HAVANA CLIMA

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EEUU: iglesia que pide ejecución de homosexuales no será desalojada de su local

Una iglesia de Texas que ha pedido reiteradamente la ejecución de homosexuales no será desalojada de su edificio. La iglesia bautista Stedfast, en Watauga, llegó a un acuerdo con su arrendador antes de una audiencia de desalojo programada para hoy miércoles por la mañana en el condado de Tarrant.El abogado de la iglesia, R. David Weaver, dijo que la iglesia y el propietario del edificio, Cider Property, con sede en Dallas, han resuelto el asunto “por ahora”. Weaver se negó a proporcionar detalles adicionales.Stedfast ha provocado numerosas protestas y quejas después de que sus líderes promovieran la violencia contra los homosexuales.La congregación se mudó a un centro comercial en Watauga este año después de haber sido  desalojada de un edificio en Hurst en febrero por violar los términos de su contrato de arrendamiento, que prohíbe la violencia y las amenazas.[embedded content]Entonces Stedfast se negó a dar marcha atrás. En junio, el pastor Dillon Awes dijo que los homosexuales deberían ser ejecutados.“Todos los homosexuales de nuestro país deberían ser acusados de un delito, la abominación de la homosexualidad que tienen”, dijo. “Deberían ser declarados culpables en un juicio legal, deberían ser sentenciados a muerte, deberían ser alineados contra una pared y recibir un disparo en la nuca”.El pastor principal, Jonathan Shelley, ha defendido la posición de la iglesia diciendo que solo sigue las enseñanzas de la Biblia.La iglesia bautista Stedfast, clasificada como un grupo de odio, ha sido noticia por su retórica contra los homosexuales. En 2016, su expastor Donnie Romero elogió el tiroteo de 2016 en un club nocturno gay en Orlando y condenó a las víctimas.Tres años más tarde, Romero fue expulsado luego de admitir que se había acostado con prostitutas, apostado y fumado marihuana.

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EEUU: iglesia que pide ejecución de homosexuales no será desalojada de su local

Una iglesia de Texas que ha pedido reiteradamente la ejecución de homosexuales no será desalojada de su edificio. La iglesia bautista Stedfast, en Watauga, llegó a un acuerdo con su arrendador antes de una audiencia de desalojo programada para hoy miércoles por la mañana en el condado de Tarrant.El abogado de la iglesia, R. David Weaver, dijo que la iglesia y el propietario del edificio, Cider Property, con sede en Dallas, han resuelto el asunto “por ahora”. Weaver se negó a proporcionar detalles adicionales.Stedfast ha provocado numerosas protestas y quejas después de que sus líderes promovieran la violencia contra los homosexuales.La congregación se mudó a un centro comercial en Watauga este año después de haber sido  desalojada de un edificio en Hurst en febrero por violar los términos de su contrato de arrendamiento, que prohíbe la violencia y las amenazas.[embedded content]Entonces Stedfast se negó a dar marcha atrás. En junio, el pastor Dillon Awes dijo que los homosexuales deberían ser ejecutados.“Todos los homosexuales de nuestro país deberían ser acusados de un delito, la abominación de la homosexualidad que tienen”, dijo. “Deberían ser declarados culpables en un juicio legal, deberían ser sentenciados a muerte, deberían ser alineados contra una pared y recibir un disparo en la nuca”.El pastor principal, Jonathan Shelley, ha defendido la posición de la iglesia diciendo que solo sigue las enseñanzas de la Biblia.La iglesia bautista Stedfast, clasificada como un grupo de odio, ha sido noticia por su retórica contra los homosexuales. En 2016, su expastor Donnie Romero elogió el tiroteo de 2016 en un club nocturno gay en Orlando y condenó a las víctimas.Tres años más tarde, Romero fue expulsado luego de admitir que se había acostado con prostitutas, apostado y fumado marihuana.

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El reto sacrílego en la afirmación “los maricones van al cielo”

MIAMI, Estados Unidos.- La primera novela de Armando López Salamó (Santa Clara, Cuba, 1943) es un reto sacrílego desde su título mismo. Lo retador no es el uso de la palabra “maricones”, lo retador es la afirmación de que los homosexuales sí van al cielo. Ello significa irle radicalmente a la contraria a la tradición judeocristiana de Occidente, e incluso a la postura tradicional –aunque nada doctrinaria– tanto de la religión yoruba –la santería–, como de la sociedad secreta Abakuá.
Todo en la cultura cubana condena, rechaza y castiga la homosexualidad, sobre todo la masculina. ¿Y qué de la homosexualidad femenina? ¡Ah! Esos son otros cinco pesos. La homosexualidad femenina pasa sin controversia alguna porque ha llegado a formar parte del repertorio erótico de los machos y está perdonada –aceptada y bienvenida– de antemano. No así el quehacer de a quienes despectivamente se les llama “los maricones”.
La novela inspira en muchos de sus lectores un sentido de alegría, de travesura, de alborozo y contentura. En la reciente presentación de la novela en la librería Books & Books de Coral Gables, una actriz amiga del autor expresó que la novela también presentaba una realidad triste. “Aquí no hay solo risa, sino también mucho llanto”. El reconocido pintor cubano Ramón Alejandro, que participó en el panel de presentación, habló brevemente sobre la ternura que él halló en los gays adolescentes que protagonizan la novela.
También se habló de las supuestas actitudes de los cubanos hacia el sujeto homosexual. Se habló de lo mucho que una vecina cualquiera podía querer a la “loquita del barrio”, al menos en la Cuba republicana. Yo afirmo todo lo contrario. La “loquita del barrio” fue siempre temida y despreciada por vecinos y vecinas por igual –“Yo no quiero que un hijo mío sea “loca”. ¡Alabao!” –.  “Ella”, la loquita de carroza, era el hazmerreír de la vecindad, nadie, absolutamente nadie la respetaba o tomaba en serio, y mucho menos a la persona detrás del maquillaje y de los pantalones apretados –del disfraz– de la loquita. Muy parecido era ese menosprecio al que se profesaba hacia las mujeres, admiradas mayormente por su apariencia física, su “sex appeal”, su función de adornar y entretener.
La loquita del barrio sabía que su forma de actuar era lo que la protegía de los homófobos. “Ella” sabía que actuar lo más femeninamente posible, aunque fuese caricaturesco, era su protección, aunque temporal, del rechazo y la violencia. “Ella” divertía a la gente con su manera de ser, aparentando ser inofensiva.
En Cuba, en general, la homosexualidad –sobre todo la masculina– era tabú, un defecto, un pecado, una enfermedad de la que había que curarse, algo secreto, algo vergonzoso, algo que era mejor “tapar”. La gente “fina” les llamaba “afeminados” o “amanerados”; también escuché la palabra “entendidos”. Pero no olvidemos que somos el país que acuñó los insultos de referente sexual: maricón, pájaro, bujarrón, loca, puta, tortillera… epítetos de odio para clasificar, ofender y humillar.
Después llegó el comandante, con el tabacazo y las botas, y mandó a parar. En un régimen totalitario como el cubano la loquita del barrio fue vilipendiada, golpeada, abusada, arrastrada a la cárcel, e internada en un campo de concentración. Los homosexuales de voz grave –los que disimulan y no hacen alarde de su sexualidad– son tolerados, como lo fue Alfredo Guevara, como lo sigue siendo Miguel Barnet, para dar solo dos ejemplos. Los homosexuales conocidos como tal fueron expulsados de sus cátedras, como lo fue el artista de la plástica Raúl Martínez, o marginados de la intelectualidad reconocida, como fueron José Lezama Lima, Virgilio Piñera, José Mario, Antón Arrufat, Pepe Camejo y Reinaldo Arenas.
De las “loquitas del barrio” dijo el homófobo en jefe en 1963:
“Muchos de esos pepillos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos; algunos de ellos con una guitarrita en actitudes “elvispreslianas”, y que han llevado su libertinaje a extremos de querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides por la libre.
“Que no confundan la serenidad de la Revolución y la ecuanimidad de la Revolución con debilidades de la Revolución.  Porque nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones.”
Pepillos vagos…feminoides… con pantaloncitos estrechos y guitarritas… degenerados. Hace 62 años se institucionalizó la homofobia en el país que más clubes gays tenía en los años cincuenta, el país donde se calcula que había más hombres gays que en ningún otro país latinoamericano. “El trabajo os hará hombres”, rezaban los letreros a la entrada de los campamentos de trabajo forzado que fueron las UMAP, las Unidades Militares de Apoyo a la Producción. Ese es el capítulo más inhumano y tenebroso de los 62 años de castrismo, y aún nadie ha asumido la responsabilidad ni pedido perdón. Mariela Castro, con su desfile anual cenesexiano, cree que cumple. No tiene ni idea la sobrina del comandante.
El autor de “Los maricones van al cielo” expresó durante el conversatorio en Books & Books que el machismo de estado implantado por Fidel Castro en 1959 no le había tomado por sorpresa. “Fidel Castro estudió en escuelas jesuitas toda su adolescencia. Su pensamiento político estaba en sintonía con la homofobia judeocristiana de Cuba que él aprendió en aquellas aulas”.
De ahí que el reto que plantea la novela de Armando López no tenga postergación. Para acabar con la homofobia –para que en la mente las personas los maricones puedan ir al cielo– hay que poner de cabeza todos los preceptos crueles e intolerantes que hemos heredado de al menos dos culturas: la muy bien definida católica-española, que se repite en casi todas las denominaciones protestantes, sobre todo las evangélicas, y la de origen africano –la religión lucumí y la sociedad secreta Abakuá–, menos definida, desprovista de referentes específicos a la homosexualidad, donde coexiste el homosexual iniciado con el rechazo implícito que significa no hacer referencia alguna a ellos.
Según el intelectual y experto Tato Quiñones, en las religiones de origen africano “se utilizan términos como “defecto” y “vicios sexuales” para referirse a la homosexualidad (…), pero no se emite un juicio de valor directo sobre el tema. Según Quiñones, cuando se generó el debate sobre el matrimonio gay (…), en ninguna casa de Osha Ifá se discutió esta cuestión porque les era ajena.
Donde se verá exactamente cómo se definen los cubanos –al menos dentro de Cuba– sobre si los maricones pueden o no pueden ir al cielo será en la aceptación o el rechazo del matrimonio igualitario al que se hace referencia indirecta en el nuevo Código de Familia, que irá a un referendo el 30 de abril. La oposición a aquello que se interpreta como un asalto a la familia tradicional –el matrimonio entre un hombre y una mujer– es mucha. Hasta ahora, la mayoría de los cubanos ha tolerado lo que entiende como “extravagancias” de los gays. No obstante, para aceptar que una pareja gay tenga estatus matrimonial oficial, reconocida por el Estado, falta un gran trecho.
Yo quiero que los maricones vayan al cielo, y las lesbianas y los trans también, con los mismos derechos que los heterosexuales. Es lo que plantea la novela de Armando López. Lamentablemente, hay muchísima gente que no.
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
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Operación Jacinto: recogida de homosexuales en la Polonia de los años ochenta

MIAMI, Estados Unidos.- Operación Jacinto es una película polaca de este año, del director Piort Domalewski y presentada por Netflix, que ojalá encuentre su camino en las maneras alternativas que el ingenio del espectador cubano ha ideado para ver cine internacional de importancia.
El filme combina la aparición de un asesino en serie, que busca sus víctimas entre los homosexuales de la infausta Varsovia de mediados de los años ochenta, los pasos que dan las autoridades para atraparlo, así como el operativo de la policía política, que aprovecha tal circunstancia, para identificar, perseguir y asentar en una base de datos a las personas sospechosas de ser homosexuales abiertos o “enclosetados”.
“Jacinto” es una de las maneras peyorativas que existen en Polonia para referirse a los miembros de la comunidad gay. En el operativo homónimo del año 1985, 11 000 personas fueron registradas en la base de datos luego de sufrir prisión, tortura y chantaje, bajo la amenaza de ser reveladas sus identidades entre familiares y el resto de la sociedad.
La película se desarrolla como un thriller, abundante en intrigas y subtramas que conducen a sitios de insospechada violencia y corrupción, donde reina la impunidad de una policía que sólo debe rendirle cuentas a sus superiores, pero nunca a los estamentos tramitados de la justicia.
El sombrío contexto no resulta ajeno a lo acontecido en Cuba, pues resultó ser el mismo modelo asumido por el castrismo, cuando no pocos intelectuales solidarios guardaban la esperanza de que el socialismo de la isla tendría un rostro más humano.
Pero el tirano Fidel Castro desde temprano utilizó su amenazante tribuna para fulminar públicamente a la población gay, acusándolos de ostentar desvergüenzas, “vivir de una manera extravagante” con “pantaloncitos demasiado estrechos”, y querer “ir a sitios de concurrencia pública a organizar shows feminoides, por la libre”.
Además de intimidarlos, lo cual automáticamente sistematizaba la represión y el rechazo, terminó por encerrarlos bajo su entera responsabilidad -según le dijera a un periódico mexicano años después- en los campos de concentración de ayuda a la producción, las infames Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP): “Que no confundan la serenidad de la revolución y la ecuanimidad de la revolución con debilidades de la revolución. La sociedad socialista no puede permitir ese tipo de degeneraciones”.
Todos estos desmanes acontecían, como en el resto del llamado campo socialista, en medio del silencio y la complicidad de pensadores y líderes de opinión que no perdían la esperanza de la quimera comunista.
En el caso cubano hubo que esperar el estreno del documental Conducta impropia, dirigido por Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal, en 1984, para que miembros representativos de la comunidad gay cubana pudieran denunciar, en libertad, la ignominia a la cual habían sido sometidos durante años.
El protagonista de Operación Jacinto es un joven sargento con aspiraciones de ascenso mediante el apoyo de su padre, funcionario del aparato represivo político polaco conocido por sus siglas SB, similar al G2 cubano.
La SB decreta, sin muchas pruebas al respecto, la culpabilidad del asesino en serie, luego de someterlo a un violento interrogatorio. El hombre termina por cometer suicidio.
El novato agente del orden no está muy de acuerdo con la conclusión apresurada del caso criminal, debido a presiones ministeriales superiores, y decide explorar por su cuenta, previa autorización de la jefatura, haciéndose pasar por una persona que siente simpatía por la incriminada preferencia sexual.
La historia se complejiza cuando conoce a cierto estudiante universitario -durante una de tantas persecuciones policiales sufridas por la comunidad gay en sus lugares de encuentro- a quien utilizará eventualmente como informante.
Las escenas de interrogatorios en Operación Jacinto son deprimentes y crueles tanto por la violencia física empleada como la verbal, abundante en ofensas de toda laya.
La película retrata en tonos ocres y húmedos una sociedad pervertida y apunta a los culpables de tanto desasosiego. Descubre, al mismo tiempo, que ni miembros de la nomenclatura gobernante escapan a la posibilidad secreta de explorar las prácticas eróticas de lo que ellos consideran una casta maldita.
El cine cubano de ficción tiene en Vestido de novia (2014), de Marilyn Solaya y Fátima, o el Parque de la Fraternidad (2015), de Jorge Perugorría, aproximaciones al tema donde se elude la homofobia estatal.
Hubo que esperar al año 2016 con Santa y Andrés, de Carlos Lechuga, para ver en pantalla maquinaciones tan deleznables como los que presenta Operación Jacinto.
En ambos casos, el arte asume la responsabilidad de contarle a las nuevas generaciones historias del terror comunista que en muchas ocasiones son eludidas por nuevas versiones de la misma doctrina.
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Nueva ley busca reconocer diversidad y derechos de familias en Cuba

Varios grupos familiares caminan por una céntrica calle de la Habana Vieja. El Código de las Familias incluye la equidad de género con un enfoque transversal para que, además del respeto a los derechos de las mujeres en sus múltiples roles familiares y oportunidades para su desarrollo, proporcione herramientas para cambiar el tipo de masculinidad hegemónica que persiste en las relaciones familiares.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 17 sep.- Los diversos tipos de familias en Cuba encuentran asidero legal, así como garantías para los derechos de sus integrantes, en el anteproyecto de ley que tras un proceso de consulta ciudadana culminará en 2022 con un plebiscito.
El borrador del nuevo Código de las Familias, publicado el miércoles 15, fija pautas sobre asuntos complejos y sensibles para la sociedad como la igualdad de género, el derecho a una vida familiar sin violencias, el matrimonio y la unión de hecho, la maternidad y paternidad responsable, así como los cuidados.
Contempla vías para la solución armónica de conflictos, incluidos aquellos transnacionales resultados de las migraciones o de las relaciones entre personas cubanas y extranjeras, al tiempo que refuerza garantías para personas en situación de desventaja o vulnerabilidad en el espacio familiar.
En el caso de niñas, niños y adolescentes defiende el derecho a su identidad y condición específica como persona en desarrollo; a ser protegidos contra perjuicios, abusos, negligencias o explotación; y a crecer en ambientes físicos o entornos digitales libres de cualquier manifestación de la violencia, incluido el acoso sexual.
La norma “recoge y actualiza todas las instituciones en el marco del derecho familiar… Cuando la población la estudie verá que es oportuna, necesaria, incluyente, para todos”, sostuvo el ministro de Justicia, Oscar Silvera, al presentar detalles del texto durante una conferencia de prensa en La Habana con medios internacionales, entre ellos IPS.
Además de una intencionada campaña comunicativa para resaltar sus valores y principios, según autoridades, el texto de 483 artículos conllevará en lo inmediato consultas especializadas entre las instituciones del sector jurídico y del Estado, y un primer acercamiento de la ciudadanía que podrá opinar mediante vías institucionales.
“No se trata de restar derechos de los ya conquistados por las tradicionales maneras de organizar las familias, sino de sumar aquellas que hasta ahora han navegado en el limbo jurídico, huérfanas de una protección consciente”: Ana María Álvarez-Tabío.
Para diciembre, y a partir de dichos criterios, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el parlamento unicameral, prevé aprobar un nuevo anteproyecto y decidirá sobre el periodo de debate público por los 11,2 millones de habitantes en este país insular caribeño.
Corresponderá al Consejo Electoral Nacional determinar la fecha del referendo. De acuerdo con Silvera, dichos procesos transcurrirán el próximo año.
La Constitución vigente desde 2019 dispuso que el Código de las Familias, con rango de ley, fuera sometida a consulta popular y referendo, similar a como ocurrió en 1975 con la norma que buscará sustituir.
Tal decisión ha sido cuestionada por personas de la comunidad LGBTIQ+ (lesbianas, gays, bi, trans e interesexuales y queer), quienes argumentan que “los derechos no se plebiscitan”.
Un padre besa a su hijo mientras participa junto a su pareja en la primera besada, evento organizado por integrantes del proyecto Arcoíris y activistas de la comunidad LGBTIQ, en el municipio de Plaza de La Revolución de La Habana. Activistas defienden que el nuevo Código de las Familias ampare derechos como el matrimonio igualitario, la adopción para parejas homoparentales y la reproducción asistida.
Silvera defendió que “no estamos plebiscitando los derechos de un grupo”, y que por la importancia y trascendencia “cumplimos con una irrenunciable tradición jurídica de conocer y tomar en cuenta el criterio de nuestro pueblo para hacer una norma de más calidad, inclusiva y robusta”.
Para Ana María Álvarez-Tabío, “se imponen múltiples retos ante la necesidad de actualizar y perfeccionar las instituciones dedicadas a la protección de las familias en conexión con la realidad que está llamada a proteger”.
La profesora titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana aclaró a IPS que “no se trata de restar derechos de los ya conquistados por las tradicionales maneras de organizar las familias, sino de sumar aquellas que hasta ahora han navegado en el limbo jurídico, huérfanas de una protección consciente”.
Álvarez-Tabío integra la comisión de 31 expertos de instituciones estatales y civiles que desde marzo han redactado la norma, si bien la actualización del Código es deudora de tres décadas de estudios científicos y trabajo sobre estos temas de entidades, académicos, activistas e intelectuales.
La Constitución dedica un capítulo a las familias donde refrenda que toda persona tiene derecho a fundar una y que el Estado las reconoce y protege “cualquiera sea su forma de organización, como célula fundamental de la sociedad”, con igual amparo ante la Ley.
Nuevas configuraciones familiares
Especialistas consultados por IPS explicaron que además de los modelos tradicionales (madre, padre y descendencia), en la isla coexisten y ganan espacios nuevas y más flexibles configuraciones familiares.
Mencionaron como ejemplos parejas solas, con una de las figuras parentales y su descendencia o parte de ella, familias ensambladas o reconstituidas, en patrón de diversidad sexual, en situación de vulnerabilidad o con alguno o varios miembros residentes en el extranjero, entre otras.
En la actualidad 46 por ciento de los hogares cubanos tienen una jefatura femenina, y muchos están compuestos por mujeres solas, incluidas adultas mayores y madres jóvenes solteras.
Un instructor de deporte ofrece sesiones de ejercicios a un grupo de adultos mayores, en un parque de La Habana. Para una sociedad en franco proceso de envejecimiento, como la cubana, resulta un elemento esencial que el Código de las Familias incluya los cuidados con un enfoque relacional y de interdependencia, opina la socióloga Rosa Campoalegre.
De acuerdo con la socióloga Reina Fleitas, dos enfoques son transversales a lo largo del Código.
“El primero es la equidad de género, que además del respeto a los derechos de las mujeres en sus múltiples roles familiares y oportunidades para su desarrollo, proporcione herramientas que contribuyan a cambiar el tipo de masculinidad hegemónica que persiste en las relaciones familiares”, explicó Fleitas a IPS.
El otro es “un enfoque más humano hacia la edad y las relaciones generacionales que definen a las familias… considerar a niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos, y ofrecer un trato justo a las personas adultas mayores”, complementó la Profesora Titular del Departamento de Sociología de la Universidad de La Habana.
La Encuesta Nacional de Género, publicada en 2018, mostró que las mujeres dedican 14 horas semanales más que los hombres a las labores domésticas y de cuidado de niñas, niños, ancianos y enfermos.
El nuevo Código defiende “el derecho de las mujeres a un uso de tiempo equilibrado que le permita cumplir con sus responsabilidades y desarrollarse integralmente sin sobrecargas domésticas y de cuidado”.
Otras estadísticas confirman el acelerado envejecimiento poblacional en la isla, donde la proporción de personas con 60 años o más podría pasar de 21,3 por ciento actual a casi 40 por ciento en 2050, un desafío para una nación con bajos niveles de crecimiento económico y saldo migratorio negativo.
Muchos ancianos quedan solos cuando los hijos parten al exterior temporal o definitivamente, o asumen la crianza de los nietos.
Al respecto, la norma valoriza el papel de abuelas y abuelos en la formación de las nuevas generaciones, y les aporta garantías jurídicas para dirimir situaciones relacionadas con la guarda y cuidado de menores, pero también recibir atención.
Rosa Campoalegre coordinadora del Grupo de Estudios de Familia del no gubernamental Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, en La Habana, aprecia como elemento esencial que el Código vea “los cuidados con un enfoque relacional y de interdependencia”.
Campoalegre recordó a IPS que “todas y todos necesitamos cuidados, en tanto derecho universal”, pero debe asegurarse “el derecho a decidir dónde, cuándo y en qué condiciones se hace”, lo cual lleva a valorar además “el papel de la comunidad cuidadora, la de los afectos”.
Residentes en el barrio de Kholy, en el municipio de Playa, en la Habana, mientras participaban en agosto de 2018 a un debate sobre el proyecto de la nueva Constitución. El Código de las Familias, con rango de ley, es una de las más esperadas del cronograma legislativo derivado de la nueva Constitución, vigente desde abril de 2019, y es la única que será sometida a debate ciudadano y posterior referendo.
Familias diversas
La propuesta de Código marca también un hito al conceptualizar el matrimonio como la unión voluntariamente concertada entre dos personas, y elevar a 18 años la edad para formalizarlo, salvo autorizaciones judiciales excepcionales.
El texto ampara el derecho de las personas al desarrollo pleno de la salud sexual y reproductiva en el entorno familiar independientemente de su edad, género o discapacidad.
Tal mandato es coherente con los principios de igualdad, no discriminación y de respeto a la dignidad humana, explícitos en el texto constitucional.
“Aspiramos a que el Código de las Familias incluya asuntos como el matrimonio igualitario, la posibilidad de adopción para parejas homoparentales y la reproducción asistida”, valoró el activista Yoelkis Torres al conversar con IPS.
En la ciudad de Matanzas, 87 kilómetros al este de La Habana, Torres lidera el proyecto sociocultural y comunitario AfroAtenas, que junto con otras plataformas civiles impulsan en el espacio físico y digital iniciativas de educación y sensibilización ciudadana al respecto.
En meses recientes, mediante declaraciones públicas, denominaciones religiosas en la isla reafirmaron su rechazo al matrimonio igualitario, así como a que se impartan en el sistema de enseñanza público y laico contenidos relacionados con una educación integral de la sexualidad en niñas, niños y adolescentes.
Entre múltiples expectativas, quizás una fundamental “es hacer posible que el derecho de familia sea una herramienta para construir unas relaciones familiares donde todos sus miembros logren desarrollar su potencial humano”, subrayó Fleitas.
ED: EG

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