HAVANA CLIMA

guías de turismo

El peligro de tener una opinión. Otro caso de expulsión políticamente motivado

En el año 2006, como guía de turismo, me vinculé con la Agencia Amistur, radicada en la Habana. La misma se dedica a fomentar vínculos de solidaridad con Cuba a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Allí trabajábamos con distintos mercados que se pronunciaban a favor del levantamiento de las sanciones del gobierno norteamericano, por la devolución de la base naval de Guantánamo y el retorno de los Cinco héroes. Fueron épocas complejas, pero se logró un considerable avance en las relaciones con los Estados Unidos y un importante apoyo de la comunidad internacional.
Muy pronto empecé a realizar trabajos con grupos de gran especialización e importancia, que incluían altas personalidades de la vida política estadounidense. Paralelamente diseñaba programas específicos para la agencia e impartía cursos de adiestramiento a los nuevos guías sobre temas de historia, cultura e interpretación patrimonial. Participé además en ferias de turismo y logré atraer a diversos tour-operadores y clientes.  
Al comenzar la pandemia, dicha empresa se desentendió totalmente de los casi cincuenta guías que allí laborábamos. Es justo aclarar que no éramos trabajadores fijos, nuestros contratos eran por operaciones, pero, por otro lado, teníamos una relación de exclusividad que nos limitaba para relacionarnos con otras empresas, e igualmente conformábamos un grupo cerrado y fijo para el trabajo de los programas.
Campamento Internacional Julio Antonio Mella, Caimito, Artemisa. Campaña de Solidaridad con Cuba.
Es bueno señalar asimismo, que todas las otras entidades de turismo, ante la compleja situación generada en el sector por la Covid-19, hicieron  diversas propuestas laborales a sus trabajadores, cualesquiera que estas hayan sido.  
Entonces, en mi desempleo forzoso, comencé a publicar textos sobre el manejo de la economía, los errores cometidos internamente, la manipulación mediática, el justificacionismo y el peligro que todo ello conlleva para el sistema. Varios de esos artículos aparecieron en este mismo espacio. No tengo conciencia de haber ofendido una sola vez, de haberme hecho eco de una fake news o compartir matriz de opinión subversiva alguna. Todos los análisis fueron propios.
Aun sin contenido de trabajo, propuse a la empresa nuevos cursos de superación, programas para el regreso del turismo y colaboré de manera voluntaria con traducciones que eran necesarias. Al regresar el turismo, si bien de forma limitada, esperaba volver a ser contratado, lo cual no ocurrió. Ante ello, decidí solicitar una explicación.  
El día 25 de marzo fui convocado a un encuentro con la nueva gerencia de Amistur, en la persona del Sr. Alfredo Díaz Fuente. Estaban presentes también la abogada de la institución y el gerente de operaciones.  La intervención fue iniciada por el Gerente General, que alegó como motivo de mi exclusión mis: «frecuentes ataques a la Revolución», con el consecuente secuestro del término que suele hacerse por parte de quienes se creen «continuidad».  
Trabajo voluntario con colegas de la agencia.
Naturalmente reaccioné ante la frase, pues de eso se trata todo: de no admitir la crítica, de considerar que hay un grupo selecto autorizado exclusivamente a emitirla, de que la misma se haga en los espacios oficializados y por los canales pertinentes.
Estos son tiempos en que se convoca a la ciudadanía a participar para impactar sobre los problemas que nos agobian. El mismo espacio televisivo Con filo acababa de asegurar que son tiempos de «contribuir soberana y creativamente con el proceso» y, además, constantemente se sugiere que todos tenemos cabida en la sociedad, sin importar el color de la piel, el credo y cualquier otro tipo de discriminación lesiva a la dignidad humana.  
De la misma forma, nuestra Constitución asegura que somos una sociedad organizada «con todos y para el bien de todos». El código del trabajo nos dice que todos tenemos derecho a un empleo y que el mismo ha de ser la fuente principal de ingresos y satisfacción de necesidades. Entre tanto, el presidente del Tribunal Supremo, Rubén Remigio Ferro, ha expresado que «cuestionarse lo que se está haciendo no constituye delito», y que «las opiniones diversas, incluso de sentido político, lejos de constituir delito constituyen un derecho CONSTITUCIONAL» (con énfasis en el término constitucional).  
En el cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, con sindicalistas de los Estados Unidos.
Bajo tales condiciones, en momentos difíciles para la izquierda y para la credibilidad política y subsistencia económica del modelo cubano, ¿cómo van a explicar quienes dirigen el movimiento de solidaridad, que en Cuba una persona sea expulsada —el término exacto fue: «prescindimos de sus servicios»—, por sus análisis públicos y fundamentados sobre la gestión de la economía del país?  ¿Cómo van a explicar que en una agencia que se presenta como promotora de la solidaridad y el socialismo, cincuenta trabajadores quedaron durante dos años a la espera de una opción de empleo que nunca llegó, mientras el país aseguraba a viva voz que en Cuba nadie quedaría desamparado?  
Resulta indignante que en momentos en que se reclama iniciativa y participación, se haga gala de la doble moral que lleva a expulsar trabajadores comprometidos, por haber argumentado que las tiendas en MLC son un gran disparate —y lo son—, y que constituyen una enorme injusticia social.
Mi expulsión ocurre en circunstancias en que, incluso guías de esa misma agencia se han aventurado a cruzar las duras aguas del río Bravo ante el agravamiento de sus condiciones de vida, que pasan tanto por el modelo ineficaz, el criminal bloqueo, como por el infructuoso reordenamiento que pende sobre nuestras cabezas sin que veamos la luz ni aparezcan propuestas medianamente esperanzadoras.
Península de Guanacahabibes, con estudiantes de los Estados Unidos.
Es triste que sigan ocupando puestos de dirección personas «confiables» con escaso conocimiento de sus esferas y con nula sensibilidad y humanismo, en un contexto en que el llamado tiene que ser a la creatividad y a la unión para establecer nuevos compromisos con los que aquí estamos, con los que nos hemos quedado.
Mis conclusiones al respecto son muy similares a las expresadas por el señor Michel E. Torres Corona, que el 26 de marzo, en un texto publicado en Granma aseguraba: «Un revolucionario puede transformarse en elemento reaccionario si no avanza a la par de su tiempo, si no tiene “sentido del momento histórico”, si se ve sobrepasado por otros más revolucionarios, a los que comience a ver como enemigos, si se burocratiza».

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Guías de turismo independientes en Cuba. Pertinencia de un antiguo reclamo

La respuesta de la ministra de Trabajo y Seguridad Social a una solicitud que le dirigiera un grupo de personas interesadas en la aprobación de la actividad de guías de turismo para el trabajo por cuenta propia, pudo sugerir que una competencia al empresariado turístico no era lo más aconsejable en estos momentos, al menos mientras dure la crisis. Tal réplica habría sido elegante, pero no fue la que recibimos.
Esa postura diplomática no se evidenció y, en su defecto, la sentencia dictaminó que las actividades asociadas a productos turísticos son desarrolladas y comercializadas solamente por las entidades del sistema empresarial del turismo en Cuba. Y adiós a las esperanzas. Para esa contestación demoraron casi un año, desde que empezaron a recibir cartas de varios guías oficiales del gremio que, ante la apertura económica, razonaban sobre el beneficio mutuo de ejercer la referida actividad como trabajadores por cuenta propia. Era una forma además de controlar quiénes y cómo lo ejercían, de ofrecer novedosos diseños y extraer dividendos de los nuevos actores potenciales. 
Me cuesta pensar que esa respuesta provenga del ordenador de la ministra. En primer lugar, los reclamantes no pedían autorización para constituir «agencias de viaje» ni ejercer como «operadores turísticos», como asegura la carta. Se trataba del reclamo concreto de eliminar la actividad de guía de turismo del listado de prohibiciones, a partir de ello analizar en conjunto su posible alcance y, solo entonces, comenzar a presentar proyectos concretos.
En segundo lugar, la carta está dirigida a un grupo de «promotores de guías de turismo» —cargo que, imagino, no esté autorizado tampoco— sin embargo, los promoventes de la solicitud somos guías oficiales y registrados de turismo. Súmese a eso que mi nombre viene adscrito a una tal agencia «Mintur», de la que nunca he sido parte. De hecho, no existe una agencia con ese nombre, cosa que la ministra o sus asesores deberían saber.
Por último, me asombra que la ministra cometa una falta léxica como confundir el término «pertinencia» con el de «pertenencia». Eso es inadmisible en una funcionaria de su nivel, que debe usar correctamente el idioma para comunicarse con la ciudadanía y a través de los medios.

En un encuentro acaecido en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, sobre el cual publiqué un texto con fecha 7 de octubre en este espacio, se adujo que las actividades relacionadas con el sector en cuestión no estaban permitidas al cuentapropismo. Sin embargo, allí se explicó que ya existía la excepción del alojamiento y el transportista, que en no pocos casos funge como guía de turismo sin serlo. En esa misma reunión se abordó la necesidad de detenerse a analizar los beneficios de esta función para ambas partes, algo que nunca ocurrió. Se aseguró además que se razonaría de conjunto cualquiera fuera la decisión al respecto.
Se nos solicitó en aquel momento la presentación de proyectos teniendo en cuenta que a partir del nuevo diseño para el trabajo por cuenta propia, lo que se aprueban son proyectos. Tal solicitud fue interpretada por algunos colegas como preámbulo a la aceptación. No todos lo vimos de igual manera.
Era inconcebible lanzarse a la presentación de un proyecto cuando un guía lo que hace es guiar, por ende, el plan que se diseñe tendría en su núcleo esa función, y mientras la misma no sea eliminada del grupo de prohibiciones nunca lo podrá hacer. Sin contar con que para poder guiar necesitaría promocionar su actividad, lo que tampoco resulta procedente con la actual normativa. 
En el texto para La Joven Cuba al que aludí al principio, expresaba que ante tal cuestionamiento cualquier profesional de este campo respondería que su proyecto incluiría guiar en alguna de las acepciones del término, sea para una agencia o no.   Igualmente cuestioné cuál podría ser el proyecto «de un intérprete que no sea interpretar o el de un chapista, que no sea chapistear».  
Lo cierto es que debimos esperar varios meses por la respuesta oficial, y ello demuestra que era tiempo lo que se requería para elevar la decisión a las instancias pertinentes. Mientras, los interesados se rompían la cabeza elucubrando proyectos en los que se pudiera legalmente hacer de guía, sin hacer de guía.           
Entonces ¿por qué llega ahora esta negativa tan demorada, escueta y fría?  En el mencionado encuentro, los funcionarios del Ministerio de Turismo explicaron que habían estado de viaje precisamente estudiando todos los posibles esquemas de funcionamiento del sector, que incluía a los actores más importantes ¿No habría sido más lógico retornar a un salón y explicar cómo se arribó a esta negativa, y esclarecer por qué los estudios de caso realizados en la región ratificaron que nuestra solicitud era inconveniente?
Marta Elena Feito Cabrera (Foto: Twitter)
Se nos había asegurado además que no éramos vistos como competencia, e incluso, afirmaron que sabían que no todos se iban a arriesgar en un sector tan complejo e inestable abandonando el confort de trabajar para un operador estatal regular. 
De modo que solo resta imaginar que lo que se impuso finalmente aquí fue el dictamen de esferas superiores, de donde suelen bajar órdenes y no análisis, y que todo el tiempo de espera se debió a que el asunto tenía que aguardar por la respuesta de una mega esfera del poder donde no se está al tanto de que la Agencia Mintur no existe y que el cargo de promotor de Guía de Turismo tampoco. Lo que no logro comprender aún es cómo no se aprecia el potencial que tiene un guía conocedor de su historia y patrimonio para generar resultados que no tributen únicamente a su economía personal, sino también a las localidades y al país, e incluso, que puedan atraer nuevos emprendimientos y gestionar proyectos de inversiones a futuro. 
No entiendo que sean mantenidas las mentalidades de ordeno y mando que, lejos de robustecer el compromiso del ciudadano con su país y ponerlo en posición más cómoda para la obtención de ingresos limpios, pretendan mantener a toda costa el control sobre cada peso que entra a la Isla, aunque luego se gasten en salarios para el ejército de policías que hará falta contratar con el fin de evitar lo que de todas formas sucederá cuando retornemos a la normalidad y la gestión del turismo se amplíe. 
Algunos altos dirigentes en Cuba consideran que los reclamos para la ampliación del cuentapropismo profesional son propios de personas «codiciosas» con afán de obtener mayores ingresos y que pretenden un proceso de privatización que «barrería los cimientos y las esencias de la sociedad socialista construida a lo largo de más de seis décadas», como advirtió Raúl Castro en el Informe Central al 8vo Congreso del PCC. Solo que con tal valoración, además de ofender a muchos compatriotas, no se evita el éxodo de profesionales ni se aumenta el compromiso de los que hicimos estudios para ponerlos en función de los nuevos tiempos en suelo patrio.

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Guías de turismo, actualización de un reclamo

En fecha reciente, un pequeño grupo de guías de turismo fue convocado para un encuentro con representantes del MINTUR y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) en la sede del organismo rector del trabajo en el país. El objetivo de los convocados era demandar que se eliminara la prohibición de realizar la actividad de guía de turismo por cuenta propia.
El encuentro resultó cordial y amistoso; plena colaboración y comprensión por parte de los involucrados del sector turístico, que incluía asesores y viceministros. En casi todos los aspectos hubo total empatía, pero justo al  final de la reunión se formuló la pregunta del encontronazo: el trabajo por cuenta propia se va a regir de ahora en adelante por proyectos. Entonces, ¿cuál será el suyo?
Ante tal cuestionamiento cualquier profesional de ese campo respondería que su proyecto incluiría guiar en alguna de las acepciones del término, sea para una agencia o no; sea para mostrar paisajes, historia o la cultura de determinado producto. Promocionarse, darse a  conocer, crear un prestigio, he ahí el reclamo: se necesita una autorización para ejecutar esa función. ¿Cuál sería el proyecto de un intérprete que no sea interpretar? ¿Cuál sería el proyecto de un chapista, que no sea chapistear?  
A criterio de este comentarista, que fue parte del referido grupo, la pregunta exacta debió inquirir cuál sería el alcance de la actividad del guía (auto pequeño, cuatro clientes a lo sumo, cero bloqueo de habitaciones, cero promoción de opcionales y cosas por el estilo). Sin embargo, la duda surge porque, en las condiciones actuales, esos emprendimientos no se pueden aprobar ya que todas sus actividades conexas están prohibidas para el trabajo por cuenta propia. Y surge así la contra-pregunta: ¿no es mejor excluir la actividad del listado de prohibiciones que ponerse a elucubrar cómo hacer sin hacer? 
Son miles las ocasiones en que se nos asegura que el trabajo por cuenta propia llegó para quedarse en el escenario nacional.  Entonces, no es ocioso reflexionar por qué los TCP, las Mipymes y las Cooperativas nacen frenadas desde su génesis.
Siendo el sector frágil, como ha quedado demostrado, ¿cuántos estarían dispuestos a arriesgarse a esa fluctuación y a perder los beneficios de un puesto seguro? (Foto: Yamil Lage/AFP)
Es de suponer que en el caso del turismo exista gran temor a que se marchen los profesionales de uno de los sectores de mayor ingreso al país. Es lógico, pero no muestra buen conocimiento del gremio. Muchos guías preferirán siempre la comodidad de una agencia que los llame con asiduidad sin tener que padecer la inestabilidad de un emprendimiento y pagar impuestos elevados por su trabajo.   
Siendo el sector frágil, como ha quedado demostrado, ¿cuántos estarían dispuestos a arriesgarse a esa fluctuación y a perder los beneficios de un puesto seguro? Teniendo en cuenta que su función independiente la pudieran combinar con el trabajo para una agencia, ese recelo no parece muy objetivo. 
¿No sería más acertado negociar límites antes de prohibir algo que, de todas formas, va a suceder a gran escala? ¿No vedamos una vez dólares, viajes y cientos de cosas más que, ante la imposibilidad de controlar, tuvimos luego que permitir y legislar?
Un ejemplo reciente lo constituye la derogación de la Resolución 213 —del 16 de agosto de 2021— del Banco Central de Cuba, que estipulaba que los créditos a las pequeñas y medianas empresas se otorgarían en pesos cubanos.  A menos de un mes queda establecido, mediante la Resolución 249 —de septiembre 2021— que el financiamiento también puede ser en divisas. ¡Un mes después!  ¿Por qué demorar lo que inevitablemente va a suceder?
¿No resulta más sencillo hacer un cálculo de lo que representa monetariamente un guía en una agencia y lo que significaría si ese mismo guía (y otros) contribuyeran con un monto mensual en materia de impuestos resultantes de su actividad privada? Y qué decir de los clientes que ganarán y que nunca van a ser captados por las grandes agencias.  
Si se asegura que la idea es sumar, lo más coherente debería ser suprimir la actividad de guía de turismo de entre las prohibidas, y empezar así la sumatoria a través de sus emprendimientos. ¿Por qué enmascarar la actividad tras un proyecto y no emitir una certificación que le permita desempeñarse cumpliendo con los controles y certificaciones pertinentes?  Lo más consecuente con los tiempos actuales sería  llegar a un acuerdo de cantidades, reglas, certificaciones y obligaciones, como ya ha sucedido con el asociado directo de ese guía: el taxista.
Lo más consecuente con los tiempos actuales sería  llegar a un acuerdo de cantidades, reglas, certificaciones y obligaciones, como ya ha sucedido con el asociado directo de ese guía: el taxista. (Foto: Yamil Lage/AFP)
La respuesta sigue girando alrededor del miedo, como si las prohibiciones resolvieran el problema de la carencia, la calidad o la práctica privada de esa actividad. Si conocemos que de todas formas va a ocurrir, ¿por qué no sacarle provecho y legislar a favor de las instituciones y el Estado?   
 En épocas doradas del turismo, cuando intentábamos llegar a los cinco millones de visitantes, emergieron muchas formas de desempeñar la función de guías; dígase el conductor de un taxi, un auto antiguo, una calesa, un bicitaxi, sin incluir otros «inescrupulosos» —cita textual de la ministra de Trabajo— que terminaban ubicando a Calixto García en las alturas de la calle G, observando la ciudad desde su cúspide, y a José Miguel Gómez modestamente frente al mar. Mientras, el verdadero guía, el entrenado en el respeto al patrimonio y el amor por la historia, nunca logró su reclamo.
Es práctica en buena parte del mundo que el guía de turismo reciba una certificación estadual o nacional y se agencie con algún operador, dados los beneficios económicos que este le oferte, pero sigue siendo relativamente independiente; es decir, incluso ante la aparente libertad que ostentan, los guías se mantienen aliados a instancias de grandes operaciones.
En nuestro caso, si un guía de turismo puede ingresar cierta cantidad al presupuesto seis meses del año, habría que calcular si los gravámenes promedios, de entre un 15 y un 30%, no son montos razonables, sobre todo cuando ese guía quizás también opere para una agencia; o quizás no, pero tenga visión suficiente para gestionarle inversión directa a un territorio a través de un proyecto de desarrollo local, vía turismo y su correspondiente promoción.  
No puede ser preferible perseguir a cuanta persona «inescrupulosa» aceche al turista, que estipular los mecanismos que conduzcan a una certificación adecuada. Los cocheros, taxistas, bicicleteros y conductores de autos antiguos, no son más guías de turismo que los que solicitamos infructuosamente la liberación de la actividad.
En poco tiempo, el turismo volverá a prosperar y nuevamente se requerirá una fuerza policial inmensa para identificar quién vende, quién promueve, quién rige, quién se mueve; cuando, mediante un sencillo plumazo formal, toda esa aprensión se pudiera convertir en moneda dura para el país.  

Se ha citado el Decreto-Ley 44 del 2021 sobre el ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia como contentivo del impedimento para realizar las funciones de un guía, pero en ese mismo decreto ya se exime de las prohibiciones al alojamiento y al transportista. Entonces, no hay necesidad de postergar el siguiente paso. En mi opinión, la imbricación de actores continúa siendo el factor determinante. Sin embargo, los actores que vayan apareciendo deben nacer con plenitud de capacidades para aportar, término clave para sacarnos de la crisis económica.
¿Por qué romperse la cabeza en la confección de un proyecto que convenza a alguien de que no viola prohibiciones y obtener de ese modo una aprobación? ¿Acaso no se conoce qué es lo que hay que eliminar para llevar a buen término el drama que durante meses han visibilizado cientos de personas y grupos en las redes mediante publicaciones y páginas?
La solución real será imbricar, despenalizar la función y sentarse a negociar sobre alcances. Entonces vendrán los proyectos. De esa forma, todos nuestros visitantes lograrán saber que quien observa la ciudad desde la altura de la Avenida G está muy lejos de llevar un nombre tan ilustre como el de aquel que decidiera pegarse un tiro antes de caer prisionero del poderío español. 

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