse. Los giros que tienen los finales son igual de buenos y muchos bastante inesperados.Su narración, de estilo cinematográfica, cómo buen estadounidense y cineasta que es, hace que los cuentos parezcan más cortos y se lean en nada. Sus elecciones de adjetivos son hilarantes. He aquí un sin fin de malas apuestas, negocios turbios, artistas mediocres que se creen grandes, cazadores de oportunidades que corren como el Coyote detrás del Correcaminos destinados a perder la cabeza contra una roca o a explotar con el bombazo de la propia estupidez, así como muchas referencias culturales a modo de curiosidad o como elementos comparativos. Un libro fácil de leer y muy disfrutable.Creo que no necesito hablar de quién es Woody Allen, ¿no creen?Pulp de Charles Bukowski:Es otra de las creaciones del irreverente Bukowski, en este caso, construye su loca novela excusado por la naturaleza del género que le da título a la obra, y exgerado al fin se pasa de tueste con los niveles de sinsentido.Nicky Belane, el protagonista, es un mediocre detective californiano que en plena mala racha tiene cuatro encargos para resolver; debe encontrar a un escritor francés que debería estar muerto y al que han visto en una librería, encontrar al Gorrión Rojo, comprobar si una esposa le es infiel a su acaudalado marido y romper una relación tóxica unida por razones extrañas.  Cubierta del libro.Leer esto es como estar en una película rara cuyos directores pueden ser Tarantino o John Waters. De pronto hay unos extraterrestres, una triada de simios con trajes rosados que son matones mafiosos, más adelante una imagen genial del protagonista bebiendo wisqui sentado en un sofá junto a una muñeca sexual inflable para concluir frente a una muy original representación de la muerte. Con esto les advierto que no se trata de una novela policial convencional, de hecho, de convencional este libro tiene muy poco.Debo celebrar la mezcla de elementos fantasiosos con los más verosímiles como muy acertada; la forma tan orgánica en la que logra mimetizar estos elementos hace que la lectura sea muy divertida y sorprendente. Aquí hay entes inmunes a las balas, típicas escenas de películas noir y mucho diálogo, mucho, mucho diálogo. Sí. Belane, el detective loser de esta historia, va a  dar tumbos entre situaciones y personajes que apenas tienen que ver con la trama principal pero están ahí para que te rías como un tonto o arrugues la cara por el asco.Es una historia cerrada y como la típica película Pulp, tendrá su escena obligatoria para que el sujeto que busca un objeto se enfrente a eso…Como siempre me pasa con Bukowski, he cazado algunas de sus reflexiones como adornos en la soez y el desparpajo de la trama, a veces hasta con cierto lirismo:   “(…) De cuantos más trastos prescindas, mejor verás. Todo funciona yendo hacia atrás. Retrocede y el Nirvana te saltará al regazo”.  “Si se perseveraba el tiempo suficiente casi siempre llegaba la buena suerte”.  “Uno sabe que es viejo cuando se sienta a preguntarse adonde se ha ido todo”.  “Somos asquerosos, condenados a nuestros pequeños y sucios hábitos. Comer y tirarse pedos y rascarse y sonreír y marcharse de vacaciones”. Espero que les gusten algunas de estas propuestas, o todas, pues son historias refrescantes para paliar un poco este calor que a veces nos deja sin deseos de pensar ni de hacer nada, pero como decía Cuqui La Mora: La cultura no tiene momento fijo, y esa es una gran verdad. Hasta la próxima semana.

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A los 85 años muere el poeta letón Knuts Skujenieks

El poeta, periodista y traductor letón Knuts Skujenieks murió este lunes a la edad de 85 años, según informaron medios letones.Skujenieks tradujo al letón poesía desde unos 15 idiomas, y entre otras, se le debe la promoción de poetas como Walt Whitman, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Antonio Machado y César Vallejo.Very sad news for all lovers of Latvian literature. https://t.co/ZqJgGQt0Rk— Latvian public media (@LSM_eng) July 25, 2022Nacido en la capital letona de Riga en 1936, Skujenieks tras la muerte de su madre pasó a vivir en una pequeña ciudad cerca de la frontera con Lituania. Estudió filología en la Universidad de Letonia y literatura en el Instituto Maxim Gorki de Moscú.De su biografía destaca la agencia Efe que en 1962 fue detenido tras una acusación de actividades antisoviéticas, por lo cual fue condenado a siete años de trabajos forzados en un campo de trabajo en la región de Mordovia.A su regreso a Letonia, fue admitido en la Unión Soviética de Escritores Letones en 1972 y en 1978 se publicó su primera colección de poesía.Durante su estancia en el gulag escribió cerca de un millar de poemas, pero estos no estos no fueron publicados hasta 1990, durante la época del “glasnost” (o “transparencia”) propiciada por Mijaíl Gorbachov.Sus obras han sido traducidas a varios idiomas extranjeros, sobre todo al sueco.Skujenieks, presidente del PEN Club de escritores letones durante varios años, fue además el responsable del traslado de la organización de vuelta al país báltico desde el exilio en Suecia en 1992.Aparte de por sus traducciones del castellano, el poeta es conocido además por verter al letón obras del ruso, el ucraniano, el serbio, el sueco y el inglés, entre otros idiomas. En 1994 recibió la orden de Isabel la Católica y a lo largo de su vida fue distinguido con varios galardones en Letonia y a nivel internacional.Con información de Efe.

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A los 85 años muere el poeta letón Knuts Skujenieks

El poeta, periodista y traductor letón Knuts Skujenieks murió este lunes a la edad de 85 años, según informaron medios letones.Skujenieks tradujo al letón poesía desde unos 15 idiomas, y entre otras, se le debe la promoción de poetas como Walt Whitman, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Antonio Machado y César Vallejo.Very sad news for all lovers of Latvian literature. https://t.co/ZqJgGQt0Rk— Latvian public media (@LSM_eng) July 25, 2022Nacido en la capital letona de Riga en 1936, Skujenieks tras la muerte de su madre pasó a vivir en una pequeña ciudad cerca de la frontera con Lituania. Estudió filología en la Universidad de Letonia y literatura en el Instituto Maxim Gorki de Moscú.De su biografía destaca la agencia Efe que en 1962 fue detenido tras una acusación de actividades antisoviéticas, por lo cual fue condenado a siete años de trabajos forzados en un campo de trabajo en la región de Mordovia.A su regreso a Letonia, fue admitido en la Unión Soviética de Escritores Letones en 1972 y en 1978 se publicó su primera colección de poesía.Durante su estancia en el gulag escribió cerca de un millar de poemas, pero estos no estos no fueron publicados hasta 1990, durante la época del “glasnost” (o “transparencia”) propiciada por Mijaíl Gorbachov.Sus obras han sido traducidas a varios idiomas extranjeros, sobre todo al sueco.Skujenieks, presidente del PEN Club de escritores letones durante varios años, fue además el responsable del traslado de la organización de vuelta al país báltico desde el exilio en Suecia en 1992.Aparte de por sus traducciones del castellano, el poeta es conocido además por verter al letón obras del ruso, el ucraniano, el serbio, el sueco y el inglés, entre otros idiomas. En 1994 recibió la orden de Isabel la Católica y a lo largo de su vida fue distinguido con varios galardones en Letonia y a nivel internacional.Con información de Efe.

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Cuatro brevísimas novelas de Annie Ernaux que puedes leer este verano

He aquí una autora cuyas historias íntimas pueden ser refrescantes como el mejor cotilleo sin consecuencias negativas, y lo otro mejor; que son buenas para leer entre otras lecturas más densas, o quizás para matar el tiempo en un viaje, en una tarde de playa, o simplemente en casa. Annie Ernaux es una autora francesa que se ha dedicado a narrar su propia vida por entregas, en diferentes pasajes de sus etapas convertidas en novelas cortas y fáciles de leer, que dejan al descubierto heridas personales compartidas por millones de mujeres en todo el mundo, y ahí, amigos, radica su éxito. Annie ErnauxOjo: no confundir fácil de leer con comercial o de baja calidad, todo lo contrario; el estilo de Ernaux me recordó un poco al de Marguerite Duras por lo tajante y el ritmo entrecortado, aunque la voz de Ernaux es muy diferente en general.  Vayamos a las novelas.“El lugar”Si Annie Ernaux no hubiese escrito El lugar su padre hubiese muerto por completo, como el resto de los millones de personas que pavimentaron el camino para que nuestra generación tuviera mejor vida. Esta especie de ensayo novelado que se lee casi de un tirón, es el homenaje que le hace una hija a ese padre que se esforzó para que ella pudiera lograr todo lo que él no consiguió. “El lugar”. Cubierta del libro.Es la historia de una familia humilde que en una zona rural francesa se abrió camino mediante el trabajo duro. Las diferencias generacionales se ven desde el modo de vida de los abuelos, campesinos más reacios a cualquier “afectación” o modernez, luego los padres, igual recios pero más abiertos al cambio y al progreso, para que la hija se convirtiera en profesional, en su caso maestra. Cada generación es un peldaño, los hijos de la guerra que criaron en la precariedad a los que luego criarían a los más “acomodados”. Ernaux rinde honor a su pasado y celebra la vida común y humilde de su progenitor en un grandísimo acto de sinceridad y amor, sin florituras ni adornos textuales, con un nivel de practicidad y parquedad, con un ritmo entrecortado y certero que huye de los inventos típicos de la autoficción para centrarse en el ejercicio puro de la memoria y se esfuerza en la salvación contra el olvido, que es, al cabo, la verdadera muerte. Eso sí, a veces peca de frialdad de tan práctica que es. La novela recrea la vida rural en Francia, celebra a las personas comunes y corrientes, sencillas y bonachonas, aunque parezcan más bien toscos y demasiado cuadrados en esas pequeñas comunidades tan marcadas por el que dirán, por la Iglesia, la superstición y el guardar de las formas.No es un libro pretencioso, todo lo contrario, su brillo radica en su extrema sencillez.  Es también un llamado a alejarnos de las esnobistas vergüenzas por nuestros padres, por nuestra historia, por nuestros orígenes, cuando queremos escalar socialmente o cuando ya lo hemos logrado. Se monta en el clásico tema de la muerte, la gran constante de la literatura y de la vida. “La vergüenza”“Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio…”, así arranca este libro que continúa con el te cuento mi vida que son la mayoría de las novelas de Annie Ernaux. Con La vergüenza la autora revisita su pasado en busca de la descripción y análisis del suceso para curar la herida traumática que le dejó ese día en el que presenció el arranque de rabia del padre: ”(…) Quizá la escritura convierta en normal cualquier suceso, incluso el más dramático…”.“La verguenza”. Cubierta del libro.Annie en su estilo limpio y sin adornos siempre deja claro que aunque está narrando hechos no busca inventarse las cosas. Al lector no le queda otra opción que confiar: “No existe una auténtica memoria de uno mismo (…) No deseo escribir ningún relato, pues eso significaría crear una realidad en lugar de buscarla. Y tampoco quiero limitarme a reunir y a transcribir las imágenes que conservo en la memoria, sino tratarlas como documentos que se aclararán los unos a los otros al estudiarlos desde diferentes ángulos. Ser, en pocas palabras, etnóloga de mí misma”.Al hablar de la vida íntima en su humilde hogar, en el colegio privado y católico, tan rodeada, amenazada y limitada por la excesiva moral religiosa en todos lados, así como por el estricto papel de señorita que debía cumplir, se da cuenta de la cantidad de cosas a las que consideraba vergonzosas —cosas normales, simples, humanas. En busca de aterrizar su recuerdo confuso, se lanza a la búsqueda de anuncios del periódico de ese año, 1952, en la Biblioteca, y acude a todo tipo de objetos e informaciones que la ayuden a reconstruir a la niña de ese día en el que su padre intentó matar a su madre, hecho que a ratos el lector logra, quizás, comprender como un acto de mal genio luego de una provocación, o como un acto de machismo acérrimo tan típico de los ambientes de campo, o como una rebeldía ante tanta religiosidad y moralismo… En todo caso, se pone sobre la mesa la actitud de los padres y cómo puede afectar a los hijos, los miedos y monstruos que se crean cuando se puja demasiado fuerte por crear seres humanos rectos y cristianos. Ernaux construye una novela sobre la memoria de un hecho vergonzoso para darse cuenta del resto de las inútiles vergüenzas que marcaron su vida, encerrada entre códigos y normas que no inventó ella, leyes estrictas, censuras y castigos que no servían para otra cosa que para hacer de la vida algo menos placentero, con una madre súper religiosa y un padre más bien campechano, ambos con luces y sombras, ambos igual de —hablando en plata cubana — apingantes.Con este exorcismo literario Annie Ernaux nos invita a visitar nuestras propias vergüenzas para salir de ellas, y su viaje hacia dentro, contra el olvido, puede ser el de cualquiera de nosotros, pues todos hemos sentido —en algún momento o en todo momento— vergüenza de nuestras raíces, de  nuestros padres, de nuestros actos, de no ser lo que se espera de uno, de pensar lo normal y creerlo anormal: “Lo peor de la vergüenza es que uno cree que es el único en sentirla”.La autora nos invita a la desvergüenza sin caer en lo de sinvergüenza, aunque para ello se desnude emocionalmente, algo que ella practica —como una terapia pública — en cada novela. “El acontecimiento”Annie Ernaux quedó embarazada mientras estudiaba Filología en 1963, el aborto estaba penado por la ley, ella no quería tener la criatura, así que tuvo que buscar una salida clandestina para solucionar su problema, y de eso va esta novela que como todas las que aquí propongo narran pasajes íntimos de Ernaux. Este, sin dudas, uno de los más traumáticos. ”El acontecimiento”. Cubierta del libro.“(…) Quiero sumergirme de nuevo en aquel periodo de mi vida, saber lo que descubrí entonces (…) La agenda y el diario íntimo que escribí durante aquellos meses me suministrarán las referencias y las pruebas necesarias para establecer unos hechos (…) que la forma en la que yo viví la experiencia del aborto, la clandestinidad, forme parte del pasado no me parece un motivo válido para que se siga ocultando”; y se agradece mucho que la autora haya decidido compartir su experiencia, pues tanto para las mujeres que se encuentran casi siempre bastante solas en estos casos, como para los hombres que no conocemos del todo cómo se viven estos asuntos tan complicados, esta novela es totalmente iluminadora. Tema de gran actualidad, aunque el aborto no sea ilegal en todas partes sí supone, siempre, una crisis en la mujer, que ha de pasar por el estrés, la culpa, la incertidumbre, el riesgo físico y moral, así como el juzgado de los demás: “Era una desgracia muy común (…) No se me ocurría que pudiera llegar a morir…”Consciente de la falta de información al respecto se lanza a narrarnos sus pensamientos y sensaciones alrededor de ese acontecimiento, y al llamarlo así deja claro que se trata de algo tan vergonzoso, ilegal y «disidente» que impide que se le llame aborto, lo cual también viene a jugar con la falta de datos y representación que existe sobre tan censurado tema. Deja en entredicho a las leyes que se oponen a esa libertad femenina: “Y, como de costumbre, era imposible determinar si el aborto estaba prohibido porque estaba mal, o si estaba mal porque estaba prohibido. Se juzgaba con relación a la ley, no se juzgaba la ley”.Lo tajante de la narración de Annie ni impide que tenga ciertos y certeros vuelos poéticos: “(…) Tengo la sensación de que la mujer que se afana entre mis piernas, que me introduce el espéculo, está haciéndome renacer. En aquel momento maté a mi madre dentro de mí”.A pesar de los pasajes dolorosos, tiene muchos momentos de melancolía y ternura. Esta es, al final, una novela optimista que arroja luz sobre un tema ensombrecido, ayuda a entender las decisiones de aborto, el trauma que significa para las mujeres al estar desprotegidas legalmente al respecto, y celebra la libertad de elegir y planificar. Saber que Annie logró abortar no hace ningún tipo de spoiler, hay que leer esta novela cuyo quid se encuentra en el cómo fue más que en El acontecimiento en sí. “Pura pasión”Con esta brevísima novela Annie me recordó algo que me decía mi madre: “Hay que enamorarse, quien no se haya enamorado aunque sea una vez, no sabe lo que es la vida, no importa cómo salga la cosa, si es posible o no, lo importante es vivir eso”.“Pura pasión”. Cubierta del libro.En Pura Pasión la protagonista pierde un poco los estribos en un enamoramiento intenso —una obsesión más bien—, de estos que carecen de sentido común, quizá por eso pone en tela de juicio el por qué la manía que tenemos de darle sentido a las cosas, de querer dominar lo que escapa a nuestro control y que a la postre ha sido puesto en nuestras vidas para ayudarnos a conocernos a nosotros mismos y a conectar con el mundo —aunque para ello se experimente una especie de divorcio con las cosas que nos rodean. La forma en la que está contada es como una exposición de ideas y pensamientos con respecto a la pasión, sin muchos sentimentalismos, cinismo o escarnio, es práctica y concisa, lo cual se agradece. También hace referencia a los elementos que nos influyen mentalmente a la hora de crearnos una idea de nuestra vida romántica; parafraseo a la autora: un producto cultural tiene tanta influencia en estos aspectos como el complejo de Edipo.  La novela reivindica el papel de las mujeres con hijos, sin marido, como entes libres y sexuales que no deben llevar el papel de madres y de mujeres decentes en blanco y negro, a modo de grilletes sociales, porque también merecen vivir una vida sexual activa y satisfactoria; es lo más sano para cualquiera. Yo en particular le llamo a eso andar bien follado, lo cual activa lo mejor de las personas e impide el flujo de un montón de censuras y criterios tóxicos. Annie narra, convencida de la caducidad de las pasiones, porque la saturación siempre juega su parte en nuestras inconformes naturalezas, e incluso nos pone a pensar: ¿se adora más a quien no se conoce del todo o al que ya se conoce de cabo a rabo? Es más que manido el criterio de que nunca llegamos a conocer verdaderamente a nadie, quizás por eso expresa: “(…) el hombre al que se ama es un extraño”.Está clara de ser una yegua desbocada que no repara mucho en las consecuencias de la narración de su amorío con ese hombre casado y extranjero, siempre propenso a irse —quizás por eso se enamora, al final el amor es también misterio, ¿no?—, y también porque escribe de ello para compartir su apreciación y aprendizaje, más que los detalles morbosos que, dicho sea de paso, no expone: “(…) es un error considerar a quien escribe sobre su vida como a un exhibicionista, porque este último solo tiene un deseo: mostrarse y ser visto en el mismo instante (…) El tiempo de la escritura nada tiene que ver con el de la passion”, este precepto es cultivado por muchos escritores encumbrados que siempre aluden a la digestión de las experiencias para luego plasmarlas en sus escritos. Todo es finito, y las pasiones tienen una especie de obsolescencia inusitada; empiezan cuando menos lo esperas y acaban de igual modo; de hecho las pasiones —al menos en su estado más potente— no suelen durar mucho tiempo, lo cual no quita que su intensidad deba ser vivida a tope, creo que es esa la única garantía que se tiene, pero las personas estamos obsesionadas con la duración de las cosas y valoramos la calidad de una relación —del tipo que sea— según el tiempo que duró, en vez de por su intensidad. Quizás es a esto a lo que nos quiere lanzar la autora con este cuento tan personal.Cierra con broche de oro, para todo aquel ingrato/ta que se regodee en el dolor de la pasión ponchada, en el luto absurdo por la transformación de los sentimientos —que han de cambiar, como todo— y que tardan en entender o no entienden como positiva la evolución espiritual inherente a cada relación terminada, incluso la más dolorosa, vergonzosa o anodina. Breve, hermosamente narrada, optimista y grata, te deja muy buen sabor de boca y remueve un poco tu conciencia. Dicho todo esto, les deseo —como dicen los bookstagramers— felices lecturas.Ya no pueden quejarse de no saber qué leer en este verano: para viaje, día de playa, o jornada aburrida en casa frente a un ventilador, un aire acondicionado o un abanico, no sé, algo que eche fresco, porque estos calores andan demasiado diabólicos. Cualquiera de las novelas de Ernaux se va en un suspiro, créanme.Hasta la próxima semana. 

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Cuatro brevísimas novelas de Annie Ernaux que puedes leer este verano

He aquí una autora cuyas historias íntimas pueden ser refrescantes como el mejor cotilleo sin consecuencias negativas, y lo otro mejor; que son buenas para leer entre otras lecturas más densas, o quizás para matar el tiempo en un viaje, en una tarde de playa, o simplemente en casa. Annie Ernaux es una autora francesa que se ha dedicado a narrar su propia vida por entregas, en diferentes pasajes de sus etapas convertidas en novelas cortas y fáciles de leer, que dejan al descubierto heridas personales compartidas por millones de mujeres en todo el mundo, y ahí, amigos, radica su éxito. Annie ErnauxOjo: no confundir fácil de leer con comercial o de baja calidad, todo lo contrario; el estilo de Ernaux me recordó un poco al de Marguerite Duras por lo tajante y el ritmo entrecortado, aunque la voz de Ernaux es muy diferente en general.  Vayamos a las novelas.“El lugar”Si Annie Ernaux no hubiese escrito El lugar su padre hubiese muerto por completo, como el resto de los millones de personas que pavimentaron el camino para que nuestra generación tuviera mejor vida. Esta especie de ensayo novelado que se lee casi de un tirón, es el homenaje que le hace una hija a ese padre que se esforzó para que ella pudiera lograr todo lo que él no consiguió. “El lugar”. Cubierta del libro.Es la historia de una familia humilde que en una zona rural francesa se abrió camino mediante el trabajo duro. Las diferencias generacionales se ven desde el modo de vida de los abuelos, campesinos más reacios a cualquier “afectación” o modernez, luego los padres, igual recios pero más abiertos al cambio y al progreso, para que la hija se convirtiera en profesional, en su caso maestra. Cada generación es un peldaño, los hijos de la guerra que criaron en la precariedad a los que luego criarían a los más “acomodados”. Ernaux rinde honor a su pasado y celebra la vida común y humilde de su progenitor en un grandísimo acto de sinceridad y amor, sin florituras ni adornos textuales, con un nivel de practicidad y parquedad, con un ritmo entrecortado y certero que huye de los inventos típicos de la autoficción para centrarse en el ejercicio puro de la memoria y se esfuerza en la salvación contra el olvido, que es, al cabo, la verdadera muerte. Eso sí, a veces peca de frialdad de tan práctica que es. La novela recrea la vida rural en Francia, celebra a las personas comunes y corrientes, sencillas y bonachonas, aunque parezcan más bien toscos y demasiado cuadrados en esas pequeñas comunidades tan marcadas por el que dirán, por la Iglesia, la superstición y el guardar de las formas.No es un libro pretencioso, todo lo contrario, su brillo radica en su extrema sencillez.  Es también un llamado a alejarnos de las esnobistas vergüenzas por nuestros padres, por nuestra historia, por nuestros orígenes, cuando queremos escalar socialmente o cuando ya lo hemos logrado. Se monta en el clásico tema de la muerte, la gran constante de la literatura y de la vida. “La vergüenza”“Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio…”, así arranca este libro que continúa con el te cuento mi vida que son la mayoría de las novelas de Annie Ernaux. Con La vergüenza la autora revisita su pasado en busca de la descripción y análisis del suceso para curar la herida traumática que le dejó ese día en el que presenció el arranque de rabia del padre: ”(…) Quizá la escritura convierta en normal cualquier suceso, incluso el más dramático…”.“La verguenza”. Cubierta del libro.Annie en su estilo limpio y sin adornos siempre deja claro que aunque está narrando hechos no busca inventarse las cosas. Al lector no le queda otra opción que confiar: “No existe una auténtica memoria de uno mismo (…) No deseo escribir ningún relato, pues eso significaría crear una realidad en lugar de buscarla. Y tampoco quiero limitarme a reunir y a transcribir las imágenes que conservo en la memoria, sino tratarlas como documentos que se aclararán los unos a los otros al estudiarlos desde diferentes ángulos. Ser, en pocas palabras, etnóloga de mí misma”.Al hablar de la vida íntima en su humilde hogar, en el colegio privado y católico, tan rodeada, amenazada y limitada por la excesiva moral religiosa en todos lados, así como por el estricto papel de señorita que debía cumplir, se da cuenta de la cantidad de cosas a las que consideraba vergonzosas —cosas normales, simples, humanas. En busca de aterrizar su recuerdo confuso, se lanza a la búsqueda de anuncios del periódico de ese año, 1952, en la Biblioteca, y acude a todo tipo de objetos e informaciones que la ayuden a reconstruir a la niña de ese día en el que su padre intentó matar a su madre, hecho que a ratos el lector logra, quizás, comprender como un acto de mal genio luego de una provocación, o como un acto de machismo acérrimo tan típico de los ambientes de campo, o como una rebeldía ante tanta religiosidad y moralismo… En todo caso, se pone sobre la mesa la actitud de los padres y cómo puede afectar a los hijos, los miedos y monstruos que se crean cuando se puja demasiado fuerte por crear seres humanos rectos y cristianos. Ernaux construye una novela sobre la memoria de un hecho vergonzoso para darse cuenta del resto de las inútiles vergüenzas que marcaron su vida, encerrada entre códigos y normas que no inventó ella, leyes estrictas, censuras y castigos que no servían para otra cosa que para hacer de la vida algo menos placentero, con una madre súper religiosa y un padre más bien campechano, ambos con luces y sombras, ambos igual de —hablando en plata cubana — apingantes.Con este exorcismo literario Annie Ernaux nos invita a visitar nuestras propias vergüenzas para salir de ellas, y su viaje hacia dentro, contra el olvido, puede ser el de cualquiera de nosotros, pues todos hemos sentido —en algún momento o en todo momento— vergüenza de nuestras raíces, de  nuestros padres, de nuestros actos, de no ser lo que se espera de uno, de pensar lo normal y creerlo anormal: “Lo peor de la vergüenza es que uno cree que es el único en sentirla”.La autora nos invita a la desvergüenza sin caer en lo de sinvergüenza, aunque para ello se desnude emocionalmente, algo que ella practica —como una terapia pública — en cada novela. “El acontecimiento”Annie Ernaux quedó embarazada mientras estudiaba Filología en 1963, el aborto estaba penado por la ley, ella no quería tener la criatura, así que tuvo que buscar una salida clandestina para solucionar su problema, y de eso va esta novela que como todas las que aquí propongo narran pasajes íntimos de Ernaux. Este, sin dudas, uno de los más traumáticos. ”El acontecimiento”. Cubierta del libro.“(…) Quiero sumergirme de nuevo en aquel periodo de mi vida, saber lo que descubrí entonces (…) La agenda y el diario íntimo que escribí durante aquellos meses me suministrarán las referencias y las pruebas necesarias para establecer unos hechos (…) que la forma en la que yo viví la experiencia del aborto, la clandestinidad, forme parte del pasado no me parece un motivo válido para que se siga ocultando”; y se agradece mucho que la autora haya decidido compartir su experiencia, pues tanto para las mujeres que se encuentran casi siempre bastante solas en estos casos, como para los hombres que no conocemos del todo cómo se viven estos asuntos tan complicados, esta novela es totalmente iluminadora. Tema de gran actualidad, aunque el aborto no sea ilegal en todas partes sí supone, siempre, una crisis en la mujer, que ha de pasar por el estrés, la culpa, la incertidumbre, el riesgo físico y moral, así como el juzgado de los demás: “Era una desgracia muy común (…) No se me ocurría que pudiera llegar a morir…”Consciente de la falta de información al respecto se lanza a narrarnos sus pensamientos y sensaciones alrededor de ese acontecimiento, y al llamarlo así deja claro que se trata de algo tan vergonzoso, ilegal y «disidente» que impide que se le llame aborto, lo cual también viene a jugar con la falta de datos y representación que existe sobre tan censurado tema. Deja en entredicho a las leyes que se oponen a esa libertad femenina: “Y, como de costumbre, era imposible determinar si el aborto estaba prohibido porque estaba mal, o si estaba mal porque estaba prohibido. Se juzgaba con relación a la ley, no se juzgaba la ley”.Lo tajante de la narración de Annie ni impide que tenga ciertos y certeros vuelos poéticos: “(…) Tengo la sensación de que la mujer que se afana entre mis piernas, que me introduce el espéculo, está haciéndome renacer. En aquel momento maté a mi madre dentro de mí”.A pesar de los pasajes dolorosos, tiene muchos momentos de melancolía y ternura. Esta es, al final, una novela optimista que arroja luz sobre un tema ensombrecido, ayuda a entender las decisiones de aborto, el trauma que significa para las mujeres al estar desprotegidas legalmente al respecto, y celebra la libertad de elegir y planificar. Saber que Annie logró abortar no hace ningún tipo de spoiler, hay que leer esta novela cuyo quid se encuentra en el cómo fue más que en El acontecimiento en sí. “Pura pasión”Con esta brevísima novela Annie me recordó algo que me decía mi madre: “Hay que enamorarse, quien no se haya enamorado aunque sea una vez, no sabe lo que es la vida, no importa cómo salga la cosa, si es posible o no, lo importante es vivir eso”.“Pura pasión”. Cubierta del libro.En Pura Pasión la protagonista pierde un poco los estribos en un enamoramiento intenso —una obsesión más bien—, de estos que carecen de sentido común, quizá por eso pone en tela de juicio el por qué la manía que tenemos de darle sentido a las cosas, de querer dominar lo que escapa a nuestro control y que a la postre ha sido puesto en nuestras vidas para ayudarnos a conocernos a nosotros mismos y a conectar con el mundo —aunque para ello se experimente una especie de divorcio con las cosas que nos rodean. La forma en la que está contada es como una exposición de ideas y pensamientos con respecto a la pasión, sin muchos sentimentalismos, cinismo o escarnio, es práctica y concisa, lo cual se agradece. También hace referencia a los elementos que nos influyen mentalmente a la hora de crearnos una idea de nuestra vida romántica; parafraseo a la autora: un producto cultural tiene tanta influencia en estos aspectos como el complejo de Edipo.  La novela reivindica el papel de las mujeres con hijos, sin marido, como entes libres y sexuales que no deben llevar el papel de madres y de mujeres decentes en blanco y negro, a modo de grilletes sociales, porque también merecen vivir una vida sexual activa y satisfactoria; es lo más sano para cualquiera. Yo en particular le llamo a eso andar bien follado, lo cual activa lo mejor de las personas e impide el flujo de un montón de censuras y criterios tóxicos. Annie narra, convencida de la caducidad de las pasiones, porque la saturación siempre juega su parte en nuestras inconformes naturalezas, e incluso nos pone a pensar: ¿se adora más a quien no se conoce del todo o al que ya se conoce de cabo a rabo? Es más que manido el criterio de que nunca llegamos a conocer verdaderamente a nadie, quizás por eso expresa: “(…) el hombre al que se ama es un extraño”.Está clara de ser una yegua desbocada que no repara mucho en las consecuencias de la narración de su amorío con ese hombre casado y extranjero, siempre propenso a irse —quizás por eso se enamora, al final el amor es también misterio, ¿no?—, y también porque escribe de ello para compartir su apreciación y aprendizaje, más que los detalles morbosos que, dicho sea de paso, no expone: “(…) es un error considerar a quien escribe sobre su vida como a un exhibicionista, porque este último solo tiene un deseo: mostrarse y ser visto en el mismo instante (…) El tiempo de la escritura nada tiene que ver con el de la passion”, este precepto es cultivado por muchos escritores encumbrados que siempre aluden a la digestión de las experiencias para luego plasmarlas en sus escritos. Todo es finito, y las pasiones tienen una especie de obsolescencia inusitada; empiezan cuando menos lo esperas y acaban de igual modo; de hecho las pasiones —al menos en su estado más potente— no suelen durar mucho tiempo, lo cual no quita que su intensidad deba ser vivida a tope, creo que es esa la única garantía que se tiene, pero las personas estamos obsesionadas con la duración de las cosas y valoramos la calidad de una relación —del tipo que sea— según el tiempo que duró, en vez de por su intensidad. Quizás es a esto a lo que nos quiere lanzar la autora con este cuento tan personal.Cierra con broche de oro, para todo aquel ingrato/ta que se regodee en el dolor de la pasión ponchada, en el luto absurdo por la transformación de los sentimientos —que han de cambiar, como todo— y que tardan en entender o no entienden como positiva la evolución espiritual inherente a cada relación terminada, incluso la más dolorosa, vergonzosa o anodina. Breve, hermosamente narrada, optimista y grata, te deja muy buen sabor de boca y remueve un poco tu conciencia. Dicho todo esto, les deseo —como dicen los bookstagramers— felices lecturas.Ya no pueden quejarse de no saber qué leer en este verano: para viaje, día de playa, o jornada aburrida en casa frente a un ventilador, un aire acondicionado o un abanico, no sé, algo que eche fresco, porque estos calores andan demasiado diabólicos. Cualquiera de las novelas de Ernaux se va en un suspiro, créanme.Hasta la próxima semana. 

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“El pájaro pintado” de Jerzy Kosinski, una novela brutal sobre la brutalidad

“Humilde cuelga otra cabeza, niño que es lentamente arrebatado, y la violencia causó tanto silencio, ¿a quién estamos engañando?”, traduzco del inicio de Zombie, canción de la banda Cranberries, que tanto me ha venido a la mente al terminar de leer este libro. Aquí hay violencia extrema: hablo de desmembramientos, maltrato infantil, maltrato animal, feminicidio, magnicidio, violaciones, zoofilia, torturas, asesinatos en general ¡todo gore!; Brujería, suciedad, peste, ¡miseria extrema! Eso es lo que contiene El pájaro pintado de Jerzy Kosinski, una novela que es como una antología de actos violentos, una demostración de lo peor de la naturaleza humana desatado por tiempos de crisis y de guerra, o sea, de confusión; como si la maldad fuera lo que más nos caracterizara. Pero, ¿no es eso lo que desata la guerra? El verdadero terror. Como si aún no hubiéramos aprendido de las tantas y tantas guerras pasadas a administrar la bondad y la hermandad para cuando hacen más falta.A pesar de tanta barbarie, la novela es también un llamado de atención al cuidado de la inocencia, un canto a la esperanza, una celebración al instinto de supervivencia que todos tenemos, unos más y otros menos, como todo. ¿Por qué se llama El pájaro pintado?En el prólogo del autor y en la misma novela se cuenta la historia de un campesino que pintaba las alas de algún pájaro con colores vivos, luego lo soltaba, y una vez de vuelta al grupo, el pájaro era atacado hasta la muerte por los de su propia especie; como invasor —por ser diferente. Cubierta del libro.Con esta premisa Kosinski construye esta novela que fue falsamente vendida como contenedora de datos autobiográficos, dato que el autor no negó y hasta ayudó a alimentar la fantasía del morboso público lector. Llegó hasta a decir que le habían cortado el pene para engatusar a las lectoras curiosas, tuvo una actitud descarada que lo llevó al escándalo y a la amenaza de muerte. En realidad su familia judía fue ayudada por algunos campesinos católicos que los salvaron de los nazis, y no vivió ninguna de las atrocidades que cuenta en su historia, lo cual no quita que sí le haya sucedido a otros, por supuesto. También la imagen que deja de la gente de Europa del Este es bien fea, de ahí que fuera tan desprestigiado por sus coterráneos. Kosinski se suicidó en 1991, y algunos dicen que de ese modo mostró su arrepentimiento por haber usado los crímenes Nazis a su favor, que ni tanto, pues solamente los retrató, del mismo modo que lo han hecho cientos de libros y películas, para que el mundo no olvide, para que veamos a lo que somos capaces de llegar. La novela también le acarreó problemas con los Soviéticos, y el escándalo ayudó a fomentar su fama. Otro detalle que incomodó a muchos, fue el hecho de retratar a los Soviéticos como los salvadores, recordemos que Jerzy vivía en Estados Unidos cuando publicó esta novela, aunque debo acotar que la forma en la que retrata a los Soviéticos sublevados y antinazis y antiburgueses también deja mucho que desear. El pájaro pintado es entonces ese niño que es dejado por sus padres al cuidado de una persona. Por la propia guerra termina vendido; luego solo; siempre vaganbudeando de aldea en aldea; acogido en esta y aquella casa; testigo de actos horrendos y víctima de ene cantidad de flagelaciones físicas y emocionales que curten su personalidad. Creo que si algo logra la novela es habituar al lector a la violencia al punto de la saturación. Ya que no es rubio ni tiene los ojos claros, como los demás, es tomado como gitano o judío que huye, y al caer en la categoría de diferente inspira desconfianza y provoca a los ignorantes moradores de cada sitio al que va, víctimas del adoctrinamiento nazi, católico o socialista. Hablando en plata cubana, el Kosinski no creía en nadie. Como suelo advertir, no es una novela apta para quienes buscan miel y melodías; esto es sangre, fango, frío y suciedad. En cada página hay acción y violencia. La historia central está llena de anécdotas que sazonan a los personajes de turno y a su vez reflejan lo terrorífico de esos tiempos en las áreas rurales, sitios que parecían el campo de cultivo del diablo, la verdad. Luego en la ciudad, cuando crees que el nuevo sistema soviético llega a mejorar la situación, nos encontramos con seres magullados por la guerra, apocados espiritualmente y hasta habituados al salvajismo, lo que esta vez bajo una sombrilla y/o máscara de rara esperanza soviética, que en la práctica sigue pidiendo sangre para salir adelante y obligar a sus posturas —lo cual no impide la bestialidad de los hombres. Con todo esto Kosinski arma su discurso antibélico, antiracista y contra la xenofobia; pone en tela de juicio a la iglesia, a la brujería, a las creencias acérrimas —casi patológicas— en general; de hecho, se arma de una buena cantidad de elementos que conforman la mitología rural de Europa del Este —Kosinski no especifica el país, aunque hace referencias a la zona del hemisferio en la que se encuentra, y luego en un punto del libro menciona a Rusia y a los Soviéticos, así como a la propaganda y al adoctrinamiento de Stalin, que dicho sea de paso, hay que ser muy poco avispado para no darse cuenta del cinismo con el que Kosinski habla del ególatra dictador, y pone también sobre el mantel cómo muchos fueron engañados con las doctrinas revolucionarias como vía de oposición a la maldad nazi, como un salto de Guatapeor para Guatemala, si me pongo a jugar con la frase en este contexto que tan alejado parece.Hablando de lejanía: ¿No es acaso este el ejemplo que vemos en muchos países, que a falta de un sistema óptimo y menos sanguinario se decantan por otros de oportuno disfraz que proclama soluciones y promete mejorías? Aún lo vemos en nuestro continente, y en cuanto a los disfraces, ya caerán las máscaras, como siempre. En la novela todo es contado desde el recuerdo de un niño que, se asume por su lenguaje, habla desde la adultez, por lo cual está narrada en primera persona y en pasado. No sé el caso de otras ediciones, yo tengo esta que conseguí en digital, y le encontré alguna que otra pega. No creo que sea una traducción feliz feliz, o sea, me encontré bastantes cacofonías, abuso de adverbios de modo (terminación mente) en un mismo párrafo; gerundios innecesarios que afectaban el estilo. En fin, pero no puedo negar que el morbo de saber en qué iba a parar ese desdichado niño, más la curiosidad de ver de qué forma el autor podía superarse en la exposición de violencia, me vencieron y llevaron hasta el final, ese final inesperado… Y extraño.Este libro es considerado una de las obras esenciales de la literatura sobre el nazismo y el Holocausto. De veras que habla del tema desde fuera del campo de concentración, y ayuda a entender por qué mucha gente se unió a los Soviéticos como contraparte del nazismo, aunque luego el tiempo diría que eso era otra trampa. También ilustra la ignorancia que ensombrecía a esos campesinos supersticiosos y brutales, y la perdición en la que se encontraban los judíos que ni escapando escapaban. Lo peor de todo es que hoy en día cosas así de cruentas suceden en muchísimos países del mundo que están librando sus guerras y sus conflictos sobre los cuerpos de gente que poco a poco va perdiendo la inocencia, y tiene que ensangrentar sus manos. Una vez entré a la Deep Web por curiosidad y terminé con pesadillas. Vi gente matando a otros, decapitaciones, lapidaciones, apuñalamientos, linchamientos de un barrio entero contra una persona y otra serie de puercadas y atrocidades que mejor ni mencionar. En nuestro mundo, ahora mismo, siguen pasando estas cosas, y todavía los pájaros pintados son destruidos por diferentes. La religión nos ha dañado mucho, aquí se pone de manifiesto. El ateísmo al que es invitado el niño luego de coquetear infructuosamente con la brujería, una especie de satanismo y luego con la religión católica, se muestra aquí como una salvación, cuando en realidad el lector avispado entiende que la “religión” que deberíamos practicar todos es la más universal de todas: el humanismo. Esta es la novela más brutal en cuanto a violencia que he leído hasta ahora. Yo creía que había leído cosas duras en esas historias de realismo sucio que tanto me gustan, pero este libro, sin ser realismo sucio por su lenguaje y estilo, es peor que cualquier historia que haya leído de ese género tan mal entendido por muchos. La obra fue también llevada al cine, bajo la dirección de Václav Marhoul. Cartel de la película.Ya para terminar, ahí les dejo un par de frases que extraje de entre el reguero de sangre, órganos, miembros, trastos y pudrición que conforman este libro:“Los libros me impresionaban tremendamente. A partir de sus sencillas páginas impresas uno podía suscitar un mundo tan real como el que aprehendían los sentidos. Además, el mundo de los libros, como la carne envasada, era un poco más sustancioso y sabroso que en el que realmente vivíamos. En la vida diaria, por ejemplo, uno veía a muchas personas sin conocerlas verdaderamente, en tanto que en los libros uno sabía incluso qué era lo que la gente pensaba y planeaba”.“El hombre, aunque sea muy popular y admirado, vive esencialmente consigo mismo”.Sobre el autor ya he hablado, de todos modos los convido a usar Internet para informarse sobre su vida y su obra. Les doy otro “Librazo”, o varios, la próxima semana, y como es verano y hace tanto calor, prometo venir con propuestas menos calenticas, no vaya a ser que se me alteren. Amor y luz, que corren tiempos difíciles.

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Leonardo Padura: “No escapo de la censura, la busco”

El escritor cubano Leonardo Padura, padre literario del detective Mario Conde y Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, aseguró este martes que a lo largo de su trayectoria nunca ha tenido la sensación de escapar de la censura, sino más bien de buscarla.“No escapo de la censura, sino que la busco”, afirmó en una rueda de prensa en Las Palmas (Islas Canarias), donde participa en el encuentro “Literatura desde las islas” en la Universidad de Verano de Maspalomas.💙 ‘Un mismo corazón: La literatura desde las islas’ curso con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, Leonardo Padura.A la entrada encontrarás un puesto de la Librería Primicia con sus títulos.🖥 https://t.co/xlh6vDx3Gr@AytoSBT @MaLibreria pic.twitter.com/CfHmOywQhJ— UVMaspalomas (@UVMaspalomas) July 11, 2022Según un reporte de Efe, en el encuentro con la prensa abordó la publicación de su próxima novela, “Gentes decentes”, en la que recupera al detective Conde, quien con este libro llegará a las librerías a finales de agosto.Padura aseguró que la situación de Cuba es “económicamente muy tensa y socialmente muy complicada”, porque a los efectos de la pandemia en activos económicos como el turismo, se suma una serie de deficiencias económicas “arrastradas durante años”.El escritor, que tiene nacionalidad cubana y española y reside en La Habana, se mostró crítico con los “juicios severos” a las personas que se manifestaron para protestar contra el Gobierno cubano hace justo un año en varias ciudades de la Isla.“Creo que no se debería haber llegado al extremo judicial de condenas tan altas para muchas de estas personas. El gobierno tuvo la posibilidad de tener un gesto mucho más humanista”, señaló, e insistió en la “lucha por la supervivencia” que viven la mayoría de las personas en la isla.Sobre su decisión de mantenerse y escribir allí, aseguró que “lo necesita” para poder escribir. “Tengo la intención de que los temas y las maneras de la sociedad cubana tengan proyección internacional, pero siempre partiendo de Cuba y regresando a Cuba. Necesito oír hablar a la gente en Cuba, poder saber sus esperanzas y frustraciones y eso es un proceso que está siempre en marcha”, reflexionó.Para Padura, el mejor sitio para seguir esos procesos de transformación de la sociedad y asimilar los cambios sociales es su barrio de La Habana, donde vive desde que nació rodeado de gente “a la que ni siquiera le interesa ni le importa que sea escritor”. Sobre por qué eligió la novela negra como modo de expresión, dijo que le parece un “género generoso” que permite mucha libertad.Festival literario reúne en Italia autores de dos continentes“Creo que los documentos políticos más radicales que han circulado en Cuba probablemente sean mis novelas. Siempre ha habido una mirada crítica y he tocado temas muy profundos, muy complicados. Me interesa todo lo relacionado con la búsqueda de la utopía”, aseguró.Respecto a la dificultad para encontrar sus novelas en Cuba, cree que está relacionada, más que con la censura, con la situación económica ya que, en general, los libros en su país “circulan poco y mal”, “hay una política de no promoción y de no visibilizacion de mi trabajo”, dijo, aunque no se considera un perseguido político, apunta el reporte.Efe/OnCuba.

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Leonardo Padura: “No escapo de la censura, la busco”

El escritor cubano Leonardo Padura, padre literario del detective Mario Conde y Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, aseguró este martes que a lo largo de su trayectoria nunca ha tenido la sensación de escapar de la censura, sino más bien de buscarla.“No escapo de la censura, sino que la busco”, afirmó en una rueda de prensa en Las Palmas (Islas Canarias), donde participa en el encuentro “Literatura desde las islas” en la Universidad de Verano de Maspalomas.💙 ‘Un mismo corazón: La literatura desde las islas’ curso con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, Leonardo Padura.A la entrada encontrarás un puesto de la Librería Primicia con sus títulos.🖥 https://t.co/xlh6vDx3Gr@AytoSBT @MaLibreria pic.twitter.com/CfHmOywQhJ— UVMaspalomas (@UVMaspalomas) July 11, 2022Según un reporte de Efe, en el encuentro con la prensa abordó la publicación de su próxima novela, “Gentes decentes”, en la que recupera al detective Conde, quien con este libro llegará a las librerías a finales de agosto.Padura aseguró que la situación de Cuba es “económicamente muy tensa y socialmente muy complicada”, porque a los efectos de la pandemia en activos económicos como el turismo, se suma una serie de deficiencias económicas “arrastradas durante años”.El escritor, que tiene nacionalidad cubana y española y reside en La Habana, se mostró crítico con los “juicios severos” a las personas que se manifestaron para protestar contra el Gobierno cubano hace justo un año en varias ciudades de la Isla.“Creo que no se debería haber llegado al extremo judicial de condenas tan altas para muchas de estas personas. El gobierno tuvo la posibilidad de tener un gesto mucho más humanista”, señaló, e insistió en la “lucha por la supervivencia” que viven la mayoría de las personas en la isla.Sobre su decisión de mantenerse y escribir allí, aseguró que “lo necesita” para poder escribir. “Tengo la intención de que los temas y las maneras de la sociedad cubana tengan proyección internacional, pero siempre partiendo de Cuba y regresando a Cuba. Necesito oír hablar a la gente en Cuba, poder saber sus esperanzas y frustraciones y eso es un proceso que está siempre en marcha”, reflexionó.Para Padura, el mejor sitio para seguir esos procesos de transformación de la sociedad y asimilar los cambios sociales es su barrio de La Habana, donde vive desde que nació rodeado de gente “a la que ni siquiera le interesa ni le importa que sea escritor”. Sobre por qué eligió la novela negra como modo de expresión, dijo que le parece un “género generoso” que permite mucha libertad.Festival literario reúne en Italia autores de dos continentes“Creo que los documentos políticos más radicales que han circulado en Cuba probablemente sean mis novelas. Siempre ha habido una mirada crítica y he tocado temas muy profundos, muy complicados. Me interesa todo lo relacionado con la búsqueda de la utopía”, aseguró.Respecto a la dificultad para encontrar sus novelas en Cuba, cree que está relacionada, más que con la censura, con la situación económica ya que, en general, los libros en su país “circulan poco y mal”, “hay una política de no promoción y de no visibilizacion de mi trabajo”, dijo, aunque no se considera un perseguido político, apunta el reporte.Efe/OnCuba.

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“Nada”, de Carmen Laforet

Cuando leí en mi adolescencia “¡Oh! Qué asqueroso resulta ver a tres generaciones reunidas bajo un mismo techo”, del gran poeta Ezra Pound, comprendí, a pesar de mi edad, que lo normal debe ser partir del hogar cuando se tiene edad suficiente para ello, que la convivencia familiar puede resultar tóxica por todos los entrometimientos que llueven en nombre del amor y la protección —en el mejor de los casos—, o de la envidia y la frustración —que tanto ocupa lugar en las instituciones familiares. Nada, de Carmen Laforet, va un poco de eso, de la nada que nos espera si nos quedamos en la violenta inmovilidad de la casa familiar, como si la vida no fuese movimiento y cambio, pero claro, habla de muchas cosas más. Nada fue la primera novela en obtener el famoso Premio Nadal en el año 1944, concedido a su autora Carmen Laforet, en 1945, lo cual supuso para ella un gran éxito de crítica y público, hasta el sol de hoy. Es, además, una de las cuatro novelas en español más traducidas a otros idiomas junto a Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, La familia de Pascual Duarte, de Cela y Cien años de soledad, de García Márquez.  Cuando anuncié en mi Bookstagram que estaba leyendo esta novela, obtuve varios comentarios, todos positivos, y cito a uno de ellos: un imprescindible, también me dijeron que contara —no literalmente— la cantidad de veces que salía en el texto el verbo parecer, sintagmas como tener la impresión de y tener la sensación de; algo que Laforet hizo a drede, con la intención de enfatizar en la subjetividad de las cosas, así como de resaltar sus descripciones con más carga emocional y sensorial, logrando una narración “impresionista”. La historia nos habla de Andrea, una joven huérfana de 18 años, que regresa a la casa de la familia en Barcelona para estudiar Filología, en tiempos de post-guerra y de la pobreza que afectó a la España de esos tiempos, para iniciar sus estudios universitarios y despegar en su vuelo, tan lleno de aterrizajes forzosos, de autodescubrimiento. La protagonista nos cuenta ese pasaje de su vida en tiempo pretérito, por lo que asumimos toda la historia como agua pasada y asunto superado:“(…) De nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida…”.Cubierta del libro.Lo que más resalta en la novela, aparte de la lúgubre forma en la que está representada la decadencia de esos tiempos a nivel económico y espiritual, es el cúmulo de violencia doméstica, psicológica y física, el adoctrinamiento al conservadurismo más tóxico, la locura, la intriga, los choques generacionales, así como la importancia de la amistad, esa que a veces se asemeja tanto al enamoramiento. Hace años alguien me dijo que hay un ápice de enamoramiento entre las amistades, que es otra forma de atracción y amor, se sabe, y Andrea con Ena tiene esa amistad profunda que a veces puede ser confusa para el lector; asunto que queda un poco a merced de la discreción de quien accede a esta historia. Ese dicho que versa: quien tiene amigos tiene un central, o quien tiene amigos tiene un tesoro, aquí se pone de manifiesto:  “(…) A veces pienso que es mejor la amistad que la familia. Puede uno, en ocasiones, unirse más a un extraño a su sangre…”. ¡Doy fe, Carmen, doy fe! De la primera parte de la novela me quedo con esta reflexión que hice luego de su lectura: Nadie, absolutamente nadie en tu familia tiene el derecho a decirte qué hacer con tu vida, con quién debes estar, a quién debes amar, cómo debes ser, todas esas cuestiones y otras tantas son decisiones personales que, si son violentadas por la familia, constituyen un cáncer que poco a poco va haciendo metástasis en la persona limitada y extiende un tóxico radio de acción. La novela también nos habla de cómo la evasión a los problemas no los resuelve, y de cómo la esquizofrenia es una enfermedad mental que afecta y descoloca también a los familiares cuidadores. Y que la locura también es fruto de la guerra. Carmen Laforet nos invita a reflexionar sobre la libertad personal, las oportunidades, el amor y la capacidad de elegir, la posición de desventaja que tienen las mujeres en el círculo familiar conservador y en la sociedad en general, y lo hace también al ponernos el ejemplo de la familia de Ena, la amiga de la protagonista, que defiende la independencia femenina y son un poco más progresistas y relajados de mente. En el amor y en la vida, el daño que hagas a otros, de algún modo, te lo haces a ti, y como siguiendo algún precepto del Karma se nos ponen entre estas páginas varias historias de amor y frustración para alertarnos. Muchos han comparado esta novela con la conocida Cumbres borrascosas de la maravilla de un solo éxito Emily Brontë, y es cierto. Andrea vendría siendo una especie de Lockwood, que llega a la casa familiar para encontrarse a sus amargadas tía, abuela y tía política, en esa casona lúgubre y venida a menos, en esa Barcelona decadente de la post guerra, tan machacada por la precariedad, el hambre y la desesperación. Los tíos de Andrea, Juan y Román, vendrían siendo una especie de Hindley y Heathcliff, enemigos bajo un mismo techo, y con un interés romántico en común, Gloria, amargados a más no poder. Como en Cumbres borrascosas, en Nada se nos presenta una retorcida historia de fondo llena de rencores y plagada de locura, desencuentros y huidas. Nada es lo que se gana cuando se estancan los resentimientos al punto de volverlos rencillas; nada es lo que se gana cuando se cierra el entendimiento y el amor, pero decir esto puede sonar cursi hoy en día, por muy cierto que sea. Igual lo repito y hay que perdonarme este asomo de complejo de escritor de textos de autoayuda, pero igual, siempre digo: si no vamos a aplicar las cosas aprendidas en nuestras lecturas para hacernos la vida más llevadera y, al cabo, más bella, ¿de qué nos sirve leer? Leemos para ser mejores personas para nosotros mismos y para los demás. Nada también nos invita a pensar en nuestras vidas y retos: “(…) Se aguantan mejor las contrariedades grandes que las pequeñas nimiedades de cada día…” y nos detiene en esa manía que tenemos de estarnos quejando por todo, para que valoremos esas cosas que damos por sentadas y que están, como todo, programadas para la finitud. A veces somos felices, o lo tenemos todo para serlo, y pecamos de ingratos por no darnos cuenta, y nos asomamos a los rincones más oscuros del ser y el estar por —llamemos las cosas por su nombre— tontos:“La verdad, Andrea, es que en el fondo he apreciado siempre tu estimación como algo extraordinario, pero nunca he querido darme cuenta. La amistad verdadera me parecía un mito hasta que te conocí, como me pareció un mito el amor hasta que conocí a Jaime… A veces —Ena se sonrió con cierta timidez— pienso en lo que puedo haber hecho yo para merecer esos dos regalos del destino… Te aseguro que he sido una niña terrible y cínica. No creí en ningún sueño dorado nunca, y al revés de lo que les sucede a las otras personas, las más bellas realidades me han caído encima. He sido siempre tan feliz…”.Tengo la manía de buscar el hedonismo por doquier, lo sé, y agradezco poder apreciar la belleza, procurarla, y al cabo darle mejor valor a la vida, que es tan fugaz y que tan en Nada queda si no aprendemos, si no evolucionamos espiritualmente:“(…) La vida se me aparecía distinta a como la había concebido hasta entonces. Complicada y sencillísima a la vez. Pensaba que los secretos más dolorosos y más celosamente guardados son quizá los que todos los de nuestro alrededor conocen. Tragedias estúpidas. Lágrimas inútiles. Así empezaba a aparecerme la vida entonces…”.La novela también discursa sobre las apariencias, y nos hace pensar en todas esas cosas que a veces pasamos por alto o le otorgamos demasiada importancia, cuando en verdad lo ideal es saber usar la balanza del juicio, cosa que, sabemos, es harto difícil de hacer: “¿No te sucede a ti, cuando te forjas una leyenda sobre un ser determinado y ves que queda bajo tus fantasías y que en realidad vale aún menos que tú, llegas a odiarle?”. Hay que tener mucho cuidado con los mitos, más si son ajenos a nuestro propio pensar, y es deber de todos aterrizar los ideales que se tengan sobre los demás. Nada es una novela que no ha envejecido, solo el contexto de Barcelona ha cambiado, pero la esencia, el mensaje de la novela, sigue latente; todavía los jóvenes siguen teniendo grandes ideales; la vida sigue plagada de mediocridad, a veces necesaria; la amistad sigue siendo una balsa de salvación ante las turbulencias familiares; las distintas generaciones siguen dándose cabezazos entre sí; las mujeres siguen atadas a responsabilidades sociales-domésticas; la esquizofrenia sigue sin cura y con varias caras; las madres siguen siendo ciegas leonas que ven y no quieren ver; y la violencia doméstica, por desgracia, afecta a un gran porciento de la población mundial. Sobre Carmen Laforet Nacida en Barcelona en 1921, y criada en Gran Canaria. Abandonó la carrera de Filosofía y Derecho en Madrid a la edad de 21 años para casarse con un periodista y crítico literario con quien tuvo cinco hijos. Después de ganar el primer Premio Nadal de la editorial Destino se volvió famosa, algo de lo que después huyó en edad más madura, en parte harta de las hipocresías del mundo artístico —hay que acotar que maduró artísticamente durante el franquismo, lo cual debió haberle supuesto varios choques intelectuales, sabemos que toda dictadura tiene sus acólitos y sus aprovechados, reproductores de la miseria humana disfrazada de arte—, y también a causa del aumento de su pérdida de memoria debido al Alzheimer. La obra de Laforet comprende el cuento, la novela y el ensayo. Una autora ya clásica del movimiento conocido como Tremendismo, iniciado en España por La familia de Pascual Duarte del Nobel literario Camilo José Cela, y ella, como el resto de los autores españoles que representan esta tendencia, dejaron un legado que ayuda a estudiar mejor la naturaleza humana y al cabo, procurar su mejoría; siempre partiendo de uno mismo. Si pueden conseguir esta obra háganse con ella. Estamos hablando de una gran novela, un tremendo “Librazo”. Hasta la próxima semana.  

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“Nada”, de Carmen Laforet

Cuando leí en mi adolescencia “¡Oh! Qué asqueroso resulta ver a tres generaciones reunidas bajo un mismo techo”, del gran poeta Ezra Pound, comprendí, a pesar de mi edad, que lo normal debe ser partir del hogar cuando se tiene edad suficiente para ello, que la convivencia familiar puede resultar tóxica por todos los entrometimientos que llueven en nombre del amor y la protección —en el mejor de los casos—, o de la envidia y la frustración —que tanto ocupa lugar en las instituciones familiares. Nada, de Carmen Laforet, va un poco de eso, de la nada que nos espera si nos quedamos en la violenta inmovilidad de la casa familiar, como si la vida no fuese movimiento y cambio, pero claro, habla de muchas cosas más. Nada fue la primera novela en obtener el famoso Premio Nadal en el año 1944, concedido a su autora Carmen Laforet, en 1945, lo cual supuso para ella un gran éxito de crítica y público, hasta el sol de hoy. Es, además, una de las cuatro novelas en español más traducidas a otros idiomas junto a Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, La familia de Pascual Duarte, de Cela y Cien años de soledad, de García Márquez.  Cuando anuncié en mi Bookstagram que estaba leyendo esta novela, obtuve varios comentarios, todos positivos, y cito a uno de ellos: un imprescindible, también me dijeron que contara —no literalmente— la cantidad de veces que salía en el texto el verbo parecer, sintagmas como tener la impresión de y tener la sensación de; algo que Laforet hizo a drede, con la intención de enfatizar en la subjetividad de las cosas, así como de resaltar sus descripciones con más carga emocional y sensorial, logrando una narración “impresionista”. La historia nos habla de Andrea, una joven huérfana de 18 años, que regresa a la casa de la familia en Barcelona para estudiar Filología, en tiempos de post-guerra y de la pobreza que afectó a la España de esos tiempos, para iniciar sus estudios universitarios y despegar en su vuelo, tan lleno de aterrizajes forzosos, de autodescubrimiento. La protagonista nos cuenta ese pasaje de su vida en tiempo pretérito, por lo que asumimos toda la historia como agua pasada y asunto superado:“(…) De nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida…”.Cubierta del libro.Lo que más resalta en la novela, aparte de la lúgubre forma en la que está representada la decadencia de esos tiempos a nivel económico y espiritual, es el cúmulo de violencia doméstica, psicológica y física, el adoctrinamiento al conservadurismo más tóxico, la locura, la intriga, los choques generacionales, así como la importancia de la amistad, esa que a veces se asemeja tanto al enamoramiento. Hace años alguien me dijo que hay un ápice de enamoramiento entre las amistades, que es otra forma de atracción y amor, se sabe, y Andrea con Ena tiene esa amistad profunda que a veces puede ser confusa para el lector; asunto que queda un poco a merced de la discreción de quien accede a esta historia. Ese dicho que versa: quien tiene amigos tiene un central, o quien tiene amigos tiene un tesoro, aquí se pone de manifiesto:  “(…) A veces pienso que es mejor la amistad que la familia. Puede uno, en ocasiones, unirse más a un extraño a su sangre…”. ¡Doy fe, Carmen, doy fe! De la primera parte de la novela me quedo con esta reflexión que hice luego de su lectura: Nadie, absolutamente nadie en tu familia tiene el derecho a decirte qué hacer con tu vida, con quién debes estar, a quién debes amar, cómo debes ser, todas esas cuestiones y otras tantas son decisiones personales que, si son violentadas por la familia, constituyen un cáncer que poco a poco va haciendo metástasis en la persona limitada y extiende un tóxico radio de acción. La novela también nos habla de cómo la evasión a los problemas no los resuelve, y de cómo la esquizofrenia es una enfermedad mental que afecta y descoloca también a los familiares cuidadores. Y que la locura también es fruto de la guerra. Carmen Laforet nos invita a reflexionar sobre la libertad personal, las oportunidades, el amor y la capacidad de elegir, la posición de desventaja que tienen las mujeres en el círculo familiar conservador y en la sociedad en general, y lo hace también al ponernos el ejemplo de la familia de Ena, la amiga de la protagonista, que defiende la independencia femenina y son un poco más progresistas y relajados de mente. En el amor y en la vida, el daño que hagas a otros, de algún modo, te lo haces a ti, y como siguiendo algún precepto del Karma se nos ponen entre estas páginas varias historias de amor y frustración para alertarnos. Muchos han comparado esta novela con la conocida Cumbres borrascosas de la maravilla de un solo éxito Emily Brontë, y es cierto. Andrea vendría siendo una especie de Lockwood, que llega a la casa familiar para encontrarse a sus amargadas tía, abuela y tía política, en esa casona lúgubre y venida a menos, en esa Barcelona decadente de la post guerra, tan machacada por la precariedad, el hambre y la desesperación. Los tíos de Andrea, Juan y Román, vendrían siendo una especie de Hindley y Heathcliff, enemigos bajo un mismo techo, y con un interés romántico en común, Gloria, amargados a más no poder. Como en Cumbres borrascosas, en Nada se nos presenta una retorcida historia de fondo llena de rencores y plagada de locura, desencuentros y huidas. Nada es lo que se gana cuando se estancan los resentimientos al punto de volverlos rencillas; nada es lo que se gana cuando se cierra el entendimiento y el amor, pero decir esto puede sonar cursi hoy en día, por muy cierto que sea. Igual lo repito y hay que perdonarme este asomo de complejo de escritor de textos de autoayuda, pero igual, siempre digo: si no vamos a aplicar las cosas aprendidas en nuestras lecturas para hacernos la vida más llevadera y, al cabo, más bella, ¿de qué nos sirve leer? Leemos para ser mejores personas para nosotros mismos y para los demás. Nada también nos invita a pensar en nuestras vidas y retos: “(…) Se aguantan mejor las contrariedades grandes que las pequeñas nimiedades de cada día…” y nos detiene en esa manía que tenemos de estarnos quejando por todo, para que valoremos esas cosas que damos por sentadas y que están, como todo, programadas para la finitud. A veces somos felices, o lo tenemos todo para serlo, y pecamos de ingratos por no darnos cuenta, y nos asomamos a los rincones más oscuros del ser y el estar por —llamemos las cosas por su nombre— tontos:“La verdad, Andrea, es que en el fondo he apreciado siempre tu estimación como algo extraordinario, pero nunca he querido darme cuenta. La amistad verdadera me parecía un mito hasta que te conocí, como me pareció un mito el amor hasta que conocí a Jaime… A veces —Ena se sonrió con cierta timidez— pienso en lo que puedo haber hecho yo para merecer esos dos regalos del destino… Te aseguro que he sido una niña terrible y cínica. No creí en ningún sueño dorado nunca, y al revés de lo que les sucede a las otras personas, las más bellas realidades me han caído encima. He sido siempre tan feliz…”.Tengo la manía de buscar el hedonismo por doquier, lo sé, y agradezco poder apreciar la belleza, procurarla, y al cabo darle mejor valor a la vida, que es tan fugaz y que tan en Nada queda si no aprendemos, si no evolucionamos espiritualmente:“(…) La vida se me aparecía distinta a como la había concebido hasta entonces. Complicada y sencillísima a la vez. Pensaba que los secretos más dolorosos y más celosamente guardados son quizá los que todos los de nuestro alrededor conocen. Tragedias estúpidas. Lágrimas inútiles. Así empezaba a aparecerme la vida entonces…”.La novela también discursa sobre las apariencias, y nos hace pensar en todas esas cosas que a veces pasamos por alto o le otorgamos demasiada importancia, cuando en verdad lo ideal es saber usar la balanza del juicio, cosa que, sabemos, es harto difícil de hacer: “¿No te sucede a ti, cuando te forjas una leyenda sobre un ser determinado y ves que queda bajo tus fantasías y que en realidad vale aún menos que tú, llegas a odiarle?”. Hay que tener mucho cuidado con los mitos, más si son ajenos a nuestro propio pensar, y es deber de todos aterrizar los ideales que se tengan sobre los demás. Nada es una novela que no ha envejecido, solo el contexto de Barcelona ha cambiado, pero la esencia, el mensaje de la novela, sigue latente; todavía los jóvenes siguen teniendo grandes ideales; la vida sigue plagada de mediocridad, a veces necesaria; la amistad sigue siendo una balsa de salvación ante las turbulencias familiares; las distintas generaciones siguen dándose cabezazos entre sí; las mujeres siguen atadas a responsabilidades sociales-domésticas; la esquizofrenia sigue sin cura y con varias caras; las madres siguen siendo ciegas leonas que ven y no quieren ver; y la violencia doméstica, por desgracia, afecta a un gran porciento de la población mundial. Sobre Carmen Laforet Nacida en Barcelona en 1921, y criada en Gran Canaria. Abandonó la carrera de Filosofía y Derecho en Madrid a la edad de 21 años para casarse con un periodista y crítico literario con quien tuvo cinco hijos. Después de ganar el primer Premio Nadal de la editorial Destino se volvió famosa, algo de lo que después huyó en edad más madura, en parte harta de las hipocresías del mundo artístico —hay que acotar que maduró artísticamente durante el franquismo, lo cual debió haberle supuesto varios choques intelectuales, sabemos que toda dictadura tiene sus acólitos y sus aprovechados, reproductores de la miseria humana disfrazada de arte—, y también a causa del aumento de su pérdida de memoria debido al Alzheimer. La obra de Laforet comprende el cuento, la novela y el ensayo. Una autora ya clásica del movimiento conocido como Tremendismo, iniciado en España por La familia de Pascual Duarte del Nobel literario Camilo José Cela, y ella, como el resto de los autores españoles que representan esta tendencia, dejaron un legado que ayuda a estudiar mejor la naturaleza humana y al cabo, procurar su mejoría; siempre partiendo de uno mismo. Si pueden conseguir esta obra háganse con ella. Estamos hablando de una gran novela, un tremendo “Librazo”. Hasta la próxima semana.  

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Doce cuentos en busca de paz

“Escribí estas historias para dormir, para sanar mi neurosis, y al escribirlas invoqué las almas de los idos y de los quedados, de los ya muertos y de los muertos vivos. Y escribiendo les pedí paz sin poder encontrarla”. Esto ha escrito el narrador y periodista Salvador Salazar (1982) en la introducción  de su libro La Pausa. Relatos de la Cuba inmóvil (Iliada, 2022), cuentos donde el autor se ha sumergido en busca de sus fantasmas.Salvador Salazar.La escritura para mí también es la búsqueda de fantasmas o fantasmagorías; la convivencia con el mundo fantasmal (memorial, vivencial, ideal y persecutorio) que el autor transita, como si se tratara de una cuarta dimensión de la que quiere ofrecer a los demás sus hallazgos, desde donde sale diciendo: esto es lo que interpreto de mi existencia, esto es lo que tengo captado de ustedes y nosotros, este es el corazón que yo venía a ofrecer.La mayoría trabaja sobre entes y circunstancias endeudadas con la memoria, buena parte inventa sobre algo que de algún modo germina en la realidad pero siempre se conecta con los recuerdos y los contextos que le marcaron, por los que padecieron  y gozaron. Salvador nos ofrece un fresco de una Habana (La Habana es Cuba, dicen por ahí) profunda o, como quiere especificarlo él, de “un pequeño y desahuciado barrio del municipio 10 de octubre”.Las historias recorren un lapsus de unos catorce años, y como catalizador aparecen las masivas protestas de julio de 2021. ¿Cuánto movieron la sensibilidad al autor? No quise preguntarle antes de reseñar su escritura, pero seguramente lo mismo que a casi todos y es evidente. Les dejo estas palabras suyas respecto a su intención narrativa: “Cada historia puede leerse como una postal o estampa independiente, pero puestas en conjunto, intentan ser un mosaico de la Cuba de esta primera mitad del siglo XXI, una historia aun inconclusa, que necesita desesperadamente, por el bien de los cubanos de adentro y de los cubanos de afuera, terminar de resolverse”.El libro abre no con un cuento, sino con las palabras sangrantes del propio Salvador. No puede ocultar su tristeza y frustración, y además de un prólogo sentido, y los cuentos duros, que contienen apenas una pizca de humor incluso, una pizca porque el aliño aquí es otro, se abre el pecho para mostrar las entrañas en una mezcla de realismo sucio con fantasía, de absurdo con memorias realistas.   “Hay promesas que nunca se cumplen”, piensa uno de los personajes de este libro (Elena, la chica afincada en el Bronx), y para llevarle la contraria, por forzar el cumplimiento de una promesa, otro de los personajes (Yusimí) hace lo que hace, y esa acción es el cumplimiento y la operación con la que comienza el primer cuento: “Yusimí se está templando al concretero mientras a lo lejos discursa Raúl Castro quien ofrece el discurso un 26 de julio”.Aunque en principio me pareció esta primera una historia larga, con demasiados detalles que tal vez descubren la formación periodísticas de su autor y su deseo de contarle al desconocido la realidad que le ha doblado los hombros, la historia de Yusimí (la que solo quiere un techo) se va desarrollando en estructuras como un juego de ensamblaje y eso tiene un valor, porque así como ocurre en la narración, detrás de lo que se ve en Cuba, o al menos en el barrio de estos personajes, siempre se esconderá una complejidad mayor que uno sólo descubre ensamblando partes.Uno de los relatos que más me gustó fue “El acuerdo”. Tal vez, para definirlo de algún modo, se trata del más piñeriano, en el que advertí no solo eso que podría llamarse influjo de lo kafkiano, sino en el cual durante su lectura tuve siempre presente aquel verso del poeta Heberto Padilla: A aquel hombre le pidieron su tiempo/ para que lo juntara al tiempo de la historia.Muchas veces (también la narración pareciera permeada intencionalmente por los discursos, las consignas, las frases hechas que se reiteran día tras día en la radio y la televisión y que perseveran en la memoria del cubano) los personajes están sometidos por un sentimiento tragicómico proveniente de ese entramado bien estructurado por la burocracia.Puede verse otra vez en “El trámite”, historia donde su narrador se encuentra en una cola y para su sufrimiento le entran ganas de orinar. Por cierto, aparece otra vez entonces el nombre de Yusimí, ahora convertida en aprobadora de trámites y madre de un niño con amenaza de dengue. La reiteración es también otra de las obsesiones de la narración, la fritanga, el sol, la pausa: “Por eso disfruto la risa/ y las voces/ y los olores/ y los recuerdos gratos e ingratos/ y las premoniciones./ Por eso me tomo una pausa,/ dentro de la gran pausa/ en la que se ha convertido nuestra vida en este lugar del mundo,/ en esta isla infecta de Historia,/ sumida en una espera/ que se pierde siempre en el horizonte.”Una amplia panorámica de personajes encuentra uno en esta obra de Salvador, situaciones y asuntos que marcan la vida y la sobrevida; asuntos que van desde temas aparentemente triviales pero profundamente agónicos, como las colas, hasta la autoridad paternal, ese llamado “paternalismo” que mantiene el orden filial a fuerza de compromisos y representa muchas veces el primer asomo del autoritarismo político; tema, por cierto, tan en la mira de varias generaciones de escritores. Pienso en el libro recién leído de Elaine Vilar Madruga.Ya en “Hispano” nos presenta el tema de la migración. También Salvador, afincado en Nueva York, ha sentido en carne propia el asunto presente en las letras cubanos desde tantos siglos atrás. Además, deja correr aquí dos elementos recurrentes en la literatura cubana, como es el efecto del clima sobre la naturaleza humana, el verano, el sol, el calor que en esta ocasión ejerce un efecto resonador: “en esa época del año hace que todo, hasta los secretos, resplandezcan”.El libro usa como separadores imágenes del fotógrafo cubano Kaloian Santos Cabrera, quien tan bien, incluso con empecinado optimismo ha captado ese mundo descrito con palabras por Salvador. Las imágenes forman en este libro un eficaz contrapunteo, nos hacen, para reiterar, tomar una pausa.“Este es un libro escrito desde la tristeza y desde la rabia”, escribe su autor: Este es un libro escrito como quien da un portazo antes de marcharse para siempre. Triste por estar lejos, triste por ya no estar, triste por ya no pertenecer, triste porque el país ya no te pertenezca. Rabioso por haber dejado que los malos ganen quizás no la guerra, pero sí la batalla de mi generación, triste por hacerme a un lado, por dejarlos hacer.“La esfera del compañero Fidel” no es el último relato, le sigue “El faro”, no menos sugerente, pero aquel presenta a un personaje peculiar cuya realidad me interesa para cerrar lo que interpreto del libro y su enseñanza: el personaje del cuento, llamado por su padre Fidel en honor a Fidel Castro, vive con la impresión de habitar un domo. “El encierro es más perfecto que si se tratara de un domo”: domo, esfera como las esferas de navidad, todos actores de un show que impresiona al mundo gracias a un inigualable sentimiento histriónico; todos luciéndose con inocencia como en  el show de Truman y como en lo de Truman todos actuando hasta el día en que descubren la tramoya, los camarógrafos, los divertidos televidentes, y el límite.

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Doce cuentos en busca de paz

“Escribí estas historias para dormir, para sanar mi neurosis, y al escribirlas invoqué las almas de los idos y de los quedados, de los ya muertos y de los muertos vivos. Y escribiendo les pedí paz sin poder encontrarla”. Esto ha escrito el narrador y periodista Salvador Salazar (1982) en la introducción  de su libro La Pausa. Relatos de la Cuba inmóvil (Iliada, 2022), cuentos donde el autor se ha sumergido en busca de sus fantasmas.Salvador Salazar.La escritura para mí también es la búsqueda de fantasmas o fantasmagorías; la convivencia con el mundo fantasmal (memorial, vivencial, ideal y persecutorio) que el autor transita, como si se tratara de una cuarta dimensión de la que quiere ofrecer a los demás sus hallazgos, desde donde sale diciendo: esto es lo que interpreto de mi existencia, esto es lo que tengo captado de ustedes y nosotros, este es el corazón que yo venía a ofrecer.La mayoría trabaja sobre entes y circunstancias endeudadas con la memoria, buena parte inventa sobre algo que de algún modo germina en la realidad pero siempre se conecta con los recuerdos y los contextos que le marcaron, por los que padecieron  y gozaron. Salvador nos ofrece un fresco de una Habana (La Habana es Cuba, dicen por ahí) profunda o, como quiere especificarlo él, de “un pequeño y desahuciado barrio del municipio 10 de octubre”.Las historias recorren un lapsus de unos catorce años, y como catalizador aparecen las masivas protestas de julio de 2021. ¿Cuánto movieron la sensibilidad al autor? No quise preguntarle antes de reseñar su escritura, pero seguramente lo mismo que a casi todos y es evidente. Les dejo estas palabras suyas respecto a su intención narrativa: “Cada historia puede leerse como una postal o estampa independiente, pero puestas en conjunto, intentan ser un mosaico de la Cuba de esta primera mitad del siglo XXI, una historia aun inconclusa, que necesita desesperadamente, por el bien de los cubanos de adentro y de los cubanos de afuera, terminar de resolverse”.El libro abre no con un cuento, sino con las palabras sangrantes del propio Salvador. No puede ocultar su tristeza y frustración, y además de un prólogo sentido, y los cuentos duros, que contienen apenas una pizca de humor incluso, una pizca porque el aliño aquí es otro, se abre el pecho para mostrar las entrañas en una mezcla de realismo sucio con fantasía, de absurdo con memorias realistas.   “Hay promesas que nunca se cumplen”, piensa uno de los personajes de este libro (Elena, la chica afincada en el Bronx), y para llevarle la contraria, por forzar el cumplimiento de una promesa, otro de los personajes (Yusimí) hace lo que hace, y esa acción es el cumplimiento y la operación con la que comienza el primer cuento: “Yusimí se está templando al concretero mientras a lo lejos discursa Raúl Castro quien ofrece el discurso un 26 de julio”.Aunque en principio me pareció esta primera una historia larga, con demasiados detalles que tal vez descubren la formación periodísticas de su autor y su deseo de contarle al desconocido la realidad que le ha doblado los hombros, la historia de Yusimí (la que solo quiere un techo) se va desarrollando en estructuras como un juego de ensamblaje y eso tiene un valor, porque así como ocurre en la narración, detrás de lo que se ve en Cuba, o al menos en el barrio de estos personajes, siempre se esconderá una complejidad mayor que uno sólo descubre ensamblando partes.Uno de los relatos que más me gustó fue “El acuerdo”. Tal vez, para definirlo de algún modo, se trata del más piñeriano, en el que advertí no solo eso que podría llamarse influjo de lo kafkiano, sino en el cual durante su lectura tuve siempre presente aquel verso del poeta Heberto Padilla: A aquel hombre le pidieron su tiempo/ para que lo juntara al tiempo de la historia.Muchas veces (también la narración pareciera permeada intencionalmente por los discursos, las consignas, las frases hechas que se reiteran día tras día en la radio y la televisión y que perseveran en la memoria del cubano) los personajes están sometidos por un sentimiento tragicómico proveniente de ese entramado bien estructurado por la burocracia.Puede verse otra vez en “El trámite”, historia donde su narrador se encuentra en una cola y para su sufrimiento le entran ganas de orinar. Por cierto, aparece otra vez entonces el nombre de Yusimí, ahora convertida en aprobadora de trámites y madre de un niño con amenaza de dengue. La reiteración es también otra de las obsesiones de la narración, la fritanga, el sol, la pausa: “Por eso disfruto la risa/ y las voces/ y los olores/ y los recuerdos gratos e ingratos/ y las premoniciones./ Por eso me tomo una pausa,/ dentro de la gran pausa/ en la que se ha convertido nuestra vida en este lugar del mundo,/ en esta isla infecta de Historia,/ sumida en una espera/ que se pierde siempre en el horizonte.”Una amplia panorámica de personajes encuentra uno en esta obra de Salvador, situaciones y asuntos que marcan la vida y la sobrevida; asuntos que van desde temas aparentemente triviales pero profundamente agónicos, como las colas, hasta la autoridad paternal, ese llamado “paternalismo” que mantiene el orden filial a fuerza de compromisos y representa muchas veces el primer asomo del autoritarismo político; tema, por cierto, tan en la mira de varias generaciones de escritores. Pienso en el libro recién leído de Elaine Vilar Madruga.Ya en “Hispano” nos presenta el tema de la migración. También Salvador, afincado en Nueva York, ha sentido en carne propia el asunto presente en las letras cubanos desde tantos siglos atrás. Además, deja correr aquí dos elementos recurrentes en la literatura cubana, como es el efecto del clima sobre la naturaleza humana, el verano, el sol, el calor que en esta ocasión ejerce un efecto resonador: “en esa época del año hace que todo, hasta los secretos, resplandezcan”.El libro usa como separadores imágenes del fotógrafo cubano Kaloian Santos Cabrera, quien tan bien, incluso con empecinado optimismo ha captado ese mundo descrito con palabras por Salvador. Las imágenes forman en este libro un eficaz contrapunteo, nos hacen, para reiterar, tomar una pausa.“Este es un libro escrito desde la tristeza y desde la rabia”, escribe su autor: Este es un libro escrito como quien da un portazo antes de marcharse para siempre. Triste por estar lejos, triste por ya no estar, triste por ya no pertenecer, triste porque el país ya no te pertenezca. Rabioso por haber dejado que los malos ganen quizás no la guerra, pero sí la batalla de mi generación, triste por hacerme a un lado, por dejarlos hacer.“La esfera del compañero Fidel” no es el último relato, le sigue “El faro”, no menos sugerente, pero aquel presenta a un personaje peculiar cuya realidad me interesa para cerrar lo que interpreto del libro y su enseñanza: el personaje del cuento, llamado por su padre Fidel en honor a Fidel Castro, vive con la impresión de habitar un domo. “El encierro es más perfecto que si se tratara de un domo”: domo, esfera como las esferas de navidad, todos actores de un show que impresiona al mundo gracias a un inigualable sentimiento histriónico; todos luciéndose con inocencia como en  el show de Truman y como en lo de Truman todos actuando hasta el día en que descubren la tramoya, los camarógrafos, los divertidos televidentes, y el límite.

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“Un beso de Dick”, de Fernando Molano Vargas

Escrita entre el verano de 1989 y la primavera de 1990, Un beso de Dick ganó en 1992 el concurso literario de la Cámara de Comercio de Medellín, Colombia. Habla de la atracción entre dos adolescentes colombianos y de cómo empieza a germinar, a pesar de los prejuicios sociales, el amor entre ellos. Cubierta del libro.Desde el principio Felipe se nos muestra, en su monólogo interior, en su flujo de conciencia, como un chico que si bien no parece gay, fantasea bastante con los varones que le rodean, admira la belleza femenina pero no desde el deseo, sino desde el respeto, y aunque su más ferviente anhelo está en el cuerpo de Leonardo, uno de los mejores del equipo de fútbol, como él, tampoco se corta a la hora de observar a los demás, como un buen buscador de la belleza en general.El realismo, la verosimilitud, la sinceridad y la sencillez narrativa son características que predominan en toda la novela.En las duchas los varones tienen juegos rudos, retos y burlas que rozan con la indirecta a una intimidad gay; “(…) el juego inocente con todo lo que nos está prohibido…”, pero todo queda en la broma, esa que entre más gay salga más seguridad en lo masculino aporta, pues si eres bien “macho” no te da vergüenza mofarte de lo gay, mimificarlo, denigrarlo a la condición ofensiva. Pero, casi siempre hay algo detrás. Las bromas de Coloso con las nalgas de Leonardo, la competencia de tamaños de pene, los golpes, los juegos de mano, de hecho, en este punto de la historia se empieza a presentir que algo se cocina. ¿Que esto juega con el imaginario gay y las incontables películas porno que acontecen en ese contexto lavatorio?, ¡por supuesto que lo hace!, porque, además, en la vida real, entre tanta desnudez e intimidad con los cuerpos ajenos, se manifiestan esas primeras ideas de sexo, y más en una edad tan efervescente como la adolescencia, incluso el que no es gay tiene asomos de la idea; que le agrade o le repela ya son otros cinco pesos, pero de que se manifiesta la idea, se manifiesta: “(…) Y me maravillé de las cosas que uno puede esconder bajo las bromas…”, como se dice por ahí jugando se dicen las peores verdades, ahí lo dejo.La narración ocurre en primera persona, desde el punto de vista de Felipe; tiene momentos en los que en su monólogo interior el protagonista se dirige a sí mismo como a una segunda persona, y eso es también parte de la ambigüedad de los pensamientos del joven que vive debatiéndose entre lo que supuestamente está bien y lo que está mal, se autocensura y se obliga a ciertos comportamientos que no van de la mano con sus impulsos y deseos verdaderos. Esto forma parte de esos primeros pasos del personaje antes de evolucionar.“¿Por qué tiene que haber gente triste por mi alegría?”; Esta pregunta que se hace el protagonista para referirse a otra cosa también tiene otro subtexto: el miedo al rechazo, esa pena que sobredimensionan las personas ante la confesión de homosexualidad, esa exageración de las preocupaciones y frustraciones familiares ante un miembro gay, que aún hoy, por desgracia, se sigue viendo como una especie de disidencia social y que incluso dentro de la aceptación sigue teniendo sus peros. Leonardo no es solo el efebo hermoso que causa admiración con su cuerpo y su aptitud para el fútbol, su desenvolvimiento social y su carisma, sino también por su sensibilidad para el arte: “solo las cosas que él habla pueden ser más bellas que él”. En el aula habla del nexo que descubre entre la poesía, en este caso de Eliseo Diego, y la pintura, y de cómo las artes tienen su punto de encuentro en algún momento.La realidad de Leonardo es otra, pues él vive con un poco más de independencia de sus padres, ¿Cómo así? ¿Por qué? ¿Qué tanto puede esto afectar la relación de ambos? Son preguntas que el lector se irá haciendo a medida que avanza la historia, y que de algún modo tendrán respuesta, pero hay detalles que solo hallarán la luz en nuestra interpretación de las palabras y los hechos.De tanto hablar de poesía y de arte, Leonardo termina creando poesía instantánea cuando habla y reflexiona frente a su clase, en un ejercicio de proyección del autor en su personaje, aunque, —valga la aclaración—, cuando se buscan datos sobre Fernando Molano Vargas, el autor del libro, es fácil darse cuenta de que es en Felipe en quien más se refleja, pues su portagonista sueña con hacer una película y dibuja las escenas en una especie de storyboard improvisado y sin organizar, que forma parte de una historia dentro de esta historia, una proyección dentro de la otra, la dichosa “caja china”; Molano Vargas era graduado de Lingüística y Literatura por la Universidad Pedagógica y de Cine y Televisión por la Universidad Nacional de Colombia. Como el acto de besar está implícito en el título de la novela, he seleccionado y unido algunos textos que aparecen en diferentes páginas y que, así, empastados, logran un solo párrafo que es feliz, hermoso y muy verosímil para referirse a ese deseo constante de besar, en esa edad en la que las horas se gastan en las bocas y en las calenturas mentales que el cuerpo traduce como puede:“(…) Cuando uno da un beso, es como ponerse a repasar con los labios lo que ha estado todo el tiempo estudiando con los ojos (…) yo quisiera decirle a mi amigo que lo amo. O algo así. Pero a mí sólo me salen besos (…) Y nos besamos mucho…”Lo subrepticio de la relación, lo supuestamente prohibida que es, el peligro de ser atrapados con las manos en la masa los conduce a un hedonismo existencial que se alimenta de adrenalina, y es ese mismo peligro y esa imposibilidad de darse afecto frente a los otros lo que más les provoca y une, lo que dará paso al giro de la trama:  “Nos da mucha risa de ver lo boba que es esta vida. Porque le queda tan fácil a la güevona hacerse la complicada…”.Ya en la segunda parte Felipe adquiere la conciencia del cuerpo propio, el repudio al sentido de propiedad que tienen los padres sobre los hijos y la falta de libertad para elegir que predomina en las crianzas patriarcales y machistas por las que hemos sido impactados. Todos somos, de alguna manera, enemigos de nuestros padres en la adolescencia, y más cuando la paternidad o la maternidad se ejercen de forma dictatorial, o cuando dan paso a la violencia física y psicológica, incluso cuando no se quiere dañar pero se daña por impotencia o incapacidad. Los diálogos del padre con el hijo son tan creíbles que al leerlos pareciera que estamos colados en casa ajena y no entre las páginas de una obra inventada por un talentoso escritor. Y como en toda crisis de cualquier vida, se ponen a prueba a las personas, y aparecen nuevas luces, nuevas formas y vías para salir adelante, y un personaje que es clave para ayudarlo a reforzar sus sentimientos e ideas, para impulsarlo a volar y no a temer ni a censurarse a raíz de la falta de comprensión de los demás.¿Por qué se llama Un beso de Dick?El beso de Dick viene de Oliver Twist, novela que inspira a Fernando Molano para escribir este texto. En la novela de Dickens (Dick-ens) hay un personaje femenino, Oliva, que se besa a escondidas en el orfanato con Dick, y ese beso prohibido, porque no se podían hacer esas cosas entre los huérfanos hermanados por sus condiciones y por la convivencia en ese sitio, es a lo que se refiere el autor en esta otra situación tan distante en tiempo y espacio, pero que igual alude a un beso de amor desesperado por la impotencia, por el profundo sentimiento y la idea de que cualquier ocasión puede ser la última para ambos amantes, jóvenes y desvalidos por sí mismos, además: “Oliva también se dio un beso con un amigo del orfelinato. Dick le dio un beso a Oliva porque se iba a morir. Pero no los vieron. Menos mal no los vieron; porque si no los habrían matado. Si les pegaban por pedir comida… Los habrían matado”.La novela es también una crítica a la educación y formación machista, patriarcal, religiosa y limitada en afectos, comprensiones y flexibilidad que hemos recibido todos, incluso los que después nos hemos opuesto a ella. Esto se ve también dentro de las propias libertades que se dan los amantes en la intimidad, que a pesar de tener todo el cielo, a solas, se cortan los vuelos con torpes bromas y gestos que también pasan por la inmadurez y la camaradería que comparten.Un beso de Dick es también una lección de libertad personal, una lección de humildad, ese momento en el que Felipe conversa con el chico vendedor ambulante que tiene menos que él, y que sin embargo le hace un regalo, se apiada de su situación y, —¡lo mejor!—, no lo juzga por su preferencia sexual. Más allá de verlo como la ofensa que casi le hace el pobretón al de clase media alta por asumirlo como gay por tener dinero y ser acomodado, hay que ver el gesto de ayuda, el nivel de flexibilidad que la calle le ha dado al menos aventajado, y de cómo en la vida podemos encontrar ayuda de quien menos uno piensa que pueda venir. Esa parte me remontó a la belleza de Corazón, de Edmundo de Amicis. El erotismo es también parte esencial de este libro. Esa carne despierta, esos sentidos alterados tan de esos años en los que se empieza a descubrir el sexo no podían faltar. Se trata de un erotismo hermoso y sutil, sin soeces y sin rozar la pornografía, que, a ver, que tenga soeces y su toque porno tampoco está mal, pero en Un beso de Dick las escenas de sexo son, en verdad, escenas de amor. “No me deje ir”, es la última oración de esta novela que he terminado con los ojos aguados, en digital, porque aunque mucho lo quiera a Cuba no llegan las ediciones de Blatt&Ríos, y créame, Fernando, que tu alma lo sepa donde quiera que esté, jamás dejaré ir su novela; algún día la tendré en físico, y la colocaré en ese lado del estante reservado para los libros que me han marcado. Fernando Molano VargasFue un escritor colombiano que escribió dos novelas que son consideradas de culto hoy en día: Un beso de Dick y Vista desde una acera. Murió a la temprana edad de 37 años por complicaciones relacionadas con el Sida. Fue un gran apasionado de las artes plásticas y el cine clásico.Su historia de amor con Diego, una de las primeras víctimas del Sida en Colombia, es digna de ser escrita en otra novela, y entre el rechazo familiar, la inminente enfermedad y el abandono de sus estudios su obra se vio cada vez más pospuesta, aunque cada vez que sacaba algo era premiado. Por desgracia no pudo escribir más. Sus restos fueron unidos a los de Diego, cumpliendo con su deseo final. Espero que con estas historias, la de la novela y la del propio Fernando, se motiven a conocer la obra de este excelente escritor. Los espero la próxima semana con otro “Librazo”. 

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“Un beso de Dick”, de Fernando Molano Vargas

Escrita entre el verano de 1989 y la primavera de 1990, Un beso de Dick ganó en 1992 el concurso literario de la Cámara de Comercio de Medellín, Colombia. Habla de la atracción entre dos adolescentes colombianos y de cómo empieza a germinar, a pesar de los prejuicios sociales, el amor entre ellos. Cubierta del libro.Desde el principio Felipe se nos muestra, en su monólogo interior, en su flujo de conciencia, como un chico que si bien no parece gay, fantasea bastante con los varones que le rodean, admira la belleza femenina pero no desde el deseo, sino desde el respeto, y aunque su más ferviente anhelo está en el cuerpo de Leonardo, uno de los mejores del equipo de fútbol, como él, tampoco se corta a la hora de observar a los demás, como un buen buscador de la belleza en general.El realismo, la verosimilitud, la sinceridad y la sencillez narrativa son características que predominan en toda la novela.En las duchas los varones tienen juegos rudos, retos y burlas que rozan con la indirecta a una intimidad gay; “(…) el juego inocente con todo lo que nos está prohibido…”, pero todo queda en la broma, esa que entre más gay salga más seguridad en lo masculino aporta, pues si eres bien “macho” no te da vergüenza mofarte de lo gay, mimificarlo, denigrarlo a la condición ofensiva. Pero, casi siempre hay algo detrás. Las bromas de Coloso con las nalgas de Leonardo, la competencia de tamaños de pene, los golpes, los juegos de mano, de hecho, en este punto de la historia se empieza a presentir que algo se cocina. ¿Que esto juega con el imaginario gay y las incontables películas porno que acontecen en ese contexto lavatorio?, ¡por supuesto que lo hace!, porque, además, en la vida real, entre tanta desnudez e intimidad con los cuerpos ajenos, se manifiestan esas primeras ideas de sexo, y más en una edad tan efervescente como la adolescencia, incluso el que no es gay tiene asomos de la idea; que le agrade o le repela ya son otros cinco pesos, pero de que se manifiesta la idea, se manifiesta: “(…) Y me maravillé de las cosas que uno puede esconder bajo las bromas…”, como se dice por ahí jugando se dicen las peores verdades, ahí lo dejo.La narración ocurre en primera persona, desde el punto de vista de Felipe; tiene momentos en los que en su monólogo interior el protagonista se dirige a sí mismo como a una segunda persona, y eso es también parte de la ambigüedad de los pensamientos del joven que vive debatiéndose entre lo que supuestamente está bien y lo que está mal, se autocensura y se obliga a ciertos comportamientos que no van de la mano con sus impulsos y deseos verdaderos. Esto forma parte de esos primeros pasos del personaje antes de evolucionar.“¿Por qué tiene que haber gente triste por mi alegría?”; Esta pregunta que se hace el protagonista para referirse a otra cosa también tiene otro subtexto: el miedo al rechazo, esa pena que sobredimensionan las personas ante la confesión de homosexualidad, esa exageración de las preocupaciones y frustraciones familiares ante un miembro gay, que aún hoy, por desgracia, se sigue viendo como una especie de disidencia social y que incluso dentro de la aceptación sigue teniendo sus peros. Leonardo no es solo el efebo hermoso que causa admiración con su cuerpo y su aptitud para el fútbol, su desenvolvimiento social y su carisma, sino también por su sensibilidad para el arte: “solo las cosas que él habla pueden ser más bellas que él”. En el aula habla del nexo que descubre entre la poesía, en este caso de Eliseo Diego, y la pintura, y de cómo las artes tienen su punto de encuentro en algún momento.La realidad de Leonardo es otra, pues él vive con un poco más de independencia de sus padres, ¿Cómo así? ¿Por qué? ¿Qué tanto puede esto afectar la relación de ambos? Son preguntas que el lector se irá haciendo a medida que avanza la historia, y que de algún modo tendrán respuesta, pero hay detalles que solo hallarán la luz en nuestra interpretación de las palabras y los hechos.De tanto hablar de poesía y de arte, Leonardo termina creando poesía instantánea cuando habla y reflexiona frente a su clase, en un ejercicio de proyección del autor en su personaje, aunque, —valga la aclaración—, cuando se buscan datos sobre Fernando Molano Vargas, el autor del libro, es fácil darse cuenta de que es en Felipe en quien más se refleja, pues su portagonista sueña con hacer una película y dibuja las escenas en una especie de storyboard improvisado y sin organizar, que forma parte de una historia dentro de esta historia, una proyección dentro de la otra, la dichosa “caja china”; Molano Vargas era graduado de Lingüística y Literatura por la Universidad Pedagógica y de Cine y Televisión por la Universidad Nacional de Colombia. Como el acto de besar está implícito en el título de la novela, he seleccionado y unido algunos textos que aparecen en diferentes páginas y que, así, empastados, logran un solo párrafo que es feliz, hermoso y muy verosímil para referirse a ese deseo constante de besar, en esa edad en la que las horas se gastan en las bocas y en las calenturas mentales que el cuerpo traduce como puede:“(…) Cuando uno da un beso, es como ponerse a repasar con los labios lo que ha estado todo el tiempo estudiando con los ojos (…) yo quisiera decirle a mi amigo que lo amo. O algo así. Pero a mí sólo me salen besos (…) Y nos besamos mucho…”Lo subrepticio de la relación, lo supuestamente prohibida que es, el peligro de ser atrapados con las manos en la masa los conduce a un hedonismo existencial que se alimenta de adrenalina, y es ese mismo peligro y esa imposibilidad de darse afecto frente a los otros lo que más les provoca y une, lo que dará paso al giro de la trama:  “Nos da mucha risa de ver lo boba que es esta vida. Porque le queda tan fácil a la güevona hacerse la complicada…”.Ya en la segunda parte Felipe adquiere la conciencia del cuerpo propio, el repudio al sentido de propiedad que tienen los padres sobre los hijos y la falta de libertad para elegir que predomina en las crianzas patriarcales y machistas por las que hemos sido impactados. Todos somos, de alguna manera, enemigos de nuestros padres en la adolescencia, y más cuando la paternidad o la maternidad se ejercen de forma dictatorial, o cuando dan paso a la violencia física y psicológica, incluso cuando no se quiere dañar pero se daña por impotencia o incapacidad. Los diálogos del padre con el hijo son tan creíbles que al leerlos pareciera que estamos colados en casa ajena y no entre las páginas de una obra inventada por un talentoso escritor. Y como en toda crisis de cualquier vida, se ponen a prueba a las personas, y aparecen nuevas luces, nuevas formas y vías para salir adelante, y un personaje que es clave para ayudarlo a reforzar sus sentimientos e ideas, para impulsarlo a volar y no a temer ni a censurarse a raíz de la falta de comprensión de los demás.¿Por qué se llama Un beso de Dick?El beso de Dick viene de Oliver Twist, novela que inspira a Fernando Molano para escribir este texto. En la novela de Dickens (Dick-ens) hay un personaje femenino, Oliva, que se besa a escondidas en el orfanato con Dick, y ese beso prohibido, porque no se podían hacer esas cosas entre los huérfanos hermanados por sus condiciones y por la convivencia en ese sitio, es a lo que se refiere el autor en esta otra situación tan distante en tiempo y espacio, pero que igual alude a un beso de amor desesperado por la impotencia, por el profundo sentimiento y la idea de que cualquier ocasión puede ser la última para ambos amantes, jóvenes y desvalidos por sí mismos, además: “Oliva también se dio un beso con un amigo del orfelinato. Dick le dio un beso a Oliva porque se iba a morir. Pero no los vieron. Menos mal no los vieron; porque si no los habrían matado. Si les pegaban por pedir comida… Los habrían matado”.La novela es también una crítica a la educación y formación machista, patriarcal, religiosa y limitada en afectos, comprensiones y flexibilidad que hemos recibido todos, incluso los que después nos hemos opuesto a ella. Esto se ve también dentro de las propias libertades que se dan los amantes en la intimidad, que a pesar de tener todo el cielo, a solas, se cortan los vuelos con torpes bromas y gestos que también pasan por la inmadurez y la camaradería que comparten.Un beso de Dick es también una lección de libertad personal, una lección de humildad, ese momento en el que Felipe conversa con el chico vendedor ambulante que tiene menos que él, y que sin embargo le hace un regalo, se apiada de su situación y, —¡lo mejor!—, no lo juzga por su preferencia sexual. Más allá de verlo como la ofensa que casi le hace el pobretón al de clase media alta por asumirlo como gay por tener dinero y ser acomodado, hay que ver el gesto de ayuda, el nivel de flexibilidad que la calle le ha dado al menos aventajado, y de cómo en la vida podemos encontrar ayuda de quien menos uno piensa que pueda venir. Esa parte me remontó a la belleza de Corazón, de Edmundo de Amicis. El erotismo es también parte esencial de este libro. Esa carne despierta, esos sentidos alterados tan de esos años en los que se empieza a descubrir el sexo no podían faltar. Se trata de un erotismo hermoso y sutil, sin soeces y sin rozar la pornografía, que, a ver, que tenga soeces y su toque porno tampoco está mal, pero en Un beso de Dick las escenas de sexo son, en verdad, escenas de amor. “No me deje ir”, es la última oración de esta novela que he terminado con los ojos aguados, en digital, porque aunque mucho lo quiera a Cuba no llegan las ediciones de Blatt&Ríos, y créame, Fernando, que tu alma lo sepa donde quiera que esté, jamás dejaré ir su novela; algún día la tendré en físico, y la colocaré en ese lado del estante reservado para los libros que me han marcado. Fernando Molano VargasFue un escritor colombiano que escribió dos novelas que son consideradas de culto hoy en día: Un beso de Dick y Vista desde una acera. Murió a la temprana edad de 37 años por complicaciones relacionadas con el Sida. Fue un gran apasionado de las artes plásticas y el cine clásico.Su historia de amor con Diego, una de las primeras víctimas del Sida en Colombia, es digna de ser escrita en otra novela, y entre el rechazo familiar, la inminente enfermedad y el abandono de sus estudios su obra se vio cada vez más pospuesta, aunque cada vez que sacaba algo era premiado. Por desgracia no pudo escribir más. Sus restos fueron unidos a los de Diego, cumpliendo con su deseo final. Espero que con estas historias, la de la novela y la del propio Fernando, se motiven a conocer la obra de este excelente escritor. Los espero la próxima semana con otro “Librazo”. 

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Festival literario reúne en Italia autores de dos continentes

Escritores de Italia e iberoamérica dialogan desde este miércoles en el festival literario que se celebra en la histórica localidad de Alguer (Cerdeña, Italia). El festival ‘Dall’altra parte del mare’ (Al otro lado del mar) dedica hasta el próximo día 26 de junio una de sus secciones a la literatura en lengua española.De este modo, según un reporte de Efe, el público italiano se acercará a la obra de importantes autores como los españoles Javier Cercas, Rosa Montero y Arturo Pérez-Reverte, los cubanos Leonardo Padura y Lucía López Coll, la chilena Carmen Yáñez y la venezolana Karina Sainz, entre otros.Parte oggi da #Nuoro #Traduesponde, la sezione dedicata alle letterature di lingua spagnola di @festivAlghero, mentre domani appuntamento ad #Alghero. Questo il programma di oggi: pic.twitter.com/6sNky76PSA— Bruno Arpaia (@club_dante) June 22, 2022“El objetivo de estas jornadas es realizar un intercambio cultural entre dos realidades muy similares, pero que tienen diferencias importantes, así como intercambiar las experiencias de los escritores y ayudar a que se conozcan las culturas hispánicas”, explicó a Efe uno de sus impulsores, el escritor italiano Bruno Arpaia.Durante cinco días, los interesados podrán acercarse hasta esta histórica ciudad del noroeste de Cerdeña para asistir a la presentación de libros como El castillo de Barbazul de Javier Cercas, que ha sido traducido por el propio Arpaia.“Este año contamos con algunos de los nombres más relevantes de la cultura hispánica en un intento de lograr un nivel muy alto e impulsar la lectura de sus obras”, celebró el escritor y traductor italiano.El Festival también contará con una lectura poética dedicada a la obra de la italiana Iaia Caputo sobre la actriz y primera dama argentina Evita Perón o el concierto de la italiana Ginevra di Marco dedicado a la cantante también argentina Mercedes Sosa.Leonardo Padura: “Cuba es mi alimento”En el programa destaca asimismo la lección magistral que ofrecerá la periodista y escritora española Rosa Montero y la proyección y análisis de la película “7 días en la Habana”, de los directores argentino Gaspar Noé y cubano Juan Carlos Tabío, de la mano de su guionista, el escritor de novelas policiacas Leonardo Padura.“No es solo una cultura hispánica o italiana, sino que son muchas y eso es también algo que queremos abarcar para que salgan a flote las diferencias dentro de la unidad de una misma cultura”, remarcó Arpaia, quien espera que esta parte del festival siga creciendo en las próximas ediciones.Efe/OnCuba.

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Abierta al público correspondencia de Gabriel García Márquez 

Gabriel García Márquez casi nunca escribía cartas. Así lo afirman su nieta Emilia García Elizondo y su hijo Gonzalo García Barcha. Sin embargo, sí fue receptor de una gran correspondencia enviada por personalidades como Pablo Neruda, Bill Clinton, Woody Allen y Fidel Castro. Ahora por primera vez el público podrá leerlas.Tras un hallazgo inesperado de más de 100 cartas inéditas, la familia decidió abrir las puertas de la casa del autor en Ciudad de México para exponerlas bajo el título de “Gabo a 40 años del Nobel: El escritor sí tiene quien le escriba”, según un reporte de Mónica Rubalcava, periodista de Efe.“Gabo casi no escribía cartas, a él le gustaba tener conversaciones en persona (…) vivía hablando por teléfono. Yo creo que la mayoría de estas cartas probablemente fueron respondidas en conversaciones por teléfono o en persona. Hay muy pocas cartas de Gabo”, cuenta García Elizondo, también directora de la Casa de la Literatura Gabriel García Márquez (CLGGM), donde se llevará a cabo la exhibición hasta mediados de agosto.Estudio del escritor colombiano Gabriel García Márquez, en Ciudad de México (México). Foto: Mario Guzmán/Efe.Por esa misma razón, su hijo Gonzalo confiesa tener “cero cartas” de sus padres. Y cree que, de haberle tocado vivir en los tiempos de los teléfonos móviles, García Márquez “hubiera sido un usuario despiadado del celular”.SE ABRE UN TESOROGonzalo y Emilia se encontraban en un estudio de la casa, ubicada en la calle Fuego 144 de Ciudad de México, buscando una foto para la conmemoración del 40 aniversario del premio Nobel que terminó por consagrar mundialmente a García Márquez como uno de los escritores más importantes de Latinoamérica y el mundo en 1982.Pero, en vez de hallar fotografías, se encontraron un aproximado de 150 cartas en una misteriosa caja con la leyenda “Nietos”.“Nunca la había visto antes, supuse que eran fotos, pero eran cartas. Cartas que son parte de un archivo mucho más grande que ya se fue al Ransom Center, en Austin, pero que supongo que Mercedes (Barcha, esposa del escritor) tenía guardadas para entregarlas después. Ninguno de nosotros sabía que estaban ahí”, relata García Elizondo.Gonzalo explica que entre las cartas también había algunas de los propios nietos de Gabo, como el escritor Mateo García Elizondo, y sus sobrinas, pero al ser tan personales no forman parte de la exhibición, en la que solo se seleccionaron un aproximado de 35 a 40 escritos.POLÍTICOS, ACTIVISTAS, ESCRITORES, CINEASTAS Y ACTORESLas palabras que Robert Redford, Woody Allen, Fidel Castro, el subcomandante Marcos, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Carlos Fuentes, Augusto Monterroso, Bill Clinton y más personalidades le dedicaron a Gabo y a su esposa Mercedes Barcha en un papel, estarán exhibidas a partir de ahora en la CLGGM antes de formar parte del acervo del Harry Ransom Center de la capital de Texas.La nieta y directora de la Casa de la Literatura Gabriel García Márquez, Emilia García Elizondo, posa en entrevista con EfeFoto: Mario Guzmán/Efe.“A mí la que más me gusta es la de Pablo Neruda porque me encanta la poesía, es una carta de 1972, eso quiere decir que mis padres eran jóvenes y Neruda no tanto, debió emocionarlos mucho”, comenta Gonzalo sobre la carta del poeta chileno en la que invita a Mercedes y a Gabo a un evento en el que aparentemente también estaban invitados Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar.Al ser actriz, Emilia confiesa que las más impresionantes para ella fueron las que encontró de los actores y directores de cine. Pero, fue mayor sorpresa conocer de cerca la amistad de su abuelo con personajes como el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton o el mandatario cubano Fidel Castro.“Me gustan mucho las cartas con Fidel, hay cierta ternura de la amistad que tenían, y las de Bill Clinton son bastante padres (buenas)”, confiesa la nieta, quien no deja de asombrarse con la vida de sus abuelos por la discreción que siempre manejaron.“Todo (lo exhibido es) vintage (antiguo), muy siglo XX, la Guerra Fría, Cuba, Clinton. Supongo que se trataba un poco de mantener las cosas muy en secreto, (Gabo y Mercedes) eran muy discretos”, añade Gonzalo.La sospecha de García Márquez“En realidad, no sé si les hubiera gustado a ellos que se mostrara esto, pero el domingo los van a balconear (exponer) aún más”, reconoce, pues el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México expondrá también secretos del escritor de Cien años de soledad (1967) en “Gabriel García Márquez: The Making of a Global Writer”.Aunque cuenta la leyenda que las cartas de amor que García Márquez le escribió a su esposa Mercedes en su juventud fueron quemadas, Emilia promete seguirlas buscando.Efe/Mónica Rubalcava.

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Abierta al público correspondencia de Gabriel García Márquez 

Gabriel García Márquez casi nunca escribía cartas. Así lo afirman su nieta Emilia García Elizondo y su hijo Gonzalo García Barcha. Sin embargo, sí fue receptor de una gran correspondencia enviada por personalidades como Pablo Neruda, Bill Clinton, Woody Allen y Fidel Castro. Ahora por primera vez el público podrá leerlas.Tras un hallazgo inesperado de más de 100 cartas inéditas, la familia decidió abrir las puertas de la casa del autor en Ciudad de México para exponerlas bajo el título de “Gabo a 40 años del Nobel: El escritor sí tiene quien le escriba”, según un reporte de Mónica Rubalcava, periodista de Efe.“Gabo casi no escribía cartas, a él le gustaba tener conversaciones en persona (…) vivía hablando por teléfono. Yo creo que la mayoría de estas cartas probablemente fueron respondidas en conversaciones por teléfono o en persona. Hay muy pocas cartas de Gabo”, cuenta García Elizondo, también directora de la Casa de la Literatura Gabriel García Márquez (CLGGM), donde se llevará a cabo la exhibición hasta mediados de agosto.Estudio del escritor colombiano Gabriel García Márquez, en Ciudad de México (México). Foto: Mario Guzmán/Efe.Por esa misma razón, su hijo Gonzalo confiesa tener “cero cartas” de sus padres. Y cree que, de haberle tocado vivir en los tiempos de los teléfonos móviles, García Márquez “hubiera sido un usuario despiadado del celular”.SE ABRE UN TESOROGonzalo y Emilia se encontraban en un estudio de la casa, ubicada en la calle Fuego 144 de Ciudad de México, buscando una foto para la conmemoración del 40 aniversario del premio Nobel que terminó por consagrar mundialmente a García Márquez como uno de los escritores más importantes de Latinoamérica y el mundo en 1982.Pero, en vez de hallar fotografías, se encontraron un aproximado de 150 cartas en una misteriosa caja con la leyenda “Nietos”.“Nunca la había visto antes, supuse que eran fotos, pero eran cartas. Cartas que son parte de un archivo mucho más grande que ya se fue al Ransom Center, en Austin, pero que supongo que Mercedes (Barcha, esposa del escritor) tenía guardadas para entregarlas después. Ninguno de nosotros sabía que estaban ahí”, relata García Elizondo.Gonzalo explica que entre las cartas también había algunas de los propios nietos de Gabo, como el escritor Mateo García Elizondo, y sus sobrinas, pero al ser tan personales no forman parte de la exhibición, en la que solo se seleccionaron un aproximado de 35 a 40 escritos.POLÍTICOS, ACTIVISTAS, ESCRITORES, CINEASTAS Y ACTORESLas palabras que Robert Redford, Woody Allen, Fidel Castro, el subcomandante Marcos, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Carlos Fuentes, Augusto Monterroso, Bill Clinton y más personalidades le dedicaron a Gabo y a su esposa Mercedes Barcha en un papel, estarán exhibidas a partir de ahora en la CLGGM antes de formar parte del acervo del Harry Ransom Center de la capital de Texas.La nieta y directora de la Casa de la Literatura Gabriel García Márquez, Emilia García Elizondo, posa en entrevista con EfeFoto: Mario Guzmán/Efe.“A mí la que más me gusta es la de Pablo Neruda porque me encanta la poesía, es una carta de 1972, eso quiere decir que mis padres eran jóvenes y Neruda no tanto, debió emocionarlos mucho”, comenta Gonzalo sobre la carta del poeta chileno en la que invita a Mercedes y a Gabo a un evento en el que aparentemente también estaban invitados Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar.Al ser actriz, Emilia confiesa que las más impresionantes para ella fueron las que encontró de los actores y directores de cine. Pero, fue mayor sorpresa conocer de cerca la amistad de su abuelo con personajes como el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton o el mandatario cubano Fidel Castro.“Me gustan mucho las cartas con Fidel, hay cierta ternura de la amistad que tenían, y las de Bill Clinton son bastante padres (buenas)”, confiesa la nieta, quien no deja de asombrarse con la vida de sus abuelos por la discreción que siempre manejaron.“Todo (lo exhibido es) vintage (antiguo), muy siglo XX, la Guerra Fría, Cuba, Clinton. Supongo que se trataba un poco de mantener las cosas muy en secreto, (Gabo y Mercedes) eran muy discretos”, añade Gonzalo.La sospecha de García Márquez“En realidad, no sé si les hubiera gustado a ellos que se mostrara esto, pero el domingo los van a balconear (exponer) aún más”, reconoce, pues el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México expondrá también secretos del escritor de Cien años de soledad (1967) en “Gabriel García Márquez: The Making of a Global Writer”.Aunque cuenta la leyenda que las cartas de amor que García Márquez le escribió a su esposa Mercedes en su juventud fueron quemadas, Emilia promete seguirlas buscando.Efe/Mónica Rubalcava.

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Muere a los 85 años el escritor israelí A. B. Yehoshua

Avraham B. Yehoshua, uno de los novelistas de Israel más aclamados por la crítica, destacado también por defender los derechos de los palestinos según destacan varios medios internacionales, murió a los 85 años dejando tras de sí una prolífica obra traducida a unas treinta lenguas.“De los más grandes escritores de Israel de todas las generaciones”, escribió en Twitter el presidente israelí, Isaac Herzog, citado por la agencia española Efe. Herzog señó también que la obra del autor despertó en sus lectores “un mosaico de emociones profundas”.Avraham B. Yehoshua, one of Israel’s most revered and prolific novelists and a vocal supporter of Palestinian rights, has died aged 85, Tel Aviv’s Ichilov hospital said Tuesdayhttps://t.co/LjbbOAIqZS— AFP News Agency (@AFP) June 14, 2022Para el periodista Juan Carlos Sanz, del diario madrileño El País, se trata “del escritor menos conocido, y tal vez más lúcido, de un excepcional trío de narradores hebreos con proyección internacional” conformado por Yehoshua, David Grossman y Amos Oz (fallecido en 2018)”.Gracias a las versátiles formas narrativas empleadas por Yehoshua, que iban de lo surrealista a lo histórico, recibió numerosos premios literarios en Israel y en el extranjero. Su obra comprende 11 novelas, tres colecciones de cuentos y cuatro obras de teatro, así como varios ensayos.Para los expertos, fue uno de los primeros escritores de ficción en retratar el sufrimiento y las disyuntivas morales tras la guerra que siguió a la independencia de Israel, en 1948, destaca Efe, que subra cómo aunque Yehoshua tenía un pensamiento político de izquierda y abogó por los derechos de los palestinos, sus detractores aseguraban que su posicionamiento era tibio.“Sus obras, extraídas de la imagen de nuestra patria y atesoradas por nuestro pueblo, nos reflejaron como un espejo certero, nítido, amoroso ya veces doloroso», comentó el presidente Herzog.Llamado por algunos como el “Balzac de Israel”, en 1995 obtuvo el más alto galardón cultural de su país, y en 2012, ganó el premio de literatura Medicis de Francia por su novela La retrospectiva.Su novela Cinco estaciones, que se publicó en una traducción al inglés en 1989, vendió 50 000 ejemplares en el original hebreo, el equivalente a un best seller multimillonario en Estados Unidos, según el diario The New York Times.El Centro Médico Sourasky de Tel Aviv, donde se encontraba internado por cáncer, informó que su funeral se celebrará el miércoles en el cementerio de Ein Hacarmel.Yehoshua nació en Jerusalén en 1936 de padres con raíces en Grecia y Marruecos. Vivió más de la mitad de su vida en Haifa, en el norte de Israel.

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Muere a los 85 años el escritor israelí A. B. Yehoshua

Avraham B. Yehoshua, uno de los novelistas de Israel más aclamados por la crítica, destacado también por defender los derechos de los palestinos según destacan varios medios internacionales, murió a los 85 años dejando tras de sí una prolífica obra traducida a unas treinta lenguas.“De los más grandes escritores de Israel de todas las generaciones”, escribió en Twitter el presidente israelí, Isaac Herzog, citado por la agencia española Efe. Herzog señó también que la obra del autor despertó en sus lectores “un mosaico de emociones profundas”.Avraham B. Yehoshua, one of Israel’s most revered and prolific novelists and a vocal supporter of Palestinian rights, has died aged 85, Tel Aviv’s Ichilov hospital said Tuesdayhttps://t.co/LjbbOAIqZS— AFP News Agency (@AFP) June 14, 2022Para el periodista Juan Carlos Sanz, del diario madrileño El País, se trata “del escritor menos conocido, y tal vez más lúcido, de un excepcional trío de narradores hebreos con proyección internacional” conformado por Yehoshua, David Grossman y Amos Oz (fallecido en 2018)”.Gracias a las versátiles formas narrativas empleadas por Yehoshua, que iban de lo surrealista a lo histórico, recibió numerosos premios literarios en Israel y en el extranjero. Su obra comprende 11 novelas, tres colecciones de cuentos y cuatro obras de teatro, así como varios ensayos.Para los expertos, fue uno de los primeros escritores de ficción en retratar el sufrimiento y las disyuntivas morales tras la guerra que siguió a la independencia de Israel, en 1948, destaca Efe, que subra cómo aunque Yehoshua tenía un pensamiento político de izquierda y abogó por los derechos de los palestinos, sus detractores aseguraban que su posicionamiento era tibio.“Sus obras, extraídas de la imagen de nuestra patria y atesoradas por nuestro pueblo, nos reflejaron como un espejo certero, nítido, amoroso ya veces doloroso», comentó el presidente Herzog.Llamado por algunos como el “Balzac de Israel”, en 1995 obtuvo el más alto galardón cultural de su país, y en 2012, ganó el premio de literatura Medicis de Francia por su novela La retrospectiva.Su novela Cinco estaciones, que se publicó en una traducción al inglés en 1989, vendió 50 000 ejemplares en el original hebreo, el equivalente a un best seller multimillonario en Estados Unidos, según el diario The New York Times.El Centro Médico Sourasky de Tel Aviv, donde se encontraba internado por cáncer, informó que su funeral se celebrará el miércoles en el cementerio de Ein Hacarmel.Yehoshua nació en Jerusalén en 1936 de padres con raíces en Grecia y Marruecos. Vivió más de la mitad de su vida en Haifa, en el norte de Israel.

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“Camino de Los Ángeles”, los demonios de John Fante y su muñeca rusa de alter ego

John Fante es uno de los autores adscritos a los inicios del Realismo Sucio, pues desde las primeras décadas del siglo XX narró mordaz y descarnadamente las dificultades de la clase trabajadora estadounidense, en especial los emigrantes italianos, su procedencia. Tuvo un origen humilde, —de ahí sus temáticas narrativas—, se dedicó a escribir guiones para Hollywood y, aunque se entregó a la literatura, no obtuvo el reconocimiento merecido hasta después de su muerte, en parte gracias a Charles Bukowski, reconocido hoy en día como el padre del Realismo Sucio, y que mencionó haber bebido de su obra como influencia. En 1979, Bukowski, bajo el seudónimo de Hank, le escribió una carta a Fante para pedirle información de utilidad, ya que se disponía a hacer las palabras introductorias para la edición de Pregúntale al polvo, novela del propio Fante que ayudó a Charles Bukowski a encontrarse como autor, y para solicitar su consejo con respecto al guión de la película Barfly, que tenía cierto contenido autobiográfico. La respuesta que dió Fante a Bukowski demuestra la personalidad de este autor, que fue tajante y poco convencional, rompedor y directo, características estas que afloran en su estilo narrativo. No por gusto Bukowski le rindió honores; llegó a decir de Fante: “Fue para mí como un Dios” y ayudó a rescatar su obra que, si bien no gozó de mucha popularidad en los conservadores años treinta y cuarenta, cuatro décadas después seguían teniendo cierta vigencia. Entonces la parquedad, sobriedad y minimalismo literarios, de la mano con los vulgarismos y las situaciones e imágenes típicas de los bajos fondos estadounidenses, estaban revolucionando e impactando el ámbito literario mundial bajo el nombre de Realismo Sucio, con Bukowski a la vanguardia:“(…) El director francés que está por encima suyo —siguiendo el guión minuto a minuto, página por página— suena como un chiflado para mí. Me parece que esto puede determinar su tiempo y estilo. Tal vez usted quiera romper ciertas reglas… Es necesario imponer límites y distancias. No puedes estar sujeto a las reglas del director francés. Tú eres el escritor. Así que escribe algo único, fuera de lo convencional…”Al parecer, Fante aconsejaba a todo aquel que le preguntara, que se mantuvieran irreverentes y que no cedieran a los desalientos que tanto persiguen a los escritores: “(…) La sombra del desaliento cae sobre todo escritor. Es una cruz que se carga toda la vida, pero has de soportarla a pesar de todo, incluso el éxito…”.Con toda esta introducción, pretendo motivarlos a la lectura de Camino de Los Ángeles, primera novela de John Fante, culminada en 1936. En la carta que envío al editor decía Fante: “Camino de Los Ángeles está terminada y yo estoy encantado, chico… Espero enviártela el viernes. Parte del contenido pondría de punta los pelos del culo de un lobo. Puede que sea demasiado fuerte; quiero decir que carece de ‘buen gusto’. Pero no me importa”.Cubierta del libro.La novela fue rechazada en ese momento por la editorial Knopf, precisamente por su carácter atrevido, demasiado fuerte para esos años. Joyce, su viuda, descubrió el manuscrito entre sus papeles y logró que se editara en 1983, justo el año en que murió el autor.Según una nota editorial que aparece en la edición de Anagrama en 1985: “(…) Esta novela presenta al alter ego de Fante, Arturo Bandini, que reaparece en Espera a la primavera, Bandini (1938), Pregúntale al polvo (1939) y Sueños de Bunker Hill (1982)…”. En este compendio de la Editorial Anagrama, que ha publicado toda la obra de Fante, están las novelas protagonizadas por Arturo Bandini: Camino de los Ángeles; Espera a la primavera, Bandini; Pregúntale al polvo y Sueños de Bunker Hill.Arturo Bandini, el protagonista de Camino de Los Ángeles, es un joven de 18 años que se rebela ante las circunstancias, no quiere ceder al destino de obrero y explotado que le toca por su condición de muchacho criado en barrio de emigrantes y trabajadores, ni caer en las trampas de la religión: “Tu propio cristianismo de salón te ha frustrado.En el fondo eres desvergonzada y burra, descarada e imbécil (…) Oh, Santo Señor Jehová, contempla a tus pies a Mona, tu cursi adoratriz, babeando mongólicas sandeces. Oh, Jesús, es una mujer santa. Dulce y saltarín Jesucristo, es una mujer sagrada (…) ¡Rechazo la hipótesis de Dios! ¡Abajo la decadencia del cristianismo fraudulento! ¡La religión es el opio del pueblo! ¡Todo lo que somos o esperamos ser se lo debemos al diablo y a su contrabando de manzanas! (…) Perros cristianos (..) ¡Canalones bucólicos! ¡Burrus Americanus! Chacales, comadrejas, sabandijas, asnos…, eso sois toda la peña. Yo soy el único de toda la familia que ha nacido libre del estigma del cretinismo”; les dice a sus puritanas madre y hermana, en esos arranques de sinceridad tan típicos de este rebelde e irreverente personaje, que prefiere leer a los grandes filósofos existencialistas y ver revistas de contenido erótico que destruir sus manos y su cuerpo en extensas y “dignas” jornadas de trabajo, y que considera hipócrita a la devoción religiosa. Este joven también da muestras de un pensamiento progresista, se puede decir, teniendo en cuenta que vive en un barrio pobre, y no en alguna ciudad de Europa como París, en la que por aquel mismo entonces cabía más una línea como la que expresa, precisamente influenciado por sus lecturas filosóficas: “(…) ¿Eres consciente del hecho —dije— de que un anillo de casada no es sólo un objeto vulgarmente fálico sino también un vestigio residual de un primitivismo salvaje, anómalo en esta época de presunto saber y progreso?”.Pero del mismo modo que Arturo exalta sus pasiones anti religiosas, se autodesprecia por no actuar en consecuencia a los supuestos ideales de sus filósofos predilectos —Nietzsche, Schopenhauer, Kant—. Entonces el suicidio se le presenta como una idea recurrente a raíz, quizás, de la constatación de que su realidad no va a cambiar pronto, está atrapado en esa vida que detesta, y contra la cual no puede hacer mucho más que ceder a las presiones familiares y sociales para convertirse en un obrero, muy a pesar de sus intenciones de ser escritor, pero, ¿realmente tiene el talento para serlo? ¿Realmente quiere quitarse la vida?“(…) La vida es teatro. Y aquí hay drama (…) un crudo drama en el corazón de los hombres”, expresa Bandini (Fante), mientras enfrenta y se mofa de la crisis de empleos y la precariedad imperante en la Costa del Pacífico.Se autocataloga como “El filósofo de Occidente” que “contempla la escena humana”, en un acto de valoración y rescate del valor propio ante tanta subestimación externa, que él traduce como desprecio y burla hacia el resto de los que le rodean.La novela mantiene un discurso que suena pesimista, pero la salva en todo momento el sentido del humor, lo pintoresco del protagonista en conjunto con sus beatas madre y hermana, así como las hilarantes escenas que terminan filtradas por el cinismo del protagonista-narrador que demasiadas veces parece menos lúcido, a pesar de soltar las verdades directamente y sin filtros.Su relación con los animales es simbólica, la forma en que los trata o se refiere a ellos es un paralelismo con los sectores sociales con los que compara a esas especies. De ahí que mate a esos cangrejos, que representan a la sociedad arrastrada, pisoteándose los unos a los otros. Y lo mismo arremete contra las clases bajas que contra las altas, con Bandini no hay escape, no hay conformidad, y es que habla desde un tiempo complicado que tiene su repercusión en las almas de los ciudadanos. La psicosis de Bandini encuentra un objeto del deseo en la bibliotecaria, la señorita Hopkins, y mientras estudia un libro que el día anterior ella había estado leyendo, en un acto de “cercanía” con su adorada, caza a un grillo y lo mata, como símbolo de su sacrificio, o más bien, de sus intenciones para con ella, una especie de adoración a la antigua, anacrónica, delirante, innecesaria. Esta manía de matar animales no debe verse con el filtro moderno de animalistas, pues se trata de actos simbólicos más que psicóticos. “Soy escritor. Interpreto la escena americana”, expresa Bandini, y ante su enunciado recibe la burla, y vomita, asqueado por los olores de pescado en esa planta a la que va “recomendado”. Y he aquí el objetivo de la novela y del personaje principal: la búsqueda constante de materia prima para su obra.El personaje transita por discursos en los que se compara a un gran líder que oscila entre el gran capitalista y el gran revolucionario, en constante contradicción consigo mismo, pero siempre desde la imposición totalitarista: “La desobediencia es la muerte”. Lo más curioso es que nadie le hace caso, lo toman por loco, y sus interlocutores son gente bastante ignorante, reflejo de una sociedad y una época. Incluso sus posiciones políticas son meras críticas a los sistemas que parodia en sus juegos con los animales y los empleados de la fábrica de conserva, como cuando, por ejemplo, se pone a soltar ideas comunistas y hace ver que el trabajador en ese sistema tiene que destruirlo todo y pedir derechos y gratuidades.  En la novela se hace visible la xenofobia, el racismo, la gordofobia, la misoginia, el conservadurismo y las diferencias de clase que tanto han marcado a la sociedad norteamericana, que de tanto pluralismo cultural también posee un amplio catálogo de modos de segregación que, en el personaje principal, se reflejan como características que lo vuelven un antipático y repugnado, y a la vez, una especie de tonto naive que a pesar de sus elevadas lecturas y su condición de [norte] americano, no ha logrado la verdadera elevación espiritual ni humana; aunque no se debe olvidar que estamos hablando de un joven de dieciocho años que, como en toda historia de coming of age, disecciona el mundo desde su cosmovisión para encontrar un sitio al cual pertenecer por voluntad, deseo, aspiración y/o ambición, no por herencia, imposiciones o tradiciones.  El fetichismo y el complejo de superioridad de Arturo Bandini es la expresión de sus miedos sociales, de otro rasgo psicótico de su personalidad que a medida que avanza la historia se vuelve más insana, y a la vez, más hilarante a la par que preocupante, pues como lector uno duda de los objetivos del personaje y del rumbo que lleva la historia, y he aquí, quizás, otro objetivo del autor, que dudemos del rumbo que lleva el sujeto americano de clase baja, que anda como loco y perdido, entretenido en ensoñaciones y “motivado” por el trabajo duro y algunas responsabilidades sociales de su época.  El protagonista-narrador que es también escritor —alter ego al fin del autor—, nos presenta a otro alter ego, el de su personaje, que es además una muestra de la utopía estadounidense: el rico viajero y conquistador, en este caso llevado al plano romántico y no a la extensión territorial, pero sabemos que la novela está cargada de simbolismos. Es como si John no quisiera dejar arista sin tocar.  Sin embargo, este sueño, como el american dream, se ve golpeado, incluso en medio de su éxito, por la ambición, o más bien, la insatisfacción, como mismo plantea Madonna en su canción American life después de mencionar y alardear de todo lo que posee: “¿crees que estoy satisfecha?”. “(…) Era la historia de los apasionados romances de Arthur Banning. Iba con el yate de país en país buscando a la mujer de sus sueños. Tenía aventuras con mujeres de todas las razas y países del mundo. Consulté la enciclopedia para comprobar los países y vi que no me había dejado ninguno. Había sesenta, y un romance apasionado en cada uno. Pero Arthur Banning no encontraba a la mujer de sus sueños…”. Esta novela referida en la novela dará un giro proporcional al giro de la historia del personaje principal, Bandini, en la siguiente escala de proyecciones: Fante-Bandini-Banning. Suena como algo demasiado intrincado, pero en verdad la prosa de John, tan precisa y magistral en cuanto a economía del lenguaje —a pesar de que se explaya cuando de poner ofensas en la boca de su protagonista se trata— hacen que todo se muy potable y fácil de entender.  Y ya para concluir con la disección de esta novela, les dejo unas palabras del antihéroe que nos ocupa, a modo de consejo para quienes nos dedicamos a escribir, y que también aplica para los que nos dedicamos a simplemente vivir, o sobrevivir:“Eliminemos el puritanismo. Olvidemos la mojigatería. Seamos lógicos y filosóficos”.Sobre John FanteJohn Fante escribió por necesidad expresiva, sus novelas son el fruto de su pasión por la literatura, ya que no las hizo para ganar dinero; su entrada económica era la escritura, sí, pero de proyectos y guiones cinematográficos. Tenía cuatro hijos y una esposa que mantener, así como animales y una casa. Sufrió diabetes, perdió la visión, le amputaron las piernas y aún así fue capaz de dictarle sus escritos mentales a su esposa Joyce, que lo apoyó incluso de manera póstuma, como hemos comprobado con Camino de Los Ángeles. La novela que salió de esos dictados fue Sueños de Bunker Hill, que es la que cierra el compendio de novelas con Bandini de protagonista.  Fante y su esposa, Joyce.Este primer paso de acercamiento a la obra de John Fante ha marcado mi vida de lector, y no vacilo para decir que en Camino de Los Ángeles acabo de encontrar a otra novela inolvidable, y en Arturo Bandini a otro personaje para añadir a mi lista de favoritos, junto a La conjura de los necios con su Ignatius Railley, de John Kennedy Toole, y El guardián entre el centeno con su Holden Caulfield de J. D. Salinger.  A los pies de Fante me despido hasta la próxima semana. 

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