HAVANA CLIMA

Katherine Bisquet

Artivistas cubanas en Madrid: “Estamos construyendo nuestra propia narrativa”

MIAMI, Estados Unidos. – Yanelys Núñez, Katherine Bisquet y Solveig Font son tres artistas y activistas (artivistas) cubanas exiliadas en España que se han negado a perder el vínculo con el arte que se gesta desde/hacia la Isla. 
Mientras que Núñez se convirtió en una de las caras más visibles de la campaña contra el Decreto 349 y la 00 Bienal de La Habana, Bisquet y Fong expresaron sus puntos de vista sobre el arte y el activismo no solo como parte de sus obras, sino en las calles como parte de la comunidad artística cubana independiente. 
Las tres tuvieron que marcharse de Cuba debido a su activismo político y viven hoy en Madrid, donde continúan trabajando por los derechos humanos en la Isla.
Arte y artivismo
Núñez se exilió en Madrid en marzo de 2019 “después de haber sufrido varios años de persecución política” por su trabajo como comisaria de arte y como parte del Movimiento San Isidro, que le costó arrestos, decomisos, registros ilegales y otras formas de hostigamiento.
Desde Madrid, asegura que confía “en las posibilidades que tiene el arte para sensibilizar, movilizar e impulsar acciones en los espacios público, privado y on-line. (…) Creo que en el caso de Cuba el arte ha aportado mucho: en los últimos años ha sido la comunidad artística quien más ha estado al frente de las movilizaciones ciudadanas”, aseguró. 
Por su parte, Solveig, quien logró salir de la Isla pese a estar pendiente a juicio por su participación en la protesta ciudadana del 11J, aseguró que cree “fervientemente en que el arte es la posibilidad de visibilizar, de gritar qué es lo que sucede en Cuba”.
Mientras, Bisquet recordó que en 2021 fue desterrada de su propio país debido a su activismo político y su posicionamiento en contra de la dictadura. “Durante varios años he estado en el epicentro de acciones que fueron parteaguas de la formación de una nueva sociedad civil en Cuba, como la Primera Bienal Independiente de Cuba, la campaña contra el Decreto 349, el acuartelamiento del Movimiento San Isidro, el 27N, el 27 de enero…”.
“Hoy no puedo regresar a Cuba, pero por supuesto sigo escribiendo, sigo investigando sobre el activismo poético, que ha sido de alguna manera mi manera de lucha y mi forma de libre expresión”, explicó.
Artivistas en Madrid
Font también considera que “España se ha convertido en la otra posibilidad” del exilio cubano. “En España ha sido un éxodo fundamentalmente de creadores. Es decir, hay una cantidad de actores, productores de cine, realizadores… Tenemos más herramientas para poder convertir el espacio de Madrid en un espacio de resistencia mucho más consolidado”, dijo.
“La comunidad está mucho más integrada también porque estamos afuera”, acotó.
Mientras, Bisquet está segura que todas siguen “cargando” con una responsabilidad que comenzaron a gestar dentro de Cuba. Pero ni el régimen de la Isla ni el Gobierno de España, importante socio de la dictadura cubana, contaban con la narrativa de las artivistas cubanas. 
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*Este trabajo fue realizado en colaboración con el Institute for War and Peace Reporting (IWPR).
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Katherine Bisquet: “Tenía que elegir, y yo siempre elegiré el amor”

LA HABANA, Cuba.- Luego de tres meses encarcelado e incomunicado en Villa Marista, el temido Departamento de la Seguridad del Estado cubana, a fines del mes de septiembre el artista Hamlet Lavastida fue obligado al exilio pero, para ello, coaccionaron también a su pareja, la escritora Katherine Bisquet Rodríguez. El destierro fue para ella la única posibilidad de salvarlo, “ahí radicaba la peor tortura”. En apenas cuatro días, Bisquet tuvo que hacer sus maletas y despedirse de quienes pudo, todo bajo la más estricta vigilancia de la Seguridad del Estado cubana, y también bajo discreción en lo que fue, según sus propias palabras, “el peor tiempo de mi vida”.
¿Cómo logras salir de Cuba y por qué? ¿Quiénes mediaron, participaron o apoyaron ese proceso? ¿Cuál fue el papel de la Seguridad del Estado cubana?
Empecemos entonces por el final. Digamos que no fue realmente un logro, fue una expulsión, una decisión tomada bajo la presión de la Seguridad del Estado sobre la excarcelación de mi pareja Hamlet Lavastida. La Seguridad del Estado se apoderó del capital del amor, del compromiso de un ser humano con otro, y de la sensibilidad. Sobre todo, eso, la Seguridad del Estado desplegó un recurso tan vil como el chantaje sobre los dolientes, los seres más cercanos a Hamlet, y nos hizo saber que su excarcelación sería posible solamente con mi salida del país.
En ese proceso me imagino que la Seguridad del Estado no tendría prueba alguna para inculpar a Hamlet, y el término procesal para la investigación no debía sobrepasar el tiempo mínimo (tres meses) de la sentencia de un delito común como “instigación a delinquir”, delito que se le imputaba a Hamlet de manera oficial, y que incurría en la sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas. Entonces, digamos que este teatro debía terminar en algún punto, según sus propias leyes. Pero esto no es garantía en lo absoluto de nada, la ley en Cuba no es garantía de nada, y no nos protege.
Las autoridades en Cuba tienen total impunidad para hacer cualquier cosa en nombre del Estado y bajo la justificación de la protección del Partido. Entonces el ciudadano cubano no es nada, un ser desprovisto de todos sus derechos, hasta de su propia identidad. Somos seres nadando en la ilegalidad. Y eso nosotros lo teníamos bien claro. Había cambiado el contexto en Cuba después de las protestas del 11J, la represión había aumentado, y la ilegalidad y la arbitrariedad eran y son dos armas que la Seguridad del Estado iba a usar en su totalidad con el fin de buscar un culpable. Somos eso para el Estado cubano, posibles culpables. Entonces, con Hamlet podía pasar cualquier cosa, de igual manera conmigo. Ellos prefirieron sacarnos del terreno nacional. La paranoia del régimen sobre la posibilidad de que nosotros podríamos seguir sensibilizando y sumando gente a defender sus derechos era simplemente inadmisible. Y ante la campaña que se les venía encima sobre el presidio de Hamlet y la represión sobre mujeres como Carolina Barrero, Tania Bruguera, Camila Lobón o yo, prefirieron chantajearnos y presionarnos para que saliéramos del país. En mi caso, bajo la tortura de extenderle el tiempo de presidio de Hamlet.
¿Cómo fue tomar esa decisión? ¿Cómo fue la despedida tanto de tu patria como de tus amigos y familiares? ¿Qué dejaste detrás, en Cuba?
Cuando se toma una decisión así, bajo la desesperación, no queda margen para racionalizar nada. Solo tuve cuatro días desde que me dieron la visa para hacer las maletas y despedirme de los amigos que tenía a mano, para dejar a mi gata de 15 años, para regalar cada cosa que significara algo para alguien, para botar el resto. Saqué un pasaje de inmediato, un día que me demorase significaba un día más de presidio para Hamlet. En esos cuatro días me deshice de casi todas mis cosas y llené dos maletas con algunas otras que pudiera recordarme todo lo vivido.
Mi familia vive en provincia, mis tíos, abuelos, no pude despedirme de ninguno de ellos. Mi madre estaba en Cuba en ese momento, tampoco pude tener casi tiempo con ella ya que se encontraba en casa de mis abuelos, quienes están bastante delicados de salud. Fue un tiempo para no pensar en nada, solo en la premisa de tener que salir lo más rápido posible para poder salvar a alguien. Es terrible tener esa sensación, o que te la pongan encima, la responsabilidad de tener que salvar a alguien. Eso me lo hicieron creer por mucho tiempo, y ahí radicaba la peor tortura. No podía dormir, no podía escribir, ni leer, ni disfrutar de nada en lo absoluto. Ha sido el peor tiempo de mi vida. El tiempo de tener el mayor peso del mundo sobre mis espaldas. Tenía que elegir, y yo siempre elegiré el amor, es lo único que me ha salvado siempre.
Foto cortesía de la autora
Fundamentalmente desde el acuartelamiento en San Isidro, en noviembre del 2020, la Seguridad del Estado recrudeció la represión contra el MSI. ¿Cómo fueron esos meses para ti? ¿Qué experiencias tuviste y cómo fue el tener que afrontarlas?
Fue un tiempo casi en su totalidad bajo prisión domiciliaria, o como bien se le podría denominar “privación ilegal de la libertad”. Mientras, desde adentro, desde ese presidio se sufre la represión con mayor desesperación. Te acomete la locura y la pérdida de la realidad, del tiempo, no se sabe de un término, una fecha para la culminación de ese encierro. Un día cualquiera te levantas con las ganas de salir, de tomar un poco el sol, y en los bajos de tu casa hay parqueadas dos patrullas y no sabes por qué, entonces nos queda la opción de mirar las noticias en Facebook para ver qué está sucediendo, y en efecto, puede que esté sucediendo en ese momento una protesta en la provincia de Matanzas, nada que justifique ese sitio policial, entonces uno entiende que su mera existencia es un peligro para el régimen, nada de lo que pueda suceder en la isla es justificación para eso, para la represión, pero el hecho de que tu sensibilidad o empatía te alcance para protestar y oponerte a la injusticia es suficiente para ser tachado de provocador y culpable de cualquier cosa.
Uno sufre más cuando le represión está puesta sobre los cuerpos que uno ama que sobre uno mismo. Porque cuando está en uno mismo se puede controlar, se puede medir, como los síntomas de una enfermedad. Cuando está afuera, cuando está sobre otros, la impotencia, la fuerza y el grito contenido no caben en unas palabras, en un post en Facebook. Dan ganas de tomar ese lugar, el lugar del reprimido, y sientes la injusticia en mayor escala, ya has sentido ese peso y sabes bien lo que cuesta y lo que pesa. Entonces te aferras a lo único que tienes, tu propio cuerpo y libertad personal, y repites como un mantra el ejercicio de salir de la casa y ser conducido en una patrulla hasta una estación de policía. No hay nada de soberbia en ese hecho, ni se trata de un simulacro para mostrar en escena un acto absurdamente represivo, es más una cuestión de obtener uno mismo un poco de justicia mental, una gota de libertad que se reivindica en el arranque, en la pasión, en la pérdida del miedo. Así eran mis días, los días tuyos, los días de muchas mujeres, eran días de agobio, días de naturalizar algo que es inadmisible en cualquier parte del mundo, días de perder muchas cosas, días de reservar lo poco que le queda a uno para poder seguir viviendo, la imaginación y la alegría.
Supongo que todavía estés asumiendo ese destierro y reorganizando tu vida, ¿algunos planes para el futuro? ¿seguirás escribiendo?
Tengo muchos planes, los mismos que he tenido siempre, seguir escribiendo, seguir estudiando, seguir conociendo personas, seguir creciendo. Esta vez quisiera escribir algo mucho más grande, no sé si una novela. Necesito expulsar toda la mierda que viví en Cuba, y todo lo que gané y aprendí al lado de mis amigos. El destierro lo asumo como algo natural, soy consecuente con eso. Cuba es un país que ha desterrado a todos sus hijos. Todos los cubanos que me rodean aquí en el exilio son desterrados también, porque el solo hecho de que tu existencia sea imposible en ese país y tengas que verte en la obligación de irte sin idea de retorno no es más que otro tipo de destierro. Lo veo de esa manera, gente huyendo hacia todas partes, y gente luchando para que eso no siga sucediendo. Yo seguiré en ese bando, en el bando de los que no se cansan y siguen viendo la posibilidad de la libertad.
En Cuba desarrollabas tu activismo contra la dictadura como parte del MSI; ¿continuarás denunciando al régimen cubano? ¿De qué manera?
En realidad, hago activismo desde mi individualidad, no desde ningún grupo o movimiento. El MSI como el 27N son mi familia, mis amigos, mi gente. Y yo siento que fluyo desde cualquier lado, desde mí, desde estos grupos, desde cualquier otro grupo que se pueda formar. Esa es la libertad que he defendido siempre, la libertad personal. Y siento la comodidad y la pertenencia con estos grupos culturales porque se tratan de nacimientos que yo misma pude presenciar y del crecimiento en el que también pude abonar algo.
Todas nuestras creaciones deben dejar de ser de nosotros mismos, solo así tienen poder sobre otros. Pasan de ser algo objetivo y físico a convertirse en una idea, un sentimiento, una inspiración. En esa mutación radica el éxito de estos grupos, que dejan la forma tácita organizativa como forma de resistencia en un momento específico y se desintegran y forman nuevas cosas, pasan a ser referentes, a ser ensayos, experiencia acumulada. Hoy vengo a Berlín con el MSI y el 27N adentro, eso nadie me lo quita. De aquí en lo adelante puede pasar cualquier cosa, puedo fundar un partido político, puedo integrarme a otro grupo, puedo dedicarme a criar gatos, puedo ponerme a escribir una novela. No tengo garantía de nada, porque siempre he actuado por impulsos, dado a mi sensibilidad y empatía.
De lo primero que tenemos que librarnos es de la cárcel de nuestras propias mentes y de la cárcel imaginativa que te pone la opinión pública. Ya mi vida inevitablemente ha estado demasiado expuesta porque así ha tenido que ser, para poder sensibilizar y hacer llegar mis conflictos a otros. Muchas veces uno es presa de su propia narrativa y crea un falso compromiso social porque cree que eso es lo correcto. Yo siempre he ido en contra de eso, porque soy muy fiel a lo que siento, y creo ser consecuente con mi sinceridad. Por tanto, lo que hago, lo que he hecho y lo que haré, será desde lo personal, no desde la grandilocuencia de un pensamiento. Voy a las simples cosas y los seres humanos específicos. Voy a lo que puedo lograr, a lo que puedo defender y a lo que puedo amar.
Las experiencias de vida, sobre todo las más crudas, suelen marcar a las personas. Tanto Heredia como Martí describieron el dolor del destierro en varios poemas o textos literarios. Como poetiza, ¿cómo describirías lo que significa ese destierro para ti?
Como un platicerio, carga con todas las raíces y con esas cosas que te vertebran…
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Desterrados de su destierro

A Hamlet Lavastida y Katherine Bisquet los han desterrado. Con ellos ya hay tres cubanos cuyos casos han trascendido, que son castigados —no condenados, puesto que ningún tribunal los juzgó— en lo que va de 2021 a la terrible pena que sufrieron nuestros patriotas del siglo XIX.
Primero fue la joven periodista Karla María Pérez González, quien el 18 de marzo pasado, después de terminar una estancia de estudios, quedó varada en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, en Panamá, sin patria adonde volver. Costa Rica, país del cual salía, le ofreció asilo.
Desde finales de junio, a su regreso de una residencia artística en Alemania, Lavastida fue arrestado por la Seguridad del Estado y recluido en Villa Marista bajo el cargo de «incitación a delinquir». El motivo: un mensaje en el chat privado de Telegram del grupo 27-N —mostrado por Humberto López en su espacio del NTV—, donde Hamlet proponía marcar billetes bancarios con logotipos del Movimiento San Isidro (MSI) y del propio 27-N, iniciativa que fue desestimada, por lo que nunca llegó a realizarse.
Su novia, la escritora y activista Katherine Bisquet, aseguró en un post en Facebook que durante los noventa días que Hamlet permaneció privado de libertad, ella sufrió, además de otras violaciones, prisión domiciliaria por sesenta y cinco días, situación en la que también se halla la activista Carolina Barrero desde el 23 de junio. Finalmente, Katherine afirma que su salida del país fue la moneda de cambio que le exigieron para liberar a su pareja.
Karla María Pérez González (Foto tomada de su perfil de Facebook)
¿Qué delito han cometido estás personas para merecer una pena que la mayoría de las naciones modernas rechaza? Ninguno, puesto que no hubo tribunal que los sentenciara.
¿Qué piensa esa pareja de jóvenes cubanos que merecen ser expulsados de su país por ello? No importa, da igual si creen que la Tierra es plana, que las vacunas son guarapo de caña o que los extraterrestres construyeron las pirámides de Egipto. Los derechos humanos universales, la Constitución del 2019, la civilidad establecida y la lógica más elemental, les garantizan libertad de pensamiento y expresión.
¿Es tan frágil el sistema cubano que no puede convivir con alguien que disiente —realidad absolutamente normal en cualquier lugar— y tiene que montarlo en un avión para enviarlo a miles de kilómetros de distancia? ¿Quién es el responsable de que estas actitudes medievales sucedan en un país cuya Constitución lo define como un Estado Socialista de Derecho? ¿No hay remedio para esta impunidad más propia de un feudo que de una república?
¿Ningún asesor del Gobierno se percata de que decisiones como estas no son solo ilegales y moralmente inaceptables, sino también contraproducentes en lo político? Sembrar odio en medio de un escenario interno y externo crispado como el que vive Cuba, abrir heridas a diestra y siniestra, radicalizar personas y sectores; es lo menos recomendable si se pretende resolver nuestros gravísimos problemas sin apelar a mayor violencia.
Hamlet Lavastida
¿Será —y no soy dado a las teorías conspirativas— que acaso lo que pretenden algunos es un estallido social más grande y feroz que el acontecido?
El análisis de lo sucedido este último año en la Isla permite percibir con facilidad cómo la situación ha escalado desde las acciones, aisladas y con poco arraigo popular, del MSI por estas mismas fechas del 2020, y la protesta frente al Ministerio de Cultura el 27 de noviembre, hasta llegar —sin calmas en el trayecto— a choques masivos como los del 11 de julio.
¿Qué sucederá el 20 de noviembre próximo si se realiza la protesta pacífica anunciada y para la cual miembros de la plataforma Archipiélago solicitaron permiso a las autoridades de varias provincias, acogiéndose al derecho constitucional a la manifestación?
¿Serían capaces los que desterraron a estos tres cubanos de repetir lo que sucedió en la plaza mexicana de Tlatelolco, en 1968, o en la de Tiananmén, China, en 1989? Espero sinceramente que no. Cientos de jóvenes de la Generación del Centenario no murieron en los años cincuenta para que eso terminara ocurriendo aquí, aunque un par de textos publicados recientemente en medios oficiales dan muestras de que podría suceder.
Sucesos de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. (Foto: Semana)
No es necesaria comunión absoluta de pensamiento y opiniones para solidarizarse ante una injustica y repudiar actuaciones, más que ilegales, crueles. A Hamlet Lavastida y Katherine Bisquet el destierro debe saberles igual de amargo que a quienes, también en Polonia, atravesaban la reja orlada por la cínica frase Arbeit macht frei (El trabajo os hace libres). Se conoce cómo inician los excesos, pero es difícil predecir cómo pueden terminar.
Dice el refrán popular que quien siembra vientos, recoge tempestades. Sobre nuestro país la tormenta está formada hace mucho, se ve tan clara en el horizonte que no hace falta vigía para anunciarla. Pese a que hay daños terribles y quizás irreparables, aún estamos a tiempo de corregir el rumbo y llegar a entendimientos sin violencia, como la nación civilizada que afirma tener a Martí por guía.
Igual que en los tiempos en que España desterraba a los hijos de esta Isla, donde dejó hasta el último hombre y la última peseta, hoy un enfrentamiento fratricida puede terminar de modo similar: la derrota de uno de los bandos y el desgaste de ambos, lo que facilitaría que la fruta madura callera en las mismas manos voraces de siempre. Entonces la historia se repetiría y nada habría valido la pena.

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Artista cubano Hamlet Lavastida es liberado y enviado a Polonia

MIAMI, Estados Unidos. – Tras pasar más de tres meses detenido en Villa Marista, cuartel general de la Seguridad del Estado, el artista cubano Hamlet Lavastida fue liberado este sábado y enviado a Polonia, país al que viajó junto a la poetisa Katherine Bisquet.
Según confirmó una fuente familiar al diario digital 14ymedio, “ayer por la tarde lo llevaron desde Villa Marista, custodiado por más de una veintena de agentes a la Embajada polaca para colocarle el visado. La Seguridad del Estado también llevó a Bisquet. De ahí lo condujeron directamente al aeropuerto y lo custodiaron hasta el avión diciéndole que era un ´viaje de ida´ sin posibilidad de retorno”.
La fuente a aseguró al medio independiente que ambos artistas harían una escala en Madrid previo a su arribo a Varsovia. “Todo fue hecho con mucho secretismo por la policía política y estamos esperando que Lavastida esté en territorio libre para que pueda contar más detalles”.
Hamlet Lavastida había sido arrestado por agentes de la policía política el pasado 26 de junio en el reparto Flores, municipio de Playa, en La Habana. Ese día, el artista fue conducido a Villa Marista tras abandonar el centro de aislamiento donde cumplió la cuarentena orientada por las autoridades sanitarias tras regresar de una beca en Alemania. Desde entonces, se encontraba recluido y estaba siendo procesado por el delito de “instigación a delinquir”.
El pasado 24 de agosto la propia Katherine Bisquet dio a conocer públicamente que Hamlet Lavastida estaba solicitando tratamiento psicológico debido a que se encontraba bajo mucho estrés.
“Acabo de hablar con la madre de Hamlet Lavastida que recién había recibido una llamada de su hijo. Hamlet está solicitando tratamiento psicológico. No se encuentra bien, dice estar bajo mucho estrés”, escribió Bisquet en su cuenta de Facebook en aquella ocasión.
Durante su estancia en el extranjero previo a su regreso y encarcelamiento en Cuba, Lavastida fue uno de los artistas cubanos más activos en denunciar la represión política y el castigo al disenso en la Isla. También se integró a la plataforma 27N, compuesta por artistas e intelectuales que exigen cambios democráticos y respeto a los derechos humanos en la nación caribeña.
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