HAVANA CLIMA

Holocausto

Enseñanzas del Holocausto en reciente filmografía

MIAMI, Estados Unidos.- Tres películas que he visto por estos días, relativas al Holocausto, me remontan inevitablemente a circunstancias de mi vida en dictadura que, de cierta manera, son reflejadas por la vasta filmografía sobre el calvario de los judíos
My Name is Sara, Persian Lessons y Adieu Monsieur Haffmann subrayan la capacidad del ser humano para sobrevivir las peores calamidades, aunque tengan que eventualmente hacer dejación de respetables principios. La vida es el más precioso de los tesoros y debe ser salvada a como dé lugar.
El apartamento de la Habana del Este donde se resguardó mi familia era una suerte de oasis democrático en medio de la debacle castrista. Mis padres nunca nos impusieron ideología, ni religión. Allí se susurraban con franqueza los avatares diarios que afrontábamos en aquella sociedad enrarecida, de miedo y simulación. Lo que se dilucidaba en la protección del hogar, allí permanecía.
La tensión, por supuesto, se fue acrecentando. La llamada revolución no era un sitio que admitía la indiferencia. Exigía lealtad y militancia para continuar, de lo contrario podías ser excomulgado de sus magros beneficios.
En Persian Lessons, un judío se hace pasar por iraní cuando está a punto de ser fusilado junto a sus coterráneos. Los soldados le perdonan la vida porque el oficial de las SS que se ocupa de la alimentación en el campamento desea aprender persa.
[embedded content][embedded content]
Ese travestismo desesperado deviene el camino de supervivencia del vapuleado judío. Pero sucede que realmente no conoce el idioma y lo que se le ocurre es inventar una suerte de jerigonza que el nazi acepta como la lengua que desea hablar porque tiene planes de radicarse en Teherán, al finalizar la guerra, para abrir un restaurante.
Las reglas del totalitarismo alientan el absurdo y la decepción donde quiera que acontezca, ya sea en el horror de un campo de concentración o en medio de la devastación comunista.
Gilles, el protagonista de Persian Lessons, película que Bielorussia propuso a los Premios Oscar, es judío en su fuero interno y no tiene otra añoranza que la libertad, pero en el interín tiene que practicar la doble moral y sufrir no sólo la violencia nazi, sino la de compatriotas al servicio de los criminales, propinando golpes sin misericordia a los que se reblandecen en las malvadas y extensas jornadas laborales de los campos de exterminio.
Entre los años sesenta y ochenta del pasado siglo, el castrismo creó un burdo aparato represivo llamado precisamente a socavar refugios domésticos como los erigidos valientemente por mis padres. Que nadie se sintiera seguro, todos podían ser sospechosos de infidencia. En los vecindarios pulularon espontáneamente los delatores.
En la película My Name is Sara, que ahora mismo se proyecta en el Teatro Tower del Miami Dade College y en otras salas de la ciudad, una niña judía de 13 años ha logrado escapar de la matanza fascista en Polonia, cambia su identidad religiosa, y es acogida por una familia de campesinos ucranianos.
[embedded content][embedded content]
La aldea está ocupada por los nazis, que ahorcan en los caminos cercanos a quienes protejan hebreos. Tanto las tropas alemanas como los partisanos rusos, quienes luchan para liberar la región, saquean los bienes y abusan físicamente de la familia donde Sara, quien ha cambiado su nombre por Manya, trata de subsistir a toda costa.
En momentos extremos de reverberación social como las guerras o las revoluciones, hay estratos ingenuos o indiferentes de los pueblos con la ilusión de vivir al margen de situaciones que no crearon.
Tarde se suelen convencer de que arrodillarse y colaborar con el mal no los hará regresar a sus vidas anteriores.
En Adieu Monsieur Haffmann un judío joyero decide enviar a su familia a Suiza para salvarlos de eventuales detenciones fascistas en París, con la idea del reencuentro tan pronto sea posible.
Entonces toma la decisión de transferirle a su empleado, quien no es judío, la propiedad de la tienda y de su casa hasta tanto termine la guerra y él pueda retornar. Pero la fuga le resulta imposible y para salvarse hasta que se le presente la oportunidad de huir vivirá escondido en el sótano de su propia casa, mangoneado por quien fuera su empleado y ahora se codea con un oficial nazi que le compra joyas.
[embedded content][embedded content]
Esta es una película tensa y recovecos dramáticos admirables que habla en un principio de la fuga, mientras sea posible, y de la desintegración moral que provoca el totalitarismo.
Haffmann no puede dar crédito al comportamiento de quien fuera su honesto y humilde empleado, transformado en un ser   artero, capaz de adueñarse de propiedades ajenas sin el menor escrúpulo.
Cuando la libertad es cancelada y se imponen regímenes y doctrinas por la fuerza, mediante las armas u otras maneras de la represión y la intolerancia, el ser humano sufre aquelarres como los narrados por las mencionadas películas o el que aún padecen países como Ucrania y Cuba. A todos los totalitarismos les asiste una voluntad de exterminio físico y espiritual.
ARTÍCULO DE OPINIÓNLas opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.
Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.

Leer más »

El diario de Ana Frank, el gran libro del Holocausto cumple 75 años desde su primera publicación

Sobre el Holocausto se han escrito ensayos, novelas, libros de historia, memorias de los campos o reflexiones filosóficas. La literatura generada por las atrocidades del nazismo es enorme. Pero hay un libro principal que concentra todo este horror de la mirada ingenua, a veces esperanzada, a veces enojada de un adolescente.
El diario de Ana Frank, que hoy celebra su 75 aniversario desde su primera publicación en junio de 1947, es el gran libro del Holocausto. Al poco tiempo de salir al mercado, el diario de esta joven judía, escrito entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, ya había vendido 34 millones de ejemplares. Hoy en día, es uno de los libros más leídos del mundo y un relato esencial para aprender más sobre el Holocausto.
Los Frank, Otto, su esposa, Edith, y sus hijas, Margot y Anne, se escondieron en julio de 1942. Fingieron estar de viaje, pero se instalaron en el “Anexo secreto”, un espacio escondido detrás de una biblioteca giratoria que Otto había envasado en los meses anteriores en la fábrica de pectina que dirigía ubicada en 263 Prinsengracht en Amsterdam. Huían de la “policía verde”, los nazis locales, porque temían ser arrestados y enviados a un campo de concentración como les había sucedido a muchos otros judíos de la ciudad.
Se escondieron con otra familia, los Van Daan (cuyo verdadero apellido era Van Pels), formada por una pareja casada y su hijo adolescente, Peter. Poco después de su confinamiento, se dieron cuenta de que tenían espacio para salvar a alguien más y contrataron a un dentista, Fitz Pfeffer, a quien Anne se refería como Albert Dussel en las anotaciones de su diario.
Durante los dos años y un mes de encierro, Anne escribió sobre su familia, el resto de los reclusos y las personas fuera del anexo secreto que los ayudaron dándoles comida y haciéndoles compañía. También relató el curso de sus estudios, su deseo de convertirse en escritora y sus preocupaciones sobre el curso de la guerra y la llegada de una posible liberación.
Pero ese lanzamiento nunca llegó. El 4 de agosto de 1944, los ocupantes del Anexo Secreto fueron descubiertos, arrestados y deportados a Auschwitz. ¿Quién los denunció? Esta es la polémica con la que el diario de Ana celebra su 75 aniversario. Aunque hubo muchos sospechosos, nunca se supo con certeza quién había traicionado a los Frank. A principios de este año, un exagente del FBI, Vince Pankoke, dio a conocer el resultado de una investigación realizada desde 2017 con nuevas pruebas y testimonios trabajados con el uso de análisis forense e inteligencia artificial.
El 1 de agosto de 1944, Ana Frank escribió una larga reflexión sobre su carácter y cómo la veían los demás. Era la última entrada en su diario. La joven fue deportada con su familia y el resto de sus compañeros de prisión a Auschwitz el 3 de septiembre del mismo año. Su madre, Edith, murió allí de hambre y agotamiento el 6 de enero de 1945. Había sido separada de sus hijas. Anne y su hermana, Margot, fueron trasladadas en octubre de 1944 al campo de Bergen-Belsen, donde contrajeron tifus. Ambos están muertos. La muerte del joven autor del periódico más famoso del mundo se produce entre finales de febrero y principios de marzo de 1945. Las tropas británicas liberan el campo de Bergen-Belsen un mes después, en abril. Solo uno de los ocho ocupantes del anexo secreto sobrevivió al exterminio nazi, Otto Frank, el padre de Ana, quien regresó a Ámsterdam, recuperó el diario de su hija y lo publicó.
(Tomado de La Vanguardia)

Leer más »

El diario de Ana Frank, el gran libro del Holocausto cumple 75 años desde su primera publicación

Sobre el Holocausto se han escrito ensayos, novelas, libros de historia, memorias de los campos o reflexiones filosóficas. La literatura generada por las atrocidades del nazismo es enorme. Pero hay un libro principal que concentra todo este horror de la mirada ingenua, a veces esperanzada, a veces enojada de un adolescente.
El diario de Ana Frank, que hoy celebra su 75 aniversario desde su primera publicación en junio de 1947, es el gran libro del Holocausto. Al poco tiempo de salir al mercado, el diario de esta joven judía, escrito entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, ya había vendido 34 millones de ejemplares. Hoy en día, es uno de los libros más leídos del mundo y un relato esencial para aprender más sobre el Holocausto.
Los Frank, Otto, su esposa, Edith, y sus hijas, Margot y Anne, se escondieron en julio de 1942. Fingieron estar de viaje, pero se instalaron en el “Anexo secreto”, un espacio escondido detrás de una biblioteca giratoria que Otto había envasado en los meses anteriores en la fábrica de pectina que dirigía ubicada en 263 Prinsengracht en Amsterdam. Huían de la “policía verde”, los nazis locales, porque temían ser arrestados y enviados a un campo de concentración como les había sucedido a muchos otros judíos de la ciudad.
Se escondieron con otra familia, los Van Daan (cuyo verdadero apellido era Van Pels), formada por una pareja casada y su hijo adolescente, Peter. Poco después de su confinamiento, se dieron cuenta de que tenían espacio para salvar a alguien más y contrataron a un dentista, Fitz Pfeffer, a quien Anne se refería como Albert Dussel en las anotaciones de su diario.
Durante los dos años y un mes de encierro, Anne escribió sobre su familia, el resto de los reclusos y las personas fuera del anexo secreto que los ayudaron dándoles comida y haciéndoles compañía. También relató el curso de sus estudios, su deseo de convertirse en escritora y sus preocupaciones sobre el curso de la guerra y la llegada de una posible liberación.
Pero ese lanzamiento nunca llegó. El 4 de agosto de 1944, los ocupantes del Anexo Secreto fueron descubiertos, arrestados y deportados a Auschwitz. ¿Quién los denunció? Esta es la polémica con la que el diario de Ana celebra su 75 aniversario. Aunque hubo muchos sospechosos, nunca se supo con certeza quién había traicionado a los Frank. A principios de este año, un exagente del FBI, Vince Pankoke, dio a conocer el resultado de una investigación realizada desde 2017 con nuevas pruebas y testimonios trabajados con el uso de análisis forense e inteligencia artificial.
El 1 de agosto de 1944, Ana Frank escribió una larga reflexión sobre su carácter y cómo la veían los demás. Era la última entrada en su diario. La joven fue deportada con su familia y el resto de sus compañeros de prisión a Auschwitz el 3 de septiembre del mismo año. Su madre, Edith, murió allí de hambre y agotamiento el 6 de enero de 1945. Había sido separada de sus hijas. Anne y su hermana, Margot, fueron trasladadas en octubre de 1944 al campo de Bergen-Belsen, donde contrajeron tifus. Ambos están muertos. La muerte del joven autor del periódico más famoso del mundo se produce entre finales de febrero y principios de marzo de 1945. Las tropas británicas liberan el campo de Bergen-Belsen un mes después, en abril. Solo uno de los ocho ocupantes del anexo secreto sobrevivió al exterminio nazi, Otto Frank, el padre de Ana, quien regresó a Ámsterdam, recuperó el diario de su hija y lo publicó.
(Tomado de La Vanguardia)

Leer más »

¿Responsable, pero no culpable? Los rusos y la guerra contra Ucrania

Por Nikolai Epple*
Los eventos que las autoridades rusas, bajo la amenaza de un castigo penal, exigen sean llamados «operaciones especiales militares en Ucrania», plantean agudamente la cuestión de la responsabilidad de los ciudadanos por aquellos crímenes cometidos en su nombre, por el Estado. 
Por un lado, muchos rusos se sienten avergonzados de su país, al tiempo que se quejan de la injusticia de las sanciones que privan a los ciudadanos comunes —incluidos los que protestan, pese a la amenaza de persecución— de un bienestar mínimo. Otros afirman que apoyar cualquier acción del propio país es una posición cívica verdaderamente responsable. Las  categorías de culpa y responsabilidad surgen inevitablemente en esta amarga discusión, y debemos recordar la diferencia entre ellas.
La noción de culpa colectiva es bastante natural para la conciencia humana, especialmente la primitiva. Desde la antigüedad, ha habido dos líneas al respecto. Primero, la culpa de unos pocos miembros de la comunidad podría presentarse como la culpa de toda la comunidad. El ejemplo de manual es la leyenda bíblica sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis, 19). En segundo lugar, la culpa de los antepasados podría ser contagiada por la conciencia primitiva a los descendientes.
La referencia aquí es una cita de los Diez Mandamientos, otro texto importante de la Biblia: «Porque yo soy el Señor tu Dios, un Dios celoso, que castigo a los hijos por la culpa de sus padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen» (Deuteronomios. 5, 9). Ambos mecanismos están involucrados en el mito de culpa colectiva más perdurable de la historia: la acusación del pueblo judío en el asesinato de Cristo.
A inicios del siglo XX, el principio de responsabilidad colectiva, además de en las sociedades tribales, se preservó en varios tipos de instituciones cerradas —prisiones, internados, unidades militares—, donde el colectivo es castigado por la mala conducta de uno de sus miembros. Los regímenes totalitarios también practicaron la responsabilidad colectiva: durante la ocupación de Polonia por los nazis, el asesinato de un soldado alemán se castigaba con la ejecución de varios cientos de polacos. En la URSS, los casos individuales de cooperación con los nazis se convirtieron en la base para la deportación de pueblos enteros.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la noción de culpa colectiva se volvió contra los ex nazis y sus compatriotas. La culpabilidad de Alemania por los crímenes de los nazis, la «culpabilidad alemana» colectiva y el castigo por ello se han convertido en uno de los problemas más importantes de la filosofía política, la ética, la teoría y la práctica jurídica. El debate sobre estas categorías continúa hasta el día de hoy. Aquí describimos sus hitos clave.
Los tipos de culpa
Inmediatamente después del final de la guerra, el psiquiatra y filósofo alemán Karl Jaspers abordó el tema de la culpabilidad de Alemania por los crímenes del nazismo.  Casado con una mujer judía, Jaspers fue suspendido de la enseñanza en 1937; hasta el final de la guerra estuvo aislado, esperando constantemente su arresto. Al regresar en 1945 para dar una conferencia en la Universidad de Heidelberg, preparó un curso sobre el problema de la culpa y la responsabilidad alemanas. En 1946, el curso se publicó como libro.
Karl Jaspers
Los crímenes del régimen nazi, según Jaspers, no tienen justificación, mereciendo Alemania la subsiguiente humillación y el juicio de los vencedores, en la forma del Tribunal de Nuremberg. Pero no se trata de «culpa colectiva», una categoría que implica una visión colectivista de la sociedad y la nación: un pueblo no puede convertirse en un individuo. «Un pueblo no puede morir heroicamente, ni ser un criminal, ni actuar moral o inmoralmente, solo sus representantes individuales siempre pueden hacer esto», escribió Jaspers.
Jaspers distingue entre diferentes interpretaciones de la culpa: penal o legal, política, moral y metafísica. Esta última sería una responsabilidad por «cualquier injusticia en el mundo, especialmente por los crímenes cometidos en nuestra presencia y con nuestro conocimiento». La culpa jurídica, moral y metafísica sólo puede ser individual, pero la culpa política bien puede ser colectiva. Esta es la responsabilidad por las acciones de los estadistas, en las que todos los ciudadanos participan indirectamente.
La purificación y restauración de Alemania, según Jaspers, solo sería posible a través del reconocimiento de la culpa moral y metafísica a nivel individual («sin el camino de la purificación proveniente de la conciencia profunda de la propia culpa, el alemán no puede obtener la verdad») y político —a nivel colectivo («sólo de la conciencia de la culpa surge la conciencia de la solidaridad y de la propia responsabilidad sin la cual es imposible la libertad»). Jaspers afirma entonces que existe una diferencia entre la culpa y la responsabilidad política; su alumna Hannah Arendt se centrará en reafirmar la importancia de su diferencia.
De la culpa a la responsabilidad
Alemana de origen judío, Hanna Arendt estudió filosofía con Jaspers y  Martin Heidegger. Involucrada tempranamente en actividades antifascistas, se vió obligada a huir de Alemania, primero a Francia (1933), y luego de la Francia ocupada por los alemanes a los Estados Unidos (1940).
El principal problema de Arendt como pensadora política fue la crisis de la idea de moralidad revelada por el Holocausto, debido a que enormes masas de personas resultaron cómplices de los crímenes más crueles perpetrados por regímenes totalitarios. La cuestión de la responsabilidad de la «persona corriente» se convierte aquí en una de las claves. Arendt la aborda en varias obras, incluido el famoso libro Eichmann en Jerusalén.
Juicio contra el SS Adolf Eichmann, uno de los principales ideólogos y ejecutores del Holocausto.
Arendt, aclarando el pensamiento de Jaspers, separa estrictamente culpa y responsabilidad. La culpa no se puede extender al colectivo; además, tal difusión suele ser solo una forma de evitar hablar realmente de su fuente. Donde todos son culpables, nadie es inocente. La noción de culpa colectiva conduce a nociones absurdas de calificar tal o cual comunidad como «mala» y, por lo tanto, diferente del resto.
Esto dificulta entender exactamente cómo el crimen masivo se ha convertido en una variante de la norma, en vez de una anomalía. Según Arendt, desde un punto de vista jurídico y moral, sólo tiene sentido la culpa personal —su refinamiento permite dictar sentencia o realizar juicios morales—, pero extenderlo a un grupo no tiene ningún significado práctico.
Una persona puede ser responsable por actos que no cometió; y al mismo tiempo tal responsabilidad, a diferencia de la culpa, extenderse a una comunidad de personas. Según Arendt, solo se puede hablar de responsabilidad colectiva en el caso de pertenecer a una comunidad política, lo que implica la complicidad indirecta, muchas veces pasiva, en un delito cometido en nombre de sus miembros. Esto juega un papel clave en la comprensión del totalitarismo y la superación de sus consecuencias.
De ello se deduce que el «arrepentimiento colectivo» es un evento problemático, ya que descansa en la categoría de culpa colectiva, que extiende la culpa individual a la comunidad, lo que suele estar cargado de erosión y manipulación. Una adecuada realización de la responsabilidad política sería la disculpa del jefe de Estado por los crímenes cometidos en nombre de este Estado y el pago de indemnizaciones a las víctimas.
De lo colectivo a la responsabilidad compartida
La investigadora y feminista estadounidense Iris Marion Young abordó en su obra temas de injusticia social y participación política. El fenómeno de la responsabilidad es el tema central de su último libro. Young habla de responsabilidad en un contexto diferente al de Jaspers y Arendt: en el centro de su análisis está la responsabilidad como categoría social. 
Desde el punto de vista de los miembros prósperos de la sociedad, la razón de las desgracias de sus compañeros desfavorecidos es la incapacidad de asumir plenamente la responsabilidad de sus vidas y el deseo de transferirla a la sociedad. Mientras tanto, en la práctica, asumir la responsabilidad de la propia vida se ve obstaculizada por la injusticia sistémica a nivel del Estado y las instituciones públicas.
Young está particularmente interesada en cómo un individuo puede ser responsable de las acciones de los demás. La responsabilidad colectiva, según Arendt, existe simplemente en virtud de la pertenencia a una comunidad política; para Young esto no es suficiente, dado que es importante lo que una persona ha hecho o dejado de hacer como miembro de la comunidad.
Iris Marion Young
Según Young, la asunción real de la responsabilidad política por parte de un miembro de la comunidad se traduce inevitablemente en el imperativo de aceptar esta responsabilidad como una oposición activa a la injusticia. Refuerza la distinción de Arendt entre culpa y responsabilidad, mostrando que la categoría de culpa se dirige al pasado (al atribuir culpa a alguien, localizamos el acto cometido), mientras que la responsabilidad se dirige al futuro (al atribuir responsabilidad a alguien, formulamos un programa de acción para el futuro).
De esta forma, Young pronuncia lo que Arendt ha dejado entre líneas: la responsabilidad de un miembro de la sociedad no es solo la solidaridad, sino la acción activa que imposibilite la injusticia sistémica a la que están sintonizadas las instituciones políticas.
La responsabilidad por las obras de los antepasados
El debate actual sobre la responsabilidad de la sociedad rusa por la guerra, en esencia, continúa la larga conversación sobre la actitud hacia las represiones masivas de la era soviética. ¿Es la condena del terror ejercido por el estado contra sus propios ciudadanos, la única posición posible de un ciudadano, o, por el contrario, una traición en relación con el propio país, una «demostración de debilidad» en relación con estados extranjeros, cuya historia también contiene numerosas páginas vergonzosas y criminales? 
¿Se puede hablar de «culpables» de violaciones masivas de derechos humanos por parte de quienes no participaron directamente en ellas? ¿Cómo sería asumir la responsabilidad por ellos y qué tan amplio es el círculo de aquellos a quienes concierne esta responsabilidad? ¿Deben los descendientes de los verdugos arrepentirse ante los descendientes de las víctimas ¿Es siquiera posible el arrepentimiento colectivo? 
Las posibles respuestas a estas preguntas las proporciona la historia de Jennifer Teege, la nieta de Amon Goth, comandante del campo de concentración de Plaszow. Hija de una alemana y un nigeriano, entregada en la infancia por su madre a un orfanato, supo de su abuelo recién en la edad adulta. Obviamente, en su caso no hay que hablar de culpabilidad por los crímenes del abuelo. Pero en su autobiografía, cuestiona qué es una conexión de sangre con el crimen y qué significa en su caso.
El libro termina así: junto con un grupo de escolares israelíes, Teege viaja a Polonia para visitar el lugar donde estuvo el campo de concentración en el que su abuelo cometió atrocidades. Allí les cuenta a estos niños —los nietos de los que murieron en estos lugares— su propia historia. Después de eso, la invitan a depositar flores en el memorial con ellos. «Mi única responsabilidad es seguir hablando de eso», escribe Teege.
En su caso es imposible hablar de arrepentimiento por las obras de los antepasados, porque la culpa es individual. La responsabilidad se asocia con un sentido de pertenencia a estos actos a través de la historia familiar. Debido a esto, la conexión con los crímenes del pasado se satura emocionalmente, incitando a una persona a actuar de tal manera que evite la repetición de tales crímenes en el futuro.

*Este texto fue publicado originalmente en Meduza. 
Traducción para La Joven Cuba: Armando Chaguaceda.

Leer más »

En memoria del Holocausto (todos los días)

Tengo ante mis ojos un libro apasionante y terrible. Su título es Wannsee: The road to the final solution, publicado el pasado año por la editorial Oxford University Press. El autor, el historiador alemán Peter Longerich, nos conduce a través de los entresijos de uno de los episodios más escalofriantes en la historia del siglo XX, la denominada «conferencia de Wannsee»; esto es, la reunión en la cual fue decidida la logística básica que –en las proyecciones del nazismo– resultaba necesario desplegar para conseguir llevar a la práctica lo que denominaron «solución final de la cuestión judía».
Esta monstruosidad, presentada como problema para resolver, se tradujo en la planificación del exterminio organizado de 11 millones de judíos en la Europa ocupada por los nazis. Dicho proyecto y despliegue precisó de eslabones tales como la fuerza de militares y policías, el saber de juristas e intelectuales, el accionar de políticos, burócratas, apoyos como los del sistema de transportación y comunicaciones, así como del silencio cómplice o la ceguera inducida de millones de alemanes. De esto último da cuenta otra investigación, Los verdugos voluntarios de Hitler: los alemanes corrientes y el Holocausto (1998), conocida obra del historiador estadounidense Daniel Goldhagen.
Estuve en un hermoso y pequeño pueblo a orillas del lago Stanbergsee. Hermoso como si hubiese sido extraído de un cuento de hadas; con las aguas tranquilas del lago, botes amarrados al embarcadero, cisnes y el imponente paisaje de la base de los Alpes, con sus picos nevados, como fondo de la escena. El tren hasta Munich demora media hora y de allí hasta Dachau, donde estuvo el primero de los campos de concentración del periodo nazi, diez minutos acaso. Un domingo fui.
Esa visita, que recuerdo hasta en el más ínfimo de sus detalles, sigue siendo hasta hoy una de las experiencias más fuertes que me ha tocado vivir y, sobre todo, pensar. Desde antes de llegar conocía, imaginé, gran cantidad de historias acerca de la crueldad de «los campos», pero la diferencia (radical) esta vez emanaba del hecho de estar «allí».
La imagen de una pared, cubierta por la foto (decenas de veces ampliada) de una página del control de alimentación de los detenidos, y allí encontrar el consumo exacto, calculado en cantidad de gramos y mínimo vital de calorías, para extraer de ellos la mayor cantidad de trabajo hasta llevarlos al límite de la supervivencia y, de ese punto, a morir. O la reproducción de un gran mapa de Europa en el cual la delimitación –con un círculo– de un determinado lugar aparecía junto al nombre del sitio; Auschwitz, Belzec, Bergen-Belsen, Buchenwald, Chelmno, Dachau, Majdanek, Mauthausen, Ravensbrück, Sachsenhausen, Sobibor, Theresienstadt, Treblinka, nombres del terror. Y entonces, partiendo de cada uno de estos, líneas de puntos conectadas a nombres que nunca escuchaste: el entramado de las decenas de subcampos en los territorios ocupados por tropas nazis y donde se mantenía a centenares de miles de prisioneros en condición de obreros-esclavos de fábricas cercanas, en minas u otros empleos. Porque también aprendes que la burocratización y tecnificación del odio llegó al punto de que el diseño consideraba diferencias entre campos de concentración, de trabajo y de exterminio.
Pero si algo me impresionó aún más fue comprobar la cercanía de ese Dachau, que estaba visitando, a las granjas familiares dispersas por todo el perímetro. La contemplación del sitio, donde una comunidad definida por la humillación y la violencia permanentes, la tortura y el asesinato, no solo desarrolló su vida a escasos kilómetros de una de las grandes capitales culturales del país, sino que ello sucedía al lado de familias que continuaban sus existencias presuntamente normales.
Desde que, en tiempos de mi juventud, leí libros como Nuremberg: epílogo, de Arkadi Poltorak, y A fin de cuentas, de Boris Polevoi; vi largometrajes de ficción como Recuerda tu nombre, del realizador Serguei Kolosov, o Ven y mira, de Elem Klimov; o documentales como Noche y niebla, de Alain Resnais, o Shoah, de Claude Lanzmann, he seguido tratando de conocer y responder(me) preguntas acerca del Holocausto y del espectro de la condición humana, en particular, en las condiciones más extremas.
Recientemente fue 27 de enero, declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como Día internacional de conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto. En esa fecha, del año 1945, las tropas soviéticas liberaron el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau.
Recordar, leer y continuar esa búsqueda es parte de un proceso que no se detiene. Tratar de entender todo cuanto entonces sucedió y nunca olvidar: para que no se repita.

Leer más »

El antisemitismo ha crecido durante la pandemia de COVID-19, advierte la ONU

Imagen de archivo del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia, donde murieron más de un millón de personas, en su mayoría judíos, durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: ONU.En el Día Internacional de Conmemoración anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto, el secretario general de la ONU, António Guterres, denunció que los ataques antisemitas, tanto verbales como físicos, han aumentado durante la pandemia, y manifestó su preocupación por el desconocimiento de los jóvenes sobre ese genocidio.
“La ignorancia va de la mano de la indiferencia hacia la intolerancia. Me sorprendió saber que algunas personas que rechazan la vacuna COVID-19 se han apropiado de la estrella amarilla que se obligaba a llevar a los judíos en la Alemania nazi. Los ataques antisemitas, tanto verbales como físicos, han aumentado durante la pandemia, a pesar de los cierres y las cuarentenas”, advirtió.
Guterres indicó que todas estas acciones, junto a la irrupción de fanáticos que interrumpen las reuniones en línea organizadas por instituciones judías con “bilis antisemita” y símbolos fascistas, deben finalizar y que “todas las sociedades deben tomar medidas para atajar el antisemitismo de raíz”.
La ONU –subrayó– debe estar siempre “del lado de los marginados y perseguidos” y a la vanguardia de la lucha contra el antisemitismo y cualquier otra forma de discriminación y racismo, un fenómeno que va en aumento.
“El antisemitismo, la virulenta intolerancia antimusulmana, la persecución de los cristianos, el racismo y el odio contra los refugiados se están normalizando en un discurso público cada vez más tosco, a menudo amplificado en las cajas de resonancia del odio en línea”, denunció.
El tema sobre el que gira la celebración de este 2022 es “Memoria, Dignidad y Justicia”.
Las actividades conmemorativas y educativas sobre el Holocausto pretenden llamar la atención sobre las acciones emprendidas por los supervivientes del exterminio en los años inmediatamente posteriores a la devastación y brutalidad de este, con el fin de reclamar sus derechos, su historia, su patrimonio cultural y sus tradiciones, junto con su dignidad.
Luego de la intervención de Guterres, el presidente de la Asamblea General, Abdulla Shahid, explicó que el evento sirve para “celebrar las vidas y llorar las pérdidas de más de seis millones de mujeres, hombres y niños que fallecieron durante la peor atrocidad de la historia de la humanidad”.
“A menudo se dice que la historia se repite. Sin embargo, al recordar, al contar esta historia, ayudamos a evitar esa repetición. Recordamos los peores momentos de la humanidad y prometemos, año tras año: nunca más”, declaró.
La alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet, dijo que “debemos hacer frente a las mentiras y a la incitación al odio, incluido el que se produce en línea, y tanto los Gobiernos como las plataformas de redes sociales tienen una responsabilidad especial en este sentido”.
Calificó el Holocausto como “un crimen de espantosa inhumanidad” donde fueron asesinados “seis millones de judíos, así como gitanos y cíngaros, eslavos, personas con discapacidad, personas LGBT, prisioneros de guerra y miembros de redes antinazis de toda Europa”.
Igualmente, recordó que la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos fueron concebidas a partir del Holocausto y de las dos guerras mundiales, “impulsadas por la urgente necesidad de evitar para siempre tales horrores” y que actualmente continúan creciendo el racismo y la xenofobia.
“Se han producido ataques violentos contra lugares judíos e incidentes antisemitas en muchos países. Las teorías conspirativas antisemitas han atribuido la responsabilidad de la pandemia del COVID-19 a los judíos. Muchas figuras públicas han minimizado, distorsionado y convertido en arma el Holocausto en declaraciones que atacan las medidas de salud pública.
“Al igual que en la década de 1930, las mentiras, el odio, la búsqueda de chivos expiatorios y la deshumanización van en aumento, amenazando gravemente nuestro tejido social en la actualidad”, afirmó.
Para contrarrestar las informaciones en línea falsas, los usuarios de la aplicación TikTok que a partir de este jueves busquen términos relacionados con el Holocausto en la red social encontrarán un anuncio en la parte superior de su búsqueda que les invitará a visitar una página web de la Unesco y el Congreso Mundial Judío.
Según los datos que maneja la ONU, el 17% de los contenidos relacionados con el Holocausto en TikTok negaban o distorsionaban el Holocausto. Ante este problema, la red social decidió actuar y unir sus fuerzas con la Unesco y el Congreso Mundial Judío.
(Con información de Noticias ONU)

Leer más »
 

Contáctenos

 

Si desea contactar NoticiasCubanas.com, el portal de todas

las noticias cubanas, por favor contáctanos.

¡Estaremos felices de escucharlo!

 

Con gusto le informáremos acerca de nuestra oferta de publicidad

o algún otro requerimiento.

 

contacto@noticiascubanas.com

 

Oferta


Si deseas saber como tu sitio de noticias puede formar parte de nuestro sitio NoticiasCubanas.com, o si deseas publicidad con nosotros.

 

Por favor, póngase en contacto para mas detalles.

Estaremos felices de responder a todas tus dudas y preguntas sobre NoticiasCubanas.com. ¡La casa de todas las noticias cubanas!

contacto@noticiascubanas.com


Sobre nosotros

NoticiasCubanas.com es la casa de todas las noticias cubanas, somos un sitio conglomerado de noticias en Cuba. Nuestro objetivo es darle importantes, interesante, actuales noticias sobre Cuba, organizadas en categorías.

Nosotros no escribimos noticias, solo recolectamos noticias de varios sitios cubanos. Nosotros no somos parte, solo proveemos noticias de todas las fuentes de Cuba, y de otras partes del mundo.

Nosotros tenemos un objetivo simple, deseamos brindarle al usuario el mayor monto de noticias con calidad sobre Cuba, y la visión que tiene el mundo sobre Cuba. Nosotros no evaluamos las noticias que aparecen en nuestro sitio, tampoco no es nuestra tarea juzgar las noticias, o los sitios de las noticias.

Deseamos servir a los usuarios de internet en Cuba con un servicio de calidad. Este servicio es gratuito para todos los cubanos y todos aquellos que estén interesados en las noticias cubanas y noticias internacionales sobre Cuba.

 

Términos de uso

NoticiasCubanas.com es gratis para todas las personas, nosotros no cobramos ningún cargo por el uso del sitio de ninguna manera. Leer los artículos es completamente gratis, no existe ningún costo oculto en nuestro sitio.


Proveemos una colección de noticias cubanas, noticias internacionales sobre Cuba para cualquier persona interesada. Nuestros usuarios utilizan NoticiasCubanas.com bajo el acto de libre elección y bajo su propia Responsabilidad.

Nosotros no recolectamos ningún tipo de información de nuestros usuarios, no solicitamos ninguna dirección electrónica, número telefónico, o ningún otro tipo de dato personal.

 

Medimos el monto de tráfico que noticiasCubanas.com recibe, pero no esperamos compartir esta información con alguien, excepto nuestros socios de publicidad. Nos regimos bajo las normas Cubanas en cada cuestión legal, cualquier aspecto no clarificado aquí debe ser considerado sujeto bajo el sistema Legal de Cuba.