HAVANA CLIMA

La Joven Cuba

Hacia una integración regional desde los buenos vivires

La discusión sobre la necesidad de impulsar iniciativas populares de norma constitucional en Chile por la integración latinoamericana y del Caribe, debe retomarse ante la falta de propuestas presentadas hasta hace unos días, Resulta muy positivo que se hayan ingresado algunas iniciativas nuevas en esa línea.
Una de ellas, presentada por el Ciudadano, Revista de Frente y Marco Enríquez Ominami, denominada «Nuestramérica: iniciativa por la integración regional», apunta a una articulación estratégica en diversas materias, que faciliten el entendimiento entre las distintas naciones de la región.
La otra iniciativa, presentada por mí, llamada «Integración Latinoamericana», intenta visibilizar el racismo institucional en la Constitución de 1980, que negó cualquier posibilidad de pensarnos políticamente en la región.
De ahí la importancia de que en esta nueva carta magna se incluya, como mínimo en su preámbulo, al igual que otros de la región (Colombia, Ecuador y Venezuela), que el Estado de Chile promoverá relaciones de integración de toda índole (política, económica, social, cultural, ambiental) con el resto del mundo, particularmente con América Latina y el Caribe.
Las razones para impulsar una nueva Unión Latinoamericana y del Caribe, sostenida por las constituciones de los diferentes Estados, son muchas (Derechos Humanos y de la Naturaleza, etc.), y se pueden ver en ambas iniciativas. Sin embargo, debemos aprender de los errores de las experiencias pasadas de integración regional, las cuales muchas veces se quedaron en grandes discursos de los gobernantes.
Como ha planteado el economista y ex presidente de la asamblea constituyente de Ecuador, Alberto Acosta, el fracaso de la integración regional no ha sido solamente, como cree aún buena parte de la izquierda latinoamericana, por causa de la OEA y el actuar imperial de Estados Unidos, sino también por la subordinación a modelos insostenibles ambientalmente y depredadores de la Madre Tierra.

Por ello, el problema ha sido que muchas de esas iniciativas regionales, aunque se plantearon como antiimperialistas, siguieron presas de lógicas coloniales, patriarcales y capitalistas, como si el problema fuera solamente el injerencismo de un determinado país. Debe ser visto como parte de un proceso industrial e histórico de producción y de consumo ilimitado, donde el despojo territorial ha sostenido un sistema de muerte que está poniendo en riesgo las condiciones mínimas de reproducción de la vida.    
Muchos de quienes apoyaron en su momento el proceso de integración latinoamericana, impulsado por presidentes como Luis Ignacio Lula da Silva, Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Rafael Correa, pasaron del Consenso de Washington al Consenso de Beijing; o de los Commodities, señalado en su momento por la socióloga argentina Maristella Svampa, como si la presencia de China como nuevo centro del sistema mundo capitalista fuera algo muy positivo para la región. 
Es el caso, por ejemplo, del apoyo de la UNASUR al proyecto IIRSA-COSIPLAN, el cual si bien ha buscado generar una infraestructura regional en transporte, emergencia y telecomunicaciones, ha terminado por ampliar los conflictos socioambientales en los distintos territorios y profundizar así la acumulación por desposesión.
No basta solamente con hablar de integración regional, sino se plantea también una descolonización, despatriarcalización y desmercantilización de América Latina y el Caribe, dentro de este gran territorio de vida del Sur Global, donde los pueblos indígenas, las mujeres y los sectores empobrecidos son quienes más sufren las consecuencias del extractivismo y de la crisis climática actual.
Frente a esto, la demanda de recuperar los bienes comunes se vuelve fundamental, como asegura la antropóloga chilena Francisca Fernández Droguett, trascendiendo así lo humano y superando el relato antropocéntrico del progreso, abriéndonos a la posibilidad de vernos como parte de un entretejido entre distintos seres vivos.
Por ende, se hace cada vez más urgente el comenzar a hablar regionalmente de transiciones postextractivistas, idea del economista uruguayo Eduardo Gudynas. En ese proceso ya no el desarrollo, sino los buenos vivires serían el horizonte por el cual nuestros países puedan aprender y colaborar unos con otros, y dejar de competir por quién vende más materias primas a los mercados globales.
Llevamos más de doscientos años aplicando recetas creadas por y para grandes imperios y potencias. Quizás sea el momento de retomar una integración regional distinta, y darle sentido a la idea zapatista de un mundo en donde quepan muchos mundos.

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Unión con el mundo, no con una parte

La agudización del conflicto entre Rusia y EE.UU. por la expansión de la OTAN hacia el este y el destino incierto de las conversaciones entre ambas potencias para resolverlo, han puesto de nuevo sobre el tapete la posibilidad de un despliegue de cohetes rusos en esta área geográfica. De nuevo, porque esta Rusia es la heredera de aquella CCCP que en 1962, en plena Guerra Fría, instalara proyectiles nucleares en Cuba —aprovechando el riesgo de agresión directa de los Estados Unidos a la entonces llamada Isla de la Libertad— para equilibrar la balanza nuclear global ante la amenaza de cohetes estadounidenses situados en Turquía.
No es gratuito el revuelo político y mediático que causó en todo el mundo, a excepción del Gobierno cubano y su prensa oficial, la respuesta ambivalente del jefe de la delegación rusa en las conversaciones con Estados Unidos a una pregunta al respecto. La Crisis de Octubre/de los Misiles/o del Caribe, cumple este año su aniversario sesenta y ningún ser humano en su sano juicio —del que excluyo a los extremistas de ambos bandos—, desearía que se repitiera un escenario como aquel que puso a gran parte de la humanidad, incluida Cuba, ante su peor amenaza de extinción violenta.
Aunque algunos se asombren de las reacciones de alarma en gran parte de la sociedad civil cubana, el asunto no es como para que metamos la cabeza en la arena. Primero, porque ya pasamos por eso en 1962 y sabemos cómo finalizó: un acuerdo entre los dos grandes para retirar sus respectivos misiles y una promesa verbal al pequeño de que no habría invasión del ejército regular de los Estados Unidos; pero nada de terminar los ataques terroristas, acoso político y diplomático, bloqueo económico y base de Guantánamo.   
Segundo, porque en la larga historia de relaciones de la nación cubana y sus instituciones representativas con el expansionista vecino del Norte —desde la República de Cuba Libre en Armas hasta el actual gobierno socialista—, hay toda una tradición de roces y choques por razones bilaterales, como le ocurre a todos los países pequeños situados en la periferia de poderosos imperios, que no vale la pena exacerbar por intereses de terceros.
Si alguien profundizó en el tema del conflicto Cuba-EE.UU., cuando aún no éramos república, fue José Martí. De él analizaremos varios juicios que pueden ayudarnos a entender cuál debiera ser la posición actual de Cuba ante esta «pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos».[1]
El viceministro de Exteriores ruso, Sergei Riabkov, se ha referido a la presencia militar en América Latina en una entrevista con la cadena RTVI. (Foto: Thomas Peter / fotografía de Pool vía AP, Archivo)
-I-
En aquella época de fines del siglo XIX, el Apóstol advirtió a nuestros pueblos de América sobre la necesidad de prepararse para enfrentar el peligro mayor que se avecinaba: la intervención de los Estados Unidos. De ahí que otorgó rango de ley sociológica a esta generalización: «Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos». (19, 365)
En las Bases del Partido Revolucionario Cubano quedó definido que los patriotas cubanos aspiraban a constituir: «una nación capaz […] de cumplir, en la vida histórica del continente, los deberes difíciles que su situación geográfica le señalan». (1, 279) Tal pretensión era el clímax de la lucha incesante de Martí contra las pretensiones estadounidenses de apoderarse de la América Hispana que alcanzó primeros planos con la Conferencia Panamericana (1889) y la Conferencia Monetaria. (1891)
Martí comprendió que la política expansionista de los Estados Unidos no se limitaba a la tradicional intervención político-militar, sino que concebía también la de tipo económico. De ahí su verdadera intención al celebrar tales encuentros internacionales: juntar a los países latinoamericanos en una unión continental bajo su hegemonía económica.
Por ello advierte sin ambages:

Jamás hubo en América, de la independencia para acá, asunto que requiriera más sensatez, que obligue a la mayor vigilancia, que pida examen más claro y minucioso que la invitación que los Estados Unidos, poderosos, repletos de productos invendibles y determinados a extender sus dominios por América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para coordinar una liga contra Europa y cerrar los negocios con el resto del mundo (6, 46). 

Martí percibió con agudeza que el proyecto de integración regional que los nunca generosos Estados Unidos intentaba ensayar en Latinoamérica implicaba un nuevo sistema de colonización. Ante esta coyuntura postuló cuál era la mejor política a seguir para los «pueblos menores»:

El pueblo que quiera ser libre, sea libre en negocios. Distribuya sus negocios entre países igualmente fuertes. Si ha de preferir a alguno, prefiera al que lo necesite menos, al que lo desdeñe menos. Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América (…). La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra. (6,160)

Por eso, más que aprovechar en nuestro beneficio las contradicciones interimperialistas, el Apóstol exhortaba a la unidad latinoamericana y al desarrollo urgente de sus países como valladar ante el avance de los yanquis. En 1891 declaró: «el deber urgente de Nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento» [frente] «al desdén del vecino formidable, que no la conoce». (6, 22)
Percibía la lucha entre ambas Américas como un peligro en ciernes que aún era posible conjurar mediante una política sabia y emprendedora. Fue en este contexto histórico, fortificado con el presumible avance económico de la región al terminarse las obras del canal interoceánico, que madura en el pensador cubano la idea de una república antillana, libre y fuerte, que sirviera a Nuestra América «de pórtico y guarda».
No obstante, la visión de Martí sobre Estados Unidos no fue jamás  antinorteamericana, pues, al mismo tiempo, es crítica con los defectos y entusiasta con los aspectos positivos y novedosos de aquel inmenso país, su cultura y grandes personalidades. En una sentencia define su posición al respecto: «Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting», (1,231) contraponiendo dos símbolos: el popular presidente, salvador de la Unión y liberador de esclavos, y el famoso aventurero expansionista, que intentara arrebatarle el Estado de Chihuahua a México.
Estatua de José Martí en Ybor City, Estados Unidos.
-II-
En la tercera década del siglo XXI mucho ha cambiado el mundo: durante la pasada centuria los Estados Unidos establecieron su hegemonía a nivel americano y mundial, y ahora pelean por conservarla ante la amenaza de potencias emergentes como China y Rusia, dueñas de arsenales nucleares. Los países pequeños debemos tener sumo cuidado y proteger nuestros intereses nacionales al navegar en aguas batidas por las colas de esos monstruos furiosos. 
El propio Martí aseveró: «Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras» (6, 16) y también: «No se debe exagerar lo que se ve, torcer, ni callar […] Lo primero, en política, es esclarecer y prever». (22,256)
Con ese espíritu analicemos la actual coyuntura mundial y los riesgos y beneficios que puede reportar para Cuba, sin caer en extremismos ni idealizaciones.
Rusia no es la URSS y sus pretensiones hegemónicas no poseen un alcance similar. Aunque tiene un territorio inmenso y sus fuerzas armadas son poderosas, su economía no está ni entre las diez primeras del mundo y marcha a la zaga en muchos aspectos de la ciencia y la tecnología. Una exacerbación de las tensiones con Estados Unidos y la OTAN no les sería favorable bajo ningún concepto. Difícilmente provocarían a esos rivales con el envío de una importante fuerza militar —ni hablar de cohetes nucleares— al otro lado del Atlántico, lo cual provocaría una reacción militar segura de tan poderosos contendientes.
En cambio, el espacio vital ruso llega hasta el este de Ucrania, de modo que harán todo lo necesario para evitar que el Donbass sea recuperado por Kíev y convertido en una plataforma de emplazamiento de cohetes que apunten al corazón de su territorio. Es más plausible que invadan Ucrania a que instalen armas en Cuba y Venezuela. El gobierno y pueblo cubanos no pueden dejarse llevar por el espejismo de una sombrilla nuclear rusa; si la URSS no pudo sostenerla cuando estaba casi a la par con Estados Unidos en la carrera nuclear, menos podría hacerlo Rusia en este momento.
Muñecas de madera rusas tradicionales del presidente ruso Vladimir Putin y el presidente estadounidense Joe Biden en una tienda de souvenirs en Moscú. (Foto: Pavel Golovkin / AP)
Cuba tiene mucho por hacer en la reforma económica y política del país con el fin de encontrar una senda propia, con o sin bloqueo estadounidense, como para involucrarse en un enfrentamiento entre poderes imperiales. Liberar la actividad económica en todos los sectores (estatal, cooperativo, privado e inversión extranjera) hará más fuerte a Cuba que cualquier compromiso con una potencia de segundo orden como Rusia.
El bloqueo estadounidense afecta despiadadamente a la Isla, pero su poderío militar destruyó a Vietnam por diez años y luego lo bloquearon durante veinte más (1976-1996). Sin embargo, cuando la reforma Do Moi demostró que el país se desarrollaba con sus propias fuerzas, el interés económico hizo que los EE.UU. retiraran el bloqueo y se convirtieran en uno de sus principales socios económicos.
Si Cuba reemprendiera el camino del crecimiento podría aspirar a una mayor y más provechosa relación económica con la otra gran potencia actual: China, país socialista a su manera, pero renuente a subvencionar las eternas pérdidas cubanas por el mal funcionamiento de su aparato económico.
Cuando Cuba se abra a su propio pueblo —emprendedor, creativo y trabajador como pocos—, sin monopolios ineficaces ni burocracias parasitarias; y sus empresas puedan unirse libremente al mundo de los negocios internacionales, la sombrilla económica la protegerá con más seguridad que cualquier alineamiento con potencias mundiales que requieran de su apoyo coyunturalmente.   
[1] José Martí: «Nuestra América», Obras Completas, 28 tomos, editorial Ciencias Sociales, 1975-1978, T6, p. 15. Todas las referencias son de esta edición, por lo que solo se consignará entre paréntesis el tomo y la página.

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Inicia proyecto sobre desigualdad, pobreza y sectores vulnerables

La Joven Cuba anuncia e invita a los lectores a participar en el proyecto sobre desigualdad y pobreza en Cuba que estaremos desarrollando el presente año con un equipo de investigadores.
Desde 2008, cuando se inició el proceso de actualización del modelo económico y social cubano, la parte correspondiente al gasto social respecto al PIB y al presupuesto total ha disminuido de modo considerable. Diversas circunstancias han convergido en el incremento sostenido de la desigualdad social, la exclusión y la pobreza en sectores cada vez más amplios de la  ciudadanía. Ello, a su vez, tiene una expresión igualmente notoria y diferenciada a escala de regiones y localidades del occidente, centro y oriente del país.
El proyecto se plantea como objetivo principal explorar las condiciones de vida de sectores vulnerables, sus necesidades y aspiraciones. Pretende visibilizar y favorecer la comprensión de los problemas de desigualdad y pobreza en tales sectores; incrementar la conciencia pública y generar un debate cívico sobre la problemática, sus causas y formas de superarla.
El equipo está consciente de las dificultades para el abordaje de un tema tan sensible, complejo y que es tabú para las autoridades cubanas. Estas son más dadas al enfoque triunfalista de las políticas públicas, los éxitos en las relaciones internacionales y la persistencia del conflicto con los EE.UU. Las manifestaciones de dichas problemáticas se reconocen y presentan cuando se localizan en otras latitudes. En Cuba se pasan por alto o se arrinconan en ámbitos académicos de las ciencias sociales que no han logrado tener influencia real en los decisores políticos.
A tales dificultades se suman las reservas que tiene especialmente el Partido Comunista de Cuba respecto a la realización de trabajos de campo e implementación de instrumentos científicos para realizar diagnósticos fuera de su control y objetivos. Eso explica las reticencias de autores, autoridades locales y ciudadanos para ofrecer testimonios o participar de encuestas y otros instrumentos de investigación social con las finalidades aludidas.
En la Cuba de hoy, las desigualdades y la pobreza se han incrementado como nunca antes al compás de una crisis que ya es sistémica. Y ocurre en un contexto particularmente complejo, signado por la pandemia, las sanciones del gobierno de los EE.UU. y las políticas gubernamentales de ajuste emprendidas los dos últimos años. Todo ello está conectado con el incremento de protestas sociales desde 2020, cuya expresión más amplia tuvo lugar en julio del año pasado.
Los investigadores del equipo y colaboradores de La Joven Cuba que participan en el proyecto estarán publicando resultados de investigación, testimonios, reportajes gráficos, debates y entrevistas, entre otras actividades, que concluirán con un libro que reunirá todas las experiencias. En ellas participarán especialistas de diversos campos de la ciencia y actores pertenecientes a sectores y localidades vulnerables del país.
Hablamos de un proyecto abierto a la ciudadanía. Les invitamos a acompañarnos visitando nuestra web y participando en las actividades y publicaciones que se deriven del proyecto en los próximos meses. A través de nuestro correo electrónico (jovencuba@gmail.com) podrán enviarnos sugerencias, testimonios, fotos, documentos y cualquier otra información que consideren útil para su desarrollo. ¡Los esperamos!

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El espíritu de la Revolución

La tristeza y la desesperanza que inundaron muchos hogares cubanos en este tránsito de año, me hizo meditar sobre el espíritu de la Revolución, aquellas ideas claves que inspiraron y movilizaron a amplios sectores de la sociedad contra una dictadura y por un nuevo proyecto de país.
Han pasado sesenta y tres años desde aquel triunfo de enero. El país ha vivido restructuraciones, rectificaciones, reformas, procesos constitucionales y ordenamientos. El pueblo ha resistido por la Revolución que el gobierno dice representar, aunque hace más de treinta años no ve progreso ni esperanzas; simplemente sobrevive y resiste.   
Todo indica que estamos en un callejón sin salida. Volver al origen puede ofrecer algunas luces para verificar cuánto nos apartamos de aquellos ideales.
-I-
Entre 1953 y 1958 se esbozaron y articularon ideas clave que configuraron el espíritu de la Revolución y permitieron articular la unidad. Estas se encuentran en cinco documentos: La historia me absolverá, la Carta de México, el Manifiesto de la Sierra, el Manifiesto del Movimiento 26 de julio al Pueblo y el Pacto de Caracas, que permitió conformar el Frente Cívico Revolucionario con las principales y diversas fuerzas políticas opositoras.[1]
El primero de ellos —título con el que trascendió el alegato de autodefensa de Fidel en el juicio por los asaltos armados en Santiago de Cuba y Bayamo—, sentó las bases, por la denuncia, el diagnóstico y la integralidad de su visión del cambio.
Fidel Castro cuando fue arrestado en julio de 1953, luego del ataque al cuartel Moncada.
Tales denuncia y diagnóstico contemplaron: la ilegitimidad del gobierno y el pisoteo sistemático de la Constitución; la existencia de «un poder único que ha usurpado y reunido en uno solo los (….) de la nación», en lugar de la separación del legislativo, ejecutivo y judicial,  de modo «que se equilibren y contrapesen unos a otros».
También la represión, falta de libertades públicas, primacía de los militares sobre el derecho, violaciones del debido proceso —aislamiento, obstáculos para asistencia letrada y violaciones de la privacidad abogado-cliente—; juicios cerrados, con poca prensa y fuertemente custodiados por fuerzas militares; lo absurdo de mantener en prisión a intelectuales y las torturas para obtener declaraciones falsas. Igualmente, la desigualdad y pobreza existentes frente a inversiones para favorecer intereses de sectores acomodados y conservadores.  
-II-
La visión del cambio se puede resumir en cuatro pilares expuestos en el primero y ratificados en los otros documentos:
1.- Democracia y preservación de la tradición republicana y civilista de Cuba con apego a la Constitución y las leyes. Garantía absoluta de todos los derechos y libertades públicas consagradas en la Constitución; derecho de rebelión o resistencia al orden existente amparado en la soberanía popular, sin el cual «no puede concebirse la existencia de una colectividad democrática», apego de las instituciones armadas a la Constitución y al pueblo y «el propósito de apartar al Ejército de la política».
2.- Primacía de la soberanía popular, la integridad nacional y el rechazo a toda injerencia de otras naciones en los asuntos internos. Devolver a Cuba el «honor y la integridad nacional», «la paz ansiada y el encauzamiento democrático que conduzcan a nuestro pueblo al desarrollo de su libertad, (…) riqueza y (…) progreso».
3.- El sujeto y destinatario de la Revolución es el pueblo: «la gran masa irredenta (…) que anhela una patria mejor y más digna y más justa», los desempleados, obreros del campo e industriales, agricultores pequeños, maestros y profesores, pequeños comerciantes, profesionales jóvenes «que salen de las aulas con sus títulos deseosos de lucha y llenos de esperanza para encontrarse en un callejón sin salida».
4.- Resolver los problemas socioeconómicos fundamentales —tierra, industrialización, vivienda, desempleo, educación y salud—, lograr una «política financiera sana que resguarde nuestra moneda» y eliminar la injusticia, la pobreza y las desigualdades en pos del mejoramiento humano y el progreso.
-III-
¿Cuál es la realidad actual en Cuba? Señalo algunos elementos que evidencian su disonancia con el espíritu de la Revolución.
1.- Tenemos un poder único constitucionalmente, carecemos de mínimos democráticos y contamos con un partido político que está, incluso, por encima de la Constitución. Las instituciones armadas están imbricadas en la política y los poderes públicos, tienen impunidad, invaden la vida ciudadana y concentran el poder económico ensamblado en el poder político.
La Constitución está más en función de defender al Estado y la autoridad del Partido, que a ponerle límites a este y proteger los derechos ciudadanos. En texto reciente, el jurista Eloy Viera Cañive concluyó que el cubano es ante todo un modelo «autocrático en el que la falta de libertades, de toda índole, constituye (…) la base de todo».
Las denuncias de Fidel relativas a violaciones del debido proceso judicial en aquella época, son tímidas comparadas con las de hoy. En redes sociales y medios alternativos pululan denuncias sobre violaciones en tal sentido, celdas de castigo, persecución y hostigamiento a familiares, encarcelamiento de cientos de personas, incluidos menores de edad.
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2.- La soberanía popular fue usurpada por una nueva clase, que no rinde cuentas al pueblo y usa la defensa nacional frente a los EE.UU. para asegurarse consenso y justificar vacíos democráticos. El gobierno ha sido eficiente en el control social mediante instituciones armadas y organizaciones sociales y de masas. En consecuencia, no se tolera ningún tipo de disenso o resistencia.
3.- Las medidas implementadas con el triunfo lograron resultados beneficiosos para las mayorías durante las primeras décadas. Invito a repasar los problemas fundamentales de la nación hoy, sus puntos de contacto con los de entonces y a reflexionar cómo resolverlos sin un nuevo proyecto de país. A mediados del 2019, por ejemplo, el economista Omar Everleny examinó el crecimiento de la pobreza y la desigualdad en Cuba. En esa fecha el Coeficiente Gini había ascendido a más del 0.40, lo que evidencia una sociedad muy desigual.
4.- El pueblo de hoy no es el mismo de hace sesenta y ocho años, pero siguiendo la lógica de su definición entonces, al presente tampoco serían los «sectores acomodados y conservadores», sino «la gran masa irredenta», los desempleados, profesionales frustrados, estudiantes, obreros, que vienen protagonizando protestas hace tiempo. Desde octubre de 2020 estas han crecido exponencialmente. Más del 68% por temas de carácter cívico y político, con tendencia a ser individuales o de pocos implicados por la ola de terror impuesta en el país. En diciembre pasado fueron el doble respecto a ese mes del año anterior, sobre todo a causa de la injusticia que se comete contra los manifestantes del 11-J.
Los listados de la Comisión Justicia 11-J, Prissioner Defenders muestran datos alarmantes. El Informe más reciente de esta última —que contiene testimonios de encarcelados—, reconoce 842 prisioneros políticos en diferentes categorías. Además, otros 11.000 jóvenes civiles no pertenecientes a organizaciones opositoras, la mayoría convictos, y más de 2.000 con penas de dos años y  diez meses de cárcel por «conductas pre-delictivas».
Cuando menos, sobresaltan las condenas de 1953 [2] por asaltos armados comparadas con las de hoy. Las numerosas y arbitrarias sanciones por las protestas de julio del año pasado y el incremento de la represión, caen como cubos de hielo sobre el espíritu de la Revolución. ¿Se le puede invocar cuando el país se hunde económicamente, miles emigran a cualquier parte, otros van presos y los que mejor salen pierden el trabajo y reciben por respuesta la muerte civil en su país?

La represión y el incremento de destierros y exilios no frenarán indefinidamente la protesta, expandirán el disenso y radicalizarán posiciones. Porque, como ocurrió en los cincuenta del pasado siglo y bien expresó el mexicano Ricardo Flores Magón: «No son los rebeldes los que crean los problemas del mundo, son los problemas del mundo los que crean a los rebeldes».
El espíritu de la Revolución puede ayudar a refundar la esperanza. Necesitamos un nuevo proyecto de país donde la soberanía popular y nacional, la democracia, la justicia social, el progreso, la tradición republicana y civilista con apego al Estado de derecho sean una realidad. Vuelvo a aquel alegato cívico de 1953: «Cuba debería ser baluarte de libertad y no eslabón vergonzoso de despotismo».
Para contactar a la autora: ivettegarciagonzalez@gmail.com
***
[1] Excepto el Partido Socialista Popular (comunista) que apoyó luego la lucha sumándose a la unidad.
[2] Los 32 juzgados recibieron condenas de entre 7 meses y 15 años que fue la máxima impuesta a Fidel. Los de 3 años y más solo cumplieron 22 meses. En mayo de 1955 todos los asaltantes fueron amnistiados por el dictador Fulgencio Batista  en virtud de la presión popular encabezada por amigos, familiares y sobre todo, las madres. 

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De Cuba, los héroes y otros demonios

-I-
Hace unas semanas, mientras veía la película cubana El mayor (Rigoberto López, 2021) me vinieron a la mente viejas cuestiones sobre la necesidad que tiene nuestro cine de adentrarse en la historia, pero no para describir didácticamente eventos pasados o idealizar aún más ciertas figuras, sino para confrontarlas con su propia época, que es lo que verdaderamente tiene sentido. Ver, y si es posible entender al sujeto en toda su complejidad, con sus miedos, contradicciones, virtudes y pasiones.
Del pasado podemos aprender mucho, pero es necesario percibirlo en toda su dimensión. Se dice popularmente que debemos hacerlo para no repetir los mismos errores, no obstante, como afirma el refrán, el hombre es el único animal que tropieza mil veces con la misma piedra.
Entiendo que para numerosos historiadores o espectadores, ese viaje debe hacerse con rigor y respeto a la verdad, pero ya se sabe que esta es relativa, dependiente de las circunstancias, la subjetividad humana y los intereses del poder. Por otra parte, el arte cinematográfico es representación, juego con las formas y, en esencia, manipulación. Aunque el mundo esté ahí, necesitamos articular múltiples mediaciones —técnicas, artísticas, dramatúrgicas, visuales— para captarlo y reproducirlo, de modo que los cineastas siempre van a seleccionar y discriminar utilizando un lenguaje, el del arte.
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Ocurre que cuando se trata de un suceso histórico, se pide a nuestros artistas que sean fieles, no tanto a los hechos como a la manera en que el poder los interpreta y cosifica; es decir, los filmes deben legitimar las lecturas e intereses oficiales sobre determinado asunto, y eso no es arte, sino propaganda. En definitiva, es el gobierno cubano a través de sus instituciones el que financia la mayoría de los proyectos (El mayor contó con estimable apoyo del MINFAR, y antes aconteció lo mismo con Kangamba, de Rogelio París, 2008; y Sumbe, de Eduardo Moya, 2011); así que todo adquiere sentido.
Tomás Gutiérrez Alea en Una pelea cubana contra los demonios (1971) y La última cena (1976), Humberto Solás con Cecilia (1981) y Fernando Pérez con José Martí: el ojo del canario (2011), fueron cuestionados por sus libertades a la hora de leer la historia e interpretar las sagradas escrituras. En una época oscurantista hubieran sido quemados en la hoguera por blasfemos.
Ellos tenían claras las limitaciones que representaba el tiempo cinematográfico. Imposible llevar al cine toda la vida de un individuo, mucho menos recoger las dinámicas y eventos alrededor de un gran suceso. Huyendo del panfleto o la adulación, se propusieron captar lo que se desprende de esos personajes y acontecimientos, buscando quizás un hilo que los conectara con el presente.    
Me gustaría recordar entonces uno de los por cuanto que, en la temprana fecha de marzo de 1959, sostuvieron la creación del ICAIC:

«Por cuanto: Nuestra Historia, verdadera epopeya de la libertad, reúne desde la formación del espíritu nacional y los albores de la lucha por la independencia hasta los días más recientes una verdadera cantera de temas y héroes capaces de encarnar en la pantalla, y hacer de nuestro cine fuente de inspiración revolucionaria, de cultura e información».

Queda plasmada desde sus inicios una extraña simbiosis que conectará indeleblemente a nuestro cine con los intereses del grupo que asume el poder. La ley 169 que crea el ICAIC, no solo fue la primera en el ámbito de la cultura, sino que se adelantó a otras como las de Reforma Agraria o Urbana.
Préstese atención al hecho de que en aquellos meses iniciales, donde tantas cosas se estaban fundando y organizando, confluían las expectativas y deseos de diversos sectores, partidos y movimientos sociales que simpatizaban con la revolución en su lucha para sacar al dictador Batista del poder. Pero, como ya sabemos, eso era una cosa y la Revolución declarada socialista en abril del 61, otra.
No fue casual que buena parte de los filmes y documentales producidos durante esa primera década estuviesen signados por el didactismo, la representación de los cambios revolucionarios, su compromiso con el poder y el viaje al pasado; en lo que se entendía como imprescindible rescate de nuestras raíces e identidad.
El primer largometraje terminado por el ICAIC fue Cuba baila (Julio García Espinosa, 1960), relato sobre una quinceañera contado en clave de sátira social, pero su estreno oficial fue postergado hasta abril de 1961 para darle paso —no podía ser de otra forma—, a Historias de la revolución (Tomas G. Alea, 1960) que se exhibiría en el cine La Rampa en los días finales de 1960.
No pasaría mucho tiempo para que se produjera, en mayo de 1961, el crispado debate alrededor de PM (Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante) documental censurado —en su exhibición en salas— al considerarse por la Comisión de Estudios y Clasificación de Películas: «nocivo a los intereses del pueblo cubano y su Revolución», unas líneas que aparecerán, como escritas en sangre, en cuanto documento, decreto o ley nos acompaña desde entonces.
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Curiosamente y desde temprano, empiezan a aparecer también los elegidos que hablan en nombre del pueblo, determinando lo que podemos ver, escuchar, sentir… Ya sabemos que: «dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución, nada, porque el primer derecho que tiene la Revolución es su derecho a existir y contra ese derecho, nada ni nadie…».
Lo que no sabemos «luego de tantos palos que nos dio la vida», es qué se entiende por Revolución, así que cada uno la ha interpretado, practicado y soñado como Frank Sinatra: «a su manera».
-II-
En la película El mayor volvemos a toparnos con los mismos errores de puesta en escena observados en filmes con estas características. Hablo de situaciones inverosímiles, gestos y voces grandilocuentes, personajes encartonados, largos parlamentos que parecen extraídos de un libro de texto, ceños fruncidos y posturas hieráticas de los héroes que, entre otras cuestiones, lastran una rica historia de vida, mostrada sosamente como si se tratara de un power point escolar, utilizando graficaciones y saltos arbitrarios en el tiempo.
Entonces, como me gusta relacionar las cosas y sé que nuestra cinematografía continúa en gran medida atrapada por el contexto, observo, no sin suspicacia, que todos esos problemas de naturaleza artística son secundarios ante el verdadero mensaje que intenta proyectar el relato. Varias son las escenas donde se presentan puntos de vista opuestos sobre la conducción de la guerra, y luego sobre las estrategias a seguir para encauzar la nación una vez soberana.
Agramonte y otros patriotas —más apegados al rol de una Asamblea de representantes, con poderes para elegir o destituir al presidente según los dictámenes de la nueva Constitución—, se enfrentan a las ideas de Carlos Manuel de Céspedes, quien prefería el mando total y centralizado en su figura como única vía para derrotar a los españoles y reconducir el destino de Cuba.
Céspedes comprendía (como después Martí) que el caudillismo o regionalismo —existían fuertes discrepancias entre los patriotas orientales y los del centro— no llevarían a feliz término esa contienda. El filme dedica amplios segmentos —para sufrimiento del espectador— a estos intercambios de palabras e ideas, que atentan contra la dramaturgia pero son esenciales para el mensaje que se pretende. 
Decía, por cierto, Ignacio Agramonte ante el claustro de la Universidad de La Habana: «(…) el gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción individual y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la justicia y en la razón, sino tan solo en la fuerza (…)».
El actor Daniel Romero Pildaín interpreta a Ignacio Agramonte el la película El Mayor. (Foto: Rodolfo Blanco Cué)
Todos los días, desde hace décadas, escuchamos el mantra de la UNIDAD. En las escuelas, titulares de prensa, palabras de los políticos y vallas publicitarias, se nos dice que «Un pueblo unido jamás será vencido»; frase que lleva muchísima razón si no fuera empleada también como acicate para anular toda manifestación que discrepe o cuestione el discurso, las leyes o las políticas oficiales.
Las críticas al gobierno y sus acciones suelen ser vistas como fisuras que resquebrajan la unidad y permiten el paso al enemigo. Sí, los ciudadanos pueden quejarse del estado del transporte público, la excesiva burocracia, la carencia de viviendas, la inflación, la falta de alimentos o… ¡el gramaje del pan!; pero nunca asociar tales problemas a una falla estructural del sistema, la pésima gestión de las autoridades de la nación o el rol del partido, aunque esos sean males persistentes por más de seis décadas.
-III-
Cuando en otros países se producen protestas, huelgas, marchas y manifiestos, son resultado de la inconformidad del pueblo con el sistema que los oprime y violenta; pero en Cuba tales actos solo responden a agendas trazadas por el enemigo y muchos de los que participan… están confundidos. Constantemente nos hablan de la hegemonía del capital y los poderes mediáticos dominados por grandes transnacionales, interesadas en controlar la información y la mente de las personas; pero en nuestro país debemos aplaudir que toda la prensa, la radio y la televisión estén al servicio del pueblo… bajo el control del aparato ideológico del único partido existente.
En el mundo proliferan líderes corruptos de países endeudados que dictan leyes en contra de sus ciudadanos; pero en Cuba, nuestros dirigentes son continuidad, renegocian la deuda, rectifican errores y hacen tareas para ordenar y mejorar nuestras vidas. 
En nuestros libros de Historia se cuenta la gesta de hombres y mujeres que durante siglos han levantado esta nación, con palabras y acciones que merecen todo el honor; no obstante, es una historia oficial, y no hay nada más frágil y sospechoso que las historias oficiales que obvian matices y colores. La unidad es buena, pero la ética y la honestidad serán siempre mejores.
Para los políticos, la historia es otra cosa. Es el lugar al que recurren para salvarse, sostenerse con toda su mediocridad y falta de autenticidad. Incapaces, la mayoría, de hacer algo real, duradero y trascendente; apelan al héroe que ya no está, ni aparecerá aunque le hagan monumentos y lo evoquen mil veces. Se sabe, pero algunos no desean comprender, que mientras más empeño pones en mostrar una cosa, mayor resulta tu debilidad. Atrapados en un círculo vicioso que solo habla de panteones y muertos, olvidan que frente a ellos discurre la vida, breve y única, de millones de cubanos.
No habremos aprendido nada de la historia, y el sacrificio de tantos habrá sido vano, si todavía, siglo y medio después de la caída de Agramonte y a sesenta y tres años de una revolución, por los humildes, con los humildes y para los humildes; estamos pugnando aún sobre la justicia, la desigualdad, el progreso, el respeto y la libertad.

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Laptopsa

―Tiene que ser muy importante el despacho urgente que has solicitado para hacerme regresar antes de tiempo de Nicaragua, y hasta renunciar a un recorrido por los barrios vulnerables de Chinandega.
―Es que me puse a revisar documentos y descubrí que en pocos días, el mes que viene, se conmemora el primer aniversario de que el Salvador, no el país, sino su vice, pronunciara la breve pero contundente frase «¡Llegó el momento del sí y sí de la agricultura!».
―Ni siquiera el hecho de que estemos más cerca del «no y no» amerita que me jodas mi estancia con mi amigo Ortega.
―Hice otros dos descubrimientos. El primero es que en marzo, exactamente el 26, se celebrará un año de que en la prensa apareciera una de las más preclaras sentencias relacionadas con la sostenibilidad alimentaria. Todavía investigo si es achacable a nuestro primer ministro Marrero o al entusiasmo desbordado del periodista, pero no caben dudas de que eso de que «La agricultura lo primero que tiene que hacer es producir más comida» es aplastante.
―¡Aplastante es el pisapapeles que voy a meterte por la cabeza o la remisión que te haré a la Managua de Arroyo Naranjo si no acabas de demostrarme que había razones serias para virar corriendo de la Managua centroamericana! ¿Cuál es la tercera efeméride?
―Que el 26 de julio se cumplirán quince años de que el general de ejército dijera: «¡Hay que borrarse de la mente eso de los siete años, llevamos cincuenta años diciendo que hasta los siete años! ¡Hay que producir leche para que se la tome todo el que quiera tomarse un vaso de leche!».
―¡¿Quince años ya?! Como pasa el tiempo. Transcurrió la segunda década del siglo, ya estamos a la tercera…
―…y lo que no llega es la toma del vaso de leche.
―Pero se tomó la decisión, y es lo que trasciende, de eliminar ese fragmento de la transcripción oficial del discurso.
―Siempre aparecen los que les gusta tergiversar la historia y divulgaron la versión fílmica, que no deja lugar a dudas.
―¿Y se te ocurrió algo para aliviar, solventar, aminorar el alcance mediático que generarán esos quince sin bebida láctea?
―Acaba de divulgarse que un granjero de Turquía, en un intento por aumentar la producción diaria, ha experimentado con gafas de realidad virtual que hacen creer a las vacas estar en medio de un pasto verde en verano. De un promedio de 22 litros de leche que lograba, ya el tipo está montado en 27, y de superior calidad.
―Ya sé por dónde vienes. Experiencia interesante, pero costosa. De aquí a julio no habrá tiempo, mucho menos dinero, para comprar las gafas.
―Son producidas en Rusia. Una llamada de su parte al embajador de ese país puede convencerlo de la conveniencia de otorgarle a Cuba un crédito para su adquisición. Sería una oportunidad para el gobierno ruso de mejorar su imagen tras el envío de tropas a Kazajstán. Esas dos naciones forman parte de la                               Unión Económica Euroasiática, organismo que nos aceptó como país observador. Pasaríamos a ser, con esas gafas, una especie de «observadores virtuales».
―Me gusta eso. ¿Ya has pensado algo en pos de sustituir el video vacuno?
―Ayer les adaptamos a cinco vacas igual cantidad de aparatos del Palacio de Computación con el video de los turcos. Los pobres animalitos se infartaron tras ver un pasto tan verde. Ya la UCI trabaja en un material autóctono que las adapte poco a poco a que las vaquerías son mejorables y perfectibles. Tengo a la gente del ICRT (perdón, del Instituto de Información y Comunicación Social) y del Ministerio de la Agricultura en función de dotar a cada granja bovina de un televisor, eso sí, con recursos propios. Las vacas, en lo que llega el barco con las gafas desde Europa, verán las dos emisiones diarias del noticiero. Quizás no empiecen de pronto a producir más leche, pero eso las compromete y les inculca una confianza tremenda en el futuro.
―Hay que inventarle un nombre epatante a ese proyecto.
―Ya está calculado. Se nos ocurrió fundir una palabra que remitiera a la leche, en este caso «lactosa», con otra que evocara la computación: «laptop». La nueva empresa socialista se llamará Laptopsa… o Laptop.S.A., como usted más guste.
―Excelente, pero no le quites el pie a la carne. La perspectiva de un país de veganos no le gusta a nuestra gente.
―La dirección nacional de los CDR se ha tomado muy en serio la noticia de que un estadounidense acaba de convertirse en la primera persona del mundo en recibir un trasplante de corazón de un cerdo modificado genéticamente.
―¿Y?
―Que ya embullan a los científicos nuestros a trasplantar células madres de esos mamíferos hacia las extremidades inferiores de los compatriotas, para convertirlas en piernas de puerco. Sería una manera económica de fomentar en los barrios el autoconsumo.

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Gustavo Arcos: «Nuestra vida es un melodrama repleto de lugares comunes»

Por Alex Fleites*
Habanero, Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, crítico de cine, docente, conferencista, jurado en festivales de cine, Gustavo Arcos Fernández-Britto (1965) es, hoy por hoy, un polémico animador del ambiente cultural cubano. Su intensa actividad intelectual lo ha llevado a Estados Unidos, Francia, España, Brasil, Noruega, México, Suecia y Alemania. Desde 1999 es profesor en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación del Instituto Superior de Arte (ISA), donde enseña Cine y sociedad en Cuba.
Su artículo “Palabras que devoran las palabras”, publicado el pasado diciembre por La Joven Cuba, provocó la respuesta airada de un estudiante de su misma facultad, y ésta, a su vez, numerosas manifestaciones de solidaridad de alumnos, ex alumnos, artistas e intelectuales cubanos de dentro y fuera de la Isla que tienen en alta estima el papel de Gustavo en la formación de varias generaciones de cineastas.
Esta entrevista, pactada mucho antes del incidente arriba mencionado, intenta un acercamiento a la persona que es Gustavo Arcos, hombre risueño repleto de ideas.
¿Cómo fue tu camino hasta llegar a convertirte en crítico de cine?
El cine siempre fue un entretenimiento; pero para un muchacho algo introvertido como yo, también un refugio, el espacio íntimo donde podía exorcizar… ¿mis traumas? Persistentemente he sentido una experiencia erótica con la pantalla. En ella vi los primeros desnudos y encontré mis primeros amores. Apuntaba cada película que veía, elaboraba listas a fin de año de las que más me interesaban, garabateaba comentarios y notas. Las imágenes me sumergían en mundos de fantasía o aventuras, con ellas conocí el miedo, el suspenso, el horror. La vida en el cine resultaba más apasionante que la real. Vivo en el centro de El Vedado, rodeado de salas de cine. El Yara y La Rampa eran mis “salas de barrio”. Tuvimos una larga amistad, pero nunca pensé que podía dedicarme profesionalmente al cine.
En 1983, con 18 años, entré a los Estudios Fílmicos de las FAR aprovechando una convocatoria para trabajar como camarógrafo. En aquella época se rodaba bastante, y además el centro ofrecía cursos de superación impartidos, entre otros, por Enrique Colina, Fernando Pérez o Daniel Díaz Torres, que seguían un modelo de preparación coordinado desde el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). Fueron mis primeros contactos con la teoría y la práctica del cine. Trabajé en noticieros, documentales, didácticos y en el único largo de ficción rodado en esa casa productora. Estando allí, se presentó la oportunidad de estudiar en el Instituto de Cine de Moscú, y hasta allá me fui. Fue una experiencia inolvidable en todos los sentidos. La perestroika y la glasnot estaban en su apogeo, los cambios se sucedían día a día y el ambiente de la escuela reflejaba todo ese convulso momento. Allí tenían una facultad de estudios teóricos sobre cine, y me presenté a los exámenes de ingreso, que superé, con un ensayo sobre la película Arrepentimiento, del georgiano Tenguis Abuladze. Una formidable alegoría contra el stalinismo y la represión.
Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), 2012. Junto a Magda González y Lester Hamlet.
A finales de 1988, cuando cursaba el segundo año de la carrera, tuve que regresar a Cuba. Estaba claro que “el futuro ya no pertenecía por entero al socialismo” y toda la colaboración entre ambas naciones estaba siendo revisada o cancelada. Me dieron entonces la oportunidad de estudiar Historia del Arte en la Universidad de La Habana, de donde me gradué en 1994. Como ya había estado cerca del cine, seguí por esa ruta, alternando el periodismo y la crítica cultural en la radio y la televisión, con mi trabajo docente en la Facultad de Medios Audiovisuales de la Universidad de las Artes (FAMCA). Llevo veintidós años en la docencia, que es realmente lo que me apasiona. Escribo sobre cine, pero no me interesa la crítica puntual sobre una película, algo que considero bastante superfluo. Me interesan más los fenómenos que dialogan con una obra, comprender su lugar en esa conversación social, donde el discurso artístico se mezcla con lo político.
Decía Caín (Guillermo Cabrera Infante) que el de crítico es un oficio del Siglo XX. ¿Te parece que la crítica cinematográfica está en un buen momento a nivel mundial? ¿Y en Cuba en particular?
El cine siempre ha sido un arte popular, al alcance y disfrute de millones en todo el mundo. Francois Truffaut decía que en Hollywood todo el mundo tenía dos oficios, el propio y el de crítico de cine. Cabrera Infante (Caín) hizo honor a un estilo de crítica que mezclaba cinefilia, subjetividad y dominio literario. Un ejercicio intelectual al alcance de todos. Luego, cuando desde otros campos (semiótica, narratología, filosofía, estudios socioculturales y de género) se empezó a leer el cine, la crítica se volvió mucho más compleja y elitista. Dejó de ser popular, para convertirse en divertimento para eruditos o académicos, que hablaban de cualquier cosa menos de la película. Desde hace algunas décadas, los críticos tienen delante una enorme competencia generada alrededor de las plataformas digitales, los youtubers, podcasts, y redes sociales. En un grupo de WhatsApp o Facebook podemos encontrar más intercambios sobre cine que en cualquier revista especializada. Esa conversación alrededor de un filme se ha transversalizado y aparece en múltiples soportes y medios. La atención se ha desplazado del cine a la televisión y al enorme impacto producido por el consumo de series y reality shows. Las grandes revistas de crítica que surgieron y prestigiaron un ejercicio específico sobre el cine en los años 60 y 70, como Cahiers du Cinema (Francia), Sight and Sound (Gran Bretaña) o Film Comment (Estados Unidos), han tenido también que reconfigurarse y resistir desde sus nichos intelectuales la actual avalancha de ¿críticos? y plataformas.
Charla en John Hopkins University. Baltimore, 2017.

La industria fílmica cubana hace rato que vio pasar sus mejores días. Se hacen películas, pero apenas quedan salas donde exhibirlas. Se producen cortos y documentales, pero muchos de ellos son “incómodos” para su transmisión en televisión. También hay varios filmes censurados que han tenido que apreciarse en circuitos alternativos. Asistimos a un desmantelamiento del fenómeno producción-exhibición-distribución. Cuando una película se estrena en salas, ya buena parte del público la vio en sus casas a través del “paquete semanal” u otras vías informales; entonces, los críticos pueden estar emitiendo un discurso que no encuentra eco en los espectadores.
Los nuevos medios han dado paso a nuevas formas de consumo, pero aquí todo es bastante caótico y dependiente de las circunstancias. No se trata de un problema de los críticos, ni de los espacios, que han aumentado, sino de la indiferencia que ese quehacer genera en los ciudadanos. Cuando se vive tan pendiente del día a día, no hay mucho margen para el pensamiento. En Cuba, además, se percibe un agotamiento de los discursos. Demasiada retórica, demasiadas palabras que intentan explicar, orientar, presumir, controlar. Poco a poco se ha ido entronizando la superficialidad como respuesta a todo ese regodeo con las palabras que la vida convierte en insustancial. Solo parece importar la riposta, el show mediático, el titular y eso acaba con el pensamiento crítico y, lo que es peor, con la cultura.
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¿Puedes señalar los momentos más trascendentes de la historia de la crítica cinematográfica en Cuba?
No sé si pudiéramos hablar de un “momento trascendental”. En la década de los 80 del pasado siglo confluyeron varios programas en nuestra TV que tuvieron gran impacto y generaron una cultura cinematográfica bastante notable. Fue la época de 24 x segundo, con Enrique Colina, de Historia del Cine, con José Antonio González y Carlos Galiano, y de Tanda del domingo, con Mario Rodríguez Alemán. Antes del 59, recordar el importante trabajo de José Manuel Valdés Rodríguez en las aulas universitarias de los 40 y 50, el de Cabrera Infante desde su columna en Carteles, o el de Walfredo Piñera en el Diario de la Marina, todos gestos estructurados alrededor de una figura en determinados espacios. En los cines clubes, en la Sociedad Cultural “Nuestro Tiempo”, se presentaban películas y se debatía sobre ellas, pero no iban más allá de esos entornos y sus reducidos asistentes. Alrededor de las revistas culturales siempre existieron intelectuales que escribieron sobre cine. Desde el año 93 existe la Asociación Cubana de Prensa Cinematográfica, que agrupa a buena parte de los críticos cubanos, y cada año tienen lugar en Camagüey o La Habana semanas de la crítica. Hemos tenido muy buenos críticos de cine, investigadores, ensayistas, que han dignificado la profesión, pero no debemos engañarnos: una cosa es que se generen los espacios, las revistas, los eventos o cursos, y otra que las personas se interesen por participar e interactuar. Suele ocurrir que encuentras siempre las mismas caras entre los asistentes. Un pequeño número de fieles que, como una secta, se motivan por determinadas prácticas. Percibo incluso que en nuestro entorno el propio gremio está bastante disperso y cada uno se mueve en su zona de confort.
Grabación de una serie documental sobre redes sociales dirigida por Ismario González. La Habana, 2016.
Tradicionalmente algunos directores de cine responden a los comentarios adversos diciendo que el crítico no está calificado para opinar, pues, o es un cineasta frustrado o nunca “ha hecho cine”. ¿Es el crítico, strictu sensu, un cineasta? ¿Hay que ser panadero para poder apreciar la calidad del pan?  ¿Aspiras a dirigir alguna vez?
El panadero es importante, pero es mejor que el pan esté bueno y satisfaga a los clientes. Las técnicas se aprenden, el oficio, el saber hacer, se adquiere con esfuerzo y tiempo. Pero una cosa es el pan de la bodega y otra el pan de París.
El arte es bien complejo y desde hace varias décadas se integra a todo un sistema industrial y comercial, conformado por galeristas y curadores, productores y distribuidores, agentes o representantes, instalaciones o espacios, autoridades, medios masivos y público. Entrar en sus definiciones o funciones nos llevaría largas horas de conversación. Alguien escribe unas palabras en un papel, traza líneas en una superficie, moldea un pedazo de roca, mueve su cuerpo siguiendo determinados sonidos, todo eso es mágico, natural, grandioso, pero corre el riesgo de volverse efímero, si no se comparte, reproduce, asienta en alguna parte. Es lo que se denomina cultura. Y la cultura es un proceso que, como ya dije, necesita de instituciones, historiadores y críticos. Se trazan jerarquías, cánones, modelos que luego deben ser superados, desmontados y dar paso a otros nuevos, porque una cosa es cantar en el baño y otra creerse Freddie Mercury. Los críticos hacen perdurar las obras, ofrecen una perspectiva de estas de cara a lectores o espectadores y las recuperan del tiempo, organizando muestras o antologías. Algunos piensan que deben tener un papel didáctico, actuando como mediadores, entre la obra y los receptores. Es un rol que no comparto, pero que existe. En cualquier caso, supone estudios y referentes, conocimientos y análisis. Lamentablemente hay muchos autores que consideran al crítico como un parásito, sobre todo cuando son cuestionados por éste.
No creo que, a estas alturas, llegando a los 60 años, quiera dirigir una película. Hay temas que me interesan, historias de vida que me gustaría contar si alguna vez hiciera un filme, pero estoy seguro que otros pueden hacerlo mejor.
Rodaje del filme Corazón azul, de Miguel Coyula. La Habana, 2016.
¿Cómo participa el cine en la construcción de la identidad? ¿Qué es lo estable y qué es lo mutante en la construcción de la identidad? ¿El cine cubano se puede parangonar con el mexicano o argentino, que en el pasado siglo contribuyeron a crear estereotipos nacionales que aún hoy se manejan?
La identidad es un concepto abstracto, sujeto siempre al examen del tiempo y las generaciones. Es un invento creado por la civilización para darle sentido a su existencia, marcando límites, excluyendo, silenciando. Para saber quién soy, debo tener claro lo que no soy, lo que me distingue del otro. Terreno fértil para el surgimiento de los totalitarismos, las políticas de odio y la discriminación. Quizás durante algunos siglos donde los pueblos o naciones vivían separados, distantes, “no contaminados”, esa idea tuvo algún sentido, pero desde hace bastante tiempo, con el propio desarrollo tecnológico, la evolución de los medios de transportación e informatización, todas las culturas se han mezclado e integrado. Tomás Gutiérrez Alea en Una pelea cubana contra los demonios (1971) y Los sobrevivientes (1978) ya nos había hablado de esto.
Con solo un par de operaciones en mi teléfono puedo acceder a lo que puede estar ocurriendo al otro lado del planeta. No solo es cuestión de curiosidad, entretenimiento o información, es también una noción de simultaneidad, participación, influencia y diálogo nunca antes vistos.  Es lo que se llama globalización y, antes se llamó posmodernidad.
El cine llegó a Cuba en 1897 y durante seis décadas se hicieron cientos de filmes y documentales que tenían un sentido básicamente comercial, explotando algunos estereotipos de esa “identidad cubana” asociada al baile, la música, la fiesta, lo melodramático y el sexo. No por gusto el llamado “cine de rumberas”, marcó parte de ese “quehacer cinematográfico”, un modelo que, por cierto, compartimos con México, país que tuvo gran influencia en el desarrollo de nuestro arte. Cuando surge el ICAIC en el mismo año 1959, se impulsó la idea de romper con todo ese pasado, generando obras cien por ciento cubanas, que… ¿rescataran?, nuestra verdadera identidad. Se entendió que volver a la Historia, los héroes, las raíces, o la influencia africana en nuestra cultura era el camino y la institución se propuso realizar películas con todos esos asuntos presentes.
Hay mucha soberbia y propaganda en eso de la identidad. A los políticos y funcionarios de cultura les encanta hablar del asunto, sin embargo, en las prácticas culturales tienen todo el tiempo que negociar, conciliar, acatar o responder a intereses de todo tipo, comerciales o ideológicos. El cine es un arte que se construye desde los estereotipos o arquetipos, siguiendo patrones universales de causa-efecto, el bien enfrentado al mal, la civilización contra la barbarie, las historias de amor y odio, la búsqueda de la felicidad o las angustias existenciales. Siempre hay un conflicto, un viaje, una redención. Muy difícil escapar de los clichés, porque se trata de un arte de la representación escénica limitado en su naturaleza por el marco de un cuadro. Nuestra vida es un melodrama repleto de lugares comunes, donde reproducimos gestos y acciones que la civilización nos enseña.
En la Cuba posterior al 59 se diseñó un nuevo concepto identitario, el del “sujeto revolucionario”. Puedes verlo impregnando todos los discursos y conversaciones, todas las propuestas artísticas y sus clasificaciones, pero sobre todo marcando dolorosamente a toda la nación, al convertirse el propio concepto en un estereotipo, un dogma porque, en definitiva: ¿Qué es ser revolucionario?
Diálogo en el programa “Artista x Artista”. La Habana, 2016.
Ahora mismo la identidad cubana está en la cola del pollo, se percibe en cada familia u hogar dividido por la emigración y el debate político; la sufro, por ejemplo, cada madrugada en los bajos de mi edificio viendo a cientos de vecinos dormir en el contén para agarrar un buen turno en la cola de los cigarros. Es un proceso que, repetido, los degrada como individuos, puesto que genera choques emocionales o vivenciales que marcarán sus memorias y no hay identidad sin memoria. Luego, si alguien realiza un documental sobre ello, siempre aparece una voz “autorizada” que lo desacredita y tilda de falso, pesimista o contrarrevolucionario.
Una de las líneas temáticas más vigorosas del cine cubano después de 1959 fue la reescritura de la historia. ¿Piensas que es un filón agotado? ¿Hay ejemplos notables recientes de esa tendencia?
La Historia siempre será reescrita porque si viviéramos en los hechos, no sería Historia. Sí, fue una arista explorada por el cine cubano posterior al 59, pero ya estaba presente en varias de las primeras películas rodadas en el país por Enrique Díaz Quesada en los años del cine silente. Recuerdo también como en los cincuenta, para celebrar el centenario de José Martí, se realizaron varios proyectos, el largometraje La rosa blanca (Emilio “el indio” Fernández, 1953) el más conocido y controvertido.
El problema con la Historia y su representación visual es que rara vez satisface a todos. Unos piden que la obra sea fiel al personaje o a los eventos, otros sienten que es más importante hablar del contexto y no centrarse tanto en los individuos. Suele ocurrir que detrás de cada biopic, aparecen cinco asesores o historiadores que lo menos que saben es de arte o cine. Ellos quieren al héroe reencarnado, pero de forma idealizada y tienen esa interpretación de que el arte debe tener una función didáctica y moralizante. En Cuba prolifera una lectura de la Historia siguiendo una perspectiva cronológica y acumulativa. Un grupo de acontecimientos que se suceden con el fin de llegar a un punto superior y esa escalada culmina con la llegada de la Revolución. Los héroes, hombres y mujeres que han existido confluyen en Fidel. Desde luego, todos queremos que haya un respeto por la verdad y una dignidad en la puesta en escena, pero una película no puede contener toda la vida de un hombre o mujer, ni puede narrar todos esos detalles que muchas veces determinan el sentido de esos acontecimientos. La Historia está construida desde el poder, así que, desde su propia concepción, intervienen todo tipo de mediaciones. Pedirle al cine fidelidad a la Historia es desconocer el lenguaje del arte.
En el festival de audiovisuales IMAGO. La Habana, 2014.
Luego de mucha apatía, los jóvenes cineastas cubanos están mirando hacia nuestra Historia, aunque no en la dirección del relato lineal, legitimado por las vías oficiales. Hay varios ejemplos. Recuerdo los documentales Rara avis, el caso Mañach (2008, Rolando Rosabal), Los amagos de Saturno (2014, Rosario Alonso Parodi), Días de diciembre (2016, Carla Valdés), La rosa y la espina (2018, Serguei Svoboda) o Las muertes de Arístides (2019, Lázaro Lemus) entre otros. Puedes además añadirle las miradas de algunos “veteranos”: Los bolos y una eterna amistad (2010) y La vaca de mármol (2013), ambos de Enrique Colina, o Pablo (2019) y La Habana de Fito (2021), los dos de Juan Pin Vilar. Hace solo unas semanas el Premio Coral al mejor corto documental del Festival de Cine de La Habana recayó en Los puros, dirigido por la joven Carla Valdés, un ejercicio autorreferencial donde la realizadora pone a dialogar con el presente los recuerdos de sus padres y amigos que estudiaron Filosofía Marxista en la URSS de los 80.
¿Cómo valoras el reflejo de la realidad en el cine cubano contemporáneo?
En la calle hay muchos conflictos e historias. Glauber Rocha, uno de los grandes del cine latinoamericano, hablaba de rodar “con una cámara en la mano y una idea en la cabeza”. En Cuba estamos viviendo una suerte de neorrealismo italiano. Ellos filmaban el mundo de la posguerra sin artilugios, con pocos recursos, propuestas casi documentales. Aquella corriente italiana influyó mucho en el modelo ICAIC de los 60. De cierta manera, los cineastas del siglo XXI siguen ese espíritu, salir a la calle y filmar lo que tienen delante. Muchos critican esa postura, desean ver películas bonitas, con historias positivas y gratas, pero Disney, no radica en Cuba. Para los más jóvenes, limitados por los recursos, es difícil viajar al pasado, reconstruir una época, diseñar una puesta en escena que, desde la dirección de arte, demande alta inversión en vestuario, utilería, etc. Tienen una realidad inmediata que les golpea y de la cual quieren hablar. Algunos colegas le han llamado a eso la “pornomiseria”, por el regodeo visual sobre determinados sujetos y entornos. También pudieran filmarse relatos en Nuevo Vedado o en las mansiones de Miramar y Siboney, pero me temo que sean “zonas congeladas”. Para las historias “buenas” están el noticiero y la prensa nacional. Cuando en el país se logren sanar todas las heridas que marcan o dividen la existencia de millones de seres, entonces aparecerán las películas de ciencia ficción, las comedias con final feliz, el cine de aventuras o el fantástico.
Sin querer enfrentarte a un conflicto de intereses y apelando a tu objetividad crítica, ¿cómo es el nivel de la enseñanza del cine en Cuba? ¿Qué la caracteriza? ¿De qué adolece?
En el festival de audiovisuales IMAGO. La Habana, 2014.
La enseñanza del cine tiene aquí varios y serios problemas por resolver; a pesar de ello, ahí están los cientos de egresados que han obtenido reconocimiento y prestigio por su quehacer artístico. Uno puede sentir orgullo, porque de alguna manera hay en todos ellos algo de ti, y no lo digo solo por el aprendizaje de ciertas técnicas, estoy hablando de otras cuestiones que tienen que ver con sus posiciones ante la vida, sus conocimientos sobre el país, ventanas que abriste en una clase, debates que propiciaste durante el curso, gestos o acciones que sabes les servirán para siempre.
La FAMCA se creó en 1988, con la idea de dotar de estudios superiores y categoría de licenciados a muchos profesionales que ya trabajaban en los medios, pero que no eran graduados universitarios. Fue literalmente un asunto de papeleo, plantillas, temas de la burocracia laboral. No importaban cuantas películas o programas de TV habías hecho, si no eras licenciado tu salario era inferior y podías tener problemas con la plaza.
Debo recordarte que hasta mediados de los 80 la idea que tuvo Alfredo en el ICAIC era la de aprender cine haciéndolo. Durante varias décadas cualquiera que ingresaba al ICAIC tenía que empezar desde la base, tomando experiencias en los rodajes de todo tipo de filmes. Se pasaba por evaluaciones y categorías, del tipo asistente de cámara, foquero, camarógrafo y, finalmente, director de fotografía. Lo mismo para otras especialidades como edición, sonido, etc. Una pirámide donde la práctica era la escuela. También se ofrecían cursos con alguna frecuencia. Ahí aparecía lo teórico, que se veía como algo complementario. Otros centros productores como la Fílmica de las FAR o el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) también aplicaban el mismo modelo.
Visita al Westwood Villa Memorial Park, de Los Ángeles, donde se encuentran sepultados, entre otras celebridades, Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Billy Wilder, 2016.
La enseñanza del cine en Cuba necesita de tecnología, infraestructura, práctica. Es costosa, requiere de recursos que al Estado le cuesta adquirir o mantener, de ahí que hemos tenido varias etapas donde los estudiantes han chocado con múltiples limitaciones para su aprendizaje y terminan poniendo ellos mismos sus cámaras y equipos de sonido. En las filiales que existen en Camagüey y Holguín eso ha llegado a puntos extremos. Se ha intentado (no siempre con sistematicidad) que el ICAIC o el ICRT se conviertan en unidades docentes, donde nuestros estudiantes puedan tener sus prácticas. Se han firmado acuerdos, pero a la hora de la verdad aparecen inconvenientes con la inserción de los muchachos y es que también esos centros tienen muchas limitaciones tecnológicas y problemas funcionales. Otras escuelas de cine conforman sus programas académicos con materias directamente relacionadas con los procesos creativos. La FAMCA pertenece a un sistema de enseñanza superior que responde a un ministerio y a una política educativa de carácter homogéneo y nacional. En tal sentido tiene que incluir materias obligatorias, y con ellas cientos de horas clases, que nada o muy poco tienen que ver con el cine, la radio y la televisión, lo que genera molestia y apatía entre los estudiantes.
Hay muchas otras cuestiones que pudiera decir, como la inestabilidad del claustro, las trabas que limitan la presencia en nuestras aulas de los mejores especialistas en sus categorías o el peligroso fenómeno que veo viene instaurándose en todo el ISA y es el de querer encorsetar un proceso de creación artística en un modelo metodológico que clone experiencias de enseñanza que se ofrecen en otros centros universitarios del país.
Durante muchos años, el ISA contaba con claustros de alto nivel, artistas de vanguardia, docentes con experiencias en el campo de la creación y la experimentación que propiciaban un tipo de diálogo cultural que se ha ido perdiendo. Ahora los estudiantes se aburren muy rápido, las aulas les dan claustrofobia y la vida está muy cara. Se va conformando una visión pragmática de la existencia, donde el estudio o el conocimiento pasan a un segundo plano.
¿Sigue siendo el guion el “talón de Aquiles” de nuestro cine?
El problema no está en el “talón de Aquiles”, sino en la “flecha de Paris”. Hay muchos temas que son tabúes, historias y conflictos que no se pueden contar de manera directa, honesta. Todo tiene que ser supervisado, controlado por instancias que toman decisiones con respecto a los proyectos que se aprueban. Luego, siempre aparece esa noción enfermiza de que el arte debe ofrecer mensajes, como si los artistas trabajaran en una oficina de correos. Nuestra propia Historia está repleta de acontecimientos y personajes dignos de ser trasladados al cine, a una serie o un documental, pero observa lo difícil que es hacerlo, porque los guionistas siempre se ven envueltos en el dilema de “lo políticamente correcto”, y ahí acaba todo.
Impartiendo clases en la FAMCA, 2020.
Por otra parte, la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA), que es nuestra única escuela de cine y medios, no lleva incorporada entre sus especialidades formativas el guion. Se imparte esta asignatura como muchas otras que integran un amplio programa docente, pero si algún estudiante quiere formarse específicamente como guionista, tiene que hacerlo por otras vías, aplicando a cursos o talleres que ofrecen otros espacios. La Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio (EICTV), sí tiene un curso de guion y es una oportunidad, pero el ingreso en esa escuela internacional es complicado.
En los últimos años se han abierto diversos caminos para el desarrollo de proyectos que trabajan desde la base misma del guion. Concursos, premios, festivales han reanimado esa labor, pero necesita, por una parte, ser mejor remunerada y por otra, mayor libertad expresiva para que los autores puedan abordar sin prejuicios o miedos todo tipo de temas.
*Esta entrevista fue publicada originalmente en OnCuba News.

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El tiempo que pasa

El dolor no genera verdades, pero quizás haga nacer ojos para verlas.
Ludwig Marcuse  Pesimismo. Un estado de madurez
***
El filósofo danés Søren Kierkegaard escribió en su libro La enfermedad mortal: «la desesperación es la total ausencia de esperanzas». A esta condición de no esperar nada positivo nos ha llevado el escenario cubano actual. Como la canción de la película Casablanca: As time goes by (El tiempo pasa, o mejor A medida que pasa el tiempo), nuestro tiempo ha pasado. Mi generación creció con lo que se llama en la historia de la nación Revolución, somos literalmente sus hijos.
Existe un proyecto de atención a los adultos mayores, desatado con mayor fuerza a partir de la declaración por las Naciones Unidas de esta década como la del «envejecimiento saludable». Pude observar uno de los programas de la televisión cubana Sigo Aquí, que se transmite por el Canal Educativo los domingos a las 4:00 p.m. Una televidente formuló una pregunta a Teresa Oroza, directora de la Cátedra de la Mujer: «se habla de «brecha digital» en los adultos mayores en la actualidad: ¿qué quiere decir eso?».
En ese momento no hubo una respuesta clara sobre tal limitación en los ancianos. Pero hacen muy bien en ocuparse del tema, es válido reflexionar en esas cuestiones. Pienso, sin embargo, que en las condiciones en que se encuentra Cuba, ello solo favorecerá a un pequeño grupo de personas de la tercera edad, mientras el resto seguirá en una situación muy precaria con respecto a la tecnología.
Una amiga que reside en otra provincia me comentó que una adulta mayor fue a hacer las gestiones correspondientes como cuentapropista, para un pequeño negocio de venta de café. En la Oficina Nacional de Administración Tributaria, por falta de papel, en estos momentos no pueden imprimir las planillas para cumplimentar el pago de los impuestos. Entonces exigen a los requeridos de ese trámite que lleven una memoria flash para que copien el modelo requerido. La anciana preguntó: —¿Qué es una memoria flash?
Los especialistas deberían atender las situaciones reales de brecha digital de los ancianos en la actualidad. Es importante contabilizar cuántas de las personas mayores que viven solas pueden pagar los servicios de agua, electricidad, teléfono o gas por la plataforma digital transfermóvil, incluso ¿cuántas de ellas tienen móviles?
También se ha convertido en un problema la extracción de dinero por los pensionistas en los cajeros automáticos. Generalmente piden ayuda a cualquiera que esté cerca, lo que constituye un peligro para su seguridad.  Me comentó una conocida el caso de dos señoras, también adultas mayores, que fueron víctimas de robo de dinero depositado en una tarjeta bancaria.
A una de ellas la estafaron en el mismo banco; la otra confió la tarjeta a una vecina para que le extrajera algo de dinero y resulta que cuando fue al banco se enteró de que la amable vecina había sustraído lo que le quedaba; salió llorando del lugar. Esa solidaridad que se enarbola constantemente como parte del ser cubano, hace tiempo dejó de existir en un país que sobrevive en medio de una gran crisis.
Hace unos días regresé a la Isla desde Madrid. Cuando estaba en el aeropuerto español quise comprar una botella de agua para el viaje. Los pomos del preciado líquido estaban en máquinas expendedoras. Ni intenté acercarme para no hacer el ridículo, no domino el intrascendente procedimiento para una cosa tan sencilla.  Después, en el avión, pasaron ofreciendo café, que había que comprar. Pedí uno a la aeromoza. —¿Capucchino?, preguntó la muchacha. —Sí, contesté muy segura. La joven me lo sirvió y seguidamente me dijo el precio. Saqué un billete de 10 euros para pagarle. —No, es por tarjeta. Y ya tenía en la mano el aparatico para cobrar de manera digital. —No tengo tarjeta, le dije y comencé a sentirme muy mal delante de extranjeros y cubanos residentes en otros países. Quería que el cielo me elevara por los aires, ya que no estaba en la tierra para desear que me tragara.
—Llévese el café, no tengo tarjeta. —No, ya tómeselo, no puedo tocar el dinero  (evidentemente por la pandemia, aunque el avión estaba atestado) respondió en forma despectiva. Para ella, estaba tratando con una ciudadana de segunda, tercera o quizá quinta clase; aunque yo haya trabajado durante cuarenta años como profesora en la considerada mejor universidad de mi país y tenga varios libros publicados. No pude decirle que era una cubana cuyo gobierno ha sometido a su ciudadanía a un implacable feudalismo, a un atraso de espanto. Fue el café más amargo de mi vida.
Escultura en las afueras de la Catedral de Almudena, en España.
Viajar requiere en Cuba trámites estresantes para cualquiera, mucho más para una persona de avanzada edad. Dos veces tuve que ir al médico de la familia, al policlínico y a la Dirección Provincial de Salud Pública para poner cuños a un certificado. Ello me permitiría sacar un aparato de aerosol, porque soy asmática, y un blíster de enalapril, pues soy hipertensa. Colas y más colas para un documento absurdo, con amenazas de que sin él no podría salir del país. Después de tanta angustia, nadie se acordó de pedirme el certificado con cuños de tres lugares diferentes.  
En nuestra historia existen ejemplos fehacientes de las importaciones de tecnologías que entraron al país desde tiempos decimonónicos para bien de toda la sociedad. Todavía recordamos los lavaderos instalados por Marta Abreu en la ciudad de Santa Clara para facilitar que las mujeres lavaran allí y no en el río. El teléfono y el tren, fueron muestra del proceso de modernización que tuvo lugar en pleno siglo XIX.
Sería muy pertinente que los que organizan la actividad de realizar los conocidos PCR y la aplicación de las necesarias vacunas que exige la pandemia del coronavirus hasta hoy, tengan en cuenta la espléndida organización de otros países capitalistas, donde hay colas pero se avanza en pocos minutos.
Para hacerme un PCR a tiempo en el lugar donde nací, necesité pasar una noche completa marcando en el policlínico del municipio donde resido, y otra noche para recoger el resultado. Ese desastre de servicio sanitario —con decenas de personas que se cuelan porque son conocidas de los médicos y del  personal de la salud en general—, se llama maltrato a la población y, en ese sentido, todos y todas nos convertimos en seres vulnerables ante tanto atropello.
Esos testimonios cotidianos constituyen una arbitrariedad más, de las tantas que padecemos, insignificante ante la atrocidad de condenar a un ser humano a treinta, veinte o diez años por expresar lo que piensa, exigir un cambio de vida y pronunciar la palabra libertad.
En las afueras de la Catedral de Almudena, en España, pude captar la imagen de una escultura que me impresionó: un indigente tapado en un banco. A un lado de esa inusual obra leí este escrito firmado por el Arzobispo de Madrid: «En tu camino encontrarás a muchos que están así. Tienes sitio en tu banco, dale tu mano, conversa con él, regálale el amor de Cristo con obras».
Escena captada en el Vedado habanero.
El 10 de enero de 2022, en el Vedado habanero, pude captar esta imagen, semejante a la escultura que me estremeció. La exhibo y repito con el fotógrafo y documentalista brasileño Sebastião Salgado: «No hay razón para tomar una fotografía de un ser humano si esta no lo ennoblece». Ojalá que ella sirva para aliviar la vida de este señor y de otros tantos, que como él viven en la extrema miseria.

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Asalto a la seguridad

Hace algunas semanas, un ladronzuelo poco talentoso se metió en nuestro patio. Escogió qué llevarse, pero la curiosidad fue más fuerte que su pragmatismo y se asomó a la ventana tras la cual yo estaba sentado. Huyó, lo perseguimos y escapó. Esa madrugada alivió el dolor de su derrota con el éxito en otros patios vecinos. Ninguna de las víctimas formuló denuncia, aunque todos conocíamos su identidad.
«Solo en Tras la huella detienen a los delincuentes. ¡Ah, pero si en lugar de un robo, el “delito” fuera gritar alguna consigna contra el gobierno, ahí sí lo buscan hasta debajo de la tierra!», me dijo alguien con quien comenté el suceso, quizás haciendo gala de un pesimismo exacerbado.
Mientras en el programa referido —cuya última temporada nos ha traído actuaciones pésimas y situaciones inverosímiles—, todos son informantes, y los delincuentes confiesan tras una mirada de los uniformados; en la vida cotidiana se han vuelto peligrosamente frecuentes los asaltos, robos y hechos violentos de mayor calado.
Un texto publicado hace pocos días en Cubadebate, bajo el título «Cibermentiras en motorinas», arroja algo de luz sobre las denuncias de actos delictivos vinculados a esos populares medios de transporte. Según el autor, que cita a «fuentes oficiales» nunca referenciadas —el link remite a una nota del Ministerio del Interior en la que no hay datos concretos—, entre enero y noviembre de 2021 fueron resueltas 281 denuncias de robo de motorinas. Párrafo seguido, asegura que «el país tiene esclarecido el 60% de los hechos violentos con intenciones de apoderarse ilegalmente de motos eléctricas».
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A partir de estos números podemos conjeturar la cantidad de denuncias totales relacionadas a robos de ciclomotores eléctricos: 468, más de una por día. Suponiendo que esa cifra se traduzca además en unidades robadas, las autoridades han recuperado y devuelto a sus propietarios el 40% de ellas —186 de esos medios, dice el texto.
De los datos, señalo algo importante: remiten exclusivamente a denuncias formuladas en torno a hechos delictivos con ciclomotores eléctricos, por tanto, constituyen una pequeña parte. ¿Cuántos crímenes de otra índole se cometen anualmente en Cuba? ¿Cuántos se solucionan? ¿Qué condenas reciben sus perpetradores? ¿Qué cantidad de delitos no llegan nunca a una estación de policía? 
Para un brasileño, un mexicano o un ecuatoriano, tales números parecerán irrisorios, comparados con los niveles de violencia habituales en esos y otros países de Latinoamérica. Sin embargo, a los cubanos nos alarma constatar cómo en nuestro entorno la inseguridad ha aumentado en los últimos meses, en proporción directa al agravamiento de la crisis económica —algo que asimismo sucedió en los noventa, durante la primera temporada del Período Especial— y derivada de la incapacidad, desinterés y/o falta de recursos de las autoridades para resolver delitos comunes.
Ejemplo de esto último es el hecho de que en muchos pueblos y barrios cubanos no exista prácticamente presencia policial que custodie las calles. En contraste, otros sitios, considerados políticamente estratégicos, son lugares de reunión permanente de los agentes del orden.
El Parque de la Libertad, en el corazón de Matanzas, es de esos puntos a los que se les tiene especial cariño. Cada noche, cuando las calles de la urbe quedan vacías —más temprano que en otras localidades, no olvidemos que a la bella Atenas de Cuba le apodan también la ciudad dormida—, decenas de policías, militares y agentes de la Seguridad del Estado ocupan ese y otros espacios del centro con fines protectores/disuasorios; mientras locaciones más alejadas, como el Parque René Fraga, son el reino de atracadores y otros delincuentes.
A ello se suma el que nuestra justicia tiende con frecuencia a ser en exceso benévola con los autores de delitos comunes, a quienes, mediante este o aquel vericueto legal, se les rebajan las condenas casi hasta lo risible. Situación que contrasta, por ejemplo, con las exorbitantes sanciones solicitadas para algunos manifestantes del 11 de julio de 2021, superiores en muchos casos a los quince años a los que, en 1953, un tribunal de Santiago de Cuba condenara a Fidel Castro por el asalto al Cuartel Moncada.
Por otro lado, la nota del MININT, y sobre todo el aludido texto de Cubadebate, muestran una tendencia preocupante, tanto o más que la creciente inseguridad: la politización de cualquier denuncia ciudadana y la negativa de su validez, por tratarse, supuestamente, de campañas contra el gobierno (casi siempre usan los términos Revolución o Socialismo) lanzadas desde «sitios cibermercenarios».
El propio Ministerio del Interior reconoce que «en algunos casos, se demuestra que son sucesos ocurridos en años anteriores o noticias falsas», lo que implica que una parte de ellos son ciertos. Las fake news no constituyen un problema que atañe únicamente a Cuba, pero la mejor manera de cortarles el paso es con información suficiente, veraz y transparente, un bien no común por estos lares.
Podemos conjeturar la cantidad de denuncias totales relacionadas a robos de ciclomotores eléctricos: 468, más de una por día. (Foto: Archivo CN360)
Catalogar cualquier noticia como campaña enemiga y falaz —conste que no soy ingenuo: sé que las hay— es, no solo un recurso ideológico gastado ante el cual la mayoría de nosotros pasa página, sino un desconocimiento de las capacidades que adquiere la ciudadanía gracias a las redes sociales y de las funciones del periodismo en la sociedad.
Que las realidades pueden construirse por los medios es algo sabido, pero es imprescindible que tengan su base en la vida de la gente. Un danés no protestará por la carencia de medicamentos o por la suciedad en Copenhague, de la que leyó, si cuando llega a su farmacia puede comprar cuanto necesita y la ciudad se muestra a sus ojos tan limpia y radiante como de costumbre.
Ver enemigos en lugar de un ejercicio de ciudadanía o periodismo —bien o mal intencionado, pero periodismo al fin—, es como lanzarse contra molinos pensando que son gigantes: un acto de locura y, en el caso de un Estado, de soberana torpeza e ineptitud.
La seguridad y la tranquilidad no son recursos de marketing para vender a los turistas, sino preciadas garantías de las que los ciudadanos disfrutamos. La educación y el buen trabajo de las fuerzas del orden —cuya función es velar porque las leyes se cumplan— son los caminos para mantener a raya ese animal que amenaza con desbocarse.
En este largo bregar por aguas turbulentas, con timoneles no siempre diestros, hemos perdido cosas muy valiosas. Ojalá sentirnos seguros en nuestras casas y calles no sea una de ellas.

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Guías de turismo independientes en Cuba. Pertinencia de un antiguo reclamo

La respuesta de la ministra de Trabajo y Seguridad Social a una solicitud que le dirigiera un grupo de personas interesadas en la aprobación de la actividad de guías de turismo para el trabajo por cuenta propia, pudo sugerir que una competencia al empresariado turístico no era lo más aconsejable en estos momentos, al menos mientras dure la crisis. Tal réplica habría sido elegante, pero no fue la que recibimos.
Esa postura diplomática no se evidenció y, en su defecto, la sentencia dictaminó que las actividades asociadas a productos turísticos son desarrolladas y comercializadas solamente por las entidades del sistema empresarial del turismo en Cuba. Y adiós a las esperanzas. Para esa contestación demoraron casi un año, desde que empezaron a recibir cartas de varios guías oficiales del gremio que, ante la apertura económica, razonaban sobre el beneficio mutuo de ejercer la referida actividad como trabajadores por cuenta propia. Era una forma además de controlar quiénes y cómo lo ejercían, de ofrecer novedosos diseños y extraer dividendos de los nuevos actores potenciales. 
Me cuesta pensar que esa respuesta provenga del ordenador de la ministra. En primer lugar, los reclamantes no pedían autorización para constituir «agencias de viaje» ni ejercer como «operadores turísticos», como asegura la carta. Se trataba del reclamo concreto de eliminar la actividad de guía de turismo del listado de prohibiciones, a partir de ello analizar en conjunto su posible alcance y, solo entonces, comenzar a presentar proyectos concretos.
En segundo lugar, la carta está dirigida a un grupo de «promotores de guías de turismo» —cargo que, imagino, no esté autorizado tampoco— sin embargo, los promoventes de la solicitud somos guías oficiales y registrados de turismo. Súmese a eso que mi nombre viene adscrito a una tal agencia «Mintur», de la que nunca he sido parte. De hecho, no existe una agencia con ese nombre, cosa que la ministra o sus asesores deberían saber.
Por último, me asombra que la ministra cometa una falta léxica como confundir el término «pertinencia» con el de «pertenencia». Eso es inadmisible en una funcionaria de su nivel, que debe usar correctamente el idioma para comunicarse con la ciudadanía y a través de los medios.

En un encuentro acaecido en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, sobre el cual publiqué un texto con fecha 7 de octubre en este espacio, se adujo que las actividades relacionadas con el sector en cuestión no estaban permitidas al cuentapropismo. Sin embargo, allí se explicó que ya existía la excepción del alojamiento y el transportista, que en no pocos casos funge como guía de turismo sin serlo. En esa misma reunión se abordó la necesidad de detenerse a analizar los beneficios de esta función para ambas partes, algo que nunca ocurrió. Se aseguró además que se razonaría de conjunto cualquiera fuera la decisión al respecto.
Se nos solicitó en aquel momento la presentación de proyectos teniendo en cuenta que a partir del nuevo diseño para el trabajo por cuenta propia, lo que se aprueban son proyectos. Tal solicitud fue interpretada por algunos colegas como preámbulo a la aceptación. No todos lo vimos de igual manera.
Era inconcebible lanzarse a la presentación de un proyecto cuando un guía lo que hace es guiar, por ende, el plan que se diseñe tendría en su núcleo esa función, y mientras la misma no sea eliminada del grupo de prohibiciones nunca lo podrá hacer. Sin contar con que para poder guiar necesitaría promocionar su actividad, lo que tampoco resulta procedente con la actual normativa. 
En el texto para La Joven Cuba al que aludí al principio, expresaba que ante tal cuestionamiento cualquier profesional de este campo respondería que su proyecto incluiría guiar en alguna de las acepciones del término, sea para una agencia o no.   Igualmente cuestioné cuál podría ser el proyecto «de un intérprete que no sea interpretar o el de un chapista, que no sea chapistear».  
Lo cierto es que debimos esperar varios meses por la respuesta oficial, y ello demuestra que era tiempo lo que se requería para elevar la decisión a las instancias pertinentes. Mientras, los interesados se rompían la cabeza elucubrando proyectos en los que se pudiera legalmente hacer de guía, sin hacer de guía.           
Entonces ¿por qué llega ahora esta negativa tan demorada, escueta y fría?  En el mencionado encuentro, los funcionarios del Ministerio de Turismo explicaron que habían estado de viaje precisamente estudiando todos los posibles esquemas de funcionamiento del sector, que incluía a los actores más importantes ¿No habría sido más lógico retornar a un salón y explicar cómo se arribó a esta negativa, y esclarecer por qué los estudios de caso realizados en la región ratificaron que nuestra solicitud era inconveniente?
Marta Elena Feito Cabrera (Foto: Twitter)
Se nos había asegurado además que no éramos vistos como competencia, e incluso, afirmaron que sabían que no todos se iban a arriesgar en un sector tan complejo e inestable abandonando el confort de trabajar para un operador estatal regular. 
De modo que solo resta imaginar que lo que se impuso finalmente aquí fue el dictamen de esferas superiores, de donde suelen bajar órdenes y no análisis, y que todo el tiempo de espera se debió a que el asunto tenía que aguardar por la respuesta de una mega esfera del poder donde no se está al tanto de que la Agencia Mintur no existe y que el cargo de promotor de Guía de Turismo tampoco. Lo que no logro comprender aún es cómo no se aprecia el potencial que tiene un guía conocedor de su historia y patrimonio para generar resultados que no tributen únicamente a su economía personal, sino también a las localidades y al país, e incluso, que puedan atraer nuevos emprendimientos y gestionar proyectos de inversiones a futuro. 
No entiendo que sean mantenidas las mentalidades de ordeno y mando que, lejos de robustecer el compromiso del ciudadano con su país y ponerlo en posición más cómoda para la obtención de ingresos limpios, pretendan mantener a toda costa el control sobre cada peso que entra a la Isla, aunque luego se gasten en salarios para el ejército de policías que hará falta contratar con el fin de evitar lo que de todas formas sucederá cuando retornemos a la normalidad y la gestión del turismo se amplíe. 
Algunos altos dirigentes en Cuba consideran que los reclamos para la ampliación del cuentapropismo profesional son propios de personas «codiciosas» con afán de obtener mayores ingresos y que pretenden un proceso de privatización que «barrería los cimientos y las esencias de la sociedad socialista construida a lo largo de más de seis décadas», como advirtió Raúl Castro en el Informe Central al 8vo Congreso del PCC. Solo que con tal valoración, además de ofender a muchos compatriotas, no se evita el éxodo de profesionales ni se aumenta el compromiso de los que hicimos estudios para ponerlos en función de los nuevos tiempos en suelo patrio.

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Misoginia, homofobia y otros demonios, ¡anteriores al pecado original!

Carlos Marx aseguraba que toda la vida espiritual de la sociedad estaba determinada por la vida material; y por una y otra concebía lo que definió como conciencia social y ser social respectivamente.
Entre los marxistas dogmáticos, tales consideraciones condujeron a afirmar durante décadas que la espiritualidad social era un puro derivado de las condiciones materiales de vida de una sociedad historiadamente determinada. Procurando contrarrestar esas interpretaciones positivistas y dogmáticas, Federico Engels, colega y amigo de Marx, hizo algunas precisiones al respecto:

«(…) el desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc., descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todos lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones, sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia». [1]

No hay contradicción entre ambos pensadores a la hora de entender la compleja relación entre espiritualidad y condiciones materiales de existencia dentro de una sociedad determinada, pero el segundo sí intentó poner coto a interpretaciones agónicas. ¡Penosamente no tuvo éxito!, la dogmatización del marxismo caló mucho más entre no pocos de sus acólitos que las interpretaciones dialécticas y renovadoras. Ello se evidencia en el omnipresente marxismo-leninismo de origen estalinista, que hasta hoy se niega a morir no obstante los daños que ha generado.
Desde estas aseveraciones me empeño en afirmar que todo juicio de valor en torno a una tradición de pensamiento, construcción espiritual o texto «sagrado», a los que procure endilgárseles toda responsabilidad, o incluso parte de ella, referida a determinadas conductas o actitudes humanas, requiere siempre ser ponderado.
Muchos aseguran que el machismo, la misoginia, la homofobia y sus derivados —y otras muchas discriminaciones en torno a lo «humano diferente»—, tienen sus causas dentro de la cultura occidental, en la tradición judeo-cristiana y sus textos de fe. Pero en ese aserto, porque en alguna medida es un aserto, hay no pocos errores.
La tradición judeo cristiana, en muchos de sus creadores e intérpretes, comete el pecado de la discriminación por herencia más que por invención; por la influencia que tuvieron las culturas previas donde nacieron y se formaron, vinculadas a los múltiples influjos que en ellos ejercieron sus predecesores.
(Imagen: Cronica.com.mx )
Según algunos exégetas liberales de la Biblia, en dichos textos las tendencias discriminatorias sobre mujeres, homosexuales, extranjeros u otros grupos, estuvieron relacionadas también a las condiciones epocales en las que vivieron judíos y cristianos durante el largo período en que este libro fue escrito, tendencialmente los siglos IX a.n.e y el II d.n.e.
Afirman varios autores, que cuando hubo mermas en las poblaciones judaicas, las condenas a prácticas sexuales que atentasen contra la procreación se hicieron más evidentes que cuando no. Por tanto, la Biblia no es un libro unívoco a la luz de las interpretaciones que de ella se pueden hacer desde las ciencias modernas. ¡La Biblia contiene muchas Biblias!
Súmese a ello que la cultura patriarcal es hija del fin del matriarcado y aparece en el período en que, sobre la base de la primera gran división social del trabajo —separación de la ganadería y la agricultura—, empezaron a desarrollarse con relativa rapidez las fuerzas productivas de la sociedad, el intercambio regular, la propiedad privada y la esclavitud.
A medida que la ganadería y la agricultura progresaban, se fueron convirtiendo gradualmente en propiedad del hombre el ganado y los esclavos obtenidos a cambio de este, y los hijos empezaron a ser asumidos por vía patrilineal. Esto posibilitó al varón, no solo el control sobre los hijos, sino además sobre la madre.
El patriarcado también se vincula a la época en que el ser humano se hizo sedentario, inició la agricultura y, por tanto, se produjeron los excedentes de producción y acumulación de bienes. Esto condujo inevitablemente a la generación de la propiedad privada y a lo que ella conlleva: necesidad de defender el territorio y de mano de obra para trabajar en los campos.
Al respecto asegura el propio Engels:

 «El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida». [2]

Descubrimientos recientes en arqueología, o las conjeturas de la etnología o la antropología, no han desmentido en lo fundamental esta aseveración, lo que indica que judíos y cristianos heredaron ese cuadro real y simbólico de dominación o exclusión. Similar ocurre con las llamadas minorías sexuales, y ello revela que la culpa es anterior al mito del «pecado original».
Tal situación vuelve a demostrar que ningún culpable tiene toda la responsabilidad, en tanto la culpa hay que explicarla en sus contextos históricos. Parte significativa de la Ilustración francesa tuvo un agónico sesgo anticlerical. Hay quienes aseguran que entre sus cultores materialistas hubo posturas ateas, es decir, procuraron romper con la indiscutible influencia que la catolicidad tenía en los desatinos del llamado ancien regime. Pero jamás cuestionaron el sesgo ideológico de la subordinación femenina al varón, o la justificación espiritual aristotélica de la legitimidad de la esclavitud. Una esclavitud que en las colonias era extemporánea. Por tanto, la negación siempre fue limitada.
Aclárese que esa actitud marcó el ateísmo que luego caracterizó algunos movimientos revolucionarios de los siglos XIX y XX —y sus respectivas cosmovisiones teóricas—, de las que no escapó cierto marxismo. Ello se reflejó en actitudes y posturas, la mayoría sin ninguna lectura o interpretación bíblica, para justificar credos y discursos: ¡continuaron considerando como subalternas a las mujeres y discriminando a lo que hoy se define como minorías sexuales! A estas últimas las enjuiciaban como desviaciones morales generadas por el capitalismo. ¿Fueron víctimas de la tradición? Es posible, pero entonces no se puede ocultar que, en ese orden, fueron muy poco revolucionarios.
Existe en la narrativa cubana de fin de siglo, la presunta anécdota de que los fundadores de El Caimán Barbudo quisieron abrir su primer número en contraportada con un desnudo de Julio A. Mella fotografiado por su controversial compañera Tina Modotti. Según Jesús Díaz, la UJC no lo permitió, quizás sobre el supuesto moral que los héroes son impolutos. Era la segunda mitad de los sesenta y el país vivía la ebullición de transformaciones, pero el conservadurismo moral parecía infranqueable, actitud también poco revolucionaria. 
Han sido los movimientos cívicos promovidos por esos grupos humanos —mujeres, y colectivos LGBTIQ+— y su presión política, sobre todo dentro del capitalismo central, los que han conseguido mover la balanza en favor de sus derechos, y no exactamente las políticas públicas que se generaron en el entorno de los regímenes de «socialismo real» en el siglo XX, todo lo contrario.
De este juicio de valor pueden excluirse tendencialmente las mujeres, que sí, en muchas de esas sociedades socialistas, y hasta su extinción, lograron conquistas significativas, pero no todas las necesarias. Por ejemplo, la violencia contra las mujeres no era infrecuente en países como Rumanía, Albania o algunas Repúblicas Soviéticas de la periferia, por citar ejemplos. 
En Cuba, donde las féminas conquistaron algunos derechos después de 1959, se discutió durante décadas, y se discute hoy en nuevas circunstancias, el problema de la igualdad de derechos de ellas, agravado en el caso de negras, mestizas u otros grupos pretéritos. Tal asunto tocó la literatura, el cine o el teatro en no pocas ocasiones, y muchas veces el debate social obligó a la reflexión académica a poner el dedo sobre la llaga una y otra vez, recuérdense los casos de Retrato de Teresa o Hasta cierto punto, de Pastor Vega y Tomás Gutiérrez Alea respectivamente, en décadas sucesivas.
Aquí, sin interpretaciones bíblicas o justificaciones desde esos textos sagrados, algunos aún rememoran que en ciertas esferas del Partido, sobre todo en los años setenta, si una esposa era infiel, este órgano político obligaba a elegir al esposo entre su militancia y la esposa; lo que nunca ocurría al revés. ¡No hablemos de las minorías sexuales!, el caso UMAP, que no es el único, habla por sí mismo y está lleno de episodios de dolor, de mucho dolor.  ¡Todo ello justificado en la llamada entonces moral socialista!Por tanto, sí hay que procurar abrir el debate para que la justicia gane en el próximo referéndum sobre el Código de las familias en Cuba, pero en las reflexiones que lo acompañen es prudente mirar la multicausalidad de los prejuicios y no detenerse tendencialmente en una o dos. Las posturas o lecturas sesgadas de cristianos, islámicos y judíos sobre sus libros sagrados, no son las únicas responsables de nuestros atavismos morales. En este camino no muchos pueden mirar al lado, la responsabilidad es históricamente extensísima.   
Soy de los que opina que los derechos no deberían plebiscitarse, con que se legislen bastaría. Las mayorías no siempre tienen de su lado la razón y no siempre se suman a los carros de la justicia, llevan no pocas veces consigo, en sus mentalidades, el lastre de los que las han dominado por siglos.
***
[1]Federico Engels: «Carta a W. Burgius, Breslau, Londres, 25 de enero de 1894» en Marx y Engels, Obras escogidas, T. Único, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p.731.
[2][2] Federico Engels: El origen de la familia la propiedad privada y el estado, en Marx y Engels, Obras escogidas, T. Único, Editorial Progreso, Moscú, 1975, pp. 513-514.

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El des-ordenamiento monetario y la culpa que no es del totí

En estos días circula un spot publicitario de la Presidencia y del Gobierno de Cuba en el que se incluyen varias frases del viceprimer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, dichas en la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular del pasado mes de diciembre. En el material propagandístico expresa: «No es verdad que la causa de la inflación en Cuba es el erróneo diseño del ordenamiento monetario y el momento inadecuado en que el gobierno decidió implementarlo. No es cierto. Todo esto estuviera presente con y sin ordenamiento monetario».
Y más adelante afirma:

«Sin ordenamiento monetario tuviéramos escasez, tuviéramos pérdida de la capacidad adquisitiva del salario, tuviéramos incremento de precios porque tenemos déficit productivo. Todos esos fenómenos que son la base de la inflación no tienen su causa en el ordenamiento monetario, con independencia de que el ordenamiento monetario, y somos nosotros los primeros en reconocerlo, tiene problemas de diseño y muchos problemas en su implementación (…)».

.@AlejandroGilF: Sin negar que en #Cuba hay inflación, y que tenemos problemas que enfrentar, no existe un incremento generalizado de precios. Hay un conjunto de bienes y servicios básicos para el pueblo en los cuales la inflación es igual a cero. 👇👇👇👇 pic.twitter.com/mzpl8xzstt
— Presidencia Cuba (@PresidenciaCuba) January 5, 2022

Los dirigentes cubanos persisten en defender a toda costa lo que han llamado «ordenamiento monetario» y que en realidad solo fue una devaluación del tipo de cambio oficial del peso cubano de 2.300%, para eliminar el sistema de cambios múltiples que existía anteriormente.
En verdad, el ordenamiento monetario requería la adopción de varias acciones, a saber: 1) eliminar la dualidad monetaria con el fin de establecer la soberanía plena del peso cubano en todas las transacciones dentro del territorio nacional; 2) definir un régimen cambiario relativamente flexible para contener por esa vía ciertos choques externos; 3) erradicar los tipos de cambio múltiples, unificándolos para todas las transacciones con una tasa económicamente fundamentada en las condiciones del mercado; 4) reajustar precios, salarios y pensiones.
Sin embargo, todas estas acciones hacen parte de la esfera de la circulación, por eso resultaba necesario que antes de proceder a esa determinación —que por como fue concebida implicaría una emisión considerable de papel moneda con afectaciones al equilibrio monetario—; se garantizaran las condiciones para un incremento de la producción de bienes y servicios a partir de una profunda reforma estructural en el sistema empresarial, en el régimen de propiedad y en la autorización de actividades económicas privadas con muy escasos límites.
Es decir, antes de promover cambios imprescindibles en el sistema monetario era preciso crear condiciones para el aumento generalizado de la producción, con independencia de si esto ocurría desde el sector estatal, el privado o el cooperativo. En política económica, el orden de los factores sí altera el resultado.
Ahora bien, al margen de los problemas de secuencia —sobre los cuáles varios economistas hemos insistido—, la unificación cambiaria adoptada está muy lejos de constituir un ordenamiento monetario. En realidad, presenciamos un nuevo des-ordenamiento, que afecta no solo al sistema monetario sino a toda la economía.
Se decidió adoptar un tipo de cambio fijo de 24 pesos cubanos (CUP) por un dólar estadounidense (USD), que no reflejaba las condiciones del mercado, afectado por una escasez gravísima de dólares derivada del derrumbe del turismo y la crisis crónica de las exportaciones de bienes. Mientras tanto, el mercado informal se adecuó rápidamente a la relación entre oferta y demanda y allí el dólar se cotizó a un valor entre 35 y 40 CUP desde fines de 2020 y principios de 2021. Un año después de asumida la medida, la divisa estadounidense supera los 70 CUP.
(Imagen: El Toque)
¿Cómo es posible realizar una reforma cambiaria sin que el sistema bancario o las casas de cambio oficiales estén en condiciones de vender la divisa extranjera? Lo que ciertamente se ha hecho es reemplazar un tipo de cambio sin fundamento económico por otro, menos separado de la realidad que el anterior, pero alejado también, lo cual no permite que cumpla con su función de puente entre la economía doméstica y la internacional, ni propicie el establecimiento de precios relativos adecuados.
En consecuencia, los precios relativos que se establecen al cambio de 24 por 1 no son reales y, por ende, se mantiene una distorsión que afecta tanto la determinación de los costos de producción, los precios domésticos de bienes que contienen insumos importados, como los precios de exportación e importación, y no permite la convertibilidad real de la moneda cubana. ¿Qué sentido tiene implantar precios ficticios en una economía? Ninguno. Pero cuando ese precio ficticio es el de las divisas, se está afectando seriamente la conexión entre la economía nacional y la economía mundial.
Además, como he explicado en otras oportunidades, al existir una brecha cada vez más grande entre el tipo de cambio oficial y el informal, siendo este último mayor que el primero, ello se traduce en una sobrevaloración artificial de la moneda nacional que afecta la competitividad de las exportaciones, encareciéndolas, y al mismo tiempo abarata, también artificialmente, las importaciones.
De forma adicional, lo que ha sido llamado «ordenamiento» por las autoridades cubanas se produjo al mismo tiempo que la adopción de una dolarización parcial de la economía, al crear un mercado que opera monedas libremente convertibles a través de depósitos bancarios, la mayor parte de los cuales provienen del exterior.
Aunque en los inicios ese mercado se reservaba para «bienes de alta gama», poco a poco se fueron incorporando alimentos y una creciente variedad de productos básicos para la vida de las familias. O sea, se volvió al expediente de los años noventa que creó la dualidad monetaria, la segmentación de los mercados y, a fin de cuentas, no solo el desorden monetario, sino que profundizó el desorden de la economía del país.
De modo que el «ordenamiento» no produjo la indispensable unificación monetaria que debería permitir que el peso cubano fuera la única moneda en circulación para realizar todas las transacciones domésticas y que, además, fuera una moneda convertible al interior del país, incluso para realizar transacciones económicas internacionales. Por el contrario, a fin de cuentas se mantuvo la presencia de monedas extranjeras en las transacciones domésticas, lo que genera incentivos perversos a los productores —inclusive a los estatales—, que prefieren dirigir su oferta hacia estos mercados, con la excusa de compensar sus costos en divisas.
Por otra parte, el reajuste de precios, salarios y pensiones a partir del «ordenamiento», se realizó sobre bases que han demostrado ser incorrectas. Nunca supimos cómo se construyó la famosa canasta básica de bienes y servicios, no sabemos cuáles bienes y servicios incluía y en qué ponderación determinan el costo de esa canasta básica.
Además de los errores técnicos evidentes, también se cometieron errores políticos, como el caso de las pensiones de jubilación establecidas por debajo del salario mínimo, sin que se tuviera en cuenta el aporte de esos jubilados a la economía nacional, las artes, la cultura, la educación, la ciencia, la producción, los servicios o a la defensa, durante el período en el que estaban en activo.
Los jubilados recibieron pensiones muy bajas que no fueron ajustadas con las sucesivas reformas del sistema pensional. (Foto: CubaCute)
Como resultado de las inmensas distorsiones de precios y salarios acumuladas desde los años sesenta, los jubilados recibieron pensiones muy bajas que no fueron ajustadas con las sucesivas reformas del sistema pensional. Esto, además de un error político, ha sido una injusticia con este grupo de personas que por su edad resultan altamente vulnerables.
En el artículo «La economía cubana: entre la confusión y el sin sentido», expliqué que era lógico que los precios subieran cuando en un mercado afectado por una severa escasez, se incrementa la oferta monetaria como resultado de aumentos nominales de salarios y de pensiones.
Es evidente que tal incremento de precios habría sido inferior en un contexto económico diferente a la pandemia, pero la parálisis del sector productivo cubano no es un problema coyuntural sino estructural, y se relaciona con la pretensión, claramente ineficaz, de que el Estado está en condiciones de proveer todos los bienes y servicios que necesita la sociedad. Ahora, presionados por las circunstancias, parecen reconocer que no son todos sino los fundamentales, y también en eso se equivocan.
En mi opinión, nunca se debió apelar a la dualidad monetaria en la economía cubana. No fue una decisión económica ni política adecuada. Sin embargo, una vez adoptada debió ser una medida temporal. La temporalidad fue solo la circulación del dólar, reemplazado luego por el llamado peso convertible (CUC) que generó aún mayor desorden en el sistema monetario cubano, con una moneda convertible que fue perdiendo esa condición en la medida en que el emisor aumentaba su oferta sin el debido respaldo en dólares con el que supuestamente nació.
La dolarización de los gastos, pero no de los ingresos, empobreció a la mayor parte de las familias cubanas que vivían de su trabajo. Ese proceso de empobrecimiento se fue acumulando por décadas y debió ser atendido con profundas reformas estructurales.
Resulta inadmisible que después de que la unificación monetaria y cambiaria se convirtiera en un «lineamiento de política económica y social» en el 6to Congreso del PCC, no se hubiera cumplido previo al 7mo y fuera ejecutada de forma tan apresurada y chapucera apenas tres meses antes del 8vo Congreso.
También resulta inadmisible que la dirección del partido y del gobierno continúen evadiendo sus responsabilidades. Si bien considero que nunca se debió producir la dualidad monetaria, en 2011 y años inmediatos las condiciones no eran tan graves como las que debió enfrentar el país a partir de 2020, cuando además de la pandemia, se habían recrudecido las sanciones económicas de la administración Trump.
Respecto a esto último, el gobierno cubano no solo desaprovechó las posibilidades de un mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos a partir del restablecimiento del vínculo diplomático entre ambos países al final de la administración Obama, sino que reaccionó negativamente al reto que significó su visita a Cuba y sobre todo a su discurso en el Gran Teatro de La Habana.
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La culpa no es del totí
En un país donde el gobierno tiene todas las palancas de la economía, si esta marcha bien sería su éxito, pero si marcha mal es su fracaso. Este es el caso.
La economía cubana marcha mal desde hace décadas. La apelación insistente a la responsabilidad de las sanciones económicas de Estados Unidos —que sin duda afectan a la economía nacional, y especialmente a las familias, pero que más allá de condenarlas no podemos evitar—; demuestra la altísima vulnerabilidad y dependencia externa del país, acrecentada tras la desaparición del denominado «campo socialista». 
En estas condiciones se ha profundizado el subdesarrollo, expresado por la incapacidad para desarrollarse. El sistema productivo ha colapsado. Las industrias tradicionales se han derrumbado y las no tradicionales no pueden despegar por dificultades de acceso a capitales, tecnología y materias primas. El país, que otrora se consideraba agrícola, no produce suficientes alimentos para la población.
Frente a esta realidad, no tiene sentido apelar a expedientes de política ni a mecanismos económicos que han demostrado ya su ineficacia. Solo resta hacerlo de una forma diferente y ello implica una audacia política de la que hasta ahora han carecido los gobernantes cubanos.
Aunque algunos dirigentes, comenzando por el presidente, han tratado de desviar su responsabilidad por los excesivos aumentos de precios atribuyéndosela a los trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios privados, e incluso a negligentes dirigentes empresariales estatales, y han pretendido que la solución sea la renuncia «voluntaria» de parte de las ganancias obtenidas, haciendo caso omiso una vez más a las leyes económicas; la realidad es muy diferente.
La inflación tiene razones objetivas relacionadas con el desorden económico que se arrastra desde hace décadas. La debacle productiva ha creado un shock de oferta que ya es estructural y, como afirma la teoría económica, ante la escasez de oferta la respuesta del mercado es el aumento de precios. Durante muchos años esta realidad fue enmascarada con precios fijos y mercados desabastecidos.
Si a eso añadimos un incremento de la emisión monetaria sin respaldo de oferta en los mercados, el resultado no puede ser otro que el crecimiento de los precios, es decir, una mayor inflación. A estos dos factores debemos sumar la persistencia de monopolios públicos en toda una serie de actividades productivas y de servicios, que permiten el establecimiento de precios de monopolio en mercados cautivos.
Por cierto, en la medida en que más bienes de consumo necesarios para la vida se comercialicen en las tiendas en MLC y las divisas que se obtienen en el mercado informal sean más caras, está aumentando la inflación para los consumidores cubanos. Como no se ha hecho pública la metodología de cálculo, no sabemos si estos incrementos están siendo considerados o no.
Al ministro de Economía y Planificación me gustaría decirle que el des-ordenamiento, la forma en que se produjo, el momento en que se adoptó y haberlo hecho sin una verdadera liberación de las fuerzas productivas —amarradas por el sistema de administración económica centralizada—, sí es responsable de la actual situación del país e influye decisivamente en la estampida de precios que sufre la población cubana. La culpa no es del totí, según reza el viejo proverbio.
Como he expresado en otros escritos y entrevistas a diversos medios, en el punto al que hemos llegado en Cuba no es posible realizar transformaciones económicas estructurales profundas sin producir cambios institucionales y políticos igual de profundos. Estos últimos deben orientarse hacia la democratización de la sociedad, de forma tal que esta se empodere de su destino. Dichos cambios podrían crear un ambiente adecuado para el desarrollo de la producción de bienes y servicios en mercados regulados y transparentes.

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Arrumacos

―¿A qué viene el llanto?
―Calibro que, a pesar de que el nuevo año contiene tantos 2, tú y yo somos cada vez menos marido y mujer.
―No empieces con la candanga. Consideraré que has vuelto con las lecturas de Corín Tellado.
―No hace falta, en la prensa hay todo un acervo de poesía inigualable. Cuando entraste al cuarto había leído lo siguiente: «El calendario que ya dejamos atrás tuvo más de una cortapisa. Un golpe, un susurro crispado, una galerna. Es como si el 2020 hubiese aojado a su sucesor. Cuando miramos atrás a esta añada carnívora podemos reafirmar cuán fuerte es el gen que nos habita».
―¿Añada carnívora? No recuerdo un fin de año más herbívoro que este.
―Prosaico que eres. Al periodista le espanta igual que a mí despertar un día sin «degustar los labios que queremos». «Habrá a quienes el 2021 les impuso lecciones, les agolpó dudas, les arrebató afectos, les sorprendió descarnados». «Aunque a veces nos esté permitido agorar un poquito», salimos de esos doce meses «con el perfume inconfundible de la esperanza acumulada», «y la esperanza (este verso es estupendo) sigue intacta, está de moda como en su instante primigenio, por una sencilla e invencible razón: es la materia de la cual hemos probado estar dichosamente hechos, y rehechos, construidos y rearmados». «Levita en colas, conversaciones de esquina y hasta en los intermedios de los arrumacos de pareja».
―Poéticamente hablando, ¿qué demonios quiere decir «arrumaco»?
―Es una carantoña, zalamería o halago que se hace a una persona para conseguir algo de ella, manifestado con caricias, gestos o palabras… Más o menos lo que hace rato no utilizas conmigo. Mucho menos puede hablarse de «intermedios» en actos que han dejado de ser plurales.
―Se dice fácil cuando hay tiempo de leer periódicos, mientras tu marido, para ponerte un plato en la mesa, a golpe de inventos, culmina un año «rotundamente barroco», como dice ese periódico, con «interesantes pinceladas de nuestra existencia que se quedan plasmadas en el lienzo temporal de doce meses».
―La comida, siempre la comida… «Las heroicidades y dolores de las generaciones anteriores deberán alimentarnos siempre, circular como marea por nuestras venas con sus dimensiones de enseñanzas y orgullo». Son páginas escritas «con las acciones y el romanticismo de personas humildes, capaces de preferir el sacrificio antes que riquezas y comodidades».
―¿Lo dices tú?
―No, el periodista. Debías leerlo, a ver si se te pega lo de ser como la Revolución: «eternamente joven, desafiante, inteligente, romántica, con la vitalidad del renacer constante, sin obviar la experiencia y la fortaleza, un manantial de atrevimientos», a pesar de «una esencia consumista, con lo material en lo más alto».
―Date en el pecho de que a pesar de que en las tiendas no hay ni esencias consumistas, a la hora del cuajo yo no dejo de poner el material en lo más alto.
―Pero no das pasos firmes para organizar, como Cuba, tus potencialidades, «en medio de la vorágine, bailando como tan magníficamente sabemos hacer debajo de la lluvia o contra el viento». El país «se prepara incluso para lo que todavía no vemos ni tocamos»… Que me lo digan a mí, que ya no veo ni toco.
―Mejor cállate.
―«Muchas veces (esto es atronadoramente bucólico) va calladamente, porque mantenerse o ascender son suertes no ruidosas, mientras que las caídas suelen dar tirones muy fuertes y llenos de estridencias». Cuando de pronto un bien nos falta, la carencia nos dota de «una fuerza sentipensante».
―Carencia ni carencia. En ese frío no falta nada gracias a este que está aquí.
―Ya te definiste: frío. Haces que no «sintamos pensando o pensemos sintiendo», que «se carezca de gritos que se hacen esperar».
―Y que molestan a los vecinos.
―«El cubano resiste y persiste en sus anhelos», «dice “voy a mí” con un manojo de puros sueños mientras no se duerme ni se entretiene en preguntar por el monumento que tanto merece».
―Como no sea el monumento que le hicieron al Comandante en Cumanayagua, muestra de la «ilustración socialista», con «tarja de bronce y el resto de hormigón y ferrocemento, materiales simples, pero imperecederos». Ese «brazo enérgico que emerge de la tierra, cuya mano semiabierta sostiene un lápiz que dibujara sueños hechos realidad al cabo de los años, apuntando todo al suroeste»…
―…es sugerentemente erótico.

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¿Cláusulas latinoamericanas en la nueva constitución de Chile?

A solo meses de que se realice el plebiscito de salida para una nueva constitución en Chile, la discusión que se tendrá este 2022 sobre los contenidos de la carta magna en el país se comienzan a dilucidar. Sucede luego de la presentación de más de cuatrocientas iniciativas populares de norma constitucional y de 183 mil firmas en apoyo a cada una de ellas.
Entre esas propuestas ciudadanas destacan algunas para la regulación de derechos sexuales y reproductivos, educación feminista y no sexista, desprivatización del agua y derechos de la naturaleza; reconocimiento a pueblos indígenas, plurinacionalidad, diversas formas de familia, así como la incorporación de los animales como sujetos de derecho, entre muchas otras.  
No obstante, lo llamativo de este proceso participativo en curso, es que aún no se presenta ninguna iniciativa relacionada a la integración latinoamericana o regional, luego de revisar las presentadas hasta el momento en las siete comisiones existentes.
Esta ausencia de latinoamericanismo no se ha puesto en discusión en medios de información, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil ni en las constituyentes, lo que evidencia la escasa importancia que se le ha dado a un tema que debiera ser central en la discusión que se tendrá próximamente.
Es lamentable, como bien plantea el investigador colombiano Juan Camilo Herrera, ese desapego de Chile por la región, que distancia al país del resto de las naciones, las cuales en su gran mayoría han incorporado en sus constituciones cláusulas de integración latinoamericana, impulsadas tanto por sectores liberales, conservadores, como progresistas.
De ahí que a pesar de las grandes diferencias existentes entre procesos y momentos políticos en la región, países como Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, tienen preámbulos y artículos en sus constituciones donde América Latina aparece mencionada.
(Foto: AntonIvanov / Shutterstock.com)
En consecuencia, tal desinterés sólo retrata el profundo racismo histórico e institucional de Chile, el cual con la constitución dictatorial y neoliberal de 1980 impuso violentamente un nacionalismo de mercado. Este ha estado marcado los últimos treinta años por una política exterior economicista, que privilegió múltiples tratados de libre comercio con naciones fuera de la región, en vez de liderar procesos de integración latinoamericana.
Si se revisa el texto constitucional de 1980, aparece explícitamente en el artículo 32, que es el presidente quien debe «conducir las relaciones políticas con las potencias extranjeras y organismos internacionales, y llevar a cabo las negociaciones; concluir, firmar y ratificar los tratados que estime convenientes para los intereses del país».
Es decir, ha habido una mirada completamente subordinada a los grandes poderes imperiales (Estados Unidos, China u otros), en desmedro de la construcción de un bloque regional autónomo, que haga cierto contrapeso a esos países y a las grandes empresas transnacionales existentes, las cuales concentran cada vez más la riqueza.
De hecho, revisando la investigación de Juan C. Herrera, en su libro «Las Cláusulas durmientes de integración latinoamericana», muestra cómo la discusión previa a la constitución de 1980, a través de la Comisión Ortúzar, estuvo marcada por posiciones ultra conservadoras. Incluso compararon a Chile con Inglaterra: «en este momento en este país no solo existe desencanto por lo que pasó, por lo que le pasó a esta democracia nuestra tan orgullosa: “ingleses de América Latina”, el país más sólidamente organizado de América del Sur».
La idea de ser «los ingleses de la región» solo reproduce un patrón eurocéntrico y un desprecio por el resto de los países, como si Chile viviera en un oasis de desarrollo dentro de un mal barrio. Ello se ha traducido además en su errático rol en América Latina las últimas tres décadas, caracterizado por beneficiar a los grandes grupos económicos del mundo.
Chile ha sido parte de varios de los distintos organismos regionales creados históricamente (OEA, ALALC, SICA, Parlamento Latinoamericano y Caribeño, CAN, SELA, ALADI, Mercosur, Unasur, Celac, Alianza del Pacífico, Prosur), pero mientras no incorpore de forma explícita en la nueva constitución, cláusulas de integración latinoamericana, siempre cumplirá un rol secundario.  
Por otro lado, si bien esos organismos han servido para agrupar a países de la región, muchas veces han sido meros medios para agendas propias de algunos Estados, como ha pasado imperialmente con la OEA (Estados Unidos), pero también gubernamentalmente con la Unasur (Venezuela y Bolivia) o con Prosur (Colombia y Chile).
La integración latinoamericana y la idea de un constitucionalismo transformador, tiene que ser impulsado contra cualquier tipo de injerencismo (estadounidense o chino), pero también más allá de los gobiernos o caudillos de turno de la región, los cuales han cooptado procesos políticos.
Las razones para impulsar aquel derecho común latinoamericano, van mucho más allá de algo nostálgico en nuestra historia (sueño bolivariano) o pragmático (integración económica), sino que tienen que ver con la defensa irrestricta de los Derechos Humanos y de la Naturaleza.
América Latina (Abya Yala) es la región más biodiversa en el planeta, con mayores reservas de agua, con una alta migración interna y con múltiples pueblos indígenas. Más que una opción se vuelve una necesidad el tener una política regional centrada en proteger las enormes riquezas naturales y humanas existentes.  
(Foto: La Sexta)
Nos encontramos como región en un proceso muy complejo para quienes vivimos en este gran territorio del sur global. Padecemos el extractivismo imperante, la violación a los derechos humanos por parte de gobiernos, la crisis humanitaria de miles de migrantes, la violencia de los narcotraficantes, el racismo contra pueblos indígenas y afrodescendientes, la violencia patriarcal contra mujeres y disidencias sexuales; así como los efectos sociales y para la salud mental que ha generado la pandemia actual.
Frente a esto, que la integración regional nos permita impulsar políticas que pongan en el centro el cuidado de los bienes comunes y una ecología de saberes entre distintos pueblos. Que la plurinacionalidad, la sustentabilidad y los buenos vivires, nos conviertan en referente mundial dentro de un planeta amenazado por una crisis climática (antropoceno) y civilizatoria de más de quinientos años.
Chile no puede estar ajeno al proceso integrador en su nueva constitución. Le hemos dado la espalda a la región por demasiado tiempo, por lo que es el momento propicio para hacer un giro latinoamericano constituyente, que vaya acompañado por políticas de Estado en directa relación con el resto de los países de América Latina.

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Lecciones para un maestro inmoral

A mi madre y a Martí por ser mis mejores maestros.
***
«Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo».
José de La Luz y Caballero
-I-
Siempre he cargado con el sueño y la esperanza de llegar a ser maestro, un buen maestro. Tengo, desde que nací, la figura de mi madre quien hace más de cuarenta años ejerce el magisterio. Recuerdo su abnegación en el tiempo que impartió clases en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, de donde salía caída la noche después de enseñar todo el día. Casi siempre yo la acompañaba.
La miraba como ejemplo de profesora, aún lo es. Encontraba el alba revisando trabajos para continuar el día siguiente impartiendo clases, siempre solidaria con los estudiantes y colegas. Esto, sin obviar su vida social y familiar, que nunca fue fácil, hostil más bien. Las precarias condiciones de vivienda que padecíamos, en un cuartucho inventado, sin baño, sin ventanas, sin privacidad, sin la mínima condición para poder ser llamado hogar; fueron momentos complejos.
Mi madre no es la mejor profesora, ni la más brillante, ni puede ser denominada una catedrática; pero sí es una excelente educadora, no solo por sus ansias de superación, que la llevaron a alcanzar el título de Master en Ciencias de la Educación en 2009 —por cuestiones de salud no ha emprendido la marcha para alcanzar el Doctorado—, sino por lo cercana, dedicada y generosa que es con sus alumnos, por el hecho de saberse constructora de parte del futuro. No se podía esperar menos de alguien que se formó leyendo a Martí y Varona.
Ojalá llegue a ser un educador del calibre de mi madre. Ojalá todos los maestros cubanos lleguen a tener el calibre de mi madre. Ojalá ese maestro de Matanzas hubiera conocido a mi madre.
Enrique José Varona
-II-
Recuerdo mi etapa de estudiante primario como un momento espléndido dentro de mi formación, potenciado por el influjo de los maravillosos profesores que tuve. Octavita Caboverde Tamayo, Lázaro Cáceres y Leonor Pérez Castillo — que vive orgullosa de llevar el nombre de la madre de Martí—, son los que más hondo calaron en mí y en cientos de muchachos que, por cursos y cursos, formaron.
Todos los años el 23 de octubre «la profe Leo», a quien desde su cansada voz se le nota todo el dinamismo que aún tiene, llama para felicitarme y hace más de diez años no soy su alumno. Y es que ser maestro va más allá de las asignaturas y la pedagogía, serlo requiere de humanismo y sensibilidad, de la máxima expresión de la bondad espiritual del ser, y de entrega, sobre todo eso, entrega y compromiso.
Nunca olvidaré el día que llegaron del municipio de educación buscando propuestas de «alumnos ejemplares» para entregarles la réplica del anillo de Martí. Octavita sabía que yo no era uno de esos «alumnos ejemplares», pues siempre tuve problemas con la asistencia y puntualidad, y un poco en la disciplina; pero me sabía merecedor de ese honor por encima de muchos de esos «ejemplares».
Enseguida se paró de su silla y con la voz y postura impositivas que la caracterizaban, planteó que no, que ese anillo le tocaba a los niños que realmente conocían, estudiaban y disfrutaban la obra del Apóstol, que en su clase, ese premio se le otorgaría no al más ejemplar, sino al más martiano; y así sucedió. El premio se discutió en concurso. No solo lo gané en mi escuela, sino en todo el municipio Playa. Eso fue en el 2009, si mal no recuerdo, actualmente llevo el anillo colgado a un hilo en mi cuello, y ahí estará.
Cursé el quinto y sexto grados en la UIE (Unión Internacional de Estudiantes, Calle 4 esquina 13, Vedado), escuela en la cual Lázaro, o mejor, Lachy, como le decíamos sus alumnos, fue mi profesor guía. En el grupo sexto C agruparon, luego de terminar el cuarto grado, a varios de los alumnos con problemas académicos para que compartieran aula con algunos de los mejores según sus resultados. Esta estrategia comúnmente se aplica en el sistema educacional cubano.
A mí, por llegar último a la escuela, me unieron a la lista de ese grupo que era el único con plazas libres. Ahí compartía docencia con «lo mejor y lo peor» de la escuela, como lo definían algunos de los profesores más recalcitrantes; solo sé que mis compañeros eran maravillosos y de todos me llevé una enseñanza y un recuerdo mágico.
Tres de ellos, más de una vez, fueron atendidos por menores, como coloquialmente conocíamos a las personas encargadas de monitorear el  desarrollo de alumnos con problemas académicos y de disciplina, y más de una vez le propusieron a la directora del centro y a Lachy la opción de trasladarlos a una «escuela de conducta».
Él, firme en su posición, negó siempre esa posibilidad a pesar de las múltiples presiones, defendió constantemente la idea de que era su labor formar a esos muchachos a cualquier costo y que enviarlos a una escuela de conducta no haría más que potenciar las deformaciones que les ocasionaron su medio social y familiar. Pero sobre todo, supo mirar dentro de esos muchachos, conocer sus bondades, saberlos niños y futuros hombres, más que sus estudiantes.
Actualmente mantengo comunicación con dos de esos antiguos compañeros de aula, ambos lograron terminar su doce grado y enrumbar su vida laboral. Siento un total orgullo de saberlos mis amigos, todo gracias a que Lachy, el profesor calvo y loco que nos encendió el amor por la historia, la ciencias y el deporte, se supo responsable de nuestro futuro y bienestar. 
José de la Luz y Caballero
-III-
La historia de Cuba está estructurada en gran cuantía por el papel de constructores y formadores que asumieron muchos en su posición de maestros. No hubiera llegado Martí a ser nuestro Apóstol sin aquel «enamorado de la belleza» que fuera Mendive, ni este hubiera poseído su fervor patrio sin «el silencioso fundador» que fue Luz y Caballero; que tampoco pudiera haber llegado a convertirse en ese «noble anciano» sin la prédica y atenciones de su tío José Agustín. El maestro es savia y guía, tanto de la mente como del espíritu. Y cada alumno, para su maestro, debe ser tanto un tesoro como una responsabilidad.
Estremecieron a media Cuba las actuaciones de Osvaldo Doimeadiós (en Inocencia, de Alejandro Gil, 2018) y de Alina Rodríguez (en Conducta, de Ernesto Daranas, 2014) ejemplificando lo que es un maestro y cómo se debe a sus pupilos.
En el primer caso, el profesor intransigente defendió hasta el final la inocencia de sus alumnos y hasta se dispuso a compartir celda con ellos, de donde solo salió luego de la liberación de un grupo. Destrozado y valiente se manifestó ante la arbitrariedad militar que clamaba por la sangre de sus estudiantes. Derrumbado quedó al ver asesinados a ocho de ellos.
En el segundo caso nos encontramos con una experimentada gladiadora de las aulas de La Habana Vieja y su contexto social: la pobreza, la marginalidad, la desesperanza. Carmela, nombre de la protagonista, conoce tanto a sus alumnos como las condiciones de vida de estos. Sabe entenderlos, los estudia, la estremecen y la hacen llorar, pero con un brazo firme los educa y los encamina por la senda del bien. Ni menores, ni la policía, ni sus superiores, tienen más potestad que ella sobre lo que pasa en su clase, ella es maestra y sus alumnos son su responsabilidad; son parte de su vida, porque sabe que más de un futuro está en sus manos. Carmela lucha, porque sabe cuál es su deber.
Como mismo impactaron en las personas estas películas y sus escenas, inspiradas en nuestra realidad histórica y contextual, estremeció a Cuba hace algunos meses la noticia de que un niño de solo quince años había sido presuntamente entregado a las autoridades (órganos represivos más bien) por su propio profesor.
Cobarde es el calificativo más elegante que merece esa persona al que nunca más se le debería llamar maestro. ¿Cargos? Ni pregunté. ¿Culpabilidad? No me interesa. ¿Motivos? No los necesito. Ese adolescente fue detenido en un centro de menores por el simple hecho de portar ropa blanca el 15 de noviembre del año pasado, una arbitrariedad. Y lo peor, fue entregado por ese encargado de gran parte en su formación.
La peor bajeza ética que puede cometer un profesor es renegar de sus alumnos. El peor lastre moral que puede cargar un formador es eximirse de la responsabilidad para con sus estudiantes. Si el maestro cree que existe algo negativo en el actuar de sus alumnos, lo menos que puede hacer es mirarse a sí y tratar de encontrar los fallos que propiciaron que obviando su prédica, dicho estudiante tome un rumbo, a su criterio, errado.
La inmoralidad, la falta de entrega, el adoctrinamiento y la escasez ética en muchos de los nuevos encargados de las aulas cubanas, están convirtiendo el futuro de Cuba en una incertidumbre total, donde el miedo, el «cumplimiento», la aprobación de los superiores y el sálvese quien pueda pesan más que el derrotero hacia un porvenir digno.
La maestra Carmela, personaje de la película Conducta interpretado por Alina Rodríguez, conoce tanto a sus alumnos como las condiciones de vida de estos.
-IV-
Actualmente estudio el segundo año de la carrera de Psicología en La Universidad de La Habana, trabajo como gestor y productor artístico, me desempeño como crítico de arte y pretenciosamente como analista de temas sociales, público en varios medios; realmente parecería que voy encaminado en esa única vía. Pero cada día me paro frente a la nada a buscar los destellos de ese maestro que en un futuro pretendo ser. Cada día miro dentro de mí y encuentro los mil retazos de todos los que ayudaron en mi formación; a muchos los admiro, a otros los detesto, profesores inmorales y sin dignidad sobraron en mi devenir estudiantil.
Me pregunto si realmente seré yo digno de cargar el blasón de honor que lleva consigo el papel del maestro. Pero asumiré el reto, por eso me preparo, para desde mi posición contribuir a la formación ético-cultural del país que sueño. Porque al igual que Luz «antes quisiera, no digo yo que se desplomaran las instituciones de los hombres —reyes y emperadores—, los astros mismos del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de justicia, ese sol del mundo moral».
Y como niño que aún me siento, pedí para este 6 de enero sentir a mi madre, esa que siempre fue mi Rey Mago, darme de sus manos la savia del buen maestro.

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Cuba, razones de una crisis

La pandemia de Covid-19 colocó al mundo ante una situación terrible. La crisis es global y sus consecuencias serán perdurables. Muchos argumentan, con razón, que las lecciones de esta época imprimirán cambios de toda índole a nivel mundial en las relaciones humanas, culturales, laborales y políticas.
Cuba no es una excepción. Soportar los embates de la pandemia ha tenido un costo altísimo para las personas, las familias y el Estado. Sin embargo, en nuestro caso, la epidemia encontró a la Isla en uno de sus peores momentos, tanto a nivel económico, como social y político.
En este texto examinaré los dos primeros ámbitos, en un próximo enfocaré la cuestión política. Me apoyaré para ello, sobre todo, en publicaciones del equipo de articulistas de LJC, que hemos acompañado desde nuestros análisis, con  objetividad, responsabilidad y civismo, a la sociedad cubana.
-I-
Mucho antes de que el virus apareciera, la situación en Cuba era en extremo complicada. El desgaste del modelo de socialismo burocrático es de vieja data, y —dado el más elemental sentido de discernimiento—, requería cambiarse desde que ocurrió el derrumbe del campo socialista. Tenemos treinta años de retraso. De hecho, las reformas anunciadas por Raúl Castro en julio de 2007, casi quince años atrás, ya estaban rezagadas. Por si fuera poco, su demora en aplicarse en unos casos, y su no implementación en la mayoría, generarían resultados fatales. Nuestra burocracia dirigente nunca imaginó que un murciélago pudiera ser su más implacable catalizador.
Raúl Castro en el acto por el 26 de julio en Camagüey, en el 2007.
Un artículo que escribí el último día del 2018 me permite recordar que no necesitábamos de la pandemia para ir cuesta abajo:

«Otro año concluye y con él las esperanzas de que la situación económica de los cubanos mejore. A mediados del 2017 el anterior presidente del Consejo de Estado y de Ministros explicó que la economía decrecería en el segundo semestre de ese año y aún para el primero del 2018, pero que después de esa fecha se apreciaría una recuperación en los suministros y una tendencia hacia la mejoría.
Nuestro gobierno, una vez más, ha sido incapaz de un vaticinio correcto en el corto plazo. Los pronósticos del 2018 fueron particularmente erróneos y pendulares. Si el verano comenzó con una campaña totalmente enajenada del contexto insular, donde se le pedía a la familia cubana que disfrutara Cuba con alegría; el año casi finaliza y sabemos que la economía apenas creció un 1%, y en las reuniones del presidente Díaz-Canel con el Consejo de Ministros se ha insistido en que van a disminuir todavía más las importaciones.
Diciembre, que debería ser un mes alegre, se torna sombrío. La escasez de harina ha reducido la producción de pan y existen largas colas en las panaderías; el precio de la carne de cerdo asciende por días en un mes de tradicional aumento de la demanda, y ya es exorbitante; el importe de los vegetales es tal, que parecen cosechados en invernaderos del ártico para ser vendidos en el trópico; el detergente y el aceite son acaparados, pues vox populi dice que los proveedores vietnamitas de detergente no garantizan el producto hasta que no se les pague lo adeudado, ¿será cierto?».

El 2019 no sería mucho mejor. Nuestros medios lo anunciaban, apenas comenzado, como un año «de grandes desafíos». Casi en los meses finales se produjo una semiparalización del país, denominada eufemísticamente «situación coyuntural» por el presidente Miguel Díaz-Canel. Todos sabíamos que era una crisis estructural y sistémica. 
Cuba no es ya una nación eminentemente agrícola, como fuimos durante casi toda nuestra historia, en la actualidad no logramos producir alimentos para el sustento de una población que, lejos de crecer, disminuye de manera constante; mucho menos para exportar. Aunque no éramos un país industrializado, al menos tuvimos una industria base como la azucarera, que generaba cadenas productivas, alimento para las personas y el ganado y energía renovable.
Como bien ha fundamentado el economista Juan Triana, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, la pérdida de esa industria afectó el desarrollo de diversos sectores asociados que se nutrían de ella:

«(…) además de azúcar, la industria de la caña puede producir energía, alcohol, CO2, levaduras —Torula forrajera y Saccharomyces, que nos permitiría sustituir la importación de alimento para pienso— tableros y composites de bagazo —ahora que necesitamos tanta madera para la construcción— sorbitol, bioestimulantes, productos químicos industriales, furfural y alcohol furfurílico, biofertilizantes, azospirillum, azotobacter y rizobium, compost, residuales líquidos, herbicidas, medicamentos de uso humano y animal, y alimento humano».

La decisión de desmontar la industria del azúcar fue uno de los mayores desastres económicos de la historia nacional. Ruinas del Central Josefita. (Foto: José Manuel González Rubines)
La decisión de desmontar la industria del azúcar, anunciada hace dos décadas —en abril de 2002—, bajo la fórmula: «reestructuración azucarera», fue uno de los mayores desastres económicos de la historia nacional. Nos convertimos, de un país exportador, en importador de azúcar.
La industria nacional, como explica el economista cubano Mauricio de Miranda, profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali, en «El “modelo” económico cubano y la persistencia del subdesarrollo», está colapsada: «Muestra de ello es que muchas empresas industriales estatales se encuentran paralizadas por obsolescencia tecnológica y/o escasez de materias primas, mientras las exiguas divisas en manos del Estado impiden las inversiones necesarias para relanzar el sector industrial».
Nuestros paisajes, llenos de cañaverales, devinieron terrenos desatendidos donde no se distinguían los sembrados ni el ganado. En un artículo aparecido en el periódico Granma en diciembre de 2002, el periodista Juan Varela Pérez informaba sobre una intervención de Ulises Rosales del Toro, entonces ministro de la Industria Azucarera, en el Parlamento:

«Varios diputados preguntaron sobre las perspectivas del MINAZ en el uso de las tierras liberadas de caña y la producción de alimentos. Para cumplir esta misión, puntualizó Rosales del Toro, se trabaja desde mayo último, junto a otros organismos e instituciones, en varios subprogramas y esperamos, dijo, emplear óptimamente los recursos disponibles en beneficio de la alimentación del pueblo».

Otra meta incumplida. La burocracia cifraría sus esperanzas en el desarrollo del turismo y en la exportación de servicios profesionales, dos rubros fluctuantes ante influencias geopolíticas y altibajos globales.
La pérdida de la preferencia electoral por algunos gobiernos de izquierda en Latinoamérica, la crisis en Venezuela y la consiguiente disminución del suministro de petróleo a Cuba, el arreciamiento de la hostilidad de los gobiernos norteamericanos y el aumento del bloqueo, junto a la pandemia de Covid-19; han demostrado que una economía eminentemente de servicios es un error garrafal para un país como el nuestro, tan dependiente de alianzas ideológicas.
En los últimos años, la estructura de inversiones en Cuba se tornó asimétrica. El turismo devoró sumas millonarias materializadas en más hoteles, ya no solo en playas sino en ciudades, cada vez más lujosos y confortables, destinados a un sector de turistas de alto nivel adquisitivo. Mientras tanto, se invertía menos en sectores claves como agricultura, salud, educación y ciencia. Se disminuían los gastos sociales y la industria de medicamentos era incapaz de sustentar las necesidades crecientes de sectores poblacionales envejecidos y estresados, en un país donde los hipertensos y los diabéticos proliferan.
(Gráfico: Pedro Monreal)
En su exhaustivo reportaje sobre la crisis de medicamentos en Cuba, el periodista José Manuel Pérez Rubines nos dice: «El Portafolio de Inversiones de BioCubaFarma 2018, último publicado, (…) propone una inversión en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel para erigir una planta con capacidad productora de 5 mil millones de unidades». No obstante, aclara que tales datos «tienen una antigüedad de tres años, por lo que habría que constatar si el proyecto de construcción de la planta productora de medicamentos se concretó».
Todo parece indicar que no se hicieron las inversiones comprometidas, pues, según cifras ofrecidas por el periodista: «en febrero de 2020, un mes antes de que se detectara el primer caso de Covid-19 en la Isla, el reporte arrojaba un faltante de 78 fármacos; en marzo, 86; en abril, 98; en mayo, 94; en junio, 85; en julio, 88; en agosto, 84; en septiembre, 93; y 80 en octubre, fecha de su última publicación».
Si bien Raúl Castro ocupó la presidencia interina del Consejo de Estado y de Ministros desde 2006 —cuando enfermara su hermano Fidel—, y lanzó su proyecto de reformas en el 2007, durante el primer acto por el 26 de julio en que fungiera como tal; no fue hasta su nombramiento/elección oficial como presidente del Consejo de Estado, en febrero de 2008, que empezó a enfatizar en la necesidad de recortar gastos y «gratuidades indebidas».
Tal proceso fue paulatino pero expedito. Si en casi todo el resto del paquete de reformas hubo pausas, aquí sí se actuó con prisas. Entre 2016 y 2020, la inversión en Salud y Asistencia social disminuiría en dos tercios: de 232,6 a 84,5 millones de pesos.
En consecuencia, aumentaron en esos años la pobreza y la desigualdad. Parámetros exitosos hasta los ochenta, como la «tasa de mortalidad», con tendencia a la disminución —aunque con un repunte durante la crisis de los noventa—, comenzaron a crecer nuevamente. En el análisis de la variación de ese parámetro en Cuba, Mario Valdés Navia explica que «entre 2007 y 2008 se produjo un salto de 4 496 fallecidos, al incrementarse de 81,927 a 86,423. Otro pico ocurrió desde 2016 al 2017, cuando la cifra de decesos escaló de 99,388 a 106,949, es decir, 7561 fallecimientos más».
A partir de entonces ha continuado en ascenso. En 2020 resultaron 112,441 muertes. Esto significó 32,779 más defunciones que en el peor año del Período Especial —1996—, cuando fallecieron 79,662 cubanos y cubanas.
Desde hace tres años mueren en Cuba más personas que las que nacen.
El investigador relaciona este aumento de la TM con dos aspectos: «por un lado, la falta de mantenimiento de los hospitales, reducción de servicios municipales en muchas provincias, y escasez de medicinas, insumos y equipamiento; por otra, el crecimiento de la desigualdad y pobreza en los sectores más vulnerables de la sociedad cubana».
Uno de los servicios hospitalarios afectados fue el de obstetricia. En marzo del 2019, a raíz de la celebración del X Congreso de la FMC, apunté que no se evidenció en las sesiones una preocupación real por las condiciones de las mujeres cubanas al no mencionarse siquiera:

«La desaparición de los programas de atención obstétrica en los municipios donde existían, al menos es lo que ha ocurrido en la provincia de Matanzas, y su concentración en el hospital de la cabecera provincial. Esto ha generado un gran hacinamiento, a pesar del traslado del centro para otro más amplio, y las familias que viven lejos de la ciudad deben desembolsar de la ya precaria economía doméstica para sufragar gastos de transporte».

Evidentemente en todas las provincias aconteció algo parecido, y aunque el aumento de la mortalidad infantil y maternas, dadas a conocer hace pocos días, se relacionó con muertes por Covid-19, habría que profundizar más. Las cifras muestran una mortalidad infantil de 7,6 por cada mil niños nacidos vivos. Esto indica un crecimiento de 55,1% en comparación con el año 2020 (4,9 por cada mil) y de 91,77% con el 2018 (3,9 por cada mil).
La mortalidad materna fue aún superior: 175 defunciones por cada 100 000 nacidos vivos, que significa un incremento del 341%. La pandemia influyó indudablemente, eso se conoce, pero ¿cuánto lo hizo el inicio inesperado de un parto complejo lejos de servicios especializados?, ¿cuánto se deben los niños de bajo peso al nacer o prematuridad, a la desnutrición en algunos casos y a la falta de tratamientos prenatales y vitaminas para las embarazadas?       
En el análisis de Mario Valdés, también se expone que el recorte en la inversión de salud ocurrió precisamente en etapas en que los ingresos por exportación de servicios médico-farmacéuticos fueron la principal fuente de divisas del país, por encima del turismo (2006-2018). Es lógico entonces que arribe a esta conclusión: «Todo indica que una parte sustancial de estos ingresos, lejos de consagrarse a modernizar el sector sanitario, fueron destinados a la inversión en el turismo, rama que apenas cubre sus ingresos por el alto índice de valor importado que tiene por peso de producción». 
Un sector vulnerable en todos estos años fueron los asistenciados. Así lo expresa el profundo reportaje «El ordenamiento de la resistencia», de la estudiante de periodismo Karla R. Albert. En él se cita a Carmelo Mesa-Lago, economista cubano y catedrático por la Universidad de Pittsburg, que apunta que el valor de las pensiones entre 1989 y 2018, respecto a los precios, había descendido a la mitad ajustado a la inflación. ¿Cuánto representará ese valor actualmente?
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En Cuba es difícil acceder a datos estadísticos sobre la pobreza, pues no existen cifras oficiales. Pero la socióloga cubana Mayra Espina, especialista en el tema, afirma que en La Habana el índice de pobreza ascendió del 6 al 20% entre 1988 y el 2002. Podemos imaginar la situación actual.
Ante esto se debió ampliar la asistencia social para proteger a la población vulnerable, sin embargo, como sostiene Karla en su trabajo, «ocurrió lo contrario»: «Entre 2006 y 2018, el gasto del presupuesto asignado a la asistencia social se contrajo de 2.2% a 0.3%, mientras que el número de beneficiarios como proporción de la población decreció de 5,3% a 1,6%».
Ello se explica mayormente, según Mesa-Lago, «por el lineamiento aprobado en el VI Congreso del PCC en 2011 que terminó la asistencia social a los asistidos con una familia capaz de ayudarles».
La ley de presupuesto para 2011 evidenció el deterioro marcado de los indicadores asistenciales entre 2009 y 2010. El número de beneficiarios se redujo en un 61% en comparación con el 2005, y como porcentaje de la población total, pasó del 5,3% al 2,1%. En el propio 2010 se recortaron 237 millones de CUP por «depuración de beneficiarios».
Los jubilados constituyen otro sector vulnerable, que fue creciendo sostenidamente ante el envejecimiento poblacional. Actualmente existen alrededor de 1,7 millones de personas en esa condición. El economista Mauricio de Miranda dedicó su artículo «Los jubilados de la Revolución» a las medidas tomadas respecto a este sector. Demuestra ahí el desfase considerable del sistema pensional cubano frente al incremento sostenido del costo de la vida y concluye que las pensiones actuales son «insuficientes e injustas» y condenan a la pobreza.
¿Cómo entender estos inmensos recortes? Entre 2009 y 2017, la normalización de la deuda externa del país —declarada como «impagable» por Fidel durante años— tuvo un elevado costo, ya que su servicio alcanzó alrededor de 23,000 millones, lo que, como concluye Valdés, «limitó objetivamente la posibilidad de elevar el monto de las inversiones y el consumo con recursos públicos».
A ello se suma que a finales de 2015 Cuba renegoció su deuda con el Club de París, congelada desde hacía más de tres décadas. Se logró la condonación de 8.500 millones y el compromiso del gobierno de desembolsar 2.600 millones en dieciocho años para acceder a créditos.
Encaminados a cumplir estas obligaciones, desde el propio 2009 comenzó una política de ajustes que contrajo al sector estatal y redujo drásticamente su presupuesto de gastos e importaciones. A la par, disminuyó la oferta de bienes de consumo en el mercado interno, en particular los alimentos, al no realizarse en la secuencia lógica las reformas concebidas y prometidas, que debían estimular a los productores nacionales a sustituir importaciones.
Al unísono, se decidieron medidas que afectaron la alimentación pública. Una de las peores fue el cierre de los comedores obreros, iniciada en 2009 y generalizada al siguiente año. Solo en sectores específicos se sustituyó por el pago de un estipendio monetario.
Tres millones y medio de personas fueron afectadas por el cierre de 24 mil comedores obreros. La mayor parte de los cubanos debió llevar sus alimentos al trabajo… si podían hacerlo. Un factor agravante fue que también en 2009 se echó por tierra una conquista obrera que había establecido la edad de jubilación laboral en 60 años para los hombres y 55 para las mujeres. Desde entonces fueron aumentados cinco años en cada categoría de género. Es decir, personas más envejecidas dejaron de contar con la seguridad de su almuerzo. 
Raúl Castro había dicho en agosto de 2009, ante los diputados al Parlamento: «Hay subsidios para prestaciones sociales que son poco eficaces o, peor aún, hacen que algunos no sientan la necesidad de trabajar». Imagino que lo aplaudieron.
Apenas dos meses después, el 9 de octubre de 2009, el periodista Lázaro Barredo publicó en Granma el artículo «Él es paternalista, tú eres paternalista, yo soy paternalista…». Allí se quejaba de que «la Revolución fue desde sus inicios un torrente de justicia, que no siempre ha sido correspondido», y adjudicaba a la sociedad cubana una serie de «vicios o costumbres» que impedían «que nuestro proyecto socialista salga adelante», uno de ellos era: «El síndrome del pichón: andamos con la boca abierta porque buena parte de los mecanismos que hemos diseñado están concebidos para que nos lo den todo (…)».
Iniciaba la tendencia, hoy en su clímax, de culpar al pueblo por los resultados de las políticas erróneas, las pésimas decisiones y la ineptitud de la burocracia dirigente.
Muchos de nuestros políticos, y también algunas personas de buena fe, recuerdan con nostalgia el trienio del deshielo con Obama, entre 2014 y 2016, y aseguran que si al menos se quitaran las más de 243 medidas tomadas por Trump y mantenidas por Biden, la economía cubana enrumbaría un sendero exitoso. Pero las estadísticas hablan de una década perdida para la economía cubana que se extiende desde 2010 a 2020 y de un deterioro del pacto social del Estado con la ciudadanía que viene de antes. Trump asumió el poder en 2017, sería injusto atribuirle toda la responsabilidad.
-II-
Puestos entonces entre la espada y la pared, y ya en medio de la pandemia, nuestra burocracia decidió agilizar las cosas. Se habían perdido catorce años. O en realidad veintinueve. En diciembre de 2020 fue anunciada la «Tarea Ordenamiento», a comenzar en enero de 2021.
En su fugaz alocución televisiva del 11 de diciembre, sentado al lado de un silencioso primer secretario del Partido que muy pronto entregaría el mando —dudoso honor ante lo que se avecinaba— el presidente resaltó que «este proceso se propone ofrecer a los cubanos mayor igualdad de oportunidades, a partir de promover el interés y la motivación por el trabajo».
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Creo innecesario enjuiciar esa declaración a la altura de los resultados que el Ordenamiento ha ocasionado. Solo citaría lo dicho al respecto por el investigador Mario Valdés: «Es penoso constatar cuánto tiempo se perdió entre los años 2011 y 2018 para reposicionar al peso cubano como divisa nacional y en qué momento tan difícil se decidió ejecutar la “Tarea Ordenamiento”».
Si la extensión de la pobreza y la desigualdad eran innegables desde antes de Trump y la pandemia; la determinación de abrir, en medio de esta crisis, comercios donde únicamente pueden adquirir productos —muchos de ellos de fabricación nacional— los poseedores de dólares y divisas, en ausencia además de otros aseguramientos en moneda nacional, ha creado un abismo de penurias, injusticia y corrupción en la sociedad cubana.
Ya el Informe Central al VIII Congreso del PCC, celebrado en abril de 2021, develó con toda crudeza que los objetivos fundacionales de la Revolución socialista molestaban a los intereses reales de la burocracia. En el artículo «La despedida de Raúl Castro» cuestioné su discurso, que mostró irritación, inflexibilidad y sobre todo, una falta tremenda de empatía.
Según Raúl en el informe: «La economía cubana en los últimos cinco años ha mostrado capacidad de resistencia frente a los obstáculos que representa el recrudecido bloqueo»; cuando debió reconocer que son las cubanas y cubanos los que hemos mostrado una heroica capacidad de resistencia, no solo contra el bloqueo, sino contra los errores, la lentitud y el dogmatismo de los que determinan la política económica en Cuba.
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Convocó también a «borrar de nuestras mentes prejuicios del pasado asociados a la inversión extranjera y asegurar una correcta preparación y diseño de nuevos negocios con la capacitación del capital extranjero». Tales prejuicios fueron impuestos por la misma clase burocrática que hoy nos pide un cambio de mentalidad. Seguramente piensa que debemos borrar otras cosas, como el rechazo —del que nos enorgullecíamos—, al crecimiento de la desigualdad social.
La crítica del anciano político a la «cierta confusión» de algunos cuadros que alertaron de la «supuesta desigualdad» creada por la comercialización dolarizada en Cuba, desconoció un problema de primera magnitud que ha generado lo que Mario Valdés denominó, con amarga ironía, «un malestar general».
El modelo cubano actual, como argumenta De Miranda en su artículo «El “modelo” económico cubano y la persistencia del subdesarrollo», solo conduce a la persistencia del subdesarrollo y al mantenimiento de la pobreza generalizada. Nada diferente a eso hemos tenido en las últimas tres décadas.
-III-
El principal eslogan del presidente Miguel Díaz-Canel desde su llegada al gobierno ha sido presentarse como «continuidad». Pero claramente no se trata de continuidad respecto a los objetivos sociales fundacionales de la Revolución, sino de una prolongación del proceso de ajustes que se apartó de esos objetivos. En el momento en que fue designado como presidente del país, le dediqué un artículo, «El verdadero cambio», en el cual lo exhortaba:

«(…) rechacemos tanto las gratuidades indebidas, que no sabemos a ciencia cierta cuáles son, y aboguemos por el control y la participación de los trabajadores en las decisiones y en la gestión de los planes de producción. Abandonemos los privilegios con que vive la casta burocrática, empresarial y política, para que sintiéndose más cerca del pueblo, y en condiciones similares, se apresure en lograr resultados. En fin, más prisa y menos pausas. Ese es el verdadero cambio que necesitamos».

En el año que acaba de concluir se cumplieron treinta y cinco del anuncio del Proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, veintisiete de la dualidad monetaria (en su primera temporada), veintiséis de la creación del holding Gaesa, catorce del estreno del Proceso de actualización de la economía cubana, diez de la puesta en marcha del experimento interminable de Artemisa y Mayabeque y ocho de que se aprobara el decreto de creación de la zona de desarrollo del Mariel.
Ahora será el año I de la indicación de Raúl Castro para la salvación de la industria azucarera. Nos movemos sí, pero en un enorme círculo de consignas, proyectos y planes incumplidos, en el cual se desgastan generaciones, se frustran proyectos vitales y se separan familias. Desde hace tres años mueren en Cuba más personas que las que nacen. El círculo ha devenido órbita de extinción y para ese mal no se crean vacunas, como para la Covid-19.
Como explica Mauricio de Miranda: «El caso cubano ejemplifica la persistencia de un modelo económico con pésimos resultados en términos de prosperidad y bienestar, al punto de mantener la vida de la mayor parte de la población en constante lucha por la subsistencia cotidiana».

Igual a lo acontecido en otras experiencias del «socialismo real», en las que un partido único y antidemocrático usurpó el poder popular, la burocracia en Cuba paulatinamente se ha convertido en una clase, con modo de vida muy diferente al de la mayor parte de la ciudadanía, lo que es evidente entre sus retoños más nuevos. Con razón Mario Valdés la denominó «la burocracia conquistadora».
Es una clase que no desea perder ningún privilegio político que le impida el derecho a administrar la propiedad que legalmente se reconoce como social, pero que no logra transitar felizmente caminos de reforma, todos se van cerrando al final sin conseguir los objetivos propuestos.
La existencia de una clase de burócratas debe ser considerada también teniendo en cuenta su actitud ante la agudización de la crisis económica. ¿Cuál es su propuesta concreta para sumarse a la austeridad y al ahorro que tanto le piden al pueblo?
Es muy cierto lo que afirma en su texto «Ellos y nosotros, sus hijos y los nuestros…» la doctora e investigadora cubana Ivette García: «Una clase que no rinde cuentas, que no declara su patrimonio personal, que tiene un enemigo externo al que puede culpar de todo, que controla los medios, mantiene oculta su vida privada y no precisa del voto popular; no siente compromiso más que con ella misma. Puede construir un capitalismo de la peor especie y vestirse con desfachatez de socialista para la escena pública».
En Cuba existe un enorme aparato de dirección, partidista y estatal, que lejos de disminuir tiende a incrementarse. Un país empobrecido como el nuestro, cuya economía prácticamente no crece desde hace casi una década, no puede mantener tal derroche de recursos materiales y humanos al sostener dos formas de dirección, una que orienta y otra que gobierna.
No necesitamos que la doctora Mariela Castro, directora del CENESEX, nos pida más sacrificio; ni que el presidente Díaz-Canel ofrezca construir un monumento al pueblo. Precisamos que los que dirigen este país se hagan responsables de sus errores, que rindan verdadera cuenta de las finanzas públicas, que informen con transparencia de las decisiones relativas, por ejemplo, al pago de la deuda externa; y sobre todo, exigimos que sea la ciudadanía la que decida si pueden permanecer en sus cargos mediante elecciones generales y secretas para todos los altos cargos públicos.
La intención explícita de los cambios en Cuba, es que «las transformaciones que prevén los Lineamientos y el Modelo son económico-sociales, no políticas».[1] Eso precisamente ha hecho inviable a las reformas. Necesitamos transformaciones políticas, y con urgencia.
En su artículo «La realidad cubana actual y las lecciones de la historia», Mauricio de Miranda analiza cómo el derrumbe del socialismo en Europa Oriental demostró que «(…) cuando el liderazgo no está a la altura de las circunstancias; no evalúa objetivamente la realidad económica, política y social; no interpreta adecuadamente el sentir de la sociedad o de una parte de ella, se producen fracturas que conducen a protestas sociales. La represión de las mismas solo genera un agravamiento de los conflictos y estimula acciones violentas».
Una revolución, y los sacrificios que ella impone, se aceptan para cambiar y mejorar la vida de las personas. Los plazos para lograrlo no pueden ser eternos. Lo ocurrido el 11 de julio no fue, como afirma el gobierno, un golpe blando de mercenarios pagados desde el exterior, fue la reacción tardía de una parte del pueblo que no puede sufrir más los rigores de la pobreza y los ajustes de un semi-neoliberalismo con maquillaje socialista.
Fue el alarido de una ciudadanía que necesita cambios y seguridad en el futuro y que no confía en la clase burocrática que nos dirige hace demasiado tiempo. Los gritos de Libertad significan, primero que todo, libertad para elegir y sustituir a los corruptos, los ineficientes y los ineptos.
***
[1] Martha Prieto (Profesora titular de Derecho Constitucional de la Universidad de La Habana),  en la sección Controversia ¿Qué pasa con las leyes? Legislación, política y reordenamiento, en Temas, nros 89-90, enero-junio de 2017.

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Meditaciones de un jubilado que no sabe nada de economía

Inflación generalizada e inflación no generalizada
Recientemente el ministro de Economía reconoció que en Cuba hay inflación, pero no generalizada; para ello se apoya en el argumento de que los servicios de electricidad, agua y gas, según sus palabras, no «siguieron incrementando los precios» después del aumento inicial.
Seguramente por un lapsus, no mencionó que el «aumento inicial» de esos servicios alcanzó límites imposibles de sobrepasar sin provocar un estallido social.
También olvidó que fueron tantas las quejas sobre el precio de la electricidad en los primeros meses de 2021 que la empresa se vio obligada a readecuarlo, si bien lo mantuvo elevado.
Al lapsus podemos sumar otro: No mencionó que el costo del servicio de transporte colectivo estatal se elevó cinco veces, pues de cuarenta centavos pasó a dos pesos.
Y no recordó que el precio de algo tan vital como el pan normado se multiplicó por veinte: Pasó de cinco centavos a un peso. Hoy, el viejito que con cinco centavos podía comer un pan al día debe pagar veinte veces más por ese mismo pan (en otros términos: Con lo que antes comía un pan durante veinte días ahora solo come pan un día).
Y es sabido que esos no fueron los únicos incrementos en los precios al consumidor realizados por empresas del Estado. No por cuentapropistas o revendedores.
Tales aumentos, por lo visto, no entran en el concepto «inflación generalizada» del ministro. Según su opinión, la inflación padecida por los cubanos es «no generalizada». Afirmar otra cosa es técnicamente incorrecto. O manipulación enemiga.
Esa «inflación no generalizada», explicó también, es culpa de las indisciplinas de nosotros, los ciudadanos, porque vendemos o revendemos caro, o pagamos lo que nos venden o revenden caro, o «no somos combativos» y no denunciamos a quienes incrementan de manera abusiva los precios.

¿Es el Ordenamiento Monetario la causa de la inflación que sufre hoy la economía cubana?
¿Qué de positivo trajo el Ordenamiento Monetario a la economía nacional?
A estas preguntas responde el viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación, @AlejandroGilF. 👇 👇 👇 pic.twitter.com/1r1IM781IK
— Presidencia Cuba (@PresidenciaCuba) January 4, 2022

Pasando por alto los llamamientos al amor, a la labor de convencimiento político y al control ciudadano como armas para combatir los altos precios, realizados por los diputados que «opinaron» sobre las palabras del ministro, queda demostrado que la actual situación inflacionaria es culpa nuestra, no del gobierno, y si no se revierte es porque somos conniventes con coleros, revendedores y oportunistas. Moraleja: Tenemos lo que nos merecemos.
Pero el ministro y los diputados nos ilustran y nos exhortan a cumplir la obligación ciudadana de combatir la inflación. Debemos agradecerles la preocupación.
(No sé por qué encuentro aquí similitud con el llamado a «convencer» a los vecinos de los bateyes y a los trabajadores cañeros de la necesidad de «salvar» la producción azucarera. Fueron ellos quienes convirtieron las maquinarias en chatarra y los campos de caña en marabuzales; corresponde ahora exhortarlos a que reviertan la situación).
El ministro mencionó además algo que no hay que ser especialista para entender y nadie osará discutirle: Aumentar los salarios no es la solución, pues acarrearía un incremento mayor de los precios. La inflación es un círculo vicioso que se rompe con eficiencia productiva (que la producción de bienes implique menos gastos) e incremento en la oferta de mercancías. Esto es: eficiencia productiva y equilibrio entre oferta y demanda, no aumento de salarios, es la solución.
Némine discrepante.
¿Y qué hay con los jubilados?
Un elemento relacionado con los salarios y pasado por alto en las menciones a la inflación es el de las pensiones por jubilación.
Supongo que el ministro no ignora que la jubilación NO es un favor, NO es una dádiva, NO es una deferencia, NO es una prebenda que el Estado otorga generosamente a un segmento de la población que, por razones de edad, ya no produce bienes o servicios.
La pensión por jubilación, él debe saberlo, es el resultado de una parte del trabajo que el Estado no le retribuyó a la persona mientras fue productiva, parte que atesoró en sus arcas y administró según sus conveniencias. Si gestionó con eficiencia los fondos, los dilapidó, o no supo emplearlos de manera adecuada, es responsabilidad del Estado, no de quien alcanza la edad de jubilación.
La pensión, en esencia, es la devolución al trabajador de una parte de lo entregado por él al Estado en préstamo durante décadas.
Esa pensión, en esencia, es la devolución al trabajador de una parte de lo entregado por él al Estado en préstamo durante décadas, y que el Estado usó bien o mal durante ese tiempo (es algo similar, aproximadamente, a lo que hace un banco con el dinero que se deposita en una cuenta).
En otras palabras, la pensión es una obligación del Estado, no hay que darle más vueltas.
(Aclaro que esta es una manera esquemática de presentar la formación de los fondos de jubilación a partir de la realidad cubana; hay variantes según los países).
Es costumbre de los gobiernos, cuando realizan reajustes económicos, descuidar los efectos de sus medidas sobre el sector de los pensionados por jubilación. El gobierno cubano no fue la excepción al aplicar la «Tarea Ordenamiento»: Después de calcular (durante más de diez años) las condiciones económicas del país, los supuestos costos de la llamada «canasta familiar», etc., llegó a la conclusión de que los jubilados pueden vivir con menos de un salario mínimo, ¡y hasta les sobra!
Retomando la idea inicial, al igual que ocurre con los salarios, incrementar las pensiones a los jubilados es, además de innecesario, contraproducente, pues llevaría a un nuevo aumento de esa inflación que, como nos avisa el ministro, no es culpa de cómo y cuándo se puso en práctica «el ordenamiento», sino de nuestra indisciplina y de la falta de control popular.
Pienso que esta ecuación la puedo entender: Aumentarme la pensión significa el riesgo de incrementar la inflación. Por tanto, en lugar de quejarme por no poder comprar un par de zapatos, arreglar una gotera del techo o comprar una golosina para mi nieto, debo ser consciente y eliminar esos gastos superfluos.
Pero ocurre que, mientras el ministro nos advierte sobre las consecuencias negativas de realizar aumentos de salario (y, por carácter transitivo, de las pensiones por jubilación), al mismo tiempo autoriza aumentar las pensiones a los jubilados de los cuerpos armados, en virtud de sus extraordinarios aportes al país.
Es la parte de la ecuación que no entiendo. ¿Será que los jubilados de los cuerpos armados son tan escasos que aumentarles la pensión no es estadísticamente significativo? Pero sabemos que eso no es cierto. ¿Entonces? ¿Debo pensar que en Cuba unos jubilados son más iguales que otros?
¿Será que los jubilados de los cuerpos armados son tan escasos que aumentarles la pensión no es estadísticamente significativo? (Foto: Alejandro Ernesto/EFE)
Hago una salvedad: No encuentro mal que se aumente la pensión a los jubilados de los cuerpos armados. Pero considero inadmisible que el aumento tenido por perjudicial a la economía si se aplica a un sector de la población no lo sea cuando se aplica a otro. Además de económicamente incomprensible, lo siento como la imposición artificial de una división entre cubanos. Y eso no lo admito.
Está visto: Soy un jubilado que no sabe nada de economía.
Adenda
Existen fórmulas, usuales en buena parte del mundo, para contribuir a hacer más llevadera la vida de los jubilados, pero en Cuba no se aplican, nadie sabe la razón. Parlamento y sindicatos, los encargados de exigir explicaciones al gobierno, guardan silencio al respecto en presencia de los ministros.
Entre esas fórmulas se encuentran (no son las únicas; esto es solo una indicación de lo que se puede y debe hacer en Cuba):
Disminución del precio del transporte público para personas en edad de jubilación.
Disminución del precio de entrada a espectáculos culturales y recreativos, teatros, museos, exposiciones, etc., para personas en edad de jubilación.
Disposición de un día semanal de entrada gratuita a museos y exposiciones, así como a determinados espectáculos, para niños y personas en edad de jubilación (de modo que los abuelos puedan llevar a sus nietos con ellos).
Nota: Escribo «en edad de jubilación», sin especificar, porque nuestros burócratas son capaces de exigir una constancia de que la persona está jubilada, aunque tenga noventa años.

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El Estado de malestar general

En los años de la segunda postguerra, los traumas del conflicto bélico, el auge del keynesianismo, la presión del movimiento obrero, el triunfo de la socialdemocracia en varios países y la competencia con el naciente sistema socialista; hicieron proliferar en Occidente la idea de que podrían lograrse sociedades con un Estado de Bienestar General. Serían naciones donde el capitalismo, regulado por una mayor intervención del Estado en la economía, uniría a su tradicional eficiencia la existencia de amplios servicios y garantías sociales que beneficiarían a las mayorías.
Los países escandinavos, gobernados por partidos socialdemócratas, marcaron la pauta en este modelo. Otros (RFA, Francia, Países Bajos…) aplicaron políticas similares; mientras, EE.UU. vivía el sueño dorado de la era Eisenhower, cuando parecía que el American dream podría extenderse a la mayoría de la población. Ni siquiera el reflujo neoliberal de los años 70-90 pudo liquidar todas aquellas conquistas populares.
Por su parte, en la URSS y los países del campo socialista europeo, aunque más pobres económicamente, también se evidenciaron beneficios sociales a partir del desarrollo extensivo acelerado de sus economías.
(Imagen: M.Gortynskaya)
Al incorporarse a este modelo, Cuba se benefició con tales efectos, amparada por una cuantiosa ayuda económica y —a pesar del ya existente bloqueo estadounidense—, con la posibilidad de comerciar con el resto del mundo, incluidas filiales de empresas yanquis en terceros países.
La debacle del Período Especial, la extensión del bloqueo al plano internacional con las leyes Torricelli y Helms-Burton, y las erróneas políticas internas que demoraron reformas necesarias y desaprovecharon oportunidades de relanzar la economía cubana en momentos más favorables; han destruido el viejo modelo sin que se aplique un proyecto integral para reformarlo acorde con las actuales condiciones. El resultado ha sido la incubación de un verdadero Estado de Malestar General. 
-I-
De aceptar el discurso oficial, desde hace mucho tiempo la economía cubana parece moverse en medio de factores siempre negativos, tanto naturales como humanos. Madre Natura, que parecía bendecirnos en clima y geografía, ahora nos es contraria: si llueve las siembras se atrasan, si no llueve es imposible sembrar; el fenómeno El Niño trae ciclones, La Niña envía sequías y polvo del Sahara. Antes éramos un dechado de recursos naturales, ahora resulta que carecemos de ellos y debemos vivir de los servicios.
No obstante, es en la economía donde no nos favorece ninguna coyuntura, según explican los que saben: cuando baja el precio del petróleo, el país se afecta porque gasta más, pero si aumenta también, porque exporta derivados que ingresan menos; si el precio del azúcar disminuye es preciso desmantelar la industria azucarera, pero cuando sube ya no tenemos azúcar ni derivados para exportar; si el valor del USD aumenta, nos cuesta más importar, en tanto si baja, nuestras exportaciones se derrumban. «Algo huele mal en Dinamarca», diría el rey Lear.
Respecto a la política económica, es evidente que las medidas que se conciben, casi siempre desconocen factores que los decisores —al parecer distraídos con tantos aspectos a evaluar—, suelen pasar por alto y al final nos pasan factura colectiva. A ellos en su amor propio, pero fundamentalmente al pueblo que queda a la espera de lo prometido.
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Es como si la economía se empeñara en moverse según sus propias leyes e hiciera caso omiso a las decisiones de los iluminatti. El malestar ciudadano debiera dirigirse a los enredos del mercado, no cargar contra los ocupadísimos cuadros que desgastan sus neuronas buscando las mejores soluciones para el país. Un ejemplo evidente es el de la circulación monetaria.
-II-
Hasta los años noventa, en momentos en que el USD estaba prohibido, algunos se lo agenciaban para comprarlos a siete pesos y llevarlos a la rusa del barrio con el objetivo de que les comprara regalos en las diplotiendas. Luego se declaró su libre circulación y, cuando vinimos a ver, el gobierno de los Estados Unidos, en lugar de estar feliz con nuestra decisión, nos puso trabas para usarlos en el comercio internacional. Así que los sacamos del mercado interno y fueron multados con un gravamen del diez por ciento, para que nos respeten.
Los criticones afirmaron que eso espantaría al turismo latinoamericano y cubanoamericano y que los inversionistas pondrían el grito en el cielo, pero nuestro CUC soberano se adueñó de la circulación, aunque algunos dijeran que no era más que una ficha para cubanos que representaba un USD sobrevalorado. Peor aún, la sabia decisión transitoria —apenas duró dieciocho años— de utilizar una doble tasa de cambio: 1×1 para las empresas estatales y 1×25 para la población, llegó a ser calificada por los francotiradores como disparate que alteraría todo el funcionamiento económico y arruinaría la producción nacional.
Cuando se decidió eliminar esa situación y devolver su lugar al peso cubano mediante la «Tarea Ordenamiento» (TO), esos mismos que desde hacía años querían eliminar el CUC insistieron en provocar el malestar general, argumentando que este era el peor momento, cuestionando que no lo hicieran antes y porfiando que se debió haber fomentado primero la producción para luego hacer cambios en la circulación. Solo gracias a la labor de explicación y comprometimiento de los que llevaban más de una década obligados a viajar por el mundo estudiando experiencias de circulación monetaria en los cinco continentes, fue que logró convencerse a la población incrédula de las ventajas que recibiría.
Por desgracia, durante su ejecución varios factores impredecibles provocaron malestar en amplios sectores de la población, que ciertos exagerados tildan de generalizado: una pandemia que asolaba al mundo hacía un año y se había hecho la vencida en nuestro país; la demora del presidente Biden en cumplir su palabra empeñada como candidato de aflojar las medidas de Trump contra Cuba, algo nunca visto en la política de aquel país; y la inflación, que estalló desde que se difundieron los nuevos precios de la TO y no frena por muchos llamados de las máximas autoridades a que se detenga.
Menos mal que siempre se dejó abierta la posibilidad de que algunas personas pudieran comprar artículos —primero de alta gama y luego de media, baja y bajísima— en un novedoso mercado, único en el mundo, donde no se utiliza el USD, sino la tarjeta magnética en MLC.
Aunque algunos aseveren que es una nueva forma de dolarización, simplemente porque las tarjetas están nominalizadas en USD, lo cierto es que ni siquiera se pueden cargar con la moneda enemiga, que abarrota las bóvedas de nuestros bancos. Únicamente es posible hacerlo con otras divisas de países capitalistas que sí nos estiman, lo cual encarece el envío de remesas por los que se fueron y permite dejar mayor cantidad de bienes para el mercado en pesos, alias CUP.

El problema mayor para el Gobierno/Partido/Estado, es que el malestar ha tomado cuerpo en múltiples formas de crítica, rechazo y disidencia interna que recorren, cual fantasmas, diferentes estratos sociales y se manifiestan en variadas formas: huelgas de choferes y cocheros, reclamos a autorizar profesiones libres (guías turísticos, arquitectos, ingenieros), protestas de artistas e intelectuales contra decisiones y reglamentos, (27N),  plataformas ciudadanas en redes sociales (Articulación Plebeya, Archipiélago).
La mayor expresión del malestar general fue la sublevación de los obstinados del 11-J, entonces escribí:

Frente a los brotes espontáneos de protesta popular, la respuesta del Partido/Estado/gobierno fue de pura continuidad: ninguna concesión, cero diálogo con los participantes; mucho tonfazo y detenciones. El secretario-presidente, en comparecencia pública donde se olvidó del Estado de Derecho proclamado en la Constitución 2019, llamó a los seguidores de la Revolución a salir a imponer el orden por la fuerza bajo el lema La calle es de los revolucionarios.  

Ahora el malestar se amplifica ante las extensas penas de prisión que se están imponiendo a los protestantes, al añadirse a los cargos iniciales de escándalo público y desacato el muy grave de sedición, y considerarlos como miembros de un complot internacional jamás demostrado. Esta artimaña judicial entristeció numerosos hogares cubanos en este fin de año y levanta otra bandera de lucha para el 2022: la de la libertad de los presos políticos, injustamente castigados por participar en una protesta pacífica.
Ojalá este sea un año de reconciliación y diálogo para Cuba, donde el sentido de malestar e inconformidad ceda paso a un proyecto de país más aglutinador, democrático y participativo; que dé cabida a todos los cubanos y cubanas, dentro y fuera de la Isla, aunque haya mucho que luchar todavía para lograr este sueño.  

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La disolución de la Unión Soviética. Razones y lecciones

El 25 de diciembre de 2021 se cumplieron treinta años de que fuera arriada la bandera roja con la hoz, el martillo y la estrella de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) para ser reemplazada por la tricolor —blanca, azul y roja— de la Federación Rusa. Habían pasado sesenta y nueve desde la constitución del Estado multinacional soviético y setenta y cuatro de la toma del poder por los bolcheviques.
Este hecho puso fin a un proceso de desintegración iniciado poco después de que en el país comenzara una etapa de cambios orientada a reestructurar el sistema, que hizo crisis durante el largo período de estancamiento que caracterizó al gobierno de Leonid Brezhnev (1964-1982).
Tras los breves interregnos de Yuri Andropov (1982-1984) y Konstantín Chernenko (1984-1985) —ambos fallecidos, al igual que su predecesor, mientras ocupaban las máximas responsabilidades del Partido y el Estado soviéticos—, Mijaíl Gorbachov, entonces el más joven en el máximo liderazgo del país, fue elegido por el Buró Político del Comité Central para dirigir el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), lo que lo convertía, de facto, en el principal dirigente de acuerdo a la tradición impuesta por Stalin. A partir de 1988 añadió a ese cargo, como se hizo costumbre, el de presidente.
El país que heredó Gorbachov mostraba evidentes signos de crisis. La economía soviética estaba lastrada por una serie de fenómenos que habían conducido al estancamiento y posterior empeoramiento del nivel de bienestar de la sociedad; la URSS se empantanó en una guerra de desgaste en Afganistán que pondría fin al mito de invencibilidad del ejército soviético; se había desarrollado un movimiento disidente encabezado por intelectuales y científicos que era reprimido despiadadamente; mientras, la propaganda política del Partido perdía credibilidad debido a la distancia entre las consignas y convocatorias políticas y la realidad del país.
Adicionalmente, y no por ello menos importante, el sistema político estaba en franca descomposición ante el inmovilismo de la burocracia en el poder, más preocupada por conservar sus beneficios y mantenerse fuera del escrutinio de la sociedad que por asumir su responsabilidad y liderazgo en la transformación social.
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El estancamiento económico
En los años ochenta se hizo evidente el agotamiento del sistema de planificación centralizada, que había funcionado con ineficiencia en condiciones de una abundancia relativa de factores de la producción, generando un modelo de crecimiento extensivo. Sin embargo, el mismo no era sostenible dado el encarecimiento de las materias primas y combustibles, unido al retraso tecnológico respecto a países capitalistas desarrollados en la mayor parte de las ramas de la industria y la agricultura, con excepción de las industrias de armamentos y aeroespacial, que les obligó a importar maquinarias y bienes intensivos en capital y tecnología, deteriorando la balanza de pagos.
Se hacía necesario transitar hacia un modelo de crecimiento intensivo, basado en la mayor productividad de los factores de producción, pero el sistema no logró hacerlo. Mientras el producto interior bruto (PIB) creció a un ritmo promedio anual de 9,6% en el período 1971-1975, y de 6,5% entre 1976-1980; entre 1981-85 fue de -0,6% y entre 1986-90 de -2,8%. En 1991 la variación del PIB fue de -2,4%.[1]
La carrera de armamentos con que la URSS competía con los Estados Unidos (EE.UU.) por el predominio estratégico global, condujo a un incremento notable del gasto militar en ambos países, pero con efectos más nocivos para el caso soviético, cuya economía era más pequeña y menos desarrollada que la norteamericana. Sostener un nivel de gasto militar para mantener la paridad nuclear con EE.UU., solo podía lograrlo la URSS al retirar recursos de la producción de bienes y servicios, especialmente de aquellos dirigidos a satisfacer necesidades de consumo.
A partir de 1983, cuando el presidente Reagan anunció la Iniciativa de Defensa Estratégica —conocida como Guerra de las galaxias—, la URSS también incrementó sus inversiones en armas nucleares de largo alcance. En consecuencia, comenzaron a escasear bienes de consumo industriales e incluso alimentos esenciales. Los precios subían y las colas para adquirir estos bienes se fueron haciendo más frecuentes, lo cual contradecía la propaganda política que definía a la URSS como un «país socialista desarrollado».
La agricultura era el talón de Aquiles de la economía. La producción agrícola se contrajo en -6,4% y -2,8% respectivamente entre 1980 y 1981, a pesar de que se incrementaban las inversiones en el sector. En los años comprendidos de 1984 a 1987, la contracción fue del -5,8% promedio anual. Luego de crecimientos irregulares entre 1988 y 1990, en 1991 se desplomó en -10,7%.[2]
El déficit de oferta de alimentos ante la demanda llevó a la necesidad de incrementar importaciones, con el consecuente deterioro de la balanza de pagos. De todas formas, a mediados de los ochenta comenzó a agudizarse la escasez de ciertos productos tradicionales en la dieta de la población rusa.
Desde principios de los ochenta tomó auge el mercado informal que tradicionalmente había existido en la economía soviética. En él, los precios crecían aceleradamente debido a la escasez en los mercados oficiales controlados por el Estado. Ello contribuyó al desarrollo de mafias organizadas que pactaban con las autoridades en un denso entramado de corrupción que, aunque afectaba a todo el país, era particularmente efectivo en algunas de las repúblicas periféricas, especialmente las de Asia Central y el Cáucaso.
En tales condiciones, la URSS entró en una crisis estructural que requería de una transformación esencial. Este fue el contexto en que Gorbachov concibió la Perestroika, que se traduce del ruso como Reestructuración.
Póster soviétivo del artista O. Ulanov, sobre la Perestroika.
La crisis de confianza
A la altura de los años ochenta, la sociedad soviética vivía una severa crisis de confianza. El modelo político burocrático había agotado sus posibilidades. La economía no satisfacía las expectativas de la población que había hecho inmensos sacrificios durante generaciones con la esperanza de alcanzar un socialismo desarrollado que se reflejara en el mayor bienestar de la sociedad.
El liderazgo político del PCUS mantenía un discurso triunfalista que poco tenía que ver con la realidad cotidiana de los ciudadanos, y ese alejamiento, unido al estancamiento económico del país, erosionaron la confianza de la sociedad en su liderazgo, convertido para la fecha en una gerontocracia.
La corrupción abarcaba todos los niveles. Mientras tanto, mafias organizadas con la complicidad de los órganos del Partido, la administración, la policía y la seguridad del Estado, se enriquecían con actividades ilegales, lo que les permitió comprar gran parte de las propiedades privatizadas luego.
El Partido Comunista se había convertido en una estructura anquilosada. Preocupados por mantener el status quo a toda costa, sus dirigentes perdieron cualquier vestigio de liderazgo político basado en el ejemplo, y con ello lo que podía quedar de su pasado revolucionario desde los tiempos de Lenin. Ser miembro del PCUS era una condición para progresar en la estructura burocrática y, en consecuencia, obtener prebendas como: dietas extraordinarias, viajes al extranjero, coches privados o del Estado, y casas de campo (dachas) para las vacaciones en el caso de dirigentes de alto nivel.
Remontar tal crisis de confianza requería una profunda trasformación del sistema político, que lejos de ser una democracia socialista se había convertido —desde sus primeros tiempos cuando se erosionó el poder de los soviets— en un régimen autoritario, burocrático y profundamente conservador. Desde el comienzo de sus reformas, Gorbachov debió enfrentar la resistencia de los grupos conservadores dentro de la dirigencia.
Al principio usó los mismos métodos autoritarios para apartar a quienes eran obstáculos; sin embargo, la complejidad de las estructuras del Partido y el Gobierno hacían prácticamente imposible lograr una transformación profunda solo «desde arriba». Por esta razón, además de la reestructuración económica, Gorbachov se planteó la democratización tanto del Partido como del Estado en tanto necesidad imperiosa, asociada al proceso de reformas económicas. Este no fue un proceso inmediato, sino paulatino. Mientras se agudizaban las contradicciones políticas de la sociedad, estallaron conflictos nacionales y se deterioró la situación económica.
Gorbachov y Reagan (Foto: Reuters)
La democratización no era posible sin eliminar la censura informativa, lo cual llevó al otro pilar de las reformas: la Glasnost (Transparencia). Gorbachov trató de terminar lo que había iniciado Nikita Jruschov con la «desestalinización». Sin embargo, la pertenencia de este último al máximo liderazgo desde los tiempos de Stalin, lo hacía partícipe de muchas de las decisiones criminales que afectaron a la sociedad soviética de aquellos años.
Con la Glasnost se denunciaron los procesos injustos que condenaron a miles de ciudadanos al cadalso o a campos de trabajo forzados, conocidos como Gulags. Se produjo la rehabilitación total de miles de comunistas sacrificados en el altar del estalinismo, pero también de miles de disidentes encausados bajo la dudosa figura jurídica de «actividades antisoviéticas».
Fueron publicados cientos de libros prohibidos desde la época soviética, tanto novelas como testimonios —algunos de los cuales circulaban clandestinamente—, entre los que destacan: Doctor Zhivago (Borís Pasternak), Archipiélago Gulag (Alexander Solzhenitsin), Relatos del Kolimá (Varlám Shalamov), Contra toda esperanza (Nadezhda Mandelstam), Días malditos (Ivan Bunin), Diarios de la Revolución de 1917 (Marina Tsetáieva), Lo que no puedo olvidar (Anna Lárina), y la serie de Vitali Shentalinski sobre los archivos literarios del KGB (La palabra arrestada, Esclavos de la libertad y Crimen sin castigo).
La Glasnost y la democratización se convirtieron en instrumentos de Gorbachov para enfrentar la resistencia de las estructuras burocráticas, con fuertes intereses políticos y económicos, cuyo poder podía ser erosionado con las transformaciones.
La caja de Pandora y las limitaciones de Gorbachov
Las reformas de Gorbachov tuvieron el efecto que en la tradición mitológica griega se atribuye a la apertura de la caja de Pandora, en la que Zeus había colocado todos los males del mundo que al emerger causaban el caos. Los males no fueron creados por sus reformas, solo se hicieron evidentes con ellas.
Gorbachov aspiraba a reformar el «socialismo» soviético volviendo a la tradición leninista y al poder de los Soviets, sin tener en cuenta que bajo Lenin se destruyó la democracia y la llamada dictadura del proletariado se convirtió —como había alertado Rosa Luxemburgo— en una dictadura del partido bolchevique y más concretamente de su dirigencia. Ello impidió, en la práctica, que pudiera realizarse la supuesta propiedad social, toda vez que los miembros de la sociedad no tenían la capacidad para hacer valer su condición de propietarios colectivos.
Durante los primeros años de la Perestroika no se abordaron transformaciones estructurales profundas que apuntaran a reemplazar el agotado sistema de planificación centralizada por mecanismos de planificación a nivel macroeconómico y mecanismos de mercado en el resto de la economía, otorgando autonomía real a las empresas y permitiendo el desarrollo de actividades económicas privadas. La mentalidad de la excesiva centralización de las decisiones se mantuvo en el ejercicio de la dirección económica y política de la sociedad.

El contexto internacional que enfrentó Gorbachov fue también complejo. Su iniciativa diplomática a favor de acuerdos para la distensión internacional fue bien recibida en el mundo, pero no en el complejo militar-industrial soviético, acostumbrado a manejar inmensos recursos del presupuesto del Estado que ahora debían desviarse hacia las industrias de bienes de consumo para mejorar el nivel de vida de la población. A esto se añade que la guerra de Afganistán consumía ingentes recursos económicos y humanos, sin horizonte visible de victoria.
Por otra parte, sus reformas fueron acogidas en apariencia por la mayor parte de los líderes del campo socialista, pero en realidad eran obstaculizadas por ellos. El liderazgo del campo socialista europeo había sido conformado en la línea política trazada por Brezhnev y, salvo en el caso de Polonia, no había cambiado significativamente. De ahí que, al igual que en la URSS, eran gerontocracias afirmadas en el poder con densas estructuras burocráticas.
En el orden interno, la eliminación de la censura permitió evidenciar profundas contradicciones internas entre las diversas nacionalidades de la Unión. Reaparecieron demandas nacionalistas de independencia, no solo en las repúblicas bálticas —anexadas por la fuerza en 1940 y nuevamente en 1944—, sino también en los territorios del Cáucaso, Ucrania y Asia Central, e incluso en algunas de las repúblicas autónomas de la propia Rusia. De hecho, tanto en Ucrania como en Georgia y Armenia, donde hubo intentos independentistas sofocados por el Ejército Rojo en los primeros años del régimen soviético, florecieron nuevamente al amparo de las nuevas libertades.
Gorbachov debía enfrentar, al mismo tiempo, las tendencias nacionalistas e independentistas dentro de la URSS; la crisis económica desatada por unas reformas que no apuntaron a la estructura misma del sistema; las fuerzas conservadoras dentro del sistema político, las fuerzas armadas y la seguridad del Estado; y también a las fuerzas reformistas radicales que buscaban una ruptura radical con el pasado. Mientras tanto, la confianza de la sociedad en él se deterioraba ante la evidencia del caos económico y político. Todo ello facilitó el intento de golpe de Estado de agosto de 1991 que, si bien fracasó, condujo a la desintegración de la Unión Soviética.
Las lecciones
La disolución de la Unión Soviética puso fin a un proyecto de país y representó la conclusión del proceso de derrumbe del «socialismo real» como sistema. Esto no fue resultado de «la traición de Gorbachov», como sostienen muchos nostálgicos y acríticos del socialismo burocrático, sino consecuencia de la agudización de sus contradicciones internas, las cuales se mantenían ocultas bajo un sistema profundamente represivo.
El sistema se mostró irreformable porque las profundas transformaciones que requería eran de tal magnitud que significaban su reemplazo por otro diferente. El modelo de planificación centralizada no funcionaba adecuadamente, resultaba imprescindible permitir que los mercados tuvieran la posibilidad de ajustar las proporciones económicas bajo un mecanismo de regulación estatal que corrigiera las desproporciones que el mismo mercado genera.
(Foto: Alain-Pierre Hovasse – Agencia AFP)
El sistema político debía ser democratizado, pero intentarlo bajo el dominio de un partido único, con larga tradición autoritaria, era una tarea que se demostró imposible. El PCUS tampoco funcionaba democráticamente en su vida interna y los debates profundos, cuando se producían, involucraban principalmente a la dirigencia.
Desde tiempos de Lenin, se habían suprimido las diversas corrientes políticas al interior del bolchevismo y se aniquilaron políticamente las socialistas no bolcheviques. Los cambios en la dirigencia se producían tras el funeral del máximo líder o mediante un golpe palaciego, nunca a través de un mecanismo auténticamente democrático. La consigna «todo el poder para los soviets» dio paso a la conformación de una estructura en la que estos organismos, que debieron ser base de la democracia soviética, cedieron ante la presión de la burocracia partidista.
Tras el fin del sistema soviético, en Rusia y las antiguas repúblicas que hacían parte de la Unión se restableció el capitalismo. En la mayor parte de ellas se han sostenido sistemas autoritarios, y en muchos casos se ha fomentado el culto a la personalidad de los antiguos líderes comunistas, devenidos nacionalistas, que erigieron estructuras de poder nepóticas y profundamente corruptas. Gran parte de los oligarcas de hoy eran delincuentes durante la época soviética y otros provienen de las estructuras del partido, el gobierno, las fuerzas armadas y la Seguridad del Estado.
El daño causado por el régimen soviético al socialismo como proyecto político y económico tiene inmensas proporciones, porque en la práctica ha reducido las posibilidades de la construcción del socialismo a la condición de utopía.
Este espacio resulta insuficiente para un análisis de tal alcance. Sin embargo, resulta imprescindible enfatizar que los intentos de sostener el sistema burocrático establecido como «socialismo real», sobre todo en condiciones de crisis económica estructural, solo conducirá a su derrumbe y a su reemplazo por un capitalismo que dejará de ser de Estado para ponerse al servicio de los intereses de las mafias aliadas a las estructuras corruptas del poder.
***
[1] Cálculos del autor con base a UNCTAD (2021) UNCTADStat.
[2] Ibídem

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Sal pafuera

—Se ha orientado una estrategia para salvar, a partir de este año que recién comienza, la industria azucarera. ¡Se acabó la dulce vida!
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros, compañero director?
—Somos cubanos y revolucionarios, valga la redundancia, y cualquier cosa que toque de cerca a la nación nos toca también… aunque nos toque lejos.
—No entiendo la relación de la revista Mar y Sol con la problemática de la zafra azucarera, salvo que nos pongamos a hablar de peces de agua dulce.
—Tiene que ver con que seremos los encargados de preparar a la opinión pública respecto al sustituto que, mientras el palo va y viene, el país introducirá en el mercado internacional. Dadas sus características, es un producto que concatena con el medio en el que se desenvuelven las especies que han constituido, hasta hoy, nuestras fuentes noticiosas.
—¿Sustituto? En la publicación el tema central son los peces, y no tengo que explicar los vaivenes de precio que ha sufrido el producto de las capturas, sobre todo la langosta, en los últimos años.
—Olvídense de la langosta y de la angostura de pensamiento de los que no han logrado revertir la situación. ¡Exportaremos sal!
—¡¿Sal?! Usted disculpe, pero esa decisión no tiene pies ni cabeza.
—Sí los tiene. Somos un país rodeado de mar. Eso lo sabe cual­quier revolucionario cubano, y valga doble la redundancia.
—Director, salvo que me equivoque, el mar está ahí desde mu­cho antes del cincuenta y nueve.
—No estés tan seguro… La estrategia es construir no menos de cien salinas a lo largo de nuestras costas, para que produzcan de aquí a siete meses.
—¡¿Siete meses?!
—Según el Instituto de Meteorología, en esa fecha se produ­cirá el mayor nivel de evaporación, indicador que hace aumentar proporcionalmente la productividad de una salina.
—¿Y la fuerza de trabajo para atenderlas?
—La semana que viene se abre un curso de salineros emergentes en Caimanera, con quinientos alumnos.
—Eso es peligroso, dada la proximidad de la Base Naval de Guantánamo. ¿Quién convence a los yanquis de que tanta gente en su cercanía estudia por el futuro de las exportaciones cubanas?
—Ellos están más al tanto de la Mesa Redonda que nosotros… Centremos nuestro plan de trabajo en el aspecto económico. Los dividiré en dos equipos: los que es­tán a mi derecha parten el lunes hacia Bolivia y los de la izquierda a Paraguay.
—La idea de enviarnos al extranjero es magnífica, pero: ¿qué haremos allá?
—Explorar mercados potenciales para nuestro futuro primer rubro económico. Esos dos países son los únicos en Améri­ca Latina que no tienen costas. Se supone coman bajo de sal.
—No acabo de entender. Son naciones del tercer mundo. Incluso acaparando todo su mercado, no creo logremos ingresar mucho a nuestras arcas.
—Eso déjenmelo a mí. Parto el mismo día que ustedes a una gira por Suiza, Austria, Hungría y la República Checa. Tampoco poseen litoral.
—Una objeción…
—¿No te gusta Paraguay?
—No es eso. Me preocupa la publicidad: ¿qué va a pensar la opinión pública mundial cuando constate que Cuba incita al con­sumo de cloruro de sodio?
—Dos grupos de especialistas trabajan ya en la confección de sendas campañas publicitarias: una con el propósito de demostrar a los asiáticos lo desafortunado de espantarse el arroz desabrido, la otra para que el pueblo conozca el alto índice de hipertensos del país.
—No acabo de entender.
—¡Vas a salarme el día! ¿Qué no entiendes ahora?
—¿Por qué alarmar a nuestros compatriotas?
—Sencillo: si queremos empezar mañana mismo a exportar sal, o como dices tú, cloruro de sodio, hay que suprimir media libra de la que se distribuye por la cuota normada. Nos encargare­mos, a través de nuestras páginas, de persuadir a la población de que todo es por el bien de su salud.
—Ni que fuera tan fácil transformar hábitos alimentarios…
—¿Que no es fácil? Pregúntales a Frei Betto y al Granma. Además, qué importan los hábitos alimentarios si está en juego la su­pervivencia de nuestro proyecto social. Es simbólico que la sal, que hasta hoy sirvió entre otras cosas para preservar los alimentos, en lo adelante sea decisiva para preservar la Revolución. No se habla más: aliviemos hipertensiones con un buen café, pues este edi­ficio se convierte en la sede de la refundada revista Sal y Mar, pieza indisoluble del corazón de la economía cubana… ¡Clarita, por Dios, no le echaste azúcar!

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¡Adiós, 2021!

Estimados lectores:
¡Finalmente hemos llegado al último día de este largo 2021! Que ha sido un año difícil, lo sabemos; que 2022 probablemente también lo sea, lo imaginamos. Pero aunque este 31 de diciembre no todas las familias cubanas puedan estar juntas, o falte el tradicional lechón asado en muchas mesas, lo importante es que, efectivamente, ¡aquí estamos a pesar de los obstáculos!
En este día de cierre, nuestro equipo quiere agradecer a sus lectores por el acompañamiento fiel, el apoyo cálido, la crítica oportuna, los encuentros y desencuentros. A todos —lectores, colaboradores, críticos y simpatizantes, compatriotas— les deseamos que 2022 traiga salud, prosperidad, lucidez y paz. Nosotros aquí seguiremos.
Reciban un afectuoso abrazo,
Equipo editorial de La Joven Cuba
***
Ponemos a su disposición este listado con los veinte textos más leídos del año:
Un alarido – Leonardo Padura
Abusos a manifestantes en Cuba: necesidad de una Comisión de Verdad y Reconciliación – Consejo Editorial
Carta Abierta al presidente Joseph R. Biden, Jr. – Consejo Editorial
Estallido social en Cuba: las señales ignoradas – Alina Bárbara López Hernández
Los jubilados de la Revolución – Mauricio De Miranda Parrondo
Testimonio desde la Zona Roja – Redacción de LJC
«Nunca vamos a renunciar al derecho a conquistar nuestros derechos» – Redacción de LJC
Yunior García Aguilera o el valor de la coherencia – Alina Bárbara López Hernández
Partido único y democracia en Cuba – Ivette García González
Las tribulaciones del dólar en Cuba – Mauricio De Miranda Parrondo
El caballo de Troya de la burocracia – Alina Bárbara López Hernández
Ellos y nosotros, sus hijos y los nuestros… – Ivette García González
Leonardo y yo – Norma Normand Cabrera
Ideología y derechos humanos. El caso de Luis Manuel Otero Alcántara – Alina Bárbara López Hernández
Los culpables – Alina Bárbara López Hernández
Antimperialismo en Cuba: reflexión en dos tiempos – Alina Bárbara López Hernández
Interpelación sobre la democracia – Ivette García González
Palabras que devoran las palabras – Gustavo Arcos Fernández-Britto
La hoguera de San Isidro – José Manuel González Rubines
«Yo soy cubano» – José Manuel González Rubines

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Los famas

Casi todo lo que decidimos hacer está —digamos francamente— copiado de modelos célebres.

Julio Cortázar.
Historias de cronopios y famas.
***
Según Alejo Carpentier, el español que llega al Nuevo Mundo no es un hombre del Renacimiento. Tipo segundón, sin herencia ni fortuna, transpira y socializa el imaginario de la Contrarreforma. No tiene como referente a Erasmo de Rotterdam, sino a San Ignacio de Loyola. Convencido de su Verdad, la única posible, se dedica entonces a lo previsible. En nombre de su Dios, erige su catedral encima del Templo Mayor de Tenochtitlán. Impone sus convicciones y su cultura toda.
También excluye y sataniza. La diferencia no tiene, de ninguna manera, derecho a un lugar bajo el sol. Y practica la pureza, empezando por la de la sangre, un bluff muchas veces levantado sobre bolsas de maravedíes destinadas a limpiar ancestros. Expulsa de sus dominios a quienes no comulguen con su credo, enviándolos afuera, a la lejana Ceuta o, con suerte e influencias, a Zaragoza.
En la Cuba de hoy existen personajes de similar estirpe: les llamo los famas. Hace seis años, el reconocimiento del gobierno cubano como un actor legítimo, y la negociación en términos de igualdad y reciprocidad —dos de los rasgos distintivos del proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos—, no fueron, para ellos, motivo de jolgorio. Convirtieron entonces el hecho en un muro de lamentaciones, y lo que debió haber sido celebración lo transfiguraron en un funeral con tulipanes negros. Cuando se les leía/escuchaba, sonaban como las tubas de Tchaikovski en la Sinfonía Patética, no como el flautín de Lennon y McCartney en Penny Lane.
Una de sus prácticas habituales proviene del nominalismo medieval: lo que no se verbaliza no existe. Por ejemplo, cuando durante ese deshielo bilateral se puso de moda en Estados Unidos viajar a la Isla, apenas les dieron visibilidad social a personalidades como Usher, Smokey Robinson y Madonna, que anduvieron merodeando por sitios emblemáticos de La Habana. El procedimiento estándar consistía en confinarlos en sus predios y aplicarles la lógica del Quijote: «Mejor es no menearlo». Fábrica de Arte, Casa de la Música, Hotel Saratoga, algunos contactos sociales puntuales… Pero no mucho para el público con mayúsculas.
Madonna en La Habana (Foto: Yamil Lage/AFP)
Nada o muy poco dijeron sobre el impacto de esas interacciones culturales y humanas al regreso de estos y otros personajes a Estados Unidos, que en muchísimas ocasiones funcionaron como un boomerang respecto a cualquier presunción una vez que los artistas tenían contactos con las personas de carne y hueso en Cuba. Les aplicaban una etiqueta clásica: «bajo perfil», válida también para casi cualquier actor/actriz residente en el exterior que pretenda presentarse en su país y aparecer en la televisión. La prensa extranjera los reporta; la cubana solo en esos términos. Accionaba entonces un mecanismo viciado. Los de la Isla tuvieron que acudir al paquete o a las redes para enterarse de lo que pasaba en sus propios predios.
En este caso el problema radica, al menos en parte, en dar como válidas las presunciones de una política que, como todas, se basa en constructos. Uno de ellos consiste en propagar la idea de que quienes viajaban a Cuba eran «los mejores embajadores de la política y valores estadounidenses», algo que apenas se sostiene en una sociedad donde la diversidad y la contradicción son normas.
Ante ello, tal vez los famas nunca se hicieron preguntas como las siguientes: ¿Cuáles valores? ¿Los conservadores? ¿Los liberales? ¿Los de Donald Trump? ¿Los de Bernie Sanders? ¿Los de la peculiar izquierda estadounidense? ¿Los de la comunidad LGTBIQ+? Ni la libre empresa, ni el libre mercado, ni las libertades individuales —incluyendo la de expresión y la democracia— son en Estados Unidos templos universalmente concurridos, mucho más en tiempos del cólera.
Por otro lado, a lo interno los famas pueden volverse contra publicaciones on line, acción destinada a la aceptación acrítica de la idea de que todos los gatos son pardos. En esos casos retoman el mantra del dinero, aplicado a periodistas e intelectuales que cobran por sus colaboraciones, una práctica universal vigente en todas partes, pero allí estigmatizada. Lo verdaderamente problemático sería, en todo caso, amenazarlos o correrlos de sus empleos si se empeñan en hacer lo que, lamentablemente, es un ave muy rara en los medios oficiales: un periodismo de ideas. Los famas funcionan con certezas; las dudas y cuestionamientos les producen urticarias.
Los famas funcionan con certezas; las dudas y cuestionamientos les producen urticarias.
Asimismo, organizan eventualmente campañas contra profesores que no comulgan con su credo, utilizando como apoyatura uno de sus textos críticos para después crear una atmósfera propicia a las expulsiones, una manera de pasarles la cuenta sobre un historial previo de herejías y discrepancias. Como la noción de disenso también les es ajena, echan mano a mecanismos estalinistas de larga data en la cultura cubana para clavar al aludido en la otra orilla y fusionarlo con otra cosa.
Amenazar y eventualmente castigar constituyen expresiones de enquistamiento, mientras los problemas del país siguen ahí. En la esfera de los medios, donde los famas campean, habría entonces que prescindir, de una vez por todas, del modelo autoritario-verticalista de que nos habla Martín Barbero y reemplazarlo por prácticas comunicacionales horizontales y participativas. Por dos buenas razones: la primera, porque ese esquema copiado de los soviéticos resulta disfuncional ante el impacto de las nuevas tecnologías que han llegado para quedarse, como dice la canción de George e Ira Gershwin, y la segunda, porque la sociedad cubana cambió.
«Entre nosotros quedan muchos vicios de la Colonia», escribió José Antonio Ramos en 1916. Tal vez por eso, y más, hoy un pensamiento de Martí se recicla por derecho propio: lo difícil, en efecto, no es quitarse a esa España de encima, sino a sus costumbres. Y ya Lezama lo decía: «Solo lo difícil es estimulante».

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Cuarto trimestre de 2021: deportistas a escape, la marcha que no fue y aplausos de la ANPP en un gris fin de año

Octubre inició el cuarto trimestre de 2021 con memes. Si en mayo Cesar Prieto estableció récord de velocidad en su histórica fuga del Equipo Cuba, los muchachos del sub 23 marcaron hito por la masividad de su partida. La mitad de la representación cubana en tierra azteca para el Mundial de dicha categoría —doce jugadores— no regresó a la Isla. La noticia, a pesar de tener un trasfondo poco jocoso, acaparó titulares y fue blanco de burlas durante días.
Pero la chanza duró poco. A la espera de la «Marcha Cívica por el Cambio» convocada por la plataforma Archipiélago, octubre fue un mes oscuro para activistas, periodistas, intelectuales y artistas cubanos. En un intento desesperado por impedir la manifestación, la Seguridad de Estado citó, detuvo y amenazó a todo aquel que considerase simpatizante.
Durante semanas, las citaciones a interrogatorios fueron comunes y pulularon las denuncias en las redes. También hubo llamados de atención y alerta en los centros laborales. Dos de los coordinadores de Archipiélago, el ingeniero químico David Martínez Espinosa y el doctor Manuel Guerra, fueron expulsados de sus empleos, claras muestras de discriminación laboral por motivos políticos.
Las campañas mediáticas de descrédito se tornaron habituales. Varios espacios de la televisión nacional se enfocaron en satanizar a los organizadores de la marcha. Incluso llegaron a «quemar» a uno de sus agentes en el intento de probar el supuesto entrenamiento recibido por Yunior García Aguilera para generar un cambio de régimen en Cuba.

En noviembre, en vísperas de la marcha, artistas, activistas y miembros de la sociedad civil reportaron acoso y represión por parte de la SE. La decisión de García Aguilera de caminar en solitario el 14 como «un acto de responsabilidad» fue impedido, y su domicilio estuvo rodeado durante toda la jornada.
«La calle donde vive Yunior García Aguilera ha sido cerrada. La policía cubana ha rodeado su bloque y un grupo de hombres acaba de colgar una gran bandera sobre su ventana», indicó en Twitter el corresponsal de CNN en La Habana, Patrick Oppmann. La imagen del dramaturgo ofreciendo una rosa por la ventana quedó como representación de lo ocurrido.

The street where Yunior García Aguilera lives has been closed off. Cuban police have surrounded his block and a group of men just hung a large flag over his window. He said earlier he would march by himself today but not clear if he will be allowed to leave. pic.twitter.com/CFvEUxroBl
— Patrick Oppmann CNN (@CNN_Oppmann) November 14, 2021

El propio día 15, ciudadanos vinculados a Archipiélago o identificados como opositores al gobierno amanecieron con sus viviendas rodeadas por policías y agentes. De esta forma se impedía su participación en la marcha, que fue desarticulada por medio de la intimidación.
Aunque no se produjeron manifestaciones importantes, sí se reportaron actos individuales de protesta. El descontento quedó principalmente recogido en las redes sociales, donde simpatizantes compartieron imágenes vestidos de blanco, portando rosas o con sábanas colgadas en lugares visibles de sus viviendas.   
El 17 de noviembre, de forma sorpresiva y después de estar desaparecido por varias horas, Yunior García, fundador y principal figura de Archipiélago, llegó a España. La noticia impactó a muchos y dio paso a no pocas interpretaciones. Para algunos, el dramaturgo había traicionado no solo la causa que inició, sino también a quienes confiaron en su liderazgo. Para otros, fue una ficha movida por el gobierno y la SE para canalizar el descontento popular. Algunos más, entendieron su decisión personal de retirarse ante una situación que lo superó.
Lo cierto es que su partida lo dejó sin el capital político que había ganado y desarticuló Archipiélago, que de a poco fue perdiendo a otros de sus coordinadores.
Ante las tensiones y descontentos, el poder recurrió a una vieja táctica. El 22 de noviembre Nicaragua anunció que eliminaría la visa necesaria para que los cubanos entraran a aquel país. La decisión del gobierno de Daniel Ortega se debía, según nota del Ministerio de Gobernación, a «la cantidad de solicitudes de hermanos ciudadanos cubanos con familiares en Nicaragua» y para promover el intercambio comercial, el turismo y la «relación familiar humanitaria».
Desde el anuncio, cientos de cubanos depositaron esperanzas y ahorros en los boletos de avión hacia la nación sandinista. La válvula de escape se abrió nuevamente en un país donde la emigración deviene forma de prosperidad económica y libertad individual.
Casi para cerrar el año, el reportaje «Cinco denuncias de abusos sexuales contra Fernando Bécquer», publicado en El Estornudo, lanzó una especie de #MeToo insular. Al conocerse de los abusos del trovador, mujeres de dentro y fuera de Cuba decidieron compartir sus experiencias y colocaron en la palestra pública un tema harto sensible.
Fernando Bécquer (Foto: Facebook)
Al mismo tiempo, se evidenció la necesidad de una Ley Integral contra la Violencia de Género, que ha sido exigida por feministas durante años, debido a la ausencia de una legislación que defienda a las mujeres de los diferentes tipos de maltrato a que pueden ser sometidas.
En el mes de diciembre se efectuó el octavo período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el cual fue analizado el comportamiento de la economía durante 2021 y se debatieron cuatro proyectos de leyes, entre ellos el Código de Familia que debe refrendarse en 2022.
Nuevamente quedaron sin habilitación legal el derecho a manifestación o el establecimiento de un tribunal constitucional para la protección de los derechos ciudadanos. Marino Murillo, la cabeza más visible de la «Tarea Ordenamiento», fue movido a otras funciones. La Asamblea Nacional no cuestionó su informe e incluso lo despidió con un fuerte e inexplicable aplauso.
Cada día de diciembre son conocidas por la opinión pública, mediante las redes sociales, nuevas condenas de prisión a los manifestantes del 11-J. Muchos hogares no tendrán motivos ni medios de celebración en este fin de año gris y triste para cubanas y cubanos.

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Tercer trimestre de 2021: colapso sanitario, estallido social y olimpiadas exitosas

El tercer trimestre inició en julio con las que posiblemente sean las imágenes más tristes de los últimos sesenta años en Cuba: pacientes durmiendo en los pasillos de hospitales, médicos y enfermeras al límite, crisis de medicamentos, colapso de los sistemas fúnebres por el aumento en el número de muertes…
La crisis sanitaria en Matanzas, agudizada desde finales de junio, sembró la alarma y movió sensibilidades entre los cubanos dentro y fuera de la Isla. En tan solo diez días, se reportaron 16 447 casos. El gobierno, que hasta entonces negaba la situación, debió tomar cartas en el asunto y movilizar personal médico y recursos hasta la provincia.
En Twitter, bajo las etiquetas #SOSMatanzas, #MatanzasNoEstásSola y #SOSCuba, la sociedad civil se articuló con el fin de reunir donaciones de insumos para los matanceros. Esta sería la puerta a futuras iniciativas semejantes en otros territorios del país. En medio de esta situación, que se extendía a otras provincias y ciudades, llegó el 11 de julio.
Los lugares donde se han registrado protestas según el sitio de investigación @inventario.
Las protestas de ese día fueron el colofón de una serie de conflictos políticos-económicos y sociales latentes en Cuba durante años y agravados por la pandemia. Desde más de sesenta puntos de la geografía nacional, los cubanos salieron a exigir tanto sus necesidades básicas como la libertad.
El gobierno, en todo momento, negó la espontaneidad del estallido social y trató de dar la impresión de protestas orquestadas desde Estados Unidos y ejecutadas por mercenarios y «revolucionarios confundidos». Pero la legitimidad de los sucesos y los reclamos del pueblo que salió a la calle ese día no pueden anularse ni con diez órdenes de combate.
Según datos de la organización Cubalex, luego de los sucesos se registraron 1332 arrestos. De este este total, 710 personas aún se encuentran detenidas, entre ellas catorce menores de edad.
La represión gubernamental durante esa jornada y las posteriores se cobijó bajo la consigna del presidente: «la calle es de los revolucionarios». La impunidad de los órganos represivos estuvo garantizada, en cierta medida, por los medios oficiales del estado que contaban su versión de los hechos en detrimento de las imágenes y testimonios de los manifestantes.
Con el objetivo de calmar los ánimos, el primer ministro Manuel Marrero anunció tres días después una serie de medidas para aliviar la situación. La más destacada fue la de suspender, «con carácter excepcional», el límite de entrada de alimentos, aseo y medicamentos como equipaje acompañado, a partir del 19 de julio y hasta el 31 de diciembre.
Los Juegos Olímpicos Tokyo 2020 se atrasaron un año debido a la pandemia. En esta ocasión, con la delegación más pequeña desde 1964, Cuba quedó en el lugar catorce del tablero de posiciones. Los 69 atletas cubanos se alzaron con 15 preseas, de ellas 7 doradas. El luchador Mijaín López obtuvo su cuarto título olímpico, primer cubano en lograrlo en eventos consecutivos de la misma modalidad.
Mijaín López (Foto: Reuters/Piroschka Van De Wouw)
La carencia de oxígeno en Cuba se hizo evidente en agosto. En medio del pico pandémico, la rotura de una pieza sacó de circulación a la principal planta productora de oxígeno. Las denuncias de pacientes y familiares desbordaron las redes sociales mientras el gobierno —nuevamente— negaba la situación.
También desde el gobierno se negó el colapso de los cementerios. Ante el incremento de fallecidos, que en julio y agosto sumaron casi 4000, los camposantos rebasaron su capacidad. Entonces fueron autorizados enterramientos en fosas comunes durante algún tiempo, mientras se trabajaba en la expansión de ciertas necrópolis.
Como una especie de Ley Mordaza se aprobó el Decreto Ley 35 «De las Telecomunicaciones, las Tecnologías de la Información y la Comunicación y el uso del Espectro Radioeléctrico». Aunque la normativa se había anunciado desde abril de 2021, el oportunismo de la fecha hizo pensar a más de uno en una especie de escarmiento social por el estallido social de julio, visibilizado principalmente desde las redes sociales.
Entre sus objetivos, la legislación está encaminada a que los servicios de telecomunicaciones: sean un instrumento para la defensa de la Revolución; logren satisfacer las necesidades generales del Estado y el Gobierno y las relacionadas con la Seguridad y la Defensa Nacional, el Orden Interior y la Defensa Civil y eleven la ciberseguridad para salvaguardar que el uso de los servicios de telecomunicaciones no atente contra la seguridad y la defensa nacional, el orden interior u ocasionen afectaciones o perjuicios a terceros.
Mientras por un lado se negaba y se satanizaba el derecho al disenso y la crítica, el decreto satisfacía una de las demandas sociales respecto al empleo de las TIC y las redes sociales: que no se puedan utilizar estos servicios «para realizar acciones o transmitir información ofensiva o lesiva a la dignidad humana; de contenidos sexuales, discriminatorios; que genere acoso; que afecte la intimidad personal y familiar o la propia imagen y voz; la identidad, integridad y el honor de la persona; la seguridad colectiva, el bienestar general, la moralidad pública y el respeto al orden público».
El 22 de septiembre, desde la plataforma Archipiélago, fundada por el dramaturgo Yunior García Aguilera para articular diferentes sectores de la sociedad civil luego del 11 de julio, se lanzó la convocatoria para la Marcha Cívica por el Cambio el día 20 de noviembre.
Septiembre cerró con otro suceso que desmentía el supuesto estado de derecho en Cuba. El artista Hamlet Lavastida, arbitrariamente detenido desde junio bajo la acusación de «instigación a delinquir», fue expulsado del país junto a su pareja, la poeta y activista Katherine Bisquet. 

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El cambio de época en Chile

El histórico triunfo de Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial en Chile, el 19 de noviembre, no solo es inédito porque después de treinta años se rompe el duopolio político que gobernó el país, sino también porque consolida un proceso constituyente en curso, el cual iba a estar fuertemente amenazado en el caso de que ganara el candidato de extrema derecha José Antonio Kast.
Si bien los resultados en primera vuelta parecían poco entendibles, dadas las anteriores votaciones en Chile, donde las fuerzas transformadoras se impusieron ampliamente por sobre los sectores más conservadores del país (plebiscito constitucional y elección de constituyentes), la posibilidad de una restauración conservadora, luego de la segunda vuelta, queda completamente descartada.  
De ahí que la alta participación total (55,65%) y votación a Gabriel Boric (55,87%), no solo lo convierten en el presidente más joven y con más votos en la historia de Chile (4.620.890), sino que será quien firme, de aprobarse, la primera constitución legítima y redactada democráticamente en el país.
Ante esto es lógico que Gabriel Boric entienda que su rol político es mucho más importante que el de otros presidentes elegidos anteriormente, al estar inserto en un momento de cambio de época. Como planteó en su primer discurso como presidente electo: «Defenderemos el proceso constituyente, que es motivo de orgullo mundial. Es la primera vez que escribimos una Constitución de forma democrática. Cuidemos este proceso para que sea una Carta Magna fruto del acuerdo y no de la imposición».
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Siendo coherente con tal declaración, es muy destacable que a la primera persona que haya llamado Boric, luego de enterarse de los resultados de la segunda vuelta, fuera a la presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncón; una muy buena señal de lo que vendrá en el futuro para el desarrollo del proceso en curso.
Asimismo, la visita de Gabriel Boric a la Convención Constituyente dos días después de su elección, marcó una clara diferencia con Sebastián Piñera, quien no solo no fue capaz de asistir a un espacio tan importante para el futuro del país, sino que incluso lo entorpeció y trató de influir sobre él con declaraciones sobre algunos contenidos de la nueva Carta fundamental.
Por el contrario, Gabriel Boric ha sido cauto en sus declaraciones respecto a la Convención Constituyente. Ha dicho que no será pautada por el presidente, porque sabe que su rol es acompañar el proceso, respetando siempre su autonomía y la capacidad de ese órgano para funcionar de manera independiente al poder constituido.
En consecuencia, la responsabilidad que tendrá el nuevo presidente es enorme, pero estará sostenida no solo por un partido político, coalición o sector determinado, sino por millones de chilenas y chilenos que exigieron ser parte de la construcción de un nuevo Estado, como también por cientos de organizaciones sociales que pusieron en el centro la defensa de los Derechos Humanos y de la Naturaleza.
Por lo mismo, el cuidado y apoyo ciudadano en los próximos meses hacia la Convención Constituyente es clave, ante la campaña de desprestigio de grandes medios de información y de una derecha en ruinas, a la que solo le queda denigrar a base de mentiras al órgano más inclusivo, participativo, vinculante y universal que hemos tenido.
Elisa Loncón (Foto: Cristian Soto Quiroz)
Podrán decir muchas cosas de la Convención Constituyente, pero es por lejos el espacio institucional que más se parece a Chile en toda su diversidad. Como país, nos mal acostumbraron con instituciones ilegítimas y autoritarias, hechas por y para las élites, que dejaban fuera a la gran mayoría y obligaban a subordinarnos así a normas y códigos jurídicos elaborados a la medida de unos pocos.
Además, es muy destacable de parte de la Convención Constituyente, en lo que respecta a democracia participativa, las instancias previas a la redacción de la nueva Carta Magna, como son: la iniciativa popular de norma, los encuentros auto-convocados, las audiencias públicas obligatorias, la cuenta popular constituyente, las jornadas nacionales de deliberación, los foros deliberativos, los cabildos comunales, la semana territorial, el plebiscito dirimente y la consulta indígena.
En definitiva, somos testigos y parte de un proceso político completamente distinto e inédito a lo que hemos vivido como chilenos por siglos, y que seguramente romperá con un Estado secuestrado por las élites económicas nacionales e internacionales desde la Constitución Portaliana de 1833 en adelante, la cual sentó las bases para imponer en el país un orden completamente excluyente y negador de la pluralidad existente.

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Segundo trimestre de 2021: rebrotes, protestas y un Congreso

El segundo trimestre del año empezó con malas señales. En abril, varios municipios de la provincia de Matanzas comenzaron a reportar casos de pacientes fallecidos por una neumonía de rápido desarrollo, ante la cual los PCR arrojaban resultados negativos. Las autoridades sanitarias desmintieron que algo así estuviera sucediendo y negaron estar realizando investigaciones en el terreno.
El día 5, después de investigar con pobladores de las zonas afectadas y familiares de los fallecidos, publicamos un llamado a las autoridades competentes para que aclararan los hechos e informaran a la ciudadanía. Como de costumbre, fuimos tildados de propagar rumores e intentar causar pánico, aunque por muy poco tiempo.
En la tarde del 7 de abril, el Gobierno Provincial de Matanzas publicó en su página de Facebook los resultados de un estudio poblacional, que reveló la existencia de cinco variantes de SARS-CoV-2 y seis patrones mutacionales circulantes en Cuba. En el caso de Matanzas, confirmó la presencia de las variantes conocidas como la sudafricana, la de California, Estados Unidos y la de Wuhan. La información publicada por las autoridades sanitarias desmentía lo que supuestamente los voceros oficiales y oficiosos estaban «desmintiendo». Era el inicio de la segunda ola del coronavirus, que causaría miles de muertes.
A mediados del propio mes, y luego de cuarenta años de prohibiciones, el gobierno cubano aprobó el sacrificio de reses por parte de los ganaderos. También la comercialización de leche y otros productos derivados. La resolución pertenecía al paquete de 63 medidas para estimular la producción de alimentos en la Isla.
Según explicó el ministro de Agricultura, Ydael Pérez Brito, «los productores podrán comercializar la carne bovina, o utilizarla como autoconsumo, una vez cumplidos el encargo estatal y siempre que garanticen que no haya decrecimiento de la masa ganadera». Dos meses después, el 5 de junio, se sacrificaban de forma oficial —y casi con solemnidad religiosa— las primeras reses.
También a mediados de abril sesionó el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en el cual se renovaron los máximos cargos. Siguiendo con la tradición de sus dos predecesores, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez fue nombrado primer secretario del PCC, con lo que nuevamente se concentraron en una persona el poder partidista y el de la presidencia.

Descargar aquí: «El 8vo. Congreso del Partido Comunista de Cuba: retos y resultados».
Uno de los nombramientos más sorpresivos de la reestructuración del Buró Político del CC-PCC, fue el de Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, presidente ejecutivo del Grupo de Administración de Empresas (GAESA). El militar, quien fuera yerno del general Raúl Castro, fue presentado como asesor del presidente en la visita gubernamental a México, durante la cumbre de la CELAC en septiembre de este año, y en octubre resultó electo diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio villaclareño de Remedios. Pasó, en solo seis meses, del casi total anonimato a la palestra pública.
El 25 de abril, el artista Luis Manuel Otero Alcántara inició su segunda huelga de hambre y sed, luego que las autoridades destruyeran o decomisaran algunas de las obras que había preparado para una exposición con motivo del día de los pioneros. Exigía, además, el cese del cerco policial a su vivienda y de la represión contra la libertad de creación. Una semana más tarde, un operativo de la Seguridad del Estado lo sacó de su domicilio por la fuerza y lo internó en el hospital «Calixto García».
Durante el internamiento del líder del Movimiento San Isidro, fueron exhibidos en televisión nacional los supuestos resultados de sus análisis médicos. Aunque según dichos exámenes gozaba de perfecta salud, le fue negada el alta médica hasta finales de mayo, cuando la Dirección Provincial del Ministerio de Salud Pública de La Habana emitió un comunicado según el cual todos sus parámetros clínicos y de laboratorio ya estaban «dentro de los rangos normales».
La huelga de hambre del activista devino detonante de las protestas de la calle Obispo, el 30 de abril. Trece personas fueron detenidas mientras intentaban llegar al domicilio de Otero Alcántara, en la calle Damas 955, entre ellos el joven socialista Leonardo Romero Negrín, apresado violentamente por levantar un cartel con la frase «Socialismo sí, represión no». Sería esta la segunda manifestación con relevancia mediática en el año, aunque no la última.

En el plano deportivo, los últimos días de mayo fueron testigos de un nuevo récord impuesto por un atleta cubano: el pelotero César Prieto desertó del equipo Cuba al poco tiempo de llegar a la Florida para el Preolímpico de Béisbol de Las Américas, lo que generó una lluvia de memes y burlas.
Como parte del rosario de situaciones difíciles de comprender asociadas a la economía cubana, a partir del 21 de junio el Banco Central de Cuba (BCC) suspendió los depósitos bancarios en efectivo de dólares estadounidenses. La medida fue tomada, según explicación oficial, porque en poder de las instituciones bancarias había demasiado efectivo en esa moneda; aunque paradójicamente, pocos días antes, las Casas de Cambio (CADECA) de los aeropuertos habían cancelado la venta de efectivo en esta divisa por carecer de «disponibilidad».
Se mantuvo igualmente la prohibición que impide a los cubanos extraer dólares de sus cuentas personales en esa moneda porque, al decir de Yamilé Berra Cires, vicepresidenta del BCC, ese dinero está «comprometido» y no se puede volver a cambiar.
La medida, supuestamente temporal, ha incrementado el mercado negro de divisas y el aumento y volatilidad de las tasas de cambio, lo que afecta directamente al pueblo, cada vez más limitado para acceder a los productos básicos, solo disponibles en MLC.
Junio cerró con un logro de la ciencia cubana: una eficacia de 92.28 % para el candidato vacunal Abdala, desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), tras la aplicación de sus tres dosis. Quince días más tarde se anunció que Soberana 02 en su esquema de tres dosis junto a Soberana Plus tenía una eficacia del 91,2%, lo que puso a ambas vacunas cubanas entre las primeras en eficacia del mundo.

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Primer trimestre de 2021: los manotazos del ordenamiento

Como si fuera una película de ciencia y ficción post apocalíptica, 2021 es el segundo año de la gran pandemia. Durante sus doce meses, en Cuba hubo carencias económicas, crisis sanitaria, descontento social, recrudecimiento de las medidas unilaterales coercitivas de Estados Unidos, arbitrariedades políticas, económicas y sociales, así como la tan esperada campaña de vacunación antiCovid-19.
De la misma forma que sucede desde hace tiempo, el 1ro. de enero llegó cargado de expectativas: era el día cero de la tan esperada «Tarea Ordenamiento», que se acometió, según el Presidente de la República, «para impulsar a la nación, para ordenar la economía, para hacerla más transparente, para superar la mentalidad importadora y propiciar la exportadora, para buscar la eficiencia, para distribuir, de acuerdo con el principio socialista». Sin embargo, un año después de su puesta en marcha mantiene al país sumido en la mayor inflación desde los aciagos tiempos del Período Especial.
A solo veintisiete días de iniciado 2021, y a dos meses de los sucesos del 27 de noviembre, artistas, periodistas e intelectuales participaron en una nueva protesta frente al Ministerio de Cultura. En esa fecha estaba pactada una reunión entre el viceministro del sector, Fernando Rojas, y representantes del movimiento 27-N.
No obstante, desde temprano, los artistas y activistas Tania Bruguera, Katherine Bisquet, Amaury Pacheco, Camila Acosta y Camila Lobón —quien debía participar en el encuentro—, fueron detenidos. Al conocer la noticia, alrededor de una veintena de personas se congregó en la sede ministerial.
El viceministro Rojas les pidió que despejaran el área o pasaran al interior del edificio, pero ellos se negaron exigiendo la liberación de los detenidos. En respuesta, funcionarios del Mincult salieron a interpelar a los presentes, usando las consignas de moda. Entre ellos estaba el ministro Alpidio Alonso, quien intentó arrebatarle de un manotazo el celular al periodista Mauricio Mendoza. La imagen ha quedado como símbolo de aquellos sucesos.
Luego de ser reprimidos por las fuerzas policiales, que también establecieron un cordón para evitar que se sumaran más personas, los manifestantes fueron montados en un autobús y sacados del lugar. Como es costumbre en estos casos, se cortaron las transmisiones y la conexión a Internet comenzó a fallar.
Desde el discurso oficial se hizo énfasis en la palabra «provocación» para calificar a los manifestantes, y la actitud de Alonso, que en cualquier otro contexto le hubiera costado el cargo, fue debidamente justificada por el gobierno.
Otra protesta marcó el mes de febrero. En esta ocasión, fueron los activistas por los derechos de los animales quienes se presentaron frente al Ministerio de Agricultura clamando por la injustificadamente postergada Ley de Bienestar Animal, que debía aprobarse desde noviembre de 2020.
Más afortunado fue este intercambio entre animalistas y funcionarios, que transcurrió con algunas tensiones. Ocho días después, casualmente también 27, se anunciaba que el decreto había sido aprobado. Las críticas a la anuencia apresurada debido a la presión social, no se hicieron esperar. A pesar de la aprobación, el contenido del documento no se conoció hasta pasados dos meses.
El ideal de una «norma jurídica de rango superior que propicie el bienestar animal y en la cual están recogidas y contempladas todas las inquietudes y requerimientos de los amantes de los animales en Cuba», no fue satisfecho, dado que la ley tiene vacíos y no pocas ambigüedades.
El 9 de febrero, La Joven Cuba dirigió una carta abierta al presidente norteamericano Joe Biden, exigiendo el fin de las sanciones económicas y la normalización de las relaciones entre ambas naciones. La misiva, que levantó asperezas en los sectores más reaccionarios de la sociedad, contó con la rúbrica de 302 científicos, intelectuales, artistas y emprendedores de dentro y fuera de la Isla.
«Sabemos que Estados Unidos no es el único responsable de los problemas que enfrenta el país. Sin embargo, las sanciones económicas, financieras y comerciales que nos han impuesto durante 59 años han hecho muy difícil superarlos en sus dimensiones económica y política», planteaba el documento. 
«Le pedimos al gobierno de Estados Unidos que comience a normalizar relaciones con Cuba. Esto ayudará a todos los sectores de la sociedad cubana y abrirá oportunidades de inversión para Estados Unidos en Cuba. Le pedimos a usted personalmente que tome acción ejecutiva y alivie las sanciones para darle al pueblo cubano una verdadera oportunidad en su búsqueda de la felicidad», concluía el mismo.
La respuesta de la Casa Blanca nunca llegó.
Por otro lado, el 18 de marzo, la periodista Karla María Pérez González regresaba de Costa Rica luego de concluir sus estudios en ese país. Cuatro años antes había sido expulsada de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas por colaborar con el blog de la organización opositora Somos+.  Su regreso a la patria quedó tronchado en el aeropuerto Internacional de Tocumen, en Panamá, cuando las autoridades cubanas le impidieron abordar su vuelo. Karla, con solo veintidós años, se convertía así en una desterrada.
Su caso, exento de toda legalidad y una clara violación de derechos humanos, movilizó la solidaridad tanto dentro como fuera de Cuba. Costa Rica le permitió regresar luego de horas de un limbo migratorio y le concedió el estatus de refugiada en agosto.
La respuesta oficial —¡para variar!— fue catalogar los sucesos como un «show mediático». En conferencia de prensa, Yaira Jiménez Roig, directora de Comunicación e Imagen de la Cancillería cubana, acusó a Karla de ser un instrumento, «no es la primera vez que es utilizada (…). Ahora sencillamente pretenden reinstalarla en el país en función de propósitos subversivos». El gobierno se lavó las manos, sin importarle el bienestar de una de sus ciudadanas ni la opinión nacional e internacional.
Este primer trimestre marcó el ritmo de 2021 y sembró las bases para el descontento social que desembocaría en las protestas de julio y en la crisis sanitaria que colapsó el sistema de salud durante el verano.

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Mensaje a la nación

Culmina el 2021 y es la hora del recuento, es decir, de volver al cuento de hacer posible lo imposible. Me dirijo a mis compatriotas, yo, que no me dirijo ni a mí mismo, para hacer el balance de un año en el que comenzamos decreciendo en un 13,4 % ―tanto, que si marcábamos en una cola nadie nos veía― y terminamos en dadivosa, caritativa, espléndida, para no decir franca recuperación.
Las tensiones con que hemos enfrentado la ejecución del presupuesto ―ejecutado con todas las garantías judiciales―, han tenido del otro lado de la balanza la reafirmación de nuestros mecanismos democráticos. Lo constatamos ayer en la elección de esas dos muchachitas para que integraran el Consejo de Estado. Para próximos periodos de sesiones tendremos en cuenta no dejar de un día para otro el anuncio de los resultados de votaciones tan reñidas como estas, donde cada candidata tuvo que luchar en batalla campal contra su propio yo.
Cuántos paisanos habrán renunciado a dormir sufriendo la posibilidad de que alguna de ella no fuera elegida para ocupar esa responsabilidad, cuántas uñas dilapidadas por no demorar un poco la comida de nuestros diputados tras la riqueza e intensidad de los análisis.
Entre los objetivos priorizados del Plan de la Economía 2022, buscamos avanzar hacia un proceso de estabilización macroeconómica, y en eso no habrá problema alguno, pues no creo que pueda caerse más bajo. Recuperaremos el papel del peso cubano, convirtiéndolo en pulpa. Que nadie piense que dicho mazacote lo emplearemos para aliviar el déficit de libretas de abastecimiento y control de productos alimenticios, pues estas, como venimos prometiendo hace décadas, desaparecerán definitivamente y serán sustituidas por un software incorporado a los móviles que permitirá seguir en vivo las veleidades de la entrada a la bodega de los productos que presenten ciertas dificultades.
El Sistema Electroenergético Nacional tocó fondo también en el 2021, pero vamos en camino de transformar la matriz energética de un país que no puede darse el lujo de desaprovechar la porquería que se habla y se come en reuniones, foros, encuentros y congresos y que puede ser convertida en electricidad.
En cuanto a la inflación galopante y contumaz, debemos desterrar el concepto de que la tarea Ordenamiento fue la culpable. ¿No entienden que hay gente mala, muy mala, esperando a que uno se preocupe por ustedes, los oriente y hasta les ponga los productos en las tiendas, para comprarlos y que se pierdan, a pesar de los precios que les ponemos nosotros?
Ya se imparten indicaciones a los especialistas del Ministerio de Comercio Exterior para que prioricen la adquisición de papel celofán en los mercados internacionales. Con el papel celofán podremos retomar la producción de caramelos, que incentivará a su vez las visitas al Parque Lenin, las matrículas en los círculos de interés de Pedagogía de su Palacio de Pioneros, la graduación de más profesores emergentes y un mejor proceso educativo para que nuestra población cuente con armas lingüísticas en pos de convencer amorosamente a los vendedores de que renuncien a un determinado nivel de ganancia.
Esa no se la sabían ni Adam Smith ni David Ricardo, dos de los exponentes de la economía clásica inglesa de los siglos xviii y xix, cuando plantearon la interacción entre comercio y crecimiento económico y la ley de los rendimientos decrecientes.
Claro que para encumbrar la producción de caramelos, chocolates, durofríos y otras golosinas se requiere de la elevación de la producción azucarera, la que nos hemos empeñado en salvar parando en seco un declive del que son responsables las bandas contrarrevolucionarias que desde los sesenta colmaron de ceniza los campos con la quema de los cañaverales, y los gobiernos de turno que en la fallida República le antecedieron. La Dirección Nacional de los CDR ha tenido el tino de convocar a la creación en los barrios de pequeños trapiches impulsados por los que hoy pierden su tiempo jugando dominó a la vera de la tolerancia pública.
Con esa innovación y muchas otras hemos enfrentado este difícil año a base de ciencia y de conciencia. Comparto en este mensaje a la nación el parecer de un periodista que ha dicho que los logros de Cuba son comparables o tal vez de un alcance histórico superior a los del decisivo año 1961, cuando se declaró el carácter socialista de la Revolución. ¡Podrán nuestros enemigos cuestionar la Revolución, podrán dudar de nuestro socialismo, pero no podrán poner en solfa jamás nuestro carácter!
Es tanto el interés por mi llamado a ser innovadores, que ese propio periodista ha escrito, refiriéndose al reciente periodo de sesiones de la actual legislatura, sobre «la aprobación de leyes que atienden los problemas de hoy y que se hacen carne en la población». ¿Cuánto no pudiéramos lograr si convertimos en Combinado Cárnico al Palacio de las Convenciones? El próximo 2022, para envidia de las economías en desarrollo, Cuba crecerá un cuatro por ciento.
¿Imaginan ese incremento hecho carne? De ahí que como parte de la bienaventuranza con que llegará enero será inaugurado ―en conjunción poética de lo que significa esta batalla por un sistema de gobierno de ciencia e innovación y lo triunfante del año que concluye― el Instituto Superior de la ANIR Victoria de Waterloo.
Se acaba el año, es cierto, como se han acabado el café, el aceite, los cigarros, la carne de puerco… El año se acaba, ¡pero no lo hará nuestra voluntad de racionarlo para que alcance equitativamente!

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Mensaje navideño

Queridos lectores:
Aun cuando en no todos los casos la fe religiosa es el centro de la celebración de este día, la Navidad es en Cuba, como en casi todo el mundo occidental, una fecha para encuentros entre familia y amigos.
La de 2021 es especialmente difícil, tanto como el año que la ha precedido. En las mesas de muchos cubanos escaseará el buen alimento, así como habrá no pocas sillas vacías. En estos meses hemos visto partir a personas muy queridas, cuyas pérdidas ensombrecen ese espíritu navideño; también las carencias económicas que nos acechan hacen que cada vez esté más lejos el ideal de vida digna y medianamente confortable con el que todos soñamos.
Nuestro equipo quiere mostrar su cercanía con las familias de los presos políticos que hoy añoran estar juntas, así como con aquellas que desde la zozobra esperan tener noticias del hijo que ha emigrado. Igualmente, queremos agradecer a los científicos, médicos, enfermeras, personal de salud y colaboradores que durante todo el año no han abandonado sus puestos de trabajo ni se han rendido ante el dolor.
Pese a que hoy vivimos días difíciles, no perdamos la esperanza en un futuro mejor para nuestra Patria, construido con todos y para el bien de todos. Reunámonos en estos días a celebrar la vida, tomemos un descanso de tantos sinsabores y preparémonos para empezar un 2022 que, sin lugar a dudas, vendrá lleno de sorpresas. ¡Aquí seguiremos!
Con mucho cariño los abraza,
Equipo de La Joven Cuba

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Lo que un día fue, no será

Cuando mi pueblo nació, a mediados del siglo XIX, hacía más de cincuenta años que el ingenio estaba ahí. Desde entonces comenzaron a crecer juntos, entrelazados. La prosperidad de uno marcaba la del otro. De la pequeña fábrica llamada Santísima Trinidad, que competía con un puñado de trapiches similares, pasó a ser, finalizada la centuria, el Central Josefita, único del municipio y principal fuente de trabajo de cientos de personas.
A él acudían abuelos, padres e hijos, en una suerte de procesión generacional que unía a los hombres con la industria. El humo de su larguísima chimenea, el silbato que marcaba las horas, el olor a caña molida y azúcar, eran parte del pueblo, tanto como las calles, las aceras y los parques.
Así fue hasta que un día de 2003, después de más de doscientos años de rentabilidad, el Josefita —rebautizado Manuel Isla en honor a un héroe local muerto en el asalto al cuartel Moncada— apagó sus máquinas y hoy no es más que un ruinoso esqueleto.
El nuestro fue de los centrales caídos en un campo de batalla conocido como «Tarea Álvaro Reynoso». Su cierre, como el de otras setenta fábricas de azúcar, no solo dejó a miles de hombres y mujeres sin el trabajo habitual, sino que arrancó de cuajo el sustento espiritual de un país que, para bien o para mal, se movía al ritmo del azúcar de caña. De los 156 centrales operativos en 1959, sobreviven 56, y solo 38 de ellos molieron en la zafra 2020-2021.
Después de más de doscientos años de rentabilidad, el Josefita apagó sus máquinas y hoy no es más que un ruinoso esqueleto. (Foto: José Manuel González Rubines)
Para encontrar pueblos fantasmas en Cuba, desde el año 2002 solo hay que guiarse por las chimeneas sin humo de los centrales muertos.
No obstante ahora, con el entusiasmo de quien llegó de pronto y encontró una realidad inesperada, el III Pleno del Comité Central del Partido Comunista ha acordado, providencialmente, «salvar» la agroindustria azucarera. Ya se han hecho estudios, trazado estrategias y establecido metas. Como es habitual, el presidente ha llamado a un «cambio de mentalidad» y sentenciado una verdad cardinal y novedosa: «Si no hay caña no habrá ni azúcar ni derivados». Todos estaban de acuerdo y aplaudieron alegres, como si pudieran paladear el sabor del azúcar por producir.
Un amigo, veterano trabajador de nuestro fallecido central, se preguntaba cuando supo la noticia: «¿Salvar la industria azucarera de quién? ¿De ellos mismos, no? Ellos fueron los que la convirtieron en chatarra».
Y no es injusto quien piense de ese modo, pues entre los altos dirigentes que se «sorprendieron» al saber que el azúcar no solo es parte indisoluble de la nacionalidad cubana, sino que también es un producto exportable, de esos que en nuestra economía no sobran, y aplaudían el nuevo afán salvador; están muchos de los que hace veinte años apoyaron la sentencia de muerte de la referida industria.
Viéndolos tan optimistas en sus bonitas guayaberas, recuerdo otra escena igual de chocante de hace un par de meses: un reportaje en el NTV daba cuenta del «resurgimiento» de algún barrio vulnerable de La Habana y presentaba como un tremendo logro que se estuviera terminando la construcción de un edificio multifamiliar, cuyas obras habían iniciado, nada más y nada menos, que en 1987.
Este arte de «sorprenderse ante lo cotidiano» no es ni remotamente nuevo por estos lares, como tampoco lo es el de enmendar o desechar estrategias estudiadas y aprobadas, rectificar rectificaciones u ordenar ordenamientos. Sin embargo, válido es preguntarse qué pudiéramos hacer nosotros, los que sufrimos estás idas y venidas de los humores del poder, para desterrar tales prácticas que tanto nos afectan.

En otros países el mecanismo para premiar o penalizar la administración pública es el de las elecciones: si un partido o un candidato no cumple con lo que de él se espera, pues tampoco podrá aspirar a ser reelegido. Por supuesto, no es este el «ungüento de la Magdalena» que salva de todos los males, dado que también puede generarlos, como es el caso, por ejemplo, de Bolsonaro en Brasil.
Otro mecanismo efectivo es el ejercicio del periodismo, ante cuyos ojos escrutadores no valen consignas ni buenas intenciones, sino resultados concretos. También son comunes las protestas populares como forma de presión, algunas de las cuales terminan en procesos loables, como la constituyente en Chile y la reciente elección del joven presidente de izquierda Gabriel Boric.
Sobre cualquiera de estas vías pesan en Cuba prohibiciones, lastres y estigmatizaciones que les impiden desarrollar la función social a la que están llamadas. La participación y el control popular son intrínsecos al socialismo, o deberían serlo. Entonces, la política y la administración pública no pueden ser materias ajenas a la ciudadanía, dado que tampoco le son ajenos los efectos nefastos de las malas estrategias.
En el camino de dejar la política en manos de un grupo selecto de «iluminados», hemos perdido la industria azucarera, la ganadería, la carne de cerdo y ahora vemos como nuestro dinero tiene menos valor que nunca, mientras en las tiendas en MLC —que no renuncian a sus ganancias en beneficio del pueblo, como se pide que hagan los empresarios y comerciantes privados— están muchas de las cosas que necesitamos para tener un mínimo de dignidad y confort.
Compete a cada uno de nosotros ser más ciudadanos y menos súbditos. Presenciando escenas como las del III Pleno y otras que demuestran esos dulces olvidos y simpáticos asombros, resuena en mis oídos el estribillo de la canción de José José que algunos chóferes de ómnibus se empeñan en no dejar morir: «lo que un día fue, no será». ¿Hasta cuándo vamos a permitirlo?

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