HAVANA CLIMA

Historia

Nuestro irrevocable Socialismo: a 20 años de un compromiso

Hace ya 20 años, el Parlamento cubano aprobó por “unanimidad” una ley de reforma a la Constitución entonces vigente que declaró “irrevocable” el carácter socialista del sistema político y que Cuba no volvería jamás al capitalismo. Aquel día, los representantes del pueblo aprobaron una ley contra el retroceso, por una revolución permanente hasta conquistar toda la justicia, primero en nuestro país,  para adelantar el “bien mayor del hombre” en un Mundo mejor, posible.

El 26 de junio de 2002, el entonces presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón de Quesada, al presentar el proyecto precisó que habían sido 165 las intervenciones de diputados y representantes de las organizaciones sociales, hombres y mujeres de las más diversas actividades de nuestra sociedad, quienes alzaron sus voces con respuestas colectivas, macizas, sólidas y profundas frente a los pronunciamientos injerencistas del señor  Bush del 20 de mayo anterior, desde la Casa Blanca y desde Miami.

El día en  que los anexionistas celebraban el “Centésimo Aniversario de la Independencia de Cuba”, el presidente Bush condicionó cualquier flexibilización del embargo de ese país a la isla a cambios políticos y reformas económicas. El Cesar del Imperio, con la prepotencia y la arrogancia que lo caracterizaba. Respondía así a la solicitud de levantar el embargo/bloqueo que había hecho una semana antes, desde Cuba, el ex-presidente demócrata Jimmy Carter.

Vale  recordar que en el discurso de Carter en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, si bien  pidió una mejora de las relaciones entre los dos gobiernos, hizo  varias críticas al sistema cubano y solicitó que se aceptara la propuesta de la contrarrevolución de un referéndum para el cambio político en Cuba, conocido como “Proyecto Varela”. “Podría ser que la mayor parte de los cubanos estén en desacuerdo, pero creo que el mundo vería con gran admiración esto (…) sería una vívida demostración de que la Constitución garantiza el derecho de libre expresión, de libre asociación”, propuso. Otra muestra de que ni los más moderados se libran de ese credo  de país elegido, con la única verdad sobre la democracia y con el  poder de juzgar a los demás.

Varios estudiantes y profesores respondieron allí mismo a sus ilegítimas propuestas. Entre ellos, el presidente de la FEU Hassan Pérez, quien consideró una infamia que la oposición utilice los nombres de los próceres cubanos para identificar sus iniciativas, concretamente el Proyecto Varela, que comparó como tirarse a una piscina sin agua. El decano de la Facultad de Derecho, José Luis Toledo Santander, le preguntó a Carter que si en su país sería aceptado que “un ínfimo grupo alentado por una potencia extranjera cambie los principios fundamentales de una nación”.

El 1ro de junio siguiente, desde la Plaza Mayor General “Calixto García” de Holguín,  el Presidente de la República de Cuba Fidel Castro Ruz protagonizó la  Tribuna Abierta de la Revolución  en protesta y repudio las amenazas, las calumnias y las mentiras del presidente Bush. En su discurso Fidel afirmó lo que podría considerarse el fundamento ideopolítico de aquel  compromiso refrendado semanas después: “El cese de la explotación de los seres humanos y la lucha por la verdadera igualdad y justicia, es y será el objetivo de una Revolución que no dejará de serlo nunca”.

Los provocadores discursos de  George W. Bush motivaron multitudinarias marchas populares a lo largo y ancho del país. Más de 9 millones de cubanos participaron en aquellas manifestaciones. Como respuesta de ese clamor popular se desencadenó el proceso de reforma constitucional.

La aprobación  en el Parlamento fue precedida por un plebiscito durante los días 15, 16 y 17 de junio del 2002, en el que  8 198 237 de electores ratificaron, mediante firma pública y voluntaria, el  carácter socialista  del sistema político, económico y social contenido en la constitución. El proyecto aprobado por la casi totalidad del pueblo había sido propuesto por las Organizaciones de Masas en asamblea extraordinaria de todas sus direcciones nacionales; también como digna y categórica respuesta a las manifestaciones injerencistas de Bush.

Con el voto nominal de los 559 diputados de Asamblea Nacional del Poder Popular presentes en la sesión,  el 96,71 %  del total, se adicionó el siguiente párrafo al final del artículo 3:

“El Socialismo y el sistema político y social revolucionario establecido en esta Constitución, probado por años de heroica resistencia frente a las agresiones de todo tipo y la guerra económica de los gobiernos de la potencia imperialista más poderosa que ha existido y habiendo demostrado su capacidad de transformar el país y crear una sociedad enteramente nueva y justa, es irrevocable, y Cuba no volverá  jamás al capitalismo”.

También se agregó en el artículo 11 de la Ley de Leyes que las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado no podrían  ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera. Además, en su artículo 137, sobre la Reforma Constitucional, se adicionó que podrá ser reformada, excepto en lo que se refiere al sistema político, económico y social cuyo carácter irrevocable quedó aprobado por nuestro Parlamento.

La Ley aprobada  incluyó una Disposición Especial que dio cuenta del proceso democrático y de  respaldo popular que legitimó aquella reforma. Una  “excepcional experiencia” que al decir del líder  de la Revolución   Fidel Castro puso de manifiesto la unidad, los vínculos estrechos del Partido y el Gobierno con el pueblo.

Como explicó al plenario José Luis Toledo en nombre de  la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos,  aquella Reforma Constitucional era expresión de la identificación de nuestro pueblo con todos y cada uno de los principios que sustentan la Carta Magna. Sobre todo,  con los Fundamentos Políticos, Sociales y Económicos que se consagraban en su capítulo uno, que destacaba que Cuba es un Estado Socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.

Se aprobaba así la decisión mayoritaria de que el proceso revolucionario del Socialismo no tenía  marcha atrás. No era  la defensa  festinada de una identidad partidista, ni la jugada totalitaria de este para eternizarse en el  poder, fue la decisión soberana de un pueblo decidido a defender  su nación amenazada y su proyecto  de desarrollo, frente a un Capitalismo que se ha probado fallido, incapaz de resolver los problemas más acuciantes de la humanidad. 

Con aquella decisión,  ratificada  en la Constitución del 2019,  no se estableció   un compromiso con un socialismo anquilosado, ni cerrado a las reformas.  Prueba de ello, es la actualización del modelo que aún se desarrolla. El Comandante en Jefe Fidel Castro, al reflexionar sobre las modificaciones constitucionales aprobadas ese día, hizo énfasis en la idea de que nuestro Socialismo es perfectible y puede dar paso a una sociedad superior, el Comunismo.

De lo que se trata es de defender los frutos de la obra de la Revolución y del Socialismo, para el presente y para el futuro. Como continuidad del impulso emancipador de nuestros padres fundadores.

Como apuntó el entrañable amigo mexicano Pablo González Casanova, “toda la historia revolucionaria de Cuba, a través de su pueblo y su líder, y sus líderes, asume la herencia moral, ideológica y política, la herencia revolucionaria de Martí, considerada como un todo en que, para alcanzar los objetivos morales y revolucionarios, se revela necesario hacer la revolución y también el socialismo. Para alcanzar los objetivos morales de Martí no solo se necesita hacer la revolución, si se es coherente, sino que se tiene que hacer el socialismo”.

Por aquellos días el destacado  intelectual  Cintio Vitier nos legó para la historia: “Lo que estamos defendiendo no es solo un sistema político, es la pasión libertaria de Bolívar y de todos los próceres de nuestra América; es la gran obra social de la Revolución y más allá, de todos los que tienen hambre y sed de justicia…”.

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Las incógnitas que rodean a la famosa fuga de Alcatraz 60 años después

Clarence Anglin, Frank Morris y John Anglin escaparon de Alcatraz en 1962. Foto: Archivo.Tres atracadores de bancos demostraron que la seguridad de Alcatraz podía ser quebrantada.
En 1934, la cárcel modelo de Estados Unidos fue instalada en un islote en el Pacífico Norte, tan aislado que resultaría imposible para los reos cruzar las aguas de la bahía de San Francisco y sobrevivir a un intento de fuga.
Sin embargo, John Anglin, Clarence Anglin y Frank Morris se arriesgaron a escapar durante la noche del 11 de junio de 1962.
Usaron pelo, papel higiénico y jabón para confeccionar cabezas de muñecos, que cubrieron con cobijas para simular que estaban durmiendo, y huyeron a través de un túnel que cavaron con cucharas durante meses desde sus celdas.
Los reclusos hicieron una balsa inflable con sus impermeables y saltaron al agua en algún momento entre las 8:00 de la noche y las 2:00 de la mañana, según documentos del FBI.
A pesar de los esfuerzos de búsqueda, los hombres nunca fueron encontrados.
Alcatraz, también conocida como “La Roca”, dejó de ser una cárcel de máxima seguridad en 1963, un año después de la fuga.
BBC te cuenta tres incógnitas sobre el caso que no han sido resueltas 60 años después.
Casi 60 años después de su cierre, Alcatraz sigue revelando secretos. Foto: Archivo.
¿Qué ocurrió con los presos que escaparon de Alcatraz?
Las autoridades dijeron en su momento que no había forma de que los tres fugitivos hubieran podido sobrevivir en las gélidas aguas de la bahía de San Francisco, aunque hoy los triatletas las cruzan a nado sin problema.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) cerró la pesquisa en 1979.
Sin embargo, la policía de San Francisco recibió en 2013 una carta presuntamente escrita por uno de ellos, que se filtró a la prensa estadounidense y a la opinión pública cinco años después.
“Mi nombre es John Anglin”, comienza la carta. “Me escapé de Alcatraz en junio de 1962. Sí, todos sobrevivimos aquella noche, ¡pero por los pelos!”, continúa.
El autor de la misiva alega que los tres vivieron hasta convertirse en ancianos.
El supuesto John Anglin asegura que Morris murió en 2005 y su hermano Clarence en 2008.
El firmante de la carta incluso propone un acuerdo a las autoridades: “Si anuncian en televisión que me prometen que sólo iré a la cárcel un año y que me darán atención médica, escribiré de vuelta para decirles exactamente dónde estoy”.
“Tengo 83 años y no estoy bien físicamente. Tengo cáncer”, añade.
Según la carta, John Anglin vivió la mayor parte de su vida en Seattle (Washington) y pasó ocho años en Dakota del Norte.
¿Es auténtica la carta?
El servicio de los Marshals de Estados Unidos, que está a cargo del caso desde 1979, envió la carta a un laboratorio del FBI para que hiciera un análisis forense de la letra.
“Muestras de la escritura a mano de los tres fugitivos, John Anglin, Clarence Anglin y Frank Morris, se cotejaron con la carta anónima y los resultados fueron no concluyentes”, informó el servicio en un comunicado.
En el momento en que la policía recibió la carta, John Anglin decía estar viviendo en el sur de California.
Hasta hoy, los tres fugitivos permanecen en la lista de los más buscados y las autoridades han publicado imágenes de cómo se verían después de haber envejecido.
¿Qué saben los familiares?
David Widner, un sobrino de los hermanos Anglin, dijo al canal CBS que su abuela recibió flores con tarjetas firmadas por John y Clarence durante varios años después de la fuga.
Las cartas no fueron evaluadas por ninguna autoridad que corroborara su autenticidad.
“La verdad es que no he llegado a una conclusión sobre si creo que es John el que escribe o no”, declaró David Widner.
Independientemente de la veracidad del documento, el sobrino se mostró consternado ante el hecho de que la carta no fuera entregada a la familia.
“En vista de que él dice que tiene cáncer y está muriendo, siento que al menos deberían haberse dirigido a la familia e informarnos de la existencia de la carta”, señaló.
La habitación de uno de los Anglin es una de las estaciones más visitadas del museo que opera hoy en Alcatraz, que recibe alrededor de 1,3 millón de turistas al año.
Además, es el punto de partida del triatlón anual “Escape de Alcatraz”, en el que cientos de atletas prueban que, con el entrenamiento y el equipamiento apropiados, es posible salir de la temida isla y llegar entero a tierra firme.
(Tomado de BBC)

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Cuba contra las drogas: Una lucha de siglos

La Mayor de las Antillas fue pionera en la región en el enfrentamiento a lo que hoy se conoce como narcotráfico, al promulgar una ley reguladora de opio en 1863.La primera acción legal  en Latinoamérica encaminada a restringir el tráfico de drogas fue la ley promulgada por la Capitanía General de la Isla de Cuba, el 20 de julio de 1863, para controlar la compraventa del opio.
Inscrita en la Gaceta Oficial del gobierno de la época, la circular estableció que los dispensarios solo podían vender opio en bruto o purificado a los especialistas con oficinas públicas autorizadas, y los particulares debían adquirir derivados en dosis terapéuticas, acorde con el legajo del Gobierno de la Capitanía General, encontrado en el Archivo Histórico de Matanzas.
“No existe evidencia en Cuba ni en ningún otro lugar de América Latina de la aplicación de una medida tan radical para regular la venta de drogas hasta esa fecha. Por ello, la Isla es pionera en la lucha contra lo que hoy se conoce como narcotráfico en la región”, reconoció Sonia Montes de Oca Castellanos, historiadora especializada en temas de salud, en la Universidad Camilo Cienfuegos, de Matanzas.
El documento incluye también regulaciones aduanales para la sustancia y esboza una relación de las multas inferidas a los infractores: los que incurrieran por primera vez en el delito pagarían un monto de 100 pesos, en una segunda ocasión 150, en una tercera 200 y, en su defecto, los días de prisión que se consideras pertinentes.
“A partir de ese momento, en cada farmacia fue menester la existencia de un libro de registros donde se anotaran por orden de fecha las cantidades de opio que expidieran y el nombre del especialista a quien le fueran vendidas, este último obligado a firmar a continuación”, aseveró Montes de Oca Castellanos.
Marcia Brito Fernández, directora del Museo Farmacéutico de la ciudad de Matanzas, explicó que los droguistas de entonces actuaban muy a fin con la legalidad y tomaron serias medidas ante la nueva legislación, al punto de que en la mayoría de las boticas únicamente el director conocía el lugar donde se encontraban las preparaciones opiadas y la combinación de las cajas fuertes en las cuales podían guardarse los narcóticos regulados.
“La venta ilícita de opio a mediados del siglo XIX representaba un  gran inconveniente social y tenemos referencias de muertes por envenenamiento, intoxicación y sobredosis; además, muchos hacendados  emplearon esta droga para convertir en adictos a sus trabajadores y así controlar su economía”, afirmó Brito Fernández.
El mundo no se organizó en cuanto al tema de los narcóticos hasta casi medio siglo después en La Haya, Holanda, el 23 de enero de 1912, donde tuvo lugar la firma del Convenio Internacional del Opio, que también reguló la cocaína, la heroína y sus derivados, según el informe oficial del encuentro.

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Ayer y hoy de Muralla

Muralla fue en un tiempo la calle Real; era en los comienzos la primera salida al campo que tenía  la villa. Cambió su nombre por el de Muralla cuando se abrió al final de ella, en 1721, una puerta, la llamada Puerta de Tierra en ese cinturón que rodeaba la primitiva villa. En 1763 se le dio el nombre de Ricla en honor al primer gobernador español que asumió el mando de la Isla tras la salida de los ingleses que un año antes se apoderaron de La Habana. Ese fue su nombre oficial, pero por más que se empeñó el municipio, Muralla siguió siendo Muralla, nombre que fue pasando de padres a hijos y que subsiste y subsistirá.

Era, en los finales del siglo XIX –una calle “realmente singular, única, con carácter propio. Si bien por su anchura, que es escasa, por su adoquinado, que es excelente, y por sus aceras, que son estrechas y altas, se parece a las elegantes calles de Obispo y de O’Reilly, en lo demás tiene fisonomía suya, inconfundible con las otras”. Así la describió el cronista español Luis Morote en la primera de sus “Cartas desde Cuba” que el 19 de noviembre de 1896 remitió al periódico El Liberal, de Madrid. 

Se trataba de una calle entoldada en su mayor parte. De balcón a balcón, de una acera a la otra, se extendían toldos que mitigaban los rigores del calor, daban frescura a la calle y contribuían a avivar las transacciones comerciales, y, entre toldo y toldo colgaban anuncios que daban al centro de la vía que completaban la decoración y constituían una nueva y sugestiva llamada a los compradores. El comercio, a lo largo de la calle, desde Monserrate hasta el mar, estaba en manos de peninsulares –asturianos, montañeses y gallegos. “Todos los vecinos son peninsulares, afirmaba Morote, y todas las casas son tiendas”.

Este panorama variaría con el tiempo pues el elemento español fue desplazado por comerciantes e industriales judíos que emplazaron en la calle sus tiendas  y almacenes, talleres de talla de diamantes y fábricas de corbatas y cinturones, producciones desconocidas hasta entonces en Cuba. Radicaba en esa calle, número 406, la Cámara de Comercio Hebrea. 

Claro que una parte de los comerciantes españoles permaneció en sus predios. Tal fue el caso de Humara y Lastra –grandes importadores de electrodomésticos y de efectos eléctricos en general y representantes de la marca norteamericana RCA. Mantuvieron su local marcado con los números 405-407 de la vía.

El español Luis Morote, por supuesto, no vio el arribo de los judíos a Muralla ni tampoco nosotros vemos hoy las múltiples ofertas que, dice él, tentaban al que caminaba la calle. Si bien los establecimientos del sector privado aportan hoy cierta animación y color, y se abren y limpian almacenes todavía vacíos, en espera, al parecer, de un destino mejor y útil, el deterioro se ha adueñado de Muralla, aunque sea posible disfrutar del remanso que regala la Plaza Vieja, con sus esculturas de Roberto Fabelo, la fabrica de maltas y cervezas, el café El Escorial y restaurante-cafetería La Vitrola, y casi enseguida de la majestuosa elegancia del hotel Palacio Cueto, que una esmerada restauración hizo volver a la vida, por no aludir a otros inmuebles igualmente restaurados en una calle que termina  adentrándose en el edificio de la .antigua Cámara de Representantes y que es hoy el Salón de la Ciudad.

Se asoman a esa plaza la mansión del Conde de Casa Jaruco, que data de 1737 y la casa del historiador Martín Félix de Arrate, donde radica ahora el Museo de los Naipes, con un fondo de más de dos mil piezas. También la sede de la Fototeca de Cuba, la Editorial Boloña y el Planetarium, así como la Vitrina de Valonia, la casa del Conde de Cañongo, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y la llamada Cámara Oscura, un  aditamento que ofrece el maravilloso espectáculo de una ciudad viva basada en un efecto óptico a través del cual se reflejan en una pantalla cóncava escena que están ocurriendo en el exterior de la torre. Es el único artefacto de este tipo que existe en América y uno de los pocos en el mundo. 

Un banquete “monstruo”

Eventos memorables, aunque infaustos, tuvieron por escenario esta calle habanera. 

Allí tuvo lugar, el 22 de abril de 1622, el primer incendio de envergadura que se registra en la ciudad. El fuego comenzó en un casa enclavada en la porción de Muralla conocida como calle de La Cuna, por encontrarse en ella la primitiva Casa de Beneficencia, y se extendió, sin que pudiera impedirse la propagación de las llamas, impulsadas por el viento, por cinco manzanas de la zona, con el saldo de 96 viviendas destruidas y todos los árboles dañados.

En Muralla se celebró el banquete “monstruo” que en honor de las tropas españolas ofrecieron los vecinos de esa calle al finalizar la Guerra de los Diez Años. “La calle Muralla es larguísima. No se acaba nunca”, expresa Morote. Y en toda su extensión –once cuadras– se colocaron las mesas en las que se sirvió una espléndida y suculenta comida a tropas españolas victoriosas. El banquete lo sufragaron los comerciantes de la calle para quienes la paz equivalía una vuelta a la vida.

De Muralla era también la mayor parte del elemento español más recalcitrante e intransigente que animó, dio lustre y relieve y sufragó la grande e imponente ceremonia del entierro del gorrión. En las honras fúnebres de tan modesto pajarito se gastaron miles de duros en una explosión de entusiasmo patriotero.

Sucedió así.

En el  mes de marzo de 1869 un  suceso baladí e intrascendente conmocionó a voluntarios y militares españoles, exacerbados ya por la guerra iniciada por Céspedes. Un gorrión, símbolo para el elemento más recalcitrante y obtuso del más rancio españolismo, cayó muerto en la Plaza de Armas y los más integristas acordaron hacerle un entierro de carácter patriótico,  alzando  los restos del pajarito en un  lujoso féretro en el castillo de la Real Fuerza y colocando sus despojos en un rico sarcófago. A su alrededor orarían los devotos y sacerdotes católicos oficiarían servicios religiosos y entonarían cánticos sagrados. 

Los restos del gorrión fueron paseados por las principales calles de La Habana y el capitán general Domingo Dulce formó parte de la marcha mientras que su esposa llevó a la capilla una ofrenda floral. Para dar realce a la ceremonia y, al mismo tiempo, excitar el fanatismo hispano y el odio contra los insurrectos, se dispuso que el gorrión muerto fuese paseado por varias localidades de la Isla.

En Cárdenas, los actos fueron fastuosos y se derramó arroz, alimento preferido de los gorriones, a su paso por las calles. El cortejo visitó Matanzas y en Guanabacoa, en una tienda de campaña que se alzó en la Loma de la Cruz se dijeron responsos en presencia de las más altas autoridades locales y representantes del cuerpo de Voluntarios. De ahí volvió a La Habana, donde fue enterrado el 27 de marzo de 1869.

En 1902 se dio a Muralla el nombre de calle de la Constitución. 

Es una de las calles más antiguas de la ciudad. 

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Ayer y hoy de Muralla

Calle Muralla en el siglo XVIII.Muralla fue en un tiempo la calle Real; era en los comienzos la primera salida al campo que tenía  la villa. Cambió su nombre por el de Muralla cuando se abrió al final de ella, en 1721, una puerta, la llamada Puerta de Tierra en ese cinturón que rodeaba la primitiva villa. En 1763 se le dio el nombre de Ricla en honor al primer gobernador español que asumió el mando de la Isla tras la salida de los ingleses que un año antes se apoderaron de La Habana. Ese fue su nombre oficial, pero por más que se empeñó el municipio, Muralla siguió siendo Muralla, nombre que fue pasando de padres a hijos y que subsiste y subsistirá.
Era, en los finales del siglo XIX –una calle “realmente singular, única, con carácter propio. Si bien por su anchura, que es escasa, por su adoquinado, que es excelente, y por sus aceras, que son estrechas y altas, se parece a las elegantes calles de Obispo y de O’Reilly, en lo demás tiene fisonomía suya, inconfundible con las otras”. Así la describió el cronista español Luis Morote en la primera de sus “Cartas desde Cuba” que el 19 de noviembre de 1896 remitió al periódico El Liberal, de Madrid. 
Se trataba de una calle entoldada en su mayor parte. De balcón a balcón, de una acera a la otra, se extendían toldos que mitigaban los rigores del calor, daban frescura a la calle y contribuían a avivar las transacciones comerciales, y, entre toldo y toldo colgaban anuncios que daban al centro de la vía que completaban la decoración y constituían una nueva y sugestiva llamada a los compradores. El comercio, a lo largo de la calle, desde Monserrate hasta el mar, estaba en manos de peninsulares –asturianos, montañeses y gallegos. “Todos los vecinos son peninsulares, afirmaba Morote, y todas las casas son tiendas”.
Este panorama variaría con el tiempo pues el elemento español fue desplazado por comerciantes e industriales judíos que emplazaron en la calle sus tiendas  y almacenes, talleres de talla de diamantes y fábricas de corbatas y cinturones, producciones desconocidas hasta entonces en Cuba. Radicaba en esa calle, número 406, la Cámara de Comercio Hebrea. 
Claro que una parte de los comerciantes españoles permaneció en sus predios. Tal fue el caso de Humara y Lastra –grandes importadores de electrodomésticos y de efectos eléctricos en general y representantes de la marca norteamericana RCA. Mantuvieron su local marcado con los números 405-407 de la vía.
El español Luis Morote, por supuesto, no vio el arribo de los judíos a Muralla ni tampoco nosotros vemos hoy las múltiples ofertas que, dice él, tentaban al que caminaba la calle. Si bien los establecimientos del sector privado aportan hoy cierta animación y color, y se abren y limpian almacenes todavía vacíos, en espera, al parecer, de un destino mejor y útil, el deterioro se ha adueñado de Muralla, aunque sea posible disfrutar del remanso que regala la Plaza Vieja, con sus esculturas de Roberto Fabelo, la fabrica de maltas y cervezas, el café El Escorial y restaurante-cafetería La Vitrola, y casi enseguida de la majestuosa elegancia del hotel Palacio Cueto, que una esmerada restauración hizo volver a la vida, por no aludir a otros inmuebles igualmente restaurados en una calle que termina  adentrándose en el edificio de la .antigua Cámara de Representantes y que es hoy el Salón de la Ciudad.
Se asoman a esa plaza la mansión del Conde de Casa Jaruco, que data de 1737 y la casa del historiador Martín Félix de Arrate, donde radica ahora el Museo de los Naipes, con un fondo de más de dos mil piezas. También la sede de la Fototeca de Cuba, la Editorial Boloña y el Planetarium, así como la Vitrina de Valonia, la casa del Conde de Cañongo, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y la llamada Cámara Oscura, un  aditamento que ofrece el maravilloso espectáculo de una ciudad viva basada en un efecto óptico a través del cual se reflejan en una pantalla cóncava escena que están ocurriendo en el exterior de la torre. Es el único artefacto de este tipo que existe en América y uno de los pocos en el mundo. 
Un banquete “monstruo”
Eventos memorables, aunque infaustos, tuvieron por escenario esta calle habanera. 
Allí tuvo lugar, el 22 de abril de 1622, el primer incendio de envergadura que se registra en la ciudad. El fuego comenzó en un casa enclavada en la porción de Muralla conocida como calle de La Cuna, por encontrarse en ella la primitiva Casa de Beneficencia, y se extendió, sin que pudiera impedirse la propagación de las llamas, impulsadas por el viento, por cinco manzanas de la zona, con el saldo de 96 viviendas destruidas y todos los árboles dañados.
En Muralla se celebró el banquete “monstruo” que en honor de las tropas españolas ofrecieron los vecinos de esa calle al finalizar la Guerra de los Diez Años. “La calle Muralla es larguísima. No se acaba nunca”, expresa Morote. Y en toda su extensión –once cuadras– se colocaron las mesas en las que se sirvió una espléndida y suculenta comida a tropas españolas victoriosas. El banquete lo sufragaron los comerciantes de la calle para quienes la paz equivalía una vuelta a la vida.
De Muralla era también la mayor parte del elemento español más recalcitrante e intransigente que animó, dio lustre y relieve y sufragó la grande e imponente ceremonia del entierro del gorrión. En las honras fúnebres de tan modesto pajarito se gastaron miles de duros en una explosión de entusiasmo patriotero.
Sucedió así.
En el  mes de marzo de 1869 un  suceso baladí e intrascendente conmocionó a voluntarios y militares españoles, exacerbados ya por la guerra iniciada por Céspedes. Un gorrión, símbolo para el elemento más recalcitrante y obtuso del más rancio españolismo, cayó muerto en la Plaza de Armas y los más integristas acordaron hacerle un entierro de carácter patriótico,  alzando  los restos del pajarito en un  lujoso féretro en el castillo de la Real Fuerza y colocando sus despojos en un rico sarcófago. A su alrededor orarían los devotos y sacerdotes católicos oficiarían servicios religiosos y entonarían cánticos sagrados. 
Los restos del gorrión fueron paseados por las principales calles de La Habana y el capitán general Domingo Dulce formó parte de la marcha mientras que su esposa llevó a la capilla una ofrenda floral. Para dar realce a la ceremonia y, al mismo tiempo, excitar el fanatismo hispano y el odio contra los insurrectos, se dispuso que el gorrión muerto fuese paseado por varias localidades de la Isla.
En Cárdenas, los actos fueron fastuosos y se derramó arroz, alimento preferido de los gorriones, a su paso por las calles. El cortejo visitó Matanzas y en Guanabacoa, en una tienda de campaña que se alzó en la Loma de la Cruz se dijeron responsos en presencia de las más altas autoridades locales y representantes del cuerpo de Voluntarios. De ahí volvió a La Habana, donde fue enterrado el 27 de marzo de 1869.
En 1902 se dio a Muralla el nombre de calle de la Constitución. 
Es una de las calles más antiguas de la ciudad. 
Vea además:
Los Pinos y otros lugares

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Los crímenes impunes de la Operación Northwoods

Por: Jorge Wejebe Cobo

Iniciaba la segunda quincena de junio de 1962 y las acciones de la CIA y el Pentágono contra Cuba dentro de la Operación Mangosta, actualmente desclasificada por el gobierno de EE.UU., se encontraban en su etapa culminante de sabotajes, actos terroristas, atentados y alzamientos en zonas rurales que debían desembocar en los meses inmediatos en un supuesto levantamiento popular.

Pero detrás de ese frenesí de la Casa Blanca por vengarse de la derrota de Playa Girón en 1961, descollaba la acción Dirty Tracy (juego sucio) que conllevaría a una autoagresión en barcos, aviones civiles de Estados Unidos o países aliados y principalmente contra la Base Naval de Guantánamo, que adjudicarían a los cubanos la muerte de ciudadanos y militares y sería el pretexto para la invasión a la ínsula.

Según documentos desclasificados en 1998, el plan dentro de la llamada Operación Northwoods (madera del norte) fue presentado en marzo del 62 al Secretario de Defensa, Robert McNamara, por el general de cuatro estrellas Lyman Louis Lemnitzer, y rechazado después de más de tres horas de tensas discusiones, en las cuales los militares presionaron a McNamara con la propuesta.

Aunque muy lejos de esas reales o presuntas contradicciones en Washington, en ese verano y en los años posteriores de la década de 1960, los jefes de la Base Naval de Guantánamo incrementaron las provocaciones como si se dispusieran a seguir con ese macabro plan.

Así, aviones y embarcaciones violaron el espacio aéreo y sus aguas, los soldados agredieron a las postas cubanas y continuaron entregando armas a los elementos contrarrevolucionarios de la zona.

Inclusive, la contrainteligencia de la Isla conoció que entre las tareas de la inteligencia naval del enclave figuraba la captura de supuestos agentes o saboteadores nacionales para provocar una respuesta.

En ese difícil contexto, el joven pescador de Caimanera Rodolfo Rosell, quien estaba incorporado a la Revolución y mantenía a su familia con su pequeña embarcación Las Dos Hermanas, desde el 11 de julio lo reportaron desaparecido hasta que el día 13 fue encontrado su cadáver en la popa de su lancha en la Playa Conde con horribles marcas de torturas.

De acuerdo con la autopsia, la causa de su muerte fue una irreversible hemorragia intracraneana. Eran visibles en su cuerpo numerosos hematomas y huellas de punzones.

Al hacer una recapitulación de hechos tan deleznables, recordamos que el primer asesinato relacionado con esa ilegal instalación militar fue el del trabajador del enclave Rubén López Sabariego acaecido el 15 de octubre de 1961, que dejó huérfanos a nueve hijos.

Tampoco la muerte de Rodolfo Rosell sería la última, en 1964 cayó el guardafrontera Ramón López Peña, ultimado por disparos hechos desde la base naval. También fue asesinado en iguales circunstancias el combatiente Luis Ramírez López en 1966, víctima de una ráfaga disparada por marines yanquis mientras cumplía su misión de custodiar el territorio nacional.

Por medidas tomadas principalmente por la parte cubana en años posteriores se pudo lograr un clima de normalización en la región fronteriza de Guantánamo, aunque a pesar de las gestiones legales y denuncias realizadas por Cuba, esos crímenes y otros se mantienen impunes sin el menor pudor por parte del gobierno estadounidense que desclasificó algunas de sus operaciones contra Cuba.

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Un hombre partido en cuatro

Juan Tomás Roig realizó la proeza de estudiar cuatro carreras en Universidad de La Habana de forma simultánea. Estudió en la Facultad de Artes y Letras y en lo que es hoy la Facultad de Biología, donde residía la cátedra de Medicina de la Universidad de La Habana.
Después de haberse graduado de bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y cursar una especialidad en Inglés en la Universidad de Harvard, Roig ejerció el magisterio por varios años en su natal Pinar del Rio, antes de decidirse a seguir estudiando, lo que lo llevó a La Habana, donde en 1910 se doctoró en Farmacia y Perito Agrónomo.

En 1912 lo haría en Ciencias Físico-Químicas y en Ciencias Naturales. Esta última con una tesis de grado sobre las cactáceas en Cuba, que le valió un gran mérito científico entre sus colegas y que sería uno de sus  primeros aportes a la Sociedad Cubana de Historia Natural “Felipe Poey”.

Roig pasó muchas dificultades para estudiar, asegura Armando Rangel Rivero, jefe del grupo antropológico de la Facultad de Biología y experto en el científico. “Dado que era un ‘guajirito’ tímido y mal vestido, sin ningún ‘padrino’ que pudiera apoyarlo, se vio solo y en un medio hostil donde tuvo que vencer grandes obstáculos, lo que él consideraba su único gran mérito”, afirmó.

Se vio obligado a residir donde pudiera, y en su Facultad imperaba el gansterismo y la violencia. Muchos de los estudiantes acudían a la escuela con cuchillos, lo cual lo ponía en peligro a la hora de entablar alguna discusión. Siempre se enfrentó a estas actitudes, por lo cual tuvo encontronazos fuertes y llegó a ser expedientado disciplinariamente.
Ni siquiera después de graduarse pudo tener reposo. Cuando en 1935, después de la caída de Machado, intentara ocupar un cargo de profesor en la Universidad, se vio obstaculizado incluso por sus más grandes amigos, que consideraron falta de respeto que intentara zafarse del frío ambiente academicista para divulgar su obra.
Así, el más grande sabio de la botánica en Cuba nunca pudo impartir sus conocimientos en un aula y fue  atacado públicamente por la prensa por atreverse a protestar contra la decisión del tribunal que lo privó de su sueño. Roig guardaría esta mala experiencia durante toda su vida y al triunfo de la Revolución llegó a decir que la más grande obra de esta había sido limpiar la Universidad.
A pesar de esto, Roig nunca se desvinculó de la docencia. En 1917 obtuvo por oposición la Cátedra de Cosmología, Biología e Historia Natural en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río. En 1940 fue designado jefe de la Sección de Investigaciones del Departamento de Química, cargo que desempeñó junto con la explicación de la Cátedra de Botánica de la Escuela Forestal.
Su nombre está ligado de forma indisoluble a la Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, en la actualidad sede del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt (INIFAT).

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¡Hijo soy de mi hijo!

Padre amantísimo, el Héroe Nacional de Cuba no dejó de pensar en José Francisco Martí Zayas-Bazán mientras se hacía al camino de la Patria
José Martí junto a su hijo y a Carmen Zayas-Bazán.

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Los héroes conversan con las balas; pero también respiran, aman, padecen. A los verdaderos héroes les duelen la Patria y la lejanía de los hijos; le ocurrió a José Martí, el más universal de los cubanos.

Aún en medio de la urgencia y casi a punto de abordar la goleta Brothers rumbo a Cuba el primero de abril de 1895 desde Montecristi, República Dominicana, Martí encontró tiempo para dedicarle unos trazos a su hijo José Francisco, a quien le cantó en versos mucho antes.

“Hijo. Esta noche salgo para Cuba, salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo”.

No más recomendó el organizador de la Guerra Necesaria a su hijo; de sus 16 años, Martí ni siquiera había disfrutado cinco, en total, de su compañía, y en más de una oportunidad lamentó esa ausencia física, como lo hizo en 1880, radicado en Nueva York, Estados Unidos, cuando confiesa el sufrimiento de no tener “cabeza de hijo que besar”.

Al año siguiente, en Venezuela, en la Caracas custodiada por sus cerros milenarios, sacó de su alma oceánica quizás el poemario más sincero escrito por un padre dedicado a un hijo. Lo tituló Ismaelillo en alusión al relato bíblico de Ismael. “¡Hijo soy de mi hijo! ¡Él me rehace!”, exclamó el padre, para esa fecha separado de quien era su esposa, Carmen Zayas-Bazán, también razón de su distanciamiento del Ismaelillo, a quien considera el más puro de los monarcas en el poema “Mi reyecillo”.

“(…) Toca en mi frente/ Tu cetro omnímodo; / Úngeme siervo, / Siervo sumiso: / ¡No he de cansarme / De verme ungido! / ¡Lealtad te juro, / Mi reyecillo! / Sea mi espalda / Pavés de mi hijo: / Pasa en mis hombros / El mar sombrío: / Muera al ponerte / En tierra vivo: / —Mas si amar piensas / El amarillo / Rey de los hombres, / ¡Muere conmigo! / ¿Vivir impuro? / ¡No vivas, hijo!”.

Imposible saber cuántas veces José Francisco, o mejor, el Ismaelillo volvió sobre los versos innovadores del poemario que le dedicara el amantísimo Martí; lo que sí constituye una certeza histórica es que al conocer de la caída en combate de su padre el 19 de mayo de 1895, abandonó sus estudios de Derecho y partió a la manigua, sirvió como oficial de artillería bajo las órdenes del Mayor General Calixto García. Se fue a desafiar la pólvora, a encontrarse con el padre en el camino de los guerreros.

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Los Pinos y otros lugares

10 de Octubre. Foto: Cuba TesoroLa referencia más remota de lo que es la Plaza Roja de La Víbora, la explanada que se abre frente al edificio del instituto preuniversitario, corresponde al 19 de abril de 1905, cuando Josefa de Armas, viuda de Tarafa, y Ángel Justo Párraga, dueños de casi la totalidad del reparto que se llamaba entonces Catalina de la Cruz, solicitaron al Ayuntamiento habanero la autorización pertinente para abrir una calle de 25 metros de ancho que podía ser Carmen o Vista Alegre. Fue Carmen en definitiva y se extendió entre la Calzada de Jesús del Monte y la calle Párraga, ya que el trazado debió atenerse a la anchura ya aprobada de los repartos colindantes de la finca San Agustín, entre ellos el reparto Acosta.
Recordemos que en la intersección de las calles Carmen y Párraga, frente al Instituto, se erigió el primer monumento que tuvo en La Habana Vieja, Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria. Fue una iniciativa del Doctor Fernando Portuondo, entonces director de ese centro docente, y su esposa, la Doctora Hortensia Pichardo, profesora de la misma casa de estudios.
Naranjito
La urbanización de las fincas Talanquera, La Pastora y Bellavista, situadas entre los kilómetros siete y ocho de la línea del Ferrocarril del Oeste, fue aprobada por el Ayuntamiento el 9 de noviembre de 1917 con el nombre de reparto Los Pinos. Se propuso que las calles Finlay y Naranjito que son de 14 metros de ancho, así como la Avenida de Mayia Rodríguez, de 25 metros, fueran prolongaciones de las calles del mismo nombre existentes en el reparto llamado entonces Nueva Habana. Se indicó asimismo que cada inmueble tuviese tres metros de jardín y otros tres para portal, y que debía existir por lo menos un metro de distancia entre una casa y otra.
La finca Nueva Habana se llamó antes Panteón de Galicia. Situada en el barrio de Arroyo Apolo, su urbanización fue autorizada a partir de febrero de 1914.  Lindaba, por el sur, con la finca La Estrella, donde se encuentra enclavado el hospital de Paula, y está limitada por la Avenida de Acosta, la Avenida Mayia Rodríguez y la calle Amado.
El reparto Naranjito fue fruto de la urbanización de parte de la finca El Rosario. Una calle que desde la línea del ferrocarril eléctrico Habana Central atravesaba el reparto para internarse en la finca Estela, en la calzada que el Estado construía entonces entre Vento y La Víbora.
El fomento del reparto San José de Bellavista se aprueba en 1907, a solicitud de José Genaro Sánchez, padre del olvidado poeta Gustavo Sánchez Galarraga. Cuatro años más tarde, el Ayuntamiento habanero aprobaba, a solicitud de E. F. Rutherford, la urbanización del resto de la finca. Hay en la zona calles que llevan los nombres de Gustavo y de Genero Sánchez, que adquirió el llamado castillo del Barón de Kessel, edificio que fue saqueado a la caída de la dictadura de Machado dados los vínculos del propietario con el déspota. 
El reparto La Lira, a la vera de lo que entonces se llamaba la Calzada Real del barrio de El Calvario -hoy, Calzada de Managua, en el municipio de Arroyo Naranjo- surgió el 9 de diciembre de 1914. Antes, en 1904, se autorizó a su propietario a parcelar la finca San Francisco, en Arroyo Naranjo, a fin de dar vida al reparto El Azul, hoy Barrio Azul. 
En septiembre de 1912, el Ayuntamiento entabló juicio contra los propietarios del reparto El Rubio, que linda con el reparto Acosta y la Loma del Mazo, para obtener el otorgamiento de un espacio de uso procomunal. Cedieron al fin una manzana irregular que debió completarse con parte de otra del reparto Acosta. En ese terreno se construyó el parque donde se erigió la estatua de Emilia de Córdoba y Rubio. Se trata de un monumento clásico, en mármol blanco de Carrara, obra del italiano Ettore Salvatori. Se construyó, por acuerdo del Ayuntamiento, por cuestación popular y se develó el 20 de mayo de 1928.
Emilia, patriota y benefactora, se manifestó contraria a la esclavitud y protegió a los desvalidos. Consagró su vida a la causa de la independencia, por la que sufrió prisión y destierro. Su valor extraordinario como auxiliar del Ejército Libertador despertó la admiración del mayor general Máximo Gómez, que no escatimó elogios para ella. Se distinguió, junto a Clara Barton, en la Cruz Roja en los días de la guerra hispano-cubana-americana, y durante la ocupación militar subsiguiente logró que las mujeres fueran aceptadas en empleos públicos. 
Añadamos, de paso, que la muy transitada Avenida de Acosta debe su nombre a José Acosta y Hernández, propietario del reparto así llamado. Nada que ver con la calle Acosta, en La Habana Vieja que lleva el nombre del regidor Félix Acosta y Riaza, que se distinguió durante el sitio de La Habana por los ingleses (1762) y en dicha calle tenía su residencia.
En 1908, Amalia Zúñiga de Alvarado pidió autorización para parcelar su finca Santa Amalia, enclavada entre la carretera Habana-Bejucal, por el norte; Barrio Azul, por el sur y por el oeste con las fincas Barroso, Cascales y San Antonio.  Sin embargo, en 1914 nada se había hecho, pero el Ayuntamiento aceptó como vigente la solicitud de urbanización a condición de que se le hicieran pequeñas modificaciones al plano original y se le diera la facultad de ponerle nombre a alguna calles. Tres años después, Guillermo de Zaldo, presidente de la Sociedad de Fomento de La Víbora, se mostró de acuerdo con la modificación del ancho de algunas vías, con lo que Alvarado, que iba a ser una avenida, quedó de catorce metros a veinte metros de ancho y se llamó Avenida de Santa Amalia.
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La Patria de Duelo

A las seis de la tarde del sábado 17 de junio de 1905, dejó de existir físicamente aquel viejo general para el que Cuba fue su gloria y su martirio; Máximo Gómez Báez. Inmediatamente la prensa cubana se hizo eco de la noticia, aunque ya se ofrecían partes diarios para conocer sobre el estado de gravedad del ilustre enfermo.

Algunos de los rotativos que ofrecieron cobertura a tan lamentable pérdida fueron ¨La Discusión¨, ¨El Mundo¨ y ¨La Caricatura¨, entre otras que conforman el Álbum de Colección Facticia sobre la vida de Máximo Gómez Báez y la Colección de Publicaciones resguardadas en el Archivo Histórico de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana.

A través del artículo ¨La enfermedad del General¨, el propio día de su fallecimiento, ¨La Discusión¨ dio a conocer a la población la información de los últimos boletines médicos facilitados por los facultativos que lo asistieron y anunció las visitas distinguidas a su residencia de 5ta y D en el Vedado. Igualmente, refirió el tratamiento y la alimentación requerida por el enfermo, así como una serie de medidas acotadas para mayor tranquilidad de su persona y familiares más allegados, como la prohibición del tráfico en las áreas cercanas a su morada, las suspensiones de actividades culturales, el teléfono colocado en la casa para la recepción de llamadas interesadas en la salud del General, además del donativo aprobado por el Secretario de Hacienda, Juan Rius Rivera, y por orden directa del ejecutivo, Don Tomás Estrada Palma, entregado en nombre del pueblo de Cuba a Urbano Gómez, como digno representante de familia Gómez Toro.

Por su parte, el ejemplar número 26 del año XIX de “La Caricatura”, fechado en La Habana el 25 de junio de 1905, reseñó todo lo acontecido en los funerales de Máximo Gómez Báez con el valor agregado de contar con una serie de imágenes. Según este periódico, asistieron todos los partidos políticos y personas de diversas clases sociales disputándose el honor de figurar al lado de restos tan queridos para el pueblo cubano. También asegura que se formaron colisiones porque todos querían llevar sobre sus hombros un sarcófago tan sagrado.

Entre los retratos proporcionados por esta publicación se pueden apreciar una vista del entierro al pasar por San Rafael y Galiano, el armón con el féretro frente Palacio Presidencial, así como una panorámica en el Salón Rojo donde se levantó una capilla ardiente para ser acompañado por una guardia de honor, además de los sepultureros arreglando el último sitio de descanso momentos antes del enterramiento en un terreno donado por el clero en el Cementerio de Colón.

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Fidel: Vilma no se inmutaba ante peligro alguno (+ Video)

Fidel junto a Vilma Espín durante el acto de clausura del II Congreso de la Federación de MujeresCubanas (FMC), el 29 de noviembre de 1974. Foto: Liborio Noval / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.En el aniversario 15 del fallecimiento de Vilma Espín, Cubadebate y el sitio Fidel Soldado de las Ideas recuerdan fotos y fragmentos de la reflexión que escribiera Fidel Castro, “Las luchas de Vilma” al momento de su muerte.
Vilma ha muerto. No por esperada la noticia dejó de golpearme. Por puro respeto a su delicado estado de salud nunca mencioné su nombre en mis reflexiones.
El ejemplo de Vilma es hoy más necesario que nunca. Consagró toda su vida a luchar por la mujer cuando en Cuba la mayoría de ellas era discriminada como ser humano al igual que en el resto del mundo, con honrosas excepciones revolucionarias.
No siempre fue así a lo largo de la evolución histórica de nuestra especie, que la llevó a ocupar el papel social que le correspondía como taller natural en que se forja la vida.
En nuestro país la mujer emergía de una de las más horribles formas de sociedad, la de una neocolonia yanqui bajo la égida del imperialismo y su sistema, en el que todo lo que el ser humano es capaz de crear ha sido convertido en mercancía.
Desde que surgió en la lejana historia lo que se llamó la explotación del hombre por el hombre, las madres, los niños y las niñas de los desposeídos soportaron la mayor carga.
Las mujeres cubanas trabajaban en los servicios domésticos, o en tiendas de lujo y bares burgueses, donde además eran seleccionadas por su cuerpo y su figura. Las fábricas les asignaban los trabajos más simples, repetitivos y peor remunerados.
En la educación y la salud, servicios que se prestaban en pequeña escala, su imprescindible cooperación era realizada por maestras y enfermeras a las que solo ofrecían un nivel medio de preparación. La nación, con 1 256,2 kilómetros de extensión, contaba únicamente con un centro de educación superior ubicado en la capital, y más adelante, con algunas facultades en centros universitarios de otras 2 provincias. Como norma solo podían estudiar en ellas jóvenes procedentes de familias con ingresos más altos. En muchas actividades ni siquiera se concebía la presencia de la mujer.
He sido testigo durante casi medio siglo de las luchas de Vilma. No la olvido en las reuniones del Movimiento 26 de Julio en la Sierra Maestra. Fue enviada finalmente por la dirección de este para una importante misión en el Segundo Frente Oriental. Vilma no se inmutaba ante peligro alguno.
Ciro Redondo, Vilma Espín, Fidel Castro, Haydée Santamaría y Celia Sánchez en la reunión de laDirección Nacional del Movimiento 26 de Julio el 17 de febrero de 1957 en el I Frente. Sierra Maestra. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro y Vilma Espín en la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio el 17 de febrero de 1957 en el I Frente. Sierra Maestra. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro, Vilma Espín y Marcelo Fernández en el I Frente. Sierra Maestra. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Vilma, Fidel, Raúl y Celia en el Central América, diciembre de 1958. Foto: Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel junto a a Vilma Espín durante la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), el 23 de agosto de 1960.
Fidel Castro junto a Vilma Espín, Celia Sánchez (en el centro) durante el acto de fundación de laFederación de Mujeres Cubanas (FMC) en el teatro Lázaro Peña en La Habana, 23 de agosto de 1960. Foto: Mujeres / Sitio Fidel Soldado de las Ideas
En la fundación del Partido Comunista de Cuba el 3 de octubre de 1965. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel en la clausura del III Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas,a su lado Vilma Espín Guillois, Secretaria de la FMC y el General de EjércitoRaúl Castro Ruz, el 8 de marzo de 1980. Foto: Jose L. Anaya / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel en el acto por el Día Internacional de la Mujer efectuado en el Palaciode Convenciones. A su lado Vilma Espín, presidenta de la Federación deMujeres Cubanas, el 8 de marzo de 2005. Foto: Ismael Francisco / Fidel Soldado de las Ideas.
En video, el recuerdo de Vilma
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Presentan “El cronista se firma Che” del periodista José Antonio Fulgueiras

Portada El cronista se firma Che. Foto: Rachel Navarro Aportela/ CubadebateEl libro “El cronista se firma Che”, del periodista José Antonio Fulgueiras, con más de un centenar de crónicas, entrevistas y reportajes sobre el guerrillero heroico, fue presentado esta semana en la Casa del Alba, en conmemoración al 94 aniversario del natalicio de Ernesto Che Guevara.
El título aborda pasajes de personas que tuvieron la oportunidad de compartir con el Che en La Sierra Maestra, la Invasión a Occidente, El Escambray, los poblados de las Villas, Santa Clara, La Habana, El Congo y Bolivia.
Todos ellos tienen una historia propia que contar, pero prefieren transitar a la sombra del gran guerrero y enarbolar el escudo de la veracidad con el sello de la sinceridad y la fuerza de sus impactantes testimonios. Comparten aristas sublimes, otras simpáticas y hasta las trágicas y desgarrantes.
“Estas crónicas me brotaron del corazón como le salieron a Martí sus versos sencillos. Yo no tengo ni la imaginación ni el genio literario del maestro, mas apelo a otro de sus razonamientos poéticos cuando dijo que las frases sencillas son siempre nuevas. Apelo a la crónica porque es mi lanzamiento principal, como diría un pitcher beisbolero y porque con ella puedo dar rienda suelta a mis sentimientos de admiración y respeto”, narra el escritor en la primera página de su libro.
Pedro Antonio García, Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021, fue el encargado junto a Osvaldo Pérez, subdirector de la casa editorial, de relatar algunos pasajes de este libro, resaltando la figura del autor y su trabajo periodístico.
“El autor logra, ante todo, agarrar al lector con su prosa elegante, asequible a todos los públicos, cuestión que hace de este libro, a parte de su valor testimonial indiscutible, una joya dentro del periodismo y la literatura histórica”, destacó Pedro Antonio García.
Vea además:
Che: “El más extraordinario de nuestros compañeros”

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Presentan “El cronista se firma Che” del periodista José Antonio Fulgueiras

Portada El cronista se firma Che. Foto: Rachel Navarro Aportela/ CubadebateEl libro “El cronista se firma Che”, del periodista José Antonio Fulgueiras, con más de un centenar de crónicas, entrevistas y reportajes sobre el guerrillero heroico, fue presentado esta semana en la Casa del Alba, en conmemoración al 94 aniversario del natalicio de Ernesto Che Guevara.
El título aborda pasajes de personas que tuvieron la oportunidad de compartir con el Che en La Sierra Maestra, la Invasión a Occidente, El Escambray, los poblados de las Villas, Santa Clara, La Habana, El Congo y Bolivia.
Todos ellos tienen una historia propia que contar, pero prefieren transitar a la sombra del gran guerrero y enarbolar el escudo de la veracidad con el sello de la sinceridad y la fuerza de sus impactantes testimonios. Comparten aristas sublimes, otras simpáticas y hasta las trágicas y desgarrantes.
“Estas crónicas me brotaron del corazón como le salieron a Martí sus versos sencillos. Yo no tengo ni la imaginación ni el genio literario del maestro, mas apelo a otro de sus razonamientos poéticos cuando dijo que las frases sencillas son siempre nuevas. Apelo a la crónica porque es mi lanzamiento principal, como diría un pitcher beisbolero y porque con ella puedo dar rienda suelta a mis sentimientos de admiración y respeto”, narra el escritor en la primera página de su libro.
Pedro Antonio García, Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la vida 2021, fue el encargado junto a Osvaldo Pérez, subdirector de la casa editorial, de relatar algunos pasajes de este libro, resaltando la figura del autor y su trabajo periodístico.
“El autor logra, ante todo, agarrar al lector con su prosa elegante, asequible a todos los públicos, cuestión que hace de este libro, a parte de su valor testimonial indiscutible, una joya dentro del periodismo y la literatura histórica”, destacó Pedro Antonio García.
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Díaz-Canel: El bloqueo es más cruel y encarnizado luego de la Administración Trump

El Bloqueo es también un Virus. Foto: Yamil Lage / AFPEl presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, afirmó hoy que el bloqueo impuesto a la Isla por Estados Unidos es más cruel y encarnizado luego del recrudecimiento de esa política durante el gobierno de Donald Trump (2017-2021).
En su cuenta oficial en Twitter, el mandatario señaló que hace cinco años el republicano “desempolvó la retórica de la Guerra Fría y recrudeció, con la insólita cifra de 243 medidas, el cerco económico, comercial, financiero y genocida contra Cuba”.
“Un bloqueo que dicen que no existe, ahora cuando es más cruel y encarnizado”, subrayó el jefe de Estado.

Un bloqueo que dicen que no existe, ahora cuando es más cruel y encarnizado. Hace hoy cinco años que Donald Trump desempolvó la retórica de la Guerra Fría y recrudeció, con la insólita cifra de 243 medidas, el bloqueo económico, comercial, financiero y genocida contra #Cuba. pic.twitter.com/n76twqSGas
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) June 17, 2022

El 16 de junio de 2017, Trump arribó a la ciudad norteamericana de Miami para confirmar que daría marcha atrás a la política con respecto a la nación caribeña de su antecesor, Barack Obama (2009-2017), y reforzaría medidas con impacto en el pueblo cubano.
Entre las disposiciones estuvieron las limitaciones a los viajes de ciudadanos estadounidenses, obstáculos para el comercio exterior, las exportaciones y el envío de remesas, así como la suspensión de los vuelos a los aeropuertos cubanos, con excepción de La Habana.
El canciller Bruno Rodríguez señaló que el bloqueo tiene un impacto real y devastador en las familias cubanas, con daños cuantificables en sus seis décadas de aplicación en más de un billón 326 mil 432 millones de dólares.
De acuerdo con autoridades caribeñas, la imposición de esa política constituye una herramienta esencial de la política de Estados Unidos contra La Habana, con el propósito de destruir a la Revolución.
La firma del entonces presidente John F. Kennedy sobre la Orden Ejecutiva 3447 formalizó, el 3 de febrero de 1962, el cerco de Washington contra La Habana, persistente hasta la actualidad y considerado el principal obstáculo para el desarrollo de la nación caribeña.
En mayo pasado, casi cinco años después de que Trump derogara la directiva emitida por el gobierno anterior para la normalización de las relaciones con La Habana, el Gobierno de Joe Biden anunció que eliminaría algunas de las 243 medidas del republicano.
Las nuevas disposiciones incluyen la eliminación de los límites a las remesas, la reautorización de viajes y del programa de reunificación familiar, sin que ello implique una modificación del bloqueo, insistieron autoridades cubanas.
(Con información de Prensa Latina)
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Las más de 240 medidas de Trump contra Cuba

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Fidel hace 60 años: Queremos maestros de vocación; no maestros de ocasión

Estaba pensando ahora que yo creo que ustedes no han almorzado todavía, ¿verdad? (Exclamaciones de:  “No importa.”)  Yo sé que dicen que el agua de aquí de las Minas del Frío da un apetito tremendo (Risas).  Eso y lo del frío, no se puede estar mucho tiempo aquí sin comer en las Minas del Frío (Exclamaciones).
Bueno, de todas formas, es que hay también otra cosa: después hay juego de pelota.  Yo quiero jugar pelota también (Aplausos).
Pero bien, quiero expresarles, en primer lugar, compañeros y compañeras, que es cierto eso de que nosotros sentimos una gran satisfacción al llegar a este sitio.  En este caso se juntan una serie de circunstancias.  En primer lugar, este sitio tiene para nosotros recuerdos de los tiempos de la guerra, e incluso recuerda los tiempos más difíciles, cuando nosotros éramos unos pocos solamente.
Pero también se junta a los recuerdos, a los muchos recuerdos de este sitio, lo que esta escuela significa para nuestra Revolución y lo que significará para nuestro país.
Esta escuela es fruto puro de nuestra Revolución, y ningún lugar mejor que este para que aquí se estén formando los maestros.  Claro está que todo esto ha sufrido muchos cambios; cambia y cambiará.
La primera vez que nosotros llegamos aquí había una casita, una familia campesina que vivía allí en aquel alto —donde ahora está el hospital—, la familia del campesino Mario Sariol.
Días atrás los soldados enemigos habían estado apostados por todos estos caminos, ellos estaban realizando una ofensiva contra nosotros.  Nosotros éramos unos veinte más o menos en aquella época.  Y lo peor de todo no era eso —no es que fuéramos veinte—, sino que entre los veinte teníamos un traidor (Exclamaciones), un gran traidor; el práctico nuestro se había convertido en traidor.  Y como era el único que salía, porque tenía que salir para saber si había mensajes, explorar los alrededores, informar los movimientos del enemigo, pues constituía aquello un hecho muy grave.  Y por cierto que estuvieron a punto de exterminarnos a todos nosotros en un lugar que no está muy lejos de aquí, sino que es detrás de Caracas, esa loma alta que ustedes ven enfrente.  Esa loma fue la capital de nosotros durante los primeros tiempos aquellos.  Porque nosotros éramos unos poquitos, poquitos, y muy poco a poco íbamos aumentando; pero en aquellos tiempos nosotros no conocíamos estos sitios realmente.
Y por aquellos mismos días parece que ellos tenían la convicción de que contando con el apoyo de un traidor…  y el traidor los llevó, los llevó tres veces.  Una vez llevó la tropa cuando nosotros estábamos en otro sitio; pero parece que algunos se adelantaron, se pusieron ambiciosos, se quisieron llevar toda la gloria y cayeron en una emboscada nuestra.  La segunda vez fueron los aviones.  El les indicó el punto exacto donde estábamos y, además, se montó en un avión —esa es de la única manera que se puede hacer un ataque contra un lugar exacto—, se montó en un avión que iba de explorador, indicó el sitio exacto, vinieron después como siete u ocho aviones y atacaron aquel sitio.  Pero realmente la aviación impresionaba más que otra cosa, pero no era efectiva.  Estorbaba, fastidiaba bastante para caminar por los sitios desguarnecidos de vegetación alguna, pues estorbaba mucho los movimientos.
La tercera vez ya llevó todo un ejército para cercarnos en el punto exacto donde estábamos.  Era un individuo que, incluso, el día antes había pedido estar de centinela cuando venían los soldados; pero parece que esa tarde cayó un gran aguacero y los soldados decidieron esperar para el otro día.  Y por una serie de circunstancias, en las cuales nosotros comprendimos que estábamos siendo traicionados, ese día muy difícilmente, muy apretadamente, y por quince minutos, pudimos evitar que nos cercaran totalmente y no fuimos aniquilados esa vez.
Ciertamente, en aquella ocasión nosotros tuvimos la impresión de que nunca más seríamos derrotados, porque pensábamos que con tanta fuerza, tantos recursos como tenían nuestros enemigos, ni aún así habían podido liquidar al grupo pequeño que nosotros constituíamos.  Pero, por aquel tiempo, simultáneamente, tomaron todas las salidas y entradas de la Sierra y nosotros habíamos salido de la Sierra, habíamos hecho una excursión por el llano y veníamos subiendo por aquí.  Dos días antes se habían ido los soldados de este alto.  El día anterior también nos habían delatado por otro punto que está cerca de aquí y fueron a rodearnos también, pero ya nosotros estábamos un poco más avisados (Risas) y pudimos irnos antes de que ellos completaran el cerco otra vez.  Y caímos en casa de unos campesinos que viven más abajo de la casita de zinc —una que ustedes deben haber visto por allá—, y entonces allí lo mismo: los soldados habían armado un gran ruido, tirando con morteros, ametralladoras y todo eso.
Llegó la noche —bien empapados, porque había caído un gran aguacero—, comimos y bien tempranito subimos hacia acá.  Y a nosotros nos habían dicho:  “Mario Sariol es partidario de Batista”, algo de eso, a tal extremo que nosotros, que ya habíamos capturado unos “cascos” por allá por La Plata y en otros sitios, los compañeros que llegaron delante venían vestidos de soldados, haciéndose pasar por soldados del ejército; llegaron pidiendo que hicieran comida, porque en aquellos tiempos había veces que cuando no estábamos muy seguros —no conocíamos—, pues íbamos disfrazados, de soldados.  Después nos descubrían, porque siempre queríamos pagar, y entonces eso empezaba a llamar la atención, porque los soldados nunca pagaban (Risas).
Pero bien, se podrían contar muchas anécdotas sobre todo eso.  Me estoy refiriendo simplemente a cómo llegamos aquí la primera vez, y nos asomamos por aquel altico; bajó el compañero Guillermo García y otros compañeros más, hechos unos perfectos casquitos; llegaron y le pidieron que mataran unos puercos, que hicieran una comida ahí, porque nosotros veníamos con un hambre vieja del diablo (Risas).  Nosotros entramos por allá y luego se formó una confusión tremenda, porque empezaron a llegar noticias de que “vienen soldados por aquí y soldados por allá”, pero los soldados éramos nosotros mismos (Risas).  Y se armó una confusión tremenda cerca de este sitio aquel día casualmente, porque el día anterior un compañero estaba divisando la columna de soldados enemigos que venía, otros no la veían y hasta que por fin la divisamos:  “es cierto, son soldados, es una columna”, el día anterior.
Ese otro día, se vio una columna bajando por allá, y el mismo compañero que había visto los soldados el día anterior, divisa la columna y dice:  “viene por allí un grupo de soldados”.  Entonces se crea la confusión, porque por aquí habían llegado noticias de que venían subiendo los soldados.  Después nos dimos cuenta que éramos nosotros mismos, porque eran noticias que llegaban de aquí.
Había otras tropas por allá, y por aquel alto, por allá, por alguno de aquellos altos empezaron a ver otra columna de soldados; decidimos: “bueno, vamos a retirarnos entonces”.  No pudimos esperar el arroz con pollo que nos estaba haciendo Mario Sariol (Risas); con la noticia de soldados por aquí, soldados por allá, soldados por todas partes, el arroz con pollo se quedó hecho —y fue una verdadera lástima, se lo aseguro (Risas).
Entonces había un grupo allá, cuidando hacia aquella zona.  Nos retiramos por la zona esa que está entre Caracas y La Magdalena, por ahí. Pero ocurre que el grupo de compañeros que estaba por allá, que tienen que hacer contacto con nosotros en un punto que les indicamos pierden el contacto y se quedan extraviados; pero nos quedamos esa vez doce, éramos doce.  Eramos doce y estábamos por un arroyo que hay allí, del Alto de la Maestra hacia abajo por allá, pero era una manigua infernal; por allí fuimos avanzando hasta que llegamos a un arroyo, ese que va quedando a la derecha del camino por donde se va para Magdalena (Exclamaciones de:  “El Roble”).  No, no, porque El Roble es por allá, Meriño y Roble, y el arroyo ese está a la izquierda, a la izquierda del camino de El Roble y a la derecha del camino de Magdalena.  Y por los cabezos de ese arroyo nosotros fuimos a parar…
Era el mediodía, abrimos el radio y sale un parte de guerra que decía:  “ya los hemos perseguido y los hemos dispersado; quedan doce nada más” —decía el parte de guerra, media hora o una hora después que de verdad se habían extraviado seis compañeros y habíamos quedado doce—, “quedan doce y no les queda otra alternativa que rendirse o escaparse, si es que pueden”.  Pero dicho en aquel tono soberbio con que ellos emitían sus partes de guerra:  “no quedan más que doce”.
Nosotros éramos doce de verdad los que estábamos allí, que fue una casualidad, pero que nos daba una rabia…  Y entonces aquella frase:  “no les queda otra alternativa que rendirse o escaparse, si es que pueden”.  Entonces nosotros dijimos, oyendo aquella frase hiriente:  “ni nos rendimos ni escapamos; ninguna de las dos cosas (Exclamaciones y aplausos), vamos a seguir con los que seamos”.  Y así fue una determinación que tomamos en aquel momento:  honda, sentida, producto de todo aquel momento, porque en realidad en medio de muchas circunstancias adversas, sin conocer la región, sin tener amigos en la región, con la experiencia de la traición que habíamos sufrido, con todos aquellos inconvenientes…  Todo esto estaba desalojado, toda esta zona de aquí, de El Jigüe, todo estaba completamente desalojado.  Nosotros entonces andábamos explorando picos por ahí para allá.
Después vino la Huelga de Abril, y después vino la gran ofensiva aquella contra nosotros, que movilizaron como a 10 000 soldados.  Ya nosotros teníamos como 300 hombres aquí en la Sierra Maestra.  Para los 300 teníamos 60 fusiles que tenían 40 balas, es decir, había que ir distribuyendo todas las armas aquellas, y ellos desembarcando por el sur y por el norte.
Llegaron, llegaron hasta Las Vegas; estuvieron varios días, porque entonces nosotros fuimos atrincherándonos por todos los caminos esos y haciéndoles resistencia, haciéndoles resistencia.  La idea de nosotros es que ellos fueran avanzando, pero trabajosamente, a medida que ellos avanzaban más, nos concentrábamos nosotros más.
Por aquellos días, naturalmente, esta escuela era visita diaria de los aviones, era visita diaria.  A esa casa de Sariol no se sabe la cantidad de balas y de bombas que le tiraron.  Suerte que esto había sido una mina, y por ahí había un túnel —que ustedes lo deben haber visto (Exclamaciones de:  “¡Sí!”).
Algunas veces nosotros estuvimos aquí cuando los bombardeos, y lo único que ocurría, eso sí, cuando tiraban una bomba, era que se apagaban las luces dentro del túnel, parece que por la fuerza del aire; pero era un lugar bastante seguro.
Pero la gente se acostumbró por todos estos lugares, compañeros, porque muchas veces llegaban los aviones y no había tiempo de llegar al túnel ni a ninguna parte, y la gente por los cafetales y por ahí.  Este lugar era diario el ataque de los aviones.  Y Sariol ni siquiera a la familia se llevó; se quedó aquí con su familia, durante todo aquello, aquí.
Vino la ofensiva.  Entonces nosotros veníamos echando nuestro ganado para atrás, para que los guardias no fueran a abastecerse con las propiedades del Ejército Rebelde (Risas), y del campesinado de aquí.  Pero ya el terreno que nos iba quedando era menos, y no quedaba más remedio que matar, iban matándose y dejando únicamente las que nos quedaban.
Y ellos avanzando por el norte y avanzando por el sur, con sus batallones, hasta que por fin, en El Jigüe, sí llegaron a un punto donde todo el ganado de nosotros no se pudo retirar.  Todos los días mataban una, dos, tres vacas allí por la zona de Purialón y por El Jigüe, ellos estaban instalados, abastecidos, abasteciéndose de nuestro ganado.
Pero también venían avanzando por todos estos puntos; llegaron a San Lorenzo, de San Lorenzo se metieron en Meriño.  Nosotros estábamos en La Plata, porque ellos estuvieron 35 días avanzando y nosotros pues estuvimos 35 días avanzando.  Pero ya a los 35 días nosotros fuimos retrocediendo, hasta que llegó una etapa…
La primera vez que ya les dimos un golpe fuerte fue en Santo Domingo, cerca de La Plata, porque ellos ya tenían un batallón allí, 400 hombres, y mandaron otro más:  800.  Y nosotros teníamos un grupito de siete u ocho cuidando trillos, caminos, pero entre dos grupitos de esos quedó cercada una compañía de ellos, entre dos.  Y les capturamos como cincuenta y tantas armas, incluso morteros y todo:  armamos enseguida a la gente.  Y estando allá llegan noticias de que la tropa ha entrado en Meriño.  No sabíamos qué intención tenía, si tomar Minas del Frío; entonces, nos trasladamos aquí rápidamente a la zona esta de Meriño. Y en esta zona, estando ya nosotros aquí, ellos atacaron allá, tratando de tomar el campamento de La Plata.
Y entonces nosotros les preparamos aquí un combate que con seguridad que aquel batallón hubiera quedado completo aniquilado, porque yo pensé:  “estos van a seguir la ruta que han llevado otras veces, hacia El Roble y hacia La Plata”.  Pero también pensábamos que podían tratar de subir aquí, así que teníamos que organizar la defensa de este lugar y preparar también…  Entonces esa tropa estaba allí ya prácticamente cercada, pero de repente…  Estábamos organizando mulos, organizando todo para salir en la dirección que nosotros creíamos que llevaban, y no llevaban esa dirección:  retrocedieron.  De todas maneras, había alguna fuerza por allá, que los atacaron, pero ellos pudieron escapar y dejaron todos los mulos.
Y entonces, inmediatamente, nos trasladamos a El Jigüe, y allí entonces cercamos un batallón que había allí.  Aquella fue una lucha de… Ciento veinte hombres teníamos nosotros, los que pudimos movilizar allí. Cuando se terminó aquella batalla, estando en medio de la batalla de El Jigüe, nos toman Minas del Frío; la tomaron.  Porque por dondequiera trataban ellos de penetrar en las posiciones de nosotros, pero en el medio de aquella batalla se aparecieron por allá arriba, miren; por aquellos picos se aparecieron, de San Lorenzo.  Allá murió un compañero nuestro.  Y entonces atacaron también por otros puntos, y se tuvieron que retirar los compañeros que estaban aquí defendiendo la Maestra, para que no siguieran por la Maestra para allá.  Pero al mismo tiempo teníamos que defender este camino para que no nos fueran a atacar mientras nosotros teníamos cercado aquel batallón allá.  Ellos llegaron aquí, y mientras tanto, siguió la batalla allá.
El hecho era que nosotros estábamos cercados por todas partes, y teníamos dentro un batallón cercado; quién ganaba primero era lo importante.  Y ellos se rindieron, tuvieron que rendirse, no les quedaba de verdad…  Ni agua tenían ya.
Entonces, una vez que nosotros pudimos haber rendido aquel batallón y capturar las armas, derrotar los batallones que vinieron de refuerzo, tratando de romper el cerco, ya entonces pudimos hacer una fuerza grande, y se fueron de las Minas del Frío hechos una bala (Risas); se fueron para Las Mercedes.  Recuperamos las Minas del Frío otra vez.
Cercamos a los soldados que estaban en Las Vegas y los rendimos también, y después cercamos a los que estaban ya en Las Mercedes también, que fue una batalla larga también.  Esos pudieron escapar porque metieron tanques y metieron todo eso.  Pero el hecho cierto fue que durante toda aquella lucha, Minas del Frío jugó su papel, y cuando a nosotros nos tomaron las Minas del Frío, créannos que lo sentimos de verdad, seriamente, porque fue el único punto de aquí, del Alto de la Sierra, que nos tomaron.
Bueno, creíamos que lo iban a destruir todo, pero fue tal el miedo de esa gente que no se metieron en el monte para nada.  Parece que se instalaron allá arriba, y ni siquiera buscaron; todo estaba intacto.  Es decir, tenían miedo a las Minas.  Cuando se fueron no destruyeron nada, no tuvieron tiempo ya ni de destruir, de la velocidad que llevaban por las lomas para abajo (Risas).
Durante toda aquella lucha, desde el principio hasta el fin, este fue un centro importante.  Ya al final de la guerra aquí había mil compañeros en esta escuela, y entonces nosotros sacamos todos esos soldados sin armas, y desde Guisa hasta Santiago de Cuba los armamos con armas que les fuimos quitando a los soldados por toda esa zona, y salieron de aquí mil muchachos, llegaron armados ya a Santiago de Cuba, por el camino se iban armando ya.
Ya nosotros teníamos un poco más de experiencia, y ya sabíamos cómo quitarles las armas a los soldados.  Al principio no lo sabíamos —no vayan a creer que nosotros sabíamos nada de eso al principio—; al final ya teníamos más experiencia, porque, naturalmente, la vida es lo que da experiencia, y la lucha.  Uno cree que sabe y resulta que nunca sabe nada, y lo viene a descubrir después, cuando aprendió algo.  Y la vida es una cadena, siempre, de aprendizaje y de experiencia.
Pero bien, por eso les decía que este lugar para nosotros tiene muchos recuerdos.
Después se acabó la guerra, y entonces nosotros hicimos una escuela de soldados aquí en las Minas del Frío, y esos soldados, algunos están todavía aquí.  Muchos de esos compañeros subieron el Pico diez veces, quince veces, nosotros queríamos hacerlos soldados buenos.
Después, compañeros, hacía falta maestros en la Sierra Maestra, y se organizaron aquí cursos de maestros voluntarios, y pasaron por aquí cerca de 3 000 compañeros que nutrieron la organización de los maestros voluntarios.  La idea era que el que se ofreciera para enseñar en el campo supiera realmente cómo era la vida del campo.
Ya cuando se acabaron los cursos de maestros voluntarios, quedaba qué hacer con las Minas del Frío.
Pero había otro problema desde el principio de la Revolución.  Al principio de la Revolución había escuelas normales por patronatos, en muchos pueblos; entonces, los compañeros del Ministerio de Educación consideraron que era necesario esas escuelas quitarlas y hacer las escuelas en las capitales de provincia:  Santiago, Holguín, Camagüey; reducir el número de escuelas normales, porque muchas de ellas habían sido organizadas de una manera deficiente.
Entonces, yo les planteé a los compañeros del Ministerio de Educación:  “miren, de ninguna manera.  Los futuros maestros tienen que salir, tienen que estudiar en las montañas”.
Realmente, a muchas de las escuelas normales sí iba gente del pueblo, pero también iba mucha gente de la clase media a las escuelas normales.  “¿Qué profesión les vamos a dar a las muchachitas?”  “Vamos a hacerlas maestras.”  Y hacían maestras a las muchachitas; y terminaban. Después se pasaban diez años para que les dieran un aula, y muchas veces tenían que estar detrás del político, del otro, pidiendo favores, porque no había oposición, no respetaban nada; las repartían como favores.
Bueno, de todas formas, yo decía:  si concentran las escuelas normales en las ciudades, menos va a poder estudiar la familia pobre, las jóvenes pobres no van a poder estudiar para maestras; el que vive en el campo, el que vive en el pueblo chiquito, donde no hay una escuela normal.  Porque si no tienen donde vivir, ¿cómo el que vive en un pueblo chiquito va a mandar la hija o el hijo a estudiar a una escuela normal que está en la capital de la provincia?  Dentro de unos cuantos años vamos a seguir igual si las escuelas están en el medio de la ciudad.
Además, compañeras y compañeros, aquellos alumnos estudiaban en el medio de la ciudad, sin tener ni la menor idea de lo que era el campo; calles pavimentadas, parques, cine, luz eléctrica, todas aquellas cosas, y después cuando mandaban a una maestra para el campo, se aterrorizaban realmente de pensar que la iban a meter, ¡figúrense!, en Agua al Revés, Marverde, Caguara, La Joya o La Hoya —no sé, unos lo llaman de una manera o de otra—, El Mulato, ¡figúrense!, imagínense la maestrica salida de la escuela normal, y de buenas a primeras:  ¡Pum!  (Risas.)  No conocía a nadie.  Imposible que resistiera, compañeras y compañeros, imposible.
Y si la niña era la niña de su casa, bien malcriadita, y el agua tibia todos los días para bañarse (Risas), de la familia de la clase media, ¡menos que menos!  Ni el padre ni la madre le iban a permitir que se la mandaran para allá, ni ella iba a resistir.  Esa era la verdad.
Entonces, se ponían a esperar diez años, a ver si les caía un aula en la ciudad, y cuando no, se empleaban en otras cosas.
Cuando la Revolución triunfa hay 10 000 maestros sin aulas.  Sin embargo, nosotros no podíamos garantizar maestros para las montañas, ¡mentira!  Y esto se los digo a los maestros viejos, a los nuevos, y a todos los maestros, y al Sindicato de Maestros, al Ministerio de Educación, a todo el mundo, digo que es mentira (Risas y aplausos).
Hay maestros, compañeros, que son buenos maestros y tienen vocación, pero el número de los que se iban a conseguir para enviar a las montañas no iba a alcanzar.  Segundo:  muchos de los maestros, naturalmente, ya han estado dando clases en el campo, están trasladados a las ciudades, tienen familia, y se convierte en una tragedia venir a enseñar al campo.  Pero, además, señores, falta de espíritu y de vocación, aburguesamiento de los maestros (Aplausos).  Yo voy a decir algo más: mal pagados, sí, mal pagados los maestros también.
Esos mismos maestros, 10 000 maestros que estaban sin trabajo, hay que decir en favor de ellos una cosa:  que cuando hicieron falta maestros —no voy a decir para el campo porque para el campo no aparecieron nunca, ¿saben?, y si acaso para el llano sí, pero para las montañas no— aceptaron incluso un plan de ir a enseñar, porque había plazas para 5 000, y con los mismos recursos se hicieron plazas para 10 000.
Se hizo entonces una escala de sueldos, de aumentarles por año veinte pesos hasta una cantidad.  Los maestros estaban mal pagados. Nosotros estamos de acuerdo en que los maestros estén bien pagados; pero eso sí:  que sean maestros y que enseñen.
Para el campo no aparecían maestros.  Y de campo y de loma no me pueden a mí hacer cuentos, porque los funcionarios burocráticos nunca brincan una loma ni se meten por los lugares donde tienen que meterse, ¡y que sería bueno que se metieran! (Risas.)
Porque, señores, a esta Sierra yo he venido varias veces desde que se acabó la guerra, y son muchos problemas los que se han resuelto. Porque he visto las cosas que pasan, al principio había una mano de rollos:  no había escuelas, no había hospitales, no dejaban talar bosques al campesino.  Había un inspector por ahí siempre que se llevaba preso al que talara un bosque, cosas estúpidas; luego, no había créditos.
Así es que en cada uno de nuestros viajes descubrimos muchas cosas.  Gracias a eso se han subsanado muchos problemas en estas montañas, y se resolvió el problema de los maestros, se resolvió el problema de los médicos, se resolvió el problema de los créditos para los campesinos, y se fueron resolviendo cosas.
Pero que los burócratas no me digan que para las montañas había maestros, porque les digo que es mentira.  Y conozco las montañas, y conozco esos huecos donde vive la gente, que el que no tenga temple se deprime y se muere de nostalgia pura, ¿comprenden? (Exclamaciones de: “¡Sí!”)
¿Entonces íbamos a seguir haciendo maestros en las capitales de provincia?  (Exclamaciones de:  “¡No!”)  ¡No íbamos a tener nunca maestros para el campo!  Y a nosotros nos interesa tener maestros para el campo.  Pero, además, nos interesa no solo tener maestros para el campo: nos interesa tener maestros para todo.
Para una Revolución que aspira a cambiar radicalmente la vida de un país y a construir una sociedad nueva, ¿qué es lo más importante?  El maestro, compañeras y compañeros; el maestro es lo más importante en una Revolución.
Esa es la razón de nuestro interés por la formación de maestros revolucionarios, porque el maestro recibe al niño y tiene en sus manos a todas esas criaturas, que enseñarlas y que orientarlas.  Luego nosotros tenemos, si queremos que nuestra Revolución llegue muy lejos, es necesario que lleguemos muy lejos en la formación de una generación de maestros.

Sí, los otros maestros, hay muchos maestros buenos —se ponen bravos también de cualquier cosa cuando les hacen una crítica—, hay muchos maestros buenos, pero de todas formas tenemos que hacer una nueva generación de maestros.
Me dicen los compañeros con razón:  “se están integrando muchos maestros”.  Y es verdad, muchos maestros se están integrando, y aquí nosotros tenemos pruebas de maestros integrados y de maestros que están enseñando en este sitio.  Bien, se están integrando y que sigan integrándose los maestros.  Nos alegramos mucho.  Pero además de integrarse con la Revolución —y a todos no los vamos a integrar, ¿saben?, no a todos, porque es que hay quien está tan torcido que no lo endereza nadie (Risas)…  Hay un refrán que dice que “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”.
Pues, bien, todos los maestros integrables se están integrando; mas, nosotros, compañeros, no podemos conformarnos con integrar a los maestros, nosotros tenemos que hacer una nueva generación de maestros.  Se trata de hacer una nueva generación de maestros; de eso se trata, compañeros.  Yo creo que ustedes van con la vida a comprender bien esta necesidad.  Algún día ustedes comprenderán, compañeros y compañeras, algún día ustedes comprenderán el valor de este esfuerzo, porque ustedes seguirán adelante, les tocará vivir en nuestro país, luchar en nuestro país; ser testigos, y actores, además, de la historia de nuestra Patria.  Y algún día comprenderán ustedes todo el valor y toda la importancia de este esfuerzo que se realiza por hacer una nueva generación de maestros.
Eso es más importante todavía que médicos, que ingenieros, que profesionales.  A esos no les decimos:  váyanse a las montañas, ¡a los maestros sí!, porque nos interesa que los maestros sean más revolucionarios incluso que los médicos, que los ingenieros, que los técnicos y que todo el mundo, compañeras y compañeros (Aplausos).
Y ustedes, que han tenido la oportunidad de vivir en una revolución, que tendrán la oportunidad de aprender mucho, de observar mucho, se darán cuenta del valor de este esfuerzo, lo que significará para nuestra Patria este esfuerzo; del valor del maestro y de lo que significará para nuestra Patria una generación nueva de maestros.
Cuando pasen los años…  Que los años pasan, a mí me parecía que era ayer y, sin embargo, hace cinco años de la primera vez que nosotros pasamos por aquí.  Pasan cinco, pasan diez, pasan quince, y pasan hasta veinte, tranquilamente.  Ya cuando pasen veinte, muchos de ustedes serán padres de familia (Risas),  ¡y antes también, compañeras y compañeros! (Risas); pero les quiero decir:  ya ustedes serán no jóvenes como ahora, aunque todavía serán jóvenes, dentro de veinte años ustedes no serán viejos ni mucho menos; y sobre todo si podemos seguirlos cuidando de que se alimenten bien y esté bien atendida la salud y hagan ejercicio y todo eso (Exclamaciones).
Bien, yo vi unos cuantos compañeros que bajaban con el maestro Alfonso y que fueron a hacer un trabajo allá.  ¡Estaban fuertes esos muchachos, fuertes!, se han puesto “duros” (Risas), ¡duros!  Es decir, que hasta físicamente ustedes tienen que estar fuertes y tienen que estar saludables.
Pero bien, algún día no tendremos que pasar por la amargura que pasamos, como cuando ayer nos decían los campesinos de la montería: “lo que está muy mal son los maestros de Educación; sí, porque vienen el martes o el miércoles y el viernes tempranito se van”.  Y he pensado:  ¡Qué cosa tan triste, qué cosa tan triste y qué manera más indigna de ganarse la vida!  ¡No robándole al Estado, porque al Estado podría no importarle a última hora que le robaran, sino robándole al ser humano, robándole a la inteligencia, robándole la cultura al pueblo, robándole la luz a los niños!  ¡Qué triste, qué penoso que en nuestro país haya todavía semejante clase de parásitos! (Aplausos.)
Señores, ¿no sería más honesto que dijeran:  “no podemos desempeñar este cargo, renunciamos; busquen a cualquiera que les enseñe aunque sea el abecedario a la gente”, en vez de aparecerse el miércoles e irse el viernes temprano?  ¡Qué crimen!  ¡Y que haya personas tan irresponsables y tan indignas todavía, en un país donde vemos que todo el mundo progresa, donde vemos que el campesino ha avanzado y ha aprendido; donde vemos tantas muestras de sacrificio, de heroísmo, compañeros; donde vemos gente aquí luchar con las montañas, luchar con la naturaleza; hombres que a cualquier llamado de la Patria se presentan, van a una escuela, están dispuestos a dar su vida!  ¡En un país de tantos heroísmos, que haya gente que quiera ganarse la vida de manera tan indigna!
¡Y qué doloroso es para nosotros cuando un campesino se nos aproxima y nos dice eso!
¡Y eso no será así en el futuro, compañeros! (Exclamaciones de:  “¡No, no!”)  ¡Eso no será así cuando ustedes sean maestros!  ¡Eso no será así, yo estoy seguro, porque ustedes se van a formar con otro sentido del deber, se van a formar con otra conciencia, se van a formar con otro sentido de la vida, del deber, del honor, de la dignidad!  ¡Y sabrán apreciar lo sagrado de la misión que a ustedes les corresponderá!
Y a propósito de esto, en días atrás nosotros hemos estado discutiendo con el compañero Ministro de Educación el plan a seguir.  (Salto en la grabación).
Entonces, ya van a terminar los maestros con sus dos ciclos y, naturalmente, habrá que cumplir una parte del tiempo en el campo, ¿comprenden?, por año.  (Exclamaciones de:  “¡Sí!”)  Y se les hará el escalafón a ustedes.  Irán primero al campo, y después se irán aproximando, cuando podamos sacar todos los años 3 000, resolveremos de manera definitiva el problema de la educación en todo el país.
Pero no lo habremos resuelto en todo el país mientras no hayamos garantizado el campo, porque si no, en la ciudad sí es muy cómodo.  En la ciudad hay escuelas de sexto grado, secundarias básicas, institutos preuniversitarios.  En el campo, ¿qué menos podemos hacer que garantizar la enseñanza hasta el sexto grado?
¿Y qué vamos a hacer?  Bueno, que hagan los dos ciclos.  Mientras tanto nos la arreglaremos como podamos, improvisaremos maestros de aquí a que podamos sacar los primeros contingentes.  ¿Entonces, cuántos vamos a tratar de que ingresen el año que viene a esta escuela?  Por lo menos 4 500.
Entonces tendremos dos escuelas del primer ciclo:  una en Topes y otra en La Habana; y tendremos una escuela del segundo ciclo con capacidad para 6 000, que será la actual escuela de Tarará, que esa va a ser la escuela del segundo ciclo.  Así que hoy empiezan por la montaña, después pasan por la ciudad; pero después tienen que volver para la montaña (Risas), no olvidarse de eso.  Y yo sé que ustedes cumplirán. No tengo la menor duda de ustedes mismos, de su propia vocación, de su propio sentido del deber y del amor a la misión.  Queremos maestros de vocación; no maestros de ocasión, sino de vocación.
Miren:  hay cosas que nos demuestran que nosotros podemos resolver el problema de maestros.  En la parte del recorrido que hemos hecho, hemos hablado con muchas familias y muchas muchachas de aquí de la Sierra se han acercado, de distintas edades y distintos tamaños; en tercer grado, en segundo grado; a algunas de ellas les costaría muchísimo llegar a sexto, porque si la maestra llega el miércoles y se va el viernes…  Y dicen:  “quiero estudiar para maestra; quiero estudiar para maestra”.  Se ha despertado la aspiración entre muchas muchachas campesinas.
Y yo decía:  “¡Qué distinto, verdad!”  Antes era la niña de la ciudad, hija de clase media, la que tenía asegurada la oportunidad de ser maestra; y hoy se presenta una campesina, una niña campesina en tercer grado, y dice:  “Quiero ser maestra.”  Y sabe que tiene la oportunidad de ser maestra.  A tal extremo, que nosotros conversando con el director de la escuela hemos estado considerando el poner en San Lorenzo una escuela de nivelación para todas esas muchachas (Aplausos).  Todas esas muchachas de las montañas que están en tercero, en cuarto, en segundo grado, que quieren estudiar, mandarlas a la escuela de nivelación antes de venir aquí.
Como ustedes saben, se van a distribuir, se van a escoger por provincia, según las necesidades, un número de alumnos.  Pero eso lo vamos a tener de reserva para cuando falte en un lugar, traer.  Y, además, de todas maneras nunca van a sobrar maestros.  Nunca en este país van a sobrar maestros —tengan la seguridad, nunca.
Y por eso, además de los planes y de la cuota que les den por zona y por provincia, vamos a tener una escuela de nivelación de muchachas y muchachos campesinos, los que quieran estudiar en esa escuela, porque con seguridad que de esas muchachas y de esos muchachos vamos a sacar buenos maestros también.
Es decir, pasarán por aquí, después harán el primer ciclo y luego harán el segundo ciclo, en el segundo ciclo terminan completo todo.  Esos son los planes que tenemos, y de acuerdo con eso elevar la capacidad de este centro, darle más ayuda, más recursos a este centro, para que pueda terminar todas las instalaciones y para que el próximo grupo que entre aquí ya esté en mejores condiciones, y tenga capacidad para albergarlo, aunque todavía el año que viene habrá muchas cosas provisionales y habrá dificultades aquí, porque yo no creo que todavía de aquí al próximo ingreso de esta escuela se hayan resuelto todos los problemas.  Ya por lo menos para el tercer curso, ya para el tercer curso…
Esa idea que nosotros tenemos del papel del maestro en una Revolución…  (Salto en la grabación).  Y como queremos una Revolución de verdad.  Y por eso, porque queremos un país nuevo de verdad, y por eso estamos luchando, es por lo que a nosotros nos interesa tanto esta escuela, y nos interesan los alumnos de esta escuela.  Y nos alegra cuando oímos cosas buenas de esta escuela, cuando oímos hablar del espíritu de los alumnos (Salto en la grabación), cuando oímos hablar del medio millón de arrobas de caña que cortaron, del ejemplo que les dieron a los campesinos (Aplausos), cuando vemos el espíritu que reina aquí entre ustedes.
Es porque en ello vemos confirmada la idea de cómo había que formar la nueva generación de maestros, la esperanza de esa nueva generación de maestros revolucionarios, de que algún día en nuestro país tendremos a la vanguardia de los trabajadores intelectuales al maestro, a la vanguardia de los trabajadores intelectuales.
Y yo sé que los que están aquí están porque se han ganado el derecho a estar, porque han demostrado su entusiasmo en la alfabetización, porque han demostrado su firmeza permaneciendo aquí firmes en esta escuela.  Ustedes ya forman, entre los jóvenes estudiantes, una selección, un grupo seleccionado de jóvenes; hay la materia prima aquí.
Hemos tenido también la suerte de que ha habido una buena dirección en esta escuela (Aplausos).  Sin ese factor, compañeros, habríamos tenido muchas dificultades.  ¡Eso que ustedes ven ahí, eso es digno de que conste en los anales de la Revolución!  ¡Esas aulas en medio de los cafetales (Aplausos) algún día tendrán que ser vistas con admiración por el pueblo y por las generaciones futuras, porque les estarán diciendo cómo se hizo una Revolución, cómo se forjó una patria nueva, cómo se construyó un país, cómo se forjaron legiones de hombres y mujeres nuevos, con un concepto revolucionario de la vida, con un concepto distinto de la vida; cómo se forjaron los forjadores del futuro, los que enseñarán a nuestros niños en el futuro!  ¡Y en los niños tiene la Patria su tesoro más valioso!
No seríamos revolucionarios responsables si no nos preocupáramos de que este tesoro fuese labrado por manos expertas, por maestros verdaderamente revolucionarios que ayuden a ese niño desde sus primeras letras, a saber, a comprender la vida, a tener una conducta social; que enseñen a ese niño desde las primeras letras a ser un verdadero ciudadano, a ser un verdadero hermano de todos los demás ciudadanos; educarlo en la idea del trabajo, educarlo en la idea del cumplimiento del deber; educarlo en ideas justas, no las ideas que hemos visto alrededor nuestro:  siempre la idea egoísta, la idea egoísta del explotador, del rico, del poderoso que quería vivir avasallando a los demás; ese egoísmo que hemos visto siempre alrededor de todos nosotros, en todas partes, en que cada ser humano era un enemigo de cada otro ser humano; cómo se educaba en el concepto individualista, egoísta de los suyos, y no la generación, las generaciones que hay que educar en la idea generosa, en la idea de la justicia, para que no quede ni sombra de los prejuicios, de los privilegios, para que no quede ni sombra de la sociedad en que habíamos vivido hasta aquí, egoísta, infernalmente egoísta, insensible al dolor de los demás, a la miseria de los demás, a la desgracia de los demás; insensible al niño hambriento, al niño descalzo, al hogar sin sustento.
Y aquí, en estos campos, ¡cómo se aprenden cosas!, ¡cómo se aprende de ese campesino sencillo!  Como nosotros, ayer, veíamos cruzarse en nuestro camino a una señora que venía con un niño, el niño descalzo, un saco al hombro, y venía de aquí, donde había venido a ver a una hermana que estaba enferma, pero que ya la habían trasladado.  Y aquella mujer nos explicaba con lágrimas en los ojos su dolor personal, pero se veía en ella toda esa bondad, todo ese espíritu abnegado que tienen nuestros campesinos, y aquel niño, caminando desde aquí, descalzo con el saco al hombro…  Generaciones y generaciones de mujeres como esa han pasado por nuestra Patria en el olvido, en el dolor, en la explotación.  Hoy al menos podían venir a un hospital; antes no había ni hospital, ni médico, ni nada parecido por todo esto.  Pero todavía hay mucho por hacer en nuestra Patria, todavía todo está por hacer en nuestra Patria, si queremos que algún día no haya nadie viviendo en un miserable bohío, si queremos que algún día no haya nadie descalzo, si queremos que algún día haya luz, hayan todos los beneficios de la civilización en todos los hogares, tenemos que luchar mucho, tenemos que trabajar mucho, y tenemos que hacer en cada ciudadano ese sentido de su deber con el trabajo, porque solo con el trabajo nos libraremos de la miseria, de la opresión.
De la tiranía nos libramos con las armas; de aquellas fuerzas mercenarias opresoras y sostenedoras del régimen de explotación, nos libramos con las armas, pero de la pobreza…
(Hasta aquí la grabación.)
Y la obra emprendida se continuará sin que nada ni nadie pueda pararla.
Y las generaciones futuras recibirán el fruto de este trabajo, y seguirán ellas también adelante, haciendo cosas nuevas.  Y en ellos, en los hombres y mujeres del futuro, tendremos los continuadores de esta obra revolucionaria; y en ellos, en los hombres y mujeres del futuro, tendremos los mayores admiradores de esta obra que están haciendo hoy los que, como ustedes, están escribiendo la Historia de la Patria.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Ovación.)

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Gómez, el dominicano glorioso

SIN EDITAR

El 17 de junio de 1905 fallecía a los 69 años el Generalísimo Máximo Gómez Báez, el Napoleón Americano como fuera bautizado; el Primer Guerrillero de América, como lo definiera el militar español Arsenio Martínez Campos; el recto y severo Chino Viejo para los cubanos. Daba su último suspiro, el banilejo glorioso, quien nacido en Baní, Santo Domingo, el 18 de noviembre de 1836, dio a Cuba su vida entera y pasó a la posteridad convertido en uno de nuestros más insignes patriotas de todos los tiempos.

El periodista Ciro Bianchi Ross, en minuciosa crónica, recrea los minutos finales del veterano luchador, quien, tras más de 250 combates victoriosos y apenas dos heridas sufridas en tan azarosas contiendas, moría en su propia cama en la Quinta de los Molinos, en La Habana:

«A las seis en punto de la tarde, el doctor Pareda da la noticia, no por esperada menos dolorosa. Dice: “Señores, el General ha muerto”. El cadáver fue medido y los escultores Fernando Adelantado y Miguel Meleros hicieron sendas mascarillas mortuorias. Se embalsamó el cuerpo y se colocó en la sala principal de la casa. A las 11:30 de la noche el Senado, en sesión extraordinaria, declaraba luto nacional los días 18, 19 y 20 de junio»

El propio presidente de la República, Tomás Estada Palma, leyó una Proclama para el país: «El mayor general Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, ha muerto. No hay un solo corazón en Cuba que no se sienta herido por tan rudo golpe; la pérdida es irreparable. Toda la nación está de duelo, y estando todos identificados con el mismo sentimiento de pesar profundo, el Gobierno no necesita estimularlo para que sea universal, de un extremo a otro de la Isla, el espontáneo testimonio, público y privado, de intenso dolor».

De esos sucesos luctuosos han pasado 117 años, y la figura del Generalísimo se agiganta en el tiempo, aunque necesitado de una mayor divulgación y estudio de su vida y legado patriótico, sin duda, entre los más preciados tesoros de la Nación Cubana.

Fue Máximo Gómez quien enseñó a los cubanos a usar el machete como arma de combate. Sucedió en Ventas de Pino de Baire, el 4 de noviembre de 1868, a menos de un mes del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en su ingenio Demajagua.

Enrique Collazo en su historia de la Guerra de los Diez Años, describe el suceso de esta manera: «Gómez se lanzó al camino el primero gritando: ¡Al machete! e introduciendo el pánico y la confusión en la columna que se retira en el mayor desorden. Desde ese día conocieron los cubanos cuál sería su arma típica, su mejor defensa… ¡Loor a Gómez, que fue nuestro maestro!»

Gómez también fue el maestro de Antonio Maceo, a quien siempre consideró su mejor discípulo, y de Calixto García, otro de nuestros geniales jefes militares mambises.

No aceptando el Pacto del Zanjón pidió entrevistarse con el Capitán General de la Isla Arsenio Martínez Campos, quien trató de agradar, más bien sobornar, al jefe insurrecto ofreciéndole dinero y facilidades para su salida de Cuba. La respuesta del valiente patriota estuvo a la altura de sus convicciones y su integridad como persona y militar de honor.

El propio Gómez, con ese lenguaje sobrio que le caracterizó, describió ese suceso de su vida: «Pida usted por esa boca, porque excepto la mitra del Arzobispo todo se lo puedo dar» No acepté su oferta y Campos continuó: “Yo le puedo prestar la cantidad que necesite y luego me la pagará usted cuando quera y pueda”

«Me puse de pie entonces para decirle: “General, no cambio yo por dinero estos andrajos que constituyen mi riqueza y son mi orgullo; soy un caído, pero sé respetar el puesto que ocupé en esta Revolución (…)»

Vendría el destierro. Los intentos de insurreccionar a Cuba en la década de los años 80 en el fallido Plan Gómez-Maceo, su encontronazo con José Martí por los modos de hacer la guerra y luego su reconciliación con el fundador del Partido Revolucionario Cubano quien le ofreciera el cargo de General en Jefe del Ejército Libertador a cambio, quizás de la ingratitud probable de los hombres, aceptado por  Máximo Gómez sin ponerle condiciones.

El 11 de abril de 1895 desembarcó con Martí por Playitas de Cajobabo y sufrió el pesar de Dos Ríos, cuando murió en combate el Apóstol, a quien llamó el alma del levantamiento.

Con Maceo llevó la guerra hasta Occidente en la famosa Invasión. Así arengó a sus soldados en el Potrero de Lázaro López: «El enemigo es fuerte y tenaz (…) El triunfo sólo puede alcanzarse derramando mucha sangre (…) ¡Soldados!, llegaremos hasta los últimos confines de Occidente, hasta donde hay tierra española».

Previó el peligro que representaba la intervención yanqui en nuestra lucha contra España, la cual, en 1898 estaba prácticamente ganada y todo era cuestión de tiempo.

En carta inédita al brigadier José Braulio Alemán, sub-inspector general del Ejército Libertador, fechada el 26 de abril de 1897, le comunica: «Que anda por ahí un comisionado oficial del Presidente de la Unión Americana, para saber bien el estado de ambos gallos y como está la valla».

Mucho más conocida resulta su proclama desde el central Narcisa, en Yaguajay, el 29 de diciembre de 1898: «Los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar el País, su espontánea (sic) intervención en la guerra que con España hemos sostenido por la Libertad y la Independencia. Nadie se explica la ocupación. (…) (…) La actitud del Gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos momentos históricos no revela a mi juicio más que un gran negocio (…)».

Sufriría Gómez esa ingratitud de los hombres, pronosticada por José Martí, cuando fue destituido de su cargo de General en Jefe por los representantes en la Asamblea del Cerro, sin que perdiera ni un ápice de su ascendencia y prestigio entre el mambisado y el pueblo cubano.

Con el advenimiento de la República el 20 de mayo de 1902 prefirió no ocupar cargo público alguno y se mantuvo al margen de la politiquería de esos años. Según sus propias palabras para explicar semejante conducta: «Prefiero liberar los hombres a tener que gobernarlos»

La muerte del viejo caudillo militar conmocionó al país. Su entierro fue seguido por una multitud de cubanos hasta la necrópolis de Colón. El propio Ciro Bianchi en la crónica antes mencionada afirma que no hubo despedida de duelo.  

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Presidente de Cuba evoca a figuras decisivas en nuestra historia

Hoy se cumplen 177 años del natalicio del Titán de Bronce y 94 del Guerrillero Heroico
Maceo y Che constituyen ejemplos de continuidad revolucionaria.

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El presidente Miguel Díaz-Canel rememoró este 14 de junio a los combatientes considerados decisivos en las gestas por la independencia de Cuba Antonio Maceo (1845-1896) y Ernesto Che Guevara (1928- 1967), en los aniversarios de sus natalicios.

Ambas figuras nacieron un 14 de junio, por lo cual “es una fecha de resonancias patrióticas y revolucionarias; un día de recordación y homenaje”, escribió el mandatario en su cuenta oficial en Twitter.

Señaló que Maceo y Che están “unidos por la historia, el coraje, la dignidad, la pelea por la justicia, la radicalidad, el antimperialismo, Cuba, la Patria Grande”, y sus “ejemplares vidas nos inspiran siempre”.

En particular, el jefe de Estado enfatizó en que el mayor general Antonio Maceo, considerado maestro en el empleo de la táctica militar y un jefe de elevado prestigio en las gestas por la independencia: la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Necesaria (1895-1898), es símbolo del guerrero que jamás se rinde.

Buenos días, #Cuba. Es una fecha de resonancias patrióticas y revolucionarias. Día de recordación y homenaje a #MaceoYChe, cuyas ejemplares vidas nos inspiran siempre. pic.twitter.com/q0GZYEZUXf— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) June 14, 2022

Se calcula que el líder insurrecto (calificado como Titán de Bronce) intervino en más de 600 acciones combativas, entre las que se cuentan alrededor de 200 de gran significado.

Protagonizó en 1878 la conocida como Protesta de Baraguá, en oposición al Pacto del Zanjón, tratado que terminó con la Guerra de los 10 Años sin garantizar el cumplimiento de los principales objetivos de la contienda: alcanzar la independencia y eliminar la esclavitud.

De igual forma, Díaz-Canel recordó una frase del líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, que describía al guerrillero de origen argentino.

“Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas; él descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria”, subrayó Díaz-Canel.

Ernesto Guevara desembarcó en Cuba junto a Fidel Castro y otros 80 expedicionarios del yate Granma en 1956 para comenzar la guerra de guerrillas contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958).

Tras el triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959, fue presidente del Banco Nacional y ministro de Industria.

Guevara estuvo entre los fundadores de la Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina (el 16 de junio de 1959), en un momento en que el país caribeño necesitaba defenderse de las campañas mediáticas en contra de la naciente Revolución.

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Ruta crítica de la vigencia: El socialismo y el hombre en Cuba 57 años después

Un tema recurrente en los debates historiográficos y de pensamiento tiene que ver con la vigencia de las ideas, personalidades y procesos revolucionarios; con las relaciones entre experiencias precedentes y la contemporaneidad. Es precisamente por el veleidoso asunto de la “vigencia” que comienzo esta aproximación a El socialismo y el hombre en Cuba, un escrito que debe abordarse en sus diversas aristas.
Aquilatar la vigencia de un texto con más de medio siglo es un esfuerzo minado. Nos empeñamos cotidianamente en borrar las fronteras entre “vigencia” y “actualidad” y caemos en la trampa de asumir que El socialismo y el hombre en Cuba necesita legitimarse en la Cuba actual porque se dibuja exactamente en nuestro contexto. Entonces, la repetición de frases hiere la esencia de estudiar el socialismo como proceso, que define este trabajo del Che. De igual forma, en esa voluntad de identificar asideros incuestionables para el imaginario revolucionario, puede disminuirse el alcance efectivo de las ideas contenidas en este documento.
Los acercamientos de Fernando Martínez Heredia, María del Carmen Ariet, Ana Cairo, Roberto Fernández Retamar, Graziella Pogolotti, Luis Suárez Salazar, entre otros, reflejan lo que sería un diálogo riguroso con el texto de 1965; un ejercicio crítico que lo sitúa en su tiempo y lo dinamiza al nuestro. En El único hombre práctico, que sirviera de Prólogo a la edición de El socialismo y el hombre en Cuba hecha por el Instituto Cubano del Libro, Martínez Heredia sintetiza los temas del ensayo y su relación con asuntos fundamentales del pensamiento social. Con algunos de esos temas pretendemos dialogar.
Los retos de la teoría revolucionaria
Se ha insistido en la articulación que se encarna en el Che entre teoría y práctica revolucionarias. En él, no existe una sin la otra; y El socialismo y el hombre en Cuba constituye una expresión. Por eso considero un cortapisas a la creación guevariana, la insistencia en que no hizo más en teoría por las tareas que enfrentó en la Revolución cubana y en otros intentos liberadores en África y América.
En 1965 —desde su punto de vista— no se trata solo de ganar espacios al capitalismo, sino de marcar líneas de discusión y argumentación en un contexto nuevo. Esa era una tarea teórica y práctica que debía asumir Cuba: polemizar y criticar su experiencia al mismo tiempo que la construía. En este ejercicio, la idea de que la lucha revolucionaria se mantiene después de la toma del poder está arraigada en Ernesto Guevara. No me refiero al hecho de utilizar el gobierno como plataforma para conquistar todo el poder político, sino a la radical ruptura que vivieron las estructuras en Cuba después de 1959.
Durante la etapa creativa de esta carta-ensayo, el Che se vio acompañado de interrogantes; una de ellas en torno a las tareas revolucionarias que planteaba —aunque parezca redundante— una revolución triunfante y una vanguardia empoderada. Es como si después de la huida de Batista y la llegada de la Caravana de la Victoria a La Habana el 8 de enero de 1959, emergiera con fuerza la pregunta ¿y ahora qué? Había un programa, una plataforma, la decisión de transformar radicalmente el país y el compromiso con los humildes; pero la voluntad de construir un hombre, una cultura y una sociedad nuevas implicaba (e implica aún) plantearse constantemente esta interrogante.
El tratamiento al tema del desarrollo de la “conciencia social” es ilustrativo de la visión —para nada excluyente— del Che respecto a la relación teoría y práctica revolucionarias. El reconocimiento de la existencia de dos grupos principales —“vanguardia” y “masa”— como una carencia; así como la aceptación de la existencia de otro sector que no participa en la construcción del socialismo, sitúa en el debate las diferencias entre aspiración/proyecto y realidad/implementación en cualquier proyecto revolucionario. También constituye un desafío, ¿de qué otra forma podría entenderse esa alusión a la “relativa falta de desarrollo de la conciencia social” después de Girón, la Campaña de Alfabetización, la Crisis de Octubre y casi a las puertas de la constitución del Comité Central del PCC?
Y como el Che nos invita a desafiar, debo decir que esa división en grupos —muestra de un insuficiente desarrollo— se ha modulado después de los noventa al acuñarse como término diferenciador el de “generación histórica”. En este particular debo detenerme, porque la frase enmascara —en algunos casos— un pensamiento conservador. Por un lado, se ha resignificado como un término demarcatorio, distanciado del sentido ecuménico con que apareció en el Llamamiento al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba en marzo de 1990, para situar un punto de partida al uso.[1] Por otro, tiene el pecado original de ser una frase excluyente —no en el sentido cómodo de las diferencias generacionales— sino en referirse a los sobrevivientes de esa generación y amparados en esa lectura los revisionistas, los que sueñan con la total restauración capitalista hablan de ruptura, traición y quiebre entre la década del sesenta y los períodos siguientes de la Revolución cubana. También, el empleo acrítico del término “generación histórica” tiene un efecto desideologizador, limita per se el aporte y la permanencia —más allá de la práctica— de quienes jugaron un importante papel en la vida de Cuba desde los años cincuenta del pasado siglo.
Un texto que previene la erosión temporal
En la práctica de volver a textos referenciales para dimensionar su vigencia, quizás la categoría más vilipendiada es la temporalidad. Particularmente, encuentro en El socialismo y el hombre en Cuba un excelente tratamiento de la dimensión temporal. Para Graziella Pogolotti la clave del análisis está en la correlación estrecha entre el hombre y la construcción del socialismo,[2] el hombre y la mujer como actores y partes de un proceso; ello implica su movimiento en el tiempo.
En este trabajo de 1965 Ernesto Guevara aparece preocupado por la movilidad de las ideas, el pensamiento, la educación, la cultura en general y su expresión en la cotidianidad. Por eso se traslada del hombre al hombre del futuro, de este al hombre que hereda las “taras del pasado” y recorre el camino varias veces para reconocer —a manera de tesis— su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Dialoga con el ser humano en su contexto, pero no lo anquilosa: lo mueve. En ese hablar del hombre, habla del tiempo: al hombre [y la mujer] nuevos corresponderá un tiempo nuevo.
Considero paradigmática la forma en que El socialismo y el hombre en Cuba lucha contra la erosión del espacio y el tiempo. A seis años del triunfo de la Revolución las taras del pasado capitalista perduran, probablemente se han superpuesto a la herencia colonial, en una batalla con la acumulación y progresiva profundización de una cultura revolucionaria de más de un siglo en ese momento. Pero en el pasado para el Che —en el sentido de amenaza y voluntad (necesidad) de superación— también deben quedar el escolasticismo que trabó el desarrollo de la teoría marxista, el dogmatismo, los convencionalismos, la simplificación, la falsa moralidad y el doble rasero que se presentaban en algunas experiencias socialistas. Estas ideas se respiran en El socialismo y el hombre en Cuba y, aunque he intentado concentrarme en ese texto, se dibujan también en el discurso en la Conferencia Afroasiática en Argelia, pronunciado dos semanas antes de la publicación en Marcha. Lo menciono particularmente por su cercanía temporal.
Esa atención a la movilidad expresa su preocupación por el decursar de la sociedad en todos los terrenos. Constituye un extraordinario problema teórico que podría sintetizarse en la contradicción entre el necesario desarrollo de una cultura y una práctica revolucionarias, por un lado, y el solapamiento de los rezagos [o sobrevivencias] de cada “momento” del desarrollo histórico. Pongamos un ejemplo desde la actualidad cubana: en la dinámica procesal que define la carta-ensayo en cuestión, para los cubanos han entrado a jugar en el mencionado solapamiento —por vías diversas— los avances, retrocesos, errores y aciertos de los setenta, los ochenta, los noventa y los veinte años del llamado tercer milenio.
Esto último, me obliga a volver a presumibles preguntas base de El socialismo y el hombre en Cuba: ¿podemos hablar de actitud heroica en la Cuba de hoy? De ser así, ¿qué la define y la motiva? ¿Qué relación se da entre excepcionalidad y vida cotidiana?
Contra la erosión temporal y del espacio, también al acercarnos al Che
Como se señaló antes, al texto que hoy regresamos lo distinguen —entre otras características— su mirada procesal, la valoración de los acumulados y el reconocimiento de la porosidad de las temporalidades. Pero estas claves, si bien las identificamos en El socialismo y el hombre en Cuba, expresan las tensiones del propio acercamiento al Che Guevara.
Se mencionó el conocido como Discurso de Argel, pronunciado por Ernesto Guevara en febrero de 1965 durante su participación en el Seminario Económico Afroasiático. Habló desde allí en representación de Cuba, ampliando —si ello fuera posible— el presupuesto internacional de la revolución comunista respecto a Marx y Lenin.
La intervención se recuerda en especial por sus críticas al hegemón del socialismo existente, con frases como “el desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas”, “si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial” o “los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores del Occidente”.[4]
En el propio discurso, Che expresa: “No hay fronteras en esta lucha a muerte, no podemos permanecer indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo, una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra, así como la derrota de una nación cualquiera es una derrota para todos»; y luego enfoca el asunto como “una necesidad insoslayable”.[5]
Es la doble dinámica de reconocer la lucha nacional en su articulación con el carácter internacional de la revolución comunista. En el entendido que esa internacionalización no va por el camino, al menos no en lo fundamental, de las alianzas entre gobiernos con similar identidad política y/o ideológica:
No quisiera acabar estas palabras —agrega— (…) sin hacer un llamado de atención a este seminario en el sentido de que Cuba no es el único país americano; simplemente, es el que tiene la oportunidad de hablar hoy ante ustedes; que otros pueblos están derramando su sangre, para lograr el derecho que nosotros tenemos y, desde aquí, y de todas las conferencias y en todos los lugares, donde se produzcan, simultáneamente con el saludo a los pueblos heroicos de Viet Nam, de Laos, de la Guinea llamada Portuguesa, de Sudáfrica o Palestina, a todos los países explotados que luchan por su emancipación debemos extender nuestra voz amiga, nuestra mano y nuestro aliento, a los pueblos hermanos de Venezuela, de Guatemala y de Colombia, que hoy, con las manos armadas, están diciendo definitivamente, No, al enemigo imperialista.”[6]
Similares posturas se encuentran en otros escritos, intervenciones en reuniones y discursos de Che Guevara por esos años; de manera significativa en el conocido Mensaje a la Tricontinental, que apareció publicado por primera vez el 16 de abril de 1967 con el título “Crear dos, tres… muchos Viet Nam, es la consigna”.
Esta convicción de Guevara tiene su origen en los años de juventud. Más allá de las biografías publicadas, el estudio de este periodo y su peso en los caminos que lo llevaron a convertirse en uno de los principales dirigentes de la Revolución cubana antes y después de 1959, tiene su centro en el trabajo de la investigadora María del Carmen Ariet y el Centro de Estudios Che Guevara en La Habana.
Desde sus viajes por América Latina y sus estudios de filosofía la cualidad internacionalista se desarrolla ligada al antimperialismo, pero en estrecho vínculo con la solución a problemas nacionales —o mejor—, con la situación dentro de las naciones de los sectores subalternos y explotados.
A los diecisiete años, Ernesto Guevara inició la construcción de “una especie de diccionario de filosofía” que culmina con la redacción de siete cuadernos, “el último de los cuales es la síntesis de los anteriores, y que fuera construido durante su estancia en México (1954–1956)”.[7]
Diecisiete años tenía Che en 1945. En su primer cuaderno incluye referencias —entre otros— a textos de Lenin, Marx, Engels, Lafargue, Freud, Bacon e Ingenieros (en la categoría “Moral”) e identifica como una categoría particular la de “Patriotismo”. En el segundo, refiere a Ingenieros (en “Ética”, “Moral” y de nuevo “Patriotismo”) y otros. En el tercero, aparecen las categorías “Nación”, “Patriotismo”, “Patria”, “Panamericanismo”, y así sucesivamente.[8]
Veintitrés años tenía Che en 1951. En diciembre de ese año inicia su primer recorrido por América Latina junto a Alberto Granado. Desde Iquitos, escribe a su padre el 4 de junio de 1952:
… despedida como la que nos hicieron los enfermos de la leprosería de Lima es de las que invitan a seguir adelante (…) varios se despidieron con lágrimas en los ojos. Todo el cariño depende de que fuéramos sin guardapolvos ni guantes, les diéramos la mano como a cualquier hijo de vecino y nos sentáramos entre ellos a charlar de cualquier cosa o jugáramos al fútbol con ellos (…) el beneficio psíquico que es para uno de estos enfermos tratados como animal salvaje, el hecho de que la gente los trate como seres normales es incalculable…[9]
En su segundo viaje, que se inicia el 7 de julio de 1953 y lo lleva a Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala vive las experiencias de los procesos revolucionarios —y contrarrevolucionarios— de Bolivia y Guatemala. Desde San José, en carta a su tía Beatriz fechada el 10 de diciembre de 1953 le cuenta: “En El Paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit convenciéndome una vez más de lo terrible que son estos pulpos capitalistas”;[10] y desde Guatemala, el 12 de febrero de 1954, le escribe:
Mi posición no es de ninguna manera la de un diletanti hablador y nada más; he tomado posición decidida junto al Gobierno guatemalteco y, dentro de él, en el grupo del PGT que es comunista, relacionándome además con intelectuales de esa tendencia que editan aquí una revista y trabajando como médico en los sindicatos, lo que me ha colocado en pugna con el Colegio Médico que es absolutamente reaccionario.”[11]
En resumen, la Revolución cubana tuvo un lugar principal en la internacionalización de la figura de Guevara; pero hay un componente de particularidad que aportan los peculiares caminos que condujeron al Che hasta Cuba.
En mi opinión, Che Guevara constituye —junto a otros revolucionarios y revolucionarias con suertes diversas en el canon marxista— un botón de muestra de que la carga del “quiebre de fronteras” entronizada como cualidad del pensamiento postmoderno, obedece a una construcción simbólica jalonada por el desarrollo científico y tecnológico en este último. Una corriente particular del devenir de los marxismos se planteó, desde su origen, el quiebre de los estrechos marcos del nacionalismo desde la internacionalización de la Revolución comunista.
Los aportes a esa gigantesca escuela
Quisiera referirme finalmente al tema de la educación. Más allá del tratamiento particular que da Ernesto Guevara en la carta a Carlos Quijano, el espíritu del documento contiene interesantes aportes en este sentido.
En la creación de un revolucionario que se ejercita en la escritura sistemáticamente, cada texto persigue un fin, se canaliza en un estilo, pero se inserta en una producción general. El socialismo y el hombre en Cuba es un escrito descarnado, transparente, que como señala Fernando Martínez invita a actuar. Quizás por eso relegado en la escuela cubana respecto a otros. Es un texto incómodo para la construcción del mito.
Por razones diversas la educación cubana ha derivado en una educación de meseta, lineal, sin los arrebatos volcánicos que puedan —desde la potencialidad que constituye su amplitud de acceso y el apoyo estatal— revolucionar en la Revolución. Diseccionar al Che es un acto, cuando menos, de conservadurismo. Es necesario presentarlo en su integralidad, en la consecuencia de sus concepciones revolucionarias y sus acciones. Por ejemplo, hay fragmentos en la carta leída por Fidel el 3 de octubre de 1965 que no pueden entenderse —como es la ruptura de los lazos legales que le ataban a Cuba— si no se tiene en cuenta que su lucha en otras tierras era también un acto por la Revolución cubana, porque veía la lucha internacionalista como un compromiso ético y como una necesidad para un proceso revolucionario del que fue actor principal. 
Otra arista tiene que ver con educar en democracia, vista la democracia como una especie de materia. Con independencia de las cuestiones prácticas relacionadas con los vínculos entre el Estado y el pueblo, los mecanismos de retroalimentación y participación ciudadana, la institucionalidad y el Partido; el hecho de insistir en estos temas tiene la función —además— de visibilizarlos, someterlos a una discusión amplia, ponerlos en la agenda de todos, situarlos como un objetivo formativo en el camino de educar contra el aislamiento del individuo. Ernesto Guevara nos señala que para vivir en democracia hay que “enseñar” democracia y eso puede construirse desde la sociedad socialista. Está criticando el esquema burgués, lo niega y propone. No estamos hablando de un antiprograma al capitalismo —a pesar de identificar varias de sus esencias—, sino de un programa de liberación.
Epílogo
Volver al Che se erige en un proceso de autoevaluación. El Che y El socialismo y el hombre en Cuba también inspiran y mueven a esos actos íntimos.
Regresar a El socialismo y el hombre en Cuba no es sólo un ejercicio analítico del discurso, del texto y su contexto. No se trata de un documento para la “reafirmación” revolucionaria, constituye un acto de “interpelación” a nosotros mismos.
En video, el Socialismo y el hombre en Cuba en la Mesa Redonda
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Referencias
[1] ¡Al IV Congreso del Partido! ¡El futuro de nuestra Patria será un eterno Baraguá! En Periódico Granma, 18 de marzo de 1990.
[2] Pogolotti, Graziella. Un texto para todos los tiempos. En revista digital La Jiribilla. Marzo de 2015.
[3] Este epígrafe recupera un fragmento del trabajo «Tribulaciones de un citizen decadente», publicado en La Tizza, el 28 de abril de 2021. Disponible en https://medium.com/la-tiza/tribulaciones-de-un-citizen-decadente-b2fcc423b1f2
[4] Guevara, Ernesto. Intervención en el Segundo Seminario de Solidaridad Afroasiático, Argelia, 24 de febrero de 1965. En María del Carmen Ariet (edit.). «Che Guevara. Justicia global. Liberación y socialismo». Centro de Estudios Che Guevara & Ocean Press y Ocean Sur, Tercera impresión, 2007. p. 21.
[5] Ibídem, p. 20.
[6] Ibídem, pp. 29–30.
[7] Centro de Estudios Che Guevara. Nota a la edición. En Ernesto Che Guevara. Apuntes filosóficos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013. p. 2.
[8] Guevara, Ernesto. Apuntes filosóficos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013. pp. 353–373.
[9] Guevara, Ernesto. Epistolario de un tiempo. Cartas 1947–1967. María del Carmen Ariet y Disamis Arcia (comp.), Centro de Estudios Che Guevara & Ocean Press y Ocean Sur, 2019. pp. 16–17.
[10] Ibídem, p. 33.
[11] Ibídem, p. 41.

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Huellas de Maceo y Che en nuestra historia

Dos hombres. Dos épocas. El mismo destino: Antonio Maceo Grajales nació el 14 de junio de 1845 en Santiago de Cuba. Ernesto Guevara de la Serna, en Rosario, Argentina, ese propio día del año 1928.

Del Titán de Bronce, el propio Che, como conocemos al guerrillero argentino-cubano, afirmó en antológico discurso en 1962 que el recuerdo de Antonio Maceo adquiría con el triunfo de la Revolución luces propias: “Empieza a estar más íntimamente ligado al pueblo, y toda la historia de su vida, de sus luchas maravillosas y de su muerte heroica, adquiere el sentido completo, el sentido del sacrificio para la liberación definitiva del pueblo”

Mientras Fidel dijo de ambos: “Ochenta y tres años separaban el nacimiento del uno y del otro. El primero era ya un personaje legendario cuando el segundo vino al mundo. Si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América”

Ambos son paradigmas de nuestra historia. Si se quisiera buscar una palabra que fuese sinónimo de valentía, coraje e intransigencia revolucionaria esa palabra sería Maceo; en tanto, como dijera Fidel, para el Che Guevara, la palabra identificativa sería sinónimo de austeridad, integridad, espíritu de sacrificio y ética.

De Maceo, los cubanos heredemos su hidalguía, su lucha inquebrantable por sostener los ideales independentistas, aún en las condiciones más difíciles, su preclara capacidad de avizorar los peligros que representaba la injerencia de los Estados Unidos y esa intransigencia que le llevó a protagonizar la Protesta de Baraguá, hecho calificado por José Martí como “de lo más glorioso de nuestra historia”.

Del Che, ese ideal del hombre nuevo. Ese ser de carne y hueso, capaz de cometer errores, pero de esforzarse cada día para ser mejor, para dar de sí sus mayores esfuerzos y sacrificios, sin pedir nada a cambio, solo por la satisfacción del deber cumplido.

Maceo, el primogénito de Marcos y Mariana, de soldado de filas llegó a mayor general del Ejército Libertador, del cual fuera su Lugarteniente General en la epopeya de 1895. Supo empinarse y sobreponerse a los prejuicios raciales de su época y nunca comulgó con la indisciplina y el desorden. Recordada es su carta respuesta a Vicente García en 1877 conminándolo a unirse a la sedición de Santa Rita, de tan funestas consecuencias para la causa mambisa en la Guerra de los Diez Años:

“ Al mismo tiempo, indignación, desprecio me produce su invitación al desorden y desobediencia de mis superiores, rogándole se abstenga en lo sucesivo de proponerme asuntos tan degradantes, que sólo son propios de hombres que no comprenden los intereses patrios y personales. (…) siempre apoyaré al Gobierno legítimo y no estaré donde no pueda existir orden ni disciplina, porque vivir de esa manera sería llevar la vida del bandolerismo. Después de terrible juez del pueblo, vendrá la Historia, que juzgará imparcial y sinceramente de sus hechos pasados”.

También el guerrero de las 26 heridas y cientos de combates victoriosos supo oponerse al peligro que representaban los Estados Unidos para la causa libertaria de Cuba: “¿A qué intervenciones ni injerencias extrañas, que no necesitamos ni convendrían? Cuba está conquistando su libertad con el brazo y el corazón de sus hijos; libre será en plazo breve, sin que haya menester otra ayuda”.

En tanto, mucho más conocida es su carta al coronel Federico Pérez Carbó, fechada el 14 de julio de 1896, en la cual afirmó: “De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. (…) Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

El historiador Leonardo Griñán Peralta, en su libro Maceo. Análisis caracterológico, afirmaba que el patriotismo era su prenda más relevante. Al respecto, significaba: “Fue como el sol en derredor del cual girasen todos sus gustos e inclinaciones”

Mientras del Che Guevara oportuno sería sacar a colación un reciente libro publicado por Edison Velázquez, quien trabajó junto a él en el Ministerio de Industrias y fuera su Delegado en la antigua provincia de Las Villas, con el sugestivo título de “El Che que yo conocí”, el cual nos acerca aún más a la estatura de ese paradigma, cuyos restos mortales reposan en Santa Clara y en cuyo honor, los cubanos llevamos compromisos y resultados.

Afirma Edison: “En sí mismo nos dejó una imagen real de cómo concebía al hombre nuevo; pero era un hombre de carne y hueso que crecía y luchaba por modelar su sueño de que un hombre nuevo era posible”.

El 25 de marzo de 1896 Maceo le escribió a su esposa María Cabrales: “La patria ante todo; (…) continuar es deber; retroceder, vergüenza oprobiosa. ¡Adelante pues; para el terruño, la gloria de sacrificarlo todo!”.

Mientras el Che, al despedirse de Fidel en carta tan conocida, como hermosamente dramática, le dice: “En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo donde quiera que esté, esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”.

Ambos murieron por el mismo ideal: Maceo, en San Pedro de Punta Brava, el 7 de diciembre de 1896, y el Che, asesinado en la escuelita de la Higuera, Bolivia, el 9 de octubre de 1967.

De Maceo dijo nuestro José Martí: “Y hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. (…) Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía constante, y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste con la idea cauta y sobria. (…) No deja frase rota, ni usa voz impura,… Con el pensamiento la servirá, más aún que con el valor. Le son naturales e vigor y la grandeza”.

Del Che afirmó Fidel: “(…) lo vi realizar el primer disparo y sus primeras proezas. Médico e intelectual convertido en soldado temerario, siempre el primero cuantas veces hizo falta un voluntario para misiones difíciles, tuve el privilegio de conocerlo más de cerca”.

Y en una de sus Reflexiones, publicada en el periódico Granma en el 2007, escribió nuestro Comandante en Jefe: “Era un predestinado, pero él no lo sabía. Combate con nosotros y por nosotros”

A 177 años del nacimiento de Antonio Maceo y 94 del Che Guevara, el ejemplo de ambos nos acompaña y conmina cada día a ser mejores revolucionarios y mejores cubanos.  

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Fidel sobre el Che: Fue maestro y forjador de hombres como él

Fidel y el Che durante la guerra revolucionaria en la Sierra Maestra, 1957. Foto: Oficina deAsuntos Históricos del Consejo de Estado/ “Fidel Soldado de las Ideas”.“Che fue un verdadero comunista y hoy es ejemplo y paradigma de revolucionario y de comunista. Che fue maestro y forjador de hombres como él. Consecuente con sus actos, nunca dejó de hacer lo que predicaba, ni de exigirse a sí mismo más de lo que exigía a los demás”.
Discurso pronunciado en la Ceremonia Central por el XXX Aniversario de la caída en combate del Guerrillero Heroico y sus compañeros y la inhumación de sus restos, en el Monumento de la ciudad de Santa Clara, Villa Clara, 17 de octubre de 1997
“Si quisiera buscar una palabra que fuese sinónimo de austeridad, integridad, espíritu de sacrificio y ética, esa palabra sería Che”.
Referencia al texto original: Discurso pronunciado en acto solemne de homenaje a los natalicios de Maceo y Che, en el Cacahual, La Habana, 15 de junio de 2002
“Son muchos los recuerdos que nos dejó, y es por eso que digo que es uno de los hombres más nobles, más extraordinarios y más desinteresados que he conocido, lo cual no tendría importancia si uno no cree que hombres como él existen por millones y millones y millones en las masas.”
Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en la Facultad de Derecho. Buenos Aires, Argentina, 26 de mayo del 2003
Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y Che Guevara, de derecha a izquierda, escuchan lasinformaciones que les da Maracaibo, un explorador que acababa de regresar de las líneasenemigas durante el combate de Pino del Agua, en septiembre de 1957. Foto: EnriqueMeneses/ Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”
Durante el traslado del Che a la columna 1 en Minas del Frío, para asumir la conducción de la defensa del sector occidental del territorio rebelde ante la anunciada ofensiva enemiga, abril de 1958. Foto: Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”
Fidel acude a despedir al Che al aeropuerto, donde sostienen una amena conversación antesde la partida de este en un extenso recorrido por naciones africanas y asiáticas, 12 de juniode 1959. Foto: Raúl Corrales/ Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”
Fidel acude a despedir al Che al aeropuerto, donde sostienen una amena conversación antes de la partida de este en un extenso recorrido por naciones africanas y asiáticas, 12 de junio de 1959. Foto: Raúl Corrales/ Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”
Primer encuentro de Fidel y Che desde la salida de las columnas invasoras de la SierraMaestra y luego del triunfo revolucionario del 1ro de enero de 1959, en la Ciudad deCamagüey, 5 de enero de 1959. Foto: Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”
Fidel conversa junto al Che durante el primer torneo de pesca de la aguja “ErnestHemingway” tras el Triunfo de la Revolución. Estas imágenes fueron tomadas en lasegunda jornada de la competencia. 14 de mayo de 1960. Foto: Alberto Korda/ Sitio “FidelSoldado de las Ideas”
Fidel junto al Che vistiendo los uniformes de los equipos de pelota nacional, orientales yoccidentales, en la Ciudad Deportiva de La Habana, 4 de agosto de 1964. Foto: Sitio “FidelSoldado de las Ideas”
Pintura que evoca a Fidel junto al fotógrafo cubano Alberto Korda observando la icónica foto de El Che. Autor: Juan Carlos Pérez Balseiro/ Sitio “Fidel Soldado de las Ideas”

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Rodríguez Parrilla: La IX Cumbre de las Américas estaba condenada al fracaso antes de iniciar

Canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla. Foto: Cubaminrex.El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, ofreció una entrevista especial con el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, en la que se refirió a la recién concluida IX Cumbre de las Américas, que se realizó durante la pasada semana en la ciudad de Los Ángeles, California.
Al iniciar su intervención este lunes, Rodríguez Parrilla afirmó que la IX Cumbre de las Américas estaba condenada al fracaso, incluso antes de iniciar.
El canciller señaló que el fracaso del evento era previsible, por la opacidad con que se organizó, donde no se conocieron oficialmente las invitaciones a los países hasta 48 horas antes de inaugurarse el evento.
Manifestó que el gobierno de EE.UU. manejó algunas fórmulas para la participación de Cuba, pero nuestro país las rechazó rotundamente.
Se refirió entonces a las palabras del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, cuando rechazó la política de exclusiones del gobierno estadounidense y dijo que en ningún caso él asistiría a la Cumbre, en una clara alusión a esas fórmulas que manejaba Washington.

.@BrunoRguezP | Con la voz de 20 países que se opusieron a las exclusiones, 11 denuncias contra el bloqueo, la arbitraria inclusión de #Cuba 🇨🇺 en la lista de estados patrocinadores del terrorismo; demuestran que EE.UU no está en capacidad de establecer imposiciones.
1/3 pic.twitter.com/NSic17DThW
— Cancillería de Cuba (@CubaMINREX) June 14, 2022

Afirmó que después de los intentos firmes, pero constructivos, de los países latinoamericanos y caribeños, por hacer rectificar a los EE.UU. de su intento de imposición, empiezan los debates públicos, inevitables, lo que acorrala al gobierno estadounidense.
Es entonces que EE.UU. inicia intentos de negociación de fórmulas discriminatorias de participación de Cuba en la Cumbre.
“En vez de rectificar el error y reconocer el clamor de todo el hemisferio, empieza negociaciones turbias, que recibieron un enérgico rechazo de la parte cubana”, afirmó.
A jucio del canciller cubano, esto confirma que EE.UU. no tiene una sola razón válida para excluir a nadie, ni tiene el menor derecho de hacerlo por ser anfitrión, y que las exclusiones llevarían al fracaso de la Cumbre.
Sobre la reacción de los gobiernos de Nuestra América ante la política de exclusiones, manifestó que EE.UU. nos subestima con arrogancia, con la visión de dominación, siempre hegemónica.
“Subestima a nuestros pueblos, a Nuestra América, en su capacidad de presentar protesta y resistencia cada vez mayor, a los intereses de dominación del imperialismo”, dijo.
Rodríguez Parrilla sostuvo que la IX Cumbre de las Américas nace frustrada, nace junto al fracaso.
“La exclusión de Cuba fue una imposición autoritaria frente a la rebelión de un grupo de países, de Jefes de Estado y Gobierno”.

.@BrunoRguezP | Después de los intentos firmes, pero constructivos, de los países latinoamericanos y caribeños, por hacer rectificar a los EE.UU. de su intento de imposición, empiezan los debates públicos, inevitable, que acorrala al gobierno estadounidense.#AméricaUnida pic.twitter.com/Pd5XLaxqfW
— Cancillería de Cuba (@CubaMINREX) June 14, 2022

El jefe de la diplomacia cubana reconoció que la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom) mantuvo una fuerte posición contraria a cualquier exclusión.
Igualmente, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien asume un liderazgo extraordinario en este proceso y otros mandatarios de la región se suman a él.
El ministro señaló que la voz de 20 países que se opusieron a las exclusiones, 11 denuncias expresas contra el bloqueo, y otras contra la arbitraria inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, demuestran que EE.UU. no está en capacidad de establecer imposiciones.
Rodríguez Parrilla destacó que, con esta acción, así como con el bloqueo, lo que Washington ha hecho es precisamente generar un profundo aislamiento y descrédito al gobierno estadounidense, que en relación con América Latina y el Caribe, y en particular con Cuba, lo ha colocado en la carencia de una política propia.
“Hay que aspirar a un diálogo productivo y respetuoso de Nuestra América encarnada en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) con los gobiernos de turno de los EE.UU.”, dijo el canciller de la Isla.
Puntualizó que “Cuba no aspira a integrarse con EE.UU., pues aprendimos de Bolívar y de Martí que ese no es nuestro camino”.
Es conveniente un mecanismo de diálogo y cooperación entre Nuestra América y el gobierno de los EE.UU., afirmó, pero “siempre en absoluto pie de igualdad, sin sombra para la independencia, sin restricción al ejercicio pleno de la soberanía”.
Opinó que estas cumbres del fracaso y que no llevan a las soluciones de los problemas de los pueblos, confirman la importancia vital de los mecanismos de integración de nuestra América.
Centro de Convenciones de Los Ángeles, donde se desarrolló la Cumbre de las Américas. Foto: Luis de Jesús.
La ausencia de Cuba fue desde el principio, un motivo de discordia en estas Cumbres entre la América Latina y el Caribe y el gobierno norteamericano, que lo impuso en absoluto aislamiento sucesivamente, consideró el ministro.
Sobre la presencia de Cuba, de manera virtual, a la Cumbre de los Pueblos, Rodríguez Parrilla se refirió a la omnipresencia de Cuba en Los Ángeles en las calles de esa ciudad y en la prensa estadounidense, así como la denuncia y la ausencia de varios presidentes respecto a la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
“La Cumbre de los Pueblos por la Democracia fue verdaderamente participativa y democrática, si bien EE.UU. impidió que estuviera la delegación de la sociedad civil cubana allí”, dijo.
El canciller añadió que el evento confirmó la simpatía del pueblo estadounidense con el cubano, que se manifiesta con su reclamo por la eliminación del bloqueo o su reclamo por la libertad de viajar a nuestro país.

#Cuba no aspira a integrarse con EE.UU., aprendimos de Bolívar y de Martí que ese no es nuestro camino.
Estas cumbres del fracaso y que no llevan a las soluciones de los problemas de los pueblos, confirman la importancia vital de los mecanismos de integración de nuestra América. pic.twitter.com/qa1zaflGIb
— Cancillería de Cuba (@CubaMINREX) June 14, 2022

En ese sentido, el ministro de Relaciones Exteriores afirmó que la Cumbre de los Pueblos fue el verdadero contraste de una vacía Cumbre de las Américas, que se manifestó –dijo– en los miles de ciudadanos estadounidenses y de otras latitudes desfilando en las calles o el hecho de represión que sufrió una activista con un micrófono en la calle.
En el documento sobre la situación migratoria no se menciona ni una sola vez las palabras soberanía e independencia, destacó. Todo esto –comentó– evidenció el descrédito de la política estadounidense respecto a los anuncios del gobierno de ese país de un cambio de política hacia Cuba.
“El crédito lo merece nuestro pueblo, está en la historia”, señaló y añadió que son los cubanos los verdaderos protagonistas de la voz de nuestro país en Los Ángeles.
Rodríguez Parrilla concluyó que la cita de Los Ángeles fue “una batalla victoriosa y un fracaso del imperialismo estadounidense en nuestra América”.
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Presidente argentino rechaza exclusiones de la Cumbre y condena el bloqueo contra Cuba y Venezuela (+ Video)

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Hart: Uno de los imprescindibles

Armando Hart, el máximo responsable del Movimiento 26 de Julio en presidio. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.En el Salón Bolívar del Centro de Estudios Martianos, en La Habana, se efectuará este 13 de junio un panel en homenaje a uno de los imprescindibles de la Revolución cubana: Armando Hart Dávalos, quien este lunes cumpliría 92 años de edad.
Yo tengo muy gratos recuerdos de Hart. Lo recibí en la Embajada de Cuba en Chile en 1963, en tránsito hacia La Habana. Él venía de Montevideo con su esposa Haydée Santamaría y yo era el encargado de Negocios de Cuba en la nación austral.
Al año siguiente, y luego de concluir mi misión diplomática en Chile, le pedí al canciller Raúl Roa que me permitiera estudiar en la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de La Habana, en el curso nocturno, pues en 1960 había interrumpido mis estudios en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas para acompañar al rector, Mariano Rodríguez Solveira, quien fue nombrado embajador en Ecuador.
Fui uno de los 198 alumnos del curso iniciado en 1964 en la Escuela de Ciencias Políticas, dirigida por el profesor Fernando Álvarez Tabío, uno de los asesores del ministro Roa.
Yo laboraba entonces en la Dirección de Europa Occidental de la Cancillería, dirigida por el compañero Rogelio Montenegro. El canciller Roa me había pedido cumplir una tercera misión diplomática en Suecia, lo cual decliné, pues después de laborar en Ecuador y Chile, mi prioridad era terminar mis estudios universitarios.
Laboré hasta 1966 en la Cancillería. Ese año me inicié oficialmente en el periodismo fundando con el compañero Germán Sánchez la Revista OCLAE. Y en 1967 pasé a la página internacional del vespertino Juventud Rebelde, de donde salí al año siguiente a la agencia Prensa Latina a solicitud de Armando Hart, quien era entonces el organizador del Partido Comunista de Cuba.
Recuerdo que en mis tiempos en la Escuela de Ciencias Políticas, Hart me había pedido que organizara un equipo de estudiantes para analizar un discurso del abogado Robert Kennedy, quien fue fiscal general de Estados Unidos de 1961 a 1964, y uno de los hermanos del presidente Kennedy.
En la agencia Prensa Latina permanecí hasta 1973, cuando a propuesta de Haydée Santamaría integré el Jurado del Premio Literario Casa de las Américas en el género de testimonio, y ese año fui trasladado a Radio Habana Cuba, donde permanezco hasta hoy.
Recuerdo que Armando Hart estuvo presente en el acto en que el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, Raúl Castro, me entregó el 16 de abril de 1987 la réplica del machete de Máximo Gómez.
Y el teatro del Memorial José Martí, inaugurado por el Comandante Fidel Castro el 27 de enero de 1996, es un sitio para mí inolvidable. En ese lugar, el lunes 14 de marzo de 2005, recibí de manos de Armando Hart el Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida, otorgado por la Unión de Periodistas de Cuba.
Cuatro años después, en ese mismo teatro, el doctor Armando Hart, quien fue en Cuba el primer ministro de Educación y Cultura, me entregó también la distinción Honrar Honra, y posteriormente, en 2015, en la sede de la Sociedad Cultural José Martí, entonces presidida por él, me entregó la Utilidad de la Virtud, máxima distinción que otorga esa sociedad.
Y un año después, el viernes 25 de marzo de 2016, tuve el honor de recibir en Radio Habana Cuba al doctor Armando Hart, quien ese día fue en su silla de ruedas a entregarle al colectivo de nuestra emisora internacionalista, la Utilidad de la Virtud, distinción que como subdirector de la radio le había solicitado.
El Comandante Fidel Castro fue el verdadero creador de Radio Habana Cuba, imaginada por él desde la Sierra Maestra, y dada a conocer al mundo el 16 de abril de 1961, en el discurso en que, al despedir el duelo de las víctimas por el ataque previo a tres aeropuertos cubanos en vísperas de la agresión mercenaria de Playa Girón, proclamó el carácter socialista de la Revolución cubana.
Y fue desde el Teatro del Memorial José Martí de La Habana donde celebramos mediante una transmisión especial de Radio Habana Cuba el cumpleaños 90 del doctor Armando Hart Dávalos con un panel  integrado por la doctora Eloísa Carreras, compañera de vida de Hart, editora, escritora, investigadora, doctora en Ciencias Filosóficas, máster en Filosofía, fundadora de la Organización Hermanos Saíz y directora del Proyecto Crónicas, así como el musicólogo Jesús Gómez Cairo, Premio Nacional de Música en 2018, investigador, escritor y profesor, y el también profesor Omar Valiño Cedré, crítico teatral, ensayista y editor, quien es el actual director de la Biblioteca Nacional José Martí.
No olvido el panel por el 90 aniversario de Hart, porque lo efectuamos mediante una transmisión de Radio Habana Cuba de casi una hora de duración desde el Teatro del Memorial José Martí, en el año en que falleció el Comandante Fidel Castro, un año y un día antes de que pasara a la inmortalidad Armando Hart Dávalos, el 26 de noviembre de 2017.
Fidel y Hart, que continúan vivos entre nosotros, fueron los principales protagonistas de muchas grandes obras de la Revolución cubana, entre ellas la campaña de alfabetización en Cuba, obra magna de la cultura cubana, realizada en 1961, el año de Playa Girón y del nacimiento de Radio Habana Cuba.
Guardo la voz de Armando Hart en una entrevista que le hice para un programa en homenaje al más universal de los cubanos: “Desde muy pequeño estoy oyendo hablar de José Martí y desde muy pequeño estoy amando mucho la vida y la obra de José Martí. Y fue con su luz que llegamos a la Revolución”.
(Tomado de Moncada, Lectores)

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Mayía Rodríguez, un mambí presente en las tres guerras de independencia de Cuba contra España

MADRID, España.- Este 13 de junio se cumplen 173 años del nacimiento de José María Rodríguez Rodríguez, conocido como Mayía Rodríguez, uno de los grandes militares de las Guerras de Independencia de Cuba durante la colonia española.
Mayía Rodríguez nació en Santiago de Cuba, y con solo 19 años se unió en esta provincia a la lucha iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua. Llegó a ser Mayor General del Ejército Libertador.
En la Guerra de los Diez Años comenzó como Ayudante del Mayor General Donato Mármol.
Entre sus principales combates estuvieron el de Hato del Medio, Cayo Rey y el del Cafetal de La Indiana, así como la Batalla de las Guásimas. En 1874 una bala alcanzó su rodilla dejándolo lisiado, pero esto no impidió que continuara en el Ejército.
Con la acción de Sabanas de Bío, en la que era jefe del Regimiento de Caballería Santiago, impidió el paso de una columna española que perseguía a Antonio Maceo, herido en ese momento.
Junto a Maceo participó en la Protesta de Baraguá.
Estuvo entre los organizadores de la Guerra Chiquita, pero fue encarcelado y enviado a España de 1879 a 1882. Tras su liberación viajó a República Dominicana, donde estableció contacto con varios emigrados, entre ellos José Martí.
Desembarcó en Cuba el 24 de julio de 1895, por Tayabacoa, Sancti Spíritus. Al año siguiente lo ascenderían a Mayor General.
Al concluir la guerra con la intervención estadounidense, estuvo entre los nueve generales cubanos invitados por los norteamericanos a participar en el cambio de poder, el 1 de enero de 1899.
Mayía Rodríguez, considerado por José Martí como “el más virtuoso de los compañeros”, murió el 25 de mayo de 1903, víctima de la tuberculosis, a sus 54 años.
Actualmente una céntrica avenida en el municipio de Diez de Octubre lleva su nombre. Al igual que un reconocido Palacio de los matrimonios de esa localidad.
En su honor se erigió un busto en la Avenida de los libertadores en Santiago de Cuba, su ciudad natal.
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¿Pirámide egipcia en Cuba?

El templo mortuorio del arquitecto cubano José Francisco de Mata, ubicado en la Necrópolis de Colón y que adopta esta forma, se distingue por ser único en su originalidad.La única capilla réplica de una pirámide egipcia en Cuba se encuentra en la Necrópolis de Colón. En ella reposan los restos de José Francisco de Mata, director del Colegio de Arquitectos de 1902 a 1919.
El sepulcro, construido en 1920, está inspirado en el templo funerario del faraón Kefrén, en Egipto, y es exactamente 60 veces más pequeño. La admiración de Mata por las obras arquitectónicas de la antigüedad determinó que sus discípulos y colegas escogieran esta variante para la arquitectura de su ermita, manifestó la licenciada Zeni Pereira Hernández, museóloga del cementerio habanero.
La obra representa un ejemplo sobresaliente del espíritu ecléctico presente en los gustos de la arquitectura funeraria de principios del siglo XX. El acceso a su interior está cerrado por una puerta de hierro con un ornamento también tomado de la cultura egipcia. En el frontón, sobre la puerta, hay un alado globo terráqueo, símbolo de la fragilidad de la vida terrenal.
Fabricado con una técnica de talla y fundición de hierro, el interior no reproduce la forma piramidal del exterior, sino que posee estructura de bóveda, según consta en la documentación del cementerio, comentó el licenciado en Gestión y conservación del patrimonio, Ricardo Díaz, también museólogo del camposanto.
Aún constituye motivo de duda el detalle que influyó en los diseñadores de la capilla para que se inspiraran, de las tres grandes pirámides de Egipto, precisamente en la de Kefrén y no en otra, pues la pirámide de Keops es la más reconocida con sus 146 metros de altura y recubrimiento de piedra caliza coronado con un piramidión de oro.
Quizás por ser las más antiguas y geométricas, las pirámides egipcias han gozado de mayor popularidad simbólica. Constituyen una forma conmemorativa muy recurrente de la antigüedad y resaltan valores morales, representa para los egipcios la creatividad divina.En Cuba, el estilo egipcio influyó en el movimiento del art decó alcanzando gran relevancia en la década de 1950.
En sus 56 hectáreas, con más 53 000 mausoleos, galerías, capillas, panteones y osarios de múltiples estilos arquitectónicos, solo hay dos monumentos con diseño piramidal. El segundo monumento, lejos de imitar la cultura egipcia, puede considerarse una pirámide trunca que forma parte del conjunto arquitectónico y escultórico de la familia Falla Bonet, aseguró Evelín Pérez Álvarez, especialista en Museología e Historia de la necrópolis habanera.
La construcción de la capilla de José Francisco de Mata fue el homenaje póstumo del Colegio de arquitectos a su director.
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Enmienda Platt, plattismo, cubanía

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Resulta difícil imaginar el clima espiritual de la Cuba de noviembre de 1900, ocupada por tropas norteamericanas, presidida por un arrogante generalote yanqui instalado como gobernador militar en el antiguo Palacio de los Capitanes Generales. Con el país intervenido por los EEUU, el Ejército Libertador desarmado y disperso y el Partido Revolucionario Cubano disuelto, el pueblo debe haberse sentido un poco huérfano. Le habían secuestrado sus ideales, y, para colmo, la situación económica era desastrosa después de tantos años de guerra.
“Como una piedra de frustración”, decía Lezama, “el cubano contemplaba a Martí muerto, expuesto a la entrada de Santiago de Cuba, o a Calixto García obligado a quedarse contemplando las montañas, sin poder entrar en la ciudad.”
Los norteamericanos, nuestros generosos “salvadores”, permitieron la conformación de una Asamblea Constituyente, con delegados elegidos por votación popular. Debían redactar una Constitución para Cuba, que sería (¡por fin!) una República independiente. Tendrían igualmente una segunda misión, de la mayor importancia para el gobierno de los EEUU: el carácter de las relaciones entre Cuba y su vecino del Norte quedaría legal y escrupulosamente fijado en un documento normativo anexo a la Ley de Leyes.
La apertura de la Asamblea Constituyente se celebró el 5 de noviembre de 1900 en el Teatro Irioja, rebautizado como Teatro Martí para la ocasión. Hubo un momento de emotivo significado patriótico: en la sesión inaugural, quedó oficialmente reconocida la marcha compuesta en 1868 por Perucho Figueredo como Himno Nacional de Cuba.
Supongo que había incertidumbre, recelos, y además, sin dudas, esperanzas. La gente acudía al Teatro Martí y seguía las discusiones en los palcos, donde pudiera acomodarse, o a través de la prensa, que comentaba profusamente los debates.
Unos meses después de aquella inauguración, el 21 de febrero de 1901, los delegados pusieron punto final a la Constitución de la nueva república. Deberían, pues, acometer la redacción del documento que normaría los vínculos amistosos, por supuesto, entre la naciente República de Cuba y su hermana mayor.
En su libro Cuba: los primeros años de su independencia, Rafael Martínez Ortiz anunciaría con tono melodramático el reto que iba a enfrentar la Asamblea: “aún faltaba algo impuesto con la rigidez inflexible y con la impasibilidad cruel de lo inevitable: determinar sobre las relaciones futuras entre Cuba y los EEUU”.
La Asamblea había nombrado a una comisión de cinco miembros para que propusiera las bases de un tema tan delicado. No sabían que ya les había adelantado el trabajo Elihu Root, el Secretario de la Guerra de los EEUU, quien había hecho llegar al gobernador militar de la Isla, general Leonard Wood, una carta con las exigencias principales que iba a contener luego la Enmienda Platt. La orden era tajante y clara: los puntos relacionados en su carta tenían que quedar recogidos en el documento que se sometiera a la Asamblea Constituyente.
En un gesto muy yanqui, supuestamente campechano y algo intimidante, Wood organizó una cacería en la Ciénaga de Zapata e invitó a la comisión. Allí, entre manglares, cocodrilos y mosquitos, en un entorno un tanto exótico, el representante del Imperio disfrazado de cazador compartió con el quinteto de delegados las ofensivas palabras de Root sobre el destino neocolonial de Cuba.
Poco después, el 26 de febrero, el Senador por Connecticut Orville H. Platt, presentó ante el Congreso de los EEUU una enmienda al proyecto de ley del presupuesto federal del Ejército. Pronto marcaría con fuego la historia de Cuba con el nombre de Enmienda Platt.
El historiador Ernesto Limia, que ha estudiado a fondo todo el proceso de la imposición de la fatídica Enmienda, asegura que este paso
“Fue un golpe deliberado: la introdujo cinco días antes de que recesara el Congreso. Era poco probable que los demócratas dilataran la votación, dado el temor a las críticas si no prestaban auxilio al cuerpo armado de la Unión por el asunto cubano.” (“La Enmienda Platt: una camisa de fuerza contra la Cuba mambisa”)
El 27 de febrero se publicó una caricatura en Puck titulada  “Estimulando al niño”. En el dibujo, un niño negro con sombrero de mambí construía un Capitolio de juguete y el Tío Sam lo animaba y, al propio tiempo, le hacía una benévola advertencia: “¡Así se hace, mi niño! ¡Adelante! ¡Pero, recuerda, siempre mantendré un ojo paterno en ti!” (Louis A. Pérez Jr., Cuba en el imaginario de los EEUU)
La Enmienda fue aprobada en el Senado ese mismo día 27 (43 votos contra 20). El 1º de marzo la Cámara de Representantes la ratificó con 159 votos a favor y 134 en contra, y el presidente McKinley la firmó al día siguiente.
Fue un golpe terrible para los cubanos que habían luchado durante treinta años por su plena independencia. Los delegados de la Asamblea Constituyente quedaron consternados por la trampa que salía a la luz en toda su perversidad. Comprendieron que la Resolución Conjunta del Congreso de EEUU del 19 de abril de 1898 —que establecía en su primer punto que “el pueblo de la isla de Cuba debe ser libre e independiente”— no era más que parte de esa trampa: una farsa, una cortina de humo para encubrir los planes imperiales.
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Según Limia, “Wood inició entonces la más corruptora arremetida de todo su mandato, acudiendo al chantaje económico como recurso político”. El 21 de marzo, un antiguo autonomista, Luis V. de Abad, secretario de la “Comisión de Corporaciones Económicas”, recién llegado de una gira por EEUU, dijo al periódico La Discusión que “desde la aprobación en el Capitolio de la Enmienda Platt, el valor de la propiedad en Cuba subió en un 50%”. Por otra parte, los productos cubanos no obtendrían franquicias si la Asamblea Constituyente se empecinaba en rechazar la Enmienda. Y concluía con la tesis tan ilustrativa (y recurrente) de “los dos caminos”:
“Cuba tiene ahora la oportunidad de elegir su marcha futura por dos caminos diferentes: uno, hermoso y fácil, la conducirá a su engrandecimiento rápido y seguro, otro accidentado y peligroso, llevará al abismo a los cubanos. A tiempo están de tomar el mejor rumbo.”
También Martínez Ortiz, en el libro citado, nos habla de los “dos caminos”. Considera fatales para Cuba “el camino de los idealismos utópicos”, la “enfermiza subjetividad” de “soñar con lo que pudo ser y cerrar los ojos a lo que es”, y “los impulsos ciegos de un sentimentalismo morboso”. Si algún día apareciera alguna contradicción entre la República cubana y los EEUU, “la muerte del más débil sería fatal, absolutamente inevitable”.
El otro camino es el realista. Para Cuba, según Martínez Ortiz, “realismo” es cuestión de vida o muerte, y realismo en Cuba significa considerar resuelto, con la aprobación de la Enmienda Platt, el problema de su personalidad nacional, aunque con “cortapisas y limitaciones”. Los cubanos tendrían que asumir la subordinación a los EEUU y nunca poner “ni en tela de duda siquiera” la coincidencia de intereses entre la neocolonia y el Amo del Norte.
La amistad de Cuba con los Estados Unidos, “franca y lealmente cultivada”, sigue diciendo este entusiasta predicador del plattismo, nos proporciona “la sola coyuntura de ser mañana una nación poderosa”. Cuba podría convertirse, con la anuencia yanqui, en el centro de una gran confederación antillana, que no amenace a la “civilización sajona”, sino que sea “el círculo máximo y neutral de las dos grandes divisiones impuestas por el destino al gran continente americano”, así como “la tienda amiga donde, en alianza santa, se mezclan y confundan los descendientes de las dos grandes familias que […] realicen la grandiosa labor de la Era Americana”.
Despojando el proyecto de palabrería y de los consabidos eufemismos, podríamos aspirar, al parecer, dentro del diseño de la geopolítica plattista, al papel de representantes o de gendarmes regionales del Imperio, con el atractivo extra, quizá, de ser una “tienda amiga”, donde “la raza latina” se subordina gozosamente a “la raza sajona”, en un simpático aunque poco glorioso final feliz.
3
Volviendo a las tensiones que sufría la Asamblea Constituyente cubana en aquellos meses turbulentos de 1901, es útil seguir el recorrido de otro quinteto de delegados que viajaron en abril a Washington con la esperanza de negociar una salida menos humillante para la futura República. Al frente del grupo iba Domingo Méndez Capote, el presidente de la Asamblea.
Se reunieron con Elihu Root en tres ocasiones. En la última el Secretario de la Guerra fue concluyente: “La Enmienda votada por el Congreso y sancionada por el Presidente, constituye una solución inalterable. No podemos retroceder.”
McKinley también los recibió tres veces, nos cuenta Limia, “pero siempre esquivó hablar sobre la Enmienda Platt y condicionó evaluar la concesión de tarifas preferenciales para los productos cubanos a que se constituyera la República”. Por supuesto, para constituir la República, tenía que irse antes el ejército de ocupación —y esto solo sucedería después de ser aceptado por los cubanos el escandaloso apéndice constitucional.
Luego la delegación fue a Nueva York a verse con Tomás Estrada Palma. Aquel simulador anexionista, que traicionó a Martí y a Cuba, que sepultó al Partido Revolucionario Cubano, les dijo que había que ceder. Ceder, ceder, no hay otra alternativa. ¿Qué otra cosa iba a decirles?
Según un artículo del investigador Néstor García Iturbe titulado “El padre cubano de la Enmienda Platt”, Emilio Roig de Leuchsenring otorgaba ese deshonroso título a Tomás Estrada Palma. Fundamenta esta idea un artículo de Manuel Sanguily publicado en El Fígaro en 1922, donde se analizan las notas que hacía llegar a McKinley el entonces delegado de la República de Cuba en EEUU en febrero de 1898. Estrada Palma afirma en una de esas notas que el pueblo cubano “por ahora” no es anexionista; pero quiere que el vecino del Norte garantice la paz del país. Y concluye Sanguily: “no es violento ni exagerado pretender que en esa correspondencia con McKinley sugería el señor Estrada Palma una actitud del gobierno americano muy análoga a lo estatuido después en la Enmienda Platt”. Creo, con perdón de alguien a quien respeto tanto como Sanguily, que sí hay exageración en esta historia: la paternidad exclusiva de aquel monstruo le corresponde a la oligarquía yanqui y a la filosofía imperialista que había asumido. Estrada Palma fue solo un sirviente fiel.
De los cinco viajeros, cuatro votaron a su regreso a favor de la Enmienda Platt.
Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt brillaron por su coherencia, sus principios y su ética e hicieron cuanto estuvo en sus manos para rebatir aquella maniobra que nos ofrecía como regalo envenenado una República mutilada y caricaturesca. Y hubo casos muy trágicos, como el del patriota Manuel Sanguily, arrastrado a votar contra sí mismo y contra todo lo que había defendido a lo largo de su vida.
“El debate se polarizó”, explica Limia:
“…de un lado los independentistas, que se rehusaban a admitir un régimen incompatible con la soberanía nacional; del otro, los más acaudalados hacendados y hombres de negocios –la mayoría españoles e inversionistas estadounidenses–, los antiguos autonomistas y la clase media vinculada al mundo empresarial yanqui, entre la que se encontraban no pocos oficiales del Ejército Libertador. En el medio, un segmento no despreciable del independentismo que se sentía impotente ante las estratagemas de EEUU para prolongar la intervención por tiempo indefinido. // Quedaba solo el recurso de la guerra y nada se podía por la fuerza contra EEUU –fue la idea que defendió el bando que apostó al protectorado y de la cual se hizo eco la mayoría de la prensa, en una campaña reforzada con entrevistas a los partidarios de la Enmienda Platt, porque, según decían, era el único modo de salir de la crisis económica y de preservar la paz social, discurso que alcanzó mayor resonancia entre las clases alta y media de la burguesía cubana cuando se convirtió en la posición oficial del Círculo de Hacendados y Agricultores y de la Sociedad Económica de Amigos del País.”
Finalmente, un día como hoy, el 12 de junio de 1901, hace 121 años, en una sesión secreta de la Asamblea Constituyente, fue aprobada la Enmienda Platt como apéndice de la Constitución de la nueva República. De los 27 delegados presentes, 16 votaron a favor y 11 en contra. Habían sido sometidos a todas las presiones posibles por parte del gobierno de los EEUU y a un chantaje grosero: la ocupación militar de la Isla solo terminaría con la aceptación por los cubanos de la Enmienda sin modificación alguna.
Se cerró así el ciclo iniciado el 5 de noviembre de 1900. La Asamblea Constituyente que en su nacimiento había rendido homenaje a Martí, al rebautizar con su nombre sagrado un bello teatro, y a Céspedes, instalando el himno de Perucho en el sitial mayor de los símbolos de la patria, concluía de la manera más oscura y dolorosa su existencia.
Raúl Roa vio el alcance trascendente de la Enmienda Platt como instrumento jurídico del modelo neocolonial que se estrenaba en Cuba:
“Esta humillante y férrea camisa de fuerza constituía, como se ha dicho, el sustitutivo de la anexión y la garrocha del ulterior salto predatorio del imperialismo yanqui en el Mar Caribe y en el sur del continente. Corolario de la Doctrina Monroe, la Enmienda Platt le imprimiría fuerza internacional a este instrumento de hegemonía norteamericana en América.” (Aventuras, venturas y desventuras de un mambí)
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La Enmienda Platt dejó una hondísima huella cultural entre nosotros, incluso después de su derogación en 1934. Martí lo había advertido: la idea de la anexión está condenada a “impotencia permanente”; pero “es un factor grave y continuo de la política cubana”, y “mañana”, profetiza, “perturbará  nuestra república”. (“El remedio anexionista”, Patria, 2 de julio de 1892)
Algunos principios culturales básicos del plattismo se difuminaron peligrosamente en la conciencia colectiva, sobre todo en los primeros años de la República Neocolonial. El panegírico de los programas de higienización, orden interior y educación que llevó a cabo el gobierno interventor entre 1898 y 1902 se combinó con una lectura yanqui de la historia de Cuba y de América, y con la permanente amenaza de la intervención directa de los EEUU ante huelgas obreras, disturbios y pugnas entre grupos políticos. La opinión del embajador y del gobierno norteamericano era un punto de referencia indispensable para cualquier acción política, por moderada que esta fuese. Junto al “tutor” yanqui omnipresente y poderoso, se extiende la metáfora del pueblo cubano como un niño vigilado, y de la sociedad cubana como un organismo inmaduro, infantil, que da sus primeros pasos y necesita ayuda y una paternal severidad.
Louis A. Pérez Jr., en su interesantísimo libro Cuba en el imaginario de los EEUU, asegura:
“La metáfora de los cubanos como niños tomaba como modelo de gobierno (…) las relaciones padres-hijos: el padre supervisa, el niño se somete; el padre supervisa, el niño se somete; el padre disciplina, el niño obedece; el padre enseña, el niño aprende; todo dentro de una lógica que (…) valida el ejercicio del poder no como una cuestión de prerrogativa, sino como el cumplimiento de una obligación moral, siempre en la forma de una benéfica supervisión paternal.”
Y pone varios ejemplos muy curiosos. Escojo tres:
El propio Senador Orville Platt, el 27 de junio de 1901, publicó un artículo titulado “La pacificación de Cuba”:
“En muchos aspectos ellos (los cubanos) son como niños. Son apasionadamente devotos de los sentimientos de libertad e independencia, pero, hasta el momento, tienen poca idea real de las responsabilidades, deberes y resultados prácticos del gobierno republicano.”
El coronel Robert L. Bullard estuvo en la ocupación militar de Cuba entre 1899 y 1902 y luego en la segunda intervención, entre 1906 y 1909. Escribió un artículo sobre las diferencias entre cubanos y estadounidenses donde se extiende en la metáfora del pueblo-niño urgido de un tutor. Los cubanos son “emocionales y sobrexcitables”. “Siguen siendo niños. Lo que hace necesario que un vecino los tome de la mano, los controle, dirija, administre su gobierno y su política pública.”
En 1902, Woodrow Wilson, que entonces dirigía la Universidad de Princeton y que luego llegaría a ser presidente de los EEUU, escribió en un artículo (“El ideal de América”):
“La libertad no es por sí misma el gobierno. En manos equivocadas —en manos sin práctica, indisciplinadas— es incompatible con el gobierno. Debe estar precedida por la disciplina —si es necesario, la disciplina inculcada por preceptores (…). Gobernaremos como lo hacen los que han aprendido y ellos deben obedecernos como lo hacen los que se encuentran aprendiendo. En estas profundas cuestiones del gobierno y la justicia, ellos son niños y nosotros somos hombres.”
¿Cómo no recordar, ante esta fusión aberrante de estupidez y soberbia, “Vindicación de Cuba” de José Martí?
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Durante la República neocolonial, floreció el plattismo, tanto en su lado oportunista, picaresco y corrupto (“Tiburón se baña pero salpica”) como en su aspecto trágico, caracterizado por la herida que ocasionaba cotidianamente en los cubanos dignos.
“Somos la sombra de un pueblo”, será el amargo dictamen del poeta José Manuel Poveda en su “Elegía del retorno”, de 1918. Y agrega:
“Los párrafos tristes o coléricos de nuestros patriotas suenan como un ruido sin sentido en las conciencias, y es que no somos independientes. No somos sino una factoría colonial, obligada a trabajar y a dar su cosecha y su fruto compelida por el látigo. Estamos desorganizados, envilecidos, como una mala mesnada; no podemos defendernos. Un soplo de dispersión ha barrido las conciencias, y todo cuanto había de dignidad, pureza y valentía en las conciencias; un soplo de disolución ha disgregado todas las energías creadoras del alma nacional.”
En 1949, en su ensayo “Los factores humanos de la cubanidad”, Fernando Ortiz se refiere a aquellos compatriotas que han sido absorbidos por la cultura plattista y por el deslumbramiento ante todo lo yanqui: “Hay cubanos”, subraya, que “no quieren ser cubanos y hasta se avergüenzan y reniegan de serio”. En ellos, “la cubanidad carece de plenitud, está castrada”. Por eso es necesario un nuevo concepto: la “cubanía”, que es “cubanidad plena, sentida, consciente y deseada; cubanidad responsable”.
Unos ocho años más tarde, en 1957, en la última charla de su ciclo sobre Lo cubano en la poesía, Cintio Vitier reconocía con angustia que “somos víctimas de la más sutilmente corruptora influencia que haya sufrido jamás el hemisferio occidental”, “el american way of life”, que se caracteriza    por “desustanciar desde la raíz los valores de todo lo que toca”.
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En la década de 1950, el proceso de absorción cultural que estaba sufriendo el país se había acelerado de manera visible. La Revolución vino a interrumpir aquella escalada desnacionalizadora y puso en primer plano el ideal inconcluso de Martí y de los fundadores. Enero de 1959 representó la oportunidad de completar el proyecto nacional y de promover la identidad y la cultura cubanas. El plattismo dentro del país retrocede. No se extingue; pero retrocede.
El cubano experimentó la sensación inesperada de que su acción como pueblo tenía un sentido más allá de la Isla; de que su obra, lo que él hace y construye, es observado y valorado por muchos hombres y mujeres de todas partes. Aquella idea de Martí, que vinculaba las responsabilidades de nuestros independentistas nada menos que con el “equilibrio del mundo”, se hace patrimonio común de los cubanos después de 1959.
Decía Lezama que con la obra de Heredia “es la primera vez que un cubano habla en grande; es la primera vez que un cubano se universaliza, […] que un cubano va más allá de sus fronteras”. Podríamos decir que, con la Revolución, por primera vez Cuba, como nación, se universaliza; por primera vez Cuba, como nación, “habla en grande” y es escuchada.
El apoyo popular a la Revolución Cubana de 1959 fue tan abrumador que “la política norteamericana se vio precisada a establecer las bases sociales de la contrarrevolución en el exterior, donde el plattismo asumirá sus posiciones más extremas, hasta el punto que justificar la intervención militar norteamericana devino el objetivo final de estos grupos”, señaló hace varios años Jesús Arboleya en un análisis  sobre “La influencia de la cultura norteamericana en Cuba”.
Más recientemente, el reforzamiento despiadado del bloqueo y el impacto de la pandemia, hizo reaparecer el fantasma de la Enmienda Platt en una nueva ofensiva contra la Revolución Cubana. El 13 de julio de 2021, en la denuncia que hizo nuestro canciller Bruno Rodríguez Parrilla de la agresión en el plano comunicacional y digital desde los EEUU llevada a cabo contra Cuba, resaltó el componente de  la “intervención humanitaria”. Y, como subrayó el propio Bruno, todo el mundo sabe lo que quiere decir una intervención humanitaria norteamericana  y cuáles son sus consecuencias.
Cuatro días después, el 17 de julio, según el Portal Martí Noticias,
 “Organizaciones del exilio cubano y cargos electos de la ciudad de Miami pidieron al presidente Biden que no descarte la intervención militar en Cuba para derrocar al gobierno de la Isla. Los exiliados cubanos emplazan a Biden para que tenga todas ’las opciones sobre la mesa’ sobre Cuba y han recordado que sus antecesores, tanto demócratas  como republicanos, intervinieron en otros países en defensa de la libertad y los Derechos Humanos.”
Al día siguiente, el 18 de julio, según un cable de Europa Press fechado en Madrid, más de 420 mil personas firmaron una petición dirigida a Biden para que lleve a cabo una intervención militar en Cuba.
“Los cubanos libres del mundo pedimos sin equívoco una intervención militar por parte de los EEUU y la OTAN para poner fin a la mafia castrista y liberar al pueblo cubano que vive sumido en el terror, la miseria, el hambre y la coacción. ¡Queremos una Cuba libre y próspera! ¡Abajo el comunismo!”
Aquí nos topamos de nuevo, como puede verse, con la tesis de los “dos caminos”. El de la “libertad” y la “prosperidad” no es otro que el regreso al capitalismo y a la condición neocolonial. Supongo que, aparte de los trolls y los bots, hay algunos cubanos vociferantes y enfermos que quisieran ver a través de sus móviles el espectáculo de un genocidio made in USA en Cuba. Creo que en lo más profundo de sí mismos “no quieren ser cubanos y hasta se avergüenzan y reniegan de serio”. En ellos, como diría Fernando Ortiz, “la cubanidad carece de plenitud, está castrada”.  
La “cubanía”, como se sabe, la defendemos la mayoría de los cubanos de la Isla y muchísimos emigrados solidarios, que rechazan el plattismo, el odio y el fascismo. Y nos acompaña gente tan noble y luminosa como la que ha llevado la verdad de Cuba a Los Ángeles, a la Cumbre de los Pueblos.

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Curiosas calles habaneras

Luces doradas caen sobre el Vedado. Foto: Desmond Boylan¿Sabía usted que el nombre que más se reitera entre las calles habaneras es el de San Francisco? Nueve calles llevan ese nombre. Otras cinco llevan el de San Martín, y San José y San Carlos aparecen cuatro veces cada uno. San Cristóbal, pese a ser el patrón de la villa, aparece solo dos veces. Santa Catalina se reitera en cinco calles, seguida por Santa Ana y Santa Teresa, tres veces cada una.
​El cronista encuentra esa información en el libro Calles y barrios de La Habana, de Ismael Pérez Gutiérrez, publicado hace un par de años. Un libro que agradecerán los lectores; un bello regalo para los que amen la capital de todos los cubanos y quieran conocerla mejor.
​Devela ese libro muchísimas curiosidades. Tiempo hubo durante una buena parte del siglo XVIII que para trasladarse desde La Habana Vieja hasta la Esquina de Tejas había que hacer parte del camino en un pontón sobre las aguas de la bahía.
​En la llamada Ensenada de Atarés, el mar, entre manglares, penetraba por una caleta hasta cerca de Infanta. La calle Manglar debió su nombre a la vegetación de ese tipo que existió en la zona, un área que se rellenó con la basura y los escombros de la ciudad que allí se vertían. Arroyo es el nombre oficial de esa calle.
​Aguacate debe su nombre a la frondosa mata de ese fruto que se encontraba en el huerto del convento de Belén, árbol cortado en 1837. José María de la Torre, en su libro La Habana antigua y moderna o Lo que fuimos y lo que somos,  publicado en 1857, dice haber visto un atril confeccionado con la madera de aquel árbol.
​Galiano es Avenida de Italia. La Calzada de Monte (Máximo Gómez) se llamó Guadalupe y luego Príncipe Alfonso, por Alfonso XII, hijo de Isabel II y nieto de Fernando VII. La calle Oquendo, por don Martín Oquendo, propietario de una estancia asentada en la zona. Bernaza por el dueño de una panadería que existió en dicha calle. La Avenida 23, en El Vedado, quedó abierta en 1862 y se llamó  Paseo de Medina, por el contratista de ese nombre que vendía piedras al gobierno colonial y dejó no pocas oquedades en el reparto, como la de F entre19 y 21, y la de G esquina a 21. 23 se llamó General Machado en sus días en la presidencia.
​Línea existe desde el siglo XIX. En 1918 se le dio el nombre de Presidente Wilson, por ese mandatario norteamericano. Después de 1952 se llamó General Batista, en tanto que Calzada, que llevó el nombre de Carlos Miguel de Céspedes, ministro de Obras Públicas de Machado, pasó a llamarse Marta Fernández, por la esposa de Batista. Nombres que desaparecieron con la dictadura.
​Dice Pérez Gutiérrez que Línea es Línea desde el Malecón hasta la calle E, y se llama calle 9 desde su confluencia con la calle 7 y hasta el río Almendares.
​Palatino fue Cosme Blanco Herrera. La Calzada de Luyanó, Manuel Fernández de Castro. Cocos, Alfredo Martín Morales. Santa Emilia, Antonio de Piedra. Melones, José Antolín del Cueto…
​Ninguno de esos nombre perduró.

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Los ingleses y La Habana, 260 años atrás

Imagen ilustrativa: TeveoEn la mañana del domingo 6 de junio de 1762 se presentó a los pobladores de La Habana un espectáculo inusitado. Ante la mirada asombrada de los habitantes y autoridades de la capital de Cuba se fue acrecentando, en el azul del horizonte, la presencia de una agrupación de buques de proporciones jamás vista en estas latitudes.
Estaba arribando, procedente del este –dirección inesperada-, para atacar a La Habana, una formidable flota inglesa, compuesta por 207 buques que portaban 2 292 cañones. Se destacaban entre ellos, 23 navíos de línea de 60 o más cañones, cuatro de 50 cañones, 24 fragatas y bombarderos y 93 buques de transporte con tropas a bordo.
Las fuerzas expedicionarias sumaban 11 mil 800 soldados y oficiales, los tripulantes de los buques eran más de 10 mil, los esclavos africanos varios miles. El mando supremo de la expedición estaba a cargo del teniente general George Keppel, Tercer Conde de Albemarle; el jefe de las fuerzas navales era el Almirante Sir George Pocock, su segundo al mando era el Comodoro Augustus Keppel, hermano de Albemarle.
La expedición británica estuvo precedida de años de trabajo de inteligencia y de una cuidadosa planificación. La Habana de entonces, con 50 mil habitantes, contaba para su defensa con unos 10 mil efectivos, incluidos tropas regulares, marinos, voluntarios y esclavos armados, así como diez navíos y otras embarcaciones artilladas con cerca de mil cañones a los que se añadían unos 300 instalados en las fortificaciones.
Durante la campaña se recibiría el refuerzo de unos 3 500 milicianos procedentes de otras regiones de la Isla.
El desembarco británico se inició al día siguiente, lunes 7, por la región Bacuranao-Cojímar, situada al Este de la entrada de la bahía habanera. La secuencia de hechos que tuvo lugar a continuación –el ataque, el asedio, la defensa, toma y ocupación de La Habana- constituye un hito de singular importancia de la Historia de Cuba.
La campaña contra la capital de la Mayor de las Antillas tuvo lugar en el marco de la llamada Guerra de los Siete Años (1756-1763), un conflicto cuya trascendencia fue de escala mundial y dejó huellas muy profundas en la región del Caribe. En esta contienda bélica tomaron parte, de un lado, una coalición de países europeos encabezados por Francia (España se unió a esta coalición en 1761) y del otro, la Gran Bretaña y su aliada Prusia.
Como los principales rivales había constituido enormes imperios coloniales, sus posesiones fueron arrastradas a la conflagración y se convirtieron en escenarios bélicos con lo que esta se extendió por regiones de Europa central y meridional, África, Asia, América del Norte y del Sur, la región del Caribe y amplias zonas del Océano Mundial.
La contienda fue consecuencia de una complicadísima trama de intereses que se interrelacionaban y oponían dentro de cada metrópoli, entre las metrópolis y entre las colonias con su metrópoli respectiva. En la segunda mitad del siglo XVIII la situación política europea era muy compleja y generó grandes contradicciones internas y entre las naciones y fue causa de luchas por el dominio de los mercados.
En esa época, los países europeos más poderosos consideraban a las islas del Caribe como una región donde desplegar dos estrategias esenciales. Por una parte, las colonias antillanas suministraban los productos tropicales que no podían cultivarse en Europa y, por otra, las islas constituían un área donde podían librarse guerras lejos de los países contendientes y se podían obtener trofeos que luego se utilizarían como “piezas de cambio” en las negociaciones de paz.
La Guerra de los Siete Años no fue la excepción. Desde muy temprano los efectos del conflicto se hicieron sentir en la región del Caribe a través de las afectaciones económicas y después la región se convirtió en teatro de grandes operaciones militares tanto navales como terrestres, cuya expresión culminante lo fue precisamente el ataque a La Habana.
La campaña británica contra La Habana fue, en lo naval, una obra maestra de planificación, realización y explotación de la superioridad en la mar. El cruce de la flota a través del Canal Viejo de Bahamas, la operación de desembarco el este de La Habana y el apoyo a las fuerzas terrestres fueron pruebas fehacientes de la destreza de los marinos ingleses. Sin embargo, el proceder del mando del ejército inglés destruyó, en parte, los logros de la Marina.
El apego dogmático a viejas tácticas, unido a la tenacidad y valor de los defensores del Castillo de El Morro, encabezados por el capitán de navío Luís de Velasco y su segundo al mando, el Marqués González y a la resistencia y combatividad de las milicias criollas, que tuvo su máximo exponente en el alcalde provincial de Guanabacoa, José Antonio Gómez de Bullones, el legendario Pepe Antonio, prolongaron el sitio con el resultado de cuantiosas bajas entre los atacantes. Los nombres de Aguiar, Arroyo y Chacón que llevan actualmente calles habaneras, recuerdan a otros destacados jefes de milicias.
El mando británico tampoco había asimilado las experiencias de sus fracasos en Cartagena de Indias y Guantánamo, ambos en 1741, de que un ejército europeo no podía llevar a cabo una campaña prolongada en el Caribe sin ser diezmado por las fiebres.
No obstante, la tenacidad de oficiales y soldados y la superioridad de fuerzas y medios alcanzada en el teatro de operaciones unida a la ineptitud, imprevisión, indecisión y contumacia del mando español de La Habana, encabezado por el Gobernador y Capitán General, Juan del Prado Portocarrero, le permitieron alcanzar sus objetivos.
El 13 de agosto, firmada la capitulación, las tropas invasoras entraron en la ciudad. Fue aquella, por el color rojo de las casacas de los ingleses, la “Hora de los mameyes”, en el decir de los habaneros de entonces. Con ese triunfo la Corona británica hizo realidad un proyecto acariciado por cerca de 200 años.
La toma de la capital de Cuba le asestó un golpe fulminante al imperio español y a la alianza hispano-francesa en su conjunto, y permitió a Gran Bretaña tener una posición muy ventajosa en las negociaciones de paz.
En la arena internacional, como resultado de la guerra se produjo un reacomodo de la correlación de fuerzas entre las principales potencias europeas y un nuevo reparto del mundo colonial en el que Gran Bretaña emergió como potencia hegemónica. La base sobre la que se sustentaba el poderío británico era su marina de guerra. Los británicos habían obtenido un dominio total de los mares.
Por otra parte, la adquisición de vastos territorios, Canadá, la India y gran parte de la Luisiana entre ellos, planteó ante la Corona británica un conjunto de nuevos problemas pues estos territorios tenían que ser poblados y defendidos, lo que exigía gastos, y la guerra había dejado a la nación en un estado de postración financiera. Además, el aumento territorial requería la reorganización del sistema de administración colonial.
Para España la guerra tuvo fuertes repercusiones. La pérdida de La Habana, junto al fracaso de su ofensiva contra Portugal y la pérdida de Manila, estremecieron las estructuras del imperio. Quedaba demostrado que las posesiones coloniales no se podían defender desde la metrópoli.
El mito de la invulnerabilidad de La Habana había sido destruido. Junto a la pérdida de gran parte de su flota y de cuantiosos daños materiales y la destrucción del arsenal –donde se habían construido un tercio de los buques de la armada española-, la captura del puerto habanero significó la ruptura, al menos temporal, del sistema español de comunicaciones marítimas.
Además, debido a los cambios territoriales, en una futura confrontación en América, España se vería sola frente a Gran Bretaña y su aliado incondicional, Portugal. La derrota de La Habana y la nueva situación político-militar de América y en especial de la región del Caribe, resultante de la guerra, hizo que la Corona española se planteara un conjunto de reformas económicas, políticas y militares para enfrentar los nuevos retos.
Cuba, por su posición estratégica, por la importancia que se le concedía en el equilibrio militar y comercial de la relación América-España, fue elegida para iniciar esa profunda transformación en el funcionamiento interno del imperio español que luego se haría extensiva al resto de sus dominios americanos. Como parte de esas transformaciones cambió radicalmente la configuración de los ejércitos españoles en América.
En lo adelante, los sectores de población local iban a participar activamente en el sistema defensivo y militar americano.  Y estos ejércitos de milicianos que empezaban a formarse e instruirse como tropas regulares tendrán un papel protagónico en los movimientos independentistas de comienzos del siglo XIX.
Además, los términos del Tratado de París que puso fin a la guerra y que implicaron la devolución de La Habana y otros territorios conquistados en esa contienda a cambio de otras posesiones fueron el resultado de un conjunto de factores de carácter económico, político y militar, tanto internos como externos entre los cuales estaban: la presión ejercida por los grandes plantadores británicos, los gastos ocasionados por la guerra, la carencia de tropas para mantener ocupada La Habana y dichos territorios y la hostilidad manifiesta de los habitantes del resto del territorio de Cuba a cualquier intento expansionista de los invasores.
Puede decirse que los británicos tomaron La Habana y obtuvieron a cambio La Florida al costo de un ejército y esto tendría una repercusión ulterior en la política británica en Norteamérica.
Para Cuba, las operaciones militares en torno a La Habana demostraron la decisión y capacidad de los criollos para defender su terruño frente a la agresión exterior. Esto fue germen de un sentimiento patriótico que, en el siglo siguiente, llegado su momento, haría brotar la nacionalidad cubana.
Por otra parte, la ocupación británica de su capital, aunque breve, inició las relaciones directas de Cuba con las colonias norteamericanas, antecedentes de los actuales Estados Unidos. Y en lo económico anticipó la libertad de comercio poniendo de manifiesto la obsolescencia del monopolio impuesto por el régimen colonial hispano.

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Breve historia de un proyecto doctoral

Luego de terminar mis estudios de maestría, y al asumir como opción personal permanecer en Cuba —aun contemplando cómo mis compañeros de universidad salían al extranjero a estudiar en becas—; he rechazado varias propuestas y decidí iniciar este proceso de formación en la Universidad de La Habana, en la cual me gradué como Licenciado en Historia en el año 2016.
En enero del 2020 discutí mi proyecto de investigación con fines de tesis doctoral, que fue aprobado de modo satisfactorio por el tribunal competente de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana. Para su elaboración había viajado a Italia entre los meses de febrero y abril del 2019, mediante una beca de la Compañía de Jesús. Allí pude acopiar información en el Archivo Secreto Vaticano y en el Archivo Romano de los jesuitas.

En el 2020 viajé también a España, donde permanecí diez meses investigando en los principales fondos documentales existentes sobre el tema. A lo largo de este período, la Universidad de La Habana reformuló su plan de formación doctoral y, como resultado, mi investigación y las de varios colegas quedaron en un limbo docente.
Enterado de esta situación, a lo largo de aquella etapa escribí a la Dra. Leidys Abreu, secretaria del Programa de doctorado, para expresarle mi preocupación por el asunto. La docente respondió en varias ocasiones que mi plaza estaba totalmente asegurada. Este proceso, que para nada interrumpió mi ritmo de investigación, se extendió entre los años 2020 y 2021, período de muchos ajustes docentes a todos los niveles en Cuba producto de la pandemia.

En septiembre del 2021 realicé la matrícula oficial del Doctorado en Ciencias Históricas en la Secretaría Docente de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana. Se me pidió entonces elaborar el plan de trabajo con la tutora y otros aspectos burocráticos.
La última comunicación que recibí por parte de la coordinación del programa de doctorado fue en noviembre del 2021, cuando se me orientó avanzar en el ejercicio final del módulo «Tendencias actuales de la investigación histórica». Después de esta fecha, me mantuve profundizando en mi tema de investigación doctoral, titulado: «La Compañía de Jesús y sus vínculos sociopolíticos con las élites habaneras y santiagueras mediante su espacio colegial (1901-1940)». Ello incluyó el acopio de información en el archivo de la Compañía de Jesús en La Habana y las lecturas encaminadas a la realización de mi ejercicio evaluativo.
A la par de mi labor académica y laboral, y sin menoscabo de ella, he desarrollado una activa participación cívica en la vida pública de la nación, en consonancia con mis derechos fundamentales. Con tal objetivo ejerzo la crítica ciudadana y exijo pacíficamente la democratización de las estructuras de poder en mi país, siempre respetando la otredad y en apego a la ética cristiana que mueve mi vida.
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Comunicación – Plan de Trabajo
Matrícula Doctorado en Historia aspirantes – La Habana
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Por tal razón, la Seguridad del Estado y sus ramificaciones en la Academia Cubana, que debería estar llamada a respetar la diversidad de pensamiento por su apego a las ciencias sociales y humanísticas, han desplegado un grupo de acciones encaminadas a excluir mi presencia en un espacio de formación doctoral al cuál accedí por méritos científicos y en conformidad con derechos ciudadanos. Su evidente intención es presionarme, mediante el acoso, la violencia y el chantaje emocional, con el fin de que un día marche al exilio, como han logrado con otros tantos amigos.
Desde el mes de enero había intentado contactar vía WhatsApp a la Dra.C Leidys Abreu, secretaria del Programa de formación doctoral, pero nunca obtuve respuesta. Ante la inefectividad de esta vía le escribí a sus dos emails e inclusive la llamé al teléfono de su casa, dejándole mensaje de mi intento por localizarla con el fin de enviar el ejercicio del módulo de la asignatura «Tendencias actuales de la investigación histórica»
Finalmente, el día 13 de febrero del 2022, recibí un email de la Dra. Abreu. A instancias de mis requerimientos confirmaba que en un último proceso de selección yo no había sido escogido para el Programa doctoral en Ciencias Históricas. Además, indicaba que concertara una cita con el Dr.C Sergio Guerra Vilaboy, coordinador del Programa.

El miércoles 16 de febrero me dirigí a la Universidad de La Habana para entrevistarme con el profesor Guerra. La entrevista se extendió por aproximadamente cuarenta y cinco minutos. El académico me comunicó dos cuestiones: 1) que la Dr. Yoana Hernández, quien se ocupaba de la tutoría de mi investigación, había renunciado a dicha función, y 2) algo que según él constituía el motivo principal de la decisión: que yo no poseía vinculación laboral en el sector estatal, lo que impedía que cursara estudios doctorales.
Mi respuesta al Dr. Guerra Vilaboy fue argumentar la falsedad de ambas cuestiones: pues en conversación con la Dra. Hernández, el día anterior, me había afirmado que no tenía conocimiento de dicha medida y que se mantenía como mi tutora; le aseguré asimismo al académico que conservaba mi vínculo laboral con la Academia de Ciencias de Cuba, lo que confirmaban los avales extendidos por esa institución para que yo efectuara la matrícula en el Programa de formación doctoral y que constaban archivados en mi expediente como doctorante en la Secretaría de la mencionada facultad de la Universidad.

Durante la conversación, el profesor Guerra expuso los verdaderos motivos de mi expulsión: mis ideas políticas. Según me dijo, le molestó mi exigencia a la revista Alma Mater (aunque alegó no haber visto el documento) de que se visibilizaran los criterios de los egresados de la Universidad de La Habana que estuvieron vinculados al estallido social del 11 de julio del 2021. Estas son algunas notas del intercambio que sostuvimos:
L.F: Profe, lo vengo a ver, porque me dicen que no estoy seleccionado para el doctorado. Y yo defendí el proyecto.
SG: Nosotros empezamos un proyecto de doctorado nuevo, que empezó de cero, pero cometimos el error de empezar a matricular y defender algunos proyectos sin aprobar el programa. A partir de que la rectora lo firma es que comienza el programa. En tu caso hubo dos dificultades: la primera que no teníamos tutor para ti.
LF: Yoana Hernández.
SG: Yoana Hernández no aceptó ser tu tutora, pero el motivo más complejo, es que tú no tenías una institución estatal que te amparará.
LF: Pero profesor, yo sí tengo una institución que me ampare: la Academia de Ciencias de Cuba, y ahí está la documentación en Secretaría Docente. A mí me parece que lo que está sucediendo conmigo, es que por mis ideas políticas se me está separando del programa. Me avergüenza que mis profesores se presten para esto. Porque yo hice la matrícula en la Universidad y aquí está la constancia, firmada por usted., donde dice que mi proyecto es de los más adelantados. Yo lamento mucho que un académico de su calibre se preste para esto, y sepa que voy a exigir hasta donde tenga que ir, porque esto es una injusticia, profesor, porque aquí lo que está sucediendo es que la Seguridad del Estado está obligando a mis profesores.
SG: Perdona, perdona, a mí nadie de la Seguridad del Estado vino a verme.
LF: Pero es lo que estoy viendo. Porque mire los correos que yo recibí firmados por usted, ¡mire! Esto es una injusticia, parece mentira que en una institución de pensamiento se sigan discriminando a las personas. Porque además hay personas en los listados que se encuentran fuera del país con carácter definitivo.
***
SG: Cuando comenzamos a revisar el caso tuyo, que ya habíamos aprobado un tutor, dijo que no aceptaba, pero eso no fue lo decisivo. Lo decisivo fue que Secretaría informa que no te podemos aceptar a ti porque no tienes una institución que te ampare y que, por tanto, tú no podías ser matrícula. Y por esa razón no estás en el programa doctoral.
LF: Yo solo le digo que ahí está la documentación, que yo entregué en Secretaría. Porque quien me conoce sabe de lo riguroso que soy con mi trabajo. Entregué el aval firmado por el presidente de la Academia de Ciencias. Le voy a escribir a la rectora, al ministro de Educación Superior y esto se va a saber en su momento. Porque es vergonzoso que la comunidad académica se preste para esto. Detrás de todo, lo que hay son profundos motivos políticos. Aquí tengo las capturas de pantalla de mis conversaciones con Leidy Abreu, donde a mí se me asegura que mi matrícula está garantizada.
SG: Yo no sabía eso.
LF: Estoy muy avergonzado. Porque Leidy Abreu tiene mi teléfono, me podía haber llamado o hubieran visto realmente la documentación que está en Secretaría.
SG: Se revisó.
LF: Pero ¿cuándo? Porque el 21 de septiembre hice la matrícula, a las 9.00 am., y Maira Vistel está de testigo.
SG: Entonces la información que me dieron está equivocada, porque a mí me dijeron que Yoana se había negado.
LF: Ayer hablé con ella. ¿Entonces, a quién creo?
SG: Te digo por la información que me baja Secretaría. Lo otro que te quería decir: a mí en lo personal, lo que no me gustó, que no tiene nada que ver en esta decisión, porque yo no tomé esa decisión; a mí lo que sí no me gustó, y te lo digo porque lo vi, fue un post tuyo en Facebook diciendo que eres estudiante del programa. Si tú quieres dar una opinión puedes darla a título personal, pero no arrastrando el programa contigo.
LF: Se refiere a la carta de Alma Mater.
SG: Yo lo vi en Facebook.
LF: Pero muéstreme el archivo. Yo le escribí una carta a Alma Mater, diciendo que soy estudiante de la Universidad, graduado de la Universidad, porque a mí me golpearon y me tiraron encima de un camión de basura el 11 de julio.
SG: Yo no te he golpeado, yo no te he amenazado.
LF: Pero me está excluyendo de un proceso formativo en el que llevo años trabajando.
SG: Yo no excluyo a nadie, porque a mí la facultad me pasa los listados y en tu caso es lo mismo.
LF: Yo lo invito a que revise mi muro, porque usar un elemento que se publica en mi muro…
SG: Yo soy un poco distraído.
Sergio Guerra Vilaboy
Después de concluido el encuentro con el profesor Guerra Vilaboy, me dirigí a la Secretaría Docente de la Facultad, donde verifiqué que toda la documentación se encontraba en regla. Entre los documentos existentes estaba el aval de mi centro laboral.
Debo precisar además, que al menos tres de los miembros del Consejo Académico del programa doctoral tenían mis contactos telefónicos y emails para contactarme, bastaba una simple llamada.
En el camino de la reclamación
El 17 de febrero, al siguiente día de la entrevista con el doctor Sergio Guerra, dirigí un expediente con todos los documentos que poseo a la Dra.C. Mirian Nicado, rectora de la Universidad de La Habana. Desde esa fecha han transcurrido los sesenta días reglamentarios para recibir respuesta sin que haya tenido contestación alguna. Igual expediente remití al ministro de Educación Superior José Ramón Saborido.
Los motivos para la expulsión del doctorado estaban claros: mis criterios políticos en el espacio público, la participación en la manifestación frente al ICRT el 11 de julio, mi papel como coordinador de la Plataforma Archipiélago y el acompañamiento que realizo a las familias de los presos políticos del 11 de julio.
Como parte del proceso de discriminación política en el ámbito académico, se han empleado contra mí todos los métodos posibles, que incluyen difamar en las redes sobre mi labor investigativa y exponerme en la televisión sin mi consentimiento. El acoso no solo se ha ceñido al plano intelectual, pues ha implicado asimismo siete interrogatorios policiales (desde junio del 2021 hasta la fecha), presiones sobre mi familia que abarcan el acoso sobre mi madre mediante visitas o llamadas de la Seguridad del Estado a su hogar, y el intento de dinamitar la relación con mi padre a través de llamadas anónimas a su celular y acoso en las redes sociales.

De igual modo, he recibido todo tipo de intimidación, que va desde cercos policiales en los bajos de mi edificio hasta amenazas contra mi integridad física por parte de agentes de la Seguridad del Estado en la puerta de mi domicilio a altas horas de la noche; interrogatorios a mi círculo de amigos e inclusive la detención exprés de un vecino en el mes de octubre de 2021. Asimismo, seis meses de prisión domiciliaria por mi participación en los sucesos del 11 de julio.
Este proceso es evidencia de lo vivido por un joven cubano que decide no emigrar y permanece en Cuba, exigiendo la democratización de los poderes públicos del Estado.
Nada importó a los censores y represores académicos el tiempo y esfuerzos que dediqué a mi proyecto doctoral. Lo que he experimentado en estos meses demuestra que en Cuba las posturas políticas y cívicas diferentes al canon dictado por el Partido Comunista son un signo de exclusión para el acceso a la Educación Superior, pues la Universidad sigue siendo para las personas que se abstienen de participar en la vida política de la nación, entiéndase para aquellas que no disienten de las políticas del Estado.
Reconozco, sin embargo, que este derecho que hoy reclamo es un privilegio, pues en las cárceles cubanas permanecen cientos de presos políticos. Por ende, si el costo de mi compromiso social y afectivo con sus familiares, la justicia y mi opción de fe fuera la limitación de este derecho fundamental y constitucionalmente reconocido, lo asumo con entereza, no sin que intente luchar asimismo por el derecho que tengo a cursar estudios doctorales en mi país.

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Recuerdan en Beijing llegada de primeros chinos a Cuba hace 175 años (+ Video)

El embajador cubano en Beijing, Carlos Miguel Pereira, resaltó que la fecha marca el inicio de los fuertes lazos de amistad entre ambas naciones. Foto: PLUn seminario académico reunió hoy a representantes de China y Cuba para conmemorar el aniversario 175 de la llegada de los primeros ciudadanos del gigante asiático a la isla caribeña, y destacar su aporte a la identidad nacional.
La actividad sesionó de manera presencial y virtual, transcurrió por paneles, incluyó ponencias desde Beijing, La Habana y Guangzhou, así como la presentación de videos sobre la presencia china en la nación antillana.
Durante su apertura, el investigador cubano Ruvisley González resaltó que desde un inicio los culíes se integraron progresivamente a la sociedad cubana, contribuyeron al patrimonio del país con aspectos culturales propios y fueron una fuerza importante en las luchas por la independencia nacional.
El embajador cubano en Beijing, Carlos Miguel Pereira, resaltó que la fecha marca el inicio de los fuertes lazos de amistad entre ambas naciones y estampa la positiva influencia de los chinos en el diverso panorama cultural cubano desde aspectos como el idioma, la culinaria, la manera de trabajar y vivir.
“Luego de más de seis décadas de relaciones diplomáticas y 175 años de intercambios entre ambos pueblos, los vínculos cubano-chinos están marcados hoy por numerosas afinidades y consensos, y por el reto común de construir el socialismo, partiendo de las condiciones y realidades nacionales de cada país”, acotó.
Pereira añadió que el excelente estado de los lazos bilaterales se expresa mediante el amplio y sostenido intercambio entre los máximos dirigentes partidistas y de gobierno, en aras de compartir ideas, opiniones y experiencias.
Mientras, el subdirector general del Departamento de América y Oceanía de la Asociación de Amistad del Pueblo Chino con el Extranjero, Ji Wei, consideró que la conmemoración ilustra la importancia para el Gobierno cubano de un evento que estableció la base sólida de la fraternidad de los dos estados socialistas.
El seminario concluyó con la presentación de las oportunidades y ventajas para la inversión extranjera en seis proyectos con impacto en el desarrollo local del Barrio Chino de La Habana.
Una funcionaria de la embajada cubana explicó que las propuestas abarcan los sectores de la agroindustria, el comercio, el turismo, los servicios profesionales y la industria, y sus montos de inversión van desde un millón hasta los diez millones de dólares.
(Tomado de Prensa Latina)
En video, Destacan influencias de la cultura china en Cuba
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El clima del pasado

Científicos cubanos del Museo Nacional de Historia Natural estudian el clima paleolítico a través de registros naturales hallados en la región del Caribe. Fotos: Cortesía del Museo Nacional de Historia Natural de CubaQué hacer para estudiar el clima del pasa¿do cuando no es posible obtener mediciones directas? Expertos del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba (MNHNC) descubren las variaciones de temperatura y precipitaciones en la región del Caribe durante el período Paleolítico, mediante el análisis de registros naturales.
Así lo informó Jesús Pajón Morejón, investigador del MNHNC y principal representante del proyecto. El también Doctor en Ciencias Antropológicas subrayó que las pesquisas realizadas son válidas en la determinación de la incidencia del cambio climático en la zona.
Para interpretar el clima del pasado, el equipo de científicos  integrado por geólogos y paleontólogos, basaron el estudio en elementos naturales como los anillos de los árboles, las estalagmitas y los corales de la especie Acropora palmata en un área que comprendió a Surinam, Haití, Panamá y Venezuela.
Pajón Morejón señaló que a partir del estudio de los anillos de los árboles es posible identificar los cambios producidos en la temperatura y las precipitaciones del clima antiguo.
El especialista añadió que el agua saturada de carbonato de calcio se infiltra y deposita en las grietas de una cavidad subterránea generando formaciones secundarias en el techo de las cuevas (estalactitas) y en el piso (estalagmitas).

“Estudiar una estalagmita es tener una fotografía de lo que pasa  con la atmósfera de la cueva. Estas estructuras permiten hallar indicios de la ocurrencia de huracanes en la antigüedad”, dijo Alejandro Jiménez Pérez, curador del museo, vinculado al proyecto.

Los científicos analizaron la especie de coral Acropora palmata, que crece en el arrecife cerca de la superficie marina y posibilita establecer la altura del nivel del mar en el período correspondiente.
Como ejemplo, los fósiles de este tipo de coral hallados entre cinco y siete metros sobre el nivel del mar, en la costa norte de Matanzas, revelan la posición del mar 125 000 años atrás por la existencia de un clima más cálido, afirmó Reinaldo Rojas Consuegra investigador del museo y uno de los representantes del estudio.
Los paleoclimatólogos pueden leer las claves de los diversos registros naturales. Esto permite obtener información acerca del ambiente del pasado, refiere la compilación Datos de indicadores paleoclimáticos, realizada por científicos del MNHNC
Las investigaciones recién comienzan para el caso cubano. Sin embargo, los estudios realizados en el país demuestran un aumento de las temperaturas y precipitaciones de los próximos años.

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